Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ciel et l'enfer

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Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 25 Jul 2017 - 10:19

Recuerdo del primer mensaje :

Llevaba preparando el atraco al cabaret de lenfer un mes, había atado cada cabo que podía estar suelto o soltarse en el ultimo momento.
Si salia bien nos llevaríamos un buen pico, suficiente como para vivir una temporada sin necesidad de dar otro palo.
Nuestra vida nunca fue fácil, aunque supongo que la necesidad te obliga a buscar las vueltas para sobrevivir sin que los que te buscan te cacen.

Era algo irónico pues también mi hermano y yo eramos cazadores, acabábamos con seres de la noche para proteger a la humanidad, a fin de cuentas para eso habíamos venido a este mundo, iba implícito en nuestro adn.
Claro, que vivíamos en tierra de nadie, pues aquel que nos creó también buscaba nuestra destrucción.

Raziel no se tomaba nada en serio, su actitud me desesperaba, parecía no comprender que no estábamos en París por placer, la idea de movernos de un lado a otro no era un capricho del destino si no una necesidad palpable para mantenernos con vida.
La inquisición no se andaba con tonterías y nosotros eramos la prueba fehaciente de que habían experimentado, habían jugado a ser dioses, a dar vida y ahora a quitarla para que nadie descubriera la atrocidad de sus clandestinos experimentos.

En mi nuca el numero uno grabado a fuego, clara sentencia de lo que era, en mi interior un ente arañaba mi carne, rugía voraz queriendo emerger de la vasija que lo contenía.
Una marca alrededor de mi ombligo en forma circulo y con distintas runas servia como sello.
En una semana daríamos el golpe, aquella tarde necesitaba descargar adrenalina, así que dejé el fuego de la lumbre encendida y tras echarle un par de maderos, abandoné la cabaña de madera en busca de alguna presa.
Raziel como de costumbre estaría en alguna taberna haciendo de las suyas, me cansaba de ser su niñera personal, sus descuidos nos ponían en peligro, y a veces también a mi me apetecía convertirme en un hombre de mi edad, beber, salir con mujeres..sin embargo, yo tenia que permanecer atento a todo, lo que me dejaba en una posición de eterna vigilancia.

Cogí el arco y colgué el carcaj a mi espalda repleto de saetas. No demasiado lejos había un rio de aguas vivas donde gran parte de la fauna del bosque acudía a beber, era cuestión de tiempo dar con la presa del día, así que con la paciencia que ostentaba, me agache resguardandome entre la maleza atento a todo lo que mi alrededor pasaba.

No se el tiempo que permanecí hasta que un venado caminaba majestuoso y a lento paso hacia las orillas de las cristalinas aguas.
Coloqué la flecha en el nock y elevé ligeramente el arco tensando con mi brazo la cuerda para dejar escapar la flecha. Antes de que eso sucediera un ruido espantó a la presa haciéndola huir de inmediato.

Miré hacia el lugar de donde provenían los gritos femeninos, no tardé en ver a una doncella de dorados cabellos correr como si fuera una ninfa a través de las cortezas de los arboles.
Sus ojos miraban hacia atrás, como si fuera perseguida por alguien, asi que volví a esconder mi cuerpo entre la maleza dispuesto a observar.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 5 Sep 2017 - 10:04

Mis labios se entreabrieron de nuevo al sentir su cercanía, ella me estaba volviendo loco ¿acaso no lo veía? Mi mirada se enturbiaba ante ella, el deseo que le profería no era exclusividad del ángel que cohabitaba en mi interior, también de mi, la deseaba muchísimo.
Jadeé de forma ronca al sentir su aliento mojado en alcohol chocar con mi boca, su pregunta me revolvió por dentro.
-No, no es solo él -gruñí agachándome ligeramente hasta que de nuevo nuestros labios se rozaron con cada palabra, cada insinuación.

“llévame a casa” lo que ella se tomaba a risa por su grado de ebriedad, a mi me sonaba a pura lujuria, claro que quería llevarla a casa, peor no para dejarla dormir la mona, si no para tomarla, para hacerla mía sobre la hierba, el lecho o la alfombra que había frente a la chimenea y lo peor es que ahora mismo yo tenia le control.

Nuestros ojos se contemplaban de cerca, mi hombría completamente dura se perdía en su vientre, gemí contra sus labios, cada palabra de uno otro nos despertaba los instintos mas básicos y solo había un motivo por el que ahora mismo no la estaba montando, que yo no iba suficientemente borracho.
-Te llevaré a casa -mi voz sonó tan ronca como la noche en la que nos encontrábamos.

Cerré de nuevo los ojos tratando de centrarme en algo que no fuera su esencia, pero al ir ella como iba, su cuerpo se tambaleaba, me rozaba y yo me estaba volviendo loco.
-Yuna, estoy muy excitado -confesé contra sus labios.
Resoplé dejándome embriagar por su respiración ,estábamos allí frente a frente, dejándonos calentar no solo por las llamas si no por el infierno que se abría paso en mis entrañas, el calor que de su cuerpo emanaba.
Mi brazo rodeó su cintura, la pegué mas a mi de forma instintiva, eramos incapaces de separarnos, pero lago me decía que tampoco debía continuar..cuando estaba piel con piel sentía que el sello cedía, como si mi ángel tomara el control, emergiera de mi interior ¿que pasaría si la tomaba? ¿habría vuelta atrás?
No lo sabia, pero ahora mismo no era capaz de pensar en nada mas que en sus pechos rozando mi cuerpo, dios, friccionaba contra mi de un modo que me encendía por dentro.
-no puedo mas -rugí volviendo a perderme en su boca pero clavado mis uñas a la vez en el selló, era una sensación rara, contenía al ángel pero a su vez sentía que intentaba salir.
Gruñí fruto del dolor, de la pasión de aquello que me embriagaba contra ella.
-¿de verdad quieres ir a casa? -pregunté con la voz ronca

Quería tomarla en las caballerizas, estaba perdido, perdido en su cuerpo, en sus océanos, necesitaba fundirme en uno con su piel y a su vez sabia que no debía pasar.
-Volvamos a casa -susurré tratando de hacer acopio de fuerzas y tiré de su cintura para ir a por la montura.
Mi respiración era errática, no era difícil ver como estaba en esos instantes.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 5 Sep 2017 - 13:57

Admitía que me gustó escuchar que no solamente era el ángel el que se sentía atraído por mí, sino que él también lo estaba y eso me gustó mucho, me gustó demasiado a decir verdad. Sus ojos verdes brillaban de una forma oscura pero tremendamente atractiva, sus labios estaban cerca de los míos y podía notar su aliento caliente dar contra mis propios labios... aquello era una soberana tortura y por más que algo en mi interior me decía que debía de apartarme, que no era bueno que siguiéramos así de pegados me era imposible tomar distancias, no cuando lo necesitaba tanto, no cuando había probado sus labios y quería más de él, no cuando todo mi cuerpo ardía en necesidad porque me tocara y me hiciera suya... joder, era pensarlo y ya un jadeo escapaba de mis labios. Si había sido rozar el jodido cielo con sus labios, ¿cómo sería cuando me hiciera suya? ¿Habría algo más para describir la sensación? Debía de reconocer que Samael era un pecado carnal, mi perdición más absoluta y por más que mi mente me decía que me alejara me era imposible, estaba perdida en su sabor, en sus labios, en sus ojos, en su esencia... todo lo que él desprendía era como un canto de sirenas que me orillaba a su cuerpo, él no era el único que luchaba por contenerse pero lo que había pasado... ¿qué había pasado, exactamente? Algo extraño pasaba ahí cuando nos tocábamos, cuando nos rozábamos... por un momento llegué a temer que jamás pudiera volver a tocarme de nuevo, sentir sus manos deslizarse por mi cuerpo, sus labios besándome... joder, lo necesitaba como el maldito aire para respirar.

Notaba su excitación dar contra mi vientre y lejos de ponerme nerviosa o sonrojarme deseaba sentirlo mucho más, como si algo en mi interior supiera lo que era esa sensación y la necesitara, como si toda la clave como había dicho su ángel residiera en que me tomara, en que me hiciera suya. Era extraño porque sentía que, de verdad, era suya... suya y de nadie más, suya para siempre, suya durante tiempos que yo no podía ni siquiera llegar a pensar o a concebir pero que así lo sentía. Quería ir a casa y seguramente, por la forma en la que me estaba mirando, podría pensar en que íbamos a estar en casa los dos solos, que podríamos continuar por donde lo habíamos dejado pero ciertamente los dos parecíamos que en algo coincidíamos, y es que debíamos de averiguar qué estaba pasando. Difícil hacerlo cuando todo tu cuerpo te pedía que lo besaras y que te tomara, que me marcara como suya... maldición, es que su cercanía encendía cada fibra de mi ser y erizaba cada maldito vello de mi cuerpo... y si a eso le sumabas que me costaba mantenerme en pie y que tenía que pasar su brazo para pegarme a su cuerpo y mantenerme firme pues la combinación era desastrosamente placentera y frustrante. Su confesión contra mis labios hizo que alzara mis ojos a los suyos, a esas esmeraldas que me gustaban cuando me miraban así y sonreí con cierta picardía.


-¿Te digo un secreto? –No sabía si querría oírlo o si ya se lo imaginaría, pero el caso es que conforme estaba no podía contener mi lengua y antes de pensarlo ya lo estaba diciendo- yo estoy muy caliente –mis palabras fueron otra confesión susurrada sobre sus labios y mis manos subieron por su pecho de nuevo, mi mente decía que me apartara y mi cuerpo me decía que lo tomara... bien, ¿a qué hacía caso exactamente? Uno parecía tener razón y la otra parte de la lucha interna que llevaba en esos momentos parecía querer incitarme a tomarlo como si algo pasara cuando lo hiciera. Sin embargo no nos separamos y fue entonces que volvió a juntar sus labios a los míos de nuevo, esa corriente eléctrica que me atravesaba cuando me rozaba con su piel o me besaba volvió a recorrerme de nuevo, mi cuerpo se pegó al suyo sin poder controlarme y gemí contra sus labios en aquel beso. Sabía a pecado, a un pecado terrenal, a un pecado enormemente placentero del cual quería más y más, sentir sus labios por todo mi cuerpo no me parecía una idea demasiado mala ni descabellada en esos momentos. Mi mano bajó ahora hasta la suya donde tenía aquel sello y simplemente la dejé allí como si así, de alguna forma, pudiera aliviar aquel dolor que debía de estar sintiendo, como si así todo funcionara y no pasara nada. Sus labios se separaron de los míos y gruñí en contra de aquello, quería mucho más de sus labios y mordí el inferior de forma provocadora. Mis ojos subieron de nuevo a los suyos cuando me dijo si quería ir a casa- quiero ir a casa... pero siento que no debemos hacerlo –lamí mi labio y mis dedos recorrieron el sello ahora que no nos besábamos, sintiendo su piel caliente bajo mis yemas- es algo extraño.... una parte de mí te desea con todas mis fuerzas, la otra me pide calma... –me sinceré sin poder contener mi lengua- he sentido.... he sentido algo antes, cuando me besaste –mis labios acariciaron levemente los suyos- nada a lo que he sentido cuando me besabas, sino... no sé cómo explicarlo... como si algo en mi interior despertara, algo oscuro y frío Samael –lo miré de forma fija- como si quisiera tomar posesión de mí, igual que tú con tú ángel –mis dedos subieron por su pecho hasta dejarlos enredados en su pelo- la realidad es que te deseo y que quiero ser tuya... pero siento que siempre lo he sido aunque no lo recuerde –mordí su labio inferior y cerré los ojos, estaba hablando demasiado. Dejé que tirara de mí cuando dijo de volver a casa y nuestras manos se enlazaron mientras íbamos hacia las caballerizas, su agarre me mantenía a su lado y evitaba que me cayera así también evitábamos tocarnos más de lo necesario, mis dedos recorrían su piel y los suyos hacían los mismo como si no pudiéramos evitar tocarnos, dejarnos arrastrar por ese imán que nos atraía sin remedio. Finalmente llegamos a las caballerizas y yo me apoyé en la pared mientras él iba a por su negro corcel, como habíamos hecho antes me ayudó a subir y se montó tras mi espalda, su cuerpo se pegó al mío por completo y dejé que guiara él al caballo de camino de vuelta. Mi cabeza se recostó en su pecho y cerré los ojos aferrándome a sus manos ladeando mi rostro para dejarlo cerca de su cuello, jamás había estado en una situación parecida y el camino se me hizo bastante corto porque cuando quise darme cuenta ya habíamos llegado, dejamos al caballo en el establo y nos adentramos en la casa con aquella sensación y el ambiente cargado entre ambos, me sentía un poco mareada así que mientras él se adentraba a la cocina o al aseo yo caí en el sofá luchando contra la borrachera y mi deseo por aquel hombre. Oí que dejaba algo frente a la mesita donde estaba tumbada y me di cuenta de que era un vaso de agua, me incorporé para beberlo hasta vaciarlo como si supiera que tenía sed y lo miré de forma fija. Ahora la cuestión era, ¿íbamos a dormir juntos? Joder, me apetecía tanto perderme en su cuerpo, descubrir aquellos caminos que no había descubierto con nadie pero... algo me decía que no debíamos de hacerlo, sin embargo se podía notar la tensión que había entre los dos- ¿qué vamos a hacer? –Pregunté y enseguida me di cuenta de que, sin especificar sonaba a que si íbamos a hacer algo los dos- me refiero a... dónde vamos a dormir –claro, porque era cierto que yo solo pensaba en dormir en esos momentos... era totalmente mentira, me apetecía mucho más otra cosa. Lo deseaba, era un hecho innegable y ya me costaba no lanzarme sobre él en esos momentos. Me levanté del sofá y fui a dar dos pasos pero me mareé y tuvo que cogerme de la cintura y sentarme a su lado para que no me cayera, menuda torpe estaba hecha. Apoyé mi frente en su hombro y medio me recosté contra su pecho- lo siento... siento causarte tantas molestias... –mi mano aferró su camisa con fuerza sintiendo que me dejaba vencer por el mareo y por el cansancio, no deseaba alejarme de su cuerpo y acabé por aferrarme a él mientras su olor me relajaba y me tranquilizaba, mientras comenzaba a quedarme dormida entre sus brazos.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér 6 Sep 2017 - 15:31

Su aliento impactaba en mi cuello mientras cabalgábamos raudos rumbo a la cabaña, me estaba volviendo loco, una de mis manos aferraban su cintura, la otra se colaba por debajo de su falda, acariciando sus muslos, subiendo mientras jadeaba de forma ronca.
Me había perdido, creo que era una realidad que tenia que asumir, mi ángel ganaba la batalla, básicamente porque yo necesitaba tomarla tanto o mas que él.

Al llegar la llevé al interior, le dí un vaso de gua, no podíamos parar de buscarnos rozarnos aquella atracción era tan evidente que negadla seria de necios.
-No puedo mas confesé cuando apoyo su cabeza contra mi pecho.
El ángel de mi interior se relamía al sentir mi voluntad quebrada, mis manos sobrevolaban su cuerpo hasta que sentí que este cedía entre mis brazos de forma pesada y en ese instante me di cuenta de que se había quedado dormida apoyada en mi hombro.
-No joder -gruñí con los ojos oscurecidos por completo -Yuna -la llamé en un claro intento de acabar aquello que habíamos empezado.

Mis intentos de nada sirvieron, ni siquiera para enfriarme las ganas en esos momentos. La alcé en brazos y la llevé hasta mi lecho, allí la deje caer quitandole como pude el pesado vestido y dejándola con al ropa que portaba abajo mucho mas cómoda.
Cada prenda que le quité me arranco un gruñido, mis dedos se pasearan por su piel en demasiadas ocasiones, tenia demasiadas ganas y de ser otro creo que la hubiera tomado hasta en ese estado.

Mi periplo terminó en le cuarto de bañó, no había otra manera de saciarme en ese momento.
Cerré la puerta tras de mi, cerré los ojos apoyando la frente en la puerta mientras la golpeaba un par de veces con ella dejando el aire salir fruto de la frustración que me producía el deseo y la contención de toda la noche.
Nada en este mundo podía competir con ella. Amaba cada gesto, cada respiración ,cada bajada de pestañas, su sonrisa, sus labios.
Necesitaba un desahogo, uno que no tarde en tomarme, el agua estaba lista para el baño de antes, y aunque estaría mas fría, admito que me vendría a pedir de boca dada lo alterada que se encontraba la sangre que hirviendo me recorría.
Me desnudé con rapidez, mi virilidad palpitaba pidiéndome algo que no podía tener,mi mano la acaricio despacio, mi respiración se agito con cada movimiento, primero lentos para convertirse en tormenta plagada de truenos, a cada uno de ellos un jadeo.

