Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ciel et l'enfer

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Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Jul 25, 2017 10:19 am

Recuerdo del primer mensaje :

Llevaba preparando el atraco al cabaret de lenfer un mes, había atado cada cabo que podía estar suelto o soltarse en el ultimo momento.
Si salia bien nos llevaríamos un buen pico, suficiente como para vivir una temporada sin necesidad de dar otro palo.
Nuestra vida nunca fue fácil, aunque supongo que la necesidad te obliga a buscar las vueltas para sobrevivir sin que los que te buscan te cacen.

Era algo irónico pues también mi hermano y yo eramos cazadores, acabábamos con seres de la noche para proteger a la humanidad, a fin de cuentas para eso habíamos venido a este mundo, iba implícito en nuestro adn.
Claro, que vivíamos en tierra de nadie, pues aquel que nos creó también buscaba nuestra destrucción.

Raziel no se tomaba nada en serio, su actitud me desesperaba, parecía no comprender que no estábamos en París por placer, la idea de movernos de un lado a otro no era un capricho del destino si no una necesidad palpable para mantenernos con vida.
La inquisición no se andaba con tonterías y nosotros eramos la prueba fehaciente de que habían experimentado, habían jugado a ser dioses, a dar vida y ahora a quitarla para que nadie descubriera la atrocidad de sus clandestinos experimentos.

En mi nuca el numero uno grabado a fuego, clara sentencia de lo que era, en mi interior un ente arañaba mi carne, rugía voraz queriendo emerger de la vasija que lo contenía.
Una marca alrededor de mi ombligo en forma circulo y con distintas runas servia como sello.
En una semana daríamos el golpe, aquella tarde necesitaba descargar adrenalina, así que dejé el fuego de la lumbre encendida y tras echarle un par de maderos, abandoné la cabaña de madera en busca de alguna presa.
Raziel como de costumbre estaría en alguna taberna haciendo de las suyas, me cansaba de ser su niñera personal, sus descuidos nos ponían en peligro, y a veces también a mi me apetecía convertirme en un hombre de mi edad, beber, salir con mujeres..sin embargo, yo tenia que permanecer atento a todo, lo que me dejaba en una posición de eterna vigilancia.

Cogí el arco y colgué el carcaj a mi espalda repleto de saetas. No demasiado lejos había un rio de aguas vivas donde gran parte de la fauna del bosque acudía a beber, era cuestión de tiempo dar con la presa del día, así que con la paciencia que ostentaba, me agache resguardandome entre la maleza atento a todo lo que mi alrededor pasaba.

No se el tiempo que permanecí hasta que un venado caminaba majestuoso y a lento paso hacia las orillas de las cristalinas aguas.
Coloqué la flecha en el nock y elevé ligeramente el arco tensando con mi brazo la cuerda para dejar escapar la flecha. Antes de que eso sucediera un ruido espantó a la presa haciéndola huir de inmediato.

Miré hacia el lugar de donde provenían los gritos femeninos, no tardé en ver a una doncella de dorados cabellos correr como si fuera una ninfa a través de las cortezas de los arboles.
Sus ojos miraban hacia atrás, como si fuera perseguida por alguien, asi que volví a esconder mi cuerpo entre la maleza dispuesto a observar.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Oct 17, 2017 4:56 am

Me sentí más aliviada cuando me encontré con Samael, mis brazos lo rodearon de forma algo desesperada y dejé mi cabeza en su pecho mientras me sentía más tranquila ahora que lo había encontrado, estábamos en ese sueño en el que la gitana nos había inducido y ahora podríamos saber con exactitud qué habría pasado hacía tanto tiempo y lo que contaba ese libro. La tierra parecía estar devastada y era como si realmente se hubiera desatado ese infierno, habíamos encontrado al ángel de Samael con sus alas blancas todavía por lo que intuíamos que no se había encontrado con mi demonio y todavía era fiel al bando de los ángeles. Samael propuso que lo siguiéramos y era la única opción que teníamos, asentí con la cabeza mientras lo seguíamos sin saber hacia dónde nos llevaría, pero juntos lo averiguaríamos y así podríamos saber quizás si había una solución o por el contrario tendríamos que seguir con las consecuencias que acarreaba tener a un ángel y a un demonio que se buscaban constantemente en nuestro interior. No negaría que estaba algo nerviosa porque de lo que viéramos dependería todo, el poder ser libres y liberar nuestros cuerpos de lo que encerraban. Él tenía razón, esos no éramos nosotros por mucho que nos pareciéramos a ellos así que cogidos de la mano seguimos a su ángel hacia ver a dónde nos dirigía. Parecía que los ángeles habían bajado para luchar contra los demonios y quizás fuera el momento donde se encontraron por primera vez, gracias a ese brebaje que habíamos bebido no nos podían ver ni nos podían hacer daño, solamente estábamos de espectadores en aquel lugar.




El día por fin había llegado, ese día que los demonios tanto estábamos deseando que pasara se había hecho realidad: la tierra era un completo infierno. Sabíamos que padre enviaría a sus ángeles contra nosotros y, en cierta forma, hasta fue lo que provocamos lo que quisimos. Al principio habíamos sido una pequeña minoría los que habíamos seguido a aquel que se opuso a padre, pero habíamos resultando siendo más de los pensados y nuestro número crecía conforme pasaban los días, más y más se unían a nuestra causa y la hacían como suya. Padre nos había ofrecido, en su infinita benevolencia, perdonarnos si decíamos volver con él al paraíso, al cielo... ninguno hizo caso a esa petición que nos perdonaba por haberlo desafiado y bajado a la tierra, en señal de rebeldía nos habíamos cortado las alas para no poder volver de nuevo al cielo. Nos habíamos ido de allí así que ¿para qué volver entonces? Nuestro lugar estaba en el infierno y no había mejor forma de cabrear a padre que metiéndonos con sus creaciones, con esas que con tanto amor había hecho a su imagen y semejanza, les había entregado un paraíso y al incumplir las normas los castigó. Padre no era tan benevolente como todos creían y sabíamos que no se quedaría solo en un “volved y os perdono”, a los humanos los castigó y nosotros sentíamos en cierta manera y forma el estilo de vida que ellos tenían. Eran libres para tomar sus propias decisiones, eran libres en su albedrío, eran libres para tomar su propio camino mientras nosotros teníamos que seguir el que él mandaba... y eso no era justo.

