Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Blaise J. Foissard el Lun Jul 24, 2017 2:01 am

Jueves por la tarde…
Entré en el estudio de mi padre con pasos lentos; era obvio que me sentía tremendamente disgustado por tener que ir  hablar con él sobre los cambios que darían lugar a partir del día siguiente. Sabía perfectamente cuáles eran, sería educado en casa y después de un par de semanas después de que se anunciara una vacante para institutriz las cartas de respuesta comenzaron a llegar. Tras tres días de reuniones en el estudio y entrevistas de toda índole, finalmente habían logrado dar con una que, más que satisfacerlos con su perfil, parecía ser que les había encantado su personalidad. Lo que no supieron es que yo había logrado distraer a los sirvientes, derramando jugo en la alfombra de la habitación, excusándome con que había sido un accidente provocado por una repentina falta de aire que causó que soltara el vaso. Abandoné la habitación diciendo que buscaría al médico y fui directamente hacia el pasillo donde se encontraba el estudio.

A pesar de las paredes gruesas, pude entender de forma más o menos clara la conversación, enfocando mi atención en los detalles más sutiles de la voz de nuestra visitante a quien no había tenido oportunidad de ver: ¿se escuchaba estricta? ¿qué edad tenía? esperaba la voz de una anciana, fría y cortante; pero me sorprendió al escuchar una voz jovial y… amable. Lejos de ponerme tranquilo, me dejó desconcertado y preocupado ¿qué tal que en realidad era mala? había profesores que, ante el mal comportamiento, recurrían a gorros humillantes e incluso un reglazo en las manos. ¿Sería como esos profesores?

Esa misma noche, durante la cena, solo escuché comentarios de lo maravillosa que era, sobre su amplio conocimiento en ciencias y humanidades y de lo afortunado que era de poder recibir semejante educación. De lo único que estaba seguro era que quería volver al colegio.

-Toma asiento, hijo. -Dijo con esa voz calma mientras con un gesto elegante me ofrecía el sillón más cómodo. Luego tomó asiento en su silla y me miró. -Escucha, sé que no estás muy contento con esto pero es lo mejor, querido. -Suspiró pesadamente. -Debido a tus pulmones has estado faltando mucho a la escuela, y luego de ese último incidente tu madre y yo llegamos a la conclusión de que lo mejor es que estudies en casa. -Aquel discurso lo había escuchado ya un par de veces pero no por ello dejaba de ponerme triste, no sería lo mismo ser visitado por mis amigos que estar con ellos durante las horas de clase. -Blaise, quiero que entiendas que es por tu bien, aquí estarás más seguro. Tienes la silla de ruedas a tu alcance y al médico literalmente a dos puertas de distancia.

-Padre, pero yo quiero ver a mis amigos. -Respondí sin poder contener la pena. -Jacques iba a traer a su hámster a la escuela y Olivier planeaba traer galletas para compartir con los demás muchachos. No es justo, no se volverá a repetir...

-Blaise. -Interrumpió con la misma calma. -Tus amigos pueden visitarte siempre y cuando el doctor y el clima lo permitan, además, la decisión ya fue tomada y la señorita Mounier llegará mañana temprano. Espero que te comportes durante tus lecciones, tus profesores me informaron que tiendes a ser muy parlanchín. -Ahora fui yo el que suspiró. -Tus lecciones comenzarán la próxima semana, mientras tanto deja que ella se instale y se acostumbre a vivir aquí, conózcanse por mientras. El cómo dará su clase te lo tendrá que decir personalmente, tan solo quería comentarte esto, hijo. Puedes retirarte, ve a jugar. -Y con eso me despidió por el resto del día.

Viernes por la mañana…
No podía haber día peor para enfermarme que justamente ese. En cuanto abrí los ojos me di cuenta de que algo no andaba bien conmigo, me dolía el pecho y sentía como si me estuvieran aplastando, de inmediato me giré y toqué una campanilla, colocada justo en la cabecera de la cama, con ella sonaba una campana justo en la habitación del doctor. El hombre entró en la habitación vestido aún con ropa de cama y me hizo sentarme en el colchón para hacerme un chequeo.

Lo que pasó después solo sirvió para robarme más energías. Por ese día estaba condenado a usar la silla de ruedas como medida precautoria. Dejé que las sirvientas me bañaran, vistieran y peinaran para recibir a quien a partir de ese momento sería mi institutriz; una vez listo dejé que la señorita me impulsara en la silla hasta la entrada de la mansión, ahí me encontré con mis padres que me miraron preocupados al verme en la silla, pero no dijeron nada.  El carruaje se aproximaba a la mansión y yo solo quería tumbarme en mi cama y gimotear.

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Blaise J. Foissard
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Mar Jul 25, 2017 6:03 pm

Regresar al país que me vio nacer trajo consigo no solo el ajetreo normal que involucraba el viaje si no toda una oleada de sentimientos contradictorios. Por un lado, estaba el entusiasmo, la curiosidad, el deseo de volver a ver la capital, descubrir que seguía siendo igual, que había de diferente, recorrer los lugares familiares, volver a escuchar los saludos de la gente en mi propio idioma, y toda una amalgama que se mezclaba con un sentido de nostalgia que me arrastraba de regreso. Por otro lado también existía el nerviosismo, la cautela, el conocimiento de que fue precisamente mi propia patria aquella que se había convertido en mi enemigo más acérrimo, saber que a mi regreso debería de llevar una existencia que pasara inadvertida, procurar no llamar la atención, sabiendo de antemano que de hacerlo pondría en peligro mi existencia, no ya la de mis seres queridos puesto que fue precisamente en esa tierra adonde vi al último de cada uno de ellos. Como resultado estuve tentada de no volver, pero las circunstancias resultaban apremiantes, me había quedado sin empleo y ahora se expendía frente a mi una oportunidad inesperada además de atrayente.

No me quedaba en realidad mucho de donde elegir y puesto que ahora era mayor en edad y tenía más conocimientos pensé que podría estar más preparada, un pensamiento quizás algo ingenuo, pero no se me podía culpar, aún era lo suficientemente joven como para serlo. Solo el tiempo habría de demostrarme si había hecho lo correcto. Me estaba quedando sin opciones, de alguna manera habría de mantenerme y el puesto vacante en la mansión de los Foissard era un salvavidas que llegaba en el momento oportuno.

