Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ciel et l'enfer

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Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Jul 25, 2017 10:19 am

Llevaba preparando el atraco al cabaret de lenfer un mes, había atado cada cabo que podía estar suelto o soltarse en el ultimo momento.
Si salia bien nos llevaríamos un buen pico, suficiente como para vivir una temporada sin necesidad de dar otro palo.
Nuestra vida nunca fue fácil, aunque supongo que la necesidad te obliga a buscar las vueltas para sobrevivir sin que los que te buscan te cacen.

Era algo irónico pues también mi hermano y yo eramos cazadores, acabábamos con seres de la noche para proteger a la humanidad, a fin de cuentas para eso habíamos venido a este mundo, iba implícito en nuestro adn.
Claro, que vivíamos en tierra de nadie, pues aquel que nos creó también buscaba nuestra destrucción.

Raziel no se tomaba nada en serio, su actitud me desesperaba, parecía no comprender que no estábamos en París por placer, la idea de movernos de un lado a otro no era un capricho del destino si no una necesidad palpable para mantenernos con vida.
La inquisición no se andaba con tonterías y nosotros eramos la prueba fehaciente de que habían experimentado, habían jugado a ser dioses, a dar vida y ahora a quitarla para que nadie descubriera la atrocidad de sus clandestinos experimentos.

En mi nuca el numero uno grabado a fuego, clara sentencia de lo que era, en mi interior un ente arañaba mi carne, rugía voraz queriendo emerger de la vasija que lo contenía.
Una marca alrededor de mi ombligo en forma circulo y con distintas runas servia como sello.
En una semana daríamos el golpe, aquella tarde necesitaba descargar adrenalina, así que dejé el fuego de la lumbre encendida y tras echarle un par de maderos, abandoné la cabaña de madera en busca de alguna presa.
Raziel como de costumbre estaría en alguna taberna haciendo de las suyas, me cansaba de ser su niñera personal, sus descuidos nos ponían en peligro, y a veces también a mi me apetecía convertirme en un hombre de mi edad, beber, salir con mujeres..sin embargo, yo tenia que permanecer atento a todo, lo que me dejaba en una posición de eterna vigilancia.

Cogí el arco y colgué el carcaj a mi espalda repleto de saetas. No demasiado lejos había un rio de aguas vivas donde gran parte de la fauna del bosque acudía a beber, era cuestión de tiempo dar con la presa del día, así que con la paciencia que ostentaba, me agache resguardandome entre la maleza atento a todo lo que mi alrededor pasaba.

No se el tiempo que permanecí hasta que un venado caminaba majestuoso y a lento paso hacia las orillas de las cristalinas aguas.
Coloqué la flecha en el nock y elevé ligeramente el arco tensando con mi brazo la cuerda para dejar escapar la flecha. Antes de que eso sucediera un ruido espantó a la presa haciéndola huir de inmediato.

Miré hacia el lugar de donde provenían los gritos femeninos, no tardé en ver a una doncella de dorados cabellos correr como si fuera una ninfa a través de las cortezas de los arboles.
Sus ojos miraban hacia atrás, como si fuera perseguida por alguien, asi que volví a esconder mi cuerpo entre la maleza dispuesto a observar.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Jul 25, 2017 11:49 am

Mis ojos se fijaron en la luz de la luna que entraba por la ventana, dando de lleno en la cama donde permanecía recostada contra el cabezal de la misma, un libro en mis manos para entretenerme y un gato de color negro como compañía en esos momentos era lo único que tenía. Había perdido el número de veces que había leído aquel libro, podría decir cada palabra, cada frase y cada párrafo de cualquiera de las doscientas páginas que comprendía aquel libro. Cualquier libro que había leído durante mi vida lo recordaba a la perfección como si acabara de terminar de leerlo en esos momentos, una cualidad y habilidad con la que había nacido y que Alistair me decía que era un don, que lo utilizara como tal a lo largo de mi vida. Podía recordar cada canción, cada libro leído, cada conversación que había mantenido durante aquellos veinte años como si hubiera pasado hacía unos minutos, decía que tenía una memoria algo prodigiosa y que era como un regalo… pero yo no lo veía así. Si tenía esa memoria, ¿por qué no era capaz de recordar nada de mis padres? ¿Por qué no tenía ni una leve noción de ellos?

Era frustrante no saber nada de ellos, no poder obtener nada que me hiciera recordarlos y que solo los pudiera imaginar, ¿cómo serían realmente? Algo que jamás llegaría a saber porque Alistair lo único que me había dicho es que me encontró hacía ya veinte años, en el mismo bosque en el que vivía hacía ya tantos años pero que nada sabía de mis padres, y por eso mismo él se había convertido en algo así como mi padre, aunque más bien no quería que lo llamara de esa forma y era más como mi “mentor”, el que me había enseñado cada palmo de aquel bosque, el que me había enseñado todo lo que sabía en la vida… pero el que también, por alguna razón que desconocía, no me dejaba salir a no ser que fuera siempre con él y no me dejaba salir más allá del bosque… y yo quería ver qué había más allá, no quedarme encerrada toda mi vida en aquel templo como llevaba haciendo veinte años.

Cerré el libro de golpe y el gato a mi lado se estiró acomodándose para pegar su espalda contra mi pierna y seguir durmiendo, mi mano de forma inconsciente se fue hacia aquel colgante que portaba y lo acaricié con mis dedos. Por lo que había podido saber lo llamaban un llamador de ángeles, era de plata y la esfera que tenía dentro era de color azul turquesa, el mismo color que mis ojos. En uno de los lados de la esfera tenía un ala blanca y por lo que sabía era lo único que llevaba cuando me encontró, junto con lo que decía que había una nota con mi nombre escrito… y nada más. Mis dedos acariciaron la bola y el ala blanca que tenía en la misma mientras mis pensamientos iban por otro lado, había muchas cosas que no entendía, cosas que le preguntaba y que no quería responderme, como si evitara hacerlo. Muchas veces me había cambiado en algo la respuesta, para alguien normal quizás pasara por alto, pero para mí que recordaba cada palabra dicha… no lo hacía.

Lancé un suspiro en la habitación y miré por la ventana, podía ver las estrellas que iluminaban aquella noche estrellada y despejada y ni siquiera lo pensé cuando me levanté de la cama: iba a salir del bosque aunque ya sabía que no debía de hacerlo, pero no me importaba, igual que no me importaba el castigo que me pudiera imponer por irme… ¿qué podría ser peor que quedarme allí encerrada? Nada podía ser peor que eso, era como un pájaro en una jaula, que podía salir y no lo hacía… pues iba a salir y a conocer ese mundo que tanto se me había negado. Algo esa noche me empujaba a que lo hiciera y no iba a dejar pasar ese instinto que desde pequeña siempre me había acompañado. Cierto era que cada vez que salía siempre pasaba algo, o bien me caía, o bien sufría algún accidente, u otro lo sufría por mí… como si de alguna forma el caos me acompañara y se sembrara o bien conmigo, o bien contra mí… pero algo en mi interior me decía que saliera aquella noche, y no iba a dejar de hacer caso a lo que mi instinto me decía.

Cogí una capa negra que Alistair solía utilizar cuando iba a la ciudad y me dejaba sola y salí bajando las escaleras de piedra de aquel templo hasta la entrada principal, intenté no hacer ningún ruido y finalmente salí por la puerta adentrándome entre los árboles del bosque bajando por aquella ladera, conocía de un camino algo secreto así que no dudé en ir por aquel lugar... pero como de costumbre, algo tenía que pasarme y esa noche no fue diferente. De uno de los lados escuché un ruido, un gruñido que no me sonaba que era de ningún animal, llevar viviendo tantos años en el bosque hacían que conociera los animales de la zona, los ruidos que hacían… y aquello no era nada que hubiera escuchado antes. Todo estaba a oscuras iluminado solamente por el haz de la luna que se proyectaba en el lugar, seguí andando sin darle mayor importancia pero no tardé demasiado en oír movimientos cerca de mí, sombras que pasaban rápidas como si me estuvieran rodeando y cercando y fue entonces cuando, al mirar hacia uno de los lados de la oscuridad emergieron unos ojos rojos, como llamas candentes, que se centraban en mí.


-¡Yuna, corre! –Me giré al escuchar la voz de Alistair quien venía corriendo en mi dirección espada en mano, una espada que jamás había visto brillante que sujetaba con fuerza, aquel… ser que se había fijado en mi salió de la oscuridad para darme cuenta de que era un hombre, pálido y de cabello oscuro con unos colmillos que sobresalían de sus labios, gruñó como si fuera un animal y  Alistair comenzó a pelear con él apartándome de un empujón y mantenerme lejos de aquel ser, otro ruido más igual que antes y de nuevo otro hombre igual que el otro ser salió de la oscuridad para lanzarse a por mí, pero Alistair lo pudo parar a duras penas mientras me pedía que me fuera y me alejara, que no dejara que los vampiros me alcanzaran. ¿Vampiros… qué demonios estaba diciendo?- ¡Ahora, Yuna! ¡Márchate! –Empujó a uno de ellos y le hice caso, comencé a correr alejándome de ellos corriendo por senderos que conocía que surcaban el bosque poniendo distancia todo lo que podía, pero una risa a mi espalda me hizo darme cuenta de que uno de ellos me seguía, parecía complacido y divertido por la situación mientras yo corría.

Las ramas de los árboles impactaban a veces contra mi rostro, mi vestido azul claro estaba manchado de barro, al pasar por una de las ramas me hizo una herida muy fina en la mejilla y seguí corriendo llegando a la zona donde estaba un río, al mirar hacia atrás y no ver por dónde iba tropecé y caí mientras cruzaba el río, grité por estar el agua fría pero me levanté con el vestido mojado, manchado de barro y me alejé pero aquel ser logró aferrarme y lanzarme al suelo sin mucha complicación. Sus ojos rojos se fijaron en los míos mientras me daba la vuelta y lo miraba de cara, se lamía los labios como si fuera a disfrutar de lo que quisiera que me hiciera y mientras yo retrocedía para intentar levantarme fue él quien me levantó aferrándome del pelo, le di puñetazos, golpetazos en todos los lados con la fuerza que tenía pero él me miraba y se reía divertido, como si apenas le hiciera cosquillas.


-¡Suéltame, no te atrevas a tocarme! –Mi puño se estrelló contra su rostro y frunció el ceño pero no perdió la sonrisa, como si no se esperara que le pegara de esa forma.
-Vaya vaya, la jovencita parece que tiene garras –gruñí intentando soltarme pero su agarre era tan fuerte y tan férreo que me veía incapaz- me gustan las que son peleonas, son más divertidas que las que gritan y lloran a mi merced –su mano fue a mi rostro y lo elevó cogiéndome del mentón- tu no pareces así, me gustas… una lástima que vayas a ser mí cena, eres demasiado preciosa como para desperdiciarte… quizás disfrute contigo antes de matarte, ¿qué me dices, preciosa?
-Vete al infierno –fue mi respuesta mientras le seguía pegando, él se rió con fuerza y acercó sus labios a mi rostro, lamió la mejilla donde me había hecho la herida y gimió mientras yo intentaba separarlo.
-Un bocado delicioso, creo que no voy a esperar a que venga mi compañero para que disfrute de tu sangre, es demasiado dulce y adictiva como para que quiera compartirla –me miró de forma fija con esos ojos rojos, sus colmillos salieron de sus labios y yo lleve la mano al colgante sin saber muy bien por qué, “ayúdame” fue lo único que pensé, como si eso fuera a servir de algo mientras él me sujetaba y ladeaba mi rostro hacia un lado dejando mi cuello al descubierto. No iba a suplicar por mi vida, ni a rogar ni a llorarle… seguí luchando por soltarme pero en mí no estaba doblegarme ante nada, ni ante nadie.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Jul 25, 2017 1:09 pm

Chasqueé la lengua la percatarme que la joven caía de rodillas al rio, no solo mojándose la ropa, si no hiriéndose las rodillas para acabar siendo interceptada por uno de esos pálidos que plagan nuestro mundo.
Apreté los dientes, nuestra misión era pasar desapercibidos, dar el palo al cabaret y largarnos sin hacer ruido.
Algo me decía que me iba a arrepentir si salia en su defensa, pero...¿acaso podía mirar sin mas como la desangraba?
El ángel de mi interior rasgaba mis entrañas pidiéndome emerger como siempre lo hacia cuando la oscuridad se presentaba ante mis ojos.

Resoplé alzándome, dejé de estar escondido para acaparar la atención del vampiro.
Tesé el arco, llevando la cuerda a mis labios, rozando mi nariz y sin pensarlo extendí los dedos dejando que la saeta sobrevolara la distancia que separaba nuestros cuerpos.

Silbó hambrienta en busca de su presa, como un halcón se hundió en el cuello del enemigo, no moriría pero dolería.
El inmortal alzó su mirada centrándose en mi, ojos rojos ,desafiantes que parecían reírse porque la saeta como punta tenia piedra y no madera.

Se apartó de la doncella en apuros decidido a venir hacia mi y acabar con lo que seguro el consideraba la misera existencia de un humano mas.
Mi mano al carcaj, acaricié las plumas cazando esta vez la que tenia preparada para un uso distinto a la de la caza de venados.
Tarde, mi sonrisa no presagiaba nada bueno, y cuando el inmortal se dio cuenta de que era madera afilada lo que ahora sobrevolaba la distancia no tuvo tiempo para reaccionar y esta se clavo ligera en su pecho atravesando su corazón.

Ante nuestros ojos el pobre diablo se trasformó en ceniza, es lo bueno de estos seres, que piensan que todo lo pueden, pero todo ser puede ser matado con el arma correcta y el arrojo adecuado.
Colgué el arco a mi espalda y caminé hacia la doncella, mis sentidos seguían alerta, había dicho que esperaba a otro para degustar el bocado y no tenia la menor intención de permanecer allí para conocer a su invitado.

La elevé tomándola por el brazo, no hubieron saludos, ni palabras dulces que dedicarnos, esa parte se la dejaba a Raziel mucho mas sociable, mi idea era salir de allí cuanto antes.
La rubia parecía resistirse a acompañarse, no la culpaba era un completo desconocido para ella.
-Señorita, no se resista, déjeme ponerla a salvo y podrá marcharse a su casa en cuanto la luz del sol se lo permita -alegué sin detener mis pasos ni por un segundo y sin tan siquiera girarme para mirarla.
Mi paso era implacable, no tenia tiempo de presentaciones.

Abrí la puerta de mi cabaña indicándole con la mano que pasara con toda la educación que mi estado de nerviosismo me permitía.
No dejaba de pensar que esto podía quebrar mis planes, relacionarme con gente ajena a los trabajos solía ser un error.
Ahora mismo estaba fuera de mi zona de confor.
Cerré la puerta acercándome al fuego para meter dos nuevos maderos, fue la primera vez que alcé la vista hacia la joven de belleza extrema.
-Puede quitarse la ropa mojada en el baño, prepárese un baño, le acercaré una camisa con la que pueda cubrirse hasta que su vestido sequé.



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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Jul 25, 2017 6:48 pm

Parecía que todo estaba a punto de acabarse, Alistair no aparecía por ningún lado y aquel hombre, lo que él me había dicho que era un vampiro, había sacado sus colmillos y me tenía presa sujeta sin poder moverme, ladeando mi cabeza para exponer mi cuello mientras podía ver en sus ojos rojos como las mismas llamas cierta excitación por lo que pretendía hacerme, algo que intuía que no iba a ser nada bueno para mí, que posiblemente acabara con mi vida. Mi vestido estaba mojado y pesaba un poco más de lo normal, algo en mi interior me decía que siguiera luchando y que no me dejara vencer por aquel ser, pero por más que le pegaba, por más que le daba patadas su agarre seguía firme sobre mí. “Te va a matar”, la voz sonó clara y alta como si no supiera lo que pretendía hacerme… sabía que iba a hacerlo, de alguna forma nada a mi alrededor estaba tranquilo cuando salía fuera del templo, como si las desgracias me persiguieran, como si la oscuridad se cerniera sobre mí y la atrajera de alguna forma. Mis dedos aferraron el colgante y justo cuando pensaba que todo acabaría oí el ruido de algo que se impactó cerca de mí, pero no sabía lo que era.

Al abrir los ojos me di cuenta de que lo que había oído había sido una flecha que ahora llevaba clavada en el cuello, incluso así el vampiro no moría y gruñó dejando mi agarre libre para girar en dirección hacia donde habían disparado la flecha, mis ojos lo hicieron también para ver parado a un hombre que nos miraba, armado con un arco en una mano y la otra la tenía a su espalda como si buscara otra flecha más. El vampiro se rió observándolo y se alejó de mí dándome un empujón que me hizo caer de nuevo contra el suelo mientras se acercaba hacia el hombre, quien no se inmutaba para nada y permanecía mirándolo de forma fija e impasible. Sacó otra flecha, sonrió de forma que sabía que acabaría todo, y cuando la disparó esa vez incrustándose en el pecho del hombre… este gritó de dolor y mientras caía de rodillas se desvaneció convirtiéndose en ceniza, desapareciendo frente a mis ojos.

Entreabrí mis labios sin poder creerme lo que había pasado, ¿qué narices…? Había desaparecido por completo, solo cenizas quedaban en el lugar donde había estado cuando le disparó. Colocó el arco a su espalda y caminó hacia donde yo estaba, en el suelo todavía, observándolo todo mientras trataba de procesar lo que ahí había ocurrido. No dijo nada, su mano se cernió sobre mi brazo y tiró de el para levantarme y ponerme en pie de nuevo, callado tiró de mí mientras yo me revolvía e intentaba soltarme de su agarre. Su tacto de alguna forma quemaba en mi piel y algo me decía que me dejara guiar por él, pero no lo conocía de nada, no sabía quién era y en mí no estaba el que me dijeran lo que debía o no de hacer. Su voz sonó entonces por primera vez en el lugar, me pidió que le dejara ponerme a salvo y que cuando el sol saliera sería libre de marcharme. Su voz era baja, grave y algo ronca y algo vibró en mi interior por el tono que tenía, casi podía decir que era hasta frío en su forma de hablar, el tono que empleaba.