Esa fue en parte uno de los motivos de la rebelión que habíamos encabezado, ahora los ángeles, aquellos que una vez fueron nuestros hermanos nos daban caza como si fuéramos animales salvajes, bestias que se debían de erradicar por no comulgar con sus pensamientos e ideales. Había bajado un grupo numeroso de guerreros, los mejores de ellos encabezaban las tropas que nos aniquilarían. Cuando bajaron se encontraron con una tierra sembrada por el caos y la destrucción, convertida en el propio infierno donde nosotros reinábamos. No éramos tontos y sabíamos que ellos bajarían, yo me había ido con un grupo hacia las montañas y antes de que ellos llegaran los sentí, sobre todo sentí el que lideraba aquel grupo de ángeles que venían para matarnos. Otro grupo les esperaba cuando llegaran pero él logró atravesarlo y se había metido en la gruta donde yo estaba, Samael era el ángel que había venido a intentar matarme, y sería yo quien lo matara a él. Escuché un aleteo de alas y sonreí de lado con malicia al escuchar su voz pidiéndome que saliera mientras el acero se escuchaba de fondo, dispuesto a enviarme a los confines del universo. Mi risa sonó con fuerza haciendo eco en el lugar ante sus palabras que me divirtieron por completo, jamás lo había visto pero sí había oído hablar de él, un excelente general con muy buenas dotes de lucha. ¿Temerle? No, por supuesto que no. Salí de allí donde estaba riéndome todavía por sus palabras y mis ojos, negros como la noche más oscura, lo recorrieron observándolo de forma fija. A su espalda unas alas blancas que batía despacio para intimidarme, una armadura que portaba en su cuerpo para defenderse de los golpes, una espada que relucía incluso en aquel lugar siendo una espada de luz, la que llevaban los generales, y luego me fijé en él. Su rostro con facciones marcadas su mandíbula apretada en cuanto me vio y unos ojos que, a diferencia de los nuestros, no tenían ese tono oscuro y eran de color verde esmeralda... y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo por ello, pero lo ignoré porque era mi enemigo a batir.


-Vaya... así que Samael es el que se ha dignado a venir a por mí –sonreí con diversión mientras quedaba a unos pasos de distancia con el ángel, los suficientes para que no me atravesara con su espada, de lejos podía escuchar los ruidos de la batalla y mis ojos fueron hacia el principio de la gruta y luego hacia él- hoy no es tú día de suerte angelito, acabarás reducido a cenizas pero no antes de que te arranque esas alas que tanto luces con orgullo –espeté mirándole de forma fija, éramos capaces de matar al otro, sabía que él era un buen soldado pero mis poderes también eran grandes y no iba a ser una batalla ni fácil ni sencilla- oh, el pequeño ser de luz acabará siendo extinguido por la oscuridad –sonreí con malicia y pronto de mis manos brotaron dos esferas llenas, como si fuera fuego negro, que lancé hacía él y que iban creciendo conforme se iban acercando en su dirección mientras con unas palabras convocaba poderes oscuros y una espada, de color negra, aparecía para presentarle batalla. Hoy me cobraría la vida de uno de los mejores generales de padre, ¿qué había mejor que eso?




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Oct 17, 2017 11:59 am

Mis verdes se hundieron en esos ojos negros que como dos pozos me retaban a acabar con la que un día fue un ángel de bellas alas.
-Sois la vergüenza de padre, ovejas descarriadas que tuvisteis la oportunidad de regresar al redil y por contra arrancasteis las vayas en un inmaduro acto de rebeldía que sera castigado con el destierro eterno.

Mis ojos recorrieron su bello rostro, un día sus ojos fueron azules como el cielo, sus hebras de oro resplandecían ante la bola de fuego que centelleaba entre sus dedos.
-Aun puedes arrodillarte y pedir clemencia, el infierno sera tu morada pero al menos no mancharé mi espada con la sangre de la que un día fue un ángel y hoy se ha trasformado en esa oscuridad de la que hablas.

Se abalanzó contra mi con la agresividad en su mirada, la idea de matarme le gustaba, no se que había pasado con esos seres que un día eran capaces de amar, hoy solo había odio en su mirada.
Bateé la primera bola de fuego con el aura azulada de mi acero, esta impactó contra las paredes de la gruta haciendo un gran boquete, su espada negra chocó violenta con mi acero, la luz y las sombras en una batalla sin cuartel en la que padre lloraba el enfrentamiento de sus hijos predilectos.

Jadeábamos uno frente a otro, las fuerzas igualadas, juegos de pies que nos llevaban casi en vilo por la estancia.
Mis alas extendidas me daban cierta ventaja, su aleteo era tan fuerte que la enervaba, era la clara representación de que yo podría volver a mi hogar mientras ella estaba condenada a la oscuridad.

Sus tormentas centellaban violentas, sangre de mi cuerpo cuando hundió su acero mientras mi mano aferró con fuerza su cuello estampando su cuerpo contra una de las paredes que la acogió en su interior despedazándose por el impacto.
Rugió mirándome, hice lo propio y demasiado cerca quedaron nuestros rostros que se observaban de cerca sin ningún propósito.
-Suplica por tu vida y te soltaré -gruñí sin apartar los valles de sus brumas oscuras -pero ella no cedía, mis dedos se apretaban para que el oxigeno le faltaba mientras ella empujaba el acero mas adentro de mi costado haciéndome aullar de dolor.
Ambos heridos con la vida del otro en las manos, de msi labios emergió sangre roja como el fuego. Jadeé mirándola sin aflojar un ápice.
-Te mandare al infierno -dije escupiendo a un lado la sangre mientras mi acero se colocaba en su garganta desafiante.

