Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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On greed and other sins –Priv. +18

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On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Vie Ago 18, 2017 8:11 pm





On greed an other sins
Receloso osa ser, aquel que ha reclamado posesión, puesto que así lo dicta la naturaleza, quien le disturbe será penado.

Horda de aguijonazos se desperdigaron sobre su piel, arrebatándole de su tormentoso letargo sólo para que la poco más prometedora realidad le recibiera con sus aromas y preámbulo de tempestad. Las gotas eran delgadas, pero no por ello menos gélidas o punzantes; descubrió que, tras todo aquel tiempo tumbado sobre el lodo, su cuerpo se había hundido en la porquería y sus prendas se habían convertido en un manojo de sucios harapos, teñidos de sangre y sudor. Quiso ponerse de pie; aunque hubiese preferido perecer allí mismo, en aquel estado, sabía que su hermano no iría a permitírselo, era capaz de traerlo de regreso desde la muerte sólo para asegurarse de que se marchara como él lo dispusiera.
Le tomó tres intentos el poder tomar asiento, fue entonces que la llovizna se hizo más intensa, como si las nubes hubiesen estado aguantando el aliento a conciencia. Radu se sentía destrozado, si acaso aquella palabra alcanzaba a describir la sensación; estaba seguro de que portaba varios huesos quebrados y los golpes sobre la piel no colaboraban a hacer más ameno el movimiento de sus extremidades.

De algún modo se encontró poniéndose de pie y, trastabillando, alcanzó a recargarse contra una pared a medio desmoronar. Logró alzar la cabeza para contemplar sus inmediaciones, aunque el agua le estorbaba la visión, fue capaz de distinguir los vestigios de la arena, la basura dejada atrás por los espectadores y, en el suelo, aquel auténtico sacrilegio que suponía la fusión entre la pureza de la lluvia y la sangre de los vencidos.
Caminó al borde de desplomarse lo suficiente como para dejar atrás aquella derruida edificación, empleada únicamente para negocios y atracciones de mala muerte, y arribar a los primeros indicios de París. La ciudad ofrecía mayor resguardo del robusto viento y la suficiente cantidad de muros para que el lobo se apoyara durante su avance.
Debido al temporal, las calles se encontraban desiertas, por lo que Radu no corrió riesgo de alertar a los oficiales durante las rondas nocturnas ni a los ladronzuelos que hacían de las callejuelas estrechas sus centros de transacción.
Le llevó un buen par de horas arribar al bulevar que precedía a la casona, entre las caídas y las pausas para recobrar aliento, había acabado completamente mojado y con la temperatura corporal tan baja que sus heridas habían lentecido su sanar.

Se introdujo en el umbral y accedió a la residencia sin llamar a la puerta; de inmediato un grupo de sirvientes se arremolinó a su alrededor, al reconocerle, se dispersaron para regresar con toallas que alojaron sobre sus hombros y prendas limpias que Radu rechazó descortésmente. Su único deseo era el de encerrarse en sus aposentos y descansar como era debido, envuelto en sábanas de seda y su ilusoria estabilidad. Creyó que su hermano no estaría allí aquella noche, así que no tomó precauciones al introducirse en la sala que le conduciría hacia el pasillo con acceso a las habitaciones; mas la áspera voz del vampiro resonó en la estancia y, maldiciendo por lo bajo, el menor se acomodó la nariz reprimiendo un gemido, tras reparar en que quizá fuera el motivo por el que se le había pasado el reconocer su aroma.
Ah, allí estaba el conde con su porte impecable y aquel fugaz brillo en los ojos que tanto fastidio le generaba; seguro se estaría regocijando en su desdicha, así era en la mayoría de las ocasiones, en otras, simplemente, le fastidiaba no ser él quien dejara la última huella sobre el cuerpo del lobo.
Radu se irguió, simulando que todos los vestigios de la paliza presentes en su organismo, no eran más que la inocente mordida de un mosquito. Por algún motivo, la cantidad de individuos apostados en la casa superaba la convencional hacia aquellas horas, el lobo disponía de la habilidad como para conocer, al menos, ese ínfimo detalle. Frunció el ceño, acopiando, repentinamente, todas sus energías.
Buenas noches, querido hermano. ¿Acaso tenemos visitas? –Le espetó con evidente recelo, desde el comienzo había dejado bien en claro entre las normas de convivencia que no toleraría intromisiones indeseadas.


Última edición por Radu V. Rosenthal el Dom Oct 15, 2017 11:07 pm, editado 1 vez



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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Dom Sep 10, 2017 10:32 pm

El Conde una vez más hace de las suyas, había accedido en aceptar una invitación; una de las más pecadoras celebraciones, ya que aquel inmortal que hizo tal ofrecimiento de un encuentro, no solo enaltecía al Conde, sino que de negociaciones a futuro era por lo que realmente se había interesado, pero no estaba mal negarse a un banquete exquisito, ¡claro que no!, el aristócrata de preferencias bizarras, más que ganancias, brindó su cuerpo, sí, (claro que era la única manera en la que el Conde podría al menos ser parte), que jamás se negaba al deseo carnal, le era atractivo, y porque no decir que era de su especialidad ese hombre. Se había visto como una puta, una ingeniosa puta que al fin de cuentas se ganó el derecho de yacer en el lecho de Sokolović, por lo que le abrió las puertas de la mansión Rosenthal, y ¿por qué justamente ahí? porque ahí tenía todo lo que le satisface. Además de querer provocar a su maldito hermano, mostrarle una cruel enseñanza donde el Conde no pertenece a nadie y si se le descuidaba, como justo en esa misma ocasión, no era el único a quien tendría para joder. Por lo que aumentó su rabia al ver que el perro no llegaba, (se le brindó la libertad correspondiente al trato, pero este llego al límite, y ya debería de estar en esa maldita jaula), pero seguía provocando, sin obedecer en su exacta observancia las reglas, ya después se encargaría de él, y peor, que las consecuencias las recibiría su invitado especial. Sin embargo eso le encantaría.

