Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

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All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Carolina Van de Valley el Lun Mayo 22, 2017 8:03 am

El camino a casa siempr era largo, porque los quejidos quebrados lo hacían pesado y tortuoso. Era como regresar de hacer una purga de tu alma, en el supuesto caso de tenerla. A veces escuchaba a Hans y la lapidaria frase que me escupió a la cara. Otras veces escuchaba a Clo, siendo amable con el monstruo en el que me había convertido por propia y estúpida decisión. Luego, la mano helada, pálida y hermosa de Friedrich me acariciaba la frente y me susurraba; toca cuando quieras llorar. Así pues, el camino a casa se convertía siempre en un camino larga hasta poder probar la droga apaciaguadora del piano.

No obstante, a veces uno podía encontrar cosas curiosas durante el largo camino a casa.

Mis oídos captaron unas voces salvajes y ebrias. Nada nuevo en la noche parisina de no ser porque, entre ellas, mi habilidad me permitió percibir el aullido de tenor que me resultaba familiar. En aquel momento no podía saber que se trataba de un aulido de ayuda no pronunciado.

Estaban a tan sólo tres calles más abajo de la plaza Vendôme, donde se encontraba mi apartamento. Una obscena cuadrilla de tres hombres soltando improperios y manchando el idioma de Rousseau con su francés impúdico de la calle. Sus ojos estaban rojos por el opio y podía percibir el olor a alcohol desprendiéndose de sus ropas sucias.

Oscar agitaba la botella y luchaba por mantener el equilibrio. Las intenciones de los tres hombres allí reunidos estaban bastante claras.
-¡Eh! Fuera de aquí. -les espeté a los otros dos. Desviaron su borrosa mirada hacia mi pero no guardaban propósito alguno de irse.
-¿Quieres ver como le damos una paliza al gilipollas este? Seguro que eso te hace mojar las enaguas.
-No. No me apetece. -sin que uno de ellos lo esperase, lo agarré del cuello y le hinqué las uñas con tanta fuerza que empezó a sangrar. Al otro lo retuve con hipnosis- Os he dicho que fuera de aquí.

Salieron corriendo como los perros que eran bajo mi comanda. Acto seguido me acerqué a Oscar, que seguía forcejeando para no caerse de bruces. Mi rostro estaba desencajado del enfado.

-¿Y tú qué hacías con esos dos? -agarré la botella de coñac barato y se la quité. Fue entonces cuando reparé en las dos marcas todavía supurantes cerca del cuello. Le solté una bofetada- ¿Qué has estado haciendo, eh? -inquirí disgustada, refiriéndome a los dos orificios que sabía perfectamente de qué se trataban.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Oscar Llobregat el Miér Ago 30, 2017 6:06 pm

Bella y masoquista autodestrucción, ¿acaso no eran todas así? ¿Qué buscaba el ser humano, y no-humano, cuando decidía ponerse a patear piedrecitas justo al borde del precipicio? Mirar de cara a un final que, a pesar de todo, aún no se atrevían a activar en sus propias historias incluso si ya se habían empezado a cansar de ellas, ¿para qué? ¿Mirar la vida con más optimismo? ¿Valorarla y honrarla y cuidarla todos los días hasta que dicho final te pillara por sorpresa porque, adivinad, ésa es la gracia de vivir, que no podrás controlarlo siempre?

Vaya, aquella reflexión dejaba a toda alma inmortal a la altura del betún… curioso que fuera precisamente por culpa de una de esas almas que Oscar hubiera acabado allí, borracho, agredido y con las dos marcas de mosquito infernal haciendo juego con la muerte que aún no le acechaba. Pero con la que, de un tiempo a esa parte, ya estaba familiarizándose, 'conociéndose'…