Yuna y yo eramos meros espectadores de nuestra propia destrucción, de una batalla en la que parecía que ambos íbamos a arrancarnos la vida en un duelo de odios desmedidos.
Yuna se abrazaba a mi cuerpo aterrada mientras yo la acariciaba.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun Oct 23, 2017 11:41 am

Ante mí tenía a uno de los mejores guerreros que padre tenía en sus filas, Samael era conocido por estar en los más altos puestos en un grupo muy selecto y reducido de ángeles que formaban y encabezan su ejército celestial, y ahora pensaba darle muerte para que padre llorara su pérdida de uno de los mejores que tenía. Muchos caerían en esa guerra pero no nos importaba, nuestro objetivo era intentar matar a todos los ángeles que pudiéramos y además causar el infierno en la tierra, pero eso era algo que ya estábamos haciendo. Padre lloraría por la muerte de sus creaciones igual que por sus hijos que en un eterno odio se batían en duelo, luz contra oscuridad en una batalla a muerte de la que solo podía quedar uno. Los orbes verdes del ángel me contemplaban y me pedían que recapacitara, que dejara la oscuridad a un lado y que volviera a tomar el camino... pero era demasiado tarde, nos habíamos arrancado las alas para hacerle ver que nuestra decisión era firme y que no nos arrepentíamos de ella. Reí observando al ángel que con su luz ahora había esquivado las dos bolas de oscuridad que le había lanzado en su dirección con la única idea de ganar tiempo y poder hacer aparecer una espada de la oscuridad con la que presentarle batalla hasta que su cabeza rodara por el suelo y se la mostrara al resto de su ejército para infundirles miedo, para que supieran que ni su padre estaba de su lado en esos momentos, que los había mandado a una muerte seguro sin importarle si morían o no en el intento por pararnos. Una de las bolas oscuras fue desviada con su espada de luz haciendo un boquete en la pared, empuñé mi arma y lo miré sonriendo de forma malvada, siniestra, haciéndole ver que moriría bajo mi espada.

Me reí de forma que la risa se escuchaba con eco por la gruta cuando me dijo que me arrodillara y pidiera clemencia, que el infierno sería mi hogar pero que no mancharía su espada con mi sangre, alegaba que un día fui un ángel y era cierto, pero esos días quedaban muy atrás. Ni siquiera le respondí cuando me abalancé sobre él con la firme idea de matarlo, de hacer que sufriera antes de que le rebanara el cuello y lo dejara morir, pero antes le quitaría esas alas blancas que tenía en su espalda. Nuestras espadas chocaban como si fueran los mismo rayos que anunciaban la tormenta, chispas azules saltaban de aquel roce de aceros mientras intentábamos ganar la posición para tomar ventaja sobre el otro, nos movíamos sobre el lugar en unas fuerzas igualadas, él batía sus alas haciendo que gruñera por la fuerza que imprimía en su aleteo y porque no me gustaban verlas en su espalda y sería lo primero que arrancara. Girábamos parando los golpes, nuestros pies se movían por todo el lugar y los aceros chocaban mientras fuera una batalla más grande se libraba y nosotros estábamos allí confinados, en aquella gruta. Vi el momento, en uno de los giros él se había movido algo más lento y mi espada atravesó su carne hundiéndose en su cuerpo en su costado, no sería suficiente para matarlo pero sí para debilitarlo y poder arrancarle esas alas. Su mano me aferró con fuerza por el cuello y me estampó contra la pared de forma violenta, rugí con fuerza intentando soltarme pero su agarre era firme, nuestros rostros quedaban cerca desafiándonos con la mirada, sintiendo su aliento impactar contra mis labios. Reí de nuevo, aunque con algo de dificultad, cuando me dijo que suplicara por mi vida y así me soltaría, no pensaba hacerlo.


-Qué ángel más pretencioso es el ángel en su infinita benevolencia –comenté mordaz sin doblegarme ni ante él ni ante sus palabras, su mano se cernió más en mi cuello intentando cortarme el aire y yo hundí más mi espada en su costado viendo cómo aullaba de dolor, regocijándome en su dolor y en los gestos que ponía. Sus labios se habían manchado de sangre y sus ojos estaban fijos en los míos, escupió sangre a un lado y puso el filo de su espada en mi cuello asegurando que me mandaría al infierno, lo que me hizo sonreír mientras veía en sus ojos que no iba a hacerlo- hazlo entonces, pero antes de que lo hagas te llevaré conmigo Samael –dije moviendo mi espada en su interior haciéndole saber que un movimiento y acabaría también con su vida. Me miraba de manera desafiante pero yo sabía que no podía hacerlo, su mirada lo delataba... tenía dudas y eso me hizo reír- vaya vaya... ¿qué te impide matarme? –Veía la duda y el conflicto interno que tenía, no quería matarme porque él en el fondo sabía que era como él, que también era hija de padre y de alguna forma le resultaba imposible matar a su “hermana”- cuán débiles sois los ángeles, cuantas dudas os recorren y no os dejan actuar en consecuencia –mis palabras eran mordaces- ¿no puedes matarme, Samael? –Me reí sin quitar mis oscuros ojos de sus verdes en ningún momento- tan puro pero tan débil... veo tus fallas internas, las dudas que te recorren “¿por qué han desobedecido a padre?” –Lo miré burlándome de él- porque padre no nos da todo lo que pedimos, nos priva de muchas cosa que sí le concede a sus creaciones, ¿acaso eso es justo? No me digas que tú no te lo has preguntado alguna vez –susurré contra sus labios sin perder mi mirada sobre él- os manda aquí a matarnos como castigo a nuestra rebeldía y no le importa, en absoluto, que podías morir por una causa que no es vuestra... dime Samael, ¿acaso te dio a elegir? No, nos impone como un padre dictador y severo, nos quita y no nos da nada.... la vida de sus creaciones es mucho más interesante y más divertida que la nuestra, viven menos pero disfrutan más –mordí mis labios y sonreí ladina- dime que no lo has pensado alguna vez, qué se siente lo que ellos tienen, cómo sería... eres tan puro Samael –reí de nuevo y mis labios rozaron los suyos- nosotros probamos ese camino que padre nos prohibía y, en parte, por eso estamos aquí. Y si tú lo probaras... también sucumbirías como nosotros –sonreí de lado y lamí sus labios de forma lenta probando así también el sabor de su sangre, aparté mis manos elevándolas a cada lado viendo sus dudas, las mismas que él tenía y que yo había alimentado un poco- vamos... mátame.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun Oct 23, 2017 1:01 pm

Corrompida hasta la médula mi “hermana me desafiaba” sangraba manchando mis botas, de mis labios emergía carmesí y ella disfrutaba con el acero en su cuello de la imagen de un ángel titubeante.
Matarla hubiera sido tan fácil, solo un movimiento de mi mano y su yugular hubiera sido sajada, ríos carmesí hubieran teñido su vestido.
Dudas, las leía en mi mirada y eso la hacia sonreír altiva, pues encontraba una debilidad que no esperaba.

