Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ciel et l'enfer

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Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Jul 25, 2017 10:19 am

Recuerdo del primer mensaje :

Llevaba preparando el atraco al cabaret de lenfer un mes, había atado cada cabo que podía estar suelto o soltarse en el ultimo momento.
Si salia bien nos llevaríamos un buen pico, suficiente como para vivir una temporada sin necesidad de dar otro palo.
Nuestra vida nunca fue fácil, aunque supongo que la necesidad te obliga a buscar las vueltas para sobrevivir sin que los que te buscan te cacen.

Era algo irónico pues también mi hermano y yo eramos cazadores, acabábamos con seres de la noche para proteger a la humanidad, a fin de cuentas para eso habíamos venido a este mundo, iba implícito en nuestro adn.
Claro, que vivíamos en tierra de nadie, pues aquel que nos creó también buscaba nuestra destrucción.

Raziel no se tomaba nada en serio, su actitud me desesperaba, parecía no comprender que no estábamos en París por placer, la idea de movernos de un lado a otro no era un capricho del destino si no una necesidad palpable para mantenernos con vida.
La inquisición no se andaba con tonterías y nosotros eramos la prueba fehaciente de que habían experimentado, habían jugado a ser dioses, a dar vida y ahora a quitarla para que nadie descubriera la atrocidad de sus clandestinos experimentos.

En mi nuca el numero uno grabado a fuego, clara sentencia de lo que era, en mi interior un ente arañaba mi carne, rugía voraz queriendo emerger de la vasija que lo contenía.
Una marca alrededor de mi ombligo en forma circulo y con distintas runas servia como sello.
En una semana daríamos el golpe, aquella tarde necesitaba descargar adrenalina, así que dejé el fuego de la lumbre encendida y tras echarle un par de maderos, abandoné la cabaña de madera en busca de alguna presa.
Raziel como de costumbre estaría en alguna taberna haciendo de las suyas, me cansaba de ser su niñera personal, sus descuidos nos ponían en peligro, y a veces también a mi me apetecía convertirme en un hombre de mi edad, beber, salir con mujeres..sin embargo, yo tenia que permanecer atento a todo, lo que me dejaba en una posición de eterna vigilancia.

Cogí el arco y colgué el carcaj a mi espalda repleto de saetas. No demasiado lejos había un rio de aguas vivas donde gran parte de la fauna del bosque acudía a beber, era cuestión de tiempo dar con la presa del día, así que con la paciencia que ostentaba, me agache resguardandome entre la maleza atento a todo lo que mi alrededor pasaba.

No se el tiempo que permanecí hasta que un venado caminaba majestuoso y a lento paso hacia las orillas de las cristalinas aguas.
Coloqué la flecha en el nock y elevé ligeramente el arco tensando con mi brazo la cuerda para dejar escapar la flecha. Antes de que eso sucediera un ruido espantó a la presa haciéndola huir de inmediato.

Miré hacia el lugar de donde provenían los gritos femeninos, no tardé en ver a una doncella de dorados cabellos correr como si fuera una ninfa a través de las cortezas de los arboles.
Sus ojos miraban hacia atrás, como si fuera perseguida por alguien, asi que volví a esconder mi cuerpo entre la maleza dispuesto a observar.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Dom Ago 13, 2017 1:15 pm

Tener a Raziel cerca me hacía sentirme más tranquila, mucho más tranquila que de costumbre y era algo que se notaba. Con él podía hablar sin que me pasara o me produjera un escalofrío por todo el cuerpo, con él podía reírme y gastar bromas porque su humor era muy diferente al que tenía su hermano, más oscuro y mucho más serio. Me había prestado un pantalón corto y una camiseta de tirantes de entrenar que era la más pequeña que había encontrado, según él, mientras yo luego más tarde volvía al templo a por unos vestidos que tenía allí y volvía de nuevo. Le había pedido ropa para entrenar, ropa que se ajustara a mí y que no me paraba grande para moverme con soltura y facilidad porque seguro que con el vestido no lo haría y me empecé a preparar la comida cuando terminé de ducharme pensando en lo que Raziel me había dicho sobre que le gustaba comer, encontré lo que buscaba y centré mi mente en cocinar sin querer pensar en su hermano ni en la forma en la que me había provocado sin siquiera tocarme, solamente con su cercanía y con la forma en la que me había mirado, sus ojos verdes centrados en los míos sin apartar su mirada de mis azules. No entendía cómo es que lograba ponerme de esa forma y de una manera tan fuerte, jamás lo había experimentado pero aquello no debía de ser normal, la parte que deseaba ir todo el rato hacia él era demasiado fuerte como para dejarla pasar por alto, pero otra me decía que aguantara.

Por suerte hacer la comida me calmó y calmó también mis pensamientos sobre Samael mientras con todo ya listo y preparado pegué un grito para que Raziel me ayudara a poner la mesa y entré de nuevo a la cocina cogiendo varios platos, al girarme me encontré con su hermano y de nuevo me puse tensa pero no porque le tuviera miedo, sino porque imponía y me ponía a la misma vez... era algo difícil de controlar. Me miró de forma fija y como si se me hubiera cortado la capacidad del habla y no pudiera formar dos frases seguidas le dije que había preparado la comida, como si no fuera de lo más obvio por los platos que llevaba en la mano, le pedí que sacara el que quedaba y cuando me dejó pasar tras pedírselo salí con el corazón bombeando yendo hasta la mesa para dejar ambos platos y mirar a Raziel que ya estaba sentado, reprendiéndole por no haber puesto siquiera la mesa a lo que él sonrió de lado y se encogió de hombros como si con eso bastara para una explicación y diera por zanjado el tema. Claro que, el tema en cuestión salió cuando preguntó que por qué Samael, y no él, para entrenarle a lo que su hermano le respondió algo que me hizo sonreír para pinchar de nuevo el tenedor y seguir comiendo.

Los miré enarcando una ceja mientras se “peleaban” y negué con la cabeza porque supuse que sería “cosas de hermanos” y lo dejé estar sin dar mayor importancia, hice aquella broma en la que dije que Raziel también me entrenaría y al parecer eso a su hermano no le gustó demasiado porque dio un manotazo en la mesa y negó de forma firme para luego agachar la cabeza y seguir comiendo. Mi mirada fue al otro hermano quien con una sonrisa divertida se encogió de hombros y no le di mayor importancia, había sido una broma pero al parecer aquel se lo había tomado en serio pensando que había aceptado su propuesta y no hice comentario alguno al respecto, seguí comiendo antes de que se le ocurriera decir aquel comentario en tono jocoso que dejaba en claro que no lo decía en serio y que me hizo reír entre dientes como si diera un ambiente distendido al momento. Claro que ninguno de los dos pensábamos lo que esas simples palabras provocarían en Samael.

Sus ojos, como había pasado la noche pasada, se tornaron de color negro mirando a su hermano y fue entonces cuando la marca que llevaba en la nuca comenzó a arder ante la proximidad que tenía con él, Raziel se levantó y reculó pero cuando parecía que se iba a caer Samael lo cogió al vuelo, como si no le costara, y lo estampó contra la pared. La marca ardió con más intensidad cuando dijo que “era suya” y cerré los ojos por el dolor que eso me provocaba, no fui consciente de lo que pasó a continuación solo pensaba en el dolor que me provocaba aquello y que me hizo cerrar los ojos y agachar la cabeza durante unos segundos con la respiración entrecortada. Todo mi cuerpo me pedía y me rogaba porque me acercara a Samael pero yo era incapaz de moverme en esos momentos en los que permanecía sentada en la silla con la mano en mi nuca y aferrando con fuerza el tenedor para dejarlo caer a la mesa y sisear por la quemazón. No quería que ninguno de los dos se enterara pero como había pasado la noche pasada volvía a arder mi marca cuando esa parte, que ahora sabía que era un ángel, salía a la luz. La cuestión era, ¿por qué? ¿Por qué mi marca ardía de esa forma?



-Parad... joder –pedí unos segundos antes de que la marca dejara de arder y al alzar la vista vi como Samael tenía los manos levantadas en señal de rendición y se alejaba de su hermano caminando hacia la puerta, respiré intentando controlar la respiración mientras la quemazón desaparecía por completo viendo que abría la puerta y salía de nuevo dejándonos solos. Otra vez el caos invadía todo lo que había a mi alrededor y me levanté de la mesa cuando yendo hacia la puerta, Raziel me dijo que lo dejara después de lo que había pasado y me paré para mirarle- ha sido por mi culpa, pero tú hermano tiene que aprender unas cuantas cosas –comenté frunciendo el ceño sin saber por qué debía de ir detrás de Samael tras lo que había pasado, no era mi culpa para nada, sino era suya por no saber interpretar una maldita broma. A lo lejos lo vi andar de forma rápida mientras intentaba alcanzarlo- Samael –lo llamé pero no me hizo caso alguno, algo en mi interior me empujaba hacia él sin saber bien por qué y aumenté el paso para intentar alcanzarlo cuando resbalé y caí al suelo de rodillas, siseé por el dolor pero aun así me levanté con unos rasguños en las rodillas hasta que al final me tocó correr para alcanzarlo- ¡Samael! –Volví a llamarlo justo en el momento en que tomaba su muñeca con mi mano y lo giraba para enfrentarlo. Su tacto quemó en ese momento y pude ver que me atravesaba con sus ojos verdes, enfadado, cabreado por lo que había pasado y seguramente maldiciéndome en su interior por haber ido a buscarlo- ¿se puede saber qué diablos te pasa? –Pregunté sin apartar mi mirada de la suya que se había quedado anclada a la suya sin poder quitarla- ¿por qué narices te has puesto así? ¿Es que no sabías que tú hermano lo estaba diciendo en broma? Joder, te dije que me entrenaras tú y te lo pedí a ti, tú hermano solo estaba bromeando... ¿sabes lo que es bromear, su concepto y lo que significa? –Hice una leve pausa- igual que lo de dormir, maldición, ¿es que no conoces a tú hermano y cuando dice algo en serio de cuando dice algo de broma? Solo estaba siendo simpático –No quería entrar en el detalle de sus ojos y de mi marca, no en esos momentos. No me había percatado de que no había soltado su muñeca del agarre de mi mano y podía notar su calor atravesar mi palma, tentándome a no soltarlo. Enfadada como estaba por que hubiera dicho, de esa forma, que era suya di un paso más hacia él sin apartar la mirada de sus ojos con el ceño fruncido- además, ¿desde cuándo soy tuya? –Pregunté en voz baja notándose el cabreo que me recorría por completo dando otro paso hacia él- yo no soy de nadie –afirmé aunque ese pensamiento hubiera cambiado en varias formas en las últimas horas. Di un paso más hacia él elevando mi rostro para mirarlo- ¿quieres que lo sea, acaso? –Oh, joder... ¿de dónde salía tanta seguridad cuando sentía que me temblaba todo el cuerpo por su cercanía? Quería que acortara la distancia, quería que me tocara, quería que me besara y lo quería tanto y demasiado... que dolía de pensarlo. Mi pecho subía y bajaba con rapidez no solo por lo que me provocaba, sino por la carrera y el enfado que llevaba por dentro. Santo infierno... ¿podía ponerme tanto con tan sólo una mirada? Su cercanía era demasiado para mi cuerpo notando el calor que me recorría y las ganas que le tenía en esos momentos, ¿qué me impedía elevar mi rostro y apoderarme de sus labios, morderlos y hacerlos míos? Míos. El gruñido salió de mi pecho en cuanto lo pensé y mordí mis propios labios como si los reclamara, como si de verdad fueran míos por derecho, míos porque así yo lo quería. ¿Qué me costaría? Nada, lo deseaba tanto que abrumaba demasiado- Enséñame, aquí, ahora –las palabras salieron de mis labios sin siquiera pensarlo, “no idiota, tú querías morder sus labios, besarlos y hacerlos tuyos”- seguro que con el cabreo que llevo encima me sirve para algo –repasé mis labios con la lengua de forma lenta y sonreí de lado- Vamos Samael, demuéstrame que no me he equivocado al escogerte a ti“¡no, tonta! Lánzate a sus labios y hazlo tuyo” mi interior gritaba tan fuerte que era difícil no escucharlo- ¿alguna norma que deba de saber antes de empezar? –Era idiota, rematadamente idiota.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Dom Ago 13, 2017 2:35 pm

Escuchaba su voz reclamando que me detuviera, retumbaba en mis oídos y juro que nada mas quería en este instante que hacerlo ,detener mis pasos y orillar mi cuerpo al suyo hasta que caídos sobre la húmeda hierba nos fundiéramos en uno.
¿Que lo impidió? Mi determinación, estaba exaltado, casi había pegado a mi hermano y todo por ese deseo irracional que sentía por esa mujer.
Yo que jamas prioricé un coño al cuidado de mi propia sangre ahora estaba tan cegado por el suyo que solo podía pesar en adentrarme en sus profundidades, beber de sus labios y convertirla en Mia.

Finalmente me atrapó, no se si porque tenia ella alas o porque yo tenia pesos, el caso es que de nuevo la fuerza de los mares choco y su mano en mi muñeca fue la tormenta que sobre mi mismo descargó.
Mi agitada respiración lo decía todo y nada al mismo tiempo y fue entonces cuando me giré para enfrentar la inmensidad de sus océanos decidido a perderme en ellos.
Como dos faros me atraían a luz que emanaban sus labios, mi puerto, mi destino y mis ojos se posaron en ese sitio decidido a anclarme en un por y para siempre.

Sus palabras me hicieron recobrar el sentido, me estaba echando en cara mis propios actos y si bien no le faltaba razón, a mi no me faltaron excusas para debatirla.
-Siempre estáis con bromas como dos niñatos, no os tomáis nada en serio, os creéis que esto es un juego y dista mucho de serlo.
Tenemos a la inquisición pisándonos los talones y ahora también a medio mundo vampirico que parece que te buscan con ahincó, no me jodas, claro que tengo derecho a estar cabreado ¿no crees?
Si vosotros os tomarais esto en serio no tendría que saltar como una bestia de la mesa.

Vale, eso podía justificar una parte, aunque la verdad era una burda mentira cargada de verdad, ni de lejos era eso lo que mas me molestaba, a eso ya me había acostumbrado con el paso de los tiempos, fueron celos, puros y rudos celos, peor no iba a confesarlo ni siquiera con una soga en el cuello.
-Cuando dije Mia, quería decir que eras mi aprendiz y yo tu maestro, lamento que tu mente plagada de hormonas adolescentes vea donde no hay -le dije con saña, con intención de hacerle daño y ponerla en su lugar cuando yo era incapaz de encontrar el mio.

Mi ángel se retorcía en mi interior, como de un ser de la luz podían salir tantas mentiras, mi deseo por ella no conocía parangón, pero eso ella no lo sabia.
Me podio que empezáramos a entrenar y era algo que no me pareció disparatado teniendo en cuenta que de nuevo nuestros cuerpos se habían buscado y cada reproche era susurrado ante los labios del otro.
Ella se los mordía y yo me los relamía, era un duelo en el que yo al menos deseaba tomarla con todas mis fuerzas.

Me agaché con rapidez, estiré mi pierna y de una segada la lancé al suelo alzándome con arrogancia para verla desde arriba.
-Si, la norma es que dejes de mirar mis labios y mires mis piernas -apunté mordaz ladeando la sonrisa -intenta pegarme, inténtalo de verdad, he dicho pegarme no besarme.
Mi intención era molestarla, quizás así pudiera mantener un poco de distancia porque estaba claro que si ella seguía acercándose iba a llegar el momento en el que no fuera capa de controlarme.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Dom Ago 13, 2017 7:53 pm

Una vez que lo había encontrado y lo había alcanzado parando su avance no me callé lo que tenía que decirle, no había entendido para nada la actitud que tuvo con lo que pasó en la mesa del comedor y por qué se había puesto así, no estábamos haciendo nada sino que simplemente estábamos bromeando mientras comíamos para tener un ambiente distendido en todo momento después de que pudiera quedarme, y en ningún momento vi maldad por parte de su hermano en lo que dijo, yo no lo conocía demasiado pero por el tiempo que había estado allí con él se notaba que era una persona más razonable con la que se podía hablar y que gastaba bromas constantemente, que su humor difería y distaba del que tenía Samael y no había dicho nada para que se pusiera de esa forma, así que mientras sentía que sus ojos verdes se clavaban en los míos sintiendo de nuevo esa atracción fatal que sentía por él cada vez que lo tenía cerca no me callé, no sabía si iba a contestarme o por el contrario iba a pasar de mis palabras pero no iba a dejar que la cosa se quedara así cuando no había pasado nada grave, que el problema mayormente lo tenía él por ser de la forma que era. Algo que no me callé en absoluto mientras me taladraba con sus orbes verdes sintiendo como si de alguna forma su mirada me traspasara, pudiera ver más allá.

Era extraño tenerlo cerca y de nuevo habíamos acabado a una distancia bastante próxima el uno del otro mientras nuestras respiraciones chocaban al tener mi rostro elevado para mirarle y el suyo agachado casi quedando ambos a la misma altura, lo que más me llamaba la atención aparte de sus ojos eran sus labios, los quería besar, los quería probar y no acortar la distancia que me separa de ellos era todo un suplicio, porque quería hacerlos míos y apoderarme de ellos, poco me faltaba para elevar mi rostro y tomarlos... sin embargo me paré y no hice nada, no sabía por qué cuando todo mi cuerpo me gritaba que lo hiciera y que los reclamara de mi propiedad, porque de alguna forma que no llegaba a saber así lo sentía de esa forma. Sin embargo lo que hice fue morderme los labios en respuesta a no poder tomar los suyos, no era lo mismo pero al menos aplacaba las ganas que sentía mientras esperaba unas respuestas a mis preguntas esperando que, esa vez, esas sí que me las contestara porque si no iba a volverme loca y a enervarme por completo. Para mi sorpresa sí que me respondió, y su primera respuesta me dejó enarcando una ceja porque no lo entendía.


-¿Desde cuándo comiendo no se pueden gastar bromas? ¿Me lo estás diciendo en serio? –Pregunté porque, de verdad, que no entendía nada- ¡estábamos comiendo!, no comprendo qué tiene eso de malo ni por qué deberíamos de ir todo el día amargados y callados cuando estamos en casa y no estamos haciendo nada. Nadie ha dicho ni ha hecho ver que no nos tomemos nada en serio, que le ría las gracias a tú hermano no quiere decir que sea igual de irresponsable que él –le espeté frunciendo el ceño, eso me había molestado, yo en el tiempo que llevaba había cumplido con mi parte y no veía nada malo en reírse mientras cada uno hacía lo suyo- el problema que veo eres tú –lo miré de forma fija- que tengas un palo metido por el trasero y que te haga ser de esa forma no significa que yo vaya a ser, ni a estar, igual que tú. Haré mis labores y cuando estemos entrenando te haré caso como mi maestro que eres... pero no pienso dejar de reírme ni de gastar bromas de vez en cuando si se da la ocasión –hice una leve pausa- ¿te has reído alguna vez? ¿Te has relajado en algún momento de tú vida? Tú hermano es mayor como para que vayas detrás y delante de él toda tú vida.... ahora entiendo por qué decía que necesitabas desestresarte. Si te dieras un respiro y dejaras esa actitud por un momento no tendrías que lamentar que pasara nada –respondí ante las palabras de su hermano cuando había llegado anoche borracho-la Inquisición... ¿te busca por lo que eres? –Raziel me lo había contado, aún me costaba hacerme a la idea un poco y a veces se me olvidaba ese hecho- ¿por qué crees que me persiguen vampiros? –Ese punto no lo entendía, pero lo que no me creí ni por un segundo fueron sus siguientes palabras a lo que lo miré de forma fija, con el ceño fruncido porque de alguna forma sentí que iba a hacerme daño con ellas cuando realmente no se había puesto así por eso- saltaste cuando me dijo que durmiera en su cama, y dijiste que era tuya, ¿eso me lo imaginé también?. No soy una adolescente hormonada –le recriminé fulminándolo con la vista- entonces, ¿puedo dormir en su cama si así lo deseo? –Lo tenté, lo estaba tentando y lo sabía pero si no era suya no tenía por qué molestarlo, claro que él no sabía que no pensaba dormir en la cama de su hermano. Mejor dejar ese tema de lado por el momento, que me entrenara en aquel momento en que la rabia me invadía lo veía mucho mejor que el hecho de que discutiéramos por tonterías, además la cercanía me abrumaba y necesitaba poner un poco de distancia o al final... esos labios serían míos porque no paraba de ver como se los relamía una y otra vez.

Lo que no me esperé, para nada, es que antes siquiera de decirme si empezábamos a entrenar o no y sin poder hacer nada para evitarlo moviéndose rápido en un visto y no visto, se agachó girando sobre sí mismo y me dio una patada que me barrió y que me hizo caer al suelo estampando mi espalda contra la hierba húmeda, que por suerte amortiguó mi caída y no fue tan doloroso como si hubiera sido en tierra. Lo miré estando él desde arriba quien me miraba con cierta arrogancia para hacerme conocedora la una de las reglas: no mirar sus labios y mirar sus piernas. Fruncí el ceño molesta por ello, puesto que no había sido la única que había estado mirando los labios ajenos aunque no hice comentario alguno y me levanté quitando algunas hebras de hierba que tenía en los brazos y lo miré de forma fija. Me pedía que lo atacara y que le pegara, que lo intentara de verdad y si por alguna extraña razón no quedaba claro recalcó que me pidió pegarle, no besarlo. Gruñí por sus palabras siendo un engreído por ellas y algo en mi interior me dijo que se lo hiciera pagar, pero no iba a ser tan fácil y lo sabía, llevaba entrenándose toda su vida y yo apenas tenía nociones de nada. Sin pensarlo demasiado intentando canalizar toda esa rabia y toda esa ira que tenía me lancé a por él intentando asestarle golpes por lo que me había dicho como si no pudiera controlarme, como si él no hubiera estado mirando mis labios todo aquel tiempo. Esquivaba mis golpes con demasiada facilidad como si no le costara y es que al parecer poco le costaba golpearme de esa forma, fui a darle un golpe en su hombro pero se ladeó con rapidez y en consecuencia me dio un golpe que me hizo caer al suelo de nuevo.

