Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

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La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Dom Jun 04, 2017 2:13 am

Recuerdo del primer mensaje :

Sentado en aquel trono mirando hacia la mesa de piedra con las ranuras en las que a la perfección encaban las espadas legendarias de los siete caballeros que representaban a la orden de la sierpe dorada pensaba en como le iría a mi sobrino en la misión encomendada.
Apenas hacia siete lunas que fue enviado a través del portal al París de 1800, allí pronto se desataría una guerra para la que no estábamos preparados.

No eramos los únicos viajeros en el tiempo, otros iban a por ese orbe que nunca corrió mayor peligro que en ese momento.
La reliquia de Egipto había sido hallada, ahora solo la esfera de su interior le faltaba y cuando el engranaje cerrara, mas valía que Dios se apiadara de todos nosotros pues el Apocalipsis se desataría sobre una tierra de la que no quedaría ni las raíces.

Esos ineptos pensaban que para justificar la victoria a una guerra que les estaba durando demasiado tiempo podían poner en jaque a la humanidad por completo.
No permitiría que eso sucediera, es por eso que mis manos se aferraban al trono tensas, marcando cada una de las venas.

La puerta se abrió con su característico chirriar, mi mirada se alzó hasta dar con la doncella a la que como aprendiz había tomado apenas hacia un par de semanas, ella era hija de mi gran compañero de armas uno de los siete que recientemente dejo su silla vacía defendiendo aquello en lo que creía.
Sin descendiente varón, la ley dice que el puesto en la mesa se someterá a votación, mas por el cariño que a este me ata, decidí desobedecer a los otros cinco y arriesgarme a entrenar a una doncella.
Es la primera vez que se permite a una mujer blandir la espada, mas me han dado un año para convertirla en la digna sucesora de su padre, y aun consiguinedolo, duras son las pruebas a las que tendrá que someterse.

Cuando la miro me doy cuenta de que quizás he errado, que mi afecto por le padre me ha nublado los ojos por completo, pues he abocado a esa preciosa mujer a una vida caotica, alejada de la posibilidad de ser madre, esposa, ahora he de hacerla sangrar hasta que el rojo de su pelo sea el fuego de su alma.
Ademas mi mirada se enturbia en demasiados momentos cuando entrenamos, admito que me despierta un deseo prohibido, pues jamas podrían dos guerreros de la mesa unirse de modo alguno mas allá de la lealtad y la fe ciega en el otro.
-¿que sucede? -preguntó con la frialdad con la que debo tratarla para interponer la distancia adecuada.

Su voz suena trémula, creo que le impongo, a fin de cuentas, la he visto nacer, crecer alrededor de esa mesa, es joven, inexperta y yo un guerrero con demasiados años a sus espaldas como para ser menospreciado por cualquiera.
Dice que se requiere mi presencia bajo las raíces del milenario árbol que habitan nuestras brujas ciegas.
Algo ha sucedido pues pocas visitas reciben y menos son ellas las que las solicitan.

Me pongo en pie, su mirada me recorre al pasar por su lado, evito rozarla, mas ella cierra la comitiva siguiendo en silencio mis pasos.
Algo me dice que esto tiene que ver con Wesh y su imprudente forma de ser, apreto los puños hasta que solo los nudillos blancos se ven.

Descendemos por los pasillos oscuros del subterráneo castillo, tomó una de las antorchas hasta llegar al final del lúgubre corredor, una puerta circular sellada con runas druidas que se ilumina cuando mi mano se posa en el centro, cierro los ojos al sentir como su fuego inunda mis venas, quema y siento el pecho arder, ese es le precio de incomodar a las que no ven.
Empujo, mis ojos ámbar reflejan el dolor, así como la fuerza con la que logro mover el portón.
Se que tras de mi la dama de fuego tiembla, no se si de miedo o porque ve el sufrimiento escrito en mi rostro, mas en la oscuridad nos adentramos y allí frente a una fuente redonda de bajas aguas oscuras como la noche ellas con sus manso sumergidas nos esperan hambrientas.
-Hablad brujas ¿que es aquello que me tenéis que contar?


Última edición por Caleb Montoya el Vie Jun 09, 2017 2:14 pm, editado 1 vez


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Jul 08, 2017 9:16 am

Al menos me habían permitido como habían dicho dejar que curara al vikingo, las heridas de su rostro seguro que eran las menos graves pero sin poder hacer un examen más exhaustivo no sabía qué podría tener más pero seguro que un par de costillas rotas tendría aunque él no quisiera hacer que lo notara o supiera de alguna forma para no preocuparme, pero era algo imposible porque bien sabía que así es como realmente era. Una sonrisa curvó mis labios cuando dijo que era preciosa y preguntó si de verdad iba a casarme con él, algo que me hizo reír entre dientes mientras le limpiaba y cosía la herida de la ceja negando levemente, mi mirada fija en él y la sonrisa que traía fue toda respuesta que necesitó a su pregunta. No sabía cómo se las apañaba pero siempre acababa por curarle las heridas que tenía, cuando terminé Eileen me cogió del brazo para separarme de él y sentarme en una silla aparte.

No tardó en comenzar a preguntarme por lo mismo que él le había preguntado a Ubbe aunque mi intención, más que no decirles nada, era desviarlos de nosotros para ganar algo de tiempo. Como bien decía ella sabía quiénes eran y por qué buscaban la reliquia pero igualmente quería una prueba de ello, algo que al parecer a ella no le gustó y tuvo que poner una mordaza al vikingo porque no se callaba para que yo no dijera nada. Volvió de nuevo frente a mí y volvió a preguntarme otra vez, no sé por qué se me pasó por la mente las catacumbas, así que de mis labios salieron esas palabras que parecieron no gustarle ni a ella ni a él, cosa que él me dijo que no mintiera y que aquello no era parte del trato y que les dijera donde estaba la reliquia, y mi mirada se centró en él.


-No os estoy mintiendo, en las catacumbas hay túneles y pasadizos que llevan a cámaras secretas y solo unos pocos saben de su existencia –eso no era mentira ya que era cierto, habíamos descubierto en el museo algunos mapas que trataban de hacía bastantes siglos- es el mejor lugar para esconderlo porque nadie piensa ni sabe que haya túneles ahí bajo –Eileen fue cuando entonces me dijo que si eso era cierto que podríamos dividirnos en dos partes, que yo iría con ella y ellos dos se quedarían para ir a por la reliquia aunque ya le había dicho que había más gente que sabía de su localización y que si algo pasaba, o nos pasaba, sabrían lo que ocurría y no dudarían en ponerle remedio. Dejarlos a esos dos solos no era una buena opción porque a saber lo que pasaban, pero por otro lado si iba con ella y claramente volvíamos sin la reliquia no sabía qué podrían hacernos a esas alturas, al no obtener respuesta directa por mi parte ató mis manos en un movimiento rápido para que no pudiera hacer nada, intenté soltarme y revolverme pero era imposible deshacerme del nudo que había hecho al juntar mis muñecas en una sola atadura y la vi frente a mí con una daga, la lanzaba al aire y la cogía con maestría para intentar atemorizarme.

Dijo que era la última oportunidad para que pudiera responderles sin dolor alguno y fue entonces que él le dijo que utilizara la daga conmigo, mi mirada fue hacia él porque aquello tampoco había entrado en lo pactado y fue cuando ella llevó la daga hacia uno de mis brazos donde la punta de la daga tocó mi piel y fue entonces que se escuchó aquel ruido, el vikingo había tirado la silla al suelo haciendo que esta se rompiera y quedara libre aunque todavía atado, pronto se lanzó contra ella haciendo que ambos cayeran al suelo, pero no duraron demasiado porque Caleb lo levantó de encima de ella y le gruñó viendo los colmillos que crecían y sus ojos volverse de un color ambarino… ¿era un licántropo? No me había percatado de ese detalle hasta ese mismo momento, los dos comenzaron a luchar por el suelo pero el vikingo estaba atado y el otro parecía que se iba a convertir en un lobo, y tuve miedo de que le hiciera algo.


-Páralos… ¡detenlos! –le pedí a ella quien se levantaba del suelo y los miró por un par de segundos mordiéndose el labio para luego mirar a mí y decirme que solo pararían si les decía lo que querían saber, solo así. Aunque no los veía se podía oír con claridad los gruñidos y los golpes y ella tapaba mi vista para que no supiera qué pasaba, acrecentando mi temor y nerviosismo. Me dijo que no quería hacerme daño pero que lo haría si con ello conseguía la información, y la verdad, es que le había prometido al vikingo que confiara en mí pero… ¿y si le pasaba algo por ello? Para ellos nosotros no éramos nadie, no les importábamos… ¿valía la pena morir por algo que ni siquiera teníamos? Sabía que el vikingo moriría por ello sin duda alguna y era algo que iba a evitar a toda costa, no teníamos la reliquia en nuestro poder así qué ¿qué más daba? No nos la podían quitar y fue ese mismo pensamiento el que me despegar mis labios ya que me los estaba mordiendo con fuerza, para mirarla a ella- no la tenemos… de verdad que no la tenemos, nos la quitaron sin que pudiéramos hacer nada –ella me miró de forma fija, frunciendo el ceño- te digo la verdad, él moriría llevándose ese secreto a la tumba pero yo no puedo permitir que muera por algo que no tenemos… -parecía desconfiar de mis palabras- te he dicho la verdad ahora sepáralos joder –le pedí removiéndome en la silla, ella llamó a su jefe para que pararan y separarlos, diciéndole que escuchara lo que tenía que decir.




Gracias Estrellita:

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You Changed My Entire World:


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif el Sáb Jul 08, 2017 1:40 pm

Se la llevaron a una silla mientras yo amordazado me revolvía en la silla con la mirada puesta en ese hombre que acababa de ceder el control a la mujer de fuego.
Mis amenazas no eran en balde si osaban tocarle un solo pelo de la cabeza, los mataría, aun no se como, pero lo haría.

Las preguntas se sucedieron, ella trataba de ganar tiempo pero la pelirroja era incisiva, se notaba que no creía ni una sola de las palabras que la egipcia le contaba y aunque no estaba mal elaborado el plan, tener la reliquia en las catacumbas podía guardar cierta lógica, estaba claro por como le hablaba la chica, no confiaban en esa historia.

Fue entonces cuando el licantropo le pidió a la tipa esa que usara la daga con mi prometida, rugí como si acabaran de asestarme una puñalada y me moví como un drakkar en medio de la mas violenta de las tormentas.
La silla trastabillo, una de sus patas se partió y caí la suelo con la suerte a mi favor pues el peso de mi cuerpo destrozó el respaldo liberándome de mi encierro.
Aun con los brazos atados atrás, y las piernas anudadas me lance como el bárbaro que era contra esa mujer que pensaba dañar a lo que yo mas amaba.

Juntos golpeamos el suelo mientras nos enzarzamos en un cuerpo a cuerpo desarmados pues la daga había caído varios metros mas allá.
No tardé mucho en sentir las zarpas de ese tipo atrapando mi pechera para lanzarme contra la pared, mi espalda crujió por le impacto emitiendo un leve quejido que no me mantuvo quieto y de nuevo poniéndome en pie embestí con el hombro al lobo forzándolo a caer de espaldas al piso.

Sus ojos ámbar delataban el enfado por tocar a esa mujer, no tardé en descubrir que como yo ese hombre tenia también algo que perder y en las debilidades del otro nacía el triunfo.
Sus colmillos emergieron, ahora tenia fauces yo trataba de mantenerlo lejos, sabia lo que podia significar su mordida y no estaba dispuesto a ser uno de ellos.
Golpeé con mi cabeza su frente con violencia haciéndole sangrar dejándolo por un momento ligeramente aturdido pero no tardo en reponerse, sus puñetazos castigaban una y otra vez mi costado haciéndome rugir.

Las zarpas se hundían en mi pecho provocandome heridas, ríos carmesí sobre mi camisola rasgada y las suplicas de mi prometida pidiendo a la otra que detuviera este combate en el que ninguno de los dos iba a salir bien parado.
Llevé mis dientes a su cuello en un intento de detener sus golpes, apreté la carne y de un tirón arranqué un trozo sintiendo el sabor férreo recorrer mi boca antes de escupir la carnaza.

Entonces lo oí, la confesión alta y clara de mi futura mujer, no teníamos la reliquia, perder la vida por algo que no estaba en nuestro poder era absurdo hasta para un vikingo terco como yo.
La pelirroja pidió al lobo que cesara la pelea y escuchara a Naitiri, pero ni él ni yo aparamos de golpearnos ambos habiloso entrado en modo berseker.

La pelirroja tuvo finalmente que interceder entre los dos para calmar al que debía ser su alfa aferrando su rostro entre sus manos mientras yo corría desesperado hacia Nai cayendo de rodillas frente ella para contemplar que su inmaculada piel no hubiera sufrido ningún daño.


Spoiler:


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen el Dom Jul 09, 2017 6:17 am

Estaba comprobado, era tocar a la egipcia y el vikingo se volvía loco para intentar que no le hiciéramos nada y que no hablara, de hecho cuando dejé que terminara de curar sus heridas y la llevé para sentarla a una silla aparte él seguía vociferando y hablando todo bajo la atenta mirada de Caleb que no le perdía ni le quitaba la vista de encima ni un solo segundo. Tuve que ponerle una mordaza para que no siguiera hablando y así poder centrarme en la egipcia, quien al parecer no estaba como yo pensaba en un principio tan dispuesta a hablar… pero hablaría, porque le haría hablar ahora que tenía el control de la situación y si algo sabía de esa mujer es que no iba a soportar para nada una interrogación, ya que no estaba hecha ni preparada para ello como lo podría estar el vikingo. Su mirada estaba fija en mí mientras me decía que, antes de decirme nada, quería saber que caería en buenas manos.

Enarqué una ceja por ello y luego lancé un leve suspiro porque ella sabía quiénes éramos y seguramente cuál era nuestro propósito así que su pregunta no tenía por qué responderla pero, si en eso ayudaba en algo, lo hice. Le dije que queríamos proteger aquello que era importante pero sin dar demasiados detalles sobre lo que éramos realmente, no había por qué darles toda la información a ellos. Le dije que hablara, le habíamos permitido curar al vikingo a cambio de información y ahora era su parte ya que nosotros habíamos cumplido la nuestra. Habló sobre unas catacumbas y que el objeto estaba allí guardado, pero que no eran los únicos que sabían de su localización y supe que se refería a los otros dos que nos habían llevado hasta ellos al seguirles.

Fue fácil hacer ver que era una mentira cuando le pedí que nos dijera donde estaba y ella se calló, decía que tendría que ir alguien y entonces ofrecí que fuéramos las dos y ellos se quedaran aquí, era un trato fácil y simple pero ella no aceptó y Caleb le increpó que nosotros habíamos cumplido nuestra parte y que las mentiras no entraban en el pacto, ella alegó que no era mentira, que había una red de túneles bajo las catacumbas de las que muy pocos sabían de ello, y que por eso estaba allí escondida pero que si faltaba los otros dos vendrían a por nosotros. Saqué entonces la daga de mi cinto, comencé a lanzarla al aire para atraparla con maestría y fue entonces las palabras de Caleb, para que utilizara la daga, lo que hizo que la egipcia abriera sus ojos y que el caos se desatara en la habitación.