-¡No, tengo que buscar a Alistair! –Dije pero él pareció que no me escuchaba porque tiró de mí igualmente para que le siguiera, imponiendo un ritmo rápido que me costaba seguir por tener la parte inferior del vestido mojada que se pegaba a mi piel, me resbalé un par de veces mientras le seguía el paso que había marcado siguiéndole por aquel sendero hasta que finalmente pude ver una cabaña a la que nos acercamos, me soltó en ese momento e hizo un gesto para que pasara yo primero, le lancé una mirada furibunda y pasé por delante de él entrando al interior. No había mucho en aquella cabaña, apenas una mesa, un par de sillas, un sofá al fondo frente a una chimenea ya encendida, libros, una pequeña cocina, y un pasillo que no sabía lo que habría pero supuse que habitaciones y el aseo. Él se acercó a la chimenea para poner dos troncos más y que no se consumiera el fuego y fue entonces, en ese momento, cuando se levantó y clavó sus ojos de un color azul verdoso en los míos. Me fijé en él mientras hablaba y me decía que tomara un baño, rostro marcado, barba de algunos días, mirada penetrante… y luz, veía luz en él como si algo en mi interior me lo dijera de forma clara y concisa. Mis ojos se quedaron clavados en los suyos, con el ceño fruncido, y sin decir nada me giré adentrándome en el pasillo donde intuí que estaría el baño. Entré y cerré la puerta con fuerza, no me gustaba que me dijeran lo que tenía que hacer ni me forzaran a hacerlo, había dejado a Alistair fuera sin saber qué era de él y seguramente buscándome para saber dónde estaba… abrí el grifo llenando la tina y me quité el vestido mojado, manchado de barro y de suciedad para que cayera al suelo y desnuda entré en la tina dejando que el agua templada me calmara y me limpiara de la suciedad que había cogido.

Metida dentro fue cuando pensé que no debía de haber salido, que siempre ocurría algo cada vez que lo hacía y ahora casi me mataba un vampiro, un vampiro… ¿qué querría decir exactamente eso? Es más, ¿cómo lo había matado y se había convertido en ceniza, por qué Alistair sabía lo que era y nunca me había dicho nada? Fruncí el ceño cabreada por todo ello, por dejarme llevar por un desconocido y acabar en su tina dándome un baño mientras él seguía fuera, no entendía nada… unos golpes en la puerta me hizo mirar hacia esta, me tapé pegando mis piernas a mi pecho y él entró dejando sobre unas toallas la ropa que me había dicho, me lanzó una mirada y salió sin decir nada dejándome sola de nuevo, salí envolviéndome en la toalla y acabé poniéndome aquella camisa que él me había dado, lo suficientemente larga como para llegarme hasta la mitad del muslo y tapar lo necesario. Salí del aseo volviendo de nuevo frente a la chimenea donde él se encontraba sentado en el sofá de enfrente y me acerqué para que mi cuerpo entrara en calor, aparté unos mechones de mi pelo y mi mirada volvió a centrarse en él.


-¿Quién eres? –Fue lo primero que pregunté y lo más obvio de todo aquello- ¿qué era esa cosa que has matado en el bosque, y por qué se ha convertido en cenizas? –Su mirada estaba fija en la mía pero no decía nada, algo que me cabreaba en sobre manera como si no me pensara contestar a nada. Bufé molesta por su actitud mientras mi espalda se calentaba por el fuego, algo me decía que no iba a darme todas las respuestas que buscaba- ¿por qué me has traído aquí? No te pedí que lo hicieras, no me gusta que me arrastren contra mi voluntad –entrecerré los ojos porque él solo hacía que mirarme, y eso más me enervaba. Acabé por acortar la distancia que nos separaba clavándome delante de él- ¡maldición, contéstame! –Clavé mi mirada llena de furia sobre sus ojos verdosos- ¿dónde está tu jodida educación, la perdiste por el maldito camino? –Lo admitía, tenía un carácter explosivo y una mecha corta, pero esa era mi forma de ser.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér Jul 26, 2017 6:22 am

Me acerqué a mi armario cogiendo una de las camisolas mas largas que tenia, estaba algo vieja porque era con la que entrenaba en el bosque, así que tenia algún que otro enganchon, pero bueno, podría servirle hasta que se le secara su vestido.
Me adentré en el baño tras golpear la puerta con los nudillos ,abrí el portón adentrándome en le baño para dejar la camisa sobre las toallas y sin mediar palabra salí de allí para que pudiera terminar su baño.

Al rato estaba frente a mi, enarqué una ceja cuando empezó el interrogatorio, creo que la señorita no se había percatado de lo realmente importante.
Le había salvado la vida, quien era yo carecía de importancia, así que omití esa respuesta ante su clara desesperación.
Llegó la segunda pregunta, mis ojos fijos en sus azules ¿que era eso que había matado? ¿en serio? Si creía que iba a darle una clase magistral sobre seres sobrenaturales la tenia claro.
En cuanto el sol saliera pensaba llevarla a su casita, empaquetarla con un lazo de regalo y no volver a verla en lo que me restaba de existencia.

“¿por qué me has traído aquí? No te pedí que lo hicieras, no me gusta que me arrastren contra mi voluntad “
La miraba en silencio incrédulo, creo que aun no había entendido que acaba de salvar su miserable vida.
La había traído a mi cabaña, podía haberla dejado tirada en medio del puto bosque, encima que la ponía a salvo... mujeres.

Se agachó clavando su mirada en la mía, agachándose para enfrentarse a mi, esa niñata no parecía tener mucho sentido común.
“ ¿dónde está tu jodida educación, la perdiste por el maldito camino?  “
Me puse en pie con indiferencia total, a mi no me iba a hablar así, si quería respuestas, que formulara las preguntas de forma correcta, no tenia tiempo que perder con una niñata mimada.

Caminé hacia el baño, cogí su vestido tirado en el suelo, hasta para eso se notaba que era una niñata.
Lo acerqué al fuego extendiéndolo para que se secaran los bajos y sin mediar palabra y como si no estuviera, volví al baño para recoger las toallas.
Una vez regrese al salón me la encontré de brazos cruzados, sus ojos me hubieran atravesado como si fueran dos estacas.
-Ahí tienes el lecho, puedes aprovechar para descansar un poco, prepararé algo de cena y mañana con los primeros rayos del sol te llevaré de vuelta a tu casa -dije sin mas, caminando ahora hacia la cocina en busca de algo que preparar.
No había podido cazar, así que me tocaba improvisar.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Jul 26, 2017 12:37 pm

Al parecer el hombre que tenía frente a mí no iba a darme respuesta a ninguna de mis preguntas, ni información que ahora mismo necesitaba saber como por ejemplo qué era aquel ser, si de verdad era un vampiro y cómo es que se había convertido en polvo. Pero todo lo que hacía era mirarme de forma fija sin apartar sus ojos verdosos de los míos, sentado en el sofá mientras yo seguía de pie frente a la chimenea entrando en calor, no es que fuera una noche fría y había pasado por peores pero de alguna forma era como si lo necesitase después de lo que había pasado, de lo que había visto con mis propios ojos. No me decía quién era, ni por qué estaba allí y su silencio comenzaba a exasperarme con cada segundo que pasaba, con cada pregunta que no obtenía respuesta. Cansada de que solo me mirara con un bufido me acerqué hacia donde él estaba, parándome frente a él tocando mis piernas con sus rodillas, y me incliné para que me mirara y así enfrentarlo. De esa distancia se podía notar aún más el color de sus ojos, pero de alguna forma seguía viendo una luz en ellos que no entendía, y que no comprendía.

Pero al parecer quedarse callado era algo innato en él, una costumbre porque aparte de que me fulminó con la mirada en cuanto le dije que donde estaban sus modales y su educación, se levantó haciendo que mi rostro se alzara para mirarlo sin quitar esa mirada desafiante que traía en mis ojos y sin decir nada, tal y como llevaba haciendo todo el rato, se alejó perdiéndose por el pasillo y dejándome allí sola de nuevo. Al parecer no le había gustado la forma en que le había hablado y se alejó mientras yo refunfuñaba maldiciéndolo por no responderme y quedarse callado, quería respuestas y la verdad es que las quería en ese maldito momento. No tardó demasiado en volver con el vestido que había dejado en el aseo y lo extendió sobre la chimenea para que se secara la parte que estaba mojada, y sin decir nada de nuevo y sin tan siquiera mirarme como si no existiera se fue otra vez para volver al cabo de un rato, encontrándome junto a la chimenea con los brazos cruzados. Mi mirada fija clavada en la suya sin hacer ningún comentario, solamente fulminándolo en busca de una respuesta que no llegaba.


-¿Piensas contestar a algo de lo que te he preguntado, o tu mala educación llega hasta ese nivel? –Pero no me contestó, simplemente me indicó dónde podía descansar y dormir un rato hasta la cena, y donde pasaría la noche hasta que los rayos del sol salieran por el horizonte y me llevara de vuelta a casa, seguro que Alistair estaría buscándome en esos momentos y yo allí metida, con un desconocido que no me decía absolutamente nada, ni siquiera su nombre… si él me viera de esa forma me regañaría sin duda alguna porque siempre me había dicho que no confiara en los extraños, que no había forma de saber sus intenciones… aunque siempre me había parecido que hablaba de algo de lo que desconocía- ¿Dormir? ¡No quiero dormir, quiero que me respondas! –Pero tal y como había venido se fue dejándome sola otra vez, gruñí dando un golpe en el suelo bastante cabreada. Dormir había dicho, ¿de verdad pensaba que iba a dormir en una situación como esa? Bufé mirando hacia otro lado y fue entonces cuando me fijé en la pequeña estantería que tenía con varios libros, me acerqué para leer lo que ponía en el lomo de cada libro y finalmente al azar cogí uno de ellos, era uno que no había leído, allí en el templo pocos eran los libros que tenía y ya me los sabía todos de memoria, así que sin pedir permiso cogí uno de ellos y lo abrí para leer una pequeña frase que había en la primera página antes de que comenzara la historia, escrita en cursiva en mitad de la hoja



“Mira que a veces el demonio nos engaña con la verdad,
y nos trae la perdición envuelta en dones
que parecen inocentes”



Comencé a pasar la primera página y empecé a leer aquel libro sentada en el sofá donde antes había estado él mientras decía que preparaba la cena, cada palabra, cada línea, párrafo y página que leía de aquel libro se quedaba grabada en mi mente sin siquiera quererlo dado al “don” como Alistair decía que tenía, no sabía por qué página iba exactamente cuando de pronto la puerta se abrió de golpe causando un gran ruido, las llamas de la hoguera titilaron frente a la brisa que entró y mis ojos se alzaron para contemplar justo en la entrada al otro hombre que acompañaba al vampiro que habían matado. Sus ojos rojos se fijaron en los míos, sangre caía de su boca pero no parecía que fuera suya… y pensé en lo peor. Sangre tenía también por la camisa que llevaba y al verme lamió sus labios con una sonrisa algo maliciosa que no presagiaba nada bueno, cerré el libro dejándolo sobre el sofá y su mirada no se apartaba de la mía, como si me hubiera estando buscando.


-Por fin te encuentro, preciosa, ya pensaba que te habían quitado toda la sangre… no sé qué hiciste con mi amigo pero conmigo no lo vas a hacer –se abalanzó sobre mí corriendo la mesa que había frente al sofá a un lado, por poco pude salir corriendo antes de quedarme encerrada entre la mesa y el sofá o de que él me cogiera- ¡Ven aquí, solo quiero beber tú sangre! –Se rió como un loco y yo hubiera llamado al joven para que me ayudara, pero no sabía su nombre y solo podía gritar porque me ayudara. Sentí la presencia del vampiro en mi espalda y le tiré alguna que otra silla para ralentizar su paso pero cuando me giré lo tenía justo detrás de mí, ¿cómo…? Su mano se alzó y sentí que arañaba mi espalda provocándome una herida que me hizo gruñir y que de la inercia me hizo caer al suelo rasgando seguramente la tela de la camisa que me había dejado, me giré intentando alejarme pero se abalanzó sobre mí poniéndose encima de mí cuerpo y por mucho que intentara quitarlo él se reía divertido y con sus manos cogió mis muñecas mientras me revolvía- No no pequeña, no es así como va esto –sus colmillos asomaban de sus labios, sus ojos rojos fijos en los míos- tú amigo estaba delicioso, me pregunto si tú estarás mejor que él.
-¡Suéltame maldito vampiro! –Su risa se oía con fuerza en el lugar y me pregunté dónde estaría el joven para ayudarme, justo cuando iba a pedir que me ayudara el vampiro llevó mi muñeca a sus labios y clavó sus colmillos en mi carne y un grito escapó de mis labios mientras intentaba quitarlo de encima, sentía cómo bebía de mi sangre y por más que intentaba soltarme era imposible, quemaba y dolía pero no iba a llorar como seguro que esperaba. Apartó sus labios de mi muñeca y se relamió mirándome de forma fija.
-Sangre pura… la mejor que hay de todas –fue entonces cuando escuchó los pasos del joven y de un movimiento rápido se levantó, tiró de mí y pegó mi espalda a su pecho, su mano aferró mi pelo con fuerza y lo ladeó para dejar mi cuello al descubierto donde su lengua recorrió el lugar aunque yo intentara soltarme. Mis ojos se clavaron en el joven que se había acercado alertado por los ruidos y por mi grito y se encontró con la escena- supongo que serás tú el que mató a mi amigo, entenderás que quiera una compensación por su muerte –hizo una pausa- la chica por su muerte, un trato justo ¿no crees? –Se rió contra la piel de mi cuello aferrándome con fuerza y me dio un tirón para que me estuviera quieta- te prometo que la trataré bien, le daré una muerte dulce. Da un paso en falso y le rajo el cuello y luego te mataré a ti lentamente por haber matado a Tom… bien cazador, ¿qué es lo que eliges?




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Jul 27, 2017 4:40 am

Resoplé desde la cocina, tenia la sarten en el fogón y desde ahí escuchaba los berridos de la doncella pagando su frustración con mis muebles.
Era una niñata insufrible de la que solo pensaba en librarme, mi realidad era complicada, pasaba mi vida huyendo, no podía relajarme ni por un momento y atarme a algo podía complicarme las cosas demasiado.

Bufé al escuchar el ultimo grito, tenia que calmarla, aun viviendo en el bosque bastante alejado de toda civilización si seguía gritando como una loca acabaría atrayendo a cualquier depredador o algo peor.
Caminé hacia el salón, pero para mi sorpresa la doncella no estaba sola, un vampiro la sujetaba contra su pecho, paseando su lengua por la tez del cuello de la dama.

El inmortal sonreía creyéndose el rey del mundo, me dijo que ya que había matado a su amigo pensaba tomarse una vendetta personal y que a cambio de mi acción iba a cobrarse a la mujer como presa.
-No la conozco de nada, puedes quedártela -apunté con frialdad e indiferencia -lo único, mátala fuera de la cabaña, ya me habéis desordenado bastante la casa como para también mancharla de sangre.

Negué con una ladeada sonrisa, parecía que estaba sordo.
-Ya te lo he dicho, que le des una muerte dulce o sanguinaria me es indiferente, pero sal fuera para cometer tu crimen.
Se me va a quemar la cena, así que si no es molestia -apunté señalando con mi mano la puerta de la cabaña invitándolo a que saliera.

El inmortal se reía acariciando el cuerpo de la rubia que me miraba con odio en los ojos incrédula de mis palabras.
-Lo siento preciosa, pero..no busco problemas -me excusé sin mas, haciéndome a un lado para que el inmortal pasara por mi lado con el triunfo reflejado en su rostro.
Fue en ese momento ,cuando sobrepasó mi cuerpo dispuesto a largarse con su presa, cuando de mi cintó saqué un pequeño cuchillo de afilada madera endurecida a base de resina.

Rápido con un movimiento de mano giré al tipo golpeando su hombro y con una patada en su vientre lo desplacé un metro estampando su cuerpo putrefacto contra la pared.
La joven quedó libre al tiempo que mi mano con el arma empuñada se lanzó contra el vampiro que ahora me mostraba sus colmillos.

Caímos los dos al suelo, enredados en un combate singular, rodando en un intento de quedar uno por encima del otro.
Gruñí al sentir sus colmillos hundirse en mi yugular, jadeé abriendo los labios sintiendo los tirones que daba al probar mi sangre pura, casi un afrodisíaco para esta raza.
Mis ojos centellearon, se pusieron completamente negro en ese momento y mi mano hundió el cuchillo en su espalda con fuerza, no contento con ello, hundí mi puño abriéndome paso de forma sádica mientras rugía como una bestia hasta que el filo tocó su corazón y sobre mi el vampiro se convirtió en cenizas.

Cerré los ojos apoyando la cabeza en el suelo, dejé caer el cuchillo mientras mi respiración poco a poco se acompasaba retornando la calma a mi cuerpo, una que tras la batalla me había abandonado por completo.
El ángel se abría paso entre mis entrañas queriendo emerger, pero el sello lo condenaba a quedarse en un segundo plano.
Llevé mi mano al cuello, los agujeros quemaban, la ponzoña del vampiro hacia arder mi sangre.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue Jul 27, 2017 9:02 am

El vampiro me tenía cogida con fuerza para que no me pudiera soltar, su pecho pegado a mi espalda, su mano en mi pelo que tenía ladeado hacia un lado mientras su lengua recorría la piel al descubierto y sentía su gélido aliento chocar contra mi cuello que me producía un escalofrío mientras el joven nos miraba desde la entrada del pasillo y el vampiro me movía pegándome contra él ante mis bruscos movimientos para soltarme, algo que parecía casi imposible. La zona de mi muñeca donde me había mordido dolía y quemaba, sentía las gotas de sangre caer hasta el suelo mientras ahora el vampiro parecía tener claro lo que quería; intercambiarme por haber matado a su amigo. Algo así como un trueque, ya que él mató a su amigo en compensación por ello yo debía de irme con él como si fuera una mera mercancía, decía que me mataría de forma dulce al igual que le advirtió de que si daba un paso en falso sin dudar me cortaría el cuello y acabaría allí con mi vida.

