Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La llave (privado)

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La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Sáb Jul 01, 2017 11:12 am

El ron corría por mi garganta como el gua, los vocifeos de otros marineros tan desdichados como yo en aquella taberna cercana al puerto mostraban la desazón de lo que un día fuimos.
Anécdotas de un pasado cercano en mi caso, de lejanas historias y leyendas en el de otros muchos.
Los mas jóvenes reíamos sin dejar de empinar el codo de la historia inverosímil que contaba un viejo pirata que ya penas se mantenía en pie.
Sus ropas inducían casi a la mendicidad, desgraciado hasta decir basta, enredaba las palabras hablando de una doncella bella como las mismas sirenas, una diosa del Olimpo caída a la tierra para su desdicha y nuestro beneficio.
Muchos la habían buscado, nadie la había encontrado, ella era la llave para abrir un secreto lugar marcado con una “x” en ese mohoso mapa que sacudía entre sus quebrados dedos, reflejo de una vida en la mar, trabajando con cavos, timones. El esfuerzo pintado en cada gesto, una vida dura, como la de todo aquel que se convertía en hijo de la mar, pero también libre, nada había mas bello que surcar las olas sobre tu propio navío, nada te hacia mas dueño de tu destino que eso.

Había perdido mi barco, mi único amor, ahora ni el alcohol aplacaba mi dolor.
Borracho, seguí escuchando aquella inverosímil historia que al menos entretenía a nuestras mentes perturbadas.
El premio ademas de oro e innumerables joyas se coronaba con una barco negro, rápido como un espectro. Una embarcación invencible digna del mas fiero de los piratas y por la que muchos hombres emitieron grandes carcajadas.

Pronto la gente se dispersó, el viejo había contado su fantasía, solo, seguía vociferando completamente ebrio que él y solo él había dado con esa joven, la llave, que la tenia presa y que no compartiría el tesoro con ninguno de esos ingratos que lo llamaban loco.
Sinceramente ni una palabra de ese hombre creí, pero al escuchar que tenia la llave, intuí que ese tipo había capturado a una pobre chica inocente llevando a cabo la locura que el mismo se creía.

No me costó mucho fingir que lo creía, mi intención, salvar a esa pobre chica y tras varias copas mas accedió a llevarme hasta ella, nos repartiríamos el botín y del mismo modo el barco seria para que los dos surcáramos las gélidas aguas marinas, eso si, él seria el capitán, algo que no le discutí.
Me llevo hasta un almacén viejo en el puerto, reía alegando que había sido el mas listo, que había perseguido los rumores de esa chica hasta este lugar y que ahora con ella en su poder nada podía alejarlo de la gloria que un día ostento al surcar el mar.

Cuando la puerta se abrió, una chica amordazada a una silla, en penumbra y con la boca cerrada por un pañuelo anudado a su nuca sollozaba presa de la desdicha.
Nos acercamos a ella, seguí fingiendo estar de acuerdo con todo, pero a la primera que el tipo se despistó le asesté un golpe con un remo en la nuca dejándolo inconsciente caer a peso contra el suelo.
Bajé el pañuelo de sus labios, quedando colgando en su cuello, nuestras miradas chocaron como las embravecidas olas. Bellos sus intensos mares, invitaban a surcar por ellos.
-No te preocupes, voy a sacarte de aquí -aseguré aflojando las cuerdas de sus muñecas y pies hasta que quedó libre de toda atadura.
Tome en ese momento el mapa, parecía verdadero, llevaba a aguas inhóspitas, unas que jamas yo había surcado, tras este indicaciones y un dibujo, trazado y grabado en oro, sin duda esa imagen era el vivo retrato de aquella belleza que tenia delante.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Dom Jul 02, 2017 10:36 am

Caminaba cerca del puerto, uno de los lugares que más me gustaba. Traía consigo el olor a sal y podía terminar sentada cerca de una embarcación, acompañada de algún marinero de fuertes músculos que prendado de mi se desviviría en llenarme de atenciones. Me adentraría en su mirada, le batiría las pestañas y le sugeriría lanzarse a la mar por mi, para así bucear en la búsqueda de una ostra que contuviese una perla para el collar que estaba confeccionando. Ya llevaba medio collar listo en apenas cinco días, estaba segura de que a este paso lo terminaría pronto y lo luciría en mi cuello. Lo único malo sería que inevitablemente deslumbraría a los hombres al entrelazarse su brillo con el mio y las mujeres morirían de envidia. Pero, oh bueno, no me importaba lo que pensaran las mujeres, nunca me había importado.

