Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Rib-cage || Elysande

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Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Lun Jul 24, 2017 2:01 am

Jueves por la tarde…
Entré en el estudio de mi padre con pasos lentos; era obvio que me sentía tremendamente disgustado por tener que ir  hablar con él sobre los cambios que darían lugar a partir del día siguiente. Sabía perfectamente cuáles eran, sería educado en casa y después de un par de semanas después de que se anunciara una vacante para institutriz las cartas de respuesta comenzaron a llegar. Tras tres días de reuniones en el estudio y entrevistas de toda índole, finalmente habían logrado dar con una que, más que satisfacerlos con su perfil, parecía ser que les había encantado su personalidad. Lo que no supieron es que yo había logrado distraer a los sirvientes, derramando jugo en la alfombra de la habitación, excusándome con que había sido un accidente provocado por una repentina falta de aire que causó que soltara el vaso. Abandoné la habitación diciendo que buscaría al médico y fui directamente hacia el pasillo donde se encontraba el estudio.

A pesar de las paredes gruesas, pude entender de forma más o menos clara la conversación, enfocando mi atención en los detalles más sutiles de la voz de nuestra visitante a quien no había tenido oportunidad de ver: ¿se escuchaba estricta? ¿qué edad tenía? esperaba la voz de una anciana, fría y cortante; pero me sorprendió al escuchar una voz jovial y… amable. Lejos de ponerme tranquilo, me dejó desconcertado y preocupado ¿qué tal que en realidad era mala? había profesores que, ante el mal comportamiento, recurrían a gorros humillantes e incluso un reglazo en las manos. ¿Sería como esos profesores?

Esa misma noche, durante la cena, solo escuché comentarios de lo maravillosa que era, sobre su amplio conocimiento en ciencias y humanidades y de lo afortunado que era de poder recibir semejante educación. De lo único que estaba seguro era que quería volver al colegio.

-Toma asiento, hijo. -Dijo con esa voz calma mientras con un gesto elegante me ofrecía el sillón más cómodo. Luego tomó asiento en su silla y me miró. -Escucha, sé que no estás muy contento con esto pero es lo mejor, querido. -Suspiró pesadamente. -Debido a tus pulmones has estado faltando mucho a la escuela, y luego de ese último incidente tu madre y yo llegamos a la conclusión de que lo mejor es que estudies en casa. -Aquel discurso lo había escuchado ya un par de veces pero no por ello dejaba de ponerme triste, no sería lo mismo ser visitado por mis amigos que estar con ellos durante las horas de clase. -Blaise, quiero que entiendas que es por tu bien, aquí estarás más seguro. Tienes la silla de ruedas a tu alcance y al médico literalmente a dos puertas de distancia.

-Padre, pero yo quiero ver a mis amigos. -Respondí sin poder contener la pena. -Jacques iba a traer a su hámster a la escuela y Olivier planeaba traer galletas para compartir con los demás muchachos. No es justo, no se volverá a repetir...

-Blaise. -Interrumpió con la misma calma. -Tus amigos pueden visitarte siempre y cuando el doctor y el clima lo permitan, además, la decisión ya fue tomada y la señorita Mounier llegará mañana temprano. Espero que te comportes durante tus lecciones, tus profesores me informaron que tiendes a ser muy parlanchín. -Ahora fui yo el que suspiró. -Tus lecciones comenzarán la próxima semana, mientras tanto deja que ella se instale y se acostumbre a vivir aquí, conózcanse por mientras. El cómo dará su clase te lo tendrá que decir personalmente, tan solo quería comentarte esto, hijo. Puedes retirarte, ve a jugar. -Y con eso me despidió por el resto del día.

Viernes por la mañana…
No podía haber día peor para enfermarme que justamente ese. En cuanto abrí los ojos me di cuenta de que algo no andaba bien conmigo, me dolía el pecho y sentía como si me estuvieran aplastando, de inmediato me giré y toqué una campanilla, colocada justo en la cabecera de la cama, con ella sonaba una campana justo en la habitación del doctor. El hombre entró en la habitación vestido aún con ropa de cama y me hizo sentarme en el colchón para hacerme un chequeo.

