Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lobo negro, rostro pálido. (privado)

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Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Nayati Manitú el Vie Jun 16, 2017 4:06 am

El barco se movía como una hoja mecida por el viento impulsada por la corriente del rio Cheyene.
Si hace unos meses alguien me hubiera dicho que me cortaría la trenza y emprendería un viaje hacia ninguna parte dejando atrás a los miso y sin vistas a poder volver algún día, lo hubiera tachado de loco, sin embargo la vida da tantas vueltas que ni siquiera eres consciente de a donde los espíritus te envían.
Para que mi historia se entienda tendría que empezar desde el principio.

Nací en las tierras fértiles de las llanuras de Norteamérica, de padre blanco y madre india, crecí como un niño mas en la tribu Cheyene, allí me convertí en un hombre y como tal, pasé la prueba que los míos imponen descubriendo así a mi guia espiritual y la complacencia de mis dioses.
Siempre viví en común unión con la naturaleza, madre tierra daba aquello que necesitas y no has de tomar mas de eso para que el espíritu del bosque te bendiga.

De allí donde provengo, el rio Cheyene siempre fue una frontera, la que afianzaba el tratado que mis antepasados sellaron con los licantropos.
Este rio separaba nuestras razas para evitar muertes innecesarias. Todo licantropo que cruzara sus lindes pisando nuestras tierras corría el riesgo de ser cazado y muerto por los guerreros a los que pertenecía, del mismo modo pobre del humano que osara cruzar el rio y pisar territorio enemigo.

La noche en la que todo pasó, las estrellas brillaban en le firmamento eclipsadas por madre luna que redonda coronaba la noche. Los aullidos de nuestros compañeros de viaje retumbaban feroces al otro lado del rio y las guardias se intensificaron por is le pacto no era respetado.
Aquella no che no fueron lobos lo que cruzó el rio si no dos bestias sangrientas en busca de su destino y ese camino forjo mi sino pues en la lucha contra una de ella fui herido.

Nada pudieron hacer por mi los chamanes, y tras la reunión del sabio consejo la única posibilidad para salvar mi alma era partir en busca de respuestas.
No eran licantropos, con lo cual no podía suponer que mi sino seria trasformarme en uno en luna llena.
La herida negruzca se extendía por mi brazo hambrienta y ahora mi vida estaba en manos de quien supiera lago sobre esos entes.

Seguí al que quedó con vida, su rastro se perdía por el día, mas lo reencontraba y así día a día hasta que como un polizón me colé en el barco en el que hoy voy rumbo a París, la única ruta que ese monstruo pudo seguir desde donde su ultimo rastro me condujo.
Nada sabia del idioma, ni de la cultura, no llevaba esas monedas que al hombre blanco tanto le servían.

Tras algo mas de una semana de viaje en la que apenas comí aquello que los pasajeros desechaban en las basuras, el navío alcanzó puerto.
En un descuidó me apeé del barco ,cruzar las aduanas no fue ni fácil, ni sencillo, de echo gran parte de la guardia de la ciudad se cruzó en mi camino.
Si algo podía decir de aquella gente, es que no dialogaban nunca, que la fuerza era su modo de vida y que la naturaleza había pasado a un plano insignificante frente a las grandes edificaciones.

El bosque se convirtió en mi único aliado, un bosque muy distinto al que yo estaba acostumbrado.
Una gruta mi hogar y un caballo pinto que atrapé con ligera facilidad en mi único amigo.
Tenia que dar con alguien que pudiera revelarme este misterio y desde luego no seria en el bosque donde hallaría el remedio.
Me obligué a adentrarme en una ruidosa ciudad, como un vagabundo deambulé por las calles bajo la mirada de muchos de esos rostro pálidos que me miraban de arriba a bajo con desprecio.