Llevaba apenas unos cuantos pasos a lo largo del muelle cuando me percaté de que alguien me seguía. Estaba tan habituada a eso que en un principio no le presté atención, me distraía saludando con la mano a los dueños de los puestos de ventas y algunos de ellos tuvieron la gentileza de regalarme el almuerzo por lo que me senté entre un grupo de apuestos hombres a comer de lo más entretenida, entre risas y escuchando las anécdotas de los mismos, en las cuales se debatían por otorgarse el mérito de ser el marinero más temerario de todos. Me divertía escucharlos porque habiendo conocido innumerables piratas y corsarios, estaba segura de que muchos de los hombres que frente a mi tenía preferirían hundir su barco antes de enfrentarse a un kraken, pero bueno, no todos podían ser valientes. Tampoco podía encontrar siempre el estuche completo, y cuando eran atractivos podían resultar entretenidos.

Terminada la comida, despidiéndome de ellos, y pasando un poco por alto su decepción al verme proseguir mi camino, los pasos regresaron. Volteé pensando que alguno de ellos habría decidido acompañarme, pero en su lugar me encontré con un hombre de cabello blanco que me sonreía y me miraba como si hubiera encontrado un botín. Lo miré intrigada, no es que por su edad creyera que no podía cultivar interés por mi, pero había un brillo en sus ojos que le hacía parecer algo desquiciado. Apenas le dirigí un saludo cuando me tomó del brazo y tapó mi nariz con un pañuelo que al ser presionado contra mis fosas nasales me hizo perder el conocimiento.

No sé cuanto tiempo habría transcurrido cuando desperté y me encontré atada de pies y manos y amordazada en un cuartucho viejo adonde vi cajas apiñadas encima de otras. La angustia me invadió e intenté infructuosamente de liberarme. Esto era el colmo. Grité y gemí y me retorcí pero la verdad era que las cuerdas me lastimaban las muñecas y tobillos. Estuve así por horas, hasta que el anciano regresó con otro tipo, un rubio que al parecer era su cómplice. Me detuve en mi forcejeo y escuché un golpe seco detrás de mi cabeza que me hizo saltar.

El rubio se acercó y me quitó la mordaza. Humedecí mis labios con mi lengua y tragué fuerte. Francamente ese pañuelo me lastimaba. Mi mirada encontró la de él y por un instante fue todo lo que vi. Respiraba con violencia muerta de la indignación al observar esos ojos, eran hermosos para ser los de un mortal pero de allí a que se atreviera a conspirar para secuestrarme, era  algo que no le podía perdonar.

En cuanto me vi libre de pies y manos me puse de pie de un salto. -¿Cómo te atreves?- Empujé unas cajas que se encontraban cerca para que le cayeran encima y comencé a agarrar cuanto cacharro viejo encontré a mi alrededor, lanzándolos contra él. Uno detrás del otro volaban por el aire dirigidos a su cabeza y a su cuerpo. -¿Qué no sabes quién soy?- 

Miré para todos lados y cuando vi el mapa en su mano se lo arrebaté, le eché un rápido vistazo al antiguo papel y con este en mi mano giré sobre mis pies para salir corriendo del lugar. 


Última edición por Crysanthe Katsaros el Jue Jul 13, 2017 7:47 am, editado 2 veces



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Dom Jul 02, 2017 6:22 pm

Esa mujer desprendía altivez, me pareció increíble el modo que tenia de pagarme su rescaté, me lanzó todo lo que encontró en su camino, algo que me hizo fruncir el ceño, mas lo hice al escuchar su siguiente pregunta ¿que si sabia quien era?
-Por mi como si eres la misma diosa Afrodita, en lo que a mi respecta, eres una niña malcriada, de nada -apunté con sorna en la voz.

Miraba el viejo mapa, sinceramente su imagen era clonica a la del dorso, aquel papel no parecía una burda falsificación si no un escrito datado en épocas muy antiguas ¿una leyenda? Quizás, pero..acaso el mar no estaba plagada de ellas.

Fue entonces, cuando sentí que tiraban del mapa, la joven emprendía una carrera con el entre sus dedos pretendiendo escapar por la puerta. No lo pensé corrí tras ella acortando la distancia que separaba nuestros cuerpos, hasta que la alcancé de un brazo deteniéndola de inmediato, la volteé enfrentando su inquisitiva mirada azulada, era una mujer muy bella capaz de embelesar a cualquiera y admito que por un segundo ese aura que desprendía casi hipnótica hizo que aflojara el agarre entreabriendo los labios de puro deseo.

Sacudí la cabeza, era un marinero, conocía el poder de las sirenas y no descartaba encontrarme ante una de ellas.
-Guarda tus cantos para otros marineros -rugí llevando mi mano al mapa y arrebatandoselo.
Le mostré el dibujo trazado en tinta dorada, sin duda era ella o algún antepasado de la dama.
-¿eres tu? -pregunté -¿que sabes de este mapa y el tesoro que encierra tras la x que marca.

Si había tratado de arrebatármelo es porque no era desconocedora de la leyenda, si no, solo hubiera tratado de huir de mi pensando que era le socio del viejo, algo que creo era ilógico pues la habia salvado y desatado.
Algo escondía esa mujer y pensaba averiguar que era.
Por no decir que mi navío había sido hundido ¿que es un capitán sin timón que dirigir?

