Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ashes of Innocence — Privado

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Ashes of Innocence — Privado

Mensaje por Daphne McQuoid el Vie Jun 09, 2017 12:05 am

No, por supuesto que nunca me iba a terminar de acostumbrar a las excentricidades de mi tía Brigitte, todas las ideas que rondaban en su mente me superaban muchísimo. Después de tantos años, no me adaptaba a sus gustos, ni por mucho que insistiera, yo no cambiaría de opinión. Me bullía la sangre la sola idea de que quisiera cambiar mi carácter, cuando yo ni siquiera daba mucho problema, aparte de ser excesivamente retraída para una joven de mi edad. Me gustaba ser así; me gustaba no hablar demasiado. ¿Desde cuándo no intercambiaba largo tiempo de plática con alguien? Desde que me separaron de mis hermanos. Si hubiera seguido al lado de todos ellos, sería otra muchacha, de eso estoy más que segura. Sin embargo, uno a veces no puede cambiar su destino. Me da una rabia enorme que no pueda hacerlo, porque, salir de este nido de eterna superficialidad, me permitiría respirar. Aun así, no tengo más opción que resignarme a esta condena.

Claro, tampoco es que pretendo quedarme encerrada en ello para siempre, pero mis temores me acechan como sombras en cada paso. Me da temor ir más allá, aunque debería, más no soy tan atrevida para cumplir con semejante idea. La soledad me ha convertido en esto, en una víctima sin querer serlo. ¿Alguna vez han intentado escapar de una habitación a oscuras? Serán perfectamente conscientes de que llegará el punto en que te desesperas por salir, pero las penumbras jamás te permitirán hallar una salida. Tal vez sea eso lo más cercano a mi nefasta situación. Y ya será cuestión de cada quien creer o no, lo odio con las pocas energías que le quedan a mi espíritu.

Y era esa misma rabia la que me obligaba a arrancar las páginas de ese estúpido libro de historias de caballería; dejé caer mi frustración en cada hoja que destrozaban mis manos, mientras las lágrimas se deslizaban por mis mejillas. No me detuve hasta verlo hecho añicos en el suelo, porque así me sentí capaz de destruir una mentira, que, sin querer admitirlo, había creado yo misma. Y pude haber continuado con esa insana sed de destrucción de no haber sido por la interrupción de mi tía, quien miró con malos ojos lo que había hecho, sin embargo, lo dejó pasar por alto para dirigirse a mí de una manera que resultaba ser hipócrita, como toda ella. ¿Por qué justo me quería obligar a ser social? Yo no quería, lo juro por lo más sagrado... Lo detestaba, no saben cuánto. Pero acepté, porque soy una estúpida de proporciones cósmicas.

¡Cierto! Las innecesarias reuniones de la gente de sociedad... ¿Qué más podía ser? Sentí un dolor en el pecho al notar que había varias personas en el vestíbulo principal. Tampoco se trataba de una cantidad abrumante, sólo la necesaria para celebrar el compromiso de la hija mayor de mi tía. ¡Jah! Un maldito compromiso. Yo ni siquiera sabía nada de Albert, el muy imbécil de seguro estaría metido en sus juegos. Sentí deseos de derrumbarme, pero no lo hice, porque cuando reaccioné, ya Brigitte me estaba presentando ante un caballero que estaría cercano a los cuarenta, aunque no los aparentaba.

—Daphne —respondí a secas, porque no tenía ánimos de hablar mucho. Pero el golpe en mi costado me obligó a continuar—: Daphne McQuoid, Monsieur.

¿Por qué me dejaba sola con ese? ¿Por qué siempre hacía eso? La incomodidad fue trepando hasta mi cabeza, agudizando más una punzada que se hacía imposible de aguantar, pero yo casi me acostumbraba a esas cosas. Sin embargo, a entablar conversaciones no, en especial si no quería. Y de algo estaba segura: ese día yo no deseaba conversar con nadie, ni conmigo misma.