Magia, tenia que encontrar magia ¿mas como?
Dejé escapar el aire, solo se me ocurría un modo, dejar que mi totem me guiara.
En un callejón tomé la petaca pequeña de mi cinto y di un trago de ese té de Peyote. Me dejé caer contra la pared, los retortijones pronto llegaron, después la angustia, me retorcí en el suelo hasta que la imagen del gran lobo negro se presento ante mi. Me alce dando tumbos tras el, la droga era fuerte, pero me hacia contactar con los espíritus..seguí aquella sombra difusa hasta no se bien donde iba muy colocado en ese momento y bastante perdido para que mentir, peor impacte de bruces contra una mujer. Gruñí cuando el lobo desapareció frente a mis ojos y ambos quedáramos de frente mirándonos fijamente.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Ammyt el Vie Jun 16, 2017 10:41 am

El humo era movido por la leve brisa de la noche que hacía en aquella calurosa noche parisina, la hoguera pequeña que había frente a mi hacía resplandecer el lugar con sus llamas y sus destellos en tonos anaranjados, mientras el humo se iba alzando tomando diferentes formas, como si fueran presagios, espíritus que tomaban forma para darse a conocer. Unas hierbas que había en un bote fueron las que provocaron que saliera más humo al tirarlas a la hoguera, mientras unas palabras eran murmuradas de mis labios intensificando la llama, parecía que las sombras que hacían titilaban y temblaban como si presintieran lo que estaba a punto de pasar, el cántico se hacía cada vez más fuerte y más marcado, una pequeña daga que llevaba en la mano derecha hizo un corte en mi palma izquierda, puse la mano sobre el humo de la hoguera dejando que las gotas de aquel líquido carmesí cayeran sobre el fuego.

Un gruñido, un rugido en la noche se pudo escuchar en el lugar, algo que no era procedente de aquel mundo rondaba el lugar y lo sabía, lo podía notar, notaba su gélida estela cuando pasaba como si fuera un aire frío de la noche que te erizaba la piel. Pronto las llamas crecieron alcanzando una altura considerable que iluminó todo el lugar, el fuego pasó a ser de color azul variando sus tonos de más fuertes a más claros, y mis ojos se tornaron blancos en un momento determinado, como si estuviera poseída. Mi cuerpo empezó a convulsionarse como si fuera una danza extraña, como si aquel ser que rondaba se hubiera apoderado de mí cuerpo.

Murmura palaba ininteligibles en una lengua extraña mientas veía sucesos que habían pasado, que estaban pasando… y que estaban por pasar. La magia negra era una muy poderosa con la que tenías que llevar mucho cuidado, la magia de sangre era la más potente de todas y la que más ligaba a los seres del otro mundo. Llevaba años practicando aquel arte negro, la nigromancia como muchos la llamaban… poder convocar espíritus, demonios, conocer el futuro mediante la consulta de estos, hacer tratos, maldecir… todo aquello que una vez fue heredado de mi abuela, un poder gigantesco que se desató en mí interior como si hubiera estado retenido durante años… ahora se obraba por mediante mis manos.

Mi espalda se arqueó, abrí mis brazos expandiéndolos y mi cabeza quedó hacia atrás con la boca abierta, respiración cortada durante unos segundos en las que las imágenes pasaban por mi mente y podía ver con claridad el rostro de un joven, uno que perseguía a aquello que había creado hacía tiempo, una obra que mi abuela no había podido terminar y que yo era la encargada de darle un fin, una conclusión, cerrar aquel capítulo. Por eso me había visitado en sueños, por eso en ellos me instaba a coger aquella botella donde aquel humo grisáceo estaba en su interior: la esencia, los poderes de mi abuela. Antaño proveniente de una familia de chamanes, mi abuela se desvinculó de la magia blanca para utilizar la magia negra en su favor, y en su beneficio. Ahora yo era la encargada de seguir con su legado.

Respiré finalmente volviendo a abrir los ojos cuando todo había pasado, las llamas volvían de nuevo a su estado normal, con su color y tamaño, y aquello que me había “poseído” en esos momentos desapareció para volver al mundo del que procedía dejándome allí sola. El campamento donde solía vivir junto a mi familia, pero cuando hacía aquel tipo de cosas siempre me iba a lo profundo del bosque donde nadie podía verme, donde nadie podía escucharme. Sabía que aquel joven vendría en mí búsqueda, maldito con lo que aquel engendro le había herido buscaría respuestas, una posible solución a su estado pero… ¿por qué iba a entregársela? Lo que él no sabía, quizás, es que su cuenta atrás había empezado en el momento en que le habían herido una de aquellas… bestias, por decirlo de alguna manera, cuya procedencia era del mismo averno y que solo tenían un cometido: matar a una persona.

