Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Bestia i jego uczeń

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Bestia i jego uczeń

Mensaje por Rajmund J. Sikorski el Mar Jul 18, 2017 6:30 am


La bestia está aquí, haciendo que su sangre corra, llevándolo al descontrol total de una supuesta humanidad. ¡Qué befa absoluta! No posee ninguna característica de humanidad, ni tan siquiera un 1% tiene, está totalmente jodido como un animal. Porque al desgraciado le gusta jugar, hallarse en situaciones peligrosas, y arriesgar su pellejo al experimentar con las bajas pasiones; de las peores que uno en apareamiento, o en celo exclusivo comete para ejecutar el acto sexual. Tan atraído a las amenazas es que va tras su siguiente víctima. Porque déjenme decirles que es un completo sadomasoquista, peor que eso diría yo, una bestia que regresa a sus origines y se eleva por el instinto destructivo de la excitación de un ser que está en sus 5 sentidos, alerta y con la espera de atacar. Tan así es, que observa, apuntando a su oponente con un cuchillo. ¡Ah, como le seducen los cuchillos filosos! Tantas maravillas que puede hacer con este, y solo porque en ese día su deseo es escuchar los crujidos de la bestia. Ya que el caza por diversión, y su modo operandi es: Primeramente; obsequia su libro (en su contenido se halla las cacerías que ha realizado, como un cuento de matanzas, en el que mientras se sigue leyendo, la crueldad se va elevando, dando una idea a su lector de cómo podría ser sentenciado, porque ese es el objetivo del libro, que a la persona que se le sea otorgado, será la próxima víctima de este cazador) En segunda; observa a su víctima, y le incita a forjar una pelea, púes aquí es donde define el modo en que le cazara, en tercero; continúa el juego de nunca acabar: “yo te muerdo, tú me muerdes” y el final que es inevitable; la muerte. Así es como debe terminar ese encuentro tan apasionado, nadie debe sobrevivir, y claro, lleva un lapso de tiempo para ello.

Por lo que ya maniobrado los tres primeros pasos se han realizado, y la víctima ni más ni menos se trataba de un cambiante, un lobuno descontrolado, envuelto por la ira púes cayó en las provocaciones de Rajmund, siempre saliéndose con la suya, revolcándose con este a pleno corazón del bosque, un área muy alejado para el pueblo, combatiendo con su cuchillo y respondido este con sus garras. Ambos heridos, seducidos por el descontrol de la situación, calentándose el temperamento pues la rabia, el calor de la sangre, y el bombardeo acelerado motivaban para las exigencias de golpes, eso era todo lo que ansiaba, ser golpeado con tanta fuerza, sujetado por esas cuatro patas y el morderlo como nunca lo haría un humano, por ello no se cataloga como tal, su frenesí le orilla a pedir más y más, sin preocuparse de ser sangrado, o maltrato. Aunque hay un límite, y la razón de que no teme a su juego, es que sabe de las debilidades y ahí es donde los doblega, y se mostraba con ese perro que a último momento le soltó una mordida como él lo había hecho.

Fue tan ensordecedor el quejido, que los aullidos hicieron que se corriera sobre sus prendas, la potencia de los roses, los grotescos agarres y frotaciones, lo habían satisfecho por un momento, hasta que el maldito se detuvo. Percatandose de que alguien se acercaba y lo amenazó, domándolo para que no se saliera de su poder, por lo que saltó sobre este, tomándolo del pescuezo y con el cuchillo tocando con la punta su pecho, un mal movimiento y adiós perro.

— ¿Cuántas veces te he dicho que no interrumpas mis juegos? Sal de una vez y muéstrame lo que has aprendido, no lo mates, este es mío, más si quiero ver tus movimientos.

Soltó a su presa, relamiéndose los labios por lo que estará a punto de ver, igual es entretenido observar a su víctima agitarse, que se enfurezca por ser usado como un juguete. Y vaya que es un maldito, bien sabe que a ella solo tiene a la mira a los humanos, pero, ¿acaso no produce un orgasmo ver que se peleen de la misma clase?