Empaqué mis maletas y regresé a Francia, el mismo día en que puse pie en la ciudad me apresuré a acudir a la entrevista en la mansión. Procuré verme sobria y elegante, me coloqué un par de guantes acorde con mi blanco vestido y completé el atuendo con un pequeño sombrero que había comprado en Londres. Al llegar a la mansión fui recibida por el mayordomo que me acompañó al estudio adonde me topé con la presencia de múltiples damas interesadas en obtener el mismo puesto. Tan pronto las vi me llené de nerviosismo e incertidumbre, no tenía idea de que iba a tener que competir con tantas candidatas. Mi mirada las recorría, iban desde las más jóvenes hasta las de avanzada edad, todas ansiosas de convertirse en la nueva institutriz del único hijo de los dueños de la casa. Ese día tuve una entrevista con el matrimonio sin saber exactamente que impresión les habría dado. Regresé al hotel un tanto desinflada, mis recursos financieros escaseaban, necesitaba el trabajo.

Para mi sorpresa al día siguiente me llegó una nota que me llamaba de regreso a la mansión. Acudí presurosa y para mi mayor alegría fue Monsieur Foissard quien me dio la noticia. Me contrataban para hacerme cargo del pequeño Blaise. Iba a ser su niñera y también me encargaría de su educación puesto que el pequeño ya no podría asistir a la escuela debido a asuntos relacionados con su salud. Mientras me ocupara de él tendría que prestar mucha atención a los pequeños detalles y señales, me previnieron los padres, algo que escuché con atención mientras asentía a las indicaciones. Ambos me aseguraron que en caso de una crisis el doctor que residía en la casa se ocuparía de ello por lo que no debería de preocuparme solo ser cuidadosa. Me levanté para estrechar las manos de los progenitores y a la mañana siguiente usaba parte del dinero que me quedaba para pagar la que fuera mi estadía en el hotel y la tarifa del carruaje que llevaba mi equipaje hacia la mansión.

Mi curiosidad con respecto al niño iba en aumento a medida que las ruedas del carruaje se deslizaban sobre el empedrado del sendero de la entrada del terreno Foissard. Bajé del carruaje con agilidad y bajo el sol matutino caminé hacia el porche adonde reconocí la presencia del matrimonio. De inmediato mi mirada se clavó en el niño, se encontraba en la entrada sentado en una silla de ruedas. Presentaba un aire cansado mientras me observaba con sus pequeños ojos algo curiosos y recelosos. Tenía un rostro simpático y unos rebeldes chinos que coronaban su cabeza y que provocaron que mi sonrisa se ladeara.

Madam Foissard se apresuró a darme la bienvenida, presentándome al pequeño, por lo que me acuclillé frente a él para saludarlo. -Es un gusto Blaise, tus padres me han contado todo sobre ti.- dije, sin pasarme inadvertido el movimiento pesado de su pecho. -Me parece que compartiremos muchas cosas tú y yo.-  Le guiñé el ojo a la vez que le tendía la mano. -¿Qué te parece si me enseñas la mansión?- Miré hacia los padres quienes asintieron y dieron indicaciones para que el personal se apresurara a recoger mi equipaje.

Mientras todos se distraían con ese trajín mi mirada aún en la de Blaise se tornó más profunda y oscura y mi sonrisa se expandió tornándose como la del gato de Cheshire del cuento de Alicia en el País de las Maravillas, algo que solo el pequeño logró percibir. Mi mano aún presionaba la de él y de esa manera le transmití algo de energía a través de mi habilidad de vigoris, lo suficiente como para que esa pesadez que notaba en su pecho desapareciera. En cuanto los padres devolvieron la mirada hacia mi esa pequeña transfiguración de mi rostro ya había desaparecido. -¿Comenzamos?-  pregunté con aire casual.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Dom Ago 06, 2017 3:01 am

El carruaje, inicialmente pequeño debido a la distancia, se hacía cada vez más y más grande. Ver los caballos galopando hacia los terrenos de la casa me llenaron de inquietud, ponía mi imaginación a trabajar ¿quién estaría dentro del carruaje? ¿la mujer sería joven o con arrugas adornando su cara? ¿sería bonita o fea como las brujas de los cuentos? en realidad no quería saber, quería que el carruaje diera media vuelta y se fuera junto con la pasajera.

Ver a los caballos detenerse en la entrada me trajeron un duro golpe de realidad. Así que en verdad está pasando, ya no voy a ver a mis amigos el Lunes. En verdad no podré salir de casa. Lo peor, deseaba poder quejarme y expresar mis inconformidades en voz alta pero aquello no era posible por dos razones: la primera, eso sería maleducado, la segunda y más importante, hablar era demasiado esfuerzo para mis pulmones en ese momento. Apenas podía mantener un ritmo más o menos normal, la verdad era que estaba comenzando a sentir dolor. Después de esto voy a pedir que me lleven a mi habitación, al menos tendré una excusa para no bajar a cenar con ellos. Porque claro, para dar la bienvenida a la señorita Mounier habían preparado una magnífica cena en la que pretendían conocerse a un nivel personal más que profesional, después de todo, ella iba a vivir con nosotros a partir de ese momento.

Se abrieron las puertas del carruaje y no pude hacer más que alzar la cabeza, intentando tener una mejor vista de nuestra nueva huésped. La confusión fue evidente, en verdad esperaba a una señora arrugada y con pelo grisáceo; tal vez con un sombrero adornado con flores sobre su cabeza. Pero no, era muy joven. Tampoco tenía cara de bruja…

-¡Señorita Mounier! Qué alegría que por fin haya llegado. -Saludó mi madre mientras tenía sus manos apoyadas sobre mi silla, como queriendo protegerme de todo. La mujer se acercó a mí y en un principio solo la observé sin moverme, no estaba de humor como para dedicarle tan siquiera una sonrisa cordial. Solo queria volver a la cama, que me revisara el médico y dormir. Extendí mi brazo y estreché su mano, muy grande a comparación con la mía. ¿Enseñarle la mansión? ¿yo? Volteé a ver a mi madre, quien soltó una risilla notando mi repentina confusión.