Y vaya que hay que darle puntos a Horst, se dio  la tarea de conocer las preferencias de su señor. Llego antes de lo previsto, anticipando su llegada con el mayordomo el cual le dio indicaciones de alojarse en el salón principal, púes primero lo primero, debían cerrar las negociaciones, hacer que firmara el contrato y aún mejor, conocer los puntos de vista y la posición de este para saber a lo que se enfrenta, púes no por algo le atraía ese muchacho, representaba un enemigo, y un aliado a su vez, uno que de negocios sabe manjar, y riesgosas actuaciones sobre todo, jugando con todo para ganar, por ello es que baja de las escaleras con un traje de gala que en breves momentos será destrozado, púes hasta en eso se asemejan, ambos eran bestias, animales muy traviesos. Y si nos remontamos a viejas tradiciones, el vestir de aquella manera, representaba un baile con el diablo, en el que el primero que dé, el minué, será el sirviente del otro.

— Veo que quieres ganar puntos a favor, mi querido Horst, pero por favor, toma asiento, y servirle del mejor viñedo que tengamos, o ¿prefieres una copa de sangre caliente? Lo que sea de tu elección, pídelo, así estaremos más a gusto, y más si trataremos de convenios, ¿no lo crees? …

¡Maldita sea su mirada! Tan profunda, y cómplice con las pupilas, seduciendo tan solo con mirarle, posándose en su frente y leyendo los términos en los que demanda para compartir un embarcadero, el hacerse de un nuevo local y el otorgamiento de una licencia para abrir más establecimientos donde ya no serán burdeles lo que abra, sino, clubs privados, clandestinos en el sentido de su real faceta, porque si uno va a su investigación todo estaría legalizado, sin faltar a las normas. Donde se preguntaran porqué no solo lo obliga sin tener que divertirse con él, pero esa era la verdad, que le encanta jugar, y con el elevaba la intensidad, púes su réplica se basó directamente en querer beber de los labios del Conde, por lo que las reacciones comenzaban a ser una maniobra, pues se le acercó de manera íntima, tomándolo del cuello como queriendo estrangularlo, delineando la comisura de sus labios con la extremidad de la lengua, y le pregunto: — Dicen que hago que todos tengan miedo de mí, ¿Por qué no me tienes miedo? —. Le mostró los colmillos y en cuanto tuvo lo que quería, púes resulta que el miedo lo tenía, pero era el sabor que Horst añoraba, así era su extrañeza de regocijarse y ser auténticamente complacido. Que una risa corta ejecuto el Conde, a punto de apoderarse de esos labios y dejar que su falange descendiera a la pelvis de su invitado, poniéndolo a prueba, porque ahí quedo, le soltó y fue a tomar asiento en el otro extremo, dedicándose a seguir en las cláusulas y peticiones de su parte en caso de incumplimiento al nuevo contrato que generarían. Y sí, entre la charla, las provocaciones resaltaban, insinuaciones bien vistas y entendidas se prosiguió hasta la finalización del negocio, ya solo era la parte de la celebración. Que ahí, con llamarle con la mano, le dio el permiso a que se le acercara, y que se inclinara mostrando la lealtad que tanto profesa con esa boca, y qué espléndida reverencia, Horst mostró sus respetos al masajear con delicadeza y cierta efusividad por encima del bulto del Conde, quien con los brazos extendidos en el sofá estaba, posando en este como el verdadero señor de todo. Yendo al paso en que su boca coronaria su falo, y ahí, justamente ahí, capturó ese hediondo olor, la esencia familiarizada con sonidos de movimientos, la jodida servidumbre yendo y viniendo, ¡molesto! porque había dicho que no interrumpieran en nada. Y pareciese que demandó lo contrario, lo distraían de aquel placer, y con su molestia no detuvo al otro inmortal, porque eso ansiaba, y aún más, que el otro le viese, porque era él, nada menos que Vassk, (su queridísimo hermano) y ante su presencia, y su insolente voz en ese momento, hizo ademan de que guardara silencio, dirigiendo la mirada hacia quien postrado en reverencia ante su falo se halla.

..Con inquietudes que le ocasionaron verlo, ¿porque maldita sea se hallaba en ese estado? ¿Quién oso en tocarlo? Enfurecido, conservó su disgusto, sí se fue a abrir las patas a alguien más, lo pagaría muy caro, pero por ahora le dará lo que tanto desdeña, la indiferencia, lo ignorara y que escuche como es que se revuelca su Conde con otro, que vea cómo es que deben ser fieles a sus peticiones, porque Horst jamás abandono ese falo, realizaban un excelente labor con esa boca y no se diga de su lengua, no dudo en tenerlo, y el motivo era porque era el mejor. — Retírate, como has visto estoy ocupado, mañana hablaremos y ve pensando en lo que dirás, ni una más Vasska, te lo advertí.


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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Vie Sep 22, 2017 7:04 pm





On greed an other sins
¿Dónde ha quedado nuestro acuerdo, donde yo bebo de tu copa y tú comes de mi mano?

La imagen que le recibió en la sala principal le dejó ciertamente perplejo. El aroma inconfundible de su hermano colmaba el ambiente con habitual intensidad, mas el repugnante hedor del otro vampiro se desperdigaba, usurpador, en un funesto intento por igualarlo. Radu conocía la primera fragancia y, aunque despreciara la pútrida característica de la raza, se había resignado a tolerar la de su congénito —venga, jamás iba a admitir que, en realidad, le agradaba—; no era el caso con la de cualquier otro no-vivo.
¿Cómo osaba, aquel bastardo traidor, infligir el acuerdo y, para colmo de males, hacerlo de un modo tan descarado?, de manera tan infame, despreciable.

