Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Revuélcate, canalla ▬ Privado

Mensaje por Colombo Dall'Ancisa el Lun Jul 03, 2017 7:28 pm

”Traté de decirle algo,
pero solo pude soltar
un sonido ridículo que se desmembraba,
entre balbuceos”


Como nunca, el hijo prohibido, verdugo de su propia libertad y bastardo relegado al olvido, había bajado de la torre que cobijaba su vida ermitaña para encerrarse en una de las casas edificadas como áreas de composición y literatura, exclusivas para él. Su madre no había escatimado en gastos para aislarlo de toda Francia. Nada de lo construido allí tenía otro propósito, salvo una solitaria y minúscula ventana en cada una de esas zonas. Infraestructura insípida, nacida únicamente con fines de ventilación, cumplía una función insólita: iluminar la mente del atormentado artista. Sus tórridos versos de amor estaban bloqueados. Podía vislumbrar a los amantes, pero no sus movimientos. Era porque su propia vida era sinónimo de parálisis; aprisionarse, ser incapaz de hablar con nadie, aislarse del mundo antes de que éste fuera tan cruel como su madre.

Se tomó la cabeza con ambas manos, queriendo destrozarla y unirla otra vez. Tenían que fluir las líneas. A ver si así podía alivianar la carga de existir de ese modo y salir. Nadie podía juzgarlo por soñar. En sus líneas era amado, no tenía que ocultarse. Ahí, su rostro, idéntico al del amante de su madre, no representaba vergüenza, sino el clamor de su corazón.

El oxígeno circulante comenzó a hacer efecto. Poco a poco volvió a Colombo la serenidad necesaria para sentarse a escribir. Bebiendo una copa de vino, descubrió que los enamorados de su historia retomaban las caricias. Los dominaba una noche serena, regada con un flirteo que se encendía lentamente entre palabras, risas y besos.

A veces la dicha te puede llevar a levitar sobre fuego y vidrios rotos, se dijo Colombo. Se veía a sí mismo junto a la pareja de su imaginación, como el gato que era, contemplando a sus criaturas poco instruidas en las artes amatorias No saben con qué licor se están embriagando.

No conseguía comprender cómo dos seres tan prematuros se aventuraban a jugar a la creación. Y lo lograban. Aumentaba la pasión y convergía a la unidad. Los sonidos y sus variadas figuras; los colores y sus aromas; las ideas con sus sabores; los deseos, miedos e ilusiones.

Colombo cerró los párpados y se transformó en un sondaje del más profundo e infinito abismo. Soltó la pluma, salpicando la tinta. Es que dentro de su frenesí literario, apareció el rostro de su musa, aquella donna que desearía no necesitar. No era que solamente le doliera la cabeza. Colombo estaba consciente de que la escena descrita en el papel no era más que su prohibida fantasía.

Avergonzado con el descaro de sus deseos, dejó su forma humana y se transformó en gato. Abrió los dorados maullando. El tiempo trajo un trance más hipnótico, adornado con espasmos. Su lengua era prácticamente una placa tectónica, de masa infinita, en su hocico. Pasaron tres, cuatro minutos. Tal vez años. Estaba a la defensiva, como si lo hubieran descubierto haciendo algo malo. ¿Había alguien en la ventana?

¡No!
¡No!


Última edición por Colombo Dall'Ancisa el Vie Jul 21, 2017 1:01 am, editado 3 veces


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Re: Revuélcate, canalla ▬ Privado

Mensaje por Athénaïs Montespan el Miér Jul 05, 2017 5:49 pm

Ella solía dar paseos en solitario allá en donde las residencias se acoplaban, algunas estaban tranquilas y otras vacías. Y es que en esa parte de la ciudad, entre toda esa clase más alta, los dueños de las posesiones allí adquiridas, podían pasar meses viajando y era difícil saber si alguien se encargaba de sus posesiones. Habían tiempos en que la “Exquise Ville” parecía un cementerio lujoso, porque solo se vislumbraban las grandes casonas y edificaciones, que se hallaban vacías y parecían sin vida alguna dentro de sí mismas. La gente no solía deambular por la zona a menos que hubiese un evento especial que los distrajera, un caso distinto a lo que pasaba en las zonas más populares de París, en donde abundaban los festejos y gente por todos lados. Athénaïs también disfrutaba de aquellos lugares. Pero así es, la vida en la alta sociedad, siempre ha sido y será muy aburrida.

