Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Hania Doe el Vie Jun 16, 2017 6:50 am

Tras dejarle el diario y la carta a Assur, se despidió de aquella mansión, la abandonó en silencio y se marchó sin equipaje alguno. La noche estaba clara, la luna reinaba en el cielo sin llegar a ser plena, sabía que Héctor la estaría contemplando de la misma forma que ela podía contemplarla ahora, vagando por las calles, sintiéndose un poco más sola y un poco más desgraciada.

Su decisión le había costado media alma, pero no podía seguir viendo como Assur se autodestruía, tenía que dejarle evolucionar, seguir adelante, soltar el lastre y buscar su camino. Ella debía encontrar su lugar en el mundo, aprender su historia, saberlo todo sobre sus orígenes y su raza, los titanes. Y quizás así, pudiera encontrar un rayito de esperanza, un haz de luz en su vida.

No quería ver a Héctor, era su antepasado, sí, pero uno que no prestó mucha atención a los suyos y permitió que los persiguieran y cazaran, porque a ella le habían dado caza. Ni siquiera sabía si tenía más familia, igual que ella había permanecido humana y oculta de los vampiros, podrían haber más miembros perdidos de su estirpe...porque si ella era la única, con ella se extinguía su raza. Los vampiros habían ganado, pues no podía engendrar más herederos de los titanes ni podía regresar con ellos. Aún así, encaminó sus pasos hacia la mansión de Lebeau, no iba a refugiarse en las alcantarillas, ni a poner en peligro a Uryan y a Esthia. La masacre del Consejo también la salpicaba de refilón y seguramente habría muchos ojos puestos en ella. ¿Qué opinaría Drakul al respecto? él cazaba vampiros, especialmente a los que se volvían crueles y sanguinarios, pero en este caso Assur había matado a seis de los peores de ellos. Era una situación complicada. Le haría una visita una noche de estas.

Se detuvo frente a la verja de la imponente mansión, llevaba puesto el abrigo morado, pero sentía un frío terrible que venía de adentro, no de la noche primaveral de París. Reflexionó un instante de nuevo, porque las fuerzas le empezaban a flaquear y apenas había salido de su nido. Pero no, no recularía, había tomado aquella decision y era por el bien de Assur, mantendría su palabra. Mentalmente pronució las palabras que Héctor le recordó y que eran el santo y seña. "Mi padre es el cielo, mi madre es la tierra, el viento me lleva a donde le ordeno y la muerte no me toca." Y esperó que el anciano titán apareciese en la verja para darle cobijo antes del amanecer.






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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Vie Jun 16, 2017 4:41 pm

La muerte de Flamel y el resto del Consejo había levantado ampollas. Si muchos ya tenían a Black entre ceja y ceja, ahora todo era mucho más visceral. Pero a Héctor no podía importarle menos. Ni siquiera le importó la muerte de Nicolas. Lo había usado, le había dado un puesto de poder a cambio de tener un espía. Ésa era su relación. Era su señor, no su amigo. Y como su señor, lo consideraba como alguien prescindible. Era difícil de sustituir, pero no imposible.

Lo que sí había zarandeado los cimientos de su existencia había sido Hania. Esa pequeña muchacha rubia que le había descolocado por completo. Le había devuelto una pequeña esperanza. Si ella existía, podía haber más. Podrían resurgir y volver a ser la raza poderosa que fueron en los orígenes.

Si quedaba alguno que no hubiera sido convertido, que fuera humano... lo suficientemente valiente y arrojado para ganarse un sitio entre los dioses...
Pero hacía milenios que eso no ocurría. Desde el último héroe. Desde que su cultura se convirtió en un puñado de mitos y leyendas que la gente se tomaba como una mera interpretación de la realidad que veían con los ojos del presente. No conocían la verdadera grandeza de ese pasado. Y la idea de un futuro era demasiado incierta.
Sin embargo, Hania había plantado esa diminuta semilla. Lo más probable era que no germinara, envenenada por ríos de amargura y venganza. Pero los Destinos seguían siendo unos hijos de puta que disfrutaban dando giros inesperados a la existencia del mundo, cruzando caminos insospechados.

