Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Quintus in manibus (privado)

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Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Jue 01 Jun 2017, 16:23

Recuerdo del primer mensaje :

Mi tío había insistido una y otra vez que no estaba preparado para cruzar el portal que me llevaría al pasado.
Alegaba frente al consejo que mi implicación en el tema era algo que me descartaba como un buen soldado para la misión dispuesta. Avisar a la orden de la amenaza que nos acechaba y que supieran que la reliquia había sido ya obtenida en Egipto. Proteger el orbe era lo primordial, pues si este era tomado el mundo correría un peligro que no podíamos permitirnos.
Caleb, jefe de la orden, quería enviar a otro mas preparado, mas finalmente el consejo intercedió en mi favor, alegando que tenia que mostrar ante ellos mi valía, pues demasiadas cosas ya se me habían privado por el tempestuoso carácter que me precedía.

Era cierto, me negaron el don de la licantropia, si lograba proteger la reliquia se me prometía que a mi regreso seria mordido y convertido en lo que era mi derecho, uno de los siete guerreros que forma el consejo.
Mi tío finalmente cedió ante los otros cinco, aunque puso una condición, que seria vigilado por las tres brujas que la organización poseía y que al menor indicio de revelarme e incumplir las normas, seria deportado por él mismo a un templo donde quedaría recluido hasta hacer de mi el hombre que el no veía.

Acepte, claro que dentro de lo que era mi misión, lograr proteger la reliquia a toda costa, no era lo único que pensaba hacer en el pasado.
Me carcomía el no saber que había pasado, mis padres y hermano murieron en la carpa gitana y a día de hoy no habían sido vengados.
Todo quedó reducido a cenizas y el ejercito que destrozo mi vida dejándome huérfano desapareció como si de espectros se trataran. En el pasado, eso aun no había sucedido y estaba decidido si no a intervenir, si a descubrir el autor de tan acto y vengarme.

Aquella mañana crucé el portal que las tres brujas abrieron para mi bajo la atenta y severa mirada de mi tío que no confiaba en mi.
Una sonrisa ladeada fue mi despedida antes de desaparecer frente a sus ojos.
Aparecí jadeante en medio de un bosque que bien conocía, el cuerpo me dolía, pero el hechizo había funcionado o al menos eso creía.
No tardé en alcanzar la ciudad, mis ojos se centraron en un niño que vendía periódicos por las calles y acercándome a él adquirí un ejemplar para centrarme en la fecha que ponía en su lateral.
Había funcionado, es mas tenia unos días para prepararme para presenciar la masacre que a mi familia se refería, pronto el nombre del espectro me seria desvelado y la venganza comenzaría.

Me alojé en el hostal, sabia que no me seria complicado acudir a los refugios de la organización, allí seria bien recibido, claro que a su vez vigilado y antes de ponerme al completo a su servicio tenia la necesidad de descubrir lo que le había pasado a lo míos.
Baje al restaurante para comer algo, había traído el dinero necesario para pasar un par de días sin problema.
Tomé asiento en una mesa, pedí el menú del día y vino para acompañar la cena.







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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Vie 06 Oct 2017, 08:32

No mentía al expresar lo contenta que me encontraba de ver a mis amigos, tenía tanto que decirles que no sabía ni por dónde empezar. Claro que lo más lógico hubiera sido empezar desde el principio, contarles como había llegado esta mañana… Tragué saliva con fuerza aún colgada de los brazos de Hakon, que afortunadamente sabía bien como sostenerme. Me aliviaba verlo bien, después de todo, él era la razón por la que me había aventurado a cruzar el portal, el tener que prevenirle del peligro inminente en el que se encontraba. -Mira que sóis difíciles de encontrar… incluso en los lugares que frecuentamos…-  

No dejaba de lanzar rápidas miradas hacia Wesh, ni tampoco perdí detalle cuando de forma muy amigable y bastante directa se aproximó a Synnove, quien ahora tenía sus esmeraldas entrecerradas y nos miraba fijamente a Hakon y a mi, de una forma que no pude leer del todo bien, ni tampoco lo intenté porque me quedé de una pieza al ver como mi acompañante de tan solo unos minutos atrás la recorría con la mirada provocándome una inquietud inesperada y bastante intensa al pensar que podía interesarse repentinamente en ella.

Lo siguiente que ocurrió fue demasiado rápido como para ni siquiera intentar impedirlo. Al parecer a Hakon no le gustó mucho la idea de que un completo desconocido asediara a su hermana (ni a mi) y Wesh… no sé que demonio se le metió repentinamente en el cuerpo que decidió que era buena idea provocarlo. En un santiamén se estaban dando de golpes frente a mi mirada atónita.

-¡Parad! ¡Parad de una vez!-  

Me lancé hacia ellos al igual que Synnove, quien inmediatamente con su fiero carácter sujetó a Hakon de los brazos mientras yo hacia lo propio con Wesh, las dos estábamos ofuscadas procurando separarlos y estos encima pateaban el suelo, gruñéndose a la cara.

-¡Sois un par de pazguatos! ¿A qué viene este despliegue? ¿Ver cuál es más hombre que el otro?-
La morena se veía bastante alterada por la pelea y por algo más que yo no tenía manera de saber. Instintivamente rodeó a Hakon con sus brazos para calmarlo, este aún procuraba zafarse pero solo sirvió para que entre gruñidos lo abrazara con más fuerza. -Basta ya…-

Por mi parte hice algo parecido con mi acompañante mientras mi amiga revisaba las heridas del rostro de Hakon, volteé a Wesh hacia mi con la respiración agitada. -Synnove tiene razón, basta ya. Estos son mis amigos, ¿qué demonios te ha entrado en el cuerpo?- Por cierto que apenas lo conocía, no sabía si era alguien dado a la violencia o no. Tampoco sabía si era el enemigo. ¿Era el enemigo? No me lo podía creer… a pesar incluso de lo que acababa de pasar.

-¿Cuál es la razón por la que has querido acompañarme esta noche?-
Cerré los puños a ambos lados de mi cuerpo, temblaba por muchas razones. ¿Cómo podía sentirme traicionada por alguien a quien apenas conocía? Era ilógico pero al mirar esos ojos pardos mi lógica desaparecía y solo quedaba el estremecimiento de haberle conocido esta noche y del sabor de ese beso.

Llevé mi mano a mi camisola y metí un par de dedos por debajo de ella para tirar del camafeo que llevaba colgado de la cadena que llevaba al cuello. Acerqué mi rostro al suyo, al tiempo que lo abría y soplé su contenido muy cerca de sus labios, por debajo de su nariz. Unos segundos bastaron para que perdiera el conocimiento.

Lo atajé en mis brazos antes de que cayera al suelo. -Lo siento Wesh...- Lo miré compungida con los ojos brillantes y una punzada profunda en el pecho, antes de alzar la mirada hacia mis amigos. -Ayudadme con él. Lo he conocido esta mañana y la diosa me ha revelado que ha viajado en el tiempo para buscarnos. Pero por favor… no le hagáis daño… A pesar de lo que ha sucedido, no creo que sea peligroso, debe tener una buena razón para haberse expuesto a cruzar un portal como nosotros.- 


Última edición por Freya Tollak el Vie 03 Nov 2017, 00:40, editado 1 vez




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Vie 06 Oct 2017, 10:19

Freya me sujetaba, ademas de llamarme Pazguato mientras yo aun rugía a mi contrincante escuchando como me amenazaba con destrozarme y yo abría los brazos invitándolo a venir y hacerlo.
Escuché su absurda pregunta ¿que me había dado para saltar así? ¿sus amigos?
-¿Amigos? -gruñí hundiendo mi mirada en sus pardos -¿amigos? ¡Te has enganchado al cuello de ese pazguato como si no hubiera un puto mañana cuando hace 5 minutos estábamos besándonos tu y yo sobre el puente ¿que reacción esperas de un hombre que ve eso? -rugí contra su rostro completamente fuera de mi - ¡joder! -gruñí -apartándole las manos de encima de mi cuerpo.
Ella había causado eso, ¿como espera que reaccione un hombre cuando la chica que le gusta y con la que se lia se lanza a los brazos de otro?

La morena parecía calmar al otro abrazada a él, enarque una ceja, entre esos parecía haber algo, porque ella acariciaba su herida pidiéndole que parara y aunque este no parecía muy dispuesto a ceder pues seguía con sus ojos amenazándome tampoco se la quitaba de encima.

Freya cerró los puños a los lados de su cuerpo, sus ojos fijos en los míos, ahora no me tocaba, yo no quería tampoco que lo hiciera, estaba muy cabreado.
-¿Que porque te he acompañado? ¿que pregunta estúpida es esa? Nos hemos encontrado en el hotel y hemos conectado, nos hemos ido a beber y joder, creo que te gusto ¿cual es el problema? no has dejado de rehuirme.
Al final tras un beso apasionado, me mandas a la mierda y te enganchas del cuello de se -dije señalando al vikingo que rugió al ver mi dedo apuntarle.

Era un ataque de celos mas que evidente, cierto era que apenas la conocía, pero la testosterona hacia de las suyas, el alcohol y el deseo todo mezclado unido lograba sacarme de mis casillas.
Freya se acercó a mi, tiró de una cadena que pendía de su cuello, todo pasó muy rápido, un soplido de un polvo que llevaba en su camafeo entro en mis orificios nasales.
-Freya -susurré su nombre mareado, las piernas no me respondían y mi cuerpo cayó inerte cuando mis ojos se cerraron por completo.

La cabeza me retumbaba, apreté los dientes abriendo varias veces los ojos para lograr enfocar el lugar donde me encontraba
Amordazado de manso y pies a una silla, con un pañuelo en mi boca para evitar que gritara logré ver que estaba en la habitación de un motel.

Aun trataba de ubicarme cuando sentí un tirón de mi pelo alzándome la cabeza. Gruñí al ver al vikingo que divertido aseguraba que me pusiera cómodo que esto iba para largo.
Lo vi arremangarse, al parecer su gran plan era torturarme a golpes para sacarme esa verdad que según él me callaba.
Freya entró en ese momento por la puerta, sus ojos me buscaron con cierta preocupación.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Vie 03 Nov 2017, 02:08

El encuentro con Wesh había pasado rápidamente de ser un sueño a algo similar a una pesadilla. No me gustó nada tener que dormirlo, tan pronto lo hice me sentí culpable, como si lo hubiera traicionado, a pesar de que la traición vino de él primero. ¿Por qué usarme? Era la pregunta que daba vueltas en mi mente sin cesar. Debía haber una explicación para todo esto.

En el hotel le colocamos entre los tres en una silla. -¿Creéis que es necesario?- Mire a mis amigos sin estar del todo convencida pero ellos tenían la mente más fría que yo.

Cuerdas, mordaza… en determinado momento me abracé de Hakon para mantenerme en pie, sentía que se me doblaban las rodillas, no era momento para mi pérdida de equilibrio, o de juicio. Synnove nos miró en silencio, antes de terminar de sujetarle bien las manos por detrás de la silla con unos buenos nudos. La vi apretar los labios, seguramente porque se aseguraba de que todo quedara firme y en su sitio.

