Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

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Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Dom Jul 16, 2017 8:07 pm

Era un viernes por la tarde como cualquier otro, a excepción de que Galina tenía una herida muy fea en la cara interna del antebrazo derecho. Tenía toda la ropa sucia, lo cual no era extraño cuando se trataba de ella, pero también le faltaba un trozo de falda. La historia de por qué se había presentado así en el campamento de gitanos comenzó esa misma mañana, cuando la gitana se dirigió hacia la casa de un hombre medio adinerado que había contratado sus servicios de adivinación.

Sin embargo, una vez que llegó allí al mediodía, se encontró con que no era oro todo lo que relucía. Aquel hombre no quería que le hablaran de lo que estaba por venir, sino que su intención era tenderle una trampa a la mujer, darle caza. En cuanto Galina se dio cuenta de las verdaderas intenciones de su supuesto cliente, dio media vuelta y salió corriendo. Inmediatamente, él salió tras ella, junto a sus dos perros, siguiéndola, intentando atraparla para solo Dios sabe qué.

Por suerte, tras un rato corriendo sin cesar, oyendo los ladridos enfurecidos de los perros y los insultos del señor, logró despistarlos entre callejuelas, ya que como ella solía ir a menudo por ahí cuando iba al centro de París a practicar el arte del robo, se conocía bien los atajos que podía coger para llegar antes a casa, para llegar sana y salva si algo se torcía. La parte mala era que, intentando huir, se había hecho una enorme raja en el brazo al atravesar una zona con árboles que había poco antes de llegar a los carromatos gitanos. Qué ironía, había logrado sobrevivir y justo al final del camino, la parte que debía ser más sencilla, era cuando había resultado herida.

Lo primero que hizo al llegar, fue dirigirse a su casa en busca de un ungüento que le sirviera, pero resultó que no tenía ni los ingredientes ni los utensilios necesarios para curarse. Afortunadamente, sus hijos, Grisha y Sasha, no estaban en casa en ese momento, ya que se habrían llevado un susto tremendo al ver que su madre estaba sangrando. Aquella tarde, su tía Nadezhda se los había llevado al circo gitano, a ver el espectáculo que estaban preparando.

Pensar en el circo le hizo acordarse de Kala, a quien si no podía considerar amiga (no sabía si ya habían llegado a ese nivel de confianza), al menos era una buena vecina. Siempre que había necesitado una mano con sus hijos, allí había estado ella. Recordó que se conocieron el primer día de la llegada de Galina a París. Ella estaba muy perdida porque ni hablaba francés ni conocía a nadie allí, pero Kala le dio una cálida bienvenida y eso lo apreció al instante, pues toda su vida se había visto marcada por el rechazo. Mugre la habían llamado siempre porque solía ir sucia, pero su vecina era una de las pocas personas que, sin ser de su familia, se había ganado el derecho a saber su auténtico nombre: Galina. Además, compartía con ella el don de la adivinación, y eso las había unido un poco.

Salió de su casa y se dirigió a la de Kala, llamando con los nudillos.
¡Gryaz! —gritó, identificándose con su apodo por si alguien la escuchaba, mientras esperaba a que le permitieran el paso—. Vamos, Kala, dime que estás. Por favor... —murmuró para sí.


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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Kala Bhansali el Vie Jul 21, 2017 11:09 pm

Kala dormitaba sobre la cama de su carreta, todo gracias a los efectos de vayan los dioses a saber qué hierbas para el dolor. Si movía los brazos, le dolía la espalda; si movía las piernas, también; y si intentaba girar la cabeza para ver qué tenía a su alrededor, el dolor era tal que le nublaba la vista. Su única opción era mantenerse tumbada de costado y lo más quieta posible, casi sin respirar, puesto que inflar los pulmones también le producía un daño horrible. Los primeros días los había pasado inconsciente, y desde que despertó —sin tener muy claro qué le había pasado— no habían dejado de darle distintas infusiones con sabores de lo más variopintos y no muy agradables, pero que le ayudaban a descansar, así que ella las bebía y se dejaba ir.