Athénaïs era parte de esa clase alta, de esa zona exquisita y muy poco hacía para poder cambiar su estilo a menos que se le presentara una ocasión para emprender aventuras –si se le daba la gana- Aquella tarde soleada, su paseo consistió en ir lentamente por las grandes plazas de la zona, las áreas verdes que mostraban la belleza y rectitud de la lujosa economía a la que ella pertenecía. En el horizonte se observaba una lejana armonía, porque a decir verdad Athénaïs también disfrutaba de la soledad, la libertad y los limpios lugares que la rodeaban. Recorrió los caminos observando todo tipo de casas, muy pocas de ellas tenían animales caseros pero gozaban de grandes y espaciosos jardines llenos de exóticas flores, que adornaban la villa.

Ella continuó en su caminar cuando de pronto, oyó un extraño maullido al parecer de un gato proveniente de una de las grandes casonas por las que había rondado cerca, que en particular se le veía un solo ventanal que daba hacia el frente. Nadie sabía quién vivía en esa casa, puesto a que parecía ser que el dueño o dueña nunca salía de allí. Aquel maullido le llamó la atención, porque como ante lo mencionado acerca de las mascotas, muy pocas personas en la villa tenían animales. Con curiosidad, Athénaïs se acercó hasta la casa, esperando encontrar el animal que seguramente vagaba perdido en esa zona y fue cuando lo vio, quedándose algo paralizada y un poco avergonzada de estar muy cerca del perímetro de la casa. Se preguntó para sus adentro si alguien se encontraría en aquella casa, o si el animal pertenecía allí… la verdad es que ella no tenía idea pero el minino era un espécimen bastante admirable a la vista.

-Bonjour… petit chat- pronunció la Madame, en tono elegante y sutil –Ven aquí pequeño… cuéntame que tienes…- lo llamó nuevamente estirando la mano hacia él. A ella le gustaban los animales, y no le molestaba parecer una mujer infantil cuando se encontraba con alguno y más aún si aparecía tan de repente por la calle o donde sea.

De todas maneras se extrañó al verlo maullar, pensando que quizás necesitaba algo pero tampoco iba a tomarlo o a tocarlo, quizás estaba esperando a su dueño. Madame de Montespan miró a su alrededor para constatar de que nadie estuviese de entrometido en el área, o encontrarse algo extraño y fuera de lo común. Volvió la vista hacia la gran casona intentando buscar al dueño, se bajó el quitasol de la cabeza y habló: -Hola… ¿hay alguien por allí? Su gato… ¿Monsieur? ¿Madame?...- nadie respondía, y Athénaïs no sabía que hacer, no quería dejar al animal a la buena de nadie, porque la verdad es que no había nadie si quiera para poder consultar acerca de quien es su dueño o algo. Luego decidió que lo mejor sería, dejarse de preocupar por un animal y seguir con su camino. El quitasol volvió a tapar su cabeza y caminó hasta la plaza más cercana para sentarse en una banca, aunque seguía pensando en el gato luego se dio cuenta que era porque de alguna forma, ella también se sentía sola como un animal… y con este pensamiento al seco, se quedó en su mente.


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Re: Revuélcate, canalla ▬ Privado

Mensaje por Colombo Dall'Ancisa Ayer a las 12:50 am

”La última vez que vi al sol
me advirtió que mi corazón
estaba hecho de agua”


El tímido y perturbado felino trató de decirle algo a la mujer, pero le fue imposible. Sintió que ella también quería hablarle, pero ¿cómo comunicarse? Qué ironía. Como gato, tenía la voluntad, pero no la palabra; como hombre, tenía la palabra, pero era un cobarde sin valor.

Sus instintos felinos volvieron insoportable la idea de seguir como un tonto congelado, condenado por la espera y la absoluta invalidez de hacer realidad aquella feria cósmica repleto de deseos ocultos en su corazón. Junto con ello, empezó a percibir la soledad de aquella intrusa. Sus penas, los suspiros de resignación que la habían acompañado a lo largo de su vida.

Tanto las penurias de ella como las de él formaron un cúmulo de gritos desgarradores dentro de su cabeza. No podía escapar. La desesperación volvió animoso al pusilánime, ocurriéndosele seguir a la desconocida. Sólo para medrar sus trastornos, para aplacarlos con los de ella. Tenía que ser rápido. Ser un gato por completo. El hombre sentía un temor exacerbado a ser humillado y rechazado. Mientras no fuera humano, la ansiedad no se lo comería.

Uno… dos… tres, contó. Como ráfaga por el aire, trepó la ventana y salió hacia el exterior con el único propósito de un regazo que soportara sus penas.

El felino se ubicó a dos metros de las espaldas de ella y la contempló nervioso, como diciendo «júrame ahora que no me lastimarás». Tenía que descubrirla con su punzante mirada dorada hasta que ella se diera vuelta y sus penetrantes ojos dorados le causaran una adrenalina mezclada con un atisbo de vergüenza.

¿Podía ella calmarlo? Al hombre jamás, pero al animal, Colombo esperaba que sí.



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Re: Revuélcate, canalla ▬ Privado

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