Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Monster High. [París, 2017. Priv.]

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Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Viktor Paine el Dom Mayo 21, 2017 4:10 pm

Tendría que estar yendo a la universidad. O al trabajo. O donde fuera, menos allí. Pero allí estaba. A las puertas del Lycée Saint-Louis. Con la mochila al hombro y gesto de resignación.
Acababa de cumplir los veinte y seguía sin haber acabado el bachillerato. Sus padres no le habían reprochado los cursos que había repetido, entendían que sus circunstancias no eran las mejores. Había pasado cerca de un año enfermo, luchando contra un cáncer que le había dejado muy tocado física y psicológicamente. Habían probado dos operaciones, incontables sesiones de quimioterapia y lo había superado. Le había costado perder un curso y medio y quince kilos. Pero todo parecía haber terminado con éxito. Lo parecía.

Por eso, cuando los marcadores se le dispararon de nuevo, su casa se convirtió en un campo de batalla. Discusiones a todas horas, miradas cargadas de significado, reproches ahogados que iban minando los cimientos de una familia que un tiempo antes había sido perfecta. Sus padres no estaban bien, a pesar de lo que mucho que sabía que se amaban, su enfermedad había abierto una brecha entre ellos que a punto estuvo de romper definitivamente su matrimonio. Sus hermanos tenían opiniones opuestas. Todo era muy complicado.

Aletheia y Elora habían intentado usar sus dones para curarle, pero no había sido suficiente. Ni la medicina, ni la magia... nada parecía ser capaz de librarle de esa maldición... Salvo otra. La que compartían su padre y sus hermanos. Leif se había negado a dar ese paso, no quería cargar a otro hijo con la maldición del lobo. Sus argumentos eran lógicos y coherentes. Querían agotar cualquier otro recurso antes de ése. Pero se quedaban sin opciones.

Su madre lloraba cuando pensaba que nadie la veía. Su padre había pasado las tres últimas noches fuera, no quiso preguntarle dónde o con quién. Le daba demasiado miedo la respuesta. Sobre todo por su madre, quien tampoco parecía querer saberlo, aunque veía el dolor en sus ojos cada vez que lo miraba.

Todo iba a explotar de la peor manera posible. Su mundo se desmoronaba y parecía que nadie podía evitarlo. Y quién podía, no quería.

El día en que llegó el último informe a casa se desató la tempestad. Jamás había visto discutir a sus padres de aquella manera. Y eso que les había visto discutir casi a diario. Pero siempre hacían las paces, de una u otra forma, siempre se encontraban, se atraían como dos potentes imanes, incapaces de vivir el uno sin el otro. Esa noche fue diferente. Su madre lloraba, su padre gritaba. Había bebido.

Viktor entró a interrumpir la discusión y su vida cambió para siempre. Demasiado rápido. Tanto, que apenas podía recordarlo con claridad. Sólo tenía marcado a fuego la mirada rabiosa de su padre, sus colmillos atravesándole la piel. Un dolor lacerante, intenso, que le hizo arder hasta la última célula. Se sintió morir. Lo había pensado muchas veces durante el tratamiento, pero en ese momento lo sintió. Iba a morir. A manos de su padre. Del hombre al que quería y admiraba. Del que había sido su héroe. El que le había enseñado todo cuanto sabía y quien representaba todo lo que él aspiraba ser. Le había mordido. Después de tantas discusiones, de tanta tensión, de tanto dolor... el mundo se reducía a eso. A un mísero mordisco.

Desvió los ojos hacia su madre. Tenía el rostro desencajado. No sabía si por el enfado, la sorpresa o la impotencia. Se cubría la boca con una mano, ahogando un grito. Sin embargo, había allí algo más. Un brillo pequeño, casi imperceptible, pero presente. Esperanza.

Cuando despertó, estaba en su cuarto, con ropa limpia. La habitación olía más intensamente que nunca. No era un olor desagradable. Olía a la vela de vainilla que solía poner cuando estudiaba. Pero mucho más fuerte. Olía a café. Al champú de melocotón de su madre. A libros y tinta. Olía a Leif y a Aletheia. A hogar.

Junto a su cama, sentada una de las butacas del salón que no tenía ni idea de cómo había llegado allí, dormida en una postura incómoda, estaba su madre. Se notaba que se había dormido de puro agotamiento. A sus pies, en el suelo, con la cabeza apoyada en su regazo, estaba su padre. Se fijó en un detalle, uno que hacía tiempo que no veía; los dedos de su madre se perdían en el pelo de Leif. No le había visto hacerlo desde que empezaron aquella batalla. Igual que no había visto al lobo abrazado a las piernas de Aletheia. Era como si nada hubiera pasado entre ellos. Como si la distancia que había impuesto su situación se hubiera esfumado. Podía verlo. Podía oírlo. Podía olerlo.

Había sido un tiempo horrible. Una agonía interminable de médicos, de tensión, de miedo. Pero había terminado. Sabía que había terminado. Ahora era diferente. Era un lobo. Tendría que controlarlo, pero llevaba toda la vida viviendo con ellos, lo conseguiría. Lo sabía.

Apenas habían pasado unos meses y todo lo malo parecía ser ya sólo un mal recuerdo. Sus padres estaban más unidos que nunca. Volvían a discutir a diario, pero siempre encontraban la forma de volver el uno al otro, de hacer las paces. Había exigido la insonorización de su habitación. Su nuevo nivel de audición podría haberle causado un trauma.