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Re: Bestia i jego uczeń

Mensaje por Erzsébet Rákóczi el Mar Ago 29, 2017 7:33 am

Por supuesto que sí; por supuesto que en París se sentía libre, sin presiones, sin fastidios, ¡sin que nadie se atreviera a contradecirla en ningún momento!, ni mucho menos, a subestimar su autoridad. Era ella, sin limitaciones, haciendo lo que le apetecía: cazar humanos. Pero resultaba pues que Erzsébet era una Rákóczi, y eso le traía problemas, porque, al ser de una familia noble tan poderosa, siempre salía el grupo de envidiosos que quería destronar al líder, y ella, para su pesar, era la hija de ese hombre. ¡Qué pereza! Además, eran un montón de humanos que no se sentían capaces de lidiar con sus ambiciones, sino que preferían enviar a otros a hacer el trabajo sucio. Por ejemplo: encontrar a un bastardo y pedirle que “la destruyera” a cambio de unas cuantas monedas. ¿Era eso digno? Al contrario, se ganaban más su desprecio. ¡Bien! Tampoco podía juzgarlos, después de todo, no tenían culpa de haber nacido sin cerebro.

Claro, la arrogante Rákóczi en vez de sentirse verdaderamente amenazada, simplemente se sintió agotada de las mismas tonterías de siempre. No, no le tenía miedo a... ¿cómo era su nombre? ¡Ah sí! Miklós; era Miklós. Bueno, que no le temía y punto. ¿Para qué? No iba a gastar sus preciadas sensaciones en alguien como él, que por muy cambiante y felino que fuera, no se merecía ni la más mínima atención. Oh, pero sí que se la estaba dando con el pensamiento. ¡Qué horror! Y que perfecta excusa para salir a despejar su mente después de llevar algún tiempo sin nada emocionante que hacer.

Y como una cosa lleva a la otra, terminó acordándose de su “buen amigo” Rajmund, que si bien era humano, se había ganado una parte de su atención, quizá porque estaba un poco (bastante) mal de la cabeza. Sí, ella se autorizaba en hacer excepciones con algunos mortales; incluso unos cuantos Rákóczi le caían bastante bien, y sólo porque apoyaban a su padre, y no eran tan cansinos como los demás.

Encontrar a Rajmund no fue tarea complicada, porque ya prácticamente conocía sus extrañísimos fetiches (¿y quién era para criticarlo cuando ella cazaba humanos por placer?), así que se dirigió justamente a las zonas boscosas de la ciudad, valiéndose sólo de sus habilidades de rastreo tan hábiles, como sólo un felino puede presumir. Y avanzó entre la espesa vegetación, apenas iluminada por algunos rayos débiles que se colaban entre las copas de los árboles; casi podría asegurarse que se deslizó entre la hojarasca, como un gato a punto de cazar. Así fue como a su olfato llegó ese olor de un enfrentamiento forzoso. No le importó y, como era Erzsébet, decidió interrumpir la desagradable escena del cazador. Él le recriminó, desde luego que lo haría, pero también le pidió que se encargara del otro, ¿qué? ¿Cambiante? Las cejas de la Rákóczi se alzaron, mientras sus brazos cruzados no se apartaban de su pecho.

—No estás hablando en serio, ¿o sí? —replicó, haciendo una mueca. ¿Y eso lo veía excitante? Agradecía que su libido siguiera siendo muy bajo para considerar la escena placentera—. Mira, no. Ya que estabas tan entretenido, acábalo tú, no dejes el trabajo a la mitad. Además, ya sabes que frigidez no va a cambiar, no seas pervertido, por favor. Tengo cosas más importantes en las que pensar ahora...