Mi excitación traspasaba posiblemente a la otra habitación, donde esperaba que mi Yuna no se despertara, aun así, si me pillaba tampoco es que necesitara mas explicaciones que las claras. Era un hombre, llevaba toda la noche calentándome y ahora necesitaba desahogarme pues se había dormido sin permitirme acabar lo empezado.
No era justo ese pensamiento, pero ahora mismo no podía pensar con claridad ni en otra cosa que no fuera en metersela.
Mi ángel rugía frustrado y yo le acompañaba en ese sentimiento.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Vie 8 Sep 2017 - 6:46

El camino de vuelta a casa había pasado demasiado rápido y no me había enterado casi ni de la mitad del trayecto, solo había sido consciente del olor que desprendía su piel y que conseguía obnubilarme, una de sus manos aferraba mi cintura con fuerza y podía sentir su otra mano subiendo por mi pierna en una lenta pero abrasadora caricia que hacía que algún que otro jadeo escapara de mi labios recostada contra su pecho dejando que me llevara a casa, para cuando quise darme cuenta ya habíamos llegado y me bajó del caballo aferrando con sus manos mi cadera, dejé que guardara el caballo mientras yo me apoyaba contra la pared medio mareada, medio cansada y totalmente encendida con ganas de sentir todavía más y más a aquel hombre que me volvía loca de esa forma y que no conocía razón todavía del porqué me ponía así. Nos adentramos en la casa y me dejé caer contra el sofá en lo que él se iba hacia la cocina, supuse que a dejar las bolsas, y al salir me trajo un vaso de agua que no había pedido pero que agradecí puesto que sentía la boca totalmente seca y pastosa, como si hubiera adivinado que necesitaba beber agua y acabé todo el vaso dejándolo de nuevo sobre la mesa. Fui a levantarme pero me tambaleé y si no fuera porque sus manos me cogieron evitando que trastabillara y diera contra el suelo, haciendo que cayera a su lado en el sofá y nuestros cuerpos quedaran de nuevo pegados el uno con el otro.

Era increíble lo que solo estar cerca de él me provocaba, como si todo él me llamara de una forma que no podía eludir ni evitar y mi cuerpo cayera presa de aquel embrujo, era imposible no jadear cuando sentía su calor que traspasaba a mi cuerpo, su cercanía que tanto me imponía... mi frente acabó apoyándose en su hombro con los ojos cerrados, se notaba el ambiente tenso que había entre ambos pero lejos de ser algo desagradable era una tensión sexual que nos traspasaba a ambos y que de alguna forma nos hacía estar de esa forma. Mi mano se paseó por su pecho hasta finalmente aferrarse a la camisa que llevaba como si fuera mi ancla, lo único que me mantuviera allí de alguna forma. Luchaba contra el mareo, el sopor y esa necesidad imperante de besarlo, de tocarlo y dejar que me hiciera suya aunque sintiera que yo ya era suya, algo extraño pero que era como una certeza que acababa de descubrir como si el hecho de besarlo ya fuera algo que hubiera pasado, como si de alguna forma una parte de mí ya conociera su cuerpo, sus manos recorriendo el mío, él mientras me hacía suya... pero era incapaz de recordarlo por completo, como si de una bruma espesa rodeara esos recuerdos y no me dejara acceder a ellos con total claridad.

Sentía sus manos que recorrían mi cuerpo y no sé en qué momento exactamente pero acabé sucumbiendo al suelo, mi cuerpo cedió contra el suyo y acabé dormida con la frente apoyada en su hombro y mi mano aferrando su camisa con fuerza. Había sido demasiado entre el mareo del alcohol y el cansancio que llevaba, aunque me hubiera gustado permanecer despierta mi cuerpo no había resistido y acabó cediendo contra el suyo. Lo que pasó después de que me quedara dormida contra su cuerpo era algo que desconocía por completo, apenas sentí siquiera que me cambiaban de lugar y me abandoné a los brazos de Morfeo que, de una forma algo cruel, había aparecido en el momento menos oportuno de todos. No fui consciente de nada y apenas noté que pasaba algo, tampoco soñé con algo en especial pero sí que dormí casi de tirón hasta que los rayos del sol, ya entrada la mañana, me despertaron dando de lleno en mi rostro, entreabrí los ojos y parpadeé por la luz que había en el lugar y los volví a cerrar moviéndome en la cama, dándome cuenta de que estaba en la cama y que, además, estaba sola.

Por instinto mis manos recorrieron mi cuerpo y me incorporé un poco para ver si estaba desnuda o llevaba algo de ropa... estaba en ropa interior y en la habitación estaba solamente mi ropa en el suelo, aquel vestido que él me había comprado. ¿Me lo habría quitado él? Solo me acordaba de quedarme durmiendo apoyada en su hombro y lo demás... lo demás era como oscuridad, no me acordaba de nada más. Me incorporé un poco y un pinchazo atravesó mi cabeza haciendo que gimiera levemente, llevé una mano al lugar y cerré los ojos. Me dolía la cabeza horrores como no me había dolido nunca en la vida, sentía como si mis sienes palpitaran y me dolía demasiado, ¿sería eso quizás la resaca? Podría ser, y si lo era no quería volver a pasarla de nuevo... era tremendamente horrible. Sentía la boca seca y pastosa y lo único que me apetecía era beber agua y darme una ducha, cogí la ropa que había comprado el día anterior y salí al aseo no encontrándome a nadie en el camino, la casa estaba totalmente en silencio. Me metí en el aseo y me di una buena ducha que, para mi desgracia, no consiguió quitarme la resaca que llevaba, acabé poniéndome la ropa y salí para ir a la cocina y beberme un vaso de agua, mi cuerpo no aceptaba nada sólido en esos momentos, lo tenía como algo revuelto.

Salí al salón para ver si encontraba a alguno de los dos hermanos pero no había ni rastro de ninguno, Raziel seguramente estaría durmiendo todavía porque seguro que llegó super tarde... eso me hizo acordarme, de manera directa y explícita, todo lo que había pasado desde que me había encontrado con él. Samael. A mi mente llegaron de golpe todo lo que había pasado con Samael y un jadeo escapó de mis labios en esos momentos, sus manos recorriendo mi cuerpo, sus labios besándome de esa forma tan jodidamente sexy y placentera, sus palabras de que me deseaba, que no era solamente el ángel quien deseaba tomarme sino él también... cerré los ojos un par de segundos y me mordí el labio, había sido tremendamente placentero sentir sus labios en los míos, como me besaba, como me pegaba a su cuerpo y sentía su excitación... pero de igual forma había habido algo que me hizo que me apartara, ¿qué había sido aquello que había sentido cuando me besó? No lo había sentido nunca en la vida, también recordé que quería ir al templo a averiguar e investigar y recé porque fuera otro día porque en esos momentos no me encontraba en condiciones.

Salí fuera para ver si lo encontraba y finalmente acabé dando con él cerca de las caballerizas donde parecían tener ese lugar de entrenamiento, la luz del sol brillaba sobre su cuerpo y su rostro notándose aún más las gotitas de sudor que perlaban su frente y todo su cuerpo, la camisa mojada pegándose a su constitución, un halo dorado provocado por la luz del sol que lo hacía ver casi celestial y divino, me fijé en los movimientos de su brazo cuando lanzaba los cuchillos, la forma en la que sus músculos se estiraban y se contraían, la forma en la que apuntaba con precisión y el cuchillo daba de lleno en la diana... todo en él me parecía tremendamente atractivo y seductor y en lo único que pensaba, si es que podía pensar con claridad en esos momentos en los que la resaca golpeaba mi cabeza como si de un martillo se tratara, era bastante insoportable y juraba que no volvería a beber de nuevo tanto para no volver a tener una resaca de nuevo. Pareció que sintió mi presencia porque en cuanto lanzó aquel cuchillo se giró hacia mí para contemplarme, me fijé no solo en sus labios sino también en esos preciosos ojos verdes que tenía y me acordé de que le había dicho la pasada noche que era atractivo y que me gustaban sus labios igual que sus ojos... qué bocaza que tenía, aunque era cierto y no había mentido para nada. Me mordí el labio mirándole y decidí hablar ya que me había quedado allí parada mirándolo.


-Buenos días.... aunque no tan buenos diría yo –comenté acercándome intentando aliviar la presión de mi cabeza con mis dedos, a veces surtía efecto pero se pasaba en cuanto paraba- ¿Qué tal estás tú, no tienes resaca? –Pregunté quedando a una distancia algo prudente pero que igualmente estábamos los dos cerca el uno del otro- yo... siento si anoche te causé algún problema y.... gracias por... bueno, por llevarme a la cama –aunque me habría gustado que fuera de otra forma como me llevara y cómo termináramos- dime que esto que siento no va a durar todo el día... siento como si me golpeara la cabeza –cerré levemente los ojos y luego lo miré- ¿has tomado algo? Puedo prepararte algo si quieres –a mí no me apetecía nada, la verdad, pero a él parecía que se le ocurría otra cosa en esos momentos y abrí mis labios cuando lo dijo- ¿entrenar... ahora? –Oh maldición, ¿conforme estaba quería que entrenáramos? Sonrió de lado mientras me miraba y fruncí ligeramente el ceño... bien, pues con dolor de cabeza incluso lo haría, si era lo que quería no iba a darle motivos para que pensara que me rendía- está bien –para mi enorme sorpresa se agachó dejando sus labios cerca de los míos, de forma que pudiera notar su respiración chocando contra la mía, y con una sonrisa algo burlona me dijo que “era broma”. No diré que no respiré aliviada por eso y lancé un suspiro para subir mis ojos a los suyos cuando dijo que quería ir al templo a buscar información a ver si encontrábamos algo, pero que lo haríamos después de comer cuando me encontrara algo mejor. Era tan tentador tenerle cerca que solo podía pensar en que me besara de nuevo, no sabía que me pasaba ni por qué ejercía ese poder sobre mí pero... así era, me costaba controlarme hasta en ese momento.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Dom 10 Sep 2017 - 9:41

Estaba lanzando dagas cuando escuché a mis espaldas el sonido de la paja pisada, al girarme sus océanos me observaban fijamente, lo que me hizo ladear la sonrisa para acercarme a ella lentamente buscando antes la camisola que había dejado caer sobre la paja.
-Buenos días de resaca -bromeé deteniéndome justo frente a ella aunque guardando cierta distancia -Aunque bebí tanto o mas que tu no me subió igual -apunté dándole un toque suave en la frente -y da gracias, de haber bebido mas no te hubiera salvado ni la borrachera de mi. Anoche estaba animado de mas -confesé.

Ella me ofreció ir dentro a desayunar algo, ciertamente si tenia hambre, claro que gastarle una broma me pareció una mejor idea.
-¿no te apetece entrenar? -pregunté así sin mas.
La cara que puso fue épica, tuve que hacer un gran esfuerzo por no reírme y seguir la farsa hasta que la pobre acepto con decisión.
Ahí ya no pude contenerme mas y me eche a reír recibiendo varias palmadas de Yuna que enfadada fruncía el ceño y me perseguía por el patio de armas mientras yo la esquivaba muerto de la risa.

Tras echar unas risas entramos dentro, Yuna preparó un zumo de naranja que nos sentó a los ods de lujo para la resaca y así emprendimos camino sobre mi montura hacia ese templo del que esperaba sacar respuestas.
Yuna no solo me atraía a mi como hombre, algo que tenia cierta lógica pues era una mujer muy bella, si no que cada momento que vivía con ella se asemejaba mas a un recuerdo, un efímero instante que pasaba por mi mete como si fuera parte de mi vida y a su vez no lo fuera.

Mi ángel ante la imagen de esa mujer parecía volverse loco, me quemaban las entrañas ante su mirada, deseaba su cuerpo y frenar mis instintos se estaba convirtiendo en un autentico sacrilegio.
Llegamos ante una edificación rectangular, una escalinata de piedra ascendía hasta un porche plagado de columnas enroscadas con motivos florales cincelados a mano.
Entre las columnas principales el dintel de la puerta con una representación bíblica de la eterna guerra del bien contra el mal, los demonios eran atacados por los ángeles alados que descendían con sus espadas al inframundo.

Tomé a Yuna por la cintura desmontandola del caballo y juntos nos adentramos por el portón rumbo a la capilla donde según ella encontraríamos a varios de los monjes que atendían aquel lugar.
Esperaba que arrojaran algo de luz sobre su procedencia, el porque la habían tenido aislada y a su vez descubrir en que encajaba eso con Samael, el ángel que anidaba en mis entrañas.

Nuestros ojos se encontraron, parecía temer algo, quizás que la obligaran a quedarse.
Aferré su cintura con firmeza.
-Juro que no permitiré que vuelvan a recluirte entre estas paredes.
Era irónico, cuando la conocí solo quería devolverla a este lugar y ahora...ahora solo podía pensar en algo bien distinto.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun 11 Sep 2017 - 9:57

Samael se había percatado que estaba detrás de él observando cómo entrenaba antes incluso de que se diera la vuelta, tiró un par de veces más aquel cuchillo que dio en el centro de la diana como había dado en las últimas veces que había lanzado y finalmente se giró para contemplarme, llevaba su torso desnudo al descubierto y no pude evitar que mis ojos recorrieran todo su pecho perlado en sudor mientras veía las gotas resbalar por su piel brillando por la luz del sol, alcé mis ojos hasta los suyos viendo que se acercaba hacia donde yo me encontraba esa vez poniéndose la camisa y tapando aquellas maravillosas vistas que me regalaba en esos momentos y me mordí el labio, fruto por lo que había visto y había deseado extender mi mano para acariciar toda su piel y por el dolor de cabeza que tenía en esos momentos. Él parecía que no le había afectado lo que bebió anoche y lo odié por ello al mismo tiempo que lo envidié, juraba que no iba a volver a beber así de nuevo porque no podía con ese dolor de cabeza que tenía en esos momentos. Dijo que había bebido lo mismo o incluso más que yo pero que no le había afectado igual, me pregunté si sería por el ángel que llevaba en su interior que le hacía más resistente, me dio un ligero golpe en la frente con su dedo y fruncí levemente el ceño por ello, terminó diciendo que diera gracias de ello porque si hubiera estado más borracho nada, según él, me habría salvado anoche. Una corriente placentera recorrió mi cuerpo cuando dijo eso y lo miré de forma fija, me había quedado dormida pero si no me hubiera pasado eso... ¿cómo habríamos terminado?

Lo cierto era que me apetecía muchísimo que me volviera a besar de nuevo, al tener esa memoria eidética que poseía con la que podía recordar absolutamente todo, podía notar sus labios sobre los míos como si me hubiera besado hacía solo unos segundos, sus manos recorriendo mi cuerpo calentándome, su cuerpo pegado al mío... una tortura que tenía que soportar cada vez que pensara en él besándome porque sentía como si lo hiciera de verdad, y joder, no deseaba nada más en el mundo que volver a sentir sus labios de nuevo. Ardía en deseos en que me tomara y me hiciera suya aunque, como me pasaba anoche, de alguna forma ya notaba que era realmente suya, una sensación extraña que no podía explicar del todo pero que de alguna forma podría tratarse con una experiencia pasada y ya vivida, en otra época quizás... porque lo sentía tanto, de una forma tan real que costaba no hacer caso de esa sensación. Una parte de mí deseaba fundirse con él, la otra me pedía que de hacerlo nada bueno pasaría... y en esa encrucijada me encontraba. Decía que anoche había estado animado de más y supuse que se refería también no solo al alcohol, sino a las ganas que habíamos sentido ambos, a esa atracción que ninguno podía negar porque era meramente imposible.

Por si mi dolor de cabeza de resaca fuera poco dijo de entrar y se me cayó el mundo a los pies, así sería imposible concentrarme pero para que viera que incluso así estaba dispuesta accedí, tenía una sonrisa ladeada y completamente arrogante en el rostro pero... tras acercarse un poco bajando su rostro para dejar sus labios cerca de los míos me dijo que era una broma, sentía su aliento impactar contra mis labios y me contuve para no lanzarme y besarlos como deseaba realmente, más que eso, le di un manotazo en el pecho mientras le decía que era un completo imbécil y que no tenía gracia pero él se reía mientras yo intentaba atraparlo y él huía con demasiada facilidad haciendo que fuera imposible alcanzarlo, gritándole que fuera donde estaba para poder pillarlo por aquella broma que aunque a él le había hecho muchísima gracia a mí no me lo había hecho en absoluto. Terminamos por entrar finalmente, sin cesar mi dolor de cabeza, y preparé un zumo para ambos y algo para que tomara él porque a mí no me entraba nada, el zumo me sentó bastante bien y tras recoger todo nos dispusimos a ir hacia el templo para ver si encontrábamos algo que nos diera alguna pista, algo que quizás pudiera decirnos qué nos pasaba y qué nos ocurría. Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el establo para montarnos en su caballo, tras ayudarme a subir y de un salto montarse tras mi espalda se dispuso a guiar al caballo, o más bien que yo le indicara hacia donde debía de ir.


