Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

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Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Lun Jul 31, 2017 3:30 pm

En algún punto del territorio Paine, entrada la noche.




Helen había esperado a que la noche cayera sobre París para salir de paseo. Llevaba un mapa de la ciudad en la mano e indicó al cochero hacia dónde quería ir. No debería ir sola y menos siendo tan joven. Veía en la mirada suspicaz del buen hombre la misma que tendría su padre si le viera aun levantada y lejos de casa, a esas horas de la noche y sin compañía, pero el conductor tenía algo que su padre no, sed monetaria. Así que en cuanto la chiquilla levantó la mano con un saquito de pequeña barriga no dudó en cogerlo y abrir la puerta del carro a la chica que entró tranquilamente, como si no tuviera miedo de que ese desconocido fuera un degenerado. Tal vez era la inconsciencia de los jóvenes, que no medían el peligro como podrían hacerlo otros. No se estaba fijando ni si el camino era correcto, se dedicaba a pasar su dedo índice por el mapa, llevándoselo de vez en cuando a los labios que mordisqueaba distraída completamente enfocada en el camino que debía tomar hasta llegar al lugar que quería. No debía ser difícil, solo tenía que cruzar un puente y luego seguir río abajo.

El cochero tuvo que toser, hacer aspavientos, intentar llamarla y hasta que no movió el mapa que Helen estaba mirando la chiquilla no levantó la vista con bastante gesto de molestia, el hombre le indicó entonces el exterior, el carro se había detenido y seguramente ya estaban donde deberían. Pestañeó varias veces e inclinó la cabeza a modo de agradecimiento antes de recogerse las faldas y salir del carruaje. Se las acomodó sacudiéndolas, porque no eran precisamente de buena calidad, como solían ser siempre que acompañaba a su familia a algún evento oficial o paseaba con su padre, eran más bien cómodas, unas faldas sin floripondios, de color marrón oscuro y un corsé blando, como los que siempre solía usar su tía y que eran mil veces más cómodos que los rígidos que le hacía poner su madre. Así que se encaminó por la calle, saliendo de París y adentrándose lentamente en los caminos que daban hacia el campo y las afueras. Aun el cochero le miró extrañado y negando con la cabeza o era una muchacha en fuga o una muerta.

A la Blackmore no le parecía tanta locura o no tenía tanto apego por su vida, porque no llevaba luz ni ningún tipo de guía que no fuera el mapa, pero hasta este dejaba de seguir llegado al puente, así que se lo guardó cuando estuvo seguro de estar en el camino correcto y levantó la mirada hacia las estrellas, para cerciorarse. Tardó más de lo que esperaba, pensaba que se había perdido como siempre solía hacer, pero entonces divisó el puente y se apresuró a llegar y cruzarlo sin demorarse. Se quedó cerca del río, cuyo cauce se escuchaba perfectamente en la oscuridad, pero procuró no estar cerca de la orilla o todos sabían cómo iba a volver a casa. Caminó un buen rato, hasta que pensó que no iba a funcionar, que no iba a encontrar lo que buscaba, tal vez no estuvieran tan cerca de la orilla, tal vez no necesitaban una tierra tan húmeda..Eso era. Justo eso, cómo no había caído antes. Entró entonces, desviándose de forma tangencial del cauce del río hasta internarse en el bosque. En un principio no le ahuyentaron los sonidos, porque en cuanto se adentró un poco más encontró lo que buscaba. Unas florecillas azuladas estaban completamente abiertas a la luz de las estrellas y se llevó las manos a la boca, demasiado entusiasmada como para darse cuenta de dónde se estaba metiendo.

Dio la vuelta al bajo de sus faldas y rebuscó,a saber dónde, hasta sacar un pequeño frasco de cristal que destapó, empezó a cortar suavemente las flores y a meterlas en el tarro una a una y con delicadeza, como si fueran alas de mariposa.

Escuchó entonces el sonido de los animales, le apreció escuchar un gruñido y miró a su alrededor. Había estado recogiendo tantas flores minúsculas como para llenar la mitad del tarro y no sabía hacia dónde había camino para llegar hasta allí, pero el sonido no le gustó nada. ¿Lobos?..Frunció el ceño. No, el territorio Paine estaba mucho más lejos..¿O no? Levantó la vista hacia las estrellas..Tal vez era hora de irse, pero al mirar el tarro apretó los labios. ¡Es que le faltaba tan poco para llenarlo! “Bien, lo llenas y vuelves..Como se entere papá”. Se llevó una mano a la frente agobiada, como se enterase su padre..Se disgustaría, le regañaría y luego la perdonaría, pero prefería no preocuparle.

Empezó a recoger, procurando hacerlo lo más rápido posible y durante un rato estuvo así, los sonidos le hacían imaginarse todo tipo de cosas y no hacía más que pensar en lobos, porque era al territorio que más cerca estaba, sin ser consciente que había ya traspasado los límites, los sonidos le ponían nerviosa y le hacían trabajar rápido pero entonces..Entonces escuchó algo mucho peor: Nada.

Cuando se dio cuenta de que todos los bichos, todos los habitantes de aquel lugar, hasta los grillos, se habían quedado en silencio, la muchacha se incorporó y miró a su alrededor..No veía nada..Desde luego, pero..Lo intentó. Apretó los labios y cerró el tarro. Hora de volver a casa. Ni guardó el tarro por las prisas de irse cuanto antes, ni se dio cuenta de que en vez de acercarse al río se alejaba, tan impaciente estaba por volver al puente que tampoco se fijó en las estrellas para guiarse, sencillamente empezó a patear rápidamente mirando hacia atrás de tanto en tanto, con la mala sensación de que algo o alguien le estaba acechando.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Viktor Paine el Sáb Ago 05, 2017 11:39 am

Y no se equivocaba.

Entre las oscuras sombras del bosque, oculto entre los árboles, confundiéndose con la negrura bajo las copas de los árboles, que no dejaban pasar la luna, un par de ojos verdes no perdían detalle de sus movimientos desde hacía un buen rato.

El territorio Paine había crecido y abarcaba ya hasta la ciudad, todo lo que quedaba al sur del Sena. Pero la chiquilla no tenia por qué saber eso. Era un cambio que había acontecido no hacía aún un año. La cesión del territorio a la Manada había sido un proceso complejo, con muchas fuerzas opuestas, pero finalmente, habían conseguido erigirse como protectores de aquella zona. Allí se cumplian sus normas y, del mismo modo, se respetaban las concesiones a hechiceros y cazadores. Los miembros de la Orden podían perseguir por territorio Paine a toda criatura que lo mereciera y recabar la ayuda de los lobos en el rastreo. Los brujos podían obtener plantas y otros recursos del bosque. Había otros muchos puntos a tratar en un acuerdo como aquel, pero no venían al caso.