Esta vez mis manos amortiguaron mi caída y bufé ladeando mi mirada para verlo sobre mi hombro con una sonrisa arrogante mientras me esperaba, en todo el rato que llevaba había sido incapaz de tocarle siquiera un poco por más que lo intentaba. Era rápido y esquivaba siquiera antes de que yo llegara como si leyera mis movimientos, me levanté y volví a girarme de nuevo contra él para pegarle pero esquivaba cada uno de mis golpes sin siquiera tocarme y sin yo llegar a rozarle, de nuevo otro golpe más y caí al suelo, y así una y otra y otra vez. No sabía ya cuántas veces había caído al suelo ni las que me había levantado, llevaba las rodillas y las piernas con rasguños de las caídas, toda la ropa manchada con la hierba del lugar de las veces que me había tirado al suelo y mi respiración era entrecortada por el esfuerzo... cada vez que me tiraba al suelo daba un puñetazo y me levantaba para volver a intentarlo, no me cansaba, mi orgullo, terquedad, cabezonería y tenacidad no me lo permitían y no quería que pensara que se lo había dicho por decir, por poner una excusa, quería saber defenderme. Me cansaba porque no estaba acostumbrada a ese tipo de ejercicio y sin embargo él parecía igual de fresco como si acabáramos de empezar en esos momentos. Gruñí ante su provocación, no dejaba de provocarme para ver si conseguía intentar acercarme a él o si intentaba darle pero me costaba, muchísimo, y eso que le atacaba con todas mis ganas y todas mis fuerzas.


-¡Joder! –Exclamé un poco cansada ya de que se burlara de mí de esa forma, de hacerme ver lo débil y patética que era que ni siquiera podía rozarle, le asesté un golpe que de nuevo esquivó pero esa vez no supe cómo ni de dónde salió pero como si algo en mi interior me guiara cuando se apartó veloz como siempre hacía mi otra mano, la derecha, se fue hacia el lado donde él se había movido para evitar el golpe y fue cuando sentí que su mano apresaba mi puño parando el golpe que iba directo a su cara, me hizo una llave bloqueando cualquier movimiento por mi parte que me dejó con el brazo a mi espalda y su pecho pegado a mi espalda mientras con la otra mano inmovilizaba mi rostro hacia atrás para que no me moviera. Mi respiración era errática en ese momento y él se había movido por acto reflejo reduciéndome en cuestión de dos segundos, mi pecho subía y bajaba con rapidez sintiendo su aliento en mi cuello y apenas un par de segundos después me soltó en donde yo llevé mi mano a mi hombro y me giré para mirarlo, aparté unos mechones de mi pelo que se habían pegado a mi rostro por el sudor y lo miré esperando que era lo que tenía que decir- dilo, di lo que tengas que decir –la abismal diferencia entre ambos estaba más que clara, sin embargo era mi primer entrenamiento y aquello no había hecho más que empezar- si pretendes que me rinda, que me canse o que desista te diré que buscas a la persona equivocada. No voy a cejar en mi empeño, no hasta que consiga golpearte y te sea complicado parar mis golpes –sabía que de eso aún quedaba un largo camino, pero yo era tenaz y decidida y no pararía hasta cumplirlo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun Ago 14, 2017 3:53 am

“¿entonces puedo dormir en su cama si quiero? “
No rugí antes de empezar a recibir el intento de golpes de Yunaleska, todos ellos frustrados pues yo con sendas manos a la espalda en señal de que no pensaba atacarla, esquivaba uno a uno sus envites sin borrar esa sonrisa arrogante de mi rosto.

No por ello se rindió, admito que su tenacidad era tan atrayente como su propia fisonomía, se volvía a levantar para atacarme una y otra vez pese a que sus rodillas y brazos sangraban por los golpes que se había dado contra el suelo.
La observé, no sabia luchar pero parecía aprender rápido, como si los movimientos que yo hacia se le quedaban en la retina clavados y pocas veces podía sorprenderla con el mismo movimiento dos veces.
Tal fue así que finalmente logro golpear mi hombro derecho, claro que cuando fue a darme en le rostro saqué de detrás de mi espalda la mano y detuve su puño. Con una presa la inmovilicé, su espalda contra mi pecho, su brazo retorcido y de nuevo esa maldita sensación de ardor que recorría mi cuerpo cada vez que nos tocábamos los dos.
Mi hombría creció golpeando la parte baja de su espalda, amoldándose a sus nalgas, así que la empujé para que no notara mi patente excitación.

Unos frente al otro nos quedamos mirándonos, ella jadeaba contra mis labios ,de nuevo habíamos acortado la distancia y nos observamos fijamente como si hubiera algo mas que reclamarnos.
Sus labios mi obsesión, allí centre mis verdes aun sabiendo que podía regalarme algún que otro mordaz comentario.

La escuche, me dejaba claro presa de la ira que no iba a permitir que pensara ni por un momento que se iba a rendir.
-No hago esto para que te rindas, lo hago para que aprendas -me dejé caer sobre la hierba pidiéndole que hiciera lo propio a mi lado.
-Un combate consta de dos partes principales, el ataque que es l oque has estado haciendo tu, o intentando -bromeé con una ladeada sonrisa -y la defensa, lo que he estado haciendo yo.
Si descuidas la defensa estas muerto, pero si no atacas no mataras jamas a tu adversario, así que tienes que dominar a la perfección las dos técnicas y saber fusionarlas en una.

Sus océanos se fundían en mis verdes y en ese instante todo lo demás carecía de importancia a decir verdad.
-Llevo una vida entera entrenándome, soy una maquina, fui creado para ser el recipiente de un ángel, eso es lo que crece en mi interior, eso es lo que has visto en ocasiones tomar el control y te lo cuento porque se que el bocazas de mi hermano ya te ha hablado de ello.
Alcé mi camisola mostrandole el sello de mi vientre, un circulo alrededor de mi ombligo con distintas runas marcadas a fuego en mi piel.
-Esto evita que salga y se apodere de mi por completo, según las leyendas que me contaron de niño cuando encuentre a un demonio emergerá de mi interior, el sello se romperá y tomará el control de mi cuerpo por completo ¿lo entiendes?
Mi hermano y yo no somos dos personas normales que puedan tener una vida normal, somos dos experimentos en búsqueda y captura.
La inquisición nos quiere recuperar y por eso no dejamos de viajar, a nuestro lado no encontraras mas que problemas.
Te enseñaré a defenderte, después tendrás que irte porque en nuestro camino no existe la paz y dudo que tu quieras vivir en guerra eterna.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun Ago 14, 2017 1:54 pm

Le había provocado antes de que empezáramos a luchar y lo sabía de sobremanera, lo sabía porque había rugido un “no” que me dejaba más en claro que lo que había dicho en el comedor se refería claramente a dormir con él y no que era su aprendiz y él mi maestro. Dejé de pensar por un momento en que lo tenía cerca y me centré en intentar darle algún golpe, él tenía sus manos tras su espalda dándome a entender que solo iba a parar mis golpes si es que lograba darle en vez de atacarme, solo se iba a centrar en defenderse. No conseguía darle y eso me frustraba aún más porque por mucho que me esforzaba era como él supiera por mis gestos o por mis movimientos dónde iba a darme y me esquivaba con una facilidad que me enervaba. No conseguía darle y de vez en cuando me daba un golpe que me hacía caer al suelo. Tenía las rodillas con rasguños, los codos con rasguños también y empezaba a cansarme debido a que no estaba acostumbrada a hacer algo como eso, sin embargo no me rendí ni me di por vencida en ningún momento, tenía que demostrarle que era lo que quería y que no me iba a rendir ante el primer obstáculo.

Él llevaba toda su vida seguramente entrenando para eso, se movía con gracilidad y la sonrisa burlona de su rostro no desaparecía en ningún momento mientras yo solo pensaba en atacarle y en poder rozarle o darle aunque fuera una vez, aunque quizás para el primer día fuera incluso hasta demasiado. No sabía por qué pero sus movimientos empezaron a quedarse en mi memoria, quizás era fruto de la memoria eidética que tenía en la que empezaba a reconocer el patrón que utilizaba para esquivarme y parecía que le costaba sorprenderme un poco más. Me faltaba muchas cosas: agilidad, precisión, soltura, fuerza, rapidez... pero para ser la primera vez pensaba que no lo estaba haciendo nada mal. No fue cómo lo hice, no porque salió solo como si algo me empujara a hacerlo, que me moví cuando se fue a esquivar y mi puño dio contra su hombro, acto seguido se movió para darle en el rostro pero su mano se movió veloz y paró mi puño, me hizo una llave que me dejó inmovilizada contra su pecho pegando mi espalda a este sin dejar moverme.

Tenía la respiración entrecortada por el ejercicio que había hecho, el sudor perlaba mi frente y sentía que me picaban las rodillas y los codos de las heridas pero no me quejé. Cerré los ojos cuando me dejó inmovilizada y puse sentir su calor recorrer todo mi cuerpo, tentándome, llamándome, empujándome hacia él para que fuera y me pegara a su cuerpo. Sentía su pecho subir y bajar contra mi espalda mientras su aliento daba en mi cuello y un escalofrío recorría todo mi cuerpo por ese acto, calentándome como si no hubiera otra reacción posible cada vez que estaba cerca de él. Me soltó finalmente del agarre y me giré para mirarlo de forma fija, nuestras respiraciones chocaban de nuevo la una contra la otra en nuestros labios, nos mirábamos de forma fija como si quisiéramos decir todo y a la vez no dijéramos absolutamente nada de nada. Sentí sus ojos puestos fijos en mis labios y los mordí de forma inconsciente como respuesta, los quería, los deseaba y eso me estaba matando lentamente por dentro de deseo. Todo me hacía ir hacia él y me era difícil controlarme, sin embargo conseguí salir del embotamiento y le dejé claro que no iba a rendirme, que no iba a obtener eso por mi parte en ningún momento. Aseguró que no lo hacía por eso y se dejó caer en la hierba sentándose, dio unas palmadas a su lado indicándome que hiciera lo mismo. Asentí con la cabeza ante sus palabras, ataque y defensa, algo que tenía más que claro.


-¿Vas a enseñarme primero a atacar y luego a defenderme, o vas a ir alternando? –Mis ojos se fijaron en los suyos verdes, era como si un imán me impidieran apartar la mirada de sus ojos o de su boca, pero hacía el esfuerzo para que no se notara demasiado y él prosiguió explicando. Por primera vez me hablaba de forma que no fueran gruñidos o bufidos, sin estar enfadado como lo había estado siempre y me centré en lo que me decía. Muy resumido me contó cómo había sido su vida y también me dijo lo que era, tenía razón, Raziel ya se le había adelantado y eso me hizo sonreír un poco. Me fijé en sus manos cuando las llevó a su camiseta y la alzó dejando ver aquel círculo del que había visto salir la luz anoche, mi vista no solo se fijó en el círculo y sus runas marcadas a fuego en la piel, sino que se fijó en todo lo que me dejaba al descubierto como si me quedara embobada viéndolo. Él me explicaba que evitaba que se apoderada de su cuerpo y alcé mis ojos a los suyos de nuevo, lo miré sin entender cuando dijo lo del demonio que liberaría su sello- ¿demonios? ¿Por qué un demonio si lo que tienes es un ángel? –No entendía nada de lo que me decía, ¿ángeles, demonios?- Hacía dos días ni siquiera sabía que existían los vampiros, y ahora me encuentro con que los ángeles y demonios también son reales... –lo miré de forma fija durante unos segundos dejando que terminara de decir lo que tuviera que decir y me mordí el labio, quería hacerle muchas preguntas ahora que sabía lo de su ángel, pero lo del demonio me había desconcertado. ¿Por qué entonces mi marca ardía, por qué me dijo que era suya?- ¿Puedes comunicarte con el ángel? –Mis dedos fueron, sin preguntar, hacia las marcas de su piel y las rocé notando la piel caliente bajo mis yemas, recorrí la piel y noté que se tensaban sus músculos bajo mi toque así que aparté la mano- ¿por qué crees que me dijo eso, te había pasado alguna vez? –Todo eran más y más preguntas, todo parecían no tener una salida del todo y se enredaba más y más- el uno que llevas tatuado –sí, me había fijado en el número marcado en su nuca, donde yo también tenía una marca, dos alas negras- ¿es por... bueno, ser el único que lleva un ángel en su interior? ¿Por eso no me quieres cerca de ti? –Acabé preguntando, la pregunta salió de mis labios antes incluso de poder controlarla, mi mano fue al colgante de nuevo, no sabía por qué pero de alguna forma me tranquilizaba cuando lo hacía y ahora que lo tenía tan cerca, y que me costaba tranquilizarme, me veía bien- Quizás no puedo entender vuestro modo de vida, que viajéis de un lado a otro aunque lo comprendo si estáis siendo perseguidos. Yo he pasado toda mi vida encerrada aunque nadie me perseguía, al menos vosotros habéis tenido libertad –miré hacia otro lado, era la conversación más larga que estaba teniendo con él desde que me había rescatado anoche salvándome de esos vampiros- antes le he pedido a tu hermano si podría traerme algo de ropa para entrenar, ya sabes, pantalones y esas cosas... –volví mi mirada a él- pero no me fío demasiado de él –le sonreí de forma leve- ¿podrías encargarte tú de eso? No quiero ir pidiéndoos ropa constantemente porque me para enorme –hice alusión a lo que llevaba, que era lo más “pequeño” que había encontrado Raziel- y porque en vestido dudo que sea recomendado entrenar. ¿Me harías ese favor, Samael? –Pedí con amabilidad  mirándolo de forma fija, estábamos hablando bien y quizás me trajera lo que le pedía- ahora entiendo lo que me decías de cuidar a un niño, tú hermano es más... –busqué la palabra- inmaduro que tú. ¿Nunca te has divertido, te has permitido despreocuparte aunque fueran por unas horas? Sí, lo sé, os persigue la inquisición y estáis en búsqueda en captura pero... ¿ni siquiera un par de horas, nada? –Pregunté mirándolo de forma fija- que te diviertas no quiere decir que te vuelvas borracho como tú hermano, o totalmente irresponsable. Deberías de darte un respiro, no tan extremo como tú hermano, pero quizás te venga bien. Reírte, despreocuparte por un momento, desestresarte... –eso se me había quedado a fuego, era imposible que le costara tener a cualquier mujer con lo atractivo que era, con ese magnetismo que poseía- Sé que crees que soy una chiquilla consentida y que soy igual de irresponsable que tú hermano, pero te voy a demostrar que soy mucho más madura de lo que te piensas –le sonreí y me levanté tendiéndole mi mano, pensé que no la iba a aceptar por la forma en la que la miró pero... me sorprendió que la tomó y tiré de él para levantarlo- ¿Sabes? Cuando no tienes el ceño fruncido, ni das gruñidos ni bufidos es... agradable hablar contigo, no pensé que pudiera mantener una conversación normal contigo y sin embargo lo estamos haciendo –nuestras manos seguía tomadas como si fuéramos incapaces de soltarnos perdidos en los ojos, y en los labios, del otro- creo que eres como una caja de sorpresas, Samael, y me muero por saber qué más escondes -¿declaración de intenciones? Podría ser. Me producía mucha curiosidad ese halo de misterio que lo envolvía, Raziel era mucho más transparente pero ¿Samael? Parecía hermético y cerrado, y eso me llenaba de una curiosidad extrema.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun Ago 14, 2017 5:42 pm

Dejé escapar el aire lentamente por mis labios, sabia que era complicado de entender todo aquello para una simple humana que había vivido toda su vida ajena a que existían las fuerzas del mal.
-En teoría he sido creado para paliar ese mal ¿entiendes? Mi ángel es un arma peligrosa, no siento que sea un tipo blanco que predica la palabra de dios, si no un guerrero capaz de hacer frente al mal con la misma oscuridad que estos ejercen.
Por eso en teoría se abrirá el sello cuando un demonio tome forma frente a el, para darle muerte, al menos eso es lo que me han contado -dije encogiéndome de hombros sin mas.

Yo no conocía la historia de mi ángel, no es que fuéramos amigos precisamente y nos fuéramos juntos de copas a contarnos las cosas, el anidaba en mi interior y buscaba emerger a toda costa, yo intentaba mantener mi propia razón y no permitirle apoderarse de ella y en ese duelo eterno nos encontrábamos los dos.
Claro que a él no le interesaba que su recipiente muriese, así que cuando estaba en peligro emergía, me salvaba y con ese acto se salvaba a si mismo de forma egoísta.
-No, no puedo hablar con el ángel, de normal soy yo excepto en ocasiones que él toma el control y dice lo que quiere, no se porque te dijo eso, no conozco su historia, quizás le pongas un poco -apunté sin darle mayor importancia a esta ultima reflexión.

No tardó en preguntar sobre el 01 que tenia grabado en el cuello.
-Si, soy el primer recipiente al que rellenaron o al menos eso sé, el resto de experimentos no llegaron a completar su transformación pues el experimento se descontrolo y quisieron acabar con todo, no dejar pruebas de la existencia de los monstruos que ellos mismos habían creado.
Gracias a una de las monjas que se dedicaba a cuidarnos logramos escapar con vida...lo demás es una larga historia llena de huidas.

Negué al escuchar lo siguiente que me decía.
-No te quiero cerca porque mi ángel a tu lado toma fuerza, no se porque sucede, peor sucede.
No le conté todo, ese deseo que me empujaba hacia ella, como sentía el ángel retorcerse en mis entrañas con su cercanía, con su voz, con la calidez de su aliento en mis labios.
-También pienso que esta vida que llevamos no es para ti, que solo te traeremos problemas, ademas de que como te he dicho ya cargo con un crio, no necesito dos, gracias.

Escuché que ella había pasado una vida encerrada, que al menos yo había gozado de libertad.
-Esto no es libertad -atajé sin mas.
Yunaleska me pidió ropa,, algo que pudiera resultar cómodo para entrenar.
-Puedes venir conmigo a la ciudad, probarte, elegir la ropa que te encaje, yo no entiendo mucho de ropa femenina, es mejor que la elijas por ti misma.

Ladeé la sonrisa cando dijo que Raziel era un inmaduro, a mi forma de verlo los dos lo eran, ella no se había comportado de forma muy madura tampoco cuando yo le dije que se largara y ella me dijo que no, ni cuando me tiró el almohadón al sofá.
-No, nunca me he divertido, mi hermano copa toda la inmadurez que podemos acaparar entre los dos, así que yo tengo que añadir ración doble de madurez si no quiero que acabemos muertos o algo peor, presos.
La dama parecía sorprendida por mis palabras.
-No, ni unas horas, nada de nada, no me divierto, ocupo mi tiempo en planear los golpes que daremos, en pensar donde iremos después y en asegurarme que todo sale bien mientras permaneceremos en un sitio, no tengo tiempo de desestresarme, ni siquiera una hora.

Me tendió la mano con un propósito de buena enmienda, demostrarme que no era tan irresponsable como Raziels, sinceramente no la creía, pero supongo que tampoco tenia mas opción que comprobarlo, ahora vivía en mi casa.
Alargué la mano y tomé la suya para ponerme en pie, justos sin soltarnos emprendimos el camino hacia la cabaña de nuevo,
También yo me sentía cómodo conversando con ella pero tampoco pensaba decírselo, tenia claro que esto tenia que acabar antes de que nos largáramos de París hacia nuestro siguiente destino y confraternizar nos complicaría las cosas a ambos.
Le hubiera dicho que yo también quería conocerla, que realmente quería pasar un día de risas a su lado, beber, bailar, hacer todas las cosas que nunca había podido hacer, ser libre...pero eso era una utopía, mi realidad era esta y nada ganaría haciéndole saber que con ella necesitaba algo mas que una vida ordenada, una no vida.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Ago 15, 2017 12:33 pm

Si en algún momento habría podido pensar que ese hombre cuadriculado, ordenado, hermético y cerrado pudiera mantener conmigo una conversación con la que manteníamos en ese momento los dos... no me lo hubiera creído. Parecía tranquilo y calmado y por primera vez desde que me había salvado de aquel vampiro parecía que me respondía a todas y cada una de las preguntas que le formulaba, fuera cual fuera. Estaba sacando más en ese momento de él que en todo lo que llevábamos juntos y la verdad es que era todo un logro teniendo en cuenta que se había pasado todo el tiempo gruñendo, bufando y maldiciendo. Por fin obtenía algunas respuestas aunque no todas las que quisiera, las más importantes de todas y que no le había dicho porque dudaba que me las respondiera si sabía la respuesta, seguían ocupando mis pensamientos y mi mente. Me había contado lo que le habían hecho y que en su interior llevaba un ángel, uno que en cuanto se cruzara con un demonio tomaría control de su cuerpo y lucharía contra aquel mal... no entendía nada, ni por qué la Inquisición habría querido poner en su interior un ángel ni por qué este debía de luchar contra un demonio. Aunque siempre se habían contado historias sobre ángeles y demonios, que un día los demonios bajaron a poblar la tierra causando caos allá donde iban, y que fueron los ángeles quienes los contuvieron... historias viejas y antiguas que Alistair siempre me había contado.