-Madame, espero que haya tenido un excelente viaje hasta la mansión. -Intervino mi padre sin perder su buen ánimo, claro, porque ellos estaban contentos, yo no. -Lamentamos mucho no haber podido enviar a nuestro cochero por usted pero nuestro carruaje ha sufrido desperfectos. Antony, por favor, ayuda a la señorita con su equipaje. -Indicó al mayordomo que estaba a unos metros tras él, sirviente y cochero ayudaron a recoger el equipaje de... ¿cómo se llamaba? ¿Elayne?

Al tiempo que aquella escena se desenvolvía, a mí me pasó algo de lo más surreal. No había soltado la mano de mi nueva institutriz, no podía, me sentía hipnotizado ¿estaba viendo bien? Juraría que por un breve instante su rostro ya no era el mismo, fue apenas un segundo pero eso bastó para dejarme aún más desconcertado. En cuanto se incorporó volteé a ver a mi madre, quería preguntarle si ella también lo había visto, pero al verla concentrada en cómo recogían las maletas me di cuenta de que no.

Mi madre guió la silla de ruedas por el pasillo, el cual obviamente estaba mucho más amplio de lo normal, todos los pasillos lo eran, así como las puertas a las habitaciones y hacia los jardines. Todo estaba hecho de esa forma para que, en caso como el de ese día, pudiera movilizarme por la mansión en la silla de ruedas; por la construcción también había otras cosas escondidas, principalmente unas cosas novedosas que tenían por nombre “ascensores” y aquellos me permitían subir o bajar del primer piso al recibidor aunque mi movilidad se viera limitada, también había rampas en muchas partes de la casa, la mayoría de éstas últimas en los jardines.

De repente me percaté de algo, ya no me dolía el pecho y mi respiración resultaba normal… al menos a mí se me parecía normal. -¿Madre? -la llamé con un susurro. Delante nuestro, mi padre caminaba junto a la señorita Mounier, explicándole justamente las peculiaridades arquitectónicas de la casa, así como otros detalles más. -¿Qué pasa, tesoro? -Inclinó su cabeza hacia abajo mientras yo volteaba a verla. -¿Me permitirías impulsarme por mi cuenta? me siento mejor. -Tampoco me gustaba que me empujaran la silla, aunque fuera con buenas intenciones, me hacía sentir como un bebé en una carreola. -Cariño, sabes que cuando usas la silla es mejor que la empuje alguien más. No debes gastar tus energías, no te hace bien. -Replicó con un tono calmado y lleno de ternura. -Pero me siento mejor, en serio. Ya respiro mejor.

-Blaise, por favor. Compórtate, que tenemos visitas. -Dijo cortando cualquier respuesta mía. -No quiero escuchar más reclamos de tu parte, sabes lo que dice el doctor. Apuesto a que no querrás quedarte sin tarta de manzana en la cena ¿verdad? -Rayos, había olvidado que iban a servir eso en la cena. Tal vez… podría quedarme un rato. -Está bien, madre. -Ella sonrió y se inclinó, depositando un beso sobre mi cabeza. Esperaba que al menos la cena transcurriera rápido.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Vie Ago 25, 2017 9:01 pm

Sonreí de medio lado cuando noté que el niño comenzaba a respirar con más ligereza y tras enderezarme y echar a andar a un lado del matrimonio Foissard comencé a prestar atención a los detalles de la mansión que de ahora en adelante iba a convertirse de una forma u otra en mi hogar. Había sido contratada para quedarme en la mansión las veinticuatro horas, y no tuve reparo en ello ya que contaría con un techo adonde residir y eso resolvía el problema que hubiera surgido de haber tenido que buscar alguna otra acomodación que me hubiera permitido residir lo suficientemente cerca y también el transporte que me hubiera permitido desplazarme a la mansión a diario. Acomodarme en la mansión me libraba de tener que gastar parte de mi sueldo en una posada que dada la zona en la cual nos encontrábamos ubicados, hubiese consumido buena parte de el. Los Foissard eran gente de abolengo y mucha fortuna.

Asentí a medida que me fueron siendo enseñados los acondicionamientos con los cuales contaba la propiedad, todos realizados para un buen desplazamiento de la silla de ruedas de Blaise, algo que me hizo abrir los ojos con sorpresa. Se notaba que se había gastado mucho en ello, pero no comprendía del todo por qué. El niño no tenía problemas motores, según había comprendido, era capaz de caminar. Podía comprender que en determinado momento tuviera que desplazarse en la silla, pero de la manera en que todo estaba construido comenzaba a comprender, para mi perplejidad, que seguramente pasaba la mayor parte del tiempo en ella.

No dije nada, sin embargo, acababa de llegar y no era mi lugar expresar mis opiniones en mi primer día de trabajo. Ahora que el pequeño Foissard se sentía con más energías, expresó su deseo de impulsarse él solo pero madame Foissard le refutó la idea con rapidez. Pronto nos adentramos en la casa, y nos separamos todos un momento.

Un miembro del personal de la casa, vestido de forma impoluta con su uniforme a blanco y negro me enseñó cual iba a ser mi habitación. La encontré muy amplia y perfectamente bien amueblada, incluso me permitía una vista panorámica de la zona residencial al mirar por la ventana. Una vez estuve sola, dejé caer mis maletas y de paso mi espalda sobre el colchón. Uffffff apenas acababa de llegar y ya comenzaba a estar en desacuerdo con mucho de lo que había visto en unos minutos. Me iba a costar cerrar la boca y no decir nada al respecto.

Unos minutos después el mayordomo dio un par de golpes en la puerta de la habitación anunciándome que la cena estaba por servirse así que me apresuré a reunirme con la familia. La cena transcurrió en medio de algunas formalidades en las cuales el matrimonio me preguntó por mi antiguo empleo. Me sentía interrogada y debía andarme con cuidado al dar detalles de mi pasado así que me sentí sumamente aliviada cuando los platos fueron retirados.