El vikingo se movía en la silla para que no le hiciéramos nada, no lo entendíamos pero me imaginaba que nos estaría diciendo a los dos, miré a Naitiri y cogí la daga con firmeza dispuesta a hacer que hablara mientras ella se revolvía para intentar soltarse y que no la dañara, cuando un golpe desvió mi atención, el vikingo había tirado la silla hacia atrás permitiendo así liberarse y ahora libre cargó contra mi lanzándome al suelo cayéndose sobre mí. La daga acabó lejos de mi alcance notando su peso sobre mi cuerpo e intentaba quitármelo de encima, pero no pasaron ni cinco segundos cuando lo levantaron estrellándolo contra la pared. Pude ver que Caleb se encaraba con él y que sus colmillos comenzaban a asomar preparándose para la transformación… y aproveché eso con la egipcia quien me pedía que los separara y los detuviera preocupada por él. La miré un par de segundos y me acerqué a ella poniéndome delante para que no viera lo que pasaba.


-Solo los pararé si me dices lo que quiero saber, mientras tanto dejaré que se sigan peleando –si ella pensaba que yo estaba cómoda con aquello se equivocaba, pero tenía que aparentar y confiar en Caleb, joder de hecho confiaba pero… sabía que estaba herido y que el vikingo era duro, solo rezaba que la egipcia confesara pronto porque la pelea estaba bastante jodida conforme estaban ambos- No quiero hacerte daño Naitiri, solo quiero saber dónde está la reliquia y los pararé, esto terminará y podréis seguir con vuestra vida… pero tienes que ayudarme en eso –fue entonces cuando habló diciendo que no tenían la reliquia, que se la habían quitado sin que pudieran hacer nada. Enarqué una ceja por ello sin creerme del todo sus palabras, ¿quién me decía que era verdad lo que me estaba diciendo? Decía que él moriría llevándose ese secreto pero que ella no iba a dejar que muriera por algo que no tenían, y si era verdad yo tampoco podría permitir que la persona a quien quisiera muriera por ese mismo motivo… notaba su angustia, su desesperación por no saber que pasaba mientras los golpes se sucedían tras nosotras y ni yo quise mirar- ¿me estás diciendo la verdad, puedo confiar en ti? –Su respuesta clara y contundente me hizo ver que sí, que decía la verdad… así que me giré, no sin antes soltarla de sus ataduras, encontrándome con aquella pelea entre los dos, una a muerte para que solo uno quedara. Era una batalla encarnizada la que los dos tenían ese momento y tenía que pararlos como fuera- Caleb –lo llamé con fuerza pero no paró, pareció que no me escuchaba y fue entonces que me acerqué aun a riesgo de llevarme algún golpe, porque parecían obcecados en el otro y no reparaba en mis palabras- ¡Caleb! –Volví a llamarlo esa vez metiéndome entre ambos para separarlos, no solté el agarre que tenía el vikingo sobre el lobo, sino que solté el agarre del lobo sobre el vikingo y él al ver ese acto pareció que soltó a Caleb, pero este no lo soltaba a él.

La fuerza que tenía el lobo era tremenda en esos momentos, violento y fuerte centrado únicamente en el vikingo y en darle muerte, costó pero al final pude hacer que lo soltara solo para que volviera a cogerlo con más fuerza, opté por intentar que se centrara en mí con la única intención de que al final lo soltara, cogí su rostro entre mis manos y lo giré hacia mí para que sus ojos ahora ámbar se centraran en los míos azules, diferentes de lo que pudiera ver en los azules del vikingo. Los míos reflejaban el miedo, la dudas, la preocupación y lo que sentía por él… al final lo soltó y no tardó en levantarse e ir hacia la egipcia quien seguía en la silla notando que ahora el lobo se centraba solamente en mí.


-Caleb –murmuré de forma suave haciendo que su respiración fuera algo más pausada, que su vista se centrara en mí y volviera en el estado en el que estaba. Estaba herido, la sangre caía por la herida del cuello que pronto comenzaría a regenerar pero que aun así rasgué con fuerza un trozo de mi vestido y presioné la herida sin apartar mi mano de su rostro, tenía moratones, una brecha abierta en su frente de la que caía sangre también, su pecho lleno de sangre, rasguños… había sido una pelea entre dos tipos muy duros que podría haber acabado muy mal. Se levantó mostrando su entereza como líder que era pero podía notar que le costaba respirar, las contusiones que tenía… se me hacía difícil mantenerme quieta en esos momentos pero debía de hacerlo, aunque sí que no pude evitar pegar mi cuerpo al suyo y dejar mi rostro brevemente contra su pecho agradecida de que estuviera bien dentro de todo lo mal que podría haber estado tras la pelea… ahora que, el vikingo no estaba mucho mejor pero él no me importaba en absoluto- lobo necio –murmuré aferrando la camisa con fuerza por uno de sus costados, solo quería llevármelo para curarlo y estar con él, me preocupaba las heridas que pudiera tener internas y que ni su condición de lobo pudiera sanar- Dice que no tienen la reliquia, que se la quitaron… y creo que dice la verdad –subí mi vista para contemplarlo perdiéndome en él por unos instantes- va a ser más difícil recuperarla de lo que creíamos.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Dom Jul 09, 2017 10:54 am

Aquel vikingo era capaz de sacar lo peor de mi y ahora que conocía mi debilidad, ella no pensaba dejarlo vivir, estaba ofuscado, la ira se había apoderado de mi, la bestia emergía de mis entrañas, sentía como rugía dispuesto a despedazarlo como a un muñeco de trapo.
Mis zarpas se hundían en su pecho rasgando su piel, jirones de esta caían al suelo ensangrentando su rasgada camisa mientras él me mordía como un perro rabioso y golpeaba con mas dificultad pues iba atado.

Estaba muerto, mi intención en un principio no era esta, pero ese humano se había empeñado en complicar las cosas y mi misión era proteger el orbe, encontrar la otra reliquia y volver a mi tiempo, así que si me tenia que llevar por delante a ese bastardo lo haria sin problema alguno.
Rugí mostrandole los colmillos, ríos escarlata bañaban el suelo, un charco donde ambos resbalábamos golpeándonos contra el suelo en un modo de frenesí del que ninguno salia aun escuchando los gritos de las mujeres respectivas.

Solo cuando Eileen se interpuso entre los dos, zarpa en alto me detuve, jadeé contra su rostro completamente fuera de mi mientras ella me acariciaba las mejillas para que  me tranquilizara y pronunciaba mi nombre lentamente tratando de que volviera con ella.
Un trapo en mi cuello para que dejara de sangrar el mordisco que me había arrancado carne y rasgado la yugular, se curaría, era cuestión de tiempo, sin embargo las costillas seguían presionando mi pulmón logrando que me costara respirar con absoluta normalidad.

Dejé caer mi frente sobre la ajena cerrando los ojos en un intento de tranquilizarme por completo, ella susurraba suavemente que creía a la humana, la misma que se afanaba por mirar a un hombre que había caído de rodillas frente a ella bastante herido.
“Lobo necio”
Sonreí contra sus labios mientras me sujetaba por la camisa, se que estaba preocupada, pero me curaría, la luna no brillaba e el cielo, mi regeneración iba mas lenta, pero saldría de esta.
-Estoy bien -susurré contra su boca

Me ayudó a llegar a uno de los sofás y me dejó caer en el con suavidad, llevé mi mano a su muñeca cuando la vi dirigirse hacia las cosas con las que curarme.
-Estoy bien -susurré nuevamente deslizando mis dedos por su piel -tranquila, no podemos dar la sensación de debilidad ¿lo entiendes?

Fue entonces cuando vi al vikingo desplomarse en el regazo de la egipcia, ella emitió un grito mudo lanzándose a ver las heridas de su prometido.
-Las costillas -dije señalando al hombre -las tiene rotas, le oprimirán el pulmón y no pude respirar.
Sabia lo que le pasaba porque ambos eramos guerreros fieros y habíamos atacado con brutalidad al otro para causar el mayor daño posible.
-La reliquia no puede caer en manos como las de él -dije señalándolo con el rostro perlado en sudor por la ausencia de aire.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Jul 10, 2017 12:17 pm

Ya le había dicho todo lo que podría interesarle a Eileen, la verdad es que no pensaba decirles que no teníamos la reliquia, pero claro eso lo había pensado cuando no estaban golpeando al vikingo y no estaban luchando de esa forma que, aunque no podía ver, sí que podía escuchar y la verdad es que no me sentía cómoda con lo que escuchaba. No quería traicionarlo porque sabía de la importancia que tenía para él esa reliquia, lo que supondría parar la guerra que se desataba en el norte y que durante tantos años había perdurado… era hora de que le pusieran fin y él había venido a este tiempo expresamente a por ella, pero nos la habían quitado antes siquiera de poder empezar a entenderla y comprender su alcance y poder y ya no la teníamos, pero aún quedaba la otra mitad y había esperanza. Pero lo que no iba a permitir es que él muriera por algo que no teníamos, era absurdo, y aunque me hubiera dolido en al alma tener que decir la verdad lo había hecho por él.

Ella pareció creerme y cortando las cuerdas que ataban mis muñecas a la espalda se giró para intentar separarlos, pero parecía imposible, por más que lo llamaba él no le hacía caso y no cesaban ninguno de los dos en la lucha, al final tuvo que acercarse a ellos y fue a intentar separarlos metiéndose por el medio, él en cuanto la notó cerca paró todo movimiento que estaba haciendo y la miró, fue entonces cuando el vikingo escapó ya que él lo había dejado libre al notarla a ella cerca y se arrodilló frente a mí, sus ojos mostraban la preocupación palpable que tenía y como repasó mi piel por si tenía alguna herida cuando era él quien peor estaba. Su pecho como ríos de sangre, su rostro con golpes y moratones, la camisa que llevaba hecha jirones de donde brotaba sangre… estaba hecho un desastre y eso sin contar con las heridas internas que no se verían a simple vista.

Sabía que estaba mal y que necesitaba que lo curara pero ahora mismo, en esos precisos momentos, yo solo quería sentirlo junto a mí y tenerlo cerca. Lo abracé del cuello dejando mi rostro escondido en su cuello aunque fue bastante efímero porque me preocupaba bastante el estado en el que se encontraba, había perdido sangre y no sabía hasta qué grado sus heridas internas podrían ser de graves… eso era ahora lo que más me preocupaba. Lo desaté cogiendo la daga que tenía cerca para sentir sus brazos rodear mi cuerpo y yo coger su rostro entre mis manos mirándolo de forma fija, mis labios buscaron los suyos dejando pequeños besos en ellos mientras un “lo siento” salía de mis labios a modo de disculpa por haberles dicho que no teníamos la reliquia, no podría soportar que le pasara nada por algo que no estaba en nuestro poder.


-Estoy bien… lo siento Ubbe, no podía dejar que te pasara nada, no podía soportar que te hirieran por algo que no tenemos, no quería decirles nada pero… me importas más tú –lo miré de forma fija y fue cuando decidí que era momento de mirarlo a él y ver cómo estaba, las disculpas siempre podríamos dejarlas para más tarde ahora me importaba curar sus heridas- voy a curarte –dije para que supiera lo que quería en esos momentos, ver que estaba bien, comprobar que no tenía heridas graves… fue entonces cuando se desplomó contra mi cuerpo, emití un grito ahogado para tumbarlo y llamarlo, intentar que reaccionara pero no lo hacía, joder, me desesperé por segundos y con la daga que tenía cerca corté la camisa que llevaba dejando ver su pecho al descubierto. Tenía muchas heridas por todo su torso de las que manaba sangre y de las que me preocupé porque o las taponaba… o la falta de sangre podría conllevar a mayores problemas. Por si eso fuera poco las palabras de aquel hombre hicieron que subiera mi vista a él, aseguraba lo que le pasaba y mis dedos presionaron levemente sus costillas para darme cuenta de que tenía razón… joder, tenía que hacer algo, y debía de hacerlo cuanto antes.

Cogí la daga con fuerza y pinché buscando el hueco exacto para que la presión y el aire de su interior disminuyera, saliera y no oprimieran sus pulmones las costillas, debía de entablillar de alguna forma sus costillas así que me levanté pasando corriendo por delante de ellos para encontrar aquello que por casa pudiera valerme, encontré todo lo que necesitaba y finalmente comencé a entablillar sus costillas para que no le oprimieran más el pulmón vendándolo de forma fuerte que sujetara su torso, me costó moverlo por lo que pesaba pero eso no me impidió completar mi tarea. Una vez asegurada esa parte pasé a coger un trapo mojado limpiar las heridas que tenía en el pecho viendo que tendría que coserlas o jamás se curarían bien. Me mordí el labio por cómo había quedado el vikingo, doliéndome verlo así y las heridas que llevaba. Después de limpiarlas con agua cogí alcohol para desinfectar y lo único que podía hacer después era o bien coserla, o cauterizarla… por un momento se me pasó que lo más rápido sería la segunda opción, así que cogí la daga y la acerqué a la chimenea para que el metal se fuera calentando, cuando escuché sus palabras y me giré a mirarlo con el ceño fruncido.



-¿En manos como las de él? –Gruñí furiosa por sus palabras, ¿quién narices se creía que era para hablar así?- Lo dice el que le ha causado el estado en el que se encuentra ahora mismo –lo fulminé con la mirada, él también parecía estar mal pero no tanto como el vikingo tumbado en el suelo- él no quiero hacer nada malo con la reliquia, él no quiere utilizarla para ningún tipo de mal… sino al contrario, ¿crees que estará en peores manos que las actuales? ¿O si cae en las tuyas? No eres menos salvaje que él, no después de haber irrumpido en mi trabajo, seguirme hasta mi casa y colaros en ella amenazándome con una daga mi cuello, para luego liarte a golpes hasta llegar a este extremo, solo porque tenga una pinta más ruda no significa que sea peor persona que tú… él no se ha colado en casa de nadie ni ha torturado a ninguna otra, ¿puedes decir tú lo mismo? –Saqué la daga del fuego y acercándome al vikingo comencé a quemar sus heridas para que la hemorragia pasara, era la forma más fácil de salvarle la vida y cicatriz le iba a quedar cicatriz igual- escúdate en que es lo que debes de hacer porque es la mejor opción si eso te hace sentir mejor, él también quiere la reliquia porque es la mejor opción para su pueblo –acabé para centrarme por completo en las heridas del vikingo, que era lo que importaba en esos momentos.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif el Lun Jul 10, 2017 2:06 pm

No se el tiempo que pasé dormido, solo que cuando desperté lo hice sobresaltado tratando de incorporarme para poder defender a Naitiri.
Sus manos en mi pecho me dijeron que todo estaba bien, acariciaba mi rostro suavemente esperando que me tranquilizara y mis dedos navegaron por su cuerpo buscando algún rasguño que pudiera teñir de rojo su inmaculada piel, por suerte para ellos no lo encontré.

Me giré con la mandíbula apretada viendo al lobo sentado sobre el sofá, parecía causarle cierta diversión mi ferocidad, si me hubiera pillado armado y sin estar atado le hubiera mostrado como nos las gastamos los norteños, poco me importaba si era un lobo, había matado a cientos con mis propias manos.

Gruñí desafiante mientras ella me sujetaba contra el suelo y suplicaba que me estuviera quieto, que estaba herido, las costillas rotas y que necesitaba descanso o perforaría el pulmón, algo que no podría solucionar de pasar.
-Ya os ha dicho que no tenemos la reliquia, es cierto que la conseguimos en el templo egipcio, pero igual de cierto es que el rey del norte la posee ahora.