Mientras Wesh dormía aproveché para informarles a ambos del por qué de mi llegada detrás de ellos a este tiempo. -Tuve una visión. No puedo precisar exactamente adonde se ubicaba… las visiones me llegan como retazos. Fuego… muerte. Te encontrabas en peligro mortal Hakon. Había un desconocido en la escena… solo vi su espalda, su rostro permanecía oculto. Vi además un símbolo, dos espadas y una sierpe, intenté investigar toda la tarde que podía significar pero no logré dar con ello. Después de lo que la diosa me ha mostrado pienso que de algún modo Wesh está relacionado con todo esto…- Miré intranquila hacia la habitación en la cual lo manteníamos.

Hakon fue el primero en entrar en ella. Procuré recomponerme, tenía que encarar a Wesh. Respiré profundamente antes de seguir los pasos del vikingo. -Un momento …- Antes de que las cosas volvieran a salirse de las manos me acerqué pidiéndole un poco de cordura. -Permíteme hablar con él.-

Me acerqué al joven que me había acompañado esta noche, dejándome caer frente a él, aún tenía puesta la mordaza. -Escúchame Wesh, esto no tiene por qué pasar a mayores, solo queremos respuestas.- Notaba perfectamente el enojo en su mirada, la sentía como dardos lacerantes. 

Traía un pequeño cuenco conmigo, bebí del mismo y retirando la mordaza, me acerqué para rozar sus labios con los míos. -Nisi pro omnibus silentium…- Susurré, el vaho de mi boca viajó a la suya, entrando en ella. Acababa de lanzar un hechizo sobre él, de manera que nadie excepto quienes estábamos de pie con él en la habitación podíamos escucharlo. Su voz quedaba oculta para el oído de cualquier otra persona. Podía desgañitarse gritando y nadie lo oiría. -Ya no será necesaria la mordaza.- dije a los otros antes de devolver mi atención a él. -¿Cuál es tu objetivo en Paris? ¿Quién te ha enviado?-




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Vie 03 Nov 2017, 12:15

Rugí al ver a aquellos tipos hablar entre ellos como si yo no estuviera, ahora Freya iba de santa pero fue ella con su brujería la que me dejó fuera de lugar, sin opción a defenderme.
Vale que mis intenciones al acercarme a ella y descubrir que era una vikinga no fueron de lo mas puras, pero joder, me gustaba y el beso no fue una burda mentira.

Cuando se acercó para decirme que no tenían porque ser así las cosas, ladeé la sonrisa.
-¿esto de que va? Poli bueno, poli malo -dije riéndome de forma altiva -dile al gorila que se arremanga detrás, que si es tan gallito como aparenta, me suelte y sin trucos mágicos de por medio a ver quien de los dos gana un combate singular. Si vence, os diré lo que quiere saber, tienes mi palabra, pero por contra, si soy yo el que gana..seréis vosotros los que me daréis las respuestas que busco ¿que me dices cobarde? -le grité saltándome a la mujer que tenia enfrente para desafiar sus pardos.

A ningún gallo de corral nos gusta que otro gallito nos desafié, podía ver como sus ojos centelleaban, creo que por él aceptaría la pelea sin dudarlo porque se creía el mejor de los guerreros, pero yo llevaba entrenado desde niño en la orden, mi combate cuerpo a cuerpo y esgrimiendo el acero era perfecto.

Freya no contenta con mis palabras bebió no se que poción y antes de que pudiera apartarme sujetó mi pelo para dejar nuestros rostros enfrentados.
El vaho de su boca se adentró en la mía tras emitir unas mágicas palabras que no entendía.
Rugí, la maldecía, pero al parecer nadie me escuchaba, nadie excepto la bruja que aun frente a mi trataba de sacarme esa información que necesitaba.
-Cómeme la polla -le dije acercando mis labios a los ajenos -puedes decirle al gorila que empiece, no voy a decir ni una sola palabra aunque me matéis a golpes.

Podía leer la veracidad de esas palabras en mi mirada, yo no iba a delatar a mi tío, ni a la orden de la sierpe dorada a la que pertenecía.
Como de seguro tampoco ellos iban a vender a su familia y las motivaciones que los empujaban a robarnos las reliquias y a poner el mundo en peligro por sus absurdos saqueos.
-¿te ha gustado el beso? -pregunté ladeando la sonrisa ignorando sus preguntas – ¿no quieres que me haga daño y por eso le has pedido ser tu la que me haga las preguntas? -continué hablando de forma socarrona.

El vikingo parecía ya no estar dispuesto a esperar mas y le pidió a Freya que se hiciera a un lado, el primer puñetazo me giró la cara, escupí sangre mientras me reía desafiante.
-¿Eso es todo? -volví a reírme antes de llevarme un segundo puñetazo.
Podía matarme a golpes, no iba a decir nada de nada.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Vie 17 Nov 2017, 05:41

-Bien, de esta no se nos escapa.- Apreté los nudos con fuerza que mantendrían sujetas las manos del desconocido a la silla y mis labios se apretaron más al ser testigo de como Freya se sujetaba de Hakon al estar a punto de caer. Había estado muy afectuosa con él toda la noche desde que para nuestra enorme sorpresa, la encontráramos en el puente.

Apreciaba a Freya, la conocíamos desde niña, era una más de nosotros, aunque de manera similar a Torvi, también solía ser reservada. Nunca noté que tuviera especial interés en Hakon, por lo que ahora me dejaba perpleja el ser testigo de su inusitado despliegue de cariño.

Caminé hacia el par para tomar un cuenco de sus manos, íbamos a beber de él para quedar atados a un hechizo que nos permitiría ser los únicos que escucharíamos al tal Wesh. 

No podía evitar estar preocupada por todo lo que nos había narrado. En realidad, y según nos lo contaba la única razón por la que se aventuró a seguirnos al pasado tenía que ver con esa visión que había tenido. -¿Estás segura de lo que viste? ¿No has podido interpretarlo mal?- A menudo los dioses le regalaban vistas del futuro, ella los describía como retazos, posibles sucesos que decía no estar segura de que pudiésemos impedir.

Miré a Hakon con inquietud y tomé del brebaje antes de pasarle a él el cuenco. Había algo que me había dejado pensando en toda la narración de la hechicera. Volví a pensar en la descripción de ese símbolo que mencionaba haber visto en su misión. -Ubbe nos habló de el cuando lo encontramos con Naitiri en la taberna… Dijo algo sobre una secta que protegía la reliquia.-

Mis esmeraldas se desviaron hacia el joven inconsciente. Si era enemigo de Hakon, si lo ponía en riesgo de alguna manera, también era mi enemigo. -Quizás forme parte de ese grupo…-

Freya se aventuró a abalanzarse entre ambos hombres, asunto que me hizo observarla con detenimiento, decía que podíamos razonar con él. No me pareció tal el caso, en cuanto reaccionó no tardó en insultar a nuestra amiga, aunque me perdí algo de lo que hablaban al fijar mis esmeraldas en mi vikingo. Recordaba la expresión de sus ojos en la taberna, cuando Ubbe nos dibujó el símbolo, de alguna manera por todo lo que nos había acontecido no llegué a hacerle comentario al respecto, pero ahora, al verlo, notaba algo en sus tempestades que me parecía similar y me orillaba a recordarlo…

Deje de mirarlas cuando volteó para que sus puños golpearan el rostro del pendeciero que al parecer, ni atado dejaba de desear provocarlo. Freya había palidecido a tal punto que pensé que se desmayaría, me acerqué a ella para tomarla del codo y asegurarme de que siguiera respirando. En cuanto recuperó la respiración se interpuso colocándose al frente del joven con los brazos extendidos, mirándonos de frente y pidiendo tiempo para intentar dialogar con él otra vez.

Aproveché para tomar a Hakon del brazo y llevarlo conmigo al otro extremo del cuarto mientras dejaba a la hechicera hablando con el sujeto. -Ese símbolo que menciona Freya, lo mencionó antes Ubbe…- Acuné su rostro para que me mirara mientras procuraba se calmara un poco, estaba muy exaltado. -¿Qué sabes tú de todo eso?-

No iba a dejar pasar nada por alto, especialmente si él estaba en peligro, que él estuviera bien era todo lo que me importaba. Había algo demasiado inquietante, no solo en la visión, si no en lo que podía darme a entender la expresión de su rostro. Lo conocía muy bien, sabía leer sus emociones. -Sé que ese símbolo no te es indiferente… ¿Por qué?- 



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Hakon Cannif el Vie 17 Nov 2017, 10:08

Synnobe me conocía demasiado bien, reconozco que por mucho que intenté controlar el desazón que me invadía cuando se hablaba de ese símbolo me resultaba imposible ignorar que sabia que mi vida en cierto modo se enlazaba a el.
Mi única opción se estaba convirtiendo en acudir el fatídico día donde mis padres murieron, y yo ,si no llega a aparecer madre sacándome del incendio, también lo hubiera hecho.
Ante mis ojos aparecieron los recuerdos de aquella noche, eran difusos, solo tenia cuatro años y creo que mi mente había hecho lo necesario para sacar esos momento de mi vida convirtiéndolos en imágenes dispersas, inconexas.

Cuando clavó en mi sus esmeraldas supe que mentir no era una opción, pero contar la verdad era complicado, no la conocía.
Lo que me preguntaba ahora es que unía a ese muchacho con el símbolo. Si Freya tenia razón debía ser un hombre de la orden y quizás mis padres también lo fueran o no.
-Sabes que madre me encontró en un campamento gitano, no recuerdo apenas nada de ese momento, he crecido siendo un Cannif y he tratado de olvidar aquel día en el que me quede huérfano.
Madre me envolvió con una manta, con ella estaba cubierto escondido en un bidón, mi madre biológica me escondió allí posiblemente ocultándome de los que cometieron la atrocidad de matar a todos los gitanos.

Di un trago al cuenco que Synnobe me paso devolviéndoselo después.
-¿Recuerdas la manta? Estuvo tiempo por casa, esa en la que llegué envuelto, el símbolo bordado en ella era le mismo que el que ha visto Freya y el que Ubbe describió en la taberna.
No se que tiene que ver conmigo -señale al chico -no se que tiene que ver con él, no se nada pero creo que el único modo de encontrar respuestas es acudir la noche en la que perdí a mis padres biológicos al campamento gitano y ver que sucedió aquella noche en la que deje de ser lo que fuera para convertirme en un Cannif.

Podia ver la inquietud en el rostro de la vikinga, mis dedos acariciaron su cintura y buscando de reojo a Freya para asegurarme que seguía hablando con el reo y no pendiente de nosotros deposité un beso corto sobre los labios de mi hermana.
-No te preocupes vikinga, es posible que mis padre encontraran esa manta en cualquier lugar y la cogieran sin mas, son gitanos y sabes que estos tienen cierta tendencia a apoderarse de lo que no es suyo -aseguré intentando quitar hierro al asunto.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Lun 27 Nov 2017, 07:41

Wesh me respondió con un insulto bastante gráfico, lo cual logró que el color desapareciera de mi rostro. Si pensaba que me gustaba verlo así, atado, estaba muy equivocado. Yo no era como muchos vikingos, dados a las armas, que encontraban su mayor pasión en ellas y en las batallas, manteniendo su primer amor en el momento en el que chocaban con el enemigo, en el acero forjado en el fuego.

