Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

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Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Nayati Manitú el Vie Jun 16, 2017 4:06 am

Recuerdo del primer mensaje :

El barco se movía como una hoja mecida por el viento impulsada por la corriente del rio Cheyene.
Si hace unos meses alguien me hubiera dicho que me cortaría la trenza y emprendería un viaje hacia ninguna parte dejando atrás a los miso y sin vistas a poder volver algún día, lo hubiera tachado de loco, sin embargo la vida da tantas vueltas que ni siquiera eres consciente de a donde los espíritus te envían.
Para que mi historia se entienda tendría que empezar desde el principio.

Nací en las tierras fértiles de las llanuras de Norteamérica, de padre blanco y madre india, crecí como un niño mas en la tribu Cheyene, allí me convertí en un hombre y como tal, pasé la prueba que los míos imponen descubriendo así a mi guia espiritual y la complacencia de mis dioses.
Siempre viví en común unión con la naturaleza, madre tierra daba aquello que necesitas y no has de tomar mas de eso para que el espíritu del bosque te bendiga.

De allí donde provengo, el rio Cheyene siempre fue una frontera, la que afianzaba el tratado que mis antepasados sellaron con los licantropos.
Este rio separaba nuestras razas para evitar muertes innecesarias. Todo licantropo que cruzara sus lindes pisando nuestras tierras corría el riesgo de ser cazado y muerto por los guerreros a los que pertenecía, del mismo modo pobre del humano que osara cruzar el rio y pisar territorio enemigo.

La noche en la que todo pasó, las estrellas brillaban en le firmamento eclipsadas por madre luna que redonda coronaba la noche. Los aullidos de nuestros compañeros de viaje retumbaban feroces al otro lado del rio y las guardias se intensificaron por is le pacto no era respetado.
Aquella no che no fueron lobos lo que cruzó el rio si no dos bestias sangrientas en busca de su destino y ese camino forjo mi sino pues en la lucha contra una de ella fui herido.

Nada pudieron hacer por mi los chamanes, y tras la reunión del sabio consejo la única posibilidad para salvar mi alma era partir en busca de respuestas.
No eran licantropos, con lo cual no podía suponer que mi sino seria trasformarme en uno en luna llena.
La herida negruzca se extendía por mi brazo hambrienta y ahora mi vida estaba en manos de quien supiera lago sobre esos entes.

Seguí al que quedó con vida, su rastro se perdía por el día, mas lo reencontraba y así día a día hasta que como un polizón me colé en el barco en el que hoy voy rumbo a París, la única ruta que ese monstruo pudo seguir desde donde su ultimo rastro me condujo.
Nada sabia del idioma, ni de la cultura, no llevaba esas monedas que al hombre blanco tanto le servían.

Tras algo mas de una semana de viaje en la que apenas comí aquello que los pasajeros desechaban en las basuras, el navío alcanzó puerto.
En un descuidó me apeé del barco ,cruzar las aduanas no fue ni fácil, ni sencillo, de echo gran parte de la guardia de la ciudad se cruzó en mi camino.
Si algo podía decir de aquella gente, es que no dialogaban nunca, que la fuerza era su modo de vida y que la naturaleza había pasado a un plano insignificante frente a las grandes edificaciones.

El bosque se convirtió en mi único aliado, un bosque muy distinto al que yo estaba acostumbrado.
Una gruta mi hogar y un caballo pinto que atrapé con ligera facilidad en mi único amigo.
Tenia que dar con alguien que pudiera revelarme este misterio y desde luego no seria en el bosque donde hallaría el remedio.
Me obligué a adentrarme en una ruidosa ciudad, como un vagabundo deambulé por las calles bajo la mirada de muchos de esos rostro pálidos que me miraban de arriba a bajo con desprecio.