Rugí tensado mis músculos y con ellos la presión sobre su gaznate hasta que un gota roja tiño mi acero azul.
-La piedad es lo que nos diferencia, aun albergo esperanzas de que te rindas, de que recuerdes que un día fuimos hermanos -espeté sin aflojar mi acero mientras mi vientre se contraía ante el flujo de sangre y el movimiento de su espada de fuego.

No dudó en recordarme como padre nos usaba, esas falacias que escupidas por sus labios resultaban la verdad mas asombrosa.
Mis ojos bajaron hasta su boca, su lengua era venenosa, padre nos advirtió de que el demonio adquiere muchas formas y su engaño no conoce parangón.

Rugí rabioso sacudiendo la cabeza, cierto era que esos humanos de vida efímera no eran santo de mi devoción, los veía fornicar, mentir, robar y extorsionar por cada bueno diez malos poblaban la tierra y padre en su infinita benevolencia les perdonaba la existencia con fe ciega en una humanidad que se dejaba vencer por mis hermanos sin alas que los llevaban por el camino del caos mas absoluto.
-No te daré una nueva oportunidad, si hemos de morir los dos que así sea -rugí debilitado mientras mi cuerpo cedía sobre el ajeno cálido.

Su sonrisa pérfida se perfiló en una mueca de diversión de seguir así yo perecería bajo su fuego y ella apenas habría sufrido mas daño que un rasguño en el cuello.
No podía permitirlo, apreté los dientes, tensé los músculos y en ese instante soltó la espada para alzar las manos volviendo a desequilibrarme.
-Coge la espada- rugí furioso, ,mas no lo hizo, me pidió que le diera muerte, pero ¿si no podía hacerlo mientras empuñaba un arma en mi vientre como hacerlo ahora que no lo hacia?

Con un rugido que retumbó la gruta lancé mi espada contra la pared de esta, mis ojos se clavaron en los suyos buscando misericordia, una muerte rápida que mantuviera mi orgullo intacto.
Mi cuerpo cedió contra el suyo y mis ojos se apagaron al sentirme vencido entre sus brazos.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun Oct 30, 2017 5:41 pm

Tenía al ángel justo por donde quería en esos momentos, veía sus dudas en su alma que flotaban de forma leve y tenue, pero yo me encargué de alimentar esas dudas que lo recorrían y lo carcomían por dentro, en el fondo no era muy distinto y diferente a cómo éramos nosotros, quizás él se mantenía más regio y más puro, más fiel a padre pero sin embargo veía esas dudas que eran alimentadas por mis palabras, solamente me había hecho falta mirar en su interior para darme cuenta que lo que lo recorría era algo que todos en algún momento habíamos pensado a lo largo de nuestra existencia. Padre nos había negado muchísimas cosas y después de haber visto cómo creaba a lo que llamaba humanos, como si algo pudiera diferenciarlo de lo que éramos nosotros, los había creado a su imagen y semejanza pero sin embargo no les imponía castigo cuando robaban, cuando mataban, cuando cometían el pecado más puro y carnal que había de todos, ¿por qué a nosotros sí? Ellos morían, eran libres para decidir su camino, tomar sus propias decisiones mientras que nosotros permanecíamos atados por unas normas y unas leyes siendo castigados si no las cumplíamos... y nos habíamos cansado, de todo, por eso aunque empezamos siendo un grupo minoritario al final acabamos siendo muchos los que quisieron seguirnos y empezar aquella rebelión contra padre, y notaba en Samael las mismas dudas que habíamos tenido todos al principio, por eso no era tan diferente de lo que él se pensaba. Rugió lleno de ira cuando se dio cuenta de que, en parte, tenía hasta razón en lo que estaba diciéndole pero si no quería verlo, si no quería darse cuenta... bueno, podría hacer que lo viera igualmente para poder atacarle también por ahí.

Su espada seguía en mi cuello, sentía el frío acero de su filo en mi piel mientras mi espada seguía clavada en su estómago, sangraba por la boca por lo que le había causado y mis ojos se centraban en los suyos como si pudiera leer lo que se escondía tras ellos. Quería apelar a que habíamos sido una vez “hermanos”, él decía sentir piedad y por eso mismo era incapaz de rebanar mi cuello para darme muerte sin embargo sí había matado a más de los que una vez nos rebelamos, ¿por qué iba a ser yo diferente? Ah, porque veía sus dudas, esa falla interna que tenía y que le hacía pensar en aquello que no se había planteado nunca, porque él era puro y su luz resplandecía por encima de la oscuridad que a mí me rodeaba... pero se lo preguntaba, se preguntaba cómo sería y sus ojos bajaban a mis labios mientras yo los mordía para tentarlo aún más, no había nada mejor como tentar a un ángel puro para que sucumbiera a la perdición, más si ese ángel era Samael, uno de los mejores guerreros alados que padre tenía. Mis palabras no dejaban de llevar razón, en esa guerra los arriesgaba a ellos y los condenaba a morir por él mientras padre no hacía nada y veía cómo peleábamos entre nosotros, no podía medidas con los humanos, ¿por qué sí con nosotros? Ese era el estado que pretendía conseguir en el ángel y al parecer estaba dando bastante resultado, porque vi ese momento en el que supe que no iba a matarme, tenía las manos alzadas y aunque gruñó y rugió con fuerza apretando ligeramente más el filo contra mi cuello, del cual cayó una gota de sangre, no me mató. No hizo el intento de matarme. Su cuerpo iba cediendo poco a poco por la herida que tenía y sus fuerzas menguaban, me exigió que cogiera el arma pero yo simplemente sonreí de lado. Rugió desde lo más profundo de su pecho y lanzó la espada contra la pared en la que yo estaba, fue entonces que su cuerpo cedió frente al mío, sus ojos me pedían una muerte rápida pero mi sonrisa le iba a dejar claro que no iba a ser así.