El mundo era diferente ahora. Le había llevado un poco acostumbrarse a él, a sus nuevas habilidades, a la maldición de la luna. Pero eso estaba ya superado y tenía que seguir con su vida. Con un par de años de retraso, pero tenía que continuar. Y ¿qué mejor forma de hacerlo que acabando los estudios?

Tsk. Era la clase de vuelta a la normalidad que más había ansiado. Así que allí estaba. A las puertas del Lycée Saint-Louis. Con la mochila al hombro y gesto de resignación. Hecho un manojo de nervios, dirigiéndose al primer día en un nuevo instituto, con nuevos compañeros, con un gran secreto que ocultar y muchas ganas de vivir.
-Aquí estás, Viktor Paine. Vas a ser el chico nuevo, el repetidor y el que tiene padres profes. ¡Bienvenido al instituto!




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Elaine de Montreil el Miér Mayo 24, 2017 4:03 pm

Diecisiete para dieciocho y era el instituto nuevo al que se había querido matricular. Su madre y ella habían discutido largamente hasta el agotammiento. No quería un internado en Suiza, le daba igual que su madre tuviera una de las mejores empresas de exportación de vinos franceses, no pensaba estudiar comercio internacional como su familia y su manada esperaban. Esta vez no. Siempre había sido la niña buena y obediente, siempre había cumplido las expectativas de todos porque a su madre le costó muchísimo esfuerzo llegar a donde estaba, tras arruinarse y perderlo todo. Pero había aprendido de ella a ser una luchadora y a seguir con determinación su propio camino a pesar de lo que dijeran los demás.

No quería pasarse el resto de sus días pegada al móvil, encaramada a unos Lobutin y vistiendo trajes chaqueta de Chanel. Ella quería ir con vaqueros rotos, camisas de cuadros y botines de flecos. Quería estudiar Arte, le encantaba dibujar, modelar arcilla y las nuevas tecnologías como el diseño web y la fotografía. Y nada de eso se enseñaba en Suiza. Consiguió convencer a su madre para que la dejase matricularse el último año de instituto en uno público, y si conseguía buenas notas y no meterse en líos tal vez, y sólo tal vez, ella accedería a que estudiase Arte.

Con la mochila al hombro, un gorro de lana azul tocado de lado en la cabeza, y sus andares desgarbados, de quien fue una niña enfermiza en su infancia, subió los escalones de la entrada. Allí estaba un chaval plantado, como pensándose si entrar o no.

— ¿Vas a quedarte ahí toda la mañana? saltarse las clases el primer día no está muy bien visto
.— le guiñó el ojo y lo rodeó para empujar la puerta de cristal y girarse de lado hacia él. Vaya... esa aura...¡un lobo!.— ¿Nuevo? yo soy nueva, soy Elaine.




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Theron el Miér Mayo 24, 2017 4:40 pm

Tener estudios. Formar una familia. Ser jefe de una empresa. Comprar una casa. No. Hipotecarse. Adquirir lo más avanzado, lo más in. El modelo de vida normal que la mayoría de esta sociedad "moderna" estipula no va en absoluto conmigo. Crecer en un orfanato y más tarde en un reformatorio no es el mejor cóctel para soñar con tales metas. Siempre me he considerado libre, lo cual me ha acarreado varios problemas. Si la definición de hogar fuera "sitio al que regresas tras un largo día de trabajo", sin duda la pequeña celda mugrienta de la comisaría sería mi casa. Me he convertido en un VUP -very usual person- de la parte trasera de coches patrulla debido a mi empleo nocturno: camello. Vender droga me permite la independencia que siempre he querido.

Hasta hace un par de años aún era menor para ser enviado a la cárcel, pero las cosas cambiaron cuando cumplí los 18. Ahora soy adulto, debo andarme con cuidado. Por suerte o por desgracia, mi tío Kellan dio conmigo y ahora es mi tutor legal. Me mantiene e intenta ponerme reglas, las cuales no siempre sigo como nunca he seguido las de otros, pero me cae lo suficientemente bien para no querer perder su protección. Es la única familia que tengo, después de todo. Acepté a regañadientes volver a estudiar, así que aquí estoy, plantado delante del instituto sin muchas ganas de poner un pie dentro. Me espera el aburrimiento eterno, la muerte del alma libre. Sin embargo, si quiero evitar la cárcel no me queda alternativa.

Me calo aún más el gorro negro que cubre mi pelo rojo. No quiero que vuelvan a llamarme "zanahorio". Las ropas que llevo, tan negras como mi futuro, son nuevas gracias a Kellan, pero eso no ha evitado que terminen con algunos agujeros por estar fumando marihuana en el tejado. Mis ojos claros se clavan en la pareja de lobos que siguen en la entrada y empiezo a preguntarme si no obtendré más beneficio vendiendo allí. Tendré que salir de mi coraza y hacer amigos, que me inviten a fiestas donde hacer negocio. Sí, ya veo más luz en el futuro.