Él decía que no podía comunicarse con su ángel y que no sabía por qué me había dicho esas palabras, que era la primera vez que le pasaba y lo miré cuando dijo que quizás es que le gustaba al ángel, a lo que no hice alusión alguna. ¿Podría ser eso? ¿Por qué me había dicho que era suya, entonces, y que me había estado buscando? No entendía nada sin embargo algo en mi interior me había empujado hacia él, me empujaba y no sabía por qué como si algo en mi interior quisiera rebelarse y no pudiera. ¿Por qué mi marca ardía cuando se convertía o emergía el ángel, qué relación guardaba con él si es que la tenía? Preguntas, preguntas y más peguntas para las que no tenía respuesta. Lo miré de forma fija cuando dijo que era el único que tenía un ángel en su interior y me pregunté qué les habría llevado a hacer algo tan horrible, preguntándome cómo sería tener un ser divino en el interior que quería apoderarse de su cuerpo... ese pensamiento hizo que mis dedos fueran al colgante que tenía, no sabía por qué pero siempre que pensaba en Samael mis dedos iban de forma inconsciente al colgante y lo acariciaba. Dijo que se habían salvado gracias a una monja y que desde entonces habían ido de un lado para otro. También me dijo que su ángel cobraba fuerza cuando yo estaba cerca y que, por ese mismo motivo, no me quería cerca. El caso es que algo dentro de mí a él sí lo quería cerca, y no podía explicar por qué.


-¿Puedo ir a la ciudad contigo, de verdad? –Pregunté con cierto tono de ilusión, él me miró sin comprender a qué venía ese estado de mi parte y me mordí el labio- nunca he ido a la ciudad –reconocí mirándolo, cuando decía que había pasado toda mi vida encerrada no mentía, no había pasado más allá del templo o de aquella montaña porque Alistair no me dejaba salir tanto al exterior- Alistair no me dejaba bajar a la ciudad, de hecho no he salido nunca de este bosque –miré a mi alrededor durante un par de segundos y luego centré mis ojos en él- no sé por qué no me dejaba bajar a la ciudad, solo puedo decir que me decía que era demasiado peligroso para mí y que no quería correr ese riesgo conmigo... –hice una leve pausa- hay muchas cosas que no entiendo y ahora que se ha ido jamás podré preguntarle, aunque siempre que lo he hecho nunca he tenido una respuesta clara de su parte, cada vez que intentaba escabullirme me pillaba y me encerraba durante días a modo de castigo para que aprendiera, pero en realidad nunca aprendía porque siempre me tenía encerrada –es que era difícil tener un mundo frente a tus ojos y no ir a descubrir sus secretos- me gustaría acompañarte y ver la ciudad, no verla desde lo alto de una montaña encerrada en una habitación –cambié de tema porque no quería hablar mucho sobre ello, pensaba que Alistair me había escondido muchas cosas y ahora jamás las descubriría. Lo miré cuando dijo que nunca se había divertido y enarqué una ceja por ello sin creérmelo aunque... sabiendo cómo era tampoco me costaba mucho no creérmelo. Su vida se había regido por cuidar de su hermano y seguramente madurar a un ritmo muy rápido y ejercer de hermano mayor con Raziel, de ahí esa gran diferencia que había entre ambos- pero no puedes basar toda tu vida en planear todo eso, Samael, a veces surgen imprevistos –lo miré de forma fija, yo misma era un imprevisto en su vida- por mucho que habías planeado y pensado no contemplaste la opción de que yo me colara en vuestra vida y, sin embargo, aquí estoy, descuadrando tu cuadriculada vida y poniéndola patas arriba –sonreí de lado- deberías de divertirte un poco, aunque sean un par de horas, quizás te venga hasta bien para soportar toda la carga y peso que llevas sobre tus hombros –no pensé que fuera a tomar mi mano cuando lo hizo, pero lo hizo y nos quedamos mirándonos. Me costaba no querer averiguar y desentrañar todo aquello que escondía, todo aquello que guardaba en su interior y descubrir todas las sorpresas que sin duda encontraría en su interior... una fuerza mayor me empujaba a hacerlo, me pedía que lo hiciera y yo movida por la curiosidad que me embargaba lo haría, lo descubriría.



Volvimos sobre nuestros pasos por increíble que parezca tomados de la mano como si nos hubiéramos olvidado que estaban tomadas, sin embargo podía sentir el calor que esta desprendía y que me hacía morderme el labio cada vez que pensaba que bastaba con pararme, tirar de su mano hacia a mí, elevar mi rostro y apoderarme de sus labios. ¿Por qué sentía eso cuando estaba cerca de él? ¿Atracción? Pero... ¿tan fuerte? Era como si una fuerza superior me empujara hacia él una y otra vez, como si nos atrajéramos como polos opuestos –nunca mejor dicho- y no pudiéramos evitarlo aunque lo hacíamos con todas nuestras fuerzas. Sentía su mano fuerte sujetando la mía, podía notar su calor que me traspasaba y que me quemaba y sin embargo no quité la mano, sentía su tacto bien, demasiado bien como para perderlo aunque quería más, mucho más que simplemente cogernos de la mano. Solo me soltó cuando llegamos a la puerta de la casa y me mordí el labio con fuerza, no hice comentario alguno pero sentí la pérdida de su toque e iba a pedirle por más cuando me callé, quizás no era lo mejor aunque me moría porque su mano recorriera mi cuerpo, sentirlo pegada junto a mí... sacudí la cabeza despejando esos pensamientos y nos adentramos para ver Raziel se había tomado parte de su comida y había dejado la nuestra en la mesa, seguía teniendo hambre así que tras limpiarme con agua los rasguños quitando la sangre ya seca me senté frente a él en la mesa y, en silencio, terminamos de comer lo que había preparado.

Una vez terminamos recogí los platos y lo llevé todo a la cocina para fregarlo y dejarlo todo recogido, al fin y al cabo esa era mi labor y debía de cumplir con ella. Al salir al salón no había rastro de los dos hermanos así que me tumbé en el sofá y me puse a mirar al techo para luego levantarme y aprovechando que parecía que estaban durmiendo fui al templo donde recogí varias cosas del lugar, algunos vestidos, algunos libros y miré a Meeko, mi gato negro que me miraba como si supiera que me iba a ir, antes de que me fuera se subió a la caja donde llevaba algunas cosas y lo miré, quizás los hermanos no lo quisieran pero... era lo único que me quedaba. Volví a casa y los dos seguían durmiendo y a saber dónde porque no entré a buscarlos, dejé la caja en el salón y dejé algunos libros en las estanterías llenando algunos huecos, había cogido mis favoritos, y dejé los vestidos en una silla hasta que encontrara lugar donde dejarlos. Raziel fue el primero que apareció con cara de haberse despertado de la siesta y me miró, miró a mi gato y le dije que era lo único que tenía y que se llamaba Meeko, pareció no importarle pero quizás a Samael sí le importaba. Pensar en él hizo que mis dedos fueran al colgante y me mordiera el labio con fuerza, Raziel salió por la puerta alegando que volvería para la cena y se despidió de mí dejándome sola de nuevo y seguro que se iba a divertirse... lancé un suspiro y negué con la cabeza pensando en qué hacer.

Al final comencé a arreglar la casa para que Samael viera que cumplía con mi parte y antes de preparar la cena di una vuelta por los alrededores, resultaba que en la parte trasera de la cabaña tenían como una zona de... entrenamiento, por decirlo de algún modo. Habían en un pequeño cobertizo armas guardadas y como varias dianas fuera pintadas en la madera donde habían marcas de seguramente las dagas y las flechas que habrían lanzado. En su mayoría estaban casi todas en el centro y ninguna fuera de la diana, recorrí con mis dedos las marcas y me los imaginé entrenando, sobre todo me imaginé a uno de los hermanos entrenando y me mordí el labio con fuerza. ¿Por qué no dejaba de pensar en él y no me lo podía quitar de la cabeza? Su imagen me perseguía allí a donde fuera y las ganas de saber más podían conmigo. Acabé cogiendo alguna de las dagas que había por allí mirándolas entre mis dedos, era la primera vez que tocaba un arma en mi vida y sentir su tacto frío era algo a lo que debía de acostumbrarme. Me dio, no sabía por qué, por lanzar las dagas solo para darme cuenta de que no llegaban a la diana y si llegaban era muy lejos de esta. Mi puntería era nula, debía de admitirlo... ¿de verdad pensaba que Samael me entrenaría y me enseñaría parte de lo que él sabía? Era patética, lo reconocía, pero rendirme no era algo propio en mí. Así que junto a mi gato que me miraba desde un tocón donde había un arco y varias flechas comencé a lanzar las dagas, recogerlas y volverlas a tirar de nuevo. Fue en una de esas veces, cuando ya comenzaba a anochecer sin darme cuenta del tiempo que había cansado sintiendo los brazos pesados que me dolían por el ejercicio que estaba haciendo, cuando aparté el sudor de mi frente y al ir a lanzar la daga se me resbaló de la mano, con la mala suerte de que hizo un corte en la palma de mi mano del cual comenzó a manar sangre.


-Maldición –siseé por el picor que sentía cuando de pronto sentí que una mano tomaba mi muñeca, mi corazón dio un respingo por el susto para luego ver a Samael tras de mí, me giró para quedar de cara a él y mirar la herida que me había hecho en la mano de la cual seguía saliendo sangre, no supe de dónde lo sacó pero puso un trapo en mi mano y presionó mi herida, a lo que siseé levemente por el picor y luego subí mis ojos a los suyos verdes que me miraban con una ceja alzada- estaba probando mi puntería... pero veo que no es muy buena –miré hacia atrás de soslayo viendo las dianas y luego lo miré a él- supongo que no es muy buena idea empezar con las armas tan pronto, ¿verdad? –Pregunté mirándolo de forma fija, a esos ojos verdes que tanto me atraían.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér Ago 16, 2017 6:00 am

 “pero no puedes basar toda tu vida en planear todo eso, Samael, a veces surgen imprevistos  por mucho que habías planeado y pensado no contemplaste la opción de que yo me colara en vuestra vida y, sin embargo, aquí estoy, descuadrando tu cuadriculada vida y poniéndola patas arriba Deberías de divertirte un poco, aunque sean un par de horas, quizás te venga hasta bien para soportar toda la carga y peso que llevas sobre tus hombros  “
Esas palabras retumbaban en mi cabeza una y otra vez mientras miraba despierto el techo de mi habitáculo.
La cama inundada de su olor, resoplé, no podía ni siquiera pensar con claridad cuando la sentía tan cerca en este preciso instante aun sabiendo que estaba correteando por la casa haciendo las labores que necesitaba.

¿Divertirme unas horas? Eso era absurdo, alguien tenia que mantener la mente fría mientras el resto no lo hacia.
Mi hermano era un inmaduro, yo tenia que pensar en todo, organizar nuestra vida y estar atento de esos imprevistos de los que ella hablaba. Era cierto, ella había puesto mi vida patas arriba, por eso y con mas motivo tenia que centrarme en las cosas, si antes el peligro residía en la inquisición y en sobrevivir siendo unos fantasmas, ahora a eso tenia que unir una mujer desconocida que de algún modo parecía estar ligada a mi ángel y que era perseguida por vampiros.
¿Divertirme? No era el momento de divertirme.

Finalmente me quedé dormido, no desperté hasta bien entrada la tarde, al salir de mi habitación no había nadie, en principio pensé que la joven se había bajado con Raziel a divertirse a la ciudad, la verdad es que una punzada de celos me carcomió por dentro, tensé la mandíbula y apreté los puños, pero el ruido del exterior me hizo encaminar mis pasos hacia las caballerizas.
Apoyé mi brazo en el marco del portón, mis ojos desfilaron por el cuerpo de esa mujer de ojos claros y dorado cabello que entrenaba sin rendirse lanzando los cuchillos contra una diana que nosotros utilizábamos de vez en cuando.

Guardé silencio, me gustaba la tenacidad de esa mujer, me atraía muchísimo su cuerpo, era como si una fuerza invisible tirara de mi hacia ella, la idea de hacerla mía sobre el heno tomaba fuerza, como si no fuera capaz de pensar en nada mas.
Cerré los ojos con la respiración agitada intentando acallar mi interior, el ángel deseaba tomarla, lo peor es que era un deseo compartido conmigo.

Su quejido fue lo que me hizo despertarme de la ensoñación de mi cuerpo sobre el suyo, me acerqué tomándola de la muñeca para observar la herida que se había hecho con el cuchillo.
Tomé un trapo limpio que había sobre una de las mesas y cubrí su mano para parar la hemorragia.
Ladeé la sonrisa al escuchar lo que decía, que debería dejar las armas para mas adelante.
-Si quieres mantener la mano enganchada al brazo creo que seria lo suyo -apunté con una divertida sonrisa.

Tiré de ella para llevarla al comedor, allí tenia algunas cosas para poder curar la herida mejor.
La llevé la baño, tomé una petaca con alcohol, dejando escurrir un chorro sobre la herida, esta siseó gimoteando ligeramente por el dolor.
Ladeé la sonrisa y acerqué mis labios soplando sobre la herida como si fuera una niña pequeña.
-¿mejor? -pregunté lazando la mirada hasta sus azules.
Tomé una venda y empecé a deslizar la tela por encima, acariciaba la piel de la joven, quemaba, me volvía loco por completo.
-Pensaba que te habías ido a beber con mi hermano -confesé.






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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Ago 16, 2017 1:13 pm

No me había dado cuenta de las horas que habían pasado desde que estaba allí enfrascada en aquella diana, sin saber por qué me había dado por ponerme a lanzar los cuchillos en un vano intento de mejorar mi puntería. Sabía que era la primera vez que lo hacía y que me llevaría mucho tiempo manejar aquello y darle en el centro, o al menos en lo que era toda la diana porque por el momento no pedía más, y no las marcas que estaba haciendo fuera de esta misma. Cogía los cuchillos, los lanzaba e iba a por ellos para volver a lanzarlos de nuevo. Bueno, desde que había empezado al menos estos ya llegaban a la diana aunque se quedaran por fuera del espacio pintado donde estaban todas las marcas, en un día era imposible conseguir lo que yo quería, requería de constancia y de práctica pero en algún momento se debía de empezar por aquello. Samael me dijo que debía de empezar a atacar y a defender pero no me había dicho nada de las armas, en el fondo había pensado que si luego cuando me fuera a enseñar veía que ya sabía algo quizás me tomara más en serio, quizás pensara que no era la niña infantil e inmadura que él creía que era, igual que su hermano Raziel. Nada mejor que el día a día para hacerle saber que las cosas no eran así, que distaba de ser como su hermano.

Ya empezaba a oscurecer cuando estaba cansada, los brazos me dolían de llevar horas haciendo lo mismo pero sin dolor no había recompensa, sin sacrificio de nada valdría el esfuerzo. Limpié el sudor que caía por mi frene y que hacía que mi pelo se pegara a mi cuerpo, la respiración un poco entrecortada por el ejercicio y fue entonces cuando en un descuido, totalmente torpe por mi parte, fue que no cogí bien el cuchillo y este se me resbaló. Por acto reflejo quise cogerlo para que no cayera al suelo con la mala suerte de que me cortó por completo al escapárseme de la mano y eso hizo que siseara por el dolor viendo el corte que me había hecho en la mano. Genial, mi primer día y ya tenía el primer corte gratuito hecho por una imprudencia de mi parte. Fui a coger algo para parar la hemorragia de la sangre cuando no sentí que había alguien más en el lugar, una mano firme y fuerte cogió mi muñeca y me giró provocándome un pequeño susto, para darme cuenta de que era Samael el que había cogido mi mano y di un pequeño respingo por la cercanía tan abrupta sin ser consciente de ello. Miró la herida de la mano y no supe de dónde pero sacó un trapo que puso en la herida para parar la hemorragia mientras yo me medio disculpaba y explicaba lo que había pasado ante su ceja alzada, con sus verdes en los míos.

Me dijo que sería lo suyo si quería mantener la mano enganchada al brazo, eso había sido una completa broma y me lo quedé mirando mientras él examina más de cerca la herida ahora que había quitado parte de la sangre que había en la palma. Me lo quedé mirando un poco sin creerme del todo que me hubiera gastado aquella broma con esas palabras, pero sobre todo tras el gesto que hizo cuando lo dijo. ¿Aquello había sido una sonrisa, una sincera, por su parte? ¡Santo joder! ¿Era posible que me pusieran nerviosa hasta sus malditas y sexys sonrisas? ¿Había dicho sexy? Pues sí, la verdad es que aunque no le pegaba demasiado porque siempre se le veía tan serio, tan cuadriculado y metódico que una sonrisa me había descuadrado por completo... joder, debía de hacer eso más veces... o quizás no porque entonces jamás quitaría la vista de sus labios y bastante me llamaban ya como para que pintara ese tipo de sonrisas en ellos. Sin decir mucho más me llevo hacia dentro de la casa y yo me dejé llevar siguiéndolo observando su espalda marcada por la camiseta que llevaba mientras sentía el calor que su mano desprendía en mi muñeca. Entramos en la casa y me llevó directamente al aseo donde vi que sacaba una petaca y lo miré enarcando una ceja.


-¿Qué es lo que...? –No me dio tiempo a preguntar porque echó aquel líquido sobre la palma de mi mano, ya sin el trapo y viéndose el corte que tenía, y siseé al darme cuenta de que era alcohol y que picaba y escocía bastante. Siseé y aparté un poco la mano pero su agarre era bastante firme y apenas la moví un poco, fue un acto reflejo como hubiera tenido cualquier otra persona. No dijo nada, tan sólo vi frente a mí aquella sonrisa ladeada que puso centrándome en sus labios y mis ojos recorrieron el camino que hizo hasta que los puso cerca de mi palma, sopló para que dejara de picar y de escocer sintiendo su aliento contra la herida... sagrado infierno, ¿mejor? ¿De verdad me preguntaba si estaba mejor después de aquello? Su aliento había erizado cada vello de mi cuerpo y un calor se arremolinaba en el centro de mi cuerpo por su cercanía, mi cuerpo ardía en necesidad de que me tocara, de sentir su aliento recorriendo mi piel, sus labios besando los míos, sus manos acariciándome... era pensarlo y una fuerte corriente de deseo me atravesaba todo el cuerpo, mordí mi labio con fuerza cuando sus ojos se quedaron fijos en los míos y apreté mis muslos con fuerza sin que él lo notara- ... sí, mejor... –dije mirándolo aunque me hubiera gustado decirle “en realidad no, salvo que dirijas tus labios hacia otra parte de mi cuerpo...” Me mordí con más fuerza los labios mientras él cogía unas vendas y lo miré cómo ponía esta encima de la herida que me había hecho y de forma suave comenzó a envolver mi mano sintiendo el calor de la suya en cada roce que me proporcionaba. Mis ojos subieron para mirarlo al rostro cuando hizo aquella confesión, ¿por qué tendría que haberme ido con su hermano? No era él el que me volvía loca, claro que eso era algo que él no debería de saber bajo ninguna circunstancia y era un dato que jamás saldría de mis labios- ¿por qué debería de hacerlo? -¿Eso le había molestado, quizás? No era con Raziel con quien quería estar, no eran los secretos de Raziel los que quería desentrañar... sino los suyos, a él... pero eso tampoco se decía- te dije que era más madura que tú hermano –fue lo primero que se me ocurrió decirle frente a ese tema- además, nunca he bebido nada de alcohol –reconocí porque era verdad, Alistair no era dado a beber y por eso mismo yo no había probado el alcohol nunca- así que intuyo que empezar a hacerlo con tú hermano no sería una buena idea, dado como llegó ayer y seguramente lo propenso que es para irse a beber todos los días podría acabar muy mal –miré como terminaba de acabar de vendarme la mano y deseé que no terminara de hacerlo y que no se acabara nunca aquel momento- además de que estaría descuidando mis labores, dentro de poco tengo que hacer la cena, ¿quieres algo en especial? –Alcé mis ojos a los suyos mientras aquel momento se acababa y la mano ya estaba vendada por completo, sus ojos subieron a los míos y por unos momentos nos quedamos los dos así, mirándonos en silencio en aquel lugar con esa atracción y ese magnetismo que ejercía sobre mí. Su pulgar se deslizaba por la venda que había puesto sin soltar mi mano y yo no hice nada por apartarla ni retirarla de la suya, mordí mi labio y como acto reflejo él lamió los suyos y entonces mis ojos se centraron en sus labios, deseaba tanto tomarlos y hacerlos míos... sí, míos. Míos y de nadie más. Los quería, quería reclamarlos por y para siempre y no sabía de dónde salía aquella parte dominante que quería marcarlos en posesión. Si me contestó o no sobre lo que quería que le hiciera de cenar no me enteré centrada solamente en él- Samael –su nombre salió de mis labios sin previo aviso así que cuando sus ojos me miraron esperando a que continuara me vi sin saber qué decir exactamente- gracias por... bueno, por todobésame, tendría que haberle dicho sin embargo no salieron esas palabras de mis labios notando que nos acercábamos cada vez más sintiendo ya su aliento contra el mío como si no pudiéramos evitarlo... el momento se vio roto en aquel momento con un maullido que nos hizo separarnos como una maldita intervención que nos hizo separarnos un poco y mirar hacia abajo- Meeko –dije llamando al gato que nos contemplaba a los dos moviendo el rabo- es mío, este pequeño me sigue a todas partes no importa donde sea –dije mirando al gato negro y luego mirarlo a él intentando controlar la respiración y volver a la normalidad, si es que con aquel hombre era posible- mmm, ¿qué decías que querías para cenar? Voy a empezar a preparar ya la cena, si quieres puedes mirar y... no sé, te enseño algún truco –sonreí de lado- quizás te venga bien, tú me enseñas yo te enseño –dije saliendo por la puerta del baño cerrando los ojos ahora que no me veía, santo cielo, casi habíamos estado a punto de besarnos y mi corazón latía con rapidez y velocidad extrema- ¿cuándo vamos a ir a la ciudad? –Pregunté adentrándome en la cocina poniendo en orden mis pensamientos, mis emociones y mi cuerpo aunque este último era más difícil- quizás puedas enseñarme tú cuando vayamos a beber –me giré para mirarlo en la entrada de la cocina, apoyado contra el marco de la puerta y me mordí el labio- ¿Y bien, qué será esta noche? –Pregunté sacando las sartenes y demás para centrar mi mente en algo y no pensar en que lo tenía a unos pocos pasos mirándome.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Ago 17, 2017 2:19 pm

Durante unos instantes nos quedamos mirándonos fijamente, como si el tiempo, el espacio, todo se hubiera detenido frente a nosotros y solo existiera el incesante ruido de nuestras respiraciones.
Mis dedos acariciaban de forma inconsciente su mano, era como si estuviéramos hechos para encajar de un modo ilógico, demencial.
-Porque según tu mi hermano es mas divertido -apunté sin dejar de mirarla -y yo soy insoportable -apunté recordando sus palabras.

