Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

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Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Ago 12, 2017 6:38 am

Recuerdo del primer mensaje :

Gruñí de pura rabia cuando Tobias me aviso que la pequeña comitiva que mandé al lago a recoger unas hierbas para paliar los efectos del acólito no habían regresado en su totalidad, dos de ellos habían sido apresados.
Solo en ese lugar crecía la verbena, con ella la hechicera creaba una infusión que podía ayudarnos a superar aquel veneno que usaban los cazadores para darnos una muerte lenta.

Había pasado una semana desde que Amara salio de mi vida, bueno, realmente era mas consecuente si decía justo lo contrario, desde que yo salí de la suya.
Me había volcado en mis quehaceres como alfa, buscando la redención, el olvido ..aunque no había logrado ninguna de las dos cosas.

Tenia claro mi lugar, como la cazadora el suyo y no la culpaba por elegir la plata de su apellido antes que a un hijo de la luna que la condeno a ser aquello que mas odiaba en este mundo.
Salí disparado hacia las caballerizas, mi espectro negro salio de la mansión al galope siguiendo el rastro de los míos, algo me decía que esa noche se derramaría sangre y voraz aseguraba que no seria la mía.
Pertrechado con mi acero, estaba dispuesto a dar caza y muerte a esos cazadores que sin preguntar como era en ellos fiel costumbre habían apresado a dos de los hombres de mi manada.

Nosotros nunca habíamos arrebatado vida inocente ¿podían decir ellos los mismo?
Odiaba con todas mis fuerzas a esos hombres que jugaban a ser dioses, luchaban contra las abominaciones del infierno como si no se dieran cuenta que los peores monstruos eran ellos.
No me costó seguir el rastro de los míos, no solo por las huellas dejadas sobre la húmeda tierra de sus caballos si no por el olor que desprendían sus cuerpos.

Desmonté en una gruta cercana al lago, al parecer allí el cazador había decidido darles muerte, pues el olor a sangre de ellos era potente, apostaría a que uno de los dos había ya perecido y el otro poco le quedaría, pues ríos escarlata bañaban el suelo de la entrada camuflando el hedor de su verdugo.
Desenvainé sedas dagas, paso a paso me adentré en los confines del abismo, mi sorpresa, no fue encontrar a los dos atados por uso grilletes, si no que la causante de esa tortura no fuera otra que la dulce mujer con la que había compartido lecho hasta en dos ocasiones.

Gruñí de rabia centrando mis pardos en los ajenos, no me esperaba y su cabello castaño creo una ráfaga de viento cuando giró el rostro para contemplar el mio.
-Argent, suelta a los míos y no te arrancaré la piel a tiras -rugí desafiante.
Era incapaz de llamarla por su nombre, el resentimiento aun anidaba en mi corazón corroyendome por dentro.
La culpa me atenazaba, debí matarla cuando tuve ocasión, era una cazadora y ella si sabia que yo era el enemigo pero mi debilidad por ella me había jugado la peor de las pasadas.


Última edición por Vashni Indih el Lun Nov 20, 2017 8:51 am, editado 1 vez


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Sáb Sep 23, 2017 4:54 am

Cabalgó a través el bosque siguiendo la dirección indicada por Vashni. Estaba preocupada, debió haber sido ella quien desviara el rastro que guiaría a los cazadores en dirección opuesta a la manada. Se maldijo a sí misma y de paso lo maldijo a él, ni siquiera en el lecho de muerte ese hombre dejaría de lado su necedad. Tan pronto como llegó al punto acordado, desmontó de un salto la cabalgadura y caminó impaciente de un lado a otro a la espera del lobo. Le asaltaba un denso sentimiento de inquietud y a pesar de querer ignorarlo, conocía que el estímulo directo de tal desasosiego era él, o más específicamente, su ausencia.

La situación carecía de sentido. No le conocía, no más allá de su nombre o su naturaleza. Eran enemigos o por lo menos era lo que se suponía debían ser, mas por él había transgredido los límites de lo sensato al contravenir los estatutos de su crianza, su linaje y, ahora, su propia sangre. Enfrentarse al lobo era lo debido; salvarle la vida fue un acto insólito, dejarse llevar por el deseo uno irreflexivo, pero atentar contra la vida de su propio padre y escapar sin más con el hijo de la luna, superaba la frontera de lo absurdo. Vashni le llevaba al límite y suscitaba en ella sensaciones que le eran desconocidas, que carecían de razón y, sobre todo, le atemorizaban.

Suspiró aliviada cuando, a lo lejos, vio el corcel del lobo acercarse a raudo galope; no obstante, la calma se desvaneció tan pronto como lo tuvo enfrente. El estado del hombre era deplorable, su piel pálida se perlaba en sudor, sus respiraciones se entrecortaban y su cuerpo se estremecía sin sutileza. Amara no entendía cómo le era posible mantenerse erguido. Con rapidez, se montó sobre el animal, acomodándose a las espaldas del hombre, le apartó con cuidado las manos de las riendas, tomando ella el control y de paso, brindándole a Vashni el apoyo de su cuerpo para que pudiese descansar.

A media consciencia, el licántropo señaló el senderó a seguir. El camino terminó en una gran verja que se alzaba en forma de árbol retorcido, la cual, cercaba una extensa propiedad. No pudo sacudir la sensación de familiaridad que le causó aquella fachada. Tan pronto como los vigías del terreno advirtieron el corcel que con prisa se acercaba, tesos y recelosos, permanecieron tras el enrejado, mas cuando avistaron la valiosa carga que llevaba, su alfa, no tardaron en acudir al rescate.

La castaña descabalgó primero con la intención de prestarle apoyo al lobo en su descenso, pero el cuerpo de este se desgonzó y cayó sobre la húmeda tierra antes de que pudiese evitarlo. Tuvo la intención de socorrerlo, pero antes de que pudiese realizar acción tres hombres se apresuraron en auxilio del alfa y otros dos le mantuvieron apartada de él; uno de ellos, el que aparentaba estar a cargo, le instigó con preguntas, mientras el compañero se ocupó enteramente de registrarle el cuerpo en busca de armas. El nombre del lobo se escapó de sus labios en un susurro. Opuso resistencia e intentó acercarse para obtener una mejor perspectiva del hombre, mas su esfuerzo no surtió efecto: no fue difícil retenerle, ella también se encontraba herida y, en tal estado, a los dos no se podría enfrentar. Resignada, Amara procuro ser concisa al explicar lo sucedido, mas solo alcanzó a advertir del acónito en las balas antes de que, quien le inspeccionaba, encontrara sus dagas.

“Argent”

La mención de su apellido fue emitida con un tinte de desprecio cuando el hombre se percató de la flor de lis grabada en las hojas plateadas. El semblante de los betas se endureció y tras asegurarse de que estuviese completamente desarmada, le inmovilizaron y empujaron sin cuidado al interior de la propiedad. Los residentes se aglomeraban a su alrededor, unos alarmados por las heridas de Vashni y otros que, por el contrario, optaron por desahogar sus preocupaciones en ella, fulminándole con la mirada. Los Argent se habían hecho toda una reputación.

Entre el conglomerado de ojos curiosos, un par de abismales irises aguamarina llamaron su atención. Una mujer, no mucho mayor a ella, le observaba con extrañeza. Sus miradas se conectaron por un instante, transmitiéndole una momentánea percepción de Déjà Vu, interrumpida por un grupo de curiosos que cruzaron en su panorama. Amara se detuvo un instante, frunció el entrecejo y moviéndose de lado a lado con disimulo buscó a la misteriosa señorita, a quien, como si se hubiese desvanecido en el aire, no logró ubicar.

Un segundo empujón le hizo retomar el camino.

Le abandonaron en un oscuro, húmedo y frío sótano, cuyas paredes se adornaban con variedad rasguños y cadenas con grilletes empotradas a ellas. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Supuso que era allí donde encerraban a los licanos menos experimentados en las noches de luna llena; afortunadamente para ella, aquella noche el astro madre de las bestias se alzaría en su fase opuesta. Amara aguardó por horas, que en su mayoría pasó golpeando con fuerza la puerta, exigiendo su liberación, o por lo menos, información del estado de salud Vashni.

Finalmente se resignó y se tumbó en un rincón de la bodega exhausta, cuando una punzada en el abdomen le recordó que su cuerpo también había sido maltrecho. Muchos eran los sucesos acontecidos en las últimas horas, pero ya no tenía ánimo para meditarlos. La única razón por la que seguía con vida era por que, seguramente, Vashni aún conservaba la suya y, en cierta forma, aquello mitigaba su preocupación; sin embargo, al otro lado del sótano, la castaña alcanzaba a escuchar retazos de la discusión que los betas llevaban a cabo. Todo un dilema, eso era ella. Mientras unos sugerían darle muerte y enviarle a su padre la cabeza por correspondencia, otros recomendaban aguardar a que el alfa despertara para entonces tomar una decisión.

Repentinamente el pasillo  se sumió en completo silencio. Amara se puso en pie extrañada, lista a oponer resistencia, a dar lucha hasta su último aliento. No obstante, sus intenciones se vieron trancadas cuando la puerta se abrió de par en par y quien emergió  del umbral no fue otra que la mujer de verde mirada. Desconcertada, la cazadora dio un vistazo por encima del hombro de la mujer encontrándose con los cuerpos tendidos de aquellos que custodiaban la entrada. La mujer se limitó a sonreír.

No te preocupes, están en un breve estado de inconsciencia, nada grave — Le explicó la señorita

La castaña gruñó a la bruja con desconfianza.

¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres?— Inquirió cruzándose de brazos.

La mujer ladeó la cabeza y achicó los ojos, observándole intrigada.

Yo, nada — Aseguró— Pero sé de sobra que a Vashni no le complacería verte acá — movió su mano, señalando el sombrío entorno — Sígueme.

La mujer se dio media vuelta e inmediatamente comenzó a andar. Amara quiso replicar, pero su interlocutora, que a presuroso paso avanzaba por los pasillos de la mansión, no le dio cabida para ello. Se detuvieron frente a una habitación en la tercera planta de la residencia. Amara entreabrió los labios dispuesta a indagar más, pero la bruja se llevó el índice a los propios y siseó por lo bajo pidiéndole que se callara mientras abría la puerta con cuidado.

En el interior del aposento se encontraba el Alfa, tendido sobre su lecho, con el pecho descubierto. No estaba consciente, pero estaba vivo. Al verlo exhaló profundo, sintiéndose ya más tranquila y entonces, sigilosa, se acercó a él y tomó asiento a su lado. Instintivamente pasó la mano por la mejilla del hombre; su temperatura no se encontraba tan elevada, evidentemente se estaba recuperando.

Escuchó la puerta cerrarse. Alzó la mirada en busca de la mujer, pero de nuevo, esta había desaparecido. Suspiró cansina y procedió a recostarse sobre el lecho, perdiendo su mirada las facciones del lobo como si se tratase de todo un misterio. Pronto los párpados comenzaron a pesarle y, presa del agotamiento, la castaña se dejó caer en los brazos de Morfeo.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Sep 23, 2017 6:44 am

-¡Amara! Aullé entre gruñidos alzando mi torso de golpe del lecho completamente consumido por la idea de que no estuviera a salvo, que su padre no solo la hubiera dado caza, si no muerte.
Apreté los dientes al sentir el dolor que atravesaba que atravesaba mi pecho, los boquetes de la plata seguían abiertos, tardarían en sanar y mas cuando el veneno recorría mi organismo sin piedad.

Me costó centrar la mirada, manchas marrones sombras y una cálida luz anaranjada proveniente de la lumbre que crepitaba en la chimenea de piedra de la cámara que ocupaba.
Mentiría si dijera que fue eso lo que mas me calentaba, el cuerpo de la mujer que amaba descansando a mi lado sobre el lecho fue lo que me impulsó a la calma, así despacio, volví a dejarme caer sobre las sabanas.

Mis dedos se pasearon sutiles por cada contorno de su rostro, apenas un rocé, despertarla no era mi intención, no cuando estaba herida y cansada.
-Has sido una necia -susurré consciente de que no me escuchaba -ponerte en contra de los Argent, tu padre solo conoce una ley, la de la muerte.
Gruñí tratando de encontrar la solución a esta desfachatez, algo me decía que esto no iba a olvidarse solo con un conjuro, su padre la consideraría una traidora y en breve su cabeza tendría precio, uno tan elevado como la mía, el artífice de la luna roja.

Negué contemplándola, su belleza no conocía ante mis ojos parangón, mi deseo por ella era un hecho irrefutable y ahora apreciamos habernos convertido en compañeros de viaje, el destino sin duda jugaba con nosotros como meros juguetes que mover a su son.
Mucho teníamos que hablar, posiblemente me exigiera explicaciones que no sabia como demonios darle. Descubriría que yo era el causante en parte de la muerte de su familia, me odiaría, ese secreto desvelado en el oído de su padre si se hacia publico la convertiría de nuevo en mi enemiga, si es que en algún instante habíamos dejado de ser rivales.

Mi aliento golpeó sus labios, permanecer lejos era algo complicado, necesitaba volver a sentir su calor embriagando mis sentidos.
Entreabrí mis labios, mas cuando apenas un roce se produjo abrió sus enormes ojos forzándome a ladear la sonrisa de forma engreída.
-Buenos días “princesa” iba a ver si con un beso despertabas de tu letargo -bromeé sin apartar de sus enormes islas mi vista.

Quizás mis palabras sonaban rudas, algo irónicas para un despertar como este en le que ambos nos habiamso jugado a una carta todo por el otro, mas yo no sabia como desenvolverme en estos casos.
Un instante de silencio que creo agradecimos ambos fue el resultado mientras nos mirabamos fijamente, inspeccionando nuestro estado.
-Creo que necesito un whisky o dos ¿quieres? -pregunté incorporando mi torso.

Apoyé los pies en el suelo antes de ponerme en pie con un claro gesto de dolor ante su atenta mirada, nos esperaba una complicada conversación, una que creo no sabíamos como empezar ninguno de los dos.
Serví sendas copas, los peces chocaron en el liquido mientras mis pies descalzos volvían hasta ella.
Le ofrecí la copa, le sentaría bien, le calmaría le dolor y esperaba nos ayudara a aflojar la lengua a los dos.
-¿Te equivocaste de a quien golpear con la piedra cazadora? -bromeé curvando la comisura de mis labios.
¡Perfecto! Empezaba bien sin duda.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Sep 29, 2017 3:53 am

Despertó con un hálito tibio acariciando sus labios y los del lobo friccionando etéreos los suyos a escasos milímetros de distancia. Tan pronto como sus pestañas se desenlazaron, abriendo paso a sus dos pardos y saturadas constelaciones, la boca del hombre se detuvo en su cauteloso avance, mientras ella, le contempló inmóvil y en silencio. Una efímera evocación de la huella que le dejaron los besos recibidos, cuando sus cuerpos se enredaron refugiados en la penumbra de aquella gruta, se extendió eléctrica y hormigueante por la curvatura de sus labios. El lobo ladeó la sonrisa y se apartó brevemente para observarla a más detalle; hubiese sido una vil mentira negar la moderada decepción que le causó tal retroceso.
Resopló y apretó el entrecejo, entrecerrando los ojos como silente respuesta al comentario del hombre.

Así que en vez del príncipe encantador a mí me ha tocado el lobo grande y malo— Enarcó ambas cejas mientras una sutil mueca se torcía divertida en sus labios, dotando así a sus palabras de tono irónico, muy similar al que el utilizó al dirigirse a ella — Esa es una excusa muy pobre para no querer admitir que deseas besarme de nuevo.

El discurso del lobo se mantenía mordaz; quizá era su esencia hablando por él, o simplemente la consciencia de sus naturalezas opuestas, esa que les condenaba a ser enemigos eternos, a enfrentarse, él en nombre de su astro madre y ella por convergencia entre sangre y plata. Había sido ridículo considerar que la fuerza de un solo acontecimiento pudiese contraponerse a un legendario y poderoso enfrentamiento que les aventajaba por siglos; lo de ambos era una brisa rebelde, enfrentada a un implacable huracán.  

Vashni se alzó del lecho en busca del trago que sugirió necesitar, haciendo evidente esfuerzo por simular la aflicción que le acogía. Las hendiduras infligidas por la plata de su padre necesitarían de tiempo para cerrar, no sólo por causa del argéntico material que las ocasionó, sino también por efecto del letal veneno que lo recubría, desacelerando el proceso de sanación hasta extenderlo a un lapso casi mundano, que los semejantes al licántropo, por concesión de la maldición, usualmente no se veían forzados a experimentar.

No articuló palabra. Observó con detenimiento las acciones del hombre, quien se ocupó de servir el ambarino y anhelado líquido en dos vasos de cristal. Para cuando él se giró sobre sus talones y le enfrentó de nuevo, Amara ya se había puesto en pie, sin retirarse en demasía del lecho, estirando los pliegues de sus vestiduras con las manos. A paso cadencioso él volvió hasta ella y le ofreció una de las dos copas que sostenía; ella la recibió con resignación y a diferencia de su opuesto, que tanteó el líquido en un primer sorbo, la castaña vació el contenido de un solo trago al escuchar la satírica e incisiva interrogación que este le formuló, sintiendo el paso del alcohol calcinarle la garganta.

