Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La llave (privado)

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La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Sáb Jul 01, 2017 4:12 am

El ron corría por mi garganta como el gua, los vocifeos de otros marineros tan desdichados como yo en aquella taberna cercana al puerto mostraban la desazón de lo que un día fuimos.
Anécdotas de un pasado cercano en mi caso, de lejanas historias y leyendas en el de otros muchos.
Los mas jóvenes reíamos sin dejar de empinar el codo de la historia inverosímil que contaba un viejo pirata que ya penas se mantenía en pie.
Sus ropas inducían casi a la mendicidad, desgraciado hasta decir basta, enredaba las palabras hablando de una doncella bella como las mismas sirenas, una diosa del Olimpo caída a la tierra para su desdicha y nuestro beneficio.
Muchos la habían buscado, nadie la había encontrado, ella era la llave para abrir un secreto lugar marcado con una “x” en ese mohoso mapa que sacudía entre sus quebrados dedos, reflejo de una vida en la mar, trabajando con cavos, timones. El esfuerzo pintado en cada gesto, una vida dura, como la de todo aquel que se convertía en hijo de la mar, pero también libre, nada había mas bello que surcar las olas sobre tu propio navío, nada te hacia mas dueño de tu destino que eso.

Había perdido mi barco, mi único amor, ahora ni el alcohol aplacaba mi dolor.
Borracho, seguí escuchando aquella inverosímil historia que al menos entretenía a nuestras mentes perturbadas.
El premio ademas de oro e innumerables joyas se coronaba con una barco negro, rápido como un espectro. Una embarcación invencible digna del mas fiero de los piratas y por la que muchos hombres emitieron grandes carcajadas.

Pronto la gente se dispersó, el viejo había contado su fantasía, solo, seguía vociferando completamente ebrio que él y solo él había dado con esa joven, la llave, que la tenia presa y que no compartiría el tesoro con ninguno de esos ingratos que lo llamaban loco.
Sinceramente ni una palabra de ese hombre creí, pero al escuchar que tenia la llave, intuí que ese tipo había capturado a una pobre chica inocente llevando a cabo la locura que el mismo se creía.

No me costó mucho fingir que lo creía, mi intención, salvar a esa pobre chica y tras varias copas mas accedió a llevarme hasta ella, nos repartiríamos el botín y del mismo modo el barco seria para que los dos surcáramos las gélidas aguas marinas, eso si, él seria el capitán, algo que no le discutí.
Me llevo hasta un almacén viejo en el puerto, reía alegando que había sido el mas listo, que había perseguido los rumores de esa chica hasta este lugar y que ahora con ella en su poder nada podía alejarlo de la gloria que un día ostento al surcar el mar.

Cuando la puerta se abrió, una chica amordazada a una silla, en penumbra y con la boca cerrada por un pañuelo anudado a su nuca sollozaba presa de la desdicha.
Nos acercamos a ella, seguí fingiendo estar de acuerdo con todo, pero a la primera que el tipo se despistó le asesté un golpe con un remo en la nuca dejándolo inconsciente caer a peso contra el suelo.
Bajé el pañuelo de sus labios, quedando colgando en su cuello, nuestras miradas chocaron como las embravecidas olas. Bellos sus intensos mares, invitaban a surcar por ellos.
-No te preocupes, voy a sacarte de aquí -aseguré aflojando las cuerdas de sus muñecas y pies hasta que quedó libre de toda atadura.
Tome en ese momento el mapa, parecía verdadero, llevaba a aguas inhóspitas, unas que jamas yo había surcado, tras este indicaciones y un dibujo, trazado y grabado en oro, sin duda esa imagen era el vivo retrato de aquella belleza que tenia delante.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Dom Jul 02, 2017 3:36 am

Caminaba cerca del puerto, uno de los lugares que más me gustaba. Traía consigo el olor a sal y podía terminar sentada cerca de una embarcación, acompañada de algún marinero de fuertes músculos que prendado de mi se desviviría en llenarme de atenciones. Me adentraría en su mirada, le batiría las pestañas y le sugeriría lanzarse a la mar por mi, para así bucear en la búsqueda de una ostra que contuviese una perla para el collar que estaba confeccionando. Ya llevaba medio collar listo en apenas cinco días, estaba segura de que a este paso lo terminaría pronto y lo luciría en mi cuello. Lo único malo sería que inevitablemente deslumbraría a los hombres al entrelazarse su brillo con el mio y las mujeres morirían de envidia. Pero, oh bueno, no me importaba lo que pensaran las mujeres, nunca me había importado.