La joven Blackmore había sobrepasado los límites del territorio Paine y, antes de que pudiera siquiera ser consciente de ello, ya había un lobo corriendo hacia la casa principal para informar de la llegada de un intruso. De haber sido cualquier otra persona, le hubieran interceptado al momento, o le hubieran seguido para conocer sus intenciones. Pero la manada conocía a los Blackmore y si uno de ellos acudía hasta allí, siempre era recibido por un miembro importante de la manada, bien el propio Viktor, bien sus padres o alguno de sus hermanos mayores si estaban disponibles.

Así pues, Viktor fue avisado y abandonó la tranquilidad de su cama para salir al encuentro de la muchacha. Apenas aparentaba dieciséis o diecisiete años, porque su crecimiento se había estancado tras la transformación, pero no su mente o su capacidad. Era un líder joven e inexperto, que apenas llevaba cuatro años al frente de la Manada, pero contaba con el mejor ejemplo que podía tener: sus padres.

Cuando llegó hasta Helen, ésta ha había llenado la mitad del tarro, pero no se dejó ver al momento. La dejó hacer y se limitó a seguirla para asegurarse de que todo estaba en orden. Ya casi habían llegado al puentecillo cuando abandonó las sombras y dejó que ella le viera.
-Buenas noches, señorita Blackmore. No sabía que nos visitaría esta noche. Si me lo hubiera advertido, le habría preparado un recibimiento apropiado.
-Le sonrió, quitándole importancia. Estaban en buenos términos con su familia, así que no tenía nada que temer de él.





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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Jue Ago 10, 2017 3:09 pm

Helen estaba demasiado interesada en salir del bosque y aunque hubiera centrado todos sus sentidos en encontrar qué era lo que le rondaba jamás lo habría descubierto. A saber cómo y qué dama de la Fortuna se había girado hacia ella como para encontrar nuevamente el puente por donde había cruzado el río. Casi pegó un saltito de felicidad, por lo general era torpe pero gozaba de muy buena suerte, tal vez eran las energías del cosmos intentando compensar todo lo demás, porque a su madre le pasaba exactamente lo mismo. Se recogió las faldas, que pesaban lo suyo con tanto barro y caminó alegremente, libre ya de toda sensación oscura. Estaba ya con la mente rondando en sus flores, en qué haría con ellas, cómo comprobar si las propiedades del antiguo libro que había encontrado en la biblioteca de la Orden eran ciertas y cuáles historia cuando escuchó la voz.

No la reconoció y lo primero en lo que pensó fue en lo cerca que había sentido la invasión, casi como si alguien estuviera muy pegado a su espalda, cosa que eran imaginaciones suyas, pero que Helen sintió igual que sentía el gélido viento contra su rostro. Se le paró el corazón, toda su piel se erizó presa del pánico. Venían a matarla. Su padre se encontraría su cadáver y su pobre madre..¡Ay su padre iba a matarla si no le mataban antes! Hubiera gritado de haber podido pero, presa de la adrenalina, tardó unos pocos segundos en pasar de catatónica a luchar por su vida, o eso creía estar haciendo Se giró y sacó algo del bajo de la falda que tenía ya recogida, lanzándoselo en los morros al pobre muchacho que le estaba hablando y que estaba ignorando vilmente, pensando en conservar el pellejo más que en quién tenía delante y escuchar lo que le decía.

El sonido de cristal extremadamente fino haciéndose añicos resonó por encima de las palabras del licántropo cuando le estallaron en la cara y una nubecilla de polvo color violeta brillante permaneció durante unos segundos alrededor del rostro del Paine antes de empezar a dispersarse. Apenas había servido para nublarle la visión, así que ese no era su objetivo. La nube era de polvo de plata...Y apestaba a acónito.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Viktor Paine el Vie Ago 11, 2017 2:11 pm

-¿Pero qué?
Hubiese abado la frase, pero el polvo de plata y acónito se le metió hasta los pulmones. Le quemaba por dentro y le irritaba al contacto con la piel. El contacto superficial no era más que una leve picazón que pasaría en cuanto se bañara a conciencia, pero la plata y la hierba matalobos que se habían colado en sus pulmones... Eso sí era grave.

Se llevó las manos a la boca y la nariz, para tratar de no respirar más de aquellas partículas en suspensión, y se apartó del lugar donde flotaban. Tosía con fuerza y por momentos notaba cómo le iba costando respirar. Intentó por todos los medios mantener la calma y no asustar a la muchacha, la hija de Blackmore. Pero aquel ataque gratuito ponía en jaque todo lo que sus padres habían construído en los últimos veinte años.

Escupió, pero no servía de nada. La sensación en su pecho era como fuego vivo. La dosis de acónito no era mortal, pero tardaría unos cuantos días en que su cuerpo se recuperase completamente. La plata... había entrado en su organismo. Seguramente llegase a su sangre y se extendiera por todo su cuerpo, provocándole altas fiebres. Si tenía suerte, su cuerpo resistiría y acabaría por expulsarla con el sudor, la orina o con vómitos. Quizás con todo a la vez. Si no la tenía... la infección le provocaría secuelas o podría llegar a matarle. Todo dependería de la cantidad de metal que hubiera conseguido llegar a su interior.

Necesitaba a su madre. Ella siempre tenía remedios para esas cosas. Pero no conseguiría llegar a casa antes. Así que hizo lo que un lobo hace en esas situaciones: marcar su posición. ¿Y cómo le indica un lobo eso al resto de la manada? Aullando.
Echó la cabeza hacia atrás y dejó salir un aullido largo y desgarrador. Parecía imposible que un humano, aparentemente un chaval, pudiera sacar esa fuerza de sus pulmones. Pero no era un chico normal. Era un lobo. Y era el alfa.




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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Vie Ago 11, 2017 2:45 pm

Helen estaba aterrada y se había aferrado a sus faldas como si eso pudiera protegerla del lobo, cuando el cachorro dejó de hablar y se llevó las manos al rostro, dio unos cuantos pasos alejándose para ir hacia el puente aprovechando que su pequeño invento había funcionado, de hecho le miró pestañeando cuando su rostro empezó a pasar por toda la gama del arco iris, su pavor de pronto desapareció y se quedó mirando al agónico muchacho. " Vaya..¿Ha funcionado?".