Alcanzo la puerta y entro tras Víktor, saludando apenas con la cabeza antes de pasar de largo y dirigirme al aula, en busca del pupitre más alejado del profesor. Dejo la mochila al suelo y cruzo los brazos sobre la mesa para enterrar el rostro. Si algo es definitivo, es que no quiero estar aquí.
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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Viktor Paine el Miér Mayo 24, 2017 5:24 pm

La miró de arriba a abajo. Demasiado tiempo rodeado de licántropos y un entrenamiento intensivo le hicieron reconocer a Elaine como uno de los suyos al instante. Era una chica guapa. Muchas lo eran, claro. Tenían diecisiete o dieciocho años. ¿Cómo no van a ser bonitas con toda esa vitalidad?
Él, en cambio, tenía un deje de seriedad adquirida, propio de quien lo ha pasado especialmente mal en algún momento. Era un muchacho alegre y divertido, por supuesto. Tenía veinte años y había vuelto a nacer. Pero ya no le daba importancia a ciertas cosas que en el instituto suelen ser poco menos que asuntos de estado.
-Viktor -se presentó él también, alegrándose de no ser el único que llegara con el curso ya empezado, después de unas vacaciones, teniendo que asumir de golpe todos los cambios, ponerse al día e integrarse. Todo muy fácil.
No le dijo que se apellidaba Paine. Era muy fácil sumar dos más dos y deducir su parentesco con la profesora de inglés y latín. Por supuesto, no se avergonzaba en absoluto de ser su hijo. Al contrario. Pero tampoco era plan de llegar "Hola, soy Viktor, soy mayor que todos vosotros, mi madre es profesora y paso de vuestras tonterias de serie de adolescentes de después de comer".

De repente, casi de la nada, surgió un chico que entró en el instituto como un huracán. Pues no parecía ser de los que intentan llegar siempre puntuales... Chasqueó la lengua. Le daba igual. Se había criado en una familia bastante variopinta, así que no juzgaba a la gente por sus apariencias. En eso salía a su madre... porque si hubiera juzgado a su padre por sus pintas cuando se conocieron... él no estaría allía, seguro. Había visto fotos y... pufff, el amor es jodidamente ciego.

Su padre era el típico tío del que huyes si te cruzas con él en un callejón. Su madre, la niña de buena familia que había estudiado idiomas -y otras cosas que no todo el mundo podía saber-. Pero ahí estaban, un montón de años después, queriéndose.
Ufff. Su madre... Tenía clase con ella justo después del recreo. Bueno, mejor pasar el trago y los comentarios el primer día y a correr.

Se recolocó el asa de la mochila en el hombro, sobre la camiseta gris oscuro con letras blancas que dice "Big Bad Wolf" y siguió a la muchacha hacia el interior del instituto. Lo conocía porque su madre trabajaba allí, así que no se perdería por los pasillos.




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Syri Vinterson el Jue Mayo 25, 2017 4:24 pm

Sentada en uno de los pupitres de la segunda fila, crucé mis esbeltas y níveas piernas a un lado de la silla. La falda, ya ajustada de por sí, ascendió un par de centímetros hasta dejar ver más piel de lo que la decencia permitía. Era exactamente lo que buscaba con aquel gesto de aparente despreocupación, pero a diferencia de lo que creían algunos, no pretendía ir "calentando pollas"; simplemente, el tiempo y el afán de venganza me habían enseñado a hacer todo aquello que mis padres despreciaban, hasta el extremo de mantener la fachada incluso cuando ellos no estaban allí para verme. Fumar cigarrillos en la entrada del instituto, vestir ropa escotada en cualquier ocasión; hacerme vegana y proanimalista, huir de la Iglesia y de cualquier religión. Todos y cada uno de mis rasgos de personalidad exaltaban a mis padres, los perfectos conservadores. Y eso sólo hacía que aumentar el interés que sentía por el juego.

Los Vinterson eramos poseedores de un título nobiliario en nuestro país de origen, la lejana y caótica Rumanía. En la que me había criado, rodeada entre algodones, hasta que nos mudamos a París hace siete años. Desacuerdos políticos e intrigas de sus rivales provocaron que mis padres buscaran una salida en el extranjero; una especie de exilio voluntario, que ni yo ni la prensa nos tragamos bajo esa aparente fachada de dignidad. Prueba de ello fue que nuestra mudanza y la venta de gran parte de nuestro capital en el país ocupó a las revistas durante semanas. Pasaron meses antes de que mi madre pudiera llevarme al colegio sin ser fotografiada por algún paparazzi; sin que mi padre pudiera salir de la mansión en la que vivíamos sin ser molestado por alguien, acompañado las veinticuatro horas del día por un servicio de seguridad privada. Era una situación insostenible, casi peor que la que habíamos dejado atrás. Y no tardó en cobrarse un precio, en nuestra moral y en el afecto que sentían mis padres entre ellos.

A día de hoy estoy convencida de que si no se habían divorciado, era porque necesitaban estabilidad en su vida. Que los contratiempos los habían unido más de lo que el amor lo había hecho jamás. Pero cuando dos personas no se soportan, al final son los niños quienes pagan el precio. Y yo no tardé en ser una víctima, una civil dividida entre el temor de ver cómo se gritaban en la intimidad del hogar y el asco ante su hipocresía fuera de ella. Fue allí cuando descubrí la clase de personas que eran mis padres: una pareja de falsos que sólo se preocupaba por aparentar una vida perfecta frente la sociedad. Sin moral pese a sus charlas religiosas, sin ética pese a sus numerosas donaciones y cenas de gala. Dos personas vacías, a las que no quería parecerme por nada en el mundo.

Y creía que lo había conseguido.

Abstraída, no fue hasta escuchar el sonido de voces que me percaté de que no estaba sola en el aula. Un par de adolescentes a los que no había visto hasta el momento acababa de entrar, intercambiando las palabras corteses que se dedicaban entre sí los desconocidos. Los dos eran morenos, pero no era eso lo que me llamaba la atención de ellos; era su aura, que me indicaba que ambos poseían la maldición de la licantropía. Sorprendida, fingí consultar el móvil para poder examinarlos a placer. Si había algo a lo que era realmente adicta era a los cotilleos, y estaba convencida de que aquel par podían resultar uno de primera.


