Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Jue Ago 10, 2017 6:01 pm

Empezó descubriendo mundo y le apresaron. Logró escapar de su captor y las llamas lamieron su piel, provocadas por aquella insana mujer de pelo como el fuego. Tras deshacerse de ella y seguir con su fuga, la única pregunta era ¿cuál castigo le estaban preparando sus furiosos dioses? En medio de un nuevo mundo totalmente desconocido para él, lo único que tenía claro era que había cabreado demasiado a sus ancestros. Desterrado, esclavizado y, además, culpable de la muerte del hombre que amó. ¿A caso era justo tanto castigo por algo tan puro como era el amor? Antes de subirse a aquel barco a la fuerza pensaba que era merecido, que no se podía ir en contra de los designios marcados por los antepasados y salir airoso. Sin embargo, cuanto más probaba el sabor del dolor, más decidido estaba a sobrevivir y luchar por recibir el perdón de sus dioses sin tener que dejar la vida que deseaba... y que hasta entonces solo era una fantasía.

Encontró una fuente en la que lavarse el hollín que el fuego había dejado en su piel, pero antes siquiera de poder acercarse, un grupo de hombres reconoció el hierro en su cuello y le bloquearon el paso. Conforme sus incomprensibles gritos se alzaban de tono, Napayshni no podía más que buscar una salida, una grieta por la que escapar, pues aunque no entendiera las palabras sí podía imaginar qué representaban. Debían saber que estaba huyendo y querían llevarle con su captor. Pero no pensaba permitirlo. En una muestra de sus dotes como guerrero de la tribu, noqueó a un par de ellos con dos rápidos y acertados golpes en la garganta y estómago de cada uno respectivamente. Los otros trataron de agarrarle, mas el indio tenía lava en las venas en ese instante, no quería más dolor, así que de un empujón se deshizo de ellos y echó a correr por entre el gentío, empujando gente y puestos de comida, lanzando al suelo todo cuanto encontraba para crear obstáculos entre él y sus perseguidores.

El jaleo estaba ya montado. Pronto no se hablaba de otra cosa que no fuera el indio prófugo. Esquivó la última carreta del mercado adentrándose en uno de los callejones, huyendo de la aglomeración nocturna con aroma a alcohol para huir hacia las sombras que los edificios creaban en las callejuelas. Qué ingenuo fue al pensar que había logrado escapar al fin...
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Ysgramir Gunnarson el Sáb Ago 12, 2017 1:16 pm

El nórdico tenía uno de esos días grises, le había despertado el sonido de su ama de llaves mientras le indicaba que se iba a dormir, lo que eran los buenos días entre ellos. La señora Norton era una buena mujer, que no se metía en la vida de su señor, hacía muchos años que se conocían y ella ya conocía la naturaleza de Ysgramir, sin embargo, el vampiro no era especialmente tonto, le había salvado la vida a la mujer y de ese modo se había ganado su lealtad. Era un hombre desconfiado, taciturno y apático. Una noche más o menos no tenía ninguna diferencia para él.

Se levantó de la cama con aire aburrido y apartó las regias ventanas y cortinas para que entrase el aire nocturno que él apenas sentía. Miró hacia el exterior, las calles empezaban a estar desiertas, él vivía en una de las zonas más acomodadas, cerca del centro de París, hacia el norte, donde los jardines eran más amplios y el espacio entre vivienda y vivienda mayor. No le gustaba la algarabía, ni el ruido. En realidad se preguntaba si había algo que le gustase. Hacía mucho tiempo que no veía nada de su interés.

Se empezó a vestir, de forma automática, porque era día de mercado. Tal vez pudiera encontrar algo allí que le apeteciera comprar o sencillamente dar un paseo, nunca le había interesado París especialmente y en cuanto terminase los asuntos que le habían traído hasta allí se marcharía. Para él, francia era demasiado luminosa, aunque le gustaría pasar por ciertas ubicaciones que aun no conocía, como la región de Gevaudan que cubría parte del sur y que no había visto todavía.

