Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

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Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

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Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Mar Jul 11, 2017 3:49 pm

Le Chateau du Ciel.

Un nombre encantador para un lugar encantador. Según su criterio. El Chateau era un local mediano, decorado con un gusto exquisito. Telas adamascadas en las sillas y sillones, combinando a la perfección con las cortinas que ocultaban las puertas de los espacios reservados para los clientes más especiales. Hombres y mujeres se paseaban de tanto en tanto entre las mesas, ofreciendo copas y bocados a los presentes. Entre todo aquel lujo la decadencia flotaba en el ambiente. Opio, alcohol, tabaco, sexo y sangre. Cualquier cosa que desearas, era muy probable que la encontraras allí. Amén de un estupendo refugio para las horas de luz, llegado el caso.

En la puerta, un hombre decidía quiénes podían o no acceder al interior del castillo del cielo. Vestía de oscuro, con una levita negra sobre la camisa gris, con una corbata de seda que no cubría del todo la tira de cuero que ceñía su cuello. Era un esclavo.
En el momento en que el coche de Héctor se detuvo ante la puerta, estaba dejando pasar a dos mujeres, elegantemente vestidas. Una vampira y otra humana.

-Bienvenida al Chateau -comentó Fortier, al bajar del carruaje, tendiéndole la mano a Lulán.
No era el dueño, pero tenía muy buenas relaciones con quien lo era, así que la puerta del Chateau siempre estaba abierta, fuese la hora que fuese, para Héctor Lebeau-Fortier. El esclavo inclinó la cabeza ante él, como saludo, y les abrió la puerta.

Un olor penetrante les recibió, a través de una suave neblina que se diluia en el ambiente. Héctor guió a Lulán hacia una mesa apartada, en un lateral de la sala principal, y pidió una botella especial.

-No sé si lo has probado, pero es un sabor muy interesante. Champán y sangre. Mezclado en el momento. Es el único local de París que lo sirve así. Por desgracia, no puede abusarse y el consumo se limita. Parte del pacto para que los cazadores no irrumpan aquí con sus antorchas y sus estacas a cortar cabezas.
-sonrió, llenando las copas con apenas un dedo de la mezcla-. Dicen que quieren acabar con nosotros, pero ésa es la mayor de sus mentiras. Si desapareciéramos nosotros, o los cambiantes, las brujas o, incluso, esos... licántropos... ¿Para qué existirían los cazadores? ¿Para mantener a raya a las mariposas? No, claro que no. Por eso nos ha dejado irnos tranquilamente del teatro. Nos necesitan. Lo saben, lo sabemos. Saben que lo sabemos. ¿Te gusta?


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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Lulán Metanova el Mar Ago 08, 2017 12:38 am

Se deslumbró en cuanto bajó del carruaje de Héctor y contempló el lugar. Agradeció mentalmente haber elegido vestir bien aquella noche. Por más que su vida hubiese cambiado mucho –de hecho, técnicamente, estaba muerta-, Lulán no podía negar que en un pasado no tan lejano había sufrido carencias, había tenido que trabajar para poder ayudar a sostener a su familia. Era lógico entonces, que si se tenía aquello en cuenta, ella fuese una joven que continuaba asombrándose con facilidad ante cosas que a cualquier otro ser de su especie y clase le daban exactamente igual.

Había mucha gente en el lugar, la mayoría era… era como ellos dos. Lulán no supo si eso le daba seguridad o la asustaba, por eso se limitó a seguir a Héctor, a esconderse detrás de él cuando advertía que alguien la miraba más de lo normal. Ella no era como su creadora, no le interesaba resaltar, mostrarse, ser admirada o temida. Nada de eso le importaba, prefería pasar desapercibida siempre.


-¿Champagne con sangre? –le preguntó, luego de que se hubiesen acomodado en uno de los apartados especiales. En el lugar todos parecían conocer a Héctor, de seguro era un cliente frecuente del lugar-. Nunca he probado algo así. ¿Por qué se ha limitado el consumo? ¿Puede hacernos mal? –Se asustó de pronto ante la idea-. Quiero probarlo -le dijo convencida.

Héctor sirvió ambas copas con la mezcla –mientras hablaba sobre los malditos cazadores; parecía conocer mucho de ellos y eso era bueno pues si los conocía podía también cuidarse de ellos- y el color tan brillante del líquido daba ya una idea de lo que aquello sería en el interior de ambos cuerpos; Lulán levantó la suya y lo miró, dispuesta a hacer un brindis. Tal vez deberían brindar por la muchacha que los acompañó en el teatro, esa que pudo saciar su sed y calmar su crisis justo a tiempo, pero Lulán prefirió hacer otro brindis:


-Por las amistades inesperadas –le dijo y buscó su mirada-. Por el teatro y por la sed saciada.