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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Elaine de Montreil el Vie Mayo 26, 2017 4:37 am

Se sentó en un asiento libre de la clase y Viktor se sentó uno más atrás. Sacó de la mochila una libreta cuya tapa originar había sido rosa fucsia pero ahora estaba dibujada con rotulador permanente negro y tenía mil dibujos y letras formando mandalas. Sacó un estuche con rotuladores y bolis, dispuesta a copiar y atender a todo lo que se dijera en clase. Le había prometido a su madre que sacaría buenas notas y si no, la podría mandar al internado. Puso el móvil en silencio y se quitó la chaqueta de estilo militar naval, bajo la cual llevaba una blusa blanca ibicenca. Paseó los ojos por la clase, observando el corcho lleno de papeles, la pizarra, los estantes con libros y material de consulta... todo le parecía genial. Estaba acostumbrada a estudiar con tutores personales y sólo en contadas ocasiones había recibido clases en algún centro. El de Arte donde había aprendido a dibujar y las técnicas de pintura básicas era bastante elitista y las aulas parecían salas de hospital, blancas y minimalistas. Aquel centro algo sucio y desordenado, ruidoso y lleno de gente variada le parecía como un día de fiesta.

Observó a Syri, tenía un color de pelo muy llamativo por lo níveo que era. Le llamó la atención en seguida por sus ojos y sus pecas, había tanta gente interesante a la que le encantaría conocer y también dibujar... Arrancó un papel de la libreta y le hizo un boceto rápido, luego lo dobló y se lo lanzó sobre la mesa justo cuando empezaba la clase.

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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Viktor Paine el Lun Mayo 29, 2017 1:41 pm

Paine ocupó un pupitre, tras Elaine. Echó un vistazo alrededor, para hacerse una idea de quiénes iban a ser sus compañeros ese curso. Cruzó un par de miradas, unos cuandos saludos, porque, claro, era el nuevo, igual que Elaine. Y eso siempre causaba algo de revuelo. Les preguntaron sus nombres y de dónde venían.
-Viktor -no dijo su apellido, no era una presentación formal y era mejor que conocieran a Viktor antes que a Paine. Sobre todo porque Paine era fácilmente relacionable con la Sra. Paine, que daba inglés y latín-. Vengo del Notre Dame.
Era verdad, había estudiado allí hacía cuatro años. Sus hermanos pequeños seguían haciéndolo. Era un buen instituto y Aletheia y Leif habían decidido que querían que sus hijos se integraran en institutos normales, con chicos normales. Y donde no trabajara su madre, para que así pudieran disfrutar de la misma libertad relativa que el resto de chicos. Si iban a ser responsables o no, a hacer trastadas o a saltarse clases, lo harían por ellos mismos, no por tener los ojos de su madre en el cogote.
Pero Viktor era diferente. Viktor había estado a punto de morir y Aletheia prefería estar cerca, porque aunque ya estaba sano, su cuerpo no se había recuperado del todo de los efectos del agresivo tratamiento. Si había alguna crisis, su madre quería estar cerca. Y Viktor, sabiendo lo importante que era para ella tenerle cerca después de lo que había sufrido, aceptó el cambio de instituto. Ya que iba a empezar de nuevo, mejor hacerlo del todo. Además, era el instituto donde estaban Ian y su sobrina, pues pillaba cerca de casa de sus hermanas. Estaría bien. Lo sabía.

Sus ojos verdes se pararon en Syri. Olía a cambiante. Pero no podía determinar de qué tipo. Todavía no había afinado tanto su uso del olfato. Era un "licántropo en prácticas". Hasta sus padres le habían puesto una L en la puerta de la habitación, con la silueta de un lobo aullando. Las bromas habían vuelto a la casa Paine.

-Parece que tenemos una artista en clase, ¿eh? No se me da muy bien ser el nuevo, es todo muy raro. Pero supongo que toca presentarse y eso. Soy Viktor.

Al menos agradecía que su apariencia fuera de alguien un poco más joven, no destacaba especialmente por sacarles unos años.




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Elaine de Montreil el Mar Mayo 30, 2017 9:45 am

Elaine se levantó, le tocaba la presentación. Nunca había estado contanta gente en una clase, sólo en la academia de arte que eran tres o cuatro, y estaba encantada del cambio.

¡Hola! soy Elaine, y soy nueva en esto. No vengo de ningun instituto porque estudiaba en casa, de pequeña era porque siempre estaba enferma y luego porque nos mudábamos muy a menudo, así que tenía tutrores particulares. Perdonad si no sé muchas cosas o pregunto cosas que os parecerán obvias, es la falta de costumbre. Pero estoy muy emocionada por esta nueva experiencia, así que espero conoceros a todos y pasar este curso de forma muy especial.

La profesora agradeció a Viktor y a Elaine que se presentaran y luego señaló a Theron que estaba al final, éste no había hecho amago de presentarse y debía hacerlo puesto que era también nuevo.

La clase discurrió sin más, las miradas al principio eran de curiosidad, pero pronto se centraron en la materia. Cuando sonó el timbre, Elaine dio un respingo aturdida, sus sentidos licántropos no esperaban esa invasión sonora tan fuerte, pensó que sería la alarma de incendios pero Viktor le indicó que no, que sólo marcaba el cambio de clase. Respiró aliviada y salieron al pasillo en busca de sus taquillas. ¡Tenía una taquilla! eso era genial, era como en las pelis, ya tenía ganas de ser como el resto, no una niña criada casi en cautividad.