Esta negó asegurando que ella era mas madura que Raziel, que prefería quedarse haciendo las labores de la casa, ademas que ir a beber con mi hermano era una mala idea.
-La peor -aconsejé sin apartar mis ojos de sus labios.
El sonido de un gato y la presentación que vino a continuación me hizo enarcar una ceja primero y fruncir el ceño después.
-¿También un gato? ¿No es suficiente con que cargue con un niñato, una chica que ahora en la ecuación aritmética y como si no tuviera suficiente, me metes un gato?

Me daba la sensación de que le gustaba verme cabreado, porque si yo era cuadriculado, algo que no le escondía y ella se empeñaba en llevar a mi casa el caos ¿que esperaba?
Ladeé la sonrisa cuando me dio las gracias, aun con nuestra mano tocándose y nuestros ojos sentenciándose a una condena eterna.
-Te ocuparas del gato -le instigué bajando mis ojos a sus labios, ella se mordió el inferior y como respuesta yo lamí los míos dejando después que el vaho los resecara de nuevo.

Resoplé ante su mirada, gesto que de seguro no pasó inadvertido, pero es que solo tenia ganas de empotrarla, algo que no podía hacer.
Ademas hacia mucho que no estaba con una mujer, fueron sus palabras las que de nuevo me ayudaron a centrarme y a dejar de divagar sobre lo placentero que resultaría perderme en su cuerpo, paladear el sabor de sus labios y enredarnos hasta que Raziel volviera.
-¿beber conmigo? Negué con la cabeza -no bebo, bueno un cerveza, una copa de vez en cuando, pero una..no bebemos demasiado ni de forma habitual. Me gusta el sabor pero tengo que mantenerme sobrio, así que no bebo como diversión, ya te he dicho que no me divierto nunca..solo trabajo.

Juntos fuimos a la cocina, la chef iba a ensañarme unos trucos, así que de un salto me encaramé a la bancada mirándola sacar las sartenes.
-Podemos bajar mañana después de comer a la ciudad, te puedes comprar algo de ropa y de paso pasaremos a por víveres para la semana.
Suelo cazar la carne, así esta mas buena, pero...lo demás lo compramos en las tiendas de París ¿te parece? Yo creo que antes de la cena podremos estar aquí.

La mire con una sonrisa ladeada, quería que yo eligiera la cena, pero la verdad yo aparte de hacer huevos, carne asada, arroz y ensaladas....
-Sorprendeme- apunté -¿ahora entiendes porque Raziel quería que te quedaras? -pregunté riendome- la cena estaba muy buena.

La vi cortar unos tacos de queso, lancé la mano robandole alguno mientras ella sonreía, tenia hambre.
-¿quieres que compartamos una copa de vino? Ya que dices que nunca has bebido...
Me bajé de un salto y serví un vaso con vino tinto, medio vaso no iba a subirle, así que..se le iría la cosa de probar lo de beber conmigo y las ganas de ante mi negativa irse con Raziel.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Ago 22, 2017 7:32 am

“Porque según tu mi hermano es más divertido” era una de las respuestas que había obtenido al por qué pensaba que me iría con Raziel a beber, no lo había hecho nunca y pensaba que empezar con su hermano sería algo bastante nefasto para mí porque él estaría mucho más acostumbrado que yo a hacerlo, sus ojos me miraban de forma firma y yo intentaba controlarme todo lo que podía mientras notaba que me terminaba de poner la venda en la mano por el corte que me había hecho intentando entrenar con armas, algo que quizás no debería de hacer puesto que solo llevaba un día de entrenamiento pero me había parecido que quizás fuera lo mejor, que avanzar un poco por mi cuenta le haría ver a Samael que iba totalmente en serio en mi petición y en lo que pudiera enseñarme... craso error, pero ahora ya lo sabía y él además también. Bueno, que Raziel era más divertido que él era algo que no hacía falta decir en voz alta, solo había que verlos a ambos en sus formas de ser para darte cuenta de ello, Samael era mucho más cerrado y hermético y su gesto normalmente siempre estaba fruncido, serio... y su hermano era todo lo contrario. “y yo soy insoportable” me mordí el labio ante la segunda respuesta de él mientras me miraba de forma fija. Lo era, yo se lo había dicho y eso no había cambiado en absoluto por el hecho de que algunas veces me lo parecía, claro que eso lo había dicho antes de que pudiera hablar con él en una conversación normal como la que habíamos tenido, porque antes había sido misión imposible y me había desesperado bastante cuando solo obtenía “sí” y mayormente “no” de sus labios junto a gruñidos y bufidos en mi dirección.

Me mordí el labio en esos momentos cuando ya había terminado de vendarme la mano pero sin embargo nuestras manos seguían todavía unidas la una a la otra, como si fuera imposible apartarlas del otro y nuestros ojos se quedaron enlazados en los del otro, con esa atracción y ese magnetismo que desprendía y que hacía que fuera incapaz de apartarme. Mi cuerpo entero ardía por su cercanía y lo que más quería y más deseaba es que me besara, que restara la poca distancia que había entre ambos, se inclinara y por fin sus labios besaran los míos. Lo deseaba tanto que era casi insoportable aguantar lo que quería que lo hiciera, o simplemente a mí me bastaría elevarme y buscarlo para poner fin a ese deseo que me recorría y que me estaba volviendo loca. Su pulgar acariciaba mi palma y yo solo podía pensar en lo que me gustaría que su cuerpo se apretara contra el mío, sentirlo cerca de mí, besándome, sus manos recorriendo mi cuerpo, sentir su piel contra la mía, que me desnudara entre besos y caricias y que me hiciera suya hasta saciar aquello que me empujaba hacia él como una fuerte corriente. Pensar aquello hizo que mis muslos se apretaran con fuerza intentando controlar el deseo que me provocaba aquel hombre, jamás había sentido nada igual y jamás había deseado tanto que me besaran... sería mi primer beso, pero deseaba que fuera él quien me lo diera.


-Tú hermano, a simple vista, es más divertido y no es algo que puedas rebatirme –dije como pude controlando la respiración que tenía un poco errática en esos momentos- estoy comprobando que no eres tan insoportable como pensaba en un momento... pero irme a beber con tú hermano creo que es una mala idea –él confirmó que sería “la peor” y me mordí el labio por ello pensando en si le habría molestado el hecho de que pensara que me podría haber ido con él, y si era así por qué le molestaba entonces. Quería demostrarle que no era una niñita como él pensaba, que era más madura de lo que parecía ser pese a que quizás fuera más joven que ellos dos, pero eso no tenía nada que ver. Mi gato hizo acto de presencia en ese momento y le expliqué que me seguía a todas partes, y que me había seguido hasta allí. Pareció un poco sorprendido por ello y su ceño se frunció ligeramente porque no le gustaría tener un gato en su casa pero ¿qué mal podría hacerle?- No he metido al gato, él me ha seguido hasta aquí... prometo que no te enterarás de que está, suele ser bastante independiente pero por alguna razón le gusta estar en mi compañía –mientras lo decía podía notar como Meeko se metía entre mis piernas, bajé la mirada para verlo y al subirla me encontré de nuevo con sus ojos fijos en los míos y luego en mis labios que mordí y él en respuesta lamió los suyos para luego resoplar, ¿a él le costaría tanto como a mí? Tenía que poner en esos momentos distancia así que aprovechando que era la hora de preparar la cena le pregunté qué quería mientras salíamos en dirección a la cocina donde en ese pequeño trayecto respiré con normalidad y comencé a sacar sartenes esperando que me dijera lo que quisiera, al levantar la vista dejando estas en el fogón lo vi sentado sobre la bancada y me mordí el labio, ese hombre era un pecado andante en todos los sentidos y yo solo quería tentar con él todo el rato- que te sorprenda... bien, entonces haré uno de mis platos favoritos –dije mirándole cuando dijo que la cena había estado muy buena- oh, gracias –dije centrándome en lo que tenía que preparar mientras decía de fondo que no solía beber mucho tampoco y buscaba lo necesario para preparar la cena, que no bebía de forma habitual- así que tú hermano se encarga de beber por los dos ¿no es así? –Lo miré de reojo sacando una pequeña tabla de madera donde puse un trozo de queso, cogí un cuchillo y comencé a hacer tacos ya que podía coger el queso con la mano herida, aunque picaba un poco- ¿de verdad podemos bajar mañana a la ciudad? –Paré de cortar y lo miré- nunca he ido a la ciudad, Alistair no me dejaba salir demasiado y cuando lo hacía siempre conseguía pillarme... me gustará ver el ambiente que hay, te ayudaré con la compra ya que ahora soy la encargada de hacer la comida ¿no? –Sonreí de lado mientras lo contemplaba subido sobre la bancada observando lo que hacía, tan cerca, con tantas ganas que tenía yo de acercarme a él y... me mordí el labio con fuerza y antes de que siguiera por esa línea de pensamientos volví a seguir cortando el queso- creo que me vendrá bien comprar ropa para entrenar, los vestidos no creo que sean buena idea para ello –seguí cortando el queso a tacos cuando vi su mano, fugaz, robar un trozo de queso y sonreí de lado por aquel pequeño gesto, seguí cortando para volver a ver su mano otra vez y lo miré de reojo mientras él seguía sentado pero a la tercera mi mano le dio un manotazo, él cogió mi muñeca en respuesta y me giré a mirarlo- regla número uno Samael; jamás te metas en el espacio de una cocinera –le sonreí y dejé que se llevara el trozo ese de queso y aparté la tabla mientras sacaba una olla y ponía agua dentro, ante su pregunta de si quería compartir una copa de vino con él lo miré- vale, por qué no –vi como bajaba de la bancada y salía de la cocina mientras yo rogaba por fuerzas y sacaba lo necesario. Iba a hacer pasta con una salsa, así que en lo que él se fue puse la pasta en el agua a hervir y cogí la carne que tenían para cortarla en pequeños trozos cuando entró de nuevo con el vaso que me ofreció, dejé el cuchillo y tomé el vaso- gracias –dije cogiendo la copa viendo que se trataba de vino y le di un pequeño trago para probarlo, el alcohol caliente bajó por mi garganta pero lejos de desagradarme el sabor... me gustó- Oh, esto está muy bueno –di un trago un poco más largo para notarlo con profundidad y le devolví el vaso para que él bebiera también- quiero haceros mi plato de pasta favorito, a Alistair le encantaba cuando lo hacía así que espero que a vosotros también os guste –la carne se freía ya en la sartén, el agua bullía en la olla y mientras por otro lado preparaba la sala cogiendo alguna que otra especia para ello.

Le di un par de explicaciones sobre algunas cosas de la cocina mientras me miraba fijamente, le quité de nuevo el vaso y di otro trago de nuevo, así hasta que finalmente por último puse la salsa que había preparado en la olla con la pasta ya sin el agua y lo mezclé todo, añadí las especias y saqué tres platos para poner la pasta que había hecho dejándolas preparadas sobre el banco de la cocina, puse la olla con agua para limpiarlo después y el queso estaba en un plato pequeño. Volví a darle otro trago al vino, era la segunda copa que ponía y sentía mis mejillas que ardían y, para ser sincera, me sentía un poco embotada por lo que había bebido, y si a eso se le sumaba el hecho de que lo tenía prácticamente al lado... el calor era bastante considerable. Era cierto que había pensado que él era insoportable, sin embargo y sin saber realmente por qué me había encontrado con una parte de él que parecía estar escondida en su interior y que además me hacía querer saber y averiguar mucho más cosas de él, cada cosa nueva que conocía me hacía querer saber más, ahondar mucho más en su interior y abrir esa caja de secretos que escondía en su interior. De él lo quería absolutamente todo y aún más después del cambio de actitud que estaba teniendo conmigo, parecía que se había abierto un poco más y apreciaba eso, me gustaba que se mostrara así conmigo.


-Hace demasiado calor –comenté apoyada a su lado en la bancada los dos de pie- ¿siempre suele subir esto tanto? Me siento embotada –confesé aunque había omitido que no solo era por el vino, sino también por su cercanía y me dio sin saber por qué a reírme en ese momento, una risa algo más ligera de lo normal- ¿esto siempre te hace reír? –Pregunté y volví a reírme de nuevo llevando una mano a mi rostro con los ojos cerrados, respiré un par de veces y los abrí- deberíamos de sacar los platos –cogí uno porque dos parecía mucho y lo llevé hasta la mesa, Samael sacó los dos restantes y yo entré a por el plato del queso para luego sentarme a su lado como si fuera incapaz de estar lejos- espero que te guste lo que he preparado –me incliné hacia él para susurrarle las siguientes palabras como si fuera un secreto- es mi favorito –desde tan cerca podía oler su esencia y cerré los ojos, me era tan difícil centrarme en algo que no fuera besarlo que costaba no hacerlo. Al separarme su rostro se giró para mirarme y me mordí el labio con todo el calor que tenía y que él me provocaba... a ese paso estallaría de alguna forma y no sabía muy bien cómo- ¿vas a dormir esta noche conmigo? –No supe de dónde salió la pregunta, ni por qué lo hice en ese tono algo... seductor, pero ya la había lanzado mientras lo miraba a él y mis ojos viajaban de vez en cuando a sus labios.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Ago 22, 2017 2:02 pm

Yunalesca tomo la copa de vino y la llevó a sus labios para probarla bajo mi atenta mirada, no tardó en asegurarme que estaba muy bueno relamiéndose ante mis ojos que se oscurecieron presos del deseo que me consumía a su lado.
Traté de contenerme esa fuerza eléctrica que me empujaba contra su piel, como si la distancia quemara, ella me explicaba como preparar ese plato de pasta mientras yo solo podía pensar en rodear su cintura con mi brazo y en buscar sus labios mojados por el dulce fruto de la vid.

Ambos bebíamos para aplacar el calor, el calor que a mi me provocaba su cercanía y a ella el fuego con el que cocinaba.
El ambiente se fue tornando discernido, sobre todo para ella que con las mejillas coloradas por el alcohol me reconocía que estaba con la cabeza un poco embotada y con bastante calor.
-Deja de beber pues -le dije quitandole de la mano la copa para apurarla entre mis labios.

Dejé el vaso junto a la botella encima de la encimera, ahora mismo me parecía muy difícil no sucumbir ante ella, estaba preciosa con ese aspecto algo divertido, se reía de todo y en cierto modo yo lo hacia con ella, me sentía bien, me gustaba, que cojones, me ponía su compañía y agradecí tener el control de mis facultades porque de ir como ella la cena se hubiera quemado en aquella cocina.

Me pidió que le ayudara a llevar los platos, ella cargó con uno y yo lo hice con los otros dos, mi hermano no había llegado aunque conociéndolo de seguro estaría enfrascado o en alguna pelea o entre algunas piernas, así que mejor si empezábamos a cenar los dos y cuando volviera pues que se lo calentara. Con él las cosas funcionaban así y mis discursos parecían entrarle por una oreja y salirse por la otra.

Nos sentamos en la mesa, cerca, muy cerca, serví el agua mientras ella echaba queso a nuestros platos, de nuevo quedé preso de su boca, mis ojos sobre ella mientras la acercaba para susurrarme un secreto.
Entreabrí mis labios acogiendo sus palabras, dulces, lentas, casi arrastradas contra mi boca. Alcé un instante la mirada hasta sus mares brillantes por el alcohol y baje de nuevo la mirada hasta sus deliciosos y húmedos labios, escasa la distancia, pesado el aire que los separaba empujado por nuestro aliento que se entrecortaba.

Acerqué un poco mas el rostro, nuestra nariz se rozo, caliente, muy caliente el aire nos quemaba.
Su pregunta me hizo gruñir, un jadeo gutural escapó de los mas profundo de mi interior, como si por primera vez hombre y ángel firmaran un pacto tácito en el que tomarla aquella noche fuera lo único cuerdo.

Fue en ese instante, en el que solo un suspiro separaba nuestros carnosos cuando la puerta se abrió llevándose la magia del aire.
Raziel llegaba contento, tanto que apenas se había percatado de la situación y ahora de nuevo ambos interponíamos algo de razón a la distancia correcta entre los dos.
-Te estábamos esperando -mentí en parte -Yunalesca a preparado pasta, siéntate a cenar -le pedí aun con mi respiración mas agitada de lo que debería.

Hundí el tenedor en la pasta y lo llevé a mi boca.
-¡Que bueno esta! -dije relamiendome volviendo a girarme hacia ella para darle la enhorabuena por esa cena.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér Ago 23, 2017 11:14 am

Tenerlo así de cerca en aquel sofá era una dulce tortura y una tentación divina que, en esos momentos, ni podía ni quería evitar. Era imposible que mi cuero no se acercara y buscara el suyo más después de haber bebido de esa copa que me había calentado el cuerpo y embotado la mente de tal forma que en lo único en lo que podía pensar, o lo único en lo que podía sentir, era su cuerpo junto al mío. El calor era abrasador y estar cerca de él en esos momentos no ayudaba para nada a que mi mente se despejaba y se aclarara, pero cuando estaba cerca de él embotaba todos mis sentidos y lo único que quería era que me besara. Mientras habíamos preparado la cena se había reído, santo joder, su risa me provocaba escalofríos por todo el cuerpo que eran difíciles de controlar y que me tentaban aún más, me provocaban y calentaban al mismo tiempo. Aquel hombre era un pecado en sí mismo, o al menos para mí era mi pecado porque jamás me había sentido así, y desde luego que Raziel no hacía que me sintiera así ni de lejos. Con Raziel era más... complicidad, quizás, porque era más abierto y veía que mi carácter congeniaba más con él que con el de Samael... pero este último, sin embargo, despertaba cada célula de mi cuerpo y hacía que la sangre me hirviera sin poder evitarlo, deseándolo, necesitándolo como se necesita el aire para respirar. Moría por un beso de sus labios, anhelaba sentirlos, morderlos y proclamarlos como míos. Míos. Míos por y para siempre, adueñarme de ellos, adueñarme de su cuerpo, adueñarme de él al completo.

Estábamos tan cerca que ahora su rostro quedaba a escasos centímetros del mío, y maldición, todo lo que podía hacer era fijar mis ojos en sus labios y morderme los míos presa del deseo. Jadeó y su aliento chocó con los míos provocándome un jadeo en respuesta, era como un bucle continuo en el que uno empezaba y el otro terminaba para volver a empezar de nuevo, santo Dios, ¿sabía ese hombre lo que me provocaba con su mirada, o su sonrisa? Pues no quería ni pensar lo que me provocaría cuando sintiera sus labios sobre los míos, el calor que se multiplicaría por mil. Nunca nada me había besado antes y me encontré con que deseaba fervientemente que fuera él el primero, que me besara, que me tomara... quería que fuera el primero en muchos sentidos y lo quería demasiado. Nuestros ojos quedaron anclados durante unos segundos en los que no apartamos la mirada del otro, con esa cercanía, sintiendo su aliento en mis labios y nuestros cuerpos tan cerca como si se anclaran, como si se acercaran atraídos por imanes incapaces de separarnos, era tan fuerte aquello que nos sobrepasaba por completo o al menos así me sentía yo.

Sentí su gruñido tras mi pregunta, una que no supe ni de dónde había salido ni por qué quería que durmiera conmigo esa noche otra vez, sentir su olor de cerca, su cercanía, su cuerpo... esa noche sería nuestra perdición de dormir juntos y los dos lo sabíamos aunque ninguno lo dijera, éramos conscientes de cómo nos sentíamos cada vez que estábamos juntos, y parecía que ninguno pudiera escapar del embrujo en el que estábamos presos. Sus ojos bajaron a mis labios y yo, de forma coqueta y sensual, los mordí en respuesta provocando que volviera a gruñir de nuevo y me encontré con que me gustaba que lo hiciera, notando su pecho subiendo y bajando como el mío en ese calor que nos abrasaba. Creí que iba a morir cuando su nariz rozó la mía y, por unos segundos, mi respiración se vio entrecortada al sentir sus labios tan cerca de los míos. Cerré los ojos y rogué, mil veces en apenas unos segundos, porque me besara. “Bésame” “Bésame, bésame, bésame...” era lo único en lo que podía pensar, lo único que deseaba. Mis manos querían enredarse en su pelo, atraerlo a mi rostro y sucumbir a lo que sentíamos, descubrir qué se sentía aunque seguramente sería como rozar el mismísimo y jodido cielo.

Pero de nuevo nos vimos interrumpidos cuando la puerta se abrió de golpe y por ella entró Raziel, parecía bastante contento aunque no se había percatado de lo que había pasado, o estuvo a punto de pasar, y los dos nos separamos interponiendo distancia como si así fuera la única manera de poder controlarnos. Samael le dijo que lo estábamos esperando y yo cogí el vaso de agua para beber y sintiendo que tenía la boca seca, casi acabé todo el vaso y lo dejé en la mesa viendo como venía su hermano y se sentaba con una sonrisa en los labios a cenar, negué levemente con la cabeza y fue entonces que sentí sus ojos sobre los míos, le sonreí en respuesta y él se percató entonces de la venda que llevaba en la mano... me había olvidado hasta del corte que tenía y que me había hecho en un acto patoso por mi parte queriendo entrenar más de lo debido. Le resté importancia alegando que me había cortado en la cocina y que ya estaba curado gracias a su hermano, quien me miró ante la mentira que le había dicho y Raziel, con esa gracia de ir bastante contento, le dijo que ya era hora de que se comportara conmigo a lo que este pasó de contestarle. En cambio sus verdes se centraron en mí cuando me felicitó por lo bueno que estaba, algo que Raziel le siguió felicitándome también por la cena que había preparado.