La sacudí por los brazos para que dejara de revolverse, quería respuestas, no estaba dispuesto a que una mujer a la que había salvado me robara.
-Habla mujer -le insistí hundiendo mis pardos en sus azules.
Mares calmos eran sus ojos, deseo lo que sentía mi cuerpo, solo pensaba al mirarla fijamente en surcar cada palmo de piel, poseerla de un modo irracional.
Magia, tenia que ser magia ¿que si no?
-Eres una hechicera ¿verdad? -pregunté ladeando la sonrisa -has tenido mala serte pequeñas, has dado no solo con un marinero, si no con cazador.

Tomé del muelle una soga con la que improvisé unas esposas, de nuevo quedaba presa. Era una sobrenatural y yo cazaba de eso, hasta que descubriera si era o no peligrosa para los humanos no podía dejarla ir, por no olvidar que el misterio del mapa pensaba revelarlo con o sin su ayuda.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Jue Jul 13, 2017 8:22 am

Fruncí el ceño cuando dijo que para él como si fuera la misma diosa Afrodita. –¿Sabes quien soy o no sabes quien soy? ¿Estás tratando de hacerte el listo?- Ni esperé su respuesta, ojos hermosos o no, no dejaba de ser un burdo truhan que en complicidad con el otro me había secuestrado. Que hubiera cambiado de opinión y hubiera decidido deshacerse del viejo para quedarse él solo con el tesoro del mapa no cambiaba nada.

Corrí para salir de la bodega pero me dio alcance y me agarró por el brazo. Me retorcí debajo de su agarre hasta que comencé a sentir que lo aflojaba a la vez que me miraba como si fuera la primera vez en la vida que veía a una mujer. Supongo que en cierta forma si era su primera vez, no todos los días cualquier mortal lograba verme. Me quedé quieta unos segundos en lo que cayó rendido bajo mi influjo, y bajé mis pestañas para observarlo. Vale, puede que estuviera un poquitín mono, le hacía falta broncearse y desarrollar más pectorales para ser honesta pero cuando miraba sus rasgados ojos encontraba cierta seducción en ellos que me distraía de todo lo demás.

-Para ser secuestrador no eres nada brillante.- Me sentí indignada cuando habló como si yo fuera una vulgar sirena. ¿Una sirena!? ¿Lo decía en serio? ¿Me veía la cola por algún lado? Fruncí la nariz al ser insultada e hice caso omiso de su pregunta con respecto a mi identidad, el tesoro y la x. -¡Suéltame de una vez!- tiré de mi brazo y comencé a retorcerme de nuevo. El hombre no se decidía, pasaba de ser Afrodita, a ser un pez y luego me achacaba que su atracción por mí se debía a hechicería. Rodé los ojos, ya había escuchado eso muchas veces antes.

-¿Qué pasa rubio? ¿Tanto miedo te provoca el deseo que sientes por mí que tienes que achacarlo a un hechizo?- 
Me fui acercando a él sin sentirme intimidada. Era un pequeño cachorro, ladraba mucho, pero se le agitaba la respiración cada vez que se perdía en mi mirada y lo sentía esforzarse para contenerse cada vez que percibía mi cercanía. -¿Muerdes?- Alcé una ceja con curiosidad, no pensaba responderle ni una sola de sus preguntas.

-¿Qué estás haciendo?- 
Volví a intentar huir cuando vi que agarraba una soga. Estaba loco, lo pateé con fuerza una y otra vez resistiéndome. No, yo no iba a ningún lado con él. Mis emociones las prefería de otras formas, no iba a acompañarle en ese desquiciado proyecto en el cual era yo precisamente la que debería arriesgarse al ser la única posibilidad para conseguir aquel barco legendario. De ninguna manera.

-¡Suéltame! ¡Déjame ir!- 
Mordí con fuerza la mano que me ataba, yo si mordía cuando me provocaban. Giré al oírlo gruñir por la sorpresa y con las manos atadas le lancé encima otra columna de cajas. Corrí y salí por la puerta aprovechando que perdía el equilibrio sin voltear a ver si me seguía o no.  

-¡Padre! ¡Al menos en estos momentos podrías echarme una mano!- 
Apelé a él mientras corría y justo entonces divisé a un grupo de pescadores hacia los cuales me acerqué en un santiamén. -Necesito ayuda, ¡me secuestran!- Les enseñé la soga que llevaba en mis muñecas y me escondí detrás del más fornido de todos, asomando apenas la cabeza desde detrás de él. Al parecer… estaba a salvo.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Jue Jul 13, 2017 2:51 pm

Me mordió la mano mientras la ataba, ella gruñía mientras yo tiraba de ella apretando las sogas a su muñeca mientras enarcaba una ceja y apretaba bien las cuerdas con un nudo marinero.
-Estate quieta bruja -gruñí tirando de las cuerdas para que me siguiera.
Fue entonces cuando me lanzó las cajas encima de mi, apoyándose en la columna, descuido que aprovechó para salir corriendo de aquel almacén pidiendo auxilio.