Salió a la calle impecable, con su camisa blanca cuello alto y botas relucientes. No necesitaba ningún guía ni acompañante, se bastaba solo para defenderse, poco le importaba morir de todas formas. Caminó, porque de todas formas no tenía ninguna prisa y la noche terminó por caer. En su camino hacia el mercado hubo algo que le hizo gracia. Un muchacho, prácticamente en cueros, había despachado a otros tres bastante más corpulentos que él con apenas un suspiro, la poca gente decente que había aun en las calles se escandalizó. Ysgramir ladeó la cabeza, tal vez había sido el reflejo de las farolas, pero le había parecido ver un tono anaranjado en la piel del esclavo prófugo que le causó curiosidad.

Decidió seguirle, perdiéndose por los callejones, mirando de lejos, hasta que le vio metiéndose en una calle muy poco recomendable. Sonrió divertido. ¿Por qué la gente pensaba siempre que huir de la gente hacia zonas más lóbregas era buena idea? No salió inmediatamente, prefirió mirarle de lejos para ver qué hacía, a dónde pretendía huir, porque...Vestido así y con la cadena que rodeaba su cuello, iba a ser muy complicado pasar inadvertido.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Sáb Ago 12, 2017 5:32 pm

Se dio unos minutos para recuperar el aliento, apoyado en la pared exterior de un viejo edificio medio derruido. La ciudad le agotaba. El ruido, ser siempre perseguido, todos los estímulos visuales nuevos... cualquier ejercicio, por mínimo que fuera, le suponía doble esfuerzo por el desgaste mental que sufría. Su intención una vez la cadena fue rota era escapar de la ciudad, llegar a cualquier zona desierta donde detenerse a planear cómo volver a su tierra natal, mas no esperaba que resultara tan difícil. Todas las calles le parecían iguales y los altos edificios le impedían guiarse por las estrellas. La frustración le hizo soltar un gemido de desesperación, pero pronto escuchó los gritos aproximándose y supo que debía seguir su carrera.

Sus pies descalzos, acostumbrados a moverse por tierras fértiles, empezaban a doler. La dura piedra embaldosada se clavaba sin misericordia en las plantas, agrietando las zonas duras, y la suciedad esparcida por doquier provocaba heridas de las cuales, sin ser consciente, iba dejando un fino camino de pequeñas gotas de sangre. Aquello, sumado al tintineo de la cadena, guiaba a sus perseguidores tras sus pasos, encontrándole allá donde fuera. Dichos hombres, nacidos entre aquellas callejuelas, conocían cada rincón como si no tuvieran más que seguir el mapa dibujado por sus venas bajo la piel cetrina, fue cuestión de tiempo que lograran acorralarlo en una calle sin salida.

Un grupo de hombres armados con garrotes y botellas vacías. Sedientos por liberar la tensión que el alcohol y sus monótonas vidas les fatigaba cada día. Napa era un guerrero, pero estaba solo y desorientado. Reconoció aquello como otro cruel castigo: sufrir en sus carnes el miedo que cualquier bestia sufrió al ser cazada por su tribu. Enseguida se abalanzaron sobre él: uno le cogió de la larga melena, otro le golpeó el estómago obligándole a arrodillarse y, a partir de ese momento, todo cuanto pudo ver fueron sus puños y piernas buscando romperle algún hueso. Mas no se dejó dominar por el miedo, con un grito tribal hizo acopio de sus fuerzas y se defendió lo mejor que pudo del mismo modo que hizo en el mercado. Debía aprovechar la ventana de no estar bajo la influencia del alcohol.

