Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

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Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Sáb Jul 08, 2017 5:13 am

No era una mañana soleada, al contrario, todo el cielo estaba cubierto de nubes grandes y de un color gris oscuro que amenazaba con desatar una tormenta. Galina miró al cielo a través de la ventana de su casa. Aquel era el mismo cielo que había el día que le arrebataron aquello a lo que más quería: su marido. Hacía poco que se había topado con París en medio de su huida hacia Latinoamérica, pero huir físicamente de un sitio no implica que pueda huir también tu corazón. 

Apartando este recuerdo tan doloroso para ella, se forzó a centrarse en la situación que tenía delante: tenía un cliente. Galina solía recibir visitas con cierta frecuencia de gente más o menos adinerada que quería que le leyeran la buena ventura. También advertía sobre acontecimientos negativos, pero era menos frecuente que informara de ellos, puesto que no quería espantar a la clientela y a la gente siempre le sentaba mejor escuchar buenas noticias. De vez en cuando, en lugar de recibirlos en su propio salón, la gitana tenía que ir a casas ajenas para augurarle la vida a los más reacios a pisar suelo gitano. La mayoría no venían hasta aquí por miedo a que le robaran, pero otros creían firmemente que esta tierra estaba maldita, protegida de alguna forma contra ellos. Y era preferible que pensaran así, cuanto más lejos estuvieran los payos de allí, mejor. 

Pero esta vez era distinto, la persona en cuestión había acudido a ella y era la primera vez que se conocían. ¿Cómo habría sabido de su existencia? Estaba sentada frente a ella, en su propio salón, mirándola a los ojos. El salón-cocina-comedor(e incluso a veces)-dormitorio de Galina estaba hecho un desastre: lleno de cosas por el suelo de toda la casa, con restos de comida... Parecía que alguien había entrado allí a destruir el lugar. Lo único intacto y más o menos limpio era el rincón en el que estaban: una mesa no muy grande con un tapete granate sobre ella. Encima del tapete reposaban un par de velas blancas apagadas y una baraja de cartas del tarot, dispuesta a ser usada si así se decidía.

—¿Y bien? ¿Quién es usté y qué hace pisando mi casa? ¿Quéloquequiere—preguntó sin dejar de mirar a la persona que tenía delante, muy atenta a cualquier movimiento, cualquier palabra que esta dijera. Nunca podía dejar de estar alerta, y menos en su propia casa.


Última edición por Galina A. Cherenkova el Lun Jul 10, 2017 4:34 am, editado 1 vez
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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Dom Jul 09, 2017 8:01 pm

Sylvana miro a la mujer en frente suyo con la misma cautela que ella le tenia. Para ser sincera, no tenia una idea clara de lo que hacia ahí; estaba harta de no conseguir ninguna información importante que le ayudara en su búsqueda y pensó, casi como una opción de ultimo recurso, pedir la ayuda de un gitano, cualquier que estuviera dispuesto a recibirla.

¿Que era lo que quería? Eran tantas cosas que no sabia por donde empezar.

No le robare mucho de su tiempo, si es lo que le preocupa, se que debe estar ocupada—dijo Sylvana, jugando con sus manos sin poder evitarlo un momento antes de respirar con calma, dejando salir un suspiro casi lastimoso mientras alisaba su sencillo vestido azul con encaje negro. —No vengo aquí para saber mi fortuna, ni saber mi porvenir, por que lo tengo mas que claro. —Sonriendo con cierto sarcasmo y burla para si misma, dejo su forma corpórea para empezar a flotar por encima del tapete, sus cabellos levitando como una aureola, dejando que su estado fantasmal saliera sin complicaciones. —Como vera, un muerto no necesita saber su suerte.

Sylvana levito con ligereza, observando los objetos a su alrededor, perdida en sus pensamientos mientras dejaba que la gitana se hiciera a la idea de que ella no era una mera humana que buscaba saber su suerte en el amor o como maldecir a alguien. Había sido una antigua cambiante, una de las mas fuertes de su familia que se había dejado envolver por falsas promesas y deseos ilusos, donde su propia debilidad le había hecho perecer de la manera mas absurda posible. Necesitaba saberlo, quería saber al menos los nombres de aquellos que la habían asesinado, pero por ahora, esa no era su prioridad.

Mirando de nuevo a la mujer de piel morena, inclino su cabeza en una ligera reverencia. —De ser posible, esperaba que usted supiera de alguna información que me sea de utilidad. —Sylvana volvió a su forma corpórea, metiendo su mano entre los pliegues de su vestido antes de sacar con cuidado un anillo de oro. —Este seria mi pago por su cooperación, si le parece bien.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Lun Jul 10, 2017 6:04 pm

Al principio, Galina escuchaba atentamente a su supuesta clienta, pues la estaba tratando con respeto y no con condescendencia ni soberbia, lo cual era lo más frecuente. Pero cuando aquella mujer comenzó a levitar y a decir que estaba muerta... No, eso fue otra cosa, ella no quería tener nada que ver. ¡Fantasmas!
Dios mío, prótegeme —pensó para sí al oír sus palabras, y se santiguó con nerviosismo, poniéndose en pie. Se acercó rápidamente a la pared y se apoyó en ella, como intentando huir de la situación, pero sin hacerlo realmente, puesto que si no le plantaba cara a aquella presencia, lo mismo se quedaba sin casa, y eso no podía ocurrir.

Como la mayoría de los gitanos, creía en fantasmas y no quería tener nada que ver con ellos, pues si se habían atado a la vida por algo bueno no sería. Su tía Nadezhda le había hablado de mil historias acerca de estos seres, pero ella nunca había sido la protagonista de una... Hasta ahora. Una vez le contaron que el muerto se presentó en mitad de la celebración de una boda y acabó con la vida de los novios y con la de todos aquellos que los habían visto u oído. Fue una masacre de la que se habló durante la generación de los tatarabuelos de la gitana. Otra de las veces, lo que ocurrió fue que un hombre poseyó a su madre y la obligó a realizar actos que ella no quería. Como esas, muchas, y Galina se negaba a ser la protagonista de una de ellas. Con el paso de los años, se habían ido perfeccionando rituales para proteger a los muertos de la comunidad gitana, pero la presencia que tenía ante sí no parecía de etnia calé. No, para nada.

Señor,... Señor, ayúdeme, por favor, ayúdeme —murmuraba para sí.
Sin embargo, cuando la muchacha sacó un anillo de lo que parecía oro, despertó su interés. Dejó de pedir ayuda a su querido Dios y, en un acto impulsivo, cogió el anillo para examinarlo. Seguidamente, se lo llevó a la boca y lo mordió con su dentadura llena de dientes picados y aliento apestoso. Era oro auténtico, de eso estaba segura. Y, por tanto, pareció cambiar de opinión de repente:
Hable. La escucho  —dijo, devolviéndole el anillo a su dueña, no sin ciertas dudas, y con el ceño ligeramente fruncido. Todavía no de fiaba ni un pelo de aquello.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Lun Jul 10, 2017 8:04 pm

La fantasma no pudo evitar sonreír con amabilidad y diversión por las acciones de la mujer. Era obvio para ella que antes de que le mostrara la forma de su pago la gitana estaba a punto de salir corriendo o en su defecto, de tratar de exorcizarla como pudiera para sacarla de su hogar, lo cual no le hubiera sorprendido, habían sido pocas las ocasiones donde alguien pudiera verla en su estado original, y las reacciones no habían variado mas allá del miedo o en casos raro como su amiga cambiante, en aceptación.  