-Me alegro que os guste, es uno de mis platos favoritos –pinché con el tenedor la pasta y luego miré a Samael- Yuna, preferiría que me llamaras Yuna –sus ojos se centraron en los míos- Yunalesca me recuerda a cuando Alistair me llamaba porque había hecho algo malo –por un momento miré hacia otro lado, recordándolo, y me sentí mal de que muriera por mi culpa. Seguí comiendo en silencio sin prestar demasiada atención a lo que hablaban y cuando terminé recogí todo y lo fregué, recordar a Alistair me hizo sentirme mal, aunque me hubiera ocultado muchas cosas no quitaba para que fuera la única persona que había conocido y que había tenido como familia, me lamenté de su muerte y de alguna forma me pesó. Siempre el caos me acompañaba allá a donde fuera y ese mismo caos se había cobrado su vida, no sabía a qué narices estaba jugando con aquello de que Samael me entrenara, o de querer averiguar más de él... lo que debería de hacer era alejarme de ellos porque, tarde o temprano, el caos también los alcanzaría y no quería que nadie más sufriera o muriera por mi culpa. Me despedí de ellos asegurándoles que me encargaría del desayuno a la mañana siguiente y sin esperar respuesta me adentré por el pasillo, me tumbé en la cama de Samael notando todo su olor por ella y cerré los ojos para dejarme caer rendida por el sueño.




A la mañana siguiente desperté pero no había rastro alguno de Samael en la cama y no supe si había dormido conmigo o si se había quedado durmiendo en el sofá, me levanté y fui hacia la cocina cuando un ruido llamó mi atención, provenía de fuera de la casa y me encontré con que en el lugar donde había estado yo entrenando ahora lo estaba haciendo él. Me lo quedé mirando incapaz de apartar la mirada de su cuerpo, de cómo su brazo lanzaba la daga y la clavaba en el centro de la diana, una, y otra y otra vez sin fallar. Mordí mi labio recorriéndolo hasta que me di cuenta de que había sentido mi presencia y ahora se había girado en mi dirección, lo miré de forma fija perdiéndome en esos ojos verdes que poseía y que me atraían demasiado, de una forma que no debía de ser normal ni razonable. Se limpió el sudor que tenía en la frente y parecía como si se acabara de lavar el pelo porque tenía pequeñas gotitas que caían por su rostro dándole un aspecto más atractivo... lancé un suspiro, debería de controlarme frente a él pero me era imposible, me costaba demasiado cuando nos quedábamos a solas y no podía distinguir demasiado en esos momentos.


-Buenos días –dije saludándolo con una leve sonrisa- sigue practicando si quieres, voy a preparar el desayuno –me giré antes de que pudiera decir nada para centrar mi mente en otra cosa y mantenerla ocupada, supe que se metió a ducharse porque oí el ruido del agua y yo terminaba de preparar el desayuno. Raziel seguía durmiendo en la habitación y cuando saqué las cosas Samael ya estaba sentado en la mesa, recién bañado, con el pelo mojado tirado ligeramente hacia atrás, una camiseta de manga corta y unos pantalones como para entrenar y su olor me llegó con nitidez... me calentó enseguida y me maldije a la par que lo maldije a él por lo que me provocaba y me senté algo alejada esa vez para evitar tentaciones- tú hermano aún duerme, ¿siempre es así? –Pregunté cogiendo una tostada untándola en mantequilla- ¿dormiste aquí anoche? –La pregunta salió sola, quise saberlo y no pude evitar preguntarlo llevando ahora mis ojos hacia él- perdona, no es algo que... –me callé, ¿no era algo que qué, que no quisiera saber? Mentira, quería saberlo porque no lo había notado anoche, quizás al final durmió en el sofá. Seguí desayunando en silencio u obligándome a ello y a los pocos segundos salió su hermano con cara de sueño sentándose frente a mí- buenos días, ¿eh? ¿Mucha resaca? –Pregunté alzando un poco de más la voz y él me miró para que no hablara tan alto y sonreí de lado mientras terminábamos de desayunar, recogí todo y miré a Samael- Vamos maestro, hay otra lección que me tienes que enseñar hoy –necesitaba distraerme y en parte descargar adrenalina, tanto tiempo cerca de él me pasaba factura y al menos mientras entrenábamos descargaba parte de lo que me provocaba, como si fuera un círculo vicioso. Salimos fuera al mismo lugar donde habíamos entrenado por primera vez y lo esperé viendo cómo se acercaba, llevé mis manos a mis caderas y sonreí de lado, menos mal que llevaba unos pantalones y una camiseta para entrenar porque el vestido me ralentizaría mucho- ¿Y bien, qué lección me toca aprender hoy?




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér Ago 23, 2017 12:45 pm

La noche paso sin mas, ella se retiró pronto a la habitación que teníamos compartida, parecía triste y aunque estuve tentado de ir para conversar con ella, sabia que eso no hubiera sido ni de lejos una buena idea.
Era estar juntos, solos y la pasión crecía entre nosotros como si fuéramos presos de unas cadenas mágicas que nos amarraban al otro.
Era extraño pero no era capaz de pensar en su presencia, mi cabeza se embotaba y solo era capaz de pensar con la entrepierna.

Estuve un rato con Raziel, me estuvo contando las aventuras y desventuras de su noche y aunque me preguntó como iba mi entrenamiento con Yuna, tampoco es que me sacara mas allá de un “bien”
Los dos teníamos que admitir que desde que estaba aquí esa mujer la casa estaba ordenada y nuestros estómagos llenos de algo mas que comida enlatada y precalentada...
A eso tenia que unir que no me sentía tan solo y que ciertamente no era tan niñata como me la imaginaba.

Raziel y yo finalmente nos fuimos a dormir, al día siguiente nos esperaba un día duro y quería bajar a la ciudad con Yuna para que se comprara algo de ropa de su talla.
Esa noche hacían una fiesta en París, yo no era muy dado a acudir a ninguna, peor ya que la joven me dijo que no había salido de ese templo donde la tenían recluida pensé que seria una bonita forma de agradecerle como estaba comportanose, así que si ella quería podríamos disfrutar de una noche en las que las calles se llenaban de luz, ponían puestos distintos de comida, bebida y vendían objetos de distintas culturas pues muchos comerciantes acudían a la ciudad para negociar con mercancías traídas de todas partes del mundo.

Me levanté el primero, con las primeras luces del alba, salí como de costumbre a entrenar un rato “Men sana, in corpore sano “ al menos eso ponía en una de las salas de aquel lugar donde fuimos creados.
No se exactamente las horas que pasaron, mi respiración ya era errática cada vez que lanzaba la daga, fue estocen cuando me giré al escuchar un ruido dándome cuenta de que era ella la que me miraba de forma fija y me recorrió un escalofrió.
Sonreí llevando mi antebrazo a la frente para secar las gotas de sudor.
-Buenos días, suelo madrugar -apunté.

La joven dijo que iría a preparar el desayuno, mis tripas rugían así que no me lo pensé y entre tras ella metiéndome en el baño antes de que mi hermano se pusiera en pie y se me colara.
Al rato salí con ropa limpia y el pelo mojado sentándome a la mesa dispuesto a tomar ese pan recién hecho que hacia que mis tripas rugieran.
La observé ponerse la mantequilla imitándola y llevé el café a mis labios, estaba muy bueno.

Su pregunta me sorprendió, no la esperaba llegar así de golpe.
-No, no dormí contigo anoche, cuando fui a la habitación estabas dormida, no quise despertarte, así que me fui al sofá con una manta.
Eludí la parte en la que estuve observándola como un psicópata pero bueno, eso no podía decirlo sin asustarla en exceso.
-He pensado que podríamos bajar esta tarde a la ciudad, te puedes comprar lo que necesites de ropa, ademas justo hoy hacen una fiesta en la que vienen muchos comerciantes de distintas partes del mundo y venden telas, alimentos, bebidas...de todo.
No has salido del templo, así que creo que te gustara conocer distintas culturas ¿te parece? Ponen música, puedes bailar..no se hacer eso que hace la gente joven.
De segur Raziel ira, puedo cuidar de ti por una noche...que te diviertas como deberías de haber hecho... ¿que me dices?

Salimos a entrenar después de acabarnos y recoger el desayuno, mi hermano se había unido a nosotros después de desayunar, así que ahora tenia dos maestros en vez de uno.



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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue Ago 24, 2017 10:51 am

Parecía que me vida se había convertido en levantarme para hacer las labores que debía de hacer en la casa y de alguna forma sentía como que era lo que había estado haciendo toda mi vida, con ellos, con esos dos hombres que de alguna forma se habían convertido en lo único que tenía en el mundo, en lo único que me quedaba antes de que estuviera sola. Porque seguía pensando que debía de alejarme de ellos, que los ponía en peligro con mi caos que siempre me acompañaba pero cuando intentaba alejarme... me era imposible. Pensaba en Samael y todo mi cuerpo me pedía a gritos que me quedara, que no fuera tonta y que me quedara a su lado porque de alguna forma era lo que tenía que hacer, o esa es la sensación que me daba. Encontraba que me gustaba, ahora que se había calmado un poco la cosa, estar con ellos. Eran muy diferentes en formas de ser pero me sentía bien con ellos, cómoda, y para nada sentía que hacía algo de forma forzada sino que no me importaba en absoluto prepararles la comida, ordenar la casa, entrenar con ellos... era casi lo que hacía con Alistair, salvo que con él no entrenaba nunca y tampoco sabía que podía luchar y manejar armas, eso había sido toda una sorpresa que no esperé.

Me gustaba observar a Samael mientras entrenaba, era la primera vez que lo veía hacerlo pero sus movimientos eran firmes, seguros, certeros y hasta en cierta forma gráciles y me pregunté si esa gracilidad sería propia del ángel que llevaba en su interior. Al final acabó por darse cuenta de que lo miraba y me mordí el labio cuando se apartó el sudor de la frente y la luz del sol bañaba su cuerpo dotándole como de un halo de luz dorada, dándole más aspecto de ángel... un ángel de la tentación sin duda alguna. Era solo con que me mirara y todo mi cuerpo ardía, ese hombre no sabía lo que me provocaba pero cuando sonreía... dios, era como si una corriente eléctrica me recorriera entera y me sacudiera. Santo dios, no quería ni pensar lo que me pasaría cuando sus labios algún día me besaran, sería como estar en el mismísimo paraíso. Me mordí el labio con fuerza y quité esos pensamientos de mi mente, le dije que iba a preparar el desayuno y lo hice mientras él se duchaba. Raziel seguía durmiendo y mientras estábamos los dos solo de mis labios salió aquella pregunta que no pude parar, vi que se quedó un poco parado pero contestó lo que sospechaba: no había dormido en la cama, sino que al encontrarme durmiendo salió al sofá, a donde él la primera noche quería mandarme. Raziel se unió a nosotros y me giré para mirar a Samael cuando me dijo sobre bajar a la ciudad esa tarde, para ver los puestos y que al parecer hacían una fiesta.


-¿De verdad, podemos ir? –Pregunté mirándolo de forma fija, para él quizás fuera una tontería pero para mí era descubrir nuevo mundo. No me pasó por el alto que dijera “puedo cuidar de ti por una noche” y no sé por qué me gustó tanto que lo dijera, además, estaba siendo considerado conmigo y me estaba mostrando una faceta que no pensaba que podría llegar a tener. Lo había catalogado como un hijo de puta frío e insensible y, sin embargo, me estaba demostrando en ese momento que si lo era no lo era tanto como yo pensaba- claro que quiero ir, gracias por pensar en eso –le sonreí y le hubiera puesto mi mano sobre su brazo de no ser porque no sería lo adecuado y porque su hermano estaba presente. Al terminar de desayunar recogimos todo, fregué los platos y los vasos y salimos a entrenar. Samael como maestro era bastante implacable y solaba comentarios mordaces para hacerme enfadar y que le atacara de forma más “fiera” o al menos yo lo entendía así. Fue duro, muy duro, y me esquivaba con facilidad pasmosa que me enervaba sin conseguir darle demasiado pero poco a poco parecía aprenderme sus patrones de movimiento y alguna que otra vez estaba cerca de rozarle cuando me esquivaba, pero mi carencia en cuanto a velocidad se refería hacia que no pudiera alcanzarlo. Raziel se unió al entrenamiento y bajo la mirada de su hermano este me pidió que entrenara con él teniendo ahora a dos maestros mientras Samael nos observaba entrenar con los brazos cruzados. Si pensaba que Raziel iba a ser menos implacable estaba totalmente equivocada, fue igual que su hermano pero no se podía comparar con él y no conseguía darle, es más, él se reía abiertamente como burlándose por no poder alcanzarle como si para él fuera un juego divertido en vez de un entrenamiento, pero claro, llevaban toda la vida entrenándose.

Tras muchos intentos, muchas caídas al suelo que me frustraban y me enervaban bajo la mirada de Samael conseguí aprenderme con facilidad los patrones de Raziel, era más impulsivo que su hermano pero pese a eso era como si se quedaran grabados en mi cerebro y en una de las veces que me esquivó conseguí darle, haciendo que su risa cesara y que me hiciera una llave para que no pudiera pegarle, me dio un golpe con bastante fuerza que me mandó al suelo sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Me dolían las rodillas, las manos y los codos y tenía rasguños por las piernas y por los brazos, ese último golpe me había dolido más de lo normal y cuando Raziel se acercó para ayudarme levanté la mano parándole, no quería que me ayudara a levantarme sino quería hacerlo por mí misma. Se disculpó por la rudeza y yo, buscando el aire, negué con la cabeza mirándolo. Me había percatado de que me picaba el labio y que al pasar la mano tenía un poco de sangre al morderme el labio en la caída contra el suelo, no por su culpa clara estaba pero igualmente se disculpó por ello al no medir la fuerza de su golpe.


-No te disculpes Raziel, aprecio que no os cortéis por el hecho de ser una mujer, un enemigo dudo que se frene por esa razón –aparté mi pelo que se pegaba a mi nuca y a mi rostro por el sudor y lo señalé con el dedo- te la devolveré algún día, y seré yo quien ría mientras peleamos –le sonreí de vuelta restándole importancia, ¿qué era un entrenamiento donde no se sufría o sangrabas?- Sin dolor no hay recompensa y así aprendo –me senté en la hierba pidiendo un tiempo muerto ya que mi resistencia era mucho menor que la suya y ellos aprovecharon para entrenarse contra el otro. Pude apreciar en primera fila como se atacaban y defendían peleándose el uno contra el otro, los movimientos de cada uno y me di cuenta de que conmigo habían bajado su ritmo y su velocidad casi adaptándolo a la mía, y eso me frustró pero ¿qué podía esperar de mi segundo día de entrenamiento? Me di cuenta de los elegantes que eran sus movimientos y al final acabé centrándome más en los de Samael que en los de su hermano, elegantes, gráciles, precisos y certeros, se defendían y atacaban todo el rato mientras yo los observaba. Tenía el sol que los bañaba con su luz y sus ropas que se mojaban por el sudor y que hacía que se pegaran a su cuerpo, me mordí el labio cuando finalmente Samael derribó a su hermano y lo inmovilizó en el suelo dándolo por vencedor y sonreí de lado por ello. Seguimos entrenando y los dos fueron duros e implacables y ese día toqué el suelo muchas más veces que el día anterior, pero con los dos aprendía y me enseñaban cómo debía de atacar y defenderme. Raziel en un momento dado se puso como “enemigo” de pie frente a mí pero quedándose quieto y fue su hermano quien a mi espalda pegó su pecho a esta y con sus manos cogió mis muñecas para enseñarme como tenía que golpear. Hice un esfuerzo titánico para centrarme en lo que me decía aprendiendo la lección porque, después, tenía que ponerlo en práctica contra Samael y además su hermano nos miraba y no quería que notara nada extraño pero el calor de mi cuerpo era notable, por suerte se podía confundir con todo el ejercicio que estábamos haciendo.

Por fin la “tortura” terminó, y no por el entrenamiento, sino por sentirlo tras mi cuerpo cuando quería girarme, enredar mis manos en su pelo y pedirle que me besara hasta que me dejara sin aliento. El baño de agua fría calmó mis pensamientos y salí para preparar la comida, después de esta íbamos a bajar a la ciudad e iba a ser la primera vez que fuera y estaba un poco nerviosa, aunque Raziel también iría íbamos a pasar su hermano y yo la mayor parte del tiempo a solas y cuando estábamos solos ya sabíamos lo que pasaba. Me puse uno de los vestidos que me había traído del templo, negro y azul que combinaba con mis ojos, y preparé la comida mientras ellos se bañaban del ejercicio que habíamos hecho. No iba a negar que comenzaba a sentir agujetas en piernas y brazos pero era parte del entrenamiento y no podía quejarme, comimos los tres juntos y como ya parecía costumbre Raziel se fue a la habitación alegando que bajaría más tarde a la ciudad para ver la fiesta, que me dejaba encargada a Samael para comprar la ropa que le había pedido y que ahora yo podía hacer ya que iba a bajar yo. Una vez recogido todo fui hasta el salón donde él estaba sentado y lo miré estando de pie.


-¿Nos vamos? Ya he recogido todo y así podemos venir para la cena, tú hermano seguro que llegará mucho más tarde si dices que hay una fiesta –lo miré esperando que se levantara para guiarme, yo no había salido de aquel bosque así que todo lo que se saliera de allí era totalmente nuevo para mí.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Ago 24, 2017 1:08 pm

El entrenamiento fue duro, sobre todo para ella y aunque ninguno de los dos nos esforzamos en demasía para ponernos a su nivel de movimiento, era cierto que fuimos tenaces e implacables, para nosotros de esto dependía nuestra existencia y de un modo u otro, ella empezaba a formar parte de nuestra familia.
Si bien era cierto que los dos teníamos dos formas distintas de tomarlo, mientras yo le obligaba a atacarme sin pausa y a darle pequeños golpes marcando con mi mano después la trayectoria que había seguido en el ataque y por donde había descubierto su flanco para que pudiera corregirlo, mi hermano se mofaba de ella, moviéndose raudo a su alrededor mientras se reía sin parar y ella intentaba darle un golpe que otro sin demasiado éxito.

Las horas pasaban, el cansancio hacia mella, sobre todo en ella, mis ojos seguían el reguero del sudor que moría en sus pechos, sus movimientos, como su pecho se agitaba, aquello era un espectáculo que despertaba mi hombría en demasía.
Fue entonces cuando logró alcanzar a mi hermano, este de forma intuitiva, la tumbó de golpe contra el suelo con una llave que sin duda la daño en rodillas, manos y espalda.
Siseé por le dolor que de seguro ella sentía cuando mi hermano se acerco para ayudarla disculpándose, pero esta se negó, quería seguir, hacerlo sola y yo asentí para que Raziel la dejara.
Un guerrero cae pero se pone en pie, apenas eran unos rasguños, así que...

Yuna se quedó un rato en la hierba, nosotros aprovechamos para entrenar sin tregua, ahora si dando de nosotros el máximo, nuestras respiraciones se agitaron, ambos eramos duros en el cuerpo a cuerpo, llevábamos entrenando toda la vida y cada uno tenia sus puntos fuertes sin duda pero finalmente logré aplacarlo contra el suelo e inmovilizarlo mientras este se cabreaba con ese mal perder que a decir verdad los dos teníamos.

Acabamos practicando con Yuna lo de inmovilizarla y que se zafara, cuando yo la cogí mi miembro rozó su trasero golpeando la parte baja de su espalda.
No sabia a donde meterme, pero es que ante la fricción de nuestros cuerpos no podía evitar eso que sentía.
Por suerte ella no hizo comentario alguno y así nos largamos todos a darnos un baño.
Ella fue la primera mientras nosotros bebíamos y holgazaneamos.
Después salio a preparar la comida y nosotros nos bañamos uno detrás del otro.

Como siempre comimos como cerdos, devorábamos los platos, sin duda nunca habría tenido mejores comensales que nosotros y al final recogimos los platos, ella los fregó y al rato estuvo lista frente a mi para irnos juntos a la ciudad.
Mi hermano acudiría mas tarde, aseguraba tener que reponer fuerzas para la fiesta, algo que me hizo ladear la sonrisa.

Fuimos a las caballerizas, ella parecía francamente ilusionada, como si todo esto fuera nuevo para ella.
Mi montura golpeó juguetón con sus cascos el suelo, haciendo una divertida cabriola mientras golpeaba mi pecho con su hocico, animándome a juguetear con él.
Yuna me miraba con una sonrisa en los labios, al verme mirar hacia ella. Se acercó con esos embelesantes movimientos hacia nosotros.
-El caballo es precioso- dijo desviando la mirada hacia él.
Este golpeó de nuevo el suelo con los cascos y tiró su hocico hacia ella, ella sobresaltada dio un paso hacia atrás impactando con mi cuerpo. La cogí para que no cayera, el contacto de su cuerpo con el mío me resultó francamente agradable.
-Tranquila –le susurré- es un poco impetuoso, pero no te hará daño. De hecho creo que le gustas.
Su respiración estaba agitada, parecía haberle dado un buen susto.