Radu sintió la ira instalarse en su vientre y ascender hasta arremolinarse en la base de su garganta. Deseó abalanzarse sobre aquel par de apestosas criaturas y desgarrar con el simple uso de los colmillos sus pálidos cuellos, desprovistos de pulso, de prudencia.
Estuvo a punto de cometer un descuido, de dejarse llevar por sus impulsos y quedar en ridículo, pero fue la repentina aparición de una criada la que le detuvo en el acto. Se plantó frente a él, con completo descaro, solo para ofrecerle un paño de toalla perfectamente enrollado.
—La tina está lista, señor —anunció sin inmutarse. Debía ser una jovencilla muy tonta para interponerse a una fiera en pleno episodio de ataque, o quizá suficientemente astuta como para leer la situación y evitar una catástrofe. Radu no estaba de ánimos como para descifrar el significado oculto detrás de la mirada que le dedicó, pero sí le fue suficiente para recordar el estado deplorable en el que se encontraba.

Tomó la toalla con brusquedad y se dio la vuelta con intención de dirigirse rumbo al baño.
Ya era extenso rumor el que te acostabas con cualquier zorra con objeto de obtener tus despreciables acuerdos, hermanito. Quién iba a decir que lo comprobaría tan prontamente. En fin, disfruta de tus negocios, procura que no te rebane el pene con ese par de demoníacos colmillos, no sé cómo irás a jactarte luego si lo pierdes de un modo tan patético. —El joven se alejó por una puerta lateral, manteniendo la compostura para disimular el dolor que le suponía caminar con los huesos fisurados—. Te recordaba más… exigente, la verdad, casi pareciera que estás desesperado —añadió, antes de esfumarse completamente.

Ingresó en el cuarto de baño, se desvistió aprisa y se zambulló en la bañera tan pronto se encontró desnudo. Se lavó el lodo y la sangre a toda velocidad, aprovechando a acomodarse los huesos que se encontraban en una posición que no les correspondía. No demoró más de diez minutos, pues tenía prisa. Se secó de inmediato y se vistió con unos pantalones que habían dispuesto sobre un mobiliario junto con otras prendas limpias que se negó a calzarse. Se acomodó el cabello y abandonó la habitación con el cuerpo aún húmedo.
Ingresó en la sala una vez más, simulando no prestar atención al accionar de los otros dos presentes; se ubicó delante de uno de los libreros y tomó uno cuyo lomo le llamó la atención, sin verdadera intención de leerlo. Tomó asiento en el sofá dispuesto frente al ocupado por su hermano y se reclinó con parsimonia, abriendo el volumen en la primera página impresa. A continuación, dirigió la mirada hacia el par de vampiros.
Oh, no se preocupen por mí, no me molesta ni pretendo interferir en sus negociaciones —se excusó, sin motivo aparente, antes de devolver la atención hacia el libro.

Al hedor que invadía la habitación se sumaron los sonidos, Radu debió hacer acopio de su más profunda fuente de paciencia para no destrozar por completo el lugar. Odiaba a su hermano, lo detestaba profundamente, luego de haber experimentado una noche tan poco gratificante, debía soportar el indignante comportamiento del mayor. Había llegado a creer que realmente sufría de algún tipo de adicción al sexo y que lo sobrellevaba concurriendo a la cama con cualquier desprevenido que se cruzara en su camino. Pero el que lo llevara a la casa era un sacrilegio, una terrible violación al pacto, a su confianza.
Radu no deseaba presenciar aquella escena, disfrutaba de la ilusión de retorcer el pescuezo de aquel intruso dentro de su mente, pero se obligaba a leer las líneas del texto, sin prestar verdadera atención.
Su cuerpo estaba repleto de magullones, si bien sanarían en la brevedad, era inevitable vislumbrar las manchas violáceas que coloreaban sus tatuajes o el rojizo de los tajos en su tez.
En cierta instancia, el lobo logró compenetrarse en la historia que sus ojos recorrían y trasladarse al universo ilusorio que presentaba el relato. Reparar en la escena que se sucedía allí mismo frente a él, le generaba un sabor amargo en la boca, un malestar indescriptible en el estómago y un intenso dolor en el pecho.



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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Jue Sep 28, 2017 1:18 am

La dureza en la que se pronuncian esas palabras, la crueldad misma para querer golpearle, y aún más la actuación de Vasska se asemejaba a la situación en la que su miembro se halla; provocado por la boca, endurecido por la habilidad de moverla, disfrutándolo pero también con un dolor gratificante porque aquel inmortal emplea sus colmillos para con su piel, su sensible piel a pesar de ser de hielo, tan lubricado, presionaba en los costados la tela del sofá, apoyándose del goce dado, y endurecido porque aquel sigue sin someterse, y peor que no peleara como la malditas rameras con sus clientes. Si no que decidiera largarse, y maldita sea de aquella que interrumpió. Amenazando a ambos en un gruñido, excitante pero intenso para anunciar su furia. Y agradeció a ese que le detuviera con sus excelsas mamadas, sí que sabe luchar con todo para asegurar el negocio. Y lo que más le divirtió fue su reclamo, le dolía, lo sabe porque cuando arroja las verdades de esa manera es porque le afecta.