Magia, tenia que encontrar magia ¿mas como?
Dejé escapar el aire, solo se me ocurría un modo, dejar que mi totem me guiara.
En un callejón tomé la petaca pequeña de mi cinto y di un trago de ese té de Peyote. Me dejé caer contra la pared, los retortijones pronto llegaron, después la angustia, me retorcí en el suelo hasta que la imagen del gran lobo negro se presento ante mi. Me alce dando tumbos tras el, la droga era fuerte, pero me hacia contactar con los espíritus..seguí aquella sombra difusa hasta no se bien donde iba muy colocado en ese momento y bastante perdido para que mentir, peor impacte de bruces contra una mujer. Gruñí cuando el lobo desapareció frente a mis ojos y ambos quedáramos de frente mirándonos fijamente.


Última edición por Nayati Manitú el Miér Jul 05, 2017 9:58 am, editado 1 vez


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Nayati Manitú el Dom Feb 25, 2018 11:52 am

La hechicera deslizó sus dedos por mi mandíbula dibujándola como si fuera un mapa, mi aliento impactaba voraz contra sus húmedos labios.
Su sonrisa delataba lo feliz que se sentía porque estuviera sano y salvo, habíamos trabajado mucho para que eso ocurriera y aunque si era cierto echaba de menos mis tierras, igual de cierto era que le debía mi vida a la morena.
Acuné su rostro con mis manos, aseguraba que era libre de decidir mi sino y que aunque le gustaría pasar mas tiempo conmigo comprendía que mis inquietudes me devolvieran a casa.
-Puedo quedarme un par de semanas, conocernos, que me enseñes París sin necesidad de ir herido y corriendo a todos los sitios...siempre te recordaré -susurré contra sus labios acariciándolos con mis palabras antes de separarme de ella.

Había trazado con sus dedos la senda de mis heridas, creo que bien las conocía cuando me pidió que volviéramos a casa, necesitaba sanarme como si no lo hubiera hecho ya bastante.
Me alcé del suelo ayudándola a ella en todo momento, gracias a ella estaba vivo y yo era un tipo agradecido, así me lo habían enseñado mis ancestros.

El viaje de vuelta fue muy distinto, si en una ocasión dudé de ella ahora tenia fe ciega en cada una de sus palabras, sonreía y bromeaba de camino a casa, incluso me permití mas de una vez orillarla contra mi cuerpo para sujetarla con firmeza en salientes peligrosos, resbaladizos donde bien hubiera podido despeñarse de yo no haber estado para cuidar de ella.

Alcanzamos su casa en un par de lunas, el viaje había sido largo, peor nuestro animo era bueno, a fin de cuentas lo habíamos logrado.
-Deberíamos ir a celebrarlo ¿como celebráis aquí las gestas ganadas? -pregunté
Su sonrisa se ensanchó mientras enlazaba sus dedos a los míos como si fuera un niño y me arrastraba hacia el interior de la cabaña.

Me hizo sentarme en una silla, tomo palangana, alcohol y algo para dar sutura antes de deslizar la camisa por mis hombros con una suavidad inaudita.
Sus dedos acariciaron de forma etérea mis hombros quedando frente a su cuerpo.
Pronto empezó a limpiar mi torso con un trapo, humedeciendo en la palangana cada vez que era necesario.
Mi vientre se contraía al sentir sus caricias y por un instante cerré los ojos entreabriendo los labios por le placer que sus atenciones me producían.

Una vez estuve limpio tomó aguja, hilo y comenzó a suturar la herida, punzada a punzada, elevando sus orbes noches para perderse en mis tormentas.
Solo cuando acabó llevó su boca contra el hilo sajandolo con los dientes y sonrió ante un trabajo bien hecho.
-Ahora podemos celebrar -aseveró dando un trago antes de pasarme la botella.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Ammyt el Mar Mar 20, 2018 11:20 am