Yuna acarició el corcel mientras le miraba con la cara de una niña pequeña que tiene un deseo oculto.
-¿quieres montar? –Le dije.
Se volvió de golpe y me miró sorprendida y a la vez ilusionada. -¿Cómo tú? ¿Sin silla ?No, no creo que pueda…
-Yo te ayudaré, no te dejaré caer. –Me sorprendí a mí mismo al desear que montara conmigo, como si mi alma me lo pidiera, anhelando sentir algo que ya había sentido anteriormente.
-Está bien, pero no te rías de mí si me caigo- Respondió mientras se ponía de espaldas frente a mí para sentarla sobre el corcel.
La cogí de la cintura y la subí suavemente a lomos de este, una vez se hubo agarrado a sus crines, me subí detrás de un salto y rodeándola con los brazos, me afiancé a las crines en una posición más alta que Yuna.
-Coge mis manos, te enseñaré a guiarlo. – Yuna rodeó mis manos con las suyas, tenía las manos calientes y el tacto era suave y delicado, y extrañamente reconfortante.
Apreté las piernas e indiqué a el espectro que emprendiera la marcha, en cuanto comenzó a moverse, Yuna pegó un pequeño respingo y noté como su cuerpo se tensaba y sus manos me apretaban con fuerza.
-No te pongas tensa, relájate, no luches contra los movimientos del caballo, acompáñalos con tu cuerpo, estate erguida, pero sigue los movimientos con tu cuerpo, como hacen los juncos con el viento.
Cuando salimos del establo, el corcel subió el ritmo del trote hasta convertirlo en un alegre galope, nuestras figuras, rasgaban el velo de la tarde bañado por la luz del ocaso menguante, nuestras sombras recortadas en el camino, cruzaban velozmente la vereda hacia un bosque de chopos cercano a la casa. El viento frío de la noche jugueteaba con la melena de Yuna frente a mi cara, haciéndome llegar el suave aroma a almendras y aceites que aún conservaba de su reclusión o quizá, era el aroma propio de su pelo, no lo sé, pero la verdad es que era un olor que me traía recuerdos de algo pasado, quizás el de la monja, pero no estaba seguro. Su cuerpo, que un rato atrás estuvo tenso y vibrante, ahora acompasaba cada movimiento del alegre galope del caballo, parecía disfrutar con ello, escuché su risa entre el viento como si siempre hubiera estado allí, pero hasta ahora no hubiera podido escucharla. De pronto noté como sus manos se soltaban de las mías, y despacio, abrió los brazos en cruz apoyando suavemente su cabeza hacia atrás sobre mi hombro, nuestras mejillas se rozaron y noté como se aceleraba mi corazón al sentir su cálida piel, tenía los ojos cerrados y su cara esbozaba una gran sonrisa, estaba bellísima bajo la luz dorada del ocaso.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Vie Ago 25, 2017 7:13 am

Una vez habíamos terminado de entrar con esa última tortura que tuve que pasar sintiendo el cuero de Samael pegado a mi espalda mientras me inmovilizaba y yo tenía que soltarme, algo que francamente me costó pues lo único que quería y deseaba era que me girara y me besara, hundir mis dedos en su pelo y besarnos hasta que nos faltara el aliento por ello, pero tenía que prestar atención a lo que me decía porque enfrente de mí estaba Raziel y no quería que notara nada. Por suerte la ducha de agua fría que me di tras el entrenamiento calmó en parte el calor que sentí mi cuerpo y que me había tenido durante toda la mañana, la comida la preparé bastante rápida mientras los dos se bañaban y se cambiaban y pronto dejé los platos sobre la mesa, platos que había que decir que devoraron porque no les duró prácticamente nada y además lo dejaron completamente vacío haciendo que sonriera por ello, ahora entendía por qué decía Raziel que su hermano no sabía cocinar y que por eso en parte me necesitaban, si todo lo hacía como la noche en que intentó preparar la cena lo sentía por Raziel durante todos esos años. Acabé por limpiar todo dejándolo recogido antes de partir, la idea era volver para antes de la cena así que cuanto antes saliéramos antes podríamos volver, me paré delante de Samael quien me esperaba sentado en el sofá y su hermano se fue a dormir para según él coger fuerzas para la fiesta, así que nos dejó solos y me hizo un gesto para que lo siguiera saliendo por la puerta de la casa.

Llegamos hasta las caballerizas que tenía y que había visto el día anterior cuando me había puesto a entrenar por mi cuenta haciéndome el corte que todavía perduraba en mi palma pero que dolía menos y que comenzaba a cicatrizar. Lo vi acercarse al corcel negro que había en el lugar quedándome a unos pasos de distancia mientras veía cómo el corcel parecía juguetón golpeando con los cascos el suelo y luego con su hocico golpeaba su pecho como si lo animara a que jugara con él, me quedé apoyada en uno de los postes de las caballerizas mientras los observaba a los dos y me centraba en la imagen de Samael con el caballo, como este le pedía jugar un poco y él simplemente lo acariciaba. El caballo era precioso, negro por completo con el pelaje brillante y parecía un ejemplar joven aunque no entendiera mucho de caballos. A mí siempre me habían gustado y siempre había querido montar alguna vez en uno, pero nunca había tenido la oportunidad de hacerlo así que ver un ejemplar tan bello de cerca era toda una gozada. Me fijé de nuevo en Samael y sin poder evitarlo sonreí, me parecía increíble haberlo conocido con el ceño fruncido siempre, bufando y gruñendo cuando ahora frente a mí parecía otro. Su rostro se giró en mi dirección y me pilló por completo mirándole pero ¿podía culparme? Era muy atractivo y por mucho que quisiera me resultaba imposible apartar mis ojos de él, decidí acercarme hacia donde estaban y me puse un poco por delante de Samael para así no centrar tanto mí vista en él y ahora mirar al caballo.


-Es precioso, es un ejemplar muy hermoso –dije centrándome en el caballo quien hizo lo mismo que había hecho con Samael, golpeó con sus cascos el suelo y llevó su hocico hacia donde yo estaba salvo que no me lo esperaba y di un paso atrás algo asustada de lo que pudiera hacerme, no por nada no me conocía de nada. Mi cuerpo impactó contra el de Samael y contuve un jadeo al sentirlo de nuevo pegado a mí cuerpo, su brazo rodeó mi cintura para que no me cayera ante el respingo que había dado hacia atrás mientras mi respiración subía y bajaba con rapidez por el susto que me había dado el caballo. Me susurró que me tranquilizara y, por todos los dioses, que juraba que era imposible teniéndolo contra mi cuerpo y sintiendo su respiración dar contra mi oreja. Me dijo que era un poco impetuoso y sonreí levemente como si eso me hiciera recordar a él, además dijo que creía que le gustaba y me tranquilizó un poco el saberlo. Sin moverme de cómo estaba alcé mi mano en dirección al corcel y toqué su hocico, hizo un leve movimiento con su cabeza como si me animara a seguir tocándolo y me animé a tocarlo algo más deslizando mi mano por el lugar en una pequeña caricia, me atreví a acariciar algo más que su hocico y deslicé mi mano hasta dejarla al lado de su cuello pero no se apartó en ningún momento, parecía gustarle las muestras que le daba y yo sonreí. Siempre había sido mi ilusión montar a caballo, me parecían animales majestuosos y muy bellos y ante mi tenía a uno de ellos. La pregunta que me hizo Samael hizo que me girara para mirarlo mitad dubitativa mitad ilusionada, sorprendida porque me hiciera esa pregunta- ¿Cómo tú, sin silla? –Negué levemente con la cabeza- no creo que pueda, jamás he montado nunca... –dije de forma sincera aunque, realmente, me apetecía mucho. Su respuesta me hizo mirarlo de forma fija, dijo que me ayudaría y que no me dejaría caer y quise hacerlo, quería hacerlo desde lo más profundo de mí ser, lo deseaba demasiado. Pasear con él montada a caballo como si algo en mi interior me empujara a decirle que sí, como si siempre lo hubiera deseado pero no lo recordaba realmente- entonces sí, pero no te rías si me caigo –le dije antes de girarme y sentir sus manos en mi cintura que me elevaban para montarme sobre el caballo, él de un salto se situó tras mi espalda y mis manos cogieron las crines del caballo para mantenerme arriba. Sus brazos rodearon mi cuerpo y cogieron las crines mientras sentía su cuerpo pegado al mío, sus brazos rodeándome y el calor ascender por mi cuerpo, lancé un suspiro que bien podría ser fruto de los nervios y cogí sus manos más grandes que las mías cuando me lo dijo y pronto nos pusimos en movimiento.

El caballo salió del establo y yo me puse rígida apretando sus manos con fuerza entre las mías ante el movimiento y ante la altura a la que estábamos, íbamos sin silla y no tenía más sujeción que el de las crines y los brazos de Samael entorno a mi cuerpo. Sentí su aliento en mí oreja indicándome como debía de moverme, al son del caballo, dejar que los movimientos fluyeran, manteniéndome erguida pero sobre todo acompasando los movimientos del caballo como si fueran los míos propios. Poco a poco me fui haciendo al movimiento del caballo y cuando esté pasó al galope ya me movía al mismo son que el caballo, Samael sabía el camino así que dejé que fuera él quien guiara mientras yo disfrutaba de la experiencia de montar a caballo. El viento mecía mi pelo mientras íbamos recorriendo el lugar pasando por el prado hasta llegar a un bosque que atravesamos mientras la luz del atardecer nos acompañaba en cada momento. La sensación que noté en esos momentos era liberadora, casi como si pudiera acariciar la libertad y sentir la brisa contra el rostro daba mucho más esa sensación, de sentirte libre, pleno... disfruté de cada uno de los segundos sobre todo porque estaba cumpliendo uno de mis mayores sueños que era montar a caballo, y además es que sentir a Samael conmigo lo hacía todo mucho mejor. Era extraño, tenía una sensación extraña como si de alguna manera aquello ya lo hubiera vivido, como un déjà vu que muy pasado y lejano que me traía recuerdos de otra época, como si mi interior me dijera que eso ya lo había vivido hacía mucho tiempo atrás, como si de alguna forma mi alma recordara una experiencia pasada... pero aquello era imposible, aunque la sensación no se iba en ningún momento.

Con cada movimiento nuestros cuerpos se rozaban y su olor me llegaba con bastante nitidez y claridad, cerré los ojos disfrutando de aquel momento y sin saber muy bien por qué una risa salió de mis labios ante lo mucho que estaba disfrutando, lo bien que me sentía, lo cerca que lo sentía y notando un sentimiento en mi pecho como si brotara de forma cálida, como si me intentara recordar algo pasado y algo en mi interior despertara de un eterno letargo, poco a poco, muy poco a poco. Ahora que me había hecho con los movimientos del caballo me atreví a soltar las manos de las de Samael y lentamente las extendí poniéndolas en cruz, apoyé mi cabeza en su hombro con los ojos cerrados sintiendo el viento golpear mi cuerpo dándome la sensación como si tuviera alas, y pudiera volar surcando el cielo. Notaba mi mejilla rozando la suya en cada movimiento, su piel cálida contra la mía y una sonrisa se extendió en mi rostro. Paz. Eso fue lo que sentí en esos precisos momentos, una paz que no había experimentado nunca como si mi alma o aquello que comenzaba a despertar en mi interior se sintiera en sintonía con el momento... era difícil de explicar lo que sentía pero... era algo hermoso, a la vez que notaba que algo oscuro como si el caos nunca me dejara tranquila.


-Si tuviera alas Samael, ahora mismo volaría –no sé por qué lo dije y no sé por qué me vino a la mente mi marca de nacimiento que tenía en la nuca, esas dos alas negras pequeñas que habían ardido cuando su ángel hacía presencia y se apoderaba de su cuerpo- esto sí que es libertad –dije antes de volver a ponerme bien y llevar mis manos sobre las suyas sin saber de dónde habían salido esas palabras y mucho menos el decirlas en voz alta, pero ya lo había dicho. Seguimos un rato más cuando pude vislumbrar a lo lejos la ciudad que comenzaba a aparecer ante mi vista y observé cada uno de los detalles. Parecía que él sabía dónde debía de ir porque se dirigió a un lugar de las afueras de la ciudad donde dejó al caballo, fue él quien bajó primero y luego alzó sus manos para dejarlas en mi cintura y apoyando las mías en sus hombros me ayudó a bajar quedando uno frente al otro, mis ojos lo miraron de forma fija a esos orbes verdes que brillaban con el resplandor del atardecer y sonreí sin apartarme- Gracias Samael, he disfrutado muchísimo del paseo –no sé de dónde vino pero, cuando me quise dar cuenta, me había elevado para acercar mi rostro al suyo y dejé un beso en su mejilla que notaba cálida, un suspiro salió de mis labios ante su cercanía y el beso fue algo más largo de lo que normalmente debía de ser, incapaz de separarme ahora que tenía sus labios tan cerca y que con un movimiento me bastaba para besarlo. Pero me aparté, costándome horrores, y le sonreí- ¿vamos? Estoy deseando conocer la ciudad –él dejó el caballo en un establo donde al parecer lo solía dejar cuando venía y lo seguí mientras nos adentrábamos por las calles de la ciudad. Mis ojos miraban todo con curiosidad extrema viendo las gentes en sus ir y venir, las ropas que llevaban, los puestos... absolutamente todo, habían farolillos colgados en cuerdas que iban de casa a casa de un lado a otro de la calle que seguramente se iluminarían de noche y parecía que la gente estaba algo entusiasmada con la idea. Me adelanté unos pasos de él viendo los puestos que había mirando todo lo que vendían, desde joyas, alimentos, ropas a multitud de cosas para decoración hechas de madera y demás, tras un par de ellos llegué hasta el de la ropa y ahí él me dejó un poco libre para que mirara tranquilamente pero no se alejaba demasiado de lado como si no quisiera perderme de vista, tras un rato salí con lo necesario y con una sonrisa- decías que tenías que ir por provisiones, ¿vamos? Luego puedes enseñarme la ciudad y... no sé, es la primera vez que vengo, supongo que tú conocerás más sitios que yo. Mmmm, ¿podemos ir luego a la fiesta? Quiero ver qué se hace en una, jamás he ido a ninguna –me sentía un poco... tonta, no conocía nada de nada y eso en parte me daba algo de vergüenza sobre todo expresarlo en voz alta- dices que bailan... quiero ver cómo bailan –dije con ilusión en mi voz y en mis ojos.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Sáb Ago 26, 2017 11:49 am

Dejamos el negro corcel en el establo e la ciudad, el mozo era amable con los animales, le daría agua, lo acomodaría en un lecho de heno y para cuando acabara la fiesta volveríamos a recogerlo.
La ciudad estaba llena de farolillos, todavía apagados porque un había suficiente luz como para ser encendidos, peor de seguro al anochecer aquel paseo se llenaría de luz y color.
Estaban empezando a montar las carpas de vivos colores que en un par de horas se convertirían en puestos que venderían todo tipo de cosas.

Miraba a Yuna, ella era feliz, lo miraba todo ansiosa, como si perderse cualquier detalle fuera un sacrilegio y corría de aquí para allí admirando las cosas mas insignificantes.
Me reí al verla pegar su nariz en uno de los escaparates de vestidos femeninos, al parecer uno en tono turquesa le había gustado, guantes, un escote bastante protuberante y el corseé ajustado que de seguro le haría un cuerpo de escándalo.

No lo pidió porque bajo este un cartel con el precio denotaba la calidad de sus telas, un precio elevado para poder permitirnosolo.
Entró en la tienda de al lado, le di cierta intimidad para que pudiera probarse todo aquello que necesitara, principalmente había escogido ropa cómoda para entrenar, osea pantalones de tallaje mas pequeño pero que no dejaban de ser o de hombre o de montar a caballo y algunas camisolas que combinar con estos.
Reflejaba felicidad, pese a que de seguro esa ropa no le gustaba ni de lejos.
Fue un impulso lo que me llevó a la otra tienda a comprar el vestido turquesa, pero al salir ya tenia la bolsa y sus ojos centellearon primero de ilusión, luego con cierta culpabilidad.
-Toma, pontelo -le pedí, es a la primera fiesta que acudes, no puedo permitir que no sea con un vestido digno -le dije guiñándole un ojo -ya me lo pagaras con el duro trabajo en casa -bromeé guiñandola el ojo mientras caminábamos hacia una cafetería.

Se metió en el baño y al rato salio vestida con ese vestido que reflejaba sus dos orbes azules.
Hicimos algo de compra para pasar la semana, ella fue realmente la que eligió los alimentos pues básicamente se encargaba de cocinar, así que fui bastante relajado por el mercado dejándola hacer y limitándome a acompañarla.
Para ella hasta elegir la comida era una novedad, una que disfrutó a decir verdad.
Cuando terminamos ya había entrado la noche.
Las calles estaban iluminadas por los farolillos, las carpas lucían inmensas ante nuestros ojos y todo tipo de comidas de culturas distintas se servían en ellas, también bebida y como no venta de colgantes, pendientes, figuras, telas, tabaco, hierbas...todo procedente de otras tierras.
-¿quieres que nos quedemos a cenar por aquí? -pregunté a sabiendas que si -podemos después acercarnos a la plaza, ponen música, la gente baila...

La vi dar un par de saltos mientras chocaba sus palmas llena de ilusión, parecía una niña con zapatos nuevos, bueno, en parte lo era.
Fuimos picoteando carne mechada con salsas, distintas pastas orientales, arroces variados.
Cada uno llevaba una jarra de cerveza en su mano que la verdad entraba bien con el calor que hacia aquella noche.
-mira prueba esto -le dije llevando mis dedos con un trozo de jabalí a las finas hierbas hacia sus labios.
Lo metí en su boca mientras esta reía, lamió mis dedos ligeramente logrando de inmediato que mis ojos se oscurecieran.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun Ago 28, 2017 6:37 am

Mis ojos observaban y miraban todo lo que había frente a mis ojos, todo para mí era nuevo y no dejaba de mirar a todos lados para no perderme ningún detalle ya que era la primera vez que estaba en la ciudad, me resultaba un poco extraña e incluso sentí cierto agobio al estar acostumbrada a los espacios libres, a la naturaleza... pero no por ello no me gustaba, al contrario, la música comenzaba a envolver el ambiente, la gente cada vez era más notoria en el lugar y los puestos se extendían frente a nuestros ojos. Como ya le había dicho entré en una de las tiendas para comprar la ropa que necesitaba para entrenar, pantalones de cuero ajustados, algunos que parecían de hombre algo más sueltos y alguna que otra camiseta para ir a juego y ya tenía todo lo necesario para poder entrenar. Samael me había esperado fuera de la tienda dándome un margen y cierta privacidad como si no se quisiera meter en aquel asunto y me dejara a mí decidir. Mientras recorríamos las calles no pude evitar que mis ojos se centraran en uno de los vestidos que había en un escaparate, era precioso, de un azul turquesa como miso ojos, ceñido de arriba y con caída libre a partir de la cintura, con un buen escote y unos guantes blancos. Suspiré mientras lo miraba, no podía soñar con tener ese tipo de vestidos que eran caros y, además, yo ya tenía vestidos que me había traído del templo.

Seguí mi camino entrando en otra tienda aunque ya había comprado casi en su totalidad la ropa que necesitaba, otra vez Samael me dejó por libre para que mirara tranquila y cuando salí de la tienda me lo encontré apoyado contra la pared con una bolsa en su mano. Lo miré con cierta sorpresa sin saber qué era lo que había comprado hasta que extendió su mano y me tendió la bolsa, pude ver el logo de la tienda que había visto antes y... ¿me había comprado aquel vestido? Cogí la bolsa y al abrirla allí estaba, el vestido turquesa que me había quedado mirando antes. Alcé mis ojos para mirarlo extrañada con que me hubiera comprado el vestido pero, al mismo tiempo, ilusionada con ello. No sabía cómo darle las gracias en esos momentos pero quizás mi cara lo dijera todo, estaba muy ilusionada por aquello y le sonreí agradecida cuando me dijo que me lo pusiera, que ya que era mi primera fiesta debería de hacerlo con un vestido digno y que ya se lo pagaría con el duro trabajo en casa. Le dejé la bolsa de la ropa que había comprado y me metí en una cafetería para ir al aseo y cambiarme saliendo con aquel vestido que se ceñía a mi cuerpo, resaltaba cada una de mis curvas acentuándolas, con un buen escote y una caída libre de cintura para abajo. Cuando salí noté su mirada puesta en mi recorriéndome y me mordí el labio mientras volvía de nuevo a su lado.


-Gracias por el vestido, ha sido un detalle –le dije sonriéndole y dejando una leve caricia en su brazo que hizo que mi cuerpo reaccionara pero finalmente acabé separándome y nos encaminamos al mercado para comprar los alimentos que necesitábamos, dejó que fuera yo quien hiciera la compra dado que yo era la cocinera y no puse pega alguna a todo lo que compré, simplemente me seguía y me dejaba hacer en silencio. Cuando terminamos ya era de noche y los farolillos que habíamos visto al principio ahora estaban iluminados dotando de luz y color las calles, la música sonaba y las carpas estaban ya montadas. Me preguntó si quería que nos quedáramos a cenar allí y sonreí asintiendo con la cabeza, dando un par de palmas y unos pequeños saltos que lo hizo sonreír como si fuera una niña pequeña, así que me guio por las calles hasta llegar al lugar, decía que en la plaza había gente que bailaba y ponían música... y yo quería ver esos bailes. Dejé que me guiara por aquellos puestos probando las diferentes carnes, las especies, las pastas, los arroces cogiendo ideas para próximas comidas e ir cambiando, me gustaba experimentar en la cocina así que con lo que había probado tenía alguna que otra idea. Llevábamos cada uno una jarra de cerveza y aunque llevaba solo la mitad comenzaba a sentir cierto embotamiento igual que me había pasado con el vino, no estaba acostumbrada a beber y en nada que tomara ya lo notaba bastante.