Sin embargo, no podía permitirse irse sin haber obtenido cualquier pista por pequeña que fuera.

Antes que nada, quiero evitar mal entendidos o desconfianzas. Puedo notar en su mirada el miedo que he despertado, pero no quería engañarla desde el comienzo—comenzó Sylvana de forma conciliadora, alisando de nuevo su vestido. —No estoy aquí para causarle ningún mal. Tampoco se nada de usted mas que es gitana y no tengo deseos de poseer a nadie contra su voluntad. Seria de mala educación y, si esto la deja mas tranquila, no puedo hacerlo por mi misma; necesitaría la ayuda de un hechicero o un médium, de los cuales no tengo relación ni con uno u otro. Debo admitir que soy bastante invisible para los demás. —Soltó una leve risa sin poder evitarlo por su chiste tan malo, creando un pequeño eco tinineante antes de seguir. —Tengo poco tiempo como fantasma y mis poderes son aun algo difíciles de manejar, así que espero que pueda verme como un cliente...peculiar.

Se quedo callada por un momento, observando el tapete como si fuera lo mas interesante del mundo antes de seguir hablando.

¿Que podría preguntar? ¿Por donde empezar? Su cabeza estaba hecha un lió, pedazos de ideas yendo de un lado a otro sin formar una oración coherente.

Al final, decidió seguir su naturaleza impulsiva, como era su costumbre.

Estoy tratando de llenar huecos en mi memoria, fragmentos que perdí cuando aún vivía y que necesito recordar. ¿Usted sabrá de alguna forma para recuperarlos? —pregunto, sin muchas esperanzas, mirándola a los ojos—. Si su respuesta llega a ser negativa, en su defecto me servirá cualquiera información confiable que tenga sobre los inquisidores.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Miér Jul 12, 2017 10:17 am

La gitana escuchó atentamente, sin dejar de fruncir el ceño, cada palabra de aquella mujer sin vida, aunque no terminaba de entender bien algunas cosas. Tampoco tenía pensado fiarse de ella, por más que le jurara y perjurara que no quería causarle ningún mal. Incluso si fuera cierto, hay veces que se puede dañar a la gente sin ser consciente de ello, sin tener intención alguna. 

Lo que estaba claro era que estaba dispuesta a pagarle a cambio de ayudarla y aunque Galina no tenía ni idea de muchas cosas, y más cuando casi acababa de llegar a París, sabía que con la inquisición debía evitar el hecho de tener problemas. Sobre todo ella, siendo gitana, no quería ningún tipo de malentendido con aquellos que seguían de la forma más estricta el camino de Dios, pues bastantes persecuciones había sufrido ya su pueblo a lo largo de la historia.

Mire, yo de lo de la inquisición no sé na ni quiero, pero con lo de la memoria... —Hizo una pequeña pausa, como dando dramatismo a la situación y se fue acercando a la fantasma—. Con eso sí puedo ayudarla, o eso creo. Al menos podrá estar menos perdida que ahora. Eso sí, tiene que saber que atarse a la vida no es bueno, que usté no debería estar aquí, en la Tierra. Que comete un grave error.

Esto último lo dijo en un tono más oscuro y terminó de acercarse a ella. Abrió las manos y, de golpe, las posó a los lados de la cabeza de aquella mujer.
—No sé qué es, pero no siento que usté fuera una persona normal antes de morir, hay algo mu raro que yo noto aquí —dijo, tocando con el dedo índice la sien izquierda de la muchacha—... y aquí. —Con la otra mano, se palpó su propio pecho, a la altura de donde estaba el corazón—. Algo aquí me dice que usté no era humana. Por casualidad, ¿tenía gato?

La pregunta, que parecía muy alocada de primeras, tenía cierto sentido para ella, pero todavía no entendía por qué.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Miér Jul 12, 2017 3:17 pm

Al escuchar la negativa de la gitana sobre la inquisición casi suspiro de decepción, negando imperceptiblemente con la cabeza.

Tenia que acostumbrarse; tuvieran información o no muchos les tenían terror o desconfianza, sin querer tener nada que ver con ellos por pequeño que fuera. Los inquisidores, al paso del tiempo, habían creado tal yugo de sumisión y miedo que muchos sobrenaturales, como eran conocidos, preferían callar para no ser un objetivo. Los gitanos y brujos no la tenían mas fácil, ya que tampoco eran considerados humanos.

Que fanatismo mas estúpido y sinsentido—pensó sin poder aguantar el odio que sentía.

La gitana tenia razón, ella no debía estar ahí.

Hace poco le tenia un miedo reverencial a los fantasmas, pensando en lo triste que debía ser no poder descansar, el no ser libres de sus tormentos, condenados a vagar hasta que encontraran la paz para sus almas, muchos de los cuales no lo conseguían aunque pasaran siglos.

Ella tenia al menos unos dos o tres años en esa forma, era realmente poco, pero al final había aceptado ese destino. Podría ser un error, como decía la mujer, pero se negaba a dejar a aquellos que la quisieron y apoyaron en un peligro que ella misma provoco por querer ayudar a sus semejantes.

No podía sentirse mal por tener esa forma cuando llegaba a escuchar que había salvado a alguien por la información que les entregaba para que evitaran los lugares que frecuentaban los inquisidores.

Estaba tan perdida en esa espiral de sentimientos que apenas logro escuchar lo demás, sorprendiéndose al oírla decir que podría haber una forma para ayudarla.

¿Seria cierto? ¿Podría recuperar aquellos pedazos tan importantes?

No le importaba si solo eran algunos nombres o mas lugares, eso seria un gran paso, mucho mas importante que los demás que había logrado hace años.

Tan emocionada estaba imaginando las posibilidades que se abrían ante ella que cuando la gitana la tomo de la cabeza, casi deshace su forma corporal por el susto.

Pero que demo...—pensó parpadeando con rapidez mientras la miraba, escuchando lo que decía hasta el momento de su pregunta.

Se quedo un momento, parpadeando algunas veces mas antes de romper a reír.

Que si tenia gato—murmuro para si misma, riendo todavía entre dientes sin poder detenerse. Algo que había odiado de ella era que cuando le daba un ataque de risa, era difícil hacerla parar. —Por favor...discúlpeme...no estoy riéndome de usted es solo...—otra risa la interrumpió antes de recomponerse. —No he podido evitar que me hiciera gracia...

Sylvana cubrió su boca, acallando las pequeñas risitas que salían, notando como el sonido hacia eco de forma tintineante sin que pudiera evitarlo, como pequeños cascabeles que llenaban el lugar. Tuvo que obligarse a serenarse ya que no quería asustar a la gitana más de lo que ya lo había hecho.

Para ella, todavía le era difícil evitar crear sonidos sin querer. Le había tomado tiempo el evitar absorber energía cuando pasaba y también el persistente olor a lirios y en otros momentos mas depresivos, de sangre, la siguieran allá donde iba. El evitar que sus heridas sangraran todavía le costaba si no se concentraba, pero eran solo pequeños deslices que no habían ocurrido por casi un año.