Estaba en su balcón, contemplando la luna, pidiéndole consejo, como tantas veces había hecho cuando estaba a su lado. Pero, como ocurría desde hacía casi seis mil añor, no obtuvo respuesta.

"Mi padre es el Cielo, mi madre es la Tierra" escuchó, como un suave y triste susurro. Y su mundo se detuvo.
-El viento me lleva a donde le ordeno y la muerte no me toca.
Las palabras le quemaron en los labios, demasiado tiempo sin ser prounciadas. Pero algo en su interior recobraba nuevas fuerzas. Las verjas de la mansión se abrieron de par en par para Hania. El tiempo que tardó en recorrer el camino hasta la entrada fue el que usó Héctor para llegar hasta las puertas dobles de madera, para esperarla.
-Bienvenida.
Con un gesto de la mano la invitó a pasar. Desconocía los motivos por los que estaba allí. Su primer pensamiento fue que se trataba de una visita para reprocharle todo lo ocurrido con Flamel. Pero no importaba, el caso era que estaba allí.


Mi padre es el Cielo, mi madre es la Tierra.



El Viento me lleva a donde le ordeno y la Muerte no me toca.

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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hania Doe el Vie Jun 16, 2017 5:40 pm

La rubia pasó al interior de la casa y tras ella se cerraron las puertas. Esa casa era extrañamente cálida para ser una mansión cualquiera, no un hogar como tal. Quizás fuera debido a que el propio anfitrión decidía cómo la quería, los muebles, los tapices y los colores de la paredes. El hotel había sido siempre frío e impersonal, y lo mismo sucedía con la mansión de Assur, que había sido elegida y decorada por Sunshine, cuyos gustos nada tenían que ver con los suyos.

Pasó al interior del saloncete que tenía la puerta abierta, suponía que la biblioteca todavía debía estar en reformas, ya que Héctor hizo estallar los cristales, las ventanas y parte del mobiliario la última vez que ella estuvo allí.

Se sentó frente al fuego y colocó las manos sobre las rodillas, cerradas, fijando la vista en las llamas. Estaba seria, tenía los ojos algo enrojecidos para ser un vampiro y sus labios estaban apretados, lejos de la expresión risueña o ausente que solía tener. Habló como una autómata sin mirar a Héctor. Estaba notando como se le hacía trizas su corazón inerte.

— ¿puedo quedarme aquí? he dejado a Assur. Pero no por miedo ni por lo del Consejo, es mejor que me aleje de él porque mi presencia le hace daño. No quiero represalias contra él, es mi única condición.

No se fiaba de Héctor, no lo conocía ni estaba al tanto de sus motivaciones, de sus objetivos; pero desde luego no sentía ningún aprecio por él. Quizás Assur fuera una bestia sanguinaria fuera de control, pero la había ayudado cuando nadie más lo hizo. ¿Dónde estaba el titán entonces? tanto que decía preocuparse por su linaje, se había vuelto perezoso en su vigilancia, pues decía haber perdido el rastro mil años atrás.






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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Sáb Jun 17, 2017 5:13 am

¿Represalias? Ja. En esos momentos sería capaz hasta de mandarle un par de humanos, con un lacito rojo y una tarjetita que dijera "Con toda mi gratitud." Como quien manda un ramo de flores. ¿Cómo iba a tomar represalias contra alguien que había cuidado de los restos de su linaje cuando él ni siquiera sabía que existían y que ahora hubiese hecho lo que hubiese hecho, había empujado a Hania a buscarle? Sería capaz de pasar por alto hasta que hubiese lastimado a la chiquilla. El fin justificaba los medios. El fin era que ella estaba allí. Los medios no le importaban.

-Ésta es tu casa. Elige una habitación y mandaré que la preparen para ti.

