Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ophelia M. Haborym el Sáb Jun 10, 2017 11:00 pm

Si el tedio se correspondiera con un color, éste sin duda sería el blanco. La ausencia de color, como la ausencia de sucesos, a medida que pasa el tiempo se hace más y más insoportable. Los seres como ella, eternos, con un principio u origen lejano, y un fin que ni siquiera existe, pasan sus días ocultos y tratan de ocupar sus noches con toda clase de actividades. Con cosas que en vida querían pero no podían hacer. Sumergiéndose en placeres vanos, cumpliendo deseos que en el pasado creyeron imposibles... O al menos, así es al principio. Las primeras décadas o, si tienes suerte, los primeros siglos, estás lo bastante entretenido. Viajando, explorando, descendiendo hasta lo más profundo de la depravación. Pero poco a poco, lo que antes era un ardiente deseo por hacer cosas, por obtener todo aquello que se te ponga por delante, por beber más sangre de la que podías imaginar, por crear caos y cambiar tu estatus... todo eso se acaba transformando en el más absoluto y profundo aburrimiento. ¿Qué hacer cuando ya has hecho todo lo que querías? Lo único que tiene de bueno ser un ser vivo, es que gracias al continuo cambio al que estás sometido, en cada momento deseas algo diferente. Pero cuando el cuerpo, el alma, el tiempo, se congela en el mismo momento, en la misma etapa... ¿Entonces qué?

Una llama no puede permanecer prendida durante tanto tiempo, no sin extenderse o disiparse por completo. Igual que la sed, y el control que se tiene sobre la misma va apaciguándose con el tiempo, los deseos, los impulsos, las emociones, todo se va embotando cada vez más y más, hasta que o bien te conviertes en un ser pasivo y eterno, que espera el día del juicio final para marcharse de un mundo que ya no le dice nada... O en una criatura tan cruel, despiadada y retorcida, que poco o nada se parece al ser humano que una vez fue. Como en todo, había matices intermedios. Pero sin duda Ophelia, con sus casi dos milenios de existencia, encajaba con bastante más holgura en esta segunda categoría. A aquellas alturas lo más emocionante que ocurría a su alrededor era la aparición de alguna nueva presa con la que pasar un efímero tiempo de diversión. Pero ni siquiera eso la motivaba. El interés que tenía en la sangre de éstas superaba por mucho el que le producía relacionarse con ellas, así que no duraba lo suficiente para calmar sus ansias, su necesidad por algo nuevo, por un cambio que sabía que ya nunca llegaría. Porque si hay algo que nunca se apaga es la rabia que produce no poder salir de ese estado de tedio absoluto.

Al final, cuando la sed y el aburrimiento coincidían en términos de intensidad, salía de su letargo y decidía ir en busca de un tentempié. Normalmente los lugares de caza más sencillos eran los callejones o los mercados. Pero como todas las cosas, el tiempo también hace el paladar más delicado, y por tanto, de vez en cuando, el cuerpo le pedía devorar a personas que eran más de su preferencia. Hipócritas. Mentirosos. Corruptos. Ricos. Personas que estando vivas eran tan crueles como ella. La élite de la élite. Su odio por los ricos siempre había estado presente, y quizá por ello los saboreaba con más cuidado. Una muerte rápida siempre era satisfactoria, pero mucho más aburrida, que ver retorcerse de dolor a alguien que antes se reía de la miseria ajena. Tal y como ella hacía. Eso la hacía sentirse superior, ¿y a quién no le gusta esa sensación? La temática de aquella fiesta era la "Pureza", nada más irónico teniendo en cuenta que todos los que acudían tenían almas negras y corrompidas por la avaricia, la lujuria y el despilfarro. Un campo lleno de frutos prohibidos. Su plato preferido.

Se mantuvo en un lateral de la pista de baile, con la mirada perdida entre el gentío. Su vestido blanco y plateado brillaba bajo la luz de las velas, así como su máscara, con diamantes esparcidos en forma de gotas de agua. Una señorita distinguida, esperando por una pareja de baile... Una bestia esperando al compañero de juegos ideal. Estaba impaciente porque comenzara la partida.