Lo llamó cazador, ¿cazador de qué? Algo me decía que no era simplemente un cazador de animales, por como había matado al otro vampiro estaba claro que era un cazador de vampiros, mis ojos contemplaron los de él mientras quería liberarme y no podía y fue entonces que sus palabras sonaron en el lugar, frías y con total indiferencia como si le diera igual lo que pudiera hacerme. Mis ojos lo observaron de forma fija por sus palabras, decía que si me mataba que lo hiciera fuera de su casa que ya le habíamos desordenado bastante la casa… no podía creer lo que estaba escuchando. “Puedes quedártela” no sabía de qué me sorprendían esas palabras, era cierto que no me conocía de nada así que ¿por qué arriesgar su vida por mí? Alistair tenía razón; no se podía confiar en nadie y ahora él por mi culpa estaba muerto a manos de ese vampiro. Decía que la forma en que me diera muerte le era indiferente, que se le iba a quemar la cena y que si no era molestia que nos largáramos.

Me revolví contra el vampiro mientras este, totalmente divertido, se reía y su mano se paseaba por mi cuerpo como si fuera de su propiedad, me revolvía contra él pero eran sus manos las que bajaban recorriendo mi pecho y mi cintura con cierta lascivia y diversión y yo intentaba soltarme, tiró de mi pelo con fuerza y dejó un mordisco en mi oreja para luego lamer la zona de mi cuello y pegarme más a su pecho como si quisiera dar a entender que era suya, se equivocaba conmigo en ese aspecto porque no iba a dejar que hiciera nada conmigo, y mucho menos que me matara. Mi mirada se clavó en la del joven y si las miradas mataran él ya estaría muerto frente a nosotros, mis ojos mostraban el odio que sentía por él en esos momentos, las ganas de matarlo, ojos azules y fríos como dos témpanos de hielo que si hubiera podido habría atravesado su cuerpo para darle muerte.


-Vaya vaya, creo que hemos llegado a un trato justo ¿no crees preciosa? Vámonos de aquí, el cazador poco más puede hacer para salvarte esta vez –se rió contra mi cuello y comenzó a tirar de mí agarrándome del pelo para que emprendiera el camino pasando por delante de aquel joven quien dijo que lo sentía, pero yo era algo que no me tragué, y que no buscaba problemas. Gruñí por ello y estando un poco más libre sin que el vampiro rodeara mi cuerpo me acerqué hasta él para darle un guantazo solo para que el vampiro se riera y me cogiera alejándome de él mientras yo intentaba llegar hasta el joven y volver a darle, con ganas de hacer más que un simple guantazo en su rostro que quizás ni le había dolido- ¡tranquila, fiera! Guarda todo ese lado salvaje para más tarde preciosa, nos lo vamos a pasar bien –tiró de mí mientras miraba al joven queriendo matarlo por lo que había hecho cuando, sin esperarlo siquiera, se lanzó contra el vampiro girándolo para que quedara de cara a él clavándole algo que no pude lograr a ver y dándole una patada que lo estampó contra la pared, yo caí al suelo dando con mi espalda contra el suelo y jadeé por el dolor ante las heridas que llevaba, ellos estaban por el suelo rodando en una pelea de que la no fui muy consciente mientras me incorporaba en el suelo, ellos quedaban a unos pocos metros de donde yo estaba y pude ver como el vampiro mordía el cuello del joven que emitió un gruñido por ello, pero el vampiro llevaba algo clavado en el hombro por lo que podía ver. Lo siguiente que pasó… fue algo bastante confuso pero que pude observar quedando sentada y apoyada contra el suelo.

Un brillo que fue intenso pero breve y fugaz emergió de los ojos del joven quien clavó aquello que tenía el vampiro en el hombro con más fuerza, hundiéndolo mientras este seguía bebiendo de su cuello, debía de doler seguro porque aún podía sentir la quemazón en la muñeca de donde seguían cayendo gotas de sangre. El joven rugió y fue enterrando como si fuera un animal salvaje fuera de control aquello que parecía de madera hasta que lo metió por completo, el vampiro se separó de su cuello y gritó de forma desgarradora para convertirse igual que su amigo en cenizas que se fueron desvaneciendo como si allí no hubiera pasado nada. Él apoyó la cabeza en el suelo y su mano soltó el arma que había utilizado, su respiración era errática y podía ver su pecho subir y bajar con rapidez. No sabía muy bien qué era lo que había pasado en esos momentos, ¿qué había sido aquello que había brillado? ¿Era esa la luz que había visto en él cuando lo había mirado de forma más detenida? No entendía nada en esos momentos, solo que algo en mi interior me pedía que me acercara a aquel caos que siempre me acompañaba allá donde fuera, nunca me libraba de él. Que me acercara a aquel joven y lo averiguara, como si una parte de mí supiera bien lo que era pero yo no fuera consciente de ello y mi mano, por inercia, fue al colgante que pendía de mi cuello y lo acaricié durante unos segundos antes de levantarme como pude, más bien gatear de forma rápida, acercándome hacia él quien llevó su mano a la herida que tenía del cuello, cogí lo que había utilizado de arma y sentándome sobre él puse aquello manchado de sangre contra su cuello, sus ojos se abrieron algo más oscuros de lo que por sí los tenía centrándose en mí.


-Vas a decirme quién eres, qué es lo que acaba de pasar aquí y cómo es que se ha convertido en cenizas los dos hombres que has matado… los dos vampiros –rectifiqué porque era eso lo que Alistair los había llamado- no eres un cazador normal y corriente, eso es algo que se puede ver tras ver cómo has matado a esos dos. Pues bien, me vas a explicar ciertas cosas. Ahora –recalqué por si no le había quedado claro y presioné un poco el filo contra su cuello, quería respuestas y si no me las daba preguntándoselo de forma normal quizás así sí lo hiciera- ¿qué te ha pasado en los ojos? No me mientas, sé cuando alguien me está mintiendo –me dolía la espalda y la muñeca, pero quería saber de qué iba todo aquello y con quién estaba tratando- debieron de enseñarte mejor esos modales de los que haces tanta gala –comenté con ironía cogiendo con fuerza el arma que empuñaba. En ese momento me di cuenta de que en su antebrazo tenía algo tatuado, cuando me fijé me di cuenta de que llevaba escrito un nombre, ¿Samael? Había leído ese nombre en los libros que había en el templo, esos que Alistair se empeñaba en que aprendiera y estudiara. Mis ojos se dirigieron hacia los suyos y sonreí de lado- Así que te llamas Samael… tienes nombre de demonio, quizás lo eres –por lo que había visto podría serlo perfectamente- Bien Samael, ahora que nos conocemos un poquito más y hemos estrechado lazos… habla –el filo volvió a presionar su cuello para incitarlo a hablar, aunque algo me decía que no iba a ser tan fácil.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Jul 27, 2017 12:00 pm

Tenia los ojos cerrados cuando sentí el filo de la madera caliente sobre mi cuello, el peso de la dama sentada sobre mis caderas y como no, esas desafiantes palabras que lo querían entender todo a las buenas o a las malas.
Si no le había contestado hasta ahora ¿por que diablos iba a hacerlo porque me amenazara con un cuchillo?
Ladeé la sonrisa aun con los ojos cerrados, si pensaba que me daba miedo una niña mimada enfadada y con aires de grandeza se equivocaba.
Ahora mismo solo luchaba por contener a mi ángel que arañaba mis entrañas dispuesto a ser liberado.

Resople ante la insistencia de la dama, no solo decía que no era un cazador cualquiera ¿que sabia ella de vampiros, cazadores sobrenaturales? Esa mujer se atrevía a juzgar sin conocer y a su vez traerme el caos a mi organizada y milimetrada vida.
“Así que te llamas Samael… tienes nombre de demonio, quizás lo eres “

Gruñí abriendo los ojos cuando pronuncio mi nombre, mis ojos negros presagiaban lo peor y la realidad se impuso a la fantasía, hablaba de ángeles y demonios y no se como perdí el maldito control.
Ladeó la cabeza con una sonrisa pérfida. Su mano al cuello de la rubia doncella, la lazó sin esfuerzo como si de un muñeco de trapo se tratara ahogándola ligeramente hasta que el cuchillo cayó al suelo.
Su lengua se deslizo lenta por la mejilla del a joven hasta alcanzar su oído moviendo con el aliento ligeramente su pelo.
-Te he encontrado -apuntó con un jadeo -te he buscado mucho tiempo.

Hundí las zarpas que notaba me habían crecido en mi vientre, el selló brillo con un potente azul, el ángel emergía de nuevo acomodándose en mi interior.
Aflojé el agarre de la dama que cayó al suelo tosiendo sin parar, saque las garras de mi vientre notando los ríos carmesí manchar la cinturilla de mi pantalón mientras jadeaba encogido tratando de recuperar el control de mi mismo.
No era la primera vez que me pasaba, peor siempre frente a seres de la noche y ahora sin embargo una simple humana había sacado la peor versión de lo que moraba en mi interior.

Alce mis verdes para buscar sus océanos.
-Lo siento -apunté con la voz aun jadeante -tienes que irte de aquí.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Vie Jul 28, 2017 8:38 am

Al parecer no iba a decirme absolutamente nada de lo que había pasado en esa habitación, porque seguía todavía callado con los ojos cerrados apoyando su cabeza contra el suelo mientras el cuchillo apretaba su garganta por la parte del filo, en una amenaza velada de que le haría daño si no me decía lo que quería saber. Yo no era así, jamás había empuñado un cuchillo o cualquier otra arma para herir a nadie y no sabía de donde nacía esa temeridad de la que hacía gala, segura de mi misma como si hubiera nacido preparada para ello. Durante toda mi vida Alistair me había protegido y cuidado de todo, más bien, me había sobreprotegido no dejando que saliera demasiado del templo, vigilando siempre mis pasos para saber dónde estaba. Incluso así el caos siempre se había adueñado de mi vida, siempre me había acompañado allá a donde iba y buen ejemplo de ello era lo que había pasado esa noche cuando decidí salir y dar una vuelta por la ciudad, algo que no había hecho desde hacía mucho tiempo. Me había encontrado con un vampiro, habiendo descubierto que existían esa misma noche, me había dado cuenta de que Alistair sabía mucho más de lo que me había dicho y que además parecía ser otra persona diferente puesto que jamás lo vi empuñar un arma, y esa noche portaba una espada  con la que me había salvado.

Y por si eso fuera poco me encontraba con un joven que me había salvado, pero sus modales y su forma de ser dejaban bastante que desear, no hablaba demasiado, era frío y parecía que no le importaba nada en absoluto o que yo no le importaba para nada cosa que era algo que podía entender, no nos conocíamos de nada. Pero entonces no entendía por qué llevarme a su cabaña y dejar que me quedara esa noche, y eso había provocado que el otro vampiro nos encontrara y se forma el caos que de nuevo se había formado. Las sillas volcadas por el suelo, la mesa corrida hacia el sofá y algunos libros de las estanterías en el suelo como producto de la lucha que allí había tenido. El vampiro se había convertido en cenizas dejándonos a los dos solos y yo quería respuestas, había dicho que había matado a Alistair y aunque no quería creerlo algo en mi interior me decía que estaba muerto, que lo había matado por mi culpa. Así que quería saber todo lo que él pudiera decirme, dado que era el único que quedaba en pie… por el momento.

Pero solo obtuve sonrisas ladeadas por su parte siguiendo todavía con los ojos cerrados, no pensaba contestarme y eso hacía que me enervara y me cabreara mucho más todavía. Apreté más el filo del cuchillo hasta que pude ver un pequeño y débil hilo de sangre que bajaba por su garganta, lo normal habría sido apartarme, lo normal habría sido soltar el cuchillo… sin embargo me vi que seguía sentada sobre él esperando por respuestas que no llegaban. Fue entonces que lo llamé por su nombre, o al menos eso creía dado que lo llevaba tatuado en su antebrazo, y lo que pasó cuando lo hice mientras insistía en que me dijera qué había pasado… fue algo que no pude prever para nada. Sus ojos se abrieron dejándome ver unos ojos negros, como la misma noche, que me miraban de forma fija y parecían que pudiera atravesarme con la mirada y hondar en mi interior, gruñó observándome y parecía que estaba contemplando la oscuridad más fría y absoluta, el vacío, la nada.

Sin esfuerzo alguno su mano fue a mi cuello y me levantó de encima de él haciendo que mi espalda se estampara contra la pared, emití un leve jadeo ante el dolor que me produjo por llevar las heridas que el demonio me había provocado en la espalda, picaba y dolía, pero él en su férreo agarre apretaba mi cuello privándome del oxígeno para respirar, cada vez me costaba más hacerlo y por más que intenté soltarme era imposible, el cuchillo cayó de mis manos al suelo ante la falta de fuerzas y mis ojos se fijaron en los de él, negros como la misma noche. Su rostro se acercó al mío y su lengua se deslizó por mi mejilla mientras me seguía faltando el aire, pataleaba, le golpeaba para intentar que me soltara pero era imposible, su agarre era mucho más fuerte y parecía que no era dueño de lo que hacía, sus ojos no parecían de alguien de aquel mundo y era como si algo en su interior se hubiera desatado, o liberado. Fue su voz la que sonó en el lugar susurrada en un jadeo en mi oreja, una voz algo más grave y ronca que la del joven la que me hizo mirarlo de forma fija, y en cuanto habló la marca extraña de nacimiento que llevaba escondida en el pelo, y que no se veía por el pelo… ardió, fue como si comenzara a quemar ante su voz.

“Te he encontrado, te he buscado mucho tiempo” su voz fue como si traspasara todo mi cuerpo y tocara algo en mi interior que, de pronto, fue como si cobrara vida mientras sentía que la marca quemaba, algo en mi interior despertó mientras sus palabras retumbaban en mi cabeza, unas palabras que no entendía pero que al mismo tiempo sí que lo hacía. Un brillo de color azul claro brilló en el lugar de forma muy tenue y pronto me soltó del cuello y caí al suelo gimiendo mientras buscaba por aire, la espalda me quemaba y ardía por la herida, la muñeca seguía abierta de donde seguía saliendo sangre y la marca del cuello quemaba pero ahora que me había soltado y que sus ojos se habían apartado de los míos cesaba. Llevé mi mano a la nuca para ver que no había rastro de sangre ni de nada mientras el aire volvía a mis pulmones y respiraba de nuevo, él se había caído de rodillas y yo me incorporé del suelo lentamente sintiéndome rara y extraña, sin saber qué me había hecho para que la marca quemara de esa forma. Sus ojos ya de vuelta a su color normal me miraron y con dificultad para hablar me pidió disculpas y que me fuera. Sí, lo más seguro es que debería de irme, no sabía por qué no sentía miedo en esos momentos y por qué no me alejaba de él... sería lo más sensato de todo pero… no huía, no era una cobarde. Lo miré de forma fija y me acerqué mirándolo para negar lentamente con la cabeza.


-No… no me voy a ir… -también me costaba un poco hablar bien, sentía un poco de dolor en la garganta pero algo me anclaba a él y no sabía exactamente qué era, pero pensaba averiguarlo. Había estado recluida toda mi vida en aquel templo, al parecer, viviendo una mentira exiliada del mundo exterior sin poder conocer nada del mismo. Ahora tenía la oportunidad y se me presentaba el poder conocerlo y descubrir algo que jamás pensé que haría… era como si una parte de mí me obligara a quedarme, a descubrir sus palabras y averiguar qué quería haberme dicho con ellas- ¿qué es lo que acaba de pasar? –Pregunté terminando de acortar las distancias entre ambos, seguíamos jadeando en mitad de aquel caos que siempre me perseguía a lo largo de mi vida mirándonos de forma fija- ¿qué me has hecho, Samael?... ¿Quién eres? -¿por qué sentía la necesidad de quedarme? No lo entendía, no entendía absolutamente nada de lo que había pasado en esa habitación y mi mano de forma inconsciente fue hacia aquel colgante que tenía, aquel llamador de ángeles que no sabía por qué lo tenía desde que era pequeña y por qué era lo único con lo que Alistair me había encontrado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Vie Jul 28, 2017 10:00 am

“No me voy a ir”
Esas fueron las palabras de la terca mujer que si fuera lista ya estaría corriendo bosque a través.
Alcé la mano pidiéndole que se detuviera mientras sacaba la otra mano de mi vientre dejando que ríos escarlata salieran del sello.
-No te acerques -pedí con la voz entrecortada -detente -rugí.
Hasta ahora nunca había sentido a mi ángel rugir con tanta voracidad, era como si por unos momentos se hubiera apoderado por completo de mi y aunque era consciente de sus movimientos, era yo el que me sentía preso en las entrañas de su cuerpo.

La doncella hacia preguntas que no podía, que no quería contestar. Ella era una extraña que había encontrado en el bosque en las peores circunstancias.
Y yo un fugitivo, algo que no podía olvidar.
Mi vida se basaba en huir sin parar, no podía permitir que nadie conociera mi existencia, era un indocumentado, fui creado y no había papeles que acreditaran el nacimiento de una abobinacion como yo era.
Mi misión proteger a mi hermano, mantenernos a salvo de la inquisición.
Me incorporé como pude alcanzando el sofá y me dejé caer allí aun con la frente perlada en sudor.
-No tengo la menor intención de responder a tus preguntas, no soy nadie, y como nadie has de tratarme.
Cenaras, descansaras y con los primeros rayos del alba te llevaré allá a donde me pidas.
Esto no es una pensión y yo soy un ermitaño que odia la compañía

No mentía del todo, no me sentía cómodo con desconocidos a mi alrededor, trataba a diferencia de Raziel de mantenerme lejos de la gente, solo me relacionaba con las personas necesarias para dar los golpes o aceptar los trabajos que podían solicitarnos como cazadores, mercenarios.
Hacia muchísimo que no estaba con una mujer, la ultima vez estaba muy borracho.
-Cuanto menos sepas mejor -aseguré alzándome del sofá siseando por el dolor -joder -rugí recordando que me había dejado la cena al fuego y el olor a quemado era bestial.

Corrí hacia la cocina sacando la carne quemada de encima del fogón, maldije gruñendo mientras mascullaba entre dientes y hundía mi cara entre las manos hundiendo mis dedos en el pelo.
-Joder, maldita sea.