-¿Puedo llevarlo yo? –Pregunté ladeando mi cabeza para buscar sus ojos esperando su respuesta, tan sólo asintió y entonces tras las indicaciones que él me había dado guie al caballo hasta donde se encontraba el templo notando el pecho de Samael dar contra mi espalda a cada roce, con nuestros cuerpos pegados y su brazo rodeando mi cintura. Llegamos hasta aquel lugar que había sido mi “hogar” por llamarlo de alguna manera durante tanto tiempo y tras bajar él del caballo sus manos se anclaron en mi cintura y me bajó con cuidado dejándome frente a él. Miré las escaleras del templo y me mordí el labio antes de comenzar a andar seguida por Samael, las columnas de la entrada estaban talladas con diferentes decoraciones algunas con flores mientras que arriba, justo en la puerta, había una representación de una lucha sobre el bien y el mal, luz y oscuridad, ángeles y demonios en una eterna batalla representada en aquella piedra y que había contemplado tantas veces, miré a Samael antes de entrar y tras abrir el portón que nos llevaba al interior nos adentramos en el templo, sabía que las horas que eran encontraríamos a los monjes en la capilla, Alistair siempre me llevaba para que rezara con ellos porque me decía que eso me ayudaría, que canalizaría mi espíritu y que me tranquilizaría. Mientras recorríamos aquellos pasillos por los que había crecido y había corrido cuando era una niña pequeña y algo revoltosa, yendo Alistair detrás de mí y con alguna que otra regañina de algún monje me paré a mitad de camino. Había logrado salir de allí y ahora había vuelto de nuevo, me negaba en rotundo que me volvieran a recluir en el lugar y quizás fue eso lo que vio Samael cuando sus ojos buscaron los míos. Su brazo rodeó mi cintura con fuerza y me juró que no permitiría que me encerraran de nuevo entre esas paredes a lo que yo sonreí sin ganas y bastante desmotivada- hacía tan solo un par de días solo querías que volviera a estas paredes... –dejé caer temiendo, en parte, que me dejara allí de nuevo encerrada a mí suerte, de hecho, ¿qué le impedía hacerlo? Apenas nos conocíamos de un par de días y para él no era absolutamente nada, solo una cría insolente e impertinente que se había colado en su tranquila vida y la había puesto patas arriba, su organizada vida se había visto revuelta y desorganizada tras mi llegada y nada me aseguraba que no me dejara allí una vez descubriéramos la verdad. Por inercia tras mis propios pensamientos me separé de su brazo, que nos sintiéramos atraídos el uno por el otro no quería decir absolutamente nada, él seguía siendo ese cazador frío, terco, testarudo, cabezota y gruñón que llevaba una vida de un lado para otro junto a su hermano, lo normal es que no metiera más problemas en su vida y yo sin duda alguna era un problema para él- sigamos –dije comenzando a andar delante de él porque no quería que me jurara ni prometiera nada más, algo que quizás no pudiera cumplir cuando supiéramos la verdad y algo me decía que así sería. Tras un par de minutos llegamos hasta una puerta bastante grande que abrí sabiendo que era como un pequeño balcón techado que era donde solían rezar los monjes y al abrir la puerta fue lo que me encontré, vi las sotanas tan típicas de ellos y me extrañó que solamente hubieran tres monjes orando, quizás los otros estuvieran haciendo otros menesteres. Sus cabezas se giraron en cuanto me vieron sorprendidos por encontrarme allí, pero sobre todo sorprendidos por encontrarme sin Alistair tras mi espalda.
-Yuna... –el más mayor de todos fue el primero que se levantó observándonos a ambos y finalmente terminó por dar un par de pasos hacia nosotros- creíamos que te habíamos perdido –aseguró a lo que negué con la cabeza, él me había enseñado todo lo que yo sabía- te buscamos por todas partes niña y no encontramos, pensamos que... –se calló aunque yo ya sabía lo que iba a decir, pensaban que estaría muerta, supe entonces al no preguntarme que sabían lo de Alistair- ¿por qué no has vuelto antes? –Preguntó aunque bastante calmado, quizás por la presencia de Samael tras mi espalda.
-No quería volver, no podía hacer y volver a recluirme de nuevo entre estas paredes.... con un mundo ahí fuera –me mordí el labio y miré hacia otro lado, él suspiró y no dijo nada- ¿por qué tengo que estar aquí recluida, cuál es la finalidad de todo esto? Han pasado cosas que yo... yo no sé ni explicar –alcé mis ojos a los suyos castaños que me miraban de forma fija y, tras hacer un gesto al resto para que nos dejaran solos nos invitó a que entráramos hasta una zona donde había una pequeña mesa con unos cojines alrededor y una tetera con unos vasos sobre la mesa de madera, nos invitó a sentarnos mientras esperábamos por respuestas.
-Sabía que este día llegaría tarde o temprano, le dije a Alistair que no podría escondértelo para siempre –no entendía de que hablaba en absoluto y su mirada se centró entonces en mi acompañante, como si pudiera ver algo en él que el resto era desconocedor, no por nada era el más mayor y el más sabio de los que residían allí- no puedes culparlo, quiso protegerte como le habían pedido y pensó que aquí estarías más segura, alejada de todo, de los peligros, de aquello que no debías de encontrar... –miró de nuevo a Samael y yo no entendía absolutamente nada- debería de ser él quien te contara todo esto, solamente él y yo sabemos la verdad. Espera aquí –se levantó dejándonos solos y yo no entendía nada, no tardó en volver con un libro de tapa rugosa y negra, no tenía inscripción en la portada y lo dejó sobre la mesa, no era muy grande pero sí parecía muy antiguo, sus páginas estaban amarillentas por el paso del tiempo y me miró de forma fija- parte de las preguntas que te asolan están aquí, en cuanto lo leas entonces te contaré lo que debes saber –se alejó dejándonos solos de nuevo como si quisiera darnos espacio y miré a Samael antes de abrir el libro donde había una página en cuyo encabezado en el lado derecho de la página rezaba lo siguiente: “...Y cuando Lucifer cayó no lo hizo solo, te darán caza hasta el fin de los días...”




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun 11 Sep 2017 - 12:54

No me creía, lo supe en el mismo instante en el que se liberó de mi agarré, casi podía leer en sus ojos lo que se le pasaba por la cabeza, como si la conociera de hace demasiado tiempo, una vida cuando apenas era una extraña ante mi mirada.
No la forcé, me limité a seguirla, admito que después de lo que entre nosotros había pasado su actitud me molestaba y eso me dejo mas frio de lo que últimamente con ella estaba.

Aquel lugar era amplio, sobrio, cruzamos el pasillo, al fondo había una sala con cuatro puertas dos a cada lado, la sala estaba llena de plantas y en la pared de enfrente había un gran ventanal de madera que dejaba entrar los rayos del sol, era una sala muy bonita, sus paredes blancas contrastaban con las flores de hermosos colores.

Tras una de esas puertas alcanzamos un salón amplio alrededor de una mesa varios de aquellos monjes todos uniformados con blancas sotanas que nos miraron como si hubieran visto den una a un fantasma.
Uno de los ancianos se alzó,parecía conocerla bien y ella acrecentó su dolor al decirle el motivo por el que no volvió, no deseaba una vida de encierro si no ser libre como las aves del cielo.

Me mantuve en silencio, como un fiel guardaespaldas observé el afecto con el que la trataban, puede que hubiera vivido una vida entre esas cuatro paredes, mas juraba que por ella habían sentido cariño, en nuestra vida todo había sido muy distinto.
El anciano me miraba de forma fija, como si pudiera saber algo que ni de lejos yo le había contado, me sentí incomodo, mis músculos se tensaron, era desconfiado por naturaleza y no poda olvidar que lago me ataba a ella.

Aun desconocía si algo bueno o peligroso pero ese anciano parecía medirme con sus gestos y yo no era de los que se dejaban controlar, menos encerrar, así que tome asiento no sin mantenerme completamente atento a aquella conversación que ambos llevaban.
Al parecer el secreto seria desvelado en ese momento o al menos la parte que el viejo conocía.

Se fue para volver ocn un viejo libro carcomido por el tiempo, no demasiado grande pero de tapas duras y con grabados extraños.
La inscripción hablaba de Lucifer, del rey de los demonios, una guerra encarnizada entre hermanos, ángeles de blancas alas y negras.
Una guerra de ángeles caídos en la tierra, aquello no tenia ni pies ni cabeza.

Enarqué una ceja clavado mi mirada en la de ella, sus mares parecían tener las mismas dudas que yo albergaba.
-¿ángeles? Esto no me gusta -dije tenso -quiero que nos vayamos.
Si ese libro había sido sacado ante mis ojos era por algo, ese anciano sabia lo que habitaba en mi interior -vayámonos -dije tirando de su brazo antes de que este volviera.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 12 Sep 2017 - 12:37

Sabía que le había dolido, en parte, en el momento en que me apartó del agarre de su brazo, su mirada me lo decía como si fuera un libro abierto ahora para mí, no entendía nada de porqué lo sabía pero era como una certeza en mi interior, como si hubiera visto esa mirada en otra ocasión diferente a la que atravesábamos en ese momento. Era como si... era difícil de explicar, pero parecía que ya nos hubiéramos conocido hacía muchísimo tiempo, como si no fuera la primera vez que nos juntábamos y por eso nuestro cuerpo reaccionaba de esa forma, tan familiar, tan común... no podía olvidar tampoco que mi marca, esa que siempre estaba escondida en mi nuca ardía cuando su ángel salía a la luz, cierto que de alguna forma estábamos conectados pero ninguno de los dos sabía exactamente por qué lo estábamos ni en qué grado, pero lo que nuestros cuerpos decían era que ya de alguna forma nos conocíamos, que él ya me había tomado en otra ocasión aunque fuera completa y enteramente virgen, jamás me había besado con nadie y mucho menos había tenido el deseo de que alguien lo hiciera, que alguien me tomara y me hiciera suya, me mostrara esos caminos desconocidos para mí, unos que al parecer con él era de todo menos desconocidos.

Atravesamos los pasillos de aquel lugar hasta que finalmente llegamos a la sala donde estaban alguno de los monjes, no todos, pero sí el más anciano de ellos y el que más trato había tenido conmigo. Para el resto yo era como una intrusa, me habían aceptado porque el mayor de todos así lo había hecho y porque de alguna forma Alistair siempre les había intimidado, por eso nunca me habían hecho ni dicho nada, no les importaba en absoluto y al único que parecía importarle era al hombre que tenía frente a mí, ese que sí parecía preocuparse por lo que pudiera haberme pasado, ese que había temido que estuviera muerta igual que Alistair lo estaba. Fui franca cuando le dije el por qué no quería volver, pareció que no le extrañaba mis palabras y con un suspiro y tras hacerles un gesto a los demás nos quedamos los tres a solas. Él decía que podía contarme parte de lo que sabía y desvelar alguna de mis dudas, que Alistair era quien realmente sabía todo pero ahora al estar muerto mis opciones disminuían y menguaban. Decía que podía desvelar parte de mis dudas y tras acompañarnos para que nos sentáramos en la mesa pequeña de madera que había, donde había una tetera y unas tazas por si queríamos servirnos té, nos dejó solos durante unos minutos.

No había que ser demasiado inteligente para darse cuenta de cómo estaba Samael a mí lado, parecía algo nervioso y el monje no había dejado de mirarlo de vez en cuando como si supiera algo que nosotros ya sabíamos, intuía que eso podría ponerle nervioso así que llevé mi mano a su brazo para que me mirara, en silencio le pedí que se tranquilizara mirándole de forma fija, clavando mis azules en sus verdes durante un tiempo que pareció efímero, apenas unos segundos, hasta que la puerta volvió a abrirse de nuevo y por ella entró el monje con un libro antiguo, portada negra y rugosa donde no había título alguno, lo dejó en la mesa y aseguró que tras leerlo algunas de mis dudas se despejarían, y que luego podría preguntarme las dudas que tuviera. Dejó el libro sobre la mesa y volvió a dejarnos solos, nos miramos el uno al otro bastante desconcertados por aquello pero no nos quedó más opción que abrir el libro para saber de qué trataba todo eso. En la primera página, como encabezado, una frase que leí en voz alta y que hizo que volviéramos a mirarnos de nuevo sin despejarnos ningunas dudas.


-Sigamos leyendo –dije pasando a la siguiente página donde hablaba sobre antiguas guerras que se remontaban al principio del mundo, a la creación del mismo. Una lucha entre hermanos, ángeles creados por Dios que a su vez fueron los creadores de la tierra dándole sentido y forma a todo. Era todo bastante arcaico y era como una pequeña introducción, no había más que una página y media en la que relataban que uno de los ángeles desafió a Dios amenazando con destruir la creación que había hecho, que se rebeló contra el mismo y que convenció a algunos de sus hermanos para desatar una guerra. Ángeles de alas blancas luchando contra sus hermanos de alas negras, aquellos que habían desertado de seguir a Dios. Se decía que lograron expulsarlos del cielo y que bajaron a la Tierra, pero más que eso, se fueron a las profundidades de la misma. Sus alas negras eran el símbolo de los ángeles caídos, que pasaron a considerarse demonios cuando renunciaron a sus alas en señal de desobediencia a Dios, en respuesta cuando este les permitió volver al cielo, al no aceptar se quitaron las alas renegando de lo que eran. Sucumbieron a los pecados de la tierra y poco a poco se fueron transformando en lo que se consideraba como demonios, aquellos que moraban en el infierno. Esa era la introducción un poco de aquel libro, no tenía muchas páginas y parecía que todo empezaba en las siguientes páginas, pero Samael estaba algo nervioso ante la mención de los ángeles y no podía culparle, lo miré buscando sus ojos y pude ver su nerviosismo palpado en ellos. Quería irse y yo lo miré de forma fija, esa era la única opción que tenía para saber quién era, quizás encontráramos la conexión que nos ataba y nos unía- Samael... por favor –le pedí cuando me levantó tirando de mi brazo, entendía que quisiera irse pero... ahí residía todo- en estas páginas reside todo, la explicación a por qué he pasado casi veinte años de mi vida encerrada en este templo, por qué me abandonó mi familia –le miré esperando que cediera- en cuanto salga de aquí no volveré nunca más, solo... solo veamos lo que podemos averiguar, ¿y si aquí está la clave de todo? ¿Y si eso nos despeja las dudas que tenemos? ¿Y si habla de por qué estamos conectados? –Eso no era algo que fuera nuevo para los dos, ambos lo sentíamos, cómo nos acercaba al otro, cómo nos empujaba- ¿por qué tengo un llamador de ángeles cuando todos fueron destruidos? ¿Crees que fue casualidad que nos encontráramos, o quizás es que debimos de encontrarnos? Por favor... –pedí poniendo mi mano sobre la suya que tenía en mi brazo, subí de forma lenta por su brazo hasta dejarla en su pecho y nos quedamos los dos mirándonos durante unos segundos, suspiró y cedió finalmente tras mucho pensarlo- gracias –le dije sonriéndole elevando mi mano hasta dejarla en su rostro- nos iremos en cuanto leamos esto, te lo prometo –no nos íbamos a quedar mucho tiempo, el libro tenía pocas páginas por lo que no tardaríamos demasiado en leerlo. Iba a sentarme de nuevo para retomar la lectura cuando la puerta se abrió de golpe, entró por ella el monje con la cara desfigurada y nos miró a ambos con la respiración agitada.
-Yuna, ¡tenéis que iros de aquí! –Dijo alejándose unos pasos de la puerta como si esperara que por ella entrara algo, o alguien- no pueden encontrarte –yo me quedé parada sin saber exactamente a lo que se estaba refiriendo- llévate el libro, no te queda mucho tiempo –miró hacia donde estábamos y al ver que yo no me movía lo miró a él- ¡llévatela de aquí y ponla a salvo! –Fue decir eso y tras sus palabras la puerta explotó haciéndose añicos, lo siguiente que vi fue que el monje era elevado sin que nadie lo cogiera y se llevaba las manos a la garganta como si le faltara el aire... no como si, realmente le faltaba el aire, se estaba ahogando. De repente apareció entrando por la puerta un hombre completamente vestido de negro, su pelo corto era también negro y contrastaba con su pálida piel, hizo un giro de muñeca y se oyó es chasquido de haberle roto el cuello al monje. Me quedé helada parada en el sitio sin saber qué pasaba, mi boca ligeramente abierta ante lo sucedido con el cuerpo desplomado en el suelo.
-No.... –apenas fui capaz de articular nada más que eso y aunque quise ir a por él Samael, como si viera mis intenciones, me paró aferrando mi muñeca y poniéndome tras su espalda entregándome el libro que aferré entre mis brazos. El hombre giró su rostro y nos miró, sus ojos parecían carentes de vida, estaban pálidos y daban un aspecto realmente aterrador.
-Ah, estás aquí –alegó y se giró para quedar de cara a nosotros, nos miró a uno y a otro y ladeó su rostro sin apartar ahora su mirada de Samael, extendió su brazo hacia delante y abrió su mano- Entrégamela –fue lo único que dijo, casi como una orden que le daba hacia él y yo aferré con fuerza la tela de su camisa todavía a su espalda- entrégamela o sufre las consecuencias, tu castigo será la muerte si no lo haces –no podía creer que aquello estuviera pasando, caos, caos y más caos siempre allá donde fuere.
-Samael –lo llamé quedándome tras su espalda y pegada a su espalda sin soltar el agarre de su camisa, ciertamente estaba algo asustada en aquellos momentos, y no podía permitir que nada malo le pasara por mi culpa.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 12 Sep 2017 - 14:35

Apenas me había vuelto a dejar caer en el asiento convencido por Yuna cuando la puerta se abrió de par en par, el monje entro de forma abrupta, con los ojos desencajados, el pulso tembloroso y ruegos incisivos en su voz.
Teníamos que irnos.
Tiré de Yuna para alzarla, pero no reaccionaba, era como si quisiera entender la insistencia del viejo.
-¡Yuna, hay que irse, ya! -repliqué tirando de ella.

Vanos mis intentos o mejor dicho, no lo suficiente rápidos pues la puerta se abrió de golpe, el hombre fue engullido por una negra mano que aferró su cuello alzándolo por los aires, el chasquido de este dejó clara la verdad mas elocuente, la muerte había llegado para ese hombre y de no hacer algo seriamos los siguientes.

Aferré a Yuna por la muñeca colocandola junto al libro a mis espaldas. Aquel demonio caminaba con paso sombrío adentrándose en al habitación como si fuera el rey del inframundo y nosotros solo sus súbditos.
“entregamela” dijo el tipo oscuro como la noche con una amenaza muy elocuente.
-Chupamela -fue mi respuesta mientras empujaba hacia atrás a Yuna.

Nunca permitiría que la tocara, nunca me apartaría y creo que no le sorprendió que no lo hiciera, que por ella me jugara la vida, como si supiera lago que yo desconocía.
Fue entones cuando sentí un pinchazo en mi espalda, de nuevo mis entrañas vibraron desgarrándome de dolor. Gruñí tratando de clavar mis garras en el sello, contenerlo, vanos mis intentos cuando mis ojos se tornaron completamente negros.