Me levanté entonces para rodear la mesa y colocarme detrás de Blaise. -Madame, monsieur Foissard, con el permiso de ambos, quizás Blaise podría enseñarme ahora el jardín que se vislumbra desde los amplios ventanales, creo que sería una buena manera de que nos conociésemos y comenzásemos a familiarizarnos. ¿No les parece? Prometo asegurarme de que no se extralimite, me gustaría que comprenda que estoy aquí para ayudarle y para velar por sus intereses, además de asegurarme de que reciba la educación que necesita.-
 
Madame Foissard se mostró titubeante por lo que me acerqué a ella y le tomé de la mano. -Le aseguro que no será más que un paseo por el jardín, el clima es soleado y al niño seguramente le caerá bien el aire fresco, prometo que estaremos de regreso adentro antes de que caiga la noche.- Sonreí, presionando su mano, mientras mi mirada se tornaba más profunda al hundirse en sus ojos y la magia de mi influjo hacía de las suyas. -De… de acuerdo, supongo que una pequeña vuelta estará bien, ¿no cree sr. Foissard?-  Sonreí al recibir la aprobación y me apresuré a tomar la silla para impulsarla.

Seguí el pasillo que conducía al jardín mientras los padres se retiraban. Madame Foissard regresaba a su habitación y monsieur a su despacho. Exhalé en cuanto puse un pie sobre la rampa que conducía al bien cuidado césped y me detuve. -Bien ahora, a andar Blaise.- Le hice una indicación con un dedo para que se pusiera de pie. -Es una propiedad grande, de seguro habrá mucho que podrás mostrarme.- Esperé a que hiciera caso a mis palabras y se pusiera de pie para moverse como lo haría cualquier niño. Además, traía el postre conmigo, la tarta de manzana descansaba sobre mis manos, seguro podríamos probarla en algún lugar del jardín.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Mar Sep 12, 2017 12:12 am

La cena había estado deliciosa como siempre, no me esperaba nada menos de la cocinera, madame Georgia. La mujer pesaba más de 90 kilos y su voz sonaba melodiosa pero no siempre era sí. En algún momento tuve curiosidad de verla cocinar (claro, a una distancia prudente) y me di cuenta de que la cocina era su reino, el cual gobernaba con mano de hierro. Los errores no eran tolerados en su presencia y pobre de aquel que echara demasiada sal o se equivocara de especia. No era que fuese mala persona, sino que tenía… una pasión muy grande por la cocina. En realidad, era una mujer muy dulce, tan solo había que hacer las cosas de manera correcta. Sus platillos siempre eran melodiosos al paladar y estaba agradecido por ello, además de que pude percatarme de que había preparado algunos platillos que ella sabía que eran de mi devoción, como una especie de guiño directo hacia mi persona.

Madame Georgia me agradaba mucho y solía pasarme las tardes en la cocina hablando con ella mientras hacía mis deberes en una mesa que tenían allí (aunque a mis padres no les agradaba la idea de que yo estuviera expuesto a los riesgos de la cocina), me hice la nota mental de visitarla al día siguiente antes del desayuno para agradecerle; ella sabía lo mal que me ponía la idea de no volver a ver a mis amigos en el colegio y desde que recibí la noticia había tratado de animarme de todas las formas que pudo.

Aparté el plato, dejando que uno de los mayordomos lo recogiera. Observé la tarta de manzana que reposaba en el centro de la mesa, me había contenido para no excederme con la pasta para así tener espacio para el postre. Estaba a punto de servirme una rebanada cuando la señorita Mounier cambió repentinamente los planes. Me quedé sorprendido con su petición para ir al jardín, si bien la idea me resultaba más que atractiva, tampoco quería estar con ella, no en ese momento al menos; más sorprendente fue cuando mi madre accedió casi de manera inmediata. Pronto llegamos al jardín.

Confundido por lo que me pedía la señorita, me bajé lentamente de la silla, girándome para quedar frente a ella. -¿En verdad puedo caminar? –Pregunté confirmando que me daba permiso para andar sin esa horrenda silla
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Lun Sep 25, 2017 12:49 am

Si he de ser honesta, parte de la razón por la que quise salir al jardín fue escaparme del comedor lo antes posible. No siempre era fácil eludir… ciertas respuestas, que darían demasiada luz a aspectos de mi vida que debía mantener en secreto, especialmente al estar sentada frente a dos padres atentos que me miraban como si fuera un bichillo debajo de una lupa.

Así que una vez que estuvimos afuera me di el gusto de tomarme las cosas con calma y observar un poco mejor la mansión, que en si tenía los suficientes méritos para deslumbrar por su amplitud y el detalle de los decorados, aunque me parecía que era demasiado sobria, como si todo tuviese que estar en un perfecto lugar y los adornos fuesen más bien producto del orden que del deseo de poder ver algo que animara la vista, lo cual terminaba impregnándola de un tono más bien severo. Meditándolo me di cuenta de que hacía falta mucha más luz y más diversidad de color en el interior. 

-Espero que los jardines animen más la vista que el resto de la casa.-  dije mientras el pequeño de la familia me miraba con cara de no saber si podía confiar en mis palabras. -Claro que si. A poco no eres de los que gustan de hacer ejercicio y correr. No me digas que eres de los que prefieres ver el mundo desde una silla.- respondí antes de que se moviera dando un par de pasos de forma titubeante.
 
-Te sientes mejor que hace un rato ¿no es cierto? Noto que tu respiración ha adquirido mejor ritmo.- Pasé de largo a un lado suyo sin voltear y me adentré entre una serie de árboles que bordeaban los lados de un camino de pequeñas piedrecillas de tonos azules y blancos. Mi intención era sentarme en algún lado y devorar una buena parte de la tarta, siempre sentí debilidad por los dulces. -Si demoras demasiado en decidirte me comeré todo el postre.- dije sin detenerme. 

Inspeccioné a mi alrededor con la mirada, esperando encontrar un buen sitio adonde sentarme a comer. Digo, sentarnos, que se me olvidaba que iba a compartir la tarta. -¿No hay columpios en este jardín? Tiene que haber ¿no? De lo contrario no se puede considerar un verdadero jardín.- Me detuve un instante, una bandada de pajarillos de colores hizo acto de presencia y comenzó a canturrear a nuestro alrededor. Sonreí al mirarlos, si mirabas bien siempre podías encontrar colorido y algo de magia cuando menos te lo imaginas. -Se me ocurre que podríamos construir una casa para las aves. ¿No te gustaría? A ellas seguro que si, les caería de perlas un lugar adonde alimentarse y tomar un baño.-