Se cruzó de brazos, anclando sus espesos pardos en los de él, con temple desafiante navegando sus gestos y una petulante sonrisa cincelada en su boca.

¿Y a ti se te olvidó a quién has traído a tu hogar, lobo? — Respondió a la indagación con otra similar, recordándole que ambos se encontraban en comprometedora situación.

Avanzó en un corto paso dirección a él y su mirada se precipitó hacia la profunda lesión que, con su daga, Bastien le había signado en el pecho, muy cerca del corazón. La examinó maravillada, primero sobrevolándola con sus marrones y luego con el grácil tacto de la yema de sus dedos. El margen de error no era mayor a un centímetro, escasa distancia que para el lobo había significado la diferencia entre la vida y la muerte. Recorrió los bordes de la cisura delicadamente, con la piel ajena ardiendo bajo su tanteo. Incluso el más etéreo de los acercamientos era estímulo suficiente para enloquecer sus sentidos, que lo pedían todo de él. Su mirada subió cansina, de nuevo en busca de los pardos ajenos, adornados con tintes verdes que al candor del fuego refulgían sin verse obligado a despertar la mirada ambarina de su bestia.

Eso debió doler — musitó encandilada por lo que aquel hombre le causaba

Apretó los labios. “No tiene sentido” se recordó. De golpe apartó la mirada de él y en conjunto a ella toda su corporeidad, apresurándose hacia la cómoda donde descansaba la botella de whisky, cuyo contenido procedió a verter en el recipiente que sostenía entre sus manos. La tensión que se concentraba entre ambos era densa.

Tras dar un nuevo sorbo volvió a enfrentarlo.

Mira, iré directo al grano, no me gustan los rodeos — Comenzó, relamiendo de sus labios los residuos del fermentado licor; ser sincera en extremo era, probablemente, su peor defecto— No sé qué es lo que sea… esto —Hizo una pequeña pausa e inhaló profundo, sus dedos tamborileaban nerviosos sobre el cristal— pero estoy al tanto de que soy un peso muerto, mi padre no va a descansar hasta encontrarme… vale, follamos y estuvo bien, te he salvado la vida y me la has salvado a mí, estamos a mano, así que no me debes nada, tampoco tienes ninguna responsabilidad conmigo…. Pero sí con tu manada. Eres su alfa, debes cuidar de ellos y yo soy un riesgo. Sé que debo irme.

Apresuró de un trago el líquido restante y colocó la copa adyacente a la botella. Estaba divagando, era consciente que de Bastien no podía huir. Amara era la propiedad más despreciada de su progenitor, hecha a su imagen y semejanza. La conocía mejor que nadie, él había hecho de ella lo que era: sabía cómo pensaba, cómo sentía, cómo luchaba. Estaba sola, no tenía nadie a quién acudir, todos a quienes conocía se reducían a dos grupos, simpatizantes de su padre o detractores de la plata. No quería admitirlo, su orgullo no se lo permitía, pero realmente estaba acabada, había jodido su propia vida y todo… por él, un desconocido.

Tu sólo… deja que me dé un baño... y dile a esos salvajes que llamas manada que me dejen salir. Seguramente me deben estar buscando por toda la propiedad. Saben que soy una Argent y estoy segura de que les has enseñado bien en quien no confiar —sus comisuras se elevaron en media sonrisa entretenida— De no ser por esa mujer… probablemente seguiría encerrada en ese horrible sótano que reservas para la luna llena.


Última edición por Amara J. Argent el Vie Oct 13, 2017 7:18 am, editado 1 vez


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Dom Oct 01, 2017 9:16 am

La cazadora no podía evitar retarme, no solo con esos pardos altivos que centelleaban, una sonrisa petulante y una mordaz frase que me recordaba que yo debía haber olvidado a quien había llevado a mi hogar.
-Te equivocas cazadora, se perfectamente a quien he traído a mi hogar -susurré sin apartar mis ojos de los suyos. Un instante basto, magia era lo que existía entre nosotros una eléctrica que nos atraía, en el que el tiempo se detuvo en el que nuestras miradas hablaron y nuestros labios callaron furtivos.

Me relamí dando un trago del ambarino liquido, era incapaz de que mis ojos no surcaran sus labios. Amara acortó la distancia, su mirada siguió el sendero de la herida de mi pecho, un tajo que de haber sido movido apenas un centímetro hubiera implicado mi muerte.
Sus pardos acompañaron ahora el descenso de la yema de su dedo, suave tocaba el abultamiento de mi piel quebrada, veía sufrimiento en su mirada, sus palabras escaparon diciendo en voz alta lo que pensaba.
Mi mano acortó la distancia hasta la suya, ambas ancladas sobre mi pecho, la sostuve acariciándola con temple, con mis dedos surcando su piel mientras su mirada se elevaba cansada chocando con mis pardos.
-Ahora apenas me duele.

Era cierto, sus caricias eran un bálsamo, de nuevo entre nosotros se creaba ese ambiente espeso, ese que orillaba nuestros cuerpos y que acercaba nuestros labios con la intención de susurrarnos.
Fue entonces cuando la dama apretó los labios, mi aliento mojado en alcohol calcinaba su boca, huía, conocía esa sensación de ser abandonado, no era la primera vez, no seria la ultima y lo peor es que guardaba tantos secretos que de conocerlo en vez de huir acabaría el trabajo de su padre con un gusto.
Ladeé la sonrisa con aire engreído, alcé los muros, los escudos ante mi, la batalla comenzaba de nuevo.
-Será el alcohol que hace efecto -bromeé al verla servirse una copa vertiendo de nuevo el contenido en el vaso.

Como si el trago le insuflara fuerzas se giró para enfrentarme, duelo de miradas, aceros que chocaban.
Escuché sus palabras, restaba importancia al polvo echado, no esperaba menos de esa mujer que desde el principio me mostró el lado salvaje, desafiante que me gustaba, que me atraía y que me cabreaba a partes iguales.
-Cierto ya dejó claro tu padre que no era el primer lobo al que protegías, al parecer a la cazadora le cuesta apuntar al lobo feroz, sobre todo cuando lo mete entre sus piernas.
Celos, terribles celos que surgieron voraces de mis entrañas, que le echaban en cara encuentros pasados, que para ella no tenían ningún significado pues solo era un extraño, por ende, para mi era mucho mas que eso, no era ni de lejos la primera vez que compartíamos lecho, ni la primera que su piel se convertía en mi refugio.

Rugí atrapando su muñeca cuando hizo el ademan de largarse, eso si, recordándome que tras el baño necesitaba que le dijera a mis hombres que le abrieran paso.
-no -rugí sin mas -no te vas a ir, me importa una mierda si crees que estamos o no en paz. En cuanto pongas un pie lejos de mi mansión tu padre te dará caza, la muerte es lo mejor que podría pasarte, considérate mi prisionera o mi invitada, considérate lo que quieras, solo hay una realidad, no vas a salir de aquí ¿lo entiendes? -rugí cabreado -tu has salvado mi vida, te lo debo -rugí de nuevo.

A la mierda, la distancia entre nuestros cuerpos la acorte con voracidad, mis ojos centellearon ámbar, mis manso en sus nalgas, la elevé con rabia, mi boca la buscó desesperada, lengua que fondeo en aguas bravas y el sonido del cristal estallado contra el suelo por la rudeza del acto.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Oct 13, 2017 1:15 pm

Estás demente — Espetó ofendida cuando el lobo le sostuvo por la muñeca, alegando que que no le permitiría irse — Déjam-

No alcanzó a terminar la frase. De un tirón brusco sus cuerpos se juntaron y la boca del lobo acalló sus palabras, colisionando ávida contra la suya. Quería resistirse, estaba molesta, era obstinada y no acostumbraba a permitir que otros hicieran siquiera el intento de doblegar su voluntad, pero al sentir la calidez de los labios ajenos envolviendo los suyos con pasión, se encontró a sí misma correspondiéndole de manera semejante. Le era imposible rebatir el deseo ardía intenso al anular la distancia que separaba sus cuerpos. Abrazó sus manos al cuello del hombre y lo presionó contra ella mientras sus lenguas se enfrentaron a muerte sobre la frontera. De las nalgas él la elevó sin esfuerzo y con sus piernas, ella le aferró las caderas, otorgándole la libertad de explorar su cuerpo.

Una de las manos del hombre se aferró con fuerza a sus nalgas, apretándolas con codicia, mientras la opuesta ascendió ruda por su espalda hasta enredarse en sus rizos, revolviéndolos, despeinándolos y tirando de ellos cuando, tenaces, los labios de él se abrieron paso hacia su cuello, paseándose por su mentón y siguiendo el sendero de la curvatura bajo el mismo, succionando y marcando la tersa piel que allí encontró.

Él le acercó hasta la cómoda donde reposaban su vaso y la botella de Whisky. En tanto sintió el obstáculo a sus espaldas, de un manotazo Amara apartó lo que encontró, botando sin cuidado el cristal que se quebró en el suelo a medio metro de los pies de Vashni, no obstante, a ninguno pareció importarle. Una vez libre el camino, él la depositó bruscamente sobre el mueble sin detenerse en la conquista de su piel; ella, anhelando el sabor alicorado de la boca que serpenteaba por otras tierras, le tomó por la mandíbula y lo elevó de nuevo a la altura de la suya, buscándolo hasta estrellarse contra él con apetito, mordiendo y contorneando la forma de sus labios con la lengua.

Amara hundió sus dedos en la piel de Vashni, oprimiéndole las yemas en los marcados músculos de los brazos, la espalda y deslizándolas hasta sus oblicuos, tirando de él, buscando sus caderas, queriendo sentir la compresión del abultamiento que duro se extendía contra su centro. Ahogó un gemido en la boca del hombre, expresión que emergió ante la idea de acogerlo en su interior. La fricción de sus cuerpos la estimulaba, la excitaba terriblemente. Nunca en su vida había deseado algo como deseaba a ese lobo, mas estaba muy perdida en la humedad de su boca como para sentir culpa alguna.

La corporeidad entera le dolía, resentía los golpes recibidos con anterioridad, quizá Vashni sólo necesitaba un par de horas para sanar, pero ella, en su condición humana, requería por lo menos un par de días; sin embargo, aquello tampoco le detuvo. Las manos del hombre surcaban sus curvas con furor y estaba segura de que, aunque pudiese calcinarla con ellas, no sería capaz de oponer resistencia. Se separó un instante, apoyando su frente contra la ajena con una evidente mueca de aflicción impresa en sus facciones. Jadeante, alzó sus pardos y se encontró con la mirada del lobo centellando ambarina. Sus labios aún se rozaban etéreos, el candor de sus alientos abrasaba en el medio y tan pronto se recompuso, la cazadora se inclinó hacia delante pretendiendo encontrarlo de nuevo. Él rehuyó… temeroso ¿quizá?

No lo hagas — Suplicó en un susurro, con su labio inferior retemblando sutilmente por el deseo

Aquella petición era bastante impropia de sí misma. No iba a admitirlo, pero en él encontraba alivio. Firme atrapó su rostro y lo atrajo de nuevo hacia ella, comenzando esta vez con un beso lento, suave, permitiéndose degustarlo sin la prisa pasional de su anterior encuentro. Le acarició la barba y desplazándose hacia la nuca, sumergió sus finos dedos entre los cabellos. Sus piernas le tantearon los costados y de nuevo sus caderas se contonearon, cadenciosas, rítmicas, sensuales… llamándolo, pidiendo todo de él. Poco a poco el compás de sus movimientos se apresuró, era consciente de que Vashni no quería lastimarla, mas en cuanto a ella respectaba únicamente necesitaba que le consumiera.

Las manos del hombre sobrevolaron los lazos que mantenían sujeto su corsé y de ansiosos tirones empezó a desanudarlos. Repentinamente, la puerta de la habitación se abrió de par en par y ambos se separaron de golpe. Del umbral emergió uno de los hombres que le recibió a la entrada de la mansión; el mismo que le había interrogado y quien supuso era la mano derecha del Alfa. Tan pronto como su mirada se encontró con la del beta supo que era a ella a quien buscaba y que la sorpresa que le surcaba el semblante no era resultado del lugar en el cuál le había encontrado, sino más bien la posición. La situación era bastante incómoda, pero Vashni la manejó bien, el hombre se disculpó y abandonó la habitación cerrando la puerta tras de sí; no obstante, para ninguno de los dos fue un secreto que lo presenciado por el otro lobo poco le agradó.  

De un salto ella bajó de la cómoda y se acomodó la ropa. Suspiró, lo enfrentó de nuevo y enarcó las cejas con sus comisuras elevadas en media sonrisa avergonzada.

De verdad no les agrado — No esperaba menos, era lo más coherente, ella era una cazadora, una Argent, su reputación le precedía. Se cruzó de brazos y observándolo inquisidora entrecerró los ojos — ¿Realmente estás dispuesto a enfrentar a tu propia gente, tu naturaleza, tu odio… por mí? —Arrugó el entrecejo en una mueca de incredulidad— Lo siento, Vashni, pero eso no me lo creo ni por que sea el mejor polvo que hayas tenido en toda tu vida.

Se sumieron en un instante de silencio. Estaba segura de que había información que le estaba ocultando, que retenía y no estaba dispuesto a soltar con facilidad. Exhaló fuerte y se relamió los labios, ya tendría tiempo para averiguarlo.

Bien, no me lo digas — Se desplazó hasta la puerta y colocó el seguro, entonces volvió a él y lo empujó al lecho, procediendo a trepar sobre su cuerpo — ¿Dónde estábamos?


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Dom Oct 15, 2017 3:57 am

Su replica murió en mis labios, beso correspondido, nuestros labios se acariciaron cálidos, chocando furibundos, demasiado hambrientos para ser controlados.
Ella me había olvidado, la magia me borró por completo de su recuerdo, se marcho para volver a su vida, a ser esa cazadora letal, mi enemiga.
Mi lengua atravesó el precipicio de sus labios, devolviendo ese recuerdo que yo tenia marcado a fuego. Para ella era la primera vez que paladeaba el sabor de mis labios, ligeramente alicorado nuestras bocas se mordían engrosando nuestros labios entre roncos jadeos que delataban como estábamos.

Mis manos en sus nalgas, las suyas enredadas en mi pelo, con sendos brazos rodeando mi cuello, tiraba de mi pegándome mas a su boca, ansiosos ambos por saborearnos, besarnos, desesperada mi mano fue acortando la distancia hacia la mesa.
Nuestros cuerpo reptaban incandescentes.
Sus piernas amarradas a mi cintura mientras mi hombría presionaba endurecida contra su centro.

Un gruñido acompañó el gesto en el que la botella fue estampada contra el suelo, los cristales se esparcieron por la habitación, sus nalgas apoyadas con rudeza contra la madera noble la hizo gemir de dolor.
Me detuve un instante, estaba herida y yo demasiado excitado para ser consciente de la rudeza de cada movimiento.
Sus manos se deslizaban por los músculos de mis brazos atrayéndome contra ella, ambos nos mirábamos fijamente, la lumbre encendía sus ojos en tonos naranjas, era demasiado bella para ser ignorada.
Jadeé contra su boca buscando una contención que no hallaba mientras su frente apoyada en la mía trataba de coger el aliento necesario para continuar.

Mis ámbar brillaban presos de la necesidad, mis manos surcaban su cuerpo como un velero cuando la tormenta arrecia y las olas lo empujan a la deriva sin puerto ni timón. Sus curvas eran pecado y juro por dios que no pensaba en otra cosa que en pecar a cada sorbo de vida que su piel me daba cuando me embebía de ella y de su sabor.
“No lo hagas”
Gruñí ante su petición, sus dedos me atrajeron del pelo, su boca me buscó despacio, la mía la encontró ebria de sus besos.
Deslié mi lengua por su precipicio, húmedas se encontraron ambas dibujándose, acariciándose despacio, permitiendo disfrutar de un instante diferente, uno que hablaba de los sentimientos que yo tenia y ella había olvidado en este tiempo.

La tenacidad del beso se fue convirtiendo en calor, en brasa y en fuego, mis dedos tironeaban de las cintas de su corseé mientras sus caderas contenciosas danzaban contra mi duro miembro invitándome a jugar con ella.
Con lascivia lamí sus labios atrapando su sonrisa, entre gruñidos tiré de su corsé para desnudarla, mi boca recorrió la curvatura de su mandíbula, mis dientes la marcaron, era mía y así lo sentía, así quería que lo entendiera ese otro lobo que la cortejaba cuando yo no miraba.
Rugí de nuevo celoso, marqué su cuello con mis dientes, succionando su piel con rudeza y alevosía mientras ella gemía presa de la violencia de un lobo que la necesita.

La puerta se abrió en ese instante, uno de los míos al otro lado, con mis ámbar centelleando y un gruñido fue mas que suficiente para que entendiera que no era el momento de juicios ni valores emitidos, mi deseo por ella iba mas allá de lo cuerdo, lo ético o lo bien visto, yo me había enamorado de ella y quizás era cierto, era mi maldito enemigo.

