Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Pleine Lune {Privado}

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Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Eileen el Vie Jul 28, 2017 6:49 am

El cementerio había sido nuestro objetivo en esos momentos, aún quedaba día por delante para poder arreglar el panteón que él decía dónde pasaría la noche encerrado y encadenado para no herir a nadie, para mantenerse seguro y mantener seguros a los demás. Habíamos dejado el hotel hacía apenas una hora en donde nos habíamos dejado llevar de nuevo por lo que sentíamos el uno por el otro, el lobo me había tomado de una forma algo salvaje pero que había disfrutado enormemente, de hecho aún podía sentir la marca que me había hecho en el cuello marcándome como si fuera suya, de hecho es que podría serlo perfectamente. Él se había disculpado por las formas pero yo no tuve nada que disculpar, al fin y al cabo esa también era su forma de ser y era parte de él y me había gustado, lo había disfrutado más incluso que la primera vez. Después de eso un baño y volver a comer algo antes de salir para ver en qué estado nos encontrábamos el lugar. Podríamos ir a la Orden pero entendía que Caleb no quisiera, no debíamos de olvidar que habíamos ido años atrás y no era bueno que nos cruzáramos con nadie de esa época, aunque sí sentía curiosidad por ver a mis padres de jóvenes, incluso a Caleb pero sabía que era algo que no debíamos de hacer.

Llegamos al cementerio donde había poco gente que iba a hacerle una visita a sus seres queridos y comenzamos a buscar aquel panteón, el cementerio era bastante grande y habían varios panteones por lo que tendríamos que buscar el que más pudiéramos utilizar para esa noche. Lo seguí a él porque yo no tenía ni idea de cuál de todos sería pero él al parecer si sabía dónde se encontraba porque nada más entrar fue directo como si se supiera el camino de memoria. No tardamos demasiado en llegar a una zona algo más apartada de las demás donde había un panteón enorme donde tenía unas pequeñas escaleras antes de llegar a una puerta bastante grande de acero, Caleb subió primero las escaleras y yo le seguí hasta que nos acercamos a la puerta y entre los dos la abrimos para ver su interior. Era una sala bastante grande y amplia decorada con estatuas un poco tétricas pero que igualmente eran bellas, ángeles que parecían custodiar el lugar en mármol y piedra y en el centro de la sala un altar con algunos libros y algunas velas encima. Al fondo una puerta algo más pequeña aunque también de acero que parecía llevar a otra sala, al abrirla nos dimos cuenta de que habían unas pequeñas escaleras de caracol, cogimos unas antorchas y bajamos por ellas para llegar a otra sala donde habían cadenas por el suelo, grilletes clavados en las paredes… el lugar estaba totalmente oscuro e imaginarlo allí metido y encadenado era algo que no me gustaba.


-¿Estás seguro de esto? –Me giré para mirarlo, habían jaulas algo más pequeñas como si aquello hubiera sido refugio de algo, él tenía razón, seguramente se utilizaran para contener a las bestias encerradas pero estaba llenas de polvo y de telarañas, además los grilletes y las cadenas parecían no estar en buen estado y tendríamos que solucionar aquello. Sabía que él no iba a cejar en su idea de quedarse allí para no hacer daño a nadie, pero la idea de que estuviera encerrado y encadenado a merced de quien lo encontrara no era algo que me gustara en absoluto, me acerqué para coger una de las cadenas y comprobar que estaba rota por un eslabón, así como que varios grilletes estaban rotos por no decir que había alguna que otra mancha de sangre en las paredes como si se hubiera desatado hacía tiempo una lucha. No me gustaba, no me gustaba en absoluto- parece como si se hubiera producido una lucha aquí –las jaulas presentaban ciertas abolladuras y seguramente algún cazador hubiera encontrado el lugar, o eso o uno de los licántropos que se escondían se había escapado y en esa forma no había podido controlarse- tenemos que arreglar todo esto, las cadenas están todas rotas, los grilletes partidos… -no me gustaba, seguía sin gustarme la idea y menos el tener que quedarme en el hotel toda la noche sin saber lo que le pasaría. Me mordí el labio con fuerza observando el lugar, pero pasados unos segundos me acerqué a él y lo miré de forma fija- vamos a arreglar este lugar para que estés a salvo y nadie pueda encontrarte, esperemos que el estar aquí abajo haga que los cazadores no te oigan y los licántropos no puedan llegar hasta ti –estaba preocupada y no era algo que iba a ocultarle, menos cuando sería yo quien lo atara y lo encadenara- la puerta de arriba presenta algún fallo, deberíamos de arreglar también eso y solucionar el tema de las cadenas y de los grilletes, si te voy a dejar aquí toda la noche me voy a asegurar de que el lugar cumpla las condiciones adecuadas, ¿empezamos? –Lo miré unos segundos y esperé a que se moviera, teníamos trabajo que hacer y la luna se alzaría esa noche estuviera como estuviera el lugar, era mejor darnos prisa y dejarlo todo arreglado para que cuando llegara el momento yo me quedara algo más tranquila, poco más bien, y él quedara seguro ahí dentro.




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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Caleb Montoya el Vie Jul 28, 2017 9:18 am

De nuevo nos habíamos dejado llevar por la pasión aquel día en el que la proximidad de madre luna coronando el cielo sacaba mi parte mas salvaje, la había echo mía con rudeza, con necesidad.
Me disculpe, aun las marcas de mis dedos hundidos en sus caderas y en su cuello mis dientes reclamándola como mía era visibles.
Deslicé mi dedo por una de ellas camino al cementerio, yo era el causante de esos moratones, de esas pequeñas heridas que marcaban su tez inmaculado.
-Lo siento de verdad -aseguré -no el haberme acostado contigo, de eso no me arrepiento, mi deseo por ti es tan evidente que negarlo me convierte en un necio. Siento las marcas que surcan tu cuerpo.

Ella negaba con una sonrisa, como si hasta esa parte de mi le gustara, supongo que estaba acostumbrada a ello, pues su padre como yo también era un licantropo y hay veces que nos emocionamos demasiado.
Me relamí los labios con una picara sonrisa cuando sus ojos me buscaron.
-Al menos ahora todo lobo sabrá que me perteneces -bromeé ensanchando mi sonrisa de forma altiva.