No era consciente de la gravedad o si lo era, estaba demasiado absorta en observar los resultados de sus datos e investigaciones, pero...Ahora se sentía fatal..¿Se iba a asfixiar? Se suponía que solo debía afectarle lo suficiente como para que ella pudiera escapar, para dejarle aturdido y un poco débil. No estaba hecha para matar, ni mucho menos, su corazón empezó a golpearle fuerte contra el pecho. Ya tenía claro que era un lobo o no le afectaría tanto, se mordió el labio inferior y volvió del puente, corriendo hacia el chico. ¿Se había pasado con la concentración? Desde luego había soltado un buen humo. ¡Pero no quería llegar a eso y nunca hubiera pensado que funcionaría tan bien! ¡Era un genio!

Al notar que cogía aire, ella se encogió de pánico, eso era un error, haría que el polvo y el acónito se adhiera aun más a sus mucosas, a tomar mayor cantidad y si le había afectado con una triste aspiración no quería ni imaginarse lo que le podría ocurrir si hacía por respirar. Quiso gritarle que se detuviera, que dejara de respirar, que tenía que aguantar, pero escuchó el aullido y se le puso la piel de gallina. Tendría que huir, que salir corriendo, su manada se encargaría de él  pero en vez de eso se lanzó a por él y le tapó la boca, ahogando parte del sonido, pero no para que no pidiera ayuda, si no precisamente para poder ayudarle. Sabía que era un licántropo, que le iba a partir la cabeza incluso estando así, pero realmente parecía afectado, hasta debilitado y ella no estaba equivocada, al coger aire para poder aullar con esa potencia, más del veneno se introdujo en su sistema, tenía que pensar rápido.

Empezó a jadear, a mirar a todas partes y observó sus hombros llenos de polvo, su ropa blanqueada, intentó sacudirla de encima pero una nubecilla volvió a formarse y empezó a dar saltitos de desesperación, ¡La estaba liando! "¡Va a pensar que lo estás matando!...Helen Harper Blackmore. ¡Piensa!"

Levantó la vista hacia el chico, con la mirada iluminada, miró a su al rededor, escuchaba pasos, o zancadas, el bosque revolviéndose pero le dio igual. Era más urgente lo que tenía entre manos. Cogió al lobo de la camisa, porque suponía que no iba a tener ninguna gana de moverse y tiró de él. Helen no tenía una fuerza espectacular y si él se resistía iba a ser inútil, solo esperaba que el chico pudiera ver la mirada de súplica que tenía, le estaba rogando que le siguiera, que se dejara hacer. "Por favor, por favor, por favor."
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Viktor Paine el Miér Ago 16, 2017 12:00 pm

Con brusquedad, Viktor apartó a Helen de él. No se preocupó de si se caía o no. Ni siquiera tenía cabeza para pensar si su cuerpo estaba cambiando. Lo mismo acababa de dejarle un bonito recuerdo en forma de cuatro lineas carmesíes. No podía respirar, así que tampoco podía oler la sangre.

El arrebato de tos que le sobrevino le obligó a inclinarse hacia adelante. Le ardían los pulmones y le lloraban los ojos, enrojecidos por el polvillo que le había entrado. La picazón de la piel era insignificante, porque estaba preparada como primera defensa.

Se sujetó apoyando la mano en el tronco rugoso de un árbol. El tiempo parecía pasar demasiado lento. ¿Dónde estaban? ¿Por qué tardaban tanto? La casa no se encontraba tan lejos y estaba más que seguro de que le habían oído, porque no había rincón en el territorio Paine donde no se escucharan los aullidos lanzados en mitad de la noche.

El sonido de pasos a la carrera sirvió para calmarle un poco. Ya llegaban. Una figura, alta y fibrosa, cubierta de un impoluto pelaje blanco, se interpuso entre él y la muchacha. Medía casi dos metros de alto, erguido sobre sus potentes cuartos traseros, con las garras dispuestas a hendir la carne y unos ojos azules, profundos, que escudriñaron a la muchacha. Olisqueó a su alrededor y frunció el ceño, provocando que quedaran a la vista sus fuertes colmillos. Plata y acónito.

Al ver que se trataba de una niña, dejó atrás su forma crinos para mostrarse como humano, sin el menor rastro de pudor, a pesar de que ya no había pelaje níveo que cubriera sus vergüenzas.
-Viktor, ¿estás bien?

No, no estaba bien. ¿No era evidente? Le regaló una de esas miradas tan características de los Paine que provocó que el otro hombre mostrara una gran sonrisa.

-Vale, vale. Venga, que te llevo a casa. Verás tu madre.
Se acercó a él para pasarse un brazo por los hombros y rodearle con el otro la cintura.

Viktor desvió los ojos hacia Helen y el lobo que había llegado acompañando a Esthia. Una orden clara y concisa, aunque fuera un simple gesto de la mano. Ella también venía, pues tendría mucho que explicar. Pero antes, necesitaba llegar a casa para tomar un antídoto.




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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Miér Ago 16, 2017 12:58 pm

No se podía esperar algo diferente de un animal, cuando le empujó lo primero que sintió fue lo duro que estaba el suelo cuando se le clavaba en el trasero y lo segundo, que había escuchado tela rasgarse. Al principio no quiso moverse porque estaba algo aturdida al haber acabado en el suelo. Se incorporó despacio con los labios apretados, porque el escozor que empezó a sentir le era muy familiar. Al bajar la mirada a su pecho descubrió que uno de los hombros de su camisa se había desprendido del resto dejándole parte del brazo, el propio hombro y el torso descubierto, por suerte llevaba el corsé blando que a pesar de no ser lo que más apretaba si sostenía lo suficiente y no permitió quedarse allí con un pecho al descubierto, sin embargo esa era su menor preocupación, porque el joven no había desgarrado la tela de la blusa, si no también su camisa interior y había llegado más allá de la piel dejando surcos profundos en su carne. Cogió aire por la congoja, sorprendida porque jamás le habían hecho una herida. Sus hermanos, todos ellos, tenían al costumbre de jugar y acabar peleándose figuradamente,y en esos juegos ella siempre acababa por los suelos de modo que el empujón no le dolió ni le sorprendió, pronto los demás empezaron a ignorarla en ese tipo de juegos porque era demasiado frágil y perdía con extrema facilidad, además de que la mayoría de las veces le hacían daño de verdad y su padre acababa por reprenderles a todos, de modo que Helen dejó de participar. Pero nunca, nunca, le habían atacado de esa forma, nunca le habían abierto una herida de verdad y jamás había visto la sangre brotar con tanta alegría, ni tan roja.

Estaba a punto de llorar, pero la tos agónica del licántropo le hizo levantar la cabeza y observarle, devolviéndole a donde estaban. Seguía ahogándose. Se incorporó despacio, algo mareada pero mucho más calmada, como si aquel empujón le hubiera calmado los nervios y puesto en su lugar. Ella solo quería ayudar. Vale que la culpa de la situación actual fuera suya, en parte, pero eso no justificaba que no le dejase enmendar lo que el acónito y la plata le estaba haciendo. Caminó hacia él, esta vez despacio, con miedo pero resoluta. Iba a ayudarle quisiera el terco lobo o no. Hasta que apareció de pronto una inmensidad blanca que le hizo dar pasos hacia atrás.