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Re: Bestia i jego uczeń

Mensaje por Rajmund J. Sikorski el Mar Sep 26, 2017 6:29 pm

Alguna vez, ¿se ha visto burlar a la fiera cuando está en plena comida? No, todos saben las consecuencias, nadie tiene el valor de alterar el ciclo de destrucción que se generaría. Estarían siendo engreídos si lo hacen porque es buscar su muerte en plena ira. Entonces, ¿qué es lo se espera en cierta actuación? No está para soportar sandeces de nivel creídos, todo en esa existencia se halla una medida para todo. Y el rebasar el nivel que la Rákóczi  hizo, no era el correcto para con Rajmund. Más en la condición en la que esta, le provocan y no se detiene por ser ella. Nadie tiene privilegios para con el cazador. Y si llego a aceptar enseñarle, fue porque hay algo más que quiere, pero ella aún no lo sabe, y lo sabrá en el momento. Mientras tanto, hizo una petición. Y no hay un no, lo hace o se marcha, ¿por qué? …

— No te pedí que lo mataras. Jamás te otorgaría algo que es mío por derecho. Simplemente quiero ver tus movimientos, saber que has aprendido después de todo. Porque no siempre empleamos la misma estrategia para con nuestra presa. O acaso, ¿esto es lo que te he enseñado? No, no Rákóczi. No actúes como si fuese tu dominio, no actúes como odias que lo hagan. ¿No quieres hacerlo? Adelante, no lo hagas pero atente a las consecuencias. Y no te pasare esto. Bien lo sabes.

Alarmó, previno, y anunció, estaba acostumbrado a que le lleven la contraria. Por algo está demente por las bestias, pero halló el modo de siempre obtener lo que quiere. Domarlas como lo sigue haciendo con el rabioso perro. Frustrado trata de liberarse pero son las cuchillas quien lo siguen sometiendo. Esa es la gran diferencia de un cambiante lobuno a un licántropo. El maldito raciocinio es quien les mantiene vivos. Mientras los otros pueden atacar aun con la muerte en mano, matan, devora, torturan. Y mejor, lo disfrutan, se revuelcan de ese inmenso placer como justo él lo está haciendo. Lo dice con locura, pero sin nublar el juicio en cierta limitación, porque solo así lo goza, y sin más, tiro de los pelos del lobuno y a este dirigió a ir por ella. Como en una pelea, si quiere matar a J.S, deberá de al menos intentar acabar con ella, ya que, su cólera va dirigido al cazador y ese era su obstáculo.

Sin perderse del entretenimiento, disfruta como el pelaje le pica en la piel. Estar encima de su lomo, por supuesto que era perverso para él. Le excita y no hay nadie que corte esa sensación. Y entre una lamida a su cercano hocico (pues es la parte más cercana que tiene, y hay que admitir que el que este gruñendo, jodidamente molesto, le da el sabor verdadero para hacerlo, pues qué amenaza representa. Podrían arrancarle el hocico de una simple mordida), como el jodido señor de ese animal estaba postrado el perro ante él. Y el juego iba a comenzar, ahí estaba la elección de ella. Así que, ¡que empiece la diversión!  Por lo que le soltó, ¿Por qué lo hizo? Para torearlo, para ponerlo más candente y a ella le un escarmiento. ¿Qué clase? La mejor.

Y se quedó observando la actuación, cuidando de que la cambiante no matara a su mascota, como ya lo dijo, es suyo. — Vamos, ¿a qué le tienes miedo? Imagina como este te quita tus presas, ¿sabes de qué se alimenta? De humanos, ¡oh, claro que sé que puedes oler esa sangre de ellos en él!, míralo, te quito a tus ridículos humanos, y si no le enseñas de quienes son, él continuará, ¿Por qué crees que lo elegí? Porque es una bestia, y me encanta tanto que puedo dejarlo vivir un poco más.

Jugaba de manera sucia, y atrevida, tan descarado emite sus risas y sonrisas bien definidas como a un psicópata, aunque no lo fuese, o quien sabe, se mantenía conectado al lobo, ¿cómo? Al estar aspirando su aroma de esos pelos que aún sigue sosteniendo de entre sus dedos, tan gruesos, y apestosos…¡mmm! ¡Maldita naturaleza! Y ahí estaban, cada quien siendo lo que son.