Había varios vampiros en aquella casa, al servicio de su señor. Se encargaban de mantenerla limpia, de que nunca faltara licor, de que el alimento llegara con regularidad. Espiaban para él, cazaban para él, cumplían sus órdenes por descabelladas que fuesen.
A cambio él les daba un lugar seguro para las horas de sol, les garantizaba la protección de un antiguo, les daba un estatus mejor. Héctor los organizaba en fución de sus habilidades, su utilidad y la confianza que le merecían. Apenas dos o tres tenían acceso a sus estancias privadas. Él los conocía a todos, pero muchos de ellos sólo le veían como una figura imponente que se paseaba por la mansión y ante la que bajaban la cabeza.
A la mayoría sólo les hablaba para darles órdenes o recibir de primera mano la información que les había enviado a obtener. Con otros se permitía alguna licencia. Pero siempre había una máxima clara: él era el que mandaba. Y no necesitaba domestrarlo constantemente. Era algo que simplemente flotaba en el ambiente y todos asumían. Era así. Punto.

La llegada de Hania suponía un cambio que no sabía muy bien cómo iba a caer entre sus subordinados, pero tampoco le importó demasiado. Ella era su linaje, su sangre. No confiaban el uno en el otro, pero esa unión era inquebrantable. Podían llegar a odiarse, pero siempre estarían unidos. Iba a convertirla en la princesa de aquella casa. Iba a estudiar sus reacciones y su caracter, sus habilidades.
Si ella mostraba lo que realmente podía llegar a ser, le confiaría sus más oscuros secretos, la convertiría en su digna heredera, buscaría con ella la venganza de quienes les habían relegado a aquella vida arrastrada entre las sombras.

Eso sería lo ideal. Pero lo ideal no siempre llega. Y Hector no había sobrevivido tantos años por ser impulsivo y confiar a ciegas. Él le tendía la mano, le ofrecía todo. Pero dependería de cómo ella lo recibiera y actuara.

Era sólo cuestión de tiempo.


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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hania Doe el Dom Jun 18, 2017 3:43 pm

Le daba igual qué habitación le diera, no estaba apegada a los bienes materiales, y para ella era más hogar el orfanato ruinoso que una mansión. Se levantó y subió las escaleras girando a la izquierda en el pasillo. Abrió la primera puerta, era una habitación enrome y algo ostentosa,decorada con sedas adamascadas, muebles de caoba y cuadros con marcos dorados; cerró la puerta y siguió andando. Se saltó dos o tres, sin saber por qué, quizás alguna de ellas pudiera ser la más adecuada, pero por alguna extraña razón no lo percibía y a la quinta volvió a girar el picaporte. La estancia era bastante más sencilla, decorada con muebles claros y cortinas blancas, tenía un pequeño escritorio y el papel pintado tenía pajarillos. Esa estaba bien. Entró en su nueva habitación, se quitó el abrigo y lo dejó sobre la silla dejándose caer en la cama, pronto amanecería y sentía que el sol se tragaría una parte importante de su vida. La habitación de Héctor estaba en frente y un par de puertas más allá.


————————————— ~oOo~—————————————

Los días pasaron como en un sueño lento y brumoso, uno de esos que quieres que acabe y despertar en un día nuevo. Pero era consciente de que no era una sueño, era la resaca de las decisiones drásticas. Había estado semanas reflexionando, con los nervios en el estómago, tratando de reunir el valor suficiente para hacerlo, y ahora que ya estaba hecho, era como si se hubiera quedado sin rumbo, sin propósito en la vida. Y para qué mentir...le preocupaba Assur y lo echaba de menos, pero sabía que eso sucedería. El primer paso estaba dado, ahora tendría que mantener la marcha.

Héctor era muy correcto con ella, le proporcionaba todo cuanto necesitaba, ropa, libros, conversación... y hasta el alimento que Hania aceptaba: botellas. No podía alimentarse de humanos, no quería hacerlo, y al menos Héctor no se había enfadado por ello. No es que la conversación fuera muy fluida, pero ella le preguntaba cosas sobre los Titanes, y desde luego la realidad difería mucho de lo que se contaba en los libros. Quería saber sobre su raza, sobre su origen. Al menos ocupar su mente en esas historias la hacía pensar menos.