A simple vista parecíamos una pareja mas, la forma en la que nos mirábamos hablaba por nosotros, lo malo es que esto era efímero, tenia que terminar o ella nunca podría alcanzar su sueño, ocupar el puesto de su padre en el consejo.
-Eileen, se que no es justo, peor si necesario que te diga esto. Sabes que si sigues con esto, conmigo, no podrás ocupar el lugar que quieres en la orden.
No voy a pedirte que abandones tu sueño, aunque admito que si es lo que quiero.

No iba a engañarla, a estas alturas eran evidente mis sentimientos por ella, la necesita en mi vida, la amaba mas que a nada en este mundo.
Yo quería una mujer, tener mi descendencia, quería que formara parte de mi vida y no como aprendiz si no como esposa.
Ahora la decisión era suya, yo ya había volteado las cartas sobre la mesa.

Hablando de todo nos adentramos en el cementerio, un lugar que a la luz del día no se me antojaba tan tétrico como lo hacia cuando la luna plateada coronaba el cielo dotándolo de un tono plata.
Lapidas a los lados del paso por el que se perdían nuestros pasos y en la zona mas alejada de la puerta empezaban los distintos panteones familiares repletos de hermosas estatuas de mármol blanco.
La mayoría representaban ángeles guerreros que custodiaban el descanso de los muertos, no detuve mis pasos hasta alcanzar una bastante descuidada, cubierta de hiedra y mugo, se notaba que nadie prestaba atención a lo que en ese lugar había enterrado desde hacia décadas.
No nos costó demasiado abrir el portón de hierro forjado, que a decir verdad estaba muy estropeado para colarnos por los pasadizos hasta alcanzar varias salas fúnebres.
Al fondo otra puerta, una escalera de caracol que descendían hacia el subsuelo nos llevo a lo que a todos los efectos eran las mazmorras.

Observé el trabajo que había en ellas así como la cara de pavor de Eileen y lo poco que le gustaba dejarme preso en ellas.
Deslicé mi dedo por su mejilla en señal de consuelo, no había otra solución, libre era un peligro para los humanos, preso, un peligro para mi mismo.
Yo había jurado proteger la vida, así que la decisión era firme.

No tardamos en ponernos a trabajar, Eileen era insaciable en todos los aspectos, algo que me hizo sonreír recordando lo sucedido en el lecho.
Legado el ocaso teníamos todo preparado, estábamos cansados y hambrientos pero lo que no nos quedaba era tiempo.
-Colócame los grilletes, asegúrate de cerrar bien todo y vete al hotel, necesito saber que estarás a salvo -susurré orillándome a ella alzando su mentón con mi mano -prometemelo


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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Eileen el Mar Ago 01, 2017 10:47 am

Decir que no me gustaba el aspecto que presentaba aquel panteón no era ninguna mentira, la verdad es que parecía que había pasado bastante tiempo desde que alguien lo había utilizado y lo que habíamos encontrado en su interior tampoco me tranquilizaba. Parecía que hubo una pelea dentro del lugar, marcas de garras, el lugar medio destrozado, las cadenas, los grilletes... todo parecía indicar que el último que había estado allí no salió bien parado, había manchas de sangre en la pared o lo que quedaban de las manchas. No me gustaba el lugar en absoluto, pero era lo mejor que teníamos y ya sabía que Caleb no iba a cejar en su empeño por quedarse allí esa noche, teníamos que arreglar muchas cosas porque ya que se iba a quedar allí al menos me aseguraría que el lugar tenía lo necesario para garantizar su seguridad, la puerta de arriba también habría que reforzarla y teníamos bastantes cosas que hacer antes de que la noche llegara, esta no nos iba a dar tregua ni iba a demorarse por llegar, así que lo mejor era empezar cuanto antes a solucionar todo lo que faltaba para que estuviera al menos escondido en un buen lugar.

Lo miré de reojo mientras él también examinaba el lugar y me mordí el labio, se había disculpado por la forma en la que me había hecho suya en el hotel pero la verdad es que no me había importado en absoluto, mucho más placentera que la primera vez, mucho más salvaje y pasional... como él era, un lobo salvaje. Conocía los efectos que sufrían cuando la luna llena estaba cerca, mi padre también había sido un lobo y siempre lo llevaba junto a los demás miembros de la Orden donde se quedaban todos garantizando su seguridad, su carácter salía a emerger y no había esperado menos de él, cierto era que aún llevaba las marcas en mis caderas de sus dedos y la marca del cuello era todavía visible pero no me importaba, me había gustado que me dijera que así cualquier lobo sabría que era suya, me había marcado como solían hacer ellos, como mi padre había marcado a mi madre en su momento cuando fueron jóvenes y de forma inconsciente llevé mis dedos por la marca del cuello, repasando esta con una sonrisa ladeada.

Entendía por qué me había dicho que si seguía todo se acabaría, entendía que apostar por él era renunciar a todo pero si era sincera conmigo misma desde toda la vida, mucho antes siquiera pretender ocupar la silla de mi padre, había querido estar con él. Había sido un infortunio el hecho de que sucediera aquel ataque unos días antes de que él decidiera atreverse a pedir mi mano de manera formal, si no hubiera habido ataque o si mi padre no hubiera muerto durante el mismo ahora yo no estaría en París siguiéndole como su aprendiz, estaría en casa aguardando su llegada. Cierto era que había pedido ocupar el puesto de mi padre porque, aparte de que me correspondía por derecho –aunque fuera una mujer- también quería darles una lección a todos. Las mujeres siempre habíamos sido renegadas a ese puesto y a esa condición, sabía de muchas que querían proteger también aquello por lo que creían y si yo daba ese paso y los convencía ¿por qué no con ello hacer que cambiaran las leyes? Mi mente iba por sitios diferentes y últimamente pensaba muchas cosas, cosas que no le dije a él aunque quizás debería... pero no era el momento.

Nos pusimos a arreglar todo lo necesario para garantizar su seguridad, fui bastante exigente en todo y juntos pudimos al menos arreglar los desperfectos y asegurar un par de cosas más, pero nos habíamos quedado sin tiempo para comer algo antes de que la luna saliera y pudiéramos descansar. Sabía que el momento de transformarse llegaba y que debería de encadenarlo e irme al hotel como me había pedido, de hecho es que leyó mis pensamientos porque se acercó hacia donde yo estaba deslizando un dedo por mi mejilla, me pidió que lo encadenara, que cerrara todo bien y me fuera al hotel donde pasaría la noche, que necesitaba saber que estaba a salvo. Su mano alzó mi mentón para que mis ojos quedaran a la altura de los suyos a escasa distancia, podía notar su tacto más cálido, su aliento cálido contra mis labios. Lo miré de forma fija sabiendo que el influjo de la luna pronto se apoderaría de él y comenzaría a transformarse, quería asegurarse de que al menos me daba tiempo para llegar al hotel y estar segura.