Oh Nayati, qué pobre ingenuo que había caído en la red de telaraña que había formado alrededor de él... y qué bien me lo pasaría a partir de ese momento sabiendo que de alguna forma era mi “esclavo”, para todo lo que yo quisiera. Esos eran los pensamientos que más acudían a mi mente cuando pensaba en lo bien que había resultado el plan que había trazado en mente, cierto era que había salido todo a pedir de boca cuando era la primera vez que realizaba ese hechizo pero ahora tenía a Nayati totalmente controlado aunque él no lo supiera, no se acordaría absolutamente de nada de lo ocurrido y mucho menos de que yo había sido la culpable de la marca que casi acaba con su vida. Ahora tenía sumada a mi causa al cazador, y lo utilizaría para ir contra aquellos que siempre habían intentado de alguna forma “cazarme” o incluso matarme por practicar la magia negra... ahora todos aquellos a quienes consideraba como mis enemigos les daría una inesperada sorpresa y acabaría con ellos uno a uno, y Nayati sin saberlo me ayudaría porque ahora estaba bajo mi control, bastaba ordenarle algo que lo haría aunque pensara en un principio en no hacerlo... pero no podría resistirse. Ya estaba deseando poner en práctica aquello y ver como funcionaba realmente, el primer paso ya estaba dado y aunque lo normal era que se fuera después de haberse librado de la maldición sabía que se quedaría, porque yo así lo ordenaba, y sonreí mientras tomaba mi rostro entre sus manos y me decía que podía quedarse durante unas semanas para conocernos mejor, para que le enseñara París... había caído totalmente en mis redes y ahora enredado no dejaría que escapara. Había visto lo apto que era, lo bien que sabía manejarse y eso sumado al hecho de que yo era hechicera las cosas iban a cambiar por completo. Tenía mucha gente que me quería ver muerta o en su defecto capturada, entregada a la Inquisición para que me dictaran sentencia de muerte. Muchos no comprendían ni entendían que me dedicara a la magia negra como había hecho mi abuela, pero yo había tomado su legado y me sentía plena con ello como antes no lo estaba. Ahora tenía al cazador de mi lado y eso le daba un punto más divertido e interesante a todo, porque él jamás se enteraría de que tenía su “corazón” guardado en un cofre y que mediante un hechizo lo controlaba. Sería mío para siempre y no en un sentido romántico, pero me sería fiel y leal y no cuestionaría ni una sola de mis órdenes así como no dudaría de mis palabras.

Toda sospecha había sido borrada de su mente y eso se notó en la forma en la que me trataba de camino de vuelta, muy diferente a la forma fría y distante que había mantenido mientras íbamos hacia la montaña. Jamás pensé que podría producir tanto placer el tener a alguien a merced de una misma, pero sí, daba muchísimo placer el tener a alguien así a quien poder manejar a voluntad propia. Ahora su acercamiento era como al principio y no dudaba en ayudarme en los momentos más peligrosos, cuando teníamos que pasar por salientes que eran bastante peligrosos, sus manos rodeaban mi cintura y me ayudaban a cruzar cuando antes no lo había hecho. Es más, habíamos estado bromeando todo el camino el par de días que duró la vuelta a casa, su humor era bastante bueno y no dudaba en hacerme bromas y decirme tonterías que me hacían reír... si él supiera que lo estaba manejando y controlando no me sonreiría de esa manera, pero él no podía saberlo en absoluto. Me acercaba a su cuerpo y de vez en cuando su mano recorría mi cuerpo en una caricia que pretendía ser accidental, no me molestó que lo hiciera y le dejé hacer hasta que al segundo día logramos vislumbrar la cabaña que tenía en el bosque. Cuando llegamos me dijo que teníamos que celebrarlo y yo simplemente sonreí asintiendo con la cabeza, pero primero debía de curar sus heridas no porque me preocupara él realmente, sino porque herido no me servía absolutamente de nada y no quería que durara tan poco, era un buen espécimen y me iba a servir muy bien en todos y cada uno de mis cometidos, buenos y malos. Lancé un suspiro mirando al cielo sabiendo que quedaba poco para que se pusiera el sol y giré mi rostro para mirarlo, tomé su mano y tiré de él para adentrarlo en la cabaña para curar las heridas como ya le había dicho. Cogí una silla dejando todo encima de la mesa y le pedí que se sentara mientras yo cogía lo necesario, se quitó la camisa que llevaba dejando su torso al descubierto y, al volver con lo necesario, mis ojos repasaron su bronceada piel y los músculos que se marcaban en su pecho. Era atractivo, mucho, al igual que era raro ver a alguien así como él por la ciudad francesa. Era único en todos los sentidos, y lo mejor de todo; es que era mío. Mis dedos repasaron de un hombro a otro pasando por nuca estando a su espalda bordeándolo, como si examinara a mi presa, y finalmente me senté frente a él para comenzar a curarle las heridas.