-Bien Samael, voy a alimentar esas dudas que te carcomen por dentro –dije cuando el ángel cayó vencido contra mi cuerpo, fuera la lucha seguía su curso así que rodeando la cintura del ángel, cogí su espada y conjurando unas palabras una burbuja negra nos rodeó por completo y pronto desaparecimos de aquella cueva para aparecer en otro lugar bastante diferente y lejos de esa batalla, el lugar donde me había “instalado”, más bien, había arrebatado el hogar a un humano. Dejé la espada a un lado y até al ángel para que no pudiera moverse y quedara a mi completa merced, le curé lo justo y suficiente para que se mantuviera con vida por más tiempo y que no cayera tan rápido y esperé hasta que sus ojos volvieron a abrirse de nuevo, unas velas iluminaban el lugar y en el suelo dibujado con tiza había un pentagrama para confinarlo en donde estaba sentado, sonreí con malicia cuando sus ojos verdosos buscaron los míos negros, su enfado era latente cuando se dio cuenta de que no lo había matado, gruñó con fuerza y yo sonreí mientras me acercaba a él y veía que no podía liberarse riéndome divertida por la situación- vaya vaya, quién me iba a decir que tendría en mi poder al poderoso Samael –reí entre dientes- el día va mejorando por momentos –la lucha seguía pero mi prioridad había cambiado, la sola idea de que Samael sucumbiera conmigo era demasiado tentadora como para dejarla pasar por alto, alimentar sus dudas, hacer que cayera, corromperlo, despojarlo de su pureza... eso sería una jugada maestra si lo conseguía- tendrías que haberme matado cuando pudiste, ángel, esa misericordia que os precede es bastante aburrida –di unos pasos hacia él y lo observé de manera detenida- con vida me eres más útil –sonreí y mis dedos rozaron su rostro de forma lenta- estuviste a punto de morir, y yo te pregunto, ¿dónde está ese padre al que le profesas tanta devoción, donde estuvo para salvarte Samael? No le importó que vivieras o que murieras, ¿por qué morir por él, por qué hacerle caso y vivir una vida de condena eterna bajos sus reglas, sus castigos... cuando a los humanos es a los que más les concede peticiones? Hacen y deshacen a voluntad, tienen libre albedrío... ¿acaso lo tienes tú, Samael? –Sonreí con malicia y acerqué mi rostro al suyo- no te he matado porque sería un verdadero desperdicio eliminar algo tan hermoso como tú –me senté sobre él sintiendo cómo su cuerpo se tensaba por mi cercanía, me divertía esa bendita inocencia que tenía y caracterizaba a todo ángel- te enseñaré un camino diferente a todo lo que habías conocido anteriormente, te haré ver y sentir aquello que estaba prohibido... y luego tú decidirás qué es lo que prefieres, aunque sería una verdadera pena tener que matarte –mi mano cogió su mandíbula y mis labios lamieron los suyos para tentarlo y provocarlo- puedes ver la verdad... o puedes seguir viviendo en esa mentira en la que os tiene engañado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Oct 31, 2017 7:05 am

Abrí los ojos, me costó centrar la imagen de aquel demonio que con una ladeada sonrisa me contemplaba.
Rugí, me pretendía abalanzar sobre ella, pero pronto me di cuenta que el pentagrama pintado en el suelo me convertía en su prisionero.
-Te ordeno que me sueltes – rugí -yo soy Samael, hijo de Dios, no traicionaré a padre.
Dije dejandole claro que no iba a quebrarme por mucho que su pérfidos movimientos me incitaran a ello.


Como si no me temiera, craso error ,atravesó ese pentagrama para acariciar mi rostro.
-Tengo libre albedrío, de no tenerlo, mi espada hubiera sajado tu cuello. Mis guerras las batallo yo, no es padre el que empuña la espada.
Su sonrisa era la misma que la de una víbora, la serpiente del paraíso estaba frente a mi, veía su cuerpo serpentear frente al mio, horcajadas se sentó sobre mi cuerpo que de inmediato se tensó bajo el mio.
Gruñí furibundo al sentir sus labios pasear por mi boca, no pude evitar que mi hombría reaccionara por mi en su centro erguida y dura se perdiera.
Mis abultados pantalones daban muestra de mi estado y aun así giré el rostro no dispuesto a pecar.
-Eres una serpiente, llevaste a la humanidad al pecado y no pasará eso conmigo -dije desafiante -matame porque no volveré a cometer el error de no acabar con tu existencia.


Ladeé la sonrisa de forma altiva volviendo a enfrentar su mirada.
-Padre es misericordioso, puedes regresar bajo su ala protectora ¿que encuentras en llevar a los humanos al infierno? ¿en quebrar sus almas? ¿acaso nos falta a nosotros algo en el cielo? Somos su ejercito, nos ha preparado para cumplir su designio.
Habéis perdido la cordura, os habéis arrancado las alas en señal de rebeldía, depón tu actitud, demostremos al mundo que un ángel y un demonio pueden hablar, entenderse.
Intercederé por los tuyo ante padre, pero has de deponer tus armas, has de entender que el único camino para la salvación lo marca padre.
El infierno sera vuestro único hogar, si no os rendís ante su poder.


Ella mantenía su sonrisa socarrona, removió sus caderas sobre mi hombría sintiendo su dureza, ruge de nuevo desafiándola.
-Para ya Yuna, esto no es un juego, no lo es para ninguno de los dos, estas sembrando tu propia destrucción, padre nunca consentirá que destruyas su creación, padre ama a todos sus hijos pero no va a dudar en acabar con vosotros, desterraros.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Nov 07, 2017 11:31 am