-Estaré a salvo –fue lo que dije llevando mi mano a la suya sintiendo su calor, se separó para ponerse donde estaban las cadenas y con un suspiro haciendo acopio de fuerzas me acerqué cogiendo las cadenas con los grilletes que habíamos reforzado, cogí una de sus muñecas y puse el grillete que se cernió sobre su piel, fui al otro lado e hice lo mismo con la otra muñeca pero no se quedó ahí la cosa, habían dos más para tenerlo totalmente atado y que no pudiera liberarse, así que también los puse en sus tobillos dejándolo totalmente inmóvil y me alcé para mirarlo de forma fija, mis manos subieron a su rostro acariciándolo y dejé un beso en sus labios pasando ahora mis manos por su pecho, dejé un mordisco en su labio inferior y solamente me separé lo necesario para mirarle- ojalá que no pase nada esta noche, mañana vendré a por ti en cuanto se esconda la luna –aseguré dejando otro beso y finalmente me separé observándole, fui hasta la puerta y lo miré una última vez antes de cerrar del todo, subí las escaleras de caracol sin gustarme la idea y me cercioré de cerrar todo bien, incluso el portón de la entrada al panteón y rápida me encaminé hacia el hotel. Para cuando llegué ya era de noche así que sin perder tiempo lo que hice fue quitarme aquel estúpido vestido, lo dejé caer al suelo y me enfundé los pantalones negros de cuero, la blusa blanca, el corpiño negro y cogí las armas necesarias para esa noche. La capa negra con la que había llegado me la puse por encima escondiendo todas mis armas y me miré en el espejo poniéndome la capucha negra. Iba a romper mi promesa pero era incapaz de dejarle allí solo indefenso para que un cazador pudiera encontrarlo... me mantendría lejos para que no me captara, pero vigilaría aquella noche... y nadie iba a impedírmelo.




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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Caleb Montoya el Mar Ago 01, 2017 1:02 pm

“Estaré bien” esas palabras retumbaban en mi cabeza una y otra vez...la había pedido una promesa de que se mantendría a salvo en el hotel y por el contrario a mi me sonaba a un “no te preocupes, estaré bien, fuera, vigilando la entrada”
Enarqué una ceja antes de poner el gesto frio y sombrío, estaba colocando los grilletes lentamente, acariciando mi piel y asegurándose de que quedaran bien anclados a pies y manos. Cuando alzó el rostro nuestras miradas se encontraron.
-Eileen, no quiero que salgas de la habitación de hotel esta noche, es una orden -repetí cuando sus labios sellaron mis palabras con un beso.
Gruñí, el influjo de la luna estaba cerca y la insubordinan me desesperaba.

Sus dedos acariciaron mi pecho en un gesto dulce para tranquilizarme, uno que no me calmó en absoluto.
Nuestros labios seguían rozándose, el aliento cálido, abrasivo nos sentenciaba a muerte. Jadeé cuando tiro de mi inferior y cerré los ojos ámbar como la miel para pedirle que se fuera de allí, estaba cerca de la trasformación y no quería que lo viera.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

La dama blanca ya coronaba el cielo cuando sentí su desesperada llamada, madre luna me pedía que me uniera a ella y un aullido escapó de mis labios uniéndose al de otros hermanos.
Sentí como mis huesos se quebraban y un calor abrasador me devoraba por dentro agarrando mis entrañas y desquebrajandolas por dentro.
Mis ojos se tornaron ámbar, lobunos, mientras mi cuerpo convulsionaba salvaje en pie, preso de las cadenas trasformándose con brutalidad.
Mis uñas se tornaron garras, los colmillos crecieron desproporcionadamente y el pelo cubrió cada resquicio de mi piel.
La bestia se había apoderado de mi, me alce ya siendo otro, un ser de la noche incapaz de controlarse que ahora con todos los sentidos a flor de piel.

Rugía, gruñía intentando zafarme de esas cadenas que me arrebataban el poder de ser libre, de cazar, de sentir mis patas correr libres por le espesor del bosque y el viento contra mi tupido pelaje negro como la misma noche.
Gruñí sin dejar ni por un instante de luchar contra los grilletes.
Mi corpulencia era la de un alfa, tres veces mayor que la de cualquier beta.

No se el tiempo exacto que pasé ahí, luchando por lo que me pertenecía, la libertad que posee cualquier bestia salvaje.
Cuando ladeé la cabeza al escuchar ruidos de batalla en el exterior, lobos, aullaban y gruñían, pero no fue eso lo que me desesperó si no la doncella que se enfrentaba a ellos tratando de proteger la entrada de ese mausoleo como si la vida le fuera en ello.

Rugí, mis ojos centellearon y preso de una bestial frenesí quebré las cadenas liberándome de ese encierro.
La sangre abrasaba en mi interior, desaforada corría ante los gritos ahogados de Eileen.
Emprendí una desesperada carrera hacia el exterior, mis sentimientos se entremezclaban una parte de mi quería destruir a esos lobos para que no tocaran aquello que me pertenecía, otra poseer a la dama, hacerla mía y convertirla en mi compañera eterna.

Mi cuerpo impacto una y otra vez contra el portón de hierro macizo, gruñía con cada golpe mientras este poco a poco se abollaba e iba cediendo ante la violencia de mis golpes.
Nada podía detenerme, no ahora que la sentía, era ella, mi otra mitad, siendo lobo era capaz de presentirlo., esta noche la convertiría, la razón no se impondría a la bestia y mi bestia buscaba su compañera eterna.





