Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Black Council. {Privado}

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The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kane Black el Lun Jun 19, 2017 12:26 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El Cabaret L'Enfer era uno de los antros de perversión con más solera ubicado en el 55 de la Rue de Clichy de Monmatre, y asombraba al público con su peculiar entrada que representaba la boca del infierno.
El local abría todos los días desde por la mañana hasta bien entrada la noche, la entrada costaba 1,25 francos más un suplemento de 50 por la primera copa. Tras cruzar el umbral de la boca, un individuo disfrazado de diablo abría una gran puerta de metal y saludaba a los visitantes con una risa malévola; “Todavía llegan más, como van a arder!”. Al entrar, se topaban con un enorme caldero que ardía a fuego lento, una banda de 6 músicos interpretando “Fausto” mientras eran fustigados con hierros candentes por diablos.

Las paredes de los pasillos estaban repletas de grietas, de las que salía una imitación de lava dorada, llamas y humo como si estuvieran dentro de un volcán. En las salas principales, las paredes estaban cubiertas con relieves de figuras demoniacas, en posición amenazante de atrapar a los visitantes.Dentro del recinto, los camareros y figurantes iban vestidos de diablos. Algunos llevaban las bebidas a los invitados y otros seguían con la escenificación entre las mesas pintadas de rojo infierno.

El infierno en la tierra:


FORTRESS OF SEDUCTION



El demonio encaminó sus pasos al local,había seguido de cerca pero en la distancia los periplos de sus hijos a lo largo de los siglos, pero había llegado el momento de volver a sentir el agua en la piel, la sangre en la boca y el olor de la muerte. París se despertaba a la era moderna con una mezcla entre los gustos neogóticos (victorianos) y la bohemia francesa que gustaba del mestizaje con las costumbres importandas de África, Oriente y las colonias de ultramar. Era una amalgama interesante, mucho más que la triste edad media donde la religiosidad y el temor a la iglesia campaban a sus anchas.

Entró en el lugar como si fuera un cliente más y de inmediato sintió la corrupción, el pecado y la lujuria obscena flotando en el ambiente. La noche prometía. Como inconscientes y locos corderitos, los humanos pretendían desafiar a las fuerzas oscuras, jugar con sus corruptas costumbres y salir indemnes...Necios. El precio a pagar no era sólo el alma, también pagaba el cuerpo.

Le sirvieron una bebida de un extraño color verde transparente, y se la bebió de un trago. Era refrescante volver a sentir cómo el líquido bajaba por la garganta abrasando por un segundo a su paso. Sí, aquel lugar podría servir.


(......) HORAS MÁS TARDE.

El piso superior del cabaret estaba en silencio, tan sólo se movían algunas ratas del tejado. La muerte había rondado por allí estableciendo un nuevo orden. Las cosas iban a cambiar, y sin periodo de adaptación. Kane Black estaba de vuelta, el demonio que lo poseía clamaba sangre y destrucción y la había sembrado a placer. El nuevo color de la paredes era rojo bermellón, pero no era sintético. Varios ghouls dominados bajo la poderosa mente de Kane recogían los restos y los troceaban, colocándolos en barriles para llevarlos al matadero, allí compraban carne para picar, a veces de dudosa procedencia. El nuevo Amo y Señor de L'Enfer se sentó en el trono de Mephisto, que horas antes no era más que un payaso disfrazado pretendiendo ser un demonio. Pobre iluso.

No necesitaron más que dos noches para renovar la plantilla y la decoración del cabaret, todos ellos a las órdenes del demonio mayor, del alfa y el omega. Podría haberse establecido en el puto palacio real si hubiera querido, pero era un hombre de gustos sencillos, los palacios además solían estar decorados por mujeres o desviados, tantas flores y sedas le daban urticaria, él era más de sangre, tripas y humanidad descarnada.

Le fascinaba lo incautos que llegaban a ser los humanos, siempre ávidos de poder, de lujo, de lujuria... él fue humano una vez y cayó doblegado bajo el poder una súcubo. Pero era una mujer, y cómo no, tuvo su merecido. Él fue el primer humano, la primera creación de Dios, a su imagen y semejanza. Lo envidiaron los ángeles y acabó cayendo por su debilidad humana. Pero cuando dejó de serlo, dio paso al perfecto demonio, al que traería la desesperanza y portaría la oscuridad a la vida de los mortales. Y estaba de vuelta.

Sonrió de medio lado y le habló mentalmente a Gideon, su nuevo asistente. "Gideon, escribe lo que voy a dictarte y llevalo a la imprenta, vamos a celebrar una gran fiesta de reinauguración de L'Enfer."

A  muchas personalidades les llegó la misiva, en un llamativo envoltorio de encaje negro y papel blanco escrito en letras rojas.

...Y cuando él abrió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo casi por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos y un terremoto.Y el primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron arrojados a la tierra; y se quemaron los árboles y toda la hierba verde.

El segundo ángel tocó la trompeta, y un gran monte ardiendo con fuego fue lanzado al mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida... (Apocalipsis 8.).

Me complace invitarle al Apocalipsis en la tierra, gran fiesta de reapertura del Cabaret de L'Enfer.

K.Black


Última edición por Kane Black el Mar Jun 20, 2017 9:17 pm, editado 1 vez


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Mar Jul 11, 2017 1:49 pm

Rugí cuando se acercó a mi para soltar mis argollas, con el muerto decapitado a mis pies escuche ese “te has portado bien” que me frustro de sobremanera.
Me trataba como un perro de caza y se equivocaba, yo nunca seria un esclavo y pensaba demostrárselo.
Gruñí contra sus labios, mi mirada aun turbia por su sangre se centro en la suya para retarla mientras me sujetaba por la mandíbula para enfrentarme.

Sus palabras impactaban rabiosas contra mis húmedos labios y mi rostro salpicado de sangre, ladeé la sonrisa relamiendome las gotas carmesí sin dejar de mirarla.
Recordaba el instante en el que la vi por primera vez, no solo yo centre mi mirada en ella, era preciosa, nada que ver con las nativas a las que acostumbrábamos a montar y la verdad es que revolucionó a todos los guerreros con su pérfida sonrisa y su contoneo de caderas.

Su dedo bajaba lento por mi cuello mientras mis labios entreabiertos acogían cada una de sus palabras y mis ojos delataba quebrando a voluntad mi orgullo mi oscurecida mirada.
Muchas eran las veces que me vio desearla, muchas las que le pedí venir a mi lecho y su risa era la única respuesta que encontraba, una negativa que me hacia arder por dentro y desearla mas si es que eso era posible.

