Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

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El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Amelhíon Du Crucerois el Lun Jul 17, 2017 1:58 pm

Buscan la paz
aquellos que llevan
los espíritus a cuesta.




La frialdad de las almas desventuradas era nimia en comparación con la nieve que cubría aquel pueblo del que nadie había oído nombrar, a no ser que en tus venas la energía espiritual de la magia corriera a pasos agigantados. Aquella aldea, fundada por una bruja que ha perdido su nombre de bautismo por el paso del tiempo y, en consecuencia, del olvido, era un refugio para aquellos que habían perdido el rumbo de su vida. Un lugar en donde la paz, fría, atemporal casi irreal cubría cada actividad que los hechiceros realizaran. Aunque a veces la paz era la antesala del caos. Siempre se sucedían, el caos, la paz; la paz, el caos. Así había sido desde el comienzo de los Tiempos. Era la voluntad de Lux, ser invisible ante los ojos terrenales, alejado de toda religión, lo bueno y lo malo, la luz y la oscuridad en una sola entidad omnipresente y omnipotente.

Mis pasos se hundían en las capas nevadas, el frío, real, invernal, no era impedimento para continuar. Después de todo, en el movimiento estaba mi energía. Mi aura azul avanzaba algunos pasos más adelante que los míos, era una protección. Rumania era un país en donde la magia, la oscuridad y lo sobrenatural abundaba. Incluso, no sería sorpresa encontrar los rastros de un carromato ataviado en oro, hogar de mi antiguo maestro, el rey de los gitanos. Hacía tiempo que había dejado las campiñas francesas para instalarse en otro lugar; algo lejano, inhóspito. Un lugar que estuviera lejos de mí y de mis hechizos. No era novedad alguna que el viejo e inmortal Ángelus no me toleraba, me acompañaba en ciertas travesías, las más caóticas para ser exacto pero, si en él estuviera la decisión nuestros caminos no se volverían a encontrar hasta que atravesáramos las puertas del Astral y le rindamos "balance" al Señor de los Tiempos, para algunos Chronos, para nosotros... Kàmúká.

No tardaría en llegar el mediodía, tiempo espiritual para que los humanos ordinarios estuvieran protegidos de sus enemigos. La coronilla comenzaba a arderme, como si los rayos tenues del sol crearan una hoguera en medio de mi cabeza. Fruncí el ceño, mordí mi labio y apuré la marcha. Debía llegar cuanto antes a aquel pueblo, recuperar mi sombrero (vendido por accidente por mi mano derecha, Zambí) y retornar a París, mi amada ciudad. Ese era el plan inicial. Nada muy costoso ni imposible de lograr. Sólo recuperar el elemento mágico que me caracterizaba como uno de los guardianes de los caminos nombrado por la reina de las ánimas, Érzebeth. Un destello ambarino cruzó por encima de mi cabeza, eso no era normal. De hecho, no podía asegurar qué lo era en un lugar como ése. Los brillos ancestrales sólo despertaban cuando más de un hechicero llegaban al pueblo, era una señal de alarma que había perdurado desde la primera Santa Inquisición durante la Edad Media. Un brujo era una visita agradable, esperada. Dos o más, significaba un gran riesgo. El secreto de aquel pueblo peligraba.
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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Brökk Tollak el Lun Jul 17, 2017 3:46 pm

Solo los muertos
han visto el final de la guerra.
~Platón~



Tres días y una decisión valiente. Eso es cuanto necesitaba para decirle a su padre que se presentaba voluntario a la misión "suicida" para recuperar cierto territorio del norte que el rey Rannulf había reclamado como suya sometiendo a la gente llana por la violencia y el miedo. Estaba demasiado cerca del grueso del ejército enemigo, era un páramo despoblado, no valía la pena...tantas y tantas razones que los mayores habían decidido esgrimir para no presentar batalla allí, el bien de unos pocos no justificaba la muerte de muchos. Pero él no lo veía así, sus dioses le habían enviado las visiones pertinentes; había visto a Dritt alzarse victorioso con la cabeza del general Asgeirr, a Orn empapado de sangre aclamado por los aldeanos a los que había defendido sin desfallecer, y él mismo maltrecho pero entero al igual que otros de sus colegas de leva. Eran soldados, su misión era servir y proteger a los suyos, y esa gente sufría el delirio y el caos de una guerra civil.