Samael emergió de su recipiente, poderoso, sentí como mi espalda se desquebrajaba, dos alas negras emergieron de esta desplegándose ante la cucaracha que lejos de sorprenderse parecía estar esperando que eso pasara.
-¡Ven a buscarla si la quieres! -dijo “Samael” con la voz tan ronca como la noche.

De escudo y espada se vistieron sus manso, tan negras como el alma de los allí presentes, mi conciencia relegada a la nada se limitaba a ser un espectador inerte en aquel duelo de seres infinitamente superiores.
Gruñía en mi interior por volver a recuperar la razón, pero francamente “ samael” me había ganado la baza.

Duelo de titanes fue el choque de brillantes aceros, la portada del libro representada ante nuestros ojos.
-¡Corre Yuna! -grité recluido en la mazmorra donde de normal el ángel vivía.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue 14 Sep 2017 - 7:13

No sabía qué estaba pasando exactamente, no sabía qué era lo que ocurría y ante mi tan solo podía ver a aquel monje con el que había pasado toda mi vida, el único de todos que de verdad se había preocupado por mí cuando estaba viviendo encerrada en esas paredes estaba muerto frente a mis ojos. Una mano negra había aparecido de la nada y había apresado su cuello elevándolo del suelo como si no pesara nada, él había intentado resistirse y liberarse pero el chasquido que sonó me caló hondo, me estremeció por completo e hizo que me quedara horrorizara y paralizada aunque Samael no dejaba de tirar de mí para que me moviera, pero parecía que algo me había anclado al lugar como si me impidiera moverme, por más que él tiraba de mí era incapaz de dar un solo paso, mover un músculo de mi cuerpo mientras mi mirada se quedaba anclada en aquel monje sintiendo su pérdida sin poder creerme lo que había pasado... había muerto por mi culpa, por ese caos que siempre me acompañaba allá a donde iba y me seguía a todos lados, si no hubiéramos ido quizás no hubiera muerto y seguiría vivo. Por si aquello fuera poco de repente apareció entrando por la puerta un hombre completamente vestido de negro, su pelo corto era también negro y contrastaba con su pálida piel, al girar su rostro para mirarnos me pude dar cuenta de que sus ojos parecían vacíos, carentes totalmente de vida pero que presentaban un color blanco, como si estuviera ciego, pero yo podía sentir perfectamente su mirada clavada en mí, mirándome, observándome. Estaba claro a por quién había venido, a por mí. Así lo dejó ver cuando giró su cuerpo en dirección a nosotros y extendió su brazo hacia mí abriendo su mano, pidiéndole a Samael que me entregara a él o que sufriera las consecuencias.

Me escondió más tras su espalda aferrando aquel libro entre mis brazos, si el monje había dicho que era importante y que me lo llevara quizás sería porque podríamos descubrir algo en aquellas páginas, aquel... demonio, por decirlo y llamarlo de alguna forma, no quitaba su vista de donde nos encontrábamos y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo en respuesta, pareció que la temperatura del lugar había descendido un par de grados porque se notaba el ambiente algo más frío. Samael extendía su brazo hacia atrás manteniéndome escondida en su espalda sin dejar que me moviera de aquel lugar y el demonio no dejaba de ordenarle y de exigirle que me entregara, pero Samael no pensaba hacerlo y con una sola palabra le dejó bien claro cuál era su opinión acerca de entregarme. Ambos se quedaron observando como si, de alguna forma, él supiera que esa iba a ser su respuesta y que no iba a entregarme con facilidad ni así porque así. Fue en ese momento que escuché un gruñido proveniente de él y vi que llevaba su brazo hacia su vientre, hacia donde tenía aquella marca que contenía al ángel. Podía notar su cuerpo completamente tenso y pensé que su ángel estaba luchando por tomar el control, de hecho, supe que era así porque mi marca en el cuello comenzó a arder y a quemar como siempre hacía cada vez que el ángel tomaba posesión de su cuerpo.

Fui a llevar mi mano a su espalda para intentar calmarlo y que el ángel no emergiera, el dolor que yo sentía cuando lo hacía era atroz y él también se retorcía por ello, lo había visto sangrar al clavarse las uñas para contenerlo y justo cuando iba a tocar su espalda con mi mano... pasó algo que jamás pensé que vería en mi vida, algo que no esperaba para nada. La camisa que llevaba quedó desgarrada y destrozada cuando de pronto, cuando mi marca más quemaba, emergieron de su espalda unas alas negras que se extendieron por la habitación dejándome sin habla y con la respiración cortada por la sorpresa. Mi mano se quedó a mediante camino cuando eso pasó y cerré la mano en un puño dejándolo caer al lado de mi cuerpo mientras contemplaba aquellas alas negras, unas alas como las que yo tenía de marca de nacimiento y que ahora seguía quemando, dolía horrores. Miré las alas que salían de su espalda como si siempre hubieran estado allí pero esa vez hubiera sido imposible de contenerlas, me quedé sorprendida, impactada, impresionada y marcada por lo que mis ojos veían, pero era sumamente hermosas a pesar de su color negro. Me dieron ganas de tocarla y de pasar mis dedos por aquellas alas negras cuando aquel demonio habló de nuevo captando la atención de ambos, su risa sonó en el lugar como si esperara que hiciera eso y sus ojos se fijaron en las alas negras que habían aparecido.


-Vaya, al parecer me vas a poner las cosas mucho más interesantes –sonrió de forma ladina, de una forma que te hacía pensar que no presagiaba nada bueno- mejor así, prefiero luchar contigo a que con el humano en el que estás preso –rió de forma corta, burlona y sardónica- te mataré o mejor aún, como veo que no puedes alejarte de ella te dejaré al borde de la muerte para que veas cómo me la llevo –su sonrisa se ensanchó- disfrutaré con el sufrimiento de ver cómo la pierdes otra vez –Samael pareció enfadarse aún más con sus palabras porque gruñó de forma ronca y fiera y sus palabras le desafiaron a que se atreviera a venir a por mí, su voz sonaba oscura como la misma noche y un escalofrío me recorrió por completo antes de que se lanzaran el uno al otro para comenzar a pelear. Yo me quedé relegada atrás con la marca ardiendo más que nunca, dolía demasiado y sentía que empezaba a embotarse mi cabeza escuchando un pitido que hizo que llevara mis manos a los oídos en un intento de aplacar aquel ruido... pero era imposible. Se podía escuchar los ruidos que hacían en la lucha que tenían en la que solo podía quedar uno, el choque de espadas y sus cuerpos chocando con fuerza en una cruenta batalla en la que ninguno se contenía para nada, las alas negras de Samael creaban figuras y sombras por el lugar y parecía que le dotaban de mayor movimiento y agilidad, como si lo ayudara a estabilizarse aún más. Oí su voz que me pedía que corriera mientras yo me había agachado llevando mis manos a los oídos, pese a eso pude escuchar su voz que me pedía que me largara de allí y que huyera pero... ¿cómo iba a huir y a dejarlo allí? No podía, me era imposible abandonarlo aun cuando sabía que yo era la que más peligro corría, de que él estaría mucho mejor conmigo lejos que allí en esa habitación donde aquel demonio trataba de alcanzarme y de llevarme.
-No puedo... –murmuré como pude aguantando como podía el dolor de mi marca que, con la presencia del ángel ahora que había tomado su cuerpo por completo me dejaba casi sin fuerzas, su dolor era terrible. Además el pitido no cesaba y la presión aumentaba más y más en mi cabeza cuando yo solo podía estar agachada y llevar mi cabeza hacia delante de forma que mi pelo cayera a ambos lados de mi rostro, meciéndome hacia delante y hacia atrás. La quemazón no cesaba, el pitido aumentaba casi ensordeciéndome y la presión me hacía pensar que me iba a estallar la cabeza... y al final acabé gritando haciendo presión con mis manos y con los ojos cerrados como si no pudiera aguantarlo más, aquello era demasiado para poder soportarlo. Aquello que había sentido anteriormente en mi interior cuando me había besado Samael pareció emerger de nuevo, algo oscuro y frío que pareció tomar un poco de forma como si hubiera liberado uno de tantos sellos que lo encerraban y aprisionaban y sentí que todo cesaba; la quemazón, el pitido y la presión en mi cabeza... era como si de alguna forma yo no fuera yo, como si supiera lo que tenía que hacer, como si viera las cosas de una manera distinta y diferente. “Acércate al demonio... y destiérralo” Una voz sonaba dentro de mi cabeza mientras me empujaba a levantarme y a acercarme, como si me guiara en lo que tuviera que hacer aunque yo no fuera del todo consciente de lo mismo. Mis ojos se alzaron contemplando a Samael luchando con aquel demonio y algo dentro de mí gruñó por ello como si odiara ver lo que estaba pasando, como si no lo permitiera. “Destiérralo... ¡destiérralo!” La voz cada vez sonaba más y más fuerte de forma que parecía guiar completamente mis pasos, no supe lo que hacía porque parecía que alguien me manejaba pero acabé incorporándome y con paso firme y decidido como si nada pudieran hacerme los dos mis labios se abrieron pronunciando unas palabras que jamás había oído en una lengua que no conocía en absoluto pero que, al mismo tiempo, era como si fuera mi propia lengua materna- Etsi nüllaan an oge en Kailfernum troovea eksdamnaskek* –la lucha pareció cesar un poco en esos momentos mientras yo seguía avanzando hacia ellos aunque el demonio atacaba con menos fiereza tas mis palabras- Etsi nüllaan an oge en Kailfernum troovea eksdamnaskek –volví a repetir ahora ya haciendo que el demonio me mirara e intentara lanzarme lejos al levantar su brazo en mi dirección, brazo que Samael se encargó cercenar con su espada mientras el demonio parecía anclado en el sitio sin poder moverse, enfadado y gruñendo sin apartar sus ojos muertos y vacíos de los míos.
-Tú no puedes hacer esto.... ¡no tienes poder sobre mí! –Gritó mientras yo seguía recitando las palabras ahora ya quedando frente al demonio que, mirándome, se reía por algo que desconocía pero que él sí que parecía entender- aún te falta mucho poder para hacer lo que quieres, si yo me voy otros vendrán en tú búsqueda –sonrió de nuevo de forma ladina y fruncí el ceño, elevé mi mano de forma que la dejé sobre la cabeza del demonio quien comenzó a gritar y a revolverse quedando arrodillado en el suelo como si sus poderes se anularan, como si no pudiera hacer nada por liberarse.
-¡Etsi nüllaan an oge en Kailfernum troovea eksdamnaskek! –Volví a recitar presionando su cabeza hacia abajo y finalmente con un grito que salió de sus labios comenzó a desintegrarse hasta convertirse en ceniza en el suelo como lo único que había quedado de él, un títere que había sido enviado por alguien superior para encontrarme y darme caza. Cuando todo pasó y todo finalizó pareció que volvía de nuevo en mí y aunque había sido consciente de todo sentía que, en realidad, había sido otra persona quien tomó control de mi cuerpo- ¿qué.... qué ha pasado? –Pregunté sintiéndome exhausta y casi sin fuerzas, algo desorientada porque lo último que recordaba, de forma consciente, es que estaba en el suelo agachada sin poder moverme. Mis ojos, asustados, buscaron los de Samael que se encontraba a unos pasos observándome- Samael... –fue todo lo que pude pronunciar porque, cuando quise dar un paso, perdí la consciencia y caí al suelo falta de fuerzas como si me hubieran drenado mi energía.




*Etsi nüllaan an oge en Kailfernum troovea eksdamnaskek: Te exilio ahora al hoyo del infierno.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue 14 Sep 2017 - 11:52

El demonio no reculo, mi ángel tampoco, nunca una pelea había sido tan encarnizada, tan llena de rabia contenida. Visceral uno y otro parecían conocerse de antaño como si esta no fuera la primera guerra que libraban ni ella una extraña para ellos.
Recluido en las entrañas de “Samael” el ángel de negras alas agitaba su poder.
Rápido, voraz en la lucha, el acero parecía una extensión mas de su ser.
Yo era un gran cazador, era rápido, un hombre creado para la lucha, pero esto era sobrehumano, creo que por primera vez fui consciente de lo insignificante que era ante la magnificencia de esos seres.

La cruenta batalla se teñía de carmesí, fue ahí cuando centre mis ojos en Yuna, como yo, parecía que no era ella, su brazo extendido pronunciaba unas palabras extrañas en una lengua muerta para mi desconocida, mas no así para el ángel que la miraba con la sonrisa ladeada confiado de que su poder era máximo.

El otro alzó el brazo en un afán de protegerse de la rubia, pero Samel fue rápido y le cerceno el brazo de un tajo.
Se relamía por lo sádico que era el encuentro y creo que ambos estaban muy ansiosos pues podía notar el ángel en mi cuerpo completamente excitado, deseando poseerla como cada vez que nos tocábamos.

Yuna repetía las palabras frente al demonio, parecían surtir efecto pues este cayó derrotado en el suelo.
Decía que ella no poseía poder suficiente como para conseguir la finalidad de esas palabras, peor en ese momento Samael colocó su mano en su omóplato y como si dos fuerzas electrificantes se encontraran noté una corriente de energía brutal, una que casi me deja inconsciente de nuevo y ahora si las palabras susurradas con su mano posada en la frente del demonio lo enviaron a un lugar que no era el templo.

Mi ángel gruñó, sus pozos negros buscaron los azules de Yuna, podía notar como la sentía suya, la posesividad y como se decepcionó cuando Yuna volvió a apoderarse de su cuerpo preguntando ¿que había pasado?
Antes de que su cuerpo impactara en el suelo a causa del mareo planeo con las alas la escasa distancia tomándola entre sus brazos.
-Eres mía -susurró buscando sus labios -abre los ojos, déjame mostrártelo.

Tenia que salir de allí, tenia que salir de allí. Gruñí con fuerza desde sus entrañas, una honda expansiva recorrió de nuevo mi cuerpo.
-¡Quieto humano, sométete, solo eres un recipiente! -dijo “ Samael.
Pero había gastado mucha energía en la batalla y posiblemente en el destierro lo que me otorgó mi única oportunidad de devolverme a mi cuerpo.
La mano me obedecía y sacando del cinto una daga la hundí en el selló con fiereza.

Dolor, sangre y traición, el ángel se revolvía con las alas negras por el suelo tratando de mantener el control mientras yo hacia lo propio por usurparlo.
Gruñí rabioso emergiendo de las entrañas, el sello no quebrado de mi vientre me ayudaba a reducirlo, a encadenarlo en mi interior y así, ensangrentado mis ojos volvieron a ser claros y la buscaron.
-Yuna -susurré alargando la mano hasta tomar la ajena y sumirme en un profundo estado de inconsciencia.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun 18 Sep 2017 - 10:39

De repente había sentido como si algo en mi interior tomara las riendas dirigiéndome, como si fuera una marioneta movida por hilos que era solamente una espectadora, de pronto supe lo que tenía que hacer con aquel demonio, la voz en mi cabeza me decía que debía de desterrarlo y las palabras salieron de mis labios en un idioma que no había oído nunca, pero que al mismo tiempo me sonó como si siempre hubiera hablado dicho idioma y fuera de alguna forma mi lengua materna. El demonio paró su lucha con Samael y me miró de forma fija, alegó que no podía hacerle eso pero yo solo podía repetir esas palabras que ni siquiera sabía lo que significaban, pero que algo me decía de que lo expulsaría al infierno del que provenía y que de alguna manera por eso lo estaba dejando anclado al sitio, como si no pudiera moverse. Intentó extender su brazo en mi dirección alzando su mano hacia mí pero Samael, de un movimiento raudo y seco cortó su brazo para que no pudiera hacerme nada, protegiéndome, como siempre hacía aunque yo no pudiera recordarlo con facilidad. Sentía que con él no me pasaría nada, que él velaría por mí y su sonrisa ladeada me decía que sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Sin embargo el demonio permanecía parado a mis palabras, me miraba de forma fija y decía que no tenía el poder suficiente para hacer lo que pretendía llevar a cabo, pero no sabía qué era lo que hacía, estaba muy perdida y me pregunté si sería eso lo que sentiría él cuando el ángel trataba de dominarlo: como si solamente fuera un espectador y manejaran su cuerpo a voluntad.

El demonio decía que aunque acabara con él otros vendrían en mí búsqueda y que no tenía el poder suficiente para ello, pero de pronto sentí como una enorme corriente eléctrica y una súbita subida de energía me recorría por completo cuando Samael dejó su mano en mi hombro, como si estuviéramos conectados de una forma que ninguno sabía exactamente hasta qué nivel llegaba pero en el fondo sabía que era más de la que siquiera pudiéramos siquiera imaginar, su energía me dio las fuerzas necesarias para dejando mi mano sobre la cabeza del demonio tras las palabras se desvaneció convirtiéndose en ceniza que fue barrida por el aire no dejando constancia de su existencia en aquella sala. No sabía lo que había pasado y sentía que no era dueña de mi cuerpo, ni sabía de dónde habían salido las palabras ni nada, era como si estuviera relegada a un segundo plano y cuando todo pasó con aquel cierre en mi interior, con esa oscuridad fría que albergaba y que había sentido últimamente desde que el ángel había aparecido y tomado forma queriendo controlar a Samael, volví en mí. Volví a ser la dueña de mi cuerpo, de mi mente, de mis palabras y de mis acciones... parpadeé sorprendida porque aunque recordaba lo que había pasado era como si lo hubiera soñado, como si no hubiera sido real pero frente a mí no había nada y cuando me giré para ver a Samael pude ver sus ojos negros por completo, mi marca ardió y fruncí ligeramente el ceño.