Lo que pasó después solo sirvió para robarme más energías. Por ese día estaba condenado a usar la silla de ruedas como medida precautoria. Dejé que las sirvientas me bañaran, vistieran y peinaran para recibir a quien a partir de ese momento sería mi institutriz; una vez listo dejé que la señorita me impulsara en la silla hasta la entrada de la mansión, ahí me encontré con mis padres que me miraron preocupados al verme en la silla, pero no dijeron nada.  El carruaje se aproximaba a la mansión y yo solo quería tumbarme en mi cama y gimotear.

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Blaise J. Foissard
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Mar Jul 25, 2017 6:03 pm

Regresar al país que me vio nacer trajo consigo no solo el ajetreo normal que involucraba el viaje si no toda una oleada de sentimientos contradictorios. Por un lado, estaba el entusiasmo, la curiosidad, el deseo de volver a ver la capital, descubrir que seguía siendo igual, que había de diferente, recorrer los lugares familiares, volver a escuchar los saludos de la gente en mi propio idioma, y toda una amalgama que se mezclaba con un sentido de nostalgia que me arrastraba de regreso. Por otro lado también existía el nerviosismo, la cautela, el conocimiento de que fue precisamente mi propia patria aquella que se había convertido en mi enemigo más acérrimo, saber que a mi regreso debería de llevar una existencia que pasara inadvertida, procurar no llamar la atención, sabiendo de antemano que de hacerlo pondría en peligro mi existencia, no ya la de mis seres queridos puesto que fue precisamente en esa tierra adonde vi al último de cada uno de ellos. Como resultado estuve tentada de no volver, pero las circunstancias resultaban apremiantes, me había quedado sin empleo y ahora se expendía frente a mi una oportunidad inesperada además de atrayente.

No me quedaba en realidad mucho de donde elegir y puesto que ahora era mayor en edad y tenía más conocimientos pensé que podría estar más preparada, un pensamiento quizás algo ingenuo, pero no se me podía culpar, aún era lo suficientemente joven como para serlo. Solo el tiempo habría de demostrarme si había hecho lo correcto. Me estaba quedando sin opciones, de alguna manera habría de mantenerme y el puesto vacante en la mansión de los Foissard era un salvavidas que llegaba en el momento oportuno.

Empaqué mis maletas y regresé a Francia, el mismo día en que puse pie en la ciudad me apresuré a acudir a la entrevista en la mansión. Procuré verme sobria y elegante, me coloqué un par de guantes acorde con mi blanco vestido y completé el atuendo con un pequeño sombrero que había comprado en Londres. Al llegar a la mansión fui recibida por el mayordomo que me acompañó al estudio adonde me topé con la presencia de múltiples damas interesadas en obtener el mismo puesto. Tan pronto las vi me llené de nerviosismo e incertidumbre, no tenía idea de que iba a tener que competir con tantas candidatas. Mi mirada las recorría, iban desde las más jóvenes hasta las de avanzada edad, todas ansiosas de convertirse en la nueva institutriz del único hijo de los dueños de la casa. Ese día tuve una entrevista con el matrimonio sin saber exactamente que impresión les habría dado. Regresé al hotel un tanto desinflada, mis recursos financieros escaseaban, necesitaba el trabajo.

Para mi sorpresa al día siguiente me llegó una nota que me llamaba de regreso a la mansión. Acudí presurosa y para mi mayor alegría fue Monsieur Foissard quien me dio la noticia. Me contrataban para hacerme cargo del pequeño Blaise. Iba a ser su niñera y también me encargaría de su educación puesto que el pequeño ya no podría asistir a la escuela debido a asuntos relacionados con su salud. Mientras me ocupara de él tendría que prestar mucha atención a los pequeños detalles y señales, me previnieron los padres, algo que escuché con atención mientras asentía a las indicaciones. Ambos me aseguraron que en caso de una crisis el doctor que residía en la casa se ocuparía de ello por lo que no debería de preocuparme solo ser cuidadosa. Me levanté para estrechar las manos de los progenitores y a la mañana siguiente usaba parte del dinero que me quedaba para pagar la que fuera mi estadía en el hotel y la tarifa del carruaje que llevaba mi equipaje hacia la mansión.