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Lun Oct 23, 2017 12:25 am

Alcé una ceja en desconcierto al escuchar sus palabras y verla en sus movimientos. Con cautela la seguí hasta donde tomó asiento. Aunque lo dije mil veces lo volveré a repetir, no me agradaba su presencia y cada segundo que pasaba con ella me confundía aún más; no era nada parecido a lo que yo estaba esperando al enterarme de que habría una institutriz, esperaba a una mujer de edad avanzada, de mirada rígida y modales impecables. No a una joven que quería pasear por los jardines. –Debo usar la silla. –Respondí en un susurro aunque claro, no me refería a “debo usarla en este momento” sino que era algo general, cuando amanecía enfermo debía usar la silla a pesar de que a mí no me gustara, es más, detestaba esa horrenda silla y lo haría por siempre sin importar cuántas comodidades podrían añadirle. Y hablando de…

-Supongo que estoy mejor. –Suponer era poco, estaba completamente seguro, no había pesadez o dolor, ni siquiera una pizca de molestia. Me sentía muy saludable, lo cual no me lo podía explicar puesto que cuando me dolía respirar generalmente el malestar duraba varias horas, inclusive dos días en los que había medicinas y doctores de por medio, además de varias horas de reposo. Nunca se había ido así de pronto.

Me senté a su lado, contemplando el manjar que sostenía, ya no estaba tan seguro si tenía ánimos de comerlo, cierto, se me hacía agua la boca al pensar en su sabor pero… por alguna razón había perdido el apetito, se lo atribuí a la presencia de mi institutriz, a la cual no quería ver en lo absoluto. ¿Se vería muy obvia mi inconformidad si de repente rechazaba el postre? –Voy a querer un poco, comí demasiado durante la cena. –Respondí haciendo gala de los modales que había aprendido desde que pude hablar, al menos por ahora tendría que ser un caballero, aunque dudaba mantener esa actitud, por ahora quería probar terreno y tenía que mantenerme sereno y guardar apariencias. –A mi padre no le gusta que esté mucho tiempo en los jardines, por lo que no cree necesarios columpios ni nada parecido. –Expliqué con un murmullo antes de llevar un poco de la tarta a mi boca, deleitándome con su sabor. –A mi madre tampoco le agrada que vengan pájaros, muchos pájaros de repente atraen gatos y no pueden acercarse a mí, soy muy alérgico a su pelaje.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Miér Oct 25, 2017 2:03 am

Finalmente encontré el lugar indicado para tomar asiento, una mesa redonda de piedra blanca con dos bancas a juego bajo un árbol frondoso. Nos daría sombra en un día tan soleado de manera que no correríamos peligro de tostarnos bajo el sol.

Afortunadamente el ambiente no estaba demasiado cargado a pesar de ello. La brisa corría de forma agradable, especialmente al encontrarnos en un jardín con una gran variedad de coníferas; pero igualmente, me parecía al mirarlo, era demasiado pulcro. Un juego de columpios, una pajarera, no le vendrían mal, y se podrían plantar flores de mayor diversidad para aprovechar el espacio y que no resultase monótono a la vista.

Coloqué la tarta en la mesa y corté dos trozos, pasando uno de ellos al niño. Sonreí al tomar el mío en mis manos y darle un buena mordida. -¡Demonios! ¡Si que está buena esta tarta! ¿No crees?- Lo miré de reojo, el pequeño parecía algo apocado, hablaba en susurros. Tuve que aguzar muy bien el oído para distinguir sus respuestas.

–Debo usar la silla. – Fruncí las cejas pensativa. -¿Cuándo exactamente has de usar la silla?- Los padres me habían hablado de su condición pero en mi opinión la casa estaba demasiado acomodada a la utilización de la misma, algo no ordinario para algo que se utiliza ocasionalmente.

Mastiqué despacio, para mí era importante este empleo, y por lo tanto debía hacer buenas migas con el pequeño. Iba a tratarlo a diario, debía darme una idea de cual era su carácter, de como se conducía…

Esbocé una sonrisa ladeada cuando dijo que se sentía mejor pero mi expresión se tornó perpleja ante sus siguientes palabras. -Hacen falta columpios, este no es un jardín sin ellos. ¿Te has balanceado en ellos alguna vez? Ves ese árbol.- Señalé un cedro cuyas ramas se mecían frente a nosotros. -Imagínatelo con una cuerda en esa rama gruesa y una llanta colgando de ella. Si te concentras lo suficiente podrás verla como si realmente estuviera allí.-

Dejé la tarta sobre la mesa para esperar a que lo hiciera. -Anda, ¿qué esperas? Concéntrate en ello.- Como se veía dubitativo hice un gesto con la cabeza y centré en él mi mirada persuasiva para que siguiera mi indicación. Una vez lo hizo utilicé mi habilidad para crear ilusiones.

Ingresando en la mente del pequeño podía crear una ilusión que pasara por realidad. De esa forma le mostré exactamente cómo se vería una llanta a manera de columpio, añadí un tobogán a unos pasos de distancia de ella, y para completar, un sube y baja.

Además, diseñé con rapidez una pajarera con todo lujo de detalle y la desplegué frente a su mirada, para que viera como se vería el jardín con una. Diversos pájaros de colores hicieron acto de presencia en la escena. Colibrís, canarios y ruiseñores se materializaron remontando vuelo para acercarse, un par tomaron un baño en el agua y otros comieron alpiste con deleite.

-¿Qué te parece? ¿Aún no te gusta la idea de tener una pajarera?- Algunos pájaros se posaron en los pequeños troncos colocados estratégicamente y comenzaron a trinar amenizando el ambiente a nuestro alrededor.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Vie Dic 22, 2017 11:32 pm

En efecto, el postre era delicioso y no me esforcé demasiado en ocultarlo, era una de mis cosas favoritas sobre la faz de la tierra. Asentí con gusto y luego la miré, limpiándome educadamente con la servilleta. –Cuando me siento muy débil. –Comenté con simpleza “o cuando ellos creen que estoy muy débil” añadí mentalmente, era cierto que había ocasiones en las que sentía que no podía erguirme en mis pies, pero la última vez que ocurrió aquello yo tenía siete años. Desde entonces no había pasado otra vez pero mis padres pensaban que sí.  Aquello me causaba conflicto, me sentía enojado y al mismo tiempo triste, pero era incapaz de odiarlos, después de todo, temían que algunos sucesos se repitieran. Como lo que pasó en el colegio…

Sacudí mi cabeza y continué con el postre, esperando no haber parecido muy obvio al sumirme en mis pensamientos, no me gustaba cuando me llamaban la atención por ser distraído. –No creo que a mi padre le agrade la idea. –Respondí pero de todas maneras  volteé a ver el horizonte, algunas veces había imaginado un par de columpios y otro tipo de diversiones en el jardín pero eran solo fantasías, a pesar de todo, las imágenes cobraban vida por sí mismas de una forma tan exquisita que por un momento incluso yo me creí que eran reales. –Sería hermoso. –Respondí con una sonrisa. Pero luego sacudí la cabeza, alejándome de esos sueños.

