Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El acero y el fuego. (privado)(+18)

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El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Lun Mayo 15, 2017 8:47 am

Recuerdo del primer mensaje :

Habían pasado unas semanas desde el nacimiento de nuestras hijas, ahora mi familia fuera de peligro empezaba a adaptarse a la rutina de una vida en la que ya no estábamos solos.
Mi demonio se quejaba una y otra vez cuando por las noches el llanto de las niñas nos despertaba.
Admito que yo me hacia el remolón y le daba unos golpes a ella para ver si colaba y se hacia cargo ella.
También era cierto que yo temprano salia a entrenar y cazar y ella por el contrario se quedaba en cama hasta bien entrada la mañana.

Hacia un par de días que le estaba dando vueltas a viajar al norte, habíamos sido proclamados condes de los Países Bajos y ni habíamos dado una fiesta para celebrarlo con los nuestros.
El palacio que había heredado en mi condado ni siquiera lo habíamos visitado, allí tenia el servicio y parte de mi ejercito esperando que tuviera la decencia de ir a guiarlo.
No podía prolongar mas mi estancia en París.

Regresé como de costumbre lleno de barro, con varias pieza de caza mayor que dejé en las cocinas para que fueran despellejadas antes de subir a la habitación principal ,esa que compartíamos mi esposa y yo.
Sus ojos centellearon al verme entrar sucio, sudado. Mi sonrisa se ladeo bajando la vista hacia las botas y dándome cuenta de que había dejado el rastro del barro pisado por allí por donde pasaba.
Me acerqué a mi demonio y mordí con suavidad su hombro.
-Buenos días Valeria -susurré deslizando mis labios por la piel de su cuello hasta morder el lóbulo de la oreja de mi esposa.

Las niñas dormían en la cuna, tiré mi mano para acariciar sus rostros, pero mi mujer me dio un manotazo entre risas, al parecer ni las tenia limpias para tocar un bebe, ni quería que las despertara ahora que había conseguido dormirlas.
-Valeria, tenemos que hablar -susurré buscando sus labios, acariciando su nariz con la mía, tentándola a enredarse conmigo ahora que podíamos -el norte, he estado aplazando el viaje a nuestro condado, peor ya no tengo escusas. Estas recuperada, las niñas a salvo y yo tengo que hacerme cargo de lo que es mi responsabilidad.

Tiré de la cintura de mi mujer llevándomela conmigo hasta el lecho donde me dejé caer, sus manos golpeaban mi pecho entre risas alegando que estaba sucio y que estaba poniendo todo perdido.
Silencié sus palabras con mis labios alzándola sobre mi cuerpo mientas de nuevo la risa del demonio encendía el infierno.
Beso húmedo, largo, necesitado, mis dedos surcaron las cintas de su corseé, la respiración jadeante de mi esposa contra mi boca volviendo a enredarnos en un beso saboreado.

El llanto de una de mis hijas nos interrumpió, mi frente contra la ajena, resople contra sus labios.
-Déjala llorar -supliqué sujetando contra mi cuerpo a mi mujer, pero esta se escapó de mi agarre, ató las cintas y yo resignado me puse en pie.
Caminé hacia ella besando su mejilla, acaricié la cabeza de la pequeña y caminé hacia el baño para sumergirme en la tina.
-Piénsalo Valeria, quiero que me acompañéis, me gustaría enseñarte el norte -grité mientras iba desnudándome.


Última edición por Höor Cannif el Lun Mayo 22, 2017 5:05 am, editado 1 vez



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Jun 13, 2017 12:40 pm

Mis orbes esmeraldas, se clavaron en él tras salir de la puerta, como si nada ni nadie más me importase. Sonreí traviesa, ronroneando contra sus labios, perdiéndome en el calor que desprendía su cuerpo, adictivo y atrayente. Ni siquiera me di cuenta que nos encontrábamos en uno de los pasillos, reí contra su boca la cual mordisqueé despacio y sin prisa, con un deje de deseo. Sus ojos fundiéndose con los míos, sus manos causándome el mayor de los placeres, como no parase…yo misma lo obligaría contra cualquiera de las paredes.

Lo nuestro era puro fuego del mismo infierno, desde aquel día… ese fuego se avivó más, nos quemaba la piel, nos consumía… nos perdía hasta encontrarnos en el otro. Lo deseaba y amaba a partes iguales. Me mordí el labio inferior, mi sexo palpitó a las caricias de sus dedos, humedeciéndolos… sonriendo por cómo mis caderas buscaban más de él. Siseé , mirándole intensamente, negando con la cabeza… pues quería ir a la fiesta y que con cada mirada le arrancase un jadeo. Me había propuesto provocarle esa noche durante todo el tiempo que durase la fiesta. Me habló de cómo acababan y no me importaría demostrarle que lo montaría , ante los suyos para que aún sabiendo que me pertenecía, dar constancia de que era mío.

-Shhh mon amour -di una vuelta despacio para que me observase, mordiéndome los labios como sabía que le gustaba, volviéndole loco con cada movimiento de mi cuerpo. Le di un golpe en el trasero, como él hacía tantas veces y finalmente , me adelanté tirando de su brazo para que me guiase hacia esa fiesta que deseaba conocer y disfrutar como si fuese la últimas de nuestras noches. Él creería que estaba a disgusto pero la verdad…es que me encantaba conocer de dónde procedía mi noruego, conocer a su gente, sus costumbres y verle tan feliz me llenaba de total felicidad.

En cuanto entramos, sus compañeros de batalla alzaron las jarras a nuestra salud, nuestro amor. Lo miré embelesada, volvía a robármelo todo con esa sonrisa. Me enamoré una vez más de él, su risa me daba la vida y esa energía, me haía sentirme fuerte, como si nada más importase que luchar por todo, por nosotros, por ellas….por el amor que nos profesábamos y que a muchos le resultaba a chiste pues ¿cómo iba a enamorarse una señorita de un vikingo? Y no solo era amor, ese hombre me había arrebatado todo para devolverme la vida…me encontraba entre las sombras y él me demostró lo que era amar, luchar y sobrevivir…dándolo todo.

-¡Quiero brindar! -voces, gritos, allí era imposible que nadie me escuchase, podía oír la risa de mi noruego al verme intentar algo imposible…así que, me subí a la barra de madera y silbé , un silbido que calló a todos esos hombres y mujeres que me veían “poca cosa”, alguien que no se merecía a alguien como él …le mostraría que se equivocaban -He dicho… que quiero brindar, maldita sea. Brindo por ti -una jarra de hidromiel en una de mis manos, al alzarla goteó cosa que me hizo reír de lo más divertida… no era el único que estaba feliz esa noche -Brindo por ti, por nuestra felicidad y por esta noche, me aseguraré que no la olvides -sonreí provocadora, él y yo sabíamos a lo que me refería… nos quedamos a medias, a nada… y mejor que en ese lugar para proclamarlo solamente…mío.

Me bajé pero solo para sentarme en la barra, mis piernas tomaron su cintura, abrazándolo y atraerlo hacia mí . Nuestras pelvis chocaron irremediablemente, bebí, apoyada con la mano libre en la barra, la otra empinando la jarra… que murió en mi boca, hasta la última gota. Sonreí, relamiéndome los labios, retándole… dejar que la espuma sobrante cayese entre mis pechos, volvíamos a provocarnos.

-¿por quién brindas? -






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Jun 13, 2017 2:41 pm

Entre risas roces y besos húmedos que delataban nuestro ya animado estado, llegamos a la taberna, nada mas entrar escuché los gritos de los míos alzando las jarras a lo que respondí con mas gritos mientras una de las mujeres me pasaba una jarra y la alzaba con el bullicio.
Posé en ella mis labios para dar un largo trago, la bebida entro fría por mi garganta, arrasando con todo a su paso.
-Ummm -puse cara de acabar de rozar un orgasmo. Joder que buena estaba la hidromiel del norte.

Una de las vikingas se lanzó a mis brazos, sus piernas enredadas a mi cintura, era una de las chicas con las que me había criado, con la que había compartido entrenamientos, batallas y otras cosas frente a una hoguera. Mordió mi barbilla entre risas, el sexo en el norte era algo frecuente y en el estado que ya iban ellos, pues mas normal de lo que a mi preciosa esposa le pudiera sonar de sus “turbias fiestas”
Tiré de la cintura de mi mujer, recordandole a Ingrid que los juegos ahora solo los tenia con ella. Así caminamos los tres hacia la mesa donde el resto nos esperaba, sobre esta aposenté el culo de la norteña para fundirme en abrazos con los miso, golpes y risas mientras me apresuraba en beberme la jarra y rellenar otra.

Mi esposa para nada parecía cohibida, de echo, muchos de los norteños conversaban con ella de forma animada, no la tocarían, era mía.
Valeria trataba de brindar, pero la taberna era ruidosa a mas no poder, nada que ver con las de París, allí los hombres no nos estábamos quietos.

Me reía con mis pardos clavados en ella, por mas que alzaba la voz apenas era un murmuro. Sus esmeraldas centellearon molestas, me relamí los labios al verla subir sobre la barra dando un silbido.
Acaparó la atención de todos, aunque nunca perdió la mía, me acerqué a ella sin poder apartar mi turbia mirada de su cuerpo, haciéndole un buen repaso de arriba a bajo.
-Uffff -musite ladeando la cabeza poniendo cara de lo mucho que me ponía su rudo comportamiento.
Todos alzaron las jarras chocandolas por encima de sus cabezas, la espuma escurría por las jarras frias.
Di un trago de la mía sintiendo las cadenas de las piernas de Valeria atrayéndome por la cintura.
Con una sonrisa de medio lado me dejé hacer, nuestras pelvis chocaron, mi hombría rugió contra sus caderas. Mis manos buscaron su culo, atrayendola por las nalgas la baje de la barra hundiendo mi boca en sus pechos, apurando la espuma que por ellos se había deslizado hasta su canalillo.
Alcé la mirada hasta sus esmeraldas, con una mano la sujetaba en alza, la otra sostenía mi jarra.

Estampé mis labios contra los ajenos con rudeza, saqueando todo a mi paso, lamí sus labios, batallé a muerte con su lengua entre jadeos. La noche se iba calentando, me mordía la lengua sin cesar en su vaivén de caderas.
Gruñí desesperado golpeando su cuerpo contra la barra, mordí su mandíbula, tirando de su pelo para que me diera acceso a su cuello inmaculado, marcándolo con mis dientes.
Volvía a empotrar su cuerpo como si estuviera dentro y sintiera la necesidad de embestirla, en ese momento los dos estábamos muy excitados...