— ¿Lo estás diciendo por experiencia? Sabes que no es así. Nadie se atreve a hablar de mí, y aquel que lo haga no vive para contarlo. Mis movimientos solo lo saben mis “putas” y estas no se atreverían a hablar de lo que hacemos. Ese es el juego en las negociaciones, sabemos cuándo gozar de otras maneras más entretenidas. Si supieras a cuantos y cuantas me he echado y lo poderosos que son, que hasta los tengo a mi servicio con solo tronar los dedos. ¿Crees que temo a tus insignificantes palabras? No, así sabes que tan crítico soy y que no cualquiera puede acercarse a mí. ¿Comprobarlo? Vaya manera mía de mostrarlo, ¿debo acaso montarlo para que veas como me preocupa que hables o sepas de mí? Mi amado Vasska, no te alarmes no pienso perder mi pene, aun puedo cogerte terminando de este. Puedes esperar mientras tanto. No te enceles por no ser el único. Pues mis exigencias las conoces muy bien y ahora él las conocerá.

Tan grosero es, pero es que vaya manera de hablar que pareciese que le gusta que le traten de esa manera porque siempre saca lo peor del Conde, y por consiguiente le dio la espalda, alejándose del lugar. Y él rio a carcajadas, acariciando los cabellos del inmortal, entrelazándolos en los dedos para alzarlo de manera repentina. Estaba alterado porque comenzaba a acariciar al Conde, y como su enojo radicaba, se iba a consolar de él. Que le pidió que se sentará en sus piernas, y así le comenzó a lamer la nuca, abriendo los botones de su camisa para acariciarlo, recorriendo todo su cuello con la extremidad de la lengua, inclinándose para posesionarse con uno de sus pezones cuando este se alzó un poco más, pasando el abrazo para sostenerse del sofá, y mientras tanto, sus manos se encargaban de bajar la braga del pantalón, comenzado a masajear aquel endurecido miembro. Se notaba que tan mágico es, hasta que volvió a sonreír, no por cómo le besaba el inmortal, sino porque él regresó. Ahí, merodeando entre la escena, no lo miro, se dedicó a mover la lengua con la ajena sin detener la masturbación. Lo espléndido fue que algún día a su hermano lo tuvo en la misma posición, y el pensar en ello, es por ello que no abandonó la actuación. Si, haciéndolo por Vasska, que se enfurezca el maldito, ya que merecía lo peor después de llegar a casa en esas fachadas.

— Shhh, no prestes atención a ello. Pronto se marchará estoy seguro a menos que haya regresado insatisfecho, y quiera unirse a otros. ¿No te gustaría? … bueno, no es algo que haría, a menos que ya le hayan hecho cambiar sus gustos. O ¿por qué no te acercas y juegas con mi travieso amante, Radu Vasska?

Primero tranquilizaba a su acompañante, no le gustaba para nada que el cachorro estuviera ahí con ellos, se quejaba, por primera vez se quejaba y es que todos son iguales, creen ser dueños del Conde cuando ni una mínima parte tienen. Y lo calló con su petición, invitó a su hermano a unirse, no con él, sino con el otro inmortal. No lo tocara, no lo tomara pues su suciedad es tremenda. Por más que se lavara seguirá apestando, es su manera de humillar, de despreciar. Y ahora más que nunca. Se lo restregaba en su cara como es que desea a otro. Como le toma y le miró directamente, eso de mantenerse ocupado en su libro, era una idiotez más.

— Bueno, ya que no piensas venir ni irte. Seguiremos con lo nuestro, sólo cierra los ojos para que no te sientas mal de lo que haré, a ver si así decides marcharte, ya que deberías ponerte feliz, podría suplantar tu lugar.

Removió el cuerpo que tenía encima, que se acomodara cuando liberó su miembro y se lo llevó a la boca. A nadie había realizado esa acción, más que a su hermanito pero quizás y ni lo sabía. Peor hincado, pero tomará al menos la esencia de ese. Probar algo más sería quizás la forma de no obsesionarse tanto con Vasska. Quizás es lo mejor para no terminar algún día matándolo. Siempre hay un segundo para todo, siempre hay alternativas y es a lo que acude, es el segundo que ocupa su boca con un miembro.


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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Lun Oct 09, 2017 8:21 pm





On greed an other sins
Regodéate en tus placeres, puesto que tus días llevan la cuenta de las lunas que se esconden con tu sangre entre sus augurios.

Radu dejó que las palabras lo indujeran en aquel universo imaginario plasmado en las páginas del libro, prefirió recorrer una extensa costa desierta, recrear el murmullo del mar en su mente, cualquier cosa antes que reparar en la escena que se desempeñaba delante de él. Y es que si dejaba que su hermano se saliera con la suya, no podía ni estimar qué catastrófico final les depararía su propio comportamiento impulsivo; quisiera o no, se conocía, y también estaba plenamente al tanto de la desventaja que le suponía el llevar varios huesos rotos en pleno augurio de confrontación.
Realmente intentaba que los personajes y sus diálogos le arrebataran de la realidad —y qué curioso resultaba, puesto que no acostumbraba a dispersarse leyendo— pero la voz de su hermano debía solo balbucear un monosílabo para volver a situarlo en tiempo y espacio. Cuán profundamente irritante.
Claro que no iría a dejar que el bastardo se follara a esa alimaña frente a sus ojos, mucho menos en esa casa, ya bastante apestaba a sanguijuela como para que, además, desperdigaran su semilla muerta sobre el tapizado del sofá.

Oh, no debió haberse dejado influir por los comentarios del mayor, tampoco haber despegado la vista del libro, porque cuando se rindió a su tonta curiosidad, a ese insistente sentimiento de opresión que le contraía el pecho, se encontró con que su consanguíneo llevaba al intruso en la boca.
Radu cerró la portada del libro de un estruendo, quizá algo más evidente de lo que le hubiese gustado y se puso de pie, retractándose en el momento, para voltear en dirección de la estantería, donde introdujo el volumen, rellenando el hueco vacío que evidenciaba su ausencia. Antes de enfrentar una vez más al par de amantes que se distendía a sus espaldas, recargó las palmas sobre el mobiliario y agachó la cabeza con intención de distraer, de ser posible, un ínfimo segundo su conciencia.