Romántico de verdad, por algo también se había dicho que la autodestrucción era bella. Aunque para bella, la salvadora de la noche, una que, por el contrario, el prostituto sí conocía, a la que se había unido gracias a un piano y lo más importante, gracias a la revelación de sus metas personales. La búsqueda del dichoso instrumento había quedado un tanto aparcada desde aquella noche que acabó con dulces alemanes tras una cortina que llenara la habitación de las sombras que podían mantener su cercanía humana y vampírica durante el amanecer. Hasta se creía capaz de considerarla una buena amiga, él, un jodido cacho de pan desengañado que vendía su cuerpo sin ningún conflicto moral —¿acaso lo tenía un panadero por usar las manos en su empleo?—. Y a pesar de todo, en aquellos instantes, deseó no habérsela encontrado. Aun cuando por su descuido y la despreocupación de su más reciente masoquismo había estado a punto de recibir la paliza de unos borrachos indeseables, de los que ella muy eficientemente se había deshecho en lo que para un mortal era un sueño inalcanzable de tenacidad, Oscar deseó no estar contemplando los ojos de Carolina en ese momento. Ese puto momento del que no sabía si podría responder… No controlaba nada en ese maldito momento, ni verbal ni físicamente. Una presencia tan agradable como la suya… No, no quería ensuciarla con su autodestrucción. Ahí ya no era ni bella ni masoquista.

¿Qué has estado haciendo, eh?

La voz de la rubia se oía reverberada, como a kilómetros de distancia, cruentamente adulterada por los restos burlones que le quedaban de las palabras de Ciro. Sólo que no tan certeras como las de la vampira que le arrebató la virginidad… No, decirlo de esa manera era un insulto al horror real de muchísimas mujeres que sí podían describir así su primera vez. En el caso del muchacho, se la había entregado, fue un acto mutuo y desesperado, pero nunca forzado. Con diecisiete años, allá en Polonia, le habían forzado ya a demasiadas cosas como para no reconocer la luminosa plenitud del consentimiento; de la libertad. Una libertad que ahora se coartaba a sí mismo, porque cada vez tenía menos motivos para creer en el optimismo.

Pobre infeliz humano.

—¿Qué pasa? ¿Te asaltan los celos ahora? —El tono grave de su voz que ella había reconocido a las mil maravillas se escuchó atorado por la borrachera y el delirio de una bolsa de sangre muy primeriza. Firme a pesar de todo, el perfecto tenor de su obra frustrada—. No los tengas, la única razón por la que a ti no te dejo es porque sé que no estás interesada —chistó con una pequeña risa de amarga ironía antes de separarse un poco de la mujer y darle la espalda a medias para llevarse el dorso de la mano a la cara y saborear mejor su bofetada. Aunque no iba a ser tan contundente como las consecuencias de soltar demasiado la lengua en semejante estado.

Maldito desgraciado, no la cagues ahora también con Ella.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Carolina Van de Valley el Mar Sep 26, 2017 2:39 pm

Lo había visto muchas veces en muchos otros. Esa desilusión por todo y por todos. El preciso instante en el que uno recogía el cascarón vacío de su propia vida. ¡En otros, digo, qué falacia! Y en mí misma. Era como mirarse a un espejo después de la muerte de Clotilde. Todo lo que vino después desencadenó en esto, este ser a medio camino entre los vivos y los muertos. El desencanto por la magia destruida que un día, de niños, se sueña.

-Estás borracho y no sabes lo que dices. Ni lo que haces.

Sabía que había muchos de los míos que se aprovechaban de esa desilusión quebrada de los mortales. Les prometían transformarlos en monstruos a cambio de un poco de sangre. También ellos lo hacían por desilusión. Nunca es nada como se cuenta en la Tierra Prometida. Algunos, sencillamente, nos dejábamos engañar. Era más fácil sobrellevar la depresión de una vida corriente.

-¿Quién te ha hecho eso?

Esa no era la pregunta correcta, ni siquiera esperaba que la contestara. Únicamente quería hacer tiempo para apaciguar mis nervios. Mis hombros se destensaron y exhalé un largo suspiro.

-¿Por qué? -casi sonó a súplica. El pobre Oscar, siempre dedicado a los demás y ahora atrapado sin poder evitarlo en la tela de la araña-Tienes que volver a casa. Has perdido mucha sangre, estás ebrio y te vas a desmayar.