Amara se deshizo de mi agarré y con el del calor de mi cuerpo. Bajó rauda de encima de la mesa para enfrentarme con el entrecejo fruncido, no le faltaban razón a sus palabras, mi manada estaba por encima de todas las cosas, yo era su alfa, dependían de mi y no podía fallarles, ya había perdido demasiado por los Argent.
Claro que había algo que ella no sabia, que en esa manada, ella tenia un hueco, yo la convertí en lo que era, una loba oculta tras la magia de un medallon que la condenaba a habitar en dos mundos de perdición.
No era solo una loba, no era solo una cazadora y su olor me volvía tan loco como la razón a ella.

Silencio, eso fue todo cuanto encontramos como preguntas y respuestas, ella no entendía, yo prefería no explicarle la realidad sobre una relación que se sustentaba en mentiras.
La vi caminar hacia la puerta, no se lo impedí ¿como hacerlo?
Mas mi sorpresa vino cuando lejos de cruzar ese umbral que volvía a separarnos, cerraba la puerta y volvía en busca de mis labios.

Entre voraces besos volvimos al lecho, caí sobre este ladeando la sonrisa al escuchar su “¿por donde vamos?” Lleve mi mano hasta su muñeca y la atrapé tirando de ella hasta que su cuerpo chocó con el mio, ambos reímos cómplices mientras de un movimiento sobrenatural la giré depositandola bajo mi cárcel de piel y hueso.

Mi mirada ámbar se perdió en sus oscuros orbes mientras mi boca descendía rápida por sus pechos.
A tirones me deshice de cada prenda de su ropa, jadeaba recorriendo los senderos de su piel, lamiéndolos y mordiéndolos, no hubo zona que no marqué con mis dientes, como en un apareamiento entre dos lobos.
Mi cabeza se detuvo entre sus piernas, nos miramos un instante antes de que mi lengua se hundiera en su trinchera, lamiéndola de arriba a bajo, paladeando su sabor, sintiendo como sus caderas bailaban calientes contra mi boca entre roncos jadeos.
Su mano aferraba mi pelo hundiéndome mas dentro, estaba muy excitado, ella era la culpable única de mi estado.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Lun Oct 30, 2017 5:51 am

Tras reclamar su boca en insaciables besos, manos ávidas arrancaron sin piedad las prendas que enfundaban su piel mientras los labios del lobo descendieron por ella, contorneando la forma de su cuerpo, paseándose libre por la curvatura de su cuello, recorriendo el camino de los huesos en su clavícula, las elevaciones de sus pechos, la circunferencia de sus pezones, ofrecidos a él y sólo a él para ser consumidos, succionados, mordisqueados… finalmente, la planicie de su abdomen que guio la lengua serpenteante en declive hasta el borde de su abismo. Los irises de su acompañante, refulgentes en ámbar, navegaron por su cuerpo desnudo hasta colisionar con sus pardos, en una pausa traviesa que pareció eterna antes de que la humedad de su boca contrastara con el candor de su feminidad que aguardaba impaciente por él.

Tan pronto como la lengua del hombre se sumió en sus profundidades, se mordió los labios con fuerza para ahogar los gemidos que amenazaron hacer su camino a través de ellos; para Amara incluso la intimidad era un juego y como buena Argent no estaba dispuesta a perder, esfuerzo en vano, pues no tardó en descubrir que quizá era demasiado tarde para ocultar lo que aquel lobo causaba realmente en ella. Su sexo se contrajo ante la estimulación, húmedas y blandas caricias que recorrieron sus confines de principio a fin, concentrándose en su clítoris, alternando entre movimientos rítmicos, primero lentos y luego raudos que le hicieron estremecerse de puro placer. Sus manos, ansiosas, se sumergieron en los castaños cabellos de Vashni, enredándolos, halándolos y despeinándolos con sus dedos como prueba tangible de la excitación que le arrasaba y no daba tregua.

Su espalda se arqueó sutilmente y sus caderas se elevaron buscándolo, eróticas, abrasadoras, necesitadas de él. Estaba frenética; sus respiraciones profundas y agitadas se aceleraban en relación proporcional a su pulso, a la sangre que, fluyendo de prisa por el veloz palpitar de su corazón, ruborizó sus mejillas e hinchó su vulva. No lo soportó más, sus piernas temblaron sin control, su cuerpo de removió inquieto destendiendo las cobijas y sus labios, entreabiertos, rosáceos y engrosados por la presión de los dientes, susurraron a media voz el nombre del hijo de la luna, pidiendo… suplicando por más en medio de jadeos entrecortados.

El hombre se detuvo y sus ruegos, desesperados, se disiparon en el aire. Deslizó la mirada hasta el lobo, quien le devolvía una entretenida, escoltada por una ladeada sonrisa que expresaba, sin necesidad de palabras, lo mucho que lo complacía dejarla en aquel estado. Amara gruñó frunciendo el entrecejo, aunque el gesto se relajó en breve cuando Vashni ascendió por su cuerpo, siguiendo de vuelta la ladera de su dermis que antes lo encauzó hasta su centro, alcanzando entonces nivel de su rostro, con exhalación ardorosa y furibunda; él aún conservaba el pantalón, pero el abultamiento bajo la prenda dejaba en claro que estaba más que listo para ser consumido en su interior.

Sus manos deambularon por los músculos que amoldaban el torso de Vashni. Tras un ligero empujón y medio bote, la cazadora volvió a reclamar la posición de dominio, montándole en los muslos, mientras se ocupó de los broches del pantalón, que, para el momento, comenzaba a estorbar. El miembro del hombre emergió de la tela ante sus pardos, grande, erecto y duro, probándole por qué era el alfa. Amara lo contempló silente, tomándolo entre sus dedos, tanteándolo lento. El lobo rugió impaciente y ella, maliciosa, volvió su intensa mirada hasta la de él, ambarina y centellante. Ladeó la cabeza, entrecerró los ojos y sonrió ladina, aquel era un juego de dos. Sin desanclar sus ojos de los semejantes, se inclinó despacio hasta que sus labios tocaron la punta… un último vistazo, sus cabellos cayeron ondulados a un lado y entonces su boca lo acogió por completo, subiendo y bajando por el tronco, circunscribiendo la forma del mismo con su lengua.

Las manos del hombre recogieron sus castaños risos mientras jadeos guturales nacieron de sus cuerdas vocales; ella, complacida por el resultado, continuó arrancándoselos en movimientos placenteros, rítmicos, pausados y acelerados… solo deteniéndose cuando lo consideró suficiente.

Elevó el torso y enarcando las cejas le sonrió al lobo, cuyo falo, alzado y palpitante por la presión de la sangre que ardía en su interior, pedía ser montado. El glande surcó la tibia y húmeda entrada de su caverna, acariciándola, palpándola, antes de ingresar en ella sin piedad. Amara gimió presa de una excitación sin igual, como si su cuerpo hubiese sido forjado para él; no obstante, aunque el goce que le asaltaba se suponía era nuevo, no dejaba de sentirse como un déjà vu.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Lun Oct 30, 2017 7:53 am

Sus caderas se lazaron mientras la espalda formaba un arco, vaivén de caderas contra mis jugosos labios, sentí sus piernas temblar, su cuerpo tensarse y antes de que sucumbiera a ese placer que escapó de sus labios en forma de mi nombre lacé la mirada con autosuficiencia.
Me relamí su sabor mientras ella fruncía el ceño no muy convencida de que me hubiera detenido en medio de su urgencia.
Mas su enfado se termino al sentir mi cuerpo como su escudo, gateé por la piel ajena dejando que mi bulto golpeara su centro con hambruna.

Mi lengua perfiló sus labios, incitándola a besarnos, mas esta vez fe ella la que volteó mi cuerpo mientras sonreía divertida.
Su boca se deslizó por mi piel, mi vientre se contrajo por el paso de su lengua, mis ámbar centelleaban necesitados de que siguiera descendiendo y creo que lo notó por mi impaciencia mientras aflojaba las hebillas de mi pantalón liberando al kraken.

Jadeé roncamente mirándola, enredando mis dedos en el pelo de su nuca para que bajara y lo engullera.
En puño atrapé sus ondas mientras su sonrisa traviesa me desafiaba.
Un beso en mi glande antes de que su humedad se abriera y lentamente se deslizara por mi tronco haciéndome gruñir de puro placer.

Su lengua recorría mi glande acompasada al movimiento de sus labios, sus ojos no dejaban de contemplar mis ámbar como si de algún modo disfrutara escuchando la excitación escapando de mi garganta de forma gutural.
Tiré de su pelo cuando mi palpitante falo no aguantaba mas, su maliciosa sonrisa chocó contra mis labios.
Gruñí ansioso empujando sus caderas hacia abajo mientras la gruta se abría, las marismas me acogían y el leviatan se adentraba con rudeza en el interior de ella.

Mi boca en su mandíbula, marqué su cuello succionandolo entre gruñidos, algo muy propio de los míos.
Era mía y ese era el modo de gritarlo a todos incluso a ella.
Cabalgaba como una amazona, sus pechos botaban ante mi turbia mirada, hasta que una de mis manos atrapó uno para llevarlo contra mis labios.
Coroné sus pezones, tirando de estos con mis dientes mientras nuestros cuerpos forjados a fuego no dejaban de moverse friccionando.

Tensó su cuerpo se arqueó ofrecido, gruñí agitado, mi falo se sacudió en su interior llenándola de mi entre roncos jadeos mientras sus paredes me apretaban la verga.
Caímos extenuados, perlados en sudor sobre las sabanas, nuestra respiración chocaba enérgicas contra los labios ajenos.
No salí de su interior, como si es pudiera anclarla a mi tanto como las marcas de su cuello.
-No tienes donde ir -le dije tras un profundo silencio -así que deja de decir estupideces, sabes que si tu padre te encuentra, te matará.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Lun Nov 20, 2017 3:10 am

El lobo tiró de ella deslizándose en su interior, adentrándose con ávida rudeza en el candente abismo que aguardaba por él. Gimió complacida sin poder contenerse mientras Vashni se abrió paso en ella; sus caderas danzaron a ritmo armonioso, seduciéndolo, provocándolo, con su frente recostada sobre la de él y sus labios rozando gráciles los ajenos. Conforme la pasión iba en crescendo también fueron más alborotados sus movimientos, e inmersa en la fricción de sus cuerpos, en las manos y los labios que le sobrevolaban sin recato, alcanzó la cumbre del placer precediéndolo a él.

Agotados por el placentero esfuerzo, sus cuerpos se desplomaron exhaustos sobre el lecho, acomodándose cadenciosos entre las sábanas. Él permaneció en su interior, sus piernas se entrelazadas y ella, silente, lo contempló con sus intensos pardos, mientras sus agitadas respiraciones retornaban a la normalidad, colisionando suaves entre la escasa distancia que separaba sus rostros. La cazadora posó su mano sobre el rostro del lobo, tanteándole las mejillas con la yema de sus dedos, descendiendo con ellos por el sendero que los llevó hasta el pecho, piel desnuda en la que se dibujó abstractas figuras invisibles.

Fue él quien rompió el silencio con palabras que detuvieron en seco el impreciso trazo de su índice. Su mirada, que se había deslizado sobre el lienzo, retornó intrigada a la de quien se suponía era su enemigo.

¿Necesitabas todo eso para decirme algo que ya sé? — Indagó divertida, con una ceja enarcada y media sonrisa sutil curvándole los labios — Conozco a mi padre, Vashni, lo conozco mejor que nadie y sé lo que es capaz… de encontrarme, si tengo suerte, me matará, sino me hará desear estar muerta, eso lo sé — Admitió encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto — La verdadera pregunta es ¿Por qué te importa? Si vivo, si muero ¿Qué diferencia hace para ti? — Silencio… o alguna farsa, sabía que del lobo solo obtendría más que alguna de las dos cosas así que no aguardó por respuesta — Pero no me lo dirás ¿verdad? No me lo dirás, discutiremos y tendré que coger mis cosas y salir cabreada pretendiendo que no quiero estar aquí contigo cuando la verdad es otra...

La confesión se escapó de su boca sin filtro ni rodeo. Él le observó con sorpresa como si lo que esperase escuchar de ella fuera algo completamente diferente a lo recitado.

¿A qué jugamos tú y yo? — Inquirió en un susurro, con sus pardos extraviados en los del hombre

Repentinamente avergonzada, Amara le rehuyó la mirada, no acostumbraba a andar por el mundo admitiendo cómo se sentía, mas aquello que le ataba a ese lobo era demasiado fuerte como para ignorarlo, incluso si la idea carecía de coherencia.

Me quedaré — declaró al fin tras un instante de silencio — Por un día o dos, mientras pienso qué haré con mi vida —Aclaró— No tienes que pretender que te importa lo que sea que pase conmigo, si te sientes en deuda, no lo hagas, no hay cuenta pendiente entre los dos. Ya te lo dije, no puedes desafiar a tu manada, Vashni, no me quieren aquí, ya uno de los tuyos murió a mano de uno de los míos y no sé qué tan bien me sentaría si lo mismo le pasara al resto por mi culpa.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Lun Nov 20, 2017 8:51 am

Ladeé la sonrisa ante su pregunta ¿si necesitaba todo eso para decir una obviedad?
-No, lo he hecho porque te tenia ganas, te llevo teniendo ganas desde que te vi en aquella fiesta -susurré contra sus labios dejando que su aliento me quemara por completo.
Nada mas acabar la frase me di cuenta que acaba de pifiarla pues ella creía que cuando fui por los miso fue la primera vez que nos vimos.
Intenté disimular para que no se notara pese a que mis ojos tomaron una leve tonalidad ámbar que me delataba.
Ella solo conocía la mitad de nuestra historia, por contra, esta se enredaba como una maraña que nos llevó a separa nuestras vidas.
Un dejavu, eso vivía cuando Amara siempre acaba diciendo que se largaría ¿pero a donde? No tenia lugar para ir, ni escondite donde Bastian no la localizara y aun así le restaba importancia como si no fuera mi problema y como si no me importara.

Enarqué un ceja ante su pregunta ¿por que me importaba, la respuesta hubiera sido sencilla si pudiera ser sincero sin abrir entre nosotros un abismo que nos engulliría por completo.
Si descubría ahora que yo estuve allí la noche de la luna de sangre se sentiría traicionada por mi silencio antes de tomarla.
-¿quieres irte? ¿es eso? -pregunté sin entender porque siempre acababa huyendo de mi -por ese lobo, es del que hablaba tu padre ¿que tienes con el? Esta vez si que mis ámbar centellaron plagados de celos, no podía controlarlo, yo la sentía mía y ella no paraba de repetirme que se largaría pasado unos días.

Fruncí el ceño ante su mirada, era cierto que decía que no quería largarse enfadada, pero tampoco quedarse y lo de mi manada me sonaba a una escusa que aunque no carente de razón era preocupación mía y no suya.

Gruñí sirviéndome una copa que apuré de un trago, mi dedo la señaló mientras mi mandíbula se tensaba cuadriculada.
-¿que tienes con él? -pregunté de nuevo como si tuviera algún derecho de hacer esas preguntas cuando solo nos habíamos acostado -¿es con él con quien piensas largarte? Por eso me dices que no vas a quedarte.

Di otro trago al vaso hasta apurarlo, no contento con eso, tomé directamente la botella para beber de ella.
No era la primera vez que la perdía, claro que ella eso no lo sabia.
Lo pasé mal en este tiempo en el que tuve que acostumbrarme a no poder rozar su piel, ella solo me olvidó, peor yo tenia que pelear contra el recuerdo y eso dolía mas.

Di un nuevo trago mientras ella me miraba desde el lecho, creo que incapaz de entender mi ataque de celos.
No es que fuera una sin razón, los lobos eramos territoriales, posesivos, pero es que ademas de eso le faltaba la mitad de la historia, una que no podía ser contada sin riesgo a que me odiara.
Me sentía atado de pies y manos, todo me llevaba a perderla y no había sendero certero para lo contrario.
-Me iré con otra -gruñí como si esa frase bastara para retenerla a mi lado -te juro que si sales por esa puerta, me follaré a otra.





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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Jue Dic 14, 2017 8:50 am

Vashni se apartó de ella y se puso en pie evidentemente molesto, dando una zancada larga para evadir los fragmentos de cristal esparcidos por el suelo, pertenecientes a la botella de whisky que habían roto en medio de su urgencia cuando se encontraron demasiado ocupados para prestar atención a los detalles. Del compartimiento de un aparador, el lobo sacó otra botella y de ella se sirvió un trago en la copa, mas al no verlo suficiente, supuso ella, para conciliar con su enojo, bebió directo de la botella mientras demandaba respuestas. Amara lo observó desde el lecho sin comprender la razón de su reacción o si quiera el motivo de sus reclamos. Frunció el entrecejo y entrecerró los ojos examinándolo en silencio y vaya que su reserva lo cabreó más. La postura entera del hombre se encontraba rígida, los puños apretados, la mandíbula cuadriculada y la espalda tensa mientras la mirada le centellaba furiosa en ámbar radioactivo. ¿Por qué le molestaba tanto la idea de que ella partiera? Caviló un instante, considerando la situación a detalle, tanteando las posibilidades y entonces la bombilla se encendió.