Última edición por Ophelia M. Haborym el Dom Jul 09, 2017 12:17 pm, editado 1 vez
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Re: · Mascarada ·

Mensaje por Anouk Oldekamp el Dom Jul 02, 2017 8:10 pm

Anouk se observaba a través del reflejo del espejo. Le gustaba lo que veía, aquel vestido color carmín parecía de algún sueño importante. Después de su secuestro jamás creyó utilizar algo tan bonito y elegante, mucho menos el poder ir a una gran fiesta de alcurnia para codearse con personas de un gran estatus social. La vida daba muchas vueltas, primero se está arriba, luego abajo, y sin si quiera imaginarlo, saltaba y flotaba entre las nubes, gozando de todo aquello que le fue arrebatado y que merecía de nacimiento. Sintió emoción, pesar, nostalgia y miedo. ¿Qué ocurriría si aquel mal hombre se encontraba en la fiesta? Tembló, por unos instantes cerró los ojos, y se abrazó a la tela fina del vestido. Nada ni nadie podría arruinar su noche.

Movió su mirada para poder distraerse y no sólo quitarse su imagen de la mente, sino también los aquellos malos recuerdos que comenzaban a angustiar su estado de ánimo. Sabía que en apariencia ya se encontraba perfectamente arreglada para la ocasión. Sólo necesitaba un poco de empuje y de esa manera poder salir al mundo real para enfrentarlo.

Mientras bajaba las escaleras pudo notar la mirada asombrada y expectante del dueño de la casa y del señor Ichabod. Ninguno de los dos tardó en comentarle un par de piropos logrando que sus mejillas se tornaran del tono de su cabello. Se veía hermosa, y su inocencia resaltaba aquella perfecta imagen que ambos caballeros no dejaban pasar. Se sentía angustiada pero segura por ir con dos personas que no dejarían que nada les pasara, ni mucho menos le hicieran.

Fue breve el camino a aquella hermosa mansión. A lo lejos se escuchaba la música animosa y llena de ritmo que ambientaba la fiesta. La entrada fue un poco más lenta, y cuando menos se lo esperó, ya se encontraba sentada en una mesa principal degustando un poco de vino. Una bebida que no había probado, pero que sus acompañantes deseaban que consumiera para que supiera de qué se trataba, y nadie pudiese engañarle. En resumen, todo iba muy bien. La anfitriona de aquella fiesta era una viuda que desde el principio no dejaba de mirar a su acompañante, según la sociedad, Ichabod y Anouk ya eran marido y mujer, aunque eso sólo fuera una farsa.

No pasó demasiado tiempo cuando aquella viuda se acercó a Ichabod para pedirle “respetuosamente” que le concediera una pieza. Sin poder evitarlo la chica hizo una mueca, misma que compuso con rapidez volteando a otra parte. Sonrió al verlos marchar y sintió pena por la cara de disculpas que el brujo le dirigió. Sin embargo no tardó en que alguien le pidiera el permiso a su “marido” para que ella pudiera bailar con alguien más. Sin poder evitarlo terminó danzando con un desconocido, uno que se le acercaba demasiado a olisquearla. El sentido de alerta se le disparo. ¿Un vampiro?

Fueron varios minutos de danza y vueltas, hasta que la corriente los sacó de la pista y el hombre la jaló a un pasillo oscuro. Se veía sediento, sus ojos lo decían. Un grito de ayuda se perdió en el estruendo de la fiesta, nadie la notó ¿O sí?



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Mensaje por Ophelia M. Haborym el Dom Jul 16, 2017 4:43 pm

La vida está llena de sorpresas, pero eso es precisamente lo que la hace divertida, ¿no es así? ¿Quién iba a decirle a ella que en el mismo momento en que se había dispuesto a jugar de aquella forma improvisada, otro de los "suyos" estaba pensando precisamente en lo mismo? No tardó mucho en encontrarlo entre el gentío. Apestaba a muerte, a sangre y a sed. Se veía desesperado incluso a aquella distancia. Patético. Estaba tan perdido en el deseo de hundir sus colmillos en la piel de algún invitado que ni siquiera se había percatado de su presencia. ¿Un neófito? Posiblemente. Y eso era precisamente lo que captó su atención. Quien estaba jugando no era ese inmortal en concreto, sino algún otro, presumiblemente mucho más anciano, que sabía bien como ocultar su presencia. Por un momento, Ophelia decidió que dejaría a un lado sus deseos por un aperitivo para sumirse en la búsqueda de aquel que estaba, probablemente, orquestando alguna tragedia en las sombras. Como buena investigadora y escritora, la curiosidad era algo más que patente en su persona, casi tanto como lo era la necesidad de fastidiar los planes ajenos. Ella era quien tenía la última palabra, ese siempre había sido su motto.