Me quité el abrigo que llevaba únicamente por razones estéticas, ya que era imposible para mi piel erizarse con el frío o sudar con el calor, y lo eché sobre sus hombros. Los ojos hundidos y los labios cortados del cortesano lo convertían en una figura arrebatadoramente bella en esa perdición a la que había decidido zambullirse. Pobre príncipe sin reino.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Oscar Llobregat el Jue Dic 07, 2017 9:13 pm

¿Realmente no sabía lo que decía ni hacía? ¿Así había acabado, ahogado en aquella excusa barata de los más decadentes hipócritas y deprimidos? ¡Vamos, polaco bañado en los parajes pantanosos del desengaño, que secretamente son el resultado de un romanticismo tan desesperado como natural! ¡Después de todo este tiempo desperdiciado tú puedes hacerlo mejor! ¿A quién quieres decepcionar exactamente? ¡Ah, como si alguna vez esperase reacción de su público! A veces incluso se olvidaba de que tenía alguno, porque terminaba antes diciendo quién no reparaba en la posibilidad de una historia más allá de la firme serenidad de sus ojos a través de la algarabía sexual del burdel que quién, por el contrario, elegía quedarse atado a ellos con el tiempo y el interés suficientes para conseguir el permiso de su mirada y la revelación de sus palabras.

Carolina, por descontado y como no podía ser de otra manera, pertenecía a un grupo muy concreto. Muy inusual.

—¿Y por qué no? —replicó, tras la evidente maniobra de dar esquinazo a su primera pregunta. De todas maneras, si la rubia prestaba atención a su insana indiferencia, no iba a tener problemas para encontrar la respuesta en otra cuestión retórica más que añadir a su postura de autodestrucción: '¿Acaso importa quién?'Descuida, no se trata de la inmortalidad, no la persigo, el drama no va por ahí, y en cualquier caso es asunto mío, uno en el que tampoco buscaba involucrarte. Entiendo que como amiga estés preocupada, no dejas de ser una buena persona y ésa seguirá siendo tu descripción a través de los siglos, por mucho que ya no te creas con derecho a los apelativos humanos por el simple hecho de no respirar. Pero créeme, la compasión de tus ojos también es lo último que necesito ahora mismo, así que haznos un favor a los dos y desentiéndete por esta vez.

Pero, como cabría esperarse de su terquedad casi maternal, ella ignoró sus críticas y en lugar de hacer caso al hombre, éste acabó con su abrigo encima, envuelto por el aroma de su cuerpo camuflado en el paradójico calor de la prenda de una vampira gélida y que, de nuevo, volvía a hacerle sentir un pervertido accidental. Por no hablar de un niño perdido en los misterios de su propia soledad, gruñón y con el alma llena de heridas abiertas —el alma y por culpa de sus agresores, ahora también el cuerpo—. Sólo que eso ya era cosa de la situación en general y no de su continuo conflicto interno con la impávida Van de Valley en particular.

—Si me voy a desmayar como dices, parece que he escogido un mal momento para que mi casa esté a tomar por culo —ironizó sin remilgos antes de toser de repente y aferrarse instintivamente al abrigo de la mujer. Siempre era mucho mejor que hacerlo directamente con la propia mujer, o al menos más prudente y respetuoso. Oscar Llobregat no se olvidaba de serlo ni con todo el alcohol de Francia en las venas, por lo que sencillamente tomó aire y empezó a caminar sin saber hacia dónde, todo con tal de no cruzarse una vez más con el rostro de la salvación que no deseaba y por la que, a su vez, no dejaba de sentirse fieramente atraído.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Carolina Van de Valley el Dom Dic 24, 2017 9:15 am

Buena persona. Vaya farsa más engreída. Yo, que había robado la vida del metal que circulaba por las venas de los valientes, los cobardes y los sensatos. Yo, que había disfrutado con festivales de sangre, ofrendas que depositaba a los pies de a quien una vez creí inmortal. No entendía bien si Oscar, en su estado de enajenación, estaba riéndose de mi o en verdad eran palabras verdaderas. En cualquier caso, no me importaba. No estaba condolida por mi dolor, sino por el suyo.

¿Estaba tan desapegada de lo que había sido mi parte mortal que ya no entendía a los humanos? ¿Había caído en la simpleza de que todos ellos buscaban vivir para siempre? Quizá me había equivocado al pensar que Oscar era como yo. Como la Carolina que ya no existía. Esa muchacha traumatizada con el cadáver putrefacto de su hermana, que se había empeñado en no acabar enterrada bajo la tierra hasta que sólo quedasen los huesos. Aquel pensamiento me había conducido a la maldición de la estirpe de Luzbel. ¿Y si hubiese sido capaz de creer en el alma cuando aún podía?

