Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The paint - Privado

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The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Lun Jul 24, 2017 10:00 pm

Amaba el museo. Aquel lugar era como un segundo hogar para él, por eso era que Herbert podía pasar horas ahí, contemplando las obras expuestas, admirando cada una de las pinceladas sobre los lienzos, la perfección en las formas de las esculturas, entre otras cosas. Claro que otra cosa que Herbert veía en el museo, eran piezas que quizás algún día podría adquirir y traficar, después de todo, el arte era el negocio de la familia Kettering. Una sonrisa apareció en el rostro de Herbert al pensar en como el honorable negocio familiar los arrastro a zonas más oscuras, ya que tanto Juliette como él, habían caído en ellas, todo con tal de saciar sus ambiciones. Cierto era que en un principio él había creído que aquella era una mala idea, pero siendo Juliette tan terca y decidida como era, supo que no se detendría por anda y Herbert decidió que lo mejor era seguirla a dejarla sola. El mayor de los Kettering era después de todo bastante sobre protector con su hermana, tanto que aún no aceptaba del todo el matrimonio de ella con un inquisidor de nombre Astor Gray.
Un imbécil es lo que es ese hombre – susurró para si al pensar en su desagradable cuñado.

Gracias a la distracción que simbolizo pensar en su hermana y su esposo, fue como Herbert se dio finalmente cuenta que ya era su hora de abandonar el museo, después de todo, había pasado la mañana entera ahí y su estomago ya reclamaba algo de alimento. Despegando los pies de donde se mantuvo durante cerca de media hora, el mayor de los hermanos Kettering se puso en marcha rumbo a la salida del museo, sin embargo, fue al cruzar la exposición de arte asiático que sus ojos dieron con una pintura que nunca antes vio, una que era contemplada por un par de personas que al parecer, también la descubrían como nueva.

El estomago de Herbert reclamó una vez su atención, haciéndole saber que realmente necesitaba comer algo, sin embargo, la consciencia y curiosidad del hombre lo llevaron a ignorar de momento aquella necesidad básica para guiar entonces sus pasos hasta el cuadro que se exhibía, ese donde aparecía el rostro de una hermosa mujer, rodeado por flores de cerezo.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Dom Sep 24, 2017 11:14 pm

Toda la semana se había pasado en el estudio que existía en un ala del museo, que se encontraba apartada y cerrada al publico. Allí, realizaba parte de su trabajo, el que consistía en hacer copias fieles de las obras mas costosas, para ser expuestas como las originales, en especial, cuando se sabía que ningún funcionario vendría de visita. Pero era una forma de disuadir a los posible ladrones, ya que en los últimos meses, habían sido informados varias desapariciones de obras, en especial en el departamento de arte asiático. Keiko, comprendía que, si bien la responsable máxima, era su superior, la señorita Suni, ella, debía velar por que las cosas no se complicaran. Por ello, había decidido hacer copias de las obras, aunque eso no fura una práctica muy santa, en especial cuando no se elevaban informes a la parte de dirección del museo del Louvre.

La última obra que había realizado, era la de una mujer, que usaba el hanbok tradicional, y que miraba hacia el espectador, con una  expresión de tristeza y resignación. - Como si estuviera despidiendo al único ser que podría amar en ésta vida - caviló, mientras terminaba de comprobar que los encargados hubieran colocado la pintura con el debido cuidado. El papel usado en dicha obra, aunque era una copia, poseía la antigüedad requerida, puesto que los colores habrían variado de no tener ese cuidado, al igual que al usarse pinceles que no fueran antiguos. - vamos, que podrías ser una excelente copista y participar del contrabando de obras - pensó, mientras, inclinaba levemente su cabeza, con el fin de observar un pequeño detalle que podía pasar inadvertido para el ojo poco acostumbrado, pero que mostraba una falla en la realización. Suspiro, al darse cuenta que ya no había modo de arreglarlo, solo esperaba que nadie se diera cuenta, de que había pintado dos flores de cerezo de mas y tres botones de flores que no existían en el original. - solo Suni, podría darse cuenta, o... quien estuviera interesado en robar el original y supiera las características específicas de la obra - dijo en voz baja, al creer que se encontraba sola en aquella sala.