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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Eileen el Miér Ago 09, 2017 9:53 am

“Eileen, no quiero que salgas de la habitación de hotel esta noche, es una orden” Orden que iba a incumplir y que en el fondo pensaba que él lo sabía, por eso me había vuelto a repetir que era una orden que me quedara en el hotel, no quería que me metiera en ningún problema y que me alejara del peligro pero ¿cómo hacerlo cuando sabía que iba a estar encadenado? Si solo estuviera encerrado me preocuparía menos, porque en el caso de entrar podría defenderse de los atacantes pero... ¿encadenado? No, no podía soportar la idea de que estaba encadenado en aquel lugar en plena noche de luna llena, donde los cazadores salían predispuestos a encontrar a hombres lobo para matarlos, ¿y qué se encontrarían si daban con él? A uno de ellos, de los grandes, y encima encadenado servido en bandeja de plata... y nunca mejor dicho. No pensarían en el hecho de que si estaba encerrado era por algo, no pensarían “oh mira, se encierra para no hacer daño a nadie” No, pensarían que serían un blanco y un tiro demasiado fácil y dudaba seriamente que lo mataran de forma rápida y sin dolor alguno... no me fiaba, no estaba tranquila y aunque iba a desobedecer una orden directa de mí líder, de mi superior y de mi jefe... no me importaba.

Mi padre siempre me había dicho y siempre me había recalcado que siempre se le hacía caso al líder de la orden, que por alguna razón estaba en ese puesto y que su palabra era la ley por decirlo de alguna forma. No lo dudaba, había visto en el tiempo que llevaba con Caleb las decisiones y las órdenes que había dado: claras, concisas y sin reproche alguno, justas en todos los aspectos. Pero también era cierto que, mi padre, siempre había abogado y me había inculcado a defender aquello que quería y que amaba; bien fuera una decisión dura, un estilo de vida, un ideal, un lugar... o una persona. Él no había desobedecido nunca a Caleb, y si lo había hecho yo jamás lo había visto, pero sabía del corazón noble que tenía mi padre y eso me lo había querido enseñar y transmitir. Bien, ¿no era esa causa la que ahora hacía que incumpliera su orden? “Proteger aquello que amaba”, bien, pues es lo que haría aunque ello me costara el camino que pretendía seguir, uno plagado de dudas, de luces y de sombras del cual no veía un final cierto, de hecho ni siquiera a veces veía un final. La guerrera que llevaba dentro me decía que le hiciera caso, la mujer que era me pedía que lo defendiera así que... ¿cómo hacer caso a la razón cuando era el corazón quien hablaba? Iba a rebelarme, pero iba a hacerlo por una buena, justa y merecida causa.

Así que en cuanto llegué al hotel es que ni siquiera lo pensé, la noche se cernía casi ya sobre París y no podía perder tiempo alguno, debía de estar en ese cementerio antes que nadie para que no se pudieran acercar. No era tonta, sabía que en estado de lobo podría olerme y sentirme si me acercaba demasiado a aquel panteón y mi idea no era precisamente la de acercarme del todo, más bien, era la de desviar el camino a los que se pudieran acercar demasiado. No debería de resultar un problema desviar la atención y él no tendría por qué sentirme, porque si me acercaba mucho es que lo iba a hacer y era lo que quería evitar. Rauda me puse la misma ropa con la que había viajado a través del portal: los pantalones negros de cuero, el corpiño negro y rojo, aquel cinturón donde guardaba las armas, la espada de mi padre que llevaba escondida en la espalda junto a mí arco y la capa negra que me puse para ocultar todas las armas que llevaba... ya estaba lista para mi cometido. Volví de nuevo al cementerio pero esa vez tomé un camino diferente para llegar al panteón, quería evitar a toda costa acercarme demasiado para que no me captara, o quizás eso lo volviera loco y no quería que llegara a pasar.

Pasó un tiempo en el que el cementerio estaba tranquilo pero sabía que eso iba a cambiar pronto, estaba ubicada escondida cerca del panteón pero incluso desde donde yo me encontraba, escondida entre las ramas de aquel árbol al que estaba subida para una mayor periferia, podía oír los ruidos que provenían de donde Caleb estaba encerrado. Como lobo salvaje en el que se había convertido buscaría principalmente la libertad, lucharía contra esas cadenas que me había encargado de verificar y comprobar antes de ponérselas, dejándole atado y a merced de cualquiera que lo encontrara. El influjo de la luna sería demasiado fuerte en él como para eludir la llamada de la libertad, si las cadenas fallaban estaba la puerta de acero que había en esa sala, más luego el portón que tendría que abrir... supe que llamaría la atención y si yo podía oírlos seguro que cualquier manada que pasara cerca también lo oiría. Si había algún alfa en la zona lo encontraría e iría a por él porque entendería que estaba en su territorio y eso no lo permitiría. A lo lejos pude ver pelajes que resplandecían bajo la luz de la luna, unos marrones y otros grises que se acercaban atraídos por los ruidos que Caleb hacía, lo encontrarían, iba a intentar desviar su atención pero al final acabarían por encontrarlo.

Bajé de aquel árbol y cogí el arco preparada para despistarlos cargándolos mientras iba por las calles paralelas, lancé la primera flecha que sirvió para llamar su atención sin darle a ninguno de ellos, cumplió su función y los tres fijaron su atención en donde yo me encontraba. Había uno mucho más grande que el resto y supe que sería el alfa, sus ojos ámbar me atravesaron y gruñó en mi dirección avisándome de que me había visto, y de que sería presa esa noche. Los tres se lanzaron corriendo en mi dirección y comencé a correr alejándome en dirección contraria a donde él estaba cargando el arco, me giré, apunté y disparé una de las flechas que se clavó en el pecho del lobo de pelaje marrón, haciendo que se quedara rezagado y los otros dos gruñeran, sobre todo el alfa que no estaba para nada contento. De hecho apretó el paso acercándose cada vez más a mí hasta que cuando se lanzó con sus garras por delante rodé hacia una de las calles que se cruzaban haciendo que él cayera sobre una de las lápidas. Volví a correr de nuevo hasta que vi por el rabillo del ojo que no me había percatado de la presencia de un cuarto que estaba en el portón de acero, olisqueando, y maldije en mi fuero interno.