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Re: Bestia i jego uczeń

Mensaje por Erzsébet Rákóczi el Lun Nov 27, 2017 5:02 am

El peor momento en el que tuvo que buscar a Rajmund era ese, ¡justamente ese! Pero, ¿acaso se le había ocurrido que él estuviera en semejantes condciones? De acuerdo, sabía que era un tanto extraño (igual que ella), sin embargo, tampoco se trataba de una adivina como para saber qué estaría haciendo con exactitud. Así que no, Erzsébet no estaba contenta con la sopresa que se llevó en ese instante; aquello lo tomó de la peor manera posible, sobre todo por todo lo que venía arrastrando desde hacía días atrás. ¡No necesitaba nada de eso que Rajmund le proponía! ¿Estaba mal querer hablar con alguien conocido y desahogarse? Desde luego, el encuentro inesperado con su primo, desconocido hasta ese entonces, no lo había tomado para nada bien, y aquello empezaba a abrir heridas que creyó estaban cicatrizando.

El primer aviso de su esquivo comportamiento era indudable, como también lo era la mueca de desagrado que adornaba su rostro en ese instante, en el cual aquel cazador parecía ensimismado en la nefasta tarea de dominar a esa bestia. Pero para Erzsébet, que venía de un linaje de nobles tan pretensiosos y modestos como los Rákóczi, no pudo, sino ver, aquello como una conducta que reprochó desde el fondo de sus facultades mentales.

Aceptaba que aquel maligno entretenimiento, ese salvaje oficio, o cómo quisiera llamársele, no estaba errado de ninguna manera. Ella misma se encargaba de dar muerte a humanos, poseída por la venganza que le había jurado al fantasma de su madre. Sin embargo, y ya de eso contaba varios días, algo en esa actitud fue desvaneciéndose, justamente, cuando el reconocimiento de memorias reprimidas, le hizo darse cuenta de muchas otras cosas. Verdades que había escondido entre los recovecos infinitos que puede llegar a ser una mente atormentada por el pasado. Y quizá fue eso lo que dominó en ese instante, en el que, ya ahogada por la frustración, retrocedió, molesta; enfadada por la falta de comprensión del mundo; por la ignorancia de él, otro humano más que podría ganarse su desprecio, como lo hacían muchos otros. Pero no, prefirió darle otra oportunidad, tal vez con la falsa ironía de la esperanza.

—¡Ya he tenido suficiente de este circo de asnos! —exclamó, con la rabia bullendo por dentro, acabando con la poca paciencia que era capaz de conservar—. ¿Por qué piensas que me da miedo? Simplemente me asquea todo esto... ¡Estoy harta! ¿Qué no lo entiendes?

¡Y sí que había escogido el peor momento! No ella, sino ese animal repugnante que tenía en frente, porque apenas intentó acercarse, le voló los sesos con un revólver que desefundó de manera inesperada, incluso sin que se lo esperara. ¿Y cómo no hacerlo? La misma frustración la había llevado a aquel extremo. Por eso, apenas reaccionó, se quedó recostada en el tronco de un árbol, con la mirada ida, sin poderse concentrar en algún punto en particular.

—Fue tu culpa. Te dije que pararas, y no lo hiciste... ¡No lo hiciste! Yo no quería hacerle nada, y tú me obligaste. ¿Por qué no te detuviste? ¿En qué demonios estabas pensando? —espetó, totalmente retraída en sus pensamientos. Pero luego de una larga pausa, y cuando el silencio fue demasiado incómodo, decidió continuar—: Mi familia sabe que estoy aquí. No quiero regresar con ellos, por eso te busqué... Ahora creo que fue una mala idea.

No tuvo el valor para mirarlo. No quería confrontarlo, ya estaba muy ocupada enfrentando a sus propios demonios, como para perder temor en Rajmund, quien de seguro no estaría contento con la escena, pero, ¿no la había obligado a eso? ¡Que no se quejara entonces!