Dejé caer mi espalda contra la pared, las cosas se complicaban, pronto daríamos el golpe en le cabaret Lenfern, Raziel hacia el tonto por la ciudad sin entender el peligro que eso nos podía ocasionar.
A veces odiaba sentirme así, como el padre que tenia que controlarlo todo, arrebatándome la posibilidad de divertirme, de disfrutar, era como una sombra.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Dom Jul 30, 2017 6:56 am

No entendía por qué seguía clavada en aquel sitio, por qué me quedaba en aquella casa cuando lo que debería de hacer era salir por la puerta, volver al templo y quedarme allí mientras asimilaba lo que había pasado. Sin embargo me encontraba en la tesitura de que no podía irme, por alguna extraña razón que desconocía no podía irme de aquella casa como si algo me anclara a ella, y más que a la casa... me anclara a él. No sabía por qué ni entendía nada, solo sabía que cuando sus ojos se habían abierto completamente negros, mirándome como si me pudiera atravesar por completo, como si viera a través de mí y su voz habló como si no fuera la suya del todo y pronunció esas palabras... la marca de nacimiento, esa que llevaba en la nuca y que era imposible de ver porque rara vez llevaba el pelo recogido comenzó a arder, a quemar... algo que no entendía, algo que no sabía por qué había pasado porque ninguna vez en toda mi vida había sentido algo como eso, y no iba a irme cuando al parecer él podía darme las respuestas que estaba necesitando y buscando.

Alzó una mano para hacerme ver que no me acercara, la otra la llevaba en el vientre de donde salía sangre y donde pude ver unas marcas extrañas que no entendí ni comprendí por qué las tenía, me pidió que no me acercara y yo me quedé parada observándole como si de alguna manera fuera un peligro para él, pero después de lo que había visto el peligroso era él más que yo. Observé como se incorporaba y como pude fue hasta el sofá donde se dejó caer tumbándose, sentía picor en tres zonas de mi cuerpo; la nuca, la espalda y la muñeca. Dos de ellas habían sido provocadas por el vampiro, la otra por las palabras que él había dicho y quería averiguar por qué, qué había pasado para que la marca de mi nuca comenzara a quemar como había quemado en ese momento. Me levanté quedándome de pie observándolo tumbado en el sofá, tenía los ojos cerrados y la frente la tenía perlada en sudor, no tardó en hacerme saber que no iba a responderme a mis preguntas, que para él era nadie y que así era como debía de seguir siéndolo... que cuanto menos supiera mejor, pero eso no era algo que se ajustara a lo que quería. Cenaría, descansaría y después me llevaría a donde le pidiera... que no era una pensión, sino un ermitaño que odiaba la compañía y fruncí el ceño mirándolo.


-¿Por qué me trajiste aquí entonces? Me da igual lo que me digas, vas a responder a mis preguntas y no me iré de aquí hasta que me des las respuestas que necesito... no tengo lugar al que irme –era mentira, el templo estaba en lo profundo y alto de la montaña y quizás ni él supiera de aquel lugar, pero tampoco tendría por qué saberlo. No me dejó seguir cuando dijo que cuanto menos supiera mejor, y se levantó lanzando una palabrota porque olía a quemado y supuse que no había mentido cuando dijo que había dejado la cena en el fuego, a paso lento le seguí hasta llegar a la cocina donde lo encontré apoyado contra la pared con sus dedos enredados en su pelo y maldiciendo por algo que no lograba comprender y entender, me apoyé en el marco de la puerta contemplándolo como si de alguna forma intentara ver más allá de lo que a simple vista aparentaba ser, pero salvo la luz que había visto de un principio no podía ver nada más en él- dices que cuanto menos sepa mejor, pero la verdad es que no estoy de acuerdo con esa afirmación. ¿Qué narices ha pasado en el salón? ¿Por qué se te han puesto los ojos negros, por qué has dicho que me habías buscado por mucho tiempo que me habías encontrado? –Lo miré de forma fija y sin que me dijera nada entré en la cocina y puse mi muñeca bajo el agua para quitar los restos de sangre de la muñeca sintiéndolo en mi espalda, cogí un trapo y envolví mi muñeca para que dejara de sangrarme apoyándome en la bancada de la cocina, quedando de frente a él para mirarlo de forma fija- mira, yo no pedí que vinieras a rescatarme ni tampoco te pedí que me trajeras aquí... si estoy agradecida porque me salvaras, aun cuando no lo pidieras, pero no tengo lugar al que irme ni al que volver. La única persona que sabía algo de mí, de dónde venía o quién era lo ha matado ese vampiro que te has cargado en el salón... al parecer me mintió en muchas cosas, no me dejaba salir al exterior casi nunca y no me dijo que habían seres que eran vampiros... pero él si los conocía, y yo no sé por qué me tenía de esa forma –lo miré de forma fija- así que no voy a dejar que nadie más me deje con incógnitas de mi vida, porque ya tengo bastantes ¿sabes? –Fruncí el ceño levemente- lo único que sé de mis padres es que me dejaron este colgante y que me abandonaron, el por qué es algo que jamás llegaré a saber porque la persona que me cuidó nunca me contó nada, y ahora está muerto –por mi culpa, por ese caos que siempre atraía conmigo y que causaba estragos allá donde fuera, no importaba si era directo conmigo o indirecto- pero lo que sí sé es que nunca antes en mi vida he visto nadie hacer lo que has hecho tú, ni mucho menos ha hecho que sintiera que mi marca ardiera... –me callé de repente, mordiéndome el labio, como si fuera algo que no debería de decir nadie. Me tomaría por loca seguramente, ¿quién creería a alguien que le decía que su marca ardía cuando había hablado? Pero era lo que había sentido, y pensaba averiguar por qué había pasado- no me extraña que seas un ermitaño odioso, tus modales y tú actitud dejan muchísimo que desear –empezaba a cabrearme con aquel hombre, no se había ni presentado, me había llevado allí a la fuerza y ahora me decía que en pasar la noche me llevaría de vuelta para largarme de allí... no entendía nada de su forma de ser, y me habría largado de no ser porque algo me hacía quedarme y porque pensaba averiguar lo de mi marca.

Mis ojos se fijaron en él de forma algo más detenida con sus ojos verdes centrados en mí, era la primera vez que estaba tan cerca de alguien que no fuera Alistair, las demás personas que había visto había sido de lejos y no había tenido contacto casi con ninguna de ellas. Mis ojos recorrieron su rostro; su mentón, su mandíbula, sus mejillas, las facciones marcadas de su rostro, los ojos verdes, sus labios... no se podía decir que no era atractivo, lo era. Bajé ahora observando su pecho y recorrí sus brazos notando su piel algo morena, los músculos que se notaban sobre la ropa, las manchas de su vientre y la extraña marca que tenía en ella con runas que no entendía su significado, sus piernas torneadas donde también se notaba... era la primera vez que veía a un hombre tan de cerca, él era atractivo y llamaba la atención, esos ojos verdes que tenía parecían poseerte de alguna forma seguido de la manera en que miraba. Me llamaba la atención, algo que no me había pasado nunca y un calor recorrió mí cuerpo... ¿por qué, si era un déspota odioso? Quizás hasta fuera incluso algo misógino por la forma en la que me trataba, mis ojos volvieron a centrarse en los suyos y aunque debería de haberme sentido algo avergonzada por mirarlo de esa formal a verdad es que no lo hice, mordí mi labio y quité el trapo de la muñeca viendo que se había cortado la sangre y que lo tenía limpio.


-Serás un ermitaño odioso y todo lo que tú quieras, pero vas a tener que acostumbrarme a mi presencia porque hasta que no me des respuestas no voy a irme. Y ahora –continué antes de dejar que hablara para responderme- ¿es mucho pedir que me ayudes con la herida de la espalda, o es algo demasiado para un ermitaño como tú? –Lo miré de forma fija antes de girarme y darle la espalda, comencé a desabrochar los botones, los justos, para bajar la camisa y dejar al descubierto la herida, llevé una mano a mi pelo y lo aparté para que no le molestara para limpiar las heridas de las garras del vampiro que habían dejado aquellos surcos en mi piel que dolían un poco, y que yo no podía curarme.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Dom Jul 30, 2017 10:45 am

Esa mujer era insufrible, no podía escucharme pensar. Entre el maldito ángel que con la cercanía de ella parecía mas agitado de lo normal y su voz colándose por mis entrañas a modo de guadaña sentía que en cualquier momento iba a explotar.
Llevé mis manos a los oídos en un absurdo afán de que todas las voces guardaran silencio.
-Que no tengas donde ir no es mi problema ¿tengo pinta de ser una ong? -pregunté airado clavando mis verdes en sus inmensos océanos.

Sin mediar palabra y haciéndome caso omiso abrió el grifo para meter la herida de su brazo bajo el agua.
Hice un gesto con la mano con resignación.
-Claro sírvete -apunté sin mas -estas en tu casa.
Negué dejando escapar el aire de forma pesada, no entendía que era eso que no entendía ella, había salvado su vida y ahora llegaba la hora de la despedida.
No era tan difícil..de necesitarlo podía hacerle un esquema.
“Oh gracias, te estaré eternamente agradecida, adiós”

Esa mujer era insaciable, hablaba, hablaba y hablaba, no se que parte de soy un ermitaño no terminaba de captar.
-Lo siento mucho, siento que no tengas donde ir y que ese vampiro haya destruido todo cuanto querías, siento mucho tu mierda de existencia y tus problemas pero..¿sabes que? Por si no lo has notado y también tengo problemas -le señalé la choza donde vivía -¿crees que no tengo problemas viendo como vivo? No puedo darte cobijo, apenas podemos arreglarnos mi hermano y yo, no somos una buena compañía, no se que será de tu vida pero de seguro te digo que estarás mejor lejos de la mía.

Clavé mis ojos en el colgante, no se porque era como si me llamara de algún modo, pero no sabia nada de esa joya, ni quería saber, ese misterio lo tendría que desvelar ella sola, yo ya tenia bastante con cuidar de Raziel que era un cabeza hueca.
Ademas esa mujer parecía estar conectada de algún modo con el ángel que anidaba en mi interior, su cercanía me producía algo voraz, era como si contenerme al tocarla resultara una falacia.
-Tienes que irte repetí sin mas a modo de sentencia.

¿Marca? Arder una marca, esto cada vez se complicaba mas y yo odiaba las complicaciones, tal y como hablaba parecía una pieza de mi propio puzzle y ya tenia demasiadas por encajar como para tomar una mas.
-No quiero saber nada de marcas, ni de colgantes, solo quiero que salgas de mi vida – rugí sin mas cerrándome en banda a escucharla -no lo entiendes pero a mi lado corres peligro ¿no lo has visto en el comedor?

Resople de nuevo cuando dijo que no le extrañaba que fuera un ermitaño, que mis modales dejaban mucho que desear.
-Disculpe si no he sacado la vajilla de plata -apunté con ironía -no tengo intención ninguna de caerle bien señorita...

Por un momento el silencio reinó entre nosotros, admito que lo agradecí durante unos instantes, claro que ese silencio hizo que mis ojos se centraran en su rostro, labios carnosos, ojos claros, pelo dorado, unas proporciones de escándalo y unos pechos que ufff.
Aparté la mirada avergonzado, la deseaba y ese también era un problema teniendo en cuenta que lo que en mi interior existía rugia porque la tomara.
-Te iras -sentencié cuando ella dijo que sin respuestas no se moveria.
Habíamos entrado en tablas, los dos enrocados en la misma posición, era insoportable, era terca, malhablada e impertinente.

Sin ningún tipo de reparo y haciendo caso omiso a mis palabras me dio la espalda pidiéndome ayuda con la herida de la espalda.
Mis ojos recorrieron la curvatura de su espalda , mi boca se entreabrió expulsando el aliento de forma errática mientras el paño sujeto por mi mano cayó al suelo, mi rostro se ladeo y por un instante de nuevo el ángel tomó posesión de mi cuerpo.
Deslizó dos dedos por su columna, lentos, una caricia que erizó la piel de la dama, la distancia fue acortada por los pasos de mi cuerpo hasta quedar pegado a su cuerpo, sus labios recorrieron lentos el cuello ajeno, hasta lamer los orificios de la marca del vampiro.

Me separé con brusquedad cuando logré encadenar al ángel en la prisión de huesos y carne, jadeé alzando la mano de nuevo para que no se acercara mientras pestañeaban una y otra vez para recuperar el tono de mis ojos.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Ago 02, 2017 6:34 am

Aquel hombre no entendía que no me importaba todo lo que me dijera que me iba a ir y que tenía que irme, no entendía que iba a quedarme hasta que me diera las respuestas que buscaba, unas que al parecer no quería darme pero que no me importaba esperar lo que hiciera falta que me las diera, no iba a irme con más interrogantes en mi vida, con más preguntas que respuestas... estaba cansada del hecho de que la gente supiera cosas y me las escondiera o no me las contara, Alistair sabía más de lo que a mí nunca me había dicho y ahora que estaba muerto jamás llegaré a conocer toda la verdad, algo que me frustraba en sobremanera porque no entendía por qué se cayó ciertas cosas. Él sabía de la existencia de vampiros, no hubo duda en su voz cuando me dijo que me alejara y que me alejara, me había salvado y por eso mismo había muerto. Siempre tendía a que el caos me siguiera, me había seguido esta noche incluso hasta a esa cabaña en la que él me había llevado, el vampiro me había encontrado y si no hubiera estado él quizás habría acabado con mi vida. No era lo que hubiera querido pero le agradecí que lo hiciera como Alistair me había enseñado, pero no iba a irme de allí sin las respuestas que quería y eso era algo que no iba a cambiar de convicción por mucho que él insistiera.

Como si fuera un niño pequeño y en un vano intento se tapó los oídos con las manos como si así pudiera dejar de escucharme, decía que me callara y que me fuera de allí, que no iba a quedarme y que no era ningún hermano de la caridad para permitirme quedarme con él. Que mi vida no le importaba era algo que ya sabía e intuía por la forma que tenía de ser, lo poco que había estado con él apenas me había prestado atención, o mirado de forma más fija, o incluso de hablarme con un tono que no fuera el de estar enfadado o cabreado como si no pudiera estar o ser de otra forma. Pero si pensaba que iba a asustarme o a salir corriendo por ello estaba muy equivocado, porque ante él tenía a una persona cabezota y obstinada... lo reconocía, y hasta que no me dijera exactamente lo que quería no me marcharía. Le costaría menos responderme que el hecho de resistirse y negarse tanto de la forma en la que lo hacía. Lo miré de forma fija cuando me dijo que no le importaba que no tuviera dónde irme, incluso hizo un gesto irónico cuando abrí el grifo para dejar que el agua limpiara la herida de la muñeca. Odioso. No había otra palabra mejor que lo definiera.


-Creía que era tú invitada y, como tal, hago uso del espacio del que me dejas disponer –lo fulminé con la mirada- pues como si estuviera en mi casa, quizás se convierta en ella –apunté sabiendo que lo haría enfadar pero, sinceramente, no me importaba. Él ya parecía de por sí enfadado así que ¿qué más daba un poquito más? No se cortó en decirme –fingidamente claro- que sentía lo que me pasara en mi vida y en mi existencia pero recalcó que no podía quedarme allí, que no podía darme cobijo porque con su hermano tenía bastante y que me iría mejor lejos de él- ¿hermano? Pensaba que eras un ermitaño... corrígeme si me equivoco; pero pensaba que los ermitaños vivían solos –recalqué esa palabra- y que dedicaban su vida a la oración y al sacrificio... quizás es que estaba equivocada –apunté mirándolo de forma fija, tenía un sofá ¿verdad?- He visto que tienes un sofá en el salón, tranquilo que no te quitaré tú cama o te diré de compartirla –insistía en que estaría mejor lejos de él pero era el único que podía darme respuestas, lejos de él no tendría nada y estaba cansada de vivir en una mentira, de vivir con secretos- eres el único que puede darme las respuestas que necesito, me he cansado de vivir con secretos y mentiras que ponen mi vida patas arriba y que me hacen vivir como si estuviera en una burbuja –no iba a cambiar de opinión en ese aspecto, por mucho que él insistiera.

No se cansaba de repetirme que me fuera y que me largara pero sin embargo seguía ahí, de pie frente a mí, observándome igual que yo lo estaba haciendo como si fuera algo que no pudiéramos evitar. Había escuchado lo de la marca, algo que no debería de haber dicho, y dijo que no quería saber nada de marcas, ni de collares, colgantes ni nada que tuviera que ver conmigo, decía que quería que saliera de su vida pero apenas había empezado a entrar en ella, que a su lado corría peligro y me recordó el hecho del salón. Lo recordaba, mejor incluso de lo que él mismo pudiera llegar a recordar porque el “don” como lo llamaba Alistair hacía que pudiera recordar cualquier cosa vivida, ya fuera vista, escuchada o leída... así que sí, recordaba lo que había pasado como si fuera una secuencia que se desarrollaba frente a mí en esos momentos. De forma irónica se disculpó por no haberme sacado la vajilla de plata, vaya, así que aparte de odioso y ermitaño también era sarcástico e irónico... nuevas cualidades que sumar a la lista que empezaba a enumerar solo de esos momentos.


-Recuerdo incluso mejor que tú lo que ha pasado en el salón, lo puedo recordar todo como si estuviera pasando en estos momentos... recuerdo una conversación que tuve hace más de diez años como si la persona con la que hablara estuviera frente a mí, o cualquier libro que haya leído: cada página, párrafo y línea me las sé de memoria... es un “don” -aunque la última palabra lo dije con algo de ironía y sarcasmo- Yunalesca –dije para que dejara de llamarme señorita- siempre he tendido al caos así que contigo o sin ti siempre voy a estar en peligro, no es algo que me sorprenda –bufé exasperada porque parecía como un disco rayado “te irás”- no me voy a ir, así que ves haciéndote a la maldita idea –sentencié antes de girarme para que me ayudara con la herida de la espalda y bajé la camisa lo necesario para que me limpiara. Sentí sus dedos tocar mi piel y como recorrían mi columna de forma lenta, una caricia que me hizo cerrar los ojos dejándome llevar por sus dedos que bajaban deslizándose por mí erizada piel, sentí su cuerpo que se acercaba hasta estar pegado al mío y sin saber por qué disfruté de esa sensación aunque fuera simplemente tenerlo pegado a mi cuerpo, a mi piel. Mi cabeza se echó hacia atrás con los ojos cerrados apoyándose en su hombro casi sin ser consciente de lo que hacía, como si de alguna forma no fuera yo quien se dejara llevar por ese momento, como si mi cuerpo no me perteneciera y actuara por sí solo. Sentí como si algo en mi interior comenzara a despertar, un leve cosquilleo que nació en mi vientre y que me hizo jadear, ladeé el rostro y sin siquiera pensarlo mis labios fueron a su cuello de forma lenta, mi respiración moría contra su piel llegando hasta donde el vampiro le había mordido como si hubiera querido ir a ese lugar en concreto, marcado por el caos que había formado al encontrarme con el vampiro... y tan rápido como se había acercado a mí se alejó.