Carraspeó, cuando observó que un par de visitantes del museo se acercaban a contemplar la obra recién colocada. - Disculpen, pero aún no está lista la sala - dijo, acercándose, les explicó como llegar a la próxima sala y les despidió. Fue en ese momento, que al girar su cabeza, descubrió unos orbes que contemplaban la pintura, con la misma expresión, como cuando ella la viera por primera vez, - es como si, al mirarnos,  intentara pedir que no la dejáramos... que no la abandonemos ¿verdad? - preguntó al visitante que se había detenido en silencio, contemplando tan bella obra.



Pintura de Mujer:
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Lun Sep 25, 2017 9:49 pm

Poco le intereso que los otros visitantes fueran desalojados de la sala, pues a él, nadie podría desalojarle, mucho menos ahora que encontraba algo nuevo que ver en el museo. Herbert, como buen conocedor del arte sabía las especificaciones de varias obras; era experto en detectar fallas y de reconocer de inmediato las copias de las originales, en especial era complicado engañarlo con las replicas que eran puestas en exhibición en los museos, replicas que servían solamente para engañar a ladrones novatos, no a personas como Juliette y él.

Siendo entonces ya la única persona sobre la pintura de la mujer y las flores de cerezo, el Kettering comenzó a revisar pausadamente la obra. Frunció el ceño al descubrir unas ligeras inconsistencias en la pintura, inconsistencias que eran detalles ínfimos y que lo llevaron a pensar que quien fuera que pintara aquella replica, tenía un don sumamente envidiable para copiar tal cual lo que su ojo era capaz de ver. Estaba por estirar la mano en dirección a la pintura para sentir la textura del lienzo cuando una voz femenina lo hizo detenerse. Girando su rostro, Herbert se encontró con una mujer de cabellos castaños que se situaba a su lado y que contemplaba la pintura con fascinación. Una sonrisa apareció en los labios del Kettering y sus ojos fueron una vez más a posarse sobre la pintura.
Ella te invita con su mirada a quedarte contemplándola para siempre, quiere que quien la mire vea la inmortalidad de su belleza plasmada en este cuadro y la envidien, porque ninguna mujer podrá ser eternamente bella como ella y ningún hombre será capaz de tenerla – volvió sus ojos a la figura a su lado – Si este cuadro transmite todo esto… ¿Imagine que es lo que transmitirá el original? – y tras decir eso guardo silencio para centrar su mirada en las flores que estaban de más en el cuadro.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Miér Oct 25, 2017 7:34 pm

Cuanta verdad existía en las palabras de ese caballero, la mujer  era hermosa y sería siempre así, puesto que todos los seres están condenados a morir, a desaparecer de la faz de la tierra, a que sus historias, sus amores, sus odios, desaparecieran con ellos. Aún mas, que hasta sus nombres, se esfumaran de los recuerdos de las personas, cuando el último ser que lo conociera, dejara el mundo de los vivos, pasando a ser solo un anónimo, una bella imagen, sin nombre, sin historia, sin recuerdos.

- No, no es su belleza lo que pretende mostrarnos, es implorarnos que no la olvidemos, como ya lo hicieron, ¿o acaso no lo hizo el hombre o la mujer que alguna vez lo pintara?- sentenció, aunque esa era una reflexión para ella misma y no para el hombre que se encontraba a su lado, puesto que al contemplarla por días enteros, mientras realizaba la copia de la obra, se había preguntado una y mil veces, quien era en realidad aquella dama y que había sucedido en su vida, para mostrar en su mirada aquella tristeza infinita. Mas cuando iba a continuar con su pequeño he intimo discurso, las palabras del caballero la dejaron paralizada, muda, sin saber que hacer. ¿Como había descubierto la obra que se exponía en aquella sala, no correspondía al tiempo, ni al autor? ¿como supo que se trataba de una copia? ¿acaso sería uno de los expertos que había traído el museo para tasar la antigua obra? y de ser así, ¿no debería acompañarlo a las bodegas, para enseñar el estado en que se encontraba la valiosa obra de arte y explicar el porqué de su sustitución?