Nunca había visto un hombre lobo transformado. Había leído mucho sobre ello, conocía los diferentes tipos de seres sobrenaturales por el trabajo de su familia pero era muy diferente leer dragones que tenerlos en los morros y ahora mismo tenía un crinos a tan solo unos palmos de su cara y le pareció inmenso y aterrador. Se quedó paralizada, notando un escalofrío por todo el cuerpo, el mismo que había sentido mientras Viktor le seguía. Tal vez era ese instinto de supervivencia que con la civilización se había enterrado profundamente y salía cuando volvía a encontrarse en el papel de presa. La certeza de que existían cosas mucho peores que la oscuridad, que los monstruos existían y que tenía a dos delante..Dos no..Cuando Uryan apareció, sus ojos se abrieron de par en par. Esthia le había parecido grande y amenazador, pero el nuevo lobo rojo que apareció hecho un manojo de furia dispuesto a comérsela, porque por cómo la miraba no tenía ninguna duda de que era precisamente eso lo que pensaba hacer, estuvo a punto de hacerse sus cositas de mayorcita encima. De pronto, el segundo lobo se detuvo en seco, muy cerca de su cara, oliéndola y Helen empezó a temblar, cogiéndose a sus faldas con los puños cerrados..Y permaneció así, apartando el rostro cada vez que Uryan movía la cabeza de un lado a otro, hasta que se apartó y ella sintió que el peso del mundo se alejaba de sus hombros.

Observó al chico, al..Hombre desnudo. "Cielos...". Miró hacia otro lado, pero la sangre había desaparecido de su organismo así que ni siquiera pudo sonrojarse. Solo quería ayudar, quería decirlo. Uryan se había quedado mirando a Esthia mientras intercambiaban esa especie de conversación sin palabras y aprovechó ese momento para empezar a moverse. Como toda presa que se tercie, lo suyo era correr por su vida, pero ella no buscaba hacer eso. Había atacado a ese chico y el resto de la manada se la iba a zampar o cosas peores y si eso iba a ocurrir, vale, pero después de que el chico dejara de ahogarse.

Helen bajó por el pequeño desnivel que separaba el bosque del borde del río y cogió su botecito lleno de flores que tiró al suelo muy a su pesar, no consiguió sacar todas pero le sirvió para inclinarse y llenar el bote de agua, justo en el momento que notaba una inmensísima mano cogerle del brazo y apartarla de un brusco tirón que casi le levantó del suelo. Miró al lobo rojo aterrada, pero él solo la colocó sobre el suelo, delante de él y le empujó “suavemente” hacia delante, hacia el resto de la manada, así que como era evidente Helen dio varios pasos hacia delante con el tarro lleno de agua. Al menos le iba a dar tiempo a hacer lo que había querido, le tiró parte del agua por la cara al que se estaba asfixiando para que el polvo de plata se viera arrastrado por ella lejos de su piel y el acónito se diluyera para que no fuera tan fuerte. Procuró mirar al hombre en carne picada directamente a los ojos, ni más abajo ni más nada, solo a los ojos e hizo amago de beber del tarro, luego señaló al chico que seguro le iba a meter otro zarpazo por querer ahogarle más, pero a pesar de no quitar la plata y el acónito que ya estaba en su sistema y en sus pulmones, al menos podría aliviarle y darle algo más de tiempo para llegar hasta alguien que pudiera ayudarle.

Helen hacía rato que jadeaba y que la sangre había manchado y empapado su vestido, pero suponía que salvarle la vida a él, era también asegurar la suya y un rasguño podía esperar, pero Viktor Paine no.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Uryan Lockwood el Miér Ago 16, 2017 2:19 pm

Uryan estaba descubriendo nuevas formas de usar chocolate, hasta que escuchó el aullido inconfundible del cachorro. Levantó de la cabeza del postre y se lamió los labios, miró al postre a los ojos, apenas durante unos segundos pero se incorporó y cambió prácticamente al momento. Los dos sabían qué ocurría: Viktor estaba en peligro.

Los dos sabían que él no era el lobo más rápido, pero si el más fuerte y a medida que atravesaban el bosque, con el copo de nieve pasándole por al lado como una exhalación arrugó la nariz y gruñó. Slang estaba frenético, iba a comerse a cualquiera que se le pusiera por delante, a lo primero que viera atacando a su alfa. ¿Quién se atrevía? ¿En el territorio de la manada? Iba a esparcir sus restos por el territorio, poner un miembro en cada rincón, que se viera bien, que todos supieran lo que ocurría si tocaban a uno de sus cachorros. Se iba a comer sus entrañas cuando todavía estuviera vivo y se mearía en su cadáver para enseñarle quien…

Uryan se detuvo en seco, a punto de morder la cabeza de Helen pero sus dientes se cerraron antes. Slang tiró de él, quería comérsela y temblaba por la necesidad de eliminar la amenaza pero el lobo rojo se lo impidió. Mostró los dientes cuando empezó a olfatear a Helen. De todos los enemigos, por qué tenía que ser una maldita niña. Se alejó, obligándose a ello mirando furioso a la muchacha que temblaba ante ellos. Se cruzó de brazos, aun gruñendo, respirando fuerte, con las ganas de repartir vísceras y abonar el bosque, cuando notó la señal de Viktor. Al principio se quedó mirándole, intentando descubrir si quería que se encargara de ella o solo llevársela, como Slang no le iba a permitir hacer lo primero se decantó por lo segundo y cuando fue a por ella vio a Helen bajando hacia el rio. Era sigilosa, la muy lagarta. Caminó hasta ella y le cogió del brazo, la colocó sobre el suelo y empujó hacia Esthia y Viktor para que empezara a seguirle, cuando vio que regaba a su alfa gruñó de nuevo y cogió a al chiquilla por la cintura con un brazo y se la colocó contra el pecho, llevándola como si fuera un bulto o un bolso y empezó a caminar detrás de Esthia. Observando a Viktor atentamente por si empeoraba. La chica empezó a patalear y retorcerse pero no le importó, pronto se cansó y se dejó llevar. -Aligera, o no va a llegar….Y haz el favor de transformarte.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Viktor Paine el Lun Ago 21, 2017 8:45 am

-¿Por qué? ¿Te pongo nervioso? -cuestionó con diversión el hombre desnudo, mirando al otro, más grande aún que él. Enmarcó sus palabras con una enorme sonrisa y movió las cejas arriba y abajo repetidamente.
Aceleró un poco más el paso, cargando con Viktor, moviéndose ya sin cuidado por mantener el sigilo, por el camino más directo hacia la casa. Cuando Helen se acercó a intentar obligarle a beber, la apartó con suavidad.