-Vamos, te llevaré a casa. -suavicé entonces mi tono de voz. Después de todo, ¿qué derecho tenía yo para enfurecerme con el cortesano? Cuando había cometido errores triplemente aberrantes que el suyo.

Sujeté su mano con fuerza y descubrí que las tenía heladas como un muerto. Como un muerto. "Ya sabes cómo acaban todos". Una de las muchas lecciones que me dio Dvorak. Tal vez, y sólo tal vez, por eso él nunca se encariñaba con ellos. No se lo podía permitir. Era mejor torturarlos con una vida en la oscuridad a verlos pudrirse con los años.

-Lo que sea que estés pasando... -comencé, sin ser plenamente consciente de mis palabras- No tienes por qué hacerlo solo, lo sabes, ¿verdad?

¿Era Oscar Llobregat mi trampolín por recuperar una humanidad que ya no me era posible recuperar? Ojalá hubiese creído mucho antes. Como lo había hecho Hans, ¡oh, Hans! ¿Y qué hacía? ¿Qué creía que estaba haciendo? Él quedaría sepultado bajo capas y capas de tierra, y yo sobreviviría a los cataclismos que vinieran.

Olía la angustia de mi compañero. Una angustia que de alguna manera también era mía, y ahuecaba mi estómago en una sensación tan visceral que no había sentido en años y años de banquetes escarlatas. A veces, olvidaba esa fragilidad humana. Y me parecía tan maravillosa,
tan extraordinaria, que deseaba volver a tenerla para mi.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Oscar Llobregat el Miér Ene 17, 2018 8:30 pm

Oscar tenía frío. Oscar se había criado en las calles de Polonia, Oscar había aprendido antes a contar estrellas que a no verlas por culpa de, o gracias a, un jodido techo. Pero ahora, en aquellos momentos, Oscar tenía frío. Borracho y ensangrentado, casi había perdido el control de su cuerpo; su temperatura, su ritmo cardíaco, su tacto. ¿Era suyo, en realidad, o sólo una forma de ser golpeado día tras día por su entorno? ¿Acaso iba a aceptar ahora que realmente pertenecía a los demás cuando aquel oficio injustamente juzgado por la sociedad, tanto en su maltrato como en su condescendencia, le había hecho sentir un poder y una estabilidad reales por primera vez desde que lo abandonara todo por la locura del amor?

¡Ah, Oscar, dulce y terco Oscar! No debería permitir que se escurriera su esencia después de tanto esfuerzo; tanta autenticidad mal pagada… Un actor capaz de conmocionar al público, que recibía ovaciones en el escenario, pero salía por la puerta de atrás del teatro sin ninguna retribución. Afortunadamente para él, la dama que le sostenía el mareo sabía hablar el lenguaje de las artes, incluso si ahora sólo se usaban como metáforas. Aunque eso tampoco era del todo cierto, como si la prostitución y la interpretación no fuesen primas hermanas… ¡Música y vodevil ayudándose a mantener el equilibrio juntos esa noche! O esa vida, aun cuando la de uno estaba destinada a extinguirse primero. ¿Desde cuándo le habían entrado las prisas? Porque para desgracia de su orgullo autodestructivo, bastaba con que la otra le agarrara de la mano para que se le olvidaran todas de golpe. Y al apremio lo sustituía el más ridículo ensimismamiento. Un bálsamo que podía ser efectivo, pero… ¿También sería real, o se había vuelto loco por pensarlo con los labios de Carolina a tan corta distancia?

'Lo que sea que estés pasando... No tienes por qué hacerlo solo, lo sabes, ¿verdad?'

La frase fue un disparo, una carga que pronto se disolvió dentro de su cuerpo para sentirse liviana como un antídoto en su forma líquida; la recompensa que no por su poesía era menos cierta. De algún modo, dolió por su deje lastimero, recordando la frenética y continua cantidad de veces que aquella dichosa frase de Carolina había sido directamente un hecho. Pero a su vez, que un hecho tan punzante pudiera haberse convertido en la manera de decirle que ya no estaba solo… Le abrumaba pensar que era demasiado esperanzador como para que su corazón lo sintiera antes de habérselo creído su cabeza. ¡Qué disparate! No estaba hecho de piedra, amigos, por algo su carne aún se mantenía erguida en el festival hambriento de la existencia misma.