Tener a un ángel, y a uno tan poderoso como Samael bajo mis dominios era algo que me gustaba bastante, podría haberlo matado y acabado con su vida, podría haber hecho que cayera junto a sus hermanos en esa guerra que nos gastábamos entre ángeles y demonios en la tierra, el infierno en la tierra como lo llamábamos. Sin embargo era más interesante tenerlo atado bajo mi poder, en ese círculo que había creado sería imposible que se saliera a no ser que yo así lo deseara y por el momento me gustaba dónde estaba. Sentado en esa silla atado sin que pudiera utilizar sus poderes, su espada lejos de donde nos encontrábamos para que no la utilizara y sus alas también atadas para que no pudiera hacer ningún movimiento, mientras permaneciera sobre ese círculo sería débil y no podría utilizar sus poderes. Ya habían muerto mucho de los ángeles que habían bajado para enfrentarnos como también habían muerto muchos demonios, padre no iba a lamentar la pérdida de otro más pero si podía hacer que Samael cediera, que se pasara a mi bando y hacerlo caer en la tentación, en esa que nuestro padre nos privaba pero que a los humanos sí le daba concediéndoles más cosas que a sus propios hijos, por eso había empezado todo, por eso nos habíamos rebelado unos pocos que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en unos muchos... si hacía que Samael dejara ese lado y se pasara al mío seguro que padre lamentaba más su pérdida de esa forma que si moría, porque la traición era peor que la muerte y eso era algo que todos sabíamos, y yo pensaba hacer que ese ángel poderoso que era capitán cediera ante mí, y eso iba a ser mucho más placentero que matarlo sobre todo cuando lo tenía en aquel círculo con ese pentagrama que lo tenía contra la silla sin que pudiera hacer nada, sin que pudiera moverse.

Sus palabras hicieron que sonriera de lado por lo que me decía, en un vano intento por su parte estaba intentando convencerme de que estábamos equivocados y de que ese no era el camino, que padre podría perdonarnos pero solamente si cedíamos ante él, si volviéramos a estar bajo su ala pero después de arrancarnos las nuestras no íbamos a volver bajo su manto, habíamos preferido el exilio y el hecho de que mandara sus ejércitos a por nosotros era la muestra de que no nos iba a perdonar por mucho de que Samael me dijera, ¿cuándo había sido justo? No lo era ni con sus creaciones, tampoco lo había sido con nosotros así que ¿por qué empezar en esos momentos? No tenía sentido alguno. Él seguía asegurando que tenía libre albedrío pero lo cierto es que había sido enviado para matarnos, no le habían pedido opinión para hacerlo simplemente se lo habían ordenado hacer y él fiel a su padre lo había hecho. Me reí por sus palabras cuando me dijo que era una serpiente acariciando su rostro con mis dedos encantada con la idea de poder hacer que cayera y cediera bajo mi mano, eso sería mucho mejor que matarlo directamente y como respuesta a sus palabras moví mi cuerpo contra el suyo haciéndole ver que si quería podía ser esa serpiente de la que tanto hablaba. Giró su rostro para no caer ante la tentación que yo le presentaba pero su cuerpo, que no podía controlar, respondió por él y yo reí entre dientes por ello.


-¿De verdad fuiste el que eligió, Samael? Porque creo que padre no te preguntó si querías luchar contra nosotros, te obligó a hacer como al resto de ellos bajos sus mentiras y sus palabras camufladas, pero no te dio opción a negarte –hice una pausa deslizando mis dedos por su cuello sintiendo su cuerpo tenso bajo el mío, ah, bendita inocencia que se gastaban los ángeles, tan dulce, tan tentadora de corromper en esos momentos- nosotros no llevamos a la humanidad al pecado, desde que padre los creo no han hecho más que pecar pese a que les impuso leyes y normas, las han quebrado, siempre las han quebrado sin recibir un justo castigo por ello mientras que nosotros, sus hijos, somos castigado por él cuando algo no hacemos bien, ¿es eso correcto? Yo creo que no. Les permite demasiado, les concede demasiado y nos hemos cansado Samael, queremos vivir como sus creaciones libres de todo, hacer lo que queramos... a ellos les deja, ¿por qué a nosotros no? No los hemos corrompido, hemos sido las súplicas que ellos pedían –alcé su mentón para que su rostro quedara a la altura del mío, podía ver esas esmeraldas fijas en mis ojos negros- ¿crees que padre te escuchará cuando hables en representación nuestras? ¿Qué crees que te hará, Samael, cuando vea que no nos has matado sino que intercedes por nosotros? Habrás desobedecido a tu padre y te castigará, ¿por qué no poder ser libre de elegir lo que quieres? Además, ¿por qué crees que nuestro camino es el equivocado cuando ni siquiera sabes cómo es, o cómo se siente? Sí, ayudamos a los humanos en sus más depravados deseos pero ellos ya cometían los pecados antes de bajar nosotros, tú también los veías robar, mentir, fornicar, matar... ¿acaso eso no lo tienen prohibido, matar, robar, mentir? Y lo hacen, y no tiene castigo... por eso estamos aquí, solo son daños colaterales para cabrear a padre y verle sufrir, pero no te confundas ángel, ya estaban corrompidos antes de bajar nosotros –él me pedía que parara y yo encontraba más divertido el seguir y hacer que cayera- tú boca dice no y tú cuerpo dice sí, ¿a quién de los dos tengo que hacer caso, Samael? –Cogí su rostro de nuevo para que me mirara- ahora es un juego, ¿cómo puedes juzgar algo que ni siquiera has conocido? ¿Por qué padre nos lo prohíbe a nosotros y a sus creaciones no? Eso no es justo Samael, solo queremos tomar lo que nos pertenece por derecho, no es algo que eches de menos porque no lo has conocido, porque no te han dejado conocerlo... ¿acaso no es eso privarte de tu libre albedrío? Si lo tuviéramos nos dejaría decidir a nosotros pero sin embargo no es el caso –mi mano bajó por su pecho de forma lenta, mis labios sobre los suyos y mis dedos enredados en su pelo para mantenerlo frente a mí. Lamí su labio inferior y pegué mi cuerpo al suyo moviendo de forma lenta mis caderas, respondía a mis movimientos aunque él se negara en rotundo pero su cuerpo hablaba por sí solo, su cuerpo lo deseaba por mucho que él lo negara. Mis labios acortaron las distancias y acabó tomando los labios del ángel, sabían a inocencia, divinidad, luz, sabían a esa verdad que acompañaba a todos los ángeles, su bendita inocencia que chocó contra la tentación y mordí su labio inferior- me deseas –aseguré observándolo de forma fija, lamí mis labios con su sabor en ellos y sonreí- dime que en lo más profundo de tu ser no te preguntas cómo sería, que no sientes curiosidad por aquello que se te ha negado durante siglos, dime que no deseas tomarme y te soltaré, ya sabes que no puedes decir mentiras –sonreí de forma ladina- déjame enseñarte por qué luchamos, esa otra vida que padre te ha negado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Nov 07, 2017 3:15 pm