-Quieta, quieta. Mamá Ale se encargará de todo. -Sabía que los otros dos le fulminarían por esas palabras, pero le daba igual. Aletheia se lo consentía desde hacía años. Quizás por dejarlo ya por imposible-. Y ten cuidado, no le des un mal golpe al grandullón y me lo desgracies. No te lo perdono.

El regreso a casa fue bastante angustioso para Viktor. Acusaba el poco oxígeno que le llegaba, abrasador. Apenas llegaron, comenzó el revuelo. Aletheia salió a su encuentro a unos metros de la casa, hecha un mar de desesperación. Ya había estado a punto de perderlo una vez y no iba a arriesgarse a una segunda.
-¡Viktor! Cielo santo. ¿Qué ha pasado? -cuestionó, pasando la mirada de Uryan a Esthia alternativamente.
-Pues se ve que se ha encontrado con la muchachita ésta, la de los cazadores. ¿Blackmore era? Bueno, da igual. La mayor no, la otra, y ella se ha puesto nerviosa, que en parte lo veo normal y...
-¡¡Esthia!!
-Ah, sí. Ha respirado acónito y plata.
-Llevadle dentro, a su habitación -ordenó, metiéndosose al momento hacia la cocina para rebuscar entre los armarios.

Viviendo con una manada de licántropos, siempre tenía antídotos para envenenamiento por acónito y plata, además de ungüentos para heridas y material para suturas. Que una cosa era la sanación acelerada y que no tuvieran cicatrices y otra que no pudieran desangrarse. Por el momento, ignoró a Helen, dejándola al cargo de Uryan y Esthia. El lobo blanco dejó a Viktor en su cuarto, sobre la cama, y se retiró de la habitación en cuanto Aletheia llegó con una bandeja llena de botecitos de diferentes colores.
La bruja dejó la bandeja sobre la mesilla y se sentó en la cama, tomando uno de los botecitos, que contenía un líquido de color ambarino. Vació la mitad del contenido en un vaso y le añadió todo un vial de unas hierbas que tenian hojas azuladas. Lo removió con un poco de agua y por último, le añadió un poco de polvo blanco. Contó hasta diez y se lo acercó a su hijo.
-Bebetelo todo, cariño. Sabrá horriblemente mal, pero no tengo tiempo de mejorarle el sabor.

Viktor asintio y cogió el vaso que le tendía, se lo bebió de dos tragos, arrugando el gesto con asco. Realmente sabía horrible, pero si era efectivo, le daba igual.
Unos minutos más tarde se le abrieron de nuevo las vías respiratorias y pudo notar cómo dejaba de arderle el pecho con cada bocanada. Su madre, que no se había movido de su lado, le miró, visiblemente aliviada.
-¿Mejor? -Él asintió-. Bien. Ten -le ofreció un botecito con una mezcla de hierbas-, ponte un poco de esto bajo la lengua. Te ayudará a dormir y así te recuperarás antes. Voy a prepararte otra dosis de antídoto. Te prometo que esta vez sabrá a vainilla -le sonrió, peinándole con los dedos con mimo-. Volveré en seguida.
Besó su frente y lo dejó dormir, para que su cuerpo pudiera recuperarse.

Ya más calmada, fue hacia el salón, donde Esthia y Uryan vigilaban a Helen.
-Espero que tengas una buena explicación para esto, jovencita.




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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Lun Ago 21, 2017 9:12 am

Uryan gruñó, echando las orejas hacia atrás mientras cargaba con Helen como si fuera un saco, bajo el brazo.- Ya hablaremos tu y yo.- Y con esa amenaza pareció que el lobo rojo se relajó bastante mientras caminaba a paso vivo detrás de los otros dos.

Helen hacía rato que había dejado de moverse, aunque en principio se había resistido ya no tenía muchas ganas y sentía el olor de la sangre con tanta intensidad que le estaba mareado. Una cosa era leer diferentes tipos de libros, imaginarse cómo se verían unas entrañas y otra muy diferente vivirlo en sus propias carnes y dolía. Dolía y escocía mucho, aunque hubiera querido quejarse no habría podido así que sencillamente se dejó arrastrar, alicaída. De vez en cuando levantaba la vista para mirar al Paine, mientras este se seguía ahogando. Ojalá se llevase un buen susto, por traerle a toda la familia y hacerle eso..Pero un susto decente, no uno en el que acababa muriendo, pero si uno de esos que se recuerdan para toda la vida. Justo como el susto que le había pegado ella.

Uryan llevó a la chica al interior de la casa, agachándose para entrar por la puerta y sacudió la cabeza cruzándose de brazos, con las orejas pegadas al cráneo mientras observaba el interior de la habitación mientras la bruja trasteaba, estaba atento del cachorro, aunque no dijera nada. Helen respiraba con pesadez y miró a Aletheia sintiéndose culpable, por lo que bajó la vista al suelo al instante y agradeció, por primera vez en su vida, no tener voz para no tener que enfrentarla. Se quedó esperando fuera, en pie, todo lo que pudo hasta que finalmente se tomó la libertad de sentarse sin invitación. El dolor no iba a mejor y tenía miedo de mirarse, lo hizo de reojo, apretando los labios, las heridas eran profundas, pero pronto se olvidó de ellas. Al escuchar ruido de botecitos y olores fuertes, típicos de ungüentos y mezclas, le recordaba al sótano de la Sede. Cuando vio que Aletheia empezaba a sacar y juntar cosas, se puso en pie y caminó hacia la habitación. No se molestó en intentar entrar, porque en cuanto se acercó demasiado al umbral de la puerta, escuchó un gruñido y se detuvo. Apretó los labios mientras clavaba los ojos en los diferentes líquidos, intentando identificarlos, con curiosidad. Sus ojos se desviaron un momento hacia los pétalos azules e inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado. ¿Serían las flores que había estado recogiendo? ¿Habría tenido razón el libro que había encontrado? Cuando la bruja indicó que volvería, se echó hacia atrás alejándose de la puerta y volviendo a su sitio entre los dos lobos. Por alguna extraña razón, notaba que estaba más segura entre ellos que con ella.