Esta vez fue Amara quien hizo a un lado las tersas sábanas que cubrían su cuerpo desnudo y se puso en píe, avanzando a paso firme e imponente hasta él, para nada intimidada por el violento refulgir de la mirada que, anclada a su cuerpo, siguió su camino. Vashni hizo el amague de elevar la botella para beber de nuevo, mas la diestra de la cazadora le atrapó el antebrazo, frustrando su intención. El lobo, colérico intentó zafarse, mas ella no se lo permitió, hundiendo la yema de sus dedos en la piel ajena y anclando sus intensos pardos a la áurea mirada del licano en un duelo sin tregua.

Ambos tenían un carácter fuerte, el lobo era tremendamente temperamental y ella terriblemente obstinada, por lo que consideraba insólito el hecho de que hubieran terminado la velada en el lecho y no en la morgue. Se sostuvieron las miradas, riñendo silentes e incansables pues ninguno se disponía a ceder, o eso aparentaba la situación antes de que el destello ambarino que reflejaba en sus ojos se oscureciera mientras Vashni apartaba la mirada.

La fuerza de su mano logró que la base de la botella tocara la superficie de la mesita, entonces, tras liberar el agarre sobre la piel del hombre, la castaña sujetó el recipiente y procedió a verter el contenido en la copa que él había desechado, sirviéndola senda y deslizándola con el índice en su dirección.

Necesitas calmarte — Advirtió, ofreciéndole el trago con el ademán de su mano, procediendo a servirse un trago en otra copa.

Vashni se volvió hacia ella, de nuevo con mirada fulgurosa que, aunque menos fosforescente, le dejaba claro que su petición era un imposible.

Ya que insistes en conocer qué hay entre el otro lobo y yo, te lo diré — hizo una pausa para dar un corto sorbo al licor, relamiéndose de los labios el fermentado sabor — Nada — afirmó con temple parco encogiéndose de hombros. Lo cierto era que luchaba contra su naturaleza al no perder los estribos. Había mandado al carajo a otros tantos por mucho menos de lo que exteriorizó el lobo; sin embargo, aunque desconocía el por qué, con él hizo un esfuerzo por mantenerse sensata — Por todo lo que sé Cameron D’Lizoni está en Italia lidiando con sus propios asuntos, si es que no ha muerto ya a mano de los hombres que mi padre ha enviado a asesinarlo.

Su mano cayó y el fondo de su copa colisionó con fuerza contra la madera de la mesa. El líquido en el interior se agitó violento y le salpicó la mano que, molesta, ella sacudió. Inspiró hondo e invocando un poco de paciencia se dio media vuelta, incapaz de enfrentar a su interlocutor, cruzándose de brazos. A pesar de que lo de Cameron y ella nunca llegó más allá de un beso y un par de turbulentos encuentros, no podía negar que le importaba el bienestar del italiano y la idea de que su padre lo hubiera lastimado por culpa suya le enfurecía.

Así que no, no pienso largarme con él, no pienso huir con nadie hacia el atardecer, porque no tengo intención de joder a más gente con mis problemas — Retomó su discurso con voz temblorosa. Apretó los párpados, los ojos se cristalizaron, le escocían. Se restregó el rostro con ambas manos, inspiró y exhaló hondo, mordiéndose la lengua, forzándose a no llorar pues había removido un tema sensible. Un instante de silencio, denso y abismal, entonces continuó — Cuando tenía ocho años, un par de lobos, dos de tu misma naturaleza… — Se volvió hacia él, enfrentándolo de nuevo, buscando el coraje necesario para continuar, sin tener idea alguna que esa era una historia que bien conocía su acompañante — irrumpieron en mi hogar y asesinaron a mi madre embarazada y a mis dos hermanas a sangre fría… ¿sabes por qué estoy viva? Por que ellas se interpusieron en el camino de las bestias para que no fuese yo la siguiente en línea y quizá, sólo quizá, tuviera la oportunidad de vivir… — Los difusos recuerdos de aquella terrible noche inundaban su mente y su cuerpo retemblaba nervioso en respuesta a los horrores que visualizaba en su cabeza — y lo hice…

Su voz se quebró por completo, necesitando de un instante para recuperar la compostura; era demasiado orgullosa como para permitir que la viese llorar y, a decir verdad, no buscaba causarle lástima ni nada similar, sólo colocar las bases para dejar en claro su siguiente punto.

Pero ya me he cansado Vashni… ya no voy a huir, ya no voy a esconderme y sí la muerte me quiere pues bien puede tomarme por que no voy a poner el riesgo otra vida sólo para mantenerme a salvo… ni la tuya, ni la de nadie ¿lo entiendes? — espetó contemplándolo con mirada enardecida

Suspiró. La que le había relatado al lobo era una historia que no acostumbraba a contar, sino una que guardaba para sí misma en las noches, cuando los sueños se tornaban en pesadillas. Se acercó de nuevo a la mesa donde reposaba su copa y tras hacerse con ella de nuevo, bebió el contenido de un único trago. Estaba demasiado sobria como para continuar con la conversación.

Ya te he contado mi tragedia… — Dijo al fin, ya más calmada, sirviéndose una nueva ronda—  Ahora cuéntame la tuya… y quizá también puedas mencionar en tu historia a esa otra mujer — Vashni frunció el ceño y la observó confuso — Sí, esa otra mujer que te rompió el corazón y que dejó un vacío que intentas llenar conmigo — aclaró, tomando un sorbo del ambarino líquido — No he sobrevivido todo este tiempo en mi oficio al pasar por alto los detalles… no nos conocimos en ninguna fiesta, Vashni y tu reacción se ha salido de proporciones para quien no hace más de un día tenía toda la intención de matarme… así que dime ¿quién es ella?

De nuevo bebió el contenido de su copa de fondo blanco. Sin explicación alguna, hacerse a la idea de que el lobo deseara o tomara a otra que no fuera ella le corroyó de los celos en el interior. Nada de aquello tenía sentido.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Jue Dic 14, 2017 4:16 pm

Amara no se quedó en el lecho, haciendo a un lado las sabanas se alzó para enfrentar mis ojos que ahora mismo y de un intenso tono mostaza la desafiaban mostrandole que estaba furibundo, fuera de mi.
Rugí dispuesto a dar un nuevo trago a la botella cuando la distancia entre ambos cuerpos se quedó en nada. Sus dedos se hundieron en mi brazo evitando que bebiera nuevamente de la boquilla directamente, duelo de miradas, dos titanes que no cedían un ápice en el intento de entenderse o mandarlo todo a la mierda en este instante.

El culo de la botella tocó la mesa, solo entonces soltó el agarre para llenar sendos vasos con el contenido ambarino.
-Muy observadora -apunté cuando alegó que necesitaba calmarme ofreciéndome uno de los vasos que llevé presto a mis labios sin dejar de mirarla en busca de respuestas.

Inquisidor, haciendo gala a mi temperamental carácter rugí mascullando entre dientes maldiciones cuando le nombre del licano escapo de sus labios.
No lo conocía, pero lo mataría sin pensarlo si le ponía una mano a mi hembra, mía, eso era lo que era, las marcas de su cuello lo decían.
Su piel olía a mi, gruñí dando un nuevo trago de forma abrupta, sintiendo como el alcohol quemaba mi garganta mientras bajaba.
-¿Nada? -gruñí -tu aura no dice lo mismo que tus palabras -dije despechado.
Era cierto su aura mostraba preocupación, no sabría identificar con exactitud hasta que punto pues no era una loba completa, pero habían sentimientos.
-Para darte igual lo que le pase bien sabes donde esta y como dar con él ¡no me mientas! -rugí desafiante quedando nuestros rostros tan cerca que mi aliento impacto contra sus labios.
Mis colmillos bajaron, estaba muy celoso, tanto que tuve que girarme y llenarme la copa para beber de nuevo de un trago su contenido.

Respiré hondo, solo me giré para enfrentarla de nuevo cuando habló de aquella noche fatidica de la luna roja.
Su historia la conocía, pero no era así, no eran ciertas en esencia sus palabras, si ella estaba aquí hoy fue por mi. Era cierto la mordí cegado por la ira, pero nunca quise matarla.
Si confesaba la verdad la perdería, todos los putos caminos me llevaban a vivir el día de la marmota una y otra vez y en todos esos días terminaba amaneciendo sin ella.
-No huyas, quédate -le pedí.

Mas fue entonces cuando me pregunto por mi “ella” ¿mi ella? En principio no sabia a que se refería, pero luego até cavos, si ella supiera quien era esa “ella”
No podía decirle que estaba enamorado de ella, de un Argent, no sin que tuviera que desvelar toda la verdad, sabia el resultado saldría corriendo por esa puerta y no la culparía por hacerlo.
-¿Ella? -dije balbuceando intentado hilar que contar. Negar la existencia de un “ella” no colaría – Ella es una mujer que conocí en una fiesta...nuestros pasados se entrelazan en un punto, un día fatídico en el que los dos perdimos mucho... fui sincero y la verdad me llevó al olvido.
Ella eligió olvidarme, seguir su camino -dije sin mas siendo todo lo sincero que puede pero sin poder decir que era ella la mujer que me había dejado vació.

Me acerqué a ella para girarla y que mirara mis ojos.
-No puedes irte, tu padre no cesará en el intento de encontrarte, tampoco en el de matarme, así que..estamos juntos en esto te guste o no.
Apuré el vaso de un trago.
-Pero si vuelves a ver a ese lobo, lo mataré -dije plagado de rabia, mis celos me devoraban.




Más vale morir por su odio que prolongar la muerte sin tu amor.

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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Dic 15, 2017 1:28 pm


Nunca dije que no me importara, sólo dije que entre él y yo no hay nada… — gruñó entre dientes con el entrecejo fruncido y actitud indomable; era cierto, entre el italiano y ella no existía nada, no más allá de mutua consternación por el otro y un fatídico destino del que ella poco y nada conocía— Hasta donde sé eres el único lobo con el que me he acostado, eso debería darte una pista, pero estás tan empecinado en creer que sí que no te das cuenta de lo obvio…

Era él quien tenía en frente su cuerpo desnudo, quien podía olfatear a centímetros el aroma de su piel, su esencia empapada de él y sólo de él. Se sintió mareada, no había comido nada, tampoco acostumbraba a beber de esa forma y la furia del momento permitió que los tragos se le subieran a la cabeza. Le dio la espalda, sosteniéndose de la mesa con disimulo, no quería mirarlo, en otro tiempo y otro lugar se habría largado sin miramiento alguno mas allí seguía, estática, con los pies anclados a la madera de aquella habitación, sin poder sacudirse la sensación que, de partir sin más, entonces estaría olvidando algo importante. No se reconocía, Amara Argent no era una mujer de dejarse dominar, ni doblegar su voluntad o su orgullo... él le reclamaba, la veía como su propiedad y la verdad era que guardaba sentimientos encontrados en relación a ello.

Un inexplicable frenesí de furia se revolvió en su interior en cuanto el lobo le relató vagamente la historia de la mujer que resguardaba en su corazón. Enterró las uñas en la madera y sus mejillas se colorearon ardientes de ira, mientras su corazón palpitó ritmo acelerado, violenta melodía que hablaba de los sentimientos que le asaltaron en el momento. Inspiró hondo, contuvo el aire, preferiría comerse su propia lengua antes que hacerle reclamo alguno, sin embargo, cuando él le giro obligándola a contemplarlo, a enfrentar sus orbes, espesas y oscuras a la enardecida mirada ambarina que se fijaba en ella, fue que perdió los estribos, olvidándose por completo de lo mucho que detestaba manifestar sus sentimientos.

Déjame ver si entiendo… — Comenzó fulminándolo con sus pardos — Tú andas enamorado de otra, piensas en ella mientras coges conmigo, y tras del hecho me amenazas…— Espetó molesta, acortando la distancia con cada palabra dicha, llegando a un espacio cercano a los labios del lobo, justo donde su aliento los calcinaba — ¿Qué sigue? ¿Me pondrás un collar y me sacarás a pasear? — Inquirió sarcástica— Que te den…

Sin decir más se dio media vuelta, recogiendo su ropa del suelo y vistiéndose con rapidez, sólo para salir a marcha endemoniada, dejando tras ella un portazo. Renegó contra el alfa reiteradas veces en sus cavilaciones, andando sin rumbo por la propiedad, mientras revisaba con discreción los límites de la misma en busca de alguna posible vía de escape; no obstante, aquel fue un esfuerzo en vano, pues no tuvo éxito alguno en su labor. Suspiró impotente, todos los puntos de acceso estaban bien custodiados y para cuando lo notó, no terminando de resignarse a huir, cayó en cuenta que otro hijo de la luna le seguía los pasos. Gruño cabreada, ¡espléndido! resultaba que ahora Vashni también le había puesto niñera.

Resopló, bufó, maldijo, más al final, frustrada, terminó dejándose caer bajo la sombra de un árbol en el antejardín de la propiedad. Ese lobo la llevaba al límite, la sacaba de sus casillas, lograba remover en ella emociones que se esforzaba por asfixiar y eso la fastidiaba, sin embargo, era innegable la chispa que existía entre ellos, que se encendía en brasas cuando la distancia disminuía y que cada centímetro de su cuerpo enloquecía a la presencia del hombre, dejándola indefensa, deseando sucumbir a la electrizante sensación que se originaba en el roce de sus pieles. Sacudió la cabeza y con ella los pensamientos que la invadían ¿qué estaba pensando? Él era el enemigo y por todo lo que sabía ella su prisionera.

Era tarde, tenía frío y los minutos transcurrían lento, mas era demasiado orgullosa como para volver a la habitación, directo a la plácida tibieza que tiempo atrás encontró en el cuerpo del lobo. Fue entonces cuando, con el rabillo del ojo, percibió un movimiento inusual al interior de la propiedad, a través de una de las ventanas de la primera planta. Un grupo de personas, gran parte de la manada se atrevería a asegurar, ingresaron en la estancia, reuniéndose en lo que parecía una acalorada discusión. En el centro de ello, se encontraba Vashni, con expresión de pocos amigos, no muy diferente a la que llevaba impresa en el rostro cuando lo abandonó en su dormitorio.

La curiosidad le picó, escociéndole en las entrañas; hasta no conocer el tema que con tanto ímpetu debatían, la sensación no aplacaría. Se puso en pie y, sin considerarlo en demasía, a paso firme se precipitó al interior de la propiedad, mas cuando el licano que le escoltaba reparó en sus planes, se interpuso en su camino alegando con desdén que aquella era una asamblea privada y no tenía permitido el ingreso. Rugió. La cazadora, impetuosa como ella misma, conservando más bien poca paciencia y poco tiempo para perder, de una patada dejó al lobo en el suelo, apresurándose a las puertas del salón.

Se tomó un instante para fisgonear, pero en tanto escuchó la mención de su apellido supo entonces que aquel era un asunto que le concernía también. Irreflexiva, la castaña irrumpió en la sala de golpe, llamando la atención de todos los presentes, incluyendo la del alfa. Pudo sentir el peso de todas las miradas recayendo sobre ella y estaba segura que no de la manera más amable. Un instante de silencio, pensado, denso, la tensión en el ambiente era palpable y su presencia no colaboraba al propósito.

“es ella” “¿qué hace aquí?” “hay que cercenarle la cabeza y mandársela a su padre”

Pronto los murmullos se alzaron convirtiéndose en estruendo bullicio que Vashni se vio obligado a acallar con un rugido. De inmediato todos se callaron, ser el alfa parecía tener sus ventajas.

Que adorable manada tienes — Bufó sarcástica, con una sonrisa fingida curvándole los labios — Iguales a ti.

Vashni no estaba nada contento por su aparición estelar, su mirada ambarina y encolerizada hablaba por él. Fue entonces cuando una voz femenina se elevó entre la muchedumbre.

Ella debe morir, es lo justo, la muerte de mi hijo no puede quedar impune.

Amara se volvió con el entrecejo fruncido en dirección a quien escupía aquella osada afirmación. Grande fue su sorpresa al encontrarse con el espectro de una de las mujeres que había salvado en el bosque, la madre del joven que pereció a manos de Lars. Abrió los ojos como platos, pestañeando reiteradas veces sin terminar de creerse lo que escuchaba mientras la mujer la contemplaba de vuelta con expresión vacía y tempestades enrojecidas.

Conmocionada, la cazadora deslizó sus pardos hasta encontrar al alfa de nuevo, quien, con talante tenso se restregaba el rostro en evidente frustración. Entonces, su expresión de pasmo se endureció, Vashni no lo sabía, mas esa mujer sí estaba al tanto de que no era ella la culpable y aún así tenía la osadía de condenarla como si lo fuera. En un movimiento raudo e impulsivo, Amara arrebató el sable que el alfa guardaba en el cinto, tomándolo por sorpresa. Todas las miradas, recelosas y alarmadas se encendieron en ámbar mientras le gruñían en advertencia; sin embargo, haciendo caso omiso, tomó el arma de la hoja y le acercó el mango a la mujer que le sentenciaba.

