Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

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Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Ago 12, 2017 6:38 am

Recuerdo del primer mensaje :

Gruñí de pura rabia cuando Tobias me aviso que la pequeña comitiva que mandé al lago a recoger unas hierbas para paliar los efectos del acólito no habían regresado en su totalidad, dos de ellos habían sido apresados.
Solo en ese lugar crecía la verbena, con ella la hechicera creaba una infusión que podía ayudarnos a superar aquel veneno que usaban los cazadores para darnos una muerte lenta.

Había pasado una semana desde que Amara salio de mi vida, bueno, realmente era mas consecuente si decía justo lo contrario, desde que yo salí de la suya.
Me había volcado en mis quehaceres como alfa, buscando la redención, el olvido ..aunque no había logrado ninguna de las dos cosas.

Tenia claro mi lugar, como la cazadora el suyo y no la culpaba por elegir la plata de su apellido antes que a un hijo de la luna que la condeno a ser aquello que mas odiaba en este mundo.
Salí disparado hacia las caballerizas, mi espectro negro salio de la mansión al galope siguiendo el rastro de los míos, algo me decía que esa noche se derramaría sangre y voraz aseguraba que no seria la mía.
Pertrechado con mi acero, estaba dispuesto a dar caza y muerte a esos cazadores que sin preguntar como era en ellos fiel costumbre habían apresado a dos de los hombres de mi manada.

Nosotros nunca habíamos arrebatado vida inocente ¿podían decir ellos los mismo?
Odiaba con todas mis fuerzas a esos hombres que jugaban a ser dioses, luchaban contra las abominaciones del infierno como si no se dieran cuenta que los peores monstruos eran ellos.
No me costó seguir el rastro de los míos, no solo por las huellas dejadas sobre la húmeda tierra de sus caballos si no por el olor que desprendían sus cuerpos.

Desmonté en una gruta cercana al lago, al parecer allí el cazador había decidido darles muerte, pues el olor a sangre de ellos era potente, apostaría a que uno de los dos había ya perecido y el otro poco le quedaría, pues ríos escarlata bañaban el suelo de la entrada camuflando el hedor de su verdugo.
Desenvainé sedas dagas, paso a paso me adentré en los confines del abismo, mi sorpresa, no fue encontrar a los dos atados por uso grilletes, si no que la causante de esa tortura no fuera otra que la dulce mujer con la que había compartido lecho hasta en dos ocasiones.

Gruñí de rabia centrando mis pardos en los ajenos, no me esperaba y su cabello castaño creo una ráfaga de viento cuando giró el rostro para contemplar el mio.
-Argent, suelta a los míos y no te arrancaré la piel a tiras -rugí desafiante.
Era incapaz de llamarla por su nombre, el resentimiento aun anidaba en mi corazón corroyendome por dentro.
La culpa me atenazaba, debí matarla cuando tuve ocasión, era una cazadora y ella si sabia que yo era el enemigo pero mi debilidad por ella me había jugado la peor de las pasadas.


Última edición por Vashni Indih el Lun Nov 20, 2017 8:51 am, editado 1 vez



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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Sáb Sep 23, 2017 4:54 am

Cabalgó a través el bosque siguiendo la dirección indicada por Vashni. Estaba preocupada, debió haber sido ella quien desviara el rastro que guiaría a los cazadores en dirección opuesta a la manada. Se maldijo a sí misma y de paso lo maldijo a él, ni siquiera en el lecho de muerte ese hombre dejaría de lado su necedad. Tan pronto como llegó al punto acordado, desmontó de un salto la cabalgadura y caminó impaciente de un lado a otro a la espera del lobo. Le asaltaba un denso sentimiento de inquietud y a pesar de querer ignorarlo, conocía que el estímulo directo de tal desasosiego era él, o más específicamente, su ausencia.

La situación carecía de sentido. No le conocía, no más allá de su nombre o su naturaleza. Eran enemigos o por lo menos era lo que se suponía debían ser, mas por él había transgredido los límites de lo sensato al contravenir los estatutos de su crianza, su linaje y, ahora, su propia sangre. Enfrentarse al lobo era lo debido; salvarle la vida fue un acto insólito, dejarse llevar por el deseo uno irreflexivo, pero atentar contra la vida de su propio padre y escapar sin más con el hijo de la luna, superaba la frontera de lo absurdo. Vashni le llevaba al límite y suscitaba en ella sensaciones que le eran desconocidas, que carecían de razón y, sobre todo, le atemorizaban.

Suspiró aliviada cuando, a lo lejos, vio el corcel del lobo acercarse a raudo galope; no obstante, la calma se desvaneció tan pronto como lo tuvo enfrente. El estado del hombre era deplorable, su piel pálida se perlaba en sudor, sus respiraciones se entrecortaban y su cuerpo se estremecía sin sutileza. Amara no entendía cómo le era posible mantenerse erguido. Con rapidez, se montó sobre el animal, acomodándose a las espaldas del hombre, le apartó con cuidado las manos de las riendas, tomando ella el control y de paso, brindándole a Vashni el apoyo de su cuerpo para que pudiese descansar.

A media consciencia, el licántropo señaló el senderó a seguir. El camino terminó en una gran verja que se alzaba en forma de árbol retorcido, la cual, cercaba una extensa propiedad. No pudo sacudir la sensación de familiaridad que le causó aquella fachada. Tan pronto como los vigías del terreno advirtieron el corcel que con prisa se acercaba, tesos y recelosos, permanecieron tras el enrejado, mas cuando avistaron la valiosa carga que llevaba, su alfa, no tardaron en acudir al rescate.

La castaña descabalgó primero con la intención de prestarle apoyo al lobo en su descenso, pero el cuerpo de este se desgonzó y cayó sobre la húmeda tierra antes de que pudiese evitarlo. Tuvo la intención de socorrerlo, pero antes de que pudiese realizar acción tres hombres se apresuraron en auxilio del alfa y otros dos le mantuvieron apartada de él; uno de ellos, el que aparentaba estar a cargo, le instigó con preguntas, mientras el compañero se ocupó enteramente de registrarle el cuerpo en busca de armas. El nombre del lobo se escapó de sus labios en un susurro. Opuso resistencia e intentó acercarse para obtener una mejor perspectiva del hombre, mas su esfuerzo no surtió efecto: no fue difícil retenerle, ella también se encontraba herida y, en tal estado, a los dos no se podría enfrentar. Resignada, Amara procuro ser concisa al explicar lo sucedido, mas solo alcanzó a advertir del acónito en las balas antes de que, quien le inspeccionaba, encontrara sus dagas.