En uno de los momentos en los que más consciente se sentía, escuchó que alguien tocaba a la puerta, pero la joven hizo caso omiso siguiendo su regla de oro: si es importante, llamará dos veces. Sí debía serlo, porque los golpes parecían insistentes. La voz tras la puerta identificó al visitante, que no era otro que Galina. Kala se espabiló inmediatamente, pero no se levantó tan rápido. Miró en la carreta en busca de alguien que estuviera allí con ella, en vano. Estaba sola, con la única compañía de Galina al otro lado de la puerta. Su cerebro todavía ligeramente drogado procesaba las cosas con lentitud, pero recordó que, en un momento que abrió los ojos, Diana le había dicho que tenía que salir y que volvería pronto. Lo que Kala no sabía, o no podía calcular, era el tiempo que había pasado desde que la mujer se había despedido. Podían ser minutos u horas, y la voz con la que la gitana se había identificado al tocar a la puerta significaba que tenía prisa.

¡Voy! —gritó desde la cama.

Respiró hondo para coger fuerzas, pero casi todas se le fueron al notar las heridas palpitar. Cerró los ojos y hundió el rostro contra la almohada, intentando no gritar. Tragó saliva y se incorporó como buenamente pudo, pero, una vez sentada en el borde, tuvo que pararse a recuperar fuerzas. Era la primera vez que se levantaba de la cama y la cabeza le daba vueltas, pero, sujetándose a los pocos muebles que había a su alrededor, consiguió levantarse. Las piernas le flaqueaban, así que, pasito a pasito, llegó hasta la puerta vestida con la ropa de dormir, que no era otra cosa que una camisa larga de algodón, y la abrió, encontrándose con Galina frente a ella.

Perdóname, estaba en la ca… —cortó en seco al ver la sangre sobre el cuerpo de la joven—. ¿Por todo lo sagrado, qué te ha pasado? —El instinto maternal de Kala afloró de tal manera que casi dejó de recordar su propio dolor; entendía que era más urgente curar las heridas de Galina que andar quejándose por las que tenía ella en la espalda, que, por lo menos, no sangraban—. Ven, pasa y siéntate. ¿Los pequeños dónde están? ¿Están bien?

Dejó que entrara y que tomara asiento mientras buscaba unos trapos suaves y una palangana con agua para poder limpiarle las heridas, moviéndose más rápido de lo que su magullado cuerpo le permitía, pero que, en su afán por ayudar al prójimo, ignoró por el momento. Ya habría tiempo de quejarse después.



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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Sáb Jul 29, 2017 11:50 pm

La espera en la puerta se le hizo un poco eterna. Volvió a llamar un par de veces, de manera insistente. ¿Dónde estaba Kala? Quizá ella también estaba en el circo. Parecía lo más lógico un viernes por la tarde. No sabía en qué momento le había parecido buena idea acudir a aquella casa, ¿pero qué más podía hacer si no conocía a mucha más gente por allí? Justo cuando estaba a punto de rendirse, la puerta se abrió y apareció ante ella la que esperaba que fuera su salvadora.

Según le abrió la puerta, entró sin prestarle mucha atención y se sentó en una de las sillas que tenía Kala en su casa. Lo único que le importaba era estar a salvo, tener la absoluta certeza de que ya no corría peligro, sentirse segura durante, al menos, unos segundos. Todavía le latía el corazón como si cien martillos golpearan su interior y la boca le sabía a metal. Fue una vez que estaba sentada cuando se fijó en su amiga. La miró con atención, analizando cada parte de su cuerpo. Parecía que ella también estaba herida.

La escasa tranquilidad que había conseguido al encontrar una cara amiga se había esfumado de golpe. ¿Qué le había pasado? ¿Habría sido también el mismo tipo al que ella había ido a ver ese día? ¿Se dedicaría a cazar gitanos?
Lo más probable es que no tenga na que ver —pensó, intentando retomar la calma de alguna forma, pero ya no era posible. Había acudido allí para pedir ayuda y ahora resultaba que era su salvadora la que necesitaba ayuda.

Hacía un tiempo que conocía a Kala, aunque no mucho y nunca se habían detenido a conocer cosas la una de la otra. Tenían mucho que hablar entre ellas todavía. Para empezar, tenían que hablar sobre lo que le había ocurrido y por qué. ¿Había alguien que la quería muerta? ¿Algún cliente disgustado? ¿La maldita inquisición? ¿Cómo preguntar todo aquello sin ser intrusiva o despertar la desconfianza de su acompañante?

Los niños están con mi tía en el circo —dijo de una forma un poco ausente, recordando vagamente que Kala le había preguntado por ello. Ahora mismo su cabeza estaba en otra parte —. ¿Qué tapasao?
Tenía que empezar por alguna de las preguntas que rondaban su mente y esa parecía la que más iba a ayudar a esclarecer todo aquello. Ya no le importaba estar sangrando, pero era algo que también había que solucionar.