La herida que habían provocado en aquel joven lo mataría lentamente, como un reloj de arena su cuenta atrás ya había empezado y él quizás desconociera ese dato. Sabía que en algún momento vendría en mí búsqueda, que seguiría a esa misma bestia de vuelta y que me encontraría… y yo estaría preparada. Apagué la hoguera borrando todo rastro que pudiera quedar y volví al campamento con los míos como si no hubiera pasado. Fue un par de días más tarde cuando por la noche tuve que ir a la ciudad en busca de provisiones, a veces utilizaba las plantas que había en el bosque, pero otras sustancias necesitaba comprarlas. Ganaba dinero con las maldiciones que ponía, normalmente no utilizaba mis poderes para el bien salvo cuando acudían a mis padres y estos me pedían ayuda, a cambio de dinero.

Fue en esa noche cuando vagaba por una de los callejones de parís para evitar todo el gentío que ahora, con el buen tiempo, la gente abarrotaba las calles. Llevaba una pequeña bolsa escondida con monedas para comprar lo que necesitaba y que el bosque no me podría proporcionar nunca, además de llevar una pequeña daga por si me encontraba con algún vampiro. Su sangre podría serme útil para alguna maldición o para convocar a algún espíritu, a veces a estos les gustaba que se les ofreciera sangre de vampiro en algunos rituales. Fue entonces cuando, sin siquiera verlo venir, un joven se estrelló contra mí haciendo que tuviera que apoyar la mano contra la pared para no caerme, mientras miraba hacia delante y observaba a quién tenía delante. Fruncí el ceño al ver al joven quien ahora levantaba la mirada hacía mí.


-Tú… -dije observándolo mientras nuestras miradas se centraban la una en la otra, unos ojos que ya había visto con anterioridad, y supe, que ahí frente a mí estaba quien había venido a buscarme. La cuestión era, ¿sabría él quien era yo?


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Nayati Manitú el Vie Jun 16, 2017 1:49 pm

Mis ojos se perdieron en sus pardos, ladeé ligeramente la cabeza, tras su cuerpo el lobo hambriento me mostraba sus fauces, pupilas dilatadas, ladeé mi sonrisa centrándome en cada rasgo de esa mujer de piel oscura, mas incluso que la mía o la de mi madre.
-¿eres mi totem? -reí fruto del colocon -quiero decir de su color, negro.

Mi cuerpo se tambaleaba frente a sus ojos que ahora reflejaban puntos rojo fuego, me agache ligeramente acercando el rostro para ver a través de ellos.
-No te entiendo -aseguré al escuchar unas palabras que escaparon de sus labios.
Me eche a reír sin mas, como si eso pudiera ayudarme.
-Mi espíritu guía me ha traído ante ti -susurré sin dejar de mirar a través de sus abismos -¿por que?

No me entendía ni una palabra, algo que en otra ocasión me hubiera desesperado pero en ese momento me daba la risa, no podía evitarlo.
Me relamí los labios resecos, estaba sediento y algo hambriento.
Mi mano golpeó mi pecho sin dejar de mirar sus pozos negros.
-Nayati -dije volviendo a golpear mi pecho para intentar que captara que ese era mi nombre.

Ahora atajé la distancia para golpear con delicadeza el ajeno ¿cual seria su nombre?
Ladeé de nuevo la cabeza centrado mi mirada en sus labios, esperando una respuesta que de estos procedieran, mas nada, parecía pensativa ¿tan tonta era como para no pillar mi nombre?
Enarqué una ceja, mi totem no era de los que se equivocaba, no sabia si era amiga o lo contrario, pero..si hasta ella había llegado era por algo.

De un tirón descubrí mi brazo, la venda callo sobre el empedrado mientras de nuevo me hundía en sus pardos esperando respuestas sobre algo que no sabia si le pillaba o no de improvisto.
-háblame joder -le pedí sintiendo como la cabeza se me iba y todo me daba vueltas.
Lleve mi mano a la pared del la calle, pálido cerré los ojos esperando que la abrirlos ella siguiera en el mismo sitio, necesitaba respuestas, muchas eran las preguntas y ni siquiera me entendia.
Estire los dedos posandolos en su boca, dibujándola con ellos.
-Habla -pedí

Dos hombres aparecieron por la misma calle, al parecer conocían a la chica pues su actitud hacia mi era beligerante, decían palabras que no entendía y la instigaban a ella a abandonarme alegando algo de “borracho” ¿que era eso?
-No, Nayati -dije golpeando mi pecho, no me llamaba borracho.