Mátame — Gruñó, ofreciéndole el arma — Si crees que lo merezco, anda, mátame, pero hazlo tú, era tu hijo, es tu venganza y si alguien más lo intenta, lo mataré —La mujer, con mano temblorosa recibió el arma— Vamos, córtame la cabeza y envíasela a mi padre, estará complacido de recibirla — le instigó

La mujer asía el arma con poca firmeza, no obstante, no había mucho que Vashni pudiese hacer, el plateado filo ya reposaba amenazante en su garganta. Amara contuvo el aire y apretó los párpados, la tensión del ambiente palpitaba en su punto máximo, entonces, de repente, la mujer estalló en llanto, dejando caer el arma sobre la baldosa. La cazadora abrió los ojos ante el estridente sonido, dejando escapar la pesada cantidad de aire que había retenido y tras cruzar una fugaz mirada con el alfa, inmediatamente,  se subió sobre una pequeña tarima al fondo de la habitación donde todos podían observarla.

Bien, escúchenme — Vashni intentó interrumpirla más ella no se lo permitió — No, escúchame tú también — le ordenó. Si él quería que se quedara, bien, lo había conseguido, pero entonces lo harían a su manera— Pueden quitarme la cabeza y alimentar con mis entrañas a los perros si es lo que desean… o pueden usarme, convertirme en una ventaja… — declaró, consiguiendo con sus palabras la atención absoluta de los presentes — Ahora mismo mi padre me quiere muerta, más muerta de lo que le gustaría ver a cualquiera de ustedes y eso ya es mucho decir. Nos guste o no estamos del mismo lado y si bien no me necesitan para defenderse, pues la luna los ha bendecido con lo necesario para hacerlo por su cuenta, yo conozco al enemigo como la palma de mi mano, sé como piensan, como actúan, como cazan… la fuerza bruta de nada sirve sin estrategia y eso… eso es exactamente lo que les puedo ofrecer.

Todos aguardaban en silencio, la única voz que se escuchaba era la propia, formidable y segura. La suya era una propuesta interesante, mas  sabía que no iba a ganarse la aprobación de la manada sólo con palabras, necesitaría un acto que reforzara su discurso. Conocía exactamente qué debía hacer, pero estaba segura que a Vashni no le gustaría en lo más mínimo. Su mirada se desplazó por el lugar, rebuscando por la mujer que le había indultado, quien, sin consuelo y entre lágrimas, resollaba observándola entre la multitud.

Lamento mucho lo de tu hijo — Pronunció en un tono más suave, más dulce — Intenté salvarlo… lo intenté de verdad — Confesó mirándola fijamente — No puedo traerlo de nuevo a la vida… pero puedo intentar compensártelo. — Inspiró hondo, haciendo una pequeña pausa, sabía que Vashni se opondría, la idea era peligrosa, imprudente, descabellada… pero ya no había vuelta atrás— Esta misma noche me internaré en el bosque y traeré de vuelta el cuerpo tu hijo para que puedas darle santa sepultura y su espíritu descanse en paz, justo como es debido — La mujer abrió los ojos como platos, Amara tragó saliva incapaz de volverse hacia el alfa, todas las voces se elevaron de nuevo en ininteligible bulla — Te doy mi palabra.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Dic 16, 2017 10:26 am

Abrí los ojos como platos cuando me espetó con tanta rabia que yo estaba enamorado de otra.
Negué con la cabeza riéndome incrédulo ¿esa mujer podía estar mas ciega? ¿acaso no estaba allí con ella?
-¿un collar? Eso es lo que te puso tu padre -rugí airado.
Se me escapó, pero es que esa mujer sacaba la peor parte de mi, claro que estaba enamorado ,de ella.
Los lobos nos apareamos de por vida, estaba marcándola, estaba pidiéndole a gritos que fuera mía y ella lejos de atar cabos, pensaba que amaba a otra y me colaba entre sus piernas por despecho.
Rugí con mis ámbar encendidos mientras ella recogía las cosas.
-No se te ocurra salir por esa puta puer.. - tarde, un portazo fue su respuesta.

Fuera de mi tiré la botella a la chimenea produciendo un fogonazo que ilumino la cámara. Tentado estuve de ir tras ella, que me escuchara, poner las cartas boca arriba, mas eso solo hubiera empeorado mas las cosas.
Tenia un hombre de mi confianza vigilandola, así que por mucho que se lo propusiera no ira muy lejos sin que yo lo supiera.

Ella decía no tener nada con ese italiano, pero me había reconocido que le importaba, lo que no significa que no pudieran tener algo en el futuro. ¿Como podía ser tan cínica? y aun era ella la celosa.
Rugí furibundo en esa habitación que me parecía minúscula en ese momento en que mi ira se expandía.

Me calcé los pantalones, la camisola y a punto de salir, uno de mis hombres me avisó de que la manada se congregaba, la madre de uno de los muchachos fallecidos esa noche clamaba venganza, el ambiente estaba encendido y la presencia de una Argent en nuestras tierras no mejoraba esto en absoluto.
Asentí dejando escapar el aire de forma pesada, tenia que hablar con la manada, apaciguarlos, de no hacerlo podría ocurrir cualquier desgracia.
Sabia de buena mano lo que era tomarnos la ley del talion, ojo por ojo, diente por diente, las consecuencias eran desmedidas y Amara era la viva imagen de lo que hablaba.

La cosa estaba encendida, apagaba fuegos pero se encendían otros, la manada quería la cabeza del padre de Amara en una puta pica y la verdad es que la idea me resultaba ciertamente atrayente.
Mas cuando la morena irrumpió con esa verborrea y su don de hacer amigos. No pude evitar enfrentarla con mis ojos ámbar centelleando.
¿Por que esa mujer se empeñaba en complicar las cosas?
Nadie estaba contento con su presencia, pero lejos de pasar desapercibida y presentar un perfil bajo, hacia todo lo contrario.
Gruñí alzando mi labio superior cuando le resto de licanos dieron un paso hacia ella, todos hablaban a la vez, el caos se había organizado y fue un rugido lo que los calló llamándolos al orden.
Yo era el alfa, yo tomaba las decisiones.

La madre llena de dolor y de odio pidió venganza, en principio el cadáver de Amara como sacrificio por la muerte de su hijo.
-¡No! Rugí intimidandola con mis ambar.
Mas de nuevo la cazadora se adelantó a mi jugada y tomando una espada logrando alterar mas a la manada y a mi mismo se la cedió a la mujer para que ejecutara su sangrienta venganza.
Mi gruñido retumbó en aquel lugar al tiempo que el filo se posaba en su garganta.
Podre del infeliz que osara tocarla, la mano de la madre temblaba, entendía su odio, respetaba su dolor, mas el camino no era darle muerte a esa mujer a la que yo amaba.

Agradecí a dios que la mujer soltara el arma, el dolor la desgarró haciéndola caer al suelo sumida en un llanto profundo que solo aplacó las palabras de Amara sobre el atril del alfa.
Iba a interrumpir, mas me mandó callar, algo que de nuevo me hizo gruñir mostrandole mis colmillos desafiante, que le diera concesiones porque para mi era mi alfa no implicaba que ante la manada me desacreditara.

Caminé hacia ella con paso depredador, de un salto me subí a su lado imponiendo mi autoridad ante el resto, fue entonces cuando a la loca se le pasó por la cabeza ir en busca del cadáver del joven muerto, es mas dio su palabra de que eso haría
Me revolví, mis dientes apresaron su cuello en un acto muy lobuno que significaba una clara reprimenda, gruñí desafiante.
-No iras, porque te lo prohíbo, porque no perderé mas vidas por recuperar un cuerpo y ahora mismo el bosque ha de estar plagado de cazadores.

Mis ámbar centellearon repasando a los allí presentes.
-Lo odio, sabéis que Odio a Bastian desde que era un niño, me ha arrebatado mas que a ninguno de los presentes y mi venganza no conoce parangón. Lo matare, lo haré, por mi linaje que no cesaré en mi empeño de dar paz a los nuestros, esos que durante tanto tiempo y creyéndolos bestias ha masacrado, mas, no seamos idiotas, no hagamos lo que el quiere, salir presos de la furia dispuestos a morder sin medida, pues como perros de presa nos atrapará sin problema.
Somos lobos, pensemos como mandada, cacemos pero a nuestro modo.
Claro que recuperaremos el cuerpo de nuestro amigo para darle una sepultura, pero lo haremos en manada y lo haremos a mi modo.

Mis ojos volvieron furibundos contra los de la cazadora, la atrapé del brazo sacudiéndola ligeramente mientras la desafiaba.
-No se en que bando estas, aunque es cierto que tu padre te quiere tan muerta como a nosotros, así que piensa antes de hablar, aquí hay normas, una en principal ¡yo soy el alfa!
Miré a mis compañeros de manada.
-¡Salgamos de caza!
Mi aullido se unió al del resto de la manada.







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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Dom Dic 17, 2017 11:42 pm

Tan pronto como finalizó su dicción, el alfa, colérico por el atrevimiento de su desafío, de un solo salto se planto a su lado en imponente postura, asegurándose de que le diera un buen vistazo en contrapicado justo antes de atraparle el cuello con las fauces, dejándole en claro quién estaba al mando. Amara se removió con violencia e intentó apartarlo empujándolo, situando la fuerza sus manos sobre el pecho del licano, sin embargo, la suya era inferior y, evidentemente, este no le permitiría poner en duda la autoridad que ostentaba, hecho que reiteró con las palabras que escupió una vez sintió la reprimenda suficiente y la soltó.

La cazadora rauda se llevó la diestra al cuello, tanteando su propia piel presa del pánico, asegurándose de que el lobo no hubiese causado herida que comprometiera su humanidad. Estaba intacta. En otra ocasión, le hubiese asestado una buena cachetada de no ser porque no era tan necia como para ignorar que acción como aquella sólo empeoraría la situación. Sus cafés, brillantes y encendidos como dos gigantas rojas a punto de detonar, fulminaron al lobo de una sola mirada mientras él, exaltado, declamaba un discurso que, como leña al fuego, atizaba el enojo de la manada en la dirección correcta: su padre.

Gruñó. No existía forma en el infierno en que el hijo de la luna cediera, él era el alfa y haría las cosas a su modo, así como furibundo se lo advirtió, sacudiéndole cual muñeco de trapo; nadie pasaría por encima de su palabra, ni siquiera ella. — Si no me escuchas serás el alfa que los lleve a todos a una muerte segura— Le advirtió ella con prepotencia, pero Vashni continuó negándose a atender sus sugerencias. De momento él parecía haber tenido suficiente de ella y con un sutil movimiento de cabeza ordenó a dos de los suyos de la sacaran de allí — No, espera… ¿qué haces? ¡suéltenme! ¡Vashni! —Alegó rugiendo, removiéndose feroz entre los brazos de los orangutanes que le arrastraban fuera, pero el lobo no le escuchó. Sus miradas conectaron un instante, sus renegados pardos cada vez más lejanos de los irises ambarinos que le siguieron hasta la salida.

Un portazo y un potente aullido, seguido de otros tantos que se le unieron al unísono como un salvaje cántico de guerra. Aquella noche serían los lobos quienes saldrían de caza.

Amara gruñó, gritó, pataleó y se sacudió, mas aquel esfuerzo fue en vano pues igual terminó encerrada bajo llave en una habitación de la última planta. Rabiosa giró la perilla con brusquedad, golpeó la puerta con la palma de la mano, incluso llegó a patearla liberando su frustración, mas estaba al tanto que nada de aquello le sacaría de allí, así que pronto resignó la violencia. Apoyó la espalda contra la madera y suspiró invocando un poco de calma o un momento de claridad, lo que llegara primero. Apretó los párpados, inspiró, suspiró y para cuando sus oscuros orbes se abrieron paso de nuevo, ya se le había ocurrido una idea.

Se apresuró a la ventana que daba al frente de la propiedad, gran parte de la manada cruzaba la verja que la limitaba liderados por Vashni, dispuestos a recuperar el cuerpo de su difunto compañero y acabar con quien fuera que se interpusiera en su camino.

¡Joder, Vashni! — Exclamó impotente, ¡El único necio de era él!

El orgullo que lo corroía desde las entrañas no le permitía ver más allá de sus propias narices. Subestimaba el intelecto de los cazadores y sobre todo el de su padre; ir en manada a recuperar el cuerpo era aún más imprudente que dejarle ir a ella sola. Quizá se las arreglaran para masacrar a un buen grupo de cruzados, mas sus pérdidas serían mayores, iban directo a una masacre, y no necesariamente sustentada en vidas enemigas, un baño de sangre. Vashni no tenía idea lo que le aguardaba, ella conocía a su padre y estaba segura de que para entonces este habría hecho del bosque la más grande de las trampas.

Su progenitor invertía gran parte de su fortuna en la mejora y en invento de nuevas armas. Cada semana el cazador se reunía con sus hombres de confianza en una asamblea dispuesta únicamente para discutir los asuntos de la caza, entre ellos, propuestas de equipamiento que sirviera al propósito. El arsenal de los Argent era grande y mano de obra no les faltaba, Bastien pagaba bien y era sorprendente la cantidad de hombres dispuestos a arriesgar su vida por un buen sueldo; sin embargo, lo era aún más la cantidad de hombres que se ofrecían a voluntad.

Rápidamente, Amara se volvió hacia la cama y la destendió las cobijas, procediendo a amarrarlas para formar una improvisada cuerda. Una vez los nudos estuvieron asegurados, la cazadora, amarró una punta a la pata de la cama, hecha en macizo roble que aguantaría su peso y, tras abrir la ventana tiro la otra al vacío. Miró hacia abajo e inspiró hondo. Habían de tres a cuatro pisos de por medio, si alguno de los tendidos se soltaba podía morir. Todo o nada. No había tiempo que perder y sin vacilar otro instante se sujetó de la cuerda, descendió a rápel y una vez abajo, corrió a hurtadillas por la propiedad; con la mitad de manada fuera, ciertamente le fue más sencillo encontrar un punto ciego que utilizó para escapar.

Sin miramiento alguno se adentró al bosque, corriendo presurosa entre la espesa maleza, evadiendo los tramos en los que sabía era más factible los cazadores hubiesen colocado alguna trampa. Sabía que los cruzados utilizarían el cuerpo del joven lobo como cebo, pero era una situación difícil, ella no tenía poderes, su olfato estaba tan subdesarrollado como el cualquier otro humano, sabía rastrear bien pero no había tiempo para ello y la verdad era que no tenía la más remota idea en qué dirección avanzaba la manada.

Un leve destello que relucía en medio de la oscuridad y el verde follaje. Se acercó cautelosa, sintió nauseas, olía muy mal, a podrido. Una delgada línea argentada, casi invisible, surcaba el camino de un árbol a otro. Sabía lo que era. Con cautela Amara repasó el índice sobre la recta, una cuerda tensada de plata, dispuesta a cercenar. Tosió, el olor era nauseabundo, mas para cuando lo notó un líquido tibio mojaba la yema de su dedo. Frunció el entrecejo, difuminando el fluido entre sus dedos. “Sangre” pensó. Entonces su mirada cayó al suelo y fue cuando horrorizada encontró la cabeza de la madre a uno o dos metros de sus pies, el resto del cuerpo yacía a un lado y al frente, amarrado a un árbol, estaba el cadáver del hijo, ese que la manada había ido a buscar.

Dejo escapar un grito de la impresión y al retroceder cayó de culo, contemplando la escena con los ojos abiertos como platos. Entonces lo escuchó. Murmullos que se convirtieron en algarabía, gritos, aullidos… resquebrajando el sosiego de la noche. Inmediatamente se levantó trastabillando un poco y echó a correr como alma que lleva el diablo, siguiendo el camino del bullicio, que a cada paso se escuchaba más violento y estridente. Sabía exactamente a donde iba; era una emboscada.

Lobos y cazadores peleaban a muerte. La batalla era reñida, el ferroso aroma a sangre se amalgamaba con el olor de la hierba mojada, miembros y tripas eran cortados, arrancados… ambos bandos sufrían pérdidas, mas ninguno cedía. La contienda se movía, los cruzados guiaban a los hijos de la luna hacia un claro, cercado por un ancho risco, asediándolos, atrapándolos entre la plata de sus armas y la dura formación rocosa. Las bestias, bendecidas por su astro madre, no se quedaban atrás, rugían usando sus zarpas y colmillos, luchando con igual brío. En las alturas, cuatro tiradores dispuestos en media luna, que hasta el momento se ocupaban de lanzar flechar, aguardaban el momento indicado para liberar el ataque especial.

Amara contempló la acalorada contienda unos metros de distancia. Estaba desarmada y sus heridas no habían terminado de sanar bien, en el epicentro de la batalla su presencia no seria de utilidad, mas sí habría otro lugar donde podría ayudar. La castaña se precipitó a la base del risco y escaló sigilosa hasta la cumbre, cuidando sus movimientos, procurando no dejarse ver, pues aquello haría de su ataque más efectivo; no obstante, como los cazadores tenían la mira fija en el campo de batalla su labor fue más sencilla.

Con cautela se acercó a las espaldas del primero, agarrándolo del cabello para estrellarle el rostro fuertemente contra la roca y, tras a arrebatarle una daga del cinto en un movimiento rápido, la castaña procedió a degollarlo de un solo tajo. El hombre se desplomo sobre la roca ahogándose en su propia sangre y tras tomar el arco, las flechas y el resto de su dotación, Amara imitó el proceso con los dos siguientes.