—No tengo por qué, ¿eh? —repitió, con la mirada perdida al principio, sin moverse cuando la mujer también sostuvo el helor, esa vez compartido, de sus dedos. Ya no había sarcasmo ni resquemor en su voz, sólo la verdad herida que se abría paso a golpes contra su decadencia actual— Hasta ahora, no me han dejado hacerlo de otro modo —confesó, sin búsqueda de pena, ni miseria, con objetividad, hasta con entereza. Sus pupilas regresaron poco a poco a las de Carolina y sin apartarse de su agarre, aprovechó la pared detrás de la vampira para apoyar el codo del otro brazo libre y quedar inclinado sobre ella; cercano; íntimo—. Si tú tampoco vas en serio, suéltame. Sin rencores, sólo hazlo. Es lo único que te pido.

La caída sería dura, pero al menos ya había aprendido a poner las manos delante. Por eso necesitaba que se las soltasen... o que, por una jodida vez, las apretaran de vuelta.



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Re: All this delusion in your head is gonna bring you to your knees {Oscar Llobregat}

Mensaje por Carolina Van de Valley el Dom Abr 29, 2018 11:39 am

-Oh, Oscar. -su nombre fue casi un suspiro en mis helados labios. Las yemas de mis dedos, despacio, recorrieron cada curva y marca en la piel, grabándose a fuego, deleitándome con la pureza de su rostro aún a pesar -o precisamente por el pesar- de su profesión, jamás había visto nada tan verdadero como la rotura de ese hombre, que se derrumbaba honestamente ante mis ojos. Ni siquiera Dvorak y su inhumana belleza habían sido capaces de descomponerme tan adentro.

Su soledad me abrumaba. Era el reflejo de la mía propia. Más de un siglo andando sola. ¡Qué digo! El aislamiento ya me había abofeteado mucho antes de la desaparición de mi creador. Había sido con la muerte de mi hermana Clotilde y el desprecio de mi hermano Hans. Llevaba viajando con abandono desde hacía mucho más tiempo. Encontrar a otra persona tan extraviada, tan desorientada en este vasto mundo como yo misma estaba, era mitigador. En nuestro desamparo nos habíamos encontrado, de la manera más extravagante posible, pero al fin no sentía esa desazón en el pecho, de caminar sola sin camino a ninguna parte.

-¿Por qué habría de soltarte si acabo de encontrarte?

Por una vez, agradecí haber gastado todas las lágrimas que se nos tienen permitidas a los condenados, pues de no ser así las gotas de cristal me hubiesen impedido distinguir el rostro de Oscar, tan cerca del mío en esa profunda noche de París. Cuando mis labios timbraron los suyos fue un acto de necesidad, casi. Quería saber qué se sentía al rozar a un igual. La sensación de desolación que durante tanto tiempo había sido mi sombra en los pasos que daba desapareció, sustituida por un calor que no había advertido desde que fuera humana. El aliento se escapaba de mis pulmones por momentos, sustraída en ese trance en el que únicamente era cautiva de la plácida sensación de no estar sola.

De no estar sola.

No quería ver entonces todas las consecuencias que llevaba consigo tales declaraciones. La tragedia que por naturaleza definía a los de mi condición llegaría con el tiempo. El tiempo; nuestro gran enemigo. Era todavía demasiado pronto para empezar a pensar en el inevitable desenlace. Él se iría, yo me quedaría. ¿Pensarían los humanos también en la mortalidad tanto como nosotros? ¿Eran conscientes de su propia fragilidad? ¿Alguna vez llorarían por no tener el tiempo suficiente para contar todas las constelaciones de la bóveda celeste?

Cuando mis labios se separaron de los suyos, todavía seguía agitada. Apoyé mi frente sobre la suya, sin miedo esta vez al contacto, recuperando el aliento que había perdido. De pronto, algo fuera de lo común ocurrió. Por mis mejillas escurrieron lágrimas carmesíes, las únicas que podíamos llorar los vampiros. ¿Dios me las había vuelto a regalar, acaso? Tan sorprendida estaba, que del llanto pasé a la risa.

Dios me las había vuelto a regalar.



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