Llevaba apenas unos cuantos pasos a lo largo del muelle cuando me percaté de que alguien me seguía. Estaba tan habituada a eso que en un principio no le presté atención, me distraía saludando con la mano a los dueños de los puestos de ventas y algunos de ellos tuvieron la gentileza de regalarme el almuerzo por lo que me senté entre un grupo de apuestos hombres a comer de lo más entretenida, entre risas y escuchando las anécdotas de los mismos, en las cuales se debatían por otorgarse el mérito de ser el marinero más temerario de todos. Me divertía escucharlos porque habiendo conocido innumerables piratas y corsarios, estaba segura de que muchos de los hombres que frente a mi tenía preferirían hundir su barco antes de enfrentarse a un kraken, pero bueno, no todos podían ser valientes. Tampoco podía encontrar siempre el estuche completo, y cuando eran atractivos podían resultar entretenidos.

Terminada la comida, despidiéndome de ellos, y pasando un poco por alto su decepción al verme proseguir mi camino, los pasos regresaron. Volteé pensando que alguno de ellos habría decidido acompañarme, pero en su lugar me encontré con un hombre de cabello blanco que me sonreía y me miraba como si hubiera encontrado un botín. Lo miré intrigada, no es que por su edad creyera que no podía cultivar interés por mi, pero había un brillo en sus ojos que le hacía parecer algo desquiciado. Apenas le dirigí un saludo cuando me tomó del brazo y tapó mi nariz con un pañuelo que al ser presionado contra mis fosas nasales me hizo perder el conocimiento.

No sé cuanto tiempo habría transcurrido cuando desperté y me encontré atada de pies y manos y amordazada en un cuartucho viejo adonde vi cajas apiñadas encima de otras. La angustia me invadió e intenté infructuosamente de liberarme. Esto era el colmo. Grité y gemí y me retorcí pero la verdad era que las cuerdas me lastimaban las muñecas y tobillos. Estuve así por horas, hasta que el anciano regresó con otro tipo, un rubio que al parecer era su cómplice. Me detuve en mi forcejeo y escuché un golpe seco detrás de mi cabeza que me hizo saltar.

El rubio se acercó y me quitó la mordaza. Humedecí mis labios con mi lengua y tragué fuerte. Francamente ese pañuelo me lastimaba. Mi mirada encontró la de él y por un instante fue todo lo que vi. Respiraba con violencia muerta de la indignación al observar esos ojos, eran hermosos para ser los de un mortal pero de allí a que se atreviera a conspirar para secuestrarme, era  algo que no le podía perdonar.

En cuanto me vi libre de pies y manos me puse de pie de un salto. -¿Cómo te atreves?- Empujé unas cajas que se encontraban cerca para que le cayeran encima y comencé a agarrar cuanto cacharro viejo encontré a mi alrededor, lanzándolos contra él. Uno detrás del otro volaban por el aire dirigidos a su cabeza y a su cuerpo. -¿Qué no sabes quién soy?- 

Miré para todos lados y cuando vi el mapa en su mano se lo arrebaté, le eché un rápido vistazo al antiguo papel y con este en mi mano giré sobre mis pies para salir corriendo del lugar. 