Me levante rápido, rugiendo mientras apartaba las cajas de encima y de dos zancadas me planté a la carrera tras la hechicera.
Por suerte para ella un grupo de marineros que preparaban su barco para ir a pescar a alta mar y no dudaron en interponerse en mi camino protegiendo a la bella sirena que los sedujo con su canto.
-Haceros a un lado y nada os pasará -rugí llevando mi mano a la espalda para desenvainar de ser necesario.

Los hombres animados por su numero, no así por la inteligencia que seguro les gritaba que no se metieran en líos por algo que no les venia a cuento, no dudaron en mostrarse violentos, altivos y como no, dos de ellos se lanzaron para aplacarme y salvar a la damisela en apuros.
Esquivé al primero agachando mi tronco, su puño paso por encima y en ese momento viré golpeando con el mango de la espada su espalda lanzandolo así al suelo.

El otro hombre envió un puñetazo directo a mi cara, aferré su mano con la mía y la volteé haciéndolo caer, una patada en su estomago lo hizo retorcerse mientras tosía encogido.
Clavé mis ojos en los de ella, esta parecía empujar a los otros dos para que me detuvieran, me di cuenta de que usaba a todos a voluntad.
Era peligroso y empezaba a pensar que ese loco del viejo no estaba tan loco como aparentó en un principio. Esa mujer distaba mucho de ser una pobre dama indefensa y si gracias a ella podía conseguir un navío iba a intentarlo.
Los míos necesitábamos un barco para escapar de Nessanie y Cronos. Estábamos vendidos en París ahora mismo, pero si conseguía ese rápido navío, no podrían seguirnos por mucho que la magia soplara de parte de esa maldita hechicera.

Los otros dos marineros no dudaron en atacar azuzados por la bella mujer, peor el destino que recibieron fue un par de puñetazos y uno de ellos cayó a la mar de una patada en su culo.
Tenia claro lo que pensaba hacer, esa mujer era capaz de volver loco a cualquiera, así que tiré de ella haciéndola subir por la rampa de ese barco pesquero.
La até al mástil mientras esta gruñía, bufaba y gritaba a los marineros que estaban mas preocupados sacando al otro del mar que la ayudaran.

Mi espada mordió el cabo que ataba el pesquero a puerto y elevé el ancla antes de emprender viaje hacia las profundas aguas. No era un barco de guerra, pero tendría que arreglármelas con eso.
Con las manos en el timón hundí mis pardos en sus océanos ladeando la sonrisa.
-Voy a buscar ese barco, puedes ayudarme y conseguir tu libertad o hacer de este viaje uno al tártaro y complicarnos la existencia mutua, pero no seras libre sirenita hasta que ese navío me pertenezca, no es un capricho, lo necesito para ayudar a los míos.

El viento mecía su pelo, la imagen de esa belleza atada al palo era demencial, bien podría hacer chocar contra las rocas a cualquier capitán.
-Pórtate bien y te soltare pescadito ¿que me dices?




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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Vie Jul 21, 2017 5:29 am

Muy pronto los pescadores comenzaron a admirarme, invitaciones y propuestas llovieron mientras mi rostro apenas se asomaba desde detrás del grandote. Me escondí detrás de él con celeridad en cuanto vi al secuestrador de regreso. Ese hombre estaba fuera de sus cabales, ni corto ni perezoso corrió hacia el grupo dispuesto a presentarles guerra a pesar de que le superaban en número.

Boquiabierta vi como comenzaba a hacerles frente a los hombres que de inmediato reconociendo a una víctima desfavorecida se pusieron de mi lado. Pero no por comer pescado se es más ágil o más inteligente, el rubio cachorro se las ingeniaba bien para evadirlos y contrarrestar los ataques. Al verlo en acción bajo el sol sus movimientos se ralentizaron frente a mis ojos, los cuales se deslizaron por su agitado torso absorbiendo cada detalle mientras él se movía al ritmo de su pelea con los pescadoresUna sonrisa ladeada se presentó en mis labios, había algo sexy en verlo enfrentarse a todos con tal de conseguirme.

Ah no, no, no. Desperté de mi ensueño cuando retó a mi tapadera, habiéndose movido el grandote de lugar me quedaba sin escudo de protección y para peores su bota lanzó al último que me protegía a las aguas. Hinché las mejillas cuando se acercó a mi antes de que tuviera chance de escapar y mis gruñidos, mis puños y mis patadas no se hicieron esperar cuando me agarró para subirme por la rampa. -¡Déjame ir! ¡Suéltame! ¡Vendrán por mi! ¡No te será tan fácil salirte con la tuya!-

Pronto fui atada al mástil a pesar de mis protestas por lo que le lancé una mirada furibunda al notar como soltaba el cabo y levaba el ancla. -¡No me gusta el agua! ¿Quién te crees que eres?- Me retorcí procurando liberarme. Varios pescadores se tiraron al mar para nadar tras la embarcación dispuestos a socorrerme pero para mi desmayo esta se alejaba ágilmente del puerto.