-Vamos a curarte esas heridas, no quiero que se te puedan infectar –dije pasando la gasa limpiándolas para desinfectarlas, podía notar que allí por donde pasaba su vientre se contraía por mis caricias haciendo que sonriera de lado por ello- me alegra que hayas decidido quedarte por unas cuantas semanas –dije dejando la gasa a un lado para coger aguja e hilo- puedo enseñarte París con más tranquilidad aunque estoy convencida de que es muy diferente de tu tierra, seguro que allí hay mucha más naturaleza –cosí sus heridas sin que emitiera ni un solo quejido por las puntadas de la aguja y eso me reafirmó que era el indicado para cometer todos mis designios, sonreí cuando lo vi cerrar sus ojos dejándose hacer y cuando terminé corté el hilo con mis dientes dando por finalizada el coser sus heridas. Lo miré a los ojos que brillaban con la luz de la lumbre que lamía su cuerpo con el dibujo y el color de las llamas de esta y reí entre dientes cuando me preguntó cómo lo celebrábamos allí. Me levanté para coger una botella de alcohol a la que le di un trago y después se la pasé tendiéndosela- ahora que ya estás curado podemos celebrar –fui a la mesa para guardar las cosas en su sitio mientras él bebía y me giré ladeando mi cabeza ligeramente, observándolo- ¿quieres ver una de nuestras fiestas? Sé que esta noche hay una celebración por una fiesta importante que solo tenemos nosotros, en nuestra pequeña comunidad. Hacemos ofrendas a los dioses, bebemos, bailamos, cantamos, fumamos... –sonreí de lado observándolo- quizás te sientas más identificado con esta forma de celebración que irnos a algún lado de París para beber. Ven conmigo –esperé a que se pusiera algo y tomé su mano para tirar de él y salir fuera, como vivía en el bosque nuestra “tribu” o la que había podido escapar de ser esclavos vivían allí y esa noche celebraban una fiesta en honor a una de nuestras diosas- seguro que te va a gustar más, hace mucho tiempo nuestra tribu fue capturada para ser esclavos que trabajaban para otras personas, mi abuelo y mi abuela consiguieron escapar y se vinieron a este lugar donde formaron una pequeña colonia, o tribu. Vivimos en el bosque porque nos gusta más la naturaleza que la ciudad, y esta noche hacemos una ofrenda a la diosa Enekpe, diosa de la familia y guardiana del destino –curioso que la ofrenda fuera hacia una diosa cuando yo, en esos momentos, tenía el destino del cazador en mis manos. Se podía oír los tambores que iban sonando cada vez más fuerte y más cerca, una luz se veía desde lo lejos en presagio de que habían hecho una hoguera, los cánticos también se escuchaban con fuerza y para cuando llegamos había alguna gente alrededor de una enorme hoguera, bailando y cantando, mientras los tambores sonaban- ven –dije tirando de él para acercarnos a coger algo de la bebida que se preparaba y le tendí una de las jarras- esto es fuerte –dije con una sonrisa dando un trago esperando a que él también lo hiciera- hacemos una ofrenda a los dioses para que Enekpe cuide y vele por nuestro destino y que no nos deje desamparados. Se cuenta que cuando ella vió que su tribu perdía una batalla, ella se ofreció sacrificarse para evitar que costara más vidas a su gente, y se enterró viva en el campo de batalla; con esta acción salvo a su tribu –hice una pausa- es la forma que tenemos de agradecer lo que hizo hace mucho tiempo, es como hacer una ofrenda a la propia tierra, esa en donde ella se sacrificó porque nosotros viviéramos. Luego es tradición que con mezcla de unas hierbas nos pintemos la cama, y bailemos, cantemos, bebamos y fumamos durante toda la noche. Hay varias pipas que se van pasando de unos a otros –lo llevé hasta uno de los troncos para que observara la fiesta- supongo que te sientes más identificado así, ¿no?