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Theron el Lun Jun 05, 2017 8:07 am

Estaba total y absolutamente aburrido. La desidia me recorría como el hormigueo molesto de un miembro adormecido. Las calles fueron siempre mi hogar, de modo que permanecer encerrado entre cuatro paredes resultaba asfixiante, sentía que no era más que un animal enjaulado, de ahí que mi mirada siempre tuviera un velo de tristeza, como la de los animales explotados en el zoo que terminan creyendo que aquellos entornos verdes en sus sueños son solo eso, sueños, pues la realidad ha matado cualquier recuerdo de libertad. Los profesores batallaban conmigo, molestaban a mi tío constantemente con los mismos temas: su sobrino no socializa, no presta atención, simplemente se pasa las horas sentado con la mirada perdida más allá de la ventana. Para aquel entonces no escuchaba a nadie, cuando Kellan me reclamaba o intentaba ayudarme yo solo escapaba de casa y volvía a mis calles. Si seguía asistiendo al instituto era por una sencilla y única razón: no quería ir a la cárcel. Si la escuela era agobiante, no quería ni pensar la sensación de claustrofobia que podría vivir entre barrotes.

Apenas presté atención al chico nuevo, ni siquiera escuché su nombre o lo que dijo al presentarse, pero sí me llamó un poco la atención la tal Elaine. Había visto su cuaderno dibujado, algo que yo también hacía aunque nuestros estilos fueran bien distintos. Mis carpetas y cuadernos estaban rallados con crudo realismo. Admiraba a Banksy, pero yo era más oscuro y retorcido.

Mi aspecto y apariencia eran todo lo contrario a la persona que había bajo esas ropas negras. Trataba de mantener a la gente alejada con ese aura oscura, pero -tal y como más adelante empezaron a decir todos-, no soy más que un chico tímido y muy emocional. Un libro abierto, cuando cojo confianza.

Nada más sonar el timbre cogí mis cosas, las metí rápidamente en la mochila y salí cual corriente de aire por la puerta sin mirar atrás. Me detuve en las escaleras de la entrada para encenderme el tan ansiado cigarrillo. Podría haberme ido sin más, nadie me detendría, pero tras la última calada no me quedó más remedio que apagar el cigarro e ir a la siguiente clase.

¿Que si conocía a Aletheia Brutus? De vista, había tenido poco contacto con ella pero sabía perfectamente quién era. Su hijastra, Elora, había sido una de mis guías tutoriales cuando era más pequeño, una de las pocas que me trató bien en aquel antro gris. Y la profesora Brutus, que también sabía quién era yo, no tardó en llamar mi atención por llegar tarde a su hora. Eso no me molestó, pasé de largo alzando la mano en un mudo "lo sé, lo sé", lo jodido es que la última fila estaba ocupada y no tuve más remedio que sentarme al lado del nuevo, Viktor.

Dejé la mochila en el suelo, me crucé de brazos, y me dispuse a llevar a cabo la emocionante tarea de mirar por la ventana.
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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Syri Vinterson el Miér Jun 07, 2017 4:20 am

No esperaba que la nueva me pasara una nota poco antes de empezar la clase. No la conocía de nada, aunque parecía ser la clase de persona simpática y bohemia que tenía un don de gentes natural para caer bien. De rostro agraciado y mirada tan brillante como sus castaños cabellos, era la clase de chica que era bonita pero no lo sabía, y eso la hacía ser más bonita todavía. No tardaría en hacer enloquecer a más de uno, puede que al muchacho licántropo que la acompañaba. Tal vez tendría que escribir un reportaje en el periódico del instituto sobre ellos.

Por ello, cuando abrí el papel con curiosidad, no sabía qué me iba a encontrar en su interior. De todos modos jamás habría imaginado que lo que la muchacha me había pasado era en realidad un boceto, de mi rostro mientras miraba con expresión pensativa hacia la pizarra. Estaba realizado con una habilidad que pocas veces había visto, y lo que era más sorprendente: lo había dibujado en una cantidad de tiempo que muchos maestros envidiarían.

Sorprendida, lo guardé rápidamente en mi agenda justo a tiempo para ocultarlo de la mirada de nuestro profesor de francés. Era una de las asignaturas que llevábamos a cabo toda la clase en conjunto, al ser común a todas las especialidades. Presté la atención justa mientras mi mirada se desviaba constantemente a mi IPhone, que oculto en el interior del estuche, no paraba de vibrar por la cantidad de mensajes que recibía. Tenía que recordar silenciar todos los grupos de los que formaba parte, aunque en realidad no hubiera en ellos nadie a quien pudiera considerar realmente mi amigo.

Cuando por fin sonó la campana, no tardé demasiado en recoger mis cosas. Necesitaba salir de aquella aula que me oprimía, y tal vez fumar un cigarro o dos bajo el lluvioso cielo de primavera.

Con la carpeta y el libro de texto en la mano, cuál fue mi sorpresa al percatarme de que la chica morena de antes -Elaine, había dicho que se llamaba- era mi nueva vecina de taquilla. Mostraba una expresión ilusionada mientras miraba el feo metal verdoso, y el minúsculo espacio disponible para sus cosas.

- ¿Elaine, no? - Le pregunté, dedicándole una sonrisa de dientes blancos mientras abría mi propia taquilla con la llave. - He leído tu nota. ¿Dónde has aprendido a dibujar así? - Coloqué mis cosas en la taquilla y tomé de ella el bolso, que me colgué del brazo antes de cerrar la metálica puerta de nuevo. - ¿Quieres? - Saqué una cajetilla de tabaco del bolsillo lateral y se la ofrecí, mientras con la otra mano buscaba el mechero en el Gucci para tenerlo ya localizado.