Se había girada, para terminar con su mirada clavada en la ajena, - ¿Disculpe? ¿como que el original? - dijo, sin saber aún si se había equivocado y era solo un visitante que por alguna razón conocía como era la obra en realidad, y de ser así, ¿que debería hacer? Tragó saliva y redobló su apuesta, al ver que solo eran ellos, los únicos que habían quedado en la sala - ¿porqué afirma que no se trata del original? -.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Vie Nov 24, 2017 8:54 pm

Los ojos de Herbert, fijos aún en la perfecta replica no se apartaron de la obra, ni siquiera cuando la voz de la joven explicaba que era lo que aquella pintura le transmitía. Ambos coincidían en que la mujer pintada era hermosa, sin embargo, las ideas con respecto a lo que ella trataba de transmitir eran sumamente diferentes. Para el Kettering, la dama trataba de preservar su belleza burlándose de todas las jóvenes que se atrevían a contemplarla y que contrario a ella, envejecerían; para la castaña, la dama quería pedir que no se le olvidase, que de algún modo se mantuviera presente en la memoria de quienes la contemplasen, algo que resultaba imposible.
Que pensamiento tan utópico poseía ella si la veo desde sus ojos, ya que todos somos olvidados, es inevitable; además que si somos supersticiosos, aferrarnos a la vida nos dejaría vagando en el mundo como espectros – sonrió – por qué es eso lo que se dice, ¿no? – Podía resultar ridículo que admitiera el creer en esa clase de cosas, por eso era que solo lanzaba aquello como un comentario, pese a que debido a su trabajo y experiencia, hubiera ya confirmado desde hacía tiempo que en el mundo, existían criaturas de las que solo se podía soñar.

El silencio que se formo, una vez que volvió evidente que aquella obra no era más que una replica, no le molesto en absoluto sino que más bien, le pareció curioso así que se giró, para dar con el rostro asombrado de la joven a su lado.
Es que esta es solamente una copia – aseguró sin titubear siquiera – es una muy buena copia, el artista que la creo debería estar orgulloso de su trabajo, sin embargo, eso no elimina el hecho de que no es la real – una sonrisa asomo a sus labios una vez que la muchacha le interrogó respecto a la seguridad que exhibía – Bueno en realidad no es algo que pueda verse a simple vista o al menos no lo notaría un ojo inexperto – dicho eso señalo a las flores extra – esas flores… – movió la cabeza de un lado a otro – no existen en el original, son flores anexadas por el artista para darle quizás un poco de su propia esencia a la obra – añadió aquello antes de apartar sus ojos de la pintura y centrarlo en la mujer – aunque eso solo es suposición.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Sáb Nov 25, 2017 7:55 pm

Aun con su mirada clavada en el caballero que contemplaba la bella pintura, que con tanto ahínco - ella - había realizado, intentó encontrar en su cabeza las palabras adecuadas para refutar todo lo que el hombre le decía. Pero cuando nombró las flores inexistentes en el original, supo que había sido pillada. - Vaya, no tenía idea de que los dueños de la obra habían mandado a un experto a contemplar como había quedado expuesta la pintura - dijo intentando sonreír, aunque no dejaba de mostrarse nerviosa.

Se acercó mas al caballero para presentarse formalmente, - permítame que me presente - dijo extendiendo su mano en dirección al experto, - mi nombre es Keiko Rein, y tiene toda la razón, se ha decidido exhibir, hasta la fecha de inauguración, una replica de la obra original - Dijo, al momento en que se quedaba callada, esperando a que el caballero se presentara. Las mejillas de la joven se encontraban enrojecidas, pareciendo pequeñas manzanas coloreadas por el sol de estación.  - Me ha dejado sorprendida, somos muy pocos, ademas del dueño de tan magnifica obra, los que sabemos de la diferencias entre el original y su copia de seguridad - afirmó, - aunque entiendo que comprenderá que fuese necesario hacer dicho cambió teniendo en cuenta que hablamos de una obra con mas de docientos años de antigüedad y de una cultura tan distante como la coreana - se intentó defender, para luego quedarse contemplando la obra nuevamente, como si fuera la primera vez que la hubiera visto, - ¿cree que es utópico mi manera de pensar? ¿acaso no sobrevivimos a nuestra muerte, mientras alguien nos recuerde en su corazón? -  preguntó, sin dejar de contemplar la pintura, - estoy segura, que desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron con la de aquella enigmática joven, ella puede estar segura que jamás la olvidaríamos...  - dijo en un tono de voz cargado de tristeza, - va... no lo se... tal vez es solo mi imaginación - se excusó, encogiendo los hombros y girando su rostro para buscar la mirada del caballero.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Miér Dic 27, 2017 12:03 am