Mis ojos recorrieron a varias de las damas de la fiesta, me centré en una morena de ojos verdes y cuerpo curvilíneo que se movía como una serpiente en la pista.
-No te deseo mas que ase -aseguré sabiendo que su ego quedaría tocado por no ser la diosa de la fiesta.
Ella era el demonio de mi averno, no tenia ojos para otra, quedaba preso de su sangre y sintiéndola fluir por mi interior, deseaba perderme entre sus piernas como nunca antes lo había hecho nadie, pero no estaba dispuesto a mostrar mis debilidades, acabaría con su no vida y volvería a ser libre, esa y no otra, tenia que ser mi única meta, una que se alejaba cuanto mas sangre de ella bebiera.

Tiró de las cadenas, dijo que para nosotros se acabó la fiesta y que iba a montar al potro en su casa para ver como saltaba, un gruñido con la mirada oscurecida fue mi respuesta.
Un gruñido que dediqué también a la colección de vampiros que nos rodeaba dispuestos a cobrarse la venganza por su compañero degollado.

Aproveché el descuido de la inmortal mientras vociferaba que era suyo para acortar la distancia contra su cuerpo, enredé la cadena a su cuello y tensé los eslabones tirando con fuerza decidido a repetir la hazaña.
Gruñí contra su oído, jadeando por el esfuerzo ante la mirada de todos los allí presentes que se quedaron inmóviles haciéndose el silencio.
-Reza a tus dioses si es que los tienes para que se apiaden de tu alma, no soy un buen perro, tiendo a morder en el cuello.



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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Hania Doe el Mar Jul 11, 2017 11:03 pm

Se le partía el alma cada vez que notaba el estado de ánimo de Assur tan decaído. Podía entender que las cosas no estaban siendo fáciles, que nunca lo fueron para el hijo más maltratado de Caín. Pero odiaba saberse responsable de buena parte.

Aunque él no lo dijera, había aprendido a leer entre líneas, sus gestos, sus palabras, la entonación de las mismas... hasta sus silencios. Esos que gritaban muchas cosas. La estaba dejando marchar, le estaba diciendo que fuera en paz, que se cuidase y que empezara una nueva vida. Le estaba dando su aprobación para la decisión que ella había tomado y ahora sí era una despedida en toda regla. La pegó contra él para regalarle un beso en la mejilla. Mentiría si dijera que no lo echaba de menos, sus manos, sus sonrisas de medio lado, sus palabras ácidas o sus ojos escarlata presos de la tempestad de lava que la bestia desataba al tomar el control. Pasó sus manos por la cintura de Assur y se abandonó a un abrazo. Quizás fuera el último, si era así, se merecían uno que expresara todo lo que había significado para él. Estaban perdonados todos los errores, todos los malentendidos, todo el daño que se hubieran podido causar. Al menos por parte de Hania. Sobre la camisa del cainita quedaron impregnadas dos lágrimas transparentes que salieron de sus ojos en medio de un silencio sepulcral. Sonrio entre dientes.

ya sé lo que vas a decir... Los Black no lloran. Pues desde hoy... algunos Black sí lo hacen.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Assur Black el Miér Jul 12, 2017 10:22 am

Silencio, eso es todo cuanto pude regalarle en esos últimos momentos.
Silencios que gritan mas que las palabras, que te convierten en un burdo poeta o en el mas cobarde de los que habitan la tierra.
Mucho que decir pero el nudo que oprimía mi garganta decidió ahogar las palabras y solo dejo mostrar una leve sonrisa que sonaba a despedida.

Sus lagrimas en mi camisa la antesala de lo que vendría, no era le momento de buscar culpable de hacerlo no saldría bien parado, eso era algo que sabia.
También que su vida con el Titan era lo que siempre soñó y aunque se fue pensando que me liberaba de un lastre creo que en el fondo ambos sabíamos que fue ella la que se liberó.

No era de esos que montaban una escena de suplicas sin sentido, de te quietos sentidos ni de peticiones imprudentes, su decisión estaba tomada, para ella yo solo era y seria el recuerdo de na mano amiga que la sacó de las alcantarillas.
Ahora solo me quedaba retirarme a un lado, abrazar el vació y caer, caer tan bajo como nunca había caído.

Silencio, eso fue lo ultimo que pude darle mientras acariciaba su dorado pelo, imágenes que se repetían en mi cabeza como una consecución de hechos lejanos, y su cuerpo tan cerca del mio que abrasaba mis entrañas.
Echaba de menos estos instantes que aun siendo nimios, existían entre nosotros, para mi ella siempre seria Hania Black, la luz en mi oscuridad.

Dos pasos hacia tras interpuso la distancia necesaria para marcar la despedida, le di la espalda, silencio y pasos huecos que retumbaron por el cementerio alejándome de ella.
Hector no tardaría en ir por su presa y prefería no encontrármelo de frente, de hacerlo quizás no fuera solo silencio lo que Hania encontraría por mi parte.



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El infierno arde:

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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Vie Jul 14, 2017 12:57 am

Héctor no tardó en reunirse con Kane en el Santine. Sonrió con diversión al ver que estaba muy bien acompañado.
-¿Prefieres aplazar la discusión para otro momento? Te veo... ocupado.
Como si la presencia de las dos mujeres allí les impidiera tratar lo que tenían que tratar. Podían hablar sin problemas, aunque ellas escuchasen, porque cualquiera de los dos vampiros tenía poder suficiente para eliminarlas de un plumazo si se iban de la lengua, para borrar los recuerdos de sus mentes, para bloquearlas y evitar siquiera que los escuchasen...
-Umm. He visto algo interesante... -sus ojos siguieron una figura que se movía al fondo del local, en compañía de otra de las chicas. Esa noche quizás hiciera honor a sus orígenes. Pero más tarde.
Tomó asiento frente a Black y se sirvió vino en la copa vacía. Lo probó. Arrugó el ceño un momento y luego lo relajó.
-Los franceses no son malos con esto. Aunque no sabe igual que cuando formaba parte de una hecatombe. Tsk. No me pondré melancólico. ¿Has pensado bien lo de tu hija? Sabes lo que implica.

Si entraba a formar parte del Consejo, sería la marioneta de los que, como él, jugaban a la mascarada dentro de la mascarada. En concreto, de su propio padre, quién expondría -o impodría- sus criterios al resto de consejeros por boca suya. Una boca exquisita, por otra parte.