Su boca era pecado, su cuerpo la serpiente y cuando posó la manzana sobre mi boca, la acogí entre jadeos desesperados, me pedía la verdad ¿acaso alguna vez había dicho lo contrario?
-Si, te deseo -aseguré con la evidencia de mi turbia mirada verde en sus azules.
Su sonrisa de satisfacción lo dijo todo, sus caderas en un constante vaivén sobre mi entrepierna.
No solo yo estaba excitado en ese momento, ella también me deseaba, deseaba corromperme ¿hay mayor deseo en un demonio que destrozar la fe de un ángel?
-Te deseo, como Adan deseaba la manzana que le ofreció Eva, te deseo como la humanidad la vida eterna, esa que padre a nosotros nos a dado por ser su obra mas perfecta.
Te deseo, es una verdad y eso me has pedido, pero no voy a fornicar contigo, porque padre me lo ha prohibido -dije mordaz contra sus labios mientras esta ardía apretando los dientes por mi desafió.

Pude vislumbrar la rabia, el desencanto de tener la batalla perdida cuando mi cuerpo la daba como justa vencedora de esta gesta.
La diferencia entre nosotros y vosotros es esta, que tu has sucumbido al pecado ¿cuantos de esos hermanos de alas cortadas te han tomado? ¿crees que yo quiero lo mismo, ser uno mas de esos miles que se han colado por tu agujero sucumbiendo al pecado? No Yuna, yo te ofrezco regresar al paraíso, padre me escuchará, es tu oportunidad de redimirte, de volver a ser pura, de no alejarte mas del camino, pues este solo te llevará a la perdición.

Cada palabra era susurrada contra los labios ajenos, la respiración de ambos era pesada, era evidente que ráfagas eléctricas corrían entre nuestros cuerpos y que aunque yo le aseguraba que no pasaría, mi hombría por contra la buscaba sedienta.
-¿te sientes mejor tras haber sido tomada por tantos? ¿quizás ahora no existe la misma rabia pues después de haber pecado te sientes realizada? No, veo el mismo odio, la misma rabia tras matar, blasfemar y fornicar que antes de arrancarte las alas ¿por que? Quizás en el fondo nada de eso te llena.

Nuestra nariz friccionaba, había soltado mi pelo, sin embargo entre susurros y defendiendo nuestra posición, seguimiento hablando contra los labios del otro.
-Dime, que te sietes plena, que desde que mientes, blasfemas y fornicas eres feliz, que el paraíso es esto, fuego, caos y el infierno y te seguiré.
Ladeé la sonrisa contra sus labios, no podía decirme que era feliz, no al menos al completo, algo le faltaba ¿que era?


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar Nov 14, 2017 11:54 am

El ángel seguía resistiéndose frente a mis constantes ataques, sabía que no iba a ser un hueso duro de roer porque nada más y nada menos que era Samael, el mejor de los soldados celestiales que padre tenía en su ejército, hacer que cayera iba a ser toda una completa delicia y no solo por haber corrompido a uno de sus fieles siervos, sino también porque el ángel era tentador aunque él no lo viera de esa forma. Una vez que habías probado el pecado, la tentación, el placer... era como si vieras un mundo totalmente diferente que se extendía ante tus ojos, las cosas cambiabas y hacías todo aquello que padre nos había prohibido durante todos aquellos siglos, a lo largo de nuestra existencia. Porque la tentación era golosa y costaba resistirse a ella, otro en el lugar de Samael ya habría caído sin embargo ofrecía resistencia el ángel y quizás eso lo hacía algo más divertido, aunque sabía que tarde o temprano acabaría cayendo por mucho que intentara resistirse a lo que le hacía, podía notar su cuerpo tenso bajo el mío, su miembro presionando contra mi centro y su respiración agitada mientras hablábamos. Lo había besado y él, en vez de apartarse, me había seguido el beso sintiendo su aliento errático mientras nos besábamos, sabía a inocencia, a lo que realmente era el ángel comparado conmigo y con mí tentación, pecado lujurioso que se ofrecía ante él y que a pesar de que decía que no, no lo rechazaba del todo. Los ángeles tenían la particularidad de que no podían mentir, debían de decir siempre la verdad a costa de que eso les pusiera en su propia contra la situación, así que fue eso lo que le pedí que hiciera; que dijera que me deseaba, que hablara con la verdad de ello porque por mucho que me dijera que no su cuerpo por el contrario me decía una cosa bien distinta. Yo quería tentarlo para que cayera, sí, porque no había más placer que tentar a un ángel hasta que finalmente se corrompía por la lujuria... y no habría nada más placentero que hacer que él precisamente cayera, uno de los grandes, uno que padre sí que echaría en falta y se enfurecería por que hubiera caído.

Mientras estuviera en ese círculo dibujado no podría liberarse y era mío, podía seguir tentándolo hasta que finalmente cayera, acabó asegurándome que sí que me deseaba, sabía que era cierto porque ellos no podían mentir pero también dijo que no haría nada conmigo porque padre se lo tenía prohibido, apreté la mandíbula ante su negativa sin gustarme para nada mientras él me observaba con una ladeada sonrisa como si hubiera ganado cuando su cuerpo me había anunciado ser la justa vencedora. Decía que no quería caer en la tentación que yo era, que no lo haría y que aún estaba a tiempo de redimirme, que hablaría por mí con padre para que me perdonara y que podía salirme de ese camino antes de caer más en la perdición... lo que él no sabía es que yo no quería salir del camino, ese me gustaba mucho más que el que antaño tenía y no pensaba dejar que él me lo arrebatara, si él no caía al final acabaría matándolo y padre lamentaría también su pérdida , hiciera lo que hiciera él ya estaba condenado en el primero momento en que cayó inconsciente contra mi cuerpo, su sino ya estaba marcado y de una forma u otra padre lamentaría su pérdida, bien por su traición o bien por su vida. Seguía sentado sobre él con nuestros rostros tan cerca, podía notar su respiración contra mis labios mientras hablaba e intentaba convencerme pero nada de lo que dijera me iba a hacer cambiar de opinión o incluso de camino, absolutamente nada. Aunque él no paraba de decirme que no caería su cuerpo, sin embargo, no dejaba de buscarme como si fuera incapaz de contenerse y yo me dejaba hacer viendo sus siguientes movimientos. Me decía si era mejor ahora tras haber matado, mentido, blasfemado y corrompido dejándome caer en la tentación... y la respuesta era sí, mejor que antes sí que era.