Dicen que los enemigos de mis enemigos se convierten en mis amigos, si quería una cruzada para arrebatársela, no seria yo quien se lo impidiera, claro que tarde o temprano nos veríamos en el mismo dilema.
Yo necesitaba esa reliquia completa para enfrentarme a una guerra que se había cobrado demasiadas vidas norteñas.
-¿quienes sois? -pregunté hundiendo mi mirada en sus pardos.

Nai me ayudó a incorporarme ligeramente y así quedé como el licantropo sentado en el sofá de enfrente con la egipcia a mi lado sin dejar de acariciarme y tocarme la nuca como si eso fuera lo único que me mantenía quieto, y admito que en parte así era, ella era la vaina de mi espada, mi paz en tiempos de guerra.
-Necesito esa reliquia, así que os aconsejo que no os crucéis en mi camino, pues nunca cesaré en mi empeño, la necesito para terminar con una guerra y como tal no veo mejor propósito.

El hombre se removió en su asiento, mis palabras parecían no convencerlo, fue entonces cuando su voz ronca sonó en la cámara de forma autoritaria, si pensaba que con eso me intimidaría la llevaba clara.
-Ese objeto es custodiado por los míos desde tiempos inmemoriales y así seguirá siendo, la guerra es algo que cada dos por tres emprendéis los humanos, como tal, vosotros la finalizareis, muchas son las gestas que asolan el mundo y desde luego que el orbe no sera utilizado para ladear la balanza hacia ninguno de los bandos
Es poderoso y como tal no ha de ser empleado. Habéis cometido un error sacando de ese templo la reliquia, habéis puesto el orbe en peligro a causa de vuestra insensatez ¿cuanto creéis que ese que ahora posee la reliquia tardará en darse cuenta que está incompleta? -preguntó clavando sus ojos en los míos -¿que crees que pasará si se hace con el orbe? Os aniquilara vikingos, tu y los tuyos seréis un recuerdo, ni los juglares narraran la historia de una gesta tan fácil de ganar y todo por lo burdos que sois.

Rugí desafiante dispuesto a lanzarme sobre él, pero Nai me contuvo para hablar de forma pausada, su mirada me lo decía todo, estaba preocupada no solo por mis heridas, si no por las palabras del lobo que no estaban carentes de razón.
Si el rey del norte conseguía el puto orbe estábamos perdidos.



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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen el Mar Jul 11, 2017 12:55 pm

Había conseguido separar a los dos aunque me había costado lo suyo, pero cuando él pareció notar que yo estaba cerca y que me interponía entre ellos paró el siguiente ataque que iba a hacerle al vikingo, logré que lo soltara llamándolo para que se centrara en mí y este se fue hacia la egipcia que seguía sentada y yo cogía su rostro entre mis manos, intentando que volviera en sí y que se relajara y respirara con normalidad porque estaba demasiado agitado, tapé con un trapo la herida de su cuello aunque sabía que se curaría sin problema y no evité pegar mi cuerpo al suyo, tratando yo misma de tranquilizarme al saber que estaba bien y que nada le pasaba, al menos nada que se viera a simple vista. Mi mano aferró su camisa con fuerza y sentí que dejaba su frente contra la mía, cerré los ojos sintiendo su respiración dar contra mis labios cada vez más pausada y relajada y finalmente un “estoy bien” susurrado contra mis labios que me hizo alzar la mirada hacia él, observándolo.

Tenía tantas ganas de besarlo en esos momentos, de llevármelo de allí y curarlo para comprobar que todo estaba bien que me frustraba no poder hacerlo. Al final acabé ayudándolo para dejarlo caer con suavidad sobre uno de los sofás comprobando que le costaba respirar un poco y supuse que sería por la consecución de golpes que le habría dado el vikingo y que le habría roto alguna que otra costilla. Fue entonces cuando este se desplomó sobre la egipcia quien no dudó en lanzarse hacia él para tumbarlo en el suelo y comenzar a curarle, escuché las palabras de Caleb que le aseguraba que estaría así por las costillas y me separé en dirección a tomar algo con lo que curarlo, pero su mano parando mi avance cogiéndome de la muñeca me hizo mirarlo para asegurarme de que estaba bien, fruncí el ceño porque sabía que no, no estaba bien. Sus dedos se deslizaban suavemente por mi piel provocándome pequeños escalofríos placenteros, asegurándome que no podíamos dar la sensación de debilidad frente a ellos, que debía de entenderlo. Me acerqué para inclinarme hacia él, ahora que la egipcia estaba ocupada, quedando mi rostro cerca otra vez del suyo.


-A la mierda no dar la sensación de debilidad, Caleb –no alcé la voz para que ella me escuchara, solo para que lo hiciera él- estás herido y pienso curarte, y ni mil órdenes tuyas van a impedirme lo contrario –me solté de un movimiento seco y me acerqué para coger lo necesario aunque se pusiera como se pusiera, iba a hacerlo y punto. Volví con él limpiando la herida que tenía en el cuello bajo su mirada, llena totalmente de desaprobación pero me importaba más bien absolutamente nada, no quería que estuviera así, su frente estaba perlada de sudor y la quité sabiendo que no respiraba con normalidad por alguna costilla rota. Fue entonces cuando dijo que la reliquia no podía caer en manos como él y la egipcia no se cortó en responderle, diciéndole que él no era mejor que ellos, que habíamos entrado en su casa amenazándola con la daga y es que tenía razón, los dos teníamos motivos diferentes por lo que queríamos la reliquia, y desde el punto de vista de cada uno el malo siempre sería el otro. Las costillas fue lo único que no toqué para curarle en ese momento, lo dejaría para más tarde cuando estuviéramos a solas. Fue entonces que el vikingo despertó y tras repasarla a ella comprobando que estuviera bien se giró hacia nosotros, gruñendo. A Caleb le hizo gracia su ferocidad y confirmó que no tenían la reliquia, que tras conseguirla se la habían quitado y llevado al rey del norte, eso solo nos complicaba más las cosas. Mi mirada se centró en Caleb un par de segundos mientras ella lo tranquilizaba, lo levantaba y le ayudaba a sentarlo como yo había hecho con el lobo en el sofá de enfrente, se sentó junto a él y comenzó a acariciarlo como si así pudiera pararlo y frenarlo, y de nuevo me dio envidia contemplar aquella imagen de ellos dos, juntos, mientras que yo lo tenía a mí lado y debía de morderme el labio y contenerme por no tocarlo. Al parecer él no se había percatado todavía de quiénes éramos pero la egipcia si nos había descubierto, ahí radicaba quien de los dos era el más razonable.

La voz de Caleb sonó por la estancia de forma grave y fuerte, imponiendo como siempre su autoridad en aquella situación mientras yo observaba todo lo que pasaba. El vikingo quería la reliquia para parar una guerra que asolaba su país, nosotros defendíamos el Orbe porque si se juntaba con la otra parte de la reliquia sería un arma tan fuerte y poderosa que podría causar muchos problemas, ellos no llegaban a saber el alcance y la magnitud de lo que podría hacer. Ahora que sabíamos que la otra parte estaba en las manos de aquel rey no podíamos dejar que el orbe cayera bajo ningún concepto, era primordial encontrar la otra parte y quitársela. Al vikingo pareció no gustarle las palabras de Caleb, pero Naitiri lo paró poniendo su mano en su pecho pidiéndole calma, si obtenían ambas cosas sería fatal en muchos sentidos, si lo obtenía el rey… sería una condena y una muerte segura.


-Hacía muchísimos siglos que nadie obtenía la reliquia del templo de Egipto, se dividió en dos para evitar que el mayor mal posible pudiera arrasar y destruir la tierra. Tú dices que quieres utilizarlo para parar una guerra que asola tú país, pero también expondrás dicha reliquias para que más gente sepa de ella y de su existencia, ¿crees que no la buscarán cuando todo acabe? No custodiamos el Orbe porque lo queramos para nosotros, lo custodiamos porque sabemos el alcance que tiene si ambas partes se juntan, hay leyendas y profecías que vaticinan el fin del mundo si ambas partes vuelven a estar unidas, ¿por qué crees que están fuertemente custodiadas? Porque ya causaron casi la destrucción total y no podemos permitir que vuelva a pasar de nuevo –hice una leve pausa, entendía su postura de querer parar una guerra, pero estas siempre habrían por desgracia y la reliquia no se podía utilizar para pararlas todas, sería exponerla demasiado- El mayor problema que tenemos ahora es que ahora el rey del norte la tiene, y pronto se dará cuenta de que le falta una pieza para completarla… y vendrá a por ella. Si la consigue estoy segura de que sabes lo que pasará, creo que vosotros tenéis una palabra para eso: Ragnarok –dije observándolo sobre todo a él, porque ella parecía más razonable que su prometido- no solo la guerra afectará a tu país vikingo, sino que se extenderá por todo el mundo y las consecuencias serías desastrosas. Un arma con ese potencial da delirios de grandeza a cualquiera, le hará creer que es invencible y quizás así sea si no podemos remedio alguno. Tiene una mitad pero sin la otra parte no le sirve de nada. Tú quieres ambas y en eso no nos vamos a poner nunca de acuerdo, porque cada uno mira por unos intereses –porque era claro que estábamos en punto muerto- ¿pagarías el precio de salvar tú país para que el resto del mundo se condenara? Porque es lo que harás si consigues ambas partes y la utilizas, guerras siempre hay por desgracia, nosotros no podemos dejar que el Orbe interfiera en ellas, tamaño potencial y poder no debe de ser usado por nadie –pero algo me decía que con él no llegaríamos nunca a un acuerdo, que jamás descansaría hasta tener ambas partes y parar su guerra. Así que la pregunta era, ¿qué podíamos hacer nosotros con todo aquello?




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Mar Jul 11, 2017 4:18 pm

Eileen rugió malhumorada soltándose de mi agarré, fruncí el ceño cuando la escuché mandarme al diablo, al parecer le importaba poco o nada mis ordenes, iba a curarme, a cuidarme y si eso mostraba que estaba herido le era indiferente.
Dejé escapar el aire de forma pesada mientras centraba mis pardos en cada uno de sus gestos, sus azules desafiaban mis tormentas mientras con una gasa curaba la herida de mi cuello.

Por un momento y aprovechando que la egipcia estaba muy ocupada con su prometido ladeé la sonrisa, no podía evitar que en parte sus cuidados se asemejaran al que mi mujer me hubiera dado una noche tras volver de una gesta cualquiera.
Esto era lo mas cerca que podría estar de una relación como la que con ella pretendía llevar, sentado en mi sofá, con mi mujer sobre mis piernas, quitándome el dolor de las heridas.
Quizás la noche en mi imaginación pudiera terminar de otra manera, haciendo el amor despacio frente a la chimenea, pero por desgracia esta idílica realidad solo me la producía la fiebre que perlaba mi frente y no ese “si quiero” que lo hubiera cambiado todo y nos hubiera permitido estar como esos dos que tenia en frente.

El vikingo confirmo al despertarse, eso si, algo irritado, que la reliquia había caído en manos del rey del norte, el muy necio la había conseguido para dársela a su enemigo y ahora si este conseguía el orbe su tierra estaría perdida y con ella el mundo.

Eileen le explico lo desafortunada que había sido su intervención y en la situación que eso nos dejaba en este preciso instante.
Nosotros teníamos que proteger el orbe a toda costa, eramos conscientes del poder que podía desatar si las dos mitades encajaban
Ellos por contra parecían decididos a obtener el Orbe y robar la reliquia al rey para su propio beneficio ¿eran tan burdos como para no darse cuenta que su empresa parecía un imposible?
-Solo veo una opción factible para todos...aliemonos para recuperar aquello que habéis perdido, es en lo único que parecemos estar de acuerdo unos y otros.
Si ese rey es tan caótico como decís, la reliquia en sus manos es peligrosa, así que ya que se la habéis ofrecido y puesto en bandeja, lo justo es que se la arrebatéis.

El vikingo resoplaba mientras Nai le hacia guardar silencio, seguramente mas consciente que el bárbaro de la razón que englobaban mis palabras.
-Por ganar una guerra quizás estas condenado a tu gente a una muerte mucho peor que la que ya os asola -le aseguré al necio hundiendo mis pardos en los ajenos -trabajemos juntos por esta vez y resolvamos las rencillas después.

Mi propuesta no era descabellada, prefería utilizar a los vikingos, ya sumidos en guerra contra ese rey, que mover a mis hombres para un enfrentamiento que traería muchas muertes.
Ese hombre había sido el causante de que la reliquia ya no estuviera custodiada por la pirámide en Egipto, así que, ahora tendría que corregir su error.

Llevé mi mano a la parte trasera del muslo de Eileen depositando una suave caricia, el tema era peliagudo, algo me decía que estábamos tratando con el vikingo equivocado.
Era un salvaje, no escuchaba y aunque tenia que reconocerle su merito en combate y en bravura, se quedaba muy atrás en su capacidad de dialogo.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jul 12, 2017 11:01 am

Había hecho todo lo posible para curar las heridas del vikingo, al menos las que más estaban visibles a la vista y que en parte también le traían mayores problemas por la pérdida de sangre. El tema de las costillas era otro bien diferente, hice lo que pude para que no le hiciera mayor daño posible, para que las costillas que tuviera rotas no le perforaran el pulmón o entonces yo nada podría hacer para curarlo, ni para parar la hemorragia que se produciría en su cuerpo. Ahora solo cabía esperar a que se despertara para yo comprobar que realmente estaba bien y estar tranquila con eso, de lo contrario no sabía qué era capaz de hacer… solo esperaba que despertara, no tenía mucho más que decirle a aquel hombre después de sus palabras, yo ya le había dicho todo cuanto tuve que decirle, para mí él no era menos salvaje que el vikingo por lucir y llevar otras ropas, cada un miraríamos las cosas desde nuestra perspectiva y ninguno nos pondríamos de acuerdo.

Por suerte el vikingo despertó sobresaltado pero yo puse mi mano en su pecho con delicadeza para que no se levantara y se quedara quieto, sus ojos enseguida me buscaron y le sonreí para tranquilizarlo. Sus dedos pronto se pasearon por mi piel en busca de alguna herida, de algún rasguño… para no encontrar nada. Me costó pero al final se quedó quieto, aunque no lo suficiente ni tanto como me hubiera gustado pues se giró hacia ellos y confirmó que no teníamos la reliquia y que la habíamos perdido, para acto seguido preguntar quiénes eran. Enarqué una ceja por no haber llegado a la misma conclusión que yo y finalmente acabé por levantarlo y ayudarlo a sentarlo sobre el sofá conmigo a mi lado, enfrente de ellos quienes nos miraban de forma fija, parecía que habíamos entrado en una especie de “tablas” y de alguna forma rezaba porque ahora lo único que pasara en aquella habitación fuera solamente un diálogo y una charla, y nada de violencia de nuevo.