Pero tenía que regresar al campamento tras aquella misión que le habían encomendado, y que secretamente Brökk pensaba que le había sido asignada porque su padre lo quería lejos del foco candente de las luchas. Tres días hasta llegar donde el general Ulf acampaba y poderle plantear la cuestión. Le temía más su padre que a Loki, su dios protector al que debía vasallaje. Ulf era de genio vivo y enfados terribles, bien lo sabía su hijo. La cuestión es que allí estaba, en aquella aldea a donde le habían enviado a llevar un mensaje y recoger la respuesta, tarea que podría haber asignado a cualquier asistente y no a un guerrero como él. Había rebufado y gruñido un centenar de veces hasta cruzar las puertas y seguía haciéndolo porque sólo deseaba largarse de allí.

Hastiado, recorría las calles del pequeño pueblo donde lo miraban con recelo, su estatura, su pelo pajizo y el azul helado de sus ojos imponían casi tanto como el arma que pendía de su cinto, una espada de dos manos que sabía utilizar sin problemas. Su madre estaba en París con sus hermanos, a veces pasaban temporadas en Louisiana, pero mientras Ulf estuviera en Europa, la familia prefería permanecer allí por si las moscas. Si su madre estuviera allí le habría invitado a pararse en el pequeño bazar, una tienda que parecía el infierno de los objetos olvidados. A ella le fascinaban esas cosas. Miró a través de los cristales sucios y se decidió a entrar. Quizás encontrase algun cacharro extraño que regalarle, pues daba por supuesto que su padre sólo se traería a si mismo de vuelta, un poco más viejo y maltrecho, como siempre, el general no era un hombre detallista en ese aspecto.

Tras empujar la puerta, sonó la campanilla que avisaba de la entrada de un cliente y el olor a cerrado, a papel viejo y moho invadió sus fosas nasales. Nadie salió a atender, así se paseó por la curiosa tienda en la que habían desde hierbas secas colgando del techo, pasando por pilas de libros raídos, objetos de loza que ya tenían sus años, o velas con colores llamativos. Se fijó en una cajita de costura bastante peculiar y la sacó del estante observándola.

Ese era el costurero de María Leszczyńska, la reina consorte de Luis XV, la polaca.— tras el mostrador había una anciana con gruesas lentes redondas y cara de haber conocido muchas eras del hombre. Brökk la observó y no notó un aura distinta de la de un simple humano. Podría parecer por su apariencia que por su juventud y la rudeza de sus formas, sería un analfabeto. Pero nada más lejos, su madre se había encaragado de que no sólo se forjase en el acero.
La última reina que murió siendo reina... al resto las derrocaron por la vía de la revolución.— Torció media sonrisa, sabía algo de historia, no era un completo cateto.— ¿y cómo ha llegado a sus manos este objeto siendo de una reina?
una de sus criadas se lo llevó, luego lo vendió porque necesitaba el dinero y entre unas cosas y otras, aquí está. ¿Acaso le interesa la costura?.— a la mujer le brillaron los ojillos con la chispa de quien sabe que ha dicho alguna maldad.
es para mi madre, ella sí sabe coser.— Bueno, coser, lo que se dice coser...cosía muñecos vudú y poco más.
Entonces le encantará, perteneció a una reina.
Puede que si y puede que no, en cualquier caso no lo podemos saber con certeza, no se puede demostrar, así que hágame buen precio.

La mujer y el rubio vikingo empezaron una dura negociación que acabó en buen puerto y finalmente la señora se puso a envolverle la cajita con un papel marrón atándolo con cordel también marrón para que no sufriese daños en el transporte. La mujer le estaba dando más datos sobre la señorita polaca que cazó al rey francés hasta que éste se hartó de ella y la abandonó por su amante, cuando sonó de nuevo la campanilla de la puerta y el aura azul precedió a quien pronto asomaría por ella. Tensó los hombros poniéndose en guardia, le causaban más inquietud los brujos que los guerreros.


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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Amelhíon Du Crucerois el Lun Jul 17, 2017 8:32 pm

Un simple plan. Era raro pensar que, quizá, ya me estaba poniendo viejo. Así, viejo, como los trapos, las herramientas...una capa. Así, viejo; no anciano. Ser anciano era sinónimo de sabiduría, de palabra justa y sagrada ¿Raro no? ¿Se podía ser un brujo y, al mismo tiempo, ser "sagrado"? ¿Quién marcaba la santidad? ¿la Iglesia de un sólo Dios? ¿El pueblo? ¿Quién otorgaba elevación espiritual garantizada? ¿En dónde encontrarlo?  Pensé y pensé, mientras lo hacía, en ese tiempo pretérito en dónde todo se dá por cierto, una voz pequeña me recordaba los pasos del plan:

*Llegar al "pueblo sin nombre"- Listo. ¿Acaba de hacerlo o no? Aún me preguntaba cómo rayos pude encontrar el lugar exacto, sólo con indicaciones de los vecinos supersticiosos de la aldea. Así funcionaba la cosa: la superstición daba a la magia la chispa de vida mientras que la magia alimentaba a la superstición.
*Encontrar el lugar en dónde, Zambí había dejado mi sombrero.
* Volver a París.