Los dos se rieron, al parecer tenían ganas de bronca y yo era un blanco fácil en ese momento o eso creían al menos.
Alcé la mirada hacia ambos, ladeé la sonrisa, en ese mundo me había dado cuenta que todo se arreglaba del mismo modo, con violencia.

Esquivé el primer puñetazo, mi mirada se dirigió rauda hacia el segundo hombre de ojos de cuervo y nariz picuda, bastante mas corpulento. Pare su brazo con mis manos, se lo retorcí hasta que impacto en su espalda y de bruces se fue al suelo cuando le di una patada en el trasero.
Agaché mi cuerpo esperando le siguiente ataque, aunque admito que con todo dándome vueltas era muy complicado centrarme.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Ammyt el Sáb Jun 17, 2017 1:09 pm

Ahí lo tenía, frente a mí, tras aquel tiempo que había pasado al parecer el joven había encontrado el camino que le había llevado hasta París, y no solo eso, sino que además en aquel callejón en el que nos encontrábamos había descubierto un aire, una brisa diferente a la que te puedes encontrar cualquier día ya fuera con el sol en el cielo, o la luna brillando en el firmamento. Uno que conllevaba magia, uno que quizás para la mayoría de los humanos pasaría desapercibido, como una simple brisa que acaricia el cuerpo, que te pone los vellos de punta y que te hace sentir un escalofrío irremediablemente… y tras sentir esa leve brisa con toques mágicos, pero que eran diferentes a cualquiera que había podido sentir en toda mi vida; aparecía él.

Se había tropezado con mi cuerpo y era más que notorio que parecía que iba bebido, pero no era alcohol lo que podía leer en su estado, lo que se percibía en su aura… sino magia. ¿Cómo era posible que aquel joven pudiera tener magia cuando su aura distaba mucho de cualquier magia? Los hechiceros teníamos esa capacidad, al menos yo siempre había sentido a los que como yo poseían ese tipo de poderes y los reconocía, así como podía reconocer a licántropos y a vampiros por el aura que desprendía, una gama amplia de colores en la que cada color no solo te decía el estado de la persona, sino a qué raza pertenecían… y desde luego que aquel joven no poseía magia alguna en su cuerpo.

Pero conocía a los suyos, había oído historias y leyendas sobre hombres y mujeres que en el otro lado del charco tenían algo así también como chamanes, típicos de las tribus indias que poblaban américa y que con el paso del tiempo cada ven iban quedando menos de ellos. Su rostro no era uno pálido, aunque se podía decir que mi tono de piel era más oscuro que el suyo sin duda alguna. Mis ojos lo observaron cuando alzó su rostro, ningún signo de reconocimiento, nada que pudiera decirme que sabía quién era… ¿casualidad que nos hubiéramos encontrado? No, a esas alturas de mi vida no creía en las casualidades y la verdad es que no pensaba que fuera así.

Habló, habló en un idioma en el que no le entendía para nada pese a hablar varias lenguas, pero la suya era una que jamás la había podido comprender. Se dio un golpe en el pecho y la palabra “Nayati” salió de sus labios para luego volver a darse un golpe en el pecho, ajá, lo pillaba: se llamaba Nayati. Sus ojos estaban fijos en los míos y solo pude comprender que se llamaba así por los gestos que había hecho, lo que me hubiera dicho anteriormente era algo que desconocía puesto que no hablaba su idioma, y algo me decía que él no hablaría ni por asomo francés.