Mi espíritu era más sosegado, batallaba cuando tenía que hacerlo pero no encontraba placer en hundir mi arma en otro. Mis luchas eran distintas, tenían más que ver con encontrarme a mi misma, y no había encontrado mi paz hasta el instante en el que puse pie en el templo.

-Esto no tiene nada que ver con ser un policía bueno o malo.- Negué cuando habló de que si lo hacía porque me había gustado el beso, de la manera en que lo decía sonaba como si se tratara de algo barato. No atiné más que a mirarlo en silencio, él no tenía idea de la regla tan grande que había roto al besarlo, de lo que para mi significaba sucumbir a ese impulso, o de como ponía mis normas de cabeza sentir siquiera el mínimo atisbo de atracción por él.

Me levanté para alejarme y los puños del vikingo llovieron sobre su rostro. En cuanto vi lo que sucedía me sentí profundamente alarmada y descompuesta. Antes de que continuara me interpuse con rapidez entre ambos, con los brazos extendidos, dándole la espalda a Wesh y pidiéndole a Hakon que me dejara hablar con él de nuevo. Algo debió haber visto en mis ojos porque me concedió la pausa que solicitaba, y Synnove de forma muy oportuna se lo llevó hacia el otro extremo de la habitación.

Me dejé caer de rodillas frente a Wesh, quise tocarlo pero esa mirada desafiante y mordaz me convencía de que no quería que le pusiera un dedo encima. -Si crees que disfruto con esto te equivocas. Si no hablas por defender a los tuyos y prefieres ser golpeado antes que traicionarlos, entenderás algo de lo que es estar en mis zapatos.-

Dejé salir el aire pesadamente buscando las palabras. -No quiero que esto siga, no podía permitir que pusieras en peligro a ninguno de los míos. He crecido con ellos, son importantes para mi y no puedo dejar que nada los exponga.- Busqué una toalla y la humedecí para limpiarle la sangre del rostro, en estos momentos me importaba poco que me rechazara e intentara apartar el mismo de mi alcance, lo que me importaba era examinarle los golpes. -¿Qué harás si los convenzo de soltarte? ¿Dejarás de buscar una confrontación y podrás serenarte?-




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Lun 27 Nov 2017, 13:03

El moreno me daba puñetazos sin tregua, tenia que reconocer que tenia un buen golpe de derecha, escupí sangre a un lado cuando de nuevo Freya se interpuso entre los dos ¿cuanto iba a durar aquel maldito juego?
Podían acabar ya, nunca iba a delatar mi organización por mas que aquella mujer se pusiera por medio fingiendo que mi vida podía importarle algo, cuando si no recordaba mal, era por su causa por la que estaba allí, atado en estos momentos.

Cuando se agachó para mirarme de frente no aparté mis ojos, me mantuve desafiante en todo momento.
-Deja de intentarlo, somos enemigos -aseguré -si no disfrutas ¿por que no me sueltas y me deja irme? No va a pasar verdad, eres fiel a ese energúmeno y a su puta. Yo soy fiel a los míos, lo que nos convierte en enemigos. Yo lo tengo claro ¿y tu?-espeté girando el rostro después.

Nada mas tenia que hablar con aquella mujer, mas cuando cogió un paño para limpiar mis heridas gruñí furibundo ¿que no entendía?
Por mucho que las curara ese hombre iba a seguir intentando sacarme la información a golpes, yo hubiera hecho lo mismo, así que no es que lo culpara por ello lo mas mínimo.

Me eche a reír cuando me dijo que si lograba que me soltaran si iba a comportarme para razonar los 4 tranquilos.
-Yo no estaba buscando confrontación, he venido para evitar que os hagáis con la reliquia y la respuesta es no, nunca dejaré de luchar por aquello que creo -escupí cada una de esas palabras a su cara -tu has elegido bando sin escuchar los motivos que me llevan a creer que cometéis un error. Hay magia con la que es mejor no jugar, el poder de la reliquia traerá la destrucción a la tierra ¿de verdad crees que voy a permitir que caiga en manos de unos bárbaros como vosotros?

Podía ver sus ojos fijos en los míos,como si se debatiera entre lo que decía yo y lo que su familia parecían necesitar.
-Suéltame ahora que esos dos están ocupados, ven conmigo y juro por mi honor de caballero que te explicaré mis razones, aquí ni una palabra te voy a decir.
Tu eliges.

Miré inquieto hacia la puerta, si venían de nuevo esos dos mis esperanzas de fugarme quedarían en nada.
-Vamos Freya.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Sáb 23 Dic 2017, 05:58

Mis esmeraldas siguieron fijas en su rostro, había más en todo esto que el encontrarnos interrogando a un enemigo, así lo revelaba la visión de Freya y los cambios en la expresión de mi vikingo. Mi inquietud creció a pasos agigantados, particularmente al notar la agitación que se reflejaba en sus tempestades.

Escuché su relato sobre la manera en que madre le había encontrado, por supuesto conocía esa historia, la había escuchado de niña, aunque admito que siendo pequeña muchas veces me la había sacado de la mente, en mi afán de creer que Hakon era nuestro y nada más nuestro y que no tenía nada que ver con ninguna otra familia. No quería pensar en ello porque él era parte intrínseca de nuestra familia y poseer la seguridad de que era un Cannif era todo lo que necesitaba para saber que siempre estaría con nosotros.

Posiblemente por eso tampoco volví a recordar la manta de la que hablaba, de niña me la había topado por casualidad en más de una ocasión cuando me colaba en el armario de nuestros padres para jugar con la ropa de ambos. Solía tomar algunas piezas de madre y otras de padre y terminaba echa toda una pinta frente al espejo. Al toparme con esa manta mi ceño infantil se fruncía y me encontraba taladrándola con la mirada antes de volver a realizar un movimiento para taparla de inmediato. 

Ahora que me hablaba de ella, mi mente desempolvó ese recuerdo, algo recordaba de ese símbolo del que hablaba, aunque de manera difusa. 

-¿Quieres ir al campamento gitano?- Lo observé sorprendida, con sentimientos encontrados al escuchar esa idea. -¿Por qué?- Estaba tan ofuscada que de momento no procesaba con coherencia.

Sus tibios labios me buscaron unos segundos para tranquilizarme, acerqué mi frente a la suya cerrando los ojos bajo el calor de su respiración. -¿Es muy importante para ti?-  Los volví a abrir de golpe, buscando la respuesta en esos pardos que me decían que si lo era. -En ese caso iremos juntos, no hay manera de que no te acompañe.- Arqueé una ceja en forma de advertencia, por si se le ocurría decirme que no debía hacerlo. Si él iba, yo iba también.

Mi mirada deambuló de él hacia el par que se encontraba en el otro extremo del cuarto. -¿Y él?- Hice un gesto en dirección al desconocido. -Si vino tras nosotros ahora esa orden te persigue, si tienes realmente algo que ver con ella… te consideran su enemigo, así como al resto de los Cannif.- Eché un breve vistazo a Freya, que acercaba una toalla al rostro del desconocido mientras él hacia esfuerzos por apartarlo, todo era muy confuso pero de ninguna manera esa visión iba a hacerse realidad. De ninguna manera iba a perder a Hakon, nada le sucedería, no lo permitiríamos, así tuviésemos que enfrentarnos a los mismos dioses.

Devolví mi atención a él dejando que mis dedos acariciaran sus apuestas facciones mientras mis esmeraldas lo miraban intensamente. -Si es importante para ti averiguar al respecto quiero hacerlo contigo. Quiero que sepas que para mi siempre serás mi Hakon, sin importar qué, nada ni nadie cambiará eso.- 



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Hakon Cannif el Dom 24 Dic 2017, 10:37

Podía ver en sus esmeraldas cierta miedo ante mis palabras, pero no me quedaban muchas mas opciones si quería saber que me ataba a esa orden.
Me encogí de hombros ante su pregunta ¿si quería ir? La verdad no quería revivir lo que sucedió, yo prácticamente no tenia ningún recuerdo de esa noche, olvidé mi anterior vida, yo era el hijo de Erlend Cannif y de Adaline Cannif, nunca pensé en nada mas y ahora era como si el pasado volviera de alguna manera a mi vida.
-Tengo que ir, si puede ayudarnos a descubrir donde esta el orbe y por que Freya a tenido esa visión, tengo que enfrentar mi pasado. Soy un vikingo, no tengo miedo y soy un Cannif, nada cambiará ni eso, ni el amor que por ti mujer siento.

No dudé ni por un momento que me acompañaría o al menos que querría hacerlo.
Synnobe es muy importante no cambiar nada, ser solo espectadores ¿lo entiendes? Si intercedemos quizás yo nunca llegue a manos de madre y por consiguiente, a ti ¿lo entiendes?

Señalé hacia el chaval que había maniatado junto a Freya, no me gustaba como lo trataba la joven Tollak.
-No soy un necio, le gusta, veo el modo en el que le protege, el fuego de su mirada cada vez que se ha interpuesto entre algún golpe.
No permitamos que haga ninguna estupidez, necesitamos a ese muchacho para llegar a la orden.
Lo llevaremos con nosotros, iremos los cuatro. Freya tiene magia, quizás le venga alguna visión cuando pisemos el campamento gitano, algo que nos ayude con este complicado entramado.

Tiré de mi hermana interrumpiendo los cuchicheos de esos dos.
-Estas de suerte pazguato, nos vamos de excursión al campamento gitano, vayamos al inicio de todo esto.
El muchacho enarcó una ceja como si no esperara mis palabras.
-¿campamento gitano? No podéis ir hoy ahí -dijo algo perturbado, como si supiera mas de lo que decía.
-¿no? ¿por que? -pregunté fingiendo no saber lo que sucedería esa noche.
El muchacho parecía alterado, sus ojos buscaban los de Freya para dirigirse a ella ignorándome.
-Freya, hazme caso, si vais hoy al campamento no saldréis de allí con vida.

Tensé la mandíbula clavando mis tempestades en los ojos pardos del joven.
-Bien, pues en ese caso reza a tus dioses, la decisión esta tomada, veamos que nos escondes.







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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Mar 26 Dic 2017, 08:37

Mi ceño se frunció momentáneamente cuando escuché los nombres que utilizaba para referirse a los vikingos. -Basta, no son lo que dices, sea cuales sean las circunstancias. Te agradecería que nos los llames así.- Desistí de limpiarle las heridas del rostro porque no me lo permitía, lo apartaba y me gruñía.

Me sentía entre la espada y la pared, los vikingos eran mi familia, los conocía desde niña. No solo nuestras familias eran muy unidas, también me unía a ellos el tiempo que pasé en Paris cuando padre me envió con Höor al ser muy chica. Puede que no llevara su sangre, pero eso no implicaba que el lazo con ellos no fuera fuerte. Por otro lado, veía a Wesh y… no me gustaba verlo en este estado.