El resto del tiempo que comimos postre charlamos un poco acerca de cosas sin importancia, sus movimientos eran gráciles y finos, no era sorpresa por qué la habían escogido como una tutora. Aunque me pregunté entonces si sabía que, en teoría solo era una educadora pero en la práctica haría de todo, sobre todo cuando mis padres se fueran de viaje… el siguiente fin de semana. –Mi padre me dijo que usted  me comentaría cómo serían las sesiones de clase. –Pregunté luego de un rato de silencio, tenía que aprender cómo trabajaba y luego vería qué hacer a partir de allí.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Lun Dic 25, 2017 10:39 pm

-Este postre está delicioso, digno de la mejor cafetería de Paris. ¿Crees que la cocinera me compartiría la receta?- pregunté tras volver a alzar la cucharilla.

Por un momento el chico observó la escena entusiasmado, pude ver en su rostro que la idea le agradaba por lo que alcé una ceja cuando su sonrisa se difuminó y su tono de voz se tornó pasivo, desechando la posibilidad de que fuese factible. Medité en lo que me decía unos segundos, que su padre no lo aprobaría. -Habría que exponerle la idea al señor Foissard, podríamos explicarle la utilidad de tener una pajarera. Aumentaría la belleza del jardín y le brindaría cobijo a los pájaros, además de que te pondría a pensar y a trabajar, porque por supuesto, ayudarías en su construcción.-

Lo miré de reojo haciendo desaparecer la ilusión, el jolgorio a nuestro alrededor desapareció y la realidad volvió a hacerse presente en el jardín. Era curioso que Blaise ni siquiera hubiese preguntado acerca de lo que acababa de suceder. 

-Cuando llegué me pareció ver a un hombre cerca de la entrada con un par de tijeras de podar. Asumo que es el jardinero, seguro nos echaría también una mano en el proyecto.-

Me puse de pie dispuesta a echar a andar las posibilidades. -¿Qué tal si me lo presentas? Asumo que aún anda por aquí, es temprano. Vamos, no me mires sorprendido, además siempre es bueno caminar después de la comida, el ejercicio no cae mal.-

Aguardé a que se pusiese de pie y llevé mis manos a mi cintura mirando a mi alrededor. A cada momento un nuevo pájaro hacía acto de presencia entre las ramas de un árbol o al descender a picotear del pasto.

Mientras caminábamos pensé en lo que había dicho anteriormente, que únicamente utilizaba la silla cuando estaba muy débil. -¿Qué tan a menudo sientes que estás demasiado débil para mantenerte en pie?- Mi mente le daba vueltas al tema, los Foissard me habían comentado que viajaban a menudo y debía estar preparada para cualquier eventualidad. Me preocupaba que la condición del niño fuera mucho peor de lo que se veía a simple vista. ¿Estaría preparada para atenderlo? Tendría que preguntar más al respecto a la señora Foissard… y al personal de la casa.

Negué con la cabeza saliendo de mis pensamientos cuando el pequeño de la casa preguntó por sus lecciones. -Un paso a la vez, primero a lo que vamos.- Estiré mis brazos por encima de mi cabeza reprimiendo un bostezo, la brisa mecía mi cabello y haber comido y disfrutado del postre me producía cierta modorra. 

-¿Qué esperas tú de las lecciones?-
pregunté, tanteando el terreno. Blaise se comportaba como un niño muy educado, pero era pronto para saltar a conclusiones acerca de él.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Mar Ene 16, 2018 5:16 pm

La joven se esforzaba bastante en intentar levantarme el ánimo pero pensaba que lo mejor sería que no lo hiciera. Ayudar a construir la pajarera sonaba magnífico y tal vez no pude esconder mi obvio entusiasmo, siempre que había alguna construcción nueva dentro de la propiedad, o una pequeña reparación sin importancia, estaba pegado a los trabajadores, haciéndoles todo tipo de preguntas a fin de saciar mi infinita curiosidad; los juguetes eran buen pasatiempo pero verlos realizar su oficio siempre me parecería más interesante, un pequeño descanso de la aburrida rutina que reinaba en la mansión. Sí, me encantaría trabajar en ese proyecto pero aunque mi padre por alguna extraña razón diera aprobación de su construcción, no había manera alguna en la que me permitiría colaborar en dicha tarea. Con suerte podría observar como solía hacerlo.

La seguí por los jardines, intentaba caminar a su lado con la misma gracia que lo hacía ella y que en teoría yo también debería ser capaz de imitar pero de vez en cuando dicha elegancia se veía forzosamente interrumpida debido a que tenía que recurrir a trotar a su lado, sus piernas eran mucho más largas que las mías y antes de darme cuenta ella ya me llevaba ventaja; aun así no estaba mal, era más ejercicio del que había hecho en toda la semana. Con la mirada busqué al jardinero, ella tenía razón, debería de estar en las proximidades. Al escuchar que me devolvía la pregunta volteé a verla, en realidad no me había puesto a analizarlo. –No lo sé. Tal vez deberes. –Respondí, después de todo ¿qué más se podía esperar de una clase además de tareas y aburrimiento? Al menos con mis amigos nos dedicábamos a hacer bromas durante la clase, claro, todo sin intentar ser descubiertos por el profesor; eso le daba más emoción al asunto.

–Y con respecto a lo otro. No sabría decirle, no hay un patrón. Podría ser que esté así tres días seguidos o puede ser que pasen 3 meses entre un episodio y otro. –Respondí mirando distraídamente a los alrededores esperando encontrar al jardinero. Por fin lo vislumbré, bueno, su gorra inglesa. El hombre estaba trabajando detrás de un rosal y por ello era difícil verlo. –Encontré al jardinero. –Anuncié. –Su nombre es Pierre, por cierto.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Jue Ene 25, 2018 10:22 pm

Encontramos al jardinero trabajando detrás de un rosal. Resultó ser un hombre de mediana edad que inmediatamente hizo una reverencia a modo de saludo, sacándose la gorra y mostrándose cortés para conmigo y el pequeño amo.