Pareció como si despertara de aquel trance en el que estaba sumida y abrí los ojos para encontrármelo alejado de mí, alzando su mano para que no me acercara como si luchara contra algo, mis ojos recorrieron su rostro donde parecía que estos habían vuelto a cambiar, como si luchara contra algo que me era desconocido. Sentía curiosidad por saber qué era aquello, qué era él mejor dicho. También de descubrir otras más cosas como por ejemplo lo de la marca, ¿por qué había ardido? Pregunta para la que solo obtendría respuesta con él, cada vez algo me hacía confirmar que no iba a irme de su lado así que, mientras él luchaba contra lo que fuera que luchara me acerqué pese a su gruñido de advertencia como si algo me incitara a acerarme y acortar la distancia. Así también le demostraba que no iba a hacer caso de sus palabras y cuando se le pasó todo y volvió a la normalidad lo miré de forma fija.


-Me voy a quedar, te guste o no, y al final acabaré sabiendo todo lo que necesito y quiero saber... te acostumbrarás a mi presencia, y sino pues supongo que será menos llevadero para ti. Espero que tú hermano no sea igual de odioso que tú –lo fulminé con la mirada- y ahora, como invitada debería de esperar la cena pero dado que la has quemado... la haré yo –no pedí permiso, no pregunté simplemente me giré para ir hacia donde había estado preparando la cena y me puse a preparar algo obviando las miradas que pudiera echarme, las palabras que pudiera decirme. Me iba a quedar, punto. Tan fácil como eso, tan fácil como aceptarlo. No tenía donde ir y no iba a volver al templo para quedarme recluida de nuevo, tenía una nueva oportunidad y la iba a aprovechar. Tenía la opción de hallar las respuestas que siempre quise o no iba a irme de allí... se pusiera como se pusiera. No tardé demasiado en preparar algo para cenar, estaba acostumbrada a hacer de comer para Alistair y para mí así que fue bastante sencillo, coloqué la carne en cada plato con la verdura que había encontrado y que había hecho también y dejé todo apagado una vez terminé, cogí los platos y los saqué al salón donde él ya había puesto las sillas en su sitio y volvía todo un poco a la normalidad y no al caos que se había formado, dejé los platos sobre la mesa pequeña frente a los sofás y me senté con uno de los platos dispuesta a comer, viendo que miraba al otro plato como si no se fiara- tranquilo, no lo he envenenado si es lo que piensas. No quiero matar a la única persona que puede darme las respuestas que quiero así que... –hice un gesto para que empezara a comer, dejando en claro de nuevo que no iba a irme- así que... ¿eres un cazador de vampiros? –Pregunté cortando un trozo de carne y llevándolo a mis labios, la verdad es que no sabía muy bien si habría algo más que desconocía, aunque intuía que sí.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér Ago 02, 2017 9:54 am

Gruñí cuando dió unos pasos hacia mi, esa mujer era insoportable ¿que parte del tienes que irte no captaba la mujer esa?
No se daba cuenta de que el ángel de mi interior devoraba mis entrañas en su presencia, yo no podía permitirle quedarse, ella no aceptaba marchar y así estábamos enrocados en una difícil situación.
-¡Te iras! Rugí al escuchar sus palabras asegurando que me tendría que acostumbrar a verla por allí porque ahora esa también era su casa.

Enarqué una ceja incrédulo ¿podía esa mujer tener mas cara? Se acababa de declarar ocupa de mi hogar y con la misma desfachatez y bajo mi mirada atónita se puso a preparar la cena como si de verdad pretendiera plantar su bandera e izarla habiendo conquistado estas tierras.

Bufé largándome al salón para recoger el desastre que habíamos causado, parece que de momento y en plena noche no iba a poder tirarla de la casa, así que por hoy aguantaría como pudiera a esa insufrible mujer y nada mas saliera el sol la llevaría si era necesario a rastras hasta el lugar donde la encontré y a partir de ahí que se las arreglara.

Al rato llegó con su preciosa sonrisa iluminando el salón, negué cuando tomó asiento dejando mi plato frente a mi.
Mordaz aseguró que podía hincarle el diente que no estaba envenenado, no dudaba de esa afirmación ¿para que? Todo parásito necesita un cuerpo para parasitar y al parecer me había elegido de portador.

Tome asiento y empecé a comer en silencio, claro que por desgracia, su estridente voz retumbó en el salón.
“¿entonces eres un cazador de vampiros?” preguntó como si me dijera ¿puedes pasarme el pan?
Di un manotazo en la mesa.
-A ver preciosa, no soy tu amigo, ni tengo responsabilidad alguna contigo.
Voy a intentar ser claro contigo porque parece que no me crees cuando te digo que a mi lado es peligroso estar. Vivo con mi hermano, seguramente te caiga mejor que yo, lo que no implica que pretenda cuidar de dos niñatos con las hormonas revolucionadas, con las de él tengo ya bastante.
Cargo con él porque por sus venas corre mi sangre, pero por las tuyas no y no tengo intención de ampliar la familia.
Somos nómadas, no tenemos trabajo, somos mercenarios ¿lo entiendes? Ermitaños, mala gente ¿quieres vivir con gente que mata?

Me detuve para dar un bocado relamiendome, joder que bueno estaba, mastique bien disfrutando de cada trozo, casi olvidando lo que estaba diciendo y acabé tragando bebiéndome un vaso de agua después.
-mira, te ayudé, pero no soy un héroe, no se nada de ti, ni del viejo del que hablas. Ya tengo bastante con mis problemas personales ¿lo entiendes? Estarás mejor con cualquier otra persona, ya has visto que soy peligroso, pierdo el control y desde que estas aquí con demasiada frecuencia.

La puerta se abrió, Raziel entraba algo borracho riéndose, sus ojos se abrieron de par en par al verme con una mujer.
-¡Samael con una mujer! -rugió muerto de la risa -enarqué una ceja clavando misd verdes en sus azules.
-¡Raziel sobrio! -dije como respuesta -ah, no, eso si seria una autentica sorpresa.
Negué mirándolo para volver a dirigirme a la dama.
-¿entiendes ahora? Ya tengo un niñato que cuidar.

Raziel se acerco robando de mi plato un trozo de carne le di un manotazo mientras este se reía.
-No hagas caso a mi hermano es un sieso con muy mala leche y esta extresado porque no folla.
Resoplé mirando a mi hermano que feliz por el alcohol hablaba con la joven ofreciéndole su habitación para acostarse.
-Lárgate a dormir Raziel -gruñí mascullando mil maldiciones mientras este se reía y se iba volviéndonos a dejar solos.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Ago 02, 2017 2:36 pm

Le molestaba mi presencia, eso era algo más que claro en esos momentos y que lo dejaba ver con demasiada facilidad, tanta que era demasiado notoria para mí. Era evidente que no me quería tener cerca y me lo había dicho por activa y por pasiva claro que... ¿significaba eso que tenía que hacerle caso? Por supuesto que no, porque la verdad era que no me importaba lo que él me dijera en absoluto, había decidido quedarme allí hasta encontrar unas respuestas que solo él podría darme y hasta que no las tuviera no pensaba irme de allí, era tan fácil y sencillo como eso. Tras mis palabras volvió a decirme, más bien rugirme, que me iría y me giré sin hacerle el menor caso posible poniéndome a preparar la cena ya que él la había quemado y no iba a arriesgarme a que lo hiciera de nuevo. Lo oí a mis espaldas bufar y largarse de forma airada de la cocina para ir al salón donde supuse que arreglaría el desastre y el caos que se había formado con la entrada del vampiro y yo me quedé mientras preparando la cena, estaba acostumbrada a hacerlo así que no me supuso ningún problema. Algo de carne y luego verduras salteadas para acompañar, puse todo en los platos y fui hacia el salón sonriendo sabiendo que le fastidiaba, y me lo hizo saber por la forma en la que tuvo de mirarme y dejé el plato frente a él asegurando que no estaba envenenado.

Cogí el mío y empecé a cortar la carne en trozos mientras comía y cogía también algo de verdura, no decía nada permanecía callado comiendo como si estuviera él solo y lo miré durante unos segundos, parecía que se cerrara en banda ante la idea de que estaba allí y es que seguramente cuando llegara la mañana me largaría de su casa, pero lo que no sabía es que volvería porque nada me iba a impedir que me dijera lo que necesitaba saber, tampoco sabía que vivía en el templo que estaba cerca en lo alto de la montaña y que podría volver a su casa si me tiraba en cualquier momento y todas las veces que pudiera. No podía con ese silencio que se había instaurado así que finalmente acabé por preguntarle si era cazador de vampiros, él entonces puso sus ojos en mí, dejó el plato sobre la mesa y dio un manotazo que me hizo mirarlo como si estuviera un poco loco por aquello, tampoco le había preguntado nada que no pudiera responderme y que fuera exageradamente descabellado. Pero si antes había estado callado en ese momento iba a dejar de estarlo.

Me dio los motivos y las razones por las que no debería de quedarme de allí, pasando desde que no era mi amigo y no que tenía ninguna responsabilidad conmigo. En pocas palabras me llamó niña, como él definía que era su hermano, y que si lo cuidaba era porque su sangre corría por sus venas cosa que conmigo no pasaba exactamente, y que por ello no le obligaba a nada. Decía que su hermano era un niño con hormonas revolucionadas y que con él tenía bastante, así que me dejaba bastante en claro que no iba a dejar que me quedara allí. Que eran nómadas, mercenarios, mala gente e incluso me preguntó si quería vivir con gente que mataba... lo fulminé con la mirada molesta porque me hubiera llamado niña, no me conocía de nada para juzgarme al igual que yo solo juzgaba lo que él me mostraba, pero ¿niña? Dejé el plato sobre la mesa y lo miré de forma fija encarándolo sin importarme qué pudiera hacerme.


-¿Niña? ¿Hormonas revolucionadas? No soy una niña ni tengo las hormonas revolucionadas –espeté aunque eso último, al parecer, no era tan cierto como yo decía pues un poco sí las tenía, pero no era algo que iba a decirle a él- desde luego que no eres mi amigo ni pretendo que lo seas, tampoco de mi familia y tampoco quiero que lo seas... joder, solo busco respuestas y si eres el único que puede dármelas no me voy a ir hasta que las consiga, ¿acaso no harías tú lo mismo? Ah perdona, que se me olvidaba que eras un ermitaño odioso, no había reparado en ese detalle –lo fulminé con la mirada- si es estar con gente que mata o morir, prefiero estar con gente que mata... quizás me enseñe a defenderme y a controlar todo el caos que siempre me acompaña –hizo una pausa para seguir comiendo y finalmente volvió a hablar- y si no eres un héroe ¿por qué me salvaste entonces? Yo no he dicho que seas mi héroe, quítate eso de la cabeza y ya te he dado las gracias por salvarme. No tengo otra persona, y aunque digas que eres peligroso y por mucho que te empeñes en ello a mí no me has hecho nada, al contrario, lo has evitado –lo miré de forma fija cuando dijo que perdía el control y que lo hacía más desde que yo estaba- ¿te hago perder el control, Samael? –Pregunté ladeando un poco la sonrisa- ¿por qué, no puedes controlarte cuando estoy cerca de ti? –Fue en ese momento que se abrió la puerta entrando por ella otro hombre algo más joven que Samael y que iba bebido, sus ojos en cuanto se fijaron en nosotros se agrandaron y su risa cesó observándonos. Al parecer ese era su hermano y le sorprendía verlo con una mujer, entró acercándose y fue entonces que me dijo a lo que se refería con cuidar de su hermano que al parecer era un niñato. Este se acercó donde yo estaba no sin antes robarle un trozo de carne a su hermano del plato, quien le dio un manotazo y yo enarqué una ceja por ello- para no querer que hiciera la comida bien que no dejas que te la quiten –apunté de forma algo sagaz para mirar a su hermano quien, al parecer, me contaba que no le hiciera caso y me reí por sus palabras para luego mirarlo- no me extraña, con ese carácter tan odioso que tiene... ¿no será algo misógino? –Su hermano se reía de mis palabras y se presentó con una sonrisa para desesperación de su hermano- encantada Raziel, soy Yuna –apunté con una sonrisa, desde luego que este hermano me caía mucho mejor que el otro. Como iba me preguntó qué hacía allí y le conté brevemente porque en su estado quizás se perdía la mitad, dijo que podía quedarme con ellos e incluso me ofreció su cama para dormir algo que ni él me había ofrecido- oh, gracias... tú hermano creo que quiere mandarme al sofá –este le reprochó eso a Samael y sonreí divertida por ver cómo le decía por eso, pero este lo mandó a dormir y se despidió desapareciendo por el pasillo- vaya... tú hermano es mucho más simpático que tú –veía luz en él, mucha más luz que en Samael- ya sé quién ha sacado el lado malo de la familia –volví a coger mi plato y seguí cenando- además, por si no te has dado cuenta tú hermano también vive aquí y me ha dicho que puedo quedarme, eso lo hace un dos contra uno... –pinché un trozo de carne y lo miré- deberías de hacer caso a tú hermano... ya sabes, desestresarte –sonreí con cierta malicia- aunque con tú carácter creo que lo tienes un poco difícil –era atractivo pero los puntos que tenía los perdía de un plumazo por su forma de ser. Me incliné un poco para quedar algo más cerca de él como si fuera un secreto lo que iba a contarle- antes me has llamado preciosa, no debería de preocuparme ¿no? –Sonreí de lado y terminé de cenar para llevar el plato a la cocina y volver a sentarme de nuevo en el sofá- así que ahora que tú hermano sí me deja quedarme, ¿me vas a contar de una vez qué es lo que eres? –Lo miré esperando una respuesta, pero supuse que no iba a obtenerla así que miré hacia las llamas de la chimenea fijando mis ojos en estas- ¿tanto te cuesta responderme a lo que te pregunto? Yo no soy nadie para que desvele tú secreto si es lo que estás pensando, lejos de lo que creas no somos tan diferentes –y lo que yo no sabía es cuánta razón tenía en mis palabras. Pero él no daba su brazo a torcer y yo tampoco iba a hacerlo en ese sentido- bueno, creo que es hora de dormir –me levanté sin mirarlo y me encaminé hacia el pasillo, entré en la habitación que no estaba ocupada y que entendí era la de Samael y miré en los armarios buscando mantas y alguna almohada de repuesto, con todo salí por el pasillo y volví al salón donde él me miraba con una ceja alzada, dejé todo a su lado y luego lo miré- creo que esto servirá –ladeé un poco la cabeza y me mordí el labio- soy más madura que tú hermano aunque sea más pequeña que él, pero ya te darás cuenta de tú error tú solo –comenté y luego sonreí levemente- me voy a dormir, ya sabes que debes de hacer que tus invitados se sientan cómodos así que... gracias por cederme tú cama. Buenas noches, Samael –y con una sonrisa de haber triunfado me giré dejándolo allí con toda la cara dura del mundo para adentrarme por el pasillo hasta entrar en su habitación y dejarme caer sobre la cama. Había sido un día de lo más extraño, uno que me había llevado por caminos insospechados y que como siempre el caos me seguía allá donde fuera pero esa vez... fue como si algo hubiera sido totalmente diferente.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Ago 03, 2017 1:52 am

Como si estuviera frente a dos adolescentes observé como se relacionaban entre ellos lanzándome pullas.
Entre los dos no hacían medio cerebro, así que me limité a seguir masticando mi cena, no pensaba entrar en su juego ¿en que me convertiría pelearme con un borracho y una niñata?
Ladeé la sonrisa cuando dijo que para no querer la cena bien que peleaba por ella, tenia que admitir que estaba muy buena, era lo malo de que no existiera presencia femenina en casa.
Desde que la monja que nos sacó de aquel lugar fue asesinada yo tuve que madurar a toda velocidad, nunca había cocinado nada, había tantas cosas que tuve que aprender a marchas forzadas y no se puede decir que el cabeza hueca de Raziel me hubiera ayudado en nada.
Parecía no entender cual era nuestra maldita situación, no iba de aquí para allá por gusto si no intentando que mantuviera su cabeza sobre los hombros.

Cuando este se retiró a dormir la joven acercó sus labios a mi oído, mi boca se entreabrió, acogiendo su aliento, incluso giré el rostro quedando de frente a ella con mis verdes fijos en sus océanos.
-¿me estas ofreciendo algo? Quizás acepte desextresarme contigo-la voz sonó oscura ronca, era yo, pero a su vez no lo era.
Sacudí ligeramente la cabeza para volver en mi, a mi plato, eso que había en mi interior la deseaba de un modo abrasivo.
-No te hagas pajas mentales, te he dicho preciosa con ironía -apunté sin recordar bien el momento en el que se me había escapado esa verdad.

Acabada la cena empecé a recoger los platos, los fregué dejándolos escurrir en el interior de la pila y me serví una copa con dos dedos de bourbon, no acostumbraba a beber, pero algo me decía que esa noche no me iba a venir nada mal.
Ella seguía haciéndome preguntas, unas que no obtuvieron ningún tipo de respuesta.
Mis demonios los combatía solo, algo que desde que esa mujer había irrumpido en mi vida parecía haberse convertido en una utopía.