Restó la distancia que nos separaba y fue entonces cuando su mano con delicadeza se posó en mi pecho, como si de alguna forma me instara a que le dijera yo ahora cuál era mi nombre, ladeó el rostro y sus ojos se quedaron fijos ahora en mis labios como si esperara que hablara, no tenía intención alguna de decirle mi nombre y darme a conocer. Había hecho sin duda alguna un largo viaje hasta mis tierras y estaría en busca de quien pudiera ayudarle, solo en estas tierras sin hablar el idioma seguramente lo que había sentido antes había provenido de él mas… ¿cómo lo había hecho? Recordaba lo que mi abuela me había dicho muchas veces cuando era pequeña, que la magia se manifestaba de muchas formas, que no solo aquellos quienes poseían ese don podían hacer magia… que había muchos tipos de magia en el mundo, y que muchas veces no debíamos dejarnos engañar por lo que veían nuestros ojos, pues estos estaban limitados y condicionados por nuestra mente.

De pronto sin siquiera haber dicho nada elevó uno de sus brazos, quitó la venda que tenía y… lo descubrió. Ah, ahí estaba. Aquella marca que lo que una vez había convocado como encargo de mi abuela, una obra que ella no pudo terminar en vida, le había hecho cuando le hirió. Una maldición, una maldición que se extendería por todo su brazo, iría cubriendo su cuerpo poco a poco hasta que cuando llegara a su corazón… ¡Puf! Este se pararía, dejaría de latir, de mandar sangre a su cuerpo y lo mataría. Era una bomba de relojería, un reloj de arena en sí mismo cuyos granos ya habían empezado a caer… para desconocimiento del joven. Mis ojos se fijaron en aquella marca negra, esa mancha que parecía como si su piel tuviera necrosis. Volvió a hablar para exigirme algo que no entendía y me encogí de hombros como si no lo entendiera, es que no lo entendía.

Parecía… parecía más que borracho, colocado. Fruncí levemente el ceño… podría ser que hubiera utilizado hierbas para… podría, perfectamente. Levantó su mano y llevó sus dedos a mis labios, como si los estirara para hacer que hablara. ¿De qué serviría si no me entendía? Ah, pero… ¿no era eso maravilloso? Podría decirle que yo le había puesto aquella maldición, que no podía curársela salvo que yo le diera la forma para hacerlo, que su vida era una cuenta atrás y… ¡no podría entenderme! Oh, encantador sin duda alguna.


-Ya que no me entiendes, te diré que yo soy la causante de tus males, yo creé aquello que te dañó, lo que te ha puesto esa maldición y la que no va a ayudarte a que te cures –sonreí de lado, de forma ladina escondiendo unas intenciones malvadas escondidas, bien ya había hablado, ahora me preguntaba de qué le serviría. Pero pronto dos hombres aparecieron, me preguntaron si me estaba molestando, dándole por borracho, a lo que yo no dije nada en absoluto. Él volvió a llevarse la mano al pecho y volver a pronunciar su nombre, a lo que rodé los ojos mientras los hombres se reían de él. Me decían que se encargarían de él para que no me molestara, pero que luego tenía que agradecérselo de alguna forma… pronto él comenzó a esquivar los golpes, incluso como estaba pudo deshacerse del primero de todos mientras yo como una espectadora veía lo que ante mí acontecía, como si yo no fuera peligrosa de por sí. Él esquivaba con agilidad los ataques y ninguno consiguió darle a lo que bufé, ¿eso es lo que podían hacer con un joven que iba colocado? Patético, ya había visto suficiente por el momento.

Con mí poder de dominación controlé a uno de ellos para que atacara a su compañero mientras lo observaba con diversión, le gritaba que parara pero él no era capaz de hacerlo y mi risa resonó en el callejón mientras contemplaba aquel espectáculo lamentable, viendo como ambos peleaban. Finalmente el que controlaba logró noquear a su amigo y pronto Nayati dejó inconsciente al que controlaba con mi poder, quedando ambos tendidos en el callejón acabando así con aquel espectáculo. Él se fijó entonces en mí dándose cuenta de que algo de magia debía de tener para que hubiera pasado aquello, había cambiado totalmente de parecer, iba a hacer el juego mucho más divertido para mí. Le diría mi nombre, me haría pasar por una joven que tenía poderes y le intentaría “ayudar” con aquella maldición, cuando lo único que haría sería darle pistas falsas, caminos cortados que no conducían a ningún lugar tan solo para ver, en primera fila, cómo la maldición se extendía por su cuerpo más y más, hasta ver como aquello llegaba a su corazón y lo mataba. Por mi abuela siempre decía que si hacías algo, tenías que hacerlo bien.