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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Nayati Manitú el Mar Mar 20, 2018 2:07 pm

La bruja curo mis heridas con decisión, mientras mis ojos se perdían en esos labios que ahora atrapaban el hilo sajando con los dientes la pequeña cuerda ensangrentada mientras sus pozos me miraban oscurecidos.
Nada ya nos separaba de volver a enzarzarnos en una batalla de deseo, estaba animado, también ella, atrás quedó la desconfianza y la maldición que me atenazaba, solo quería divertirme, besarla, beber, fumar y hacer todo aquello que narraba entre risas mientras tiraba de mi mano para llevarme al bosque a comulgar con la tierra donde su diosa fue enterrada.

Mi pecho se acercaba a su espalda, impactaban, reiamos, jugábamos al escondite mientras se alejaba. Los arboles sus aliados cubrían su escapatoria mientras corríamos como depredador y presa por los bosques llenos de amapolas. Finalmente llegamos frente a las luces centelleantes, llamas naranjas lamieron nuestra piel y mi cuerpo se movió al ritmo de los tambores que retumbaban llegando hasta las estrellas que aquella noche iluminaban el cielo con sus dorados haces quitando protagonismo a la dama de plata.

Una jarra de cerveza negra en mi mano, espesa, fría, deliciosa que aplacó mi sed, no así mi deseo por la pantera que sacudía su cuerpo frente a mis ojos en un baile demencial que me invitaba a rozar su curvilíneo cuerpo.
Me acerqué a ella, su respiración contra mi nariz, su risa deliciosa bañando mis labios que se rozaban con palabras cómplices, ambos azuzados por el alcohol y por las miradas indiscretas que nos dedicábamos.
-gracias -susurré sin apartar mi orbes de ella.

El mundo se detuvo en la segunda vuelta que cogida de mi diestra dio hasta caer en mis brazos, de frente nos admiramos con los ojos turbios y sin mas preámbulos mi boca colisionó como un cometa contra la tierra devastandolo todo a su paso, mi lengua se abrió paso en el cráter, lamiendo la ajena se perdió en la humedad de su sin hueso que serpenteaba presa del alcohólico beso.
Gruñí mordiendo su inferior, para ese entonces mis manos ya se habían adueñado de sus nalgas y de un certero tirón, su pelvis colisiono con mi cuerpo y mi verga endurecida se hundió en su vientre bajo delatando mis intenciones de terminar en el lecho.

De nuevo empezó la persecución, ella reía y ahora el baile parecía reclamar contrarias parejas, pues cuando estaba a punto de besarla de nuevo un negro tiró de ella y de mi lo hizo una negra de ojos azabache.
Pasábamos de mano en mano, sin despegar los ojos del otro, riendo, bebiendo, bailando hasta que de nuevo me la devolvieron.
-Ven -susurró tirando de mi mano dejándonos caer en unos cojines bajos, la vi sacar unas hierbas que prendió dando un par de caladas.
De sus labios carnosos escapó un negro humo que difumino su imagen, la segunda calda escapó contra mis labios que entreabrí para acoger el humo embriagador.


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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Ammyt el Mar Abr 17, 2018 9:55 am