Lejos de allí, donde se encontraban Hania y Assur disfrutando de ese pequeño momento de intimididad, una sombra les acechaba. Sin preocuparse demasiado en ocultarse, porque sus instrucciones eran claras. Dejar que Hania hiciera lo que quisiera, pero asegurarse de que llegaba sana y salva a algún lugar seguro antes del amanecer.
Cuando Assur y la rubia se separaron y él comenzó a alejarse, se atrevió a acercarse. Era un hombre, alto y fuerte, con los hombros anchos y la piel oscura. Llevaba el cabello rapado en un lateral de la cabeza y el resto recogido en pequeñas trenzas muy pegadas al cráneo, hasta fundirse en una gruesa en su nuca, que dejaba caer hacia adelante por el lateral rapado, sobre la chaqueta abierta, que dejaba a la vista una camisa de seda. Su hombre era Johari y le había visto por la mansión en numerosas ocasiones.
-Mi señora, faltan apenas un par de horas para que el sol despunte. ¿Deseais volver a casa o preferís que busque otro refugio?


Mi padre es el Cielo, mi madre es la Tierra.



El Viento me lleva a donde le ordeno y la Muerte no me toca.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kane Black el Sáb Jul 15, 2017 1:08 pm

En el Satine se encontraban concentradas todo tipo de delicias carnales, tanto hombres como mujeres, de todos los colores y procedencias. Al demonio no le pasó inadvertido el comentario del titán, era de sobras conocido el gusto de los dioses griegos por el libertinaje,lo mismo daba carne que pescado y en la cantidad que apeteciera según el momento.

Torció media sonrisa hacia Héctor. No necesitaba despedir a las dos mujeres que serpenteaban sobre él para seguir haciendo negocios.

mi hija es probable que decline la oferta, sólo por llevarme la contraria. Los hijos son así, tratan de desafiarnos, de imponer su rebeldía para econtrar su propia identidad. Se ha perdido ese honor de "estar hecho a la imagen y semejanza de tu padre". Por el momento controlaré a Bloody Mary, me gustan las mujeres malvadas y crueles, al parecer es mi especialidad. Algunos dicen que no soy hijo de mi madre, que mi padre cayó preso del embrujo de Lilith y que en verdad soy el fruto de su debilidad. Qué más da. En el fondo son todas unas arpías en potencia, sólo que algunas no lo sacan nunca.

Repasó el vaso con los labios mientras una de las mujeres lo repasaba a él con la lengua en el lóbulo de la oreja. Iba siendo hora de subir a las suites donde las horas se secedían entre pecados carnales de lujuria y deseo.

excepto esa preciosidad de larga melena rubia...¿cierto?.— ese comentario sonó siniestro en sus palabras, se refería obviamente a la "hija" de Héctor, aquella que obedecería a su padre porque no tenía maldad ninguna, la que no era capaz de ser arpía ni aún proponiéndoselo.— No te preocupes, respeto la propiedad ajena, aunque admito que llevarla a la oscuridad sería de lo más placentero. Deberías protegerla, el mundo está lleno de... demonios sin escrúpulos.

La advertencia de Kane estaba fuera de lugar, obviamente Héctor sabría de qué estaba lleno el mundo, pero al revelarle lo obvio, estaba retirándose de ese juego; si pensara quitársela no le habría dicho nada, no era tan fanfarrón como sus hijos. Sólo fanfarroneaba cuando la batalla estaba ganada de antemano, y con el titán estaba igualado en fuerzas e ingenio, así que no iba a meterse en un huerto del que no sabía si podría salir. Llegó la hora de abandonar el salón y emplazó al griego a verse unas noches después en otro lugar, lo que iba a ser la nueva sede del Consejo. Había decidido que éste se reuniera en Grand Châtelet, la fortificación de la desembocadura de la Rue de Saint-Denis al Sena. La construcción de la edad media albergó prisiones, comisaría y la primera morgue de la ciudad, hoy convertido en un entramado medio abandonado de estancias multiuso. Iban a dotarlo del esplendor que debía tener, y conservar los calabozos y morgues. Sería un lugar "acogedor" para todos los cainitas que measen fuera del tiesto.


***

En el cementerio, la joven Hania vio partir a Assur, con la sensación de adiós definitivo, y notó como una vez más se rompía algo en su interior. Quizás algún día, cuando ella supiera ser lo que debía ser, pudieran recuperar la relación sin destruirse, pero ahora no era más que una neonata fuera de control que no era capaz de renegar de su humanidad. Johari siempre la trataba educadamente, así que suspiró y se apoyó en el brazo del grandullón de piel canela y se dejó llevar.

vamonos a casa Johari... está bien así.

Su casa ahora era la de Héctor, lo había aceptado cumpliría su promesa de regresar al acabar la noche. La protección del titán era sutil y no invasiva, su guardaespaldas no la obligaba a obedecer, se lo pedía como si fuera más bien su asistente, y Hania jamás se podría rebelar contra la amabilidad y las buenas formas.



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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kishar Black el Dom Jul 16, 2017 8:57 am

El potro finalmente relinchaba. Lo llevaba de vuelta a casa, ya tenía suficiente con el infierno que en ella acontecía como para permanecer en otro. Ah, pero él, realizó el movimiento rastrero, morder la mano de quien realmente le daba de comer. Sentí las cadenas alrededor de mi cuello, él apretaba los eslabones, dispuesto a arrancarme la cabeza como acababa de hacer con el otro. Lo que no vio venir es que no había comparación alguna entre el otro y yo. Me había desplazado en el mundo por milenios, vi ciudades arder en honor a la demonio, muchos intentaron matarme, nadie lo logró nunca.

La fría piel de mi garganta comenzó a arder, llevé una mano a las cadenas mientras la otra viajaba a mi muslo, subiendo la falda de mi vestido. Allí tiré del cuchillo que llevaba, el arma escondida que denotaba que no confiaba en nadie. La alcé y con un solo movimiento me doblé, de manera que él quedo casi encima mio, y de esa manera aproveché para encajarle el cuchillo en la pierna. El movimiento sirvió para que aflojara las cadenas y cuando lo hizo lo agarré de los hombros para voltearlo sobre mi haciéndolo caer estrepitosamente en el suelo frente a mis pies.

-¿Qué no sabes que no hay animal más leal que un perro?-
Tiré de las cadenas para sacarlas de mi cuello y con un movimiento raudo me coloqué a horcajadas sobre él, observándolo con los ojos enrojecidos, mi respiración chocando violenta contra la suya. El más fiero guerrero que encontré en su tribu, lo escogí a él, lo traje conmigo, esperaba… no sé que esperaba, mucho más. -Dime nativo ¿qué es tan malo? ¿Qué te de mi vitae? ¿Qué te vuelvas casi un dios cada vez que bebes de mi?- Respiré pesadamente, contra  su cuello, mis uñas acertaron en su costado, mi mano se adentró en el, rompiéndole la carne, hasta llegar a su costilla, la cual fracturé.

Odio, deseo, dolor. Ni siquiera me percataba de que sentía todo eso, mis ojos centelleaban reflejo de ello, las palabras de Kane nunca fueron más proféticas, te muerden cuando menos lo esperas.