Una mano en mi hombro me hizo girar el rostro para mirar con el ceño fruncido a aquel que osaba interrumpirme en ese momento.
Mi gesto se aplaco, no así mi respiración errática, que delataba el estado que me embriagaba, al otro lado vi a mi maestro de armas.
Me giré con una sonrisa abriendo los brazos. Nos fundimos en un abrazo mientras golpeabamsos nuestras espaldas apoyando frente contra frente.
Me apartaba para mirarme bien, como si hiciera demasiado que no me veía, a decir verdad así era.
-espero que eso no sea por lo mucho que te alegras de verme -señalo la bastarda alzada de entre mis piernas.
Me reí a carcajadas mientras aseguraba que yo siempre estaba listo para un combate.
-Ella es Valeria, mi mujer, tienes que venir a conocer a mis hijas -le pedí – necesito también saber cosas...
Lo dejé ahí, no era el momento de habar de nada que pudiera cambiar el jocoso momento.
-¿Viste a Skadi? -preguntó con preocupación.
Mi rostro cambio, la sonrisa se borró y por unos momentos en mi cabeza hice un repaso mental de demasiadas cosas.
-Si, como vaticinaste vino a París para matarme -aseguré.
-Pero no lo hizo -apuntó mi maestro.
Negué con al cabeza recordando el día que me despedí por ultima vez de ella.
-Creo que necesitaba encontrarse, Loqui guiaba sus pasos la ultima vez que nos vimos, espero encuentre el camino a casa, a nosotros.





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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Lun Jun 19, 2017 4:26 am

No dudé en que le gustase mi atuendo pero no esperé tanto. Reí contra sus labios, mis manos navegaban por su cuerpo, aún sobre la ropa, nos buscábamos irremediablemente. Nuestras miradas se enlazaron en una, no había nada más importante para el otro. Gemí contra sus labios, me tenía completamente atrapada. su rudeza y necesidad de mí me enloquecía, erizaba mi piel. negué que ocurriese, quería que esa noche me atrapase , dejarle con ganas de mí.

Mi risa se detuvo en cuanto una mujer saltó prácticamente sobre mi marido. Rugí, estaba ciega de celos y de rabia. Él no parecía darle importancia pero ese simple gesto, buscándole como si yo no existiese me enfadó. La miré a los ojos, enredando mis manos en la cintura de mi esposo. Era mío, iba a serlo por y para siempre , nada ni nadie iba a arrebatármelo. Nos había costado mucho llegar hasta aquí y él… parecía encantado al ver como los suyos le acogían. Me gustaba su gente, sus costumbres despreocupadas…eran personas libres sin tapujos.

Reí sin poder evitarlo al oírle gemir por lo bajo al probar la cerveza,entendí el porqué cuando bebí de su jarra. La verdad que el alcohol estaba mucho más delicioso allí, todo era tan diferente que el hecho de quedarse allí no lo veía como un suplicio, se acostumbraría. Mi Hoör me esperaba, lo acogí entre mis piernas dispuesta a no soltarlo, iba a ocurrir allí y me importaba bien poco si la taberna estaba llena de gente ¿acaso a alguno le importaba? Mordí su barbilla, su cuello…sus dientes paseándose por el lugar al igual que mi lengua.

-Como vuelva a ver que alguna te toque, me olvidaré lo de señorita, no conocerás norteña más salvaje que tu esposa -no perdí tiempo, mis manos se enredaron en su cintura, negándome a que me lo arrebataran. Tomé sus labios, saboreando el rico sabor de la hidromiel de éstos, suspiré contra su boca…tirando con rudeza de su labio inferior. -Diablos… ¿es que no voy a poder hacerte mío? Voy a tener que secuestrarte -miré fijamente al hombre, el nombre de Skadi me hizo bajar la mirada. Sabía qué era y quién en la vida de mi esposo.

Me bajé de la barra, es como si acabasen de echarme un cubo de agua fría. Las mujeres me miraban con recelo, los hombres me habían acogido como los suyos pero…el pasado era el pasado. Él se irritaba cuando el nombre de ciertas personas volvían a interponerse entre nosotros. Yo no le juzgaba pero no era una vikinga. Alguna risa burlona al verme pasar por al lado de alguna de las norteñas… se reía de mí.

-¿Qué te hace tanta gracia? ¿Qué me siente la ropa mejor que a ti? -la joven no tardó en saltar sobre la mesa, encarándome mientras Hoör hablaba con su maestro. No aparté la mirada. La encaré, estaba cansada de que me juzgasen, me tachasen de señorita que se había encaprichado de él -¿Tienes algo que decirme? Porque yo sí. Es mío y me da igual lo que penséis -la risa de las mujeres tras la que me encaraba, ella me señaló, escrutándome con la mirada -Me hace gracia de que intentes ser como nosotras cuando está claro que solo eres el trofeo que un norteño muestra a los suyos. ¿Ves a todas estas? Todas hemos abierto nuestras piernas a tu vikingo, tu marido… y estoy segura de que volvería a buscar lo que no tiene en casa. Puede follarte pero nunca serás como nosotras, lo que él necesita . Y quítate eso, no mereces llevarlo -me escupió en la ropa y yo seguía mirándole, como si acabase de firmar la guerra.

No pude contenerme, cerré el puño y lo impacté en una de sus mejillas. Me pudo la rabia, la pelea que acababa de empezar torcería la noche. Todas salieron en su ayuda, haciendo un escudo para que nadie pudiese pasar, me golpeasen. Sola , eran muchas y luché, luché como nunca, no dejaba de demostrárselo. La noche no la esperaba así, cada golpe hería mi orgullo, era cierto…yo no era como ellas.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Lun Jun 19, 2017 10:38 am

Estaba hablando con mi maestro cuando escuche los inequívocos vítores de una pelea, algo muy normal en las tabernas del norte, donde todos acabábamos bastante ebrios y con el tempestuoso carácter del que hacíamos gala no era difícil acabar a golpes.
Esta vez eran las mujeres las que la habían liado, pensé en un principio que estarían dándole una lección a alguno que se hubiera sobrepasado con sus afectuosos modos para con alguna de ellas, pero pronto me di cuneta que la que recibía los golpes era mi esposa.

Gruñí adentrándome en aquel escudo humano de féminas y algunos hombres que veían el espectáculo de cerca.
Quizás no debería haber intervenido, no cuando nuestra costumbre era esa, si no eres capaz de salir airoso de una pelea, no te metas, pero ¿como culpar a mi esposa si no era una norteña?
Detuve la mano de la vikinga que de nuevo iba directa a impactar con el rostro de mi demonio.
Un empujón bastó para apartarla de ella.
-Valeria -susurré tomando su rostro con una de mis manso para que centrara en mi su mirada.

Le había pegado una buena paliza ¿a quien demonios se le ocurría meterse con una de nuestras mujeres, todas y cada una de ellas sabían pelear. Por Odin, el campo de batalla era su segundo hogar y Valeria solo era una chica de ciudad, puede que de allí donde venia pudiera ser respetada por las atrocidades que era capaz de cometer, pero aquí, nosotros eramos salvajes y eso no debería olvidarlo ni por un instante.

La mujer gruñía sujeta por dos de sus amigas, mis ojos se hundieron en ella, alcé una mano señalándola con el indice.
-Ella no es una vikinga, nuestras leyes no se le aplican -gruñí alzándola en brazos para llevarla a una de las mesas del fondo.
-Valeria -susurré de nuevo.
Sven me trajo una jarra para mi mujer, así como un paño y una vasija con agua para limpiar su ensangrentado rostro.
Le dio un par de palmadas en la espalda a Valeria y entre risas le hablo para que lo escuchara.
-Bienvenida condesa a Noruega.

Sabia que tenia razón, este era mi mundo, uno muy alejado al que mi mujer conocía.
Yo en París andaba perdido con los subterfugios, las fiestas ocultas y las intenciones escondidas, aquí todo se solucionaba de la misma manera y ella no estaba preparada para ese tipo de afrentas.
Ingrid se acercó para preocuparse por ella, gesto que agradecí.
Mi mano se deslizaba junto al paño por su rostro, lo mejor seria que la llevara a casa a descansar, demasiado para una primera noche con los míos.

Ingrid enredo sus dedos en mi pelo, me animaba a seguir la fiesta con ellos, que la dejara en casa y volviera con los míos. Se acostumbraría al norte me decía, aunque el clima es frio, era el primer día.
Ingrid parecía comprensiva, eramos amigos desde hacia mucho tiempo, era cierto que tenia ganas de seguir bebiendo en la taberna, de ir después frente a una hoguera a rememorar viejos tiempos y hacer de las nuestras.
-¿Como estas Valeria? -le pregunté al notar que volvía en si.
Le acerqué la jarra para que bebiera y calmara así el dolor que debía sentir.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Jun 20, 2017 2:01 am

Para sus más allegados, sí fui bienvenida pero para todas esas norteñas que perdieron la oportunidad de tenerle, ser Condesa y obtener ese sitio que supuestamente les pertenecía. Vi el odio en sus ojos, su rechazo y autoridad. Eran muchas y yo solo una. Desde que llegué no hicieron otra cosa que acecharme hasta que en un descuido, me quedé sola. Pasó muy rápido, me lanzaron al suelo y una vez allí, golpe tras golpe…sentí que no solo no era mi sitio, tampoco lo merecía. Y con no merecerlo me refería a Hoör Cannif, hasta ese instante no me di cuenta de ello ¿acaso era como ellas? No sabía ni empuñar una espada , ni a defenderme a golpes pues siempre fueron otros los que se encargaron de ello.

Me cubrí el rostro, golpes en cada parte de mi cuerpo, patadas y puñetazos que marcarían mi cuerpo durante días. Cerré los ojos pensando en él, susurrar un “lo siento” por no ser suficiente. Me sentí pequeña, frágil y vulnerable cuando en absoluto jamás fui así. Las voces se oían de fondo, mi respiración débil y pesada. No podía ni moverme, me habían golpeado con tanta violencia que por unos segundos pensé que no saldría de aquel círculo bárbaro. Su voz, me aferré a seguirla , a no cerrar los ojos y abandonarme al sueño pero me fue imposible.

No contesté a su llamada, quería desaparecer en ese momento. Ahora entendía muchas cosas. cerré los ojos a las palmadas en mi espalda, avivaron mi dolor en los costados, seguramente tendría costillas rotas y en unas horas…moratones por todo mi inmaculado cuerpo. No respondía, parecía como si mi propia esencia se hubiese evaporado…abandonado mi cuerpo y se quedase vacío ante sus ojos. Y malherida, Ingrid volvió en su busca, alegando que me dejase en casa , a mi suerte…y quizás tenía razón.

Volvía a tocarlo, a insinuarse ante mis narices como si no estuviese allí y fuese un despojo del que deshacerse. Tomé la jarra con tal brusquedad que derramé gran parte del líquido, acto seguido la estampé contra una de las paredes, a la altura de la cabeza de aquella vikinga que no hizo otra cosa que buscarlo, quería encontrarlo y él lo veía como algo normal. Siseé al oír de nuevo mi nombre, mis carnosos labios carmesí se tiñeron de rojo…de uno más intenso. ¿Qué cómo estaba? Rota en miles de pedazos, me sentía nada en aquel maldito lugar.