No podrían ir mejor las cosas ni aunque las hubiera planeado desde un principio, desde que el hechizo había hecho efecto en Nayati este había olvidado que yo lancé la maldición que lo había orillado hasta la ciudad francesa en busca de una solución, que yo fui quien mandó dichos demonios a su aldea y que además era la artífice de todo, pero lo más importante: que poseía su corazón y lo controlaba. No con ánimos ni pensamientos sentimentales, sino más bien una posesión en la que él haría todo cuando yo le ordenara sin siquiera pensar en que pudiera estar bien o mal, acataría mis órdenes sin pensar porque controlaba su corazón y eso significaba que lo controlaba a él por completo, mientras él creía en una falsa libertad y toma de decisiones yo haría que cumpliera con aquello que deseara porque su voluntad estaba corrompida, atada con hilos que manejaba con mis dedos como si fuera un muñeco y yo la títere que lo manejaba a mi antojo. Nayati no sabía en lo que realmente estaba metido y dudaba que pudiera descubrirlo en algún momento, jamás pensaría que su corazón ahora estaba bajo mis órdenes porque allí no había nadie que le hiciera pensar tal cosa, mi comportamiento para él seguía siendo el mismo y con sus recuerdos borrados y manipulados en mi favor jamás sabrá que era en verdad una mala persona, que mis artes eran oscuras y que mi alma estaba tan corrompida como pudiera estar los demonios que mandé a su aldea, todo por encargo y como última voluntad de mi abuela. Tenía enemigos en la ciudad francesa que no dudarían en poder acabar con mi vida de ser necesario, mientras que la mayoría practicaba la magia blanca yo era partidaria de la negra y de la nigromancia. Con él a mi lado podría derrotar a los enemigos que querían acabar conmigo con planes elaborados donde él no supiera que yo era realmente la “mala” haría que acabara con mis enemigos solamente porque yo así se lo había ordenado aunque él no lo supiera. No tendría opción o pensamiento alguno de volver a América porque yo no se lo permitiría y aunque la idea rondase por su pensamiento como le “ordenase” que se quedara en París por lo que él no tendría duda alguna sobre su estancia en la ciudad francesa. Ya tenía más o menos una idea de lo que podía hacer para que me hiciera caso y poder ir acabando con mis enemigos, hacerlo de golpe incluso aunque controlara su corazón sería algo demasiado cantoso por lo que tendría que ir gradualmente... ese hombre sería mi verdugo y yo dictaría las órdenes de muerte sin que él realmente se percatara de que como un veneno susurraba las palabras en su cabeza que calaban en lo más profundo de él, hasta hacer el efecto deseado.

La fiesta ya había empezado para cuando llegamos tras curarle las heridas, unas jarras con cerveza fue lo primero que nos entregaron mientras la comida se iba preparando, la gente bailaba y cantaba alrededor de la hoguera a ritmo de tambores, las ofrendas se harían a la diosa para agradecerle que nos salvara sacrificándose por nosotros, por ello las ofrendas que hacíamos y luego nos pintábamos la cara con unos polvos que habíamos hecho previamente, fumábamos, bebíamos, cantábamos, bailábamos... todo en una gran fiesta. La bebida estaba algo más fuerte aunque eso no paró a Nayati quien cogió la jarra entre sus manos y dio un par de tragos mientras yo sonreía de lado, por esa noche olvidaría todos mis planes que tenía preparados para aquel hombre y disfrutaríamos, cuando el sol volviera a reinar en el cielo empezaría un nuevo día, y con él, su nueva “vida”. Reíamos mientras bailábamos cerca de la hoguera y él primero miraba los pasos que hacíamos para poder bailar luego conmigo, mi cuerpo se movía por sí solo al ritmo de la música y al girarme en un momento dado me topé con él frente a mí, su aliento cálido contra mis labios, sus ojos puestos en los míos de manera fija, me susurró un gracias para que solamente pudiera oírlo yo y sonreí de lado, ¿gracias? Si él supiera todo lo que tenía planeado para él no me las daría, pero eso sería algo que jamás descubriría. Mi mano subió a su rostro y mis dedos se deslizaron por su pómulo sintiendo la tibieza de su piel contra mis yemas. Un par de vueltas bailando junto a él hasta que en una de esas vueltas caí sobre sus brazos, sus ojos fijos en los míos, nuestros rostros cerca al igual como casi estaban nuestros cuerpos. Como si de un huracán se tratara su boca se estampó contra la mía besándome de una forma un poco ruda, salvaje, como él mismo era. Su lengua se abrió paso entre mis labios hasta que entabló batalla con la mía, sus manos bajaron por el contorno de mi cuerpo hasta llegar a mis nalgas donde de un rudo movimiento me pegó a su miembro haciéndome ver lo duro que estaba, un jadeo escapó de mis labios porque nunca había negado que fuera atractivo, pero no podía encariñarme de él para lo que tenía pensado. Nos separamos con la respiración agitada solo para cambiar de pareja con el siguiente baile, pasando de mano en mano hasta que finalmente acabamos de nuevo de frente, tomé su mano para alejarnos un poco y poder descansar sentándonos con sendas jarras en las manos.