Se sentía algo machacada y triste, helada por dentro, y odiaba sentirse así. Ella necesitaba muy poco para sentirse en la cima del mundo, para recordar lo que era estar bajo el sol y en definitiva...viva. Le bastaba cuando se cambiaba de cama y dormía abrazada a Assur, o cuando la cogía de la mano y le decía que era la vergüenza de su raza, hasta cuando estaba ceñudo. El problema es que se había acostumbrado a no sentirse sola y ahora de nuevo sentía el vacío rodeándola.

Estaban sentados frente al fuego leyendo, porque una cosa es que no confiara en Héctor y que no le cayese bien, y la tra es que fuera una maleducada.

Héctor...mañana no dormiré aquí, iré a ver a Drakul y si me deja, me quedaré con él. — lo dio por hecho y lo miró interrogativamente. Todavía no sabía si el titán sería un celoso compulsivo como Assur, un paranoico de su seguridad.







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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Lun Jun 19, 2017 10:32 am

Las noches pasaban una tras otra, sin nada especialmente destacable. Toda la mansión se había adaptado a la perfección a la presencia de Hania. Cada uno de los vampiros que allí moraban había sido informado de quién era ella, qué hacía allí y cuál era su lugar en esa invisible cadena de mando. Hania sólo respondía ante Héctor. Todos, salvo Héctor, respondían ante Hania.

Le había dado permiso para llamarle por su verdadero nombre si quería, pero únicamente en privado, pues ese detalle debía seguir estando oculto. Habían compartido algunas veladas, charlando sobre historias demasiado antiguas y demasiado tergiversadas con el correr de los tiempos.

Su relación era más formal que otra cosa. No confiaban el uno en el otro y ambos parecían querer tomarse su tiempo y sus precauciones para cambiar eso. El Antiguo no quería agobiarla y tampoco se fiaba de hasta qué punto pudiera estar influida por Black. Ni siquiera sabía si realmente estaba allí porque había abandonado a Assur o como espía.

Y no había querido entrar en su mente para averiguarlo. Con cualquier otro lo hubiera hecho sin dudar, pero ella no era cualquier otro, era el final de su línea de sangre, el otro extremo del hilo rojo que recorría su familia generación tras generación.

Levantó los ojos del libro que leía cuando Hania le habló. La miró unos segundos, como si esperase que añadiera algo más.
-Bien. Avísame si cambias de idea para enviar a alguien a buscarte, sobre todo si es tarde.


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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hania Doe el Lun Jun 19, 2017 4:31 pm

Se relajó al escuchar la respuesta del antiguo. Quizás se había acostumbrado al férreo control de Black, que aunque no le gustaba, entendía como parte de su naturaleza, y esperaba que todos los antiguos fueran así. Pero para Héctor no lo era. Bueno, tampoco la apreciaba de la misma forma que Assur, así que tampoco perdía nada si a ella le pasaba algo, ya que no le tenía cariño.

Ese pensamiento le entristeció un poco. Eran familia, de alguna extraña y singular forma, lo eran. Y sin embargo si al otro le ocurría algo no lo sentirían. Suspiró mirando al fuego, mientras trataba de ordenar sus pensamientos y decir las cosas de forma que tuvieran sentido.