-No me toques -fui tajante, escupí las palabras con todo el desprecio y dolor del que era capaz. Como pude me puse de pie, me incliné hacia adelante, deslizando la mano por uno de mis costados, me dolía horrores -No necesito que me defiendas más, puedo sola. ¿Este es tu pueblo, Hoör? Los tuyos reciben a tu esposa a golpes por no tener sangre del Norte. Se insinúan delante de mí, me aseguran que buscaras su calor porque yo no puedo dártelo… no al menos el que necesitas. -me eché a reír, alzando la mano libre para que se callase, me dejase hablar y no se acercase - ¿Es a esto a lo que te referías? Ahora entiendo eso de “luchar por mí”, ellas en cuestión de minutos han luchado más que en todo este tiempo que estamos juntos. Han dejado claro lo que es suyo y lo que sobra y no quieren aquí ¡déjame hablar maldita sea! -el murmullo se detuvo de golpe ante mi grito, no solo estaba malherida… me habían dejado en ridículo delante de todos, dándome una lección cuando yo solo acompañaba a mi esposo e intentaba integrarme en su mundo.

-No hace falta que me acompañes. Vuelvo a casa, con las niñas, como una buena esposa. ¿No es eso? no estoy forjada a vivir aquí, ni a tus costumbres. Tiene gracia, tus celos hacia mí y ahora…esto. No han parado de buscarte, de ofrecerte lo que has anhelado. No seré yo quien te fastidie la noche y he dicho que no me toques -mis orbes esmeraldas se entrecerraron, conteniendo lagrimas de rabia, uno de mis ojos seguramente al día siguiente amaneciese cerrado por uno de los golpes.

-Lo que más me duele ¿Sabes qué es? No he luchado por ti, no he sabido ni defenderme ante ellas… se han reído de mí, de mí -mi orgullo ante todo, él me hacía débil… -No quiero estar aquí más tiempo, mañana mismo vuelvo a Paris. Puedes quedarte, las niñas te acompañaran…son vikingas. Yo no -sonreí con suficiencia pero inevitablemente, me tembló el labio inferior…rompiendo a llorar a medida que mis pasos se dirigían hacia la calla -Te dije que nos habíamos condenados y hasta esta noche no lo supe…-miré a Sven significativamente, pidiéndole en silencio que lo cuidase a su forma. Él y yo éramos tan diferentes…






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Jun 20, 2017 7:06 am

Enarqué una ceja cuando mi esposa rugió que no la tocara. Me relamí los labios aun incrédulo por sus palabras, si desde que había entrado en esa taberna no había hecho otra cosa que clavar mis marrones en su cuerpo, desearla y cuidar de ella en todo momento.
Me había descuidado porque hacia tiempo que no veía a mi maestro y conversar con él era importante para mi.
El norte no era un salón de te donde las mujeres hablan vestidas de gala sobre los acontecimientos de la clase lata mientras los homes en la sala contigua comparten puros y coñac conversando sobre los nuevos proyectos que se traen entre manos.

Siguió gritando, vociferando, logrando que las mujeres del fondo se rieran de ella.
-¿a esto lo llamas saber defenderse Valeria? No eres una norteña -gruñí mientras me pedía silencio y yo resoplaba para dejar que continuara con su sarta de chorradas.
Vale que no la habían recibido con los brazos abiertos, pero en el norte la gente se gana su lugar, so comienzos son difíciles, pero hay que luchar, alzarse cuando te quiebran y demostrar que tu espíritu es el de un vikingo, uno llamado a la mesa de Odin cuando cayeras en la batalla.

Seguía hablando, ahora insinuaba que cuando le decía de luchar por él, me refería a este tipo de pelea, no sabe cuan equivocada estaba, pero como no, ella siempre tenia la razón y yo solo podía asentir o seguir callado pues nunca entendía nada de lo que le decía.
¿Se creía que para mi había sido fácil adaptarme a su mundo? No, y sin embargo por Odin que lo había intentado y ella el primer día en el norte ¿se rendía?

Negué con una ladeada sonrisa, los dedos de Ingrid se paseaban por mi nuca tratando de calmarme mientras mi cuerpo se tensaba.
-Höor entiéndela, el norte es complicado -aseguró tratando de comprender a mi mujer -y mas para una mujer extranjera, dale tiempo, déjala ir, descansar, mañana veréis las cosas de otro modo.
Rugí malhumorado cuando aseguró que al día siguiente se largaría, que podía quedarme a las niñas, que como yo eran vikingas.
-¡¿y ya esta?! -grite logrando que la taberna se quedara en silencio sepulcral -Corre Valeria, huye, eres una maldita cobarde ¿me abandonas a mi y a nuestras hijas porque te han dado una paliza en una taberna? ¿te crees que para mi París fue un camino de rosas? No entendía tus costumbres...nada de lo que allí hacíais me hacia feliz, odiaba Francia, lo odio -gruñí -dices que estas mujeres tontean conmigo, la pregunta es ¿tonteo yo con ellas? Te recuerdo mujer que yo viví algo bien distinto cuando viví en París...no me hagas hablar -Gruñí de nuevo tomando la jarra para dar un largo trago -¡vete, si eso es lo que quieres ve! Porque yo estoy en mi hogar, esta es mi gente y si no eres capaz de soportar que no soy exactamente el hombre parisino que quieres, lo siento, soy un bárbaro, esa es mi esencia, siempre lo ha sido.

Me di la vuelta, posé mi mano en el hombro de Sven pidiéndole sin hablar que la llevara a nuestra casa, no pensaba seguir discutiendo con ella, de nuevo hacia lo mismo esperar que yo luchara, que yo me humillara besando por donde pisaba.
-Llama al doctor y que la cure, y compra un pasaje para mi mujer en una embarcación rumbo a París.

Mis ojos volvieron a clavarse en sus esmeraldas, la rabia quedaba dibujada a fuego en mi mirada.
-No voy a obligarte a permanecer en el norte contra tu voluntad, vuelve a tu vida de lujo, pero yo me quedo...y nuestras hijas conmigo.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Jun 20, 2017 4:56 pm

“No eres una norteña”

Algo que ya sabía, de su voz sonó como la peor de las decepciones. Sabía que no lo dijo con esa intención pero después de lo ocurrido, mi mente y la razón me habían abandonado a mi suerte. El dolor de los golpes no era comparado con el que me hirió su mirada. Sus tormentas me miraban con decepción y desconcierto. Enfadada conmigo misma, llevé la situación al extremo. No llevaba razón, ninguna palabra de mis labios la sentía pero la rabia hablaba loca, en mi lugar. Mi enfado se acrecentaba al ver como esa mujer no se apartaba de mi marido, tocándole, y ….demonios, odiaba , me llevaban los mismos demonios que alguien que no fuese yo lo tocase.

Loca de celos, rabia y decepción. Mi respiración se iba tornando acelerada a medida que los dos nos enfrentábamos verbalmente, apenas unos centímetros nos separaban y aún así…lo sentía más lejano que nunca. “Eres una maldita cobarde”. De cualquier persona me lo hubiese esperado pero no de él. ¿Eso pensaba de mí realmente? ¿Acaso no le demostré hasta donde llegaba mi amor por él? no era suficiente y jamás lo sería. En ese instante , hubiese dado todo lo que poseía para borrar esa media hora…y regresar a nuestro lecho, entre las sabanas. Fue la única batalla ganada por los dos.

Mis orbes esmeralda se cerraron al golpe por mortal de sus palabras. Odiaba Paris, si por él hubiese sido ni lo habría pisado pero lo hizo, nos conocimos. No entendía nada, si odiaba Paris odiaba a su gente. Sonreí sin dar crédito, lo dijo con tal decisión que me erizó la piel. Dolía saber que la persona que amas, odia tu procedencia, tu vida…lo que eres por no ser igual que él mismo. Tuve que apretar los labios, una frase me golpeó en recuerdo “mi hogar está donde tú estés”. Y reí, reí presa del dolor. Comprendí que por mucho que dijese que me amaba, su hogar sería su hogar siempre, sería su primera opción y no alguien que conoció en una tierra que odiaba y detestaba.

-Me mentiste. ¿En qué más? -apenas fue un susurro pero cargado de reproche. Tomé aire, pesado que me arañaba por dentro, en la garganta se me formó un nudo incapaz de dejarme hablar, solo quería largarme de allí…volver a mi sitio, lejos de allí. Oí las risas, los murmullos y las miradas clavadas en mi persona, herida por fuera…rota por dentro -Siempre vas a creer eso. Creerás que cualquier hombre de esa lista ocuparía mejor tu lugar, más bien, crees que él sería el indicado. -no debí nombrarlo pero allí los dos nos habíamos vuelto locos, volviendo a lanzarnos dardos de reproche.

-Quizás tengas razón, mi lugar está allí… con mis vestidos lujosos, mis fiestas, con personas que no tengan que ver con tu gente… y no aquí contigo -decidimos caminos diferentes, ninguno nos llevaba al otro. Las risas me martilleaban los oídos, poco a poco dejaron de observarme para volver a la normalidad y él con ellos. Hoör prefería quedarse allí, donde debió estar. Le observé de espaldas, mis esmeraldas se derritieron en lagrimas de cristal…quizás necesitábamos eso.

Esta vez, no fue quien vino tras de mí . Mis débiles pasos, acortaron la distancia que nos separaba. No iba a retenerle, no era mi sitio y nunca no lo sería…y viceversa. Le tomé del brazo, nuestras miradas se enredaron durante los segundos suficientes para saber que quizás esto fuese un adiós. No podía llevarme a mis hijas, también pertenecían a ese mundo. Y las palabras sobraron, tomé su rostro con una de mis manos…acunando su mejilla y lo besé. Fue un beso tierno, doloroso por los golpes y porque sabía a despedida.

-Mi hogar sí está donde tú estés -me separé , una mirada que duró una eternidad… y de paso, al marcharme…tomé una botella entera de whisky. La necesitaría, sería mi compañera para aliviar el dolor y olvidar, perder el sentido. Sobre todo , olvidar.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Jun 21, 2017 4:54 am

Cargado de rabia me alejé de ella, si, lo pensaba que cualquiera de esa maldita lista hubiera sido mejor que yo para ella.
Solo hacia falta vernos, ella una mujer plagada de lujos, feliz recorriendo las fiestas con su amado perro fiel marcado a fuego en su piel.
Ese que la sacaba en volandas de cada lio en el que se metía, el que borracha la llevaba a casa sin preguntar con cuantos se había acostado esa maldita noche, porque no le importaba.
Tenían la relación perfecta..

Yo era un maldito salvaje, uno diferente a lo que ella hubiera querido, cierto es que mucho hice en París por obtener su amor, tragué lo que nunca pensé que haría por una mujer.
La amaba, eso era cierto, porque veía algo mas allá de ese frívolo aspecto que siempre lucia cara al resto.
Pero a veces, dudaba si el ciego era yo, si me había auto convencido de que había algo mas allá de esos vestidos rojos y labios escarlata.

Resoplé furioso tomando una de las jarras que los míos me dieron, no tardé en sentir su mano en mi brazo, me giré para enfrentar sus esmeraldas hundiendo allí mis tempestades.
Su mano acuno mi rostro, abrí los labios acogiendo ese beso que me supo a despedida pero que me hizo cerrar los ojos.
-Si tu sitio esta donde yo este, no se porque te vas...estoy aquí ¿no me ves?