El rubio me miraba burlón con sus manos en el timón y yo agité la cabeza, resoplando con indignación. -No tienes idea de en que lío te has metido.- Mi expresión tornó preocupada al desviar la mirada de él hacia el mar y comprender que estaba tan loco que no iba parar en la búsqueda del barco mitológico. No sabía en que peligro nos estaba metiendo, y lo peor de todo es que Zeus me castigaba, a mi, a su favorita. -Lo mejor sería que dieras la vuelta al timón pequeño aprendiz de capitán, no le creerás al viejo que te metió en esto, para ser un pescador te ves mucho más inteligente.-

Mi mirada regresó a él y lo recorrió despacio con mi pelo castaño alborotado cayendo sobre los hombros y mis mejillas sonrojadas por la carrera. -Suéltame cachorro, no soy una sirena, aunque se entiende que el deseo de mi te corroa las entrañas a tal punto que tu mente no pueda encontrar otra explicación.-

Apoyé mi cabeza en el mástil y lo miré con aire compungido. -Me duelen las muñecas, las cuerdas me dejaran marcas y no estoy acostumbrada a esta clase de trajín.– ¿Qué perdía con apiadarse? Ya me tenía en el barco, además mi blanca tez corría peligro bajo tanto sol. -Si me ibas a amarrar podrías haber escogido un lugar más creativo, podríamos estar más a gusto. No tienes la apostura incomparable de Apolo pero estás un poquitín mono, podrías cortejarme de mejores maneras.-



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Vie Jul 21, 2017 3:45 pm

Enarqué una ceja cuando la dama y su desfachatez hablaba de si no tenia el porte de Apolo mientras se quejaba de lo mucho que le incomodaban las cadenas.
-¿mono? -me eche a reír clavando mis pardos en esos dos faros que lucían con mayor resplandor que las mismísimas estrellas - ¿tratas de ligar con este...?- sonreí de medio lado -¡a si! Aprendiz de capitán.

Con paso firme me acerqué a ella para aflojar las cadenas, mis mirada desfilo hambrienta por su cuerpo, conocía a las sirenas y esas palabras que utilizaban para enredar a los marineros y aunque admito esa mujer era mas que capaz de volviera loco a cualquiera y hacerlo saltar del barco si se lo proponía, yo no era ese cualquiera.
-No queremos que vuestras preciosas muñecas se vean lastimadas oh mi gran diosa -apunté esgrimiendo una afilada sonrisa que acompañaba a la reverencia que le dediqué.

Regresé al timón, giraba el mapa entre mis dedos tratando de encontrar un punto que me sirviera como referencia para trazar así el rumbo.
Tenia que bajar al camarote para con cartabon y escuadra delimitar con mayor precisión cada punto que nos guiaría en esta aventura que no mas comenzaba.
-¿ por que no haces algo de provecho y me traes una botella de ron? -pedí con cierta perspicacia mientras me miraba con cara de mala leche.

Estaba seguro de que ella estaba acostumbrada a que todos la adoraran, pero yo no era de esos que creían en el amor, prefería perderme entre unas piernas en cada puerto, a fin de cunetas la mar era mi única razón y la caza de sobrenaturales no me dejaba tiempo para centrarme en mucho mas...

La veía dar tumbos por cubierta, parecía presa de algún mal, como si no entendiera como era posible que la hubiera atrapado y que ahora fuéramos rumbo de la búsqueda de un tesoro, no pude evitar ladear la sonrisa viéndola mascullar entre dietes.
-El ron -atajé recordandole mi petición -tu aprendiz de capitán necesita algo que llevarse al gaznate.

Sus ojos me atravesaron, creo que de ser espadas me hubiera dejado a timón clavado.
-Vamos, no me mires así, estoy seguro de que eres muy capaz de encontrar una de esas botellas en las bodegas, por el camino puedes tratar de convencer a las ratitas de que eres una sirena capaz de volverlas locas y que te sigan al fin del mundo.
No se..creo que había un cuento, el flautista de Hamelin o algo así...



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Dom Ago 20, 2017 10:02 am

El rubio cachorro se apiadó de mi desventurada posición y finalmente se decidió a liberarme de las cadenas, aparentemente había más inteligencia en él de lo que sus músculos aún no del todo desarrollados dejaban entrever. Acaricié mis muñecas con aire compungido, esas marcas que me habían dejado las ataduras, esperaba desaparecieran, no se veían precisamente a tono con el resto de mi piel, aunque quizás me daban aire de aventurera y después de todo verme ruda me añadía más atractivo del usual. Pero eso no quería decir que lo perdonara por haberme obligado a emprender el viaje hacia esa desventurada búsqueda de la cual él no tenía la menor idea. Nos estaba arrastrando hacia su perdición, pero lo peor es que al hacerlo me arrastraba con él.