Sin embargo, los sonidos parecían no querer dejarla, sobre todo cuando reía o cantaba en lugares apartados para no darle pequeños sustos a aquellos que pasaran por casualidad.

Tomando una profunda bocanada de aire observo a la mujer con ojos brillosos por las pequeñas lagrimas que querían salir, aun sonriendo. —De cierta manera si, tenia un gato. O para ser mas especifica, yo era ese gato.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Jue Jul 13, 2017 4:12 pm

Aguardó la respuesta de la muchacha, aun sin dejar de tocarla, sin creerse todavía que pudiera estar haciéndolo. Que pudiera estar tocando a un muerto. Solamente el pensamiento le aterraba, pero conseguía que no se le notara. Ya había accedido a ayudarla o, al menos, a intentarlo, y aunque no tendría ningún problema en bajarse del carro si así lo decidía, por el momento le interesaba saber más de aquella desconocida, al igual que ella misma.

Cuando ella comenzó a reírse, la soltó y le echó una mirada en parte confusa y en parte ofendida. Creyó que su pregunta sí había sido alocada y estúpida, y que ese presentimiento que ella había tenido no tenía nada que ver con la vida de la mujer que tenía delante. Que su intuición, tan apreciada por ella, pues la mayoría del tiempo se guiaba a base de sentimientos y sensaciones (así la habían enseñado a hacer), le había fallado. ¿De verdad podría ayudarla? En realidad, lo dudaba bastante, pero no quería decir nada. Solamente quería ver hasta dónde podía llegar; y si ese camino le llevaba hasta el anillo de oro que le había mostrado al principio, bienvenido era. ¡Pero eso no le daba derecho a que se riera de ella! ¡Y menos en su propia casa! Si quería reírse, que fuera a ver una comedia al teatro.

Sin embargo, resultó que no iba mal encaminada y que, además, la mujer no se reía de ella (al menos eso afirmaba).
¿Cómo dice? ¿Que usté era un gato? ¿Y eso cómo es? —preguntó con verdadera curiosidad teñida de una enorme confusión— ¿Es como esta cosa de los hombres lobo?
Galina había oído hablar de ese tipo de criaturas y al igual que de los fantasmas, de estas no se hablaba nada bien tampoco. Todo lo que había oído era que son peligrosos y que debías protegerte. Por eso, tenía muérdago por algunos rincones de la casa y un cubo lleno de agua al lado de la puerta, puesto que eran algunos de los remedios que ella conocía contra los licántropos. La verdad es que nunca se había topado con ninguno. ¿Sería porque estaba protegida contra ellos o, simplemente, porque no existían? Pero si aquella chica era no un licántropo, sino algo parecido, estaba allí, ¿debería haber actuado la protección contra ella? Bueno, ahora estaba muerta, y contra los fantasmas no podías hacer mucho a menos que se te aparecieran. Y ella, en vez de protegerse, desobedeciendo a todos sus instintos, ¡se puso a escucharla en lugar de a espantarla! ¿Pero en qué estaba pensando? Ah, sí, el anillo.

Mire, conozco un ritual que... —comenzó diciendo, gesticulando mucho con las manos para explicarse—. Verá, se cogen unas velas y... Bueno, voy a empezar a hacerlo porque explicarlo es tontería. Esto debería poder ayudarla a recordar cosas. —Según hablaba, buscó por la habitación, en una especie de aparador de madera vieja de color marrón oscuro con todo tipo de utensilios para rituales, un par de velas amarillas y un poco de incienso, y puso los objetos sobre el tapete granate—. Después de eso, podríamos probar con las cartas. No solo sirven p'adivinar el futuro, ¿sabe? —añadió, señalando el mazo que reposaba sobre la mesa justo antes de encender las velas y el incienso con una cerilla que también había sacado del aparador—. La mayoría de nuestros actos tienen sentido si examinamos lo que ya hemos hecho, no lo que vamos a hacer. "Quién sabe si voy a hacer sopa de guisantes si ni siquiera sé si voy a tener guisantes", decía mi agüela siempre. Qué sabia mi agüela, ¿verdad?

Se estaba yendo un poco por las ramas, pero es que tener una presencia muerta en su casa le ponía de los nervios, siendo sinceros. 
Debe intentar dejar la mente en blanco y relajarse, pero antes necesito que me deje el anillo que me ha enseñado. Se necesita un objeto personal de oro. Y a menos que el anillo no sea suyo...


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Jue Jul 13, 2017 7:21 pm

Sylvana casi vuelve a reír cuando la gitana la asocio con un hombre lobo. A veces llegaba a olvidar que no muchos sabían la diferencia entre licántropos y cambiantes, y que ademas no tenían tan buena relación como ella quisiera. Más de una vez había terminado peleada con ellos solo por estar en el mismo lugar; los instintos animales podían ser poderosos la mayoría del tiempo.

Mientras mas le explicaba la mujer, mas intrigada se sentía. ¿Las cartas también podrían ayudarle? Nunca había pedido una lectura por curiosa que estuviera ya que sus hermanos no le habían dejado ir sola por lo sobreprotectores que eran, y ella no tenia ganas de tenerlos ahí, escuchando lo que podría preguntar.

No era exactamente un licántropo, aunque puede ser algo parecido—explico Sylvana cuando la mujer dejo de hablar. —Vuelvo a pedirle disculpas si mi ataque de risa pudo ofenderle, siempre se me ha dificultado el pararlo.—Mirando los objetos delante suyo, cerro los ojos un momento antes de suspirar con fuerza, nerviosa.

No sabia que haría si no funcionaba, el volver a perder la esperanza seria un duro golpe que muy probablemente la dejaría vagando en la casa de su amiga como una verdadera alma en pena hasta que su momento de pesadez pasara, pero estaba dispuesta a intentarlo.

Quien sabe si voy a hacer sopa de guisantes si ni siquiera se si tendré guisantes—murmuro Sylvana, taciturna, girando el anillo entre sus dedos antes de sonreír. —Su abuela realmente era sabia. —Apretó el anillo en su puño con fuerza, casi clavando sus uñas en la palma. —El anillo en efecto es mio, puede usarlo como mejor le parezca.

Extendiendo el objeto hacia ella entre sus dedos indice y pulgar, no pudo evitar recordar el como lo había conseguido; como él había llegado su tienda de vinos con esa mirada tan viva suya, diciéndole que le acompañara a Paris para empezar una nueva vida, antes de darle ese sencillo anillo de oro.

Para sus hermanos y hermanas les parecía una baratija, casi de fantasía ya que no tenia ningún ornamento, diseño o piedra en el. Pero para ella...para ella había significado tanto que aun cuando le compro otro más elaborado, fino y elegante de oro blanco con tres pequeñas piedras de color aguamarina que, para su pesar, llevaba colgado en el cuello por una fina cadena junto un dije en forma de lagrima de la misma piedra, nunca podría significar tanto como el que tenia en su mano en ese momento.

Lo odio, lo maldigo mil veces—pensó resentida pero con el corazón dolido mientras dejaba caer el anillo en la mano de la gitana. Le había tomado mucho tiempo el decidir dejarlo ir; incluso cuando lo ofreció de pago, no llego a sentir nada.

Ahora, casi parecía que aquel corazón que ya no latía volvía a hacerlo solo para recordarle todo lo que significo, el por que le dolía de esa manera.