Tras declinar la invitación de baile de uno de aquellos magnates con más carne por la parte delantera que en el resto del cuerpo, se escabulló de la vista hacia uno de los pasillos, lugar donde el olor a sangre era más intenso. ¿Cuántos vampiros había en realidad? ¿Qué era lo que estaban tramando entre las sombras? Cuando un anciano traía neófitos a una fiesta de aquel estilo, las intenciones estaban bastante claras, al menos para ella. Había visto demasiados "golpes" como para pasar esos detalles por alto. Fuera quien fuese el responsable, apostaría lo que fuese a que lo que intentaba hacer tendría repercusiones inmensas en la sociedad parisina. Posiblemente, en la de Francia entera.  

Además, había sido lo bastante astuto para ocultarse tras el rastro de caos y muertes que irían dejando aquellos impulsivos vampiros que nadie echaría de menos. Se alejaba de la acción, poniendo peones en el medio que harían el trabajo sucio... Aquello quedó aún más claro cuando al final del pasillo por el que ahora caminaba encontró el cadáver desangrado de uno de los miembros más distinguidos del Banco Central. Puso una mueca de asco antes de bordearlo y seguir con su camino. Apestaba a alcohol, y quien había bebido de él claramente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Una macabra sonrisa se depositó en su semblante, estaba extrañamente emocionada. Si estaba en lo cierto sería testigo (e incluso puede que partícipe) en algo maravillosamente tétrico. Podía sentirlo, aquel cosquilleo insistente en su estómago, el mismo que sentía cuando estaba ante un buen caso, o inmersa en el desarrollo de una de sus historias. Aquello era justo lo que necesitaba para emocionarse, para deshacerse del tedio. Para despertar definitivamente de su letargo y volver a ser lo que siempre había sido: un depredador.

Tras voltearse para ir por otro pasillo, sin embargo, un aroma atrajo su atención y la distrajo de su objetivo, haciendo que se detuviese en el acto y clavase su vista justo en el frente. Allí estaba. Otro de aquellos impulsivos neófitos, junto a la fuente de aquel maravilloso aroma. Una chica que, aunque estuviese vestida como el resto de damas de la fiesta, no tenía nada en común con ellas. No encajaba en ese lugar. En cuando escuchó el grito, apareció rápidamente tras el vampiro, y con un simple movimiento, lo tomó por ambos lados de la cabeza y la giró, haciendo que el crujido de los huesos resonara por la estancia levemente. - Ah... Él no sabría apreciar este manjar como es debido... ¿No crees, Mon Chéri? -Susurró con aquella voz melodiosa y dulce, aquella que siempre usaba para atraer a sus víctimas. - Te sugiero que vengas conmigo, no creo que tarde mucho en despertar, además, no es el único como él. Si yo te he olido, ellos sin duda lo harán~ -Pocas veces ocurría, que la vampiresa se interpusiera para "proteger" a un mortal. Y aunque en apariencia eso fuera lo que había ocurrido... ¿Se daría cuenta la joven de que se trataba de algo más?

La fachada de buena samaritana siempre tenía intenciones ocultas. Quizá la pregunta era, ¿qué es lo que quería?




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Re: · Mascarada ·

Mensaje por Anouk Oldekamp el Lun Oct 09, 2017 5:42 pm

Anouk tuvo un recuerdo, uno que había sido muy agradable para ella ya que le había llevado grandes aprendizajes y comprendió gracias a ese momento pasado, que los humanos no eran los únicos en la tierra, que debía ser un poco más cuidadosa. Recordó cuando tuvo que dar un poco de sangre a un desconocido, a un vampiro que le enseñó que su naturaleza no tener que ser precisamente mala o maligna. Niord había sido un excelente maestro de la vida; pensó en él y dio un largo suspiro para intentar no echarlo de menos y sentirse nostalgica, aquella criatura seguramente estaría en un lugar mejor, disfrutando de su naturaleza.

Asintió a las palabras de la mujer, caminando a su lado no sin antes volver a ver de reojo al señor Ichabod. Se sintió aliviada al notarlo entretenido, se notaba que aquella pieza tardaría, y si terminaba pronto, la mujer le pediría otro par de bailes. Ausentarse unos momentos no le causaría problema a nadie.