Le lancé una mirada taladrante cuando se refirió a mi como su gran diosa con un tono que no me hacía creer que me tomara en serio y cuando se marchó a tomar el timón para seguir aprendiendo como llevar uno me paseé por cubierta pensando en que podría hacer para sabotear este viaje sin sentido.

-¿Ya se te pasó el desconcierto que te provoca desearme como lo haces pequeño aprendiz?- Él parecía estar inmerso en el mapa lo cual me resultó bastante insultante, podía mirarme al menos.

-Has de estar rebosando de dicha, te has salido con la tuya, te has apropiado de un barco que no te pertenece, de un mapa que le has arrebatado a un pobre viejo después de noquearlo a traición y de una pobre doncella que no le hace mal a nadie. A muchos han llevado a la horca por realizar un tercio de todo esto.- Sonreí al mirarlo. -¿No te preocupa que caiga sobre ti el peso de la ley? Después de todo hay muchos testigos que te han visto secuestrarme, detestaría ver tu lindo cuello rodeado de una soga.- Criminal novato o no en realidad sería un desperdicio que le condenasen a la horca, estaba medio lindo a pesar de ser un bocazas.

Me fui alejando, pretendiendo que me dirigía hacia las bodegas, al diablo su ron. Qué se creía, que me iba a mangonear por darse aires de capitán, resoplé de pura indignación, además algo más llamaba mi atención. Había visto un punto en el horizonte y al irse acercando distinguí perfectamente que se trataba de otro barco. Comencé a saltar para hacerme ver por la otra embarcación, agitando los brazos una y otra vez al correr hacia la proa.

El cachorro estaba demasiado distraído tratando de entender el mapa y fijar el rumbo como para reparar en lo que yo hacía, y lo que hacía funcionaba. Por supuesto, no era de extrañar, uno de los marineros de tripulación me había visto y preso de el influjo que aún a distancia podía ejercer sobre los hombres, enseguida había corrido a avisar a los otros.

El barco giró cambiando su trayectoria, venían por mi por lo que corrí hacia el rubio para distraerlo y así darle la ventaja a mis rescatistas. -Ah, ah, ¿no crees que podrías indicarme primero donde está el ron?- Lo tomé de los hombros orillándolo hacia mi y lo hice girar para que le diera la espalda a la vista del otro barco.

Toqué el timón con mi espalda y le dediqué una de mis mejores sonrisas. -¿Qué tal si nos olvidamos del ron y bajamos a uno de los camarotes?- Apoyé mis dedos en su pecho, fijándome en la cadencia de su respiración y acercando mi rostro al suyo. -Para que platiquemos de tu estrategia de búsqueda.- añadí, percatándome de que por muy criminal que fuera no dejaba de ser atractivo.

-¡Mierda!- Solté consternada, acababa de ver la bandera pirata sobre su hombro y había reconocido ese maldito barco, su capitán no era solo uno de los piratas más peligrosos que habían surcado los siete mares, Ramsey “el sanguinario” Buckley, ah no, estaba obsesionado conmigo y según recuerdo no le sentó nada bien la última vez que me escabullí de su alcance, el hombre no entendía que un no era un no.

-¡Rápido! ¡Tenemos que largarnos!- Tomé yo misma el timón para maniobrarlo, antes de que nos dieran alcance. -¡Pero qué tipo de capitán eres que no notas que vienen por nosotros!- Lo golpeé frenéticamente por no cuidar de nuestro barco. –¡A ver como nos sacas de esta!-

-¡Crysanthe!- Escuché esa familiar voz retumbar en cubierta, era demasiado tarde para impedirlo. Buckley y sus hombres nos habían abordado.



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Dom Ago 20, 2017 2:11 pm

La señorita hablaba de si se me había pasado eso de desearla, con un gesto de mano y aun metido en la idea de descifrar el rumbo correcto basándome en lo poco que conocía de ese antiguo papiro y los puntos cardinales, le hice un gesto de mano para que se largara a por mi ron.
La escuché bufar, algo que curvó ligeramente mis labios con cierta diversión, esa mujer estaba demasiado acostumbrada a ser el centro de las miradas y no soportaba que un papel le robara el protagonismo.

Visto que no le hacia ni caso empezó a decir que la suerte no estaría de mi lado cuando me mandaran a la orca por ser un criminal.
Entre mis grandes delitos, robar un barco, noquear a un anciano y secuestrar a una dama.
Ladeé la sonrisa aun con los ojos fijos en le mapa.
-Pues no tientes la suerte preciosa, no incluyamos a esa larga lista el asesinato en primer grado.

De nuevo la escuché gruñir mientras se alejaba de mi, por fin un poco de paz, mira que era guapa esa mujer pero era abrir esa gran bocaza que tenia y lo único que deseabas era perderla de vista.
Esperaba que se entretuviera un buen rato buscando el ron, empezaba a dolerme la cabeza de escucharla.