Cuando llegué la comedor vi que la señorita ni corta ni perezosa había empezado a sacarse la almohada, la manta, incluso algo de ropa de mi armario.
Enarque una ceja abriendo los labios para quejarme cuando la desfachatez de esta llegó a un punto insospechado.
Si yo creía que se estaba preparando un lecho improvisado erraba, me estaba preparando a mi el lecho porque ella se iba a dormir tan feliz a mi cama.
-¿como? -gruñí acabando el bourbon de un trago. Dejé el vaso en la mesa y la intercepté en medio del pasillo deteniéndola por la muñeca para girarla y que enfrentara mis verdes.
-No ¿entiendes esa palabra? N,O. No.

Al parecer no la entendía porque con una picara sonrisa siguió su camino hacia mi cuarto. Fruncí el ceño, odiaba que me retara en todo.
-A ver si te queda algo claro señorita, yo mando y tu obedeces -gruñí entrando tras ella a la habitación y ni corto ni perezoso me dejé caer en el lecho con una sonrisa triunfal.
Sobre la cama me quité los zapatos empujándolos con los pies hasta que cayeron rodando al suelo, coloqué mis manos tras la cabeza mirando que hacia ahora que yo ya estaba tumbado en la cama.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Ago 08, 2017 7:45 am

Engreído, odioso, misógino, petulante... ¿podían haber más adjetivos que lo describieran? Por supuesto que sí, los había, y estaba convencida de que pronto hallaría más conforme fuera pasando el tiempo a su lado. Entendía por qué su hermano era como era y bebía, seguro que lo hacía para poder aguantar a su hermano y encontrar algo de diversión porque dudaba que Samael conociera el significado de esa palabra. Cuadriculado, meticuloso, no dejaba que nada se saliera de su control y parecía que desde que se había encontrado conmigo este lo estaba perdiendo últimamente. La verdad es que poco me importaba, dicho fuera de paso, que controlara o no cuando yo estaba cerca porque no era algo que me importase. Lo único que me importaba era conseguir respuestas y dado que no parecía querer dármelas me quedaría rondándolo de tal forma que, cansado de mi presencia y de mi insistencia al final cediera y me contestara. Era una mujer tenaz y testaruda, cuando algo se me metía entre ceja y ceja no paraba hasta conseguir lo que me proponía... así que, para su desgracia, había topado con una mujer que no iba a medir nada para conseguir respuestas por su parte. Siempre podía alegar a que les hacía falta una mano femenina en el hogar, la verdad es que la cabaña era bastante simple y tosca y por la forma en la que había devorado la comida que había preparado algo me decía que no estaban acostumbrados a comer de esa forma.

Sonreí de lado sin querer decirle nada al respecto cuando me dijo que quizás decidía restar parte del estrés que tenía conmigo, algo que evidentemente no iba a suceder por mucho que me siguiera llamando preciosa, y por mucho que me pareciera y lo encontrara atractivo, porque su forma de ser y su carácter eliminaba todo eso de un plumazo... aunque debía de reconocer que una parte de mí, en lo más profundo, deseaba en el fondo que lo hiciera. Cuando fijaba sus ojos verdes en mis azules, como estaba haciendo en ese momento, conseguía que en mi interior algo despertara como si hubiera estado sumido en un largo letargo, quizás era lo que los demás llamaban “deseo”, algo que yo nunca había experimentado en toda mi vida y que me era desconocido. Su voz sonó ronca y oscura, diría que hasta sexy, mirándome de forma sexy provocándome un pequeño escalofrío que disimulé por completo para que viera que no me afectaba en lo más mínimo, aunque por dentro fuera algo bastante más distinto. Me divertía en cierto modo que perdiera el control cuando estaba cerca de él, parecía que con lo cuadriculado que era eso le sacaba de sus casillas, así que tenía una vía por dónde tirarle.


-No te estoy ofreciendo nada, simplemente quiero saber que no te vas a abalanzar sobre mí –le espeté mirándolo de forma fija, con el ceño ligeramente fruncido dándole a entender que no me había insinuado para nada, volvió a su plato sacudiendo ligeramente la cabeza y finalmente acabó diciéndome que me había llamado preciosa con ironía, a lo que ladeé la cabeza con una sonrisa burlona- será que habrá otro concepto de ironía del cual desconocía –me levanté para dejar las cosas en el fregadero y fue él quien se encargó de limpiar lo que habíamos utilizado mientras yo sin permiso alguno como si estuviera en mi casa me adentré en su habitación para sacarle alguna que otra manta, una almohada y algo de ropa para que se pudiera quedar en el sofá, porque yo no iba a hacerlo. Cuando salí lo encontré con un vaso que llevaba algo de alcohol y lo miré dejando las cosas, parecía que pensaba que iba a ser ahí donde yo me quedara pero... craso error: esa iba a ser su cama- Bueno Samael, gracias por cederme tú cama. Muy amable de tú parte –dije con total ironía antes de adentrarme por el pasillo en dirección de nuevo a su habitación donde pretendía pasar el resto de la noche, mis palabras parecieron que lo habían pillado por sorpresa y su pregunta la escuché ya entrando por el pasillo, no llegué a dar un par de pasos más cuando sentí que su mano apresaba mi muñeca y me giraba para quedar de cara a él, su tacto en mi muñeca quemaba mientras me decía que no, y que si entendía esa palabra- creo que es nueva para mí, desconozco su significado –dije sabiendo que eso le iba a desquiciar aún más le sonreí de forma pícara soltándome de su agarre que seguía quemando en mi piel y me adentré en su habitación escuchando el gruñido que hizo como respuesta más aparte dejándome claro que él mandaba, y yo debía de obedecer. Se coló a mí lado, se tumbó en la cama quitándose los zapatos y llevando sus manos tras su cabeza mirándome como si me retara, como si estuviera diciéndome “¿qué piensas hacer ahora?” Pero no me conocía en absoluto, odiaba que me ordenaran y que me mandaran y aunque a veces lo hacía Alistair era muy diferente de que lo hiciera él- que te quede clara a ti una cosa: no pienso obedecer todo lo que me digas, si tienes complejo de sargento y te gusta que la gente que te haga caso y ceda a tu voluntad... has topado con la mujer equivocada –le espeté acercándome al borde de la cama solamente para quitarle la almohada dejando que su cabeza cayera contra el colchón, me subí de forma rápida al colchón quedando de pie y con el pie le di un empujón en su costado que lo hizo rodar por la cama y apartarlo, puse en medio de la cama la almohada extendida en vertical a modo de barrera y me tumbé al otro lado mirándolo- este es tú tope, la almohada divide la cama en dos y así evito que te acerques demasiado... tú hermano dice que necesitas desfogarte y no quiero ser yo a la pobre que pilles para ello -¿se pensaba que me iba a ir al sofá porque estuviera él en la cama? Pobre iluso, realmente no sabía con quién se estaba metiendo- acostúmbrate, te vas a cansar de tenerme rondando por aquí –aseguré con la voz firme dándole a entender que no me iba a ir, no tan fácilmente como él quizás pudiera pensarse. Me tumbé dándole la espalda a la almohada mirando hacia la pared de la habitación, había sido un día de lo más extraño... había perdido a Alistair que era el único que podía darme y decirme algo sobre mi familia, sin embargo como si se hubiera cerrado una puerta se había abierto otro camino que de alguna forma me había llevado hasta él. ¿Por qué? Era algo que pretendía averiguar con el paso del tiempo, él podía darme respuestas, él podía explicarme quizá por qué mi marca había quemado con su voz, con esa voz que de alguna forma no era suya pero al mismo tiempo si lo era... todo era muy extraño. Llevé mi mano al colgante y acariciándolo como si eso me tranquilizara cerré mis ojos quedándome finalmente dormida.




Cuando desperté a la mañana siguiente los rayos del sol entraban de forma débil por la ventana de la habitación, abrí los ojos acostumbrándome a la claridad que había en el lugar para darme cuenta de que la almohada que dividía la cama había desaparecido, y que ambos nos encontrábamos tumbados de cara al otro como si nos hubiéramos buscado de forma inconsciente. Su mano estaba cerca de mi cuerpo y me alejé como si su sola cercanía me abrasara y quemara, y finalmente acabé levantándome de la cama y estirándome para salir de la habitación donde los dos hermanos seguían durmiendo en sus camas. En el comedor la ropa y todo lo demás que había dejado seguía en el mismo sitio que anoche, así que me encaminé hacia la cocina con aquella camisa que me había dejado y que todavía llevaba y comencé a preparar el desayuno esa vez para tres, uno de los hermanos parecía más razonable y convincente que el otro y quizás pudiera apelar a ese hermano para quedarme, nada mejor como llenar el estómago con buena comida como para convencerlo. De lo que tenían hice un poco de pan tostado y con los huevos hice algo para los tres, así como también preparé algo de zumo. Lo tenía todo casi listo, a falta de ese revuelto que había hecho con los huevos, cuando un bostezo hizo que me girara hacia la puerta para encontrarme a su hermano Raziel en el marco del mismo, parecía algo extrañado de verme allí como si no lo recordara bien de anoche y sonreí de lado probando lo que había cocinado, de hecho tras el bostezo antes de abrir sus ojos todavía medio somnoliento preguntó a Samael qué era lo que cocinaba y que olía tan bien... para encontrarse con mi rostro y mis ojos azules.


-Buenos días, Raziel –parecía como si hubiera soñado verme anoche- nos conocimos anoche, cuando llegaste ¿te acuerdas? –Más bien parecía sorprendido de que estuviera allí que otra cosa, pasó a la cocina y tras unas palabras miró lo que estaba haciendo. Pareció recordar de pronto lo que pasó anoche y me preguntó cómo es que seguía allí y no me había echado ya Samael, a lo que reí entre dientes- tú le dijiste que me podía quedar y que no fuera tan... ¿cómo fue que dijiste? ¡Ah, sí! Amargado –se echó a reír mientras ponía todo en platos y se los daba para que los fuera sacando, recordó que le había dicho que necesitaba echar un polvo y me miró como si hubiera pasado algo- ¡Oh, no! No ha pasado nada... creo que tú hermano es un misógino en cuanto a las mujeres se refiere –miró lo que había sacado en el sofá y luego me miró a mí- quiso mandarme dormir al sofá pero no lo consiguió... no es muy buen anfitrión para serte sincera –me preguntó cómo es que no me había ido sentándonos a la mesa antes de que su hermano se despertara- ¿sinceramente? Porque no suelo hacer caso de lo que me dicen –se rió divertido alegando que le caía bien y sonreí de lado- contigo es mucho más fácil mantener una conversación que con tú hermano, demasiado cuadriculado y serio... ¿no se divierte nunca?  




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Raziel el Mar Ago 08, 2017 1:32 pm

Me levanté del lecho adormilado, me restregaba los ojos con un dolor de cabeza clavado en mi sien y el estomago ligeramente revuelto aunque tenia hambre.
Iba a ir al sofá para dejarme caer en él, cuando el olor a comida recién hecha me llamó la atención, no podía creerme que los dotes culinarios a Samael le hubieran mejorado, no se lo decía pero su comida era casi tan insípida como él.
Ese olor me llevó a la cocina apoyé mi mano en el marco clavando mis ojos en la preciosa joven semidesnuda que estaba allí dentro preparándonos el desayuno.
-¡Oh si! -dije casi simulando un orgasmo y ensanchando la sonrisa cuando la joven empezó a explicarme quien era.

Ciertamente recordaba haberla visto la noche anterior, aunque no el total de la conversación, admito tenia ciertos vacíos legales en el tema, pero aun así que Samael le hubiera permitido quedarse me resultaba muy extraño.
Enarqué una ceja y con picardia le pregunté si había saciado a mi hermano en el lecho.
Esta se apresuró en negar alegando en su defensa que mi hermano era un misogino, y muy mal anfitrión.
-¿Me estas diciendo que el muy gilipollas a dormido con una hembra como tu acostada en su lecho y no ha intentado nada?

De mi hermano pensaba muchas cosas, pero ahora también que debía ser gay, no podía ser que no se le fueran las manos con semejante mujer
-Mi hermano es gilipollas, así esta de amargado -dije entre risas mientras ayudaba a la chica a poner la mesa para poder desayunar.
-Si, siempre es así, cuadriculado, tiene que tenerlo todo controlado o se pone nervioso... - hice un gesto con la mano alzando el dedo en su dirección de forma inquisitiva mientras fruncía el ceño imitando a mi hermano -ese es el gesto que usa cuando te echa la bronca, si aun no lo has visto, no tardaras en hacerlo -bromeé con una sonrisa amplia -pero no es un mal tipo, la vida no ha sido fácil para nosotros, menos para él -aseguré.

Iba a seguir hablando cuando escuche los pasos de mi hermano llegando hasta el salón. Tomó asiento en la silla con el ceño fruncido mirándonos a los dos de forma consecutiva.
-No se va a quedar -sentenció alzando el dedo en mi dirección haciéndonos reír a los dos.
-¡Ves! ¡te lo dije! -no podía dejar de reírme mirándola.

Mi hermano pegó un golpe en la mesa malhumorado, claro que pronto empezó a comer ese desayuno, joder estaba muy bueno, no podía negar que la presencia de la chica nos venia bien, teníamos la casa ordenada, había recogido la ropa que habíamos dejado por el sofá tiradas y por primera vez se comía de forma decente en esa casa...
-Vamos hermano, la chica no tiene donde ir, y nosotros necesitamos... -me interrumpió alzando la voz.
-No necesitamos nada -rugió cabreado como si su palabra fuera la ley.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Ago 09, 2017 2:07 pm

Entendía perfectamente la diferencia que había entre los dos hermanos y eso que con Raziel apenas estaba unos pocos minutos, pero la luz que desprendía y que era mucho más fuerte que la de su hermano bastaba para darte cuenta de su forma de ser, de esas sonrisas sinceras que te ponía, de la forma en la que te hablaba y sobre todo su “oh si” que me hizo reír mientras terminaba de preparar el desayuno para los tres después de haber quitado las cosas del sofá dejándolas en una de las sillas y recoger un poco el desastre que tenían por casa, a leguas se notaba que necesitaban de un toque femenino en la casa y ya que eran dos hombres –uno al parecer más despreocupado que el otro- pretendía allanar el camino por ahí y que al menos intentara convencer a Raziel para que me dejara quedarme, dos éramos más contra Samael quien seguro que se iba a negar, de hecho es que supuestamente después de desayunar iba a llevarme a casa, a ese templo en el que había estado recluida durante veinte años y a donde no pensaba volver, ¿para qué? Allí no tenía nada, lo único que me había quedado en la vida había muerto la noche pasada por mi culpa, por protegerme de algo que pensaba solo eran mitos y leyendas pero que al parecer existían y eran más reales de lo que pensaba. Daba la sensación de que Raziel era mucho más simpático que su hermano, ¿daba la sensación? Por favor, si se veía a leguas las diferencias entre uno y otro, pero veía con más probabilidad de entablar una conversación, de esas de las de verdad, con él que con su hermano.

Me reí cuando preguntó, algo sorprendido la verdad, que si su hermano se había quedado quieto teniéndome en su cama y no había intentado nada... asentí con la cabeza viendo su cara, riéndome entre dientes porque parecía bastante perplejo mientras me recorría con sus ojos sin creerse todavía que su hermano no hubiera hecho nada, algo que me dejaba más que claro que él sí que hubiera intentado quizás algo porque si no ¿a qué la pregunta? Él lo llamaba gilipollas, en un minuto lo había dicho ya tres veces mientras repartía el desayuno en los platos dejando la sartén en el fregadero con agua para limpiarlo más tarde. Corroboró que por ese mismo motivo estaba amargado y me ayudó a llevar los platos a la mesa del comedor mientras afirmaba que era un hombre cuadriculado que cuando no tenía todo controlado se ponía nervioso... como se había puesto anoche en la cocina. Lo miré con una sonrisa cuando lo imitó frunciendo el ceño y señalándome como el dedo como haría su hermano y reí cuando me dijo que, si no lo había visto así, pronto lo haría. También dijo que no era un mal tipo, quizás no lo fuera pero su carácter y su forma de ser dejaban mucho que desear aunque era cierto que sin conocerme de nada me había salvado la vida y me había llevado allí, también era cierto que luego había querido despacharme e incluso obligarme a dormir en el sofá pero no lo había conseguido y al final era yo quien se había salido con la suya. Lancé un suspiro cuando dijo que su vida no había sido fácil.


-Algo me dice que para ti tampoco ha sido fácil... pero para mí tampoco lo ha sido, quizás de diferentes formas pero... –me callé y no seguí, ninguno conocíamos los pormenores del otro y no iba a empezar para ver quién de los dos lo había pasado peor, no era una competición y puesto que no conocíamos nada del otro dejé estar ese tema- no digo que sea un mal tipo pero... –me mordí el labio mientras pinchaba un poco del revuelto que había hecho y lo llevaba a mi boca- no sé, creo que son sus modales lo que más me cabrea... y que sea tan callado y no me responda, ¿siempre es así de callado y de “no pienso contestarte”? –Parecía que a Raziel le divertía la forma en la que tenía de hablar de su hermano, pero era verdad que anoche me enervó muchísimo cuando quería respuestas, ¿qué le costaba dármelas? Iba él a seguir hablando cuando unos pasos le hizo callarse y mirar hacia el pasillo donde su hermano pronto entró en nuestro campo de visión, entró al comedor y se sentó en una de las sillas frente a los dos, nos miró con esos ojos verdes a uno y a otro y luego centró su vista en su hermano con el ceño fruncido, alzó el dedo hacia él y le volvió a repetir lo que ya le dijo anoche: que no iba a quedarme. Pero su hermano lejos de prestar atención a sus palabras me miró sonriendo por lo que me había dicho antes sobre la forma en la que regañaba haciendo que riéramos sin poder evitarlo mientras él daba un golpe en la mesa, cabreado para comenzar a desayunar sin decir nada más... ladeé un poco la cabeza porque ni siquiera hizo comentario alguno pero Raziel no se dio por vencido, volvió a decirle que podía quedarme con ellos y a la vista estaban los motivos del por qué, pero su hermano paró de comer, levantó su vista hacia él y negó alegando que no necesitaban nada.