Mi boca buscó la suya, en un beso me enredé con él, lo escuché gruñir salvaje pero le abrió paso a mi lengua, estas se encontraron incendiarias, ardíamos juntos. Así le enseñé lo que era el infierno, ese que vivía. Saqué mi mano de su interior y tiré de la navaja para devolverla a su lugar, el pequeño cinto alrededor de mi pierna. 

Ignoré a los que nos miraban para ellos solo éramos un espectáculo. Ya era hora de darle culminación a la noche. Me moví como una serpiente, como la oscuridad que era, tomando una vela y con ella fui encendiendo los manteles uno por uno, estábamos en uno de tantos infiernos, que las flamas hicieran honor a ello.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Dom Jul 16, 2017 1:26 pm

La inmortal gruñó presa de la ira, creo no esperaba que su perro le lanzara bocado. Tenia que aprender algo de los míos, no eramos buenos esclavos.
Nací libre, mi espíritu estaba ligado al de mis ancestros, hombres de honor y orgullo que mantenían intacta su dignidad y que con fiereza preferían la muerte en pie que una vida arrodillados.

La mano de la princesa demonio sobrevoló la distancia cogiendo las cadenas que la estrangulaban sin clemencia, gruñí ejerciendo mas fuerza, todos mis músculos tensos dispuesto a decapitarla y guardarme su cabellera como bonito recuerdo.
No vi venir el afilado metal que se hundió en mi muslo haciéndome aullar de dolor, hasta convertirse en un ligero siseo, pero con eso a la inmortal le basto para holgar las cadenas y tomando en un renuncio mi brazo, hacerme volar por el aire para que mi espalda impactara con un crujido en el suelo.

Su cuerpo sobre el mio, ojos fuego que fueron contraatacados con mis pardos plagados de desprecio.
-No soy tu perro -escupí contra sus labios al escuchar sus palabras y el tintineo de los eslabones cayendo al suelo.
Me haba sacado de mis tierras, no solo eso, atrás dejo una aldea de fieros guerreros destruida, no se apiado ni de ancianos, ni de niños, todo lo consumió el fuego y las llamas.
-¿que esperas? -gruñí – hazlo.

Sus palabras eran un constante desafió ¿que esperaba que tras presenciar la masacre, ver caer a mi pueblo a sus pies la venerara como una diosa? La odiaba y quería su cabeza colgando de la mas lata de las picas.
-Tu vitae me esclaviza, nací libre, moriré libre -rugí sintiendo sus zarpas hundirse en mi costado.
Gruñí apretado los dientes, mi costilla se desquebrajaba al paso que su mano entraba.
Jadeé contra su boca preso del dolor, aguanté estoico su envite, no pensaba consentirle ni por un segundo verme débil, pedir clemencia o perdón, si la muerte llegaba, aquí, ahora, que así fuera, la esperaba.

Entreabrí los labios con la respiración errática, no esperé que su boca hambrienta colisionara contra mis labios con fuerza, gruñí débil, tratando de mantenerme firme a mis creencias, pero su lengua voraz cruzo el precipicio de mis labios y pronto mi lengua movida por el deseo que esa mujer imprimía en mi me hizo danzar de forma agresiva con la suya.
Beso húmedo, plagado de ira, que murió en un gemido al sentir como sacaba de mi muslo la daga que ahora sangraba a borbollonees.
Su mano abandonó mi interior y su cuerpo me dejó allí tendido en el suelo viendo como bajo de mi un charco de rojo carmesí acogía mi cuerpo en un improvisado y húmedo lecho.

Muchos eran los inmortales que me asediaban, llamados por el placer de los ríos escarlata.
Rugí tratando de mantenerlos lejos de mi, débil afiancé las cadenas dispuesto a llevarme conmigo a todo aquel que pretendiera alimentarse.
Pronto el cabaret prendió en llamas, la inmortal había decidido dar nombre al infierno plagandolo de fuego, pronto quedaría reducido a cenizas.

Entre el humo su imagen emergiendo de ellas, caminando hacia mi con una ladeada sonrisa en los labios, parecía divertirle verme agonizar mientras luchaba por sobrevivir.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kishar Black el Mar Jul 18, 2017 8:12 am

Pronto todo el lugar se prendió en llamas, no iba a perderse la gran cosa, con dificultad podría decirse que ni siquiera uno de los individuos presentes en el cabaret tenían alguna valía. No eran más que carroña, muchos eran peleles admiradores de Kane, no había nadie a quien pudiera respetar en lugar, y aquellos que se movían en el comportándose como vampiros no eran más que pálidas imitaciones de los antiguos seres de la noche que llegué a conocer a lo largo de mis travesías.

Me moví entre las flamas con tranquilidad y una sonrisa al salir del humo y ver como muchos corrían, otros aún interesados en Sahale, se acercaban a él. Mi mirada se enrojeció y me aproximé a ellos haciendo uso de mi velocidad sobrenatural y de su desconcierto y les fracturé el cuello tirando bruscamente de sus cabezas hacia un lado.

-Vaya, alguien todavía tiene estamina a pesar de todo.-
comenté al voltear a ver al nativo. Lo había visto alzar las cadenas para defenderse de los inmortales que le asediaban. -Mal diriges tu ira Sahale.- dije, arrodillándome a un lado suyo. Se había merecido el sufrimiento que atravesaba por haber intentado cortarme la cabeza, pero aún en estas condiciones, su espíritu se mantenía intacto y se defendía en medio de su agonía.

Me detuve a observar su mirada cargada de odio, su expresión era tan humana, que por unos instantes me sentí absorber por ella pasando mis dedos por sus mejillas. Notaba su respiración débil, sobrevivía gracias a mi sangre, esa que tanto aborrecía.

Le quité las cadenas de las manos, apenas podía moverse así que resultó bastante sencillo hacerlo, y mis dedos subieron a su cuello para soltar el collarín que llevaba a su alrededor. -Pensé que tenías los ojos más abiertos y podías intuir más de lo que se presenta ante tus narices, pero me doy cuenta de que te sobreestimé.- De un tirón lo subí a mi hombro, podía dejarlo abandonado a su suerte, el muy cretino, había intentado matarme.

Recorrí el cabaret con mi oscura mirada, las llamas se habían incrementado con velocidad y no lograría llegar hasta la puerta. Percibí entre el humo una ventana a la cual me acerqué, rompí el vidrio con mi mano y salí por ella con mi carga encima. 