Última edición por Crysanthe Katsaros el Jue Jul 13, 2017 12:47 am, editado 2 veces



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Dom Jul 02, 2017 11:22 am

Esa mujer desprendía altivez, me pareció increíble el modo que tenia de pagarme su rescaté, me lanzó todo lo que encontró en su camino, algo que me hizo fruncir el ceño, mas lo hice al escuchar su siguiente pregunta ¿que si sabia quien era?
-Por mi como si eres la misma diosa Afrodita, en lo que a mi respecta, eres una niña malcriada, de nada -apunté con sorna en la voz.

Miraba el viejo mapa, sinceramente su imagen era clonica a la del dorso, aquel papel no parecía una burda falsificación si no un escrito datado en épocas muy antiguas ¿una leyenda? Quizás, pero..acaso el mar no estaba plagada de ellas.

Fue entonces, cuando sentí que tiraban del mapa, la joven emprendía una carrera con el entre sus dedos pretendiendo escapar por la puerta. No lo pensé corrí tras ella acortando la distancia que separaba nuestros cuerpos, hasta que la alcancé de un brazo deteniéndola de inmediato, la volteé enfrentando su inquisitiva mirada azulada, era una mujer muy bella capaz de embelesar a cualquiera y admito que por un segundo ese aura que desprendía casi hipnótica hizo que aflojara el agarre entreabriendo los labios de puro deseo.

Sacudí la cabeza, era un marinero, conocía el poder de las sirenas y no descartaba encontrarme ante una de ellas.
-Guarda tus cantos para otros marineros -rugí llevando mi mano al mapa y arrebatandoselo.
Le mostré el dibujo trazado en tinta dorada, sin duda era ella o algún antepasado de la dama.
-¿eres tu? -pregunté -¿que sabes de este mapa y el tesoro que encierra tras la x que marca.

Si había tratado de arrebatármelo es porque no era desconocedora de la leyenda, si no, solo hubiera tratado de huir de mi pensando que era le socio del viejo, algo que creo era ilógico pues la habia salvado y desatado.
Algo escondía esa mujer y pensaba averiguar que era.
Por no decir que mi navío había sido hundido ¿que es un capitán sin timón que dirigir?

La sacudí por los brazos para que dejara de revolverse, quería respuestas, no estaba dispuesto a que una mujer a la que había salvado me robara.
-Habla mujer -le insistí hundiendo mis pardos en sus azules.
Mares calmos eran sus ojos, deseo lo que sentía mi cuerpo, solo pensaba al mirarla fijamente en surcar cada palmo de piel, poseerla de un modo irracional.
Magia, tenia que ser magia ¿que si no?
-Eres una hechicera ¿verdad? -pregunté ladeando la sonrisa -has tenido mala serte pequeñas, has dado no solo con un marinero, si no con cazador.

Tomé del muelle una soga con la que improvisé unas esposas, de nuevo quedaba presa. Era una sobrenatural y yo cazaba de eso, hasta que descubriera si era o no peligrosa para los humanos no podía dejarla ir, por no olvidar que el misterio del mapa pensaba revelarlo con o sin su ayuda.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Jue Jul 13, 2017 1:22 am

Fruncí el ceño cuando dijo que para él como si fuera la misma diosa Afrodita. –¿Sabes quien soy o no sabes quien soy? ¿Estás tratando de hacerte el listo?- Ni esperé su respuesta, ojos hermosos o no, no dejaba de ser un burdo truhan que en complicidad con el otro me había secuestrado. Que hubiera cambiado de opinión y hubiera decidido deshacerse del viejo para quedarse él solo con el tesoro del mapa no cambiaba nada.

Corrí para salir de la bodega pero me dio alcance y me agarró por el brazo. Me retorcí debajo de su agarre hasta que comencé a sentir que lo aflojaba a la vez que me miraba como si fuera la primera vez en la vida que veía a una mujer. Supongo que en cierta forma si era su primera vez, no todos los días cualquier mortal lograba verme. Me quedé quieta unos segundos en lo que cayó rendido bajo mi influjo, y bajé mis pestañas para observarlo. Vale, puede que estuviera un poquitín mono, le hacía falta broncearse y desarrollar más pectorales para ser honesta pero cuando miraba sus rasgados ojos encontraba cierta seducción en ellos que me distraía de todo lo demás.