- Creo que tengo una especie de olor atractivo a los de su especie, señorita – Sonrió con torpeza – Siempre me los encuentro y quieren un poco de mi sangre. Debe oler bien – Bromeó un poco, porque no tenía idea alguna a que huelen la sangre. La miró por un momento – Sé que hay varios, mi esposo siempre se altera cuando siente su presencia, aunque no me lo diga – Miró hacía el otro lado, no le gustaba tener que mentir sobre Ichabod y ella. Si, lo amaba, y ya fungían como una pareja formal, pero aún no lo eran formalmente, y por eso le molestaba mentir de esa manera.

- Espero que no se ofenda pero, ¿qué hacen ustedes en estás fiestas? A mi me parecen de lo más aburrida, debe ser más divertido viajar y conocer el mundo como es verdaderamente, sin ataduras – Se río. Anouk no se imaginaba viajando de esa manera, era muy miedosa, ¿y si la volvían a secuestrar? Quizá si fuera vampiresa, nadie nunca podría secuestrarle. Pero, ¿Sacrificar su humanidad? ¿Eso quería? Lo dudó un pequeño momento – Me llamo Anouk, por cierto – Sonrió apenada, con sus mejillas rosáceas.



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Re: · Mascarada ·

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Sáb Oct 28, 2017 10:09 pm

Por un momento, la vampiresa encontró la inocencia de aquella muchachita sumamente deliciosa, casi tanto como la sangre que circulaba por sus venas y emitía aquel embriagador aroma... Pero después de meditar las palabras ajenas unos instantes, sintió una punzada de ¿remordimiento? ¿preocupación? ¿Cómo alguien tan ingenuo podía sobrevivir en un mundo tan cruel como este? Así, lo que al inicio no eran más que malas intenciones y el imparable deseo de querer beber su sangre, dio paso a una genuina curiosidad. No era frecuente toparse con personas como ella, tan poco contaminadas con las desgracias y podredumbre de la realidad. Probablemente el delicioso olor de su sangre tenía algo que ver con la pureza de su espíritu. O al menos, esa era la teoría que mejor se adaptaba a aquella situación. El hecho de que se hubiese topado con más criaturas como ella era indicador de la fuerza con que las personas así atraían a los de su especie. No podían evitarlo. Los humanos eran su fuente de alimento, sí, pero incluso entre ellos había muchos matices, y manjares tales como aquel eran excepcionalmente escasos. ¿Quién no querría probar bocado de semejante exquisitez? 

- No te equivocas. Pude identificar tu aroma a pesar del estropicio que ese neófito o alguno de sus compañeros había provocado. Digamos que refleja con gran precisión no sólo la belleza de tu exterior, sino también lo poco mancillado que debe estar tu interior. -Afirmó la vampiresa asintiendo con la cabeza. Quizá lo más curioso era que a pesar de haberse topado con situaciones tan peliagudas como la de hacía un momento, no pareciera estar asustada en su presencia. Si bien Ophelia era una estupenda mentirosa, normalmente la gente tenía mayores reparos a la hora de confiar en extraños. - ¿Tu esposo? Pareces muy joven para conocer la vida de casada. Es un hombre afortunado, desde luego. -¿Había venido acompañada por alguien que podía identificar a los de su especie? Eso era incluso más increíble. No había sentido más que a vampiros, ¿qué era lo que realmente se estaba cocinando en las sombras de aquella celebración? Dejó esas preguntas a un lado de su mente, para volver a centrarse en el camino. A su espalda pudo escuchar pasos acercándose, así que se obligó a aumentar la velocidad de sus pasos, tomando a la muchacha por el codo para que le siguiera el ritmo.

- Te sorprendería saber lo mucho que los que son como yo podemos aprender al mezclarnos entre los humanos. Detrás de cada fiesta hay motivos ocultos. Algunos más enrevesados de lo que parece. -Aquella misma era un buen ejemplo. Mentiras, conspiraciones. Los humanos eran a veces más retorcidos que los inmortales. - Además, el entretenimiento no es el motivo principal por el que nos vemos inclinados a acudir a reuniones sociales. Como somos tan distintos, debemos esforzarnos más por encajar. Y aún así, nunca podemos permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. ¿No crees que es triste recorrer el mundo por obligación, al no tener un sitio al que poder llamar hogar? El deseo de permanecer es algo inherente a los humanos, y nosotros también lo fuimos. Y claro, cuando vives para siempre cada vez hay menos cosas que te resultan novedosas. -¿A cuántos países había ido? ¿Cuántas sociedades había visto nacer y morir? El sentido de las cosas se volvía efímero cuando te veías obligado a ver el transcurso del tiempo desde fuera, sin ser partícipe en los cambios que éste trae. 