“Argent”

La mención de su apellido fue emitida con un tinte de desprecio cuando el hombre se percató de la flor de lis grabada en las hojas plateadas. El semblante de los betas se endureció y tras asegurarse de que estuviese completamente desarmada, le inmovilizaron y empujaron sin cuidado al interior de la propiedad. Los residentes se aglomeraban a su alrededor, unos alarmados por las heridas de Vashni y otros que, por el contrario, optaron por desahogar sus preocupaciones en ella, fulminándole con la mirada. Los Argent se habían hecho toda una reputación.

Entre el conglomerado de ojos curiosos, un par de abismales irises aguamarina llamaron su atención. Una mujer, no mucho mayor a ella, le observaba con extrañeza. Sus miradas se conectaron por un instante, transmitiéndole una momentánea percepción de Déjà Vu, interrumpida por un grupo de curiosos que cruzaron en su panorama. Amara se detuvo un instante, frunció el entrecejo y moviéndose de lado a lado con disimulo buscó a la misteriosa señorita, a quien, como si se hubiese desvanecido en el aire, no logró ubicar.

Un segundo empujón le hizo retomar el camino.

Le abandonaron en un oscuro, húmedo y frío sótano, cuyas paredes se adornaban con variedad rasguños y cadenas con grilletes empotradas a ellas. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Supuso que era allí donde encerraban a los licanos menos experimentados en las noches de luna llena; afortunadamente para ella, aquella noche el astro madre de las bestias se alzaría en su fase opuesta. Amara aguardó por horas, que en su mayoría pasó golpeando con fuerza la puerta, exigiendo su liberación, o por lo menos, información del estado de salud Vashni.

Finalmente se resignó y se tumbó en un rincón de la bodega exhausta, cuando una punzada en el abdomen le recordó que su cuerpo también había sido maltrecho. Muchos eran los sucesos acontecidos en las últimas horas, pero ya no tenía ánimo para meditarlos. La única razón por la que seguía con vida era por que, seguramente, Vashni aún conservaba la suya y, en cierta forma, aquello mitigaba su preocupación; sin embargo, al otro lado del sótano, la castaña alcanzaba a escuchar retazos de la discusión que los betas llevaban a cabo. Todo un dilema, eso era ella. Mientras unos sugerían darle muerte y enviarle a su padre la cabeza por correspondencia, otros recomendaban aguardar a que el alfa despertara para entonces tomar una decisión.

Repentinamente el pasillo  se sumió en completo silencio. Amara se puso en pie extrañada, lista a oponer resistencia, a dar lucha hasta su último aliento. No obstante, sus intenciones se vieron trancadas cuando la puerta se abrió de par en par y quien emergió  del umbral no fue otra que la mujer de verde mirada. Desconcertada, la cazadora dio un vistazo por encima del hombro de la mujer encontrándose con los cuerpos tendidos de aquellos que custodiaban la entrada. La mujer se limitó a sonreír.

No te preocupes, están en un breve estado de inconsciencia, nada grave — Le explicó la señorita

La castaña gruñó a la bruja con desconfianza.

¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres?— Inquirió cruzándose de brazos.

La mujer ladeó la cabeza y achicó los ojos, observándole intrigada.

Yo, nada — Aseguró— Pero sé de sobra que a Vashni no le complacería verte acá — movió su mano, señalando el sombrío entorno — Sígueme.

La mujer se dio media vuelta e inmediatamente comenzó a andar. Amara quiso replicar, pero su interlocutora, que a presuroso paso avanzaba por los pasillos de la mansión, no le dio cabida para ello. Se detuvieron frente a una habitación en la tercera planta de la residencia. Amara entreabrió los labios dispuesta a indagar más, pero la bruja se llevó el índice a los propios y siseó por lo bajo pidiéndole que se callara mientras abría la puerta con cuidado.

En el interior del aposento se encontraba el Alfa, tendido sobre su lecho, con el pecho descubierto. No estaba consciente, pero estaba vivo. Al verlo exhaló profundo, sintiéndose ya más tranquila y entonces, sigilosa, se acercó a él y tomó asiento a su lado. Instintivamente pasó la mano por la mejilla del hombre; su temperatura no se encontraba tan elevada, evidentemente se estaba recuperando.

Escuchó la puerta cerrarse. Alzó la mirada en busca de la mujer, pero de nuevo, esta había desaparecido. Suspiró cansina y procedió a recostarse sobre el lecho, perdiendo su mirada las facciones del lobo como si se tratase de todo un misterio. Pronto los párpados comenzaron a pesarle y, presa del agotamiento, la castaña se dejó caer en los brazos de Morfeo.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Sáb Sep 23, 2017 6:44 am

-¡Amara! Aullé entre gruñidos alzando mi torso de golpe del lecho completamente consumido por la idea de que no estuviera a salvo, que su padre no solo la hubiera dado caza, si no muerte.
Apreté los dientes al sentir el dolor que atravesaba que atravesaba mi pecho, los boquetes de la plata seguían abiertos, tardarían en sanar y mas cuando el veneno recorría mi organismo sin piedad.

Me costó centrar la mirada, manchas marrones sombras y una cálida luz anaranjada proveniente de la lumbre que crepitaba en la chimenea de piedra de la cámara que ocupaba.
Mentiría si dijera que fue eso lo que mas me calentaba, el cuerpo de la mujer que amaba descansando a mi lado sobre el lecho fue lo que me impulsó a la calma, así despacio, volví a dejarme caer sobre las sabanas.

Mis dedos se pasearon sutiles por cada contorno de su rostro, apenas un rocé, despertarla no era mi intención, no cuando estaba herida y cansada.
-Has sido una necia -susurré consciente de que no me escuchaba -ponerte en contra de los Argent, tu padre solo conoce una ley, la de la muerte.
Gruñí tratando de encontrar la solución a esta desfachatez, algo me decía que esto no iba a olvidarse solo con un conjuro, su padre la consideraría una traidora y en breve su cabeza tendría precio, uno tan elevado como la mía, el artífice de la luna roja.

