Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El legado de las condenadas

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El legado de las condenadas

Mensaje por Gemma Pemberton el Sáb Mayo 27, 2017 11:18 pm

Octubre de 1775

—Te amo —susurró Gemma, agitada por el beso que ella y su hermano acababan de compartir. — ¿Tú me amas?

—Más que a nada en el mundo —volvió a atacar su boca y la apoyó contra el árbol a sus espaldas.

Las manos de Cameron le arrancaron le arrancaron la parte superior del vestido. Era un muchacho fuerte y vigoroso, por lo que no le costaba demasiado el desnudar a una mujer. Le rodeó los pechos con ambas manos y comenzó a tirar de sus pezones.

—Gemma, por Dios… —se alejó para observar los senos de su hermana. —¿En qué momento crecieron tanto? —preguntó, con una amplia sonrisa.

—No lo sé. Un día desperté y ya tenía éste tamaño —respondió divertida. —Chúpalos —le ordenó.

Solícito, se apoderó de ambos, intercalando la boca y los dedos, arrancándole gemidos a la muchacha. Terminó por desnudarla y se detuvo a contemplar su cuerpo contra la corteza oscura. Ella se sentía cómoda y se lo permitió. Cameron terminó por quitarse la camisa y descubrió su masculinidad ante la mirada ardiente de Gemma. La abrazó y la ayudó a recostarse sobre la hierba. Sin mediar demasiadas palabras, la abrió con sus dedos, luego con su lengua y, finalmente, se abrió paso entre su intimidad virgen con su pene erecto. Fue perfecto el instante en el que sintió el himen de su hermanita romperse, mientras ella lanzaba un suave grito de dolor.

—Te amaré eternamente —dijo él, entre envestidas, que carecían de la ternura de un momento como ese. Había anhelado demasiado tiempo hacer el amor con ella.

—Y yo a ti. Seré siempre tu mujer.

—Mía y de nadie más —conocía a su hermana y temía la respuesta, por lo que la besó para no escucharla.



"Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche."

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Re: El legado de las condenadas

Mensaje por Gemma Pemberton el Dom Sep 10, 2017 11:15 pm

Octubre de 1775

No había noche en la que no se durmiera pensando en él. Gemma estaba en una nube, descubriéndose a sí misma como mujer, en los brazos de Cameron. Él hacía y deshacía con su cuerpo, y ella lo dejaba, con total entrega y devoción.

—Soy el único que te ha tocado, ¿cierto? —le preguntó, con los labios sobre su monte de Venus, mientras ella se retorcía de excitación.

—Sí, el único. Nadie más me ha tocado, nadie más lo hará —y sus palabras, en aquel contexto, eran un juramento.

Cameron la acarició con los dedos y luego la hizo voltearse. Le acarició las nalgas, firmes, redondas…eran una invitación. Las mordisqueó, las pellizcó, y llevó su dedo índice a la separación entre ambas. Acarició el orificio pequeño, lo hizo con mucha suavidad, y no vio resistencia en su hermana. Lo penetró suavemente, y a pesar de que el músculo se contrajo por un instante, Gemma se relajó. Él sonrió, y continuó su camino. Con su mano libre, acariciaba su femineidad.

— ¿Confías en mí? —le susurró, con la voz ronca.

—Por supuesto —contestó, entre gemidos.

El brujo la estimuló, con sus dedos, con su boca, con su lengua. Allí, en ese lugar prohibido, que muchos no se atrevían siquiera a pensar. Pero su pequeña hermana era toda suya, lo era en cuerpo y también en alma, y no quería dejar un solo rincón sin explorar.

—Esto te dolerá, mi amor. ¿Quieres que lo haga? —y ante la afirmación, dirigió su miembro. Se abrió paso entre su tibieza, y lo recibió con prestancia. Gemma emitió un quejido de dolor, pero lo instó a continuar. La lastimaba, a pesar de que la penetraba con cuidado, con tanta lentitud que le dolía. Sin embargo, la joven en ningún momento le pidió que se detuviese. Le tomó de aquella manera tan antinatural, y no pudo evitar emocionarse por el gesto que había tenido. — ¿Te hice mucho daño? —le preguntó con culpa, mientras le secaba las lágrimas y le besaba los párpados.