Mi curiosidad con respecto al niño iba en aumento a medida que las ruedas del carruaje se deslizaban sobre el empedrado del sendero de la entrada del terreno Foissard. Bajé del carruaje con agilidad y bajo el sol matutino caminé hacia el porche adonde reconocí la presencia del matrimonio. De inmediato mi mirada se clavó en el niño, se encontraba en la entrada sentado en una silla de ruedas. Presentaba un aire cansado mientras me observaba con sus pequeños ojos algo curiosos y recelosos. Tenía un rostro simpático y unos rebeldes chinos que coronaban su cabeza y que provocaron que mi sonrisa se ladeara.

Madam Foissard se apresuró a darme la bienvenida, presentándome al pequeño, por lo que me acuclillé frente a él para saludarlo. -Es un gusto Blaise, tus padres me han contado todo sobre ti.- dije, sin pasarme inadvertido el movimiento pesado de su pecho. -Me parece que compartiremos muchas cosas tú y yo.-  Le guiñé el ojo a la vez que le tendía la mano. -¿Qué te parece si me enseñas la mansión?- Miré hacia los padres quienes asintieron y dieron indicaciones para que el personal se apresurara a recoger mi equipaje.

Mientras todos se distraían con ese trajín mi mirada aún en la de Blaise se tornó más profunda y oscura y mi sonrisa se expandió tornándose como la del gato de Cheshire del cuento de Alicia en el País de las Maravillas, algo que solo el pequeño logró percibir. Mi mano aún presionaba la de él y de esa manera le transmití algo de energía a través de mi habilidad de vigoris, lo suficiente como para que esa pesadez que notaba en su pecho desapareciera. En cuanto los padres devolvieron la mirada hacia mi esa pequeña transfiguración de mi rostro ya había desaparecido. -¿Comenzamos?-  pregunté con aire casual.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Dom Ago 06, 2017 3:01 am

El carruaje, inicialmente pequeño debido a la distancia, se hacía cada vez más y más grande. Ver los caballos galopando hacia los terrenos de la casa me llenaron de inquietud, ponía mi imaginación a trabajar ¿quién estaría dentro del carruaje? ¿la mujer sería joven o con arrugas adornando su cara? ¿sería bonita o fea como las brujas de los cuentos? en realidad no quería saber, quería que el carruaje diera media vuelta y se fuera junto con la pasajera.

Ver a los caballos detenerse en la entrada me trajeron un duro golpe de realidad. Así que en verdad está pasando, ya no voy a ver a mis amigos el Lunes. En verdad no podré salir de casa. Lo peor, deseaba poder quejarme y expresar mis inconformidades en voz alta pero aquello no era posible por dos razones: la primera, eso sería maleducado, la segunda y más importante, hablar era demasiado esfuerzo para mis pulmones en ese momento. Apenas podía mantener un ritmo más o menos normal, la verdad era que estaba comenzando a sentir dolor. Después de esto voy a pedir que me lleven a mi habitación, al menos tendré una excusa para no bajar a cenar con ellos. Porque claro, para dar la bienvenida a la señorita Mounier habían preparado una magnífica cena en la que pretendían conocerse a un nivel personal más que profesional, después de todo, ella iba a vivir con nosotros a partir de ese momento.

Se abrieron las puertas del carruaje y no pude hacer más que alzar la cabeza, intentando tener una mejor vista de nuestra nueva huésped. La confusión fue evidente, en verdad esperaba a una señora arrugada y con pelo grisáceo; tal vez con un sombrero adornado con flores sobre su cabeza. Pero no, era muy joven. Tampoco tenía cara de bruja…

-¡Señorita Mounier! Qué alegría que por fin haya llegado. -Saludó mi madre mientras tenía sus manos apoyadas sobre mi silla, como queriendo protegerme de todo. La mujer se acercó a mí y en un principio solo la observé sin moverme, no estaba de humor como para dedicarle tan siquiera una sonrisa cordial. Solo queria volver a la cama, que me revisara el médico y dormir. Extendí mi brazo y estreché su mano, muy grande a comparación con la mía. ¿Enseñarle la mansión? ¿yo? Volteé a ver a mi madre, quien soltó una risilla notando mi repentina confusión.

