Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Pretty When You Cry | Privado

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Pretty When You Cry | Privado

Mensaje por Priska Holbein el Vie Jun 09, 2017 8:35 am

<<Nunca encontré un alma gemela. Nadie fue un sueño. Me dejaron con los sueños abiertos, con mi herida central abierta, con mi desgarradura. Me lamento; tengo derecho a hacerlo. Asimismo, desprecio a los que no se interesan por mí.>>
Alejandra Pizarnik

La lluvia golpeaba contra el carruaje que trasladaba a Priska y a sus hijos. Su bebé de, apenas dos semanas de vida, dormía entre sus brazos. Los otros tres niños, con sus caritas demacradas y sus atuendos de luto, iban en completo mutismo. Donovan iba ubicado a su lado, y si bien no entendía demasiado lo que había sucedido, se había contagiado de la tristeza de su familia. Sólo les habían explicado que no verían más a su padre porque se había ido al Cielo. La familia de Brandon le dijo que no llevara a los pequeños al funeral, pero Priska era de la idea de que debían chocarse con la realidad lo antes lo posible. Ella había sido la encargada de contarles lo sucedido, la que los había consolado y mimado para que se calmaran. Sabía, perfectamente, cómo se sentían, y por eso no había querido doncellas durante esa mañana. Los había vestido, uno por uno, así como también había secado las lágrimas de Megan. Ella era la más sensible y movilizada.

El carruaje se detuvo frente en la entrada del cementerio. Colocaron la escalerilla para que descendieran. Un empleado colocó un paraguas negro sobre Priska y su bebé, y las niñeras acompañaron a los otros herederos. Ella encabezó el cortejo, detrás del cajón de su esposo. La madre de su marido lloraba desconsoladamente, y todo el recato inglés fue dejado de lado. El sacerdote debió detenerse en más de una oportunidad, debido a los lamentos de la mujer. Priska, que no se caracterizaba justamente por su paciencia, le lanzó vistazos a su suegro, que intentó de todas las maneras posibles, tranquilizar a su mujer, sin demasiado éxito. Finalmente, una de sus hijas se la llevó del lugar. La ceremonia continuó con cierta incomodidad, y cualquier clima sagrado se rompió.

Una vez que terminaron las oraciones correspondientes y los hijos de Brandon lanzaron las respectivas flores a la fosa en la que ahora descansaba el cajón, todos los presentes –que eran más de los que se esperaban- se fueron acercando a la reciente viuda, para transmitirle sus condolencias. Si bien habían murmurado mucho sobre ella, era un momento de plena hipocresía. Priska, que tampoco se caracterizaba por su sensibilidad, agradeció con frialdad cada uno de los saludos, tomando una actitud reacia a que tocasen a Dulcie. Se había negado a entregársela a la nana, y se había aferrado a ese pequeño cuerpito.

Señora, ¿quiere que me lleve a la pequeña para que pueda despedirse de su esposo? —Marie la sacó del trance. En silencio, Priska, finalmente, se la entregó.

La rubia, que ya no estaba cubierta por ningún paraguas, observó detenidamente el féretro. El barro comenzaba a ensuciarlo, y se preguntó cuánto tiempo más mantendrían la tumba abierta. Agradeció la lluvia que le humedecía el rostro y le disimulaba las lágrimas.

Eres un maldito, Brandon… —susurró, con la voz estrangulada. —Cuatro hijos… ¡Cuatro! Y me dejaste sola. Prometiste…prometiste que nunca te irías de nuestro lado, que siempre estarías para nosotros —las manos le temblaban de pura impotencia, así como la boca. —Dios mío… ¿Qué será de mí? —se permitió ese momento de debilidad. Hacía tres días que la noticia del asesinato de su esposo la había abofeteado, dejándola en un estado de enajenación total, se había encargado de anular sus sentimientos, pero ya no podía. Se encontraba desesperada, pensaba en lo pequeños que eran sus hijos y que no crecerían junto a su padre, en su propio futuro. Todo lo que había construido, esa familia feliz, ya no existía. Se cubrió el rostro con ambas palmas para darle rienda suelta al llanto.


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Re: Pretty When You Cry | Privado

Mensaje por Osip Zabirov el Mar Jul 04, 2017 6:07 am


Brandon Hammil era mucho más que un colega. Era un cazador al que incluso llegó a respetar, considerando la arrogancia de Osip, eso era bastante. Y es que además de ir tras seres sobrenaturales, era un militar, como él. La noticia de su muerte fue no sólo inesperada, sino un recordatorio fatuo de Nazariy, su maestro y el hombre por el que finalmente conoció a Hammil. También era un testigo de su propia mortalidad. No podía morir sin antes vengarse de su tío y liberar a su hermana de aquel yugo tiránico. Esa era la verdadera razón por la que había viajado a París tan pronto supo la noticia. Para su fortuna, la mala nueva lo sorprendió cerca de la capital gala y llegó a tiempo para el funeral. Brandon era de esos pocos a los que había llamado amigos, aunque nunca lo enteró de su verdadera posición en el kanato. Osip siempre quiso se un cazador más para sus camaradas, no recibir un trato diferente, o ser envidiado, que para eso ya tenía muchos problemas en palacio.