-¿La reliquia?- De repente me soltó la razón por la que nos seguía, sabía algo sobre ese artefacto, el que había mandado a Ubbe al pasado y por ende a sus hermanos. -Poco sé sobre la reliquia...- Aparte de que se suponía que conciliaba un descomunal poder para quien se apropiara de ella, eran demasiados los detalles faltantes acerca de lo que se suponía que haría.

Volví a mirarle, ponderando lo que me decía. -Tampoco conoces las razones por las cuales deseamos la reliquia. El norte se encuentra en guerra. A ti te importa el final del mundo, a mi el final de nuestra propia tierra…- Me mordí el labio, ser un oráculo no era cosa de juego, había visto demasiado la muerte demasiadas veces… demasiados detalles que hubiera querido no saber.

Callé al ver como se movía en la silla sugiriendo que le ayudase a escapar. -¿Q- qué…?- Lo miré boquiabierta, hace unos segundos me insultaba y ahora sugería que fuese con él. El corazón me latió con fuerza, ¿huir con él?

Comencé a sudar, mi mirada se desvió hacia los vikingos antes de regresar a él. -No puedo… irme nada más… algo va a suceder Wesh… - Negué con la cabeza. -No sé como explicarlo, pero presiento que debo estar con ellos…-

Saqué una daga disimuladamente de debajo de mi ropa. -Por otro lado, eres un tonto… lo eres si no ves nada con respecto a mi.- Comencé a cortar las cuerdas que ataban sus muñecas, deshacer los nudos que hacía Synnove era imposible, nadie podía con ellos, solo la propia vikinga.  

Apenas había cortado las cuerdas a medias cuando me aparté de él con rapidez, volviendo a esconder la navaja en cuanto Hakon se aproximó a nosotros.

Pasaba de una sorpresa a la otra, el vikingo nos informaba que nos dirigíamos al campamento gitano, lo cual provocó que los ojos de Wesh adquirieran un brillo de alarma, tenía que ser real el temor que veía en su rostro.

Me aparté de él al ponerme en pie otra vez, intentando juntar las piezas de mi visión, pero todo era una mezcla de retazos que para mi no tenían aún mayor sentido.

-Ir al campamento... ¿estáis seguros? El pasado no debe tocarse bajo ninguna circunstancia. De hacerlo las consecuencias podrían ser catastróficas.- Estaba asustada al siquiera pensar en lo que podría suceder, nuestro mero viaje al pasado constituía un desafío a los dioses. -Basta con que cambiemos apenas un detalle mínimo y no conocemos la reacción en cadena que podríamos causar, todo nuestro presente podría desvanecerse en un abrir y cerrar de ojos.- 




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Mar 26 Dic 2017, 12:14

Freya sajó las cuerdas con un cuchillo antes de que llegaran los otros dos con un plan maestro que me dejaba claro lo cabeza huecas que eran esos dos, pero a la vez me hizo penar a toda velocidad ¿por que querían acudir al campamento? ¿como cojones sabían que en esa fecha pasaría algo que tuviera que ver con la orden? ¿quizás una visión de esa mujer que tenia frente a mi?
Dejé escapar el aire aun con sendas manos atrás como si no me hubieran liberado.

Freya les aconsejaba no ir, yo quería ver quien mató a mi madre y a mi padre, la venganza hervía por mis venas y aunque tenia claro y mi tío me lo hubiera repetido hasta la saciedad, que la reliquia era lo único de lo que nos tengamos que ocupar, que el pasado no se debía tocar..quizás en el fondo no era tan mala idea.

En un principio me opuse, pero luego lo reconsideré, si daba con los asesinos de mis padres podría urgir esa venganza que me consumía desde que tuve consciencia de que alguien me dejó huérfano.
-Bien, vamos a ver que sucedió esa noche -dije hundiendo mis paredes en los del vikingo -parece que los dos tenemos cierto interés en descubrir que sucedió en ese campamento gitano, así que vamos y que Freya se ocupe de que no toquemos nada que pueda cambiar el futuro que tanto amamos y que vosotros parecéis empeñados en destruir.

Clave mis ojos en Freya.
Antes me has dicho que no te importa salvar el mundo si no tus tierras, pero no te das cuenta que el norte pertenece a ese mundo, quizás para quebrar a un tirano, acabéis despertando un mal peor que no podáis enfrentar con el acero.
Correremos le riesgo -apuntó Hakon levantándome de malos modos de la silla para obligarme a caminar dándome un par de empujones.

Me giré gruñendo contra su rostro, enfrentando al energúmeno que me trataba como una mierda. Era desquiciante, pero si creía que me intimidaba, se equivocaba.
Freya de nuevo puso paz, tiró de mi brazo separándome de aquel choque de bestias, casi pude escuchar un imperceptible “por favor” que me hizo rugir dejándome llevar por ella.
-No lo entiendes Freya, os estáis equivocando – le dije buscando sus mirada -tienes que escucharme, conseguir la reliquia no os traerá nada bueno, hay objetos que no deben ser jamas utilizados.

Así sobre sendas monturas partimos rumbo a nuestro destino, el campamento donde lo perdí todo, a mis padres y a mi hermano mayor.










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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Eileen el Lun 22 Ene 2018, 15:46

Después de aquel encuentro con la manada que habíamos tenido me había encargado de curar la herida que Caleb había recibido por mi culpa cuando aquellos lobos me capturaron y me llevaron en contra de mi voluntad, me aseguré de que estaba bien curada y que no estaba infectada y solo cuando realmente estuvo un poco curada gracias a esa sanación acelerada tan propia de los licántropos decidimos volver a París. Pedimos que nos abrieran un portal de vuelta porque nosotros allí ya no pintábamos nada y, en realidad, Wesh y la situación que vivía me tenía preocupada. Sabía lo que sufrió cuando perdió a su padre y a su hermano, lo sabía porque él mismo me lo había contado varias veces... pero no debía de caer en el desespero y pensar que ahora que podía vivir esa misma situación creer que podía evitarlo, eso cambiaría la vida tal y como la habíamos pasado, podría cambiar muchas cosas e incluso prácticamente todo. Con él siempre me había llevado bien, los dos éramos a los que más duro y más difíciles nos habían puesto las cosas en la Orden, sabía que tarde o temprano tendría que decirle todo lo que había pasado desde que se fue. Caleb estaba convencido de que Wesh sin duda alguna iría a ese campamento donde todo pasó aquella noche, así que nos habíamos propuesto dirigirnos hacia allí para encontrarnos con él y que no hiciera nada, el tiempo que habíamos estado en París no habíamos logrado dar con su paradero así que allí seguro que lo encontrábamos. Miré al hombre que tenía a mi lado y pensé en cómo podrían cambiar las cosas si aquella noche pasaba de forma diferente, quizás si su hermano no muriera él se hubiera casado con mi madre y yo quizás no hubiera nacido, no podríamos estar juntos como lo estábamos ahora... todo era bastante confuso. Aún no habíamos hablado sobre de dejar ya la orden o no, quizás quería dejarlo para cuando todo pasara pero sabía que tarde o temprano me diría que lo dejara porque se lo había prometido, pero hasta que no volviéramos no pensaba dejarlo por completo, no mientras me necesitara fuera de nuestros muros.

Habíamos decido que lo mejor sería ir directamente hacia el lugar donde se produjo aquella fatídica noche, sabía que para el hombre que tenía a mi lado no iba a ser lo más fácil de todo y que sería duro para él, pero al menos esa vez podríamos averiguar qué fue lo que pasó exactamente y además pararíamos a Wesh de que cometiera alguna imprudencia. Sabía que iba a ser duro volver a revivir la experiencia del momento en que perdió no solo a su hermano, sino también a uno de sus sobrinos, pero al menos me tenía allí con él para ayudarlo y para apoyarlo en todo momento. Dejamos atrás la zona céntrica de París y condujimos a los caballos hacia las afueras de la ciudad donde se encontraba la zona de los gitanos, donde tenían sus carpas y además se encontraba también ese circo que tenían en la ciudad. Eran gente bastante amigable y solían ser felices, reían, cantaban y bailaban al fuego despreocupados por la vida, cuando llegamos dejamos los caballos apartados a un lado y nos metimos escondiéndonos de la vista de todos para que no nos vieran, en teoría nosotros no deberíamos de estar allí así que lo mejor era pasar desapercibido. Nos escondimos tras unos arbustos para tener una buena visión del lugar mirando y asegurándonos de que su sobrino y mi amigo no se metiera por medio para cambiar lo que realmente ocurrió, pues eso lo cambiaría todo. Mis ojos subieron hacia el rostro del hombre que tenía a mi lado y que me preocupaba, no por la herida, sino por lo que debería de estar sintiendo en esos momentos en los que iba a presenciar todo de primera mano y sabiendo que no iba a poder interferir en absoluto.


-¿Estás bien? –Pregunté enredando mis dedos con los suyos, ahora no teníamos por qué escondernos y podía sentir la calidez de su piel en la mía, sus dedos acariciar mi mano sin temor a pensar que no era lo correcto o lo debido y que estaba prohibido... menos ahora que llevaba a su hijo en mi vientre- tranquilo, estoy segura de que lo encontraremos antes de que llegue al campamento, entiendo que quiera salvar a su padre pero si lo hace cambiaría el transcurso de la historia y eso afectaría a nuestras vidas. Sé que muchas veces no es que sea el más razonable de las personas y que se obceca muchas veces pero seguro que lo entenderá, es comprensible que quisiera cambiarlo, si yo pudiera volver a la noche en la que mataron a mi padre... –me callé y me mordí el labio, si pudiera volver era más que claro que no dejaría que muriera pero si algo se cambiaba todo tenía su consecuencia, “acción-reacción” lo llamaban. Contemplé con mis azules aquellos ámbar que me devolvían la mirada y me acerqué un poco a él dejando mi mano en su pecho- ¿cómo te sientes? –Pregunté porque él, como Wesh, también había perdido a un ser querido, había perdido a su hermano y a su mujer en aquella noche y no sabía cómo se sentía en esos momentos- pase lo que pase recuerda que estoy aquí contigo –apreté su mano con la mía, porque debía de ser duro saber que ibas a revivir, en cierto sentido, una noche tan fatídica como había sido aquella.


Última edición por Eileen el Lun 22 Ene 2018, 20:54, editado 1 vez




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Caleb Montoya el Lun 22 Ene 2018, 19:33

Era nuestra oportunidad de dar con Wesh, desde que habíamos llegado a París no teníamos ni una sola pista de su paradero y algo me decía que la fatídica noche en la que perdió a su padre y a su hermano seria el punto clave para dar con él y de paso, no permitir que su impulsivo carácter trajera repercusiones en el futuro del que veníamos ambos.

Si mi hermano no hubiera muerto, mi destino hubiera sido muy distinto, también el de Wesh, el de mi sobrino mayor que a día de hoy estaría entre nosotros, pero aunque era tentado intervenir, sabia sobradamente que no debía tocar nada si no quería que las consecuencias fueran desastrosas.
A lomos de sendos caballos castaños emprendimos camino hacia las afueras.