-Para ser secuestrador no eres nada brillante.- Me sentí indignada cuando habló como si yo fuera una vulgar sirena. ¿Una sirena!? ¿Lo decía en serio? ¿Me veía la cola por algún lado? Fruncí la nariz al ser insultada e hice caso omiso de su pregunta con respecto a mi identidad, el tesoro y la x. -¡Suéltame de una vez!- tiré de mi brazo y comencé a retorcerme de nuevo. El hombre no se decidía, pasaba de ser Afrodita, a ser un pez y luego me achacaba que su atracción por mí se debía a hechicería. Rodé los ojos, ya había escuchado eso muchas veces antes.

-¿Qué pasa rubio? ¿Tanto miedo te provoca el deseo que sientes por mí que tienes que achacarlo a un hechizo?- 
Me fui acercando a él sin sentirme intimidada. Era un pequeño cachorro, ladraba mucho, pero se le agitaba la respiración cada vez que se perdía en mi mirada y lo sentía esforzarse para contenerse cada vez que percibía mi cercanía. -¿Muerdes?- Alcé una ceja con curiosidad, no pensaba responderle ni una sola de sus preguntas.

-¿Qué estás haciendo?- 
Volví a intentar huir cuando vi que agarraba una soga. Estaba loco, lo pateé con fuerza una y otra vez resistiéndome. No, yo no iba a ningún lado con él. Mis emociones las prefería de otras formas, no iba a acompañarle en ese desquiciado proyecto en el cual era yo precisamente la que debería arriesgarse al ser la única posibilidad para conseguir aquel barco legendario. De ninguna manera.

-¡Suéltame! ¡Déjame ir!- 
Mordí con fuerza la mano que me ataba, yo si mordía cuando me provocaban. Giré al oírlo gruñir por la sorpresa y con las manos atadas le lancé encima otra columna de cajas. Corrí y salí por la puerta aprovechando que perdía el equilibrio sin voltear a ver si me seguía o no.  

-¡Padre! ¡Al menos en estos momentos podrías echarme una mano!- 
Apelé a él mientras corría y justo entonces divisé a un grupo de pescadores hacia los cuales me acerqué en un santiamén. -Necesito ayuda, ¡me secuestran!- Les enseñé la soga que llevaba en mis muñecas y me escondí detrás del más fornido de todos, asomando apenas la cabeza desde detrás de él. Al parecer… estaba a salvo.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Jue Jul 13, 2017 7:51 am

Me mordió la mano mientras la ataba, ella gruñía mientras yo tiraba de ella apretando las sogas a su muñeca mientras enarcaba una ceja y apretaba bien las cuerdas con un nudo marinero.
-Estate quieta bruja -gruñí tirando de las cuerdas para que me siguiera.
Fue entonces cuando me lanzó las cajas encima de mi, apoyándose en la columna, descuido que aprovechó para salir corriendo de aquel almacén pidiendo auxilio.

Me levante rápido, rugiendo mientras apartaba las cajas de encima y de dos zancadas me planté a la carrera tras la hechicera.
Por suerte para ella un grupo de marineros que preparaban su barco para ir a pescar a alta mar y no dudaron en interponerse en mi camino protegiendo a la bella sirena que los sedujo con su canto.
-Haceros a un lado y nada os pasará -rugí llevando mi mano a la espalda para desenvainar de ser necesario.

Los hombres animados por su numero, no así por la inteligencia que seguro les gritaba que no se metieran en líos por algo que no les venia a cuento, no dudaron en mostrarse violentos, altivos y como no, dos de ellos se lanzaron para aplacarme y salvar a la damisela en apuros.
Esquivé al primero agachando mi tronco, su puño paso por encima y en ese momento viré golpeando con el mango de la espada su espalda lanzandolo así al suelo.