Fue cuando estábamos probando las diferentes carnes que había que sucedió, yo me reía de forma algo tonta cuando me llamó para que probara una de las carnes que había en el lugar, sus dedos llevaron el trozo a mis labios y yo, aun riéndome, abrí mi boca para que dejara el trozo dentro sintiendo el sabor de este nada más rozó mi lengua, mi lengua lamió también sin quererlo demasiado sus dedos notando las especias de la carne y sus ojos se quedaron anclados en los míos. El deseo era palpable en esos momentos en que estábamos uno enfrente del otro, sus ojos en mi boca y los míos en sus esmeraldas, nuestra respiración algo acelerada, el calor de mi cuero al sentir su aliento contra mis labios, la música que nos envolvía y que parecía llevarnos a un mundo aparte en el que solamente estábamos los dos. Era difícil controlarnos pero parecía que los dos estábamos en la misma tesitura en esos momentos, como si el deseo nos obnubilara y no fuéramos capaces de pensar en nada más que en eso. Un jadeo escapó de mis labios ante la proximidad y ambos dimos un paso hacia delante como si no fuéramos capaces de controlar nuestros cuerpos, como si algo mayor nos controlara. Lamí mis labios bajo su atenta mirada y sentí la tentación de nuevo de morder sus dedos, lo hice y su mano se deslizó entonces bajando por mi cuello hasta dejar sus dedos en mi nuca, sin apartarnos. Mi mano se alzó recorriendo su pecho y nos acercamos aún más de forma que apenas quedó un resquicio entre nuestros labios, me invadía la impaciencia y solo pensaba en besarlos y apoderarme de ellos... y lo habría hecho sino fuera porque unos niños que pasaron corriendo se chocaron contra nosotros y se rompió la magia al separarnos, y si no se rompió al menos se disipó un poco. Dimos un paso hacia atrás cada uno y nos miramos pensando que lo mejor era poner distancia.


-¿Seguimos? –Dije como pude mientras mi corazón parecía un caballo desbocado y mi respiración era errática, el calor me consumía y todo mi cuerpo me gritaba porque me acercara de nuevo y lo hiciera mío. Por suerte seguimos probando de los diferentes puestos de comida que había, los quesos, las frutas y demás carnes que había por allí acabándonos las jarras que llevábamos, tenía tanto calor que ni la cerveza que estaba bien fría conseguía aplacarlo. Finalmente ya saciados tras probar algunos dulces, sobre todo el chocolate que era una adicta al mismo, pasamos hacia la plaza sin ningún percance por el momento. Mientras íbamos de camino a la plaza y la música comenzaba a oírse más fuerte me asusté cuando, sin esperármelo, un hombre que hacía malabares con bolas de fuego salió de mi lado con las bolas de fuego asustándome por no esperármelo que mi reacción fue engancharme al brazo de Samael y retroceder un par de pasos sin soltarle. Me di cuenta de que no pasaba nada y de que era parte del espectáculo pero el susto me lo había llevado y él intentaba tranquilizarme. Seguimos andando y antes de ir a ver como bailaban nos paseamos por los diferentes puestos que había donde se vendía de todo, los miré todos y cada uno de ellos y no fue que llegué hasta el último donde se vendían pendientes, colgares, pulseras y anillos que la mujer, una gitana, me miró de forma fija durante unos segundos aunque no supe por qué lo hacía. Empecé a sentirme un tanto incómoda y cuando me iba a ir su mano cogió mi brazo con delicadeza.
-Espera joven, ¿me permites mirar un momento tú colgante? –Mis dedos, de forma automática fueron hacia el mismo cogiéndolo como si intentara protegerlo, como si pensara que fuera a quitármelo y la idea no me gustaba- tranquila, solo quiero admirarlo –miré a Samael y asintió con la cabeza, si solo era eso... Cogió el collar pero no tocó el colgante, examinándolo de cerca y parecía hasta sorprendida- vaya, hacía mucho que no veía uno como estos –dijo soltándolo y haciendo que el típico sonido de tintineo se escuchara- creía que todos esos colgantes se habían destruido –no entendía nada, ¿cómo que destruido?
-¿Destruido? –Pregunté mirando a la gitana quien, al oír mi pregunta, me miró con cierta extrañeza en su mirada- ¿usted sabe lo que es? –Sonrió levemente y asintió con la cabeza.
-Claro que sé lo que es joven, ¿acaso no lo sabe usted? –Mi mirada debía de decirle todo lo que mis labios no decían, porque tras una pequeña pausa procedió- debes de procurar que nadie más lo toque, solo puedes tocarlo tú o la protección que lleva encima se romperá -¿protección? ¿El colgante me había estado protegiendo? Si toda mi vida se había sumido en un absoluto caos, era imposible- las historias cuentan que hacía mucho tiempo había una familia que llevaba esos colgantes, más bien amuletos, y que solamente ellos eran los poseedores de dichos amuletos, traspasados de generación en generación... me extraña que si tienes uno en tú poder no sepas lo que es ni tampoco para qué sirve -¿servía también para algo? Cada vez me enteraba de menos pero parecía que ella iba a darme la respuesta- son llamadores de ángeles, cuando lo agitas el sonido que produce son como pequeñas campanas que resuenan, el sonido es bajo y armonioso pero suficiente para que el ángel te guíe. Se dice que llama a tú ángel guía, a tú Ángel de la Guarda –mi boca se abrió en cuanto pronunció aquellas palabras y sentí como si el mundo de alguna forma se me cayera encima. Hacía unos días, si me lo hubiera dicho, no me hubiera creído ni una sola de las palabras que aquella mujer me decía, sin embargo, teniendo a mí lado a un ángel que había aparecido para salvarme... me lo creía. ¿Un llamador de ángeles? ¿Eso era lo que llevaba en el cuello? Era imposible, sin embargo, después de haber visto a vampiros y lo que le pasaba a Samael cuando en ángel emergía y tomaba posesión... me lo creía. No escuché nada más, fui incapaz de escuchar nada más porque mi mente procesaba las palabras y creaba miles de preguntas entorno a lo que me había dicho, al por qué lo tenía yo y si tenía algo que ver con que hubiera encontrado a Samael. Di un par de pasos hacia atrás y dejando a la mujer con la palabra en la boca comencé a correr alejándome del lugar, por primera vez en mi vida parecía conocer algo y lo que me decían generaba más dudas. Corrí entre la gente mezclándome con el gentío hasta que me apoyé contra un callejón para recobrar el aliento sintiendo una opresión en el pecho, algo que quería nacer o liberarse pero que le costaba hacerlo como si quisiera apoderarse de mí, igual que como sentía que tiraba hacia Samael, con la misma intensidad.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Ago 29, 2017 1:28 pm

Entreabrí los labios al sentir su lengua rozar la yema de mis dedos, mis pupilas se dilataron centrándose en esos carnosos que aun sobre mis dedos eran arrastrados por ellos en un afán de tocarlos y contemplarlos de cerca, saborearlos.
Todo me orillaba a ella, era como si el ángel que vivía en mi interior se desviviera por chocar con su cuerpo, convertirla en la indiscutible reina de mi mente y tomarla sin descanso con mi cuerpo.

Mi mano de deslizó por su rostro anclándose en su nuca, amos nos acercamos, su cuerpo ardía, mis ganas incendiaban y el roce de nuestro cuerpo hizo que el volcán estallara.
Jadeé contra sus labios sintiendo el candor de su aliento sobre los míos, ínfima la distancia que quedaba entre ellos, pesada ácida y caliente.
Cerré los ojos y ladeé la cabeza buscando su boca inexorablemente, si eso era pecado se me antojaba dulce.

El choque de unos críos se llevó ese momento, admito que los maldije en silencio, mis ojos por un instante ennegrecieron preso del cabreo de alejarme de su cuerpo.
“Seguimos” dijo con una sonrisa, así que me dejé arrastrar de nuevo por su entusiasmo siguiendo nuestro camino hacia esa plaza iluminada donde la gente danzaba al ritmo de la música.
Fue entonces cuando una gitana irrumpió nuestras risas de forma súbita e inesperada, enarque una ceja sin acabar de entender que demonios quería esa mujer.

La cara de Yuna lo decía todo, parecía asustada ante la insistencia de la vieja en ver su colgante que no tocarlo, así que le trasmití seguridad con la mirada, nada malo iba a pasarle, yo estaba allí, protegiéndola.
La gitana no se ando por las ramas, el collar era un llamador de ángeles que al parecer una familia de antaño utilizaba, por lo visto era una joya extraña, habían desaparecido todas.

Yuna no pudo aguantar mas y salio corriendo posiblemente perpleja por la nueva información recibida, corrí tras ella, era difícil seguirla pues la gente se cruzaba entre ambos
Aquel lugar estaba abarrotado, fruncí el ceño gritando su nombre sin dejar de acortar la distancia con ella, no podía perderla en la ciudad, no cuando ella no conocía nada.

Finalmente se detuvo jadeando por la carrera y yo llegué así frente a ella, mil dudas de seguro se le pasaban por la cabeza.
Tiré de su mentón obligandola a mirarme.
-Yuna, soy un hombre y lo que habita en mi interior es un ángel, es posible que ese colgante sea la respuesta a porque mi ángel se siente tan atraído por ti, porque necesita a todas horas contacto contigo...puede que pertenezcas a alguna familia con magia o vete tu a saber, pero corriendo en dirección contraria a la mía no vas a solucionar nada, no cuando no dejas de llamarme -bromeé guiñándole un ojo -descubriremos este misterio, juntos, pero ahora mismo solo quiero que disfrutes de ese vestido nuevo, que bailes ante mis ojos y seguir cenando y bebiendo..volvamos a casa después y con calma frente a la lumbre podemos hablar largo y tendido del collar, de ti y de esa familia de la que la bruja habla.
Quizás en el templo donde te tenían recluida hallemos respuestas, ahora, ven -le pedí extendiendo la mano – enséñame como bailas.
Mi sonrisa se ensanchó tirando de ella hacia la improvisada pista donde la orquesta tocaba alegres melodías y la gente bastante bebida danzaba sin parar a su mismo son.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue Ago 31, 2017 5:00 am

Las palabras de aquella gitana habían causado un revuelo en mi interior, uno que era difícil de ignorar y que hacían que mi corazón latiera con fuerza y mi respiración comenzara a ser agitada. Resultaba que, lo que siempre había tenido en el cuello según me había dicho Alistair, era un llamador de ángeles, uno que llamaba a mi Ángel de la guarda y que al parecer era el hombre que en esos momentos tenía a mí lado y que en su interior llevaba un ángel, uno con el que mi marcaba respondía cuando aparecía y que solo me generaba muchas más preguntas de las que yo tenía. Según me había dicho Alistair, cuando me encontró lo único que llevaba era aquel colgante y una nota donde ponía mí nombre, pero nada más. La gitana decía que esos colgantes eran raros y únicos que los creía a todos perdidos o destruidos, sin embargo al parecer quedaba el que yo llevaba al cuello porque parecía familiarizada con la leyenda que me había contado y con el hecho de que estaba convencida de que lo tenía era un llamador de ángeles. Y a mí lado tenía a uno de ellos, uno que daba credibilidad a su historia, uno por el que me sentía atraída irremediablemente y uno que ya habría besado de no ser porque unos niños se hubieran chocado con nosotros. Todo aquello era demasiado para poder soportarlo, para poder procesarlo con calma... se suponía que el colgante que no podía tocar nadie más me protegía pero ¿de qué? Era la pregunta que me hacía en cuestión, no entendía por qué nadie más podía tocarlo y tampoco entendía cómo es que me había protegido cuando el caos siempre me acompañaba en mi vida... no entendía nada.

Salí corriendo sin pensarlo demasiado dejándole la bolsas a Samael, comencé a mezclarme entre la multitud huyendo de todo aquello que de alguna forma me daba un poco de miedo, era una de las primeras pistas que tenía sobre mi vida y resultaba que al parecer no había sido casualidad que Samael se cruzara en mi camino, como si hubiera sido puesto allí por algún motivo que todavía no entendía y que no llegaba a comprender. Comencé a correr obviando los gritos de aquel hombre que tanto me atraía, que tanto me llamaba y que me dejaba sin defensas cuando estaba a solas con él mientras mis piernas iban todo lo rápido que podía esquivando a la gente que se cruzaba en mi camino... pero no llegué demasiado lejos, el cansancio pudo conmigo y tuve que pararme a jadear y recobrar el aliento en un momento dado porque no podía seguir corriendo como lo estaba haciendo, no podía porque no tenía el fondo físico necesario ni la resistencia tampoco y pronto sentí su presencia que se acercaba hacia donde yo estaba mientras millones de preguntas se pasaban por mi mente, ¿quién era yo y por qué tenía ese colgante? ¿Por qué había dicho la gitana que pertenecía únicamente a una familia, que iba de generación en generación, y que solamente ellos tenían ese colgante? ¿Sería yo una de ellos, y si lo era, por qué me abandonaron? ¿Sería cierto que mi colgante era un llamador de ángeles como decía y que Samael era mi ángel de la guarda?

Se acercó hacia donde yo estaba alcanzándome y finalmente cuando estuvo delante de mí mientras yo apoyaba mis manos en las rodillas, con la cabeza gacha y mi pelo cayendo por ambos lados su mano fue directa a mi rostro, sus dedos se quedaron en mi mentón y lo alzaron para que nuestras miradas se anclaran de nuevo, azul contra verde, quedándonos mirando por unos minutos sin poder evitarlo como si la magia que se había roto hacía unos momentos hubiera vuelto de nuevo, como si fuera imposible estar cerca y no dejarnos llevar por aquello que nos atraía hacia el otro, que nos buscaba, que nos cercaba hasta restar toda distancia entre ambos. Mi respiración salía errática y su pulgar acarició mi mejilla de forma sutil antes de comenzar a hablar, antes de decirme aquellas palabras. Abrí mi boca cuando dijo que se sentía atraído por mí pero ¿acaso no era obvio? Lo era, pero que lo dijera hacía que cobrara mayor sentido. Que quizás fuera por el colgante por lo que... ¿su ángel quería tocarme a todas horas? Un escalofrío recorrió mi cuerpo por sus palabras, decía que quizás procediera de una familia con magia pero es que yo no sabía nada en absoluto y Alistair tampoco me había contado demasiado. Decía que corriendo en dirección contraria a la suya no hacía nada cuando, sobre todo, no dejaba de llamarme... refiriéndose al colgante que apresé entre mis dedos de forma instintiva y sin pensarlo. Decía que lo solucionaríamos juntos, que en volver hablaríamos sobre el colgante, sobre mi familia y sobre mí pero yo no tenía mucho más que contar.


-Apenas sé nada de mi familia, Samael, Alistair si sabía algo me lo ocultó durante todo este tiempo... ¿por qué me tuvo recluida tanto tiempo, por qué me abandonaron de esa forma...? –Pregunté aunque sabía que él no tenía las respuestas, sentí que me derrumbaba un poco pero él me sostuvo con fuerza por el mentón como si adivinara lo que me pasaba, quería que disfrutara del vestido, de la cena, la bebida y del baile... extendió su mano pidiéndome que fuera con él con esa seguridad que desprendía, con esa sonrisa que me volvía loca y que me hacía desearlo con más fuerza. Me sentía muy perdida en esos momentos y no sabía qué era lo que debía de pensar pero... su mano extendida pidiéndome que fuera con él, su sonrisa, el que quisiera ver como bailaba... fue lo que me llevó a tomar su mano y dejar que tirara de mí. Tenía razón, podíamos ocuparnos más tarde de lo que nos concernía pero podíamos disfrutar primero de aquella fiesta- no sé bailar, nunca he bailado –aseguré mientras me dejaba llevar por su mano que la sentía cálida, cerniéndose sobre la mía, haciendo que me sintiera segura y que me olvidara de todo... ¿cómo era posible que tuviera ese poder sobre mí? No debía de ser bueno, pero no iba a quejarme ni a soltarme de su mano en esos momentos. Llegamos de nuevo a las carpas y como si no hubiera pasado nada, como si esa gitana no nos hubiera dicho nada empezamos de nuevo a comer y a beber, necesitaba distraerme de mis pensamientos y la cerveza se me antojó demasiado buena para ello. Pillé el puntillo tras beberme una jarra entera en un tiempo récord para alguien que apenas había bebido en su vida y sentí los efectos subiendo por mi cuerpo, calor que se aumentaba por estar cerca de Samael, risa que se escapaba sin control, mejillas sonrojadas, palabras que salían sin pensar de mis labios y que me hacían parecer como una niña. Mientras comíamos y bebíamos nos encontramos con Raziel quien llevaba una jarra en sus manos y estaba acompañado por una morena que se enganchaba a su brazo, él parecía divertido y se reía con ella pero la verdad es que me costaba imaginarme a Raziel enfadado- Razieeeel –dije mientras me acercaba y llamaba su atención con un tinte cantarín de niña buena, pero borracha, que le hizo mirarme, enarcar una ceja y echarse a reír cuando casi me caí al acercarme a donde estaba teniendo que cogerme con su brazo para que eso no pasara. Me preguntó si estaba borracha y negué con la cabeza escondiendo la jarra tras mi espalda- no, no he bebido nada –dije pero era evidente por mi estado que sí había bebido, no hizo comentario al respecto y me presentó a la morena de la cual me había olvidado por completo- oh, holaaa –dije con una sonrisa mientras la joven me miraba no sabiendo si reírse o aguantarse, Raziel terminó diciéndome que me portara bien y que no bebiera demasiado, me reí por ello sin control y dejé un beso en su mejilla mientras él reía y se despedía, volví sobre mis pasos y me quedé frente a Samael– tú hermano es muy simpático... un poco inmaduro, pero simpático –dije mientras me reía- dice que llevo un puntito y que me veo bien con el... pero no sé a qué se refiere –me encogí de hombros- dice que llegará tarde pero presiento que llegará muuuuuy tarde –dejé la jarra ya vacía y al volverme trastabillé y si no fuera porque Samael me cogió para evitar mi caída y mi rostro se quedó contra su pecho, cerré los ojos y por unos segundos no me moví escuchando que me preguntaba si estaba bien, ¿bien? Sí, estaba bien borracha y bien caliente. Alcé mis ojos para mirarlo y me mordí el labio, santo joder, era realmente atractivo ese hombre y sin duda alguna todo un pecado, y si aquello era pecar no me importaría ir al infierno por ello- ¿te han dicho alguna vez lo atractivo que eres? Oh, mierda... ya se me iba la lengua- pues lo eres. Me gustan mucho tus ojos, tus labios, y... –me reí, como si hubiera hecho una travesura y apoyé mi frente en su pecho, lancé un suspiro y mi mano aferró su camisa aspirando su aroma, olía tan bien que embotaba demasiado mis sentidos-... me tienes obnubilada... –lo dije tan bajo que quizás, con la música, no llegó a oírme o quizás sí, no había forma de saberlo- Venga, vamos a bailar –dije separándome de él para mirar como lo hacía la gente, no es que estuviera en las mejores condiciones pero me di cuenta de que había encontrado mi propio ritmo y que me movía al son de la música, me gustaba, era... liberador, divertido... comencé a reírme mientras bailaba de aquella forma y pronto comencé a seguir los pasos de los demás moviéndome por la zona como hacían ellos mientras sentía los ojos fijos de Samael en mi figura, siguiéndome allá donde iba y mis ojos se encontraban con los suyos de vez en cuando. Ya le había pillado el tranquillo a aquel baile y al cabo de unos minutos me acerqué para tomar sus manos bajo su atenta mirada y tirar de él- baila conmigo, Samael.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue Ago 31, 2017 1:07 pm

Mis ojos desfilaban por su cuerpo, estaba encendido y verla con ese puntillo solo me hacia desear una cosa, tomarla, perderme en su boca y obedecer a pies juntillas lo que el ángel que habitaba en mi pedía.
Mis ojso oscurecidos me delataban, mientras ella reía, me miraba y yo la sujetaba por la cintura para que no trastabillara.
En mas de una ocasión lo abultada que estaba mi entrepierna le quedó claro cunado su vientre se rozó contra mi cuerpo.
Me estaba volviendo loco y mis labios entreabiertos dejando escapar una pesada respiración eran la prueba clara de ello.

Nos encontramos con mi hermano que iba bien acompañado de una morena, los dos se reían al ver el efusivo saludo de Yuna, Raziel la sostuvo en mas de una ocasión pues su cuerpo iba y venia como si la arrastrara la marea.
Era una noche, nunca se había divertido no pensaba ser yo quien le chafara la fiesta, así que cuando Raziel se despidió dándome una palmada en el hombro y susurrándome un cuídala, me limité a asentir.
-¿Va a llegar tarde? -le dije con una sonrisa siguiéndole el juego, casi arrastrando las palabras contra sus labios.
Ella añadió un muuuy tarde que me hizo reír. Dejó su jarra vacía pero cuando fue a girarse tropezó casi cayendo de bruces, reia sin parar y yo la atrapé de la cintura pegándola mas a mi.
-¿estas bien? -le pregunté contemplando sus turbios azules -mañana vas a saber lo que es una resaca.

Alzó la mirada para entre risas decirme lo atractivo que me veía, si yo le dijera a ella ahora mismo como estaba de excitado ni se lo creería.
Mis ojos fijos en sus labios, ella se reía asegurando que le gustaban mis ojos, mis labios hasta que ocultó su cabeza en mi pecho y tras un segundo se puso a bailar junto al resto de mujeres.
Di un trago a mi cerveza mientras la observaba fijamente, su cuerpo poseído de seguro por un sucubo tomaba poses imposibles y el fuego parecía resplandecer mas con esos movimientos infernales.
Mis ojos oscurecieron por completo, como si las llamas fueran nuestras y el baile no fuera la primera vez que lo presencia.
Cuando tiró de mis manos sentí ese flujo eléctrico que al rozar nuestras pieles se convertía casi en éxtasis.
Jadeé de forma ronca dejándome llevar a nuestro hogar.
Mis ojos dibujaron sus labios, mis manos pegaron sus caderas a mi lazada hombría mientras su cintura se arqueaba con cada fricción.