Había aguantado mucho en París, muchas palizas que di y recibí, noches solo de borrachera, otras viendo aquello que no me hubiera nunca gustado ver...
No había sido fácil su noche ¿y que? ¿acaso pensaba que llegaría y se convertiría en la reina de la fiesta?
Aquí las cosas eran distintas, los hombres y las mujeres eramos entrenados desde niños, forjados a fuego y no podía alzar la voz a una y no esperar que esa se amedrentara solo por su imponente presencia.
-¿te arrepientes? -le pregunté -de estar conmigo, podrías tener una vida bien distinta, una infinitamente mas fácil, con un hombre que jamas te haría pasar por esto.

Negué deteniendo su avance, ese que trataba de alejarse de mi, quizás era lo mejor para ambos, darnos unas horas antes de hablar de esto y no hacerlo allí delante de todos.
-No tendrías que cargar con dos hijas de las que parece deseas librarte tanto o mas que de tu marido -apunté con el filo de un cuchillo en mi voz -a la primera de cambio sales huyendo ¿te duele? ¿y?
No estas acostumbrada a luchar por nada, eres una cobarde que solo piensa en correr a París y sollozar entre los brazos de Haytham Cross.
Si tanto lo echas de menos...ve.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Jun 21, 2017 5:39 am

Cuando las palabras se amontonaban y terminaban haciendo un muro entre los dos, era imposible razonar con ambos. Nos estábamos poniendo en evidencia delante de los suyos, más bien… era yo. Nunca jamás me había sentido tan abochornada y humillada, era como si estuviese pagando con creces los errores del pasado, cuando no éramos más que conocidos…él mi invitado y yo la dueña de la casa. Nadie era capaz de entender cómo podíamos habernos enamorado pero ¿acaso tenía que demostrarles a nadie nada? no.

Apreté los labios con fuerza, me lo preguntó. Yo no lo habría hecho jamás porque sabía la respuesta pero él necesitaba escucharla de mis labios. Lo miré a los ojos, nuestras miradas siempre se lo dijeron todo pero en este caso… un vacío quedó entre los dos, esperando mi respuesta. No respondí, no lo vi necesario. No me encontraba en el Norte por placer, sí por él y por mis hijas porque para mí eran lo más importante. Sabía que no sería fácil, no iban a aceptarme nada más conocerme, primero tendría que hacerme a sus costumbres y a tratar con ellos pero esa noche… me lo hicieron pagar, por el simple hecho de que fuese mi esposo.

Me mantuve en silencio, por primera vez no necesitaba palabras afiladas, solo paz. Paz que él no me dio, avivó más las ganas de que quisiese desaparecer. Su tacto me quemó y sus palabras abrasaron cada parte de mi ser. Me hizo mucho daño, los golpes ya no me dolían. Las palabras de mi marido, del amor de mi vida me herían en lo más profundo, realmente pensaba eso y yo ya no podía más. No sabía cómo demostrárselo ¿no fue suficiente arriesgar mi vida para sacarlo de las profundidades? ¿cómo iba a arrepentirme de tener a las niñas? Como un peso , un estorbo del que deshacerme y luego estaba… su reproche.

Tuve que bajar la mirada para que no viese mi expresión, me hizo tanto daño…nadie me había jamás me hirió de tal modo. No pude reaccionar, me quedé allí, quieta… las risas seguían atormentándome. Delante de los suyos, me humilló como si fuese alguien de quien deshacerse. Sven me esperaba pero yo seguía allí, parada como una estatua. Me dolía tanto el corazón que por unos instantes sentí que dejaría de latir. La respiración se me había detenido por unos segundos.

-Soy el trofeo que traes de una tierra extranjera. Humillarme delante de los tuyos. Llamándome cobarde cuando no he parado de intentar de demostrarte lo que eres para mí. Te saqué de las profundidades del mar, te he dado lo más importante de mi vida… lo más valioso y no son mansiones ni vestidos. Nuestras hijas. Pero ¿sabes? tienes razón. No podría cuidarlas, ni educarlas como tú quisieras… porque entonces serían eso que odias tanto, señoritas de clase alta. Lo que yo soy. El futuro no estaba tan equivocado. -lo dije con tanta rabia y determinación que muchas miradas se clavaron en mi persona.

Me di cuenta de algo que no era cierto pero ahora mismo, era lo más acorde a la situación. Miré a mi alrededor, las mujeres brindaban por su victoria, los hombres seguían en sus conversaciones y yo deseé morirme en ese instante.

-Cobarde dejé de ser cuando admití que me había enamorado de ti. No fui cobarde cuando corrí por las calles de Verona con la incertidumbre de no volver a verte más , no…no fui cobarde cuando salté sin importarme otra cosa que salvarte porque mi vida no tendría sentido sin ti. Y no me duelen los golpes, me duele lo que siempre has pensado de mí. Volveré a mi casa, iré en busca de Haytham Cross y tú solo serás el imbécil salvaje que olvidó quien era por encapricharse de una parisina de lo que solo le importase llevarse a la cama -destapé la botella y empecé a beber como si el líquido ambarino fuese agua. Yo no iba a callarme , mis palabras eran merecidas, no lo sentía pero él no paraba de alegar siempre lo mismo…lo cobarde, mis sentimientos no eran correspondidos de la misma manera y para él, pensaba que ellos tres habían arruinado mi vida.

-Lo peor de todo ¿sabes que es? Que te quiero aunque me hayas herido de muerte ¿estais contentos? -grité lo último, me sentía tan insignificante que jamás podría perdonárselo nunca.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Jun 21, 2017 8:42 am

Estábamos en guerra, ambos con las armas fuera, el acero entrechocaba y solo uno saldría vivo de este encuentro.
Dos titanes que dan rienda suelta a lo que durante mucho tiempo han guardado en lo mas profundo de sus entrañas.
Buscamos hacernos daño, cuando en esta gesta ninguno de los dos gana.

Por suerte, la gente va a lo suyo, beben, ríen y aunque nos escuchan, están acostumbrados a las salvajes peleas de los nuestros en estos suburbios.
-¿Trofeo? -negué con una malintencionada sonrisa -si quisiera un trofeo no seria a ti a quien hubiera traído a esta taberna.
En París eres la mujer de los sueños de cualquiera, aquí tienes que ganarte su respeto.

Negué molesto, no entendía nada esa mujer, estaba ciega, no quería ver.
-No hablo de que no hayas luchado en tu vida, o hayas corrido para salvarme en nuestra boda, en las gélidas aguas del mar ¿no he hecho yo lo mismo?
Hablo de esto, de que cuando las cosas se te complican sentimentalmente subes tus escudos y sales corriendo no sea que te alcance.
Lo hiciste en París, me arrastre como un gusano para hacerte ver que entre nosotros había algo mas de lo que tu querías admitir, peor cada vez que las cosas se dificultan ves lo negativo, no luchas...te asustas y correr esperando que sea como ese hombre al que no olvidas, el perro que corre tras la princesa para salvarla de si misma.

Gruñí cuando hablo de mis hijas, de que el futuro que vi ,ese que me destrozó, no estaba equivocado.
-¿que quieres que te diga? ¿que quiero que mis hijas sean princesas que necesiten a un guardaespaldas para ser protegidas? No, no quiero eso para ninguna de ellas, quiero que sepan defenderse, que sean capaces de decir lo que piensan, lo que sienten y que se sientan norteñas, vikingas, que el acero sea su credo y la magia su vida.
Quiero que luchen por lo que aman, por lo que creen, que nunca tengan miedo a nada.
¿Soy mal padre por eso?

De nuevo Haytham Cross, ese fantasma me acompañaba hasta el maldito norte.
-Pues ve...soy el salvaje que ha luchado por ti -me arranqué la camisa y cogí un de los cuchillos que había sobre la mesa, la llevé a mi pecho y rasgue mi piel allí donde su nombre lucia.
En mi corazón, ese que acaba de destrozar volviendo a traer a ese tipo que la violo a mi vida.
¿como podía?
-Espero que te haga feliz -apunté con frialdad, siendo ahora yo quien tomaba una botella para beber como si fuera agua.
-Sven, mi mujer a terminado aquí, llevatela.
Negué sintiendo la sangre correr por mi torso ¿me quería? Mentira.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Jun 21, 2017 10:53 am

Me seguía lanzando palabras envenenadas. A cada palabra, iba dando un paso hacia atrás…alejándome de él. Me miraba con indiferencia y no con ese amor que me profesaba, simple fachada. Sonreí de ese modo malicioso, ese que conoció de mí en el pasado. Si las niñas permanecían a mi lado y crecían bajo mi manto, serían débiles y no tendrían otro futuro que la muerte. No era buena esposa, no sería buena madre. Bajé la mirada, negando con la cabeza, esa ropa no la merecía, ni siquiera estar allí porque no era ni sería mi sitio.

-…pero yo sería mala madre, por darles una vida acomodada sin preocupaciones. -no pude seguir, toda mi fuerza verbal y física se me escapaba a cada palabra…ni siquiera sabía como podía seguir en pie. -Nada de lo que se diga o haga ahora tendrá solución, Hoör-no le amenacé, le avisé. Nos estábamos haciendo mucho daño, condenando y el resultado estaba siendo fatal para los dos. Nos estábamos hiriendo de muerte, los golpes iban directos a hacer daño, las palabras como cuchillos se me clavaban en la piel, hundiéndome en la piel y retorcer el arma de doble filo, causando una herida irreparable.

Negué con la cabeza, mi nombre lucía en su pecho, con ese gesto nos proclamamos del otro y ahora…era un vago recuerdo. El arma no solo rasgó su piel, borró las letras que yo misma tatué…letras que ya no existían. No creía jamás, nunca que hiciese tal cosa. La cabeza comenzó a darme vueltas, mi respiración se volvió errática, frenética…mis orbes esmeralda se cerraron con fuerza. Nuestra promesa se había roto, gotas carmesí resbalaban por su torso…mi marca ya no estaba. ¿Qué demonios estaba ocurriendo?

“Mi mujer ha terminado aquí”.

Palabras que nos sentenciaron, condenándonos en esa noche en la que supuestamente íbamos a divertirnos. La rabia se convirtió en ira, aproveché las últimas fuerzas que me quedaban para arrebatarle la botella y estamparla en el suelo. Lo miré a los ojos, fijamente , en mi mirada se reflejaba el dolor más amargo.

-Te odio -apreté los dientes con fuerza, no pude contenerme y crucé su rostro de un guantazo que me supo a poco. -Te odio.-repetí para creérmelo yo misma y seguir con esta falsa -Quédate en el Norte, con los tuyos como siempre tuvo que ser…-estaba mintiendo y él lo sabía, nunca lloraba ante nadie y sin embargo… las lagrimas no tardaron en surcar por mis mejillas. Lagrimas de sal que se mezclaron con la sangre de mis heridas.