Cogió a uno del tobillo y lo arrastró hasta tirarlo al suelo, escuchando su cabeza golpearse contra la piedra. Le quitó el bastón que rápidamente blandió para darle a un segundo, mientras giraba evitando que volvieran a cogerle del cabello. Sus movimientos felinos, innatos por haberse criado en el desierto, le permitían ser más rápido y ágil que todos ellos juntos. Otro le cogió por la espalda inmovilizándole los brazos, momento que aprovechó para lanzar sus largas piernas al aire y empujar al que venía de frente dispuesto a darle nuevamente en el estómago. El sonido de una botella al romperse le hizo girarse, pero no logró liberarse a tiempo para esquivar el ataque. Un largo corte se abrió en su frente y la sangre empañó su mirada.  

Al final, y no sin esfuerzo, logró dejarles a todos k.o., pero para ello perdió todas sus fuerzas. Quedó tendido en el suelo resollando, limpiándose una y otra vez la sangre que bajaba de su frente con el dorso de la mano o el mismo brazo. ¿Qué salida le quedaba? Allá donde fuera sabrían lo que era.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Ysgramir Gunnarson el Sáb Ago 12, 2017 9:17 pm

Ysgramir era observador y había estado el tiempo suficiente en París como para conocer los bajos fondos, aunque no todos, era una ciudad grande y se necesitaría un estudio intencionado pero él no estaba interesado en ese tipo de cosas, solo lo justo para poder cazar o lo que la curiosidad le dictaba, nada más. No era difícil seguir al esclavo de todas formas, estaba gritando a toda la ciudad que estaba ahí en realidad y a ciertas horas el lugar más romántico del mundo se convertía en la mayor de la depravaciones. Le siguió en silencio, con los ojos fijos en el fugitivo hasta encontrar a aquellos atacantes, de todo era sabido que si el esclavo era lo suficiente valioso recompensaban por ellos y si no valían tanto pues..Los captores podían hacer con él o ella lo que quisieran.

No le sorprendió encontrarse con aquel grupo de cobardes, la paliza que se iba a llevar el muchacho iba a ser digna de admirar, por esa misma razón se quedó en una esquina, al otro lado del callejón, tenía cierta curiosidad por ver lo que le hacían, había algo excitante en ver cómodamente cómo los demás se manchaban de sangre. Pensaba sinceramente que aquel saco de huesos y piel oscura no iba a ir lejos, pero tuvo que enarcar una ceja y admitir que el muchacho luchaba por su vida. No entendía ese afán, ¿Tanto le importaba vivir? ¿Hacía cuánto no veía esa intensidad en nadie? La sociedad parisina era escandalosa, pero morían y vivían sin pena ni gloria, rodeados de lujos y extravagancia. Qué tenía ese indio por lo que merecía la pena luchar.

Hacía rato que le había parecido que la sangre tenía un tinte diferente, al principio pensó que eran imaginaciones suyas, pero en cuanto la vitae empezó a fluir en cascada era más que obvio, tal vez no fuera algo relevante para alguien que no tuviera un fino sentido del gusto, pero sintió que sus venas se inflamaban solo con el aroma, como cuando se le echa tan poca canela a un postre que solo los expertos saben apreciar su valor.

Se encontraba caminando hacia el indígena antes de darse cuenta, pero le había llamado la atención, le inspiraba curiosidad y eso no era algo que pudiera decir de cualquiera, no en décadas. Se quedó al lado del indio, rodeado por los dolientes enemigos que se quejaban en el suelo, no tardarían en recuperar la consciencia, algunos, otros pasarían allí la noche con toda certeza.

Se recogió los pantalones para poder colocarse en cuclillas y observar de más cerca al indio, escuchaba su corazón latir y el olor era ya más que evidente. Nunca había encontrado nada parecido. ¿Todos los de su raza olerían así? ¿Pelearían así? Extendió la mano, para quitarle el cabello apelmazado de sudor y de sangre de la frente y así poder mirar mejor su rostro, pasó los dedos por uno de sus hombros, pero no era capaz de distinguir bien su tono. Fastidiado, le cogió de un brazo y le ayudó a incorporarse. Quería verle a la luz, en un lugar donde poder apreciarle con tranquilidad.