¿Parecía simple no? El problema radicaba en que parecía y no lo era.
Llegué a una tienda modesta, de esas de pueblo semi abandonado. Por el ventanal de la entrada se veía la silueta de un muchacho. Entré provocando el sonido de la molesta campanilla que anunciaba la llegada de otro visitante.

No tardaron en asomarse elementos de los más variados. Un bazar...¡Lo que me faltaba! Una anciana de lentes gruesos me miraba del otro lado del mostrador. Por sus facciones, se trataba de una mujer de Oriente, algo así como el resultado del amor de una gitana y un árabe. La comerciante me sonrió. El joven no se dio vuelta pero se lo notaba tenso. No tardé en ver a su alrededor un arco trasparente que lo cubría. Debía de ser su aura pero...¿Por qué no podía visualizar el color? Froté mis ojos con el puño de la camisa que sobresalía del saco. Nada, seguía igual: transparente y confusa.

La mujer carraspeó para llamar mi atención. Me acerqué a ellos haciendo sonar mi bastón. No quería marcar autoridad, para eso estaban las sesiones de magias en las que los jóvenes respetaban mi jerarquía de jefe entre los brujos. El bastón me daba firmeza. Certeza para hablar y no meterme en problemas.

- Bonjour Madame.- saludé. Miré al joven.- Bonjour Monsieur.- aclaré mi voz y con un pésimo rumano, pregunté.- ¿Tendrá por casualidad un sombrero de fieltro negro, con una cinta plateada y, que en su interior, están grabadas las iniciales A.G.D.C?



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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Brökk Tollak el Miér Jul 19, 2017 4:40 pm

El muchacho se cuadró con cierta tensión en los hombros, no perdía detalle del brujo que acababa de cruzar la puerta, su mano volaba entre la cinturilla del pantalón y la vaina de su espada medio oculta por la casaca. No podía competir contra bolas de fuego y hechizos de rayos, tan sólo podía concentrar energía que actuase de barrera y protección, que saliera expelida de sus manos y fuera suficiente para desarmar a un contrincante, pero no como para matarlo. Por ese motivo, confiaba más en su acero para salir de un atolladero, que de sus artes mágicas combativas. Los dones premonitorios y nigrománticos no servían en esas lides. De hecho, la rama de la nigromancia no la había despertado todavía, al igual que su madre, la descubriría tardíamente.

El hombre hizo una entrada algo teatral, como el que se sabe dueño y señor del escenario que pisa, su lenguaje corporal no era el de un anciano decrépito que ya sólo le queda mururar entre dientes con mala leche. Al contrario, se nota en su aura esa fuerza, esa seguridad en si mismo. Dabía ser cauteloso, un hechicero con tantos años de experiencia como mínimo atesoraría conocimientos y sabiduría que él no podía llegar ni a suponer. Los brujos eran peligrosos, no podía bajar la guardia aunque fuera el protegido de Loki, podía maldecirlo de forma que, aunque no muriese, su vida fuera muy molesta, y no le apetecía en absoluto. Sólo quería largarse de ese pueblo con la maldita respuesta por escrito.

La mujer dejó de empaquetar el regalo de Brökk para su madre y miró al hombre parpadeando repetidas veces hasta ensanchar su sonrisa.

¡es usted! ella me dijo que vendría algun día a buscarlo. Lo tengo aquí mismo... espere.

La anciana se perdió detrás del mostrador y el joven chasqueó la lengua y bufó. Ahora tendría que esperar más para llevarse su paquete y marcharse de allí. Miró de nuevo al hombre sin pudor alguno, repasando sus posibles puntos débiles si se decidía a atacarlo. Era deformación profesional. Calculó posibles maniobras y golpes y cuando sus ojos se encontraron con los del hombro, hizo un movimiento con la cara elevando la barbilla a modo de saludo.