Habíamos dejado la zona centro, cuyo empedrado estaba bien cuidado, los balcones engalanados de rosas y las calles iluminadas y con perfume a jazmín.
Ahora el camino era de tierra, las luces y sombras las dibujaba la luna sobre nuestros rostros y el olor, a orín de la zona pobre se entremezclaba con el de la podredumbre y prostitución del lugar.

No tardamos en tomar un desvió, un pequeño sendero hecho por el paso de los carros y los cascos de caballos que nos llevaría a la zona de descampado donde al parecer residían las carpas de los gitanos.
Tras un buen rato a caballo alcanzamos el descampado donde las carpas de colores y los carromatos puestos en circulo con una fogata en el centro iluminaban la tez oliva de los gitanos.
El olor a maderos, a fuego, a alcohol y humo era embriagador, el chisporroteo de la leña quebrándose frente al bullicio.
Estos danzaban alegres, ajenos a la desgracia que pronto se cerniría sobre ellos.

Ocultos tras unos arbustos analizábamos todo aquello que podía pasar alrededor de aquel asentamiento, solo debíamos observar, mantenernos al margen de todo.
Eileen estaba nerviosa, podía ver sus ojos azules el miedo mientras los fijaba en los míos, se que Wesh le preocupaba, pero creo que también le asustaba que yo rememorara el día en el que perdí a mi hermano y a mi sobrino.
-Estoy bien -susurré contra sus labios.
La atraje del cuello para que nuestros labios se juntaran serenos.
Para mi este día era una pesadilla, una que pronto podría ver con todo detalle.




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Jue 25 Ene 2018, 06:31

Mi mirada seguía hundida en el par frente a mi, el campamento gitano… no estaba demasiado convencida de la validez de la idea, por no mencionar que seguía perturbada por mi visión. Además comprendí de inmediato que noche era esta. Mis amigos me lo habían contado en más de una ocasión, adonde habían encontrado a Hakon de niño, como su madre se había presentado en aquel campamento prendido en fuego y se había arriesgado a abrirse camino entre las flamas que hacían arder a los carromatos para seguir el sonido de aquel llanto infantil y encontrar a quien se convertiría de allí en adelante en su hijo mayor.

Mi mirada se desvió hacia Wesh con bastante perplejidad, de un momento a otro había cambiado de actitud y ahora expresaba que nos acompañaría al lugar. Lo observé con el ceño fruncido. ¿Y ahora a qué se debía ese cambio repentino de opinión?

-Hay objetos que no deben de ser jamás utilizados como hay reglas que jamás deben romperse.-
Murmuré entre dientes mientras caminábamos hacia las monturas. -Y sin embargo aquí estamos.- No me refería precisamente al hecho de que todos habíamos viajado al pasado, si no a otra regla muy diferente, una que había roto en contra de todo en lo que había creído en los últimos meses.

Preparaba una de las monturas cuando Synnove se aproximó a mi para decirme que ella podía encargarse de lidiar con el prisionero. Negué sin siquiera pensarlo. -No te preocupes, sé que debo mantenerlo a raya si se le vienen ideas a la cabeza.- Me tomó del brazo un momento para detenerme al estar a punto de poner mi pie en el estribo y nos miramos a los ojos. Había algo en esas esmeraldas, inquietud como en los míos pero… sentía que había algo más. -Sabes que solo me interesa que salgamos bien parados de esta. Ustedes han sido el motivo por el que he viajado hasta aquí, sigo siendo la misma.- Sonreí levemente y aún hablamos algo más antes de que Hakon se acercara empujando a Wesh y partiésemos hacia el campamento.

Los caballos se desplazaron con rapidez sobre el adoquinado llevándonos hacia la zona norte de la capital francesa. Poco a poco comencé a reconocer los caminos, los habíamos atravesado innumerables veces. -Todo es tan igual y tan distinto a la vez.- murmuré para mi misma. Si nos hubiésemos desviado podríamos haber tomado el camino hacia el centro de la ciudad y haber llegado a la zona residencial adonde Höor me recibió por primera vez... Incluso revivía aquella maraña de emociones que me embargaron cuando de niña tuve que realizar mi primer viaje sola… o quizás más bien tenían que ver con la inminencia de nuestro presente destino.

-Wesh sé que no escuchas nada de lo que digo pero cuando lleguemos al campamento será mejor que te mantengas a un lado nuestro sin hacer nada precipitado.-
Pocas eran las probabilidades de que me prestara atención, con todo lo que había pasado y teniendo en cuenta lo que había visto sobre él hasta ahora, la manera en que saltaba para provocar a Hakon todo el tiempo... pero me veía compelida a intentar que entrara en razón.

-Por otro lado si sabes algo con respecto al campamento sería un buen momento para compartirlo.-
Lo miré brevemente por encima del hombro, quería decirle más pero volví a mirar al frente y me mordí la lengua. No me iba a creer nada de lo que le dijera, aunque una pequeña voz en mi interior me decía que al menos podía intentarlo si tan solo abría mi boca y me animaba a que salieran las palabras. Si tan solo le decía... el silencio lograba que me doliera algo, aunque no de forma física.

Repentinamente noté como el panorama había ido cambiando, habíamos dejado la vista de los techados de hileras de casas para reemplazarla por una más agreste. La suerte estaba echada, habíamos llegado y frente a nosotros se extendía el campamento romaní. Podíamos escuchar los instrumentos que barrían con el silencio nocturno llenándolo de animación.

La música parecía hecha para animarnos a seguir, pero fue entonces cuando un terror frío se desplazó por mi espina dorsal, helándome por completo. Los árboles… cuatro castaños, dos a cada lado del camino… Sus ramas inclinándose sobre este como si quisieran tocarse entre ellas, doblándose para formar un arco hacia arriba… Era imposible no reconocerlos, eran parte de mi visión.  -¡Hicimos mal en venir! ¡Tenemos que irnos de inmediato!- 




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Jue 25 Ene 2018, 10:56

Freya me miraba como si supiera que esa noche iba a ser caótica, no sabia bien hasta que punto lo que acontecería cambiaría para siempre mi vida.
-¿Algo que decir? No, nada -dije sin mas bajo su mirada inquisitiva.
El galope de los caballos retumbaba sobre el adoquinado, íbamos abandonando la zona centro de París, todo lleno de lujo y elegante decoración dio paso a la zona mas pobre, poco iluminada y con un nauseabundo olor a orín y enfermedad.

Pasados esos barrios nos adentramos en un territorio boscoso, tras un sendero marcado ocn arboles a sendos lados alcanzamos una explanada de tierra donde los gitanos habían montado su asentamiento.
El olor a fuego, a brasas, a carne recién hecha y como no a cerveza negra inundaba mis sentidos.
Parte de mi era como la de esos hombres y mujeres de piel oliva que danzaban frente a la lumbre haciendo palmas acompañados por unas guitarras.
No tenían nada y aun así eran felices, me sorprendía la belleza de algo tan simple.

Freya tiró de mi diciendo que teníamos que irnos, pero ni Hakon ni yo parecíamos muy dispuesto a hacerle caso, ambos mirábamos entre el gentío como si buscáramos algo, posiblemente el la reliquia, yo por contra a mi madre, mi padre y hermano.
No tardé en verla bailando de la mano de un niño pequeño de unos 4 años, ojos grandes, piel canela y esa risa feliz y ajena al futuro que le espera.
Padre los mira sentado jarra en mano, las miradas entre ambos son cómplices y por un momento me doy cuenta de que he perdido demasiado.
Quiero ir, avisarles de lo que sucederá, pero algo me mantiene anclado al suelo admirando el panorama.
Se que no debería actuar, se que eso podría llevar al futuro a un caos y que podría tener irremediables consecuencias, pero era mi hermano, mis padres...

Aun estaba dándole vueltas cuando los cascos de lso caballos retumbó por el lateral, la polvareda se lazaba acompasada de los gritos de guerra.
El infierno se desató sobre aquel campamento, buscaban algo, la reliquia.
Madre con su hijo entre los brazos corría, padre espada en mano protegía su retirada con valentía.
Rugí airado, no iba a consentir que lo mataran ante mis ojos, ya lidiaría después con las consecuencias, no pensé, me levanté, pero fue Hakon el que volvió a agacharme tirándome contra el suelo.
-¡Suéltame! -rugí -¡Son mis padres, es mi hermano!
Pude ver su desconcierto, como si tras mis palabras hubiera algo que le encajaba o quizás que no lo hacia -¡Suéltame o te mataré! -gruñí.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Lun 12 Feb 2018, 08:28

La actitud de Hakon había logrado desconcertarme, se manejaba de forma tranquila al hablar acerca de emprender el recorrido hacia el campamento gitano. Lo miré de reojo antes de acercarme a Freya, que se apresuró a asegurarme que seguía estando de nuestra parte. Ni siquiera se lo había preguntado, tan solo me había mirado cuando la detuve del brazo. Conocía a Freya desde que éramos unas niñas, si me ocultaba algo podría verlo en su actitud.

Aprovechando que no estábamos cerca de los otros dos le pregunté si tenía algún interés por el recién capturado. Su respuesta fue un sonrojo en las mejillas y un balbuceo con el que se apresuró a indicarme que lo conocía muy poco. Iba a preguntarle también sobre Hakon, pero esos dos ya se habían vuelto a acercar, lo cual no me dio la oportunidad de hacerlo antes de que nos separáramos para subir en los caballos.

Marchamos a buen trote, había aceptado ir al campamento por las razones que me había expuesto mi hermano. Esta vez guardé silencio, tan solo interrumpido por el golpeteo de los cascos del caballo contra el adoquinado. A medida que fuimos dejando la ciudad atrás comencé a inquietarme. Él daba la impresión de calma, pero ¿cómo se podía estar tranquilo cuando estábamos a punto de presenciar precisamente lo acontecido esta noche?

-¿Estás seguro de esto?-
Entrábamos ahora en un terreno distinto, enverdeciéndose por la presencia de árboles de todo tipo. Miré hacia mi diestra, había recorrido este camino tantas veces, era el mismo y a la vez lucía completamente distinto. Estábamos apenas a unos kilómetros de las antiguas ruinas de padre. Detuve la montura un momento cuando me percaté de ello, seguramente madre recorrería el mismo algo más tarde.

Me mordí el labio y todo mi cuerpo se tensó, dirigirnos al campamento me enfrentaba a la realidad de que él había tenido otra familia.

Fueron sus manos las que se encargaron de mover las riendas para que continuásemos avanzando, de todas maneras era demasiado tarde para hacer la pregunta. Ya nos encontrábamos demasiado cerca, pude ver el campamento gitano extendiéndose frente a nosotros.

Bajamos de las monturas para comenzar a adentrarnos en el lugar, la música alegre llegaba a mis oídos en medio del jolgorio y del movimiento de las panderetas. El campamento estaba tan animado que de haber sido otras las circunstancias, me habría detenido a admirar lo que veía. Sin embargo, ahora me preocupaba más desplazarme con los otros con sigilo, no solo porque los gitanos podían sorprenderse con nuestra repentina aparición, si no porque según nuestros cálculos estábamos a punto de presenciar lo sucedido esta noche.