Sokolović practicaba inmundas maneras de sellar un trato, él bien lo sabía, no debía sorprenderle que, además, hubiese violado la condición de no traer a cualquier extraño a la casa, ¿qué acaso no se creía el soberano de todo aquello sobre lo que pisaba? Más aún, ¿no era cotidiano el que buscara formas sumamente reprochables de fastidiarlo? Porque he ahí la cuestión, también suponía que Radu era de su propiedad.
El joven licántropo irguió la espalda y exhaló un suspiro, dispuesto a demostrar a su hermano que las cosas no funcionaban tal y como él las diagramaba. ¡Al diablo con la situación!
Se aproximó hasta el asiento que ocupaban y envolvió con brusquedad el cuello del vampiro más joven, para luego jalarlo hacia sí, obligándole a descender del regazo de Bertok.
¿Sabes? He tenido una noche bastante puta, creo que aceptaré tu oferta para despejarme un poco la mente.
Arrastró al muchacho hacia un sofá aledaño, más pequeño, pero suficientemente espacioso, ya que no planeaba dejarle tomar asiento. Le obligó a postrarse de rodillas frente a él y, sosteniéndole por la barbilla, dedicó unos instantes a contemplarle con detenimiento. Quitando el hecho de que fuera un parásito bebedor de sangre, no iría a negar que resultaba muy atractivo. Sus pestañas eran tan prolongadas que se preguntó cómo era posible que no se le enredaran al parpadear; sus ojos se mostraban tan artificiales como los de cualquier vampiro, semejaban ser de cristal, húmedos a raíz de la reciente actividad desempeñada mediante su boca, ejercicio que el lobo planeaba hacerle replicar.
La expectación que reflejaba su semblante le resultó repugnante, ¿acaso le divertía la idea de mantener relaciones con dos personas a la vez?, ¿sería, tal vez, la primera ocasión en que experimentaba aquello con un espécimen de su raza? Oh, le hubiese encantado que bebiera su sangre por error y acabara pudriéndose por dentro, envenenado por la codicia y la lujuria, por el espesor de la maldición lunar.

Radu soltó el botón de su pantalón, única prenda que llevaba encima, y le indicó con el índice que hiciera lo suyo.
¡Ah!, —advirtió—, llegas a morderlo y eres rata muerta, ¿entendido? Ten cuidado, aún está sensible. —Agregó, sin mayor extensión de detalles, procurando interceptar la mirada de su hermano.
Oh, cómo deseaba enterrarle el puño en medio del rostro, ¡conde soberbio! ¿Qué estaría pasándosele por la cabeza al ver a sus dos putas divirtiéndose sin él? Radu se sentía más animado a estrujar el cráneo de aquel presunto socio antes que a disfrutar de su felación. Pero, ¿qué más daba? En esa residencia ya todos estaban malditos, si con cualquiera de sus acciones lograba producir el menor recelo en su hermano, pues, que así fuera.



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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Sáb Oct 14, 2017 2:15 am

Quién iba a imaginarse lo que pronto se vislumbraría en ese lugar; el Conde con exactitud se apodera del momento, es más audaz y maquiavélico cuando de la rabia se presenta, nadie le quiere como enemigo y aún peor, nadie desea tenerlo como amigo. Se ha visto que no hay diferencia una con otra y eso explica el como se muestra con su hermano, ese quien debería tener prioridades, más es una especialidad causar deterioro en sus cosas. El inducirlo a un sentimiento destructivo, ya que eso ansía, provocarlo, que resurja esa bestia indomable. Se ha convertido en todo un trofeo, pues quien logre dominarlo se proclama rey y el ir en contra de los perjuicios de él, hace lo que nadie es capaz de ejecutar. Al extremo de llevar un falo inerte, tan duro que podría ahogarse con este en un mal vaivén, sangrarse la garganta si la locura libera en ya verlo venirse. Sin ser suficiente, ni la satisfacción que un caliente miembro forja en su boca, (sí, habla del segmento del perro), se lo arrebataron. No presto más atención en cuanto él comenzaba a mamar, de lo que el otro hacía, sí, percibió su cercanía, más no esperaba que le quitaran aquel inmortal con brusquedad, al grado que cayó al suelo, y arañó la carne vistiendo sus labios de sangre, lo saboreo no miente, le excito, no lo niega. Por lo que permaneció sentado en el suelo, recargado del sofá y viendo la escena sacada de un melodramático libro; un amante despechado, sosegado por los instintos, y una conciencia manipulada. Ahí estaba, la diversión que proclama un monstruo hacia otro. Riendo con maldad y una cínica mirada, reconoce que el maldito sabe jugar, y cómo enfurecer más a Sokolović, su jodido dueño.

— Vamos, no te detengas, muéstrale porque te tengo en este harem. Enséñale a como complacerme, una puta enseñando a otra. ¿Acaso no deberían competir uno con el otro? A ti te quitan tu lugar, no seas tan idiota si es que quieres permanecer a mi lado, ¿no te das cuenta que con el puedo divertirme más de lo que hago contigo? Y a ti, si llegas a hacerlo correr, te daré lo que tanto ansias, más allá de los negocios. Así que dile mi hermoso inmortal, ¿Qué es lo que tanto ansias, lo que matarías por obtenerlo?...