-Maldición –quise ir en su dirección antes de que diera el aviso de que había otro lobo, pero llegué tarde porque ya estaba avisando al alfa de lo que había encontrado. Igualmente fui hacia él corriendo y sacando una de las dagas de plata que llevaba la lancé de forma que atravesó su cuello, quemándole la herida por la plata y cuando llegué fue que le di muerte, sintiendo que los otros dos restantes se acercaban en mi dirección y ahora nada les pararía de entrar en el lugar. Quité la daga con la que había matado al licántropo y la lancé contra el alfa, dándole en la pata, que gruñó parándose al caerse por la herida y el otro saltó por encima de este lanzándose en mi dirección. Rodé a tiempo pero no lo suficiente para que sus garras rasgaran la capa, y arañaran la piel de mi espalda haciendo que un jadeo saliera de mis labios ante la herida que picaba, la capa quedó en sus garras y yo rodé por el suelo parándome frente al portón, con una rodilla hincada en el suelo, el otro pie apoyado sobre el suelo, una mano para mantener el equilibrio y la otra que estaba libre fue a la espalda donde saqué la espada de mi padre desenvainándola. Alcé el rostro para mirarlos con la espada en la mano y negué con la cabeza- ni en broma vais a pasar por aquí –comenté levantándome sin apartar la mirada de ellos, la hoja de la espada brillaba bajo la luz de la luna y la aferré con fuerza mientras, a mi espalda, escuchaba golpes que provenían de dentro y supe que se había soltado y que seguramente me habría notado... ese no era el plan, pero así era como se habían sucedido las cosas. Estaba rodeada por tres licántropos y a mi espalda otro se liberaba para unirse a la fiesta, me centré en los que tenía delante y al que le había clavado la flecha se lanzó en mi dirección pero la espada detuvo sus fauces, la moví hacia arriba y deslizándola por su boca y finalmente acabé por incrustarla en su pecho atravesando su corazón, pero antes de reponerme el siguiente lobo se abalanzó sobre mí y caímos rodando por el suelo, la espada paró su boca mientras sus garras iban a mis costados dispuesto a descuartizarme seguramente, sentí sus garras en el costado a la altura de la cadera y grité por el dolor de la herida, pero sabía que su intención era más bien morderme... eso me haría una de ellos. Pero toda acción quedó parada cuando, el portón se abrió de golpe de donde emergió Caleb ya como lobo, con su pelaje negro que brillaba bajo la luz de la luna, enseñando los colmillos y gruñendo con el pelo totalmente de punta, amenazador, salvaje, peligroso... y mortal.




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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Caleb Montoya el Jue Ago 10, 2017 1:49 am

De un salto me coloque frente a Eileen, mi pelo erizado principalmente por el lomo dejaba aun mas clara mi gran envergadura, yo era un alfa y eso era que no iba a pasar desapercibido por ninguno de los presentes licantropos que en un principio recularon un poco al escuchar mis gruñidos.
El alfa los azuzó para que no recularan quería a la presa que tenia a mis espaldas, la terca de mi aprendiz, que ahora también era una suculenta presa para mi.

El primero se lanzó por los aires dispuesto a dar caza a mi cuello, pero no llego ni a rozarlo cuando viré sobre mi propio cuerpo interceptándolo en el aire.
Mis dientes apresaron su costado, sajando la piel a cachos mientras movía la cabeza desgarrandola de un modo salvaje.
Otro se lanzó aprovechando mi mordida a mi pata trasera con intención de inmovilizarme, sentí el mordisco lo que me provoco un gruñido de dolor sin soltar a mi victima que se desangraba entre mis fauces.
Con mi delantera en su yugular despedacé de un tirón sus intestinos dejándolos esparcidos en el cementerio y libre ahora me gire para dar muerte al que me había herido en la zona trasera.
El alfa quería a la mujer, miraba la batalla esperando que su manada me debilitara lo suficiente como para darme el golpe de gracia mientras se acercaba a la pelirroja para convertirla en suya.

Una flecha clavada en ese que me mordía la pata me liberó de su agarre y con rotundidad mis fauces se hundieron en su cuello haciendo que ambos rodáramos por el suelo dándonos mordiscos y zarpazos, Mi costado sangraba con abundancia, también mis cuartos traseros, hasta que con saña de un mordisco le arranqué la yugular dejándolo inerte en el suelo.

Pronto llegue frente a la dantesca escena donde Eileen tirada en el suelo suplicaba en silencio por su vida  casi con los ojos cerrados frente a aquel lobo cuya envergadura copiaba la mía se acercaba a ella ineludiblemente.
Aullé, con la misma rabia con la que la luna arrebata su hegemonía al sol, llamando así la atención de aquel alfa que intacto y con el morro arrugando me mostró los dientes aceptando el reto.
Bien sabia lo que significara, el que ganara aquel combate a muerte haría suya a la dama, su destino estaba forjado a fuego y sangre seria hembra alfa después de todo ¿pero de quien de los dos?
Arrugue mi hocico mostrandole mis fauces y sin pensármelo me lance a la carrera contra su cuerpo musculado, que al impactar con el mio emitió un ruido sordo haciéndonos a ambos rodar estrepitosamente por el blando suelo.
Sangre, suya y mía se esparcía a mi paso, con cada mordisco, con cada zarpazo, ambos tratando de mantener nuestros cuellos a la distancia adecuada del otro mientras mordíamos rasgando la piel del resto del cuerpo.
Y de nuevo nuestras bestias se entrechocaban jadeantes, agotadas, pocos tenían el honor de presenciar la encarnizada pelea de dos alfas.
Ninguno cedía ni un paso en nuestros intentos por acabar desgarrando nuestras vidas, corrompiendo nuestras almas, allí bajo la madre luna,  ambos luchábamos por demostrarle cuan equivocada estaba, como dos hermanos podían matarse por nada.
De nuevo mi nombre escapo de sus labios, casi en un susurro, entre lagrimas, Eileen me llamaba,preocupada por la sangre que de mi cuerpo emanaba.
No se de donde salieron las fuerzas, creo que las ultimas que me quedaban, mas mordiendo su costado, sacudí la cabeza haciéndolo impactar contra un árbol. Aproveche con destreza, ahora si su aturdimiento para hundir mis fauces en su yugular, poniendo mis patas sobre su lomo, sujetando con fuerza sus envestidas mientras la sangre fluía por mis dientes que arrancaban con cada sacudida jirones de su piel.
Aulló de forma apagada, despidiéndose de este mundo, dándome por vencedor, proclamando mi hegemonía, mi linaje.
Separe mis colmillos del muerto, buscando con la mirada a la mujer que por derecho había ganado en justa batalla.
Un paso tras otro, hocico arrugado mostrandole mis colmillos ensangrentados, asegurando en mi mordisco el final de su humanidad y la vida nueva a mi lado como loba, mi alfa.