Él pareció francamente decepcionado cuando se dio cuenta de que volvía a ser yo, de que había recuperado el control de mi cuerpo y me sentí débil, había perdido energía y notaba todo mi cuerpo cansada y extenuado, mi respiración un poco errática pero notaba que mi cuerpo fallaba y solamente atiné a llamarle sin saber qué había ocurrido cuando perdí la consciencia, cuando finalmente caí en esa oscuridad y en ese cansancio desplomándome contra el suelo, no supe lo que pasó a continuación y tuve algún retazo que apareció en mi cabeza como si fueran escenas pasadas de otra vida, en otro tiempo, pero me veía desde la distancia y podía ver también a Samael, con sus alas negras, en una tierra devastada por el caos y las llamas. Desperté de golpe y abrí los ojos ante esas imágenes incorporándome de golpe, mi frente estaba perlada en sudor y mi respiración era un poco rápida tras eso, miré alrededor para darme cuenta de que seguíamos en aquella sala y fue entonces que noté una mano que aferraba la mía, cuando me di cuenta me fijé en que era la mano de Samael, tenía un pequeño charco de sangre bajo él y me alarmé al recordar lo que había pasado. Su camisa estaba desgarrada por detrás donde en su piel tenía el dibujo de dos alas negras, hasta aquel momento no me había percatado de ese detalle, dos alas negras... como dos alas negras tenía de marca de nacimiento.


-¡Samael! –Me acerqué quedando arrodillada a su lado para darle la vuelta con cuidado encontrándome con una herida en su vientre, justo en su sello, seguramente para haber contenido al ángel. Busqué su pulso y respiré aliviada cuando me di cuenta de que todavía respiraba, seguía con vida aunque su pulso era débil. Debía de curarlo, su mano que me aferraba estaba manchada de sangre y me levanté dejándolo tumbado para coger unas vendas y unas gasas, debía de parar la hemorragia como fuera, debía de curarlo y allí no tenía todo lo necesario pero quizás parando la hemorragia conseguía ganar más tiempo, debía de limpiar bien es herida y coserla. Recordé que tenía un juego de costura en mi habitación y salí dejándolo allí pidiéndole que aguantara, al salir al pasillo me encontré con aquel caos de muerte, los monjes que allí habían vivido estaban ahora por el suelo en charcos de sangre, las paredes manchadas y salpicadas, miembros cercenados... la bilis subió por mi garganta y aparté la vista ante tal atrocidad, me sentí la culpable y la responsable de lo que había pasado, me querían a mí y yo los había llevado hasta allí, había condenado sus vidas. Pasé intentando no mirar demasiado y subí a la habitación para coger el set de costura, cogí una de las botellas de licor que tenían y volví con Samael que seguía tumbado en el suelo. Subí su camisa y limpié la herida con alcohol desinfectándola, limpié la aguja y me puso a coserlo con cuidado cerrando así la herida y parando la hemorragia, coloqué unas vendas entorno a su cintura para cubrir su vientre y esperé, era lo único que podía hacer. Me tumbé a su lado después de haber puesto un cojín bajo su cabeza para que reposara mejor y mis dedos acariciaron su rostro despacio, con delicadeza. Pasé las yemas de mis dedos por sus labios y no pude evitar la tentación de besarlos de forma leve- por favor no me dejes... por favor, tú también no –pedí apoyando mi frente contra la suya, no entendía lo que me pasaba con él pero se me hacía imposible dejarlo, alejarme... era como si algo nos conectara y aunque no entendía ni el qué ni el por qué después de lo que había pasado lo creía con mayor certeza, nos habíamos encontrado por algún motivo, quizás era nuestra finalidad hacerlo, quizás la verdad se escondía demasiado en lo profundo y no imaginábamos la envergadura que tenía. Aunque quizás, pensándolo mejor, la opción para él y para Raziel era que me alejara de ellos, solo traía caos, muerte y destrucción allí a donde iba, lo mejor era ponerlos a salvo de lo que fuera que me persiguiera, vampiros, demonios... no entendía nada de nada, ángeles... todo era muy confuso, pero si los mantenía cerca de mí correrían la suerte de los demás, y no era eso lo que quería para ellos. Cerré los ojos apoyándome en su pecho, decía que debía de alejarme por su bien y sin embargo ahí estaba, tumbada junto a su cuerpo incapaz de dejarlo, incapaz de alejarme de él.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun 18 Sep 2017 - 15:32

Abrí los ojos, las luces del alba se colaban por la acristalada ventana del salón. Me sobresalté buscando las armas para seguir luchado, mas pronto me di cuenta que todo había terminado. Yuna estaba abrazada a mi, dormida sobre mi pecho claro que al notar mi respingo abrió sus impresionantes ojos azules fijándose en los míos.
-¿estas bien? -pregunté deslizando mi dedo por la blanca tez de su rostro manchado de sangre.

Me sentía muy débil, apenas podía cambiar de posición, el dolor era insoportable, no solo por la herida cosida de mi vientre, si no por las rajas de mi espalda que parecían arder cicatrizando.
Además mi cuerpo parecía haber recibido una paliza posiblemente porgue pese a ser un recipiente preparado para un ángel, cuando eso pasaba lo consumía de una forma bestial, cualquier humano hubiera muerto cuando Samael emergió de mis entrañas, pero mi cuerpo era distinto, un experimento creado para eso.

Tenia claro lo que yo era, la pregunta correcta era ¿que era Yuna? Desde luego no quedaban monjes en pie para darnos respuestas y el demonio al parecer había sido enviado al averno por Yuna, con lo cual el libro era nuestra única pista.
No quería asustarla, su rostro reflejaba pavor por todo lo ocurrido, entendía que ella no estaba hecha para esto, había permanecido toda su vida protegida entre estas cuatro paredes y ahora...el caos complicaba su vida.
-No eres una carga para mi -dije como si pudiera leer su pensamiento con la voz entrecortada por el dolor -sea lo que sea esto, estamos enlazados de algún modo, se que lo sientes como yo, se que lo notas.
Te he visto en sueños, nos besábamos, nos tocábamos...-no conté mas -Yuna lo que habita dentro de mi te conoce.

Acaricié con mi mano la suya, enlazando nuestros dedos.
-Tenemos que encontrar respuestas, el libro -susurré alargando la mano en dirección a él.
Habíamos leído gran parte pero aun nos quedaba y quizás en esas ultimas paginas encontráramos la solución del problema.
-Hay que moverse, no estamos aquí seguros.
Si yo de algo sabia era de escapar,llevaba haciéndolo toda la vida de la inquisición.

Los ojos de Yuna se hundieron en los míos, podía leer el terror en su mirada.
-Te protegeré, te lo prometo, pero has de hacerme caso, hay que moverse de aquí.
Intenté ponerme en pie pero mi cuerpo no daba mas de si, estaba agotado, apreté los dientes en un nuevo intento que de nuevo me llevó a caer de bruces la suelo.
A la tercera fue la vencida, con el cuerpo de Yuna bajo el mio caminamos hacia la salida esquivando los cuerpos mutilados que fuimos encontrando.
-Hay una gruta en el bosque...iremos allí, hay que moverse o darán con nosotros quien quiera que nos busque.
Hay que leer ese libro ¿lo entiendes?


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér 20 Sep 2017 - 6:13

No supe en qué momento pero me había quedado dormida en lo que cuidaba y velaba por Samael esperando que lo que había hecho sirviera para ayudarlo a que se recuperara y la herida no nos diera demasiados problemas. Había querido quedarme despierta por si le pasaba algo pero finalmente había sido imposible, después de todo lo que había pasado y de haber notado que perdía el control de mi cuerpo y de que cosas extrañas pasaran me sentía muy cansada, me había dado tiempo a curarlo y quizás fue ese chute de adrenalina lo que me había dado el tiempo para ponerlo a salvo, después me había quedado a su lado apoyando mi cabeza contra su pecho y así había vencido el sueño aunque no recordaba haberme dormido en ningún momento. Solamente me desperté cuando sentí que un cuerpo se movía como incorporándose un poco de sopetón y fue entonces que abrí los ojos encontrándome con las esmeraldas de Samael puestas en las mías, sus ojos brillantes por la luz del sol que se colaba por el lugar me observaron como si intentara saber si me encontraba bien y su dedo se deslizó por mi rostro de forma lenta en una leve caricia, una que logró estremecerme por completo y que asentí a su pregunta de que estaba bien, de los dos el que estaba herido era él y no yo, así que el que más preocupaba en esos momentos era él. Hizo una mueca cuando se incorporó un poco y miré la herida que tenía pero la tenía cerrada y no le supuraba ni le sangraba, así que supuse que sería por haber tomado el ángel el control de su cuerpo finalmente, al fin y al cabo él era un humano y lo que habitaba en su interior era un ángel, seres celestiales que estaban en otro nivel... quizás, cualquier otro, no habría podido soportarlo.


-¿Estás bien tú? –Pregunté ayudándolo a incorporarse para dejarlo sentado, cuando lo curé no me había percatado de las dos heridas que tenía en su espalda, allí donde le habían crecido las alas y parecían que estas se estaban cerrando solas, quizás porque el sello también actuaba de esa forma con él. Lo miré viendo que parecía realmente agotado y cansado aun cuando había dormido toda la noche, mi mano se quedó sobre su muslo y la otra en su brazo mientras lo observaba. Mi vida había dado un giro demasiado drástico con los últimos acontecimientos, parecía que averiguar la verdad era demasiado peligroso porque cada paso que dábamos en pos de acercarnos algo pasaba que nos bloqueaba el camino, como si hubiera algo que no quisiera que descubriéramos la verdad. Y ahora, por mi culpa, todos habían acabado muertos, yo había atraído a aquel demonio que había venido a por mí y juró que vendrían más en mi búsqueda, más vendrían a por mí pero yo no sabía lo que querían ¿cómo saberlo cuando ni siquiera sabía qué era yo misma? Mi vista bajó al suelo sintiéndome la culpable de todo, quizás lo mejor fuera quedarme escondida en algún lado lejos de todos, atraía el caos, la muerte y la destrucción allá a donde fuera y no quería que nadie más se viera en aquella situación, solo traía problemas y lo mejor sería alejarme de todo y de todos, recluirme en algún lugar y permanecer oculta. Raziel y Samael tenían sus propias preocupaciones y obligaciones, ya les perseguían la Inquisición por lo que eran y no debería de seguir a su lado, Samael tuvo razón cuando dijo que yo era una carga para ellos, lo mejor sería buscar el momento idóneo para alejarme, alejarlos de mí y que pudieran permanecer a salvo de lo que fuera que me quería. Me costaría, pero era lo mejor para ellos, lo mejor para todos. Fueron las palabras de Samael, quien parecía saber lo que pasaba por mi mente que hizo que subiera mi rostro para contemplarlo perdiéndome en sus esmeraldas, denotándose en su tono que le dolía aquello y que estaba cansado- tuviste razón desde el principio Samael, tan solo soy una carga para vosotros que os traerá problemas –afirmé mordiéndome el labio escuchando sus palabras, sí, era cierto que yo también sentía que estábamos conectados, podía notarlo tanto como él mismo lo notaba también... pero no entendía el por qué estábamos conectados de esa forma. Lo miré cuando dijo que nos había visto en sueños, besándonos, tocándonos... mordí mi labio con fuerza ante esos pensamientos desviando mi mirada hacia otro lado, escuchando que decía que lo que habitaba en su interior me conocía- Lo sé –dije volviendo a mirarlo- yo también he... soñado o visto cosas... nos encontrábamos los dos, uno frente al otro, nos abrazábamos y tú tenías las alas negras tras tu espalda... pero nos envolvía un mundo de caos, de muerte, de fuego y llamas... –dije recordando lo que había visto cuando me quedé inconsciente- no sé por qué me conoce, no entiendo nada –su mano envolvió la mía como si pretendiera tranquilizarme tras mis palabras, sus dedos enredaron los míos y lo miré, tenía razón... debíamos de seguir leyendo ese libro al igual que teníamos que movernos de allí. Me levanté y le ayudé a incorporarse, tomamos el libro y poniendo su brazo sobre mis hombros y rodeando su cintura caminamos pasando entre aquellos pasillos plagados de muerte en los que intenté no mirar demasiado, salimos fuera donde seguía su corcel y acercándolo a las escaleras lo ayudé a que montara para luego subirme yo y dirigir el caballo hacia la gruta que había dicho que había en el bosque, tras un rato sobre el caballo encontramos la gruta y tras bajarme fui yo quien le ayudó a bajarse, parecía que estaba algo mejor pero no me fiaba del todo. Nos adentramos en la gruta y lo primero que debíamos de hacer era una hoguera para pasar la noche y entrar en calor, entré algunos troncos y algunas ramas que encontré por los alrededores y juntos encendimos la hoguera con la que nos calentaríamos, acerqué mis manos para calentarlas un poco y luego me acerqué hasta donde se encontraba él sentado mirándolo- ¿estás bien? –Pregunté observándolo, luego levanté su camisa para ver la herida de su vientre que parecía curar perfectamente e incluso un poco más rápido de lo que quizás debería de hacerlo, supuse que sería por cosa del ángel y me quedé mirándolo, pensando en cómo habían cambiado las cosas en aquellos días, había pasado de no quererme a su lado para nada a querer que me quedara para protegerme... claro que ninguno de los dos sabía que había algo que nos conectaba y nos enlazaba, algo que ninguno de los dos sabíamos exactamente qué era pero sí podíamos sentir. Me quedé observando sus ojos bajo la luz de las llamas de la hoguera haciendo que brillaran con más fuerza, era extraño cómo nos atraíamos pero sin embargo cómo algo me decía que no debíamos, que no podíamos... sin embargo me encontraba con que me costaba demasiado separarme y luchar por no besarlo era imposible. Mis dedos subieron para deslizarse por sus labios sintiendo su aliento cálido golpear contra mis dedos y me aparté ligeramente- voy a por el libro –dije levantándome para salir de la gruta y coger el libro que estaba en la alforja del caballo donde también había un par de mantas que también había sacado antes, volví con el libro entre mis manos y me senté de nuevo a su lado, contemplé la portada de nuevo y luego alcé mi vista hasta Samael- ¿y si lo que nos revela... y si fuera imposible? –No sabía por qué pero, si había permanecido toda mi vida encerrada sin salir, después de lo que había visto... algo me decía que lo que pusiera ahí no iba a gustarnos- presiento que no es nada bueno, pero debemos de saberlo, quizás las respuestas estén aquí escritas –dije mirando mi dedo repasaba la tapa del mismo sin atreverme demasiado a seguir, no después de lo que había pasado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér 20 Sep 2017 - 9:07

Frente al crepitante fuego mis ojos se centraron en los ajenos, como si pudiera leer a través de su alma, veía el miedo reflejado en su mirada.
Creía firmemente que estaría mejor sin ella, se equivocaba, en el juego que habíamos entrado lo habíamos hecho juntos, aquello no era algo casual, estábamos destinados por algún motivo a encontrarnos y su llamador estoy seguro que gritó mi nombre para impedir que la mataran.
Sabia que Samael, el ángel de negras alas que residía en mi, la conocía, los había visto fornicar, los había visto amarse, cierto, el caos y la muerte eran el escenario de un encuentro apasionado pero no necesariamente eso implicaba que el mal tuviera nada que ver con nosotros.
Por contra ella parecía convencida de lo contrario, quizás en sus visiones había presenciado algo que yo desconocía y que no me decía.

Antes de ir a por el libro a las alforjas del caballo la detuve por la muñeca para que me mirara.
-Estoy bien, estamos bien, solo quiero poseerte -confesé -Samael dijo que si te montaba lo recordarías todo ¿por que no sucumbir? -pregunté clavando mis ojos en los ajenos.
Ciertamente la deseaba y la voz de mi interior gritaba animándome a pronunciar esas palabras y olvidar el libro de gruesas tapas -te deseo -susurré.

Nuestros dedos se acariciaban, todo me orillaba a ella y las luces naranjas que iluminaban su rostro no me ayudaban.
-joder -susurré cuando se alejó de mi, la distancia abrasaba.
Cuando regresó lo hizo con ese libro en su interior las malditas respuestas, unas que fueran cuales fueran dudaba cambiaran nada.

Ella era alguien a quien mi ángel deseaba, alguien por quien un demonio y un ángel estaban dispuestos a matarse.
En mis sueños ella me amaba, en mis sueños me pertenecía y empezaba a volverme loco paranoico o ambas cosas..quizás era el cansancio pero un “eres mía”- escapó de mis labios de forma gutural.
No sabia ya si era el ángel el que hablaba o yo mismo o quizás los dos porque ambos de forma egoísta la queríamos.

Ella me pidió que me calmara, estaba fuera de mi, algo que ella notaba, era como si tras la posesión aun sintiera aquel ser con mas fuerza que antes desgarrar mis entrañas.
Cerré los ojos tratando de recobrar la respiración mientras escuchaba el pasar de las paginas para continuar exactamente por donde antes nos habíamos quedado.
Guerra entre ángeles y demonios. Al parecer los ángeles de blancas alas lucharon contra aquellos que se sublevaron contra dios, unos de negras alas.
Según ese libro yo era de los segundos, mas poseía alas, con lo cual tampoco era un demonio, nombre que adquirieron cuando en señal de desafió se arrancaron las alas para no poder ascender a los cielos ¿entonces? ¿que era yo exactamente? ¿por que no me arranqué las alas? Esas respuestas no las tenia ¿que era ella?