-Voy a preparar una pipa –dije sentándome y haciendo que cayera a mi lado, cogí unas hierbas que habían ya preparadas y las fui mezclando para luego prender dicha pipa y dar una calada, el humo salió de mis labios mezclándose con el ambiente sintiendo el sabor que dejaba en los labios, y unos efectos que bien conocía puesto que no era la primera vez que fumaba de aquello. Volví a dar otra calada bajo la atenta mirada de Nayati, pero esa vez, acerqué mi rostro al suyo y acabé por exhalar el humo sobre sus labios dejando que estos se rozaran, le pasé la pipa para que pudiera él también fumar ya que no era la primera vez que lo veía fumar mientras me acomodaba a su lado- ¿esto se parece a lo que hacéis en tú hogar? –Pregunté dando un trago a la jarra mientras comenzaba a notar los efectos de las hierbas. Quería mostrarme algo más cercana con él para que no sospechara nada, si es que a esas alturas lo hacía, y poder conocer algo más de su tierra- cuéntame, ¿Cómo es el lugar dónde vives? ¿También hacéis ofrendas como nosotros? –Sabía que él estaba más ligado a la tierra y a la naturaleza de lo que estaba mi tribu, lo había podido ver en aquel tiempo que estábamos juntos- vosotros le dais también mucha importancia a vuestros dioses –comenté volviendo a coger la pipa para darle un par de caladas nuevamente, mientras los cánticos seguían sonando y la gente bailaba entorno a la hoguera como si sus llamas se extendieran al cielo, como si de esa forma llegaran hasta nuestros dioses para ver que les hacíamos ofrendas para ellos, por cuidarnos y salvarnos- me alegro que vayas a quedarte un tiempo aquí en París, que pueda enseñarte cómo es la ciudad... aunque las mejores cosas están fuera de ella –sonreí de lado por ello volviendo a dar un par de caladas- dime, ¿qué fue lo primero que te impresionó cuando llegaste? –Sabía que nunca se iría porque aunque tuviera el pensamiento implantado en su cabeza, jamás lo llevaría a cabo, jamás pasaría a más que eso; de un pensamiento. La noche seguía pasando entre risas, bromas, caricias furtivas que nos dedicábamos mientras bebíamos y fumábamos cada vez más y más animados en lo que hacían efecto las drogas y el alcohol, poniéndonos más eufóricos y a su vez algo más excitados. Nos tentábamos todo el rato en el que nuestros labios se rozaban y luego se alejaban, al final acabé sentándome sobre él dando una calada a la pipa, exhalé el humo sobre sus labios y moví ligeramente mi cadera sobre su miembro que presionaba mi centro, un leve jadeo escapó de mis labios- ¿sabes? Aún me acuerdo la primera vez que entraste a mi casa, la noche que pasamos juntos, cuando desperté y estabas en el baño.... –sonreí de forma pícara recordando ese momento donde tras despertarme había escuchado sus gemidos, mientras se daba placer en el baño y yo no pude evitar entrar encontrándomelo de esa forma- ¿te daba vergüenza en ese momento intentarlo conmigo? –Mis labios rozaban los suyos, mis manos subían por su pecho y algunos dedos se perdieron entre su pelo, elevando su rostro hacia el mío- ¿y si te pidiera que quiero que me tomes esta noche como lo hiciste esa vez? Pasional, salvaje –mordí su labio inferior moviendo ligeramente mi cadera en círculos sin dejar de mirarlo- salvo que esta vez no te pillaré in fraganti –sonreí de lado antes de acortar la distancia con sus labios y besarlo, mis brazos rodearon su cuello y moví mis caderas presionando contra su centro, excitada, deseando sentir a ese hombre sobre mi cuerpo una noche más- deberíamos de irnos de aquí –murmuré deslizando mis labios por la piel de su cuello, dejando pequeños mordiscos en el lugar.