Chocaron las copas y Lulán se apuró a beber. Era… era perfecto. La dosis justa de todo lo que siempre la revivía. La sangre le inyectaba energía, el champagne la excitaba. ¿Cómo pudo estar perdiéndose de ese pequeño placer durante tanto tiempo? Necesitaba, pronto, una excusa para volver a llenar las copas. Para saborear aquello de una forma más lenta, para disfrutarlo más y mejor.

-Tú no has brindado por nada, Héctor –le dijo y tomó la botella para volver a llenar las copas-. Y esto es demasiado bueno –dijo dándole un golpecito a la botella-, se merece que digas unas palabras.

Expectante, le tendió su copa. Llena por segunda vez.



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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Mar Ago 15, 2017 5:44 pm

-Digamos que no podemos disponer de sangre ilimitada, así que sólo nos darán una botella esta noche. Pero es un capricho que merece la pena darse de vez en cuando. Es espumoso como el champán, pero mantiene el delicioso sabor de la sangre al final de cada trago.

Dejó que le rellenase la copa, sonriendo divertido por su reacción, tan entusiasta como la de una chiquilla curiosa que descubre algo nuevo. Levantó la copa cuando estuvo rellena y brindó:
-Por los descubrimientos interesantes.


Tras el cristalino tintineo, se llevó la copa a los labios, sin apartar los ojos de Lulán, con una mirada penetrante y esa media sonrisa que ocultaba tras el trago, que no dejaba claro si se refería a la bebida, a la obra de teatro o a la mujer que en esos momentos le acompañaba. Quizás una reminiscencia de aquellos oráculos griegos que nunca dejaban del todo claro sus mensajes.

Con la copa apenas un centímetro más vacía sobre la mesa, Héctor echó una ojeada alrededor.
-El Chateu es un lugar ideal para la diversión y el placer, del tipo que sea. Además, está muy bien protegido contra los incómodos rayos del sol y apenas aparecen cazadores por aquí. Los que lo hacen, tienen la buena costumbre de entrar por la puerta de atrás a solucionar sus asuntos y no interferir en los nuestros. ¿Has probado el opio o son demasiadas emociones para una sola noche?

Hizo un gesto con la mano y uno de los esclavos de sangre que pululaba por ahí -bajo la premisa de que nadie podía beber de ellos sin autorización del propietario- se acercó.
-Tráenos para fumar.

Ese tipo de drogas no era algo a lo que fuera especialmente aficionado. Pero de vez en cuando, no venía mal una noche de excesos y, dado que los cazadores le habían quitado su precioso juguete de piernas largas, tendría que divertirse de otro modo.


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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Lulán Metanova el Miér Ago 23, 2017 2:07 pm

Si alguien la hubiese visto de ese modo en su vida anterior, Lulán se hubiese sonrojado (¡y cuánto más si se tenía en cuenta el lugar lleno de vida, y a la vez privado, en el que ellos se hallaban en esos momentos!)… Antes, cuando vivía, la piel de su cuello se salpicaba con pequeñas manchas rosas cuando ella se ponía nerviosa. Ahora ya nada de eso le ocurría, pero de igual modo no pudo evitar bajar la vista y esconder el rostro en la copa mientras bebía, pues Hector la había hecho sentir especial. No era tanto por lo que había dicho, sino por la forma en la que había expresado todo, por su seguridad al momento de sostener la copa y por la certeza extraña que Lulán experimentó: él quería divertirse junto a ella, de otra forma no la habría invitado a aquel sitio. ¿Estaría a la altura de las circunstancias?
¡Qué rápido había sucedido todo! Le parecía que hacía solo un momento que se habían conocido… pero ya se sentía cercana a él.


-Tal vez los cazadores también quieran divertirse –le dijo, siguiendo la conversación que él le presentaba pero sin dejar de pensar en lo bonita que era su sonrisa-. No creo que todos tengan ganas de matarnos todo el tiempo, algunos deben querer divertirse… ¿o no? ¿Cónoces a muchos cazadores, Héctor? –le peguntó, y hacía tiempo que había comenzado a tutearle-. Eres… eres… Oh, no sé cómo preguntarlo –se apenó y volvió a beber-, ¿eres muy mayor? –le preguntó por fin, con la mirada baja.