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Re: Ashes of Innocence — Privado

Mensaje por Valcourt Blâmont el Jue Jun 15, 2017 3:24 pm

No existe el amor en un arma de doble filo, se arriesga ante las oportunidades, sacar ventaja hasta con el mejor postor, más aquí, en esta ocasión, se arriesgaba a cambiar su vida, nunca se imaginó contraer matrimonio después de lo sucedido con su difunta esposa, oh, sí, un viudo era Valcourt, y la razón es que él mismo le asesino por descubrir sus secretos, tras eso, ha vivido en las sombras de las mentiras, jamás se terminan, y jamás lo harán, porque ya se convirtió parte de su existencia, un lazo vital para subsistir en un mundo sombrío, lleno de misterios y secretos que pueden intervenir con la muerte de otros, con el dolor, la pasión, la locura...un sin fin de evocaciones que se meten en los gustos de ese humano, un enfermo a lo que él llama sublime arte, un amante que defiende sus obras ante todo, y vive por estas. He aquí por qué optó por aceptar una negociación, porque eso era realmente el arreglo entre linajes, un compromiso que claramente beneficiaban no solo económicamente a los McQuoid, ja ¿creían que aceptaría solo por ser una oferta dada? Claro que no, primero investigó a la familia, una tragedia suscitada en esta y si se ponen a pensar, era un mal prestigio para su apellido, una ofensa atraer manchas de afectación a su prestigio, ya que todos conocen al señor Blâmont; un hombre de la alta sociedad, el mejor partido que pudiera haber entre los parisienses y otros, y al cual temen, por su labor, no es una facilidad tratar con el hombre, más sí un gusto que logren hacerlo, y no se diga de su hijo, una figura auténtica y muy parecida a él, aunque no con los transtornos de sus devoción, una obsesión que desconocía este, pues su amado hijo no debía porque saberlo. Para él es un ejemplar de padre, ¡con toda la extensión de su significado! ¿Quién lo creería? Pero así es. Tanto que creyó que estaría discutiendo los términos de su unión, emparejarlo con la mejor de las mejores mujeres, pero no fue así, era el padre que por negocios se comprometió. La misma razón de su primer matrimonio, aunque en el primero fue por amor, después la negociación, pero aquí, la negociación fue primero y después, el gusto por su dolor. ¡Que romántico, amor a doble engaño!

— Un placer conocerla señorita Daphne, he oído hablar mucho de usted, Al fin ha Valcourt Blamont se le ha concedido la dicha de conocerla. Pero dígame, ¿por qué ha llorado? Su rostro se muestra muy afligido, espero que no sea por no ser el príncipe que esperaba, ni que su cuento de hadas no se hará realidad.

Hizo presencia cuando anunciaron que la señorita McQuoid estaba bajando las escaleras, se acercó Valcourt para recibirla, ejecutando una leve reverencia ante su prometida, realmente ya era un hecho, ya habiendo dado los términos y condiciones. Ella pronto sería suya, pero quería conocerla, y resultó que con sus fotografías, la belleza era abrumadora, su tristeza fue la belleza que le conmovió, ¡la culpa tenía por ser ese su punto de atracción! Por eso acepto, algo que tiene a la mira debe de ser suyo, únicamente de él, que no podía desprenderla de su cuerpo, ni posesionarse como un objeto de esta, por eso llegó a la conclusión de unir su vida a ella, a eso se refería que se asemejo su primer matrimonio, por querer algo de alguien, y no poder matar a la persona porque resulta que la vida y todo hace que exista lo que quiere, y su aflicción era esta vez.

Una vez solos, le ofrece la mano para dirigirla al salón, caminando a este, y con la maravilla de deleitarse por su llanto, si pudiera hacer que derrame un poco más, que le termine por conquistar, porque su rostro realmente expresa esa entrañable desgracia que le viene persiguiendo. Y le invitó a tomar asiento, permaneciendo de pie, con el interés de escucharle, desnudar su estado si es posible, porque esa era una de tantas citas que haría antes del matrimonio, y la celebración de las nuevas, es esa misma noche, por lo que debían hablar entre ellos, para después unirse a la celebración, motivo del que este vestido de gala, y cortejándole.