“¡Fuera abajo!”

El cuarto y último hombre se percató de su presencia, pero justo antes de que ella pudiese llegar a él, tiró sobre el campo todas las bombas que llevaba en su equipo, hechas a base cenizas de la montaña. — ¡No! — Gritó la castaña, pero ya era demasiado tarde, las bombas estallaron, los cazadores se colocaron sus máscaras y los lobos, uno a uno, comenzaron a caer ante los efectos del nocivo polvo. Las cenizas provenían de un árbol llamado serbal de los cazadores, no era letal o tóxico como podría llegarlo a ser el acónito; no obstante, sí los debilitaría, haciendo a sus cuerpos presas de un ardor infernal, en exterior e interior. A los más fuertes les tomaría un par de minutos reponerse, pero los más débiles podrían tardar horas en recuperarse.

El tirador, raudo, intentó alcanzar su espada para reducirla, mas su intento fue frustrado cuando la cazadora, aún más rápida, le atravesó la garganta con su daga. Amara miró hacia abajo, observando a los lobos retorcerse, entre ellos al alfa negándose a sucumbir a los efectos de las cenizas. Sintió el corazón caérsele a los pies, había menos cazadores que licanos mas no era aquella la diferencia que realmente importaba. Con semejante ventaja, los cruzados acabarían con sus opuestos en un santiamén.

Desesperada, Amara rebusco entre las dotaciones de los tiradores caídos. Wolfsbane, dardos de gas mostaza… el resultado podría haber sido mucho peor… sin embargo, sintió un enorme alivio cuando encontró lo que buscaba: bombas de humo. Sin recular, la castaña lanzó los artefactos que explotaron creando una densa pero inofensiva nube blanca que si bien a los licanos no les impedía la visión por completo a los cazadores sí les dejó a ciegas.

No tenía mucho tiempo, la niebla se disipaba y si no se daba prisa los demás cazadores reaccionarían. Se armó con el arco y las flechas de los tiradores, desde arriba tenía una visión perfecta y entonces, comenzó a lanzar saetas a diestra y siniestra que certeras dieron siempre en el blanco. Los cruzados, confundidos, miraban de un lado a otro sin entender qué sucedía o qué les estaba atacando. Ella sonrió complacida, su puntería era perfecta, siempre lo había sido, más aquel gesto victorioso pronto se borró de su rostro cuando el último de los hombres que se mantuvo en pie sacó su revólver y disparó dos veces al aire, justo antes de que una flecha le atravesara el corazón. Ella sabía lo que aquello significaba.

Con el campo ya despejado, de un par de saltos, la castaña bajó el risco con prisa, corriendo hacia Vashni una vez pisó la tierra. Sus manos, delicadas, primero le acunaron el rostro y luego descendieron por su cuerpo, tanteándolo, asegurándose de que no tuviese ninguna herida de gravedad. Estaba preocupada, era evidente, su afligida mirada hablaba por ella. El alfa estaba bien en apariencia, sin embargo, el efecto de las cenizas aún le causaba estragos en el cuerpo, impidiéndole levantarse.

Vashni… — Pronunció ella al fin volviendo a tomarlo del rostro para que la mirara — tienes que levantarte… tienen que levantarse —Miró al resto de la manada, que, como fu alfa, hacían un esfuerzo sobrehumano por ponerse en pie— debemos irnos... el hombre que disparó llamaba por refuerzos… más cazadores vendrán, no podemos estar acá cuand-

No pudo terminar la frase. Un gancho le atrapó del cuello, presionándolo con fuerza y apartándola del lobo de un único tirón. Por instinto Amara se llevó las manos al cuello en un inútil esfuerzo por liberarse del agarre que le dejaba sin aire. Sus tempestades se cristalizaron y su rostro se enrojeció. La sensación de asfixia era inclemente, cada segundo más insoportable. Un molesto siseo retumbó en su oído, como si quien fuera que le ahorcara intentase calmarla. Con la vista nublada pudo apreciar la silueta de Vashni, furibundo, intentando levantarse sin descanso; sin embargo, no pudo ver mucho más pues pronto perdió el conocimiento.

En el momento en el que el cazador que la sostenía vio sus párpados cerrarse, liberó la presión del agarre. Los ojos del hombre se centraron en Vashni, sonriéndole malicioso — Ah, que es bonita, ¿verdad? — comentó divertido, resbalando sus dedos por el rostro de Amara, la curvatura de su cuello… — Bastien ha mandado un mensaje, realmente le hubiera encantado estar aquí el día de hoy, pero está de licencia… dice que no hay de qué preocuparse, lobo, que tu turno ya llegará — advirtió agarrando con fuerza la mandíbula de la joven, mostrándole su rostro al lobo — Pero los asuntos de la familia van primero.

El hombre se cargó el cuerpo de Amara.

El alfa es de Argent — Dijo a sus compañeros, que se encontraban plantados tras suyo — Déjenlo vivo, maten a los demás.

Sin más que decir el hombre de dio media vuelta, dispuesto a irse y llevarse a la cazadora consigo.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Lun Dic 18, 2017 6:03 am

No puedo permitir que Amara vaya sola a por el cuero de aquel chico, se que su padre la capturará, se que la perderé y no soy capaz de asimilar en este momento que la mujer que amo pierda su vida por proteger su ego.
Rugó, mi manada pide sangre y yo se la daré.
Dos de mis hombres enganchan por los brazos a la cazadora, nuestras miradas por un instante se cruzan, ella suplica que la escuche, se que tiene razón, que nos estarán esperando, que son hábiles matando y que sus armas son lo suficientemente poderosas como para luchar contra nuestras garras ¿pero me queda opción? Replegarme implicara alzar a la manada contra mi y de rebote contra la cazadora que queda bajo mi protección.

Los aullidos son claros, todos buscan venganza, sed de sangre, hemos esperado demasiado y la manada no es capaz de aguantar mas, es el momento de salir de caza, de matar.
Elevo mi mirada hacia madre luna, espero que nos de fuerzas para sobrevivir, para que volvamos a nuestro territorio, al menos la mayoría.
Mas no soy un necio y antes de reunirme con la manada mi mano atrapa el brazo de la hechicera.
La joven de rojos cabellos desliza sus dedos por mi rostro, se que esta preocupada y no le falta razón.
-Vashni si sales por esa puerta no volverás -sentencia mientras yo asumo la veracidad de sus palabras y aun así estoy decidido a unirme a la manada porque ese es mi sino.
Mis labios se acercan a su oído, un susurro con una orden clara.
Sus ojos centellean ante mis palabras pero asiente sin mas y así cada uno ocupa su lugar.

La manada corre a mi lado por los bosques, aviso de que las trampas existen, nuestros sentidos son capaces de esquivarlas, no saltamos por los aires con la minas escondidas , mas los hilos de plata decapitan a mas de uno. Rujo furioso, violento arrancó la cabeza a uno de los cazadores con mis enormes fauces.
La luna roja nos bendice con sus haces plata, nos anima a matar a aquellos que nos cazan.
Zarpazos, plata filosa que a tajos nuestra carne quiebra, mas no es suficiente para darnos muerte y la carne del hombre mas endeble bajo nuestras garras queda descuartizada.
Cuerpos cercenados, los aullidos claman venganza, las ballestas impactan en los cuerpos enormes, poderosos, hechos bestias sentimos que nada nos puede.

Todo cambia cuando desde lo alto de una colina nos lanzan unas bombas de humo que nos quiebran, es veneno, no letal pero lo suficiente dañino como para quebrar a la manada que se retuerce ante mis ojos en el suelo.
Siento que mi cuerpo arde, mi vista se nubla, no cedo, lucho contra los cazadores y aun en esas arrancó las entrañas de uno que con la hoja de plata viene a cobrarse mi cabeza.
Caigo al suelo dando bocanadas como un pez, incapaz de mantener la cordura todo me da vueltas.
-¡Amara! -la llamo, la siento cerca, pero todo es una voragen que no soy capaz de entender.
Las flechas caen desde el escarpado pico, enfocó con mi mirada con dificultad aquel menudo cuerpo. Otra bomba de humo que con un niebla dificulta la visión de los cazadores, lo que nos da cierta ventaja.
Se que es ella, aulló en ese instante, sabia que iba a una trampa, mas lo que no esperan es que yo también se la he jugado a ellos.

Amara llega a mi, acaricia mi rostro llamándome, estoy aturdido, mis labios entreabiertos intentan avisarle de lo que esta por venir, todo mis pulmones arden y en ese instante tiran de su cuello.
Aulló mostrando los dientes, intento incorporarme, no permitiré que nadie le haga daño.
Escuchó las palabras del infeliz cazador que ahora sujeta a la cazadora que ha cedido perdiendo el conocimiento.
Un circulo pintado en el suelo resplandece, sobre el pico de la montaña la hechicera pronuncia unas palabras en un idioma antiguo, desconocido.
De la tierra emergen plantas, la naturaleza esquiva a los lobos, mas no así los cuerpos de los humanos que han derramado la sangre de los hijos de la luna.
Las raíces se enmarañan quebrando los huesos de los Argent y sus socios, atravesando con sus puntiagudas raíces sus estómagos mientras los engullen para que sirvan como fertilizante.

Ladeó la sonrisa y me lanzó contra el que sostiene a esa mujer que es mía, rujo contra su rostro, mis colmillos quedan a una distancia escasa, veo miedo en sus ojos, pánico .Mis ámbar centellean violentos y sin pensarlo hundo mis garras en su vientre despojándole del corazón que saco aun palpitante.

Mi manada cobra vida, los humanos pierden, la batalla esta servida, elevó la mirada hacia la bruja que por un instante y sin dejar de pronunciar esas palabras con las manos extendidas me mira.
Sus palabras retumban en mi cabeza “si sales por esa puerta, no volverás”
En ese instante en le que voy a coger a Amara para sacarla de la batalla, sobre ambos cae una red de la nada, dos caballos tiran raudos de ella, una trampa que nos enreda convirtiéndonos en presas. Con mis zarpas trato de romperla, como un animal salvaje lucho por la libertad, mas desde el carro que nos arrastra me lanzan con una ballesta tres flechas, acónito, incapaz de luchar contra sus efectos mis ojos se cierran, la bestia ha caído. Incapaz de luchar, solo consigo subirla en un vano intento sobre mi para protegerla de las piedras del camino que rajan y golpean nuestros cuerpos con el arrastre.








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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Dic 29, 2017 4:26 am

Sus parpados se separaron cansinos, abriendo paso a las pardas y oscurecidas orbes que se ocultaban tras ellos, nubladas por la falta de oxigeno que le había arrebatado la lucidez. Inspiró con fuerza, sintiendo el aire fresco llenarle los pulmones con una amalgama de fragancias entre fango, hierba húmeda y el ferroso aroma a sangre que los extendió a su máxima capacidad. Su cabeza rebotaba ligeramente contra una superficie blanda, el cuello le dolía y las piernas las sentía adormecidas.

Pestañeo reiteradas veces, tomándose un instante para aclarar la visión; al llevar la mirada hacia el frente, se encontró con dos borrosas figurillas: un par de caballos, que avanzaban a galope furioso a través de la espesura del bosque. En la lejanía el eco de la batalla se apagaba. Con disimulo, la castaña deslizó la mirada hacia atrás, encontrándose con la imponente silueta de otro corcel, esta vez, obteniendo una clara visión del jinete que lo comandaba. Era uno de los hombres de su padre. Abrió los ojos como platos y observó a su alrededor confusa, detallando entonces la red que rodeaba su cuerpo.

Algunas partes de la malla estaban roídas, como si el animal apresado entre ella hubiese luchado con ahínco por su libertad. Lo consideró por un momento; ella era la presa, pero no quien opuso resistencia. Su mirada descendió temerosa. El cuerpo de Vashni sostenía el suyo y si bien el entumecimiento de sus piernas era el resultado de las heridas causadas por el roce de estas contra el suelo, era el lobo quien se llevaba la peor parte. La parte superior de su cuerpo reposaba a salvo sobre el torso del alfa, sin embargo, a él las ramas, las piedras y la tierra le rasgaban  la espalda como resultado del violento roce de la piel desnuda contra el suelo, dejando a su paso un sangriento rastro.

Amara lo observó horrorizada, haciendo un esfuerzo por mover sus brazos entre la malla que los apresaba con el fin de alcanzarle el rostro. Delicadamente abrazó el cuello del hombre con sus manos y lo elevó para que la cabeza no golpeara el suelo — Vashni — Lo llamó en un susurro, pero no hubo respuesta — Vashni… — Musitó de nuevo. Esta vez los parpados del licano se entreabrieron y sus pantanosos orbes la buscaron extenuados; él intentó hablar, mas de sus labios no se escapó otra cosa que un balbuceo ininteligible — ¿Qué es lo que te hicieron? — Susurró para sí misma, palpando con cuidado la dermis del lobo, tacto que le permitió percatarse de los abultados y ennegrecidos vasos sanguíneos que ascendían por su hombro, escalaban hasta su cuello y de nuevo descendían en busca del corazón.

Wolfsbane.

Frunció el ceño. Aún no salían del bosque, lo que implicaba que el tiempo que permaneció inconsciente fue relativamente corto; el acónito tardaba más en actuar, usualmente lo hacía y si bien estaba al tanto de que su padre trabajaba en algo más potente, no tenía idea de que había obtenido tan prontos resultados. La mansión de su padre no estaba cerca y como pintaba la situación era imposible que Vashni llegase allí con vida, el veneno corría presuroso entre sus venas y tan pronto alcanzara algún órgano vital lo mataría en cuestión de segundos. Gruñó. Alguno de aquellos hombres debía llevar el antídoto consigo, Bastien Argent, jamás en su insano juicio, permitiría que otra mano que no fuese la suya acabara con la existencia de aquel licántropo.

Con dificultad escabulló la diestra hasta su pierna, torciendo su cuerpo con sutileza hasta alcanzar su bota, donde había escondido una de las dagas que arrebató a los tiradores del risco. Una vez asió el pomo de la daga, comenzó a segar las cuerdas que anidaban la trampa, cuidando de que sus movimientos fuesen precisos y mesurados; en caso de que el cazador a sus espaldas percibiera su intención, perdería la ventaja y, posiblemente, cualquier probabilidad que jugara a su favor.

Una a una, las sogas fueron cediendo y pronto, tanto su cuerpo como el del lobo, rodaron por la tierra en reverso, como producto de la velocidad a la que los corceles tiraban de la red. El caballo del cazador que cuidaba de las presas desde atrás, relinchando entre impresionado y temeroso por el repentino suceso, se elevó en dos patas y tumbó al hombre de su lomo.

Amara se levantó de un brinco sin reparar en sus heridas, en cualquier otra ocasión le hubiera costado mayor esfuerzo ponerse en pie, no obstante, la adrenalina se extendía presurosa por su cuerpo, estimulando cada célula, cada nervio… funcionando como un motor. No vaciló. Sin pensarlo se precipitó hacia el hombre que se retorcía en el suelo y sin darle tiempo a reaccionar, de un único y certero ataque le atravesó el corazón con la hoja de plata, procediendo a sacar otra daga del cinto del cadáver para esconderla en la manga de su camisola en un rápido movimiento.

“Suelta la daga” advirtió uno de los cazadores en tono feroz, “manos arriba” advirtió el otro afianzando el revólver con el que le apuntaba. La castaña se giró lentamente para enfrentar a los hombres, dando un angustioso y fugaz vistazo al cuerpo del lobo que yacía sin fuerzas a unos metros. Obedeció. La daga cayó ligera de sus manos, impactando con la tierra en un golpe seco. Aún con la mira sobre su cuerpo, recelosos, los cruzados se acercaron a ella para retenerla, mas cuando uno de ellos se encontró lo suficientemente cerca, la castaña, rauda, se inclinó evadiendo la dirección del cañón del arma y usando el as bajo su manga, hirió al individuo en el abdomen. Impulsivo, el compañero disparó, mas la castaña alcanzó a cubrirse, utilizando el cuerpo del herido como escudo y aprovechándose del instante en que su contrincante se quedó sin munición, para extirparle la daga del abdomen y lanzarla con tino en dirección a la garganta del otro sujeto.

Veloz, Amara esculcó los cadáveres en busca de la cura, sin embargo, su esfuerzo fue en vano pues nada encontró. Maldijo por lo bajo y frustrada, la cazadora se apresuró hasta el lugar donde yacía el cuerpo del alfa. Lo observó consternada, posando el dorso de la mano sobre su frente. Él sudaba frío, se estremecía y a pesar de mantener los ojos abiertos, su mirada perdida advertía que posiblemente alucinaba como efecto de la ponzoña que se esparcía corrosiva por su sangre.

El vertiginoso galope de un par de caballos retumbó cercano, sonando más próximo a cada instante. Alarmada, la castaña tomó al licano del brazo, halando con fuerza en un infructuoso empeño por levantarlo. Gruñó tensando su cuerpo y apretando la mandíbula, imprimiendo toda su fuerza en la labor sin éxito alguno. Jadeó fatigada, Vashni era un hombre grande, su musculatura era pesada; ella, por el contrario, era delgada, su cuerpo lucía minúsculo en comparación al opuesto y por mucho que lo intentara, no habría forma en el infierno en la que pudiese llevarlo a cuestas.