Me enervaba esos modales que tenía, la diferencia entre ambos era enorme pero si se pensaba que por eso iba a desistir y a hacerle caso y marcharme es que estaba muy equivocado. Perseverancia tenía de sobra, siempre conseguía lo que quería y esa vez no iba a ser menos en la situación. Quería respuestas, unas que él solo me daría y no me iría sin ellas, ya le había avisado de que me vería por allí y que se acostumbrara a mi presencia pero no quería admitirlo, de hecho es que pensaba que el verdadero motivo no quería que su hermano lo supiera, que él era un hombre cuadriculado que tenía todo controlado al milímetro y desde que yo había aparecido anoche todo se le había puesto patas arriba acostumbrada a que el caos siempre me siguiera allá donde fuera. Que no le decía que algo en su interior, que no sabía muy bien qué era, me había dicho que me había estado buscando y que por fin me encontraba... todo eso que él quería evitar decirle tras un “no necesitamos nada” como si su palabra fuera la ley, pero allí éramos tres y no pensaba que él tomara ni tuviera la última palabra sobre aquel asunto pues también era la casa de Raziel, y no era completamente suya. Fruncí el ceño tras darle un bocado a la tostada, cogí el zumo para pasar el bocado y dejé el vaso sobre la mesa para mirar a Samael de forma fija, ¿se creía que no tenía nada que decir? Pobre iluso, casi reí hasta de forma sarcástica haciendo que los dos hermanos me miraran pero mis ojos se centraron en los verdes de Samael, ya que mis palabras iban a ir dirigidas principal y mayormente hacia él.


-Como siempre, tus modales y tú educación te preceden; buenos días –dije mirándolo de forma fija porque, pese a todo, la educación era un valor muy inculcado y arraigado que Alistair se había empeñado en enseñarme y no iba a ser menos aunque mis palabras, del todo, no fueran sinceras como se las pude dar a su hermano- dime Raziel, en caso de que estéis en un empate ¿qué hacéis para tomar la última decisión? ¿Una apuesta, un reto, un juego... o directamente pasas de discutir con él y le dejas tener la última palabra? –Ah, había algo que a Alistair siempre le había desquiciado de mi parte: que tuviera siempre la última palabra, que la última siempre fuera la mía- bueno, por suerte en esto somos tres y como democracia tú quieres que me vaya, él quiere que me quede y yo quiero quedarme así que tal y como yo lo veo... me quedo –sentencié marcando las dos últimas palabras para que notara que, realmente, se lo decía a él- se nota a leguas que necesitáis una mujer en casa, ¿no notas la casa más ordenada? ¿No notas que está mejor el desayuno? Porque Raziel, si de verdad él cocinaba lo siento mucho por ti como lo que intentó hacer anoche fuera lo mejor que sabía hacer –deslicé mi mano por el hombro de su hermano, como si lo lamentara realmente, y centré mis ojos en los verdes de su hermano, tan diferente y distante que el otro- ¿no le vas a decir a tú hermano la verdadera razón por la que no me quieres cerca? –Oh, al parecer había captado la atención de ambos quienes me miraban de forma fija- resulta que tú hermano dice que, palabras textuales: no va a cuidar de dos niñatos, que contigo ya tiene suficiente –miré a Raziel y proseguí- pero lo que no te ha dicho es que el cuadriculado, perfeccionista y metódico sargento Samael que no puede tener nada fuera de lugar... pierde el control cuando me tiene cerca –ahora mi vista fue al otro hermano que me miraba de forma fija, con el ceño fruncido como si quisiera decirme un “cállate”, algo que no iba a hacer- no puede controlarse cuando estoy cerca de él aunque no sé ni el motivo ni la razón de ese hecho, y al parecer no es algo que le guste. Por no decir que anoche, de una forma inexplicable, me dijo que me había estado buscando por mucho tiempo... y que por fin me había encontrado –oh, al parecer había tocado un punto clave por la cara que puso y por la forma en la que miraba a su hermano- ya que hablamos de eso –seguí, con todo el descaro del mundo- me gustaría saber por qué anoche cuando te llamé por tú nombre se te pusieron los ojos negros, me alzaste del cuello estampándome contra la pared y me dijiste esas palabras –se estaba cabreando y enfadando, lo podía notar con cada palabra que decía- porque tiene respuestas que necesito y no quiere dármelas, ¿me he equivocado en algo? –Omití lo de la marca que ardió cuando pronunció esas palabras y la sensación que notaba cuando él estaba cerca, una que me empujaba a ir hacia él mientras que otra mucho más razonable y cabal me pedía que no lo hiciera, sin saber a cuál de las dos hacer caso.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Ago 10, 2017 2:18 am

Escuchaba a esa mujer hablar y se me llevaba el mismo diablo a cenar ¿desde cuando había empezado a tener voz y voto en esto.
Nosotros eramos dos no tres, y aunque el cabeza hueca de mi hermano insistiera en que se quedara, no lo iba a hacer.
Ellos eran unos insensatos, dos niñatos que no entendían nada, pero aquí yo era el único que usaba la cabeza para pensar y no para adornar el bonito cuello que lucían.
Muchos eran los motivos que me obligaban a devolverla al maldito lugar de donde había salido.

Apreté los dientes escuchándola, nada se dejaba para después y su frase con claridad me lo dio a entender.
“¿no le vas a decir a tú hermano la verdadera razón por la que no me quieres cerca? “
Di un nuevo manotazo en la mesa y de mis entrañas salio un “cállate” mi ángel parecía divertido retorcerse hambriento de ella en mi interior, él también quería que se quedara, la quería de un modo abrumador y mantenerlo allí dentro cada vez me costaba mas esfuerzo con esa mujer frente a mis ojos.

Gruñí con mis puños cerrados contra la mesa, mis verdes desafiaban sus océanos, creía que esto era un maldito juego y se equivocaba.
“no puede controlarse cuando estoy cerca de él aunque no sé ni el motivo ni la razón de ese hecho, y al parecer no es algo que le guste. Por no decir que anoche, de una forma inexplicable, me dijo que me había estado buscando por mucho tiempo... y que por fin me había encontrado “

La risa de mi hermano ceso mirándome fijamente, él sabia los problemas que en ocasiones tenia con eso que habitaba dentro de mi, pero hasta el momento nunca había tenido que lidiar con una perdida de control tan fuerte como la vivida frente a esa mujer de dorados cabellos y tez inmaculada.
La deseaba, todo me llevaba a ella, mi cuerpo rugía en silencio por orillarme a su piel y eso era algo que me llevaría a la perdición, lo sabia, por eso no podía quedarse, era un peligro para mi casi tanto como yo lo era para ella.
-No tengo malditas respuestas -grité con la voz ronca dando otro puñetazo a la mesa antes de alzarme y con las manos volcarla con violencia tirando todos los platos, cubiertos y demás por el suelo con un gran estruendo.
-Te iras, no voy a repetirlo mas, esto no es una maldita negociación.
Miré a Raziel fijamente, este guardaba silencio, pero fue cuando me acerqué a ella para cogerla por el brazo y alzarla de la silla para sacarla de la cabaña cuando se puso en pie enfrentándome.
-No la toques -fue su petición, con la mandíbula tensa y su cuerpo encarandome.
-Aparté -gruñí sin obtener la reacción que quería.
Mi hermano me plantaba cara por una desconocida.

Salí de la cabaña gruñendo, fuera de mi, no lo entendían, lo que quisiera que habitara en mi interior tenia una conexión que no comprendía con esa mujer, mantenernos juntos era una bomba de relojería que acabaría explotándonos en la cara a los tres.
Tomé el hacha y empecé a partir troncos, la lumbre no se encendería sola sin combustible que echarle.

Dentro quedaron esos dos recogiendo posiblemente el caos que yo había creado:

Raziel miraba a la doncella con preocupación, la ayudó a levantarse apartándole los mechones dorados de la cara.
-Mi hermano a veces explota, no es un mal tipo, pero lleva mucha carga sobre sus hombros.
Déjale respirar un poco, yo te explicaré que es eso que viste.
Samael y yo somos hermanos pero no nacimos como cualquier niño, fuimos creados, somos dos experimentos, dos maquinas perfectas creadas por la inquisición con el único fin de acoger a los ángeles que dios algún día mande a la tierra para enfrentar el mal.
Cazadores perfectos diseñados no solo para dar caza a los sobrenaturales, si no para albergar ángeles en nuestro interior.
Samael fue el primero al que le metieron uno, el único que ya lleva dentro de sí un poderoso ser.
No suele perder el control, solo en ocasiones en las que su vida corre peligro y es la primera vez que escucho que también con una mujer.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Vie Ago 11, 2017 10:33 am

Todas las cartas estaban expuestas sobre la mesa tras aquella jugada, sabía que de alguna forma Samael no le diría a su hermano la verdadera razón por la que no me quería allí junto a él, era algo que no hacía falta demasiado preguntar para saberlo puesto que era de lo más evidente, con un simple “no se va a quedar” era más que suficiente y restaba todas las demás palabras para hacerle saber que no iba a decirle nada y que no iba a dejar que me quedara. Claro que con lo que no contaba es que yo sí le dijera a su hermano las razones por las que no me quería allí, Raziel parecía mucho más comprensivo que su hermano y al menos con él se podía mantener una conversación en la que obtenías respuestas y no gruñidos y silencios como obtenía de su hermano. Además, contaba con que Raziel también quería que me quedara y pensaba jugar todas mis cartas para ello, era más que evidente que necesitaban una presencia femenina en casa y yo no iba a volver al templo para quedarme encerrada y excluida como lo había estado haciendo durante aquellos años. Frente a mí se había un mundo lleno de posibilidades, de oportunidades y por fin parecía que podría vivir mi vida libre sin que nadie me estuviera vigilando constantemente, claro que lo que yo no sabía eran los peligros que presentaba aquel mundo y que había presenciado la pasada noche.

Alistair jamás me había contado que hubieran otros seres ahí fuera, de hecho, poco me dejaba salir del templo si no era bajo su mirada y su supervisión, iba donde yo iba y se movía como un guardaespaldas que me seguía a todos lados. En esos años poco era lo que había salido fuera del templo, cuando era pequeña era más fácil de controlarme pero conforme fui creciendo mis escapadas iban aumentando muy poco a poco, pasar por encima de él era algo muy difícil porque siempre me tenía echado un ojo, así que se podía decir que había visto muy poco de aquel mundo, solamente un poco del bosque y de la ciudad no había visto prácticamente nada... solo lo que se podía ver desde lo alto de la montaña que era mayormente las luces y algún que otro edificio más alta... pero nada más. El mundo era un lugar peligroso y con alguien que tendía a llevar el caos allá donde fuera lo iba a ser mucho más, esa noche había tenido la suerte –por decirlo de alguna forma- de encontrarme con Samael que me había salvado dos veces de aquel vampiro pero... ¿qué me pasaría si fuera yo sola en adelante? Caería presa como no pasó la otra noche, sería una presa fácil y con mi tendencia a formar y a crear el caos... no dudaría mucho ahí fuera. Pero con ellos cerca, mientras sacaba respuestas de Samael estaría segura, yo misma era un peligro pero ninguno lo sabía, ni yo misma sabía cuán de peligro albergaba en mi interior.

Estalló, tras mis palabras estalló alegando que no tenía las malditas respuestas que yo buscaba pero algo en mi interior me decía que sí las tenía, sino, ¿por qué solo con él había ardido la marca que llevaba desde nacimiento oculta en mi nuca? ¿Por qué, solo con él, había sentido esa necesidad de acercarme a él aun cuando una parte de mi interior me decía que no lo hiciera? ¿Por qué su contacto quemaba y, a diferencia con el de su hermano, no lo hacía? Todo apuntaba a él, todo me empujaba hacia él aunque no pudiera evitarlo... algo en mi interior, algo que nunca había sentido, me decía que no podía alejarme de su lado y una parte de mí no quería hacerlo. Sentía cosas extrañas cuando estaba cerca, cosas que yo entendía como “deseo” pero que despertaba lentamente algo en mi interior que había estado en un largo letargo y que notaba en mi interior. Su luz me llamaba y no sabía por qué lo hacía, todo en él era como una llamada, como un canto de sirena que me obligaba a permanecer a su lado... él era el único que podía darme respuestas, él era el único que podía aclarar partes de incógnita en mi vida, ¿podía culparme por intentar despejarlas? De nuevo vi, sentada en la silla, como el cuadriculado hombre que tenía frente a mí perdía los papeles, perdía el control y tras dar otro manotazo a la mesa se levantaba volcándola tirando todo por el suelo causando un gran estruendo en el comedor.

Volvió a repetir que me marcharía y que no era una negociación como si de nuevo su palabra fuera la ley, miró a su hermano que permaneció callado y cuando dio los pasos que nos separaban acercándose hacia donde yo me encontraba ni siquiera me moví ni me levanté del lugar con mis ojos azules clavados en los suyos verdes, pero antes de que pudiera llegar a ponerme una mano encina Raziel se interpuso cortándole el paso, pidiéndole que no me tocara pero Samael le ordenó más bien que se apartara pero él no lo hizo, se quedó frente a él mirándose de forma fija durante unos segundos hasta que al final se dio la vuelta y, tras gruñidos suyos, salió dejándonos a los dos solos. No me había dado cuenta pero en cuanto salió de la habitación solté el aire que había retenido ante la tensa situación para encontrarme con los ojos de su hermano que se había girado para mirarme, de forma gentil y suave su mano tomó mi mano para ayudarme a levantarme y mirándome apartó algunos mechones de mi rostro, le sonreí en agradecimiento y comenzamos a recoger todo lo que había quedado por el suelo: los platos rotos, los vasos igual, los cubiertos desperdigados por el suelo... mientras lo hacíamos me fue contando aquello que su hermano no me había dicho y me quedé parada con un trozo de vaso roto en mis manos, quieta, mientras asimilaba y procesaba sus palabras.


-¿Un ángel? –Pregunté mirando a su hermano quien asintió con la cabeza... pero... ¡aquello era imposible! ¿Cómo iban a meter un ángel dentro de un cuerpo humano?- ¿Por qué querría alguien hacer algo tan horrible como eso? –No entendía muy bien lo que me estaba diciendo... ¿humanos con alma de ángel entrenados para matar, para luchar contra el mal? Terminamos de recoger todo dejando el salón de nuevo limpio como si no hubiera pasado nada y me senté en el sofá tras ponerme un vaso con algo del zumo que había creado mientras Raziel me miraba de forma fija, observándome mientras yo procesaba todo.... tiene un alma de ángel en su interior...- ¿por eso veía tanta luz en él? –Pregunté aunque, más bien, fue una pregunta que me hice a mí misma en voz alta y que él no me contestó. Alcé mis ojos para mirarle cuando me terminó de decir que solo perdía el control cuando su vida corría peligro, y que era la primera vez que le pasaba con una mujer. Desvié mi vista hacia otro lado y de forma inconsciente llevé los dedos de mi mano libre hacia la nuca donde toqué aquella marca que siempre me había acompañado, oculta por mi largo pelo, pensando y recordando lo que había pasado cuando habló... entonces... ¿había hablado el ángel, y no él? Y de ser así... ¿por qué esas palabras? No entendía nada, no entendía por qué ardió mi marca cuando él habló de esa forma, ni por qué todo me empujaba hacia él... ¿por qué lo hacía, cuando era un ser odioso, misógino, prepotente, estúpido, maleducado, engreído y egocéntrico narcisista? ¿Por qué, pese a todo, sentía como si algo me empujara y me condujera hacia él? Todo eran más preguntas que respuestas, mi cabeza no dejaba de formular más y más preguntas para las que no tenía respuestas... Un ángel... todavía le daba vueltas a esas palabras, si era uno ¿por qué tenía ese humor de perros? Me mordí el labio pensando en todo aquello, incluso con la información que él me había dado pensaba quedarme, iba a hacerle caso a mi intuición que me gritaba que me quedara y que averiguara más, como si solo hubiera rascado la punta del iceberg. Acabé levantándome para acercarme hasta donde se encontraba y me paré frente a él sonriéndole, le di un abrazo corto y un beso en su mejilla en agradecimiento por dejar que me quedara y por enfrentarse a su hermano cuando no me conocía de nada- Gracias Raziel, por dejar que me quede y por contarme la verdad... no me has despejado ninguna duda ni respondido a ninguna de las preguntas que tengo, pero creo que tú hermano si puede y no quiere hacerlo... le daré tiempo –acabé diciéndole antes de salir por la puerta en busca de su terco y testarudo hermano, hacía algo de frío y el hecho de llevar solo la ropa interior y la camisa que me había dejado no ayudaba en nada, pese al sol que hacía una brisa movió mis cabellos y me froté los brazos en busca de darme calor mientras me guiaba por el sonido que hacía al cortar los troncos. Cuando me acerqué pude verlo y contemplarlo de espaldas, sus movimientos eran rudos pero coordinados y rítmicos: cogía un tronco, lo partía y ponía otro para vuelta a empezar, metódico, controlado y no paraba bajo ningún concepto. Incluso así no pude evitar recorrerlo dándome la espalda, sus brazos torneados para la batalla, su músculos definidos de la espalda marcarse en la camisa cuando partía el tronco... algo me impulsaba a acercarme del todo pero no lo hice, me quedé a unos pasos observando cómo partía los troncos que ponía en el tocón- Samael –lo llamé y pareció darse cuenta en ese momento de que estaba a su espalda, tenía un tronco puesto en el tocón y lo cortó con más fuerza de lo normal por el sonido que produjo, el hacha se quedó clavada pero no se giró, como si quisiera ignorarme o hacer parecer que no estaba, a lo que fruncí el ceño pero eso no hizo desistir en mi empeño- sé que no me quieres cerca, sé que no quieres que me quede y puedo entender los motivos de ello. Soy una desconocida que ha entrado en tu cuadriculada y ordenada vida para llenarla de caos y ponerla patas arriba, entiendo que para ti no soy nada y que te importe una mierda lo que pueda o deje de poder pasarme... lo entiendo, puedo entenderlo –di un par de pasos acercándome más a él- pero ¿puedes entender tú que quiera unas respuestas cuando llevo toda mi vida con preguntas? ¿Podrías culparme por ello? –Bufé, había empezado con buen pie y con buen tono... hablar con él era una tontería pero quizás si le exponía mis motivos, si le hacía entender.... Vamos Yuna, no te engañes tan fácilmente, ese hombre no va a ceder ni un ápice y era algo que ya sabía, mis palabras no iban a cambiar absolutamente nada- sé que para ti solo soy una chiquilla molesta y un incordio que añadir a tú vida, no te pido que seas mi amigo ni que lo seamos un día... solo quiero unas malditas respuestas –me mordí el labio pensando en todo lo que me había dicho Raziel, en todas las preguntas que me asolaban de esa forma- vengo para hacer un trato contigo. Ahora sé lo que hay en el mundo y lo que puede acecharme, no soy idiota, sé que ni no hubieras llegado esa hubiera sido mi última noche –salvada, por dos veces además- si voy a estar sola y a enfrentarme a esos peligros y a los demás que puedan acecharme en el caos que es mi vida... enséñame –pedí observando su espalda, el sol brillaba en lo alto y hacía que su pelo resaltara más con sus rayos de sol- me quedaré solo el tiempo que me estés enseñando, no interferiré en vuestra vida ni en vuestros planes sean cuales sean, a cambio de ello me ocuparé de la casa y la tendré como debería de estar y me encargaré de las comidas, no puedes negar que sea mala cocinera –añadí y me callé, imposible no dar un paso más hacia él cuando lo tenía tan cerca, alcé mi brazo con la intención de tocarlo pero a mediante camino me paré, cerré la mano en un puño y obligué a mi brazo a quedarse al lado de mi cuerpo- enséñame a defenderme, se lo podría pedir a Raziel y ambos sabemos que aceptaría sin pensarlo –acabé dando otro paso más teniéndolo más cerca, desde donde estaba podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, su esencia que envolvía mis sentidos y me embotaba, me llamaba y me tentaba y mi cuerpo ardía por tocarlo. Llevé mi mano al colgante acariciándolo para que me tranquilizara y me calmara- Samael... –acabé llamándolo en mitad de un murmullo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Vie Ago 11, 2017 2:02 pm

Coloqué el tronco en el tocón y de un golpe seco sendas mitades cayeron dejando el hacha clavada en el madero.
Alcé la mirada hundiendo mis ojos en sus peligrosos mares.
Con la manga seque el sudor que caía por mi frente, mi gesto tenso lo decía todo, no quería que se quedara y no era una decisión tomada al azar, si no una bien meditada a su lado mi ángel tomaba forma, arañaba mis entrañas y emergía de mi interior. No podía permitir que eso sucediera, de echo ni siquiera sabia porque lo hacia.