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Re: Bestia i jego uczeń

Mensaje por Rajmund J. Sikorski el Jue Ene 04, 2018 2:24 am

Tenía que haber acabado con la diversión, ¡Maldita sea Rákóczi! Lo único que quedaba de ese animal eran los pelos que presionaba con fuerzas entre sus dedos, y claro su cadáver tirado como lo que un dia fue; un miserable humano, uno de tanta inmundicia. Lo peor fue que le dio lo que quería, ese jodido lobuno deseaba morir antes de seguir con los juegos. Y de nuevo, tuvo que ser ella quien le liberara de esto. Su sonrisa se fue ante el disparo, la ira reino y quiso matarla. No como a sus repugnantes bestias porque realmente no lo era. Sino como lo que ella odia, tratarla como a un humano, ¡que se muera! Debió echarla cuando pidió enseñanza porque al parecer eso no quería. Pero, ¿porque llegar a eso? (Vamos, no por poseer algo que quiere, soportaría sus nefastas interrupciones). Por lo que negó, arrojando una por una de sus cuchillas a ella, directo al tronco en el que se recargo, muy cerca de su piel, pero realmente era eso, clavarlas en su entorno para amenazar, porque devolverle el precio de lo que le quitó al matar a su presa. Ella ni un pedazo generaría. Debería de dar gracias que no fuera su víctima o la suplente, porque de serlo ya habría gritado para que se detuviera. Que al ir por ella, pateo al que fue su reo, ya no le interesaba, aún estaba con vida pero las risas y el encanto se esfumaron.

— ¿Suficiente?  ¡Soy yo quien ya tuvo suficiente! Vienes a mí, conociéndome como soy, porque cariño no soy una blanca paloma, y por algo es que me buscaste, pidiendo que te enseñara a cazar a tus estúpidos humanos. Y ahora, ¿qué es lo que te pasa? No estoy para soportar tus cambios hormonales, si estas harta, ¿porque es que viniste? No te llame, no te obligue a permanecer conmigo. Puedes largarte cuando quieras. Pero no te pasare una más, dime ¿qué es lo que realmente quieres? Porque no tienes ni agallas para seguir torturando.

Si, estaba encabronado, de alguna manera el cúmulo y la transformación de emociones explotaron originando a la irritación. Llegando a ella, pero sin estar desarmado totalmente, trataba con un cambia pieles, y que confiara no es algo que verían en el cazador Sikorski. Que al estar justo frente a ella, después de escuchar sus niñerías, le tomo del mentón, con una fuerza emanada para que le mirase, que no sea tan débil de desviar la maldita mirada.  

— No seas tan cobarde de acusar a alguien, sabes bien que quieres descargar tu ira, y lo hiciste, de alguna forma lo hiciste. ¡Acéptalo, maldita sea Rákóczi! No eres ingenua, ni nada estúpida. Cuando estoy aquí es porque me gusta jugar, y tú más que nada lo sabes. Así que cállate y no vuelvas a insinuar tonterías. ¿Te obligue? ¡Ya basta, a eso me dedico! Y si buscas consuelo, ve con el muerto a que te lo de —;soltó de un aventón su mentón, enojado, camina a tomar sus armas. — Dímelo tú, ¿en que estaba pensando? En hacer más hábil a quien creía que era mi aprendiz. Pero al diablo con eso.

Y cuando escucho el final, se burló, porque si él mató a su madre por placer. ¿Que esperaría ella de él? — ¿Por soledad me buscaste? Qué pena, y que ironía. Porque acaso, ¿no sentiste más soledad conmigo? Si fue una mala idea, porque nunca hablaste con la verdad. De haber sabido que solo querías compañía, te habría invitado a un hotel y quien sabe quizás e invitara a unos cuantos a que se unieran por tu felicidad.

Si sonaba sarcástico, burlón, y sin más poder golpéale con el habla porque no está para dramatismos innecesarios. Comenzó mal y entonces ¿que esperaba de él? Porque le brindó ayuda aun a pesar de que tuviera interés de por medio, pero le ayudaba. Y ahora con esas palabras, realmente esperaba que aclarara la situación. Al menos eso se merece después de tanta pérdida de tiempo. Aunque no miente, no siempre ha sido así. Se ha divertido uno que otro dia. Y que le quedaba pues comenzar a escucharla. —Eso te ganaste por mentir, así que comencemos con la verdad, ¿por qué te escondes de tu familia?

De una última mirada inquirió, yendo por el que hace un instante era su favorito y se convirtió en lo más asqueroso de sus deseos, montándose en su lobo para dedicar la atención a la cambiante. Pero, su ira se vio plasmada cuando aquella decidió dejarlo hablando solo, toco donde más le enerva, y eso es lo que queria, tenia que aprender la diferencia entre alguien que está bien entablado con su objetivo, a uno que simplemente es cambiante.
FINALIZADO



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