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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Miér Ago 16, 2017 4:21 pm

Sudado, sucio y dolorido, estaba al borde de sus fuerzas y aún así seguiría luchando, pues ese era el espíritu de su tribu. Pensó en su familia, en sus miradas de decepción y tristeza cuando le dijeron adiós al ser desterrado. Deseaba verles, volver a su vida anterior, pero ya no había vuelta atrás. Cometió un grave error, nacer con gustos mal vistos, y tendría que lidiar con ello el resto de su vida, fuera lo larga que fuera. En ese instante, tan exhausto como se encontraba y viendo de reojo alguien acercándose, sabía que solo tenía dos opciones: dejarse llevar y que los ancestros guiaran sus pasos, o sacar fuerzas de donde fuera para seguir luchando por la vida que deseaba. Optó por lo segundo cuando la gélida mano de aquel desconocido le rozó la piel. De inmediato se alzó apartándose con el andar agachado más parecido de un simio que de un hombre a dos patas.

-Ikuania - susurró clavando la oscura mirada en el pálido ser. Era la primera vez que se encontraba ante un vampiro y nada sabía de ellos, ni su existencia ni lo que representaban. Solo sabía que había algo extraño en él y debía mantenerse alejado, no sólo porque hasta entonces todo aquel con quien se cruzara quisiera darle caza. Le miró de arriba a abajo, desconfiado, apartándose otro poco. Su lado más animal le decía que era un hombre atractivo, demasiado pálido para sus gustos acostumbrados a la raza morena, pero con unos ojos tan claros que era imposible no observarlos detenidamente, como si hipnotizaran. Su cuerpo, tan robusto y alto, le atraía tanto como creaba inseguridad. ¿Qué tan fuerte sería ese hombre? No tenía nada que ver con los desgastados y enclenques tipos que le habían estado persiguiendo, ante este hombre tenía poco que hacer, era consciente, aún así no se amedrentaría.

-Napa tlanemani... - habló de nuevo, agachando la cabeza en señal de no ser una amenaza. Estaba actuando como haría ante un animal que no quisiera cazar, con cierto respeto y muestra de no ser una amenaza a no ser que le buscaran. - Napa eua niman axkan...  

Se puso lentamente erguido a la par que el desconocido, sin apartar ni un segundo la mirada de sus ojos. Con gesto lento, intentando no alterar la aparente tregua entre ambos, se apartó la larga melena de la cara exponiendo su rostro sucio por el hollín, con aún restos de sus pinturas tribales, que nadie había hecho que se quitara desde que le apresaran en su tierra natal.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Ysgramir Gunnarson el Dom Sep 10, 2017 3:05 pm

Ysgramir vio que ayudarle había sido un error, pensar que el indio estaba al borde de la inconsciencia también. Recordó no subestimarle. Se echó hacia atrás, observando aquellos movimientos, después de mil años siendo un vampiro había perdido gran parte de su humanidad y eso era algo que no podía disimular, ya no fingía respirar, salvo algún que otro movimiento reflejo de vez en cuando, pestañeaba menos de lo natural y, por lo general, era exageradamente estático, antinatural.

Por supuesto, no entendía absolutamente nada de lo que le estaba costando, aunque le hacía gracia cómo sonaba su lengua, tampoco lo expresó pero no le interrumpió. Había algo que repetía constantemente, pero no sabía si era algo significativo o parte de su idioma, así que no le prestó atención. Se metió las manos en los bolsillos del pantalón, para que él pudiera ver que tampoco era agresivo, o por lo menos no aparentaba serlo, sin embargo seguía deseando verle a la luz y empezaba a darle vueltas a cómo llevárselo. Miró fijamente sus heridas, siempre podría esperar a que se durmiera o se desvaneciera, tenía mucha paciencia, pero no mucho tiempo, ser vampiro tenía sus limitaciones.