Bajó otra vez la mirada y aun con la respiración lenta y algo aturdida por la herida, bajó las manos por su falda hasta encontrar en uno de los dobladillos otra bolita de cristal, que en el fondo era bastante pequeña y se la tendió a Aletheia extendiendo la mano con la palma hacia arriba. Por si ayudaba algo más en la recuperación del chico saber qué ingredientes y qué cantidades había puesto exactamente. Miró de reojo a la bruja entonces, cohibida. Tal vez ellos no supieran que no podía hablar..Así que buscó con la mirada al rededor de la sala, a ver si encontraba un modo de comunicarse pero..No le apetecía absolutamente nada pensar. Se volvió a sentar, en el primer sitio que encontró y se quitó algo de sangre del pecho, se escribió en la palma de la mano, con letras grandes: “Lo siento”.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Aletheia Brutus el Lun Ago 21, 2017 1:37 pm

Fue entonces cuando la bruja, que había estado demasiado centrada en Viktor, se dio cuenta de las heridas de la chiquilla.
-¡¡Pero bueno!! ¿Qué os pasa a todos en esta casa? ¡¿Cómo no me habéis dicho que la niña estaba herida?! -levantó la mirada hacia el cielo. O el techo-. ¿Qué he hecho yo para merecer esto? -bajó los ojos de nuevo hacia Helen-. Ven conmigo. Y vosotros dos -se dirigió a Esthia y Uryan. Su gesto se relajó en una sonrisa agradecida-. Gracias. Id a descansar y perdonad la premura.

Con un gesto, ordenó a la niña seguirla. Pasó por la cocina, con la bola de cristal en la mano. Sacó los útiles de sutura para coserle la herida, cogió un cuenco con agua y un paño limpio, de los que hacía con las camisas viejas de Leif, que no dejaban pelusas. La bolita de acónito y plata quedó olvidada con las demás cosas de la bruja, entre los botecitos y cajitas con ingredientes. Guió a Helen de vuelta a la habitación de Viktor. Iba a atender sus heridas, pero por nada del mundo iba a hacerlo lejos de la cama de su hijo.
-Descúbrete. Voy a limpiarte la herida, te escocerá. Y luego la coseré. Procuraré que sea lo más discretamente posible, pero la magia no puede cerrar algo así sin la ayuda de un par de puntos.


Lo primero era atender esas heridas. Luego ya vería cómo solucionaban el asunto de qué le había llevado allí, por qué había atacado a Viktor y las consecuencias que iba a tener aquello para la paz que con tanto trabajo habían construido.
-¿Sabe tu padre que estás aquí?
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Miér Ago 23, 2017 3:59 pm

Uryan no dijo nada porque pensaba que lo estaba haciendo a propósito y no era asunto suyo si quería que la muchacha sufriera, después de lo que le había hecho a Viktor, así que se encogió de hombros y salió, cogiendo a Esthia de la cintura y cargándoselo contra el hombro para no darle oportunidad a andar con sus tonterías. Nada tenían ya que hacer allí y él tenía un postre que terminar.

Helen también tenía sus dudas, pensaba que la mujer no había atendido sus heridas como una pequeña venganza, pero la verdad era que no le importaba ni podía echarle la culpa por ello, bastante que no la estaban descuartizando y asando para cenar. ¿Los lobos comían carne humana? Uhm..La duda le asaltó, pero más con curiosidad, como dato, que por preocuparse de su destino. Aletheia tuvo que ordenarle una segunda vez que el siguiera antes de que ella se diera cuenta de que le estaba hablando, se puso en pie pesadamente y le siguió por la casa, hasta entrar en la habitación de Viktor, donde se sintió exageradamente incómoda. ¿No podía curarle en la cocina? Miraba la cama donde descansaba el joven lobo casi con temor, como si en cualquier momento fuera a levantarse y terminar lo que había empezado, pero ella seguía teniendo las curiosas armas, no se las había entregado todas a Aletheia, era muda pero de tonta nada, o no mucho. Y a pesar de todo seguía con ese sentimiento de culpa atenazándole el pecho.

Levantó la vista, anonadada y por un momento pensó que no había escuchado bien. ¿Que se descubriera? ¿Allí? ¿Estábamos locos? Empezó a enrojecer, muy a su pesar, aunque apenas fue un ligero tono rosado fue más que evidente. Miró nuevamente de reojo a Viktor, cohibida, no quería descubrirse allí. Bajó la mirada y se frotó un brazo, muy avergonzada. Finalmente, tras mirar varias veces a la bruja a los ojos se dio cuenta de que..O por las buenas o por las malas y no quería descubrir cómo era esa mujer en la segunda opción. Cogió aire y empezó a moverse, lentamente, quitándose el tirante del vestido que le quedaba sano y el corsé blando. Esperaba que al menos le dejase quedarse con la camisa interior, porque si no el iba a dar algo de verdad.

Miró las agujas y notó que empezaba a temer el dolor y que quería salir corriendo, no le habían cosido en la vida, nunca había necesitado más que el consuelo de sus padres cuando se había puesto enferma o hecho algún rasguño, pero coserle la carne..Se estremeció y bajó la mirada, negando con la cabeza. No, claro que su padre no lo sabía..¿Realmente se imaginaba a Lord Blackmore dejando a su hija más débil sola por ahí durante la noche? Ni loco.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Aletheia Brutus el Vie Ago 25, 2017 4:45 pm

Aletheia preparó todo lo necesario para coser las heridas de Helen y la hizo sentarse en la silla que ella ocupara antes, mientras atendía a su hijo. Le tendió una toalla para que se cubriera el pecho y que así empapara el agua y la sangre que iba a escurrir al lavar la herida.

Antes de comenzar, le ofreció un pequeño botecito que contenía un trago de un líquido que parecía leche morada.
-Bébete ésto. Hará que no sientas dolor mientras te coso. Notarás que te hago algo, pero será una sensación de adormecimiento.

Se sentó en la cama, cerca de ella, con otra toalla en el regazo y los útiles a mano. Con pulso firme y gesto de concentración, comenzó a coserle las heridas con cuidado. No quería dejar puntos demasiado grandes para que la cicatriz fuera lo más discreta posible. Aunque utilizara la magia para minimizar el daño, la marca quedaría para siempre, porque hasta la magia más poderosa tenía sus limitaciones y entre atender a Viktor y lo que había tardado en descubrir la herida, había pasado un buen rato.