No se acercó. Vio el cortejo desde una colina a la distancia. Su fe ligada a Alá lo hacia sentir ajeno a todo ese asunto, y prefería solo observar. La lluvia parecía adecuada. Cruel, pero adecuada. Aunque nunca conoció a la familia de Brandon, pudo distinguir con certeza a cada miembro. Siempre le habló de su esposa y, Osip consideraba aquello digno de admirar, no porque el deseara una relación así, sino precisamente porque ese compromiso simplemente no era para él. O eso había creído siempre.

Hubo algo en el llanto de la madre de Brandon que le partió el alma. El recuerdo de su propia madre, colgada ante sus ojos adolescentes. Sintió unas tremendas ganas de llorar, mismas que no experimentaba hacía mucho tiempo, pero se aguantó y aguardó para acercarse a la tumba aún abierta, mirando como de a poco la gente se disipaba y el silencio volvía a reinar el camposanto cristiano, mismo que sólo era interrumpido por las gotas de agua que no dejaban de caer. Sólo se quedó ella, con su rubia cabellera, como Brandon siempre se la describió. Hermosa también, aunque ajada por la reciente viudez, pudo notar. No fue hasta que entregó a aquel bulto, que supuso sería un bebé, que decidió bajar de la colina. El aguacero, y que era sigiloso, le ayudaron a acercarse sin ser descubierto, aunque lo hizo de frente, la mujer tenía la cara cubierta por las manos. Y escuchó las maldiciones. No dijo nada, sólo se sintió un intruso, quizá debió haber esperado más para ir a ver el lugar donde el cuerpo de su amigo iba a ser devorado por gusanos.

Brandon siempre me dijo que usted era una mujer muy fuerte. No veo a esa mujer ahora —sus palabras fueron bruscas, y sonaron aún más toscas por el marcado acento tártaro. Las sutilezas no eran el fuerte de Osip, quedaba claro—. Conocí a su marido, y siempre me lo dijo. ¿Cómo es posible que ahora diga que qué será de usted? No… —todo su discurso fue muy contundente, excepto en esa inflexión que se atrevió a hacer. La había estado mirando, y de pronto volteó el rostro a un lado—. No deje a sus hijos sin una madre. Un hombre puede vivir sin su padre, pero nunca sin su madre —declaró. Aquellas palabras le calaron muy hondo, a pesar de haber sido pronunciadas con una frialdad sólo comparable la lluvia que no daba tregua.

La vida no es más que un viaje hacia la muerte —susurró entonces, una frase del Corán para despedir a su amigo.

¿Estará bien? ¿O necesita que la acompañen a casa? —Todos se habían ido, y ofreció de manera desinteresada, como último acto piadoso para el difunto Hammil. La mujer parecía muy trastocada, y no estaba seguro de que fuera buena idea dejarla como si nada—. Podemos caminar. Mahoma dijo sabiamente que “hay que decir la verdad aunque sea amarga. Decir la verdad aún contra ti mismo”. Es mejor enfrentarla, que no querer mirarla —pronunció de modo vago, misterioso incluso, y se quedó de pie, frente a ella, con la tumba entre ambos.


Última edición por Osip Zabirov el Mar Oct 31, 2017 3:40 am, editado 1 vez


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Re: Pretty When You Cry | Privado

Mensaje por Priska Holbein el Dom Sep 10, 2017 11:30 pm

Brandon la había rescatado. O, mejor dicho, ella se lo había permitido. Porque Priska no era la clase que necesitaba protección. Las vicisitudes la habían hecho tremendamente fuerte y capaz de soportarlo casi todo. Se había dejado amansar por la simpleza del corazón de ese hombre, que no era más que un recuerdo. Le había dado la venia para penetrar su corazón de hielo y sacarla del Infierno, aún cuando eso significaba dejar a su hermana de lado. Estuvo a punto de negarse a su propuesta, pero entendió que ella no estaba lista para la luz. La dejó atrás, haciendo acopio de una fortaleza de la que no se creía capaz, y su felicidad no era completa lejos de aquella que había sido su compañera y protegida. La culpa aún la carcomía, pero sus hijos habían llegado para compensarle la angustia.