La música, la tonalidad baja de las luces, las risas de las personas que disfrutaban del ambiente, la vida burbujeante que ahora la recorría… todo contribuía para que Lulán se relajase, para que olvidara sus temores e inseguridades, para que comenzara a disfrutar, para que tuviera el valor de hacer cosas nuevas.


-No fumo. O sea, no sé cómo debería hacerlo. Pero si tú lo haces yo también quiero, ¿puedo? –le preguntó porque sentía que debía pedir su permiso.

No estaba acostumbrada a tomar decisiones por sí misma, no gozaba de aquella libertad –y creía que en verdad nunca lo había hecho-, por eso necesitaba de la seguridad de los vampiros mayores, su creadora a diario, Héctor en esos momentos.

La humana, de seguro una esclava de sangre, volvió con el pedido que él le había hecho. Dejó todo sobre la mesa y se fue, no sin antes preguntar si deseaban algo más.


-Opio –susurró Lulán, asustada y excitada a la vez-. Será divertido, ¿no?



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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Sáb Ago 26, 2017 2:50 pm

-Yo ya existía cuando nació el tiempo -respondió de un modo un tanto críptico.
Como vampiro ya era bastante antiguo, pues contaba casi seis mil años. A lo que había que sumarle las edades de su vida anterior. Una que había dejado atrás, pero que no había olvidado. ¿Quién podría, cuando se ha visto el mundo con los ojos de los dioses?

Mas su visión del mundo, tras la caída en desgracia, tras su conversión en el ser que era ahora, había cambiado en algunos detalles. Ante sus ojos ya nada era inmutable o eterno. Todo evolucionaba. A veces a mejor, a veces a peor. Había visto nacer y morir civilizaciones, desde la distancia de quien no se involucra en los cambios, pues le pasan de largo, rozándole apenas como una suave caricia. Como si se metiera en el mar y sintiera el ir y venir de las olas, pero éstas no pudieran mojar su cuerpo.

-Me convirtieron hace casi sesenta siglos. Pero creo que no me conservo tan mal. Soy... como uno de esos monumentos que tanto admiran los hombres. Cada grieta es una cicatriz que rememora una historia, pero ahí siguen, en pie, recordándole al mundo lo que una vez fueron. -Se llevó la copa a los labios, con la mirada fija en algún punto en la infinita distancia. Soltó una leve carcajada, cargada de sarcasmo, como si se hubiera hecho un comentario hiriente a sí mismo y lo encajara con arte. Sus pupilas volvieron a centrarse en su preciosa acompañante tras ese breve lapsus-. Al principio se cuentan los años con rencor, con ilusión, con pena. Pero llega un momento en que dejan de importar. ¿Qué relevancia tiene contar con diez, cien o mil, si tenemos la eternidad para nosotros? Lo que deberías contar son las vivencias que tendrás, lo que harás cada vez que el sol se oculte. Dime, ¿serás una de ésas mujeres aburridas, que repiten día tras día los encorsetados comportamientos que las sometían cuando eran humanas, o le arrancarás a cada noche un pedazo de vida?

Sus ojos, clavados en ella, como si quisiera averiguar su verdad más allá de sus palabras, como si buscara una puerta abierta a su mente, a sus más recónditos deseos. Ésos que sólo se confiesan ante uno mismo, en la más absoluta soledad.

En cuestión de minutos, tenían en su mesa los útiles necesarios para disfrutar del opio. Con cierta ceremonia en sus acciones, como si aquello fuera un rito importante, el vampiro preparó una de las dos pipas de madera tallada, de caña larga, con la boquilla de metal, que les habían llevado. Imitaban la figura de un dragón oriental, de forma que al fumar se veía incandescente su boca. Se la ofreció a la mujer con una sonrisa.
-¿Preparo otra o prefieres que la compartamos? Inspira con suavidad, deja que el aire lentamente, paladealo. Y luego déjalo salir.


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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Lulán Metanova el Lun Sep 18, 2017 1:03 pm

¡Que se conservaba bien decía! Lulán no pudo reprimir una sonrisa al oírle decir aquello, era uno de los hombres más hermosos que conocía y creía que no tenía nada que ver con su condición de vampiro. Claro que era como un monumento, ella ya lo había notado, ya lo había admirado… aunque no se sintiera confiada como para decirle algo al respecto, al menos no de momento.