Le odio tanto y aun así...—sacudió la cabeza para desechar esos pensamientos. No eran importantes en ese momento. —¿Necesitaría algo más?—pregunto con amabilidad, guardando esa tormenta de recuerdos dentro suyo.


Última edición por Sylvana Di Angelo el Vie Jul 14, 2017 8:47 pm, editado 2 veces


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Vie Jul 14, 2017 5:40 pm

Al oír que sí era suyo el anillo, la gitana extendió la mano derecha, llena de sus propios anillos de distintos tipos y formas, para cogerlo. Por un momento, vio duda en los ojos de la chica. Era comprensible que esta esperara que la estaba engañando y que solamente quería el anillo para sí, que lo del ritual era simplemente una pantomima sin ningún tipo de sentido ni fin. Pero no, todo eso era totalmente cierto: estaba intentando ayudarla. Sin embargo, fijándose un poco más, se dio cuenta de que no era solo duda lo que escondía su mirada, que había otra cosa. Por un momento se le pasó por la cabeza preguntar si pasaba algo con el anillo que no le había contado, si en realidad no quería dárselo y la que le estaba engañando era la fantasma a ella; si solamente era un cebo para atrapar al pez que te iba a guiar por el océano.

En ese momento, daba igual. Ya estaba decidido. Cogió el anillo y lo puso, de un golpe seco, entre las dos velas, en el centro de la mesa.
No, no necesito na más pa esto —dijo, respondiendo a la pregunta que había formulado la joven. Bueno, ¿joven? Ella afirmaba que no llevaba mucho tiempo en el otro bando del juego de la vida, pero una cosa podría ser lo que ella pensaba y otra, la verdad. ¿Cuántos años tendría en realidad? ¿Cómo había muerto? ¿Estaba allí por eso? Galina se estaba mordiendo la lengua por no soltar todas aquellas preguntas de golpe y sin ningún tipo de escrúpulos, pero pensó que esperaría un poco a hacerlas. Por otra parte, podría preguntarle de una forma más sutil, aunque la sutileza no era precisamente uno de sus fuertes—. ¿Qué es exactamente lo que recuerda? A lo mejor así es más fácil saber qué es lo que necesita, qué busca.

Mientras que le daba tiempo para procesar lo que le preguntó, fue hacia una especie de alacena que tenía allí, en medio de todo su caos ordenado, como lo llamaba ella. Uno de los objetos que había en ella era una cesta de mimbre con frutas, la mayoría, manzanas rojas y anaranjadas. También había peras y algunas uvas pasas, además de varias verduras y dos o tres ramas de perejil y otras hierbas. Abrió la mano delante de ella y pareció vacilar antes de seleccionar una de las manzanas y varias pasas. Fue junto a la mesa y las colocó a los lados del anillo.

Cuando esté lista, hágamelo saber y comenzaremos con esto.
En teoría, el ritual debía durar hasta que las velas se consumieran del todo, y eso podría llevar bastante rato, aunque las velas estaban bastante gastadas ya, por eso hacía ese preámbulo con preguntas, aparte de porque quería averiguar más cosas de ella. Ni siquiera sabía su nombre, tampoco tenía intención de preguntarlo. No era extraño que cuando se hacía eso, la otra persona preguntara por el suyo y cuanto menos supieran de ella, mejor. ¿Qué habría querido decir con que no era como los licántropos exactamente, pero que era algo parecido? Tenía la cabeza llena de interrogantes.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Vie Jul 14, 2017 8:30 pm

Sylvana se encogió un poco, apretando los labios cuando el anillo dio un golpe sordo al ser colocado bruscamente en la mesa. Por un momento se sintió culpable, recordando el mimo con el que había tratado al objeto aun después de ser traicionada.

Pronto, ese sentimiento desapareció, deseando que fuera la hueca cabeza del que fue su prometido ser estampada con tanta fuerza.

Casi sonrió al imaginarlo.

Por amor a todo mujer, concéntrate—se regaño, empezando a cansarse de ser atacada por los recuerdos, cosas que no tenían importancia con el tema que estaba tratando en ese momento.

¿Lo ultimo que recuerdo, dice?—pregunto la fantasma, ladeando un poco la cabeza y mirando al techo. —Son varias cosas, si se refiere a mis últimos momentos estando viva. Recuerdo con mucha nitidez el como fui asesinada, pero no creo que eso le sirva—. Sylvana no estaba segura de que la gitana le perdiera el miedo si le contaba esa parte. Ella aun sentía un escalofrió al recordar el dolor de las heridas. —Pero recuerdo el libro que me robaron. Ahí tenia cosas muy importantes, tantas que no se hace una idea.

A la joven aun se le hacia irónico decir que se lo robaron cuando ella misma hizo lo mismo al conseguirlo. Aunque no sentía ninguna culpa; el inquisidor que tuvo que eliminar no lo iba a echar en falta.

Sin embargo, sus compañeros fueron otra historia.

Cerrando los ojos con fuerza, se paso un mechón de cabello detrás de su oreja aun cuando no le molestaba antes de hablar. —En ese libro había varios nombres de gente...importante, así como los lugares que frecuentaban. —Miro con seriedad a la mujer, esperando que entendiera su indirecta. —Lugares que gente como usted y sus semejantes no deberían visitar si no quieren problemas innecesarios.

Sylvana dejo que analizara sus palabras con cuidado, esperando que entendiera antes de seguir hablando.

También menciona cierta ubicación de una base bastante peculiar e importante que no muchos conocen, ese es el dato mas relevante de todo el libro—dijo ella, con cierta pesadez por haber olvidado aquellas paginas que memorizo tanto. Tal vez por eso mismo fue lo primero que no logro recordar al despertar como fantasma.

Malditas fueran las ironías de la vida o en su caso, de la muerte.

Negando con la cabeza, centro su atención en todas las frutas y objetos, curiosa por el uso que les daría la mujer. —Tal vez mi pregunta le moleste y no es que dude de usted pero, ¿Para que sirve cada cosa?—cuestiono, acercándose para ver mejor— ¿Tendré que comerme alguna manzana? Por que si soy capaz aun cuando tengo esta forma, pero la comida ya no sabe como antes, es como apenas saborear la cascara aún cuando te comiste toda la fruta. Cuando estaba viva mi sentido del gusto y olfato eran tan fuertes que...—se detuvo un momento, incrédula, antes de reír. —Acabo de notar que soné como una anciana, ¿No es parecido a lo que siempre dicen? Cuando era joven, era mejor en tal o cual cosa. —Volvió a reír, los cascabeles resonando muy levemente antes de voltear hacia la gitana con un gesto avergonzado. —Debo estar aburriéndola con toda esta platica sin sentido, ¿No es así?. Dejare mi confianza en usted y sus habilidades. Estoy preparada.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Sáb Jul 15, 2017 7:13 am

La gitana escuchó atentamente cada palabra. Si bien es verdad que la mujer no contó mucho, pues todo lo trató por encima, sin entrar en detalles, sin dar mucha información, le quedó algo claro: parecía que buscaba venganza. Por eso estaba allí, atada a la vida. Por un momento, le dio bastante igual el motivo que pudiera tener aquella mujer para merodear por allí, pero luego pensó que si se sabía que ella le había estado ayudando, sería su fin.