Sus hijos… Cuando aquel extraño, al que había mirado con ojos desorbitados por la sorpresa y la tristeza, que se combinaban macabramente, los mencionó, hubo una reacción involuntaria. Llevó las manos a la boca de su estómago y tragó con dificultad. No sabía quién demonios era, pero tenía razón. Debía tener la voluntad de continuar por ellos, que eran pequeños, demasiado pequeños, y acababan de perder a su padre. Ella, que no recordaba lo que era el amor paterno, era la encargada de mantener viva la llama de Brandon en los cuatro hijos que habían concebido. Sería su única guía, como lo había sido de Dagna. Ella sabía lo que era la responsabilidad de tener la vida de otro a su cargo, y allí encontró cierta tranquilidad. Suspiró, y la angustia, que escapó en su aliento, la envolvió. Sentía frío y dolor, dentro y fuera del cuerpo. Nunca había sido tan consciente de la unidad, que su fisionomía y su alma eran una sola y que, indefectiblemente, estaban conectados.

—Brandon siempre me tuvo idealizada —dijo lo primero que pudo, y lo que siempre pensó. Su marido había sido el único de ver la claridad en su alma oscura. Había sido un hombre muy especial, quizá demasiado bueno para este mundo. —Pero tiene razón, no puedo permitirme flaquear —se secó las lágrimas con ambas manos, pero el rostro inmediatamente se le volvió a mojar. La inclemencia del tiempo no cesaba, como tampoco la tristeza. Pero se rearmó, volvió a ponerse la armadura que había forjado a lo largo de su vida y que la había salvado tantas veces, esa que la hacía sobrevivir.

Se atrevió a observar con detenimiento al caballero. Era alto, imponente, extremadamente guapo, aún más que su difunto esposo. Y ella, que había visto a tantos en sus veinticuatro años, y a pesar del dolor por la muerte de Brandon, se sonrojó. Claro que no sería posible que él lo notara, pero invadida por el pudor, escondió el rostro y regresó sus ojos a la tumba del inglés. Musulmán. Misterioso. Hasta intimidante. Era la clase de ser a la que Brandon se acercaba, esos que estaban rotos, porque Priska no tuvo dudas de que aquel tipo lo estaba, como lo había estado ella tiempo atrás. Se sintió unida a él, quizá porque ambos habían perdido a alguien que les había dado esperanza de algo. O era lo que quería creer, que había otra persona sintiendo angustia porque se le había extraviado la brújula. Sí, Brandon, se daba cuenta, había sido la suya.

— ¿Cómo lo conoció? —preguntó, en lugar de responder a su pregunta. No necesitaba compañía para volver a casa, la necesitaba para poder decirle adiós.


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Re: Pretty When You Cry | Privado

Mensaje por Osip Zabirov el Mar Oct 31, 2017 4:19 am


Brandom Hammil tenía una capacidad que Osip no había encontrado en nadie más, lograba ver lo bueno a través de las fisuras de aquello que estaba roto. Era por donde entraba la luz, decía, y al kazajo siempre le pareció demasiado positivo. Quizá por eso lograron completar varias misiones juntos, porque eran opuestos, pero los trozos de los que uno carecía, el otro los completaba. Entendió, de ese modo, las palabras ajenas, y estuvo a punto de sonreír, era sólo que ese gesto no le nacía tan fácil, causa del traumas de la niñez, mismos que no negaba, aunque le molestaba que así fuera, que la educación con mano dura de su tío lo marcara como lo seguía haciendo. Asintió nada más, y aunque su boca no se curvó, sus ojos, por un brevísimo instante, se iluminaron, como si la sonrisa se asomara desde ahí.

Le pareció curioso, también, que el primer encuentro que tenía con la viuda de su colega, fuera así. No sólo las penosas circunstancias, sino que esa mujer a la que Brandon siempre llamó fuerte, estuviera en un momento de tanta vulnerabilidad. Como si esta que tenía enfrente no correspondiera a la que el inglés siempre le describió.

Miró entonces la tumba abierta. Las gotas de lluvia escurrían por sus largas pestañas oscuras. Alzó el rostro ante la pregunta, y tardó un segundo dos en comprender. Claro que entendió la cuestión, sino lo que tardó en llegar fue el entender la razón. Carraspeó.

A través de mi maestro, el hombre que me enseñó a ser cazador —dijo al fin, con voz ronca, brusca con ese acento del Mar Caspio—. Nazariy Stepanov, siempre me habló de su amigo, el cazador inglés, y un día nuestros caminos se cruzaron. Era bueno en lo que hacía, lo admito. No fue la única ocasión en la que trabajamos juntos, y supo ganarse mi aprecio, y respeto. —La miró brevemente, para luego regresar su atención ahí donde ahora el susodicho descansaría para siempre.