Di un par de pasos hacia atrás, lo miré como si realmente fuese un desconocido para mí. Como siguiese bajo su mismo techo… terminaríamos aún peor de lo que ya estábamos. Cerré los ojos y me abandoné a mi suerte. No podía más, el dolor era insoportable y un grito desolador se me escapó de los labios al abandonar el lugar, corriendo sin poder, tropezándome en el camino pero aún así, seguía levantándome.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Jun 21, 2017 11:57 am

Horas después entre tambaleándome por la puerta de mi habitación, aquella noche había sido un completo desastre, pero en ese preciso momento me era completamente todo indiferente.
No se por donde había perdido la camisa, solo que me quité los zapatos con cierta dificultad.
Mi mujer no estaba en el lecho, tampoco es que la esperara de piernas abiertas después de lo que nos habíamos dicho.
Escuché el agua de la tina moverme, así que con el paso errante me asomé por la puerta, apoyando mis manso en el marco.
-Estoy aquí -la avisé enredando las palabras con los ojos turbios por el alcohol.
Su cuerpo desnudo me llamaba, la imagen me recordó a aquella vez que regrese de un largo viaje en busca de la espada, aquella noche fue distinta, como todas las que pasaba con ella, aunque mas tarde descubrí que mientras yo estaba en Alemania, ella se había visto con el señor Cross, había bebido, fumado y besado a ese hombre..me consideraba un imbécil.
Me reí de mi mismo con cierta sorna, estaba tan ebrio que mi risa retumbó en toda la cámara.
Rehíce mis pasos hasta regresar frente al lecho, allí me deje caer, clave mi parda mirada en le techo, los dos habíamos perdido aquella noche, pero tarde o temprano esto tenia que explotar, de alguna manera los dos guardábamos rencor, quizás yo mas y no se..no podía ni pensar.
Mis ojos se entrecerraban, estaba muy borracho en ese momento.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Jue Jun 22, 2017 9:52 am

Después de esa batalla de palabras hirientes, nada volvería a ser lo mismo. Estaba dispuesta a marcharme, a dejarlos en el lugar que correspondía para así sanar mis heridas…lejos de él. Mis niñas le necesitaban y yo…curar mis heridas, mi mente y olvidar. No estábamos tan borrachos como creíamos, supimos lo que nos estábamos diciendo y aún así ninguno pudo parar hasta caer derrotados , los dos.

Cuando llegué a la alcoba, me quité aquella ropa que no merecía llevar según ellas, no lucí como debí. Las dejé a un lado de la bañera y pedí la llenasen con agua caliente, más de lo habitual. Un baño caliente para mis heridas, calmar mi nerviosismo y llorar en silencio. La sensación de pérdida me consumía por dentro. Él no me pertenecería hasta que no me creyese, no pensase todo lo recriminado de mi persona. Una cobarde señorita que solo le importa sí misma y su mano derecha, alguien que nunca luchó por nada cuando él no tenía ni idea.

Seguíamos siendo unos desconocidos para el otro. le oculté detalles de mi pasado que no debía conocer, de ser removidos , temía volviesen. Fui una niña criada en la más estricta disciplina, no conocí el amor fraternal y solo él estuvo a mi lado, ese hombre que tal como vino…se fue. A él pude salvarle pero yo viviría con las consecuencias y no me importaba, porque sabía que era capaz de afrontar todo ahora que él, mi esposo…estaba a mi lado, batallando a capa y espada.

Hundí mi rostro entre mis piernas, oí la puerta cerrarse de fondo. Su voz me erizó la piel. no dejaba de oír sus reproches, el sonido de la piel rasgándose y mi nombre pertenecer a una cicatriz más de su cuerpo. Tardé en recomponerme, darme fuerzas para abandonar la bañera. No era necesario hacer el equipaje, todo lo perdí en el mar y hasta que él no lo nombró, no eché de menos mis vestidos, mis pertenencias, pues ahora se quedaban en nada…sumergidas en el fondo del mar. Allí había perdido mucho más.

Envuelta en una fina bata de satén rojo, me abracé a mí misma y me senté en el borde de la cama, todo me daba vueltas…ambos estábamos borrachos e hiriéndonos en silencio. Me acosté a su lado, haciéndome un ovillo, sentí frío de golpe. No esperaba nada, solo quería dormir y que al día siguiente, pudiese volver a Paris , esa tierra que tanto odiaba. No le molesté, no quería volver a cargar el arma y apuntarle…ya nada tenía solución.

-Mañana seré un recuerdo que te habrá dejado huella, la huella de dos hijas que seguro cuidarás como el mayor de tus tesoros. Me he bebido toda la botella, no espero tampoco que te disculpes, ya está todo dicho. -resoplé, me pesaban los párpados, me sentía fría y vacía -Devuélveme a mi marido -apenas fue un susurro, me atreví a girarme en el sitio y buscar su mirada, la mía brillaba con intensidad, incertidumbre de haberlo perdido -Dime todo lo que piensas, repíteme todo eso y luego… puedes devolvérmelo o decirme adiós. ¿Piensas eso de mí, Hoör? Cuando te he amado más que a nadie, esas niñas para mí son todo lo que tengo, lo material carece de sentido… me iré sin nada porque todo lo dejaré aquí. Mañana, me marcharé y solo deseo una cosa, no volver a verte jamás. Me prometiste no hacerme daño y ni los golpes me han causado tanto dolor. Te he amado aunque ya no me creas, sea una cobarde -cerré los ojos aspirando su olor por última vez.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Jue Jun 22, 2017 10:57 am

Escuché sus pasos inundando la habitación, aquel olor a lirios y violetas, su esencia se sentó en el borde del lecho, mis ojos se abrieron para contemplar al fantasma de mi esposa.
Los dos habíamos dicho mucho, palabras que no diré que no pensaba, hirientes, cargadas de dolor, uno que traía conmigo desde tierras lejanas.

Se dejó caer en el lecho, el silencio martilleaba mi cabeza, dejé escapar el aire de forma pasada girándome hacia ella, nuestras miradas se encontraron, sus palabras sonaban claras, decía no tener nada mas allá de lo que al día siguiente aquí se dejaría, pero sabia que nada le costaría rehacer su vida de la mano de su perro fiel.
-No voy a disculparme -dije enredando las palabras -no he mentido en nada.

Me preguntó que era eso que pensaba, pero repetirlo era absurdo, quizás el momento me había hecho gritarlo, quizás hablándolo entendería...
Negué no sabia como reconducir la situación y su actitud arrogante tampoco ayudaba en nada.
-Deja de decir que no quieres verme mas -gruñí mis manos acortaron la distancia que separaba nuestros cuerpos, la atraje contra mi, mi aliento golpeó sus labios.
-Aun eres mi mujer -aseguré atrayendola de la nuca para fundirme en un beso necesitado, hambriento.

Quizás no era el modo de hacerlo ,pero no pensaba con claridad en ese momento y tampoco es que a un salvaje en estos momentos le apeteciera una discursion si no esto, saciarme en su cuerpo.
Mi hombría chocó alzada contra su vientre, su cuerpo desnudo, apenas cubierto por el satén rojo era una invitación.
Jadeé contra sus labios introduciendo mis manso por debajo de la seda antes de alzarla enérgicamente sobre mi cuerpo.
-No quiero hablar

Mis manso empujaron sus nalgas contra el acero de mis fraguas, moví sus caderas sore mi tratando de encontrar una tregua en una gesta en la que habíamos perdido los dos.
En el lecho siempre nos reencontrábamos.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Jun 23, 2017 6:13 am

Rugí al oír que no iba a disculparse. Maldito noruego terco y desgraciado, ambos sabíamos perfectamente que los dos nos habíamos pasado pero él…me hizo daño, mucho, más que otras veces. No estábamos cuerdos, los dos nos habíamos dejado embriagar por el alcohol y ambos necesitábamos más…del otro. cuando nos miramos ebrios, volvieron a saltar chispas, el carácter de los dos chocaba irremediablemente. Al punto de inicio en donde todo empezó, negué con la cabeza, solo quería gritarle, no devolverle el daño recibido si no demostrar el dolor que sentía en ese instante.

-No deseo ni quiero volver a verte más -repetí desafiándole, alimentando su enfado, la excitación… esa tensión que volvía a crearse entre los dos. Mi mano rodeó su cuello, apretando con cierta fuerza al subirme a horcajadas sobre él. El cuerpo me dolía horrores pero la verdad era que yo ya no sentía absolutamente nada. Solo quería acabar con esta situación que nos estaba condenando a cada segundo.

Gruñí , acercando a mis labios a su boca… mordiéndole el inferior con fuerza y tirar de él hacia mí, volvía a desafiarle como siempre hice. Entreabrí los labios, mi cabello rubio salvaje, caía sobre mi espalda, mi cuerpo adornado con algún golpe. Mi sonrisa adornó mis labios carmesí, ronroneando sobre sus labios venenosos.

-No hables entonces -rugí presa de la rabia, del enfado… su excitación me reclamaba y mis caderas se unieron a aquella pieza de baile. Estaba tan enfada y excitada al mismo tiempo que… no pude reprimir darle dos buenos guantazos, uno a cada mejilla…la palma me causó picor. Cerré la mano en un puño, lucía mi anillo de casada…el mejor y peor día de mi vida pues casi le pierdo, a él.

Quizás ninguno de los dos pensaba acabar como nos encontrábamos ahora. sonreí de medio lado, maliciosa pues mis manos las coloqué tras mi nuca, mis caderas se movían sobre su hombría en alza, dispuesta a todo..a acabar con aquella maldita tontería.

-Merecemos un castigo. Tú y yo. Castígame -me relamí los labios, mordiéndome el labio inferior, mis ojos destilaban rabia y deseo al mismo tiempo… íbamos  a condenarnos entre las sabanas, olvidar lo ocurrido aunque fuese esa noche, mañana sería otro día pero ahora...volvíamos a fundirnos en los que nos unió desde el primer segundo.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Jun 23, 2017 8:25 am

Mi mujer me desafiaba, aun en ese estado lejos de bajarse del burro y reconocer que no siempre hizo bien las cosas, me contradecía, repitiendo que no quería volver a verme.
Rugí voraz contra su boca voraz, lenguas de fuego que entraron en ardiente contacto incinerandonos en el infierno, sus caderas danzaban violentas, mis manos la azotaban con rudeza.
Este y no otro era el modo en el que nosotros solucionábamos los problemas de nuestro matrimonio.

Dos golpes en mi cara que me encendieron, gruñí cabreado, volteándola con violencia para quedar ahora encima de ella, reclamando mi posición, yo era el salvaje de los dos.
No pedí permiso, ni menos iba a pedir perdón, sujetando su cuello marcando mis dedos en su inmaculada piel me adentre en su interior golpeándola con mi acero con fuerza.

Su vaina cedió ante cada una de mis potentes embestidas, la oía gemir contra mis labios, desafiándome con sus esmeraldas, tratando de alzar la cabeza para chocar con mis labios, algo que no le permití, no mientras la fornicaba sin tregua.
Su risa inundaba aquella habitación, sus gritos se perdían entre las paredes azotando mi alma con cada suplica porque la tomara.