Mi carruaje esperaba a dos calles de distancia, tal y como le había indicado al cochero, por lo que al avistarlo nos introduje en el. Sahale se debatía en la semi insconciencia, cerrando los ojos por momentos, por lo que lo abofeteé unas cuantas veces para que se mantuviera despierto y mordiendo otra vez mi muñeca le di a beber más de mi sangre durante el trayecto, antes de que el carruaje se detuviera a un lado del hotel adonde nos hospedábamos.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Mar Jul 18, 2017 1:47 pm

Lluvia de inmortales que caían a sus pies con el cuello partido mientras yo alzaba violento las cadenas decidido a luchar por mis últimos instantes de vida.
Moriría, pero lo haría peleando, no devorado vivo por todos aquellos tipos de afilados colmillos.

Kishar se arrodillo a mi lado, gruñí dedicándole una mirada plagada de odio y cuando sus dedos recorrieron mi mandíbula, acariciando mi mejilla, giré el rostro hacia el lado contrario con desprecio.
Débil no podía enredar mis cadenas en ella, pero luchaba por mostrarle entre rugidos la ira que me consumía.
-soy libre -apunté con la respiración débil, pero con las palabras firmes y mi espíritu indómito.

Aflojó los enganches de las cadenas liberándome de eso que me convertía en su perro y así me alzó del suelo dispuesta a salvar mi vida posiblemente para seguir torturándome y jugando a que yo fuera su pequeño juguete.
Gruñí contra su cuello, mis ojos se entrecerraban mientras la vitae me abandonaba lentamente manchando el traje de la dama.

Abrí de golpe los ojos cuando entre la humareda sentí el ruido de los cristales y el aire fresco correr contra mi rostro.
La inmortal salto por la ventana salvando así mi vida que de nuevo quedaba encadenada a la ajena.
-Te mataré -sentencié antes de sumirme en una semi inconsciencia.

Mis ojos observaban sombras, achicaba la mirada viendo brumas marrones, jadeaba incapaz de mantenerme despierto y mi cuerpo aniquilado caía sobre el de la inmortal que acariciaba mi rostro sin demasiado entusiasmo, como si disfrutara de sentir como la vida me abandonaba despacio.

Me abofeteó cuando la inconsciencia me devoraba las entrañas, parecía decidida a hacerme sufrir, a que me enterara en cada segundo del dolor que las heridas me causaba.
Finalmente sajo su muñeca, acerco los ríos carmesí a mis labios dispuesta a salvarme de mi agonía.
Negué con la cabeza, no quería mas sangre, pero si algo había aprendido con ella, es que lo que yo quería, no importaba en absoluto.
Abrió mis labios empujando con su muñeca y dejo que la sangre entrara en mi boca, nada mas la paladeé me enganché a su antebrazo ansioso.
Daba tirones de su piel, necesitado de sentir su sangre fluir violenta por mis venas llevándose las heridas a su paso, cerrándolas lentamente aunque aun estaba muy débil.

Jadeé excitado contra su piel , mi mirada parda nublada por el colocon se centró en sus pardos mientras seguía lamiendo cada gota de su elixir.
En ese momento en el que su sangre era mi credo y su cuerpo mi religión hubiera hecho cualquier cosa que me hubiera pedido...


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Sáb Jul 22, 2017 7:39 pm

La noche en el Santine no sólo fue provechosa, sino también extremadamente placentera. Héctor y Kane tocaron varios puntos interesantes a lo largo de la conversación. Ambos tenían un mismo objetivo, quizás con enfoques diferentes, pero nada irreconciliable. Brindaron por ellos mismos, por su proyecto, y se emplazaron a un encuentro futuro para pulir algunos detalles. El Consejo sería elegido en unos días y las cartas estaban repartidas. Pero Caín y Ceo eran de los que siempre conseguían una buena jugada o hacían valer su as en la manga.

Se despidieron cuando aun restaba oscuridad suficiente para permitirles volver a sus respectivas moradas. El titán había disfrutado de las atenciones de un cuerpo tierno, llegando al cuarto de siglo, con todo el vigor de la juventud y la insaciable voracidad propia de su edad. Había disfrutado tanto saboreando su piel y llenándole con pasión.

Ahora regresaba a casa, solo. La verja de metal se abrió para él si demora, cerrándose a cal y canto cuando la traspasó. Lo mismo ocurrió con las hojas dobles de madera maciza de la entrada a su mansión. El sol despuntaría en unos minutos, el cielo ya clareaba. Sus bien enseñados acólitos habían cerrado ya las ventanas y las habían cubierto con los fuertes paneles de plomo que día tras día evitaban que un solo rayo de sol se colase en aquella casa.

Dejó la capa y en el perchero de la entrada y clavó la mirada en la figura que había asomado por una de las puertas laterales.
-Ah, Johari. Ya habéis vuelto.
-Antes del amanecer, como usted ordenó.
-Bien, bien. Ve a descansar. ¿Está Hania en su habitación?
-Ahí la dejé hace un rato. Nadie ha entrado o salido de la mansión desde que regresamos.
-Perfecto. Ve y descansa. Oh, y no olvides comer algo.

Había cuidado a Hania y eso era más que suficiente para que el titán le ofreciera un bocado de madrugada. Porque él podía aceptar el beber sangre embotellada junto a la inocente Hania. Pero no renunciaba al placer de beberla directamente de las venas y tampoco se lo iba a negar a sus fieles. No cuando les servían bien. No cuando los humanos que habitaban su casa estaban deseosos de ofrecer ese líquido vital. A cambio eran alimentados y protegidos por el señor de la casa. Era un trato junto desde el punto de vista del titán. Y así esperaba que lo acabara viendo su pequeña descendiente. Pasando por alto que, a veces, los accidentes ocurrían.

Se desabrochó la corbata, se quitó la chaqueta y abrió los puños de la camisa para poder doblarlos hasta por debajo de los codos, mientras subía las escaleras hasta el pasillo donde estaba su habitación, donde estaba la de Hania. Llamó a la puerta. Era la única puerta a la que llamaba en aquella casa, una señal más de que allí la rubia no era como el resto, sino como él.
-Hania, ¿estás despierta? -Esperó contestación antes de entrar y acercarse a ella-. Sólo quería ver que estabas bien. ¿Te divertiste en la fiesta? -Ya sabía que había tenido un encuentro con Assur, pero no iba a comentar nada al respecto si ella no abordaba el tema-. Imagino que estarás agotada y querrás descansar. Hablaremos cuando despiertes. -Se inclinó hacia ella para besar su frente-. Buenas noches.

Y se marchó a su alcoba.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kane Black el Sáb Jul 22, 2017 11:10 pm

Al finalizar la noche, Héctor se marchó por su cuenta hacia su mansión, y Kane tuvo que abandonar antes de tiempo el burdel de lujo, pues uno de sus criados le avisó de lo que había sucedido en el cabaret.