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Re: Ashes of Innocence — Privado

Mensaje por Daphne McQuoid el Miér Sep 13, 2017 12:40 pm

Yo no tenía que aguantar estas cosas, y menos por culpa de mi tía, ¿qué diablos me importaba si alguien se comprometía o no? ¡Nada! Me daba igual, todo era una completa y absoluta farsa, un teatro bien elaborado de la sociedad hipócrita con la que tenía que lidiar de manera constante. Me desagradaba muchísimo, a decir verdad. Sin embargo, ¿qué podía hacer en mi lamentable situación? Porque sí, me hallaba prácticamente dentro de una encrucijada, de la que quería escapar de manera constante, y no, no podía, sino que me perdía aún más en sus pasillos oscuros y roñosos. Era como una maldición terrible que se había cernido sobre mi existencia; estaba empezando a agotarme lentamente.
¿Y ese hombre qué? ¡Por favor! Podría ser mi padre o hermano mayor, ¡mi tía estaba loca! O quizá había algo más sucio. Oh, claro, el señor de seguro tendría un hijo al cual quería comprometer y... ¿Acaso era yo un objeto al que se podía subastar? No y no. Me negaba a hacer ese tipo de cosas, y con más razón luego de lo del estúpido de Albert. No me gustaba sentirme utilizada, en lo más mínimo. Y muy aparte de eso, odiaba el contacto con el mundo exterior; me frustraba enormemente hacerlo. Prefería estar encerrada en mis pensamientos, dándole giros nefastos a mis ideas, cada vez deseando más hundirme en el vacío del fin de este tortuoso camino al que llaman vida. ¿Lo conseguiría? Tenía miedo. ¡Sí! Lo admitía, me daba temor saltar al abismo, dar el primer paso hacia la nada.

Pero, ya mejor me volvía a la asquerosa realidad, en la que debía lidiar con la presencia de todas esas personas, y una presentación que poco me hacía sentir cómoda. Mucho menos cuando mi tía insistía con sus palabras sin sentido. ¡Jah! Aunque me hizo descubrir que mis dudas eran acertadas, ese hombre tenía un hijo y... ¡Y a mí qué diablos me importaba! Aun así, intenté mantener la calma y la buena educación (que tanto me asqueaba).

—¿Disculpe? —inquirí, incrédula. ¿Qué le iba a interesar si yo lloraba o no? Eso era lo que me faltaba—. Lo siento, no sé a qué se refiere. Usualmente tengo... reacciones alérgicas al polvo —mentí, con absoluto descaro, como me gustaba hacerlo, desde luego—. Señor, mire, los cuentos de hadas no existen, ¿sí? Son historias para mortificar a los niños, ¿entiende? Prefiero leer otras cosas, en donde no hayan príncipes de fantasía, sino gobernantes serios. Porque sí, los príncipes existen, pero no como los de esos cuentos llenos de mucho color para mi gusto.

Me explayé al no tener a mi tía vigilándome; tenía la potestad de ser hostil cuanto quisiera, y me agradaba serlo. Era como si dejara caer la enorme roca sobre mis hombros, y permitirme correr libre, como siempre quise.

—Lo siento, quizá no soy la clase de señorita que esperaba. Estoy en esta reunión hipócrita por obligación; detesto el contacto con otras personas. Espero me entienda y no se ofenda. Por cierto —hice una pausa breve, cruzando los brazos como una manera de ¿defensa? Eso era lo que solía escuchar de algunos cuantos que estudiaban las conductas humanas—. Escuché a mi tía preguntar sobre su hijo, ¿por qué no ha venido con usted?



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Re: Ashes of Innocence — Privado

Mensaje por Valcourt Blâmont el Dom Nov 19, 2017 12:20 pm

En la estancia, solos, mirándose, siendo odiado Blâmont por ella; se nota en su mirada, en la manera en la que sus pupilas se dilatan cuando habla, y la observa. Posándose a un lado de la chimenea, detonando los gestos y movimientos ajenos, atrayéndole su carácter. La siente a la defensiva y es cuando le dio diversión por un momento. Le recordaba remembranzas de cuantas citas matrimoniales obtuvo en el pesado, y que ahora sería lo mismo. Para él, resulta un gran premio considerarla en sus más temibles secretos, a ninguna que ha conocido ha vislumbrado una suma tragedia en esas irises, que el caos sea lo que le hacen brillar sus ojos, que el maquille le haga ser hermosa con la tristeza, era sumamente de adorar. Sea el motivo que fuese, estaba afligida y eso era lo único que le intereso. Una especie de oscurantismo, rodeados de verdades y placeres sobre todo.