Se pasó un dedo por el mentón, acariciándose la barba, pensativo. Levantó una mano y le hizo un gesto para que se acercara y luego le señaló el cuello, hacia las cadenas, volvió a hacerle la seña. Hablarle era una estupidez, porque de todas formas no se entenderían. Quería quitarle toda la porquería que llevaba encima, quería pasarse horas contemplándole y cuando algo se le metía en la cabeza era muy difícil distraerle. Quería al indio y lo quería ya, aunque tuviera que arrastrarle al final, lo haría, pero prefería no mancharse el traje, a ser posible, era de corte inglés y le habái costado un riñón.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Dom Sep 17, 2017 9:47 am

La falta de humanidad del otro no le había pasado por alto. Era un observador nato, en su tribu les enseñaban desde bien pequeños a estar atentos a todo, ya fuera un ser vivo o no, porque cualquier detalle podía marcar la diferencia entre vivir o morir. El modo en que un animal agachaba la cabeza o el movimiento de las nubes, esas pequeñas cosas podían salvarle a uno de una muerte estúpida por no haber puesto en práctica lo que se enseñaba desde varias generaciones. De modo que la ausencia de movimiento en el pecho contrario, su mirada fija sin apenas pestañear y que su piel no mostraba índice alguno de cambios de temperatura le hicieron darse cuenta que quien tenía delante no era como el resto de sus perseguidores. Ya había cometido el error de creer que aquella mujer pelirroja que inició el incendio era una diosa, pues resultó ser una simple humana con tendencias pirómanas. No quería volver a agachar la cabeza por haber confundido a un dios, sería una falta de respeto por los verdaderos, sin embargo no podía llegar a ninguna conclusión todavía. Por otro lado, muchas de las costumbres de ese nuevo mundo escapaban de su entendimiento. El gesto de meterse la mano en el bolsillo o de frotarse la barba eran desconocidos para él, no sabía si eran muestras de peligro que tener en cuenta, aunque pensaba grabarlas en su memoria. Era como volver a nacer, debía aprender todo a su alrededor de nuevo.

Se acercó receloso, sin despegar la mirada de sus extraños ojos claros, y se llevó la mano al cuello cuando lo señaló. La cadena. El desconocido quería hacer algo con su cadena. ¿Sería al fin una mano amiga que trataría de ayudarle? - Amixmachtli iknelia Napa. Napa eleuia yelisyotl tlanemani. - Le siguió con intriga y esperanza, mirando una vez más por encima de su hombro para comprobar que nadie le había logrado seguir hasta ahí, a parte de los hombres que inconscientes permanecían en el suelo.

Agilizó el paso y se puso a su lado, dejando que el cabello largo, enmarañado y sucio volviera a cubrirle el rostro para intentar pasar desapercibido, como si el taparrabos, el color de su piel y el olor a humo que desprendía no fueran significantes. Habría hablado más, intentar sonsacarle información de hacia dónde se dirigían, pero sabía que era inútil. Nadie en esas tierras entendía su idioma ni viceversa.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Ysgramir Gunnarson el Lun Sep 18, 2017 4:56 pm

A algunos esclavos les costaba obedecer al principio, no eran de su gusto, no entendía la rebeldía. Era un vikingo y estaba acostumbrado a los estamentos sociales, había amos crueles y otros no tanto, como en todas partes, pero los esclavos lo eran por tres motivos: Habían hecho algo imperdonable y se les había condenado a la esclavitud, sus progenitores también lo eran o bien eran demasiado débiles para sobrevivir por si mismos y lo único que podían hacer era servir a otros a cambio de protección. No sabía en cuál de los tres encajaba el muchacho, fuera cual fuese debería estar agradecido de seguir viviendo y protestar menos.