-Hakon…-
Mi mano le tomó del brazo en cuanto escuché el sonido de caballos acercándose. Freya acababa de advertirnos que era una mala idea, que debíamos retroceder y de repente sus palabras no me parecieron nada descabelladas.  

Todo se desarrolló en cámara lenta, gritos de guerra y muerte que anunciaban la desolación. Jinetes con espadas en mano y antorchas encendidas que se abrieron paso violentamente comenzando el derramamiento de sangre. Y en medio de todo eso mi mundo se detuvo. Acababa de vislumbrar a una hermosa mujer de piel oscura que llevaba de la mano a un niño de cuatro años. En cuanto mis ojos se posaron en ellos fui incapaz de apartar la mirada.

En ese momento Hakon se separó de mi, el joven que acompañaba a Freya había perdido la razón, intentaba lanzarse hacia la escena. Mi corazón latió desbocado en mi pecho al percatarme, nada debía de alterar los hechos de esta noche, debíamos permanecer al margen, nada ni nadie debía alterar el futuro.

Comencé a correr hacia ellos, el hechizo lanzado por nuestra amiga persistía por lo que nadie más que nosotros podía escuchar los gritos de Wesh, pero su alboroto fue tal que logró llamar la atención de un par de jinetes que desviaron sus monturas para dirigirse hacia ellos. Ambos estaban embebidos en forcejear el uno con el otro y no se habían percatado aún del peligro que se acercaba a toda velocidad.

Apreté los dientes, no tuve tiempo de pensar nada. Saqué mi espada y corrí para interceptar a los jinetes antes de alcanzar las patas de uno de los caballos y cortarlas de un tajo. Me deslicé sobre el suelo, eludiendo la caída del caballo sobre mi cuerpo y clavé mi acero en el pecho del caído que no tardó en salpicarme con su sangre. Con el rabillo del ojo vi un nuevo movimiento dirigido hacia mi y realicé una pirueta para desviar el golpe de la espada del segundo jinete.

Ladeé la sonrisa al mirarlo desde el suelo, este maniobraba para regresar hacia mi, por lo que le esperé antes de flexionar las rodillas y saltar para que nuestros aceros se encontraran entre ambos. Estos chocaron repetidas veces antes de que la punta del mío le atravesara desde la garganta hacia la cabeza. Le vi caer y me detuve sobre mis pies para buscar frenéticamente a Hakon con la mirada.



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Hakon Cannif el Lun 12 Feb 2018, 12:08

Synnove estaba nerviosa, intentaba adivinar algún gesto que delatara  en mi ahora hermético gesto algún tipo de dolor. En mi cabeza la idea de lo que me iba a encontrar no dejaba de dar vueltas, era muy obvio que las imágenes arrancaría parte de mi, iba a ver a mi madre morir y aunque estaba claro que me sentía un Cannif, no podía evitar tener dudas, curiosidad sobre como hubiera sido mi vida si esa trágica noche nunca se hubiera sucedido.
Adaline salvó mi vida, me crió como un hijo y yo la amaba como a una madre, pero no podía olvidar que otra me trajo a este mundo y que hoy ante mis ojos moriría.

Wesh iba con el gesto tan sombrío como el mio y en cuanto llegamos ambos clavamos la mirada en las personas de tez oliva que danzaban frente a las llamas. Synnové acariciaba mi mano mientras yo sonreía viendo a ese niño de ojos grandes que reía en brazos de una mujer preciosa de cabello azabache e interminables bucles. Un hombre de tez clara  miraba como mi madre y yo ante él bailábamos, todo parecía ser idílico, hasta que el ruido de los cascos de  caballos y los gritos de guerra, lo estropeó todo.

Una noche de placer, una en la que los gitanos bailaban y bebían felices se trasformó en muerte y destrucción, ríos carmesí y mi madre corriendo conmigo entre sus brazos mientras padre buscaba el modo de proteger su legado.
Apreté los dientes, era consciente de que no podía intervenir, pero ganas no me faltaban y mis ojos se humedecieron fruto de la rabia, de la impotencia, mas cuando Synnové acarició mi rostro para templar mi alma escuché como el prisionero saltaba como un loco para enfrentar al enemigo.

Me abalancé sobre él pues Freya no podía mantenerlo quieto y ambos nos enredamos de nuevo en una pelea a melé. No podíamos cambiar el pasado, no sin que el futuro se viera maltrecho y resentido, mas eso no parecía entenderlo el muchacho enajenado que me gritaba que era su madre, su hermano. Entonces lo entendí todo. Me quedé un instante inmóvil mirando los ojos pardos del muchacho que aprovechó mi desconcierto para hacerme a un lado y salir hacia allí corriendo.
-¡Wesh, no! -rugí tratando de darle caza mientras Synnove luchaba contra un par de los asesinos que habían escuchado los gritos de mi hermano.
-¡Freya detenlo ! -rugí.
En vez de ella, fue un hombre con los ojos ámbar el que salió al paso atrapando a Wesh y lanzandolo contra el suelo tomándolo de la pechera pidiéndole calma
-No podemos hacer nada -le decía -el pasado no debe ser cambiado.
El otro le gritaba que era su hermano, su sobrino que era un cobarde, mas el licantropo no aflojaba su agarre aunque en su rostro el dolor quedaba mas que reflejado.

Me detuve inmóvil frente a ellos, era..mi tío, mi hermano..cerré los ojos como si toda esa información empezara a marearme.  De esa enajenacion me saco el ruido del guerrero que acero en mano descargó sobre mi una estocada, esquivé con el rostro desencajado, saqué el hacha de mano y con rabia la incrusté en su cráneo, como un salvaje que es lo que era la desincruste y empecé a desfigurarle la cara con el acero ,estaba muerto, mas no me importaba, yo estaba furioso, escuchaba los gritos, sabia cual sería el final de todo aquello y no podía soportar la idea de lo que a mis espaldas se producía.
Grité de dolor, de frustración, sintiendo la sangre salpicándome


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Eileen el Lun 19 Feb 2018, 17:45

Sabía que no era una noche fácil para el lobo, allí había perdido a su hermano y a uno de sus sobrinos en aquella fatídica noche... así que no quería ni imaginarme cómo debería de sentirse en esos momentos siendo tan solo un espectador sin poder hacer nada para cambiar lo que había sucedido esa noche. Si yo pudiera revivir la noche en la que murió mi padre en aquel ataque.... ¿qué no habría hecho por salvarlo? Cualquiera en su sano juicio querría cambiar lo ocurrido pero si hacíamos eso alteraríamos el presente y otras consecuencias, incluso peores, podrían darse tras cambiarlo todo. Al final sabía que Wesh intentaría cambiar las cosas y por esa razón estábamos agazapados tras unos arbustos, mis ojos subieron para contemplar los ámbar del hombre que tenía a mi lado y hacerle ver que, al menos, estaba allí con él para superar esa noche tan nefasta que había cambiado la vida de todos en realidad. Aunque me dijera que estaba bien yo lo conocía y sabía que no lo era pero ¿podía culparlo? En absoluto, no quería que me preocupara pero es que era imposible no hacerlo cuando rememorar algo como aquello le hacía daño, estábamos allí para evitar más males pero era duro saber que tu hermano y tu sobrino iban a morir esa noche y no podías hacer nada por cambiarlo. Tomé su mano para que centrara su vista en mis orbes azules y le sonreí para darle ánimos apoyándolo en ese momento, su boca buscó la mía y su mano se afianzó en mi nuca pegándome más a él hasta que apoyé mi mano en su pecho. Su corazón latía con fuerza bajo mi palma y supe que aunque intentaba mostrar una tranquilidad que seguramente por dentro no sintiera, quería hacerme ver para no preocuparme demasiado. Mi nariz acarició la suya sin dejar de tomar su mano entre la mía apretándola con fuerza antes de centrarnos en lo que ocurría frente a nosotros. El campamento se había llenado de música y de las risas de los gitanos que habían en el lugar lo que me llevó a preguntarme qué hacía su hermano en aquel lugar, porque hasta donde yo sabía, Caleb no era de esa etnia... quizás su mujer sí aunque poco sabía de ella y tampoco quería preguntar en esos momentos. Nos centramos en observar el terreno para familiarizarnos con este mientras ellos, ajenos a lo que les deparaba, bebían, cantaban, bailaban y reían entorno a una enorme hoguera que iluminaba el cielo nocturno de París.

Pasado un rato en el que estuvimos observando todo le pregunté a Caleb si había rastro de la presencia de Wesh en el lugar, él era un lobo y podía rastrearlo con mayor facilidad por sus sentidos aumentados así que podría localizarlo antes de que lo viéramos, si sabíamos dónde estaba podríamos evitar que acabara cometiendo la locura que terminaría por hacer, no lo culpaba en absoluto, pero eso podría cambiar el sino de todos aquellos cuanto él conocía. Al final pareció que sí pudo encontrar dónde se encontraba Wesh y, por lo que decía, no estaba solo pues notaba el latir de más corazones y un aroma familiar que decía no podía distinguir bien pero que había notado en otra ocasión. ¿No estaba solo? ¿Con quién estaría entonces? Él fue mandado solo a la misión para averiguar sobre los vikingos, y aunque habíamos llegado a un acuerdo con ellos no sabíamos qué pudo haber hecho él en esos días que no lo encontramos por ningún lugar. Perdida en mis propios pensamientos todo comenzó a tomar forma aquella noche, todo pasó demasiado rápido y los gritos de Wesh fue lo que me alertaron en esos momentos, todo pasaba frente a nosotros y la masacre de esa noche se daba lugar mientras nosotros no podíamos hacer nada. Los soldados montados en los caballos mataban a los que estaban allí cambiando drásticamente el momento de la noche, donde antes se escuchaban cánticos y risas ahora se escuchaban los gritos mientras eran asesinados. Seguimos la pista hacia los gritos que lo delataron acercándonos justo cuando echó a correr en dirección al campamento para salvar a su padre y a su hermano, le gritaban que no lo hicieran pero no lograron pararlo hasta que Caleb se abalanzó sobre él quedando sobre su cuerpo para que no se acercara, intentando que entrara en razón haciéndole ver que él también tenía a su hermano y a su sobrino allí en ese campamento y que no era el único que iba a perder a alguien. Los gritos habían alertado a los soldados que comenzaron a aproximarse en nuestra dirección, fue entonces cuando sacando la espada que llevaba guardada me fijé en quiénes lo acompañaban, extrañada al ver a esos dos vikingos que habíamos seguido un día... ¿qué hacía con ellos?


-¡Caleb! –Llamé al lobo que retenía bajo su enorme fuerza a su sobrino quien intentaba zafarse de su agarre e ir hacia el campamento, acercándome justo cuando uno de los soldados se acercaba en su dirección espada en mano. Interpuse la mía para que no le diera a ninguno de los dos y sin pensarlo demasiado le di una patada en su vientre para alejarlo un poco de ellos y que no pudiera rozarlo, pronto nos enzarzamos en una pelea en la que él atacó con todas sus fuerzas y yo soportaba y paraba sus golpes, hasta que en uno de ellos lo esquivé rodando por el suelo situándome a su costado y con un giro le rebané la cabeza manchándome con la sangre que había salpicado, me giré para mirarlos y me acerqué hacia ellos porque Wesh parecía que no entraba en razón.