-Ammyt –dije poniendo mi mano sobre mi pecho con una leve sonrisa, estiré mi mano poniéndola en su pecho- Nayati –repetí su nombre y luego volví a dejar mi mano sobre mi pecho- Ammyt –para que quedara claro que me estaba presentando. Porque el juego… no había hecho más que comenzar.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Nayati Manitú el Dom Jun 18, 2017 6:55 am

Enarqué una ceja cuando vi que contra todo pronostico uno de los individuos rostro pálido se acercaba al otro para atizarla.
Mis ojos pardos buscaron raudos a la mujer oscura, estaba seguro que ella era la causante de ese cambio, lo estaba dominando de algún modo, lo que implicaba que la hembra tenia algún tipo de poder, magia.

Uno noqueó al que me atacaba y sin mayor dificultad tomé el cuello de uno de ellos y lo partí.
Su cuerpo cayó inerte a suelo al tiempo que mis ojos se alzaban para enfrentar los de la dama.
Mi totem no se equivocaba, era obvio que la mujer encerraba en ella magia, esperaba que la suficiente como para dar una solución a la herida que se extendía por  mi brazo como la mas cruenta de las ponzoñas.

La joven se acercó a mi, me puse a la defensiva, mi cuerpo tensó, desconocía sus intenciones y ahora sabia que era peligrosa, para nada una mujer cualquiera, podía hacerme claudicar contra mi voluntad en cualquier momento y eso era algo que no estaba dispuesto a que sucediera.

Su mano acarició mi pecho, ladeé la cabeza al escuchar mi nombre escapar de sus labios.
Asentí esperanzado.
-Nayati.
Mi mirada siguió la mano de la morena que ahora impactó en su pecho pronunciando un nombre desconocido para mi, pero que estaba seguro era el de ella.
-Ammyt -susurré hundiéndome en sus dos pozos -Ammyt -repetí llevando mi mano a su pecho.
Señalé mi antebrazo -ayuda -pedí.

Su rostro me decía que no entendía una sola palabra de lo que pudiera decirle.
La señalé volviendo a tocar su pecho
-Ammyt -dije aun mirándola fijamente.
Mi mano acaparó mi pecho después
-Nayati -susurré antes de tomar su mano enredándola con la mía -amigos.

No se si me entendió, e caso es que tiró de mi para que la siguiera y a decir verdad, no tenia mejor camino, ni destino que hacerlo, si mi totem me había llevado hasta ella tenia que ser por algún motivo y sin duda era el primer contacto que tenia con la magia.
Me detuve un instante alzando la mano para pedirle que esperara, las tradiciones eran claras, había matado a uno de esos hombres y antes de proseguir quería mi merecido trofeo de guerra.

Saqué el cuchillo, dancé por encima de su cuerpo pidiendo descanso para el guerrero, así como la bendición de mis espíritus a los que les entregaba el alma perdida en combate singular.
Arranqué su cabellera bajo la mirada de la dama que en silencio observaba mi ritual.
Finalmente tiro de mi para que la siguiera, parecía nerviosa, como si la idea de que alguien nos descubriera en ese callejón resultara peligrosa.

Anduvimos bastante, no sabia exactamente hacia donde me llevaba, solo que era mi única esperanza.
Me detuve un instante para llevar la otra mano a mi antebrazo, el dolor era evidente, apreté los dientes aullando de dolor un instante, se extendía, la marca negruzca crecía.
El reloj de arena corría, mi tiempo se agotaría cuando la marca alcanzara mi corazón dejándome sin vida.
Me agache sobre la tierra para dibujarle con el dedo la bestia que me mordió hace ya varias semanas.
Necesitaba ayuda, necesitaba magia.
-Ayuda a Nayati.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Ammyt el Mar Jun 20, 2017 6:17 am

La pelea acabó bastante rápido una vez me involucré con mi magia dominando a uno de los dos hombres que había aparecido, haciendo que se peleara con su amigo hasta finalmente noquearlo y dejarlo tirado en el suelo inconsciente, Nayati por su parte se acercó al que quedaba que era el que yo controlaba y con facilidad, como si fuera algo normal que hiciera él en su día a día, le partió el cuello al hombre que cayó con aplomo al suelo, cuando el otro se despertara seguramente intentaría buscarnos para hacernos pagar por la muerte de su amigo y deberían de salir de allí antes de que nos involucraran en aquel asesinato. Pero antes de eso llevé mi mano a mi pecho, pronunciando mi nombre, la puse en el suyo llamándolo y luego volví a pronunciar mi nombre de forma más lenta, para que lo entendiera bien.

