Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Fabuless {Privado}

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Fabuless {Privado}

Mensaje por Alchemilla Gillespie el Jue Jun 08, 2017 2:08 pm

¿Qué pasaría si hundía la cabeza en el agua de la bañera durante sólo un poco más? Unos segundos, apenas; entre diez y treinta, nada más, pues no deseaba morir, sólo llevarme al límite... En él encontraba cierta paz: la voz se callaba, el mundo se detenía por completo, y se hacía el silencio, que comenzaba a valorar mucho más que el ruido continuo del burdel. ¿Cómo, pues, no podía hacerlo...? Con las manos en cada uno de los laterales de la bañera, aferrando la cerámica con fuerza, me resbalé hasta que el agua me cubrió el rostro, con la respiración contenida.

¿Qué te crees que estás haciendo? ¡Ya, detente, deja de bromear!

Pero, en lugar de obedecer, me hundí un poco más, y llegué a sonreír bajo el agua, con los ojos abiertos de par en par. ¿Qué miraba, si podía saberse...? ¿El techo de madera, las velas titilantes de la habitación pequeña en la que me encontraba, la ausencia total de objetos salvo el lecho en el que me atravesaban distintos hombres cada noche a cambio de unas monedas? Cualquier cosa menos eso; prefería mirar las velas, que a través de la superficie del agua parecían bailar. Eso me relajaba, eso y el silencio. Me relajaba tanto que no me di cuenta de que cerraba los ojos despacio...

¡Sal, sal de ahí!

¿Qué chillido me sacó de golpe, el de mi cabeza o el de la prostituta que acababa de entrar a buscarme? Daba igual: había salido de la paz, me habían arrancado de la calma para arrojarme al bullicio de un burdel en las horas previas a la apertura, y los gritos me perforaron los oídos con tal fuerza que me llevé la mano a la nuca y cerré los ojos, sin interés en cubrirme. ¡Vivía en un burdel como prostituta, por el amor de Dios, era inútil hacerlo! Y así debió de pensar Anaïs, la mujer que había entrado y me había atrapado en un momento de calma, la mujer que me sacó de la bañera a tirones y me arrastró, literalmente, hacia la madame.

¡Tú te lo has buscado! Es culpa tuya, ¡y ahora nos va a afectar a las dos! ¡Estúpida, estúpida, aprende a controlarte!

– No he hecho nada, por favor, llévame de vuelta... – suplicaba, aunque no me oía, porque por encima de mí estaban las risas y los cuchicheos de las demás prostitutas. ¿Acaso se creían mejores que yo! ¡Todas estábamos allí por lo mismo, a todas nos utilizaban, y todas nos dejábamos penetrar de mil maneras con tal de tener unas monedas con las que poder comer! Molesta, sentía la ira crecerme dentro, alentada por ella, y aunque eso debía ser motivo suficiente para oponerme, no lo conseguía... era demasiado poderosa.

Mátalas, Alchemilla, mátalas a todas, ¡todas! No mereces estar aquí, no, ni que te juzguen y hieran.

– ¡No quería morir! Sólo estaba cansada, nada más, ¡lo prometo, madame! – supliqué de nuevo, pero hubo algo duro en mi tono, lo noté; las palabras en una lengua que conocía sin recordar por qué la había aprendido (bueno, no recordaba casi nada, lo cierto era que eso tampoco era de mucha ayuda, ¿no?) se me querían escurrir de la lengua, pero cerré la boca, le permití abofetearme y golpearme en lugares donde la rojez se pasaría pronto, e incluso trasladarme hacia un sofá donde, con violencia, empezaron a ocuparse de mí.

Deberías matarlas, Alchemilla. Mátalas y tus problemas se solucionarían; el dolor se iría.

Me preocupó estar de acuerdo... Me preocupó excepto porque el dolor era real: me sujetaban las muñecas con fuerza para mantenerme quieta, me tiraban del pelo mientras me lo cepillaban, disimulaban con ungüentos las marcas de los golpes y me tapaban con ropas que yo debía ponerme, ¡aunque no pudiera moverme! Sólo cuando ya parecía que me habían arrancado todo el pelo y caía, largo y sedoso, por mi espalda; sólo cuando ya aparentaba ser una prostituta de nuevo, en fin, me dejaron vestirme, si es que se le podía llamar vestirse a aquellos trapos que apenas me cubrían, llenos de encaje.

Eres una furcia: tú lo has elegido. ¡No te olvides!

¿Cuándo lo había hecho? ¿Qué había sido de mi vida para acabar abocada a esa vida que, lo admitía, a veces encontraba placentera? Era con ese tipo de pensamientos que me convencía de que algunas cosas era mejor no recordarlas, igual que a veces es mejor tragarse el orgullo y obedecer; ahogando un suspiro, me cubrí y me dejé conducir a mi habitación, donde la bañera ya se encontraba vacía y me lanzaron a la cama. Allí, me advirtieron de que no podría elegir a mis clientes aquella noche, y una de ellas, maliciosa, me advirtió que me enviarían al más desgraciado y cruel de todos.

No, no... ¡Mira lo que has conseguido!

Con el ceño ligeramente fruncido, elegí ser práctica y obedecer, a sabiendas de que me vigilaban: me dejé caer, perezosamente, sobre los cojines; elegí al azar un mechón de mi cabello y comencé a acariciarlo y a trenzarlo, para después distribuir flores de azahar entre las hebras, de forma que el olor me invadió y me tranquilizó como cuando me había encontrado en la bañera. Justo a tiempo, por otro lado, porque cuando terminé se abrió la puerta de golpe y entró un hombre, de aspecto tan agresivo como me habían vaticinado. – Bienvenido.



Get a little bit higher so we can fall till we bleed:

Push a little bit harder, pull me in to the spear:

So tell me can you feel this?:

Come into my dream, are you ready to awaken?:

Are you ready to feel?:

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Alchemilla Gillespie
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