Negué contemplándola, su belleza no conocía ante mis ojos parangón, mi deseo por ella era un hecho irrefutable y ahora apreciamos habernos convertido en compañeros de viaje, el destino sin duda jugaba con nosotros como meros juguetes que mover a su son.
Mucho teníamos que hablar, posiblemente me exigiera explicaciones que no sabia como demonios darle. Descubriría que yo era el causante en parte de la muerte de su familia, me odiaría, ese secreto desvelado en el oído de su padre si se hacia publico la convertiría de nuevo en mi enemiga, si es que en algún instante habíamos dejado de ser rivales.

Mi aliento golpeó sus labios, permanecer lejos era algo complicado, necesitaba volver a sentir su calor embriagando mis sentidos.
Entreabrí mis labios, mas cuando apenas un roce se produjo abrió sus enormes ojos forzándome a ladear la sonrisa de forma engreída.
-Buenos días “princesa” iba a ver si con un beso despertabas de tu letargo -bromeé sin apartar de sus enormes islas mi vista.

Quizás mis palabras sonaban rudas, algo irónicas para un despertar como este en le que ambos nos habiamso jugado a una carta todo por el otro, mas yo no sabia como desenvolverme en estos casos.
Un instante de silencio que creo agradecimos ambos fue el resultado mientras nos mirabamos fijamente, inspeccionando nuestro estado.
-Creo que necesito un whisky o dos ¿quieres? -pregunté incorporando mi torso.

Apoyé los pies en el suelo antes de ponerme en pie con un claro gesto de dolor ante su atenta mirada, nos esperaba una complicada conversación, una que creo no sabíamos como empezar ninguno de los dos.
Serví sendas copas, los peces chocaron en el liquido mientras mis pies descalzos volvían hasta ella.
Le ofrecí la copa, le sentaría bien, le calmaría le dolor y esperaba nos ayudara a aflojar la lengua a los dos.
-¿Te equivocaste de a quien golpear con la piedra cazadora? -bromeé curvando la comisura de mis labios.
¡Perfecto! Empezaba bien sin duda.



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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Sep 29, 2017 3:53 am

Despertó con un hálito tibio acariciando sus labios y los del lobo friccionando etéreos los suyos a escasos milímetros de distancia. Tan pronto como sus pestañas se desenlazaron, abriendo paso a sus dos pardos y saturadas constelaciones, la boca del hombre se detuvo en su cauteloso avance, mientras ella, le contempló inmóvil y en silencio. Una efímera evocación de la huella que le dejaron los besos recibidos, cuando sus cuerpos se enredaron refugiados en la penumbra de aquella gruta, se extendió eléctrica y hormigueante por la curvatura de sus labios. El lobo ladeó la sonrisa y se apartó brevemente para observarla a más detalle; hubiese sido una vil mentira negar la moderada decepción que le causó tal retroceso.
Resopló y apretó el entrecejo, entrecerrando los ojos como silente respuesta al comentario del hombre.

Así que en vez del príncipe encantador a mí me ha tocado el lobo grande y malo— Enarcó ambas cejas mientras una sutil mueca se torcía divertida en sus labios, dotando así a sus palabras de tono irónico, muy similar al que el utilizó al dirigirse a ella — Esa es una excusa muy pobre para no querer admitir que deseas besarme de nuevo.

El discurso del lobo se mantenía mordaz; quizá era su esencia hablando por él, o simplemente la consciencia de sus naturalezas opuestas, esa que les condenaba a ser enemigos eternos, a enfrentarse, él en nombre de su astro madre y ella por convergencia entre sangre y plata. Había sido ridículo considerar que la fuerza de un solo acontecimiento pudiese contraponerse a un legendario y poderoso enfrentamiento que les aventajaba por siglos; lo de ambos era una brisa rebelde, enfrentada a un implacable huracán.  

Vashni se alzó del lecho en busca del trago que sugirió necesitar, haciendo evidente esfuerzo por simular la aflicción que le acogía. Las hendiduras infligidas por la plata de su padre necesitarían de tiempo para cerrar, no sólo por causa del argéntico material que las ocasionó, sino también por efecto del letal veneno que lo recubría, desacelerando el proceso de sanación hasta extenderlo a un lapso casi mundano, que los semejantes al licántropo, por concesión de la maldición, usualmente no se veían forzados a experimentar.

No articuló palabra. Observó con detenimiento las acciones del hombre, quien se ocupó de servir el ambarino y anhelado líquido en dos vasos de cristal. Para cuando él se giró sobre sus talones y le enfrentó de nuevo, Amara ya se había puesto en pie, sin retirarse en demasía del lecho, estirando los pliegues de sus vestiduras con las manos. A paso cadencioso él volvió hasta ella y le ofreció una de las dos copas que sostenía; ella la recibió con resignación y a diferencia de su opuesto, que tanteó el líquido en un primer sorbo, la castaña vació el contenido de un solo trago al escuchar la satírica e incisiva interrogación que este le formuló, sintiendo el paso del alcohol calcinarle la garganta.

Se cruzó de brazos, anclando sus espesos pardos en los de él, con temple desafiante navegando sus gestos y una petulante sonrisa cincelada en su boca.

¿Y a ti se te olvidó a quién has traído a tu hogar, lobo? — Respondió a la indagación con otra similar, recordándole que ambos se encontraban en comprometedora situación.

Avanzó en un corto paso dirección a él y su mirada se precipitó hacia la profunda lesión que, con su daga, Bastien le había signado en el pecho, muy cerca del corazón. La examinó maravillada, primero sobrevolándola con sus marrones y luego con el grácil tacto de la yema de sus dedos. El margen de error no era mayor a un centímetro, escasa distancia que para el lobo había significado la diferencia entre la vida y la muerte. Recorrió los bordes de la cisura delicadamente, con la piel ajena ardiendo bajo su tanteo. Incluso el más etéreo de los acercamientos era estímulo suficiente para enloquecer sus sentidos, que lo pedían todo de él. Su mirada subió cansina, de nuevo en busca de los pardos ajenos, adornados con tintes verdes que al candor del fuego refulgían sin verse obligado a despertar la mirada ambarina de su bestia.

Eso debió doler — musitó encandilada por lo que aquel hombre le causaba

Apretó los labios. “No tiene sentido” se recordó. De golpe apartó la mirada de él y en conjunto a ella toda su corporeidad, apresurándose hacia la cómoda donde descansaba la botella de whisky, cuyo contenido procedió a verter en el recipiente que sostenía entre sus manos. La tensión que se concentraba entre ambos era densa.

Tras dar un nuevo sorbo volvió a enfrentarlo.