- Hoy la suerte no nos acompaña... -El vampiro de antes los había alcanzado, justo en el momento en el que, al torcer en una esquina, otro apareció justo enfrente. - ¿Qué prefieres, que pasemos por delante o por detrás? ¿Puedes correr con esos zapatos? -Preguntó. El camino más lógico era el que seguía por el frente, así que tras recibir confirmación, se abalanzó sobre el neófito que las encaraba y, tras desgarrarle el cuello, ambas salieron corriendo. - Vaya estropicio. -Se quejó la vampiresa, sin detenerse, al ver las pequeñas manchas en una de sus mangas.





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Re: · Mascarada ·

Mensaje por Anouk Oldekamp el Sáb Nov 11, 2017 12:53 pm

Las chicas como Anouk, nunca fueron educadas para enfrentar situaciones con riesgos. Los peligros no eran lo suyo, se le educó para lavar, acompañar a un marido a una fiesta importante, para parir y ser simplemente una esposa. Nadie escribió un manual de cómo se debía sobrevivir a las criaturas sobrenaturales, por eso, por todas las cosas que había vivido a lo largo de su corta vida, en aquel momento se sentía fascinada.

Los zapatos nunca fueron un problema, aunque no es que supiera correr con ellos, más bien tenía maestría en quitárselos, incluso parecía un tiempo record, antes de que Ophelia pudiera atacar al neonato, ella ya deslizaba sus pies sobre el suave pasto recién cortado de aquel jardín. Nunca había corrido tampoco, pero la adrenalina logró que pudiera ir más rápido de lo que pudo imaginar.

Cuando sintió se encontraba fuera de peligro, aligeró el paso, así hasta visualizar una banca en medio de fuentes y bellas flores. Anouk se llevó la mano a la cintura y curveó el cuerpo hacía adelante para poder intentar controlar su respiración, tenía incluso el rostro sudoroso. Bastaron minutos para estar como si nada y después se sentó a esperar a que la vampiresa la alcanzara. Como era de imaginarse, no pasó demasiado tiempo de eso.

- Creo que los humanos podemos resultar más complicados que las criaturas como ustedes – Se quedó pensativa – No es que subestime lo que son, pero de los pocos o muchos vampiros que he conocido, la mayoría se deja llevar por su sed. Su raza es superior en fuerza, pero parece que no saben controlarse demasiado, cuando se alimentarse se trata – La miró directamente a los ojos - ¿Qué hace que unos sean más fuertes que otros? ¿Por qué desear mezclarse con los humanos comunes? A final de cuentas son más fuertes que cualquiera. Incluso que todos aquellos que se encuentran adentro, ¿Por qué mezclarse cuando se podría romper el orden de vida? – Para ella era extraño, aquellos seres, en su mayoría, se sentía por encima de cualquier criatura. ¿Qué chiste tenía hacerse pasar por un humano más? Frunció el ceño.  

- El primer vampiro que conocí se llamaba Ulrich, era una criatura muy sombría, no es que fuera malo, más bien parecía que sufría por tener esa condición y porque su compañero vampiro lo había abandonado en la eternidad, ya no le encontraba sentido a su existencia y lo notó muy determinado a perder ese estado. ¿Cuáles son las formas de evitar u ocasionar un desenlace de los de tu especie? -  Estaba muy preguntona y parlanchina, pero muy probablemente se trataba de la adrenalina que seguía viajando por todo su cuerpo.

Se deslizó en la banca de madera que se encontraba en aquel hermoso jardín, a lo lejos se podía percibir la música de la fiesta, se preguntó si Ichabod estaría preguntando por ella, esperaba que no, aunque contaba con que la anfitriona de la fiesta, siguiera pidiendo su atención. Sacudió su cabeza para dejar de lado sus pensamientos, estaba emocionada, sí, no debía distraerse con darle atenciones a los demás, sólo debía centrarse en ella, y se encontraba muy cómoda en esa situación.

- Si no es mucha indiscreción, ¿cómo llegó usted a ser y hace cuánto tiempo? – Su anfitriona de parecía una criatura muy experimentada. Saber un poco más de ellos no le hacía daño a nadie.



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