Ysgramir empezó a girarse con lentitud, poniendo distancia entre ambos pero sin llegar nunca a darle la espalda, ya se había fiado demasiado una vez y no volvería a ocurrir de nuevo, tenía buena memoria aunque el tiempo le había privado de muchos de sus recuerdos, era lo que más odiaba de esta maldita eternidad, que al final, lo perdía todo. No entendía nada de lo que le decía así que no se molestó en contestarle, solo esperó para ver si el indio le seguía y poco después siguió caminando. No le llevó por las calles centrales de París, porque además de tener una reputación, tampoco quería que él volviera a asustarse y huir. De vez en cuando giraba el rostro para mirarle, pero ya tendría tiempo para eso. Lo primero era llevarle a su casa, darle un baño y luego buscar su marca, a ver a quién pertenecía.

Se detuvo en la parte trasera de su jardín, era una casa clásica, con su historia y sus tres espaciosos pisos, una puerta principal y otra para el servicio, en el jardín había una voladera, con varios tipos de pájaros, que en ese momento estaban dormidos. No pidió permiso para entrar en la casa, sencillamente abrió la puerta y esperó a que el piel roja entrase primero. Todo estaba a oscuras, pero en seguida se iluminó una vela en una de las habitaciones de la casa, iluminando parte de ella.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Lun Oct 09, 2017 4:08 pm

Los desconocidos y los rostros pálido no era de su agrado y aquel vampiro cumplía ambas características. No obstante, se sentía totalmente perdido y cazado como si no fuera más que un ciervo entre lobos, no tenía más opciones que barajar y, por el momento, tal vez aquel hombre sí quisiera liberarle de sus cadenas. No tenía conocimiento alguno de vampiros, ni siquiera de su existencia, para él todo aquello que escapara de lo "normal" se convertía directamente en dios o demonio. Y de lo segundo estaba seguro que había muchos más. En cuanto supiera qué era el desconocido al que estaba siguiendo iba a volver a intentar huir, de eso no cabía duda.

Viendo que era imposible comunicarse optó por mantenerse en silencio, camino al destino donde fuera a llevarle. En cuanto vio la casa se asombró, pero había visto tanto en tan pocos días que era incapaz de reaccionar al lujo que tenía en frente. Simplemente entró, mirando alrededor mezcla de curiosidad y precaución, pues nada le aseguraba todavía que las intenciones del desconocido fueran tan buenas como esperaba y deseaba. Del taparrabos sacó un cordel de cuero que usó para atarse el cabello en una trenza rápida, con la agilidad del que ha hecho aquello durante años, mientras seguía avanzando despacio por la oscura estancia.

Miró de reojo al vampiro, esperando lo siguiente que fuera a ocurrir. Estaba ansioso por quitarse de encima esa cadena, no dejaba de rascarse el cuello pues su piel no estaba acostumbrada al hierro. La marca que el vampiro esperaba encontrar se hallaba en su hombro, un círculo cuyo escudo en el interior lo reclamaba como propiedad de Monsieur Bishop, un pseudónimo para ocultar la verdadera identidad del esclavista.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Ysgramir Gunnarson el Miér Oct 18, 2017 3:03 pm

El ama de llaves era una mujer anciana, que caminaba en pijama con una luz de vela en las manos. Miró a uno y a otro, pero no hizo ningún gesto ni comentario. Ysgramir le dijo que llamase a Jorni para que preparase un baño en la habitación correspondiente y a ella que preparase una habitación de invitados para el indio. Guió al hombre por la casa, que estaba prácticamente a oscuras, pero hacía tiempo que la oscuridad no le afectaba y le llevó hasta la cocina. Había mucho espacio, con dos únicas sillas en la mesa para el servicio, pero con todo tipo de lujos, una hornilla para hacer pan y bollos, fogones, lo que cualquiera pudiera necesitar, pero teniendo en cuenta que la cocina era para los humanos y no para él, podría sorprender.

Primero cogió una silla, en la que intentó sentar al indio, antes de ir a por algo de comer. Buscó sobras de esa misma noche y encontró algo de estofado y pan, se molestó en ponerlo a calentar y sacó algo de queso y vino, que dejó en la mesa frente al esclavo, para tenerle entretenido mientras lo demás estaba listo. Aprovechó esos pocos minutos para observarle, desde la distancia, para que se sintiera seguro y arqueó una ceja al ver cómo miraba la comida. Le dejó a su aire, hasta que notó el olor del estofado llenando la cocina y le llenó el plato con el resto de las sobras, dejándolo a su alcance.