Suspiró resignada, sujetando con cuidado el rostro del hijo de la luna.

No sé si puedes escucharme… — Susurró afligida— Debo irme... No tengo otra opción… volveré con la cura, lo prometo.

Ya sin más que decir, la castaña se separó del lobo, prosiguiendo a extraer la daga de la garganta del último cruzado abatido y a correr en busca de cobijo entre la densa vegetación.

No mucho después, dos cazadores se detuvieron en medio del fatídico escenario, inspeccionando los cadáveres y el cuerpo del lobo que reposaba inmóvil sobre la hierba. La castaña aguardó paciente. Uno de los hombres permaneció allí, custodiando el cuerpo del licano y el otro continuó el camino a pie, supuso ella, disponiéndose a buscarla. Sigilosa, la joven acechó al cazador que paso a paso se convertía en presa, siguiéndolo hasta un punto donde supuso era seguro atacar sin levantar sospecha en el compañero.

Aseguró el agarre sobre su daga y la lanzó de nuevo, esta vez atinando a una vértebra cercana al cuello que sabía lo inmovilizaría de inmediato. Tan pronto como la hoja se hundió en la espalda del sujeto, este se desplomó escupiendo un alarido de dolor que hizo eco entre la arboleda. Soltando alguno que otro improperio, la castaña se aproximó al hombre noqueándolo de un fuerte golpe en la cabeza. Diligente rebuscó entre la ropa del cazador por el antídoto y aunque por un instante temió inútil la requisa, en el reverso de la casaca del hombre encontró las ampolletas que contenían el revulsivo.

Media sonrisa triunfante curvó sus labios, mas la dicha de su gesto se difuminó entre una de aflicción cuando el estallido de un disparo resonó tras ella, seguido de un dolor agudo en el costado izquierdo de su espalda. Contuvo el aliento por un instante y en tanto lo expulsó sintió un intenso escozor abrasar sus pulmones. Despacio se volvió para enfrentar a su atacante, topándose con el cañón del revolver que apuntaba directo a su entrecejo.

El índice del hombre acarició el gatillo y por un instante Amara se vio a sí misma pasando a mejor vida. Sus pardos se anclaron firmes a los ojos de su verdugo aceptando sin temor su destino, cuando, en vez de perecer ella, fue el cazador quien se derrumbó inerte, después de que su cuello se quebrara en un movimiento brusco y aparentemente invisible. Detrás del fallecido, ante su nebulosa mirada, apareció silueta de la bruja de cabellos rojizos y ojos esmeralda que Vashni resguardaba entre su manada.

La batalla había terminado, los licántropos, victoriosos e implacables, se sobrepusieron a los humanos; sin embargo, la vida del alfa peligraba y entre sus manos era ella quien sostenía el remedio. La hechicera se acercó preocupada, pero Amara le sonrió con dificultad, asegurándole con el gesto que se encontraba bien, incluso aunque aquella afirmación distaba considerablemente de la verdad.

Toma —Entregó las ampolletas a la pelirroja, pugnando por que su voz no se quebrara a mitad del discurso — Debes llevarle esto a Vashni, le han envenenado, no… no tiene mucho tiempo — Jadeó

La joven asintió con un gesto melancólico e inmediatamente partió a paso veloz, dispuesta a salvar la vida del líder de la manada. La cazadora, no sin dificultad, se irguió tanto como le fue posible e intentó seguir el ligero andar de la hechicera, mas sus fuerzas le fallaron a medio camino.

Se dejó caer sobre la hierba. Pequeñas y cristalinas gotas de lluvia comenzaron a caer del cielo augurando una tormenta. El dolor era punzante, el aire que escabroso ingresaba por sus vías respiratorias le incineraba el interior, la sangre caliente de su cuerpo se derramaba a borbotones por la curvatura de su espalda y, ante sus tempestades cristalizadas por la aflicción, todo se presentó borroso.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Vie Dic 29, 2017 12:30 pm

Luna de sangre, mis ojos fijos en aquel instante de recuerdo inexplicable, mi cuerpo ardía, perdido en sueños le veneno me corroía solo el olor tranquilizador de la mujer que elegí para mi eterno viaje me mantenía con vida, aferrado a una realidad que para mi ya no existía.
Tenso mi cuerpo, lánguido cuando la consciencia me abandonaba por momentos mis labios se movían entre susurros.
El nombre de mi hermano escapaba por ellos, lo perdí a manso de los Argent y ahora como un espectro acudía a rememorar una y otra vez aquella noche que nunca debió suceder.

Esa noche no solo lo perdí a él, también dejé sin madre a la mujer que durante todo el día había tenido delante, sin hermanas, todo se lo arrebatamos como antes con nosotros hizo su padre.
Eran victimas inocentes y aunque yo no fui quien cometió el atroz crimen, no estaba exento de culpa.
Quizás la venganza había sacado la peor parte de lobos y cazadores, ni siquiera recordaba ya que enfrentó a los Argent y a los Acer hacia ya tantas lunar que no era capaz de recordarlo en este infernal instante.

Oía ruido pero mi febril estado apenas me permitía darme cuenta de la gesta que se libraba a mi alrededor.
-¡Amara! -pronuncie su nombre, mis ojos se cerraban y de pronto de nuevo sus pasos se alejaban, jadeaba incapaz de seguirla, no se si me movía o eran mis alucinaciones las que la perseguían, todo daba vueltas a mi alrededor.

Otro hombre llegó, me dio una patada en el estomago, no sentí dolor pero mi cuerpo se quebró y en ese momento la oscuridad se adueño de mi.
Sonreí, la fiesta, la mascara, Amara con aquel vestido en el baile, el bosque, el arroyo, aquel enfrentamiento con el acero..nuestra primera vez, cuerpos perlados en sudor, sus ojos de un azul intenso, ella era una loba como yo...me pertenecía.

Abrí los ojos de golpe, no se el tiempo que había permanecido inconsciente pero aquella mujer de cabellos fuego que se había unido a mi manada, la hechicera cómplice de todo esto con los viales en la mano me había salvado.
-¿La manada? -pregunté sobresaltado intentando centrarme.
-Están todos bien Vashni, hemos ganado.
-¿Amara?
El rostro de la bruja lo dijo todo, su olor me llegaba intenso, sangre.
Me puse en pie tambaleante, la bruja me pedía reposo, pero no la escuché me solté de un tirón y salí corriendo en dirección hacia aquel conocido olor.

No me costó demasiado dar con ella, moribunda sobre la hierba, me dejé caer su lado, apartando los oscuros mechones de pelo adheridos a su perfecto rostro.
-¡Amara! -la llame desesperado -no me dejes, no puedes dejarme cazadora -le pedí suplicando con la voz estrangulada por la pena, la rabia y un dolor tan intenso que abrasaba mis entrañas.

Estaba fría, su pulso era débil, no me daría tiempo a llevarla a mi mansión y salvar su vida.
Solo se me ocurría una cosa, algo que me delataría.
-Lo siento Amara -dije arrancándole del cuello aquel medallon que conformaba su esencia humana y ocultaba la maldición licana.
Sus ojos se tornaron azules eléctricos, clavados en mis ámbar parecía no entender el porque de todo esto, peor aquello, la fuerza de la raza que ahora ostentaba me daría tiempo, tiempo para llevarla a un lugar donde poder sanarla sin que corriera riesgos.
-Aguanta -le dije alzándola entre mis brazos – ódiame después.
Dije poniendo rumbo a la mansión con su cuerpo cayendo lánguido sobre estos y esos ojos azules desafiando mis pardos.











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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Sáb Ene 27, 2018 6:29 am

Con cada inspiración que su maltrecho cuerpo se esforzaba por hacer llegar a sus pulmones, Amara, haciendo uso de la poca consciencia que le restaba, no cesaba de preguntarse si aquella sería la última… una tras otra, la siguiente conllevaba más ardua y punzante labor que la anterior. La vida se le escapaba rauda y caudalosa, al ritmo de los ríos de sangre que se desbordaban por la curvatura de su espalda; ardiente elixir que contrastaba con la decreciente temperatura de su piel.

Un susurro apacible y espectral se perdió en los recovecos de su oído, haciendo eco en su cabeza, en sus recuerdos, en memorias de épocas dichosas enterradas bajo un sino de muerte y violencia… era una voz dulce una melodía que Amara conocía bien; era su madre quien, armoniosa, entonaba una canción, esa que cada noche le tarareaba para sacudir su temor a la oscuridad y las criaturas que se refugiaban en ella, esas que su padre, temerario, salía a cazar todas las noches. “Amara, ven a casa”  le pidió en un murmullo. Las risitas traviesas de sus hermanas se unieron al cántico mientras, por un instante, pudo sentir el toque abstracto de sus manitas envolviéndole los dedos, casi como si halaran de ellos, invitándola a unirse a su juego.

Su oficio no era uno del que se salía ileso y ella estuvo lista para partir desde esa fatídica noche en la que la luna roja y sus dos desalmados hijos le arrebataron a su familia, cuatro inocentes cuyo único crimen fue quedar atrapados en medio de una guerra que no les pertenecía. La verdad era que muchas veces se encontró deseando morir, pero siempre encontró alguna clase de motivación, alguna razón para mantener los pies en la tierra; encontrar al culpable de su infortunio encabezaba la lista, darle a su Bastien esa venganza que tanto necesitaba, redimirse de alguna forma por ser la única sobreviviente a la tragedia y quizá, solo, quizá, recuperar el aprecio de su progenitor. No obstante, ahora que la relación con su padre no tenía remedio, la venganza le sabía insulsa y todo lo demás parecía carecer de sentido. Ya no tenía nada, absolutamente nada que le atara a este plano y finalmente estaba lista para dejarse llevar, para dejarlo ir.

Fue entonces cuando tibio un tacto le ancló al mundo, uno que no provenía de su imaginación, tangible y delicado, retiraba los cabellos que, humedecidos por la llovizna, se habían adherido a la piel de su rostro. Amara entreabrió los párpados con dificultad, dándole paso a sus tempestades que, oscurecidas y nubladas por la pérdida de sangre, hicieron un esfuerzo por enfocarse en la silueta de quien cuidaba de ella. Vashni, con semblante opaco y tono afligido, le prohibía abandonarlo. Si hubiese tenido fuerza alguna probablemente hubiese cuestionado el origen de tan intensa preocupación, mas al verle tan alarmado lo único que se vio capaz de hacer fue curvar sus labios ligeramente en una cansina sonrisa.

Estoy bien…— jadeó tras un quejido ahogado, mas lo que intentó ser un gesto reconfortante se transformó en una mueca de dolor; hablar requería un esfuerzo que de momento no se sentía apta para realizar.

De repente y de un único tirón, Vashni la despojó del colgante de su madre tras brindarle una vaga excusa. Instantáneamente, y sin que la castaña llegase siquiera a imaginárselo sus esferas pardas se encendieron en cerúleo relampagueante. Por un efímero instante su mirada se aclaró, permitiéndole detallar la cadena pendiendo entre los dedos del lobo. Amara separó los labios en un vano intento por protestar,  pero el alfa, enfocado en su labor, sin esfuerzo alguno le alzó entre sus brazos haciendo presión sobre  la herida con una de sus manos, arrancándole así un quejido en el que feneció la réplica.

No entendía el porqué de aquella acción, en otro tiempo se hubiese enfurecido, pero por más que quiso no encontró forma, ni la energía que requería darle sentido. Su vista se nubló de nuevo, su mente era una hecatombe. De cuando en cuando el lobo le dirigía una que otra palabra, asegurándose distraerla, de mantener su consciencia tan lúcida como fuera posible. Amara hizo un esfuerzo sobrehumano por mantenerse despierta, pero con la cantidad de sangre que había perdido hacía de ello una tarea imposible. Lo último que recordó de aquel momento fue la estela que dejaban los arboles ante el presuroso paso del licano, manchas grises difuminando sus tormentas y su vista fundiéndose ante las desesperadas súplicas de Vashni.


***

Sus párpados se abrieron de golpe. Por instinto, la cazadora llevó la diestra hasta su pecho, palpando la piedra del colgante que reposaba él. Dejó escapar una pesada exhalación; su cuerpo despertaba del entumecimiento y una lacerante sensación se situaba en el costado de izquierdo de su espalda, circundando la zona donde había impactado la bala. Aún le costaba respirar. Inhalar aire semejaba a inspirar fuego, escocía… calcinaba sus fosas nasales, de tal forma que incluso sus eclipsadas esferas llegaron a cristalizarse; sin embargo, tras un par de aspiraciones, el ardor se apaciuó considerablemente.

Su cuerpo, extenuado y abatido, yacía sobre un blando colchón, cubierto por una gruesa cobija de felpa. La castaña, enfocando sus pupilas, repasó la estancia, reconociéndola inmediatamente como la del alfa. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde el incidente, pero sabía que no había sido corto; hasta entonces había permanecido semiinconsciente, perdiendo y recuperando la lucidez de cuando en cuando, por lo que retazos de algunos momentos invadían su cerebro como flashes. No tenía memoria de todo lo que había sucedido, pero sí podía recordar el punzante dolor que sintió cuando extirparon el proyectil de su pulmón; el almizcle a sangre y licor; a Vashni sosteniendo su tembloroso cuerpo, cuidando de ella, colocando en la frente una toalla húmeda para menguar las altas temperaturas que le hervían el interior, e incluso, pasándole su sangre en una improvisada transfusión.

Giró su cuello y a su lado, tendido sobre la misma cama, encontró al alfa durmiendo cuál bebé. Involuntariamente, sus comisuras se elevaron en media sonrisa, él lucía exhausto y despertarle parecía innecesario. Por instinto, Amara acercó su mano a las mejillas del lobo, procediendo a recorrerle el cuello con el halo fantasmal de sus dedos, siguiendo el camino de las venas que antes se ennegrecieron a causa del acónito, pero ahora apenas tenían un tizne oscuro.

Durante su estadio de inconsciencia fue asaltada por sueños bastante extraños, escenas que nunca vivió, pero no dejaban de percibirse como borrosos recuerdos… un baile, un lago, un hostal…. Y en todos y cada uno de ellos, Vashni estaba a su lado; lejos estaba ella de imaginar que eran aquellos retazos de las memorias olvidadas que se habían colado entre el hechizo y la magia de su colgante.

Repentinamente, como si el tacto de la dermis ajena le quemara, la cazadora apartó la mano de golpe. Amara lo contempló atemorizada. A él podía engañarlo, pero ya no podía hacerlo consigo misma, lo que le hacía sentir le causaba pavor... ese lobo comenzaba a despertar en ella sensaciones de las que siempre rehuyó. Le gustaba, le gustaba mucho, pero no era solo eso, había desafiado a su padre por él, había matado a su gente por él y sabía que de ser necesario lo haría de nuevo en un impulso. No entender lo que sucedía comenzaba a hacerle creer que perdía la cordura.

Pasó saliva. Una punción de inquietud le removió las tripas, necesitaba alejarse de él, encontrar alguna pobre excusa para apartarlo. Con cuidado se quitó la cobija y procurando que sus movimientos fuesen lo suficientemente delicados como para no despertarlo, inspiró cuanto aire le cupo en los pulmones y de un tirón elevó el torso.

Su mirada se desorbitó y su piel, ya de por sí descolorida, palideció aún más. El esfuerzo había sido inútil. Sin poder evitarlo un pequeño grito de dolor se escapó de sus labios despertando al lobo de inmediato.


Última edición por Amara J. Argent el Vie Feb 02, 2018 8:36 pm, editado 1 vez


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Ene 27, 2018 9:12 am

Abrí los ojos sobresaltado al escuchar su quejido lastimero. Mi torso se incorporo al tiempo que mi ceño se fruncía en clara señal de enfado.
Tiré de ella con suavidad recostándola sobre las sabanas sucias, aun bañadas de sangre reseca, no había sido fácil mantenerla anclada a este mundo y desde luego que no pensaba consentir que la cabezonería de una “Argent” me ganara la batalla.
-Te lo prohíbo -dije con la voz ronca cuando ss dos tormentas me buscaron. Su sonrisa se ladeó ,seguramente porque pensó que no había utilizado bien mis palabras ¿acaso podía yo prohibirle nada?
-Llevo días que ni duermo velando tu cuerpo, he hecho lo inimaginable para que tu padre no se saliera con la suya y acabaras muerta en el maldito bosque como un perro, así que lo mínimo que puedes hacer es estarte quieta y obedecerme -dije con la severidad de un padre.

Siempre discutiendo, como podíamos ser tan idiotas ambos, joder, estaba preocupado por ella, casi la haba perdido y tampoco sabia exactamente lo que recordaba de todo lo ocurrido desde la fatídica noche en la que le arranque el colgante del cuello.
-Una tregua -pedí antes de que sus labios se abrieran seguramente para recordarme que eramos enemigos, que no era nadie para prohibir nada y no se cuantas mas gilipolleces.