Porque sus palabras eran las esperadas, había varios tipos de mujeres, y ella era claro, la que intenta luchar por cambiar el rumbo de su vida, de su maldita miseria, y de esas que prefieren hundirse antes de admitir una salida ofrecida, pero que patético, no estaba ahí para convencerla, esa es su ventaja, que él no tenía que obligar a nadie. Solo iba por lo que ya sería suyo. Aún si ella continuaba con sus altanerías que le hacían sonreír, estaba aún frente a una pequeña que apenas está conociendo al mundo pese a sus ideas, no podía cambiar el hecho de que iba a ser vendida. Porque de eso se trata una negociación.

— Sea el motivo que fuese, no cambia el resultado, me gustan sus ojos como lucen de esta manera, para ser sincero, su rostro es interesante. Aún más, sabiendo que no estaré con una mujer que sueña y ansia felicidad. Que hermoso es que aun siga creyendo que los príncipes existen. Mas no espere uno.

¿Esperar? Realmente no ansiaba a nadie con ciertos aspectos pues eso no importaba para él, solo el hecho de que sería por apariencias, jugar entre mentiras y crueldades, invitando a una constante lucha de subordinación porque el señor Blâmont no educa para que sea la esposa perfecta. Que la sinceridad de Daphne convirtió esto en una realidad insuperable. Donde era su turno de aclarar su posición.

— Aclaremos algo señorita Daphne, no he venido porque sea la correcta para mí, fue elegida porque así sucedió. Como sabrá he enviudado, y no pretendo jugar al romanticismo ni dar alegrías, está aquí, conmigo, por negocios, y para ser alguien que no lee cuentos de fantasía, al parecer sigue esperando que alguien le haga creer lo contrario. Mire a su alrededor y observe qué es lo que quieren de usted. Piénselo, ¿por qué se ha de comprometer un señor de alta alcurnia con una joven, como lo es usted? Habladurías, tragedias, muertes, ¿qué más? Para ser un McQuoid, no debería de mostrarse a la deriva ante un futuro que podría al menos garantizar tranquilidad.

Tan maldito ofrece tranquilidad cuando quizás y seria todo lo contrario, pero vamos, para ser alguien que vive con familiares de esa índole, lo único que se desea es salir de ese ciclo. Mas aquella prefiere ahogarse, hundirse y es que una vida en el hogar con esa clase de noticias servían a Blâmont para mantenerla bajo su mano, por si un dia descubre su fetiche, no representaría un peligro. Y no llegaría a la conclusión de matarla como lo hizo con quienes lo descubrieron, pero de ser necesario, es obvio que lo haría. Y escuchar de sus labios pronunciar hijo, es algo que protege aun con palabras refiriéndose e él.

— Se ha ido al extranjero a cumplir con un objetivo, regresará pronto, pero dígame señorita Daphne, ¿Qué es lo que hará? ¿No le gustaría ser la madrastra de mi hijo? Claro, solo quedaría como lo que es, más no tendría ningún derecho sobre él, no se preocupes, para eso estoy yo, solo él tendrá a su padre. Y debería considerar que su tía ya me ofreció un trato. Parece que no es estúpida, y tiene buenos pensamientos no lo niego. Al menos no representa una mala inversión.

Comento, con la libertad que goza, no por el dinero que le hace ser el tipo de hombre respetado, sino porque no le gustan los rodeos, detesta que le hagan perder el tiempo. Y aunque con su rostro se entretenía, esas malditas ganas de hacerla llorar le resurgían, golpeando en su pecho que derrame lágrimas para él. Acaso, ¿esto no es un amor más sincero y vil de todas las míseras mentiras? Y que pena que no lo acompañe con un poco de whisky por el grato momento que le están haciendo pasar.


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