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Dom 24 Sep 2017 - 9:44

Lo único que podía sacarnos de las respuestas que teníamos era el libro que llevaba entre manos, antes de ir a por el había sido Samael quien me había parado cogiéndome por la muñeca, sabía que lo que me decía era cierto, que había visto a ambos amándose y lo sabía porque aunque yo no los había visto desnudos enredados en el cuerpo del otro sí había visto esa mirada que ambos se habían profesado cuando la visión me llegó, esa en la que estaban rodeados de fuego, caos y llamas, y con solo ver la forma en la que ambos tenían de mirarse me bastó para saber que se amaban, que lo hacían de forma profunda y algo en mi interior me decía que era cierto. Su ángel me conocía y quizás lo que empezaba a despertar de forma lenta en mi interior también lo conocía a él. Quizás es que no nos habíamos cruzado por una casualidad y todo debió de pasar tal y como había resultado ser, debíamos de encontrarnos como lo habíamos hecho pero no conocía la finalidad de ello ni el por qué tampoco... eran preguntas para las que no tenía respuestas pero esperaba que el libro nos diera alguna pista. Sus ojos estaban fijos en los míos como si de alguna forma pudiera saber lo que estaba pensando, como si supera qué se me pasaba por la cabeza y me aseguró que estábamos bien, que solo quería poseerme y eso hizo que mi cuerpo comenzara a arderme, una parte de mí también deseaba que lo hiciera mientras que por otra parte algo me decía que no sería demasiado bueno, que quizás era la peor de las decisiones que podríamos tomar. Mis ojos bajaron hasta sus labios cuando comenzó a hablar perdiéndome en la forma en la que se movían cuando hablaba, sintiendo las ganas que tenía de acerarme a él y besarlo, enredar mis dedos en su pelo y acercarlo de la nuca hacia mí.

Con él así de esa forma me costaba mucho más contenerme, repasé mis labios con la lengua y subí de nuevo a sus ojos escuchando que decía que Samael había dicho que solo poseyéndome lo recordaría todo, podríamos saber por completo lo que ocurría y lo que nos pasaba, por qué estábamos así de conectados, por qué sentía corrientes poderosas eléctricas cuando él me tocaba. Maldición, deseaba que me poseyera y que me hiciera suya, era algo que anhelaba demasiado pero... una parte de mí me pedía prudencia y calma, como si no fuera una buena idea. Él hablaba sobre sucumbir y yo me pregunté qué tendría de malo el hacerlo, pero por otra parte... ¿y si era precisamente eso lo que el ángel quería, y si eso cambiaba todo? Aparté mis ojos durante unos segundo solamente mordiéndome el labio dudando entre lo que era correcto y lo que no lo era sintiendo que, yo misma, estaba dividida entre esas dos opciones. Cuando susurró que me deseaba un jadeo escapó involuntario de mis labios y subí de nuevo mi vista a él, yo también lo deseaba y mucho pero... algo me decía que no era lo mejor por mucho que el ángel lo dijera. Nuestros dedos se enredaron y durante unos segundos nos habíamos quedado así hasta que finalmente fui a por el libro, no diré que no me vino bien para coger algo de aire y calmarme, lo cierto es que estaba aún un poco aturdida por todas las emociones y tenerlo a él así no ayudaba para nada.

Volví para sentarme a su lado teniendo el libro entre mis manos, tenía ciertas dudas o ciertos miedos sobre lo que escondían las páginas de aquel libro, lo que podría ser encontrar o no las respuestas que necesitábamos, tenía el presentimiento de que no iba a gustarme del todo pero aun así era lo mejor para los dos salir de dudas. Notaba que se estaba poniendo algo alterado y mis ojos subieron a los suyos, mi mano se deslizó de nuevo hasta la suya y enredé nuestros dedos para apretar mi agarre entorno a ellos. Sus ojos verdes se alzaron para mirar los míos y por unos segundos nos quedamos observándonos de manera fija mientras la hoguera nos iluminaba, creando formas, dando luz y color a nuestros rostros por las llamas de la hoguera creando algo como si nos envolviera, o quizás simplemente es que éramos nosotros. Podía notar sus ojos más brillantes, de un verde intenso que a veces se tornaban un poco anaranjados por las llamas... aunque seguramente pasara lo mismo con mi rostro. Le pedí calma e intenté tranquilizarlo con mi toque pero sin pasarme demasiado, ambos sabíamos lo que provocábamos en el otro y quería mantenerlo tranquilo en aquel momento. Suspiré y le sonreí no solo calmándolo a él, sino también a mí misma, y finalmente comencé a pasar las páginas de aquel libro hasta donde nos habíamos quedado comenzando con aquella historia en donde algunos ángeles habían bajado a la tierra en desobediencia de dios, rebelándose contra el mismo, bajando a los infiernos donde se sublevaron para orquestar un ataque, como acto de rebeldía se habían desprendido de sus alas negras... eso me hizo mirarlo porque él sí las tenía, dos alas negras que habían nacido en su espalda, algo que no entendía. A esos ángeles los habían llamado con el paso del tiempo “demonios”.


-Fueron sublevados y desterrados del cielo, moraron en el Infierno donde reinaron durante todo aquel tiempo, se desprendieron de sus alas negras en señal de rebeldía contra el dios creador, su padre, cuando este les ofreció el perdón y la redención para volver a subir a los cielos. Se negaron a volver al cielo y reinaron sobre la tierra creando el caos y sembrando el terror sobre esta, los hombres los apodaron “demonios”, seres de procedencia angelical que los hacían sucumbir a todos los pecados, conduciéndolos por el camino más oscuro, alimentándose de las almas de aquellos con los que hacían tratos, expandiendo su dominio y su territorio. Pero su creador no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo con su obra, manchándola, ensuciándola de esa forma y oscureciéndola como estaban haciendo y quiso ponerles remedio. Llamó a sus ángeles para que descendieran a los infiernos, para comenzar una guerra con los que habían sido sus hermanos en pos de que fuera una tierra libre de cualquier mal, libre de los demonios que la dominaban. Intentaron expulsarlos del Infierno pero no los consiguieron, no hubo un vencedor en aquella lucha y los ángeles se retiraron al cielo. Los demonios se quedaron en el infierno, se hicieron pacto y se establecieron unas leyes para que no causaran ningún desastre, no tocarían la creación de su Dios pero ellos, viendo las trampas allí donde no las había, encontraron la forma de poder tentarlos para que pecaran y no llevaran una vida pura –hice una leve pausa y miré de soslayo a Samael, entonces, ¿por qué tendría él las alas negras, o por qué las tenía todavía? Su mirada se cruzó con la mía y me hizo un gesto para que siguiera leyendo, pasé la página y era como si empezara de nuevo otra historia, como si fuera algo diferente. Hablaba sobre que los humanos habían intentado, en el principio de los tiempos, hallar esos seres angelicales y estos bajaron solo a unas pocas familias, a los que más eran merecedores. Eran sus guardianes, sus protectores, los protegían de los demonios que por maldad y envidia querían hacerles daño, dañar la obra de su señor mucho más débil, más manejable, más fácil de corromper. Los ángeles, para proteger a estos seres de su maldad les entregaron unos collares, unos llamadores que cuando los agitaran ellos acudirían en su ayuda... pero Dios, furioso porque los demonios atacaban también a los ángeles les mandó no volver a bajar, quedando así solo los llamadores. Los demonios no estaban dispuestos a que sus hermanos, esos que los habían traicionado y habían ido a por ellos pudieran bajar a la tierra así que destruyeron todos los llamadores de ángeles, o al menos, todos los que pudieron encontrar. Hablaba sobre una leyenda, una leyenda muy antigua sobre un demonio, una mujer que desataba el mayor caos sobre la tierra y como unos humanos quisieron detenerla. Lo que no sabían es que dicha demonio se había enamorado de uno de los ángeles que moraban en el cielo, un amor secreto, un amor prohibido. Los humanos intentaron contenerla y para ello decidieron atraparla y encadenarla a un cuerpo humano para que no pudiera escapar de nuevo, pero para ello necesitaban un recipiente que fuera puro para poder contenerlo en su interior, un sacrificio. El demonio quedó sellado en su interior y la mujer murió justo después de contenerla para así, de esa forma, preservar que no escapara. Decían que aquel suceso se repetiría en sus siguientes generaciones y por ello una orden se encargó de velar que no volviera a pasar, lo que no sabían es que el ángel juró que la encontraría no importara las vidas que tuviera que pasar, y que dicha familia era una de las que había recibido un llamador de ángeles. Su poder sería terrible si despertaba de nuevo, los demonios la querían para desatar el infierno de nuevo en la tierra y los ángeles matarla para que no pudiera hacer nada, tan solo una marca sería lo que marcara si el demonio estaba de vuelta o no, la marca de unas alas negras. Fue ese dato, precisamente, el que me dejó sin respiración y el que me puso tensa por completo sin saber muy bien cómo encajar aquello que estaba leyendo, ¿llevaba un demonio en mi interior? Mis manos comenzaron a temblar por aquella revelación que hacía que algunas piezas encajara, me puse hasta pálida ante la noticia mientras intentaba asimilarlo y mis ojos buscaron asustados los de Samael. Él era un ángel, yo era un demonio. Él había sido creado para matar a un demonio... él había sido creado para matarme- Samael... –murmuré con un hilo de voz sin poder creerme aquello ni por un segundo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Dom 24 Sep 2017 - 12:10

Cada linea leída nos hacia acercarnos a las respuestas buscadas, su voz trémula retumbaba en la gruta, quizás porque los que estábamos hallando reglón a reglón situaba nuestra relación en un punto sin retorno.
Mi nombre escapo de sus labios ahogado, eramos enemigos naturales, o al menos eso era lo que portaba en mi interior y por consiguiente, lo que ella encerraba en el suyo.
Pero..entonces..
-No, mi ángel no te quiere muerta, te quiere abierta de piernas – no pude ser mas rudo en mi oscura forma de decirlo, el deseo me empujaba hacia ella de un modo tan fuerte que jamas lograba contenerme.

Quizás mi ángel se había ganado esas alas negras por amar a un demonio como ella, quizás era la ángel del que las profecías hablaban, pero..¿por que entonces no cortárselas? ¿por que luchar contra el otro demonio que quería despertar el caos con ella?
¿Por que ella lo había desterrado? ¿por que quedarse con Samael si era un ángel encargado de matarla?
Las respuestas generaban mas preguntas, estábamos perdidos en una guerra que no nos pertenecía pues si algo me quedaba claro es que eramos recipientes de un poder in imaginado.

Me costaba tanto contenerme que ni una sola de mis palabras sonó sin ser entrecortada por la respiración errática.
-La gitana, busquemosla, sabia algo del llamador y por el modo en el que me miró, quizás también de lo que crece en mi interior.
Samael quiere poseerte, pero yo fui creado para proteger a la humanidad y dudo que eso suceda si despertamos el caos.

Apreté los dientes, mi ángel se revolvía ante el modo que el humano pensaba, podía sentirlo incomodo esperando a que simplemente dejara de luchar y sucumbiera a una única realidad, el deseo sin igual que sentía por el cuerpo ajeno.
-de momento tenemos que mantenernos firmes, no buscarnos en exceso, cada vez que me tocas solo pienso en eso -aseguré contemplando su boca con una necesidad inaplicable -busquemos respuestas -quizás deberías quitarte ese llamador de ángeles. Si quieren matarte ¿no vendrán a hacerlo?

Estaba aterrada y de seguro por su cabeza se le pasaban demasiadas cosas en estos momentos, pero la idea de separarnos no tenia sentido para ninguno, si algo había quedado claro es que nuestros destinos de un modo u otro se unían en algún punto.
Los sueños con ella se habían sucedido durante noches, al principio pensaba que solo era el deliro de un hombre que perdido en el deseo que sentía acababa soñando con lo que no hacia pero quería, peor poco a poco se hicieron mas nítidos, no eran solo encuentros sexuales entre nosotros, si no entre el ángel y el demonio envueltos en caos, fuere lo que fuere esto no pintaba bien y era algo que no podíamos negar ninguno.
-Yuna, no voy a permitir que nadie te haga daño, ni siquiera yo mismo, lo juro -aseguré contemplando sus dos inmensos mares.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér 27 Sep 2017 - 9:38

Comenzábamos a entender que nosotros solamente éramos dos peones en un juego demasiado peligroso del cual no teníamos control alguno, lo que llevábamos en nuestro interior eran al parecer enemigos naturales y acérrimos pero sin embargo se amaban, habían sido amantes y habían estado juntos de una forma que ni Samael ni yo podíamos siquiera imaginar. No lográbamos alcanzar ni comprender la magnitud de la situación en la que estábamos metidos y sin duda alguna aquel libro no nos dio demasiadas pistas sino que más bien generó ciertas preguntas. No entendía por qué entonces su ángel sí tenía alas negras cuando no había traicionado a su dios, quizás por haberse enamorado de un demonio, pero entonces... ¿por qué protegerme cuando aquel demonio vino a por mí? No entendía nada, solo que todo nos venía demasiado grande, demasiado como para poder reaccionar y comprenderlo en esos momentos. Pero sí tenía clara una cosa: que él había sido creado para matarme porque, como él me había dicho una vez, su ángel respondía cuando estaba en presencia de seres demoníacos y que había sido creado para luchar contra el mal... así que... ¿yo era el mal? ¿Lo que yo encerraba era el mal? De hecho es que no sabía muy bien cómo debía de sentirme, acababa de enterarme de que en mi interior había un demonio poderoso que quería ocupar mi cuerpo para desatar el caos en la tierra, que aparte dicho demonio estaba enamorado del ángel que Samael portaba en su interior y que ambos querían estar juntos, eso explicaba por qué la sensación conocida, por qué nos sentíamos ligados y nos atraíamos demasiado pero... incluso sabiendo eso por mi parte yo, cuando no sabía nada, me había sentido atraída por él sin saber de mi demonio.

También eso significaba una cosa, su ángel había dicho que solamente cuando nos acostáramos recordaría todo, quizás eso significaba que si ambos se juntaban de esa forma mi demonio tomaría el control de mi cuerpo como quizás el ángel pudiera tomar control de él. Samael tenía el sello para contenerlo pero, sin embargo, ¿qué tenía yo para poder controlar lo que había en mi interior? ¿Por eso me habían abandonado mis padres, por eso no me dejaban salir de aquel templo? No entendía absolutamente nada, me sentía perdida y en lo único en lo que podía pensar cuando miraba esas esmeraldas que me devolvían la mirada era que no iba a poder tenerlo nunca, que jamás iba a poder perderme en su piel, ni a besarlo, ni que me hiciera suya... y eso dolía y quemaba muchísimo, tener a mi lado algo que jamás podría ser mío era demasiado doloroso como para poder soportarlo. Lo miré cuando dijo que su ángel solo quería poseerme y no matarme y no supe qué decir, sinceramente mi cabeza era un caos en esos momentos porque había demasiada información que asimilar, muchas cosas que entender y que comprender. Miré hacia otro lado cuando dijo que buscáramos a la gitana escuchando su respiración entrecortada con cada palabra que decía, quizás ella pudiera darnos más respuestas, ella sí había sabido lo que era mi llamador y quizás nos aportara algo más de luz.


-Iremos mañana a buscarla –la noche había caído de nuevo y debíamos de permanecer ocultos hasta que pasara un poco en peligro, me buscaban y no sabía exactamente con qué propósito querían llevarme pero sí sabía que con él nada me pasaría, aun cuando seguía pensando en que estando lejos de él sería lo mejor porque ya tenía bastantes cosas como para ocuparse de mí, sin embargo parecía decidido a que no pensaba que me alejara de su lado y en cierto sentido yo tampoco quería hacerlo, me costaba separarme de su lado. Subí mis ojos de nuevo a él cuando dijo que lo mejor sería tomar distancia prudencial uno del otro, que cada vez que lo tocaba solo pensaba en hacerme suya y para ser franca yo no dejaba de pensar en lo mismo cada vez que lo tenía cerca, en besarlo, me gustaban tanto sus labios, sus ojos, la forma en la que tenía de besarme y de pegarme a su cuerpo... mordí mi labio inferior observándolo pensando en lo triste que era que no pudiéramos estar juntos, no si no queríamos desatar el caos y liberar lo que llevábamos dentro- sé que tienes razón pero... es tan injusto –dije mirando hacia otro lado apartando algunos mechones de mi pelo del rostro- ¿por qué tenemos que sufrir de esta manera? –Me quedé observando las llamas del fuego escuchando su crepitar que resonaba en la gruta en la que estábamos escondidos, iluminando todo creando sombras y figuras en nuestros rostros- no entiendo por qué tenemos que pagar nosotros por algo que no nos concierne, no es justo que no pueda tocarte, que no pueda tenerte... –me callé para no agravar más la situación y alcé mi mirada llevando mis dedos a aquel llamador cuando dijo que me lo quitara- no lo sé, siempre lo he tenido conmigo y de alguna forma siento que cuando estuve en peligro, inconscientemente, te llamé –hice una pequeña pausa- me he metido en líos de pequeña, bueno en toda mi vida pero jamás en uno como aquel donde estuve a punto de morir... creo que te llamé y por eso acudiste a mi llamada. ¿Y si esto me conecta más a ti? No me lo voy a quitar, me veo rara sin el puesto –lo contemplé de forma fija cuando dijo que me protegería, que no dejaría que nadie me hiciera daño incluso si era de sí mismo- lo sé –dije en un susurro sin poder apartar mis ojos de los suyos, mis dedos de forma inconsciente se enredaron en los suyos y al final acabé abrazándolo escondiendo mi rostro en su cuello con los ojos cerrados. Parecía una niña pequeña asustada en mitad de una tormenta pero es que... no sabía muy bien cómo debía de hacer las cosas, como gestionar el hecho de llevar un demonio en mi interior que a veces luchaba y pujaba por tener el control del mismo. Rodeé su cuello y su espalda con mis brazos y suspiré en su cuello escondiéndome en aquel lugar como si todo desapareciera de esa forma, como si nada a mi alrededor fuera más real que eso, como si todo se acabase. Sus brazos rodearon mi cuerpo dejándome contra él y sus dedos se enredaban entre los mechones de mi pelo como si con eso lograra tranquilizarme, en cierta forma lo hacía, su tacto siempre me tranquilizaba- tengo miedo Samael, no sé muy bien cómo gestionar el hecho de saber que tengo un demonio en mi interior... todo esto me viene demasiado grande –reconocí sin moverme de aquel sitio- no sé por qué me quieren, no entiendo muchas cosas pero no dejo de pensar en que si sigues a mi lado el caos te engullirá como me ha engullido a mi desde que era pequeña, no quiero que te pase nada malo, ni a Raziel tampoco, por mi culpa –aferré su camisa entre mis dedos con fuerza- no sé cómo controlar lo que llevo dentro y me aterra el pensar que pueda tomar lugar en mi cuerpo y me controle, con ese demonio en el templo perdí el control y tengo solo vagos recuerdos de lo que pasó, como si lo viviera en primera persona pero no fuera capaz de controlar nada, temo que sea más fuerte que yo y que me domine... tú tienes el sello pero ¿cómo puedo tomar control de algo que desconozco? –Lancé un suspiro, eran demasiadas cosas de golpe y si antes tenía un mínimo de control en mi vida, sin duda alguna, ahora me había quedado sin control alguno.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér 27 Sep 2017 - 11:38

Yuna estaba muy asustada, no podía culparla aquello nos venia grande, mas quizás a ella, pues yo siempre supe que Samael existía en mi interior.
Lo que pasa es que ahora había descubierto que lejos de ser uno de los fieles de dios, parecía mas bien ser fiel a un demonio que amaba de un modo compulsivo.