La anciana apareció indicándole que ya estaba preparada y para preguntarle si necesitaba algo más, Ysgramir le contestó que no, que se fuera a descansar y que si necesitaba algo se lo pediría a Jorni, que seguramente seguiría con la labor de llenar la bañera de agua caliente. El vampiro extendió la mano cuando se quedaron solos, echando el cabello recogido del indio a un lado para ver mejor su piel, pasó el dedo pulgar por su cuello y su hombro, donde encontró el símbolo. Sonrió de medio lado, encontraría al tipo para llegar a un acuerdo, a ningún negrero le convenía que corriera la noticia de que sus esclavos escapaban de su control.
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Re: A little taste of freedom | privado

Mensaje por Napayshni Yuvaraj el Vie Oct 20, 2017 5:57 pm

La oscuridad no era una desconocida. Como guerrero de su tribu, aprendió a moverse de noche para proteger a su gente de posibles ataques de coyotes u osos. Sin embargo aquella casa no solo era enorme, además estaba plagada de objetos que, en su humilde opinión, estorbaban más que otra cosa. Se chocó con varios, maldiciendo entre dientes en su idioma, y optó por pegarse bien al vampiro y asegurarse que no acababa con el cuello roto. Lo que más le sorprendía era los cuadros, tenía la inquietante sensación de que le seguían con la mirada allá donde fuera. Perturbador. Y en el momento que se encontró con un espejo pequeño en el pasillo casi le da un paro cardíaco. Se habría detenido a pelearse con quien fuera que le miraba de aquella manera entre marañas de pelo, pero debía seguir avanzando o acabaría perdido en aquel laberinto.

La cocina le alucinó. Los olores eran fuertes, sobretodo a comida, pero la silla se le hizo de lo más incómoda. Trató de sentarse a modo indio -valga la redundancia-, pero todo lo que conseguía era perder el equilibrio. Acabó con el culo apoyado en el borde y las manos firmes sobre la mesa por si aquella cosa le tiraba al suelo. Toda preocupación se fue en cuanto le puso la comida delante. En un alarde de salvajismo incontrolado, cogió la comida con las manos y la devoró sin pausa para respirar. El esclavista que le tenía preso lo había estado castigando sin comer debido a su rebeldía, de modo que aquel plato era como un oasis en medio del desierto. Dicen que se conquista a un hombre por el estómago y parecía que así fuera, porque el indio se relajó, cogiendo más confianza con aquel ser desconocido y pálido hasta que cruzó la línea.

Cuando le tocó se apartó de inmediato, mirándole fijamente con expresión desafiante. Ponerse en alerta era un acto reflejo, más después de todo por lo que había pasado desde que fue expulsado de su tribu. Gruñó cuando tocó la marca, cuya cicatriz aún estaba fresca y dolía al ser tocada. Parloteó en su idioma apartándole la mano, mirándole una vez más con advertencia antes de concentrarse nuevamente en el plato.

Verle comer el estofado era todo un espectáculo. Usó toda su manaza cual cuchara recogiendo cuanto podía, llenándose la boca y el mentón del jugo que empezaba a resbalar por su cuello mugriento. Cuando se cansó de pelear, optó por algo más sencillo: cogió el plato y se lo llevó directamente a la boca, como si fuera uno de los cuencos de madera donde cocinaba su madre, y fue dando bocanadas llenándose el gaznate de aquel suculento manjar. Al acabar dejó el plato con un golpe seco sobre la mesa y se sobó el estómago. Había comido demasiado rápido y eso, sumado a una gran cantidad de comida tras días sin probar bocado, pesaron en su barriga. Se le escapó un eructo, que no le dio vergüenza alguna, y miró al vampiro para ver qué venía después.
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Napayshni Yuvaraj
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