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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Kala Bhansali el Lun Ago 07, 2017 1:39 pm

Dejó que Galina pasara y se sentara. La visión de tanta sangre junta en su cuerpo la había impactado, aunque a esas alturas de su vida debería estar más que acostumbrada. Buscar la palangana y los trapos la distrajo lo suficiente para serenarse, así que, cuando se sentó junto a su vecina, la herida no la impresionó tanto como la primera vez.

Deja que te vea el brazo —le pidió, cogiéndole la muñeca con suavidad y tirando hacia sí lentamente—. Menuda avería. Voy a limpiarla, ¿vale? Con tanta sangre no veo nada.

Hundió los trapos en el agua y esperó a que estuvieran empapados antes de escurrirlos. Le tranquilizó escuchar que los niños no estaban cuando ella se hirió, puesto que aún no sabía cómo se lo había hecho, y si alguien la había atacado podía haber herido también a sus hijos. Aunque la mente de Kala no pudiera concebir el hecho de herir a nadie, y menos aún a unos niños, sabía bien que no todos pensaban como ella. El mundo estaba lleno de desgraciados, empezando por aquellos que odiaban al pueblo al que ella pertenecía por el simple hecho de ser gitanos, nada más. Dejó de pensar en eso para centrarse sólo en Galina, que era lo urgente en ese momento. Si necesitaba ayuda con alguien, fuera quien fuera, podía contar con ella.

Tuve un accidente en el bosque hace unos días —resumió de manera un tanto vaga. Le costaba un poco hablar sobre ello, sobre todo porque las sospechas que tenía sobre el autor de sus heridas eran demasiado firmes y desalentadoras—. ¿Sabes quién es Joanna? Vive al final del campamento, cerca del bosque. —Señaló en la dirección en la que estaba su carpa y devolvió la mano al brazo. Frotó despacio la piel alrededor de la herida, aclarando el trapo cada poco tiempo, tiñendo el agua de un tono rojizo cada vez más intenso—. Tiene una hija, más o menos de la edad de Sasha, y esa noche se perdió, todavía no sabemos cómo. Fuimos a buscarla por el bosque y terminó siendo una noche un tanto caótica para todos. —Hizo una pausa en la que terminó de limpiar la piel circundante, dejando sólo la herida por curar—. Era luna llena, ya sabes.

No especificó mucho más, imaginando que Galina ya sabría a qué se refería, aunque quizá había hablado de más y le descubría un mundo que puede que no quisiera conocer. De hecho, había veces que la propia Kala desearía vivir en la completa ignorancia con respecto a esos seres.

Se levantó para buscar trapos limpios, cambiar el agua y coger el mismo ungüento que le habían aplicado a ella en sus heridas. La gitana no se consideraba muy ducha en el tema de sanar, así que hacía lo que veía o le decían.

Esto ayudará a que se cicatrice y no se infecte. —Untó las yemas de dos dedos y la esparció con mucho cuidado—. Es lo que usaron para mi espalda, así que sé que funciona —comentó para tranquilizarla—. ¿A ti qué te ha pasado?



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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Galina A. Cherenkova el Vie Ago 18, 2017 9:43 pm

Parecía que Kala, al contrario que ella, no se había olvidado de la herida sangrante de su brazo. La observó mientras iba de aquí para allá intentando curarla. Sabía que su amiga gitana no tenía muchos conocimientos de sanación, pero también sabía que no iba a morirse por unos rasguños. Aunque pensándolo bien, a lo largo de su corta vida había visto morir a gente por distintas enfermedades y heridas, pero no, Galina tenía claro que su vida no corría peligro. Ella, por su parte, tenía ciertos conocimientos sobre hierbas medicinales y sabía elaborar algunos ungüentos, pero tampoco era ninguna experta en el tema.

Puesto que pensó que su acompañante lo estaba haciendo bien, no creyó conveniente hacer ninguna observación. Además, había asuntos más importantes que tratar, como los acontecimientos que habían llevado a Kala a su estado actual. Quizá, en su caso, sí que corría peligro su vida. Estaba a punto de descubrirlo. Intentó no hacer ningún gesto de dolor o molestia mientras la curaba, y, de hecho, lo consiguió, pues estaba muy concentrada escuchando el relato que le estaba contando.

¿Joanna? Era la primera vez que oía ese nombre. Estaba claro que a excepción de Kala no conocía a mucha gente allí, así que negó con la cabeza cuando ella le preguntó que si la conocía. Sin embargo, el hecho de no conocerla no tuvo nada que ver para que no sintiera pena o dolor al saber que una niña pequeña había desaparecido.