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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Elaine de Montreil el Vie Jun 09, 2017 5:17 am

Negó con la cabeza mientras colocaba algunos libros en el casillero, y acto seguido se quitaba el gorro de lana para rascarse la nuca y volvérselo a poner.

No, gracias, no se me ocurriría nunca fumar, tuve un problema pulmonar de pequeña y no quiero repetir.— "Un problema pulmonar" era una denominación bastante benévola para lo que padeció. Sus pulmones se autodestruían, convirtiéndose en tejido fibroso sin capacidad de intercambiar los desechos de su sangre por oxígeno. Hasta los nueve años nunca supo cómo era tener las mejillas rosadas, ni de qué color real eran las puntas de sus dedos, que hasta entonces siempre fueron pálidas, azuladas o grises. Hasta que la convirtieron, no sabía lo que era salir a jugar o moverse de un lado a otro sin acarrear la bombona de oxígeno. Conocía todos los malditos hospitales y salas de urgencias de todo París, y no, no estaba por la labor de recordar ni por un minuto lo que era la sensación de respirar fuego.

No sé, siempre he dibujado, supongo que como no podía salir ni jugar porque me ahogaba, llenaba blocs con garabatos. Hace dos años mi madre me apuntó a una escuela de arte y aprendí algunas cosas más... pero me alegro que te guste. ¡Oye! no he traido comida, pensaba ir a la cafeteria cuando acaben las clases ¿quieres que te espere?

Elaine estaba motivada a socializar, ha hacer todo aquello que no había hecho de pequeña y luego sobreprotegida por su manada. Había captado el aura de Syri y sabía que no era humana, así que podría ser interesante tenerla como amiga, ella quizás supiera cómo mezclarse mejor en aquel mundo de humanos ajenos a la existencia sobrenatural.

me gusta tu pelo, es tan blanco...—seguramente se transformaría en algun animal blanco, un zorro balnco, un armiño, un oso polar..."¿un oso polar? ¡Elaine! estás loca, eso no puede ser." Pensó. ¿Seguro que no? Bajó la voz y se acercó a Syri para susurrarle.

oye, te lo tengo que preguntar porque me carcome la duda...¿eres un oso polar? como tienes el pelo tan blanco...

No había malicia ninguna en su pregunta, sólo curiosidad, y una felicidad desmedida al entender y averiguar todas las cosas que le ofrecía ese mundo fuera de las cuatro paredes en las que había vivido.




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Re: Monster High. [París, 2017. Priv.]

Mensaje por Viktor Paine el Mar Jun 13, 2017 3:26 pm

Viktor hubiese querido ocupar el rincón más perdido en aquella clase. El más alejado de la profesora. El que menos se viera. O mejor, no estar ni allí. Porque conocía demasiado bien a su madre y sabía que era capaz de preguntarle delante de todo el mundo cómo iba el primer día. Que estaba muy orgulloso de ella, ¿eh? Pero ser hijo de los profes era un coñazo allí y en la Conchinchina.
Aprovechó que todavía no había empezado para echarle un ojo al movil. Pero no había ningún mensaje. Igual que el minuto anterior. Y el anterior. Finalmente suspiró y lo guardó. La clase iba a empezar.

Recibió a Theron una leve sonrisa. Parecía un tipo reticente a que se metieran en su espacio vital. Hasta a que le hablaran incluso. Pero  él había crecido golpeando en la cara a Leif Paine y riéndose por ello, así que no le asustaba lo más mínimo tener un gruñido como respuesta.
-Theron, ¿no? Me va a costar aprenderme todos los nombres. -hizo un primer intento, a ver si el cambiante respondía o no-. Oye... ¿Aquí se mantiene la mascarada o todos los de este instituto saben de qué va la cosa? -le preguntó en un susurro.
Ya sabía más que de sobra que tenía que ir con cuidado, que los humanos que asistían a esas clases no tenían idea alguna de lo que era un cambiante o un hechicero, más allá de las películas. Era mejor mantener el secreto y evitar problemas. Porque siempre que pasaba algo, se culpaba en primer lugar a algún sobrenatural.
Y él ya había tenido suficientes castigos de por vida. Miró de reojo a su madre, mientras explicaba la lección de ese día. Sonrió de medio lado. Era tan guapa y tan dulce siempre. Su padre era un tipo con suerte. Aunque también le echaba agallas para aguantarle el carácter, porque todo lo que tenía de cariñosa y adorable, era fuego cuando se enfadaba. Le gustaba mucho verla contenta de nuevo, después de todo lo que habían pasado.

En un momento, recordó aquella primera noche, de vuelta a casa.

Recuerdo:
Helado. Así se quedó Leif cuando finalmente les dieron los resultados. La temida palabra con C acababa de aterrizar en su familia y no era capaz de reaccionar. No cuando quien pendía de un hilo era su hijo, sangre de su sangre, el primero al que vio nacer. ¿Qué había hecho mal para que algo así ocurriera? De camino a casa se mantuvo en silencio, con la mirada gélida en el frente y las manos apretando el volante con tal fuerza que en cualquier momento podría partirlo.

En el asiento de atrás, Aletheia abrazaba a Viktor, que se mantenía sorprendentemente entero para la noticia que acababa de recibir. Tenía los papeles en la mano, fuera del sobre, como si necesitara leerlos una y mil veces para asimilar lo que estaba ocurriendo. ¿Por qué a él? ¿Por qué a su niño? Le besó la frente y lo apretó contra su pecho, en ese tenso silencio que les envolvió hasta que llegaron a casa. Viktor se encerró en su habitación y su madre se dejó caer en el sofá del salón, tirando el sobre y los papeles sobre la mesita. Miró a Leif.
-¿Qué vamos a hacer ahora?