Mi cuerpo ladeando se incorporó ligeramente, deslicé la yema de mi dedo por sus labios mientras una ladeada sonrisa asomaba en mi rostro con picarda.
-No has dejado de pronunciar mi nombre -dije ensanchando ahora la sonrisa mientras esta negaba hinchando los mofletes.
-Es verdad, decías “oh, si Vashni, mas” -me eche a reír a carcajadas al ver como sus mejillas tomaban un rubor.
Mi risa delató que me lo había inventado lo que la llevó a darme un puñetazo en el pecho diciéndome que era un capullo.

Al menos esto había destensado el ambiente entre los dos, mis ojos se posaron en su boca y mis dedos se perdieron en los mechones oscuros de la melena de su nuca.
Como si fuera un imán, me fui acercando a ella, hilos mágicos que me arrastraban contra su cuerpo, que tejían un destino distinto al escrito por nuestros apellidos, pues yo no la odiaba, la amaba.
A estas alturas no podía fingir que esa mujer no me volvía completamente loco, sentía en ella eso que pocas veces consigue un lobo, su mitad.

Mi aliento penetró a través de sus labios, nuestras miradas quedaron ancladas como la de los cíclopes.
-creo decías algo de besarme -bromeé rozando su boca con mis labios.
La puerta se abrió en ese instante, dejé escapar el aire pesado contra su boca antes de cerrar los ojos frustrado apoyado mi frente en la ajena.
-¡Nada! ¡no llaméis! ¿para que?
La risa de Amara murió contra mis labios, parecía divertirle mucho mi clara frustración.

Ingrid, nuestra hechicera pasaba a controlar como cada día el estado de Amara, ella me había asegurado que no recordaba nada de lo que sucedió una vez le arranqué el colgante. De no hacerlo la hubiera perdido, pero si descubría lo que era, tendría que contarle la verdad y ya sabia como terminaba ese camino, ella largándose lejos de mi, olvidándome y corriendo a los brazos de su padre, así que de momento la iba a aferrar a mi, aunque fuera sosteniendo una mentira que por desgracia tenia las patas cortas y un recorrido absurdo.
No podía perderla, estaba enamorado de ella.


Más vale morir por su odio que prolongar la muerte sin tu amor.

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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent Hoy a las 4:01 am

Frunció el ceño, entrecerrando los párpados cuando Vashni —con delicadeza impropia de la naturaleza que lo maldecía—tiró de ella hasta que su cuerpo reposó de nuevo sobre el lecho, reafirmando la acción con un rotundo “te lo prohíbo”. Las facciones de Amara se torcieron en una sutil mueca de aflicción mientras reacomodaba la espalda sobre la blanda superficie; de ser otra su condición probablemente hubiese opuesto resistencia, mas se sentía tan adolorida que, refunfuñando por lo bajo, no tuvo más remedio que seguirle la corriente.

Para ser alguien que odia a mi padre, definitivamente suenas como él.

El lobo la observó un tanto ofendido por la comparación, una que distaba considerablemente de ser cierta, pero que Amara estaba segura sería eficaz en el propósito de apartarlo; solo bastaba elegir las palabras adecuadas, lo suficientemente incisivas como para instigarlo, orillarlo a otra de esas constantes discusiones que siempre concluían con su partida. Si él no lo hacía esta vez, no estaba segura de poseer la voluntad de hacerlo ella misma.

Siempre fue más sencillo enfrentarse a bestias de carne y hueso que a los demonios intangibles de su mente y su corazón. Una vez más, huía de sus sentimientos, elevaba los escudos y, como una niña asustada, se escondía tras ese muro de roca maciza que cimentó en su tragedia, la soledad y la pérdida. No obstante, tan pronto como Vashni explicó sus razones, dejándole saber del esfuerzo sobrehumano que había puesto en mantenerle con vida, su corazón se estrujó y todas las barreras tras las que construyó con el paso de los años, se tambalearon hasta derrumbarse en un fugaz instante.

Entreabrió los labios, que retemblaron vacilantes, dispuesta a replicar, pero antes de que pudiese emitir sonido el alfa acalló sus palabras con la petición de una tregua, inclinándose sobre ella y deslizando el pulgar por su labio inferior. Amara lo contempló embelesada, hipnotizada por el electrizante tanto y esa fuerza invisible, gravitatoria, que se empeñaba en extinguir la distancia entre sus cuerpos; quizá no era necesario escapar, quizá no era necesario hacerlo en ese momento.

Eso no es verdad — refutó, negando con la cabeza, con una sonrisita nerviosa asomada en los labios cuando él afirmó que no había cesado de repetir su nombre.
El hijo de la luna persistió en la aseveración y la cazadora, sin argumentos para rebatirle pues en su estado de inconsciencia todos los sueños que tuvo fueron acerca de él, le rehuyó la mirada con timidez, mientras la piel de sus mejillas se tiñó de un rubor incandescente. A ella no era sencillo amedrentarla y por eso supuso que el lobo estalló en carcajadas ante su vergüenza, delatándose a sí mismo y falsedad de la alegación.

¡Eres un idiota! — aseguró asestándole un golpe en el pecho que terminó doliéndole más a ella por el esfuerzo.

Recuperando el aliento y sin perder el aire divertido, él deslizó la diestra por su cuello hasta enredar los dedos en su ondulada cabellera y se aproximó ladeando una pícara sonrisa, casi hasta extinguir el aire que se oponía entre ambos.

¿Oh, así que eso dije? — Susurró la indagación que pretendía sonar inocente, como una caricia grácil contra la boca de Vashni, colisionando la calidez de sus más íntimos alientos.

Sus labios friccionaron etéreos y los propios se entreabrieron dispuestos a acoger los ajenos, cuando, en terrible sincronización, la puerta de la habitación se abrió de golpe y tras ella apareció la figura de la mujer de cabellos de fuego. El lobo, notablemente frustrado apoyó la frente sobre la suya, dejando escapar un denso suspiro y Amara, conteniendo la risa, lo apartó a un lado para poder enfrentar a la hechicera, quién apenada y con las mejillas enrojecidas, se disculpaba por la interrupción.

Está bien no has interrumpido nada.

La cara de pocos amigos del alfa ensanchó le causó gracia, mas era evidente que él no la encontraba. La bruja, dubitativa, se acercó jugueteando nerviosa con un recipiente que acunaba entre sus manos. Amara haciendo un mohín de dolor, elevó el torso y se poyó contra la cabecera de la cama.

He preparado un ungüento, no hace milagros, pero te ayudará con el dolor — se explicó ella, colocando el envase en la mesa de noche a su lado.

Amara le agradeció con una sonrisa, pero la mujer, en vez de abandonar la estancia, permaneció allí silente y plantada, como quien tiene algo que decir, pero no encuentra la forma de hacerlo.

Tu colgante — dijo de la nada, rompiendo el silencio bruscamente, apuntando con el índice a la joya que pendía de su cuello — ¿Dónde lo conseguiste?

Amara la observó confundida.

Ammm… —balbuceó sin saber cómo responder al aleatorio comentario — era de mi madre, cuando ella falleció mi padre me permitió conservarlo.

Un gesto de embarazo se dibujó en el rostro de la pelirroja.

Es… está muy bonito — Tragó saliva e hizo el amague de acercar la mano en dirección a la joya — ¿Podría?

En un acto reflejo Amara cubrió con la mano la gema que reposaba sobre su pecho e instintivamente llevó la mirada hacia el lobo quien, en ese momento, parecía querer asesinar a la mujer.

Preferiría que no — respondió al fin un tanto desconcertada.

Oh…Por supuesto, dis…discúlpame — tartamudeó. La castaña asintió en un gesto afable tratando de no hacerle sentir mal por la imprudencia. Entonces la mirada de la hechicera se desplazó hacia el alfa — Vashni... ¿me regalarías un minuto?

Sin aguardar respuesta la hechicera caminó hacia la puerta. El lobo pareció estar a punto de negarse, pero cuando la mujer se volvió con mirada suplicante él, resignado, cedió al fin y fue tras ella.


***

Ingrid se aseguró de ajustar la puerta una vez Vashni cruzó el umbral tras ella. La expresión en el rostro del alfa hablaba por él y, la verdad, no decía nada bueno, así que optó por apurar la dicción e ir directo al grano.

No he podido dejar de pensar en el tipo de magia que puede accionar ese collar… —el hijo de la luna, con el entrecejo fruncido, siseó para que bajara la voz. Ella suspiró y prosiguió la dicción en susurros — Me dijiste que le mordiste y ese colgante de alguna forma impidió la transformación… pero, la cuestión es que no conozco ningún tipo de magia que pueda hacer eso, así que estuve especulando la forma en la que podía ser eso posible y se me ocurrió que tal vez el objeto no tenga magia en sí mismo, sino que la…. — hizo una pausa moviendo las manos mientras intentaba encontrar la palabra adecuada — la absorba...

El alfa se cruzó de brazos, no parecía entender a dónde quería llegar con esa retahíla.

Pero luego recordé que Amara tenía puesto el colgante en el momento en el que lancé el embrujo que tomó sus memorias — Escupió al fin acelerando el ritmo de las palabras — Sé que te aseguré que era improbable que ella pudiese recordar alguno de los recuerdos que borramos, pero, si estoy en lo cierto… es posible que alguno haya podido colarse entre el colgante y el hechizo.

El gesto del licántropo se ensombreció.

No estoy segura… pero si realmente quieres evitar que los recuerdos se manifiesten, mi recomendación es evitar todo aquello que pueda invocarlos y… desde que las memorias son acerca de ti, eso significa…

No hubo necesidad de terminar la frase, no se tenía que ser un genio para saber exactamente lo que aquello implicaba.

Lo siento, Vashni.


***


Amara, contradiciendo el mandato del alfa y abandonando el lecho, no sin dificultad, se colocó en pie, encorvándose por el dolor y, a paso lento, pero seguro, se dirigió hacia el baño, disponiéndose a preparar la tina para asearse. Se contempló a si misma mientras puso el agua a correr; lo único que cubría su cuerpo era una camisa de hombre que le quedaba bastante holgada, alcanzando a cubrir parte de su muslo. Sonrió para sí misma. Vashni debía de habérsela colocado, pues posiblemente su ropa estaba sucia y ensangrentada.

Agarró la tela de la camisa entre su diestra y la acercó a su nariz para inspirar la esencia. Ella apestaba a férrea sangre, pero la camisa conservaba el aroma del lobo, mezclada con la fragancia de la colonia que usaba. Se mordió el labio inferior mientras sus comisuras se elevaron aún más… le gustaba, le gustaba muchísimo.

Fue entonces cuando Vashni regresó a la recámara con actitud más ofuscada que con la que partió. La cazadora ladeó la cabeza, examinándolo… la sola expresión que este cargaba le bastó para deducir lo que fuera que le hubiese dicho la hechicera, no podía tratarse de nada bueno. Él, por su parte, al encontrarla de pie, se aproximó hasta ella con severidad, dispuesto a arrastrarla de nuevo a la cama.

Espera — Le pidió cuando tiró delicadamente de su brazo. Él se volvió inquisitivo — No he tenido tiempo de agradecerte…

No le dio tiempo de pronunciar palabra. Deslizando las manos por el cuello del alfa le atrajo hasta ella, atrapando su boca, envolviéndola en un cálido y pausado beso. Él persistía en frenar la acción con palabras, pero la castaña no se lo permitió, su lengua cruzó el precipicio y se enredó con la ajena, circundándola en una danza lenta y armoniosa. Por su estado no podía sumirse en el encuentro apasionado y salvaje que necesitaban sus cuerpos, pero poco a poco logró que Vashni sucumbiera a sus labios.

Perdidos en el cándido beso, ambos retornaron al lecho. De un empujoncito Amara indicó sentarse, procediendo a subírsele encima y con cuidado, arrugando la nariz a causa del punzón que le recorrió la espalda mientras se acomodó. De nuevo su boca lo buscó. Las manos de Vashni se deslizaron por su cintura, contorneándola y rodeándola con cuidado, más la naturaleza lobuna de este tendía a incrementar el ritmo del encuentro.

Con calma, chico perro — musitó divertida, a penas friccionándole los labios, cuando un quejido de dolor le obligó a detenerse.

Tras recordar el agua que había dejado fluyendo para llenar la tina, se separó del lobo y comenzó a desabrochar los botones de la camisa antes de levantarse. Sus pardos lo buscaron traviesos, una sonrisa maliciosa se curvó en sus labios y tras darse media vuelta dejó que la camisa se deslizara por su piel hasta caer al suelo. Premiosa, la castaña caminó hacia el baño y solo al encontrarse bajo el umbral se volvió hacia Vashni.

Hace tiempo te dije que quería un baño — le recordó encogiéndose de hombros — Pero si quieres puedes volver a dormir.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih Hoy a las 5:34 am

Atravesé con la mirada a Ingrid cando hizo ademan de tomar el colgante que pendía del cuello de la cazadora ¿estas loca? ¿que intentaba? Mi mandíbula se cuadriculo al apretar los dientes mientras negaba con la cabeza buscando respuestas en la mirada de la hechicera que no encontraba aunque ansiaba.

Amara mas rápida cubrió con su mano la joya, lo que me permitió respirar aliviado al ver que con ese gesto bastaba para que mi bruja depusiera su intención. Un frasco de medicamento quedó sobre la mesita de noche, con semillas de amapola podría paliar el dolor que la morena sufría.
Ingrid requería mi presencia en el pasillo, iba a rechazar la invitación, dejarla para otro momento pues el olor de Amara me embriagaba y lo único que deseaba era perderme en el mapa de su cuerpo y marcarlo con mordiscos y besos. Mas el rostro de la bruja delataba la importancia de aquella conversación, así que finalmente me levanté con el ceño fruncido abandonando  la estancia.

Fruncí el ceño incrédulo de todo aquello que escuchaba, si el colgante absorbía la magia, si ese y no otro, era el motivo por el cual mi mordisco fue atajado evitando su transformación ante madre luna, bien podía tener sentido lo que Ingrid decía.
Podría haber, con facilidad, absorbido su hechizo y de ser así, el recuerdo regresaría. Cuanto mas contacto intimo tuviera conmigo, cuantas mas veces la escena se repitiera antes Amara descubriría que era le monstruo que la mordió, aquel que presencio y actuó en su luna roja.
-Maldición -rugí furiosos con los ojos en un tono amarillo radioactivo.
Mi frustración era tan evidente que Ingrid prefirió marchar y dejarme solo, sabía que buscaría el modo de solucionar el conflicto, mas hasta entonces, tenia que poner distancia.

Mi gesto sombrío, marcaba la tensión que arrastraba en ese momento ,me adentré de nuevo en al cámara buscando a Amara sobre el lecho, mas como de costumbre, me había desobedecido, gruñí  caminando hacia el cuarto de baño.
-¡Maldita sea! -dije clavando mis ámbar en sus pardos -¿alguna vez seras capaz de hacerme caso? -tiré de su brazo, mas en ese instante ella me detuvo. Su sonrisa se ensancho y su boca ávida de continuar con el juego que habíamos empezado buscó con hambre mis labios.
Roce etéreo en un principio que entreabrió mi boca necesitada de su contacto, el aliento de ambos se colaba por la húmeda cavidad, mientras nuestros cuerpos como si fueran dos imanes de polos opuestos se atraían buscándose sin miedo.
-¡Espera! -susurré con los ojos cerrados - has de coger fuerza... -no sabía ni que mierda decía, su boca me embriagaba por completo.

Su lengua se adentró en mis labios, como la hiedra la mía cubrió la ajena. Mis manso se perdieron por debajo de su camisa, el deseo me movía y yo era incapaz de aun sabiendo que no debía negarme a lo que sentía.
Mi hombría alzada humedecía la tela del pantalón que contra su bajo viente se perdió presionando entre gruidos.
Amara era consciente de como me tenia, jadeaba contra su boca deseando una gesta que no debía producirse pero que ya tenia alzado mi acero.

Me empujó hasta el lecho, siseaba de dolor, pero eso no basto,  mis manos ansiosas seguían dibujando su preciosa figura, acariciando sus montañas.
-Soy un lobo – corregí con la voz ronca cuando me llamó perro.
Los dos estábamos excitados, el vaivén de sus caderas contra mi abultada entrepierna creaba fuego con la fricción de nuestros sexos.
Amara, siempre tan esquiva, se alzó dejándome jadeando en el lecho con los ojos centelleando pasión.
La camisa se escurrió pro sus hombros dejando aquella tez perfecta y ese cuerpo de pecado al descubierto. Su invitación fue una mirada, suficiente para ponerme en pie, la hubiera seguido hasta la tina y de paso al infierno si eso bastaba para que me mamara, mas...

Mi pecho subía y bajaba violento, por mi boca salia el aire de forma pesada, estaba excitado hasta tal punto que le glande quedaba fuera de la funda rozando la tela de mi calzón.
Cerré los ojos tragando saliva con la boca reseca.
-¡No puedo! -dije sorprendiendo a la cazadora que no esperaba mi reacción -he de ir con la manada -añadí como si esa excusa tuviera sentido cuando mi mente aun estaba presa del sabor de su boca y del tacto de su cuerpo.

Caminé hacia la puerta con premura, buscando distancia netre nuestros cuerpos, si se acercaba acabaría sucumbiendo.
-Tras el baño a la cama -ordené -necesitas descanso.


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