Él ladeaba la cabeza mirándome de forma fija e incluso cuando me había acercado se había puesto a la defensiva, como si pensara que pudiera hacerle algo. Lo que él no sabía es que ya se lo había hecho, aquella maldición que portaba en su brazo y que se extendía, eso que lo mataría de no poner una solución era uno de mis mayores logros. Si quisiera matarlo de verdad ya lo habría hecho, controlar su cuerpo con facilidad e incluso hasta hacer que se matara él mismo… pero no eran esos planes los que tenía para él sino otros bien distintos. Controlé la risa que quiso salir de mis labios por aquel gesto de protegerse, sin embargo me controlé y me presenté de forma que pudiera entenderlo. Y debíamos de salir de allí, cuanto antes mejor.

Me miró repitiendo mi nombre y luego señaló su brazo pronunciando unas palabras que no entendía, pero que sin duda alguna querrían decir que lo ayudara. Sin decirle nada más puesto que no me entendería cogí su mano y tiré de él para salir de aquel callejón alejándonos del muerto, si no lo hubiera matado no habría problema alguno pero al hacerlo… no quería problemas con policía. Me paró alzando una de sus manos y dio media vuelta, lo observé fijándome en sus movimientos, en aquella danza que hizo alrededor de aquel hombre que había matado, observando los movimientos y escuchando aquel cántico que hacía, para luego ver cómo le cortaba la cabellera quizás como un trofeo, había oído hablar sobre algunas tribus que hacían aquello y cuando terminó cogí de nuevo su mano y tiré de él.

Lo primero era salir del callejón y poner distancia para que no nos pudieran acusar de nada, lo segundo es donde iba a dejarlo a él para que poco a poco me ganara su confianza, se pensara que lo estaba ayudando cuando en realidad lo que estaba haciendo era hacerle perder el tiempo con aquello, llevándolo a pistas falsas, callejones sin salida… tenía que hacer que no sospechara mientras yo, en primera fila, veía cómo la maldición se iba extendiendo por su brazo, luego iría ocupando poco a poco su torso hasta que finalmente cuando esté en las últimas… alcanzaría su corazón, y sería la muerte del joven. Lo llevaría a la zona del bosque, no podía llevarlo a casa porque implicaría demasiado, pero tenía una cabaña que era donde hacía la mayoría de los rituales y demás, no había nada a simple vista por si alguien la encontraba, solía recoger todo y llevarme solo lo necesario así que no podría sospechar nada, lo dejaría allí mientras tanto.

En un momento dado tiró de su mano para parar mi avance, me giré para ver qué era lo que quería y señaló su antebrazo, allí donde la maldición ya había empezado. Por su gesto intuía que le debía de estar doliendo, era lo que tenían las maldiciones; que dolían conforme se iban extendiendo. Se agachó entonces y en la tierra comenzó a dibujar aquello que yo conocía, aquello que ya había visto cuando terminé el hechizo; los seres que le habían hecho aquello. Volvió a hablar de nuevo y solo pude entender su nombre, me estaba pidiendo ayuda para él. Me agaché a su lado observando aquel dibujo extrañada, como si fuera la primera vez que lo veía y mi dedo índice repasó la figura de lo que había dibujado. Tenía que hacer como que yo no sabía nada, así que me comportaría como tal.

Mi vista entonces pasó a él quien me miraba con algo de esperanza en sus ojos, si él supiera que iba a ser yo quien lo condenara aún más… no me miraría de esa forma. Mi mano repasó lo que había hecho y luego subí mi dedo para señalar la marca que llevaba en su brazo, el dibujo y luego su brazo como si le quisiera decir “¿esto te ha hecho eso?” para que me entendiera, lo bueno del idioma de las señas es que se podía entender todo perfectamente, a lo que él asintió hablando de nuevo en lo que supuse que sería un ayuda. Mi mano se quedó en su pecho, mirándole a los ojos, y le sonreí asintiendo con la cabeza como si aceptara ayudarle.