-Son de la Orden, Ubbe
–comenté sentándome a su lado enredando mis dedos en su pelo, acariciando su nuca en un intento de que se mantuviera quieto y tranquilo, ya le había dicho que estaba herido y que si hacía esfuerzos grandes la costilla terminaría por llegar al pulmón y perforarlo… y ahí entonces sí que nada podría hacer para ayudarlo. Parecía que me hizo caso porque, a pesar de que su respiración era algo errática, se mantuvo quieto con su vista fija en ellos motivo por el cual mi otra mano aferró la suya acariciando su palma con mis dedos. Pronto Caleb habló y explicó quiénes eran y el propósito que tenían, claro que él no se quedó atrás y también les dijo que dejaran de buscar la reliquia porque la necesitaba para parar una guerra. Las preguntas de Caleb enervaron al vikingo quien tuvo la intención de ir a por él, pero yo lo sujeté y mi mirada se centró en sus orbes azules, entendía lo que él nos estaba diciendo y sus motivos, pero nosotros también teníamos los nuestros y llegar a un punto muerto iba a ser complicado. Por si fuera poco Eileen explicó con lujo de detalles los problemas que podría causar las dos partes de la reliquia juntas, lo que el rey conseguiría y si ya estaba loco no quería ni pensar lo que haría si conseguía el Orbe que ellos, que su organización custodiaba desde hacía siglos.

La verdad es que ambos querían recuperar esa parte que tenía el rey del norte, en eso era en lo único que iban a estar de acuerdo, pero luego volverían a entrar en guerra por la parte que ellos tenían porque no iban a dejar que el vikingo utilizara tal poder para parar aquella guerra porque a ellos tampoco les convenía ni les convenía entrar en algo que no les tocaba para nada. Pero entendía cuando Eileen decía que no solo sufrirían las consecuencias los vikingos, sino que todo el mundo… era un tema bastante peliagudo pero no veía una solución posible para poder allanar la situación, no hasta que de nuevo él habló proponiendo que juntaran fuerzas para arrebatarle la reliquia al rey. No comenté ni dije nada al respecto cuando dijo que se la habíamos puesto en bandeja, en verdad ahí me sentía algo culpable porque si no hubiera sido porque tenían a mi madre la reliquia no hubiera caído en sus manos… pero tenía razón, juntos mejor para quitarle esa reliquia que por separado. Aunque algo me decía que después la rencilla seguiría porque el vikingo no se iba a quedar de brazos cruzados mientras ellos tenían el orbe.



-Ubbe –dije para que me mirara mientras ellos estaban enfrente, esperando de alguna forma que él dijera algo, ambos se miraban de forma fija como si se desafiaran con la mirada e hice que el vikingo por un momento se centrara solamente en mi poniendo mi mano sobre su pecho- sé que no es mí guerra y que quizás no deba de opinar pero… creo que tiene razón –seguro que ahora me tachaba por loca o algo así por estar de acuerdo con él- ninguno quiere que el rey tenga la reliquia porque eso nos pone en peligro a todos, aún tenemos ventaja de que no sabe que hay otra mitad para que funcione la parte que él tiene. No dudo de vuestras capacidades pero… unidos mejor que por separado, hay más opciones de conseguirlo –hice una leve pausa y luego miré a Caleb- si conseguimos la otra parte de la reliquia, ¿qué pretendes hacer con ella? ¿Piensas custodiarla como estáis custodiando el orbe? –Pregunté mirándolo mientras dejaba que el vikingo pensara en las palabras de él y de paso también en las mías- Si es así, ¿por qué no le permites entonces parar la guerra? Luego volvéis a custodiar ambas reliquias y todos salimos ganando –apunté porque es que sabía y era consciente de que ninguno se iba a quedar de brazos cruzados, que esto solamente se había quedado en una "tregua" a la espera de obtener la caja para de nuevo volver a estallar en guerra.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif el Jue Jul 13, 2017 4:09 pm

Aquel maldito lobo me trataba como si fuera un imbécil, puede que fuera un bárbaro, pero entendía perfectamente que le había dado al rey del norte una gran baza para derrotar a los míos, por eso necesitaba la otra parte, para asegurarme que no completaría el artefacto para usarlo contra mi reino.
Dejé escapar el aire pensativo, estaba claro que una parte era cierta, unidos podríamos con mas facilidad arrebatarle al rey del norte la reliquia, pero igual de cierto era que estampar el ejercito contra sus fronteras no daría ningún tipo de resultado.
Ese lobo altivo quizás creía que por portar dorada armadura bajo sus ropas lograría bajar el rastrillo del castillo. Se equivocaba, no llegaría a quebrar ni la primera fila de sus guerreros.

Puede que no entendiera mucho de otras cosas, que fuera burdo e indisciplinado para seguir las ordenes, sin embargo nadie mejor que yo estaba forjado para la guerra, las mil cicatrices que surcaban mi cuerpo gritaban por si solas que yo era un hijo de Odin, que las fraguas me crearon y que al Valhalla acudiría algún día.
-De nada servirá esa unión si la utilizas para estampar tu ejercito y el mio contra las murallas.
Quizás haya otro modo, si algo nos pierde a los norteños es nuestro honor y nuestro orgullo.

El lobo rio aportando su sarcástico modo de verlo ,según él también nuestra terquedad e incapacidad de razonar.
Puede que en eso también estuviera en lo cierto, pero no era el caso de escribir una teología sobre mi cultura en este momento.
-Si has acabado lobo de divagar, escúchame porque que yo sepa de los dos soy el único que conoce al rey que tiene tu amada reliquia.

Nai acariciaba mi nuca, esperando calmarme y que no nos volviéramos a enredar en una pelea sin sentido.
-Bien prosigo. Si hay algo que quiere el rey mas que nada en este mundo aparte de ganarnos la guerra es humillar, torturar y matar lentamente con sus manos a cualquiera que tras el nombre lleve Cannif como apellido.
Alcé la mano para silenciar a Nai, creo que ella sabia por donde iba y se preparaba para replicar.

Por contra el lobo hundió sus brillantes ámbar en los míos.
-El papel a interpretar es sencillo, yo soy tu prisionero, tu eres de la orden que custodia la reliquia y tu mujer de rojo pelo la que corrobora la historia con su verborrea, perdona lobo si no creo en tu don para la interpretación, pero la jovencita es la mas elocuente de los dos.
El lobo se rio mostrándome los colmillos, posiblemente lo mismo podía él alegar sobre mi prometida.

Te abrirán las puertas para escuchar tu reclamación ,es mas, si me llevas de rehén hasta te prepararan una gran cena por tu buena acción. El rey del norte me odia, no podrá resistirse a ponerme las manos encima.
Ocupados en esa fiesta donde el alcohol correrá sin duda mientras yo me desangro en le patio de armas, sera cuando entren en acción, mis hermanos y primo, serán suficientes para crear un buen caos ahí dentro y vosotros dos solo tenéis que descubrir donde guarda la reliquia y robarla.

El lobo evaluaba mis palabras, quizás no es que fuera el plan mas sencillo del mundo, hacia aguas por varios lados, pero la verdad es que nosotros eramos bastante de improvisar, la entrada estaba clara, la salida algo mas complicada, pero era nuestra única opción para salvar el norte.
-Después ya hablaremos de como solucionamos a discrepancia sobre cual de los dos bandos se hace con la legendaria arma de destrucción masiva.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen el Vie Jul 14, 2017 3:25 pm

Ahora que ambos estaban calmados podríamos ver como solucionábamos el tema de la reliquia y todo lo que entrañaba, el hecho de que el vikingo la quisiera para poder utilizarla era algo que quizás podríamos aprovechar para intentar en parte que nos ayudara a conseguir la otra parte que necesitábamos para custodiarlas por completo. Ahora que la parte que había estado oculta en Egipto había salido a la luz poco tardarían en ir a por la otra, de hecho, cuando todo acabara y se solucionara el problema habría que pensar donde se podría mandar la otra parte ya que tener ambas nosotros sería uno total desacierto, porque de una podrían obtener la reliquia al completo y eso era algo que no podíamos permitir que pasara. Así que solo había que buscar la forma de ver como poder trabajar juntos e intentar solucionar el problema. La cuestión, sin duda alguna, es que veía al vikingo demasiado terco como para escuchar nada que viniera de nosotros y después de lo que había pasado en su casa, aunque la cosa había quedado en tablas seguramente no nos perdonaría el hecho de haber tocado a su prometida por la forma en la que la miraba y la acariciaba.

Me daban envidia, todo había que reconocerlo. Ellos podrían tocarse, mirarse, besarse sin temor a lo que se pueda decir, sin temor a que fuera algo que debería de estar prohibido y sin embargo nosotros estando el uno al lado del otro teníamos que contenernos de no tocarnos, acariciarnos… por mínimamente que fuera lo teníamos prohibido, por unas estúpidas normas que había en la Orden, las mismas que ahora me hacían luchar para conseguir un puesto que de haber nacido varón no habría tenido problema de reclamar. Esas leyes había que cambiarlas, de hecho era todo un paso que me hubieran aceptado, ahora debía de hacerles ver que mujer u hombre podían defender perfectamente aquello por lo que creían. Miré a Caleb de soslayo cuando dijo que deberían de unir fuerzas para conseguir el mismo objetivo, ya que perseguíamos conseguir la reliquia y quizás entre todos pudiéramos conseguirlo… no era una idea demasiado descabellada. La pregunta era si el vikingo aceptaría, porque como pensaba no le veía muy racional… eso se le veía más a Naitiri que a él.

De hecho fue esta misma el que lo llamó para que la escuchara porque ninguno de los dos apartaba la mirada del otro, como si siguieran desafiándose y es que seguramente así fuera, pero por el momento debían de dejar las rencillas a un lado. Fue en esos momentos en los que ella quitaba la atención de su prometido sobre Caleb que sentí su mano en la parte trasera del muslo, una leve caricia que me hizo morderme el labio mientras ella seguía hablando con él, mi mirada fue entonces hacia mí líder y lancé un suspiro denotando de alguna forma las ganas que tenía de acercarme, de tocarle, de besarle… miré hacia delante de nuevo y mi mano, que estaba sobre mi muslo, la deslicé hasta que cayó sobre su mano, es más, me moví girándome para enfrentarlo mientras los otros dos estaban hablando para mirarlo más de cerca.


-¿Estás seguro de lo que haces? –Pregunté en voz baja, Naitiri intentaba convencerlo de que aceptara su propuesta- ¿crees que podemos fiarnos de que nos den la parte que queremos y no se la queden? –En realidad esas preguntas se las podría haber hecho antes, pero así aprovechaba para estar más cerca de él y que al sentarme apenas nos separara un espacio el uno del otro, dejé mi mano sobre el sofá rozando la suya y mis dedos acariciaron los suyos pero al haberme movido apenas se podía apreciar aquello. Fue entonces que Naitiri hizo esas preguntas, unas que no respondí y que pensaba que Caleb tampoco las respondería porque no íbamos a decirles dónde íbamos a guardar la reliquia ni qué hacer con ella, pero fue entonces que el vikingo desvió la conversación hacia lo que él tenía que decir. Explicó que conocía de sobra como era el rey y los norteños, que si algo querían eran a ellos y por ello había pensado en un plan para poder robar la reliquia sin enfrentar a ambos ejércitos en una lucha sinsentido. Decía que lo entregaríamos como rehén nuestro que era, que el rey incluso hasta nos haría una cena por entregarlo y que entonces aprovecharían sus hermanos y su primo para entrar, ah, había que sumar el primo a los que eran en ese momento. Enarqué una ceja cuando dijo que yo era más elocuente que Caleb, algo que a este le hizo gracia porque se rió como si le diera la razón pero que igualmente hizo como si eso mismo se pudiera aplicar a él y a la egipcia. Escuchamos su plan, a ella no parecía gustarle en absoluto el plan que él había trazado porque cuando quiso intervenir él no la dejó, y algo me dijo que no se iba a quedar callada en ese asunto- ¿Crees que tú rey creerá que vamos a entregarte sin motivo alguno? –Para empezar era algo que me tenía un poco escamada, o quizás era lo que él decía: que si se lo entregábamos bastaba, además que tendríamos que movernos de nuevo hacia donde estuviera el castillo- ¿tu primo y tus hermanos para asaltar un castillo, más luego nosotros tres? –Ahí era donde menos probabilidades veía, pero el que mandaba no era yo sino Caleb, mis ojos fueron hacia su rostro que lo veía pensativo- ¿has estado alguna vez en el castillo ese, sabrías decirnos las salidas en caso de que tu plan funcione?




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Sáb Jul 15, 2017 1:44 pm

Mis dedos surcaban los ajenos, esto era algo que no debía suceder, prohibido la relación entre dos miembros de la orden en activo, pero..no pude evitar que la yema de mis dedos acariciaran tibias los ajenos.
Maldije su decisión, maldije como me miraba y aun mas las ganas que tenia de acortar las distancias y besarla.
Me mantuve en mi sitio mientras Eileen me preguntaba si podía confiar en ellos.
La respuesta era no, yo no confiaría nunca en alguien que quisiera usar la reliquia y el orbe para su propio beneficio, peor se trataba de evitar el mal mayor...

Yo lo veía así, nosotros teníamos el orbe, el rey del norte la reliquia y los vikingos nada de nada, con lo cual ahora mi preocupación se dividía en dos cosas y ambas se podían solucionar del mismo modo.
Quitar la reliquia al rey del norte, algo que con ayuda seria infinitamente mas fácil, dos mantener a estos vikingos enfrascados en recuperar la reliquia en una pelea a melé con el rey del norte, lo que apartaba su atención del orbe en cuestión que pretendíamos proteger, si eso no era matar dos pájaros de un tiro...

Ladeé la sonrisa cuando el vikingo nos narró su plan maestro, hasta ese momento había deducido que no estaba bien de la cabeza por enfrentarse a un licantropo a cuerpo descubierto, ahora, escuchadas sus palabras me dí cuneta que era un puto suicida y en cierto modo me dio pena la pobre egipcia, le auguraba si es que llegaba, un matrimonio breve, aunque por como se tocaban seria intenso, no me cabía la menor duda de ello.

Naitiri trataba de hacer razonar a su prometido, pero algo me decía que ese hombre forjado en mil batallas no era muy dado a ello.
-Tu plan hace algunas aguas, básicamente el problema no lo veo en como entrar, si no en como salir.
Desconocemos también cual es el groso del ejercito, imagino que las almenas estarán vigiadas...
tu plan es meterse en la boca del lobo, por no decir que la reliquia seguro estará bien custodiada, quizás hasta con sellos mágicos ¿no es cierto?

El vikingo ladeó su sonrisa como si mis palabras tuvieran una versión cómica que yo no acababa de entender.
-Iluminame vikingo, que he dicho tan divertido.
No tardé en entender por donde iban los tiros, aunque su explicación resultaba sin lugar a dudas muy convincente.
-Oráculos -apuntó con una picara sonrisa -El rey posee oráculos que se anticipan a los planes que podamos trazar hoy en esta habitación, por eso..no tener ni puta idea de como saldremos de esa, hace que el caos se convierta en nuestro aliado.
Por no decir que en vuestra mente sobrevuela la idea de traicionarnos, casi tanto como por la mía robaros la reliquia en cuanto caiga en vuestras manos, alzadas las cartas, vista la mano...el plan es descabellado pero el único posible.
Si trazamos con detalle cada paso el rey del norte se adelantará a nosotros, eso te lo aseguro y nos dará caza antes incluso de mover la primera ficha en el tablero.
Tenemos que no saber ni nosotros que peón moveremos, así, nadie podrá leer unos movimientos que desconocemos ¿me sigues? -preguntó con fiereza.