Era muy diferente a mí, y admito que a veces llegaba a desesperarme. —Ahora sí que sonrió, pero fue fugaz, y al tener el rostro agachado, no fue muy perceptible para ella—. Sin embargo, me salvó más de una vez. Yo también lo hice, también lo salvé en varias ocasiones. Es lo que hacemos nosotros… acabar con los seres de la noche, y cuidarnos entre nosotros —explicó. Al menos, así era como Naraziy le había enseñado. Ser cazador era una labor solitaria, pero llegado el momento, se tenían la mano, aunque luego quisieran matarse por alguna estupidez.

Pero usted debe saberlo —Otra vez clavó los ojos en el rostro hermoso de la mujer, Priska, le había dicho su amigo que se llamaba, pero no iba a tomarse el atrevimiento de llamarla por su nombre—. Usted también tomó las armas, ¿no es así? —Por sorprendente que pareciera, la voz de Osip sonó más suave al pronunciar aquellas palabras.

Se quedó en silencio. Las gotas de lluvia le escurrían por la nariz y las puntas del cabello, sin embargo, estaba acostumbrado a resistir peores climas. Aunque no peores momentos, no todos los días se perdía a un cazador tan valioso.


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Re: Pretty When You Cry | Privado

Mensaje por Priska Holbein el Dom Abr 01, 2018 1:37 am

Sí, Priska había tomado las armas. Pero no sabía por cuánto tiempo. Con Brandon todo era más fácil, si ella salía a realizar alguna labor, él se quedaba en casa. Si le tocaba a él –como la mayor parte del tiempo- era ella la que se quedaba a cuidar a los niños. No les gustaba dejar a sus hijos solos, por más empleados de confianza que tuvieran. Se caracterizaban por ser padres presentes, quizá por la propia vida que llevaban, que los había obligado a ser sobreprotectores con los retoños de su familia. A decir verdad, la rubia había pasado gran parte del matrimonio pariendo, y las muestras estaban en los cuatro pequeños que se habían quedado sin un padre al que adorar, admirar y respetar. Si bien estar moviéndose en el mismo ámbito que Brandon le hacía tener una mayor consciencia de la muerte, nunca pensó que le tocaría a ellos. Eso era algo que le pasaba a los otros. Iban a los velatorios y a los entierros de amigos, amigos de amigos, conocidos lejanos, pero extinguirse estaba vedado para ellos. Priska nunca tuvo tanta noción de la realidad como en ese preciso instante, que le lanzó un vistazo a la tumba de su esposo.

Sí, yo también lo hice —respondió, y decidió volver el rostro a aquel hombre tan extraño. —Pero no tengo, ni por ventura, las habilidades de Brandon, tampoco su disciplina, mucho menos su predisposición. He tenido que dedicarme a ser madre, con cuatro niños es difícil poder llevar una vida de riesgos. No podíamos darnos el lujo de dejarlos huérfanos, de lanzarnos al mundo a vivir al límite —y ese había sido el plan inicial, pero el amor que Brandon sentía por ella, había sido el principal escollo. Él quería brindarle lo mejor, darle una familia, hacerla su esposa legalmente, su heredera, que nunca más padeciera carencia alguna. —Y ahora…ahora será todo mucho más difícil —agregó, cayendo en la cuenta de lo que se avecinaba.

Se limpió las lágrimas, vanamente, en el rostro empapado de lluvia y lamentos. No tenía fuerza para mostrarse poderosa ante nadie, y si quería que sus hijos la viesen bien, era el momento para llorar a Brandon. Al día siguiente la vida debía continuar, ya no había pasado posible que le pisase los talones. Sabía que la esperaban los interrogantes de sus hijos, así como el papelerío y el tener que enfrentarse a la familia Hammil que, estaba segura, querrían tener a sus nietos lo más cerca posible. Priska no tenía intención alguna de abandonar París, y reencontrarse con Dagna resultaba esencial, y en Londres eso jamás ocurriría.

No me ha dicho su nombre —cayó en la cuenta de ello. Aunque Brandon jamás hablaba demasiado de sus colegas, quizá le resultaba conocido. —Y creo que tampoco me he presentado de forma adecuada —extendió su mano, para darle fin al dramatismo de su situación, de por sí trágica. —Priska Hammil, aunque ahora debería ser Holbein —caviló, con angustia y en voz alta. —Puede llamarme Priska, si así lo desea —la lluvia había dejado de caer con crueldad, solo una llovizna molesta y fina le daba un marco aún más tétrico a la jornada. De pronto, sintió un deseo profundo de estar al calor de su hogar, y se abrazó a sí misma, en busca de consuelo a su propia alma, de propiciarse un calor que no existía. La vida era demasiado fugaz, nada le estaba garantizado a nadie, y la muerte de su esposo, había enfrentado a Priska con su propia mortalidad, con su propia debilidad, y de que no estaba exenta de que todo se acabase de un instante a otro.


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Re: Pretty When You Cry | Privado

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