El fuego lo había devorado todo, creando el verdadero infierno en la tierra, y allí estaban los restos de los pensamientos de su hija. Era todo obra suya. Una obra sin igual, perfecta y terrible como su propia cólera. No podía estar más orgulloso de lo temeraria y letal que se había vuelto Kishar, no como el sentimental de Assur que había ido tras la joven angelical de blanca aura. Pero ese poder inmenso y esa falta de escrúpulos, el hecho de que no tuviera nada que perder, la hacía más peligrosa y menos controlable.

Se detuvo delante de la propiedad, arrasada por las enormes llamas, que a modo de rúbrica le recordaban que sus hijos estaban ya más creciditos y desafiaban a su padre. Contempló el fuego purificador, las llamas que extinguían todo a su paso, regresando la ceniza a la ceniza y el polvo al polvo. Pero no él. Él era un demonio, ya no tenía un cuerpo material, podrían matar o consumir aquel envoltorio, y él permanecería. Era lo que sus hijos no acababan de entender, él era realmente inmortal, ellos no. El sol los mataba, el fuego los mataba, la falta de sangre los mataba. Y al parecer, los sentimientos los volvían débiles.

En su macabra mente empezó a trazar un plan. Devolvería a sus hijos al redil, costase lo que costase, y tenía todo el tiempo del mundo. Hizo la lista mental: Hania, Sunshine, Sahale...le faltaban algunos que todavía no conocía, pero serían un buen comienzo. Como decía el sabio San Agustín, para crear hacen falta siglos y gigantes, para destruir, un enano y un segundo.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kishar Black el Miér Jul 26, 2017 6:08 am

Deposité el cuerpo de Sahale sobre la cama de su habitación. Las heridas se irían regenerando pero mientras sucedía le tocaba experimentar el dolor del infierno en la tierra. Un gruñido escapó de su garganta cuando lo recosté sobre el colchón, como bien dije, aún tenía estamina. 

Su mirada cambiaba por momentos, en unos me odiaba y en otros me deseaba con la misma intensidad con la que lo había hecho en su tribu, cuando su mayor anhelo era conquistarme y su mayor interés convertirme en su mujer. Nunca me lo dijo con todas esas letras pero para mi siempre estuvo muy claro, a pesar de que le mantenía a distancia, alejando y acortando el hilo que pendiendo entre los dos se tornaba por momentos asfixiante para mi cada vez que mi interés por él rebasaba los límites en los cuales me mantenía cómoda.

Mi gélida mano tocó su frente, hervía en fiebre y tiritaba. Me levanté para buscar un cuenco con agua y un par de toallas, y mientras lo hacía mi mente voló hacia el demonio de Kane. Una sonrisa se vislumbró en mis labios. A estas alturas ya debería de haberse enterado de lo que le sucedió a su pequeño cabaret infernal y debía saber también que había sido yo quien redujo todo a cenizas. 

Él y yo nos reencontraríamos pronto, su regreso y el mío no eran fortuitos. Él lo sabía como también debía saber que nos veríamos las caras de nuevo para desplazar las fichas opuestas nuevamente sobre el tablero.

Regresé al lado del nativo y con cuidado le saqué la ropa. -Estáte quieto ahora.- No se podía decir que estuviera del todo consciente, abría y cerraba los ojos y sonreía gracias al colocón que le volvía a ocasionar mi sangre. Sin embargo se dejó maniobrar, y me resultó más sencillo pasar las toallas húmedas por su cuerpo. Mi sangre le ayudaría a cerrar las heridas pero el proceso aún tardaría por lo que me concentraba en bajarle esa temperatura.

Pronto comenzó a tiritar de nuevo y ahora sus dientes castañeteaban. -Ahora es cuando viene a servir ese espíritu indoblegable que tienes, usa tu odio hacia mi para sanar.- Me detuve unos segundos antes de tensar la mandíbula. -Basta de juegos nativo, te recuperas porque te recuperas y ya. ¿No quieres matarme?- Mis dedos se detuvieron y alcanzaron mi cuello, en mis ojos se reflejaron ráfagas de un infierno que enrojecía mi mirada. Reanudé mi ocupación durante varias horas hasta finalmente cubrirlo y recostarme a su lado.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Miér Jul 26, 2017 11:28 am

Sentía movimiento, abría y cerraba los ojos viendo sombras marrones danzar frente a ellos, achinaba la mirada, sabia que mis pies se movían como si no se rindieran, pero mi cabeza estaba en otro sitio, sangraba por el costado en abundancia, pero la sangre de esa mujer corriendo por mis venas me llevaba a un punto extraño, uno en el que el dolor y el placer parecían ocupar el mismo punto neuronal de mi celebro.

Sonreía ligeramente, mis ojos se cerraban, se abrían de nuevo la sentir como las gélidas manso de la dama arrasaban con las prendas de mi cuerpo y volvía a sumergirme en una especie de semi inconsciencia.
Mi cuerpo calló sobre un blando lecho, por fin estaba quieto, jadeaba con la respiración errática. Entreabrí los ojos al escucharla hablar, la veía doble, como si su imagen bailara frente a mi turbia mirada.

Decía que iba a recuperarme porque así ella lo ordenaba, hasta en eso era soberbia.
Gruñí, con las fuerzas que me quedaban, gruñí mostrandole ese espíritu al que ella hacia referencia.
Si no fuera por su sangre ya estaría muerto.
Mi cuerpo temblaba, castañeteaban mis dientes y mi frente perlada en sudor era lentamente refrescada por los paños húmedos que la inmortal deslizaba por todo mi cuerpo.

No se las horas que me mantuve en ese duerme vela, ni las que ella pasó tenaz mojando mi cuerpo, solo se que abrí los ojos cuando las primeras luces del ocaso daban paso a la brillante luna que coronaba el cielo.
Ella dormía a mi lado, mis ojos se deslizaron lentos por su cuerpo, así, dormida parecía una diosa, esa que quise poseer cuando aun desconocía lo que realmente era.

Apreté los dientes tratando de ponerme en pie, dolía bastante y ahora que se había pasado el efecto de su sangre, no existía placer solo un punzante dolor por allí por donde su mano se había abierto paso.
Con refuerzo logre incorporarme, era mi oportunidad para huir de allí, sin embargo, la debilidad me pudo y trastabillé cayendo de rodillas al suelo haciendo el ruido suficiente para encontrar los pies de la inmortal frente a mis narices.