La dama a su lado estaba en lo correcto al referirse a Herbert como un experto, sin embargo, se equivocaba al creer que había sido enviado por los dueños de la obra ori igual, sin mencionar además que ella era demasiado ingenua al darle aquella clase de información a un desconocido como él. ¿Qué no sabía la dama que existían quienes se encargaban de robar obras para revenderlas en el mercado negro? Seguramente lo sabía pero debía de dudar que el Kettering fuera una de esas personas. Un grave error por parte de la asiática.
Podré ser un experto en arte señorita, pero es debido a mi trabajo, no porque alguien me enviara a revisar el resultado de ninguna obra – sonrió entonces – ni siquiera tengo idea de quienes son los dueños de tan hermosa obra, aunque si tengo idea de quien podría querer comprarles la original – y aunque los labios de Herbert aseguraban que aquella obra debía ser comprada, la verdad es que estaba ya pensando en el equipo que debería reunir para ingresar en el museo y robarse la obra, puesto que no existía nada mejor que vender obras originales en el mercado negro.

Si bien él no era quien la joven creía, Herbert no se sintió con la facultad de negarle el saludo a la dama.
Herbert Kettering, curador de arte y mecenas ocasional – se presentó como lo que oficialmente era y después de estrechar la mano de la joven, la soltó para volver su atención por completo a la obra que remplazaría, hasta el día de la exhibición a la pintura original que tanto ansiaba él ver y tener en sus manos – Si planeaban tener de exhibición la original hasta el día de la apertura, ¿no hubiera sido más acertado simplemente guardarla en lugar de colocar una copia en su puesto? – preguntó realmente intrigado por la manera en que decidían hacer las cosas en el museo últimamente, aunque la verdad era que no le sorprendía que los métodos hubieran cambiado, después de todo según sabía, la encargada de las exposiciones asiáticas era ahora una mujer joven y muy capaz, una a la que aún no tenía el placer de conocer pero que era descendiente del famoso historiador Kang.

La atención de Herbert después de divagar algunos segundos volvió a posarse completamente sobre la dama a su lado, quien aseguraba sentirse sorprendida de que él supiera la diferencia entre la obra original y la copia.
Bueno tengo más conocimiento sobre las obras del que aparento, pero ya le he dicho que es debido a mi trabajo – sonrió divertido, pues de manera inesperada aquella visita casual al museo se convertía en algo verdaderamente interesante.

Efectivamente creo que su manera de pensar es muy utópica – aseguró antes de cruzar los brazos a la altura del pecho y proseguir una vez más, sobre lo que les hacía pensar la obra a cada uno – porque coincido en que habrá quienes nos recuerden, más seremos olvidados cuando esas personas falten en este mundo, al igual que la mujer que ha posado para esta obra, que si bien estará como dice usted en la mente de quienes observen la pintura, jamás será verdaderamente querida o apreciada como aquellos que la conocieron y ya no se encuentran más en este mundo – dirigió entonces su mirada a la ajena – además que hay cosas que te harán olvidarte de ella, por ejemplo, su presencia ha hecho que yo me olvide un poco de ella porque es usted hermosa, inteligente y si como creo ha sido usted la artista, es además sumamente talentosa.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Miér Ene 31, 2018 10:47 am

Aquel hombre era verdaderamente sorprendente, Keiko amaba el conocimiento, el arte y la historia, le era muy difícil encontrar personas con quien poder pasar las horas hablando de aquellos intereses mutuos, con la única persona que podía hacer eso era su jefa y amiga, la señorita Kang, prefería dirigirse de forma formal con ella, por mas que la apreciara mucho, porque como bien había aprendido, los países de donde provenían las dos familias - tanto la de ella y la famosa historiadora - a las personas mayores en edad y en jerarquía, se las debía tratar de manera formal, por ese motivo, por mas que lo hubiera intentado, aún le costaba romper esa barrera cultural, más por respeto a su jefa, que a ella y su cultura nipona. Pero, en el caso del señor Ketering, no necesitaría usar ese trato, si llegaban a ser amigos, mas para eso faltaba mucho tiempo, pues apenas se habían presentado. Sonrió, ante la presentación hecha por el caballero y el firme apretón de manos, que demostraba la seguridad y confianza que poseía aquel hombre.