-Tu padre debe estar muerto de preocupación. -Como estaba ella en ese momento, con su hijo durmiendo la fiebre que tendría mientras su cuerpo conseguía deshacerse de la plata y la hierba matalobos-. Cuando acabe de curarte, escribiremos una nota a tu padre, indicándole que estás a salvo en mi casa. Mañana te acompañaremos hasta allí y aclararemos todo este barullo. Lo último que necesitamos ahora es que se desate una cacería indiscriminada porque una chiquilla ha querido dárselas de valiente.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Lun Sep 11, 2017 10:38 am

Cogió la toalla para cubrirse, sintiéndose más cómoda de esta manera. Observó el botecito, lo aceptó sin fiarse, primero lo olió como había visto que la gente hacía a menudo pero..De todas formas aunque hubiera veneno no sabía a qué se suponía que debía oler. Cogió aire y lo soltó con lentitud antes de dar el trago y esperar a que hiciera efecto, de todas formas si le ocurría algo su padre podría encontrarla y las pistas le llevarían al territorio Paine..Aunque se había tomado bastantes molestias para no ser muy evidente, tal vez ella desapareciera y nunca nadie llegase a saber por qué. Bueno, era un riesgo..Krys también se arriesgaba cada día.

Empezó a pensar en las consecuencias, en lo que diría su padre, en lo preocupado que estaba y levantó la vista cuando Aletheia empezó a coser y se fijó con mucha desgana en cómo la aguja iba dejando marcas en su piel, dolía, para qué iba a negarlo, pero a parte de alguna mueca como consecuencia poco más podía hacer ella. Giró el rostro para mirar a Viktor, que seguía tumbado en la cama sin apenas moverse, no había sido su intención hacerle tanto daño y tampoco ir de valiente. Puso los ojos en blanco, porque empezaba a sonar mucho a su hermana mayor y eso no le hizo ninguna gracia. No tenía nada con lo que comunicarse, así que sencillamente miró a Aletheia con el ceño fruncido y luego buscó la manera de hacerlo. No se movió mientras le cosía pero luego alargó la mano hacia una libreta y pasó las hojas hasta encontrar una vacía en la que escribió pausadamente.

- “No me hago la nada. Estaba recogiendo cosas y tu hijo me asaltó sin más, me asusté y se llevó una bola. No me hice la nada.”- Volvió a escribir, obviamente ofendida. Bufó.- “No veo por qué hay que decirlo a mi padre, se lo puedo decir yo cuando llegue sin necesidad de rizar más el rizo...Y no me quiero quedar aquí.”-Le entregó el papel, dándole la vuelta a la libreta.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Aletheia Brutus el Lun Sep 18, 2017 2:01 am

-No te estoy pidiendo opinión. Vas a quedarte aquí para que pueda vigilar esa herida. Y voy a avisar a tu padre porque es lo que procede.

Su tono firme dejaba claro que no le daban igual los argumentos de Helen, que iba a hacer lo que a ella le diera la gana. Y si tenía que atarla a la cama, no dudaría en hacerlo. La determinación brillaba en sus ojos. Pero qué podía esperarse de la mujer que se había casado con Leif Paine. Desde luego no que estuviera falta de carácter.

Acabó de atender la herida de la muchacha y la cubrió con una especie de pasta blanca antes de vendarla.
-Notarás como si se te hubiera dormido el brazo y te aconsejo que no lo uses mucho, porque no tendrás sensibilidad ni fuerza. Pero acelerará la curación y reducirá la cicatriz. Ven, vamos a que te dé algo para que puedas dormir.

Se levantó, echó un vistazo a Viktor, en la cama, hirviendo en fiebre, y salió de la estancia para ir a la que tenían reservada para Arya. Rebuscó en uno de los cajones y sacó un camisón sencillo. Helen dormiría allí esa noche.

Cuando se hubo asegurado de que estaba cómoda, regresó a la habitación de Viktor y garabateó una nota para Alex, que le hizo llegar por medio de otro de sus hijos.

"Querido Axel,

Te escribo estas líneas para decirte que Helen está durmiendo a salvo en mi casa. Ha tenido un encuentro un tanto desafortunado con Viktor en el bosque, pero espero que todo se solucione por la mañana.

Cuando haya descansado, enviaré que la acompañen a casa. O si prefieres, puedes mandar a alguien de confianza para que la recoja.

Siento que este mensaje sea tan escueto, pero Viktor es el más afectado de los dos y ahora mismo sólo tengo cabeza para atenderle.

Atte,
Aletheia."
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Lun Sep 18, 2017 5:32 am

Helen miró a Aletheia mientras hacía y deshacía. Intentaba detenerla, con un pero dibujado en el rostro, la realidad era que la bruja no atendía a razones. Estaba algo asustada, no iba a mentir, no quería quedarse en esa casa, no le gustaba, había decidido que los Paine no le gustaban, sabía que tenían un pacto con ellos, pero de ahí a que le echasen a su padre encima. ¡Su padre iba a matarla! Todo por culpa de Aletheia, todo por culpa de Viktor. No. Los Paine no le agradaban nada de nada. Caminaba detrás de Aletheia con los ojos entrecerrados, pensando que era una chivata y una traidora, aunque a ella no tenía que deberle lealtad ni nada.

Miró también a Viktor en un acto reflejo, siguiendo la mirada de la bruja, era obvio que estaba preocupada por él y tampoco estaba sorprendida, la pobre criatura tenía muy mala pinta. Se sentía un poco culpable. Un poco. Cogió el camisón, sin rechistar demasiado, más con cara de alguien que iba derecha al cadalso que otra cosa. Le costó mucho cambiarse de ropa, no por el dolor o por el sopor de su brazo si no por lo incómoda que se sentía en una casa que no era la suya. Aun así consiguió ponerse el camisón y se asomó por las esquinas, encontrando a Aletheia escribiendo una carta. Rezó por dentro que no fuera para su padre. Se acercó a ella, intentando leer lo que ponía en la carta por encima del hombro..Miró después a la bruja, con cara de súplica, no intentó quitarle la carta pero el pegó un suave toquecito en el brazo para llamar su atención, con ojos de no haber roto un plato en su vida, pidiéndole sin palabras que hablasen sobre el asunto.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Viktor Paine el Lun Sep 18, 2017 9:33 am

Sin embargo, la conversación no fue posible, porque Viktor se removió en la cama, inquieto, a causa de la alta fiebre. Aletheia corrió a su lado y se sentó en la cama, cogiéndole la mano.

Murmuró unas palabras y un repentino frío se extendió por la estancia, bajando la temperatura del lugar varios grados, antes de extenderse por el cuerpo del muchacho, volviendo el dormitorio a su temperatura habitual.

Los ojos verdes se abrieron, desorientados.
-¿Mamá?
-Shhhh. Sí, cariño. Descansa. Necesitas dormir. Todavía tienes mucho veneno que digerir. Pero mañana seguramente estés bien.
-Duele.
-Lo sé, pero tendrás que aguantar. ¿Quieres que te duerma?
Viktor negó con la cabeza. El pelo se le pegaba a la frente por el sudor y apenas podía mantener los ojos abiertos.
-Black...more.
-Está bien. Le molestará unos días el hombro, pero nada más.