Que no estaba de humor era algo palpable; las mandíbulas no dejaban de marcarse por la presión de sus dientes, y tan ensimismado estaba en sus propios pensamientos que la voz de Aletheia le pareció casi molesta. Le devolvió la mirada un instante antes de apartarla y quitarse la chaqueta.
-¿Que qué vamos a hacer? Es evidente. Hablar con el hospital para que empiecen el tratamiento cuanto antes.

Era la respuesta evidente, sí. Y la adecuada. Iban a buscar el mejor tratamiento, los mejores especialistas e iban a pelear hasta el final. Incluso iban a recurrir a técnicas poco ortodoxas si era necesario. La bruja se apartó el pelo de la cara.
-Mañana iré a la Logia. Quiero ver qué opciones tenemos por ahí también.

-Está bien -se deshizo también de la corbata. Sabía lo mucho que aquello había afectado a Aletheia, de modo que debía mantenerse fuerte por el bien de su familia. La procesión iba por dentro, aunque aún estaba aletargado-. Será mejor que deje ya el colegio, que aproveche el tiempo libre antes de que empiece lo duro.

-¿Qué? No podemos sacarlo así de toda su vida. Ni siquiera tenemos aún fecha para la primera sesión. ¿Qué va a hacer? ¿Desaparecer y encerrarse como si ya estuviera muerto? Va a curarse, Leif. Tiene que curarse -porque pensar en que no lo hiciera era tan devastador que no se atrevía ni a hacerlo.

-No he dicho lo contrario -saltó, un poco crispado-. Trabajas en la escuela, sabes lo crueles que pueden ser los críos. Lo último que necesita es que en clase se metan con él.

-Lo sé, pero tampoco quiero arrancarlo de su vida de golpe. Es un niño. Necesita toda la normalidad que podamos darle. Y no se meterán con él, nadie tiene por qué saberlo.

-Si eso crees... Luego no digas que no lo avisé
-está por deshacerse de la camisa, pero se detiene y mira el móvil, que le ha vibrado-. Tengo que irme, cosas del trabajo... -es mentira, pero miente demasiado bien. Solo quiere despejarse, poder lidiar con lo ocurrido sin fingir dureza-. Si tienes sueño no me esperes levantada -se acerca a ella y le da un beso en la frente.

Aletheia resopló.
-¿Ni siquiera en un día como hoy puedes dejar los negocios de lado, Leif? Es tu hijo al que estás dejando solo. -Se levantó y lo miró sería-. Pero no te preocupes, ya subo yo a consolarlo.

-Vamos a necesitar el dinero a partir de ahora, Aletheia, así que no me montes un drama -murmuró manteniendo la calma lo más que pudo.
Cogió la chaqueta y se fue sin decir nada. No le gustaba mentir, odiaba la mentira saliera de donde saliera, pero no se veía capaz de relajarse en ese momento. Necesitaba un lugar en el que desconectar, así que se dirigió a uno de los bares que controlaba, donde se pasó las siguientes dos horas y media.

Aletheia se mordió los labios para no discutir.
-Montar un drama. Bien, Leif, no te montaré ningún drama, no te preocupes.
-Se dio media vuelta y salió del salón para dirigirse a la habitación de su hijo mayor. -Vik, cariño, soy mamá. ¿Puedo entrar?
-Quiero estar solo, mamá.
-Vamos, cariño, todo va a salir bien. Papá y yo estamos aquí, contigo.
-No quiero esta mierda. No es justo.
-Claro que no es justo, mi vida. Pero es lo que nos ha tocado. Anda, ven a merendar conmigo, que papá va a acercarse al hospital. -Como siempre, le proporcionaba una salida fácil.



Leif le manda un mensaje a Uryan para encontrarse en el bar. Necesita alguien con quien poder hablar sin cuidar las palabras.

Uryan llevaba ya un rato allí, era el mismo bar de siempre, uno en el que se fumaba, se bebía, se apostaba a las cartas y a las carreras. A lo segundo uryan no le daba, pero a lo primero si, esa noche estaba observando a los jugadores antes de decidirse si entraba o no, había una zorra rubia que no se le daba mal. Los planes se le fueron al carajo cuando recibió el mensaje de Leif, levantó una ceja, el cabrón pasaba mucho tiempo en el bar... A él no le molestaba, pero hacía tiempo que no lo hacía. Le esperó, en la barra.

Paine apareció a los diez minutos, con la corbata floja colgando del cuello y cara de querer matar a alguien. Buscó a Uryan con la mirada y se acercó, pidiendo un whisky doble mientras se sentaba.
-Imaginé que te encontraría aún aquí.


El lobo rojo se encogió de hombros, él no había dejado de ir, más bien era al revés. Él se encargaba de los trapos sucios de la manada, era así de sencillo, Uryan vivía en la cara oscura de la vida, no le interesaba para nada el otro lado.
-¿Qué pasa esta vez?

-La familia está jodida... -suspiró, pegando el primer trago-. Viktor tiene cáncer. Hoy nos lo han dicho. Va a necesitar mucho tratamiento si queremos que salga de ésta -sacó un par de puros y le ofreció uno. No se celebraba nada, pero no fumaba otra cosa y como buen líder no le haría el feo de no invitarle.