Escuchó sus reflexiones, meditó en ellas que hablaban de la relatividad del tiempo, del regusto de los años y de la monotonía en que la era fácil caer… Palabras que la desafiaban también, ¡a ella! ¡A Lulán que ni siquiera sabía del todo quién era!


-No sé cómo seré –le confió-, no quisiera lamentarme para siempre de todo lo que no pude tener. Quisiera ver mi vida como la fuente de oportunidades que siendo… bueno, que siendo humana no habría tenido. Pero tampoco soy valiente –lo reconoció y tuvo que bajar la mirada, la apenaba mostrarse así frente a él que parecía ser todo lo contrario a ella, pero le estaba siendo todo lo sincera que podía-, sé que hay muchas cosas que el temor no me dejará hacer.

Estar con él la hacía sentir libre. Libre de prejuicios, de mandatos, de miedos, de ligaduras, libre de ella misma. Su seguridad, sus modos resueltos, su voz calma… Él comenzaba a manifestarse, a apreciación de ella, como un modelo a seguir, como todo lo que Lulán querría llegar a ser cuando tuviese su experiencia y dejase de lado la piel de la chiquilla miedosa y estúpida que nunca estaba segura de lo que hacía.

Lo veía armar y disponer de todo de manera pausada, sus maniobras le parecieron increíblemente sensuales y se sorprendió al darse cuenta de lo que estaba pensando. Se removió en su asiento, preocupada al creer que había posibilidades de que él estuviese oyendo sus pensamientos impropios. Mientras quedaba prendada de sus maniobras –porque eran suyas, de Héctor, si todo aquello lo realizaba cualquier otro a ella no le hubiese interesado mirar, lo sabía bien-, no podía evitar preguntarse si volverían a verse o si sólo tendría aquella noche para observarlo, para aprender y admirarlo. ¿Y si ya no volvían a encontrarse? ¿Y si él se iba de la ciudad? ¿Y si ella ya no podía escapar de los mandatos de su Creadora? Tenía esa noche, esas horas por delante para ser libre junto a Héctor y hacer lo que nunca hubiera hecho.


-Podemos compartir –le dijo, asombrada de que él le consultase y tuviese como importante su opinión al respecto-, nos hemos alimentado de la misma mujer hoy. Así que podemos compartir esto “y para mí sería un placer”, eso lo pensó, pero no lo dijo-. ¿Cómo debo hacer…? –Lo preguntó justo cuando él comenzaba a explicarle, por lo que se rió al ver que habían hablado al mismo tiempo.

Siguió sus indicaciones y sintió que el pecho se le calentaba como cuando estaba viva y llegaba a casa luego de atravesar el bosque helado para poder, al fin, calentarse junto a la chimenea. Aquello era muchísimo mejor de lo que había imaginado… Quería sentir esa sensación siempre, volver a vivir debía parecerse mucho a aquello que sentía cuando el opio tibio entraba en ella. ¿Cuánto tiempo pasó? No lo supo, Lulán solo lo observaba a él una y otra vez mientras hablaban y reían. Ella no tenía control sobre la cantidad de opio que estaba metiéndose en su cuerpo inmortal y él tampoco parecía preocuparse al respecto. Lulán hablaba, le hablaba de ella misma y le confiaba sus miedos, mientras se pasaban la pipa que él recargaba cada tanto; el tiempo volaba sin que lo notaran y el lugar comenzaba a vaciarse de inmortales poco a poco…



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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Vie Sep 29, 2017 2:23 pm

Si algo controlaba Héctor, eran las mentes. La suya más que ninguna. Podía deslizarse entre las nieblas del insconsciente de cada ser a su alcance, rebuscar sin ser visto en sus recuerdos, en sus emociones, sin despeinarse. Demasiados siglos de entrenamiento para caer en errores burdos de principiante, como dejar a otra persona saber si estaba indagando en su interior o no.

Todo en él parecía concentrarse en la preparación del opio. Todo en él, en realidad, absorbía cada detalle del ambiente. Se bebía a Lulán con los sentidos, conociéndo de ella todo lo que éstos le permitían. Sus ojos retenían las formas de su cuerpo, el largo de su pelo, la profundidad de su mirada. Sus oídos ya podían reconocer su voz en cualquier lugar, capturando las vibraciones de cada inflexión que hacia al hablar. Sus pulmones, aunque muertos y sin necesidad de respirar, traían hasta él el aroma de aquella mujer con la que compartía la mesa.

Pensamientos inconexos llegaban hasta su cabeza. El ambiente estaba lleno de ellos. Cada persona que se encontraba en esos momentos en el Chateau, lanzaba sin saberlo retazos de pensamientos al aire. Héctor sólo tenía que atraparlos al vuelo.