Mi suerte no fue tal, pues en menos tiempo del previsto y sin la maldita botella de ron la dama regreso hasta mi posición para preguntarme donde escondía el ron.
Enarqué una ceja mirando fijamente sus ojos azules como el mismo mar que surcamos.
-Eres muy guapa pequeña, pero Zeus no te otorgó el don de la inteligencia ¿que parte te has perdido de lo que ha pasado?
He robado el barco, no es mio, no se donde esconden el ron, búscalo -la apremié empujando su cintura para que no me molestara mas y se largara.

Tomo mis hombros para hacerme virar, su actitud coqueta me embeleso, Zeus le había otorgado una belleza sin parangón y era difícil no caer preso del hechizo de su mirada.
Apoyó la espalda contra el timón, mis ojos se pasearon ansiosos por su cuerpo, mis labios se entreabrieron acogiendo sus palabras, en ese instante hubiera podido naufragar en una colisión contra las escarpadas rocas si esa hubiera sido su voluntad, pues para mi la mejor idea de todas era olvidar el ron y bajar al camarote a sentenciar mi perdición.

Mis labios se orillaron mas a los suyos cuando de un tirón brusco pegué su cuerpo contra mi abultada entrepierna.
-vamos al cam... -su grito me interrumpió.
Giré la cabeza para ver como nos abordaba un barco que izaba en su mástil una negra bandera con una calavera, piratas.
Fruncí el celo mientras esta me culpaba de la desgracia maniobrando con el timón como si supiera llevarlo.
-Tardé -rugí hundiendo mis pardos en ella como reproche.
Si se creía que era tan pazguato como para no ver el plan que había urdido en su pequeña cabeza hueca estaba equivocada.

A lo único que alcancé fue a esconder el mapa en la parte trasera de mi espalda sujetándolo con la cinturilla del pantalón y cubriéndolo con la camisola.
-Que suerte, te conocen -apunté con una mueca divertida al escuchar como le barbudo capitan pirata pronunciaba su nombre – con un poco de fortuna se apean del barco solo por no escucharte.

Llegaron frente a nsootros, lso hombres la miraban como si acabaran de encontrar le mas precisdo de lso tesoros, la lascivia se pintaba en sus ojos y no los culpaba, la suerte de la femina iba a ser sin duda alguna cruenta.
-no os lo aconsejó -espeté de pronto alzando una mano-esta enferma. Alzando las manos para que vieran que no tenia nada para atacarlos llevé mi mano al bolsillo sacando un pañuelo ensangrentado.
-Tose y suelta sangre por la boca, desconocemos la enfermedad que tiene pero no nos han dejado atracar en París, nadie nos ayuda -dije desesperado caminando hacia ellos con el pañuelo en la mano mientras veía como se tapaban las bocas con las mangas y sacaban una de las espadas para impedir mi avance. -ayúdennos, no quiero perderla, estoy enamorado de ella.

Si la conocían un poco eso se lo creerían ,esa mujer era capaz de hacer perder la cabeza a cualquiera en su beneficio y bien podía haberme convencido para que la llevara en busca de una cura con mi pobre pesquero.








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Re: La llave (privado)

Mensaje por Crysanthe Katsaros el Vie Sep 15, 2017 4:16 am

Lo fulminé con la mirada cuando dijo que de conocerme se lanzarían del barco para no escucharme y le di una patada en la espinilla por bocón y sabelotodo. Aunque sin duda alguna hubiese deseado que se lanzaran hacia las cruentas aguas, la tripulación de El Sanguinario no era una que se podía tomar a la ligera. -Sé que me quieres toda para ti pero desafortunadamente no sabes cuidar del barco, si fueras más rápido y supieras manejar mejor el timón los habríamos evitado.- Fruncí el cejo al mirarlo, debería ser un aprendiz más avispado, no había sabido estar alerta y prever los posibles peligros. 

-Ahora será mejor que me cuides.- Me escondí detrás de su espalda, como si de mi escudo de protección se tratase, asomando apenas la mirada desde detrás de él. Como era de esperarse los hombres que acababan de subir al barco me miraban con deseo y lujuria a flor de piel.

Para mi sorpresa al rubio cachorro se le ocurrió sacar un pañuelo ensangrentado de su bolsillo y proclamar a los cuatro vientos que estaba enferma. Me dejó momentáneamente sin resguardo alguno para caminar hacia ellos con la falsa evidencia y solicitar ayuda diciendo que estaba enamorado de mi. Sonreí de medio lado al oírle decir aquello, por supuesto lo estaba, y si no aún, lo estaría muy pronto.

Los rudos piratas alzaron las espadas como si yo tuviera la peste algo que me hizo cruzarme de brazos en franca protesta. Demasiado rápido retrocedían de su afán de obtenerme, y se suponía que eran el terror de los mares. De todas maneras comencé a caminar hacia el cachorro, prefería que él me cubriera, pero me detuve en mis pasos cuando él apareció de entre los otros.

-Sabía que te encontraría tarde o temprano, no sé por qué has estado jugando a las escondidas pero siempre me ha fascinado la idea de domar ese espíritu rebelde tuyo.-
La figura de un enorme pirata de barba negra y aspecto feroz se impuso entre los demás.
 