-Mucho gusto en conocerle Pierre. Blaise piensa que sería una buena idea contar con una pajarera en el jardín. ¿Qué tan factible le parece la construcción de la misma?-

Nos entretuvimos hablando acerca de la posibilidad de armar una. Al jardinero le pareció buena la idea, habló de los numerosos pájaros que veía a menudo picoteando alrededor de todo el jardín, por lo que pronto estuvimos hablando incluso acerca de las dimensiones de la misma, que tan grande podría ser. Admito que mientras más hablábamos al respecto más entusiasmo sentía así que al final terminamos compartiendo un par de buenas carcajadas.

El día continuaba soleado pero la brisa que acudía a levantar las hojas resultaba agradable. Blaise se entretuvo oyéndonos por momentos, otros mirando alrededor. En determinado momento al contemplarlo se me ocurrió otra idea. -¿Pierre tiene idea de adonde podemos conseguir un par de cuerdas? ¿De casualidad habrá alguna llanta por allí que esté en buenas condiciones y que pueda ser utilizada? Por supuesto eso en caso de que Mr. Foissard no la tenga en la cajuela de su coche.-

El buen hombre me miró pensativo antes de llamar a Baptiste, uno de los mozos encargados de diversas tareas de limpieza en la mansión. Este era un mozuelo de nariz tan larga como sus extremidades que me miró con curiosidad mal disimulada antes de conducirnos hacia una bodega ubicada detrás de la mansión.

En poco tiempo estábamos de regreso en el jardín, Baptiste trepándose en una de las ramas de uno de los cedros, y pasando las cuerdas por ella. Parece que el tener brazos y piernas largas lo convertía en un ágil escalador de árboles. Por mi parte me encargué de asegurarme de que la llanta quedará colgando apropiadamente, con los nudos perfectamente listos. Luego de realizada la pequeña faena vi brillar los dientes de Baptiste tras lanzar una especie de gorjeo que en realidad era su manera de reír. Le di las gracias antes de que se excusara, debía continuar con sus labores por lo que se marchó a dedicarse a ellas.

-¿Y bien?- Miré a Blaise que permanecía aún inmóvil. -¿Harás los honores?- Me detuve a la expectativa esperando alguna reacción de su parte. -Por más que me interese ser la primera lo más apropiado sería que seas tu quien lo haga.- Esbocé una sonrisa, la llanta colgaba perfectamente a manera de columpio. Bien lo había dicho anteriormente, un jardín no es un jardín si no hay uno presente y por supuesto, era obligatorio que todo niño tuviera al menos uno.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Dom Feb 25, 2018 12:23 am

Sonreí a Pierre al ver cómo se quitaba la gorra. Aunque tenía cierto concepto sobre la diferencia de estatus, aún tenía aquello algo borroso y de momentos me costaba entender que el hombre mayor que yo se quitara el sombrero ante un niño tan pequeño; de todas maneras, mis padres me habían enseñado que tenía que ser siempre cordial ante eso y mantenerme serio, y lo intentaba, pero a veces me causaba cierta gracia.

Al principio presté atención a la conversación pero me aburrió al poco raro así que comencé a mirar al cielo, buscándole forma a las pocas nubes que había, mirando los insectos a mis pies, las flores. Cualquier cosa, menos la plática que acontecía frente a mí. Después de un rato hablaron a otro de los empleados de la mansión, lo había visto de vez en cuando pero nunca tan de cerca, tampoco sabía su nombre; lo que más me llamó la atención, además de que era muy larguirucho, es que era muy joven, o al menos lo aparentaba. Se veía simpático, tal vez podría hablar con él… y me enseñara a escalar de esa forma tan ágil. Era impresionante.

Sonreí a Baptiste mientras se retiraba, me había caído bien. Luego volteé a la llanta que colgaba de la soga con evidente confusión. -¿Los honores? –Pregunté. -¿Qué es esto? ¿Por qué la llanta está colgada así?... Espere, ¿es un columpio? -Miré a la mujer y al columpio una y otra vez. Luego me aventuré a acercarme a este y, como pude, me subí encima y comencé a balancearme; aunque el movimiento de péndulo resultaba muy lento, me pareció algo emocionante. Pronto estaba sonriendo ampliamente, mostrando los dientes, y reía de poco en poco. Nunca me había subido en un columpio, no uno hecho de un neumático al menos. Solo esperaba que mi padre no me viera, de ser así tendría que bajarme y luego me mandaría a su despacho a darme una larga e implacentera charla de por qué lo que estaba siendo resultaba peligroso, que yo era muy delicado y tenía que pensar en mis pulmones ¿qué pasaría si de repente dejaba de respirar apropiadamente?... hablando de eso...

Detuve el pequeño movimiento que hacía para impulsarme y, aún aferrándome del neumático, cerré los ojos y traté de concentrarme. Sentía que no estaba respirando bien, a veces resultaba difícil saberlo pues de repente tenía episodios muy sutiles, estuve así por un buen par de segundos, inmóvil y en silencio, con los ojos cerrados en concentración; finalmente bajé al suelo con calma y me quedé ahí. Definitivamente estaba teniendo un episodio, no me dolía respirar pero sí me estaba costando trabajo. -¿Podemos entrar?- Dije tratando de sonar calmado y sin abrir los ojos, hasta cierto punto estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, cuando era más pequeño solía asustarme mucho y eso solo empeoraba la situación.
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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Elysande Mounier el Dom Feb 25, 2018 10:08 pm

Para ser honesta, estaba encontrando que mi primer día resultaba mejor de lo que había esperado. Cierto que había tenido poca interacción con el personal de la casa, pero al menos el jardinero resultaba ser cortés y agradable.

Había notado enseguida la dedicación de Pierre en lo que hacía. Se notaba que le gustaba dedicarse al mantenimiento de las zonas verdes de la casa y no tomó a mal algunas de mis sugerencias aunque lo noté algo pensativo al considerarlas.

Al parecer madame Foissard tenía ideas muy claras sobre la sobriedad que debía imperar en la mansión, incluso en el jardín. Según él quizás no le agradaría sembrar mayor variedad de flores y abandonar la sobriedad para añadir color.