-Madame, espero que haya tenido un excelente viaje hasta la mansión. -Intervino mi padre sin perder su buen ánimo, claro, porque ellos estaban contentos, yo no. -Lamentamos mucho no haber podido enviar a nuestro cochero por usted pero nuestro carruaje ha sufrido desperfectos. Antony, por favor, ayuda a la señorita con su equipaje. -Indicó al mayordomo que estaba a unos metros tras él, sirviente y cochero ayudaron a recoger el equipaje de... ¿cómo se llamaba? ¿Elayne?

Al tiempo que aquella escena se desenvolvía, a mí me pasó algo de lo más surreal. No había soltado la mano de mi nueva institutriz, no podía, me sentía hipnotizado ¿estaba viendo bien? Juraría que por un breve instante su rostro ya no era el mismo, fue apenas un segundo pero eso bastó para dejarme aún más desconcertado. En cuanto se incorporó volteé a ver a mi madre, quería preguntarle si ella también lo había visto, pero al verla concentrada en cómo recogían las maletas me di cuenta de que no.

Mi madre guió la silla de ruedas por el pasillo, el cual obviamente estaba mucho más amplio de lo normal, todos los pasillos lo eran, así como las puertas a las habitaciones y hacia los jardines. Todo estaba hecho de esa forma para que, en caso como el de ese día, pudiera movilizarme por la mansión en la silla de ruedas; por la construcción también había otras cosas escondidas, principalmente unas cosas novedosas que tenían por nombre “ascensores” y aquellos me permitían subir o bajar del primer piso al recibidor aunque mi movilidad se viera limitada, también había rampas en muchas partes de la casa, la mayoría de éstas últimas en los jardines.

De repente me percaté de algo, ya no me dolía el pecho y mi respiración resultaba normal… al menos a mí se me parecía normal. -¿Madre? -la llamé con un susurro. Delante nuestro, mi padre caminaba junto a la señorita Mounier, explicándole justamente las peculiaridades arquitectónicas de la casa, así como otros detalles más. -¿Qué pasa, tesoro? -Inclinó su cabeza hacia abajo mientras yo volteaba a verla. -¿Me permitirías impulsarme por mi cuenta? me siento mejor. -Tampoco me gustaba que me empujaran la silla, aunque fuera con buenas intenciones, me hacía sentir como un bebé en una carreola. -Cariño, sabes que cuando usas la silla es mejor que la empuje alguien más. No debes gastar tus energías, no te hace bien. -Replicó con un tono calmado y lleno de ternura. -Pero me siento mejor, en serio. Ya respiro mejor.

-Blaise, por favor. Compórtate, que tenemos visitas. -Dijo cortando cualquier respuesta mía. -No quiero escuchar más reclamos de tu parte, sabes lo que dice el doctor. Apuesto a que no querrás quedarte sin tarta de manzana en la cena ¿verdad? -Rayos, había olvidado que iban a servir eso en la cena. Tal vez… podría quedarme un rato. -Está bien, madre. -Ella sonrió y se inclinó, depositando un beso sobre mi cabeza. Esperaba que al menos la cena transcurriera rápido.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Vie Ago 25, 2017 9:01 pm

Sonreí de medio lado cuando noté que el niño comenzaba a respirar con más ligereza y tras enderezarme y echar a andar a un lado del matrimonio Foissard comencé a prestar atención a los detalles de la mansión que de ahora en adelante iba a convertirse de una forma u otra en mi hogar. Había sido contratada para quedarme en la mansión las veinticuatro horas, y no tuve reparo en ello ya que contaría con un techo adonde residir y eso resolvía el problema que hubiera surgido de haber tenido que buscar alguna otra acomodación que me hubiera permitido residir lo suficientemente cerca y también el transporte que me hubiera permitido desplazarme a la mansión a diario. Acomodarme en la mansión me libraba de tener que gastar parte de mi sueldo en una posada que dada la zona en la cual nos encontrábamos ubicados, hubiese consumido buena parte de el. Los Foissard eran gente de abolengo y mucha fortuna.