Si lo determinan como un hijo de puta lo es, provoca a ambos, que se pelearan entre ellos, era una brillante manera de arrojar su furia contra ellos. Tanto del uno como del otro le molestaba, pero el más furioso sabe embellecer. Que en cuanto vio cómo iba bajándose la braga del pantalón, y la postura de un perro frente a otro perro. Hizo que se mofara por tanta ironía. Que muy pronto se colocó detrás de Vasska, incrustando los colmillos en su hombro derecho, sin probar de la sangre, esta se esparcía por sus colmillos, por su barba y por la piel del otro, magreando su pecho y llegando a su oído donde lame el contorno. Acercándose más a su boca, pasando la palma en su mejilla donde le hacía de lado para que le mirase y sintiera el aliento de su sangre mezclada con el sabor de un miembro. En lo que con la otra falange busca la mano de Vasska, deslizándola a que le tocara el falo.

— No lo prives de hacer, sabes bien que lo deseas, no te detengas por mí. Siempre he sabido lo puta que eres. No tengas miedo a mostrarte frente a él como lo que en verdad eres. No eres tan distinto a nosotros, así como a mí se me pone dura de salirme con la mía, a ustedes se les pone porque así lo quise. No se te olvide, maldita zorra.

Lo arrojo, no lo beso, ni todo lo hacía por querer tenerlo, lo hacía con ventaja, que se preparara de que olía todo al inmortal, que una saliva envolvía el pellejo de su miembro, y su boca una combinación. Resultando ser más un insulto que nada, y en cuanto el otro resentido escuchaba, mordió aquel miembro que tenía en la boca, comprendió al fin la situación y aventó a Vasska a un extremo, tomando del cuello al pobre Conde, resultando ser la víctima en ese ataque. Lo habían estampado contra el suelo, teniendo encima a ese y de una mordida en la yugular se regocijaba, restregándose a él que bien se notaba su excitación, la calentura desenfrenada, y ante eso no podía negarse a ronronear, lo estaban tomando, y él, el Conde solo se dejaba, ya que era su única venganza contra su querido Vasska, y era más espléndido porque cargaba a un animal embravecido, que podía notarse su rabia, sus celos, y su coraje. Después de todo, era una riña de amantes desquiciados. Mientras descifro la siguiente jugada, él atacaría al perro sin duda alguna y espero a que eso sucediera, a ese extremo llega su molestia por permitir que alguien le tocara, ¡ojala y le hubiesen extirpado el miembro! Se merece eso y más. Claro está que él hace lo que se le plazca, más nadie lo hace con él. No, están muy equivocados si tan solo lo piensan, así es el mundo de la perdición, cadenas, y afectaciones simultaneas de placer.


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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Radu V. Rosenthal el Mar Oct 31, 2017 10:54 am





On greed an other sins
¡Oh, fraterno!, ¿en qué momento se ha invocado a la fiera? Tiemblen los altares, pues Dios ha volteado el rostro a su pueblo.

Desde el primer momento Radu había deducido que existían limitadas posibilidades para que aquella jugada saliera bien. Tan pronto el hedor extraño del inmortal en su morada había alcanzado sus sentidos, supo que su incompleta velada de riñas y deudas no había acabado en aquella industria derruida ni lo haría en ausencia de una catástrofe. Ah, el licántropo había convivido con su condición cerca de sesenta años, ¿cómo no haber comprendido la naturaleza de su esencia llevando tal cúmulo de décadas como hombre y como bestia sobre sus espaldas? Y era ese el gran meollo del asunto, sabía que el monstruo no había sido apaciguado y que cualquier detonante le haría perder sus estribos y, vamos, la causa por excelencia de sus arrebatos de feroz e iracunda inconsciencia estaban en la mayoría de los casos —puesto que reducirlo a todos era un acto de innecesaria atribución monopolista— con los seres y haceres de su estimado hermano Sokolović.

Radu estaba a punto de recibir una felación y, sin embargo, se encontraba tan nulamente excitado que hasta lo sentía un completo desperdicio de esfuerzo; allí, abandonado sobre el suelo, se hallaba el gran pionero del negocio, ahora echado a un lado por sus dos marionetas. El licántropo empezó a desear que todo acabara de inmediato, pero desertar en ese instante no habría logrado más que herir su orgullo y, cuando de Radu se trataba, era el orgullo su más destacada prioridad, sobre todo si su hermano fungía como principal testigo.
El vampiro se introdujo la inerte extremidad del lobo en la boca; ciertamente tenía talento para la labor, pero para el joven alemán, independientemente de cuán atractivo juzgara a su eventual amante, aquella gran simulación teatral socavaba toda voluntad de gozar los placeres propuestos. Tal condición, en sumatoria con el deplorable estado de su anatomía, convertían el ideal de un mullido lecho y un sueño profundo en su idolatrada expectativa de la velada perfecta. Eso, al menos, hasta que su hermano tomó la decisión de intervenir e incrustarle los colmillos.

Radu ahogó un quejido e inclinó el cuello en respuesta a su más primitivo instinto, sentía la sangre derramarse por la extensión de su espalda al tiempo en que aquel insensato succionaba por el simple capricho de mofarse de él. El aliento de Sokolović apestaba a su hurtada esencia, a la lujuria del segundo vampiro, entremezcladas con el inconfundible olor de su saliva y la muerte enfrascada.

Allí estaba otra vez su hermano, accionando en pos de reivindicar su soberanía sobre los acontecimientos; con completo descaro le susurró tonterías al oído y condujo su mano hacia donde yacía su miembro, rígido y erecto dispuesto para introducirse en donde fuera que su amo lo animara. Ya estaba deseando que, en consecuencia de su soberbia impaciencia, acabara mutilado en las fauces de una trampa para osos, ¿qué tanto podía jactarse de sus hazañas un legendario cazador privado de su arma?
Por mucho que detestara el que así fuera, sin importar cuánto se esforzara por resistirse a su arrasadora omnipotencia, Radu debió resignarse al hecho de que, tras ser desafiado por el mayor, finalmente su propia virilidad había comenzado a ponerse de ánimos para la ocasión, endureciéndose en el interior de aquella desagradable boca y comenzando a sensibilizarse frente al roce de las orgánicas texturas. Maldijo para sus adentros, acomodándose sobre el asiento en un intento poco efectivo por disimular su malestar.