Ese hombre era el que mas arriesgaba, a fin de cuentas, él seria quien fuera encadenado como ofrenda.
-Acepto – sentencié -pero..tengo una duda ¿por que haces esto?
Tampoco es que nos quedara otra opción...pero me costaba comprender como estando a punto de casarse era capaz de arriesgar tanto.
-Porque se lo debo a lso mios, yo perdí la reliquia -fue su escueta respuesta.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Jul 17, 2017 2:56 am

Lo que más quería evitar es que volvieran de nuevo a pelearse como habían hecho antes, los dos no dejaban de mirarse fijamente y de desafiarse con la mirada, es más mis dedos acariciaban su nuca de alguna forma buscando tranquilizarla dado como estaba cada uno, los dos estaban heridos aunque el que quizás presentaba mayor gravedad era el vikingo, pero sabía de sobra que eso no iba a pararlo y que si debía de entrar en combate de nuevo lo haría. Quizás una unión entre ambos fuera lo mejor para poder dejar las peleas a un lado, centrados en un mismo objetivo quizás dejaran sus rencillas de lado aunque algo estaba claro, ambos querían el orbe por diferentes motivos y aunque solucionaran el problema de que el rey del norte tuviera dicha reliquia, la pelea por el orbe luego seguiría… pero eso era algo que aún tardaría en pasar, primero debían de quitarle la reliquia al rey, algo que no veía fácil por lo que Ubbe me había contado, seguramente este mismo no tardaría en descubrir que le faltaba una parte de la reliquia para completar y pronto enviaría de nuevo a su ejército para ir en su búsqueda. Lo que nos dejaría de nuevo en la misma situación que cuando estábamos en Egipto, salvo que habríamos cambiado de escenario.

Lancé un suspiro dejando mi otra mano en su pecho mientras los escuchaba a ambos, yo poco podría decir o aportar en aquel momento pero su idea de unirse la veía lógica, intentaba que el vikingo entrara en razón llamándolo para que se centrara en mí y dejara de mirar así a Caleb, desafiándose en todo momento. Sabía lo que el vikingo pensaba, quizás hasta que no le gustara que le dijera que unieran fuerzas pero desde mi punto de vista era lo mejor. Claro que lo que no pensé, en ningún momento, es que aceptara la propuesta hecha por Caleb, pero sobre todo lo que sin duda alguna no esperé era el plan que él había trazado en su mente. En cuanto comenzó a hablar mi mirada se fijó en él, de hecho es que iba a replicarle cuando levantó su mano en mi dirección pidiéndome silencio, algo que debía de admitir me cabreó demasiado y me hizo fruncir el ceño como si yo no tuviera nada que opinar en ese aspecto.

No tardó en dar a conocer su plan y expresar lo que yo temía que estaba pensando, ya era conocido el gen suicida que tenía pero ¿entregarse al Rey? Estaba completamente loco si pensaba que iba a dejar que lo entregaran como rehén para que ellos pudieran entrar en el castillo, lo miré de forma fija cabreada por la decisión suicida del vikingo por pensar en entregarse como rehén para conseguir la reliquia. Sus palabras no me alentaron en nada, es más, todo lo contrario más sentía que me enfada conforme iba explicando su parte del plan, decía que cualquiera que llevara el apellido Cannif lo apresarían para matarlo y torturarlo lentamente… ¿de verdad creía que me iba a quedar tranquila con eso, sabiendo que ya su rey había puesto precio a su cabeza cuando estábamos en Egipto? Pues como si con eso no estuviera contento del todo, comenzó para mi desgracia a relatar lo que pasaría una vez lo entregaran, a él lo desangrarían en el patio de armas mientras a los otros dos les hacían una cena por haberlo entregado, momento en el cual sus hermanos y su primo pasarían a entrar en acción para salvarlo y así poder conseguir la reliquia y salir de allí.

El lobo no parecía muy convencido de su plan y fue Eileen quien hizo las preguntas más obvias, preguntas que luego el mismo lobo le hizo al vikingo mientras yo había quitado mis manos de su cuerpo en señal de cómo estaba con él, aparte que lo que yo dijera o dejara de decir parecía que no tenía valor ninguno, él ya había tomado su decisión y parecía firme con ella. Incluso le respondió que el rey tenía oráculos para saber cada uno de los planes trazados que pudieran hacer, con lo que el plan básicamente era un completo suicidio ideado por alguien que era un completo suicida también. Pero incluso con esas, con no saber qué pasar, no saber si podrían salir una vez estuvieran dentro… el lobo aceptó. Mi única esperanza que había tenido de que el plan no se llevara a cabo se acababa de esfumar en cuanto el lobo aceptó el plan que mi suicida prometido había ideado para poder obtener la reliquia. Preguntó también por qué lo hacía a lo que él, sin dudar siquiera, respondió que se lo debía a los suyos, que él había perdido la reliquia.

Suficiente. Ya había escuchado suficiente sobre todo aquel disparate, sobre aquella descabellada idea que habían tenido y de la que no pintaba absolutamente nada. Estaba… cabreada, frustrada… no iba a poder hacer nada por pararlo porque su decisión era férrea, y además después de escucharlo parecía que las opciones de salir eran mínimas. No quería seguir escuchando ni una sola palabra más de todo aquello, nada de reliquias, nada de planes suicidas, nada de asaltos a castillos ni torturas… simplemente me levanté sin siquiera decir nada y salí del comedor para dirigirme al a cocina y alejarme de lo que pudieran seguir hablando mientras mi mente iba por otro lado mientras apoyaba las manos en la bancada de la cocina y cerraba los ojos. Entendía que él haría lo que fuera por los suyos, que jamás dejaría de lado la guerra que sufría su país, que su deber estaba para con los suyos pero… ¿idear ese plan tan suicida donde quizás no pudieran salir y encima entregarse como rehén para que lo torturaran? ¿Cómo demonios pretendía que me sintiera contra esas cosas? Joder, amaba a ese maldito vikingo y sabía cómo era pero… entregarse a manos de una muerte segura no era algo que me gustara, menos todavía que lo hubiera planeado todo él.





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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif el Lun Jul 17, 2017 5:15 am

Nai tal y como hablaba dejó de tocarme el pelo, podía ver que estaba cabreándose tal y como el plan iba escapando de mis labios.
Pero se casaba con un vikingo, la guerra era mi pan de cada día y aunque era cierto que el plan era arriesgado confiaba en que mis hermanos me sacaran del embrollo..de eso se trataba esto, de confianza y yo confiaba.

Cuando no aguantó mas fue cunado le lobo acepto lo que seguro en la mente de mi prometida pintaba como un plan suicida.
La vi alzarse y salir de allí antes de empezar a gritarme, que posiblemente es lo que de no estar esos dos haría.
Sujeté mi costilla alzándome del sofá para seguirla, siseé por le dolor bajo la atenta mirada de esos dos.

Vi como Eileen pensaba impedirme que me marchara para ir tras la Egipcia, pero el hombre alzó la mano y con un gesto para que se quedara quieta se lo impidió.
Así acorté la distancia del comedor a la cocina, estaba allí, con las manos apoyadas en la encimera ojos cerrados y la respiración errática como si contuviera aquella agonía que posiblemente sentía.

Rodeé con mis brazos su cintura, su espalda contra mi pecho y mis labios se perdieron tibios en su cuello regalandole un sinfín de caricias que merecía.
-Te quiero -susurré contra su piel -te quiero tanto que ni el Valhalla es suficiente como para impedirme volver -aseguré acariciando con mi nariz su cuello.

No se movió, como si fuera una estatua de mármol permaneció inmóvil contemplando el mármol.
-Nai, se que no estas acostumbrada a esto, pero la guerra corre por mis venas con violencia, conmigo siempre existirá esto...hoy es entrar en el castillo del rey del norte, mañana alzaré la espada para entrar a mele con un ejercito enemigo...

Mis labios mordieron su hombro suavemente, lamí después el recorrido de mis dientes.
-Te quiero -susurré contra su piel - y te juro por Odin que volveré. Se lo debo a los míos, no tendría el rey del norte la reliquia si no fuera porque yo la entregue.
Cerré los ojos apoyando mi frente en su hombro.
-Nai, si consigue el orbe acabara con mi familia, mis amigos, el norte... no puedo permitir que eso suceda ¿lo entiendes?

La giré para que me mirara, mis ojos se perdieron en sus desiertos, amaba a esa mujer por encima de todo, pero no podía olvidar quien era.
-Nai, volveré, volveré a tu lado aunque tenga que cruzar el helado Hel y luchar con Loqui con mis propias manos.
Nada impedirá que cumpla mi promesa -susurré girando el anillo que portaba mi prometida en su dedo -nada impedirá que vuelva y nos casemos -ladeé la sonrisa -y que te dejes de tomar esas hierbas y me des un linaje de pequeños vikingos ¿que me dices?

La atraje de la cintura para que nuestros cuerpos chocaran, jadeé contra su boca y la lacé emitiendo un gruñido por el dolor sentándola en la encimera.
Le abrí las piernas hundiéndome entre ellas, mi boca apresó la ajena perdiéndome en cada resquicio de ella, lento, húmedo, enredé mi lengua a la ajena.



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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen el Mar Jul 18, 2017 4:35 am

Si había algo en lo que confiaba era en el juicio que Caleb tenía sobre todo aquello, sabía perfectamente que su experiencia en el campo de batalla y siendo el líder de la Orden era mejor que la de ninguno, incluso mejor que la de los cinco miembros restantes que formaban el consejo. Yo no tenía apenas experiencia en ese tipo de cosas pero aun así sabía cuándo un plan podía ser bueno o podría ser tremendamente malo, y la verdad había que decir que el plan del vikingo era el de un completo suicida. Naitiri no paraba de acariciar al vikingo como si con ello consiguiera de alguna forma calmarlo y sosegarlo y desde que lo acariciaba parecía que este había entrado en calma porque estaba mucho más relajado. A mí también me gustaría poder acariciar al lobo como ella estaba haciendo con su prometido, calmar su dolor porque él estaba totalmente tranquilo, su temple era muy diferente al que el vikingo tenía y eso hizo que sonriera levemente de lado. Por otra parte sentir sus dedos acariciando levemente los míos no ayudaba en nada, su tacto cálido, más que el de cualquier humano por su condición de lobo quemaba y abrasaba mis dedos, en una caricia que me sabía a nada y que me dejaba con ganas de mucho más.

Callé, callé porque de los dos era él quien debía de aceptar o no lo que el vikingo le proponía y yo nada podía objetar en ese aspecto, no por nada era mí líder y yo debía de aprender de él así que me centré en escuchar lo que ambos decían pero siempre estando pendiente de los gestos del lobo. Había que decir que mi mirada de vez en cuando también se fijaba en la mujer que tenía el vikingo al lado, calmada y tranquila pero que podía ver claramente como su cara iba cambiando por momentos, su ceño se hizo presente fruncido cuando él levantó la mano como si supiera que ella iba a interrumpir lo que estaba diciendo. Era una idea totalmente suicidad y miré a Caleb esperando que, de alguna forma, él también lo viera. Ella permanecía callada como yo, ambas en ese aspecto no teníamos nada que objetar porque nuestras experiencias no eran muchas en esos campos de batalla pero… podía ver como le iba cambiando el rostro conforme su prometido hablaba.

Es más, su mirada se centraba en la del lobo como si de alguna manera esperaba que él dijera que no, que era un completo suicidio y que no iba a hacer aquel trato con él pero ¿acaso teníamos elección? Era como si fuera todo lo que debíamos hacer para salvar la reliquia y dejar a salvo el Orbe, de hecho es que era justamente eso lo que debíamos de hacer. Aliarnos con el enemigo por un bien mayor y común, pero el plan que él presentaba era bastante loco. ¿Entregarlo como rehén a su rey y esperar que mientras este nos sirviera un banquete, y a él lo torturaban, sus hermanos y su primero entraban como refuerzos? Descabellado totalmente, ¿y el hecho de salir? Algo que Caleb preguntó porque, como yo, no veíamos nada claro. Pero parecía que el vikingo sí lo hacía así que, tras una pausa, le preguntó qué era aquello tan gracioso que desconocíamos. La respuesta no fue mucho mejor: oráculos.

Seres capaces de predecir cualquier movimiento que pudiéramos urdir en esa noche y que de nada nos serviría, lo que él proponía era el caos para que nuestros pasos no pudieran ser vistos por ellas y así poder tener alguna huida si es que la teníamos realmente. Él pasó a explicar lo que sucedería con los oráculos y el por qué no tener un plan detallado el completo, esperaba que eso pudiera sernos a nuestro favor y tras su explicación se hizo un breve silencio en la sala. Podía ver la mirada de Naitiri puesta en Caleb esperando que se negara, se le notaba bastante enfadada y no era para menos, de estar en su situación también lo estaría con lo que a su prometido le tocaba, sin duda el peor parado de ellos era él. Pero para su desgracia Caleb aceptó, pude ver como se le descompuso la cara por completo y yo miré al lobo, no iba a cuestionarle pero ¿de verdad sabía lo que se estaba haciendo? Preguntó por qué y él respondió que se lo debía a los suyos y fue en ese preciso momento cuando ella se levantó sin decir nada, pasó de largo por donde estábamos sentados y nos dejó a los tres en el salón.

La entendía, el miedo que debía de sentir, la preocupación que la estaría atormentando en esos momentos… no sería peor que lo que tuviera que sufrir yo llegado el momento, y aunque pudiera estar en el campo de batalla con él para saber que nada le pasaba, si le pasaba algo jamás lo podría soportar. Es más, solo pensar en el plan suicida en el que nos íbamos a meter me daba hasta un poco de miedo, pero eso era algo que jamás mostraría ante nadie. Él se levantó para seguirla llevándose la mano al costado, iba a levantarme para pararlo y que no nos dejara pero un movimiento de Caleb fue todo lo que necesité para quedarme quieta en el sitio, al fin y al cabo eso eran cosas que debían de arreglar ellos. Nos quedamos solos en aquel salón, sentados en aquel sofá y cuando no oí los pasos del vikingo me levanté para coger una de las botellas de alcohol que había sobre la mesa y apoyarme en ella dando un trago, observando al lobo.


-No pretendo cuestionar tú decisión pero… ¿estás seguro de aceptar? ¿A ese plan en el que hace aguas por todos lados? –No por nada era líder, el que más experiencia tenía de todos y yo la que menos, así que si él aceptaba acataría las órdenes e iría hasta el fin del mundo si me lo pidiera- No me gusta que su rey tenga oráculos y puedan ver nuestra jugada pero… ¿pretender salir vivos del caos que se pueda formar, con tan pocos recursos? –Volví a dar otro trago y volví sobre mis pasos para sentarme a su lado en el sofá, pasándole la botella por si quería beber y mi mano iba hacia el costado done seguramente tendría un par de costillas rotas como si fuera una leve caricia, podía ver su frente perlada en sudor y ahora que estábamos solos la limpié sintiendo su mirada fija sobre mí, mi mano resbaló por su rostro en una caricia anhelante en busca de más y dejé la otra mano allí donde la costilla estaba rota- debería de curarte mejor –comenté en un susurro pese a que estábamos solos estando cerca del lobo- debería de mirarte bien esas costillas –lo miré de forma fija, debería de hacer tantas cosas… como por ejemplo alejarme de él, sin embargo era incapaz de hacerlo. Aparté unos mechones de pelo de su rostro sentada a su lado, de cara a él, hasta que mi mano se deslizó por su brazo hasta de nuevo enlazar nuestras manos- creo que deberíamos de irnos, poco más podemos hacer en esta situación y me quedaría más tranquila si descansaras un poco. Hemos conseguido más de lo que habríamos podido imaginar y él no se va a ir a ninguna parte, no estando así –negué levemente con la cabeza y la apoyé en su pecho mordiéndome el labio- déjame llevarte de vuelta al hotel, mañana será otro día, podemos buscar a Welsh y contarle lo que hemos averiguado –subí mi cabeza para mirarle, aunque yo lo deseara era él quien mandaba, era él quien tenía la última palabra.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Mar Jul 18, 2017 10:31 am

Los ojos Eileen se paseaban por mi perlado rostro, ver preocupación en ellos era un echo, uno que no me pasaba desapercibido y que iba mucho mas allá de lo que implicaba la relación de un maestro con su aprendiz.
Suavemente apartaba el pelo de mi rostro, estaba ligeramente pegado en mi frente, ella sabia que no me encontraba bien, aunque las heridas a simple vista habían curado, mi costilla, como la del vikingo seguía quebrada.
Sin duda la mía curaría antes, pero eso no implicaba que no necesitara una atención primaria.