Asentí a medida que me fueron siendo enseñados los acondicionamientos con los cuales contaba la propiedad, todos realizados para un buen desplazamiento de la silla de ruedas de Blaise, algo que me hizo abrir los ojos con sorpresa. Se notaba que se había gastado mucho en ello, pero no comprendía del todo por qué. El niño no tenía problemas motores, según había comprendido, era capaz de caminar. Podía comprender que en determinado momento tuviera que desplazarse en la silla, pero de la manera en que todo estaba construido comenzaba a comprender, para mi perplejidad, que seguramente pasaba la mayor parte del tiempo en ella.

No dije nada, sin embargo, acababa de llegar y no era mi lugar expresar mis opiniones en mi primer día de trabajo. Ahora que el pequeño Foissard se sentía con más energías, expresó su deseo de impulsarse él solo pero madame Foissard le refutó la idea con rapidez. Pronto nos adentramos en la casa, y nos separamos todos un momento.

Un miembro del personal de la casa, vestido de forma impoluta con su uniforme a blanco y negro me enseñó cual iba a ser mi habitación. La encontré muy amplia y perfectamente bien amueblada, incluso me permitía una vista panorámica de la zona residencial al mirar por la ventana. Una vez estuve sola, dejé caer mis maletas y de paso mi espalda sobre el colchón. Uffffff apenas acababa de llegar y ya comenzaba a estar en desacuerdo con mucho de lo que había visto en unos minutos. Me iba a costar cerrar la boca y no decir nada al respecto.

Unos minutos después el mayordomo dio un par de golpes en la puerta de la habitación anunciándome que la cena estaba por servirse así que me apresuré a reunirme con la familia. La cena transcurrió en medio de algunas formalidades en las cuales el matrimonio me preguntó por mi antiguo empleo. Me sentía interrogada y debía andarme con cuidado al dar detalles de mi pasado así que me sentí sumamente aliviada cuando los platos fueron retirados.

Me levanté entonces para rodear la mesa y colocarme detrás de Blaise. -Madame, monsieur Foissard, con el permiso de ambos, quizás Blaise podría enseñarme ahora el jardín que se vislumbra desde los amplios ventanales, creo que sería una buena manera de que nos conociésemos y comenzásemos a familiarizarnos. ¿No les parece? Prometo asegurarme de que no se extralimite, me gustaría que comprenda que estoy aquí para ayudarle y para velar por sus intereses, además de asegurarme de que reciba la educación que necesita.-
 
Madame Foissard se mostró titubeante por lo que me acerqué a ella y le tomé de la mano. -Le aseguro que no será más que un paseo por el jardín, el clima es soleado y al niño seguramente le caerá bien el aire fresco, prometo que estaremos de regreso adentro antes de que caiga la noche.- Sonreí, presionando su mano, mientras mi mirada se tornaba más profunda al hundirse en sus ojos y la magia de mi influjo hacía de las suyas. -De… de acuerdo, supongo que una pequeña vuelta estará bien, ¿no cree sr. Foissard?-  Sonreí al recibir la aprobación y me apresuré a tomar la silla para impulsarla.

Seguí el pasillo que conducía al jardín mientras los padres se retiraban. Madame Foissard regresaba a su habitación y monsieur a su despacho. Exhalé en cuanto puse un pie sobre la rampa que conducía al bien cuidado césped y me detuve. -Bien ahora, a andar Blaise.- Le hice una indicación con un dedo para que se pusiera de pie. -Es una propiedad grande, de seguro habrá mucho que podrás mostrarme.- Esperé a que hiciera caso a mis palabras y se pusiera de pie para moverse como lo haría cualquier niño. Además, traía el postre conmigo, la tarta de manzana descansaba sobre mis manos, seguro podríamos probarla en algún lugar del jardín.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Mar Sep 12, 2017 12:12 am

La cena había estado deliciosa como siempre, no me esperaba nada menos de la cocinera, madame Georgia. La mujer pesaba más de 90 kilos y su voz sonaba melodiosa pero no siempre era sí. En algún momento tuve curiosidad de verla cocinar (claro, a una distancia prudente) y me di cuenta de que la cocina era su reino, el cual gobernaba con mano de hierro. Los errores no eran tolerados en su presencia y pobre de aquel que echara demasiada sal o se equivocara de especia. No era que fuese mala persona, sino que tenía… una pasión muy grande por la cocina. En realidad, era una mujer muy dulce, tan solo había que hacer las cosas de manera correcta. Sus platillos siempre eran melodiosos al paladar y estaba agradecido por ello, además de que pude percatarme de que había preparado algunos platillos que ella sabía que eran de mi devoción, como una especie de guiño directo hacia mi persona.