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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Amelhíon Du Crucerois el Vie Jul 21, 2017 9:04 am

El muchacho parecía asustado de algo o de alguien. Por su aura, envuelta en esas llamas invisibles e incoloras que sólo se teñían de vez en cuando, frente al peligro o al amor. Pensándolo con cuidado ¿El amor y el peligro podrían ser uno sólo? Si tenía en cuenta la experiencia personal de mis amores, sobre todo, el amor hacia la esposa de mi maestro, la gitana Zhilomé, estaría en condiciones de afirmar que era el romance una forma de peligro. Pero esta situación distaba mucho de aquella. Sonreí ante las vueltas de mis pensamientos, agaché la cabeza y la sacudí levemente para volver a la cruel realidad que ahora, con manos temblorosas, buscaba el sombrero.

¿Por qué demonios Zambí lo había vendido? ¿Era necesario? ¿Qué se le había cruzado por la cabeza? ¿Quería repetir la misma travesura de Èlèwá? No me lo imaginaba al guerrero del manantial convirtiendo en mi sombrero en objeto disputa de los hombres sin sentido. Aunque, en cierto modo, no estaría mal provocar a dos obstinados con un sombrero bicolor y preguntarles de qué color es dicho objeto. Volví a sonreír, esta vez con la cabeza erguida mientras sentía las punzantes miradas del joven brujo que tenía a mi derecha.

- Bonjour.- dije para responderle el saludo gestual. Sentí un peso extra en mi costado izquierdo, la imagen de una guerrero del antiguo reino de Òyó invadió mi campo visual. Me advertía sobre el muchacho, era un guerrero igual que él. Lo saludé como correspondía al dios africano de la guerra y miré con cuidado al brujo.- ¿Quién será "ella"?- pregunté. No tanto para tener una respuesta sino que era una buena estrategia para alejar los pensamientos.Era asombroso como las creaciones de nuestra mente podían complicarlo todo haciéndonos perder la perspectiva.

La mujer volvió con el sombrero. Su pulsera de runas me llamó la atención. Muy pocas personas llevaban un elemento así, y no podía afirmar que aquella mujer era una bruja. Aunque viviera en el pueblo de los hechiceros; aunque conociera algunos secretos...

Le pagué con una moneda de oro, cuidadosamente guardada por mí durante mi juventud. Había sido un regalo de la gitana de la luna, en alguno de nuestros encuentros amorosos.

Al ver las inscripciones en idioma antiguo de la moneda y los símbolos lunares, la mujer empujó el sombrero que cayó dado vuelta a mis pies.

- Todo suyo, Señor- me dijo mientras observaba y palpaba cada relieve.
- Tenga cuidado con ese objeto, Madame. La Luna es imprevisible.- advertí.

Ella asintió repetidamente, como una secuencia interminable. Bufé para largar cualquier tensión. Me di la vuelta para alejarme del lugar. Apenas había avanzado unos pasos cuando la mujer carraspeó para llamar mi atención.

- ¿A.G.D.C?- preguntó.

Mi aura se hizo visible con su azul brillante. Se armó un círculo de energía alrededor de mí, suspendido en el aire, a modo de escudo.

- Amelhíon Giovannis Du Cruçerois, Madame.- respondí con una sonrisa ladeada.

Me agaché para levantar el sombrero y colocarlo sobre mis ojos.

- ¿El discípulo de Maestre Ángelus?- preguntó la mujer saliendo del mostrador.

Miré al joven. Volví mi mirada a la mujer. Asentí. Moví mis manos hacia los costados dándole fin a mi presentación como brujo. La mujer se acercó a mí y me dio un beso en el dorso de mi mano. Yo repetí la secuencia. Un saludo mágico no se negaba a nadie. Me acerqué al joven, hice una pequeña reverencia.

- Disculpe el espectáculo, joven.- dije con firmeza.


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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Brökk Tollak el Dom Jul 23, 2017 4:41 pm

A pesar de su aspecto de soldado, Brökk no era tonto, y aunque no entendió esse protocolo de saludo, esas confianzas y esas preguntas con sus respuestas, las memorizó, porque todo dato era importante cuando se trataba de averiguar qué tramaba el enemigo.

Quizás debería interrogarlo, aunque a saber con qué le salía el viejo, igual tenía esa disciplina que llamaban Dominación y lo obligaba a cacarear como una gallina, o a sajarse el cuello con su propio cuchillo.

es para mi madre... G.M...Giuliana Mordrake.— espetó serio cuando escuchó sus iniciales y su presentación. Su madre era conocida en el mundillo de la magia europea porque era una de las más poderosas brujas vudú. Tenía dones oscuros como la nigromancia, y su dominio de la ancestral magia haitiana la habían hecho conocida a su pesar. Muchos la temían aunque ella trataba de pasar desapercibida y no enemistarse con nadie. No era miembro de la Logia de París porque no usaba sus dones para favorecer a ningun colectivo o facción, por loables que fueran sus intenciones. Se declaraba consagrada a los Loas, y sólo actuaba cuando éstos les mandaban visiones que debían ocurrir de esa forma. Ella intervenía en el destino cuando los dioses vudú así lo permitían, nada más.