Mira, iré directo al grano, no me gustan los rodeos — Comenzó, relamiendo de sus labios los residuos del fermentado licor; ser sincera en extremo era, probablemente, su peor defecto— No sé qué es lo que sea… esto —Hizo una pequeña pausa e inhaló profundo, sus dedos tamborileaban nerviosos sobre el cristal— pero estoy al tanto de que soy un peso muerto, mi padre no va a descansar hasta encontrarme… vale, follamos y estuvo bien, te he salvado la vida y me la has salvado a mí, estamos a mano, así que no me debes nada, tampoco tienes ninguna responsabilidad conmigo…. Pero sí con tu manada. Eres su alfa, debes cuidar de ellos y yo soy un riesgo. Sé que debo irme.

Apresuró de un trago el líquido restante y colocó la copa adyacente a la botella. Estaba divagando, era consciente que de Bastien no podía huir. Amara era la propiedad más despreciada de su progenitor, hecha a su imagen y semejanza. La conocía mejor que nadie, él había hecho de ella lo que era: sabía cómo pensaba, cómo sentía, cómo luchaba. Estaba sola, no tenía nadie a quién acudir, todos a quienes conocía se reducían a dos grupos, simpatizantes de su padre o detractores de la plata. No quería admitirlo, su orgullo no se lo permitía, pero realmente estaba acabada, había jodido su propia vida y todo… por él, un desconocido.

Tu sólo… deja que me dé un baño... y dile a esos salvajes que llamas manada que me dejen salir. Seguramente me deben estar buscando por toda la propiedad. Saben que soy una Argent y estoy segura de que les has enseñado bien en quien no confiar —sus comisuras se elevaron en media sonrisa entretenida— De no ser por esa mujer… probablemente seguiría encerrada en ese horrible sótano que reservas para la luna llena.


Última edición por Amara J. Argent el Vie Oct 13, 2017 7:18 am, editado 1 vez


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Dom Oct 01, 2017 9:16 am

La cazadora no podía evitar retarme, no solo con esos pardos altivos que centelleaban, una sonrisa petulante y una mordaz frase que me recordaba que yo debía haber olvidado a quien había llevado a mi hogar.
-Te equivocas cazadora, se perfectamente a quien he traído a mi hogar -susurré sin apartar mis ojos de los suyos. Un instante basto, magia era lo que existía entre nosotros una eléctrica que nos atraía, en el que el tiempo se detuvo en el que nuestras miradas hablaron y nuestros labios callaron furtivos.

Me relamí dando un trago del ambarino liquido, era incapaz de que mis ojos no surcaran sus labios. Amara acortó la distancia, su mirada siguió el sendero de la herida de mi pecho, un tajo que de haber sido movido apenas un centímetro hubiera implicado mi muerte.
Sus pardos acompañaron ahora el descenso de la yema de su dedo, suave tocaba el abultamiento de mi piel quebrada, veía sufrimiento en su mirada, sus palabras escaparon diciendo en voz alta lo que pensaba.
Mi mano acortó la distancia hasta la suya, ambas ancladas sobre mi pecho, la sostuve acariciándola con temple, con mis dedos surcando su piel mientras su mirada se elevaba cansada chocando con mis pardos.
-Ahora apenas me duele.

Era cierto, sus caricias eran un bálsamo, de nuevo entre nosotros se creaba ese ambiente espeso, ese que orillaba nuestros cuerpos y que acercaba nuestros labios con la intención de susurrarnos.
Fue entonces cuando la dama apretó los labios, mi aliento mojado en alcohol calcinaba su boca, huía, conocía esa sensación de ser abandonado, no era la primera vez, no seria la ultima y lo peor es que guardaba tantos secretos que de conocerlo en vez de huir acabaría el trabajo de su padre con un gusto.
Ladeé la sonrisa con aire engreído, alcé los muros, los escudos ante mi, la batalla comenzaba de nuevo.
-Será el alcohol que hace efecto -bromeé al verla servirse una copa vertiendo de nuevo el contenido en el vaso.

Como si el trago le insuflara fuerzas se giró para enfrentarme, duelo de miradas, aceros que chocaban.
Escuché sus palabras, restaba importancia al polvo echado, no esperaba menos de esa mujer que desde el principio me mostró el lado salvaje, desafiante que me gustaba, que me atraía y que me cabreaba a partes iguales.
-Cierto ya dejó claro tu padre que no era el primer lobo al que protegías, al parecer a la cazadora le cuesta apuntar al lobo feroz, sobre todo cuando lo mete entre sus piernas.
Celos, terribles celos que surgieron voraces de mis entrañas, que le echaban en cara encuentros pasados, que para ella no tenían ningún significado pues solo era un extraño, por ende, para mi era mucho mas que eso, no era ni de lejos la primera vez que compartíamos lecho, ni la primera que su piel se convertía en mi refugio.

Rugí atrapando su muñeca cuando hizo el ademan de largarse, eso si, recordándome que tras el baño necesitaba que le dijera a mis hombres que le abrieran paso.
-no -rugí sin mas -no te vas a ir, me importa una mierda si crees que estamos o no en paz. En cuanto pongas un pie lejos de mi mansión tu padre te dará caza, la muerte es lo mejor que podría pasarte, considérate mi prisionera o mi invitada, considérate lo que quieras, solo hay una realidad, no vas a salir de aquí ¿lo entiendes? -rugí cabreado -tu has salvado mi vida, te lo debo -rugí de nuevo.

A la mierda, la distancia entre nuestros cuerpos la acorte con voracidad, mis ojos centellearon ámbar, mis manso en sus nalgas, la elevé con rabia, mi boca la buscó desesperada, lengua que fondeo en aguas bravas y el sonido del cristal estallado contra el suelo por la rudeza del acto.



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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Oct 13, 2017 1:15 pm

Estás demente — Espetó ofendida cuando el lobo le sostuvo por la muñeca, alegando que que no le permitiría irse — Déjam-

No alcanzó a terminar la frase. De un tirón brusco sus cuerpos se juntaron y la boca del lobo acalló sus palabras, colisionando ávida contra la suya. Quería resistirse, estaba molesta, era obstinada y no acostumbraba a permitir que otros hicieran siquiera el intento de doblegar su voluntad, pero al sentir la calidez de los labios ajenos envolviendo los suyos con pasión, se encontró a sí misma correspondiéndole de manera semejante. Le era imposible rebatir el deseo ardía intenso al anular la distancia que separaba sus cuerpos. Abrazó sus manos al cuello del hombre y lo presionó contra ella mientras sus lenguas se enfrentaron a muerte sobre la frontera. De las nalgas él la elevó sin esfuerzo y con sus piernas, ella le aferró las caderas, otorgándole la libertad de explorar su cuerpo.