-Un Mecenas, que interesante - dijo en voz baja, mas siguió prestando atención a lo que aquel caballero dijera sobre su opinión con respecto a la pintura, cuando él comentó que su explicación le parecía utópica, un sentimiento de vergüenza e inseguridad, hacia sus propios pensamientos filosóficos, la hicieron bajar la mirada, fijándola en los relucientes zapatos del caballero, - todo en él es correcto, de suma elegancia - caviló - un hombre de gran poder económico, puesto que solo de esa manera se puede ser un mecenas - siguió pensando, - quisiera poder algún día llegar a ser una artista reconocida y lograr ayudar a otros a cumplir sus sueños - suspiró al pensar en una aspiración que de por sí estaba vedada para ella, porque era la hija no deseada de un matrimonio que había nacido con una estrella maldita, con la desaprobación de la familia de su padre y el estigma de ser tan diferente a las europeas, que fuera a donde fuera, era señalada por la gente, como un numero de feria, solo con la señorita Kang, podía sentirse a salvo.

Pensando en todo eso se encontraba, cuando las palabras del caballero llegaron a sus oídos, -¿yo? ¿Bella? - dijo totalmente sorprendida, - pero... si para la sociedad europea, todos los que poseemos rasgos orientales somos menospreciada - pensó, mientras su mirada volvía a clavarse en la del señor Ketering, - creo que no me ha visto bien - rió nerviosa, con las mejillas rojas como los pétalos de una rosa recién cortada.


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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Jue Feb 15, 2018 9:22 pm

Su encuentro con la joven se tornaba cada vez más interesante y la visita del Kettering se volvía muy productiva, no solo porque hubiera tenido la posibilidad de encontrarse con la hermosa copia de arte exhibida, misma que le daba el conocimiento de que la obra original se encontraba en aquel museo, lista para ser usurpada, sino también porque la dama a su lado le daba una charla verdaderamente amena, algo que en extrañas ocasiones podía encontrar debido a que las personas verdaderamente interesadas en el arte eran contadas sin mencionar que esas personas solían ser en su mayoría muy reservadas.

- ¿Le parece interesante que sea mecenas? - preguntó divertido - si le sorprende que yo lo sea, debería conocer a mi hermana, ella es más sorprendente - menciono con orgullo. Si bien Herbert era sumamente talentoso en su trabajo y en el reconocer grandes artistas, cuando se trataba de volver exitosos a artistas poco reconocidos o con carentes posibilidades de brillas, Juliette era la indicada. Su hermana menor nunca se detenía por más trabas que se le pusieran y como prueba de ello es que había logrado hacer que la poderosa familia de Médici tomara bajo su protección a un joven sin nada, volviéndolo no solo un reconocido artista sino además, el futuro líder de los Médici - Yo prefiero dedicarme a ser curador - y traficante de arte, pero eso no era necesario que la muchacha lo supiera aún.

El desconcierto en el rostro femenino lo llevó a corroborar sus palabras.
- Si, he dicho que usted es bella - más ante sus palabras recibió la petición de que observara bien, algo que Herbert tomó seriamente, así que se inclino para ponerse a la altura de la muchacha y observar, en esta ocasión mucho más de cerca su rostro - Pues si la veo “bien” como me lo ha pedido, me sigue pareciendo que es usted muy hermosa - sonrió - y además le dije que talentosa - observó entonces las manos de la joven - a menos que este perdiendo la vista, lo que desencadenaría en que no es usted artista y en que no es realmente hermosa, aunque a lo que sé, mi vista es perfecta - si ella era artista, Herbert quizá podría hacer que decidiera ayudarle a crear algunas replicas para sus negocios.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Vie Abr 06, 2018 12:16 pm

Cuando el señor Kettering acercó su rostro al de la joven, ésta se puso mas nerviosa y su rubor se extendió por todo su cuello y rostro. Tragó con dificultad, bajando la mirada cuanto la ajena se posó en sus orbes. Le costó unos minutos encontrar las fuerzas para elevar su mirada, buscar la ajena y calmar su corazón que parecía estar dispuesto a salir por su garganta. -Debes calmarte, ¿que crees que estás haciendo? compórtate. Estás dando una mala impresión, de seguro creerá que eres una inmadura, inexperta, que ningún hombre se ha fijado en ti - se reprendió, frotando inconscientemente sus manos.  