La hechicera sonrió con indulgencia. Su hijo tenía esa faceta innata de líder. Siempre preocupado por todo el mundo a su alrededor, siempre pendiente de que todo estuviera bajo control, de que el territorio fuera seguro, de que las relaciones con la Orden y la Logia fuera bien, de sus hermanos, de los demás betas, de Arya... Y ahora hasta de aquella muchacha que lo tenía postrado en la cama.

Tan alfa. Tan Paine. Porque ella veía en su hijo esos sutiles rasgos que le habían hecho enamorarse de su padre.

Viktor abrió de nuevo los ojos y buscó por la estancia, para ver si localizaba a Helen y comprobaba por sí mismo si estaba bien. No era que no se fiara de su madre, pero sabía que podía estarle ocultando alguna información debido a su estado.

La vio y se quedó tranquilo. Ya tendría tiempo de preocuparse por aclarar las cosas con su padre cuando se hubiera recuperado. Esa chiquilla lo iba a traer por el camino de la amargura.




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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Axel Blackmore el Lun Sep 18, 2017 11:13 am

Axel leyó la nota en su despacho. Le debía la vida a esa mujer. Cualquier cosa que le pidiera siempre la tomaría muy en serio, era sensata, directa y sin dobles fondos. Aún no entendía que le había visto a Paine. En cualquier caso, tras años de disputas habían conseguido establecer un equilibrio, un pacto, una forma de colaboración entre la Logia, La Orden y La Manada. Los Paine se habían establecido como una de las manadas más potentes e importantes de París. Apretó los dientes al leerla.

Cogió su chaqueta y cerró la puerta del despacho. Su "secretario" le preguntó dónde iba, éste le dijo que a ver a los Paine, un asunto sin importancia. Era bueno que supieran dónde estaba o hacia donde iba por si le sucedía algo en el camino, pero tampoco hacia falta contarlo todo. Llegados al linde del bosque, prosiguió solo. En cuanto escuchó algun crujido supo que lo vigilaban y se detuvo.

Soy el capitán Blackmore, vengo a recoger a mi hija y a hablar con Aletheia.

Esperó a que lo que ahora solo eran sombras sin forma se dieran a conocer y lo guiasen hacia la casa del bosque. Cuando se detuvieron ante la puerta llamó a la misma con los nudillos. Su semblante era serio, como solía ser usual, pero no dejaría traslucir el enfado o la inquietud natural por cualquier cosa que hubiera sucedido, era un hombre que tenía mucho temple.

Aletheia... he venido en cuanto me han dado tu nota. ¿Cómo está Viktor?.— al parecer había salido peor parado de...lo que fuera, pero a la vez paseó los ojos por la vivienda en busca de Helen, que segun la bruja habia tenido "un desafortunado encuentro" con un licántropo. Eso podía significar cortes, fracturas o algo similar.




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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Aletheia Brutus el Mar Sep 19, 2017 12:38 pm

La hechicera salió a recibir al cazador, dejando a Viktor al cargo de otro de sus hermanos, con la clara indicación de avisarla inmediatamente si había cualquier cambio.
Tras tantos años de trato continuo, tenía la suficiente confianza con el líder de la Orden como para saludarlo con un beso en la mejilla.

-Siento haberte alarmado a estas horas, pero creo que te preocuparías más si descubres que la niña no está en casa y no sabes dónde está. -Le invitó a sentarse con un gesto de la mano-. Viktor tiene fiebre. Está drenando plata y acónito. -Quizás un leve tono de reproche, no dedicado explícitamente al cazador-. No tengo muy claro cómo ha pasado, pero, al parecer, se encontró con Helen en el bosque, ella se asustó, le atacó con plata y acónito, Viktor entró en crisis, ella se acercó y él le arañó el hombro. He tratado la herida y se recuperará en unos días. Está en la habitación de Arya, si quieres pasar a verla.

Ya tendrían tiempo de conocer los detalles cuando Viktor estuviera mejor y cuando Helen se tranquilizase. No era el momento de buscar culpables, sino de cuidarles y asegurarse de que estaban bien. Eran sus padres, después de todo. Tenían una clara escala de prioridades, encabezada por sus hijos.
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Re: Mujer precavida vale por dos [Viktor Paine]

Mensaje por Helen H. Blackmore el Mar Sep 19, 2017 3:45 pm

Helen también prestó atención al cachorro cuando se movió, se sintió terriblemente incómoda y fuera de lugar, no debería estar en su habitación pero comprendía que Aletheia no quisiera moverse de su lado, si siempre que les pasaba algo a alguno de ellos su madre se tiraba la noche velándoles, daba igual si era una herida grave o un resfriado de temporada, ella siempre estaba cerca. Se quedó donde estaba, porque no quería interrumpir, se le puso la piel de gallina cuando el chico, con esa voz de tener un pie en el otro barrio más cerca que de este, pronunciando su apellido. Suponía que le iba a pedir a su madre que le cortase en rodajas para servirla durante el desayuno, le sorprendió que la bruja supiera qué quería el chico incluso antes de decirlo..Era ese tipo de comunicación que tenía ella con su familia, sobre todo con su padre..

¿De verdad estaba preocupándose de si estaba bien..? Hubiera preferido que quisiera comérsela, al menos no se sentiría tan horriblemente mal. Culpable. Esa era la palabra. Notó que el lobo se negaba a caer rendido, como debería hacer, y al ver que le buscaba con la mirada dio un corto paso hacia un lado para que pudiera encontrarla. Apenas se atrevía a mirarle, pero cuando alzó los ojos estaban teñidos de preocupación, la misma que al intentar ayudarle. Se sujetaba el brazo herido, pero más por inercia que por dolor realmente, el efecto de la bebida que le había dado la bruja aun hacía efecto y apenas sentía las consecuencias, quería que supiera que su madre no le engañaba..Que se sentía bien y no tenía nada de lo que preocuparse.

Cuando el Paine se puso a descansar, se dio cuenta de lo cansada que ella estaba y de todas formas ya se había enviado la nota, solo podía quedarse allí y pensar en la bronca que le iba a echar su padre cundo se vieran. Suspirando, fue a la habitación de Arya y procuró tumbarse y descansar allí, estaba agotada pero...Estaba mucho más preocupada y no podía dejar de pensar en su padre, en paine..En todo el jaleo que se había montado por unas tristes flores. Se sentía culpable por el chico, culpable por haber mentido a su padre.

Podía escuchar la voz de su padre, pero no quiso bajar..No le tenía miedo pero..Un poco si, porque se imaginaba su reacción. Se incorporó de la cama y dejó sus piernas colgando por un lateral del colchón, balanceándolas y mirando al suelo, esperando la tormenta que le iba a caer encima.
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