Él mismo tenía idénticos dones que su madre, pero no los usaba por la prohibición impuesta al nacer, el pacto que debía cumplir con los Æsir. Esperaba que si Amelhíon había oído hablar de ella, estuviera más predispuesto a tener una charla con él.

La mujer acabó de envolver el costurero y se lo dio a Brökk que le pagó la cantidad estipulada y se dio la vuelta dispuesto a marcharse de allí.

no hay nada que disculpar, no tengo por costumbre meterme en los negocios ajenos... así que si me disculpan... buenas tardes.

Salió al exterior haciendo sonar la campanilla de nuevo, pero se quedó cerca de la puerta fingiendo atarse los cordones de las botas, por si podía escuchar algo más de esa extraña conversación y dilucidar así qué intenciones tenía aquel hechicero que le había advertido a la mujer sobre la Luna y su poder, que había sido discípulo de un tal Ángelus... todo parecía tener su historia, una que él desconocía. Tampoco la vieja era trigo limpio, se había fijado en su pulsera llena de runas, pero no eran vikingas, estaban en otra lengua que no supo descifrar.

Todo era muy extraño, el propio pueblo lo era, y ahora tenía la sensación de que ese mensaje que había ido a entregar no era casualidad que lo portase él. Esta vez su padre no lo había hecho para alejarlo del peligro, en ese pueblo iba a encontrarse con cosas poco usuales que un soldado normal no habría podido descifrar, por eso necesitaban de alguien con el Don para esa misión.


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Re: El paraíso también tiene llamas (Brökk Tollak)

Mensaje por Amelhíon Du Crucerois Hoy a las 7:47 pm

Para quiénes habíamos sido destinados a la magia africana ciertos apellidos nos resonaban, algunos lejanos, como Mordrake. Se suponía que, en tierras americanas, la magia ancestral de los Orisas había mutado, algunas quedándose en el lado de izquierda, con los Ancestrales a la cabeza, con los espíritus de los difuntos marcando el destino de sus parientes encarnados. Otros, habían adaptado las costumbres de sus padres a las nuevas tierras en las que vivían como esclavos en las plantaciones.

Sólo algunos pocos gozaban de la tan soñada libertad. Por ese motivo, cruel e inhumano, a mi querido amigo Zambí lo veía de un modo peyorativo. "Un negro con ropa de blanco. Un negro gozando la comida del blanco. Un negro viviendo codo a codo con un blanco". Nótese que el contraste está pensado así adrede. Lo cierto era que, Zambí no era sólo mi amigo, era mi maestro en mis raíces mágicas. Mi Bàbá espiritual. Mi padre espiritual ¿Qué lugar le quedaba a Ángelus? No tenía idea, sólo que él había sido mi iniciador. El rey de los gitanos seguía tan presente con su capa carmesí en mi vida como en mis tiempos mozos.

La mujer refunfuñó ante mis consejos. Encima de anciana, cabeza dura. Mala combinación para quien quería aprender un poco de magia.

El muchacho me saludó y salió por donde había entrado. Yo quería saber más sobre aquella mujer, su madre... Giuliana Mordrake. Me dispuse seguir al joven hechicero cuando la mujer me tomó de la mano para leerme las líneas de la palma.

- ¿Qué destino puede tener un viejo como yo, Madame?- pregunté con cierta rabia contenida.
- El que usted decida...- murmuró entre dientes.- ¿Puede traducirme lo que dice la pulsera?
- Son runas modificadas al romaní... Debería conocer su significado siendo descendiente de zíngaros.- contraataqué.- Incluso puede preguntarle al rey Ángelus. Sé que estaba con su campamento por esta zona.

Con mi sombrero en mano, tomé con fuerza el bastón que ahora pesaba más de la cuenta. Miré los objetos que debían estar encantados. El lugar necesitaba una buena limpieza mágica pero sería en otro momento, con otro hechicero. Sonreí al ver las pantomimas del muchacho. Me acerqué sigiloso.

- Como actor eres pésimo, muchacho- dije con una sonrisa ladeada. Miré a mi alrededor. El pueblo cubierto por la nieve que quedaba en esas tierras que se resistían al paso de las estaciones daba cierto aura espectral- Da miedo...- murmuré.- El pueblo, digo. Da miedo.


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