Elevé la mirada clavandola en sus pardos, mi respiración errática por el esfuerzo chocó furibunda contra sus labios cuando esta se agachó para enfrentarla con fiereza con una sonrisa pintada en ellos.
-¿Has dormido bien serpiente? -pregunté mordaz -no te imaginaba cuidando a un pobre nativo, creía que a ti te iba mas eso de sajar vida y destruirlo todo a tu paso.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kishar Black el Jue Jul 27, 2017 5:14 pm

Un estrepitoso sonido me despertó. Había caído profundamente dormida y la noche ya se había impuesto nuevamente a mi alrededor. Ni siquiera tardé un segundo en pensar de donde provenía ese ruido, era el nativo siendo indómito como de costumbre y deseando escapar al primer descuido que creía percibir en mi. Lo que él no sabía es que de querer hacerlo así, aún si desaparecía completamente de mi vista, no tardaría en dar nuevamente con su rastro. De hecho, incluso sería hasta entretenido, soltar el hilo y ver hasta donde llegaba cuando este no nos ataba.

Me acuclillé frente a él con una sonrisa. -Gracias por los halagos, es una buena forma de despertar, escuchar enseguida el aprecio que me tienes.- Mi sonrisa se tornó irónica, sabía que ese hombre me odiaba con toda su alma y no esperaba menos de él, las cosas habían quedado bastante implícitas entre ambos sin necesidad de utilizar más palabras.

Tomé su brazo, lo pasé por encima de mi hombro y en un segundo lo dejaba caer de nuevo en su cama. -Se que tienes urgencia por irte pero te comentaré algo, aún no sanan tus heridas, y el efecto de mi sangre ya ha pasado, así que sería contraproducente que anduvieras caminando en esas condiciones.- Era fácil descubrir la frustración en esa mirada al soltar las palabras. -Claro que si tu espíritu se ha cansado ya y deseas reunirte pronto con tus ancestros no tengo problema en que salgas a suicidarte por la puerta.- Me tomé un momento para revisar sus heridas, la fiebre había cedido tal y como lo indicaba ahora la temperatura de su cuerpo, su respiración seguía siendo pesada pero menos que hace unas horas y su corazón comenzaba a bombear con más fuerza, iba recuperando el mismo ímpetu de siempre.

Escuché un par de golpes en la puerta, habían traído el servicio al cuarto que había pedido por anticipado cuando nos registré en el hotel y un camarero bien uniformado traía la cena para mi esclavo. Mis ojos recorrieron despacio al sujeto, y cuando me acercaba a él para darle la propina mis colmillos crecieron y se hincaron en la vena de su cuello. Al cabo de unos minutos ya había terminado mi cena, me relamí después de mirar al hombre a los ojos y ordenarle que olvidara lo sucedido. Cerré la puerta y dejé caer la bandeja a un lado de la cama de Sahale. -Supongo que podrás alimentarte tú solo.-

Me encaminé hacia las puertas del armario, fui sacando su ropa y colocándola en el interior de una maleta, podía sentir su mirada fija en mis movimientos mientras lo hacía. Cuando hube terminado, cerré la maleta y me dirigí a la ventana para mirar hacia el exterior. Permanecí en silencio contemplando los ires y venires de los peatones y distrayéndome con el movimiento de las ramas de los árboles que daban hacia la habitación y que a esas horas cargaban la noche de susurros silenciosos. -Puedes marcharte cuando quieras, te otorgo la libertad.- dije sin mirarlo, inclinándome un poco hacia afuera y permitiendo que la brisa meciera mi oscuro cabello.  

Volteé a mirarlo para toparme con su mirada sorprendida y desconfiada. -Puedes ir adonde tienes tanta urgencia de ir, solo espero que no seas tan estúpido como para hacerlo sin haberte repuesto primero.- Un segundo y estaba inclinada sobre él, con mi aliento sobre su rostro, observando esos ojos desafiantes y oscuros. -Pero ten algo claro, podrás alejarte millas, interponer toda la distancia que quieras entre nosotros y aún seguirás pensando en mi. Aún cuando te aferras a la excusa de que es mi vitae la que te ata a mi no te será posible sacarme de tu pensamiento, ni desearás a otra como a mi, ni la sangre correrá por tus venas con la misma fuerza con la que lo hace cuando me miras, quieras aceptarlo o no.-
 
Puse mi mano en su nuca, tiré de él hacia mi y nuestros labios se encontraron profunda y vorazmente desatando el infierno. -No me olvidarás nunca Sahale.- 


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Jue Jul 27, 2017 7:25 pm

Me alzó del suelo dejándome caer sobre el lecho, mi desafiante mirada rugía contra sus pardos.
Ella sin embargo se limitaba a sonreír susurrando contra mis labios lo necio que era si pensaba escapar en ese estado.
Enarqué la ceja, ahora al parecer se preocupaba por mi estado.
-Me siento conmovido, después de ver como despedazabas a mujeres, niños y hacías arder mi aldea, tu preocupación por mi persona me resulta abrumadora -apunté con ironía.

Me ignoraba, ahora revisaba mis heridas como se hace con un caballo que te sirve como montura, mis ojos seguían sus movimientos, la había deseado desde el mismo instante en el que la vi, pero ahora la odiaba del mismo modo.
-¿esta sano tu esclavo? -pregunté hundiendo mis pardos en los suyos

La puerta fue golpeada desde el exterior, al parecer la diosa había pedido algo para cenar, claro que el pobre desgraciado que había traído la bandeja de la cena no sabia que él entraba en el menú de hoy.
Ante mi atenta mirada vi como devoraba al pobre muchacho que se dejaba hacer como embobado.
Una vez aflojó le abrazo, le borró la memoria para que el pobre diablo se largara de allí complacido por la propina que la Black había depositado en su mano.
-¿todo lo tomas así? -pregunté cuando me tiró la bandeja a la cama asegurándome que me lo comiera yo mismo.

Hice a un lado la bandeja con desprecio, a fin de cuentas era la excusa para alimentarse ella y me la había tirado como un perro.
Observé como llenaba una maleta de la ropa que había en el armario, al parecer nos íbamos de París.
Mi sorpresa vino cuando la cerró y mirándome fijamente me regaló la libertad.
¿donde estaba el truco? La miré fijamente esperando su mordaz comentario, sin embargo este no llegó, solo la confirmación de sus propias palabras era libre.

Iba a ponerme en pie apretando los dientes cuando la vi orillarse a mi cuerpo, sus labios golpeaban con su gélido aliento los míos, estos se entreabrieron de inmediato, esa mujer me hechizaba con tan poco que la rabia me invadía por desear mas que nada ceder a mis impulsos.
Sus palabras eran ciertas aunque no iba a reconocerlo.
Un gruñido gutural escapo de mis labios, choqué con brusquedad contra su boca, mi lengua se abrió paso entre sus labios con rudeza mientras mis manso desesperadas hacían lo que durante tanto tiempo había deseado, colarse por debajo de su corsé ascendiendo por su pie entre roncos jadeos que la boca de la diosa acallaba entre mordiscos.