-Me hace ser libre, algo que ni de lejos tú eres por mucho que quieras engañarte. ¿Qué padre te lo prohíbe? ¿Dónde está entonces tu decisión, tu libre albedrío para decidir si quieres o no? Ahora no tenemos a alguien que nos rige por unas normas para que no nos desviemos del camino, quizás ha sido así siempre para que no pasara nada de eso... mientras que los humanos sí lo hacen, ellos solos se corrompieron mucho antes de que nosotros bajáramos, destrozando todo cuanto habíamos creado para ellos. Destrozaban la tierra que les entregamos para ellos, mientras solo podíamos ver cómo la destrozaban sin que se les impartiera castigo por ello. Padre es mucho más clemente con ellos que con nosotros, ellos pueden hacer muchas más cosas que nosotros porque siempre nos las prohibió. Dime que nunca te has preguntado cómo sería sentir el placer, que no te has preguntado nunca lo que era sentir eso que a los humanos los vuelve tan locos, eso que llaman “amor” –ladeé un poco la cabeza- ¿nunca Samael, siempre has sido tan rígido y tan estricto incluso en tus propios pensamientos? No me lo creo –dije con una ladeada sonrisa- el ángel perfecto no existe, no al menos por decisión propia aunque sí por imposición. ¿Nunca te has preguntado como sería el sentir lo mismo que sienten los humanos y que, a nosotros, se nos ha negado? Amor, pasión, lujuria... nosotros somos sus hijos pero jamás nos ha dejado tales opciones como esas. Tenemos una vida vacía de servidumbre y yo ya no la quiero, quiero elegir mi camino y no que lo elijan por mí, decidir qué puedo o no hacer sin que me impongan... eso es lo que tengo ahora. Me dices si soy más feliz y que si me siento más plena y la respuesta es sí, lo soy más que antes aunque ¿qué más dará lo que te diga si no me vas a creer? –Cogí su mentón entre mis dedos y lo alcé para tener su cabeza un poco hacia atrás tensando su cuello- ¿sabes lo que tu buen y benevolente padre le hizo una vez a un ángel que se enamoró? Fue desterrado sin contemplación alguna, piénsalo Samael, ¿por qué nos prohíbe esas cosas y a los humanos sí se las permite? ¿Acaso amar es un pecado? ¿No lo amas tú? Pero no es lo mismo, y su castigo fue ser desterrado para no poder volver nunca.... aquí voy a encontrar todo lo que él no me quiere dar, quiero ser libre como los humanos y eso es lo que tú no entiendes, lo que no comprendes –aseguré observándolo, mis labios repasaron los suyos dejando mi lengua bordeando todo su contorno- sabes que de aquí no puedes escapar, ese círculo te mantiene aquí confinado –aseguré mirándolo- sabes que vas a morir aquí y aun así ¿no sientes curiosidad? –Mordí su labio inferior observándolo- puedo hacer que tus últimos instantes sean placenteros –moví mis caderas de forma lenta sobre las suyas- tu cuerpo me desea fervientemente, ¿prefieres morir entre sufrimiento, no te preguntas qué es lo que sienten más allá de esto que sientes ahora? Es una lástima que mueras sin conocer los placeres de la vida, de la de verdad, no esa que finges vivir ahí arriba en el cielo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar Nov 14, 2017 1:48 pm

Mis ojos estaban centrados en su boca, la oscuridad que presentaban me delataba, peor yo era firme a las creencias que padre había inculcado en el corazón de todo ángel.
El pecado era tentador y Yunalesca siempre había sido un ángel bello, demasiado como para no perder la cordura cuando su lengua se paseó tibia por mis labios.
Cerré los ojos sintiendo su cálido aliento impactar en mi boca, sus palabras eran delirantes, me invitaban a probarla, a sucumbir ante su piel a saber lo que se sentía metiendo eso que ahora tenia completamente duro y alzado y ligeramente húmedo dentro de su cuerpo.
Nuca había hecho nada parecido, estaba prohibido y sabia que la fornicación era uno de los pecados que ms incitaba a la humanidad.

Curiosidad, si, hasta yo había sucumbido a observarlos, fijar mis ojos en esos humanos que parecían gozar de los placeres que a mi se me tenían prohibidos.
En mi mente como una mujer arqueaba su espalda buscando al hombre excitada e imagine por un instante que esa bien podía ser Yuna que ahora bailaba sobre mi entrepierna con un delicioso movimiento de caderas.
-Para -rugí sin poder detenerla sintiendo como mi hombría se calentaba -pierdes el tiempo -gruñí con la voz oscura de deseo.

Ella ladeaba la sonrisa, sus palabras eran afrodisíacas y mi boca se entreabría acogiéndolas con hambruna.
Sus pechos friccionaban contra el mio, nuestros cuerpos completamente pegados.
-¿estas excitada? -aseguré -lo noto., quieres sucumbir con un ángel que es tu enemigo ¿hasta ahi llega tu lujuria que te da igual uno que otro?

Había visto a los humanos amarse, eso que ella llamaba amor y por supuesto que no era esto, esto era simplemente eso otro que llamaba sexo.
-Con cuantos te has abierto de piernas para convertirte en un demonio sin alas.
No eres digna del perdón, te mataré -gruñí rozando sus labios con la respiración errática.

Su lengua emergió de su boca y la mía hizo lo mismo lamiéndose fuera de nuestros labios, tentándome, mi boca entreabierta calcinaba sus labios, la respitacion de ambos era muy pesada -suéltame -dije entre jadeos
No podía salir de allí, iba a matarme y aun así no pensaba con la cabeza.
-Suéltame -pedí contra su boca


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Re: Ciel et l'enfer

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