—Te amo, Cameron. Tú serías incapaz de hacerme daño. Ya pasará, es sólo un poco de molestia —lo obligó a acostarse en su cama, ella lo hizo junto a él y se durmió sobre su pecho, en ese lugar donde todo estaba bien.



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Re: El legado de las condenadas

Mensaje por Gemma Pemberton el Mar Mayo 01, 2018 11:04 pm

Celos. Esa era la palabra con la que Gemma podía describir lo que sentía en el estómago en aquel momento. Su grupo de amigas no paraban de hablar de Cameron, de lo guapo que era y apostaban cuál de todas ellas lo desposaría.

— ¿Cuál de nosotras es tu preferida para cuñada? —le preguntó Alice, mientras sostenía el abanico y dibujaba en su estúpido rostro una sonrisa enorme y alegre.

—Ninguna —respondió, con sequedad.

—¡Vamos, Gemma! Dilo —le insistió otra. —No nos vas a decir que tienes celos de tu querido hermano.

—Deja de decir sandeces —se puso de pie y se sacudió el vestido, pues se encontraban de picnic y tenía algunos rastros de césped. —Lo mejor será que me retire, son todas unas desesperadas.

— ¿Quién está haciendo enojar a mi hermanita? —el joven apareció por detrás de Gemma y la abrazó.

— ¡Cameron! —exclamaron, con alegría y al unísono, las cinco muchachas, que no tardaron en cambiar su postura por una de coqueteo.

—Déjame en paz —Gemma se desembarazó y se lanzó a la carrera, con los ojos llenos de lágrimas. No soportaba la idea de que lo miraran de aquella forma, y se odió a sí misma por sentir aquella debilidad. Se escondió en el cuarto de baño de los empleados y se animó a llorar.

La puerta se abrió, y allí estaba Cameron, que no demoró en ponerse en cuclillas y besarla con fogosidad.

—Nunca sientas celos, Gemma. Yo solo tengo ojos para ti —aseguró, al tiempo que le acomodaba el cabello que se había soltado y caía sobre su rostro enrojecido.

—No soporto que hablen de ti de esa forma. No te cases con ninguna de ellas, por favor.

—No me casaré con nadie que no seas tú —decretó con una sonrisa y la abrazó para ocultar la tristeza de su expresión.



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Re: El legado de las condenadas

Mensaje por Gemma Pemberton el Dom Jun 10, 2018 11:40 am

El viento rugía. La tormenta amenazaba con arrasar con todo. Gemma corrió la cortina para observar cómo la lluvia amenazaba la tierra y los árboles se doblaban y rompían. Sonrió, le encantaba la furia de la naturaleza. Giró sobre sus talones y caminó hacia la mesa de luz, donde prendió la lámpara de aceite. Salió de la habitación, encaminada hacia la de Cameron. Se detuvo en seco al encontrar a su madre.

— ¿A dónde vas? —preguntó la mujer, sorprendida de encontrar a la joven en el pasillo, envuelta en su bata y descalza.

—A la habitación de Cameron. Me da mucho miedo la tormenta —aquella excusa la había inventado hacía mucho, para poder escabullirse al cuarto de su hermano.

—Ve, hijita —se acercó a la joven y le dio un maternal beso en la frente a modo de despedida.

Gemma continuó su camino hacia el final del largo pasillo. Abrió la puerta suavemente y apagó la lámpara para no despertarlo. Lo descubrió profundamente dormido, boca arriba, con una suave sonrisa. Se preguntó qué estaría soñando, y deseó que fuera con ella.

Dejó la lámpara sobre un mueble y se dirigió hacia la cama, donde se metió con cuidado para no despertarlo. Su mano izquierda desnudó con extrema suavidad la intimidad de Cameron, y lo envolvió para comenzar a acariciarlo. El muchacho fue abriendo los ojos y se encontró con el rostro de Gemma, muy cerca del suyo. Le sonrió ampliamente, la acercó y la besó con pasión. En el mismo movimiento, y con rudeza, se colocó sobre ella, le levantó el camisón y la penetró. Gemma se retorció y ahogó los gemidos en la boca de su hermano. Las estocadas se volvieron más violentas antes del clímax, y se alejó para observarla.

—Quiero que me des un hijo —le rogó.

—Haré lo que me pidas —respondió, agitada, antes de recibir su orgasmo dentro, que acompañó el suyo, que la obligó a morderse la mano para no gritar.



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Re: El legado de las condenadas

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