¿Un libro? ¿Está aquí para recuperar un libro? —preguntó incrédula—. Me pace mucho jaleo pa un libro. Ya pué ser importante, sí... —añadió—. ¿Qué quiere decir con eso de "gente como yo"?
Eso le preocupaba bastante. ¿Entonces su vida corría peligro sí o sí? ¿Tanto si la ayudaba como si no? A ver, tampoco era algo nuevo porque su vida siempre corría peligro. Los gitanos siempre habían sido perseguidos. Ella misma había huido de Rusia con su familia por este motivo. Fue le motivo por el que Grigoriy... Interrumpió sus pensamientos.

Si está aquí para vengarse de aquellos que le robaron el libro y, así, arriesgar mi vida si descubren que la he ayudado a dar con ellos, esto no me interesa —dijo muy seria, mirando a los ojos de aquella mujer. ¿Cómo podía ser que no tuviera vida? Juraría que los veía brillar y los ojos de los muertos no brillaban—. Quiero decir, en ningún caso debe dar mi nombre ni mi dirección ni nada que la relacione conmigo. ¿Me ha entendido? —Veía necesaria esta explicación por si ella pensaba que definitivamente no iba a ayudarla. La ayudaría, sí, pero bajo una serie de condiciones que, al menos, le protegieran la espalda. A ella y a su familia—. Desgraciadamente, por eso de que no puede saborear nada y tal, sí, tiene que comerse la manzana y las pasas, pero todo a su debido tiempo. Ya le diré cuándo.

De momento, no pensaba explicarle nada más. Los gitanos solo compartían ese tipo de conocimiento con los suyos.
No me aburre en absoluto, le he preguntado yo por estas cosas. ¿Al menos recuerda hace cuánto tiempo murió? —Esa sería su última pregunta antes de empezar de una vez por todas con el ritual.

Se sentó en una de las sillas que estaban junto a la mesa e hizo un gesto con la mano indicándole a su clienta, pues eso era al fin y al cabo, que hiciera lo mismo en la silla que estaba frente a al suya.
Siéntese, estire las manos sobre la mesa y cierre los ojos. Debe intentar no pensar en nada, relajar la mente.
Habló demasiado bajo para ser ella, que normalmente tenía un tono de voz muy alto. Este era un tono normal, un poco acorde al ambiente creado por el incienso y las velas, que estaban allí para purificar el aire y facilitar el flujo de energía. Cualquier cosa no deseada había de eliminarse.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Sáb Jul 15, 2017 2:49 pm

Sus hombros cayeron un poco, casi sintiéndose derrotada al notar que la mujer no había entendido del todo su indirecta.

Debes aprender a expresarte mejor, no puedes hacerlo ni estando muerta—pensó para si misma, reprendiéndose antes de observar a la gitana con fijeza.

Entiendo que no le parezca muy importante al principio, incluso yo tengo días donde todavía no me creo que todo esto empezó por un libro...y un cobarde—contesto, murmurando lo ultimo sin querer.—Cuando me refería a gente como usted, quería dar a entender a personas que son especiales, que son gitanos, brujos o sobrenaturales, como son llamados los licántropos y mi antigua raza, los cambiantes. Si usted lo piensa un momento, solo hay un enemigo en común que considere a todos nosotros un error en este mundo, algo que se debe eliminar.

Esperaba que esta vez si le entendiera, ya que no quería darle mas información de la necesaria, no tanto por que no quisiera; a ella le encantaba compartir sus conocimientos con gente que estuviera interesada, pero sabia que también mientras mas supieran, mas se exponían al peligro, y ella no quería arrastrar más de lo que debía a la mujer que estaba tratando de ayudarla.

Sobre su nombre y dirección, no tiene que preocuparse. Supe de usted por pura suerte, aquella a la que llamaban Gryaz—dijo Sylvana con calma—. Agradezco que quiera ayudarme, y entiendo sus condiciones.—La mirada de la fantasma se hizo algo triste, casi lastimosa pero con un deje de resentimiento y odio que le hizo fruncir el ceño. —Es verdad que una parte que me debió mantener aquí fue el vengarme de mis asesinos, pero lo más importante para mi, lo ultimo que pensé antes de morir fue en mi familia, en las personas que me apoyaron y que estaba dejando en peligro por mi culpa, por mi deseo egoísta de saber toda la información posible.—Miro a la mujer, esperando que le creyera. —La venganza no es lo que me mueve, si no aquellos que me importaron.

Recordó a todos sus hermanos y hermanas, haciendo sus vidas en Italia, y en sus hermanos mayores, quienes aun le mandaban cartas a su nueva dirección, sin saber lo que le había pasado, sin si quiera imaginar que aquella hermana que protegieron tanto ya no estaba viva.

Sintió que se quedaba sin aire, llevándose una mano hacia su pecho, sus ojos aguantando las lagrimas que de repente quisieron salir sin vergüenza alguna.

No era el momento, no podía pensar en lo que ya no podría tener, por que si lo hacia, se rompería, se quebraría en mil pedazos.

Yo...yo debo llevar muerta casi tres años, contando desde la fecha que pusieron en mi lapida—carraspeo, notando que su voz había sonado un poco temblorosa. —¿Al final si tendré que comer, eh? Menos mal que ahora parezco un pozo sin fondo—dijo, tratando de bromear mientras tomaba asiento en el lugar donde le había señalado la gitana.

Estiro sus manos en la mesa, notando sin querer como parecían más delicadas y blancas de lo que recordaba, con las uñas ligeramente largas pero cuidadas, dándole un aire elegante. —Nunca las considere elegantes—pensó, ladeando un poco la cabeza al recordar como siempre estaban manchadas de tierra o del jugo de las uvas antes de cerrar los ojos.

Fue más difícil de lo que pensó el dejar su mente en blanco, esa visita le había hecho revivir tantos recuerdos que ahora todos se juntaban en su cabeza.

Concéntrate, en blanco, deja todo en blanco, no pienses en nada—dijo para sus adentros, empezando a dejar de lado sus recuerdos al tratar de imaginar una playa, donde siempre se sentía tranquila. Cuando lo logro, respiro profundo antes de borrar esa imagen de su cabeza.

Ahora, no había nada más que oscuridad.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Dom Jul 16, 2017 9:26 am

Permanecieron en silencio durante al menos quince o veinte minutos, a pesar de que después de oírle hablar a aquella mujer, le habían surgido mil dudas más que tenía intención de resolver cuando se hubieran consumido las velas. Pero lo que más le preocupaba es que sabía su nombre. ¿Cómo? ¿Quién había guiado al fantasma hasta allí? 

Solamente se oía tronar de forma leve, nada más, pues todo era silencio. Comenzaba la tormenta que aquellas nubes grises habían anunciado al principio del encuentro, pero aún no había llegado al campamento gitano. Sin embargo, le faltaba poco. Galina había pedido a su acompañante que despejara la mente, pero ella aprovechó esos momentos de silencio para hacer justamente lo contrario. La verdad es que aquella visita le había venido bien, pues le obligaba a dejar de darle vueltas a recuerdos dolorosos que se clavaban en su corazón como un puñal, una y otra vez. 

Si hubiéramos venido a París antes... —pensó, recordando la cara de su marido durante unos instantes. No podía dejar que otros gitanos, incluidos ella, su tía y sus hijos, con quienes había llegado a la capital francesa, u otros seres no humanos corrieran la misma suerte que corrió su amado Grigoriy. A aquellas criaturas las tenía por monstruos hasta el encuentro con aquella chica, es decir, si trataba de protegerlos, eso quería decir que no eran malvados, ¿no? Que serían buenas personas. No tendría sentido proteger con tanto ahínco el mal.