Se me nublo la vista a mi paso, la sangre brotaba a cada uno de mis pasos, de un cuerpo maltrecho que ahora tras la perdida e adrenalina empezaba a notar el dolor, dolor que me atenazaba. Me detuve viendo doble a la dama, sacudí la cabeza tratando de hallar la razón, tambaleándome hacia los lados, oscuridad, di otro paso ladeando mi cuerpo antes de caer casi frente a ella jadeante al suelo.
Gruñí, casi gemí de dolor cuando la oscuridad se apodero completamente de mi.


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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Eileen el Sáb Ago 12, 2017 1:50 pm

De un golpazo la puerta de acero que estaba en el panteón se abrió saliendo por ella Caleb, con su pelaje negro brillando bajo la luz de la luna desafiando a todos los que allí estaban dejándome a su espalda, su envergadura sería suficiente para intimidar a cualquiera pero el otro alfa que estaba presente en el cementerio azuzó a los suyos para que fueran a por él y no tuvieran piedad alguna para quitarle la vida, pero si pensaban que iba a dejar que eso ocurriera estaban más que equivocados, le cubriría las espaldas aunque sabía que no debía de acercarme demasiado a él porque no sabía si su bestia estaba controlada o por el contrario no sabía ni siquiera en esos momentos quién era yo, mejor guardar las distancias y centrarme en que no pudieran hacerle nada. Tras unos gruñidos del otro alfa los otros lobos comenzaron a acercarse hacia Caleb que, sin problema alguno frente a ellos los despedazó creando una imagen dantesca y demasiado gore para que muchas personas pudieran soportarlas, mató al primero de ellos el segundo fue a morder su pata para cuando quise acercarme Caleb se revolvía, fiero y salvaje, cogiendo al otro licántropo apresando la pata donde tenía la flecha clavada, tirando de esta para hundir sus colmillos en su cuello y despedazarlo como había hecho con el primero.

De la nada mientras Caleb peleaba con lo que quedaba de ese lobo hubo uno que se lanzó a por mí y que me hizo rodar alejándome de él mientras preparaba la espada para presentar batalla, me gruñó pero eso no hizo que me achantara ni nada parecido sino que sujeté con más firmeza la espada y comencé a luchar contra él parando sus zarpas y sus fauces con la espada, le di una patada en el pecho para alejarlo y la espada le hizo un corte en una de las patas, se revolvió dispuesto a morderme de nuevo pero lo esquivé rodando por el suelo y mientras lo hacía clavé la espada en el pecho del lobo y lo rajé dejándolo sin vida acabando con su agonía para, cuando quise darme cuenta, sentir un gruñido más fuerte y más amenazante a mi espalda: el otro alfa me miraba con los ojos brillando y mostrándome los colmillos, su envergadura no era igual a la de Caleb pero no por ello quería decir que no fuera peligroso, me alejé corriendo de él y gruñó para ir detrás de mí donde me moví tras una de las estatuas del cementerio para que sus fauces no me apresaran estampándose contra la estatua, pareció no gustarle mi jugada y mientras me alejaba finalmente me alcanzó derribándome al suelo.

La espada se alejó rodando por el suelo lejos de mi alcance y aunque me intenté levantar para cogerla e ir a por ella una de sus patas la dejó caer sobre mi pierna impidiendo que me moviera, intenté quitármelo pero solo me gruñía y me puso mirándolo retrocediendo sobre la hierba del cementerio y sabía cuáles eran sus intenciones: en un principio podría haber sido morderme para transformarme y que me uniera a su manada, pero más bien ahora pensaba que lo que quería realmente era matarme por todo lo que habíamos hecho Caleb y yo, yo también había matado a los suyos y eso no me lo iba a perdonar. Podía ver como la baba le caía por los colmillos mientras se acercaba y me gruñía con los ojos brillando, fue cuando estaba encima de mí que comenzó a abrir sus fauces que un aullido, con fuerza, hizo que desviara su atención y de paso la mía. Caleb desde donde estaba, algo lejos para llegar a tiempo, lo retaba porque el lobo me dejó dirigiéndose hacia él como si se hubieran retado a muerte... de hecho, parecía que así era. Solo uno de los dos quedaría.


-¡No! –Grité mientras veía como ambos iban hacia la carrera del otro gruñéndose para chocar, de forma estrepitosa, el uno con el otro y comenzar a pelearse entre gruñidos, zarpazos, mordiscos rodando por el suelo mientras dejaban un rastro de sangre en el suelo, corrí hacia donde estaban no sin coger antes la espada con el corazón en un puño rogando porque fuera Caleb quien ganara aquella batalla, mi mano fue a mi boca cuando la abrí viendo toda la sangre que habían dejado a su paso pero sobre todo con el gemido ahogado que salió de mis labios al ver toda la sangre que manaba de su cuerpo herido, mientras sin control se despedazaban el uno al otro- ¡Caleb! –Mi grito salió agónico de lo más profundo de mi pecho mientras mis ojos se habían cristalizado y caían por mi rostro viendo aquella encarnizada batalla en la que ninguno de los dos cedía. Finalmente enganchó por el costado al lobo, lo estampó contra un árbol y allí fue donde clavó sus fauces en su cuello hasta que el otro cedió no sin dejar de pelear ni un segundo de su vida. Respiré de forma honda tras contener el aire en mis pulmones y fue entonces cuando se giró lamiendo su hocico manchado de sangre hacia mí, sus ojos fijos en los míos mientras me gruñía y yo lo observaba. Dejé caer la espalda al suelo y supe qué era lo que me haría si llegaba hasta mí; no me mataría, no me despedazaría ni terminaría con mi vida... me mordería, me marcaría como suya y me alzaría junto a él como loba, como su compañera... y no iba a luchar contra él para impedirlo. Pero lo que más me preocupaba de todo es la sangre que perdía, estaba herido y fue eso mismo lo que le hizo caer desplomado al suelo- ¡No! –En cuanto cayó al suelo me moví corriendo hacia él para caer a su lado viendo las heridas que presentaba su cuerpo- Caleb... ¡Caleb! –Lo llamé acariciando su cabeza mientras veía todas las heridas que se había producido y la sangre que manaba de ellas- no, no, no, no, no por favor... por favor aguanta, no puedes irte ahora, ¡no puedes dejarme! –dejé un beso en su hocico y me levanté rápida para coger la capa que estaba en el suelo, la rompí en trozos y comencé a taponar las heridas que tenía pero no sería suficiente, necesitaba cauterizar sus heridas o de nada serviría todo lo que estaba haciendo. Recordé que bajo donde lo había atado habían antorchas y lo necesario para prenderlas y ni siquiera lo pensé- resiste por favor –pedí antes de levantarme y de forma rápida ir hacia dentro bajando corriendo por las escaleras, casi me caí bajando de forma rápida pero me repuse y cogí las antorchas y lo que necesitaba para encenderlas, salí fuera y la encendí para sacar la daga normal que llevaba y comenzar a quemar el metal mientras con otra daga más pequeña quitaba como podía el pelo de las heridas para verlas bien, tenía heridas por todo el cuerpo, unas más graves que otras y esperaba que eso pudiera salvarlo hasta que despertara y me ayudara a moverse porque así, arrastrarlo por toda la ciudad era imposible. Cautericé la primera herida mientras él seguía inconsciente pero tenía pulso, algo bajo pero lo tenía. Le cautericé todas las heridas que vi y que tenía y como pude lo llevé dentro del panteón costándome la vida, pesaba bastante por su envergadura pero finalmente logré hacerlo mientras me quedaba a su lado acariciando su pelaje, llamándolo para que volviera en sí ahora que había dejado de perder sangre, allí poco más podía hacer y conforme estaba no iba a abandonarlo para que algún cazador u otro grupo de licántropos se acercara y acabara con su vida.