-Te ayudaré –fue lo que dije aunque estaba convencida de que no me había entendido, así que mi mano se volvió a poner en mi pecho- Ammyt –y luego señalé al dibujo, para pasar luego a señalar aquellas manchas que tenía en el brazo- Nayati –como diciéndole que lo ayudaría sin dejar de sonreír. Me levanté y le tendí mi mano esperando que la cogiera, cuando lo hizo seguí tirando de él hasta llegar a la zona de los bosques, no había hecho la compra de los ingredientes que necesitaba pero no pasaba nada, podría volver en otro momento. Me fui adentrando mientras notaba la mirada del joven puesta en mí, interrogante sin saber a dónde le llevaba. Pronto la cabaña se vislumbró y tiré de él para soltar su mano cuando estuvimos cerca, abrí la puerta dejando que entrara y con la magia y un pequeño conjuro hice que las velas se encendieran. No había mucho en esa cabaña, pero podría quedarse allí mientras tanto y no levantar sospechas- Puedes quedarte aquí –dije mirándole, luego abarqué con mis manos todo lo que nos rodeaba y las dejé las dos en su pecho, como si quisiera decirle que podía quedarse allí… pero claro, no sabía si me estaba entendiendo, así que esperé para ver su reacción. Parecía que el juego iba a ser bastante divertido, al fin y al cabo.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

Mensaje por Nayati Manitú el Miér Jun 21, 2017 6:16 am

La mujer de tez oscura parecía dispuesta a ayudarme, era la primera vez desde que salí de mis tierras que alguien se dignaba en prestarme algo de atención y a no reaccionar de forma violenta conmigo.
Sus dedos se pasearon por el dibujo que yo había trazado, mis ojos se perdieron en la tierra mojada de su mirada mientras observaba como se señalaba a si misma pronunciando su nombre, después casi acariciaba mis marcas y por ultimo posaba la mano en mi pectoral pronunciando el mio.
Iba a ayudarme y no pude evitar que la esperanza me alcanzara.

Asentí alzándome dispuesto a seguirla al fin del mundo, haría lo que fuera necesario para que esas marcas desaparecieran, para volver a mi hogar, odiaba París, odiaba todo aquello que no fueran las grandes llanuras de Norteamérica.
Llegamos a una cabaña en el bosque, me invitó a entrar mientras mis ojos se perdían en todo el lugar, al parecer me lo ofrecía como refugio, algo que agradecí.

Era un sitio amplio, no se parecía a esas edificaciones que había visto en la ciudad, esto mas bien er natural, de madera, me hacia sentir cómodo.
Me acerqué a la chimenea, prendí la lumbre concentrado en las llamas, entre ellas mi lobo negro bailaba como si tratara de avisarme fundiéndose con el negro humo para mostrarme algo que a mi se me escapaba.

Me alcé para quedar de frente a ella, mis ojos se centraron en sus labios, ladeé la cabeza ligeramente.
-tu -susurré llevando mi mano a su pecho -con Nayati.
Señalé la cabaña, el lecho no sabia si entendía lo que le decía, si iba a quedarse aquí conmigo.
Ladeé la sonrisa cuando sus ojos se centraron en el lecho, negué sonriendo abiertamente negando con la cabeza.

Seguro que viendo mi aspecto salvaje pensaba que le había insinuado que nos acostáramos.
Me alejé de ella quitándome la camisa para dejar la marca al descubierto, me dolida, quemaba y el roce de la ropa me molestaba de sobremanera.
Tampoco estaba acostumbrado a vestir en mis tierras mas allá de un pantalón y un chaleco.

Señalé la cama pronunciando su nombre, tomé una de las mantas y la deje caer al suelo
-Nayati -apunté hacia mi improvisado lecho para que entendiera que no pensaba tocarla, que no se preocupara por compartir casa con un salvaje, que no pensaba forzarla como hacia el hombre blanco con nuestras mujeres.

Tomé asiento en la mesa y moví una silla para que me acompañara.
-¿que sabes de esto? -pregunté señalando mi brazo
Me desesperaba porque no sabia como decirle lo que quería expresarle.
Llevé mi frente contra la madera de la mesa resoplando frustrado.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado)

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