La giré de forma brusca, abandonando su feminidad palpitante húmeda, caliente, mi mano en su sexo la alzó colocandola a cuatro patas, volví a adentrare dentro de ella, mis dedos en sus caderas hundiéndose en su piel, devastandola con cada golpe mientras la galopaba de forma salvaje.
-Dilo, eres mía -gruñí sacandola de golpe para adentrarme en las profundidades de su culo, fuerte, sin mediar palabra, como si fuera un trueno que Thor descarga preso de la rabia.

Odio, rabia, frustración, y deseo, uno que obligaba a nuestros cuerpos a fundirse sobre esas sabanas completamente perlados en sudor.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Vie Jun 23, 2017 11:27 am

Las palabras se sumaron al silencio, nuestros cuerpos eran los únicos que hablaban. Nos mirábamos ebrios, de alcohol y de amor, deseo y pasión. Nadie nos comprendería ni entendería como dos personas tan diferentes se amaban pero la verdad era otra… nos amábamos con tanta rabia como amor, solo podíamos salir de aquel bucle de reproches si los dos diésemos nuestro brazo a torcer.

La verdad, jamás lo vi tan rudo, tan bárbaro como esa noche y admito que eso me gustaba en demasía. No podía apartar la mirada de él, provocarle para que ardiésemos en la cama , solucionando el problema de ese modo, entregándonos sin medida. Mis esmeraldas se clavaron en él cuando me tomó del cuello, arrancándome jadeos…gimiendo su nombre a medida que el aire me faltaba. Entorné los ojos de puro placer al notar las embestidas , fuertes que no hacían más que provocarme, excitarme aún más…terminé gritando entre risas.

La risa del demonio, esa que tanto le gustaba a mi esposo. Dedos que marcaban mi cuello, le pedía más en silencio, mis labios hinchados por los besos bruscos. Quería beber de su boca, sellar con un “te odio “ a añadir y todo se volviese negro, la noche no terminase de mejor manera. Desfogarnos, amarnos de ese modo que nadie sería capaz de encontrar. Lo amaba, lo amé desde aquel día y fue mutuo, correspondido… no dudé. Tuve miedo.

Hundí los dedos en las sabanas al sentir aquel brusco movimiento, como me desgarraba por dentro y diablos, me gustaba. Una de mis manos, abandonaron el agarre para tener un solo camino… sus testículos a los cuales acaricié, notándolos duros ansiados de descargar dentro de mí. Reí, mirándole por encima de mi hombro, nos volvimos locos…locos por el otro. los reproches y pensamientos se esfumaban, estaba tan cerca del orgasmo que cuando llegué aullé de placer pues se movió aún con más fuerza. Pude sentir su pelvis golpear con violencia y ahínco mi trasero.

-Shhhh no vas a llegar, aún no-moví las caderas para que abandonase mi interior, no iba a ser tan fácil…quería que sintiese dolor, se desesperase y susurrase mi nombre con tanto tacto como yo el suyo al pertenecerme. Busqué su bastarda a tientas, al borde de la cama y la empuñé, señalándolo con ésta. Alcé la barbilla , como si ganase cuando el juego acababa de comenzar.

Apoyé la punta en su barbilla, empujé un poco, cortando su mentón y mandíbula, perfilando el acero en su piel…rasgándole hasta hacerle sangrar. A gatas, lo observaba cargada de deseo, mi sonrisa no abandonaba mis labios y el acero tampoco su piel. Bajé por su torso, desde su hombro derecho, deslizándose despacio…dibujando su pecho hasta su vientre. La línea retomó sus pasos… pasando desde su vientre hasta su otro hombro, el izquierdo. Una V perfecta lucía en su musculoso pecho. No quise mirar mi nombre borrado, pues ya desaparecería la V que acababa de hacer.

Me enfadé, rugí de rabia porque lo del tatuaje fue lo que más me había dolido…como si ya no fuese mío.

-No. No solo diré que soy tuya. Dirás que eres mío. -tomé sus labios, sin dejar de apuntarle con la espada en su cuello, lamiendo su sangre, subir hasta uno de sus oídos -Soy tuya. Por y para siempre…sigo marcada por ti -mis pechos aplastados contra su torso, también impregnados de la sangre de mi noruego. Las sabanas se mancharon de sangre, sudor… y lagrimas, lagrimas de absoluto placer -Eres mío. Dilo -estaba dispuesta a acabar con él , cosa inútil pues con un simple gesto él tomaría la situación, me encantaba sentirme poderosa, él a mi merced.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Vie Jun 23, 2017 11:51 am

La sentí explotar, irse mientras la montaba como el bárbaro que era por atrás, mis tres dedos en su delantera marcaba el ritmo demencial mientras sus gruñidos y jadeos elevaban mi nombre hasta el firmamento.
Movió sus caderas para dejarme a medias, rugí porque nada me faltaba para alcanzar el Valhalla y en mi estado de embriaguez no pensaba mas allá de seguir galopando contra ella.

Me tiró contra el lecho, jadeaba con los ojos oscurecidos, esperando que terminara aquel encuentro, que me dejara sacudirme como el trueno, pero sin entender como la bastarda fue tomada por sus manos, rugí al sentirla en mi cuello.
-Espera -dije enredando las palabras, al ver como cortaba mi piel de arriba a bajo, una v perfecta que empezó en mis hombros y murió en mi estomago que se contraria al sentir el calor de la sangre espesa manar de la herida abierta.

Iba tan borracha que no se daba cuenta de que la herida no cerraba, de que aquello no curaba, montó sobre mi, siendo ahora ella la que marcaba aquel demencial ritmo, la vista se me nublaba, gruñí contra su boca devastandola.
Su pecho me calcinaba, la sangre humedecía nuestros cuerpos en un encuentro salvaje, sádico y que se nos había ido por completo de las manos.

Me sacudí con violencia en su interior, no dije que era suyo, no porque mi orgullo seguía imperando sobre todo lo demás que había sucedido.
-Valeria -susurré con la voz entrecortada tratando de que entendiera que no me encontraba bien.
No se cunado perdí la consciencia, solo que el filo del acero seguía acariciando mi cuerpo.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Lun Jun 26, 2017 12:10 pm

La noche había sido intensa, como ninguna otra. Me enamoré más de él , entre los suyos…ese comportamiento bárbaro que me condenó a amarle más y a odiarle al mismo tiempo. Las palabras se nos fueron de las manos. He de reconocer que aunque sabía a qué me enfrentaba, no estuve preparada para ese tipo de bienvenida. No era ninguna fiesta de clase alta en donde las mujeres hablamos de vestidos, joyas o chismorreos… allí tenías que jugarte el pellejo, dejar claro quién eres y lo que te pertenece. Y ellas… me dejaron claro que no tenía ni la más remota idea de luchar por mi hombre.

En el lecho volvimos a dárnoslo todo, cuando las palabras sobraban, nos devoramos como si nada más existiese. Rugí presa de la desesperación, mi rabia y enfado me cegaban , el alcohol me nubló la razón. No oí de su boca que era mío después de que yo sí que lo confirmé , era suya. Era como si se hubiese cansado de repente, nada era suficiente…necesitaba más y yo no sabía cómo dárselo.

Su espada fue la única mujer que se interpuso entre nuestros cuerpos. Me volví loca, admito que mi locura me perdió en su mirada, en su cuerpo. La obsesión me llevó a cometer aquello. Un V perfecta, lucía sangrante en su pecho. Mis movimientos se volvieron locos, demenciales… me moví como nunca antes, necesitándolo aún más dentro de mi cuerpo. No sé en qué momento ocurrió pero… me tenía completamente atrapada y por primera vez, dudé si seguía amándome.

Tomé su rostro entre mis manos, mi boca se entreabría sedienta de más…de sus besos y con necesidad de oír que era mío, nunca antes ansié tener algo tanto. Se revelaba contra mí, me estaba castigando y yo no dejaba que saliese de mi interior, no hasta que llegó. Mis manos le tomaron de las muñecas, respiración entrecortada que se mezcló con la ajena. Mis esmeraldas se oscurecieron al oírle decir mi nombre, me encantaba que dijese mi nombre.

-¡ERES MÍO! -grité presa de la rabia y el alcohol. Bajé la mirada totalmente fuera de mí misma… sangre por todas partes, la herida no cerraba y no lograba entender porqué. Lo miré confusa, como si estuviésemos viviendo una pesadilla que no deja que te despiertes. Sabanas teñidas de carmesí, mi cuerpo magullado con sangre de los dos… más suya que mía. Volví a golpearle un par de veces más en una de sus mejillas para que volviese en sí… en vano.

Como pude, me levanté corriendo hacia la puerta. No veía bien, apenas podía tenerme en pie, sabía que en pocos segundos me desmayaría pero antes… tenía que pedir ayuda. Caí de rodillas en medio del pasillo, grité desolada, pidiendo ayuda… manos ensangrentadas. Algunos de los suyos, salieron alertados por mis gritos y súplicas. A mí ni siquiera me atendieron, fueron en su encuentro. Inconsciente en la cama. Apenas comenzaron a atenderle cuando caí desplomada y llevada no a una mullida cama… si no a encerrarme pues nadie había podido herir al guerrero pero sí su esposa…

Estaba claro que me juzgarían, alegarían la pelea, mi venganza… yo era una extraña, me condenarían y no me importaba pues, yo le habría matado, mis celos me llevaron a marcarle, a hacer esa locura…por amor, no merecía menos. Desnuda, me desperté en el suelo, todo mi cuerpo era una masacre…no recordaba qué pasó solo me acordaba de mi noruego desangrarse ante mis ojos, por mi mano…¿qué había hecho? no era más que una asesina, una asesina enamorada…






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Lun Jun 26, 2017 1:36 pm

No se el tiempo que pasé en esa cama inconsciente, solo que al abrir los ojos la busqué con desesperación, vano mi primer intento de alzarme pues una de las doncellas que secaba el sudor de mi frente producido por las fiebres me lo impidió.
Rugí furioso llamando a mi mujer, fue entonces cuando uno de los míos se adentró por la puerta, recordándome el castigo de los traidores, las celdas habían sido su destino tras tratar de acabar con la vida del conde y futuro rey de los míos.

Me alcé como pude, sobre mis hombros las pieles y con el porte regio baje hasta las mazmorras sin titubear un ápice, seguido de cerca por Sven y otro vikingo que no me lo impidieron mas que sabia que no estaban de acuerdo.
Los juegos que me traía con mi esposa eran duros, no era la primera vez que me hacia sangrar en la cama, algo que a ambos nos producía excitación, pero con todo lo que aconteció en los últimos meses olvide hablarle del viaje que hice a otra realidad con Lakme, allí nuestro vinculo quedo desquebrajado por su traición, ahora mis heridas no cerraban, era de nuevo un humano corriente, un vikingo salvaje.