Necesitaba que despertara y era lo único en lo que podía pensar, cuando me di cuenta escuché voces que provenían de fuera y me di cuenta de que eran un par de hombres que miraban las escena con los cuerpos de los lobos, limpié mis lágrimas y salí espada en mano dejándolo a él dentro, cuando salí me miraron y por mi aspecto y la espada que llevaron no hicieron falta más preguntas, les pedí que se largaran de allí que nada tenían que hacer y que encontraran otra zona de caza, parecieron dudar al principio pero no me hice hacia atrás y apreté la espada entre mis manos con fuerza dispuesta a presentarles batalla si así lo deseaban. Les dije que mi lucha no era con ellos, que nos dedicábamos a lo mismo y que allí ya estaba todo hecho, uno de ellos le dio un golpe en su hombro al otro y se largaron, ¿qué sentido tenía luchar contra otro cazador? Se alejaron por donde habían venido y yo solo me adentré cuando los perdí de vista cerrando las puertas de nuevo, encerrándonos dentro para acercarme a él y ver que estaba abriendo los ojos, volviendo en sí.


-Caleb –lo llamé dejando la espada a un lado, podría interpretarlo como una amenaza y no sabía cómo iba a reaccionar, pero estaba herido y no podría hacerme mucho en esos momentos, quizás no pudiera moverse del todo bien- por fin has despertado –temeraria e imprudente como yo sola era llevé mi mano a su cabeza, me gruñó cuando vio que acercaba mi mano hacia él pero no hizo nada cuando mi mano acarició su pelaje de forma suave- menos mal que estás bien, me tenías preocupada –afirmé pasando mi otra mano por el puente de su hocico, me miró como si intentara decirme algo pero negué con la cabeza- descansa, me quedaré aquí contigo. No me voy a ir y te voy a dejar aquí, nunca más Caleb, nunca más.
-me apoyé contra su pelaje sin dejar de acariciarlo notando su calor que envolvía mi cuerpo, cerré los ojos y lancé un suspiro, no podía dejarle... de ninguna de las formas.




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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Caleb Montoya el Dom Ago 13, 2017 9:18 am

Abrí los ojos despacio, me dolía todo el cuerpo pera la regeneración rápida no permitiría que me fuera de este mundo, yo era un alfa y había ganado la batalla, la hembra que ahora sentía cerca, era mía.
Su mano se alzó para acariciar mi cabeza, gruñí sin saber si me iba a hacer daño, pero entendí pronto que era todo lo contrario, aun así, mi naturaleza me empujaba a adueñarme de ella, la deseaba mía.

Sus dedos se pasearon por el puente de mi hocico, se sentía bien esa caricia, cerré los ojos nuevamente preso de la debilidad que entumecía mis músculos, su voz era un bálsamo agradable, ella decía que no me dejaría y yo no quería que se fuera, si pudiera morderla, si me quedara un ápice de fuerza lo haría, le demostraría que la quería para ser mi eterna compañera de viaje, mi instinto animal lo pedía entre aullidos desesperados.

Acabé durmiéndome con su piel contra la mía, la sensación admito era agradable, su olor embobaba mis sentido, me calmaba.



Con los primeros rayos del alba, la luna fue despojada de su hegemonía y el sol me hizo recuperar mi forma humana.
Contra su cuerpo el dantesco animal había desaparecido y solo quedaba el humano que era su maestro y que le había ordenado quedarse en casa.

Deslicé mis dedos por su pelo rojo fuego, también tenia heridas, por desgracia las suyas tardarían mucho mas en curar que las mías.
No quería despertarla, dormía plácidamente contra mi piel y admito que la sentía mía en ese instante, quería atesorar el momento, que no desapareciera y sabia que en cuanto abriera los ojos volveríamos a ser maestro y aprendiz, ese era su camino aunque nos hubiera condenado a ambos con la decisión de seguirlo.

Cuando sus océanos se abrieron cambié el gesto, no podía permitirme que me viera con la cara de tonto con la que la estaba mirando.
Fruncí el ceño ligeramente.
-Has desobedecido mis ordenes, tenias que haberte quedado en el hotel, tu testarudez ha hecho que corriera tu vida peligro no solo porque esos licantropos podían haberte despedazado si yo no llego a soltarme, si no porque de no haberme herido lo suficiente esa manada yo te hubiera convertido en una licantropo.
No es un juego Eileen, si te doy una maldita orden es para que la cumplas. Estas herida, he de curarte -susurré con rabia.

Sus ojos me miraban, fijos en mis pardos, como si no pensara rechistar ante mi discurso aun sabiendo que de volver a pasar la misma situación no cambiaría un ápice de lo hecho.
-Eres terca, desobediente, insubordinada, si pretender ser un caballero de la orden tendrás que aprender a recibir ordenes de tu superior, no cuestionarlas y acatarlas.
Te has puesto en peligro dos veces, y no puedo perderte ¿no lo entiendes?