Miró hacia las velas, alejándose de aquellos pensamientos durante un momento, y estas ya casi se habían consumido del todo. Faltaba poco para comprobar si aquel ritual había funcionado o no. No sabía si de verdad aquella mujer llevaba sin vida solamente tres años, puesto que sus ropajes parecían antiguos, aunque ella de cuestiones de la moda, y más si no era moda rusa, no entendía mucho. En el caso de que no fuera así, ¿tendría sentido hacerse con el libro de nuevo o, al menos, recordar los datos que aparecían en él? ¿Seguirían teniendo sentido los lugares que se reflejaban en el interior de sus páginas?

Durante los siguientes minutos se obligó a hacer como ella: a no pensar en nada. Simplemente se fijó en las velas. Estaban llegando a su fin. Un poco más y...
¡Por fin! —pensó para sí. Ese pequeño momento de reflexión le había pesado como si se hubiera quedado atrapada bajo las ruedas de un carruaje en el fango. Por suerte, ya había acabado.

Posó sus ojos sobre la chica. Al principio le había costado, pero ahora parecía muy relajada. ¿Cómo alguien así, tan puro, osaba enfrentarse a unos asesinos? No quería interrumpir su calma, pero era el momento. Era la hora.
Muchacha —dijo, llamándola, pues desconocía su nombre a pesar de que ella sí supiera el suyo—, ya se han consumido las velas. Ya pué abrir los ojos.

Mientras que esperaba que la mujer se acostumbrara de nuevo a la luz, se levantó a por una especie de cuenco, un cuchillo y un mortero, y habiendo cogido estos objetos, se sentó de nuevo a la mesa. Entonces, comenzó a pelar la manzana y cortarla en trozos más pequeños que, junto con las uvas, machacó dentro del cuenco con el mortero, haciendo una especie de papilla.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Dom Jul 16, 2017 2:46 pm

En el tiempo que tuvo los ojos cerrados hubo un momento en el que olvido donde estaba. Toda esa tranquilidad y silencio le ayudo a controlar sus sentimientos, casi estaba segura que se hubiera quedado dormida si así lo quisiera.

El olor del incienso era bastante relajante, lo que la hacia respirar mas lentamente, inhalando su especial aroma. Tenia mucho tiempo desde que se había sentido de esa forma, tan tranquila, tan relajada de sus preocupaciones que deseo que ese momento se alargara lo más posible.

Sin embargo, su pequeña burbuja fue rota por la voz de la gitana, llamándola con tranquilidad para que abriera los ojos.

Estuvo a punto de suspirar de frustración al escucharla.—Siempre que deseo algo es como si pidiera lo contrario—pensó, resignada antes de obedecerla. Parpadeando un poco antes de mirar las velas, totalmente consumidas.

Solo cuando la mujer delante suyo se levanto a buscar un cuenco y demás cosas que necesitaría fue cuando noto el como la había llamado.

Se llevo una mano a la boca, un poco mortificada antes de aclararse la garganta. Fue bastante grosera al no presentarse cuando llego a su hogar, perdida en sus pensamientos por no saber realmente que decirle o como buscar las respuestas que necesitaba. Parecía que estaba perdiendo sus modales.

Me perdonara usted, pero acabo de caer en cuenta de mi error al no presentarme—dijo avergonzada, jugando un poco con sus manos. —Me llamo Sylvana, Sylvana Di Angelo. Un placer conocerla, y de nuevo gracias por ayudarme. —Se inclino ligeramente en la silla, haciendo una pequeña reverencia antes de observar la papilla que estaba en el cuenco con atención, esperando más indicaciones.

Para ser sincera, a ella nunca le habían gustado las uvas pasas. Siendo su familia la dueña de un viñedo, estuvo acostumbrada a tener siempre hermosas y ricas uvas para comer cuando quisiera. El ver las pasas así, tan secas y oscuras la ponían de alguna manera triste.

Tal vez ahora yo soy como una uva pasa—pensó, casi queriendo reír. Definitivamente estaba imaginando cosas sin sentido.

Extrañaba bastante el saborear la comida como antes, pero justo ahora sentía que era una pequeña victoria sobre esas pasas.

Oyendo el ligero sonido de un trueno a la distancia, miro por la ventana, sonriendo con ligera añoranza al ver las nubes grises.

Ojala empiece a llover—murmuro sin darse cuenta, empezando a sentirse decaída.

Ella sabia muy bien que varia de la información que aún conservaba, incluso la que había olvidado, podría ser insuficiente con los años. La inquisición siempre estaba reclutando y perdiendo gente con frecuencia.Ya había encontrado tres lapidas en el cementerio con los nombres de antiguos inquisidores, mermando su seguridad con el paso del tiempo.

Al menos los lugares...—imploro en su cabeza. Esa información no le había fallado hasta el momento.

Pero claro, si no llegaba a conseguir nada, al menos la lluvia se llevaría sus penas.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Dom Jul 16, 2017 4:34 pm

Seguía machacando los alimentos, echando algún que otro condimento de vez en cuando a pesar de que la mujer no pudiera saborear las cosas. Al menos no quería que pensara que no lo estaba intentando. El olor a incienso inundaba toda la casa. Se preguntó si los fantasmas eran capaces de oler o tampoco podían hacerlo.

No se preocupe por no haberse presentado —dijo, agitando la mano izquierda indicando que el asunto no tenía importancia, haciendo sonar las pulseras que llevaba en la muñeca—, señora Di Angelo. ¡No pasa na! —Estaba claro que ella no iba a hacer una reverencia, pero el trato que tenía hacia ella era de respeto—. Las manzanas y las pasas ayudan a la memoria, ¿sabe? Antes me ha preguntado que para qué era cada cosa. Pues bien, ha de comerse esto —continuó diciendo a la par que señalaba el contenido del cuenco— para ayudar a que fluyan los recuerdos. Normalmente con la gente que no... que no se ha ido funciona bastante bien, pero en su caso personal no sé cómo de efectivo será.

De verdad que eso le preocupaba, más por la parte que concernía al pago que por otra cosa. Aunque, si mal no recordaba, la chica le había prometido el anillo sí o sí, así que intentó calmar sus dudas. Miró hacia el cuenco que sostenía en sus manos y pareció satisfecha al comprobar que aquello ya parecía una especie de puré. Que estaba listo.

Dejó el recipiente en la mesa y buscó una cuchara de madera que tenía por allí. La lavó un poco en un cubo que tenía con agua y jabón y se la tendió a Sylvana junto con el cuenco. Después, volvió a sentarse frente a ella. 
¿Le gusta la lluvia? ¿Por qué? ¿Esconde alguna historia? —preguntó de forma amable, algo raro viniendo de ella, que normalmente era más hosca—. Por cierto, hay algo que quería preguntarle... —Casi lo había olvidado—. ¿Dónde oyó hablar de mí? ¿Cómo sabía mi nombre?