Madame Georgia me agradaba mucho y solía pasarme las tardes en la cocina hablando con ella mientras hacía mis deberes en una mesa que tenían allí (aunque a mis padres no les agradaba la idea de que yo estuviera expuesto a los riesgos de la cocina), me hice la nota mental de visitarla al día siguiente antes del desayuno para agradecerle; ella sabía lo mal que me ponía la idea de no volver a ver a mis amigos en el colegio y desde que recibí la noticia había tratado de animarme de todas las formas que pudo.

Aparté el plato, dejando que uno de los mayordomos lo recogiera. Observé la tarta de manzana que reposaba en el centro de la mesa, me había contenido para no excederme con la pasta para así tener espacio para el postre. Estaba a punto de servirme una rebanada cuando la señorita Mounier cambió repentinamente los planes. Me quedé sorprendido con su petición para ir al jardín, si bien la idea me resultaba más que atractiva, tampoco quería estar con ella, no en ese momento al menos; más sorprendente fue cuando mi madre accedió casi de manera inmediata. Pronto llegamos al jardín.

Confundido por lo que me pedía la señorita, me bajé lentamente de la silla, girándome para quedar frente a ella. -¿En verdad puedo caminar? –Pregunté confirmando que me daba permiso para andar sin esa horrenda silla
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier Hoy a las 12:49 am

Si he de ser honesta, parte de la razón por la que quise salir al jardín fue escaparme del comedor lo antes posible. No siempre era fácil eludir… ciertas respuestas, que darían demasiada luz a aspectos de mi vida que debía mantener en secreto, especialmente al estar sentada frente a dos padres atentos que me miraban como si fuera un bichillo debajo de una lupa.

Así que una vez que estuvimos afuera me di el gusto de tomarme las cosas con calma y observar un poco mejor la mansión, que en si tenía los suficientes méritos para deslumbrar por su amplitud y el detalle de los decorados, aunque me parecía que era demasiado sobria, como si todo tuviese que estar en un perfecto lugar y los adornos fuesen más bien producto del orden que del deseo de poder ver algo que animara la vista, lo cual terminaba impregnándola de un tono más bien severo. Meditándolo me di cuenta de que hacía falta mucha más luz y más diversidad de color en el interior. 

-Espero que los jardines animen más la vista que el resto de la casa.-  dije mientras el pequeño de la familia me miraba con cara de no saber si podía confiar en mis palabras. -Claro que si. A poco no eres de los que gustan de hacer ejercicio y correr. No me digas que eres de los que prefieres ver el mundo desde una silla.- respondí antes de que se moviera dando un par de pasos de forma titubeante.
 
-Te sientes mejor que hace un rato ¿no es cierto? Noto que tu respiración ha adquirido mejor ritmo.- Pasé de largo a un lado suyo sin voltear y me adentré entre una serie de árboles que bordeaban los lados de un camino de pequeñas piedrecillas de tonos azules y blancos. Mi intención era sentarme en algún lado y devorar una buena parte de la tarta, siempre sentí debilidad por los dulces. -Si demoras demasiado en decidirte me comeré todo el postre.- dije sin detenerme. 

Inspeccioné a mi alrededor con la mirada, esperando encontrar un buen sitio adonde sentarme a comer. Digo, sentarnos, que se me olvidaba que iba a compartir la tarta. -¿No hay columpios en este jardín? Tiene que haber ¿no? De lo contrario no se puede considerar un verdadero jardín.- Me detuve un instante, una bandada de pajarillos de colores hizo acto de presencia y comenzó a canturrear a nuestro alrededor. Sonreí al mirarlos, si mirabas bien siempre podías encontrar colorido y algo de magia cuando menos te lo imaginas. -Se me ocurre que podríamos construir una casa para las aves. ¿No te gustaría? A ellas seguro que si, les caería de perlas un lugar adonde alimentarse y tomar un baño.-


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