A decir verdad, el desarrollo de los episodios no inspiraba en el licántropo expectación alguna, a su entender, la noche podría acabar con una sesión de sexo poco entrañable entre tres bestias o bien un ridículo espectáculo competitivo sobre quién monta a quién durante más tiempo. Así debería haber acontecido, mas debió reprenderse por subestimar a la pequeña sanguijuela que retenía prendida entre las piernas. A primera vista, poco se podía valorar sobre la complexión del tercer individuo al compararlo con el par de hermanos alemanes que fungían como anfitriones, sin embargo, no dejaba de ser un vampiro y, como tal, suponer una latente amenaza para cualquier mortal con la carne blanda.
Radu recibió una dolorosa incisión en su miembro cuando el invitado de Bertok le rasgó con sus colmillos, de inmediato se vio siendo arrojado al suelo con brusquedad, pasando a ser el mayor la víctima de sus fauces. El joven permaneció inmóvil por un momento, acunando su hombría entre sus manos mientras la sangre que corría por sus venas se encargaba de coagular en las heridas apresuradamente. Cuando alzó la vista, dispuesto a dedicarle su más cruento reproche a quien le había agredido sin advertencia, descubrió que Sokolović se encontraba en una posición no muy diferente de la suya, la única diferencia, quizá, era que él aparentaba estarlo disfrutando.
Allí estaba el escuálido vampiro, meneando sus caderas como si la vida se le fuera en ello, reclamando como suyo aquel cuerpo bajo su peso y liberando repulsivos sonidos que se debatían entre un aparente gozo y una creciente furia.

Radu había creído hasta entonces que se encontraba bajo control. Luego de haber participado en tan ferviente batalla durante las primeras horas de la noche, su irrevocable desenfreno animal debería haberse apaciguado hasta nuevo aviso. Compartir la piel con un lobo que excedía el dominio de su conciencia era, como bien lo resaltaba su condición, una maldición; agradecía al destino que fueran solo las noches de luna llena aquellas que le despojaban completamente de su humanidad, puesto que si el monstruo aflorara en cada ocasión que su ira le cegaba los sentidos, posiblemente habría acabado decapitado por la inquisición hacía más de media vida.
Pero cuando más creía poderse jactar de su envidiable autocontrol, era que las cosas se complejizaban a niveles desmedidos. Recapitulando, pues, frente a sus ojos, el vampiro que acababa de herirle su órgano más preciado se hallaba balanceándose extasiado sobre el cuerpo de su hermano, el hombre al que más despreciaba en el mundo y, sin embargo, el único que le conducía a la demencia cuando de deseo se trataba. El joven desgraciado que, en su propio hogar, osaba hacer manifiesto de un comportamiento tan descuidado, seguramente iría a atacarle una vez más. Somos espectadores de un circo de bestias, claro estaba que una mordida no solucionaría la totalidad del conflicto, desafortunadamente para su papel, Radu no le concedió tiempo para concluir la escena.

El licántropo se abalanzó sobre el más joven y, con fuerza animal, lo encarceló contra el muro, sosteniéndole por el cuello sin cuidado de permitirle respirar. En cuestión de un instante de los ojos del vampiro comenzó a manar sangre y, con un simple incremento de presión, un crujido precedió a que la víctima se desplomara, inerte, sobre el suelo. Radu le había fracturado el cuello y, si bien aquello no tardaría demasiado en enmendarse, le concedería suficiente tiempo como para obtener algo de fuego.
El menor de los Rosenthal se percató de que estaba gruñendo, sus sentidos se encontraban funcionando al extremo de su capacidad y los músculos le tiritaban en consecuencia del creciente nerviosismo. Apenas podía razonar, no lograba hilar los pensamientos para saber qué debía hacer a continuación, si acaso buscar un mechero, o encender la hoguera y salvar un tronco en llamas. Había sucumbido a la furia bestial que se alojaba en su interior, conservaba la forma humana porque la luna llena no reinaba en los cielos, pero poco de conciencia le restaba en medio de aquel ataque de furia.



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Re: On greed and other sins –Priv. +18

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Dom Nov 19, 2017 1:14 pm

Le excita sus quejidos, su altanería, y esa maldita rebeldía para con él, no lo niega que el punto de atracción es que lo enfrenta, no se someta y eso hace que lo desee más, más el afecto que le enloquece, lo motivan y le hacen tener el derecho de ofenderlo como bien sabe hacerlo, era suyo y el hecho de que le invitara al banquete de placeres, no quería decir que tenía que hacerlo, más ahí estaba, encarándole a su dueño como otro mantenía lo que era suyo en esa boca, pero entre caracteres, el Conde no muestra su debilidad, se vuelve animal, provocando y llevando a la traición, así funcionaba esto de tomar y sacar, insultando de la manera más elegante, más exquisita y porque no, hasta hermosa.