El vikingo se ha ido tras la egipcia, no me gustaría estar en el pellejo de ese muchacho para explicarle a la pobre mujer las razones que lo llevan a presentarse voluntario de un plan tan descabellado.
Sin duda su posición es la mas arriesgada, mientras nosotros tenemos que pasar desapercibidos para poder buscar la reliquia mientras la fiesta se produce, él estará siendo torturado en el patio de armas.
Lo que me sorprende es la facilidad con la que lo dice y la falta de importancia que parece darle a su vida.
Como él, yo también soy un guerrero que moriría por mi causa, pero yo no busco la muerte, todo lo contrario intento no mirar de frente a la parca de no ser necesario.
Él parece esta forjado de otro modo, uno que no alcanzo a entender y que por su bien espero si lo haga su prometida.

Eileen me pregunta sin dejar de acariciarme si estoy seguro de que ese pan descabellado puede dar su fruto.
-No lo se -aseguro deslizando mis dedos de forma distraída por su brazo hasta qe nuestros dedos quedan engarzados.
Mi gesto muestra la preocupación, se que el caos nunca ha sido mi forma de funcionar, pero en algo tiene razón el vikingo, el conoce mejor que yo al enemigo y si posee oraculos que leerán nuestros pasos antes de darlos la única manera de llevar acabo la recuperación de la reliquia es sumirnos en ese caos del que el Vikingo habla.-Salga bien o mal, ganamos en parte, pues si matan a los vikingos que vienen a por el orbe nos habremos quitado de encima a unos enemigos y solo tendremos que centrarnos en salir de allí fingiendo ser lo que dijimos al adentrarnos en el castillo...unos amigos que le llevan un gran rehén.
Si por el contrario el plan sale bien, ese Rey del norte no poseerá la reliquia y tendremos que luchar solo contra unos jóvenes cansados, heridos para recuperarla...

Eileen me miró fijamente, a mi tampoco me gustaba tener que matar a los que iban a colaborar para obtener la reliquia, peor como el vikingo había dicho, tras obtenerla volveríamos a ser enemigos, él no desistiría en su empeño de obtenerla, ni yo en el mio de protegerla para salvar el mundo.
Lleve sus nudillo a mis labios y dejé allí un beso calmo.
Me pedía que nos fuéramos y quizás era lo mejor, poco o nada mas teníamos que hacer allí, habíamos llegado a un trato, uno en principio ventajoso para todos.

Apreté la costilla y me puse en pie, Eileen rápida colo su cuerpo bajo mi brazo, nuestros alientos se encontraron al tiempo que de nuevo nuestros dedos se enredaban.
Me apetecía tanto besarla que por un momento en su boca quedaron anclados mis ojos.
Ladeé la sonrisa incapaz de dejar de mirarla, su decisión nos había condenado.
-Vamos.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jul 19, 2017 4:33 am

Había tenido suficiente de aquella reunión de suicidas que había tenido en el salón de mí casa, uno por dar la idea y el otro por apoyarlo aun cuando sus posibilidades eran bastante bajas y que quizás no consiguieran ni salir vivos, o hacerlo, pero no obtener la reliquia. No sabía lo que pasaba por la mente de aquellos dos hombres para ceder a esas cosas, Eileen era la única que se había quedado callada y la que más se había estado fijando en mis gestos mientras a mí, conforme Ubbe hablaba me iba cambiando la cara. Pero de verdad no aguanté más cuando Caleb accedió al plan de mi prometido como si también tuviera un gen suicida, contagiado por mi prometido. ¿En qué pensaban esos dos? No lo sabía pero lo que tuvieran que seguir hablando no lo iba a escuchar, bastante tenía ya en mi cabeza con saber lo que pretendían hacer, con saber que Ubbe se iba a entregar de rehén voluntariamente para que lo torturaran mientras los otros eran atendidos como Dioses y a él lo torturaban mientras esperando a que luego, en un descuido, sus hermanos y su primo se colaran para hacer un caos de todo aquello y así los oráculos no pudieran saber sus pasos esperando que eso les ayudara a salir con vida.

Me levanté sin decir nada y sin mirar a nadie y salí para dejarlos a los tres allí, fui hasta la cocina y apoyé mis manos en la bancada de la cocina cerrando los ojos mientras notaba la respiración errática, como si me faltara el aire, una presión en el pecho de angustia que no se desvanecía por mucho que lo intentara. No me encontraba bien, quizás no debería de haber sabido de aquel plan y quizás estaría mejor, o estaría igual preguntándome qué plan suicida se le habría ocurrido igualmente. Lo escuché antes de que se acercara, conforme estaba dejaba su peso apoyado en el lado contrario de donde tenía la costilla rota y pude escuchar sus pasos que se acercaba hacia donde estaba, igualmente no me giré y me quedé de la misma forma intentando quitar la sensación que me corroía por dentro y aliviarla de alguna forma, aunque en esos momentos no sabía cómo aliviarla ni como quitarla cuando ya lo sentí justo detrás de mí.

Sus brazos rodearon mi cintura, se pegó a mí espalda y sus labios recorrían mi cuello dejándome caricias por todo el lugar, de forma suave y lenta. Las primeras palabras que dijo fueron un “te quiero” que hizo que mi corazón latiera con fuerza y un escalofrío placentero recorriera mi cuerpo, junto con un calor en el pecho por sus palabras susurradas contra mi piel. Decía que me quería tanto que ni el Valhala podría hacer que no volviera, pero para la desgracia de ambos eso era algo que no lo decía él, que no podía decidirlo. Su nariz seguía acariciando mi cuello pero la sensación en mi pecho no se iba, no se desvanecía sino que seguía anclada de alguna forma si no pudiera soltar el lastre. Intentaba de alguna forma excusarse por el plan suicida que había urdido, decía que yo no estaba acostumbrada a esas cosas y era cierto, que la guerra corría por su sangre y también lo sabía al igual que con él siempre habría esa posibilidad pero… ¿ni siquiera se había parado a pensar lo que estaba diciendo? Torturarle, una encerrona en toda regla… ¿y si sus planes no salían como él preveía? ¿Y si el rey decidía matarle para ahorrarse futuras molestias?

Lancé un suspiro bastante pesado pero no me moví de donde estaba, intentaba asimilar todo pero cuanto más lo hacía menos lo comprendía. Mordió de forma suave mi hombro y luego lamió despacio el lugar que había mordido pero seguí sin moverme, sin comprender del todo porque arriesgaba tanto de esa forma, era algo que era innato en él pero… ¿no pensaba que yo me quedaba aquí sin saber qué podía pasar? ¿Y si me quedaba esperando para siempre y él no volvía? Joder, es que no podía quitarme esa sensación de encima y no me ayudaba para nada sentir que mi pecho se contraía al saber lo que pretendían hacer. Él se echaba las culpas de que el rey tuviera la reliquia, pero ambos sabíamos la mayor culpable de los dos era yo… de no haber ido con él, de haber sido otra no nos habrían chantajeado, no hubiera entregado la reliquia sin pelear. “Nai, si consigue el orbe acabara con mi familia, mis amigos, el norte... no puedo permitir que eso suceda ¿lo entiendes?” Claro que lo entendía, las consecuencias no solo las pagaría el norte sino que todo el mundo las sufriría. Entendía por qué lo hacía pero…


Me mordí el labio con fuerza cuando finalmente me giró para quedar cara a cara, sus ojos se quedaron fijos en los míos mientras mordía el labio tan fuerte que pensé que iba a hacerme sangre. ¿Entendía él, acaso, que era yo la que me quedaba allí esperando a que volviera? ¿Qué me mataba el no saber que estaría pasando y cómo estaba, que no podría ayudarlo en nada? Porque estaba más que claro que ni se le pasaba por la cabeza el que yo los acompañara, que tendrían que volver a su tiempo para luchar contra el rey del norte pero… ¿y si no podía volver? ¿Me quedaba esperándolo por el fin de los días? Él juraba que volvería a mi lado pero eso era algo que no podía prometerme, no del todo. Que nada le impediría que nos casáramos y mientras lo decía giraba el anillo que llevaba en el dedo, además aseguró que me convencería de que dejara de tomar las hierbas para darle hijos… y yo no dije nada al respecto, pero él acortó las distancias juntando nuestros labios, me alzó soltando un gruñido por el esfuerzo de subirme sobre la bancada y atacó mi boca separando mis piernas para colarse en ellas, adueñándose de mi boca en aquel beso lento, húmedo, sentido y necesitado.

Rodeé su cintura con mis piernas y mi mano la dejé en su nuca y la otra en su pecho dejándome llevar por aquel beso en el que él marcaba y ponía el ritmo, lo pegué todo lo que pude a mi cuerpo sintiendo que necesitaba sentirlo, tenerlo cerca, notar el calor que su cuerpo desprendía y que se traspasaba al mío. Gemí en aquel beso subiendo mi mano por su pecho hasta acunar su rostro, mi pelo nos hacía casi de cortina mientras solo me centraba en él, en lo que me provocaba, en lo que me hacía sentir con un simple beso, en lo que sentía por él, lo que lo quería, lo necesitada que me había vuelto de tenerlo en mi vida, día a día, discutiendo, peleando, gritando, pero siempre amándonos, esas pequeñas cosas, esos roces que todos tenían a nosotros nos unía mucho más y todo quedaba olvidado y perdonado, firmábamos la paz de la forma más dulce y placentera que había entre caricias y besos mientras me hacía suya o yo lo hacía mío… daba igual. Me separé para mirar esos orbes azules que se habían convertido en el mar por el que mi brújula se guía, sentía que me picaban los ojos y que un nudo se formaba en mi garganta por ello.


-No eres tú quien lo decide… -comenté en un tono bajo apoyando mi frente contra la suya- no eres tú quien decide si se va o no al Valhalla… -como lo perdiera… si lo perdía no iba a salir de ese pozo, no iba a poder hacerlo- ¿puedes entender tú cómo me voy a sentir cuando te vayas y yo me quede aquí, sin poder hacer nada, sin poder ayudar y sin saber qué pasa mientras sé que te van a torturar? –Un quejido brotó de mis labios y los mordí mientras aguantaba las lágrimas que pugnaban por salir- la reliquia también se perdió por mi culpa, ¿significa eso que debo de coger una espada y un escudo y lanzarme contra el enemigo? Joder, entiendo que es a lo que te has preparado toda tu vida pero… -me callé, es que no sabía qué decirle para que entendiera como me sentía, la presión que sentía en el pecho y que no me dejaba respirar- No puedo perderte, ¿entiendes tú eso? –Mis manos cogiendo su rostro dejando nuestros labios rozándose con cada palabra, con cada aliento que dábamos- estoy cansada y harta de perder Ubbe, no he hecho más que perder desde que tenía ocho años… -cerré los ojos con fuerza notando que caían un par de lágrimas- si algo te pasara, si no lograras regresar… no puedo perderte, no puedo, no puedo –repetí apagándose mi voz para acabar abrazando al vikingo con fuerza dejando mi rostro escondido en su cuello, la sola idea de pensar lo que iba a hacer me mataba quedándonos así durante unos minutos en los que yo trataba de calmarme y él me consolaba como buenamente podía, separó mi rostro de su cuello para quitar el surco de lágrimas de mi rostro con sus pulgares y besarme de forma lenta, sentida, sintiendo que necesitaba eso, simplemente sentirlo a él- no puedes hacer grandes esfuerzos ¿recuerdas? –Pregunté separándome un poco y limpiar mis ojos para sonreír como podía en esos momentos- Ubbe –lo miré durante unos segundos mordiéndome el labio, había algo que llevaba tiempo queriéndole preguntar pero no había encontrado el momento oportuno, no era nada malo simplemente que lo había dicho ya tantas veces que… simplemente quería asegurarme- ¿crees o piensas, de verdad, que me tomo “esas hierbas” para no tener hijos o porque no quiera dártelos? –Lo había comentado ya varias veces, el que dejara de tomarlas y aunque quizás no era el mejor momento para preguntar quería saberlo- sabes que quiero tener hijos y que no es algo a lo que me oponga… bueno, tú quieres una legión y yo solo un par –sonreí de lado acariciando su rostro- eso es algo que se puede negociar pero… no sé, es como si el que lo digas tanto me hiciera pensar que de alguna forma lo evito –mis labios rozaron los suyos- quiero formar una familia, de verdad que no sabes lo que os envidio a ti, a Hakon, Synnove, Niels… os envido de forma sana porque tuvisteis algo que a mí se me negó, quiero que mis hijos tengan y disfruten lo que a mí me robaron… dijiste que podías esperar un par de años para tenerlos –lo miré de forma fija- quiero ese par de años, lo quiero para arreglar esta guerra y que esté en calma, para solucionar el problema de ver qué hacemos, quiero casarme contigo y disfrutar egoístamente de mi marido ese tiempo a solas, ¿tan malo es? –Hice una leve pausa y recorrí su mandíbula con mis dedos de forma lenta- luego podemos tener una mini Nai –reí entre dientes- algo morenita de piel, pelo rizado rubio, ojos azules… o un mini Ubbe, algo más moreno con ojos miel –mordí su labio inferior y sonreí solo de pensarlo- mientras podemos practicar, pero hoy no, no puedes hacer esfuerzo… no quiero que la costilla te llegue a perforar el pulmón –ya me imaginaba el reproche que iba a hacerme, pero me iba a mantener firme en eso.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif el Miér Jul 19, 2017 7:42 am

Su frente se apoyó en la mía, la veía devastada y lo entendía, claro que la entendía.
Ella no venia de un mundo hecho para la guerra. Como madre, se angustiaba cada vez que padre calzaba el acero a su espalda, de poco servia que le jurara por Odin que volvería, pues los ojos de madre siempre quedaban anegados de lagrimas.

Desde niño había visto como aferraba el rosario, sus ojos pardos se perdían por el ventanal esperando escuchar el espectro de mi padre regresar.
Madre amaba a padre y aunque siempre respetó lo que era, muchas fueron las discusiones entorno a este tema.
Entendía a Nai, por eso mis labios recorrían su boca buscando calmarla, mi plan era descabellado, pero había tentado tantas veces a la muerte que creo había aprendido a cabalgar con ella a mis espaldas.

Un quejido brotó de sus labios acompañados de palabras que sonaban desgarradas.
-Lo entiendo -aseguré -y es por eso por lo que te quiero, porque se que pese a tus miedos, pese a que conmigo nada pinta fácil, sigues aquí, apretando con tu mano mi costilla para que deje de dolerme, te quiero y te compensaré, te lo prometo.