Yo era un cazador, existía para destruir el mal y por mucho que ella me asegurara que justo eso es lo que ella representaba, yo negué.
-No Yuna lo que habita dentro de ti puede ser un demonio, uno que ama a un ángel, no lo olvides. Pero tu, tu no eres el mal, solo eres una chica como las demás.
No somos lo que tenemos dentro, no somos eso Yuna.

Llevaba dándole vueltas a una idea, pero..era arriesgada, porque yo no sabia si podía existir sin Samael ni si ella podía existir sin su demonio.
-¿Yuna y si pudiéramos sacarlos de nuestros cuerpos antes de que tomen el control sobre nosotros? -le pregunté mirándola fijamente -y si hubiera un modo de sacarlos.
Raziel es un recipiente vació, no lucha contra otra alma encerrada en sus entrañas ¿y si hubiera un modo de sacar al ángel y al demonio y mandarlos al infierno?

Yuna clavaba sus océanos en mis verdes, como si estuviera evaluando mis palabras, quizás pensando que de eso pasar el deseo que nos arrastraba desapareciera, esa unión que habíamos sentido desde el inicio.
Mis ojos descendieron por sus labios, los míos se entreabrieron.
-Te deseo muchísimo -aseguré- necesito tomarte, es en lo único que pienso y se que no debo, pero joder, voy a explotar.

Yuna mantenía esa distancia que yo mismo le había pedido, gruñí enredando los dedos en mi pelo desesperado.
-También podemos simplemente dejarnos llevar y a la mierda el mundo -rugí.
Samael en ocasiones me ganaba la partida porque no podía dejar de desear lo mismo que él...a Yuna.

Negué alzando la mano para detenerla y que no se acercará, su al final sucumbía, ellos se apoderarían de nuestra conciencia, quedaríamos relegados a la nada y el mundo ardería en un infierno complicado.
-Yuna, sacaremos a esos dos de nuestros cuerpos, los destruiremos y su historia con ellos, seremos libres ambos de perdernos en la piel del otro.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 3 Oct 2017 - 4:23

No había podido evitar acercarme a él y rodear su espalda y su cuello con mis brazos, le había confesado todo a lo que más temía en esos momentos, las dudas que me corroían por dentro, mis miedos, mis dudas... mis palabras fueron sinceras en todo momento, no entendía por qué debíamos de mantenernos separados si lo único que queríamos era estar juntos, deseaba tanto tocarle, deseaba tanto perderme en sus labios, en su cuerpo, sentir que me hacía suya... era sumamente injusto lo que nos estaba pasando, en vez de poder estar juntos y estar sin preocupación alguna debía de controlarlos, mantener una distancia prudencial el uno del otro y no tocarnos en la medida de lo posible, algo que me costaba hacerlo cuando mis dedos lo único que hacían era buscar sus manos para enredar nuestros dedos, me calmaba tenerlo cerca de mí, me calmaba sentir su calor contra mi cuerpo, sentir su respiración chocar contra mi pecho justo como sucedía en ese momento, oler su esencia... todas esas pequeñas cosas que ahora debía de controlar por una maldita distancia que debíamos de poner para que no ocurriera nada, porque cada vez que nos tocábamos el deseo era irrefrenable e incontenible, era como una sacudida que recorría nuestro cuerpo y lo único que nos hacía era querer perdernos en el otro, ligados por algo que nos conectaba de una forma abrumadora y que nos mantenía enlazados, como si hubiéramos estado predestinados para ello. Lancé un suspiro terminando por separarme de él porque estar tan cerca era una tentación difícil de resistir para los dos y así las cosas nos serían un poco más fáciles el uno para el otro.

Pero seguía pensando que no era nada justo aquello, que no debíamos de pagar nosotros lo que hicieron otros antes pero así es como eran las cosas, él llevaba en su interior a un ángel que se había enamorado del demonio que llevaba dentro y ansiaban estar juntos, suponía que lo conseguirían si al final sucumbíamos al deseo. En parte me aterraba que una vez se fueran de nuestros cuerpos, algo que no veía como podía pasar, esa conexión desapareciera... y él pareció leer mi mente en esos momentos porque me dijo que aunque hubiera un demonio en mi interior yo no era mala ni representaba el mal, tan solo era otra mujer más a la que le había tocado llevar un demonio en su interior, como él era solo un hombre más que llevaba en ángel dentro. Lo miré cuando me dijo la idea de poder sacarlos de nuestros cuerpos, pero era algo que veía demasiado complicado y que podría traernos muchas complicaciones y muchos problemas si lo hacíamos, ¿y si no sobrevivíamos a ello? ¿Y si no podíamos existir sin lo que llevábamos dentro? Era demasiado complicado y aunque se pudiera hacer no conocía la forma en la que se pudiera sacar lo que llevábamos dentro, o quién podría llevarlo a cabo. No me convencía del todo la idea aunque debía de admitir que me gustaba, poder ser libres sin que tuviéramos un demonio o un ángel en nuestro interior... la idea resultaba demasiado tentadora como para no pensar en ella.


—Samael... –lo llamé observando sus orbes verdes, esos que me devolvían la mirada y que me contemplaban de esa forma, me gustaba cuando me miraba así y nuestros ojos conectaban de esa manera, era algo especial, o al menos yo lo sentía así. No sabíamos demasiado sobre lo que llevábamos dentro o como podíamos controlarlo, al menos por mi parte ya que él tenía el sello, pero deberíamos de averiguar más antes de tomar una decisión u otra- sería tan maravilloso que pudiéramos ser libres, sin tener que contenernos –incluso aunque lo decía mis dedos ahora quitaban un par de mechones de su rostro, lancé un suspiro apartando mi mano de nuevo por lo que me había dicho y desvié la mirada- si hubiera la forma, si supiéramos a ciencia cierta que de poder sacarlos nada nos ocurriría a nosotros, que podríamos seguir vivos... lo intentaría. Peor es estar de esta forma... –mis ojos bajaron a sus labios al mismo tiempo que sus ojos bajaron a los míos, era más que obvio que nos deseábamos y que nos necesitábamos, pero todo era demasiado injusto. Jadeé cuando dijo que me deseaba muchísimo, que necesitaba tomarme porque era algo así como lo que yo sentía también, que me tomara, que me hiciera saber lo que era sentirme suya, conocer ese placer de su mano, de sus labios, de su cuerpo... cerré los ojos cerrando mis manos en sendos puños escuchándole decir que aunque lo quería no debía. Abrí mis ojos para ver cómo envolvía sus dedos en su pelo y gruñía, yo me sentía exactamente igual que él, sonreí cuando dijo que podíamos dejarnos llevar porque sabía que de alguna forma no lo decía en serio. Aseguraba que sacaríamos lo que llevábamos dentro de nuestros cuerpos y podríamos ser libres, libres para perdernos el uno en el otro- es lo único que deseo, te deseo tanto Samael... –murmuré mordiéndome el labio, lo deseaba tanto que incluso dolía- ¿me dejas darte un abrazo? –Pedí mirándolo de forma fija- por favor... –acabé en un tono bajo, casi suplicante, y solo me acerqué cuando asintió con la cabeza no muy seguro de lo que hacía, pero me acerqué a él sentándome a su lado y enredé mis brazos entorno a su espalda y a su cuello, mi rostro se escondió en su cuello y así me quedé con los ojos cerrados notando que él enredaba sus dedos en mi pelo- no me sueltes nunca, Samael. No me dejes caer en la oscuridad de ese abismo de nuevo, por favor... –mi vida siempre había tendido al caos y temía, realmente, que algo le pasara por mi culpa, que el caos también lo envolviera y acabara con él o peor aún: que el ángel tomara pleno control de su cuerpo... eso me aterraba muchísimo- Mañana iremos a ver a la gitana, quizás ella decirnos algo más sobre el colgante, sobre lo que somos realmente... parecía conocer algo y ahora que sabemos para qué sirve el colgante le preguntaremos. Iremos en busca de la verdad y hallaremos la forma de poder ser libres –era como una promesa, una que juntos cumpliríamos. La noche pasó sin mayor percance, parecía que no nos habían seguido y tras poder cazar algo con lo que alimentarnos separados el uno del otro nos tumbamos en aquella gruta donde pasamos la noche, con los primeros rayos del sol nos levantamos para emprender camino de nuevo hacia la ciudad en busca de aquella gitana, quizás ella tuviera la clave o alguna pista para poder lograr nuestro objetivo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 3 Oct 2017 - 7:10

Aquella noche había sido mágica, en un sueño reviví esa primera vez, alas negras envolviendo a una dama de negros ojos, un torrente de sensaciones me había invadido cuando mi piel recorrió la suya, encontrándome con un pasado lejano que ahora se hacia plausible frente a mis dedos.
Aun guardaba mis dudas, esas desconfianzas que me atenazaban el alma, yo era un cazador, había sido creado por la inquisición para destruir el mal. Necesitábamos respuestas, teníamos demasiadas preguntas y su cuerpo me hacia jadear al solo rozarnos.
Abrace su frágil cuerpo entre mis brazos mientras la montura nos orillaba uno pegado al otro hacia nuestro destino, ese destino que parecía habernos encontrado uniéndonos de nuevo en el mismo camino.
Desconocía cual era nuestro pasado, peor en mis sueños era idílico si no fuera por la sangre, el caos que a mi alrededor había creado.

Le indiqué con el dedo la dirección del mercado, esperaba sinceramente dar con esa mujer.
Por desgracia por mas que la buscamos no había rastro de esa anciana, así que tras preguntar a mucha gente un gitano parecía saber la ubicación de su casa, una pequeña choza de madera cerca de la playa inmersa en el bosque.

Volvimos a montar sobre el espectro, mientras el galope del caballo incansable e incesante nos acercaba al destino donde sin duda aprenderíamos mucho el uno del otro.
Nos enseñaría un pasado que yo conocía en parte por las visiones y ella no, y un futuro incierto en el que las dudas nos asolaban el camino.
Acaricié sus manos aspirando su aroma por un instante, tratando de infundirle ánimos, sus manos temblaban nerviosas, sentía que aquello se había convertido en algo fundamental para ella, para lso dos, posiblemente porque apenas nos conocíamos, porque seguíamos siendo unos completos desconocidos que albergaban dentro el mal o el bien o ambos..estaba bastante confundido.
-¿Estas bien? -pregunté arropándola con mis brazos cuando el camino se estrecho llevándonos a nuestro destino una pequeña ladera que se tornaba camino para acabar en una pequeña cabaña de madera.
Allí desmontamos y cogidos de la mano golpeamos la puerta esperando conocer nuestro feliz o desgraciado sino.
Un casto beso en su pelo, una mirada cómplice y acariciar con mi dedo la palma de su mano fue todo hasta que la puerta se abrió chirriando frente a nosotros.

Ya no había vuelta a tras, la anciana no pareció sorprendida, como si nos esperara se hizo a un lado, así que juntos cruzamos el umbral adentrándonos en un lugar plagado de magia donde la hechicería obnubilaba el ambiente con su olor a cítricos e incienso.
-Sabes que no ha traído aquí ¿cierto? -pregunté a la anciana buscándola con mis ojos sin aflojar mi agarre a Yuna – necesitamos respuestas y hasta ahora todo nos ha llevado a callejones sin salida.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue 5 Oct 2017 - 11:45

La noche pasó sin ningún percance más y pudimos descansar tranquilos o al menos lo que pudimos hacerlo, no nos habían seguido y estábamos bien aunque en realidad mi mente era un constante caos de pensamientos, ideas, preguntas para las que no tenía respuesta... saber la verdad en parte nos hacía daño porque cuanto más descubríamos más nos dábamos cuenta de lo que éramos ambos, él llevaba en su interior a un ángel que estaba enamorado del demonio que habitaba en mi interior, no recordaba demasiado y apenas sentía su poder pero esa vez en el templo... si lo había sentido, algo poderoso, oscuro y frío. Fue ahí donde empecé a tener alguna que otra visión, quizás porque antes no se había “liberado” aunque fuera una brecha minúscula de lo que en mi interior moraba, pero nos había visto a los dos en otra época, juntos, amándonos en mitad de un escenario lleno de caos, de muerte y de destrucción. Él batía sus alas negras y nos envolvía con ellas, sus brazos rodeaban mi cintura y me pegaban a su cuerpo, sus labios me besaban y me acariciaba la piel... podía sentirlo de una forma tan real cuando veía eso como si de verdad estuviera allí, como si él me tocara y me acariciara a mí aunque lo veía más bien desde una tercera perspectiva, pero lo que sentía era demasiado real como para pensar que era solamente producto de mi mente, de hecho sabía que no era así después de descubrir la verdad. Lo que teníamos dentro se deseaban, se necesitaban y querían estar juntos, quizás el ángel había dicho que tomándome recordaría porque de alguna forma se liberaran mis poderes, cada vez que Samael me toca un chispazo recorría todo mi cuerpo, todo nos empujaba al otro y era demasiado duro porque quería sentirlo, y no podía.

A la mañana siguiente emprendimos camino hacia el pueblo sobre su montura, sus brazos rodeaban mi cintura y mi espalda estaba contra su pecho, era lo más cerca que podríamos estar y muchas veces cerraba los ojos y deseaba que pudiéramos estar juntos sin que nada pasara, pero quizás si pasaba algo desataríamos lo que había en mi interior, tomaría parte de mi cuerpo y él... él era un cazador que protegía a los humanos de todo mal, y yo en ese entonces sería el mal. No quise pensarlo y bajamos cuando llegamos al pueblo, buscamos a la gitana pero no dimos con ella hasta que preguntando alguien nos dio una dirección y ni siquiera nos lo pensamos, habíamos llegado hasta allí y debíamos de terminar de saber toda la verdad que nos fuera posible. Volvimos a montar sobre su corcel y emprendimos camino, sus manos acariciaron las mías y apreté su agarre, sabía que era su forma de decirme que estaba allí y yo lo agradecí, todo sería mucho más difícil y complicado si él no estuviera a mí lado. Cada paso que nos acercaba más a aquel destino me ponía más y más nerviosa, intuía que no me iba a gustar la verdad y era posible que lo que descubriéramos no nos gustara para nada, pero era lo que teníamos que hacer si queríamos seguir adelante con todo aquello. Cerré los ojos cuando me preguntó si estaba bien y asentí lentamente con la cabeza, disfruté de ese momento en el que lo tenía cerca, atravesamos el pequeño camino que nos llevaba a una ladera que continuaba como si fuera un camino hasta que llegamos finalmente a una cabaña de madera, desmontamos del corcel y miré el lugar antes de moverme.

Nos acercamos cogidos de la mano hasta plantarnos delante de la puerta, sobraba decir que había algo en el ambiente, posiblemente algo relacionado con la magia que cargaba el aire. Mordí mi labio mientras esperábamos a que nos abrieran la puerta, iba a darme la vuelta cuando dejó un beso en mi pelo, eso me hizo alzar la mirada hacia sus orbes verdes y acarició mi palma tranquilizándome, eso fue lo que hizo que me quedara junto a él. La puerta se abrió en ese momento y observamos a la misma gitana que me había hablado sobre el colgante frente a nosotros, no parecía demasiado extrañada de vernos allí y nos dejó pasar al interior de su casa. Dentro se notaba aún más el ambiente cargado e imbuido por la magia y miré a todos lados como si estuviera buscando algo aunque más bien era pura curiosidad, fue Samael el que habló e hizo que mi mirada se fijara en la mujer que teníamos delante. La casa tenía pequeñas decoraciones con atrapa sueños, con plumas, pequeñas piedras de diferentes colores, muchas velas que alumbraban la casa y daban ese olor a cítricos que había en el lugar y sobre todo libros, muchísimos libros. Sus ojos azules fueron pasando de uno a otro hasta que finalmente sonrió levemente, ciertamente parecía que nos estaba esperando y nos hizo un gesto para que la siguiéramos hasta lo que era un comedor, allí una tetera de la que salía algo de vapor y unos vasos rústicos sobre una mesa de madera redonda, nos invitó a sentarnos y lo hicimos, ya no había vuelta atrás.