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Re: Lobo negro, rostro pálido. (privado) (+18)

Mensaje por Nayati Manitú el Mar Abr 17, 2018 11:06 am

Frente a nuestros labios una neblina de humo escapaba, roces de bocas, risas añadas en alcohol en una deliciosa provocación en la que jugábamos al gato y al ratón.
Me preguntaba cosas de mi civilización, quería saber de mi y yo contárselo, desde que la maldición me abandono, entre nosotros se había instaurado una relación muy distinta, una en la que el deseo parecía tomar la delantera.
-Los indios estamos aferrados a la naturaleza, a los espíritus -cada palabra empujaba el vaho grisáceo que como si fuera un dragón escapaba de mis labios -mi totem es una loba negra, es guapa -dije algo colocado sonriendo -muy guapa -pero no se si nos entendemos, siempre te ha señalado como culpable de todo esto.

Ladeé la cabeza mirándola, sus ojos dilatados brillaron al escuchar ms palabras.
-Volveré algún día a mi hogar, pero quiero conocerte un poco mas -confesé dejando caer mi frente sobre la suya -de no ser por ti estaría muerto.
Su boca atajó la distancia, nos besamos enredando nuestras lenguas bailando como el mismo fuego.
Manos que treparon por su cintura acariciando cada borde y curvatura, mientras sus caderas se movían en una danza salvaje y su centro encajaba con mi alzada envergadura.
-¿irnos? -susurré con una sonrisa deslizando mi sinhueso por sus carnosos provocandola.
-No era vergüenza, peor..no quería mezclar las cosas, ibas a ayudarme y bueno..si follábamos quizás acabaras ofendida o no se, tampoco conozco bien al as mujeres de Paris, no sabía como funcionabais -confesé -pero esa noche fue salvaje, me hiciste sentir vivo, me moría y fue un modo de aferrare a algo. El problema es que luego cambiaste y ahora has vuelto a hacerlo.

Gemí contra sus labios al sentir aquella humedad que desprendía de su sexo.
-Estas borracha -susurré con una risa ebria. Ascendí con mis dedos por sus muslos arrugando la tela de la falda mientras mis dedos dibujaban un peligroso camino ascendente hacia su sexo.
-¡Vamanos! Susurró apoyando su frente contra la mía, pidiéndome intimidad para un acto que los salvajes practicábamos en publico a menudo.

Me alcé y tiré de ella, nuestro paso era errático, y así nos adentramos hacía la parte mas profunda del bosque, riéndonos, besándonos, mordiéndonos los labios completamente excitados y animados acabé acorralándola contra el tronco de un árbol, sus labios se entreabrieron al sentir como mi ariete cruzaba la empalizada de su boca y dentro nuestras lenguas chocaron en un duelo de espadas.
Gruñí sintiendo sobre mi cabeza el embotamiento del alcohol, las cosas daban vueltas a mi alrededor.

De un tirón subí su falda gruñendo al ver sus muslos tersos, deslicé mis manos por ellos hasta dejar sus nalgas sobre mis palmas y elevándola sus piernas trapazaron hasta anclarse a mi cintura con violencia.
Nuestros sexos friccionaron mojando la tela que los separaba. Gruñíamos mordiendo los labios ajenos, lamiéndolos completamente enloquecidos por el efecto de las drogas en nuestros cuerpos, fue entonces cuando la vi de nuevo, lupina sus ojos los clavo en mi, las pluma enredadas en su larga cabellera lacia eran mecidas por el viento.
Distraído la miré con los labios entreabiertos y me verga golpeando contra las bragas de la morena




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