Una de las manos del hombre se aferró con fuerza a sus nalgas, apretándolas con codicia, mientras la opuesta ascendió ruda por su espalda hasta enredarse en sus rizos, revolviéndolos, despeinándolos y tirando de ellos cuando, tenaces, los labios de él se abrieron paso hacia su cuello, paseándose por su mentón y siguiendo el sendero de la curvatura bajo el mismo, succionando y marcando la tersa piel que allí encontró.

Él le acercó hasta la cómoda donde reposaban su vaso y la botella de Whisky. En tanto sintió el obstáculo a sus espaldas, de un manotazo Amara apartó lo que encontró, botando sin cuidado el cristal que se quebró en el suelo a medio metro de los pies de Vashni, no obstante, a ninguno pareció importarle. Una vez libre el camino, él la depositó bruscamente sobre el mueble sin detenerse en la conquista de su piel; ella, anhelando el sabor alicorado de la boca que serpenteaba por otras tierras, le tomó por la mandíbula y lo elevó de nuevo a la altura de la suya, buscándolo hasta estrellarse contra él con apetito, mordiendo y contorneando la forma de sus labios con la lengua.

Amara hundió sus dedos en la piel de Vashni, oprimiéndole las yemas en los marcados músculos de los brazos, la espalda y deslizándolas hasta sus oblicuos, tirando de él, buscando sus caderas, queriendo sentir la compresión del abultamiento que duro se extendía contra su centro. Ahogó un gemido en la boca del hombre, expresión que emergió ante la idea de acogerlo en su interior. La fricción de sus cuerpos la estimulaba, la excitaba terriblemente. Nunca en su vida había deseado algo como deseaba a ese lobo, mas estaba muy perdida en la humedad de su boca como para sentir culpa alguna.

La corporeidad entera le dolía, resentía los golpes recibidos con anterioridad, quizá Vashni sólo necesitaba un par de horas para sanar, pero ella, en su condición humana, requería por lo menos un par de días; sin embargo, aquello tampoco le detuvo. Las manos del hombre surcaban sus curvas con furor y estaba segura de que, aunque pudiese calcinarla con ellas, no sería capaz de oponer resistencia. Se separó un instante, apoyando su frente contra la ajena con una evidente mueca de aflicción impresa en sus facciones. Jadeante, alzó sus pardos y se encontró con la mirada del lobo centellando ambarina. Sus labios aún se rozaban etéreos, el candor de sus alientos abrasaba en el medio y tan pronto se recompuso, la cazadora se inclinó hacia delante pretendiendo encontrarlo de nuevo. Él rehuyó… temeroso ¿quizá?

No lo hagas — Suplicó en un susurro, con su labio inferior retemblando sutilmente por el deseo

Aquella petición era bastante impropia de sí misma. No iba a admitirlo, pero en él encontraba alivio. Firme atrapó su rostro y lo atrajo de nuevo hacia ella, comenzando esta vez con un beso lento, suave, permitiéndose degustarlo sin la prisa pasional de su anterior encuentro. Le acarició la barba y desplazándose hacia la nuca, sumergió sus finos dedos entre los cabellos. Sus piernas le tantearon los costados y de nuevo sus caderas se contonearon, cadenciosas, rítmicas, sensuales… llamándolo, pidiendo todo de él. Poco a poco el compás de sus movimientos se apresuró, era consciente de que Vashni no quería lastimarla, mas en cuanto a ella respectaba únicamente necesitaba que le consumiera.

Las manos del hombre sobrevolaron los lazos que mantenían sujeto su corsé y de ansiosos tirones empezó a desanudarlos. Repentinamente, la puerta de la habitación se abrió de par en par y ambos se separaron de golpe. Del umbral emergió uno de los hombres que le recibió a la entrada de la mansión; el mismo que le había interrogado y quien supuso era la mano derecha del Alfa. Tan pronto como su mirada se encontró con la del beta supo que era a ella a quien buscaba y que la sorpresa que le surcaba el semblante no era resultado del lugar en el cuál le había encontrado, sino más bien la posición. La situación era bastante incómoda, pero Vashni la manejó bien, el hombre se disculpó y abandonó la habitación cerrando la puerta tras de sí; no obstante, para ninguno de los dos fue un secreto que lo presenciado por el otro lobo poco le agradó.  

De un salto ella bajó de la cómoda y se acomodó la ropa. Suspiró, lo enfrentó de nuevo y enarcó las cejas con sus comisuras elevadas en media sonrisa avergonzada.

De verdad no les agrado — No esperaba menos, era lo más coherente, ella era una cazadora, una Argent, su reputación le precedía. Se cruzó de brazos y observándolo inquisidora entrecerró los ojos — ¿Realmente estás dispuesto a enfrentar a tu propia gente, tu naturaleza, tu odio… por mí? —Arrugó el entrecejo en una mueca de incredulidad— Lo siento, Vashni, pero eso no me lo creo ni por que sea el mejor polvo que hayas tenido en toda tu vida.

Se sumieron en un instante de silencio. Estaba segura de que había información que le estaba ocultando, que retenía y no estaba dispuesto a soltar con facilidad. Exhaló fuerte y se relamió los labios, ya tendría tiempo para averiguarlo.

Bien, no me lo digas — Se desplazó hasta la puerta y colocó el seguro, entonces volvió a él y lo empujó al lecho, procediendo a trepar sobre su cuerpo — ¿Dónde estábamos?


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Dom Oct 15, 2017 3:57 am

Su replica murió en mis labios, beso correspondido, nuestros labios se acariciaron cálidos, chocando furibundos, demasiado hambrientos para ser controlados.
Ella me había olvidado, la magia me borró por completo de su recuerdo, se marcho para volver a su vida, a ser esa cazadora letal, mi enemiga.
Mi lengua atravesó el precipicio de sus labios, devolviendo ese recuerdo que yo tenia marcado a fuego. Para ella era la primera vez que paladeaba el sabor de mis labios, ligeramente alicorado nuestras bocas se mordían engrosando nuestros labios entre roncos jadeos que delataban como estábamos.