Me adentré en su celda con mis ojos fijos en ella, su pelo dorado enmarañado, su rostro manchado de mugre, su cuerpo desnudo, aquello era un ultraje, pero así funcionaban las cosas en el norte, los castigos eran implacables, la sangre se saciaba con sangre.
Mis pieles cubrieron sus hombros, sus ojos lloroso centellearon al contemplarme, parecía vivir en una duerme vela, uno que no le permitía sentirse plena.
-Soy yo -aseguré cuando sus dedos acariciaron mi rostro como si fuera un ente, un recuerdo del pasado y no del presente.

La alcé entre mis brazos, se sentía incluso mas ligera que antes, mi nariz acarició la suya despacio, tratando de reconfortarla, nuestro aliento pesado impacto como las rocas contra el marea.
-Shhhhh -susurré para que guardara silencio mientras sus brazos se rendían aferrándose a mi cuello y su cabeza acabó anclada a mi pecho.
Juntos subimos las pedregosas escaleras llenas de musgo y humedades, una celda no era lugar para una mujer como ella.

Mi lecho la acogió, ordené que prepararan la tina con agua caliente, que pusieran en ellas lirios y violetas, no sabia que hacer para que perdonara esta afrenta, conociéndola cogería el primer barco a París, no la culpaba si esa y no otra era la decisión que tomaba.
Pero un lo siento escapó sincero contra sus labios -debí decírtelo, el vinculo esta roto, mis heridas ya no sanan, siento todo lo que has tenido que pasar Valeria.
El norte es duro, gélido y peligroso, no se que pensé la traer a alguien como tu a mi tierra.

Volveremos a París -sentencié esperando que eso bastara para contentarla y expiar mis pecados con la promesa de regresar a la mansión Cavey.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Lun Jun 26, 2017 4:44 pm

Con certeza no puedo saber cuántos días pasaron porque perdí la noción del tiempo y el espacio. La celda cada vez era más pequeña, a cada segundo. La imagen de mi amor desangrarse ante mis ojos, entre mis brazos. En mi mano el arma del crimen. Fui la culpable de su desdicha, pues ya lo condené solo por el hecho de amarme.  El norte no era lo esperado por mi parte, no comprendía nada y menos entendía cómo nos había cambiado en cuestión de horas. Él no era el mismo, conocí de él una cara que desconocía…ese bárbaro sin sentimientos que amaba por encima de todo a los suyos.

No fui su primera opción, decidió quedarse allí después de ser golpeada hasta casi desmayarme. Y aún así, le pedí perdón, le dije tantas veces que era suya…tantas que no recibí lo mismo a cambio. Ese hombre entregado, cariñoso y rudo en determinados momentos, se había perdido en el fondo del mar y ahora, les devolví a su vikingo, trayéndole de vuelta para acunarle en los brazos de su tierra y forjar allí a mis hijas… a donde pertenecían. Él me lo dio a entender muchas veces, que eran vikingas y no señoritas de clase alta… lo que yo siempre había sido.

Terminé en un rincón de la celda, abrazada a mis rodillas. Nadie oyó mis gritos de súplica, solo recibí desprecio y deshonra. Las visitas que tuve fueron para reprocharme lo que había hecho, repetirme hasta la saciedad que estaría muerta en cuanto me sentenciasen. No eran capaces de decirme si estaba vivo o muerto. La incertidumbre me llevó al  nerviosismo y desesperación. No volvería a verle, ni a mis hijas. De mí quedó un despojo humano del cual burlarse, escupirme y golpearme.

Fui ultrajada, vejada y humillada por los suyos. No comprenderían y menos entenderían lo que ocurrió en aquella habitación. Cuando la puerta de la celda se abrió, me esperé lo peor. Solo deseé que por fin me diesen muerte, mi esperanza …la había perdido. Cerré los ojos , estaba rota y desgarrada ¿por qué me torturaban de esa forma? Seguía luchando…él me lo enseñó pero…, si él estaba muerto y mis hijas lejos de mí… solo esperaba que no corriesen esa suerte, solo por llevar mi sangre. Temí por ellas, intenté salir de allí de todas las maneras posibles… y no lo conseguí.

“Soy yo”

Mis orbes esmeraldas, centellearon al verle ante mí. No me salían las palabras, las lagrimas se me habían secado. Él era mi muerte y mi descanso, solo él me llevaría al otro lado de su mano. Me dejé llevar dispuesta a abandonar este mundo de tinieblas y oscuridad. Dejé escapar un suspiro al notar la comodidad del lecho. No quería abrir los ojos, me sentía pequeña, por primera vez en mi vida…tuve miedo. Temblé al tenerlo cerca, hacía mucho que no sentía esa sensación de desamparo…desde el ataque en el despacho.

-Lo sientes -susurré incrédula, no sabía lo del vínculo, me di cuenta que… no sabía nada de él. El viaje con esa inmortal, su mundo, su gente y costumbres…yo no casaba allí. -No sabía… si estabas vivo o muerto. No voy a decirte lo que me han hecho, eres uno de ellos y lo sabes -giré el rostro al intentar tocarme, no quería, no deseaba eso… para mí él era un extraño -No vamos a regresar. Te quedas y yo ..-estaba tan débil que apenas podía tener los ojos abiertos, me hice un ovillo en la cama…estaba destrozada -Ya no me quieres, así que dejame ir a una ciudad a la que odias-rompí a llorar como una niña. Le tenía miedo… él no era el mismo y  a mí me habían destrozado.

Mil veces grité que lo amaba en la celda, mil veces se rieron y me golpearon.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Jun 27, 2017 1:55 am

Sobre el mullido lecho se abrazó a si misma, derrotada, como si nada ya tuviera sentido y en parte lo entendía.
No estábamos pasando la mejor de nuestras etapas, supongo que en parte todo era culpa mía, ella se había mostrado amorosa durante todo este tiempo, afectuosa y enamorada, por el contrario yo me endurecía ante sus ojos porque no veía la sombra del que abandonó el norte un día.

París me había cambiado, era un luchador, un salvaje que acero en mano nunca se dejaba tumbar, al menos no hasta que mi valquiria bajara para llevarme a la gran cena.
En París, me enamoré y luché, luche hasta caer, levantarme y volver a ponerme en pie.
No entendía sus costumbres, luché aun así sintiéndome en ocasiones un pelele, luché porque la amaba y seguía haciéndolo como el primer día, el problema es que me había perdido y no había brújula que marcara mi norte, por primera vez en mucho tiempo me sentía roto.

Le eche en cara a Haytham que era su perro fiel, sin embargo no me convertí en otra cosa distinta que en eso mismo.
Siempre en la sombra, viendo ante mis ojos como ella y él guardaban sus secretos, como una lista de pretendientes pasaba ante mis ojos y la frase de mi mujer “no te metas en esto es peligroso” como si fuera un niño al que proteger.
No se dio cuenta de que yo era un vikingo que amaba la guerra, una que corría por mis venas desde antes de nacer.
Me veía débil, quizás porque en eso me convertí en París, en un ser endeble, me veía débil y yo se lo permití.

Siempre confió mas en Haytham, quizás porque no temía perderlo en combate y por ende si a mi o quizás porque me infravaloraba.
Solo se que el paso de mi vida por París me convirtió en algo que odiaba ser, un hombre sin honor, uno que no se impuso en muchas ocasiones y que aguantó cosas que ningún norteño toleraría sin que el ajeno recibiera su merecido del filo del acero forjado en nuestras fraguas.

Me dejé caer la suelo de rodillas, quizás esa y no otra era mi posición, solo que no lo había visto hasta hoy, su mano entre las mías, apoyé contra ellas mi frente mientras las lagrimas se sucedían incapaz de cortar un llanto que de ningún norteño saldría.
Tenia miedo, miedo a perderla a que se fuera, a que dejara de amarme, porque yo no era el mismo hombre.

Nos dejaron solos, mi orgullo quedo en el suelo, pero ¿acaso me quedaba de eso? Ya no sabia como ponerme en pie, le había reprochado infinidad de veces cosas que no tenían sentido, hice lo que hice porque así lo quise y si ahora me arrepentía de haberme arrastrado no era culpa suya si no mía.
Luché, eso lo hice y no negaré que en la lucha perdí demasiado.
No le conté lo de Lakme porque no tenia sentido, ya no era importante, ahora el norte se había apoderado de mi, buscaba en él al hombre que un día fui.

Besé su mano con suavidad, suplicante, ya no sabia que mas hacer para que entendiera que la quería ¿acaso no había hecho ya bastante?
-Volveremos a París, este ya no es mi hogar, me ha costado, pero me he dado cuenta que ya no es sangre norteña lo que corre por mis venas. Soy un híbrido, mas parecido a lo que detesto que a lo que admiro, volveré a casa, con los tuyos y los míos, el norte no merece un líder débil, uno que cae y ya no es capaz de ponerse en pie.
Lo siento.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Mar Jun 27, 2017 6:36 am

-Volveré sola, sin ti, sin ellas-apenas lo dije con un hilo de voz, las palabras en aquella taberna seguían retumbando en mi mente, me perseguían en mis peores pesadillas. Odiaba Paris y no le condenaría a volver, su sitio era aquel con los suyos ¿el mío? Lejos de allí, de donde no debí salir. Mi mansión, mi despacho y sola como siempre debí estar. Mi naturaleza no era esta, un marido y dos hijas que según él no deseé tener. Aún seguía doliéndome aquello, más que incluso aquella noche.

No entendía cómo llegamos a este punto o quizás… estaba tan ciega que no quería verlo. Él era feliz en el norte, pude verlo en sus ojos castaños, sonreían rabiosos de felicidad. Y mi recibimiento me ayudó a comprender muchas cosas. Comprendí que no era feliz a mi lado, le condené a vivir en una ciudad que odiaba con todo su ser. Sus hijas, serían guerreras, vikingas como él y no señoritas de clase alta. Y él… volvió a ser quién era, un guerrero sin sentimientos con mil escudos para que nada ni nadie pudiese dañarle.

Me incorporé en la cama cuando tomó mi mano. Temblé presa del miedo que me causaba solo tocarle. Se había vuelto un extraño ante mis ojos. Solo quería volver a casa, olvidarle. Él ya no me quería del mismo modo pues… ¿cómo iba a quererme si ya me había conseguido? Palabras que escuché estando encerrada. “Una puta de Paris ha venido a arrebatarnos a nuestro guerrero, nuestro líder” , “Un capricho del vikingo”, “La mataremos con nuestras propias manos por habérnoslo arrebatado”.

Aparté la mano ante el recuerdo de aquellas rudas frases , dichas con toda la repulsión y odio. Yo y no otra le había convertido en lo que no era, en lo que jamás pensó ser. Un ser débil que solo corre detrás de mis faldas. No quería eso para él, me importaba demasiado para ver como ante mis ojos se marchitaba. Lo quería, lo amaba tanto que prefería dejarle aquí, arropado con el calor de su familia que a mi lado, a aquella casa fría y falta de amor y cariño.