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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Kishar Black el Vie Ago 18, 2017 5:42 am

Esa noche pude haberme acostado con Sahale, mis manos posesivas alrededor de su cuello lo pegaron más a mi, mis manos frías como el hielo se calentaron sobre su oscura piel, podía sentir sus manos debajo de mi corsé, profundizando las caricias que a pesar de nuestro odio ambos deseábamos. ¿Pero era odio lo que sentía por él?

El deseo supuraba de nuestros cuerpos, me sentía hambrienta mientras nuestras lenguas voraces peleaban con avaricia, podía sentir la evidencia de su deseo palpable presionando con su calor mi bajo vientre. Le succioné los labios, los lamí, los mordí y los reclamé para mi como justa dueña suya que era, porque aunque le hubiera dado la libertad el nativo seguía siendo mio, fuera consciente él de ello o no.

Claramente no era odio lo que me impulsaba hacia él, aunque él no tuviera ni la menor idea, y si lo había traído desde América conmigo no era porque necesitase tener ganado disponible, que bien me podía procurar el mismo cuando quisiera, como bien lo acababa de hacer hace un momento.

Tampoco el nativo comprendía por qué lo había llevado del collar al cabaret de Kane, una Black no hubiera podido mostrarse como menos, ni tampoco hubiera podido demostrar ningún tipo de susceptibilidad. Así que separé mi boca de la suya, aunque mi mirada enrojecida revelase más que las palabras y gobernase sobre los silencios, mientras mis dedos delineaban el contorno de sus labios.

-No es una buena idea, te romperás de nuevo lo que ya sana, tendré que continuar cuidándote y terminarás quedándote más tiempo del que quieres.-
Evité mirarlo a los ojos mientras mis labios aún rozaban los suyos, esa mirada cargada de humanidad suya, prefería evitarla a toda costa.

-Aunque no lo creas, recuerdo perfectamente la primera vez que te vi en la aldea, la electricidad palpable que surgió entre ambos en tan solo unos segundos.-
No había podido apartar la mirada del nativo, y esa sería precisamente la maldición que acarrearía haberle conocido, y la propulsora de cada uno de los actos que procuró que me odiase. 

Me separé de él, sentía su respiración aún forzosa, aún no se recuperaba del todo. Alcé la bandeja que había dejado caer para pasársela y la dejé sobre su regazo. -Será mejor que cenes, necesitas recuperarte, independientemente de que creas que solo juego o que pueda haber un atisbo de interés de mi parte con respecto a lo que te suceda.-

Mi expresión se tornó seria, puede que quisiera sus manos sobre mi cuerpo, puede que de una forma extraña mirarle a los ojos removiera algo que no podía aceptar, y eso era precisamente lo que debía mantener a raya. -Puedes quedarte o no, es decisión tuya, no le daré el gusto a él tampoco.- dije de forma sombría pensando en Kane y sus palabras sobre los hijos desagradecidos, en como en mi renacer echó a andar la rueda que movería a la hija de los milenios, aunque ahora algo me orillase a abandonar mis viejas costumbres. -Cuando aceptes finalmente que tu deseo de mi supera a la vehemencia de tu odio te estaré esperando.- 

Antes de abandonar la cama mis labios aún colisionaron con los suyos para reclamarlo otra vez, besándolo de forma profunda, dejando mi huella en él, una que no se borraría aún si él se empeñara en lograrlo. La noche continuaría, por la mañana sus heridas habrían sanado del todo y él tomaría su decisión. Después de eso… nos veríamos de nuevo, de eso no tenía la menor duda.


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Re: The Black Council. {Privado}

Mensaje por Sahale Dasan el Vie Ago 18, 2017 1:43 pm

Esta vez hacíamos la guerra de un modo distinto, sus labios y los míos eran lava de volcanes encendidos, rugíamos como lo haría la misma tierra, ella demostrándome que era mi dueña, yo reclamando la libertad que mi pueblo siempre ostento.
Podía reconocer que desde el mismo instante en el que la vi entre ella y yo surgió algo difícil de explicar, por eso la busque, la instigué a que se perdiera sobre mis mantas y su negativa lejos de amedrentarme incremento el deseo que por ella sentía.
Luego sus ojos rojos impartieron el caos entre los miso, solo yo quedé en pie, su prisionero, me arrebató a mi pueblo, a mi familia y la libertad y por eso mi odio por ella no conocía parangón.

Sus dedos delinearon mis labios entreabiertos mientras nos contemplábamos, rojos contra pardos, un duelo titánico.
“No es una buena idea, te romperás de nuevo lo que ya sana, tendré que continuar cuidándote y terminarás quedándote más tiempo del que quieres. “
Desvió su mirada como si mostrar preocupación fuera en contra de su propia raza. Sus labios aun sobre los míos.
-¿y acaso te importa? ¿cuantas vidas has arrebatado? ¿por que la mía debería importarte? Me has dejado claro que eres un orgulloso demonio ¿voy a ser tu debilidad? -dije sarcástico acariciando sus labios con los míos.

“Aunque no lo creas, recuerdo perfectamente la primera vez que te vi en la aldea, la electricidad palpable que surgió entre ambos en tan solo unos segundos”
-También yo la recuerdo, fue el día que me condenaste, hubiera dado todo por que te convirtieran en mía, que te adaptaras a nuestra vida, te deseaba y eso era algo que tu sabias.
Quizás por eso me mantuvo con vida porque creyó que lo que por ella sentía me haría con el tiempo olvidar la afrenta que había cometido.

Me acercó la bandeja para que cenara instigandome a hacerlo para recuperar fuerzas. No sabia que truco estaba empleando en este momento conmigo, pero conociéndola de seguro algo pretendía aunque sus palabras aseguraran lo contrario.
Tome la bandeja y empecé a comer, si me quería largar de allí necesitaría recuperarme, coger fuerzas, claro que acaba de encontrar una meta.
Ella era una victima como yo mismo, en la fiesta descubrí el verdadero demonio, el que la convirtió en lo que era, sus siguientes palabras me lo confirmaron.
“no le daré el gusto a él tampoco. “
Los dos hermanos que conocí estaban forjados por el mismo hombre, ese que los había convertido en monstruos insensibles sin ápice de humanidad en ellos, lo mataría, esa seria mi venganza.

“Cuando aceptes finalmente que tu deseo de mi supera a la vehemencia de tu odio te estaré esperando.”
Esa fue su despedida cuando sus labios colisionaron con los míos de nuevo enredándose en un nuevo duelo plagado de deseo.
Ella no se quedó, yo no se lo pedí y cuando volviera a la noche siguiente yo ya no estaría allí, mi destino me llevaría a los Black, pero no a cualquiera de ellos.



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