Absorta en sus pensamientos, en tratar de calmar sus nervios, no había puesto atención a lo que el hombre dijera sobre sus manos, -¿Artista... pintora, quiere decir? - preguntó, mirando sus manos, para luego volver a contemplar el rostro seductor del señor Kettering. Sonrió con timidez, - pues la verdad es que si, he estudiado pintura, al igual que lo hace cualquier joven que su familia intenta convertir en una buena dama - contestó, intentando mostrar su humildad, pues, aunque era un impresionante artista y muy buena restauradora, prefería pasar por apenas una aprendiz. Su mirada volvió a recorrer el trayecto que separaba el rostro del caballero, a la imponente obra que se exhibía, - desearía tener la habilidad para pintar como la autora de un cuadro tan delicado -, suspiró al decir su respuesta.

Giró su cabeza al escuchar pasos entrando al salón, era el guardia de seguridad quien venía a informarle que era hora de cerrar el ala del museo. Keiko asintió con un movimiento de cabeza, con sus manos juntas, inclinándose en un ademan netamente oriental, en el momento en que el guardia se retiraba. Al elevar nuevamente su cuerpo y llevar su mirada al caballero que la acompañaba, se disculpó, - Se que no es común la forma en que saludamos, pero es que al ser la secretaria de la directora de arte asiático, sus gestos y costumbres se han vuelto parte de mi vida diaria - sonrió apenada.

Algo triste por que debería dejar el lugar, y deseaba seguir charlando con el señor, hizo un deseo en total silencio, - ojalá que el señor Kettering desee volver al museo... o tal vez... pedir que le acompañe a ver otra exposición - caviló, posando tímida sus ojos en los misteriosos orbes del caballero.


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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Vie Abr 27, 2018 8:44 am

La dama frente a la que se encontraba era sencillamente adorable. No porque los rasgos de su rostro fueran delicados y bellos, sino porque actuaba de una manera tan inocente y se sonrojaba tanto ante la cercanía de Herbert, que él no tuvo más deseo que poder pasar más tiempo a su lado, para ver que tantas expresiones podía descubrir de ella. Con la sonrisa en el rostro, el Kettering trató de hacer contacto visual con Keiko, algo que le resulto imposible, pues antes de que los ojos de ambos volvieran a encontrarse, ella desvió su mirada, como si percibiera la finalidad de Herbert. Tras percatarse de que no conseguiría que ella volviera a mirarlo, no si estaba tan cerca, el mecenas puso algo de distancia entre ambos mientras que iba asegurando a la Rein, con palabras educadas, que no podía engañársele y que ella, era una verdadera artista.

Los pintores no solo pintan. Lanzar brochazos aleatoriamente, eso lo puede hacer cualquier persona pero los verdaderos artistas, esos a los que usted pertenece, son los que son capaces de hacer que lo que para otros es simplemente un brochazo, se convierta en esto – tras decir aquello volvió a mirar el cuadro, dándole a entender a la joven que no debía menospreciar su talento, sin embargo, ella no pareció aceptar lo ya dicho por él muy bien, pues pronto aseguro que estudiar pintura era lo que toda buena dama debía hacer – Pero no a todas las buenas damas se les da el arte pintando – pensó en Juliette, quien pese a tener un buen ojo para los artistas, no era muy buena pintando ella misma – créame, hay damas que lo mejor es que se mantengan alejadas de un lienzo – finalmente, después de minutos de espera, Keiko volvió a mirar a Herbert, quien no pudo más que sonreír al escucharla una vez más, desvirtuar de cierta manera su trabajo – pues si no es usted la que ha pintado este cuadro, me gustaría poder encontrarme con la persona que lo ha hecho ya que tengo una propuesta para ella.

La amena conversación fue interrumpida por un guardia, quien con voz firme, indico a la Rein que era momento de cerrar la exposición aquella. Tras despedirse, a la usanza asiática del guardia, la pintora se giró en dirección a Herbert para explicarle el por qué de su saludo.
Bueno, estamos en la zona de arte oriental así que me habría decepcionado si se despidieran de otra manera que no fuera a la usanza oriental – la sonrisa volvió a sus labios y entonces, su brazo fue ofrecido a Keiko – El guardia esta esperando porque salgamos – indicó mientras llevaba su mirada hasta el hombre que impaciente, aguardaba – ¿Le parece si vamos a una exposición que no este por cerrar y hablamos un poco más?.
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Re: The paint - Privado

Mensaje por Keiko Rein el Mar Jun 19, 2018 6:32 pm

No supo porque, pero en su rostro se formó una amplia sonrisa, tal vez fueron las palabras del señor Kettering, que le decía que estaba de acuerdo que se comportaba de esa manera, saludando a la usanza coreana al empleado que se había acercado a decirles que debían retirarse, o la sonrisa era producto de aquel pedido del caballero de pasar mas tiempo con ella. Fuera cual  fuere el motivo, no pudo dejar de mirarle a los ojos, aunque segundo atrás, se había forzado para no clavar sus ojos en los ajenos, ahora, no podía mas que contemplar esos bellos ojos color almendra, y esperar que le siguiera hablando de mil asuntos que tuviera que ver con el arte.