No podía demostrarle más que lo amaba, solo se me ocurría una manera y esa era…dejarle marchar, dejar que no fuese nada mío. Me quité el anillo, dejándolo en la palma de su mano y mis dedos, se enredaron en su cadena… en mi promesa. Apreté los labios con fuerza, sentí morir porque no había cumplido aquello único que le prometí. Solté la cadena e intenté ponerme en pie, tiré de uno de sus brazos con las pocas fuerzas que me quedaban para que no suplicase más, él no merecía eso…era un guerrero.

-No me supliques. No tienes porqué hacerlo. Tú no eres así. El hombre que conocí no se rendía nunca. Te devuelvo tu honor, tu fuerza y las ganas de vivir… quiero que te quedes -tragué saliva, quería irme de allí para siempre -No puedo cuidarlas, mi cabeza y mi cuerpo … -no seguí la frase él lo entendería -Te dolerá… sé que mi partida te dolerá pero te hará fuerte, te devolverá tu ser. Solo quiero que rehagas tu vida, Hoör. No es a mi lado…te he convertido en lo que eres ahora… un hombre débil y ellos no esperan eso. Tu hogar es este y el mío uno muy lejano. No debimos conocernos, porque ya nada será igual… tranquilo, no me iré a los brazos de nadie. eso es lo que temes… siempre lo has temido y no te creías que solo quería estar entre los suyos. Me hice fuerte por ti… ahora… hazlo por mí -solo quería irme de allí cuanto antes, el dolor me estaba consumiendo.






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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Jun 27, 2017 8:26 am

Alcé la mirada húmeda por las lagrimas, incrédulo mi gesto se tenso, mis pardos se tornaron gélidos, no le bastaban mis suplicas que de rodillas nuevamente me arrastrara, suplicara su amor, su perdón.
Aun así me abandonaba, siempre que la situación se complicaba lo hacia. En el pasado huía de sus sentimientos, incapaz de ceder, de mandar a la mierda esa lista que dejo su padre a puño y letra escrita y que el perro fiel de su mano derecha se aseguraba de que de algún modo se cumpliera.
Amenazas si no lo hacia, perder el dinero, otros problemas varios de los que me mantuvo ajeno, su explicación para ello, mi seguridad ¿tan inútil me veía? ¿tan débil como para no ser capaz de defenderme a mi y a aquello que amaba?
No era culpa suya, frente a ella había un pelele que temblaba ante la idea de perderla.
Le demostré todo, nada me quedo por hacer, y aun así...hoy me decía que podía quedarme en el norte, que todo había terminado entre nosotros.

Me alcé del suelo, gesto tenso, no pensaba claudicar, al menos si se largaba a París me iba a escuchar.
-Eres una cobarde, he perdido el rumbo y lejos de esta vez ser tu la que me sirve de faro, cierras tus ojos y me dejas a oscuras.
¿Te abandone yo cuando indecisa no sabias que hacer con tu vida? ¿no luche suficiente cuando el miedo te hacia llevar ese anillo que me devuelves en un maldito abrigo y no en tu dedo?

Negué incrédulo, mantuve mi mirada fija en la suya, si quería irse, era libre, pero no volvería a abrirle la puerta de mi vida.
-¿Sabes cual es el problema? Que esto lo he arrastrado desde hace ya demasiado tiempo, porque tu siempre has tenido miedo de una conversación que no se producía pero que anidaba en mis entrañas.

Había notado que me temía, cuando la tocaba huía ¿lo merecía?
-Te violaron, pero volviste a sus brazos y yo que nunca te he quebrado ¿soy el que te produce miedo?
Me he disculpado por la rudeza de mis actos en estas ultimas semanas, soy culpable de muchas cosas Valeria, posiblemente de no hablar con sinceridad antes, de no explotar cuando tuve que hacerlo, incluso de refugiarme en el alcohol cuando las cosas en París contigo me hacían ahogarme, caer, peor me levante, llevo levantándome toda mi vida y estoy aquí, perdido pero frente a ti.
No volveré a correr tras de ti, no tengo brújula que guie mis pasos, pero si abandonas a tus hijas, a mi, espero que la felicidad de los vestidos, de los hombres entre tus piernas te haga olvidar lo que fui o lo que soy o lo que seré algún día.
Te quiero pero no voy a forzarte a seguir con una bárbaro, porque soy un bárbaro, un maldito norteño, si yo tengo que aceptar que eres lo que eres, tu tendrás que aceptar que estas son mis leyes.
Amo el norte, por mis venas corre cada valle,a da rio, cada cuervo que grazna sobre los cadáveres de los míos.
El acero es mi bandera, la forjas con lo que fui creado y los golpes lo que me convirtió en el hombre que hoy soy.
Hace tiempo Skadi me dijo que no me reconocía, tenia razón, tampoco me reconozco yo.

Así que lucha, quédate a mi lado y ayúdame a salir de esta en pie o vete, juro que sin ti también me alzaré.



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Re: El acero y el fuego. (privado)(+18)

Mensaje por Valeria Cannif el Miér Jun 28, 2017 6:11 am

Rota.

Así me sentía en ese mismo instante, para siempre. Él en su estado de letargo, no podía imaginarse lo que me hicieron por creer que traicioné al amor de mi vida, a su condición de vikingo. No solo intentaron con golpes que confesase, lo que me hicieron en esa celda Hoör jamás debía de saberlo. Amaba a los suyos y yo, solo fui su condena. Por mi culpa ya no era ese guerrero inquebrantable, ante mí tenía el hombre débil y vulnerable que temía perderme por mi partida. Nunca me lo había dicho pero sé lo que realmente piensa. Con él nunca hubo secretos y al mismo tiempo, demasiados.

Me arrepiento de haberlo protegido cuando él mismo podía haberlo hecho pero ¿no proteges con tu vida a lo que amas? Y sin aún reconocer que lo quería, lo protegí a capa de espada, porque sería la persona que más me importaría nunca. Mi mirada cansada, le confesaba que pasé los peores días de mi existencia. Me utilizaron, me hirieron de muerte en el alma. Debía marcharme, no quería estar en esa tierra ni un segundo más y la verdad, prefería haber muerto allí… cosa que procuraron que no sucediera.

….**
Días antes.
Boca seca, las lagrimas habían marcado en mi fino y perfecto rostro, pequeños caminos de suciedad y sangre que se perdían hasta mi cuello. Desperté a la mañana siguiente de lo ocurrido, buscando desesperadamente a mi marido. No solo no se encontraba a mi lado, podía ser que no lo viese más. Solo recordaba pequeños fragmentos, la bastarda, la sangre, el acto que nos condenó a perdernos en el otro una vez más. Desangrándose ante mí, sin saber si estaba vivo o muerto. La desnudez no me importó, aferrada a los barrotes, pedía por favor solo un si o uno… para saber si se encontraba vivo.

-¿Está vivo? Mi esposo… por favor. Solo eso. No sé qué ocurrió, jugábamos como siempre y… ¿alguien me oye? Mi esposo, Hoör Cannif… ¿Está …está vivo? -lo pregunté a uno de ellos, un vikingo alto de ojos claros que me miraba como si fuese una rata a la que aplastar. No pude decir más, aún estando él fuera y yo dentro, los barrotes nos separaban pero se las ingenió para cogerme del cuello y alzarme, apretar con cierta fuerza…torturándome -No tienes derecho a saber si vive o muere. Vas a pagar tu traición y él no está aquí para impedirlo, tampoco… creo que quisiera. Quiero saber lo que tan loco volvió al gran Cannif , nos lo has arrebatado…ya no es ese guerrero, si no tu perro faldero ¿qué tal se siente al follarte, francesa? -no pude más que intentar coger aire, en vano.

En cuestión de minutos, ese hombre se encontraba dentro, tomando lo que no era suyo…comprobando lo que ansiaba saber. Como si fuese un desecho, me lanzó al suelo tras haberme probado. No pude evitar reír del dolor, algo que le desconcertó , de la misma rabia… me golpeó tantas veces que no recuerdo pero antes de perder el conocimiento me susurró algo, algo que si salía de allí debía llevar a cabo.

-Si sales de esta, nadie va a creerte. Me provocaste, te tomé porque lo pediste y… puedes decírselo a tu vikingo si quieres, nadie va a salvarte… porque si sales de aquí con vida… destruiré todo lo que tanto te importa ¿dos hijas decías que tenías? Nadie debe saberlo ¿me oyes, zorra extranjera? Si sales de aquí, márchate. Él pertenece a esta tierra, si sale de esta debe ser enterrado aquí y si no quieres, que le pase nada a tus hijas… haz lo que te dije. VETE -entre lagrimas de impotencia, me abracé a mí misma y dejé que el tiempo pasase…

*---

Y allí estábamos, uno frente al otro. no sentí nada de lo que dije pero cuanto antes me marchase de allí, antes las pondría a salvo. Él no iba a saber jamás que uno de los suyos me violó, me amenazó. Aguanté cada una de sus palabras, me dolían como cuchillos clavándose en cada poro de mi piel. no pude aguantarle la mirada, intenté adentrarme en la bañera…lo necesitaba. No podría limpiar mi alma, pero al menos sí mi cuerpo y lo que quedase de ese malnacido. Una vez dentro del agua, seguía oyéndole y dolía tanto. No quise ni mirarle a los ojos, sentí que le estaba fallando y defraudando a cada segundo y no podía soportarlo. ¿Cobarde? Puede… pero allí no podía permanecer más, maldita sea.

-Tu sitio es el Norte, estás en casa. Yo no pertenezco a tu mundo y no quiero hacerlo -me abracé, no le tenía miedo…sí a lo que me había pasado, ya no podría confiar en nadie más. me reí por no llorar ¿arrastrado desde hace mucho tiempo? me nombraba a Haytham siempre, como si él no lo hubiese olvidado para mí…tan solo era un recuerdo de alguien que apareció y se fue de mi vida tal y como había venido.

No me lo estaba poniendo difícil. Valeria Cavey siempre huía, pero esta vez no tenía opción. No pregunté por mis hijas, tenía miedo, pavor y terror… solo quería marcharme. Decirle adiós a lo que más amaba y olvidar lo que me hicieron. La imagen de aquel hombre, ese bárbaro que me tomó , provocó que bajase la mirada.

-Pues que Skadi ocupe mi lugar, es lo que quería ¿no? a ti. Ella es como tú, una guerrera y no una cobarde -apenas me salía la voz, me habían humillado tanto que ¿cómo iba a querer luchar? Solo quería a ellos, a salvo.-Significarás para mí lo que nadie nunca y te atreves a decirme que me voy a refugiar en otros, en mis vestidos. Para ti, sigo siendo esa Valeria egoísta, caprichosa que juega con los demás ¿no es cierto? En tu cabeza… imaginas que Haytham Cross me espera en puerto y que empezaré una vida lejos de ti, de ellas y con él -negué con la cabeza, me sumergí por entero en el agua, al salir y apoyar la cabeza en el borde, dos lagrimas surcaron mis mejillas, mezclándose con el agua de la bañera…-Quiero que me olvides. Críalas y diles que estoy muerta. Me marcharé al alba -alcé las manos para que no me tocase, tenía señales por todas partes, no era hermosa… mi rostro marcado por los golpes, mis ojos verdes se habían apagado.






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