-Sé por qué estáis aquí, os estaba esperando –dijo de forma calmada como si fuera lo más normal del mundo y comencé a servirnos el té en las tazas- veo que ya habéis averiguado algo más, me preguntaba hasta dónde llegaríais –yo no entendía nada y al parecer Samael tampoco, pero ella hablaba con toda la naturalidad del mundo sirviéndonos el té, nos tendió los vasos y me miró de forma fija- supongo que ya sabrás lo que es ese colgante, algo más de lo que te dije –asentí levemente con la cabeza- me extrañó que no supieras sobre la procedencia del colgante, lo sentí en cuanto os vi –miró también a Samael- pero no sabía hasta qué punto podía hablar... parecías tan desconcertada cuando hablé contigo la última vez, perdona si fue algo brusca al decirlo –negué con la cabeza y cogió su taza para dar un trago de té pero sin dejar de mirarnos- bueno, ¿qué habéis averiguado? Os podré contar algo a partir de ahí –me mordí el labio pero ya estábamos allí.
-Hemos leído un... libro –aclaré mirándola, ella esperó a que siguiera y de la bolsa que llevaba dejé el libro sobre la mesa, ella lo miró algo asombrada y preguntó si podía leerlo, ninguno de los dos la paró. Parecía sorprendida sobre que tuviera dicho libro- lo obtuve recientemente después de hablar contigo, esto es lo único que tenemos y que sabemos, todos los demás han... –me callé aunque a ella, precisamente, no le sorprendió- eres la única que nos puede contar qué es lo que pasa, no entiendo del todo lo que pone en el libro –tras ojear sus hojas lo cerró y nos miró a ambos.
-Es normal que no lo sepáis porque el libro, por decirlo de alguna forma, está incompleto –eso sí que no me lo esperaba- aquí se habla sobre una antigua leyenda, algo que muchos pueblos conocen aunque se haya versionado o cambiado algo... pero este es el libro original –hizo una pausa- no os puedo decir mucho más de lo que ya sabéis o habéis leído, pero sí os puedo ayudar para que lo veáis –eso me sorprendió bastante.
-¿Qué lo veamos, cómo? –Ella sonrió como si fuera lo más fácil.
-Mediante la hipnosis –aclaró mirándonos de forma fija- es como... una regresión a algo ya vivido, tu cuerpo se mantiene en este plano pero sin embargo una parte de ti, astral, viaja hacia ese momento que quieres averiguar para saber qué pasó. Estaríais como espectadores y no podríais cambiar lo que pasó, pero quizás os ayude a saber por lo que estáis pasando y halléis vuestras respuestas. Puedo prepararos algo para que os lo toméis pero tendrá que ser aquí, hay fuerzas ahí fuera que quieren lo que llevas dentro para apoderarse de ello, esta casa está protegida y nos dará un refugio. Lo único que sé, aparte de este libro, es que se encerró en un cuerpo humano para sellarlo y que jamás pudiera aparecer, generación tras generación ha ido renaciendo y una marca ha aparecido para dar prueba de ello, tienes una marca ¿verdad? –Abrí ligeramente los labios y asentí con la cabeza.
-Tengo... tengo unas alas negras, en la nuca –dije mirando de soslayo a Samael, eso era algo que ni él había visto ni yo le había dicho- con el paso del tiempo fueron tomando forma –ella asintió.
-Sí, esa es la marca. La marca que aparece cuando llevas a ese demonio sellado en tu interior... lo más extraño de todo esto es que sigas con vida –me miró de forma fija y yo no entendí nada- según la tradición y lo que dicen las leyendas, mataban a las niñas que nacían con la marca para que el demonio no se liberara ni tomara forma –abrí la boca ante aquello, quizás esa podría ser la razón porque la que me habían abandonado...
-Pero... ¿cómo puede ser? Yo llevo veinte años con esa marca y no me ha pasado nada –hasta que me había encontrado con Samael, ella solamente negó con la cabeza.
-No lo sé, no hay casos que hablen sobre eso pero quizás lo podáis averiguar en vuestro viaje. ¿Lo haréis? –Nos miró a ambos de forma fija, busqué las esmeraldas de Samael pero, si era la única forma, lo haríamos y los contestamos con un “sí” al unísono.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue 5 Oct 2017 - 14:04

La anciana nos esperaba, amable nos invitó a tomar te, en ningún momento aflojé el agarre de la mano de Yuna, quizás porque sinceramente desconfiaba de la vieja, desconfiaba para que mentir de todo y de todos pues en mi vida nadie excepto esa mujer que un día me saco del vaticano, fue bueno conmigo. Estaba demasiado acostumbrado de cuidar de mi mismo y de mi hermano que la confianza era algo que me costaba en demasía darla.
Me senté en el sofá, Yuna aferrada a mi y la anciana mirándonos como si supiera demasiado y no nos lo quisiera decir.

Empezó disculpándose por haber asustado a Yuna en el mercado, dijo que pensaba que ella conocía algo sobre ese llamador de ángeles y que le sorprendió mucho descubrir lo contrario.
Estaba claro que conocía nuestras identidades o al menos sabia lo que nosotros ya habíamos leído en ese libro que tomo casi pidiéndonos permiso.

Ninguno se negó, como hacerlo cuando estaba claro que la necesitábamos de un modo u otro.
Pasó las paginas ante nuestras interrogantes miradas, no pude evitar besar el hombro de Yuna, necesitaba tocarla de algún modo, era como si mi ángel de lo contrario me devorara las entrañas.
Nuestra sorpresa vino cuando aseguró que el libro estaba incompleto, es mas..no solo fue eso, si no que juró no conocer mas de lo que en esas paginas contaban, bueno, solo algo sobre el linaje de Yuna.
Al parecer dentro de ella estaba también sellado algo, un demonio, que se reencarnaba con cada niña portadora de la marca.
Las familias las mataban para evitar el caos en la tierra, pero Yuna sobrevivió a esto, desconocíamos el porque y ahora que me había encontrado todo empezaba de nuevo.
-Tenemos que ir Yuna, ver por nuestros propios ojos que encierra nuestro interior y ver el modo de deshacernos de tan gran carga.

Con la decisión tomada, la bruja tomo un par de cuencos que frente a nosotros y llenándolos de un liquido verdezco, posiblemente absenta y hiervas de todo tipo incluidos hongos, lo machacó todo.

Entramos en la habitación donde Yuna se tumbo con suavidad, allí, expuesta al brebaje que la bruja portaba entre sus manos parecía una princesa, una mujer bella, pero que se me antojaba frágil como la porcelana.
Mi miedo iba en aumento tal y como el momento se acercaba, mas la decisión estaba tomada, lo habíamos decidido los dos y aunque disuadirla fue lo primero que en ese instante intenté conocía de sobra su carácter terco, necesitaba respuestas, las necesitábamos ambos y este y no otro era el modo en el que ambos las encontraríamos.
Me senté al borde de la cama, enlazando mis dedos con los ajenos, suavemente acaricie sus nudillos cuando sus labios se encontraron con dulzura con los míos.
Deje que mi aliento la embriagara por un instante en el que mis ojos se cerraron buscando todo de ella, mas fue un te quiero lo que me forzó a volver a la realidad de un lecho donde pondría en riesgo su vida, la mía.

Conocía la magia y sus efectos y jamas estaban carentes de riesgos, mi cuerpo tenso como cuerdas de una arpa recién afinada miraban insaciables a la bruja, que ahora le explicaba con todo detalle, lo que sentiría.

El cuenco se vació entre sus labios, inquieta apretó mi mano mientras su cuerpo se relajaba siguiendo el camino trazado por la bruja. Tras ella vacié yo mi cuenco, el viaje había empezado, juntos de la mano nos aventuramos a un mundo muy distinto.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun 9 Oct 2017 - 11:23

No nos quedaban muchas opciones más que tomar la que la bruja nos estaba diciendo, era la forma más fácil que tendríamos para averiguar por qué teníamos encerrado en nuestros cuerpo algo como eso, por qué me había abandonado mi familia y cuál era la finalidad de todo aquello. Ella nos había contado lo que sabía sobre nuestra condición pero había muchas cosas que desconocía y que no podía contarnos, solamente podríamos saberlas si hacíamos lo que nos decía. Ese... “viaje” como ella lo llamaba, rememorar lo que ocurrió en el pasado para saber qué pasó y quizás cómo podríamos detenerlo, ya nos dijo que solamente seríamos espectadores cuando viajáramos y no podríamos cambiar nada, pero quizás lográramos averiguar más cosas que no sabíamos y nos aportaran algo de luz. Mis ojos buscaron los de Samael en ese momento, estaba convencida de que él al igual que yo también quería saberlo todo porque el ángel que tenía en su interior tenía alas negras y no blancas, no se las había arrancado como había hecho el otro así que no entendíamos demasiado tampoco. Era nuestra única esperanza y fue ese el motivo el que nos orilló a tomar la decisión de aceptar lo que la bruja nos decía, era lo mejor para los dos y quizás al final halláramos las respuestas que nos faltaban. Dejó un beso en mi hombro y yo lo miré y le sonreí de forma vaga apretando el agarre de su mano sobre la mía, estar con él me aportaba calma, serenidad y tranquilidad, me sentía más segura si estaba conmigo en aquello que si estuviera yo sola. Aceptamos que nos ayudara y aceptamos ese viaje, nos condujo a una parte de la casa donde había una cama y nos dejó a solas mientras se preparaba para empezar aquello.

Mientras la gitana sacó dos cuencos donde comenzó a machacar unas hierbas mezcladas con un líquido verde que olía bastante fuerte y la dejamos hacer sentándonos los dos en el borde de la cama, quizás fuera algo peligroso, ella nos había dicho que allí estaríamos seguros por la protección mágica que había en la casa pero aun así no podía evitar pensar que algo malo pasara, allá donde yo iba no pasaba nada bueno, nunca. La mano de Samael volvió a enlazarse con la mía y mis dedos acariciaron su mano, mi rostro se alzó para mirar esas esmeraldas verdes que tanto me gustaban sintiendo que su dedo acariciaba mis nudillos de forma leve en una lenta caricia. Suspiré acercándome a su rostro acariciando su mejilla con mi otra mano de forma que nuestros labios se rozaron, sabíamos lo que pasaba cada vez que nos tocábamos y aunque me moría de ganas por besarlo sabía que no era lo mejor en esos momentos por mucho que me gustara y quisiera hacerlo. Cerré los ojos sintiendo su aliento sobre mis labios, con estos rozándose de forma leve, y suspiré ante la frustración que me provocaba el hecho de tan siquiera poder besarlo como quisiera y cuando quisiera, no éramos libres del todo y eso no me gustaba en absoluto. Quería confiar en que todo saldría bien, en que por fin conoceríamos la verdad y podríamos actuar para saber qué hacer para sacar lo que teníamos en nuestro interior, sería la única opción de poder ser libres del todo sin tener que contenernos constantemente.


-Todo saldrá bien –murmuré sobre sus labios abriendo mis ojos para mirarle, quería confiar en ello y solo me separé cuando la gitana entró de nuevo con los dos cuencos ya preparados y listos, nos tendió uno a cada uno y nos miró.
-Sentiréis una sensación de mareo y de sopor cuando os lo toméis, es normal, no luchad contra ello porque querrá decir que ese viaje del que os he hablado estará empezando. Seréis meros espectadores lo que quiere decir que no podréis cambiar lo que pasó y lo que ya está escrito, pero quizás se os releve lo que estáis buscando y lo que necesitáis. Manteneos cerca del otro e intentad no separaros, nadie podrá veros ni podrá saber que estáis allí por lo que os podréis mover libremente. He hecho el conjuro de forma que veáis lo que os he explicado antes. El efecto de la poción durará unas cuantas horas por lo que si notáis que pasado un tiempo sentís sopor u os duele la cabeza querrá decir que el efecto estará terminando –nos miró a uno y a otro- espero que encontréis lo que estáis buscando. Yo me quedaré y guardaré de que nada pase mientras estáis sumidos –se sentó en una silla y nos miró esperando a que tomáramos aquel brebaje. Miré a Samael y llevé el cuenco a mis labios vaciándolo, me recosté en la cama y no solté su mano de la mía en ningún momento y bajo ningún concepto. Sentí que el cuerpo me pesaba y que un sopor extremo me recorría el cuerpo, no luché y cerré los ojos notando que Samael se recostaba a mi lado, nuestras manos seguían enlazadas y al cabo de unos segundos... sentí como si abandonara mi cuerpo y un vórtice me absorbiera, fue una sensación de lo más extraña. Oscuridad era todo lo que había a mi alrededor hasta que finalmente el vórtice volvió a abrirse de nuevo en una tierra completamente diferente, el cielo estaba de un color rojo anaranjado, la tierra estaba agrietada completamente seca como si estuviera en una época de sequía extrema y me levanté del suelo contemplando lo que había a mi alrededor. Parecía realmente el infierno en la tierra, seguramente sería el momento en el que los demonios causaban el caos en la tierra. Busqué con la mirada a Samael pero no lo encontraba por ninguna parte, la gitana nos había dicho que no nos alejáramos y me debatía entre quedarme para ver si su vórtice también lo dejaba en el mismo sitio que yo o buscarlo. Al final opté por buscarlo y comencé a correr, la gente parecía que corría como si huyera de algo mientras las llamas, la sangre y el caos reinaba en aquel lugar. Finalmente tras unos minutos lo vi, estaba a unos pocos pasos de mí y corrí hacia donde él se encontraba.
-Samael –lo llamé para que me escuchara y cuando llegué a su lado y fui a abrazarlo... lo traspasé. Era como si fuera un fantasma que había atravesado y casi caí al suelo, me giré y me di cuenta de que sí era Samael, o mejor dicho era aquel ángel que tenía en su interior pero con su mismo aspecto. Los ojos negros por completo en sus ojos y una sonrisa mientras miraba todo el caos a su alrededor, fue cuando oí mi nombre que al girarme me encontré con Samael, lo abracé asegurándome de que era él de verdad, aliviada de haberlo encontrado y luego ambos nos giramos hacia su ángel que era ajeno a nuestra presencia- creía que eras tú –dije mirándolo a los ojos durante unos segundos- la gitana dijo que no debíamos de estar separados y yo... –me mordí el labio- temía haberte perdido –aseguré aferrando su camisa con mis dedos apoyando mi frente en su pecho, lancé un suspiro y luego alcé mi rostro para mirarlo- deberíamos de seguirlo, esto debería de ser antes de que encerraran a mi demonio, quizás si lo seguimos nos lleve hasta el demonio y sepamos qué paso –no me había dado cuenta de que el ángel portaba una espada en su espalda, así como sus alas negras que eran visibles- ¿crees que luchó contra mí demonio? –Ninguno sabíamos qué había pasado realmente pero este portaba una espada y según sabíamos era el momento cuando los ángeles bajaron para matar a los demonios, así que intuíamos que había bajado para matar al demonio que había en mi cuerpo pero algo tuvo que pasar- sigámosle.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 10 Oct 2017 - 7:19

Abrí los ojos de golpe, palpé el suelo sobresaltado, buscándola e incorporé mi torso con rudeza buscándola con la mirada.
Bajo mis manos el suelo agrietado, como si estuviéramos en sequía, como si la tierra se hubiera sumido en fuego y ahora quedara un basto desierto quebrado sin arena, ni oasis.
Me levanté de un salto.
-¡Yuna! -grité mirando a mi alrededor, aquello era el infierno en la tierra, la gente corría, huía atravesando mi cuerpo mientras yo iba desplazándome entre ellos buscándola a ella.

No tardé en encontrarme con ella, deslicé mi mano por su espalda y al girarse se abrazó a mi desesperada.
Aparté los mechones de su pelo que caían desordenados por su rostro.
-No nos ven, nada de lo que ha pasado puede cambiarse, ni nos pueden hacer daño, somos unos espectadores, así que no te separes de mi y veamos que es eso que llevamos en nuestras entrañas, porque te aseguro, que no somos nosotros aunque en apariencia seamos idénticos.
Mis ojos se centraron en ese impresionante ángel de alas blancas, aquí todavía no debía conocer al demonio de Yuna, aquí su afán era matarla y liberar la tierra de esos demonios que habian perdido las alas en un acto de rebelión a dios.


Samael ángel:


Los que un día fueron mis hermanos se habían lanzado a la tierra, su única intención era destrozar la obra de padre, los humanos, esos que hizo a su imagen y semejanza y colocó en un paraíso.
Celos, mis hermanos sintieron celos, corroídos por ellos, sus alas como castigo se tiñeron de negro, pero padre en su bondad absoluta los perdonó, quería que regresaran al cielo, con sus hermanos, olvidaría su ofensa si libraban a la humanidad de este mal.
Claro que los muy ingratos como acto de rebeldía se cortaron las alas para dejar claro que su ascensión a los cielos nunca se produciría.
Fue entonces cuando padre nos envió a la tierra para proteger a la humanidad, para luchar contra nuestros hermanos, para vencerlos y encerrarlos en las entrañas de este paraíso creado para los humanos.
El infierno a partir de ahora seria su lugar.

Batí mis alas mientras mi acero silbaba guiando a mis tropas hacia los confines de una montaña donde al parecer se escondía una de esas ingratas sin alas y ojos oscuros como la muerte.
Me adentré por la boca de la gruta espada en mano, los míos se quedaron fuera pues el mal nunca descansa y ahí fueron emboscados por varios de nuestros hermanos caídos.
-Sal demonio -rugí deslizando la espada entre mis dedos – voy a enviarte a los confines del universo.


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