El otro hombre envió un puñetazo directo a mi cara, aferré su mano con la mía y la volteé haciéndolo caer, una patada en su estomago lo hizo retorcerse mientras tosía encogido.
Clavé mis ojos en los de ella, esta parecía empujar a los otros dos para que me detuvieran, me di cuenta de que usaba a todos a voluntad.
Era peligroso y empezaba a pensar que ese loco del viejo no estaba tan loco como aparentó en un principio. Esa mujer distaba mucho de ser una pobre dama indefensa y si gracias a ella podía conseguir un navío iba a intentarlo.
Los míos necesitábamos un barco para escapar de Nessanie y Cronos. Estábamos vendidos en París ahora mismo, pero si conseguía ese rápido navío, no podrían seguirnos por mucho que la magia soplara de parte de esa maldita hechicera.

Los otros dos marineros no dudaron en atacar azuzados por la bella mujer, peor el destino que recibieron fue un par de puñetazos y uno de ellos cayó a la mar de una patada en su culo.
Tenia claro lo que pensaba hacer, esa mujer era capaz de volver loco a cualquiera, así que tiré de ella haciéndola subir por la rampa de ese barco pesquero.
La até al mástil mientras esta gruñía, bufaba y gritaba a los marineros que estaban mas preocupados sacando al otro del mar que la ayudaran.

Mi espada mordió el cabo que ataba el pesquero a puerto y elevé el ancla antes de emprender viaje hacia las profundas aguas. No era un barco de guerra, pero tendría que arreglármelas con eso.
Con las manos en el timón hundí mis pardos en sus océanos ladeando la sonrisa.
-Voy a buscar ese barco, puedes ayudarme y conseguir tu libertad o hacer de este viaje uno al tártaro y complicarnos la existencia mutua, pero no seras libre sirenita hasta que ese navío me pertenezca, no es un capricho, lo necesito para ayudar a los míos.

El viento mecía su pelo, la imagen de esa belleza atada al palo era demencial, bien podría hacer chocar contra las rocas a cualquier capitán.
-Pórtate bien y te soltare pescadito ¿que me dices?




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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Jue Jul 20, 2017 10:29 pm

Muy pronto los pescadores comenzaron a admirarme, invitaciones y propuestas llovieron mientras mi rostro apenas se asomaba desde detrás del grandote. Me escondí detrás de él con celeridad en cuanto vi al secuestrador de regreso. Ese hombre estaba fuera de sus cabales, ni corto ni perezoso corrió hacia el grupo dispuesto a presentarles guerra a pesar de que le superaban en número.

Boquiabierta vi como comenzaba a hacerles frente a los hombres que de inmediato reconociendo a una víctima desfavorecida se pusieron de mi lado. Pero no por comer pescado se es más ágil o más inteligente, el rubio cachorro se las ingeniaba bien para evadirlos y contrarrestar los ataques. Al verlo en acción bajo el sol sus movimientos se ralentizaron frente a mis ojos, los cuales se deslizaron por su agitado torso absorbiendo cada detalle mientras él se movía al ritmo de su pelea con los pescadoresUna sonrisa ladeada se presentó en mis labios, había algo sexy en verlo enfrentarse a todos con tal de conseguirme.

Ah no, no, no. Desperté de mi ensueño cuando retó a mi tapadera, habiéndose movido el grandote de lugar me quedaba sin escudo de protección y para peores su bota lanzó al último que me protegía a las aguas. Hinché las mejillas cuando se acercó a mi antes de que tuviera chance de escapar y mis gruñidos, mis puños y mis patadas no se hicieron esperar cuando me agarró para subirme por la rampa. -¡Déjame ir! ¡Suéltame! ¡Vendrán por mi! ¡No te será tan fácil salirte con la tuya!-

Pronto fui atada al mástil a pesar de mis protestas por lo que le lancé una mirada furibunda al notar como soltaba el cabo y levaba el ancla. -¡No me gusta el agua! ¿Quién te crees que eres?- Me retorcí procurando liberarme. Varios pescadores se tiraron al mar para nadar tras la embarcación dispuestos a socorrerme pero para mi desmayo esta se alejaba ágilmente del puerto.