La escuche, de nuevo la misma historia, sus desgracias escupidas contra mi cara, no es que fuera un hijo de puta insensible, es que simplemente no podía quedarse a mi lado o al final acabaría sucediendo algo de lo que quizás nos acabaríamos arrepintiendo los dos ¿para que tentar al destino? Mejor ahora que mas tarde, ahora solo eramos dos completos desconocidos que podían seguir su maldito camino.

Su cuerpo iba orillándose contra el mio, mis labios se entreabrieron, mis ojos en su boca, escuchaba sus palabras pero como un eco lejano retumbaban en mi cabeza mientras mi cuerpo de forma lenta también se movía hacia ella.
-¿un trato? -pregunté frente a ella -¿que trato?
Mi aliento impactaba ansioso contra su boca, su rostro ligeramente alzado y su mano se movió en un intento de tocarme que no me paso desapercibido, lo peor es que deseaba mas que nada en este mundo que lo hiciera.

Escuche, admito que mi escusa era que acabado el pacto, entrenada, me la quitaría de encima, la verdad es que el ángel de mi interior trataba de aferrarla a si con todas sus fuerzas y mi voluntad sucumbía cuando la tenia así de cerca.
Me relamí los labios antes de hablar.
-Esta bien -susurré -hasta que estés entrenada para enfrentarte con los demonios de la noche, después abandonaras mi hogar.
Te ocuparas de las labores de la casa …

Di otro paso hacia ella, nos mirábamos fijamente y por un instante el silencio gritó mas fuerte que las palabras.
Mi mano acortó esa distancia, ladeé la cabeza, su pelo se deslizó suave por la yema de mis dedos, un paso mas y nuestros cuerpos se tocaban, jadeé contra sus labios acercándome a ella, era yo pero a la vez no lo era, como si una fuerza me arrastrara al infierno de su boca descendí por el abismo sentenciado a tocarla, a calmarme solo al alcanzarla.

La presencia de Raziel fue lo único que me separó de la humana a tiempo, tres pasos precipitados hacia atrás y mi mano al hacha volviendo a ponerme a cortar maderos sobre el tocón, estaba excitado, alterado y era evidente, peor traté de disimularlo, de nuevo mi ángel se había apoderado de mi, pero no como las otras veces, esta vez en comunión con mi propio cuerpo.
-Raziel, me voy a llago a darme un baño, estoy sudado de cortar leña, mete los tocones de madera dentro, volveré para comer.

Necesitaba poner distancia entre nuestros cuerpos, si iba a quedarse tendríamos que estipular unas reglas claras empezando por salir de mi habitación si no ella, lo haría yo.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Sáb Ago 12, 2017 12:30 pm

No sabía por qué le había dicho a Samael de hacer un trato con él, no era de los dos hermanos el que viera más cabal para hacer tratos y mucho menos que vinieran de mi parte pero... ¿qué otra cosa podía hacer para ganar tiempo y quedarme? Samael era mucho más hermético que su hermano, más cerrado que Raziel quien era más abierto y expresaba más no solo con sus palabras, sino también con sus miradas. Sabía que si le pedía que me entrenara él aceptaría sin lugar a dudas, no sabía por qué pero presentía que así sería. Él quería que me quedara mientras que su hermano quería que me largara, y podía entenderlo, había llegado apenas un día a su vida y ya la había puesto patas arriba, ya la había llenado de ese caos que siempre me precedía allí donde fuera, allí donde estuviera. Pero, ¿podía culparme por intentar hallar respuestas que creía, firmemente, que él podía dármelas? La verdad es que no podía culparme por ello, por eso mismo le estaba pidiendo que me entrenara en una idea quizás un poco descabellada. ¿Qué sabía yo sobre defenderme y luchar? Prácticamente nada, pero quizás gracias a la memoria que tenía en la que memorizaba todo cuanto veía, leía o escuchaba pudiera ayudarme para ello. Jamás había pegado a alguien, la primera vez había sido a aquel vampiro y ya está... Alistair me tenía demasiado controlada como para haber estado tan cerca de alguien, o el tiempo suficiente, como para pegarle.

Era la única forma que encontraba de ganar tiempo, quizás mientras me entrenaba pudiera llegar un poco más hasta él y consiguiera que me hablara y me dijera lo que quería. Era muchas cosas que tenía que preguntarle, no solo las que ya le había dicho y había experimentado cuando su “ángel” me habló, sino también sobre ese número que llevaba grabado en la nuca, aunque por lo que Raziel me había contado sería porque ¿era el primero que llevaba en su interior a un ángel? Pensarlo me producía un escalofrío aunque una parte de mí estaba encantada con la idea, sin saber muy bien por qué. Sus ojos verdes me miraban estando de frente mientras cortaba los troncos partiéndolos por la mitad sobre el tocón, me preguntó qué trato y supe que se iba a negar, ni siquiera sabía por qué lo intentaba pero... quizás si fuera hacia él con ello entrara en razón. Quería perderme de vista y yo no había hecho más que oponerme a irme de su casa, si le presentaba la opción de irme cuando estuviera entrenada quizás aceptara y me ayudara, si iba a estar sola –porque luego estaría sola- mejor saber defenderme que no hacerlo.

Mis ojos se clavaron en los suyos y era difícil mantenerme cerca de él y no terminar por acortar la distancia que separaba nuestros cuerpos, ¿por qué? Era algo que no comprendía ni entendía, pero cada vez que estaba cerca de mí algo me empujaba a orillarme más y más a su cuerpo. Lo deseaba, era la primera vez que sentía lo que era el deseo, sentir que alguien me atraía... pero Samael lo hacía con demasiado fuerza y no entendía la razón. Desde luego que no sería por su forma de ser y por el carácter que tenía, puesto que el de su hermano era muchísimo mejor que el suyo pero... ¿entonces por qué con Raziel no sentía nada? Era guapo, no iba a negarlo pero... Samael tenía algo completamente diferente y distinto de su hermano que me llamaba mucho más la atención, que hacía que mis sentidos se embotaran y en lo único en lo que pudiera pensar era en tocarlo, pegar mi cuerpo al suyo y elevarme hasta su rostro y sentir su aliento contra mis labios, besarle. Me mordí el labio cuando mirándome de forma fija se lamió los labios y yo apreté con más fuerza mi labio inferior, lo miré sin esperar realmente que su respuesta fuera afirmativa. ¿Iba a hacerlo? Iba a hacerlo, a entrenarme y saber defenderme, me ocuparía de las labores de casa tal y como le había dicho a cambio de que me quedara allí, asentí con la cabeza dándole a entender que lo haría y fue entonces cuando esa vez fue él quien dio un paso en mi dirección. Yo ya me había acercado lo suficiente pero ahora había sido él quien se había movido hacia mí, podía sentirlo con más fuerza y no dejamos de mirarnos, ni siquiera cuando su mano acortó la distancia... y me tocó. Mis ojos se cerraron por inercia y lancé un suspiro entreabriendo mi boca para luego mirarle.


-Samael –su nombre salió en un jadeo casi ahogado cuando sus dedos descendieron por mi pelo de forma suave provocándome un escalofrío, volvió a dar otro paso más y nuestros cuerpos quedaron pegados. Podía notar su pecho contra el mío rozándose cada vez que ambos respirábamos, su rostro inclinado y el mío elevado sin dejar de contemplarnos. Mi corazón comenzó a bombear con más rapidez y mi cuerpo ardió por su cercanía, quería tocarlo, deseaba con todas mis fuerzas recorrer su cuerpo con mis dedos como una fuerza poderosa que me invitaba a hacerlo, como si él mismo fuera un canto de sirena para mí que no podía evitar ni dejar de escuchar. Mi mano subió a su costado para aferrar su camisa con fuerza en el momento en que vi que se inclinaba cada vez más acortando la distancia con mis labios donde ya notaba su aliento chocando contra los míos. Maldición, deseaba tanto que lo hiciera, que me besara, que se acercara a mi cuerpo y me tomara... todo mi cuerpo ardía de deseo y de pura y dura necesidad por él, por sus manos, por su cuerpo, por sus labios... me embotaba los sentidos y no era capaz de pensar con claridad, solo pensaba en él. Casi se me cortó la respiración cuando sus labios casi rozaron los míos y un gemido de pura necesidad brotó de mis labios pero... se separó, la frustración me recorrió cuando lo había tenido tan cerca, casi me había besado y mi mano deshizo su agarre sobre su camisa. Mi respiración era acelerada y el deseo me recorría como una corriente eléctrica por todo mi cuerpo, aferró el hacha y fue que me di cuenta de la presencia de su hermano. Me mordí el labio con fuerza mirándolo antes de que se alejara poniendo distancia pasando por mi lado, tuve la tentación de pararlo y pedirle que me diera ese beso que sin saber por qué ansiaba desde lo más hondo, sin embargo miré a su hermano y me acerqué para coger troncos con él para no pensar demasiado en lo que casi podría haber ocurrido- tú hermano me deja quedarme –pareció que esa información le pilló por sorpresa mientras cogía los troncos que podía- he hecho un trato con él; quiero que me enseñe a defenderme de los peligros de la noche, me salvó de un vampiro que iba a matarme –él no sabía esa información así que por eso mismo se la dije- en cuanto me entrene me iré, aunque quizá cambie de opinión cuando vea cómo vais a tener la casa y lo bien que vais a comer –le sonreí en dirección hacia casa dejando los troncos frente a la lumbre y me levanté para mirarlo- pero... no creo que esto sea lo más apropiado para mí, no puedo ir medio desnuda siempre –él rió por mis palabras y me dijo que me traería algo de ropa de sus “salidas”, algo que no pregunté- puedo encontrar un par de vestidos, me gustaría que me trajeras algo de ropa para los entrenamientos, para moverme bien –aún no se creía que él hubiera aceptado y la verdad es que yo tampoco- ¿podrías prestarme algo de ropa hasta que vaya a por esos vestidos? Me gustaría darme una ducha –necesitaba aplacar el calor que recorría mi cuerpo, me había quedado con las ganas de aquel beso  y recordar el momento hacía que mi cuerpo ardiera, mi corazón bombeara con fuerza y me temblaran las piernas... una conexión tan fuerte, tan extraña y potente... que no sabía por qué me hacía querer más. Su hermano me dejó para buscar algo de ropa que ponerme y lo agradecí entrando al baño y darme una ducha de agua fría que templara mi cuerpo, incluso así no bastó ni fue suficiente porque mi cuerpo me pedía por algo que nunca había experimentado, jamás me había sentido excitada y estando cerca de Samael lo estaba de una forma ardiente, como cuando habíamos estado fuera. Salí tras un rato con la ropa de su hermano, me había dejado un pantalón corto con el que entrenaba seguro y la camiseta de tirantes más pequeña que había encontrado- Bueno, creo que debería de saber qué es lo que os gusta y todo eso para haceros de comer, ¿qué es lo que más te gusta, Raziel? Si sé hacerlo podemos comer eso –dado que no habíamos desayunado mucho por el altercado me metí en la cocina a preparar la comida para tener mi mente ocupada, cuando todo estuvo listo tras un buen rato comencé a sacar los platos y a poner la mesa, Samael no había vuelto todavía y pegué un grito para que Raziel supiera que estaba la comida, fui hacia la cocina a coger un par de platos para sacar cuando escuché ruido a mi espalda- Raziel, creo que te va a... –me giré encontrándome con el rostro de Samael parado en la puerta, su pelo lo tenía mojado y le caían algunas gotitas de agua por el pelo y por el rostro mientras me repasaba con la mirada, “santo joder” fue lo que pensé mordiéndome el labio cuando de nuevo subió sus ojos a los míos- he hecho la comida –señalé lo obvio haciendo un movimiento con los platos y luego esperé a que se moviera, pero no lo hizo- ¿me dejas pasar? –Pregunté mirándole- ahí queda otro plato más, si lo puedes sacar... –comenté enarcando una ceja para ver que se ladeaba y me dejaba pasar para ver que su hermano ya estaba sentado a la mesa, dejé los platos en esta y me senté en la mesa justo antes de que llegara su hermano y se sentara frente a mí, la pregunta de Raziel no se hizo de esperar preguntando que por qué su hermano y no él para entrenarme.  Buena pregunta, pero como parecía que Samael tenía la última palabra... lo miré y sonreí de lado- ¿quieres entrenarme tú también? Vaya, dos entrenadores por el precio de uno –bromeé mientras llevaba el tenedor a mi boca, con él era más fácil hacer bromas y que el ambiente sea más distendido.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Sáb Ago 12, 2017 2:16 pm

Me fui al lago, necesitaba bajar el calor y porque no decirlo el calenton que llevaba encima, no había nada que deseara mas en este mundo que enredarme con esa mujer, la atracción era tan brutal que de no ser porque salio Raziel la hubiera tomado allí mismo. Era como si no tuviera el control completo pero a su vez lo tenia, me sentía completo con ella, como si fuera la pieza del puzzle que encajaba a la perfección con el rompecabezas que yo era.

Volví a la hora de comer como ya había predicho, olía muy bien, no podía negar que cocinaba mucho mejor que yo, que la casa estaba mas ordenada y que Raziel parecía estar contento con la presencia de la dama.
Ese Pazguato con comer y no tener que recoger, por no decir que de seguro se alegraba la vista, algo que me molestaba no se porque, tenia suficiente para ser feliz.
Era un irresponsable, yo me comía el peso de las decisiones, solo yo miraba por el bien de todos y Raziel no era capaz de agradecérmelo nunca.

Entré en la cocina, ella se giró de golpe con una sonrisa que desapareció al encontrarse conmigo de frente, hablaba con Raziel, con él si se llevaba bien y de nuevo me quemaron las entrañas ante esa maldita idea.
Me hice a un lado con el ceño fruncido y cogí ese plato para seguirla hasta el comedor, me senté en silencio en la mesa del salón mirando a uno y otro de forma consecutiva.
Parecían llevarse bien, demasiado bien, bromeaban uno con el otro y lo que me hizo saltar fue la pregunta de mi hermano sobre porque la iba a entrenar yo.
-Pues básicamente porque no me paso el día borracho o de resaca -respondí con saña.

Mi hermano se rio empujando la silla ligeramente hacia atrás con gesto chulesco.
-Pero al menos conmigo se ríe y no discute, de seguro aprenderá mas con un maestro divertido y no con un carca como tu -contesto con tono jocoso.
Gruñí clavando mis verdes en los suyos.
-Va a aprender a luchar no va al circo a ver a los payasos -le deje claro de forma mordaz.
-Ni tiene porque descender a los infiernos para sortear las nueve puertas del averno -dijo sin dejar de reírse.

Di un manotazo en la mesa cuando ella dijo que tendría dos maestros en vez de uno.
-No -rugí sin mas como ultima palabra antes de bajar la mirada al plato dispuesto a no despegarla hasta que claro mi hermano que ya había entrado en bucle volvió a despegar los labios para hacer otra de sus estupideces constantes.
-Puedes dormir en mi lecho, al menos te divertirás por la noche lo que no te divertirás en los entrenamientos -le dijo guiñándole un ojo.

Me alce llevado por lo que habitaba en mi interior, mis ojos negros como la noche hicieron que Raziel diera un respingo, la silla inclinada se fue para atrás pero antes de que su cuerpo impactara en el suelo mi mano lo cazo alzándolo por la pechera
-Es mía -rugí contra su cara estampandolo contra la pared sin soltarlo.
Mi hermano trato de defenderse asestandome un puñetazo que detuve con facilidad mientras ladeaba la sonrisa.
Alcé mi puño dispuesto a devolver su ataque, no se como lo hice, no se como detuve lo que quisiera que existía en mi interior, peor lo solté de golpe reculando hacia atrás con las dos manos en alto en señal de paz.
Mis ojos volvían a su tonalidad y un lo siento escapaba de mis labios mientras reculaba hacia la puerta de salida de la casa con la respiración agitada y el ángel rasgando is entrañas.


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