"Era luna llena" —repitió para sí, mentalmente. ¿Su amiga estaba hablando de licántropos? Aquellas criaturas horribles de las que había oído hablar cientos de veces. Conocía historias terribles sobre ellos, pero no, todavía no había visto ninguno. No obsante, bien sabía que no hacía ninguna falta ver para creer, que aquel dicho solo se aplicaba para aquellos necios que no creían en el destino y que, sin embargo, creían en aquel Dios cristiano con la fe ciega que la Iglesia les había inculcado. Era algo que nunca entendería.

Una expresión de dolor le cruzó el semblante, pero no era por sus heridas, sino por las de su amiga y por la niña desaparecida. Porque aquella historia era mucho más terrible de lo que había imaginado.
Gracias por curarme, querida Kala —dijo, con cierto afecto, incluso—. ¿Aparte de a ti, atacó a alguien más aquel lobo maligno? —Era mejor decir claramente en voz alta de lo que iba todo aquello—. A mí me ha pasado una tontería, menredao en los malditos árboles esos que tenemos ahí —Señaló hacia donde se encontraba la zona boscosa—, ni siquiera me había dado cuenta hasta que he llegado aquí.

Eso último no era del todo cierto porque se había enterado y bien de que se había rajado el brazo, pero no quería eclipsar la gravedad del asunto del lobo con sus cosas, así que por el momento no dijo mucho más.


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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

Mensaje por Kala Bhansali el Lun Sep 04, 2017 8:25 pm

Cuando terminó de untar la pomada se limpió las manos con uno de los trapos húmedos y vendó el brazo de Galina para que la crema no se esparciera con el roce. No apretó mucho, pero tampoco dejó el vendaje suelto, de la misma forma que se lo habían puesto a ella. De nuevo, sólo repetía con sumo cuidado lo que había visto hacer a los demás.

Dime si te aprieta demasiado —le pidió antes de hacer un nudo con ambos extremos—. La verdad es que las ramas bajas pueden ser muy traicioneras, sobre todo si se han cortado y quedan las aristas —comentó—. No estaría mal que alguien hiciera una limpieza de arbustos y ramas, sobre todo para los niños, que van la mayoría del tiempo corriendo y sin mirar.

Apartó todos los bártulos que había utilizado y apoyó un lado del cuerpo en el respaldo, con cuidado de no rozar las heridas. Por suerte no tuvo que explicar el porqué de la mención de la luna llena. La gitana sabía a qué se había referido con el comentario. Lo que no tenía claro era qué contarle de aquella noche. ¿Que ese lobo se había comido a uno de sus vecinos? ¿Que la niña había estado a punto de perder una pierna? ¿Que sentía que todo había sido por su maldita culpa?

No estoy segura de si él atacó a alguien más, fue una noche muy confusa y había tantos lobos que era imposible saber de dónde venían los aullidos, pero sí sé es que hubo gente que no salió de allí. —Se miró las manos con los dedos enredados entre sí—. Lo que sí recuerdo es que íbamos corriendo un detrás de otro, cuando de pronto un lobo se lanzó sobre el primero y…

No fue necesario terminar la frase. Ambas sabían de lo que hablaban, de lo peligrosos que eran los licántropos en luna llena y las pocas posibilidades que tenía un simple humano de salir con vida. ¿Cómo lo había logrado ella? Con un poco de magia, literalmente. Si no llega a ser por el brujo no estaría sentada en su carreta charlando con una amiga.

Y de la niña no sé si hablarte, porque a mí, sólo de pensarlo, se me revuelve el estómago… —Se pasó la palma de la mano por la frente y a punto estuvo de callarse, pero, por alguna razón, necesitaba contárselo a alguien, aunque la mitad del campamento pudiera valerle al conocer la historia—. Cayó en una trampa, de esas que ponen los cazadores, y no sé qué clase de milagro hizo que no perdiera la pierna. Ahora cojea, pero creo que, frente a morir, es una secuela que apenas importa —dijo, cogiendo aire profundamente después—. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? —Se mordió el labio—. Que creo que lo vi, pero no lo supe interpretar, o no quise creérmelo, o... no sé —confesó—. Es como si hubiera sido culpa mía.

Se cubrió el rostro con ambas manos, casi avergonzada de lo que acababa de decir. Esperaba que Galina, siendo vidente como ella, no la juzgara demasiado mal.



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Re: Vecina, ¿tienes un poco de sal? Me sangra el brazo | Kala Bhansali

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