Estaba perdido en la voluntad del ángel, la jarra cayó de mi mano, ahora eran sendas manos las que tocaban su cuerpo que se deshacía bajo mi tacto.
Por encima de la tela dibujé sus montañas, cúspides expuestas, mi boca en su cuello, lamí su piel llena de recuerdos, surque senderos que bien conocía aunque no entendía, ella era ciertamente mía.
Gruñí jadeante, preso del ángel que extendía sus alas desgarrándome, mi boca a escasos milímetros de la suya, el pecado se hacia carne.
Mi aliento golpeaba la humedad de sus carnosos, empapados de alcohol mi lengua emergió de mi boca y en un lascivo gesto los saboreó.
-Te deseo -gruñí colisionando contra su boca.
Mis ojos estaban completamente negros, había perdido el control de mi propio yo.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Sáb Sep 02, 2017 7:05 am

Había decidido pasar de y disfrutar de aquella noche, de divertirme, de beber, de bailar, de probar todas las cosas que exponían... era una noche diferente y no pensaba dejar que mi mente se centrara en lo que me había dicho la gitana, era la primera vez que iba a la ciudad y la primera vez que iba a una fiesta, debía de centrarme en eso principalmente y es lo que penaba hacer, sentía que mi cuerpo ya notaba los estragos del alcohol y me costaba un poco mantenerme en pie de vez en cuando sin embargo eso no impidió que bailara y que disfrutara de aquel momento aprendiéndome los pasos de aquel baile y bailando también por mi cuenta al ritmo de la música, lo cierto era que no fue demasiado complicado aprenderme los pasos y me encontré con que eran bastante sencillos y que pronto ya bailaba como ellos, sentía los ojos de Samael fijo en los míos cada vez que me movía por aquella pista de baile improvisada. Sintiéndome más cómoda y siguiendo el ritmo de la música comencé a bailar por mi cuenta dejándome llevar, como si siempre hubiera bailado pero no lo recordara, como si aquella música hubiera sido hecha para mí y ahora bailaba como debería de ser, sintiéndome libre por completo. Era una sensación algo extraña porque, en cierto modo, sentía como si ya hubiera bailado de aquella forma cuando era la primera vez que bailaba, o como si en otro momento ya hubiera bailado así... mientras los ojos de Samael no me perdían de vista, los sentía recorriéndome y los míos se encontraban con los suyos bailando entre las llamas, como si aquella situación no fuera la primera que experimentábamos.

Había algo de magia en aquel momento, en aquel baile alrededor de la hoguera, como si fuera primitivo y muy antiguo cargado de algo que no sabía muy bien lo que era, pero por un momento sentí la sensación de que aquello ya lo había vivido, como si estuviera recordando un momento que no lograba recordar para nada. Terminé por acercarme de nuevo a él con el cuerpo ardiendo y una sonrisa en los labios, aquel hombre era muy atractivo y ya se me había ido la lengua y le había dicho que lo era, que me gustaban sus ojos, sus labios... el alcohol me había soltado la lengua demasiado y ahora, frente a él, sentí que me quedaba anclada en su mirada pegada a su cuerpo. Un jadeo escapó de sus labios y sus manos me pegaron de las caderas a su cuerpo haciendo que un jadeo escapara también de mis propios labios ante su cercanía, el calor que desprendía su cuerpo. Notaba su excitación contra mi cuerpo y aquello me provocó un leve suspiro pero no me aparté, me quedé tal y como me había dejado sin dejar de mirarlo en todo momento y mi cadera se movía, sin poder controlarla, con cada roce que nos dábamos hacia su cuerpo. Como si de una conexión potente y abrasadora nos envolviera a ambos sin darnos opción a poder separarnos, a poder apartarnos o a razonar de forma coherente... sentí sus manos recorriendo mi cuerpo, y ese fue el principio del fin.

Un jadeo salió de mis labios cuando sus manos recorrieron mi cuerpo por encima de la ropa, al llevarlas a mis pechos y tocarlos de aquella forma cerré los ojos y mi cadera se movió en consecuencia hacia su cuerpo buscando rozar su miembro que notaba más con cada movimiento, perdidos en un bucle de sensaciones que en vez de parar lo que hacía era simplemente aumentar y aumentar de forma desproporcional, brutalmente. Sentí sus labios rozar mi cuello y sentí que me quería morir cerrando los ojos y ladeando mi cabeza para darle más acceso, pero si aquello me hizo temblar sentir su lengua lamiendo y recorriendo mi piel fue algo demoledor que me hizo aferrarme a su camisa con fuerza y gemir bajito mientras sentía toda mi piel erizara por su toque, por lo que me provocaba. Mis manos subieron por su pecho dibujándolo, podía notar los músculos definidos de su torso bajo la palma de mis manos y sentí que quería tocar su piel de verdad y no la tela de la camisa. Mis manos terminaron de subir hasta su pelo y enredé allí mis dedos mientras él hacía un recorrido por mi cuello y por mi piel y de nuevo sentí esa sensación cuando bailaba, como si ya hubiera sentido aquellas caricias pero fuera incapaz de recordarlo, se me hacía imposible y difícil de recordar aun cuando fuera una sensación que jamás olvidaría. Me aferré a él porque sentía que si seguía de esa forma acabaría por desfallecer entre sus brazos y ya notaba que mi cuerpo temblaba.

Mis ojos contemplaron los suyos con nuestras bocas a escasa distancia la una de la otra, sentía su aliento cálido sobre mis labios y me mordí el inferior presa del deseo que me embargaba, como si algo mucho más fuerte que yo me empujara y le dictara a mi mente que debía de besarlo, que debía de perderme en él, en su cuerpo, en su esencia... en todo lo que él era. Y joder, era algo tan difícil de pasar por alto que me tentada por hacerlo, deseaba más que nada un beso de sus labios, de esos que me habían traído loca desde el primer momento, los mismos que anhelaba probar y hacerlos míos, porque no sabía por qué, pero él me pertenecía y debía de demostrarle que así era, que nadie más salvo yo podía tocarlo, besarlo. Quería marcarlo como mío y deseaba que él me marcara como suya, que me llevara por los caminos inexplorados y que eran desconocedores para mí, lo deseaba demasiado que un jadeo escapó de mis labios. Su lengua, juguetona y de forma lasciva, lamió mis labios y tras un “te deseo” que gruñó contra mi boca... ambas se fundieron en una sola. Gemí al sentir sus labios por fin contra los míos y todo mi cuerpo dio un vuelco en una sensación difícil de explicar. Sus labios eran puro pecado y, al mismo tiempo, el paraíso... eran una delicia y me fue imposible separarme, es más, era una sensación que me resultaba ciertamente familiar y de la cual quería más. Sus labios eran como el fruto prohibido, y yo quería seguir pecando.

Sus manos recorrieron mi cuerpo por completo y yo me pegaba a él incapaz de separarme como si ahora me fuera imposible, y lo cierto, es que sentía que era así. Su lengua jugaba con la mía que tímidamente intentaba seguirle el ritmo y que poco a poco lo fui haciendo, se apoderó y se adueñó de mi boca y sentí que siempre había sido el dueño de ella, de ella y de todo mi cuerpo al completo. Sus manos me recorrían entera y mis caderas se movían contra las suyas haciendo nos rozáramos a posta y gimiera en el beso, era como si aquella situación ya la hubiéramos vivido pero me era imposible recordarla. Mientras nos besábamos sentí como algo en mi interior, algo que estaba en lo más profundo de mí ser y que parecía haber estado dormido por muchísimo tiempo como si fueran siglos o milenios... comenzó a despertar. Aunque fuera extraño sentí como si un sello que había en mi interior, como si lo que intentara retener aquello se rompiera y sentí como una corriente fría me recorría el cuerpo, algo que parecía querer pugnar en una batalla contra mí misma, algo frío y oscuro... algo que hizo que me separara de Samael y me apartara como si fuera incapaz de contenerlo mientras aquello susurraba que siguiera, que dejara que me tomara y que fuera libre. Me separé a regañadientes cuando lo que quería era seguir, pero algo en mi hizo que luchara y me giré para recobrar el aliento y llevar una mano a mi pecho mientras la sensación parecía desaparecer y la “voz” que había alimentado que siguiera besándolo parecía apagarse. ¿Qué narices...?

Podía notar su desconcierto tras mi espalda pensando seguramente por qué me habría apartado cuando todo en mí deseaba que seguir y perderme en él, en sus brazos, en su piel... sentirlo mío porque de alguna forma era como si siempre hubiera sido así, él era mío, y yo era suya. No lo entendía pero sabía que así era. Me giré para enfrentar sus ojos mientras la sensación desaparecía de mi pecho y lo que hice fue abrazarme a él, pegar su cuerpo al mío y rodear su cuello con mis brazos escondiendo allí mi rostro mientras, en susurros, le pedía que volviera y que fuera él, que luchara contra el ángel y que lo dejara recluido en su cuerpo de nuevo. No sabía qué había pasado pero eso había comenzado a notarlo cuando el ángel en su interior tomó forma, y lo sabía porque mi nuca había ardido de nuevo con la marca que tenía, no sabía qué ocurría pero solo me quemaba cuando su ángel tomaba posesión de su cuerpo. Finalmente pareció que venció al ángel porque dejó de quemar pero igualmente no lo solté, no me veía capaz de soltarlo aun cuando sabía que de seguir terminaríamos en la misma situación. Teníamos que averiguar muchas cosas, cosas que se nos escapaban de nuestro control, pero lo que sí era seguro que había algo que nos unía y que nos conectaba, además de la atracción que sentíamos por el otro que era como una fuerza demoledora que nos empujaba y nos acercaba más.


-Samael, yo.... no sé qué ha pasado.... –me sinceré porque es que no lo sabía, era extraño incluso para mí en esos momentos, por una parte quería de nuevo que me besara y perderme en él, jamás había deseado tanto una cosa como aquella y es que me moría porque pasara... pero... ¿qué había sido eso que había notado en mi interior? ¿Por qué había aparecido cuando su ángel salió pero, lo noté, cuando me besaba? Todo eran más y más preguntas sin respuesta que no tenía y que me era difícil de responder- tu... ¿has sentido eso también? –Me separé para mirarlo- no entiendo nada... –negué con la cabeza y la apoyé contra su frente, desconcertada por lo que había pasado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun Sep 04, 2017 5:04 am

Se separó de golpe, mientras un gruñido gutural plagado de excitación escapó de mis labios, estaba claro que a aquello que habitaba en mi, ese que tenia el control no le había gustado un ápice que su cuerpo se alejara del ajeno aunque solo fuera momentáneamente.
-Eres mía -gruñí dejandole claro que lo era, que esta no era la primera vez que lo fue ni siquiera seria la ultima.
Era como si Samale, el ángel de mi interior supiera mas que el humano recipiente que era yo, me llevaba clara ventaja y me dominaba cuando la cercanía con Yuna se precipitaba quedando en nada.

Ella me abrazó, me pedía que volviera, quería que luchara contra esos ojos negros que la contemplaban de frente, plagados de deseo, de una necesidad de ella insospechada.
Lo sentía dentro de mi, era devastador, me ardían las entrañas, el sello de mi vientre tomaba un tono rojizo como si estuviera al rojo vivo.

Sus dedos recorrían mi pelo, buscando que me calmara, peor sus labios pronunciaban mi nombre y con su conocida voz, una que no sabia de que pero sentía cercana me animaba a seguir con mi empeño de besarla, tomarla.
Mis labios la buscaron con la misma necesidad con la que un drogadicto busca sus dosis de crack
-He de tomarte y todo lo entenderás.

No se en que instante recuperé el control, fue mínimo, y de nuevo me arrastro dolor pues tuve que hundir mis dedos en el sello dejando que gotas carmesí surcaran mi vientre, solo así lo aplacaba el tiempo suficiente.
-Yuna -susurré jadeante clavando mis verdes en sus azules -¿estas bien? -pregunté apartando los mechones de pelo que caían desordenados por encima de su rostro.

Estaba muy ebria y aun asi era ella la que había tenido que detenerme, había sentido esas ganas, el demencial baile frente al fuego que nos había consumido, mis dedos dibujando su cuerpo , u baile provocador encendiéndome por dentro.
Lo peor era que no solo lo que habitaba dentro de mi la deseaba, la pasión era compartida con el humano y por eso esto era tan complicado.

Deje escapar el aire de forma pesada contra sus labios cuando su frente se orilló contra la mía, nuestros labios estaban cerca cálido el aire que destilaba entre ellos.
-El ángel que hay dentro de mi te desea hasta un punto que no puedo controlar, ahora mismo solo pienso en llevarte a mi lecho y colarme entre tus piernas -confesé con sinceridad dando varios pasos hacia atrás para interponer la distancia adecuada para que mi deseo no me arrastrara y de nuevo mi habitante tomara el control.
-Tenemos que ir a ese templo donde estabas recluida, puede que ese que te cuidara este muerto, pero eso no es motivo para que alguien mas sepa de tu existencia ¿que eres? ¿por que me da la sensación de que te conozco, no yo, él -dije señalando a lo que habitaba en mis entrañas -necesitamos respuestas o esto se puede convertir en algo muy peligroso.

Quizás lo mejor era irnos a casa, ella iba muy borracha y yo no iba completamente sobrio, lo que nos colocaba en una situación vulnerable para ambos.
Mis ojos descendieron por su cuerpo despacio.
-Joder -dije con la voz ronca -no puedo pensar en otra cosa Yuna.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Sep 05, 2017 5:49 am

“Eres mía” Dos palabras que podían significar un todo y que dejaba más que claro que yo le pertenecía, que era suya, que siempre lo había sido de un modo que no podía concebir en esos momentos y que siempre lo sería, algo que yo también en mi interior sentía que así era, que siempre le había pertenecido, que mi cuerpo era suyo, mis labios... absolutamente todo de mí le pertenecía a él, por y para siempre. Era una sensación extraña, como si fuera algo que sabía pero que no llegaba a recordar del todo, pensamientos extraños se cruzaban por mi mente en esos momentos y no sabía del todo muy bien lo que debía o tenía que hacer. Por una parte una voz que salía desde lo más profundo de mí me decía que me girara, que lo besara y que sucumbiera al placer que era estar entre sus brazos, que me hiciera suya para siempre, algo que parecía haber despertado un poco y que quería tomar el control de mi cuerpo sintiendo una corriente fría que emergía desde una profundidad y una oscuridad en mi interior hasta ahora desconocida incluso para mí. Otra parte, la cabal y la sensata me decía que me alejara y que pusiera distancia, que pensara las cosas como eran y que me lo tomara con calma, que algo estaba pasando y que debíamos de averiguarlo antes de seguir por aquel camino que podía ser perfectamente la perdición para ambos, más de lo que en ese momento podía ser. No sabía muy bien cómo pararlo y tampoco sabía lo que tenía que hacer exactamente así que hice lo primero que se me pasó por la cabeza; abrazarle.

Me giré para pegar de nuevo mi cuerpo al suyo, mis brazos rodearon su cuello y mis dedos se perdieron por su pelo en un intento de tranquilizarlo y de calmarlo, en un intento porque su ángel –que hacía que mi marca ardiera en mi cuello- se tranquilizara y volviera de nuevo a ser Samael el que tuviera el control absoluto, y no el ángel quien parecía que le había ganado la batalla en aquel momento. Lo llamaba entre sus susurros pidiéndole que volviera, que venciera contra el ángel y que no se dejara llevar, que luchara por ganar el control que tenía perdido mientras sus manos recorrían mi cuerpo y yo luchaba contra el deseo que eso me provocaba. Era consciente de que si quisiera apartarme ya lo habría hecho, la primera vez que el ángel salió me había levantado del cuello sin esfuerzo alguno, si quisiera alejarme lo habría hecho pero incluso así parecía reacio a que me alejara de él. Tampoco se quedó quieto y aunque tenía mi rostro escondido en su cuello sus manos fueron a mi pelo, enredó sus dedos en el e hizo que mi cabeza se apartara un poco de su cuello para mirarme y decirme esas palabras “he de tomarte y todo lo entenderás” No lo entendía, no entendía lo que quería decir con eso pero sus labios volvieron a buscarme de nuevo para volver a besarnos, un gemido escapó de mis labios incapaz de no responderle el beso y pareció que en algún momento fue él quien tomó el control porque igual que me había besado dejó de hacerlo.

Mi respiración era errática para ese momento y pude ver como para volver de nuevo a tener el control su mano se hundía en su vientre de donde el sello brillaba pero esa vez no lo hacía de color azul como al principio, sino más bien de un color rojizo como si simulara la pasión que habíamos sentido el uno por el otro. Le dolía, se podía ver por sus gestos de dolor y me di cuenta de ello incluso en el estado en el que yo iba, finalmente la luz del sello pareció apagarse y volvió a ser Samael de nuevo, mis ojos subieron a los suyos cuando me llamó porque estaban fijos en aquel sello y en lo que había hecho para aplacar al ángel de su interior y me encontré que jadeaba, que parecía como si estuviera cansado y dolorido pero su mano se elevó hacia mi rostro apartando algunos mechones de mi pelo que caían por el mismo y me preguntó si estaba bien. Lo cierto es que... no lo tenía del todo claro, dos mitades parecían luchar en mi interior pero sentía que en las dos el deseo y la pasión por él eran descomunales... estaba algo confusa y no sabía muy bien qué pensar porque tampoco sabía lo que había pasado exactamente. Asentí con la cabeza y cerré los ojos apoyando mi frente contra la suya, algo cansada, algo mareada por todo el alcohol que llevaba encima y sin saber qué pensar, notaba su respiración caliente chocar contra mis labios y sentía que el deseo volvía de nuevo a mí. Mis ojos lo miraron cuando dijo que el ángel me deseaba de una forma que no era capaz de controlar y que solo pensaba en llevarme a la cama y hacerme suya, un jadeo escapó de mis labios por sus palabras y me pregunté si él también me desearía o solamente sería cosa del ángel, pero ninguna palabra salió de mis labios.

Es más, se separó de mí para evitar cualquier tentación y me mordí el labio porque mi deseo por él aún no había menguado lo suficiente, seguía sintiendo sus manos por mi cuerpo abrasándome, sus labios sobre los míos y como prueba de ello lamí mis labios de forma lenta recordando su sabor. Decía que teníamos que ir al templo donde había estado encerrada que quizás encontráramos algo y también pensaba que alguien más sabría de mi existencia, me preguntó qué era y no supe qué responderle, ¿qué era yo, quién era? Preguntas para las que no tenía respuesta. Decía que sentía que fuera como si su ángel me conociera, y lo cierto es que lo que hubiera pasado en ese beso yo también sentí que lo conocía a él, que habíamos vivido todo aquello ya pero me era difícil ubicarlo. Asentí lentamente con la cabeza, teníamos que buscar respuestas para saber qué pasaba exactamente porque se podía volver la situación complicada. En esos momentos no podía pensar exactamente con claridad, lo cierto era que me encontraba en la tesitura de que no sabía lo que debíamos de hacer en ese momento, dejarlo todo para el día siguiente y seguir con la noche, eso era lo que deberíamos de hacer. Sentí su mirada que descendía por mi cuerpo y mis ojos se quedaron en los suyos hasta que volvió a mirarme de nuevo, sus palabras hicieron que un jadeo saliera de mis labios y al final acorté la distancia interpuesta pero quedando delante de él sin rozarnos para no caer en tentaciones.


-¿Sólo me desea el ángel... o tú también lo haces Samael? –Pregunté sin dejar de mirarlo, con ese puntillo que llevaba que me hacía que se soltara mi lengua porque, de haber estado en otra condición jamás le habría hecho esa pregunta, lo cierto es que yo tampoco podía dejar de pensar en lo mismo que pensaba él, lo quería y lo deseaba a partes iguales, sentía necesidad por él y era algo bastante crudo de soportar. Una mano subió lenta por su pecho sin dejar de mirarnos, estaba comprobado que cuando nos rozábamos piel con piel su ángel salía a la luz así que por eso recorrí su pecho sobre la tela- ¿y si te dijera que yo tampoco puedo pensar en otra cosa? ¿Y si te dijera que es lo único que deseo? –Mi rostro se alzó para mirarlo mejor, nuestros labios quedaron a la misma altura y podía sentir su aliento rozarlos como una lenta tortura, dejé escapar el aire en un jadeo y acabé por esconder mi rostro en su cuello, todo mi cuerpo ardía, todo mi cuerpo lo quería a él y era algo sumamente difícil de controlar- iremos mañana al templo si quieres –fue lo único que dije sin despegarme de su piel, seguía borracha y su cercanía me gustaba aunque fuera una tortura, pero por esa noche había bebido suficiente- llévame a casa, Samael –pedí cerrando los ojos y aferrándome a su camisa, su cercanía me tranquilizaba aunque el mareo de mi mente no se evaporara pero por esa noche había sido más que suficiente. Le pedí que me llevara a casa y tras pensarlo reí con esa risa que denotaba mi estado- a casa.... ¿sabes que nunca le he pedido a nadie que me lleve a casa? Claro que nunca he podido hacerlo porque estaba sin poder salir en el templo... siempre quería salir de allí no volver, y ahora me encuentro pidiéndole a alguien.... que me lleve a “casa” –enfaticé esa palabra y mi nariz recorrió su cuello de forma lenta para separarme y mirarle a los ojos- tú guías, ahora mismo no sé ni dónde me encuentro... ¿dónde está tú caballo? –Me separé un poco aunque me habría gustado quedarme toda la noche pegada a su cuerpo y enlacé mis dedos con los suyos en un agarre firme, para no perderme y que fuera él mi ancla, mi camino a seguir- te sigo.... en la medida en la que pueda, claro –solté otra risita que denotaba que seguía borracha y me mordí el labio esperando que echara a andar para despejar un poco mi mente y dejara de pensar en una única cosa: él.




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