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Re: Pleine Lune {Privado}

Mensaje por Eileen Hoy a las 9:49 am

Me había quedado durmiendo mucho más tarde lo que se había quedado él, solamente cuando noté que su respiración era más regular, más tranquila y más pausada fue que me permití el lujo de respirar tranquila aun cuando sabía que podrían encontrarnos, de hecho me quedé toda la noche en un duermevela en el que me despertaba cada cierto tiempo para comprobar que estaba bien, que seguía respirando y que sus heridas seguían cerradas y cauterizadas. Lo bueno de ser un licántropo es que estas cerraban con mayor rapidez y al haber parado la hemorragia su condición haría el resto, estaría fuera de peligro y por la mañana se encontraría mucho mejor. Recorrí con mis dedos su pelaje negro, suave y brillante, mientras sus ojos permanecían cerrados y dormía descansando tranquilo. Sabía que al día siguiente cuando despertara y volviera en su forma humana me iba a echar la bronca, me caería una buena por haberlo desobedecido pero ¿qué podía esperar? Él en el fondo intuía que no me quedaría en el hotel, lo habría sabido desde el principio pero aun así se aferró a que le hiciera caso y no fura al cementerio, no había podido evitarlo, ¿cómo hacerlo cuando sabía que podría pasarle algo estando atado? Jamás me lo hubiera perdonado, habría salido estuviera yo o no y si le hubiera pasado algo... lancé un suspiro y me recosté contra su pelaje negro, su cuero estaba caliente y así fue como finalmente me quedé dormida cerca ya del amanecer sabiendo que habría pasado todo el peligro.

Cuando desperté ya era de día y la luz del sol se colaba por la ventana de aquel panteón, al abrir mis ojos me encontré con los suyos castaños mirándome de forma fija y su rostro refleja lo que ya sabía: que estaba cabreado. Su pelaje había desaparecido y ahora solo quedaba el hombre frente a mí, el hombre que presentaba heridas pero que estas estaban cerradas y no revestían de gravedad alguna. Frunció el ceño y no tardó en echarme la bronca nada más mis ojos se posaron en los suyos un par de segundos. Me callé aguantando el chaparrón y todo lo que tuvo que decirme, diciendo que podría haber muerto dos veces sino por la manada porque él me hubiera convertido de no estar lo suficientemente herido. Eso era algo que ya sabía que haría, en cuanto acabó con aquel lobo y se giró para mirarme supe que si me atrapaba me convertiría en lo que él era, de alguna forma me estaría marcando como suya y no podía negar que ese pensamiento me gustaba, porque lo hacía y mucho, me gustaba y de haberme convertido... no me hubiera importado en absoluto. Lo miré de forma fija y me mordí el labio, tenía en parte razón pero no en todo lo que me decía. Ya sabía que no era un juego pero no había podido evitarlo, fue imposible quedarme en el hotel.

“Eres terca, desobediente, insubordinada, si pretender ser un caballero de la orden tendrás que aprender a recibir órdenes de tu superior, no cuestionarlas y acatarlas.” Sí, era lo mismo que me había dicho mi padre una vez hacía mucho tiempo, por eso mismo me insistía en que debía de acatar las órdenes fueran cuales fueran, siempre me hacía hincapié en eso porque sabía que quizás alguna no las podrá cumplir, él sabía de mi carácter y con lo que sabía del consejo sabía que me rebelaría muchas veces por mi forma de ser. Siempre me decía que atacara lo que me dijeran no importara lo que fuera... ya, fácil de decir y difícil de hacer cuando quien te lo decía era la persona que amabas y cuando te pedía que te alejaras sabiendo que estaría en peligro. También me había dicho que había que proteger siempre al líder, ¿no era eso lo que había hecho aquella maldita noche? protegerlo, del resto y de él mismo también. ¿A quién hacer caso cuando dos órdenes se ponían en entredicho de esa forma, cuál era la correcta y cual la que se debía hacer? En esa situación no era fácil decidir y yo tomé la decisión que para mí era la que realmente valía y tenía sentido. Estaba enfadado y quizás no le faltaba razón para estarlo, pero también era cierto que si me convertía en parte de la Orden él tendía que lidiar con el hecho de que podría morir en cualquier batalla, que podría perderme. ¿No se contradecía así también el mismo?


-¿Habría sido tan malo que me convirtieras en lo que eres y me reclamaras como tuya? –Pregunté aunque no sabía muy bien de dónde había salido la pregunta, sabía lo que pasaría y no me había importado- para mí no lo hubiera sido, no de ti –aclaré para que pensara que de otro sí me importaba, pero de él no lo hacía- dime, Caleb, si las tornas hubieran sido al contrario y yo fuera la líder y te pidiera esa orden, ¿de verdad la acatarías sin más sabiendo lo que había y lo que podría pasar? ¿Te quedarías de brazos cruzados sin hacer nada? Claro que no –dije mirándole- de ser la situación al contrario tú hubieras hecho exactamente lo mismo que yo, no puedes negármelo –me incorporé un poco- mi padre siempre me decía que había que protegerte, ¿no fue eso lo que hice anoche? Te habrían encontrado si no los hubiera distraído, te hubieran encontrado los cazadores si no hubiera salido, solo hice también lo que se estipula que se debe hacer. Tenía dos órdenes y dos cometidos y cumplí el que creí más necesario, no me puedes culpar por eso –hice una leve pausa- si logro entrar me mandarán a misiones y a batallas en las que pondré mi vida en peligro más veces, tendrás que lidiar con la idea de que pueda no volver de ellas, servimos por una causa ¿no fue eso mismo lo que me dijiste una vez? Nuestra vida por la Orden –le recordé en una de las primeras veces que comenzó a entrenarme- ¿Y yo sí puedo perderte a ti? ¿Entiendes tú eso? Yo tampoco puedo perderte, así que ¿qué era lo que tenía que hacer? ¿Dejar que pasara todo y no hacer nada? Pues lo siento, pero no puedo hacerlo y no podré hacerlo... no me culpes de algo que tú también habrías hecho en mi lugar –porque si lo negaba me estaría mintiendo, y ambos lo sabríamos.




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