De Lulán era de quién más percibía, pero ni siquiera se permitía sonreír por ello. ¿Qué sentido tendría guardar un secreto como ése y mostrar abiertamente que se posee una cualidad así? Ninguno. Y el vampiro tenía una pequeña obsesión con la lógica para la mayoria de aspectos de su vida. Siempre basado en la razón, siempre inteligente, comedido, de emociones controladas.

La guió en aquella primera calada y se deleitó con su reacción. Era tan estimulante descubrir algo nuevo... Una sensación que él ya pocas veces sentía. Porque con la cantidad de años que acumulaba, con los siglos de vivencias, de conocimiento adquirido... poco podía ya sorprenderle hasta tal punto de considerarlo una primera vez.

-Despacio. Saborea las sensaciones. Deja que te llene.
Envolvió la mano de Lulán que cogía la pipa con la suya, colando los dedos, largos, rectos, entre los más finos de la mujer. Tiró de ella con gentileza, para atrapar la boquilla entre los labios. Inspiró lenta y profundamente, haciendo que su pecho se expandiera bajo la ropa. La chaqueta, de la que todavía no se había desponjado, se abrió un poco más y dejó a la vista el chaleco que llevaba sobre la camisa, la única prenda clara que portaba.

Liberó la mano de Lulán y se dejó caer de nuevo contra el respaldo, echando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y disfrutando de las sensaciones que le proporcionaba el humo al salir.

Repitieron el proceso, calada a calada, alternativamente. Hasta el momento en que Héctor decidió no tomar su siguiente porción de droga de la pipa, sino de la boca de Lulán. Dejó que tomara una inspiración intensa y, echándose hacia adelante, la tomó del mentón para pegar su boca a la de ella y respirar el humo que dejaba escapar. Lo paladeó al tiempo que degustó aquellos labios. El gusto. Delicioso, tenía que admitirlo.

Cuatro de cinco sentidos. Pero quería disfrutar de las reacciones que provocaba su acercamiento, fueran las que fueran, antes de decidir si daba rienda suelta al tacto, porque el sol saldría pronto y ambos necesitarían volver a sus refugios. Seguros, lejos de los rayos mortales de Helios.


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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Lulán Metanova el Jue Oct 19, 2017 11:00 pm

Jamás se había sentido así de liviana, así de libre, así de alegre. ¿Qué había hecho bien para merecer haber hallado a alguien como Héctor? Ella no había ido al teatro en busca de alguien especial, solo para probarse a sí misma cuanto valor tenía (y había resultado que muy poco, a la vista había quedado eso), pero había salido de allí ganando al descubrir a alguien como ese vampiro.

Escucharlo hablar le encantaba, ¡sabía tanto de tantas cosas! Creía que podía preguntarle hasta de vegetación asiática y él tendría todas las respuestas… Pero sus movimientos seguros y precisos eran hipnóticos. Todo él lo era en verdad y varias veces Lulán se descubrió a sí misma mirándole la boca con descaro. Quería apartar la vista, y por momentos lograba fijarla en otro sitio -en la gente que iba y venía, en los músicos, en el humo que salía de la pipa-, pero siempre acababa volviendo sobre esos labios perfectos y sabios.

Sí, él podía leer su mente, estaba ya segura de eso porque había deseado probar sus labios y él le acababa de cumplir ese deseo. Compartieron el humo y podía parecer algo simple, pero para ella era maravilloso e íntimo, de hecho una de las cosas más íntimas que había compartido con un hombre alguna vez.

Sus bocas se separaron y él pareció querer alejarse un poco para disfrutar del opio que ahora lo llenaba, pero Lulán no quiso dejarlo… Si lo hubiese pensado por un momento, no lo habría hecho. Pero no tuvo tiempo de pensar en nada, hacía varias horas que se sentía libre y descarada. Lulán prácticamente se arrojó sobre el cuerpo de él, lo abrazó como nunca había abrazado a otro y lo besó, dejando que su instinto de mujer y demonio la guiase. Saboreó sus labios, acarició con la lengua sus dientes y se permitió tocarlo por todos lados con descaro.
No parecía molestarle, sino todo lo contrario, por lo que siguió y siguió disfrutando del contacto por varios minutos más… hasta que su mente le dijo que era una descarada, ¿cómo alguien como Hector iba a querer besarla a ella? Solo había querido saborear el opio, de seguro, y ella era una idiota que había confundido las cosas. ¿Cómo iba a fijarse en ella si podía tener mujeres bellas en verdad? Prueba de eso había sido la muchacha que los había acompañado en el teatro… Se separó de él muy avergonzada por su arrebato, segura de que él ya no querría pasar más tiempo con ella, tenía la certeza de haberlo arruinado todo.