Héctor... sé que no nos conocemos y que la sangre solo te hace pariente, es la lealtad la que te hace familia. Pero me entristece pensar que si mañana mismo saludase al sol, sólo me echarían de menos las ratas de la alcantarilla y ese al que todos llaman monstruo. No se puede querer porque sí, ni forzar el aprecio, pero...creo que tenemos que intentarlo ¿no? es decir...somos familia...esperé durante toda mi vida que alguien me adoptase en aquel orfanato, quería tener una, ser normal... y ahora que la tengo me resultas lejano, extraño, distante. Hay gente en la que confío, no tengo ni idea de por qué, simplemente...un día se cruzaron en mi vida, o yo en la de ellos. Y quiero confiar en ti, pero no sé cómo. Quiero pensar que es cierto que si hubieras sabido de mi, habrías venido a buscarme. Pero luego pienso que no estuviste atento, que si tu familia era tan importante ¿cómo pudiste perderles el rastro? supongo que... fallaste. Y es humano fallar.— elevó los ojos para mirarlo.— ¿qué hubiera sido de mi vida si no hubieras fallado? sería humana? quizás no habría nacido? o quizás sí y ahora tendría una bonita familia? quien sabe... no tiene sentido darle vueltas, es un callejón sin salida.






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Re: The silver ligning {priv.}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Lun Jun 19, 2017 5:24 pm

-Todos comenzamos a fallar el día que nació el Tiempo -que podía sonar hasta enigmático, pero para él tenía todo el sentido del mundo. Cronos, el tiempo, había destronado a Urano, su padre. Zeus, había destronado a Cronos, repitiendo la historia. Lo que los libros recogían como Titanomaquia o la caída de los titanes, no era más que un breve resumen de un proceso largo en que sólo se seguía el curso natural de las cosas. Pero cuando se disponían a resurgir, como tantas otras veces había pasado, sin que los cronistas lo reflejaran, como habían previsto los oráculos, como era el orden del mundo, el equilibrio... Cuando se acercaba el momento de recuperar su poder, comenzaron a ser cazados por los hijos de Caín y todo se volvió demasiado confuso. El polvo tras la batalla se posó y la imagen que tuvo ante sus ojos el titán fue desoladora. Algunos de sus hermanos habían sido convertidos, otros no. Ahora estaban condenados a vivir en realidades separadas; cadena perpetua lejos de Febe, de sus hijas, buscando desesperadamente volver. Años más tarde, tantos que ni siquiera podía contarlos, cambió su búsqueda de un camino de vuelta a casa por la venganza. No podía regresar, tenía que asumirlo. Así que se limitó a vagar por el mundo, a llevar aquella vida o no-vida o lo que fuera. Protegió su linaje mientras pudo, pero estaba solo y despojado de la mayor parte de su poder. Sí, había fallado. Pero mucho antes de que Hania naciera-. Hacía más de mil años que no tenía respuesta. Sé que para ti no sirve esa explicación, pero no tengo otra. Busqué y busqué sin éxito... hasta que un día dejé de buscar y me centré en encontrar a aquel que me lo había arrebatado todo. Lo único que sé de él es que es un Antiguo. Podría haberlos matado a todos y así asegurarme la venganza. Pero no soy tan estúpido como para pensar que sobreviviría como individuo sin la Mascarada. He ido investigando uno por uno los que he ido encontrando. He podido acabar con alguno de ellos, pero no he alcanzado aún la fuente. -Miró a la rubia, serio-. No sé lo que habrías sido o lo que habría sido yo de haberte encontrado antes. Lo que sí tengo seguro es que el encontrarte ahora no ha sido casual. Los Destinos decidieron que fuera de este modo y yo ya no tengo poder para influir sobre ellos como antaño. No te pediré perdón por no buscarte. Para mí no había nada que buscar hasta hace unos días, cuando ambos supimos la verdad. Pero yo también quiero confiar en ti. Quiero que ambos recorramos ese camino. No será cuestión de unos pocos días, los dos tenemos recelos bien fundados. Pero esto es un primer paso. Eres mi familia, la única en esta casa que tendrá total acceso y libertad a cada rincón, como si fuera yo mismo. Tus órdenes serán como dichas por mi boca, cuando no contradigan las mías. Puedes entrar y salir a tu antojo, pero quiero saber que estarás a salvo durante las horas de luz, sea aquí o en cualquier otro lugar. Te he encontrado ahora y no voy a perderte de nuevo.


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