Negué con la cabeza, retrocediendo en mis pasos. -Ya te he dicho Ramsey que no soy tuya.- La mirada del pirata ahora se clavaba en el pañuelo ensangrentado mientras los hombres seguían dando pasos disimulados hacia atrás frente a su jefe.

-¿Estás enferma?-
Asentí con la cabeza buscando algo que pudiera servirme para defenderme, un saco, lo que fuera.

-Pensé que no podías enfermarte.-
Empecé a toser fuertemente y de forma exagerada, alarmando a los hombres. -Claro que si… me queda poco tiempo… Será mejor que te lleves a los tuyos… temo ya haber contagiado a algunos.-  Al escucharme varios hombres saltaron de vuelta hacia el barco pirata. -¡Capitán, será mejor que nos larguemos!-  

El sanguinario permaneció un momento en silencio sopesándome con su mirada. -Siendo así…- Dejé escapar el aire aliviada cuando comenzó a retroceder. 

-¡Siendo así debemos apresurar la boda! ¡Quiero que pases tus últimos momentos sabiéndome tu dueño!-
Giró de nuevo con un par de pesadas zancadas y con un movimiento de sus manos le ordenó a un par de hombres que se acercaran a mi. -¡Traedme a mi novia! ¡Celebraremos hoy la ceremonia!-

-¡Ramsey! No puedo casarme contigo! Aparte de enferma me he enamorado de otro desde que le he visto por primera vez.-
Corrí hacia el rubio para abrazarlo con vehemencia. -El capitán de este barco y yo estamos perdidamente enamorados.-  

La mirada del pirata reparó ahora en el hombre al que rodeaban mis brazos. Lo recorrió atónito antes de dejar escapar un feroz resoplido. -Bueno, eso se arregla fácilmente querida… eliminaré a mi competencia. ¡Lo lanzaremos por la plancha!- Hizo una seña a algunos de sus hombres que enseguida me arrancaron del rubio para sujetarme a la fuerza, le temían más a su capitán que a la peste. Otros hombres sujetaron al cachorro y lo alzaron sobre sus cabezas. -¡Hoy habrá carne de tiburones!-



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Re: La llave (privado)

Mensaje por Poseidón el Vie Sep 15, 2017 1:43 pm

No se me desencajo la mandíbula de milagro, ese pirata estaba obsesionado con ella, le importaba una mierda que tuviera la peste, quería desposarla para pasar sus últimos días siendo su marido.
Casi me atraganto de la risa ¿que le habría prometido ese demonio de ojos verdes al pobre marinero?
Admito que hasta me compadecí de él al ver como el muy gilipollas les pedía a dos de sus marineros que me cazaran para lanzarme al fondo del mar para convertirme en alimento de los peces.

La loca había dicho que estábamos enamorados, así que el pirata sin pata de palo no se le había ocurrido otra que eliminar a su competidor de la ecuación.
Sus marineros no parecían muy decididos a subir a la bella dama la barco, pero creo que temían mas al barba negra que a la misma peste que fingíamos tener los dos.

Dicho todo, no me quedó otra, le lancé el pañuelo ensangrentado a la cara a uno de los tipos que se acercaba a mi espada en mano.
El hombre hizo ademan de apartarlo acobardado, tiempo que usé en desenvainar el acero para hacerle frente y sin meditarlo aproveché su cobardía para hundir mi acero en su estomago haciéndole caer a mis pies al borde de la muerte.

Con un rápido giro saje la mano del que sujetaba a la diosa, el resto de hombres que se habían retirado volvían a abordar el barco dispuestos a hacerme frente, a matarme como su capitán había ordenado.
-¡Corre! -le grité a la diosa.
Teníamos muy jodido el salir de esta, solo llevábamos un pesquero, el barco pirata estaba petado de rufianes y aunque se me había pasado por la cabeza la idea de robar su barco dejándolos a estos a la deriva en esta barquita, era matemáticamente imposible tripular solo tan gran navío.

Las ideas se me acababan mientas luchaba a su vez con aquella gentuza que había decidido enviarme al mar atravesado por sus armas.
De un saltó subí a la barandilla del barco, luchaba con mi acero con valía matando a mi paso a mas de uno, peor eran demasiados.
A golpes me quité a varios de encima hasta que finalmente escuché la voz profunda del capitán con su amada cogida por el cuello pidiéndome que depusiera mi actitud.
-No me jodas, quieres casarte con una muerta -apunté entre risas mientras seguía luchando de forma voraz.

Se me ocurrió en ese momento la única idea que podía darnos una oportunidad.
Luchaba contra el hombre equivocado.
-Te desafió a muerte por capitanear tu navío y desposar a la mujer -rugí desde mi posición -¿eres un cobarde barba negra? -pregunté ante sus hombres -solo un cobarde manda a los suyos a la muerte porque no pueden ser ellos mismos los que acaben con el enemigo.



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