-Perdóname, por favor perdóname  –le dijo con la mirada gacha-. Creo que… -un ruido la alertó, miró hacia un costado y notó que ya casi no quedaban vampiros, las pocas personas que rondaban el lugar eran humanos, lo sabía por sus auras-. Hector, ¿por qué ya no hay nadie? ¿El sol…? –El miedo no le permitió acabar la frase.



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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Miér Oct 25, 2017 11:48 am

Héctor recibió a Lulán contra su cuerpo y respondió a sus besos. Esbozó una sonrisa altanera y satisfecha contra los labios de la mujer. ¿Cómo no hacerlo si notaba las curvas de la muchacha apretándose contra él? ¡Estaría loco si le molestase algo así!

Arqueó la ceja, en una muda pregunta cuando se separó tan repentinamente. Su sonrisa cambió a una un tanto indulgente, como quien encuentra un retorcido placer en la inocencia ajena. Tan bonita, tan dulce, tan inconsciente de su propio poder.

La tomó por el mentón para que levantara la vista, fijando sus ojos en los de ella con esa intensidad arrolladora que le caracterizaba.
-El sol saldrá pronto. ¿Podrás llegar a tiempo a un lugar seguro?

Había llegado el momento de despedirse, pero el vampiro no parecía afectado o apenado. Tampoco alegre. Simplemente no mostraba más emoción que esa seguridad en sí mismo que no dejaba cabida a más expresiones en su rostro de dios griego.

Se levantó y le ofreció la mano a Lulán para ayudarle a hacer lo mismo. Le dejó un beso en el dorso, sobre los nudillos, y retuvo la mano entre las suyas un momento más.
-Regresa a casa. Apresúrate y mantente a salvo.

Y, como si quisiera dar ejemplo, encaminó sus pasos hacia la salida del local. Se despidió de la dueña con un cabeceo y un guiño. No pagó lo que habían consumido y nadie le detuvo para exigirle el precio. Los buenos clientes siempre podían tomarse ese tipo de atribuciones. Héctor siempre saldaba puntualmente su cuenta, a final de cada mes, sin hacer preguntas sobre si le habían metido más de la cuenta y dejando una buena propina que aseguraba asemejar a intereses. De ese modo se aseguraba siempre un servicio impecable, una mesa disponible y mucha predisposición a cumplir cualquiera de sus caprichos.

Se colocó la capa sobre el traje y se lanzó a la calle, donde todavía quedaba oscuridad suficiente para asegurarle alcanzar la mansión Fortier a salvo. Su fortaleza inexpugnable.


Cuando los rayos de sol ya brillaban muy muy altos en el cielo, el vampiro mandó a uno de sus esclavos de sangre a llevar un mensaje a casa Metanova. Tenía órdenes de entregarlo directamente a la interesada y dejarla a solas para que lo abriera cuando mejor le viniera. O se deshiciera de él. O lo que le viniera en gana.

Era un paquete pequeño, negro, con un dibujo sobrio y un detalle en rojo, que se cerraba con un lazo de gasa negro. Nada escandaloso ni que llamase demasiado la atención en un primer vistazo, pero con los detalles cuidados.
paquete:

En su interior había un estuche cuadrado, de madera barnizada, que contenía un almohadoncito de color crema, donde destacaba un colgante. Un recipiente de cristal que imitaba una gota, lleno de líquido carmín que fácilmente se identificaba como sangre, engarzado en metal labrado y que podía colocarse en una fina cadenita de metal para dejarlo pender sobre el escote o bien ceñirse a la garganta con una delicada cinta de terciopelo negro cuyos cabos caerían libremente a su espalda.
Colgante:

Junto al estuche, había una nota, apenas una palabras escritas con una caligrafía legible y alargada, que transmitía fuerza y seguridad.
"Espero volver a disfrutar del placer de su compañía en otra ocasión.
Atte: H. Lebeau-Fortier."


Mi padre es el Cielo, mi madre es la Tierra.



El Viento me lleva a donde le ordeno y la Muerte no me toca.


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Hector Lebeau-Fortier
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Re: Le Chateau du Ciel. (Priv. Lulán)

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