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Caleb Montoya el Lun 19 Feb 2018, 20:04

Mis ojos fijos en mi hermano, en la felicidad que le embargaba al ver a su preciosa esposa bailar con mi sobrino mayor de piel oliva entre sus brazos.
No podía apartar la mirada, aun sabiendo que pronto los ríos de sangre bañarían la tierra y lo perdería todo.
La voz de Eilen me saco de mi ensoñación, el dolor era patente en mi cara y sus caricias se deslizaron tibias por mi barba, por mis pómulos mientras trataba de mantenerme cuerdo.
Eileen me amaba y yo a ella, no podía imaginar el dolor de mi hermano al ver como atacaban y mataban a su esposa ante sus ojos.
-No lo he percibido -dije sin despegar mis ojos de las llamas anaranjadas del campamento.
Quizás porque tampoco había hecho ademan ninguno por encontrarlo, solo podía pensar en que esta seria la ultima maldita vez que podría ver a mi hermano, porque tenia que dejarlo morir ante mis ojos y eso me llevó a tensar el gesto, la decisión era correcta, mas no por eso menos dolorosa de lo que parecía.

Fue entonces cuando llegaron los caballeros sobre sus monturas. El caos, la destrucción y la muerte se extendió por el poblado. Pronto los cuerpos de los gitanos quedaron bañando el suelo, miembros cercenados y la esposa de mi hermano con la criatura entre sus brazos salió corriendo hacia una de las caravanas.
No pude ver mas pues los gritos de mi sobrino cortaron el viento, intentaba impedir la muerte de sus padres ¿acaso podía culparlo?

La dama de fuego y yo salimos corriendo a su encuentro, mas nada era capaz de detenerlo, ni siquiera los vikingos que lo acompañaban y a los que había ganado la partida saliendo corriendo.
Lo intercepte a medio camino, abalanzándome sobre este en un placaje tras el cual dimos ambos de bruces contra el suelo.
Sus gritos habían alertado a varios de lso enemigos, que ahora descargaban su ira contra la vikinga y contra el rabioso vikingo de tez oscura que golpeaba el cráneo de uno como si le fuera la vida en ello.

Eileen nos cubrió a ambos mientras como titanes buscábamos el modo uno de calmar al otro, el trató de encararme para poder lanzarse al rescate de su familia echándome en cara que no los quería.
-Vamos Wesh, has de tranquilizarte el pasado es pasado, no debemos tocarlo o el cambio de los acontecimientos podria llevarnos a n desenlace peor.
-o quizás a otro mejor -rugió mi sobrino revolviéndose.
-No lo se Wesh, peor sea cual fuere ese resultado no nos pertenece, nosotros no deberíamos estar aquí, vamos, cálmate hijo.

Era imposible razonar con él, solo mi bestia interior, con mis ojos ambar en un amarillo radioactivo lo mantenían anclado al suelo.
Fue el moreno el que con el mango de su espada lo noqueó de un golpe seco, podía ver que algo perturbaba su mirada.
-Cogelo y sacalo de aquí -rugió antes de parar la segunda horda de guerreros que ante nosotros llegaban.




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Vie 23 Feb 2018, 04:33

Era difícil describir la escena, pocas veces vi a una raza que me resultara de inmediato tan fascinante. La música estaba llena de vida y de energía, y los bailes retrataban muy bien el espíritu errante de los gitanos. Wesh había desoído mi advertencia por lo que nos adentramos en el campamento. Mi mirada lo observaba todo… y tan solo unos minutos fueros más que suficientes para que les admirase. De cierta forma tenían similitudes con los norteños, pero en otras eran muy distintos.

Por un momento me olvidé de lo que estaba a punto de suceder, contemplando… convirtiéndome en testigo de las sonrisas en los rostros de piel oscura. Veía incluso a los muy mayores seguir el ritmo de las panderetas con los talones en el suelo, y a los niños correr alegremente de un lado a otro. La visión me hizo sonreir antes de que sintiera un escalofrío reptando por detrás de mi cuello, aquella alarma regresó incluso antes que los caballos golpeasen la tierra anunciando a los intrusos que con sus armas comenzaron la matanza.

Los retazos de mi visión volvieron a mi mente causándome un dolor insoportable, como si mi cabeza no pudiera soportar tanta información y de un momento a otro fuera a partirse en dos. Los ríos de sangre que corrían sobre la tierra se mezclaban con las imágenes que había visto días atrás. Una palidez mortal se reflejó en mi rostro, el dolor de todas esas almas que gritaban antes de encontrar su fin… La diosa me permitía sentirlo en carne propia, logrando humedecer mi mirada.

Llevé mis manos sobre mi pecho, consciente de que a pesar de lo que sucedía no debía intervenir, me estaba prohibido y mi castigo era no solo presenciar lo que sucedía si no sentir el mismo dolor de los que caían.

Mi mirada reparó en una pareja específica apenas unos segundos antes de percatarme de que el pequeño niño en los brazos de la mujer de exóticos rasgos tenía que ser Hakon.

De inmediato temí que él quisiese intervenir en lo que estaba por suceder. ¿Qué habría hecho yo de haber podido impedir que mi madre muriese?

El caos se abrió paso con cruel fuerza. Los asesinos continuaban su invasión mortal frente a mis ojos, por un momento impidiéndome ver adonde se encontraban mis amigos. Nos habíamos separado pero los gritos de Wesh llegaron a mis oídos con claridad.

Se precipitó en dirección a la pareja en un acto incomprensible, antes de que fuese Hakon quien se lo impidiese lanzándose sobre él. Los observé forcejear sobre el suelo y al mirarlos finalmente el entendimiento que me había sido negado se esfumó, permitiendo que la venda cayera de mis ojos.

Los pardos ojos de Wesh… la mirada de Hakon… el creer que ya había visto esos pardos antes... que me recordaba a alguien. ¿Cómo no me percaté con anterioridad?

Frente a mis ojos los vi rodar por el suelo, la sangre de Hakon… aquella visión que tuve se vio interrumpida por la espada de Synnove que impidió que dos jinetes se acercaran a ellos.

Otro atacante se lanzó sobre mi, el filo de su espada amenazando con rebanarme. De mis dedos emergió una corriente eléctrica que canalizó mi dolor disparando su carga sobre él. No me detuve a ver como caía del caballo, Hakon me gritaba que detuviera a Wesh.

Un hombre salió de la nada y se me adelantó. Mi hechizo ya se había desvanecido y ahora sus gritos podían ser escuchados por todos. No necesité de la intervención divina para sentir profundamente su dolor, se hacía latente en mis oídos con cada paso que daba. 

Volví a extender mi mano y con una nueva descarga saqué de mi camino a otro jinete, lanzándolo por el aire antes de que cayera abruptamente a varios metros de distancia. Mis amigos repelían a una horda de múltiples enemigos y para cuando llegué junto a Wesh su cuerpo había caído inconsciente sobre el suelo.

Me dejé caer de rodillas a un lado suyo. -Podrías habérmelo dicho…- Limpié con el dorso de mi mano las lágrimas que humedecían mis mejillas y sin pensarlo dos veces lo tomé de debajo de su hombro para de un impulso colocarlo sobre mi espalda, antes de ponerme de pie y buscar a los demás. 

En medio de la devastación, el fuego y el humo se habían expandido a mi alrededor cubriendo buena parte del campamento y tornando el ambiente en algo casi imposible de respirar.




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Vie 23 Feb 2018, 12:33

No pude contener la ira, esos a los que estaban masacrando era mi maldita familia. el bebe no merecía la muerte, era mi hermano, reía en brazos de mi madre bailando y de golpe se sumergió en un triste llanto desgarrado mientras madre contra su pecho lo protegía de los aceros.
El bello rostro de mi madre se ensombreció, corría descalza hacia la caravana mientras padre buscaba el modo espada en mano de protegerlos a todos, llamas, sangre, cuerpos cercenados ¿Como pedirme que siguiera mirando?
Podía intervenir, era un guerrero, mi hermano, mi padre, mi madre...no podía mirar como los mataban ante mis ojos.

Salté con un grito desgarrador, ayudaría o moriría, pues quizás ese día mi sino hubiera sido hallar la muerte al lado de mi familia, una enfermedad es lo que me alejo de esa masacre.
Fue el maldito vikingo de tez oscura quien placó mi carrera, los dos nos enzarzamos en una pelea, no entendía que esa era mi familia y se lo grité porque lo mataría si se empeñaba en interceder.
El vikingo parecía desencajado, como si mis palabras le hubieran hecho temblar su mundo entero, y aprovechando su desconcierto, esquivé su cuerpo emprendiendo carrera de nuevo hacia la batalla que se desarrollaba ante mis ojos.

Todo pasaba a cámara lenta, los enemigos alertados por mis berridos se lanzaron al ataque de aquellos que me acompañaban. A melé, frente a mi y a mis espaldas, una agónica pelea hacia que los aceros chirriaran.
Casi llegando al campamento, cegado por la ira y la sed de venganza, otro cuerpo me placó, esta vez el de mi tío, que inamovible en su decisión de interferir pese a que era su hermano y sobrino los que iban a morir buscaba hacerme entrar en razón.

De nada servían sus palabras, era su fuerza bruta, la de la bestia que en él anidaba, la que contra el suelo me mantenía, mas yo buscaba el modo de zafarme entre gruñidos.
Un golpe seco en mi nuca me hizo nublar la vista, tonos marrones ante mis oso y la oscuridad mas absoluta, los gritos cesaron y con ellos mi cuerpo cayó laxo.


Al abrir los ojos mi cuerpo adormilado sentía la carrera del caballo, entreabrí los labios tratando de tomar aire, pestañeé varias veces incapaz de enfocar las rápidas ramas que pasaban voraces ante mis ojos. Tierra húmeda en el suelo, la hojarasca se alzaba y los cascos del caballo se hundían en la húmeda tierra del bosque que abandonábamos.

Hice ademan de incorporarme, la mano de Freya se posó en mi espalda, no se que decía, estaba aturdido aun por el golpe.
-Freya -la llamé -mi familia...






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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Sáb 10 Mar 2018, 06:15

Los asesinos continuaban mostrándose implacables, el campamento pronto se había convertido en una pesadilla en la cual el fuego y la sangre se adueñaban sombríamente del protagonismo. Los gritos de los que caían golpeaban incesantemente mis oídos mientras mi espada seguía haciéndose cargo de nuevos jinetes que parecían salir de la boca del infierno al desplazarse en medio de círculos de fuego que con rapidez se iban extendiendo por el campamento.

Mi único objetivo era eliminar la barrera humana que en forma de letales guerreros se presentaba frente a mi para momentáneamente interponerse entre mi persona y los demás, mi mirada buscando persistentemente a Hakon. Mis esmeraldas se desplazaron a mi alrededor y la imagen de sus padres volvió a presentarse frente a mi.