Mis manos en sus nalgas, las suyas enredadas en mi pelo, con sendos brazos rodeando mi cuello, tiraba de mi pegándome mas a su boca, ansiosos ambos por saborearnos, besarnos, desesperada mi mano fue acortando la distancia hacia la mesa.
Nuestros cuerpo reptaban incandescentes.
Sus piernas amarradas a mi cintura mientras mi hombría presionaba endurecida contra su centro.

Un gruñido acompañó el gesto en el que la botella fue estampada contra el suelo, los cristales se esparcieron por la habitación, sus nalgas apoyadas con rudeza contra la madera noble la hizo gemir de dolor.
Me detuve un instante, estaba herida y yo demasiado excitado para ser consciente de la rudeza de cada movimiento.
Sus manos se deslizaban por los músculos de mis brazos atrayéndome contra ella, ambos nos mirábamos fijamente, la lumbre encendía sus ojos en tonos naranjas, era demasiado bella para ser ignorada.
Jadeé contra su boca buscando una contención que no hallaba mientras su frente apoyada en la mía trataba de coger el aliento necesario para continuar.

Mis ámbar brillaban presos de la necesidad, mis manos surcaban su cuerpo como un velero cuando la tormenta arrecia y las olas lo empujan a la deriva sin puerto ni timón. Sus curvas eran pecado y juro por dios que no pensaba en otra cosa que en pecar a cada sorbo de vida que su piel me daba cuando me embebía de ella y de su sabor.
“No lo hagas”
Gruñí ante su petición, sus dedos me atrajeron del pelo, su boca me buscó despacio, la mía la encontró ebria de sus besos.
Deslié mi lengua por su precipicio, húmedas se encontraron ambas dibujándose, acariciándose despacio, permitiendo disfrutar de un instante diferente, uno que hablaba de los sentimientos que yo tenia y ella había olvidado en este tiempo.

La tenacidad del beso se fue convirtiendo en calor, en brasa y en fuego, mis dedos tironeaban de las cintas de su corseé mientras sus caderas contenciosas danzaban contra mi duro miembro invitándome a jugar con ella.
Con lascivia lamí sus labios atrapando su sonrisa, entre gruñidos tiré de su corsé para desnudarla, mi boca recorrió la curvatura de su mandíbula, mis dientes la marcaron, era mía y así lo sentía, así quería que lo entendiera ese otro lobo que la cortejaba cuando yo no miraba.
Rugí de nuevo celoso, marqué su cuello con mis dientes, succionando su piel con rudeza y alevosía mientras ella gemía presa de la violencia de un lobo que la necesita.

La puerta se abrió en ese instante, uno de los míos al otro lado, con mis ámbar centelleando y un gruñido fue mas que suficiente para que entendiera que no era el momento de juicios ni valores emitidos, mi deseo por ella iba mas allá de lo cuerdo, lo ético o lo bien visto, yo me había enamorado de ella y quizás era cierto, era mi maldito enemigo.

Amara se deshizo de mi agarré y con el del calor de mi cuerpo. Bajó rauda de encima de la mesa para enfrentarme con el entrecejo fruncido, no le faltaban razón a sus palabras, mi manada estaba por encima de todas las cosas, yo era su alfa, dependían de mi y no podía fallarles, ya había perdido demasiado por los Argent.
Claro que había algo que ella no sabia, que en esa manada, ella tenia un hueco, yo la convertí en lo que era, una loba oculta tras la magia de un medallon que la condenaba a habitar en dos mundos de perdición.
No era solo una loba, no era solo una cazadora y su olor me volvía tan loco como la razón a ella.

Silencio, eso fue todo cuanto encontramos como preguntas y respuestas, ella no entendía, yo prefería no explicarle la realidad sobre una relación que se sustentaba en mentiras.
La vi caminar hacia la puerta, no se lo impedí ¿como hacerlo?
Mas mi sorpresa vino cuando lejos de cruzar ese umbral que volvía a separarnos, cerraba la puerta y volvía en busca de mis labios.

Entre voraces besos volvimos al lecho, caí sobre este ladeando la sonrisa al escuchar su “¿por donde vamos?” Lleve mi mano hasta su muñeca y la atrapé tirando de ella hasta que su cuerpo chocó con el mio, ambos reímos cómplices mientras de un movimiento sobrenatural la giré depositandola bajo mi cárcel de piel y hueso.

Mi mirada ámbar se perdió en sus oscuros orbes mientras mi boca descendía rápida por sus pechos.
A tirones me deshice de cada prenda de su ropa, jadeaba recorriendo los senderos de su piel, lamiéndolos y mordiéndolos, no hubo zona que no marqué con mis dientes, como en un apareamiento entre dos lobos.
Mi cabeza se detuvo entre sus piernas, nos miramos un instante antes de que mi lengua se hundiera en su trinchera, lamiéndola de arriba a bajo, paladeando su sabor, sintiendo como sus caderas bailaban calientes contra mi boca entre roncos jadeos.
Su mano aferraba mi pelo hundiéndome mas dentro, estaba muy excitado, ella era la culpable única de mi estado.



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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Lun Oct 30, 2017 5:51 am

Tras reclamar su boca en insaciables besos, manos ávidas arrancaron sin piedad las prendas que enfundaban su piel mientras los labios del lobo descendieron por ella, contorneando la forma de su cuerpo, paseándose libre por la curvatura de su cuello, recorriendo el camino de los huesos en su clavícula, las elevaciones de sus pechos, la circunferencia de sus pezones, ofrecidos a él y sólo a él para ser consumidos, succionados, mordisqueados… finalmente, la planicie de su abdomen que guio la lengua serpenteante en declive hasta el borde de su abismo. Los irises de su acompañante, refulgentes en ámbar, navegaron por su cuerpo desnudo hasta colisionar con sus pardos, en una pausa traviesa que pareció eterna antes de que la humedad de su boca contrastara con el candor de su feminidad que aguardaba impaciente por él.

Tan pronto como la lengua del hombre se sumió en sus profundidades, se mordió los labios con fuerza para ahogar los gemidos que amenazaron hacer su camino a través de ellos; para Amara incluso la intimidad era un juego y como buena Argent no estaba dispuesta a perder, esfuerzo en vano, pues no tardó en descubrir que quizá era demasiado tarde para ocultar lo que aquel lobo causaba realmente en ella. Su sexo se contrajo ante la estimulación, húmedas y blandas caricias que recorrieron sus confines de principio a fin, concentrándose en su clítoris, alternando entre movimientos rítmicos, primero lentos y luego raudos que le hicieron estremecerse de puro placer. Sus manos, ansiosas, se sumergieron en los castaños cabellos de Vashni, enredándolos, halándolos y despeinándolos con sus dedos como prueba tangible de la excitación que le arrasaba y no daba tregua.