El rubio me miraba burlón con sus manos en el timón y yo agité la cabeza, resoplando con indignación. -No tienes idea de en que lío te has metido.- Mi expresión tornó preocupada al desviar la mirada de él hacia el mar y comprender que estaba tan loco que no iba parar en la búsqueda del barco mitológico. No sabía en que peligro nos estaba metiendo, y lo peor de todo es que Zeus me castigaba, a mi, a su favorita. -Lo mejor sería que dieras la vuelta al timón pequeño aprendiz de capitán, no le creerás al viejo que te metió en esto, para ser un pescador te ves mucho más inteligente.-

Mi mirada regresó a él y lo recorrió despacio con mi pelo castaño alborotado cayendo sobre los hombros y mis mejillas sonrojadas por la carrera. -Suéltame cachorro, no soy una sirena, aunque se entiende que el deseo de mi te corroa las entrañas a tal punto que tu mente no pueda encontrar otra explicación.-

Apoyé mi cabeza en el mástil y lo miré con aire compungido. -Me duelen las muñecas, las cuerdas me dejaran marcas y no estoy acostumbrada a esta clase de trajín.– ¿Qué perdía con apiadarse? Ya me tenía en el barco, además mi blanca tez corría peligro bajo tanto sol. -Si me ibas a amarrar podrías haber escogido un lugar más creativo, podríamos estar más a gusto. No tienes la apostura incomparable de Apolo pero estás un poquitín mono, podrías cortejarme de mejores maneras.-



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón Ayer a las 8:45 am

Enarqué una ceja cuando la dama y su desfachatez hablaba de si no tenia el porte de Apolo mientras se quejaba de lo mucho que le incomodaban las cadenas.
-¿mono? -me eche a reír clavando mis pardos en esos dos faros que lucían con mayor resplandor que las mismísimas estrellas - ¿tratas de ligar con este...?- sonreí de medio lado -¡a si! Aprendiz de capitán.

Con paso firme me acerqué a ella para aflojar las cadenas, mis mirada desfilo hambrienta por su cuerpo, conocía a las sirenas y esas palabras que utilizaban para enredar a los marineros y aunque admito esa mujer era mas que capaz de volviera loco a cualquiera y hacerlo saltar del barco si se lo proponía, yo no era ese cualquiera.
-No queremos que vuestras preciosas muñecas se vean lastimadas oh mi gran diosa -apunté esgrimiendo una afilada sonrisa que acompañaba a la reverencia que le dediqué.

Regresé al timón, giraba el mapa entre mis dedos tratando de encontrar un punto que me sirviera como referencia para trazar así el rumbo.
Tenia que bajar al camarote para con cartabon y escuadra delimitar con mayor precisión cada punto que nos guiaría en esta aventura que no mas comenzaba.
-¿ por que no haces algo de provecho y me traes una botella de ron? -pedí con cierta perspicacia mientras me miraba con cara de mala leche.

Estaba seguro de que ella estaba acostumbrada a que todos la adoraran, pero yo no era de esos que creían en el amor, prefería perderme entre unas piernas en cada puerto, a fin de cunetas la mar era mi única razón y la caza de sobrenaturales no me dejaba tiempo para centrarme en mucho mas...

La veía dar tumbos por cubierta, parecía presa de algún mal, como si no entendiera como era posible que la hubiera atrapado y que ahora fuéramos rumbo de la búsqueda de un tesoro, no pude evitar ladear la sonrisa viéndola mascullar entre dietes.
-El ron -atajé recordandole mi petición -tu aprendiz de capitán necesita algo que llevarse al gaznate.

Sus ojos me atravesaron, creo que de ser espadas me hubiera dejado a timón clavado.
-Vamos, no me mires así, estoy seguro de que eres muy capaz de encontrar una de esas botellas en las bodegas, por el camino puedes tratar de convencer a las ratitas de que eres una sirena capaz de volverlas locas y que te sigan al fin del mundo.
No se..creo que había un cuento, el flautista de Hamelin o algo así...



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