Decía que también ella era culpable de haber perdido la reliquia, negué contra su boca, incuso sonreí cuando escuche que cogería un escudo una espada para ayudarme en mi batalla.
-La decisión fue mía Nai, el guerrero soy yo pequeña y aunque se te vería muy sexy con una espada en la mano, creo que acabarías cortándome la cabeza en un mal movimiento -susurré entre risas contra su boca.

Ella no tenia ganas de reír, se abrazó a mi, llorando desconsolada, hundiendo su cabeza en mi cuello mientras yo la bajaba de la bancada y apoyando mi espalda en la pared, dejé que nuestros cuerpos cayeran al suelo fundiendonos en un abrazo desconsolado.
-Volveré, te doy mi palabra que no existirá valquiria que me arranque de tus brazos. Busquemos el modo de que puedas estar cerca, quizás podrías viajar conmigo al norte.

Separé su rostro de mi cuello deslizando los dedos por sus mejillas para limpiarlas del agua salada.
-¿descansar? -apunté enarcando una ceja, algo me decía que esas palabras implicaban que no me iba a dejar tomarla.
Nuestros labios se buscaban, nuestros cuerpos se acariciaban, siempre juntos la pasión nos devoraba las entrañas.
Su boca de nuevo me buscó ansiosa, ínfima la distancia que nos separaba solo para tomar una bocanada de aire y de nuevo colisionábamos como la mar embravecida dispuesta a hacer naufragar un drakkar.

Entonces llegó otro tema, el de los hijos, dejé escapar el aire lento contra su boca, aun errático fruto del dolor y del deseo.
-No lo se -reconocí -se que acabamos de conocernos, se que no soy posiblemente l oque ninguna mujer en su sano juicio elegiría como padre de sus hijos.
Procedemos de distintas culturas, para mi tener un gran linaje es importante, mucho.
Para ti con un par de hijos en unos años es mas que suficiente.
Hablas de que quieres que acabe la guerra para darme hijos, pero...y aunque no quiero decirlo así porque se que eso no va a darte paz..yo siempre viviré en guerra.
Si algo se por experiencia al haber vivido la relación de mi padre, incluso la de Höor, es que para los vikingos la guerra forma parte de su día a día, siempre surgen enemigos, peligros...
No conozco la paz Naitiri y creo que a mi lado tampoco tu vas a conocerla, ni nuestros hijos.
Te quiero Nai, pero quiero que entiendas que el si que me has dado implica serias consecuencias.
Entiendo el porque no le gusto a tu padre, no es esta la vida que quería para su hija...
Te quiero Nai, te quiero mas que a nada y soy tan egoísta que te suplico que me quieras como soy porque no puedo cambiar...aunque lo intente.

Fruncí el ceño ante sus palabras.
-Quiero tomarte en el lecho..despacio, lo prometo.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen el Miér Jul 19, 2017 3:15 pm

La verdad es que poco más podíamos hacer en aquel lugar ahora que los dos nos habían dejado solos y que el plan más o menos estaba ya trazado, íbamos a colaborar juntos y eso significaba que dentro de poco partiríamos para aquella misión un tanto suicida pero que si Caleb había aceptado hacer era porque veía posibilidades de salir de allí ganando de alguna forma, eso no quitaba para que no confiara del todo en el plan del vikingo, nosotros no dejábamos todo al caos para que pudiéramos salir de allí con vida pero si era cierto que era la única forma que había de que los oráculos no pudieran saber nuestros pasos. Era la única oportunidad, mientras nosotros los distraíamos con la entrega del vikingo y en la cena en medio de la celebración sería cuando lo soltarían y cuando empezaríamos a hacer aquel plan descabellado, pero que si salía bien podría ayudarnos a obtener la reliquia… otra cuestión diferente era después cuando hubiéramos salido del castillo y nos peleáramos de nuevo por ella.

Miré los ojos del lobo de forma fija durante unos segundos notando su mirada también puesta en mis azules, lancé un leve suspiro en el que seguro que se me notaba demasiado la preocupación que tenía en esos momentos por el plan, y por él sobre todo. Sentí sus dedos que se deslizaban por mi hombro en una lenta caricia hasta dar con mis dedos de nuevo y me mordí el labio escuchando sus palabras, tenía razón, ganábamos de todas formas pasara lo que pasara, nosotros estábamos en el lugar aventajado que no corría riesgos realmente, quien peor lo tenía allí de todos era el vikingo. Mi mirada por un momento se dirigió hacia la puerta por donde se habían ido, lo sentía por ella, porque se le había visto bastante mal y afectada y solo esperaba que de alguna forma pudieran arreglarlo. Luego lo miré cuando dijo que posiblemente tendríamos que matarlos para poner a salvo la reliquia y que no tuvieran que utilizarla… a ninguno nos gustaba el plan pero era lo que teníamos que hacer para poder salvar al mundo, esa era nuestra misión.


-Lo sé… -dije mirando un momento hacia otro lado mientras lo pensaba, mis ojos fueron a los suyos de nuevo cuando levantó mi mano y dejó un beso en mis nudillos haciendo que me mordiera el labio brevemente, allí nada más podíamos hacer ya que todo estaba dicho y la verdad es que me preocupaba bastante la costilla rota que tenía, sabía que era un lobo, sabía que era capaz de curarse con más rapidez que yo pero eso no quitaba para que si no era bien curada podía traerle graves consecuencias. Me levanté esperando a que él lo hiciera y cuando se levantó, cogiéndose la costilla con su mano, rápida antes de que se estabilizara pasé mi cuerpo bajo su brazo para que su peso no cayera del todo y se apoyara en mí. su brazo estaba pasado por mis hombros y nuestros dedos volvieron a enlazarse, mirándonos de frente tan cerca, sus ojos estaban fijos en mis labios y los mordí ante el deseo que sentía de que me besara. Asentí con la cabeza cuando dijo que era el momento de irnos y a un paso algo lento salimos de allí dejándolos solos, tenían mucho que hablar seguro. Mientras mi mano agarraba la suya del brazo que tenía pasado por mis hombros la otra rodeaba su cintura para ir a su ritmo y seguirle el paso dejando que cayera todo su peso sobre mí más que sobre él. Su calor me envolvía y me atrapaba sin poder evitarlo, me llamaba y me tentaba teniéndolo tan cerca y sin poder hacer nada como estaba deseando.

Entre conversaciones tranquilas sobre lo que había pasado y al acuerdo loco que habíamos llegado finalmente llegamos al hotel, subimos hasta la habitación y abrí la puerta para dejar que entrara y ayudarlo a tumbarlo en la cama, cerré la puerta con el pie cuando entramos y fui a por unas toallas y lo necesario para examinarlo y ver como de grave era lo que tenía. Las heridas del rostro ya casi que no las tenía por su rápida sanación, así que mientras me lavaba las manos le pedí que se subiera la camisa aunque más bien acabé rompiéndola con la daga para no perder tiempo con todo lo necesario ya a mí lado. Me senté en el borde de la cama, aparté mi pelo y con cuidado palpé y toqué la zona de las costillas… podía notar que tenía un par rotas y no solo una, así que limpié la zona y procedí a lo único que podíamos hacer en ese momento; vendarle y apretar las vendas con fuerza para que lo mantuvieran fijo y no se moviera demasiado, seguro que al día siguiente terminaría de sanarse mientras que el vikingo tardaría algo más en hacerlo. Mojé una de las toallas y la pasé por su rostro para quitar el rastro de sudor que tenía despejando así su rostro de los mechones de pelo, me levanté para prepararle algo que había cogido cuando llegamos al hotel y se lo di para que lo tomara, mezclado todo en un bol para que se lo bebiera, algo que le ayudaría con el dolor y a descansar.


-Deberías de descansar –dije cuando terminó de beberse lo que le había preparado sonriendo por la cara de asco que puso, pasándole la botella para que se quitara el sabor de la boca, mis dedos se pasearon por su pelo sin apartar mi mirada de él… me era tan sumamente complicado apartarme, alejarme y no acercarme a su rostro y besarlo como deseaba que acabé lanzando un suspiro con sus ojos puestos en los míos, sabía que lo que le había dado no tardaría en hacerle efecto- voy a darme un baño, tú descansa –le dije antes de inclinar su rostro y dejar mis labios en su frente, un beso algo más largo de lo normal pero que lo hice por no buscar sus labios como deseaba en realidad. Me separé dejando una caricia en su rostro y me levanté para ir al baño y llenar la tina, me quité la ropa y la dejé caer al suelo metiéndome dentro. Al final acabé enrollando mi cuerpo a una toalla pensando que ya estaría durmiendo cuando saliera pero para mi sorpresa seguía todavía despierto, enarqué una ceja por eso y fui hacia donde estaba la palangana de agua con aquel espejo peinando mi pelo mojado y liso sintiendo su mirada en mí- pensaba que lo que te he dado te habría hecho efecto ya y estarías durmiendo –lo miré por el espejo y sonreí, dejé el peine y me acerqué para tumbarme a su lado y mirarle- tendría que haberte dado una dosis más fuerte –comenté con cierto deje divertido y mis dedos deslizándose por su pecho de forma lenta




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Caleb Montoya el Jue Jul 20, 2017 3:12 pm

A paso lento me ayudó a llegar hasta el hotel, íbamos hablando sobre lo que esa noche habíamos presenciado, sobre la valía de esos vikingos y en parte sobre el temor de que los soldados del rey del norte, no distaran en valor y valía de la que tenia ese que hoy habíamos conocido.
En los ojos de Eileen veía tristeza, la conocía y sabia que una parte de ella sentía apego por esa mujer, la egipcia, le daba lastima, lastima porque ese cabeza hueca que tenia como prometido iba a ser el peor parado del asunto.
También porque posiblemente no quería que tras trabajar juntos, tuviéramos que llegar a enfrentarnos a unos vikingos maltrechos por le peso de una batalla.

Me dejó caer sobre el lecho, siseé ligeramente bajo su preocupada mirada y pronto le lancé una sonrisa ladeada para demostrarle que estaba bien, como ella decía, solo necesitaba un poco de descanso.
Se alejo un instante, solo para volver con una venda con la cual rodeo mi torso por completo para dejarlo lo mas inmóvil posible. Mis ojos se desliaban por sus labios, pintando en el lienzo de su cara aquella boca perfecta.

Mis ojos se tornaron ámbar, era indudable la atracción, el deseo que por ella sentía.
Mi respiración errática por como la costilla quebrada oprimía mi pulmón se torno mas pesada, daría lo que fuera por enredarme ahora con ella en la cama, pero de hacerlo, de volver a permitirme pecar...nunca pararía esto ya y tenia que ser yo el que pusiera cordura a esto.

Se acercó a mi con un cuenco, en el, unas hierbas diluidas en agua. Bebí el cuenco al completo, no tardé en sentir los efectos, era un relajante muscular que me adormecía.
Eileen me dijo que se iba a la tina, necesitaba un buen baño, que descansara mientras tanto. Un beso en mi frente que me convertía mas en un padre que en un amante y un pesado suspiro que exhale contra su rostro sin decir una sola palabra al respecto.

Mis ojos se centraron en el techo, me daba cuenta de que tarde o temprano Eileen se fijaría en otros, chicos como Wesh, de su edad, con los que tendría tórridas relaciones mientras yo me quedaba atrás, en eso, en un padre, un amor platónico al que iba a ver entrenar siendo adolescente.
Tarde o temprano se daría cuenta de que lo nuestro era una estupidez...que no podía perder mas tiempo con un viejo que le triplicaba su edad y con el que no podía tener nada por la posición que ambos en el consejo ostentaríamos.

No tardó en abrirse la puerta, la busqué con la mirada, envuelta en una toalla, con su largo pelo de fuego peinado a un lado.
De nuevo mi mirada centelleo, el deseo era reflejado en mis ojos y no podía controlarlo.
Se acercó con una sonrisa que iluminó la habitación, la conocía desde que era una niña, la deseé desde que se convirtió en mujer y ahora...era mi prohibición.
-Estoy como borracho -reconocí -adormilado totalmente -apunté enredando las palabras por el efecto del calmante.
Mis ojos se deslizaron por su piel desnuda.
-Me has querido drogar para que no me lanzara bromeé fruto del estado en el que estaba.
Cerré los ojos frente a ella.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Naitiri Zahir Ayer a las 12:14 pm

Para alguien que no había vivido la guerra como yo costaba más entender algunas cosas del vikingo, incluso así sabía desde el principio que no iba a dejar a los suyos en la guerra que acechaba el norte, era más que comprensible que no lo hiciera, y que su deber estaba para con los suyos algo que era más bien indiscutible porque se notaba y se veía pero… eso era una cosa, y otra acepta planes suicidas como el que había estado planeando con Caleb. Entendía que había que quietarle la reliquia al rey del norte porque en sus manos corríamos todos un grave peligro, hasta ahí no había problema alguno pero me costaba aceptar que se prestara para ello arriesgando su vida tanto… para mí era difícil explicarle cómo me sentía en esos momentos porque no me salían las palabras del todo. Trataba de asimilar lo que pasaría cuando se fueran y yo me quedara, las dudas, el miedo y la incertidumbre me carcomerían a cada segundo que se fueran sin que pudiera saber nada… no me fiaba, aunque sí del vikingo no me fiaba de lo que pudiera pasar allí… muchas flancos abiertos.

Él me aseguraba que volvería y que nada lo detendría para ello pero, aunque lo creía al completo, sabía que eso era algo que no dependía de él, que no era algo que pudiera negociar o decidir, si tenía que pasar pasaría… y yo no sabía cómo iba a afrontar el hecho de que no volviera, ya no solo por lo que pudiera pasar en el campo de batalla sino ¿y si por alguna razón le era imposible volver? De hecho, ¿cómo había llegado él hasta esta era? Todo era raro y confuso y fue por eso mismo por lo que acabé callándome al darme cuenta de que no podía más con aquello, escondí mi rostro en su cuello y cerré los ojos notando las lágrimas caer por mi rostro aferrada por completo al vikingo. Sus manos me bajaron de la bancada y juntos nos deslizamos por el suelo él apoyado contra la pared pero sin dejar de abrazarnos, mientras yo no me despejaba de él y este hacía lo posible por calmarme.

Si pudiera hacerle sentir lo que estaba sintiendo en ese momento, la opresión el pecho, el desasosiego, las dudas y todo lo demás… quizás hasta podría pensárselo, pero bien sabía que la decisión estaba tomada y que yo nada pintaba en sus planes, solo me quedaba esperar a que nada pasara y que volviera de una pieza. Sus manos acariciaban mi pelo y mi espalda hasta que finalmente separó mi rostro de su cuello, limpió los surcos de las lágrimas y su boca buscó la mía en un beso lento, mis manos recorrieron su pecho entre sus brazos y el beso se fue intensificando, siendo cada vez más necesitado, más pasional haciendo que nuestros cuerpo se buscaran necesitados de sentirnos, mi mano subió a su nuca sin despegar mis labios de los suyos hasta que finalmente nos separamos por falta de aire, momento en el cual le hice aquella pregunta, y aquella confesión. Escuché su respuesta y sus palabras, y la verdad… es que hasta en cierta manera me dolió.