Su espalda se arqueó sutilmente y sus caderas se elevaron buscándolo, eróticas, abrasadoras, necesitadas de él. Estaba frenética; sus respiraciones profundas y agitadas se aceleraban en relación proporcional a su pulso, a la sangre que, fluyendo de prisa por el veloz palpitar de su corazón, ruborizó sus mejillas e hinchó su vulva. No lo soportó más, sus piernas temblaron sin control, su cuerpo de removió inquieto destendiendo las cobijas y sus labios, entreabiertos, rosáceos y engrosados por la presión de los dientes, susurraron a media voz el nombre del hijo de la luna, pidiendo… suplicando por más en medio de jadeos entrecortados.

El hombre se detuvo y sus ruegos, desesperados, se disiparon en el aire. Deslizó la mirada hasta el lobo, quien le devolvía una entretenida, escoltada por una ladeada sonrisa que expresaba, sin necesidad de palabras, lo mucho que lo complacía dejarla en aquel estado. Amara gruñó frunciendo el entrecejo, aunque el gesto se relajó en breve cuando Vashni ascendió por su cuerpo, siguiendo de vuelta la ladera de su dermis que antes lo encauzó hasta su centro, alcanzando entonces nivel de su rostro, con exhalación ardorosa y furibunda; él aún conservaba el pantalón, pero el abultamiento bajo la prenda dejaba en claro que estaba más que listo para ser consumido en su interior.

Sus manos deambularon por los músculos que amoldaban el torso de Vashni. Tras un ligero empujón y medio bote, la cazadora volvió a reclamar la posición de dominio, montándole en los muslos, mientras se ocupó de los broches del pantalón, que, para el momento, comenzaba a estorbar. El miembro del hombre emergió de la tela ante sus pardos, grande, erecto y duro, probándole por qué era el alfa. Amara lo contempló silente, tomándolo entre sus dedos, tanteándolo lento. El lobo rugió impaciente y ella, maliciosa, volvió su intensa mirada hasta la de él, ambarina y centellante. Ladeó la cabeza, entrecerró los ojos y sonrió ladina, aquel era un juego de dos. Sin desanclar sus ojos de los semejantes, se inclinó despacio hasta que sus labios tocaron la punta… un último vistazo, sus cabellos cayeron ondulados a un lado y entonces su boca lo acogió por completo, subiendo y bajando por el tronco, circunscribiendo la forma del mismo con su lengua.

Las manos del hombre recogieron sus castaños risos mientras jadeos guturales nacieron de sus cuerdas vocales; ella, complacida por el resultado, continuó arrancándoselos en movimientos placenteros, rítmicos, pausados y acelerados… solo deteniéndose cuando lo consideró suficiente.

Elevó el torso y enarcando las cejas le sonrió al lobo, cuyo falo, alzado y palpitante por la presión de la sangre que ardía en su interior, pedía ser montado. El glande surcó la tibia y húmeda entrada de su caverna, acariciándola, palpándola, antes de ingresar en ella sin piedad. Amara gimió presa de una excitación sin igual, como si su cuerpo hubiese sido forjado para él; no obstante, aunque el goce que le asaltaba se suponía era nuevo, no dejaba de sentirse como un déjà vu.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Lun Oct 30, 2017 7:53 am

Sus caderas se lazaron mientras la espalda formaba un arco, vaivén de caderas contra mis jugosos labios, sentí sus piernas temblar, su cuerpo tensarse y antes de que sucumbiera a ese placer que escapó de sus labios en forma de mi nombre lacé la mirada con autosuficiencia.
Me relamí su sabor mientras ella fruncía el ceño no muy convencida de que me hubiera detenido en medio de su urgencia.
Mas su enfado se termino al sentir mi cuerpo como su escudo, gateé por la piel ajena dejando que mi bulto golpeara su centro con hambruna.

Mi lengua perfiló sus labios, incitándola a besarnos, mas esta vez fe ella la que volteó mi cuerpo mientras sonreía divertida.
Su boca se deslizó por mi piel, mi vientre se contrajo por el paso de su lengua, mis ámbar centelleaban necesitados de que siguiera descendiendo y creo que lo notó por mi impaciencia mientras aflojaba las hebillas de mi pantalón liberando al kraken.

Jadeé roncamente mirándola, enredando mis dedos en el pelo de su nuca para que bajara y lo engullera.
En puño atrapé sus ondas mientras su sonrisa traviesa me desafiaba.
Un beso en mi glande antes de que su humedad se abriera y lentamente se deslizara por mi tronco haciéndome gruñir de puro placer.

Su lengua recorría mi glande acompasada al movimiento de sus labios, sus ojos no dejaban de contemplar mis ámbar como si de algún modo disfrutara escuchando la excitación escapando de mi garganta de forma gutural.
Tiré de su pelo cuando mi palpitante falo no aguantaba mas, su maliciosa sonrisa chocó contra mis labios.
Gruñí ansioso empujando sus caderas hacia abajo mientras la gruta se abría, las marismas me acogían y el leviatan se adentraba con rudeza en el interior de ella.

Mi boca en su mandíbula, marqué su cuello succionandolo entre gruñidos, algo muy propio de los míos.
Era mía y ese era el modo de gritarlo a todos incluso a ella.
Cabalgaba como una amazona, sus pechos botaban ante mi turbia mirada, hasta que una de mis manos atrapó uno para llevarlo contra mis labios.
Coroné sus pezones, tirando de estos con mis dientes mientras nuestros cuerpos forjados a fuego no dejaban de moverse friccionando.

Tensó su cuerpo se arqueó ofrecido, gruñí agitado, mi falo se sacudió en su interior llenándola de mi entre roncos jadeos mientras sus paredes me apretaban la verga.
Caímos extenuados, perlados en sudor sobre las sabanas, nuestra respiración chocaba enérgicas contra los labios ajenos.
No salí de su interior, como si es pudiera anclarla a mi tanto como las marcas de su cuello.
-No tienes donde ir -le dije tras un profundo silencio -así que deja de decir estupideces, sabes que si tu padre te encuentra, te matará.