Por un momento, pensó en lo ridículo de la situación: ¡estaba charlando con un fantasma! Ni en sus más terribles sueños habría nunca imaginado aquella situación. ¿Qué diría su madre de aquello si siguiera con vida? ¿Alabaría el hecho de que pudiera ver a los muertos o pensaría que estaba maldita? Nunca sabría la respuesta porque si algo tenía claro, era que su madre nunca regresaría de entre los muertos. En parte se alegraba, pues debía descansar en paz y no atarse a la vida, como esa muchacha que tenía allí enfrente. ¿Pero por qué podía hablar con ella y no con su madre o, incluso, con su marido? Le parecía bastante injusto.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Dom Jul 16, 2017 6:23 pm

La muchacha acepto el cuenco y la cuchara con cuidado, enfocándose un poco más por si su forma corporal le jugaba en contra. No era común, pero ya le había pasado que al querer tomar algo, al estar demasiado distraída, olvidaba concentrarse y el objeto traspasaba sus manos. Su amiga aún no le perdonaba el haber roto aquella figurilla de lobo que tanto le gustaba.

Puede llamarme Sylvana si gusta—tomo una cucharada del puré, apenas sintiendo el sabor de la manzana junto el ligero toque de los condimentos. Sonrió al no saborear las uvas pasas. —Vera, no tengo mas de veinticuatro, al menos de apariencia. —tomo otra cucharada. —Además me gusta mas mi nombre. Tal vez no le importe, pero significa bosque, y junto mi apellido se me hace realmente chistoso. Ya ve, algo como bosque del ángel. —Soltó una pequeña risa mientras seguía comiendo.

Sus padres fueron creativos en varios de los nombres de sus hermanos, tratando que se complementaran con su apellido. Los hacia sentir especiales de alguna forma.

Sobre como supe de usted, fue por mera casualidad—dijo sin quitar los ojos del puré que le quedaba. —Estaba en la calle, dando vueltas sin saber a donde ir cuando un pequeño grupo de gitanos me atravesó, hablando entre ellos en voz baja. Mencionaron su nombre de pasada, y como era la única pista que tenia los seguí para saber donde se reunían los gitanos. Solo unos días después me arme de valor para venir.

La verdad, le había costado horrores decidirse. A veces pensaba demasiado las cosas, desesperandola hasta que su paciencia se acababa y decidía actuar.

No sabia que las manzanas y las pasas servían para la memoria—comento, tratando de cambiar el tema. —Igual no se preocupe si no funciona del todo, entiendo que los efectos puedan cambiar para una persona que ya no esta viva.

Sylvana siguió comiendo, llenando su boca de una buena cantidad para no hablar por el momento, dándose un poco de tiempo.

Ah la lluvia...siempre estaría llena de hermosos y dolorosos recuerdos.

Adoro la lluvia desde que era adolescente. Era precioso ver como la tierra se mojaba, desprendiendo ese encantador aroma—comento con expresión soñadora antes de que fuera cubierta por un velo de tristeza y por que no decirlo, de un enorme rencor. —También...me gustaba salir cuando empezaba a llover, dejando que me empapara el vestido y los cabellos mientras...—suspiro, sus energías abandonándola al recordar como Dean, su antiguo prometido, la cargaba por la cintura, dándole algunas vueltas antes de dejarla en el piso, ambos riéndose antes de abrazarla con fuerza, dándole un ligero beso para después cambiar a su formas animales, jugando entre los charcos.

Su muerto corazón se estrujo de nuevo.

Bufando con enojo hacia ella misma, termino el puré con rapidez, dejando el cuenco en la mesa con delicadeza. —Mientras jugaba entre los charcos con un antiguo conocido—termino de decir, sin querer que la gitana pensara que no quería responderle ni sonar grosera. —Por cierto, ¿Su nombre significa algo? Es bastante curioso, pero bonito—opino ella, esperando no molestarla con su curiosidad, atenta también a alguna otra indicación.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Lun Jul 17, 2017 10:03 am

Galina no había caído en que el trato de señora quizá había sonado demasiado respetuoso para aquella mujer dado que en la comunidad gitana se ganaba ese título a edades tempranas por el mero hecho de casarse. Ella misma era una señora, viuda, además, y pensaba que Sylvana se había casado, pero parecía ser que no.

Oh, disculpe, Sylvana, pensaba que había tenido marido... —Hizo una pequeña pausa antes de continuar hablando—. "Bosque del ángel" casi hace pensar que es una especie de musa o deidad, es bastante bonito. Mi nombre, mejor dicho, mi apodo, por el contrario, no es nada agradable. —Entrelazó los dedos de sus manos morenas, haciendo chocar ligeramente los anillos que las cubrían—. "Gryaz" hace referencia a la suciedad, a la mugre. Siempre me han llamado así. Ya puede imaginarse por qué.

No iba a avergonzarse por tener la casa hecha un desastre ni porque sus ropas estuvieran sucias por todas partes, desprendiendo un olor desagradable, solamente trataba de explicarle el origen de su mote. Resultaba gracioso que una muerta estuviera más limpia que ella. Los muertos debían estar bajo tierra o, en su defecto, hechos cenizas en algún lugar sagrado, no allí, junto a ella.

Todavía olía a incienso y las primeras gotas de lluvia comenzaron a salpicar fuertemente el suelo sobre el que estaba instalado el campamento gitano. Por suerte, su tía Nadezhda había ido con sus hijos a casa de su vecina Kala, por lo que estaban a salvo de la lluvia. Galina miró una vez más hacia la ventana antes de hablar:
Para mí la lluvia no trae ningún recuerdo bueno. —No tenía ninguna intención de continuar dando información relacionada con ello, por lo que su tono fue tajante—. Y parece que para usté tampoco, por más que me quiera vender lo contrario, ¿no es así? —Esto último lo dijo de forma más amable. 

Se levantó de la mesa para llevarse el cuenco y la cuchara y enjuagarlos en el cubo con agua. Cuando lo hizo, regresó de nuevo a sentarse frente a ella y le dijo:
Ahora que ya se ha comido la crema, debe coger el anillo que me ha dado antes y ponérselo. Al hacerlo, piense con fuerza en aquello que desea recordar.
Esperó a que Sylvana siguiera sus instrucciones para saber si había tenido éxito.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Mar Jul 18, 2017 12:12 am

Sylvana desvió la mirada, avergonzada ante las palabras de la gitana sobre su nombre, ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de pensamientos. Sin embargo, se sintió confundida al saber el significado del apodo de la mujer.

Mirándola con atención, era cierto que su ropa apenas estaba cuidada y tenia bastantes manchas de tierra en su falda como en su piel. Aun así, no se le hacia una razón suficiente.

He de decir que me sorprende—opino Sylvana, sus palabras abandonando su boca sin darse cuenta. —Usted parece una mujer que ha sufrido perdidas y dificultades que pocos podrían comprender. Estaba casi segura que el significado de su apodo tendría algo que ver con esa entereza y valentía de seguir su camino a pesar de los obstáculos que se presenten.

Miro el anillo que Gryaz le ofrecía de nuevo, tomándolo con un cariño que le hacia querer maldecirse a si misma.

Sabe, estuve a punto de casarme—soltó sin poder detenerse.—Pero al final...al final solo fue una ilusión cruel. —Apretó el anillo contra su pecho, creando una fina linea con sus labios antes de volver a hablar. —Aun ahora, no puedo dejarlo ir de todo..—resoplo, harta de su propia estupidez antes de sonreír de lado, casi con sarcasmo. —Parece que es demasiado obvio aun cuando no me conoce de nada ¿Verdad? Ciertamente, la lluvia a veces me trae recuerdos dolorosos. No por que fueran malos, si no por lo maravillosos que me parecían en ese momento.