“No lo sé”
fue lo primero que dijo contestando a mi pregunta, si no lo sabía quería decir que una parte de él sí que tenía dudas de que o bien no quería o bien lo retrasaba… y me dolió que lo pensara. No era la primer vez que sacábamos el tema pero la última vez que lo hablamos había creído que estaba todo claro y me había despreocupado un poco del tema, dijo que podría esperar ese par de años que le había pedido y creí de verdad que no pasaba nada al respecto… fueron comentarios en momentos puntuales lo que me hizo pensar que las cosas no eran así y dado que él no me lo decía tenía que sacar yo el tema, quizás no fuera el mejor momento pero ya que lo había vuelto a decir no veía el motivo de posponerlo pese a que no estaba en mi mejor condición para hablarlo. Yo fui sincera en todo momento, siempre había querido formar una familia y ya se lo dije estando en Egipto, no era algo que dijera a la ligera, lo que jamás habría sabido que mi destino se iba a unir al de un vikingo pero eso no cambiaba nada. Me mordí el labio conforme hablaba, la verdad es que en cierta parte me dolieron sus palabras, yo sabía bien con quién estaba y lo que ello implicaba, era algo que siempre había tenido claro.



-Es cierto, acabamos de conocernos… pero eso no te impidió pedirme que me casara contigo, bueno, hacer el intento más bien –respondí sin cortarme en ningún momento, ¿por qué para una cosa si era importante y para la otra no? No lo entendía- creía que este tema ya lo habíamos hablado, creí que todo estaba claro cuando hablamos la última vez… no entiendo qué ha cambiado desde entonces. Te dije mis motivos, al igual que te los he dicho ahora, del por qué quería esperar un par de años para tener hijos y aceptaste, no me dijiste lo contrario y sin embargo me encuentro que me dejas comentarios “sutiles” sobre el tema que me han llevado a pensar en que crees que no quiero… y para serte sincera me ha dolido, ¿por qué no me lo has preguntado directamente? Creía que había confianza como para decir las cosas, yo no te he ocultado nada y me pregunto qué más no me habrás dicho al completo –fruncí el ceño- yo no he dicho que quiera esperar la paz en el mundo para tener hijos, sino a que esta guerra que te hizo venir a buscar una reliquia terminase, entiendo que es importante para ti, para tu familia, los tuyos y tu lugar… solo quería que la cosa se tranquilizara un poco, que pudiéramos ver bien qué hacer ante la situación de ambos, cómo íbamos a casarnos, dónde, qué hacer luego, dónde vivir… te recuerdo que no eres de esta época, aquí ni siquiera has nacido –no se lo iba a decir pero… estaba cabreada, no entendía el cambio y por qué no me lo había comentado directamente en vez de soltarme frases como las que había soltado en algún que otro momento- tú dices que quieres un gran linaje porque es importante, tus padres solo os tuvieron a ti y a Synnove y no ha pasado nada… tú linaje seguirá porque tú hermana tendrá hijos algún día, tus primas también, tú primo también… ¿sabes lo que queda de mi linaje? Lo tienes entre tus brazos –era consciente de que si yo no tenía descendencia el apellido Zahir se iba a desvanecer, para ellos era importante tener descendencia que los ayudara a luchar pero para nosotros también lo era y no le había comentado nada al respecto cuando mi situación era más complicada que la suya, porque solo yo podía seguir el linaje. Fruncí el ceño por sus palabras, la verdad es que no entendía nada- mi padre no es quien tiene que vivir esta vida, sino yo, y yo te escogí a ti en ella. Y sí, entiendo y comprendo todo lo que conllevaba estar contigo cuando te dije que sí, algo que por cierto no dije a la ligera por si lo estás pensando… pero que lo sepa no significa que me vaya a quedar callada y no lo diga –lancé un bufido y negué con la cabeza- nunca te he pedido que cambies Ubbe, si lo hiciera ya no serías tú y es así como te quiero… -me levanté finalmente de encima de él y tendiéndole mi mano le ayudé a levantarse con la costilla como la tenía, dijo que quería tomarme pero en esos momentos a mí no me apetecía que lo hiciera y sabía, de sobra, que para él la palabra “despacio” no existía, y “con calma” tampoco- deberías de descansar y reposar de la costilla, te digo en serio que como hagas esfuerzos o movimientos bruscos no sé si voy a poder salvarte, hazme caso por una vez –acorté la distancia para buscar sus labios en un beso algo corto, la verdad es que había sido demasiado en esa noche y tenía cosas en las que pensar- ve arriba y descansa, voy a sacar a Isis –mis dedos se deslizaron por su rostro y lo miré a los ojos antes de moverme y alejarme de allí dándome cuenta que los otros dos no estaban, llamé a mi perra y cogiendo la correa salí de allí dejando que el aire de la noche acariciara mi rostro, necesitaba poner distancia porque al final sé que iba a acabar cediendo al vikingo y de verdad que no podría hacer nada si no me hacía caso, eso por un lado, por otro tenía que pensar en todo lo sucedido y hacerme a la idea, que se pasara el estado en el que estaba en esos momentos y por eso decidí salir y alejarme, o quizás explotaría por todo.




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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Ubbe Cannif Ayer a las 12:48 pm

Mis azules se clavaron en los suyos, serio escuche todas y cada una de sus palabras, estaba enfadada, lo veía tan claro como lo eran las cristalinas aguas del norte.
Mucho era lo que tenia que decir, pero me mordí la lengua hasta que dijo la ultima de sus palabras, es mas, tuvo la desfachatez de mandarme a la cama como si fuera uno de esos niños que Nai no quería tener conmigo.
-No quieres que follemos -dije entre gruñidos mientras la seguía viendo como cogía la correa de la perra para largarse de allí.

Bufé a sus espaldas, una caricia y un descansa no me bastaba, no se iban a quedar así las cosas, ahora me iba a escuchar ella a mi.
Tomé su brazo y la giré con rudeza, la perra me saco los dientes lanzándome bocado pero se encontró con un manotazo en el morro que la hizo bajar las orejas y agacharse sumisa.

Solo faltaba ya eso, que un perro me mordiera en mi propia casa y yo se lo consintiera.
-Te cabreas porque hago comentarios con respecto a la descendencia que quiero tener, pero yo nunca he mentido, siempre te he dicho que quiero un gran linaje.
Es cierto, te dije que podía esperar dos años, pero ¿y si puedo pero no quiero esperar? Y si para mi esperar no es normal cuando eres mi prometida y nos vamos a casar -rugí malhumorado -¿y si en dos años se me han llevado las Valquirias?

Ella trataba de zafarse de mi agarre, pero no pensaba dejarla ir de ninguna de las maneras, no había terminado.
-Siento si mi petición de mano no fue lo que esperabas, si no te llevé un maldito ramo de flores y clave la rodilla en el suelo como lo hubiera hecho uno de esos malditos hombres parisinos de mierda.
Esos que no saben alzar una espada, ni podrían defender tu vida, claro que no lo necesarias, porque ni son salvajes, ni rudos y tu padre los acogería entre sus brazos de muy buen grado -emití un gutural sonido plagado de rabia -ese padre que no hizo una mierda por sacarte del burdel. Yo hubiera quemado cada piedra de ese edificio, por Odin que te hubiera sacado de alli.

Mis mares bravos se perdieron en sus desiertos, ahora la guerra se había desatado entre nosotros.
-No me traga tu padre, no me aguanta ¿y sabes lo que creo? Que te arrepentirás de ese si quiero.
Yo siempre seré un bárbaro, si esperas que deje de hacer comentarios sobre mi linaje, eso no pasara, quiero hijos -gruñí -y los quiero ya.
Mi respiración errática moría contra su rostro.
No entendía como ella no era capa de ver que para mi, en una relación seria con compromiso de matrimonio la idea de una descendencia no era descabellada, vale que no sabíamos el futuro que nos esperaba, pero es que conmigo nunca existiría un maldito futuro certero y eso parecía ser lo que la egipcia no comprendía.
-Mi padre solo tuvo dos hijos porque es un vampiro... pero yo soy humano, y quiero hijos, hijos a los que convertiré en vikingos, en bárbaros, a los que doblegare muchas veces y los que derramaran sangre en tierras norteñas como lo haré yo sin pensarlo una y otra vez.

Aflojé el agarre para dejarla ir, o mejor aun, me largaría yo, esta era su maldita casa.
Si pensarlo dos veces tomé la puerta y me largué de allí, no tenia nada mas que escuchar aquella noche de mierda.
Estaría infinitamente mejor sin mi, un guerrero que portaba la muerte en sus alforjas.


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Re: La orden de la sierpe dorada(privado)(+18)

Mensaje por Eileen Hoy a las 9:28 am

Por fin habíamos llegado al hotel tras ayudarlo en el camino de vuelta de casa de Naitiri, sabía que no debía de preocuparme en exceso su costilla ya que al ser un lobo esta se curaría mucho antes que por ejemplo la del vikingo, así que con un día de descanso que tuviera sería más que suficiente para reposar y descansar. Lo dejé tumbado en la cama con todo el cuidado que pude y ante su siseo mis ojos subieron a su rostro a buscar los suyos, sonrió como si no pasara nada y me mordí el labio levemente para luego pedirle que se subiera la camisa, le vendé el costado con vendas apretándolo para que la costilla le molestara lo menos posible y comencé a preparar un brebaje a base de hierbas para que le calmaran el dolor y pudiera dormir tranquilo, se lo entregué sentándome en el borde de la cama observándolo y sonreí cuando se lo bebió viendo la cara de asco que puso por cómo debía de saber, la verdad es que bueno no estaba pero sí le ayudaría a dormir bien. Le pedí que descansara y dejando un beso en su frente, solo por no dárselo en los labios como deseaba, me metí para darme un baño.

Llené la tina mientras me quitaba aquella ropa a la que no estaba acostumbrada, la verdad es que solía vestir más con pantalones y armadura aunque en casa llevaba vestidos solamente para contentar a mi madre y que no me viera vestida siempre de la misma forma, algo que no le gustaba pero que había aceptado con el tiempo. Sumergí mi cuerpo en la tina y lancé un suspiro dejando que mi cuerpo se relajara en el agua, la verdad es que no había pensado que la noche terminaría así y menos que hubiéramos hecho un trato con el vikingo. No me gustaba el plan, en absoluto, pero no era yo quien decidía el pacto que habíamos hecho sino Caleb, y dijera lo que él dijera yo debía de acatarlo. No por nada era el líder y no por nada tenía muchísima más experiencia que yo. Me mordí el labio al recordar que lo tenía en la cama que compartimos la otra noche, donde decidí entregarme por completo a él y el recuerdo no hacía más que atormentarme.

Era como si pudiera notar sus manos por mi cuerpo, calientes, sus labios besándome o recorriendo mi piel, moviéndose en mi interior… cerré los ojos con fuerza y pensé en otra cosa para calmarme, la misión, entrenamientos… cualquier cosa que mis pensamientos me llevaran lejos del hombre que tenía fuera y al que siempre había querido desde que era pequeña, cambiando mis sentimientos conforme yo crecía e iba madurando. Si hubiera llegado a saber que una noche le había pedido mi mano en matrimonio a mi padre no me hubiera presentado jamás ante los siete para reclamar el asiento que me merecía, lo hubiera dejado estar solo por poder estar con él… pero jamás llegué a pensar que pudiera verme con otros ojos diferentes a los que me veía desde que era pequeña… cuán equivocada había estado, pero ya no podíamos volver atrás.

Salí enrollando mi cuerpo en una toalla y cuando abrí la puerta para encontrármelo ya durmiendo sus ojos se fijaron en mí, llevaba el pelo a un lado ya peinado y sus ojos me recorrieron mientras yo cruzaba la habitación y dejaba la ropa que había utilizado a un lado, me giré finalmente para ir donde estaba él con una sonrisa negando levemente con la cabeza, debería de estar ya durmiendo en esos momentos pero quizás su condición de lobo le hacía aguantar más la dosis que le había administrado. Me tumbé a su lado notando que sus ojos no dejaban de observarme y me mordí el labio de nuevo con fuerza, apenas me bastaba inclinar mi rostro para buscar sus labios, estirar un poco el brazo para rozar su piel con mi mano… maldición, lo deseaba tanto que incluso dolía el tener que contenerme. Me tuve que reír levemente por sus palabras, sobre todo cuando dijo que lo había drogado para que no se lanzara a por mí… sus ojos se cerraron y yo me incliné más hacia delante sabiendo que todavía estaba despierto.


-Tienes razón –dije a lo que él abrió los ojos, sus ambarinos fijos en mis azules- te he drogado para que no te lanzaras –sonreí de lado mordiendo mi labio- pero se me ha olvidado tomármelo yo también y no estoy drogada… quizás sea yo quien me lance –bromeé tal y como lo había hecho él en un ambiente totalmente distendido y tranquilo- ahora no sé quién, o qué, va a pararme –me reí entre dientes mirándolo de forma fija aunque en mis palabras también había algo de verdad, costaba contenerme, costaba controlarme teniéndolo tan cerca, en aquella cama, los dos juntos, solos… en mis fantasías siempre había imaginado tenerlo como tenía, frente a mí, mirándome de esa forma, cuidándole tras una batalla… casi podía decir que se había cumplido, sino fuera por la enorme diferencia entre realidad y fantasía. El seguía tumbado boca arriba ya que sería mejor para él dormir de esa manera pero tenía su rostro ladeado hacia mí, yo estaba tumbada de lado con el codo apoyado en la almohada y mi cabeza reposada en mi mano. Al final acabé acortando la distancia entre nuestros rostros dejándolo a una distancia ínfima, sabía que no debía de hacerlo, que debía de apartarme, que no debía de volver a estar tan cerca pero… me era imposible. Lo miré estando tan cerca sintiendo su aliento rozar mis labios, mi mano subió a su mejilla dejándola en el lugar y con el pulgar recorrí su piel de forma suave y leve… al final no lo aguanté más y fui yo la que buscó sus labios en un beso lento, dulce. Mi pelo caía por su pecho y tras el beso me separé de forma lenta, como si no quisiera y me costara, para abrir mis ojos y mirar los suyos- Buenas noches, Caleb –iba a disculparme y a decir que lo sentía pero… no sería cierto, así que dejé mi rostro sobre su pecho y así me quedé sintiendo su calor envolverme sabiendo que no debía pero no podía evitarlo, era superior a mí.



La noche pasó y la mañana dio lugar a un nuevo día, abrí mis ojos para encontrarme que seguía en la misma posición en la que me había quedado anoche y sentí el brazo del lobo rodear mi cintura, volví a cerrar los ojos notando su esencia envolverme y el calor que su cuerpo desprendía. Acabé por abrir los ojos de nuevo y de forma lenta me separé de él para vestirme dejando que descansara, me puse el vestido de nuevo y salí sin hacer ruido para buscar algo que desayunar, volví al cabo de unos cuantos minutos con una bandeja con algo para los dos, la dejé sobre la mesita que había al lado de la cama y me senté en el borde de la cama viendo como dormía. Mi mano subió por su pecho y la dejé ahí llamándolo para despertarlo, lo llamé un par de veces hasta que finalmente sus ojos se abrieron y sonreí de lado observándolo.


-Buenos días, he traído el desayuno –me levanté para coger la bandeja y me senté en la cama apoyando mi espalda contra el cabecero de la misma dejando la bandeja sobre mis piernas- luego veré como tienes la costilla, pero hoy deberíamos de descansar, dudo que el vikingo esté mucho mejor que tú –esperé a que se incorporara y que desayunara conmigo, luego ya veríamos qué hacíamos ese día.




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