Se quedó, con su sonrisa flotando en el rostro, sus ojos iluminados como los de una niña que le han dado un obsequio inesperado. Cuando se dio cuenta de su actitud, bajó su rostro totalmente sonrosado, mientras se colocaba al  lado del caballero, posaba su mano temblorosa en el brazo masculino, y comenzaban a caminar, dejando el amplio salón de exposición, para dirigirse por un amplio corredor, a otra sala en donde se exhibían hermosos cuadros de maestros de la pintura, contemporáneos suyos como Ingres o Dellacroix.

Al entrar a la nueva sala de exposición, una nueva sonrisa se formó en sus labios, - Me pregunto, como sería una obra de éste maravilloso artista, pero representando algún acontecimiento de la historia de Japón o de Corea - Dijo, señalando la obra de Ingres en la que se veía el juramento de los Horacios. Giró su rostro llevando su mirada a la del caballero, - ¿Que haría si conociera a la persona que hizo aquella obra? - quiso saber, había estado pensando en ello, todo el camino que recorrieron hasta llegar a la nueva sala, mucho mas luminosa y amplia que la anterior. -¿No cree que tal vez podría decepcionarse al conocer que el autor de aquella obra es un ser demasiado simple? - dijo, con voz suave, bajando la mirada, realmente avergonzada, no podía dejar de sentirse demasiado inexperta en el uso del pincel.


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Re: The paint - Privado

Mensaje por Herbert Kettering el Jue Jul 05, 2018 6:05 pm

Sus ojos se mantuvieron sobre el rostro de la Rein, que finalmente le miraba sin reparo alguno, o al menos fue de esa manera durante breve momentos, pues al darse cuenta la joven de lo que hacía, desvió su mirada con las mejillas completamente sonrojadas, provocando aquello que el Kettering sonriera. Keiko era demasiado para cualquier hombre que fuera como Herbert, deseoso de juguetear con lo puro, bello y perfecto y él se dio cuenta de ello cuando la mano temblorosa de la pintora se posó sobre su brazo para ambos comenzar a andar y salir de la exhibición que cerraría sus puertas en cualquier momento. Divertido ante el sonrojo y la actitud de la artista, el mecenas no pudo evitar detenerse un par de segundos una vez que estuvieron fuera de la exhibición.
¿Se encuentra bien? – preguntó divertido, inclinándose ligeramente para tener una mejor vista del rostro avergonzado de la joven.

Después de haber hecho su jugada en contra de la dama y aún así, hacer que ella aceptase continuar más tiempo a su lado, ambos se dirigieron a una sala repleta de cuadros de artistas más contemporáneos. Los ojos del Kettering recorrieron con velocidad todas aquellas obras y ninguna, llamó su atención realmente, quizás porque sabía que para igualar uno de aquellos cuadros su Juliette tenía a Gustav, mientras que él, podría igualar cualquier otro cuadro de aquellos con un toque completamente diferente, uno más, asiático.

Una sonrisa apareció en su rostro. Hebert había sido capaz de generar la curiosidad en el alma de la joven Keiko, quien al llegar a la nueva sala no perdió tiempo en interrogarle respecto al artista que habían estado hablando en la exhibición oriental.
Si conociera a la persona que hizo aquel hermoso cuadro – hizo una pausa – sin duda alguna haría todo lo posible por convencerle de trabajar conmigo y le volvería un artista de renombre – sonrió antes de mirar fijamente a Keiko – ¿Qué haría si fuera demasiado simple?... Nada, porque los mejores artistas vienen de cunas humildes o son personas sencillas, ¿Usted qué haría? – le cuestiono, sabiendo pues que ella era la artista y que era cuestión de tiempo para que aceptara trabajar con él.
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