Apretó sus manos con fuerza, acercándolo aun más a ella antes de bajarlas a su regazo en un gesto derrotado, mirando el objeto por quien sabe cuanto tiempo hasta que sintió como la fría indiferencia empezaba a llenarla.

Era solo un anillo, un objeto que no significaba nada.

Inspirando profundo observo los ojos de la gitana con fijeza, asintiendo hacia ella. —Veamos si sus esfuerzos han logrado ayudarme. —Sonriendole con amabilidad, trato de que entendiera con ese gesto que no importaba si no lograba su cometido, el solo haberlo intentado era suficiente.

Con algo de rudeza, se coloco el anillo en el dedo anular pero de la mano derecha. Aguantando la respiración mientras se enfocaba en las paginas del libro que había estudiado con tanto ahincó, específicamente en las que solo tenia fragmentos en blanco.

Sintió un ligero dolor en la parte posterior en su cabeza, pero no le importo, enfocándose con fuerza en aquellos detalles que quería recordar.

Poco a poco, logro ver algunas letras en los espacios que antes estaban en blanco. Apretando los parpados ya que había cerrado los ojos, trato de enfocarse en los lugares y la base principal.

Por favor...por favor...—pensó, casi rogando antes de que el dolor desapareciera de repente, haciéndola abrir los ojos de golpe, jadeando como si hubiera estado debajo del agua por mucho tiempo aun cuando ya no necesitaba respirar realmente.

Parpadeando con rapidez, sintió como unas cuantas lagrimas escaparon de sus ojos, resbalando por sus mejillas.

Aun sorprendida, solo atino a llevar su mano derecha hasta su cara, apenas limpiándola con sus dedos.

Lo recordé—murmuro sin poder creerlo, observando a la mujer frente suyo con una enorme sonrisa aun cuando seguía llorando. —Es muy poco. Me atrevo a decir que no merece la pena que me emocione de esta manera, pero llevo años sin lograrlo. El recordar dos nombres y lugares más es casi un regalo.

Lo sabia, sabia que era realmente poco considerando que no había logrado recordar la información sobre la base, ¡Pero que le dieran a su maldita base! Ahora tenia mas pistas donde buscar, mas personas que encontrar.

Sylvana trato de tranquilizarse, incapaz de seguir hablando mientras se perdía en miles de planes que empezaba a idear en su cabeza, sus manos limpiando sus lagrimas de manera descuidada.


El que vive de ilusiones muere de realidades.

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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Jue Jul 20, 2017 3:10 pm

La gitana observó con cierta expectación cómo Sylvana se ponía el anillo. ¿Habría funcionado todo lo que había hecho? ¡Más valía! Porque había gastado comida en alguien que ni podía saborearla y no es que a Galina le sobrasen los alimentos, precisamente.
Bueno, ¡ya quisiera yo acordarme de cosas después de muerta! —exclamó en tono jocoso como respuesta a lo último que dijo su acompañante, con la única intención de animarla un poco ante la perspectiva de recordar una ínfima parte de todo lo que ansiaba saber, pero también era cierto que el ritual no te devolvía todo lo que habías olvidado, a lo mejor si recurría a un brujo...—. Aunque, en realidad, preferiría no volver, pero ya me entiende.

Se alegraba de que hubiese resultado, puesto que eso le aseguraba el pago. Ya casi podía sentir en sus dedos aquel anillo de oro. Pensaba venderlo, pues a ella le venía grande, además de que su familia siempre pasaba por momentos críticos en cuanto al alimento y aquella no era una excepción. Había sido maja con aquella mujer, algo raro para ser ella, pero es que había algo en la señorita Di Angelo que le agradaba. Quizá fuera la humildad y el respeto con el que la había tratado, como si ella fuera poseedora del conocimiento y no al revés. Le gustaba ese sentimiento.

Debe dejarlo ir —dijo, posando sus manos sobre los brazos de la fantasma, a través de la mesa mientras la miraba fijamente.
Se refería a lo de su amado, obviamente. Se veía que lo había pasado mal en vida y no podía dejar de hacerlo también en la muerte. Y puede que eso, y no la venganza, fuera la razón principal por la que ella estaba allí y no en otro lugar.

Dejó estas y otras preguntas sin salir de su boca, pensando que ya tendrían ocasiones en el futuro de volver a encontrarse y de contarse más cosas, pero que, por el momento, esto también había que dejarlo ir.
Me alegra que haya podido recordar cosas. Obviamente, era muy difícil que le regresase todo de golpe. Eso no le pasa ni a los vivos. Hay que hacer muuuucho esfuerzo para ello y a veces ni se consigue, ¿sabe? —Era una pregunta retórica—. Si quiere, puede venir otro día a probar de nuevo, pero en ese caso, le pido a usté que traiga los utensilios necesarios. Ya ve que no vivo en la abundancia, precisamente. Y hablando de eso... —Alzó el dedo índice de la mano derecha en señal de que se acababa de acordar de algo importante y quería remarcarlo—. Debe pagarme.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Jue Jul 20, 2017 8:06 pm

La joven la miro con aprecio por el intento de hacerla sentir mejor aún cuando se le notaba que la idea de volver después de muerta no era de su agrado.

Estoy segura que sería una fantasma encantadora—comento jocosamente, su semblante decayendo al escucharla decir algo que se había repetido hasta el cansancio. Simplemente no podía. Odiaba esa parte suya que se aferraba tanto a algo.

Aunque por eso mismo estaba ahí, así que al menos había servido en esa ocasión.

Algún dia puede que lo logré, mi amiga gitana—dijo no muy segura. Habían pasado años y aún no lo superaba. Tal vez en algún futuro...

Sacudió la cabeza, palmeando las manos de la mujer y apretándolas un poco en señal de gratitud. —No sabe cuanto me ha ayudado, puede asegurar que volveré, aún me debe una lectura con las cartas, será interesante. —Solto una pequeña risa.— Y no se preocupe, yo traeré todo lo necesario la próxima vez. Incluso espero que me acepte el atrevimiento de traerle alguna otra fruta que se le antoje.—Levantandose de la silla le sonrió con tristeza,  tallando el anillo en su dedo antes de quitárselo lentamente, dándole vueltas.

Dolía más de lo que pensaba, los recuerdos se abalanzaban hacia ella con fuerza. ¡Pero que le dieran a los malditos recuerdos! Un trato era un trato y ella no iba a romperlo.

Como prometí, aquí está mi pago por su ayuda—dijo mientras extendía el anillo hacia Gryaz, ocultando cualquier sentimiento en su semblante. —Espero que la próxima vez me permita saber su nombre verdadero para agradecerle como se debe.

Sonriendole una ultima vez, dejó el anillo en su palma antes de retomar su forma etérea, sus cabellos levitando con suavidad mientras salia del hogar de la gitana. El entusiasmo revoloteando en su pecho mientras veía la lluvia y las calles de París debajo de ella.

Tenia que comunicar la información que había obtenido lo antes posible.


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Re: Al fin y al cabo, todos estamos marcados por el destino | Sylvana Di Angelo

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