A no demasiada distancia de donde me encontraba el padre les protegía, moviendo a diestra y siniestra su espada para permitir que su mujer comenzaba una carrera con un pequeño Hakon que lloraba desconsolado en sus brazos. De repente me veía enfrentada de golpe a la cruel realidad de lo que había sucedido esa noche, a esa familia en la cual durante años no quise pensar, la verdadera familia de Hakon… y por unos segundos mis ojos no pudieron dejar de mirarles.

Apreté los dientes, estremeciédome por dentro y contra todo lo que había determinado apenas un momento antes, di un paso adelante, dispuesta a llegar a ellos, pero la noche seguía marcada por su sello y el silbido de una espada atravesó el espacio bloquéandome el paso y provocándome una cortada en un costado.

Mi distracción apenas me permitió lograr esquivarle a tiempo. Mi acero atravesó al asesino, reventándole los intestinos al sajar su estómago para provocar que en una explosión de carne estos cayesen sobre el suelo antes de que lo hiciera el resto del cuerpo. Con rapidez perdió la vida retorciéndose en su propia sangre.

A mis oídos llegaron entonces unos gritos de rabia y de dolor, el sonido me guió hacia la presencia de Hakon que descargaba su impotencia sobre un jinete. Su espada no paraba de destrozarle la cara a pesar de encontrarse este ya completamente inerte.

Corrí hacia él para abrazarlo, y hacer que se detuviera. Lo sentía estremecerse de la rabia y del dolor mientras mis manos volaban a su rostro. -Hakon, Hakon, detente.- Verle en ese estado hizo añicos mi determinación de mantenerlo conmigo.

Sentí una presión en mi pecho que creció con la fuerza de un implacable mazo y que me golpeó todo por dentro, robándome el aire, estando a punto de ahogarme. Quería a Hakon más que a nadie en el mundo y me partía en dos verlo así, comprender lo que ver morir a sus padres significaba para él, el desgarre que le provocaba. Aún debatiéndome conmigo misma, aún deseando que nada afectara nuestro presente, no podía dejar de percibir lo que significaba para él no intervenir.

-Aún estamos a tiempo…- La frase escapó de mi boca mientras lo miraba con la respiración agitada, sabía perfectamente lo que significaba lo que le estaba diciendo. El mundo terminaría si él no se encontraba presente, si cambiando los hechos, en otra realidad jamás nos hubiéramos conocido. Sin él yo ya no sería Synnove, sería solo una sombra de lo que pude ser, habría perdido mi mitad sin haber llegado a conocerla. Mi amor por él me envolvía, me impulsaba, era lo más real que tenía, y a pesar de ello, a pesar de todo, en ese instante solo veía su dolor y eso es lo que impulsaba mis palabras. -Yo comprenderé lo que decidas.- 



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Hakon Cannif el Dom 11 Mar 2018, 15:17

Seguí hundiendo mi hacha una y otra vez en el rostro desfigurado y hecho pedazos de aquel muerto que sirvió para pagar la frustración de la mismísima ira. Rugía alzando el brazo y dejandolo caer con fuerza una y otra vez mientras los jirones de carne y la sangre golpeaba mi rostro.
Fue Synnobe la que me alcanzó, sus manos acunaron mi cara, el dolor era una mueca clara en mi expresión y mi cuerpo, tan tenso como las cuerdas de un arpa evidenciaron la frustración que sentía al ver como mi familia era ante mis ojos descuartizada.

Sus palabras contra mis labios, grité, aullé rabie y finalmente, como nunca había hecho, me desmoroné contra su cuerpo, agarrando con mis dedos su pechera, arrugando la prenda con ellos, dejando escapar las lagrimas que hasta ahora se habían mantenido presas por la rabia. Sus dedos se hundieron en mi pelo, acariciando despacio cada mechón, su voz sonaba quebrada como lo estaba yo, decía que era mi decisión intervenir o no y que me apoyaría en la decisión que tomara aunque eso destrozara lo nuestro pues cambiar el presente cambiaría de seguro nuestro sino. Jamas la hubiera conocido, yo hubiera crecido como hijo del lobo de la orden de la sierpe dorada, con un hermano y con una madre gitana.

Gruñí de nuevo, plagado de rabia y alcé la mirada manchada de agua salada para enfrentarla.
-¿Tan poco te importo que pones en mis manos la decisión de no ser nada? -pregunté pagando con ella lo que sucedía a mis espaldas.
Tenía difícil salida la vikinga, pues de no apoyarme mi recriminación hubiera sido que era una egoísta, solo estaba dolido y no se me daba bien demostrar debilidad ante nada ni ante nadie, así que simplemente estaba pagando con ella mi propio dolor.
Me sentí tentado de sacar la espada, morir si ese era mi sino junto al padre que no había conocido, pero los verdes de Synnobe me mantuvieron anclado al sitio.

Apreté los dientes antes de ponerme en pie, no sin antes arrancar de los ropajes del desgraciado muerto en combate el emblema de su casta y sin mas tiré de ella para ir hacía los caballos, ella siempre sería mi elección, ella era lo que yo mas amaba en esta vida y en las venideras. No podía vivir sin ella, sin su cuerpo rozando el mio, sin su risa cuando abría los ojos y me la encontraba tumbada a mi lado repasando con la yema de sus dedos mis labios.
Conocía cada lunar de su piel, las distintas miradas que se gastaba, entre ellas la que usaba cuando se enfadaba enarcando ligeramente la ceja y también el dolor que ahora teñía sus dos esmeraldas.
-Lo siento -susurré al viento. Estaba tan cabreado pro lo que estaba pasando por el debate interior que me carcomía las entrañas que no podía mas que desquitarme con la mujer que amaba.

Montamos sobre los caballos y como llegamos salimos de allí a toda velocidad, dejando atrás el infierno desatado y en parte un trozo de mi alma perdido en cada zancada del caballo.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Eileen el Lun 12 Mar 2018, 18:03

Ninguno podíamos comprender el motivo por el que el campamento gitano iba a ser atacado, solamente podíamos presenciar impotentes sin hacer nada cómo atacaban a aquella gente y la tragedia sucedía frente a nuestros ojos. Comprendía el motivo por el que Wesh quería ir a ayudar a su familia, evitar la muerte de su hermano y de sus padres porque si lo pensaba hasta yo querría cambiarla, pero eso podría desencadenar en consecuencias insospechadas cambiando así el curso de la historia de todos, no debíamos de tocar el pasado porque eso conllevaba a graves consecuencias en nuestro presente, el más mínimo cambio alteraría todo el hilo de la vida de una persona cambiando también así sus condiciones, quizás si salvábamos a su familia yo no habría nacido y Caleb estuviera con mi madre, podría ser incluso hasta mi padre y su hermano seguir como el líder de la Orden como en teoría debía de haber pasado. También veía dolor en los ojos del lobo por no poder hacer nada, sabía que le carcomía por dentro ver a su hermano feliz con su mujer, a su sobrino mayor junto a ellos... sabía que él también quería cambiar lo ocurrido pero él sabía mejor que nadie que no podíamos hacerlo. Fue él quien pudo parar a Wesh para que no hiciera nada, su fuerza de licántropo logró aplacarlo y retenerlo en el suelo mientras él solo quería ayudar a su familia, los soldados alertados por los gritos de la pelea que mantenían los dos aunque el lobo le ganaba en fuerza se acercaron con la intención también de atacarnos, fue entonces que el resto tuvimos que luchar para contener a los soldados que se acercaban a nosotros, defendí interponiéndome entre Caleb y Wesh luchando contra los que se acercaban en nuestra dirección, en el otro lado los otros dos vikingos que habíamos seguido la otra vez luchaban también a melé con estos, la joven que también permanecía cerca utilizaba su magia para contener a los soldados mientras el lobo intentaba entrar en razón a su sobrino, algo que parecía una misión un poco imposible porque no cedía cegado por sus ganas de salvar a su familia. Debíamos de ponernos en marcha y salir de allí antes de que la cosa se complicara, el vikingo que no sabía por qué se comportaba así descargaba su ira con uno de los soldados y me pregunté qué le pasaba para que estuviera así.

Una vez repelido el ataque, en parte, era hora de ponernos en marcha y salir antes de que la situación se complicara por completo. Wesh quería ir hacia su familia y cuando se levantó fue el vikingo quien dándole un golpe con la empuñadura de su espada lo dejó inconsciente pidiendo que nos lo lleváramos, no lo tuvo que decir dos veces para coger los caballos y montarnos en ellos alejándonos de allí. Habíamos cumplido con nuestro objetivo y habíamos evitado que hiciera aquella locura, parecía que estaba medio aturdido montado en el caballo junto a la joven y nos alejamos de allí rumbo al hostal donde se alojaban para seguramente aclarar las cosas y hablar sobre la misión que nos había llevado hasta allí, por suerte Caleb y yo habíamos podido hacer un trato con el vikingo y pronto iríamos a por la reliquia, además que teníamos que informar a Wesh y algo me decía que tendrían que tener una conversación él y Caleb. Aparte estaba el otro vikingo, el de piel morena, que seguramente también fuera a la misión ya que ellos nos habían dado las pistas y me preguntaba qué tendría que ver en todo aquello y porqué su reacción. Cuando llegamos Wesh parecía estar algo más despierto tras la trayectoria y tenía ganas de saber qué había pasado en el tiempo que no lo habíamos visto, teníamos que contarle muchas cosas pero primero estaba la charla que tenían que mantener ellos. Cuando llegamos a la habitación donde se alojaban mientras él se sentaba en la cama yo me fui hacia el baño para mojar mi rostro y mi nuca con agua que había en la palangana, me sentía sofocada y algo cansada pero no quería preocupar al lobo así que cuando salí me acerqué a este para ver cómo se encontraba, ver la muerte de su hermano y de su cuñada, más la de su sobrino, debía de ser un palo muy duro sobre todo tener que revivirlo de nuevo y reabrir viejas heridas. Mi mano tomó la suya con delicadeza sin importarme que su sobrino nos vieran, al fin y al cabo pronto todos sabrían lo que pasaba entre ambos y ya había decidido dejar la orden tras el embarazo, el consejo no aprobaría que yo fuera parte de ellos y mucho menos de saber que el hijo que esperaba era de Caleb.


-¿Estás bien? –Pregunté aunque ya sabía que en un principio no lo estaba, pero que se mantenía fuerte porque era su carácter y seguramente tampoco querría preocuparme, mis ojos fueron a Wesh y luego los subí a los del lobo que tenía ese ámbar brillando en sus iris con la respiración algo agitada por lo que habíamos presenciado- estoy segura de que ahora con más calma lo comprenderá, para ti también ha sido duro pero sabes que lo mejor era no intervenir. Deberías de hablar con él –mis dedos acariciaron la palma de su mano despacio, sintiendo el calor que desprendía el lobo- sabes que lo mejor fue detenerlo pero quizás no debería de haber venido para presenciar todo esto, fue algo que le marcó mucho –me mordí el labio, si yo pudiera regresar a la noche en que mataron a mi padre ¿qué no haría por salvarlo y tenerlo de nuevo junto a nosotros?- Ve con él, seguro que te necesita y yo estoy bien.




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