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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Amara J. Argent el Lun Nov 20, 2017 3:10 am

El lobo tiró de ella deslizándose en su interior, adentrándose con ávida rudeza en el candente abismo que aguardaba por él. Gimió complacida sin poder contenerse mientras Vashni se abrió paso en ella; sus caderas danzaron a ritmo armonioso, seduciéndolo, provocándolo, con su frente recostada sobre la de él y sus labios rozando gráciles los ajenos. Conforme la pasión iba en crescendo también fueron más alborotados sus movimientos, e inmersa en la fricción de sus cuerpos, en las manos y los labios que le sobrevolaban sin recato, alcanzó la cumbre del placer precediéndolo a él.

Agotados por el placentero esfuerzo, sus cuerpos se desplomaron exhaustos sobre el lecho, acomodándose cadenciosos entre las sábanas. Él permaneció en su interior, sus piernas se entrelazadas y ella, silente, lo contempló con sus intensos pardos, mientras sus agitadas respiraciones retornaban a la normalidad, colisionando suaves entre la escasa distancia que separaba sus rostros. La cazadora posó su mano sobre el rostro del lobo, tanteándole las mejillas con la yema de sus dedos, descendiendo con ellos por el sendero que los llevó hasta el pecho, piel desnuda en la que se dibujó abstractas figuras invisibles.

Fue él quien rompió el silencio con palabras que detuvieron en seco el impreciso trazo de su índice. Su mirada, que se había deslizado sobre el lienzo, retornó intrigada a la de quien se suponía era su enemigo.

¿Necesitabas todo eso para decirme algo que ya sé? — Indagó divertida, con una ceja enarcada y media sonrisa sutil curvándole los labios — Conozco a mi padre, Vashni, lo conozco mejor que nadie y sé lo que es capaz… de encontrarme, si tengo suerte, me matará, sino me hará desear estar muerta, eso lo sé — Admitió encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto — La verdadera pregunta es ¿Por qué te importa? Si vivo, si muero ¿Qué diferencia hace para ti? — Silencio… o alguna farsa, sabía que del lobo solo obtendría más que alguna de las dos cosas así que no aguardó por respuesta — Pero no me lo dirás ¿verdad? No me lo dirás, discutiremos y tendré que coger mis cosas y salir cabreada pretendiendo que no quiero estar aquí contigo cuando la verdad es otra...

La confesión se escapó de su boca sin filtro ni rodeo. Él le observó con sorpresa como si lo que esperase escuchar de ella fuera algo completamente diferente a lo recitado.

¿A qué jugamos tú y yo? — Inquirió en un susurro, con sus pardos extraviados en los del hombre

Repentinamente avergonzada, Amara le rehuyó la mirada, no acostumbraba a andar por el mundo admitiendo cómo se sentía, mas aquello que le ataba a ese lobo era demasiado fuerte como para ignorarlo, incluso si la idea carecía de coherencia.

Me quedaré — declaró al fin tras un instante de silencio — Por un día o dos, mientras pienso qué haré con mi vida —Aclaró— No tienes que pretender que te importa lo que sea que pase conmigo, si te sientes en deuda, no lo hagas, no hay cuenta pendiente entre los dos. Ya te lo dije, no puedes desafiar a tu manada, Vashni, no me quieren aquí, ya uno de los tuyos murió a mano de uno de los míos y no sé qué tan bien me sentaría si lo mismo le pasara al resto por mi culpa.


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Re: Mi unico amor nació de mi único odio (Privado)(+18)

Mensaje por Vashni Indih el Lun Nov 20, 2017 8:51 am

Ladeé la sonrisa ante su pregunta ¿si necesitaba todo eso para decir una obviedad?
-No, lo he hecho porque te tenia ganas, te llevo teniendo ganas desde que te vi en aquella fiesta -susurré contra sus labios dejando que su aliento me quemara por completo.
Nada mas acabar la frase me di cuenta que acaba de pifiarla pues ella creía que cuando fui por los miso fue la primera vez que nos vimos.
Intenté disimular para que no se notara pese a que mis ojos tomaron una leve tonalidad ámbar que me delataba.
Ella solo conocía la mitad de nuestra historia, por contra, esta se enredaba como una maraña que nos llevó a separa nuestras vidas.
Un dejavu, eso vivía cuando Amara siempre acaba diciendo que se largaría ¿pero a donde? No tenia lugar para ir, ni escondite donde Bastian no la localizara y aun así le restaba importancia como si no fuera mi problema y como si no me importara.

Enarqué un ceja ante su pregunta ¿por que me importaba, la respuesta hubiera sido sencilla si pudiera ser sincero sin abrir entre nosotros un abismo que nos engulliría por completo.
Si descubría ahora que yo estuve allí la noche de la luna de sangre se sentiría traicionada por mi silencio antes de tomarla.
-¿quieres irte? ¿es eso? -pregunté sin entender porque siempre acababa huyendo de mi -por ese lobo, es del que hablaba tu padre ¿que tienes con el? Esta vez si que mis ámbar centellaron plagados de celos, no podía controlarlo, yo la sentía mía y ella no paraba de repetirme que se largaría pasado unos días.

Fruncí el ceño ante su mirada, era cierto que decía que no quería largarse enfadada, pero tampoco quedarse y lo de mi manada me sonaba a una escusa que aunque no carente de razón era preocupación mía y no suya.

Gruñí sirviéndome una copa que apuré de un trago, mi dedo la señaló mientras mi mandíbula se tensaba cuadriculada.
-¿que tienes con él? -pregunté de nuevo como si tuviera algún derecho de hacer esas preguntas cuando solo nos habíamos acostado -¿es con él con quien piensas largarte? Por eso me dices que no vas a quedarte.

Di otro trago al vaso hasta apurarlo, no contento con eso, tomé directamente la botella para beber de ella.
No era la primera vez que la perdía, claro que ella eso no lo sabia.
Lo pasé mal en este tiempo en el que tuve que acostumbrarme a no poder rozar su piel, ella solo me olvidó, peor yo tenia que pelear contra el recuerdo y eso dolía mas.

Di un nuevo trago mientras ella me miraba desde el lecho, creo que incapaz de entender mi ataque de celos.
No es que fuera una sin razón, los lobos eramos territoriales, posesivos, pero es que ademas de eso le faltaba la mitad de la historia, una que no podía ser contada sin riesgo a que me odiara.
Me sentía atado de pies y manos, todo me llevaba a perderla y no había sendero certero para lo contrario.
-Me iré con otra -gruñí como si esa frase bastara para retenerla a mi lado -te juro que si sales por esa puerta, me follaré a otra.






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