Baptiste por otro lado resultó tímido pero también muy respetuoso y bastante ágil, antes de marcharse haciendo una reverencia con los ojos pegados al suelo (creo que le daba cierta vergüenza mirarme), no sin antes afirmar que estaría disponible si se me ofrecía alguna asistencia en el futuro.

-¿Son todos agradables aquí?-
pregunté, refiriéndome al resto del personal e impulsando suavemente la llanta que colgaba de la cuerda para que disfrutara del columpio. Al principio lo había mirado con sorpresa y me divirtió que no se hubiera percatado enseguida de lo que era, pero una vez le observó bien se aventuró a subir en ella y despegar los pies del suelo.

La tarde ya había entrado y el calor se iba disipando, el sol se ocultaba detrás de unas nubes, lo cual me resultó agradable. Me entretuve pensando en que había tenido suerte al dar con este empleo, aunque no podía dejar de sentirme inquieta al pensar en cuando dieran inicio las lecciones. La responsabilidad era grande… tenía que dedicarme a la educación de alguien más y me pregunté si estaba preparada para ello, aunque tampoco era cuestión de dudar, dependía demasiado de este empleo.

Tan ensimismada estaba en mis pensamientos que no me percaté de que se había detenido hasta que le vi ponerse de pie con los ojos cerrados.

-Blaise todo bien?-
Lo miré algo preocupada, notaba una ligera agitación en su pecho, al parecer algo no andaba del todo bien. -Creo que ha sido suficiente por hoy.-

-Respira, despacio. Ve contando mentalmente conmigo. Uno… dos… tres…-
Aprovechando que mantenía cerrados los ojos le transmití algo de energía mágica, directo a los pulmones al colocar mi mano sobre su pecho, poco a poco noté como su caja torácica iba adquiriendo mejor ritmo.

-Vamos adentro.-
Me apresuré a buscar su silla para que se sentara en ella, su ritmo respiratorio se había normalizado pero decidí no exagerar con lo que pudiera hacer o no, sobre todo si estaba acostumbrado a una rutina más tranquila. -Todo a su tiempo…- murmuré, dirigiéndonos al interior de la mansión… todo a su tiempo. Una de las primeras cosas que pensaba hacer era informarme más acerca de el mal que parecía aquejarle...

-¿Te sientes mejor?-
pregunté, justo antes de que entrásemos en una caja móvil que me lleno de escepticismo y que se suponía nos llevaría a la segunda planta. Ascensor me dijeron que le llamaban.


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Re: Rib-cage || Elysande

Mensaje por Blaise J. Foissard el Vie Jun 29, 2018 11:11 pm

Esta vez, sin rechistar, me senté en la silla de ruedas y me permití ser impulsado, extrañamente había sucedido lo mismo de antes, que tan pronto como empezaba el episodio este comenzaba a desvanecerse con una rapidez increíble. Había ocasiones en las que eso pasaba pero eran muy inusuales, y el hecho de que hubieran ocurrido dos en un solo día y con apenas unas horas de diferencia, lejos de tranquilizarme, me preocupaba más. ¿Acaso había empeorado de pronto? Mientras subíamos por el ruidoso ascensor, comencé a debatirme si contarle eso al doctor o reservármelo, pues aquello implicaba quitarme la apenas existente libertad que tenía ¿y si decidía que lo mejor era quedarme encerrado en mi habitación? Apenas podía lidiar con las pocas veces en las que podía salir a los jardines, no era capaz de imaginar pasar el resto de mi vida en mi habitación.

Pensando en ello fue que opté por no comentarle al doctor sobre aquello. A lo mejor no es nada y ya estoy exagerando. Cuando por fin llegamos al segundo piso, donde eran las habitaciones, nos encontramos con el mayordomo, quien le pidió a mi nueva institutriz que se presentara en el estudio de mi padre, pues éste quería hablar con ella; y aunque no dio detalles sobre el tema a tratar, pude imaginarme de qué sería la conversación. Posiblemente un “gracias por aceptar”, le daría un tour por la casa y algunos datos, le explicaría que ambos tendían a viajar mucho y le advertiría sobre las muy altas expectativas que tenía con ella. Pobre, no sabía en lo que se había metido, mi padre era muy exigente y le disgustaban muchas cosas; sobre todo el hecho de que yo era muy distraído en las lecciones pero ¿qué culpa tenía yo? ¡Eran aburridas!

El mayordomo no me agradaba mucho, era muy rígido y siempre me sermoneaba por mis modales, lo cual lentamente ocasionaba que me empezara a ensañar con él, durante los últimos dos meses había comenzado a hacerle bromas, inocentes, pero que lograban enfadarle y hacerme reír y, de nuevo ¿cuál era mi culpa? Estar encerrado también era muy aburrido y ese era mi único entretenimiento.  Además de que cuando se enfadaba se ponía rojo como tomate, lo cual era gracioso de ver.

Mientras ¿Ely? Iba al despacho de mi padre, el mayordomo tomó la silla de ruedas y la comenzó a empujar lentamente hasta mi habitación y, mientras caminábamos me dijo. –Bien, joven Foissard. Yo tengo asuntos que atender así que se va a quedar en su habitación  y se va a comportar. –Dijo recalcando aquello último. –Sabe perfectamente que, debido a la ausencia de sus padres, tengo autoridad para castigarle si no obedece ¿me ha entendido? – Ante ello no pude más que asentir, no me sentía de humor para responderle, ni siquiera con molestia. –Aún está bajo advertencia por la tinta en mi asiento de la semana pasada. –Continuó y, aunque su molestia era evidente, no pude evitar esbozar una sonrisa de lado al recordar aquello. Pronto estuvimos en mi habitación y se fue.

Durante el resto de la tarde y la noche no hubo ningún acontecimiento interesante, solo me dediqué a jugar con algunos de mis juguetes y decidí construir una fortaleza de almohadas en mi cama, la cual pedí a las criadas que no destruyeran. El domingo por la noche me encontraba con un sueño intranquilo, mis lecciones comenzarían al día siguiente y mis padres se irían a España para el miércoles. No quería quedar solo con la nueva institutriz tan pronto, ni siquiera sabía su nombre y en todo el fin de semana no le vi mucho. No quería que se fueran.
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