Había pocos vicios a los que Uryan dijera que no. Cogió el puro mientras observaba a Leif en silencio, asimilándolo. Viktor fue uno de los motivos por el que se encontraba unido a esa manada hoy en día. Cogió el ron mientras se encendía el puro, en silencio.
-¿Necesitáis dinero?

-No, el dinero no es problema -jugó con el vaso en la mano, dándole vueltas al líquido donde su mirada se había perdido-. Me preocupa más cómo afectará a la familia. Nada más llegar ya he discutido, más o menos, con Aletheia, si esto sigue irá a peor...

-... ¿Por qué ibais a discutir ahora? -Miró a leif, en silencio, levantando la ceja-. ¿Les has dejado solos?

-No, estoy aquí como holograma -le miró mal y chasqueó la lengua-. Ya sabes cómo me pongo cuando estoy tenso. Necesitaba desconectar o habría sido peor... Porque, ¿qué puedo hacer? Aletheia al menos es bruja, mañana irá a la Logia a ver si hay alguna opción. Pero yo no puedo hacer nada, me siento impotente.

Uryan no dijo nada, no entendía de esas cosas pero conocía el temperamento de Leif. Quedándose solo hubiera aumentado la discusión sin llegar a ninguna parte. Cogió aire y lo soltó despacio. No era quién para juzgarle, ni siquiera era padre.
-Creo que hoy vamos a necesitar la botella, Karen
-le dijo a la camarera, como si nada.

-Tendría que cortarme la polla, está claro que mis genes tienen algo malo. La mayoría de mis hijos son gays, y Viktor, la esperanza, cae enfermo. Empiezo a pensar que aquella bruja hija de puta me maldijo más que con la luna..

Uryan se echó a reír.
-Para defensa de los maricas diré que yo con un tío me lo paso de puta madre. El cáncer es una tómbola. Os ha tocado. No le deis vueltas. El cachorro es fuerte, saldrá.


-... ¿Y si no sale? -mostró por primera vez parte del miedo que sentía y lo ahogó con un trago de whisky-. Temo que esto destruya a la familia. -Negó con la cabeza y se terminó el contenido de la copa-. Debería volver... He sido un cobarde saliendo así de casa.

-Si no sale haremos lo que tengamos que hacer para que salga.
-Frunció el ceño, seguro, aunque tuviera que hacer un pacto con el diablo, lo haría, ese crío no iba a morir, por encima de su cadáver.- Ve... Necesitan tu coraje, Paine. No la cagues ahora.

Leif asintió, dedicándole una mirada que decía todo. Gracias. Se puso en pie y sacó un par de billetes antes de darle una palmada en el hombro.
-Nos vemos mañana en la oficina. No te metas en demasiados líos.

Tras salir cogió aire y se fue a dar una vuelta con el coche, simplemente quería conducir. Hubiera preferido transformarse y correr por el bosque, pero sería alejarse demasiado de casa. Llegó tarde a casa y entró en silencio por si se habían quedado dormidos.


Aletheia había preparado batido de chocolate para la merienda. Los demás niños iban a quedarse con los abuelos, porque querían tranquilidad. Además, llamó a Elora para contárselo. La única hija de Leif, que tenía casi su edad, era algo más que la hija de su marido y la hermana de sus hijos, era para ella una amiga, una hermana, alguien en quien confiar ciegamente. Había pasado la tarde con ellos, le habían contado la situación y la habían enfrentado con entereza. Las dos brujas irían al día siguiente a la Logia para ver qué podían hacer con sus habilidades. Antes de cenar se había marchado. Cuando Leif llegó a casa, todo estaba en silencio, la única luz encendida era la de su dormitorio, donde Aletheia le esperaba en la cama, leyendo un libro. Apenas le vio entrar en la habitación, lo miró, con un deje de molestia.
-Se ha dormido esperándote.

Leif fue sacándose los zapatos de camino, la chaqueta y la corbata, para llegar al dormitorio con la camisa ya entre abierta.
-He ido al bar -finalmente fue sincero, porque odiaba mentir sencillamente. Se sentó al borde de la cama para quitarse los calcetines, pero no se movió, simplemente se quedó ahí mirando al suelo-. Sentía que iba a explotar si me quedaba. No quería hacerlo con vosotros.

Su mujer suspiró.
-Lo entiendo, Leif, te conozco. Pero eres su padre y te necesita. Necesita que tú le digas que todo va a salir bien, aunque estemos tan asustados como el. -dejó el libro, no le interesaba lo más mínimo-. Y yo tambien necesito que lo hagas. Dime que no vamos a perderlo.

El lobo se movió acercándose a ella y le cogió el rostro con las manos mirándola fijamente a los ojos. Los suyos, empañados por el miedo, pero llenos de convicción.
-No vamos a perderle, Aletheia. Jamás lo permitiré -le dio un beso en la frente y se apartó para cambiarse, usando un ligero pantalón corto de boxeo a modo pijama. Se tumbó a su lado y ocultó el rostro en su regazo, abrazado a sus caderas-. Todo saldrá bien, los Paine no mueren.

Aletheia le sostuvo la mirada. Sabía que aquellas palabras eran una promesa. Quizás no de éxito, porque eso, por mucho que le doliera, sabía que no podía prometérselo, pero sí de que iban a pelear esa guerra hasta el final. Le regaló una sonrisa tensa, porque todo estaba bien entre ellos sólo con ese gesto, aunque el mundo se derrumbara a su alrededor. Cuando se apoyó en su regazo, hundió los dedos en su pelo. Sí, todo iba a salir bien. Si tenía a ese hombre a su lado, todo acabaría saliendo bien.




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