Pero el hartazgo se presentó, y la discriminación ante él, no podía permitir que le besara, ni le tocará, más lo que ansío estaba ejecutándose, ahí, atacado por el inmortal, con brutalidad excesiva, le arranca la carne de la yugular, y él se dopa con el olor de la linfa de Vasska, la percibía tan cerca, tan potente, a eso es que le ronroneaba, aparentando gozar la actuación de su negociante, pero la verdad era más caótica, nadie podía superar lo que su hermano desprende de él, y lo observaba, con una penetrante mirada, emitiendo gestos de quejidos, y su templo reaccionando a la fricción del otro, tan candente está, tan caliente percibe su templo pero cometió el peor pecado, saborear de la sangre del licántropo, si por primera vez se prueba, es un arma muy potente para activar el cuerpo de un muerto, y si, con un poco más de esta podría matarlo, porque es veneno, es por ello que no fue tan imbécil de succionar, de tragársela cuando le mordió. Pero ahí estaba, la demencia de un frenesí imparable, consumible a la eyaculación, pronto la derramaría, más jamás desvió la mirada de Vasska, preguntándose que es lo que hará, pero demoraba, y si se corría sería demasiado tarde, puesto que no permitiría que le quitaran al inmortal y se quedaría con él. Pero fue aquel que en un par de segundos antes de hacerlo, se lo quitaron, de una ferocidad emanada, adorando como el odio en sus irises denotan, el animal había despertado al fin, y no, no interrumpiría tan perfecta escena, eso necesitaba vislumbrar, eso es lo que tanto había esperado desde un inicio, más el imbécil demoró, siempre queriendo contrariar, tan sencillo fue que se lo quitara desde un principio y que hizo, ¿largarse a lavar? Y es que eso le recordó el porque estaba enfurecido, él porque tuvo que llegar a todo esto.

Sin moverse del suelo, sujetándose la yugular para que pronto se sanara, derramado demasiada sangre que maldita sea, fue decorado con esta, manchando todo y su preciosa alfombra, todo un escenario sangriento y emotivo, mofándose por última vez de su pequeño lobo; sacándole los ojos al inmortal, acabando con él de la manera más instantánea y menos dolorosa para sí. Observando hasta el último momento en que fuese consumido por el infinito odio de un animal. Tan atractivo se veía, y que enfermiza forma de deleitarlo.

— Si lo vas matar, hazlo de una maldita vez, si no lo harás, déjate de estupideces. Sabías que esto pasaría, y aun así permitiste que sucedería, ya mátalo y deshazte de tu maldito odio, porque si no, me encargare de que pagues por todo. Le has quitado a una mujer su marido, a unos hijos su padre, ¿qué es lo que harás? Deshazte de él ya, y lárgate de aquí.

Arrojó con unas tremendas ganas de afectarlo, de atacar su emociones, su real debilidad, derrumbarlo en ese preciso momento, pero se alzó del lugar, yendo hacia él, tomándolo de su yugular, apretando esta con fuerza, azotándolo contra la pared, cuando vio el final del inmortal. — Tu maldito orgullo llegó hasta aquí, permitiste que te tocara, que te hiciera lo que siempre te he prohibido, más no basta con eso, ¿vienes de no sé dónde, peor que una ramera golpeada, y queriendo hacer de las tuyas después de eso? ¿Quién te crees que eres para hacerlo? No te equivoques Vasska, al igual que el inmortal, no soy de nadie, y lo sabes a la perfección, fuiste tú el que lo quiso así, y no me niegues que no lo disfrutaste, porque se te nota en el cuerpo lo excitado que estas, esto te convierte en la misma mierda en la que me revuelco, entonces, no estás en derecho de pedir libertad, o de que te sea fiel, porque no eres mi mujer como para que exijas que te respete. Y si quieres que lo haga, respeta mis condiciones, y jamás vuelvas a contradecirme… ¿Entendiste? o es que seguirás igual, porque de ser así, estoy en posición para que esto termine.

Sonrió, ciertamente estaba revolcándose de la risa, de las ganas de abrazarlo, y demostrarle cuan afectado estaba, pero así como su orgullo se interpuso, en él, era de la misma manera, en tanto término de mostrarle los lados de su posición, le soltó, acercándose a su rostro y lamió su mejilla qué sucia estaba, era la sangre de aquel que le salpicó, y miró el cadáver del inmortal, realmente ya estaba muerto desde un principio pero eso no se lo diría, porque en los negocios, no hay manera en que el Conde permita que alguien más gane en este, y aquel rebaso el límite, es por ello que culpo a su hermano, solo porque goza hacerlo sufrir, ya después descubriría la verdad, pero le gustaba, ¿cómo no estar enamorado, no, mejor seducido de ese a estas alturas? Es por ello que no podía permitir que lo descubriera, si así es como es, ahora con ello, sería una guerra total.

— ¿Aún no te es suficiente? ¡Que! ¿Quieres ahora matarme? Jaja, inténtalo Vasska, una vez más hagámoslo, tengo tantas ganas de destrozarte el cuello, de despellejarte y recordarte bajo qué reglas te debes regir, porque no pienso nunca matarte, estás consciente de lo que espero de ti, pero parece que lo has olvidado, ¿cuándo lo harás? ¿Cuándo será que te atrevas a hacerlo?  Quizás hoy, así matas dos pájaros de un solo tiro, puedes decir que fue una riña entre dos inmortales, y no tienes por qué culparte de ello, piénsalo, y así te conviene mejor, ¿no lo crees? ¿Quieres que vaya por el arma, o como lo harás?

Esbozo una ligera sonrisa, yendo a tocar el cadáver, en lo que piensa aquel, lo que debe o quiera hacer, era realmente un fastidio, tener que limpiar el desastre, por lo que comenzó a alzar los muebles, para enrollar ese cuerpo con la misma alfombra, ya no necesitaba nada de ello, debían quemar la evidencia, y desaparecer lo sucedido, fingiendo que no pasó nada, sí es que el otro lo quería, pero chasqueo el hocico, la maldita sangre no dejaba de derramarse de su yugular, estaba demorando en sanar, y se comenzó a limpiar con la misma camisa y se amarro un trozo para evitar que chorree y proseguir con la limpieza del lugar.


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