Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La joven del torreón (libre)

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La joven del torreón (libre)

Mensaje por Drittsekk el Sáb Ago 19, 2017 7:31 am

Recuerdo del primer mensaje :

Padre me envió hacia siete lunas a proteger el castillo de Artherian, el norte estaba sumido en una guerra abierta en la que el rey Randulf llevaba si duda la ventaja del que usa el miedo y la destrucción a su favor.
Seis lunas en el que la pequeña horda que me acompañaba y yo luchamos hasta la extenuación por proteger una piedra que contenía un gran poder para los druidas del templo, decían que podía controlar el elemento aire, si caía en manos de Randulf desataría tornados que asolarían sin necesidad de ejercito nuestras tierras mas de lo que ya lo hacían sus aberraciones creadas para el exterminio de los míos.

Logramos contenerlos, detener el ataque y malheridos fuimos acogidos en el castillo del Conde para recuperarnos antes de volver con la victoria hasta Akhershus, nuestra fortaleza.
Claro que algo me decía que allí se ocultaba algo mas que esa poderosa piedra, pues durante la gesta, soldados habían apostillados en la cara norte del palacio, como si lo que tuvieran allí oculto fuera mas valiosos que la misma piedra custodiada.

Recorrí fugazmente el pasillo rumbo al ala este del castillo, no me fue demasiado complicado esquivar a la poca guardia que tras la batalla todavía seguía bastante desorganizada.
En el castillo había un ambiente festivo, digno de la victoria de anoche. Jugué con las luces y sombras de las lámparas de aceite y antorchas del castillo, y tras esconderme en la oscuridad al encontrarme con distintas personas del personal de servicio, alcance el ala este.
Subí por unas empinadas escaleras de piedra en un sepulcral silencio. Una puerta recia de madera se abría ante mí. Di un paso para aproximarme a ella.
¡Mierda! Pensé volviendo a pegarme a la pared. Uno de los soldados del conde con una coraza y espada en mano, hacia guardia frente a ella dando ligeros paseos.
¿Que habría tras esa puerta? Me pregunté intrigado, debía ser valioso para que tras la victoria, esa zona siguiera férreamente custodiada.
Estaba claro que por esa puerta no podría entrar, al menos sin llamar la atención. Me deslicé escaleras abajo. Una ventana abierta, perfecto pensé. Apoyé mis pies sobre la base de ésta y con rapidez me deslice hasta una pequeña grieta en la piedra donde pude apoyar mi pie derecho, asiéndome fuertemente con las manos, conseguí encontrar otro pequeño saliente para poder seguir avanzando. Elevé la vista, en la zona alta había un ventanal, debía llegar hasta él, si mis cálculos no fallaban, éste debía dar a la zona interior del templo.
Respiré aliviado al encontrar una cornisa para relajar mis músculos, todavía me dolían muchísimo las heridas, lleve mi mano al hombro para moverlo mientras apretaba los dientes. Con el esfuerzo acababa de abrir la herida.
Bueno, había que seguir avanzando, así que volví a enganchar mis manos a pequeñas aperturas de las rocas y trepé de nuevo por la torre. Alargué mi mano y me enganché a un barrote de la ventana.
Era extraño, un ventanal con barrotes en una zona tan elevada, cada vez me sentía más intrigado por aquello que podía encontrar en el interior de aquel lugar.
Por aquí tampoco podría entrar, gire la cabeza a la derecha allí había un pequeño descansillo, así que avance hacia allí.
Apoyé mis pies de nuevo aflojando la tensión de mi cuerpo. Fijé mi atención en una pequeña claraboya que había incrustada en el descansillo y que permitía iluminar con luz natural la estancia durante el día.
Me asomé a través del pequeño cristal, daba a una sala de tamaño medio, con las paredes cubiertas de estanterías, donde alojaban una gran cantidad de libros y papiros de diferentes tamaños y colores. En el centro de la sala, una pequeña mesa y una silla, cuidadosamente talladas con finas filigranas. Sobre la mesa, había un libro abierto y un candelabro de plata con una vela bastante consumida en el, se encontraba apagada.
Forcejeé con mis manos hasta que la claraboya cedió, la aparté silenciosamente y busqué con la mirada algo cercano que me pudiera servir para deslizarme por ella, de pronto, mi vista se detuvo en uno de los grandes estandartes de los que pendían las banderas del reino, que debido a la fiesta, ocupaban gran parte de los tejados y balconadas del castillo. Alcancé uno de los mástiles más cercanos y lo rompí por la mitad, cogí la cuerda que servía para izar la bandera y un trozo del mástil que acababa de romper, de tal tamaño, que no pasara por la boca de la claraboya, le até la cuerda y la arrojé por el hueco del tragaluz, así que me deslicé cuerda abajo hasta introducirme en la sala.
El suelo era de madera, que rechinaba suavemente a cada uno de mis pasos, me acerqué a la pequeña mesa donde reposaba el libro, le eche un rápido vistazo, no tenia ilustraciones, escrito en un pulcro nordico, hablaba sobre los bosques.
La sala estaba ordenada y muy limpia, caminé despacio hacia la puerta. No oía ruido alguno al otro lado, así que la abrí cuidadosamente, tras asomarme y descubrir que nadie hacía guardia al otro lado de ella, salí de allí, caminé por un pasillo iluminado tenuemente por varias lamparillas de aceite hasta una sala mucho más grande. Sin lugar a dudas el comedor. La mesa estaba puesta, había gran cantidad de bandejas de fruta, de distintos tipos. Pescado y carne, pensé que hay había comida para un regimiento, sin embargo solo había un pequeño plato sobre la mesa, y una silla apartada ligeramente. Sobre el plato, las raspas de uno de los pescados y las cascaras de una manzana verde. El resto de la sala era acogedora, una chimenea calentaba la estancia y arrojaba una cálida iluminación ámbar sobre las paredes decoradas por distintos lienzos de hermosos bosques. Un ventanal permitía la entrada de la luz de la luna, aunque me sorprendió lo sumamente elevado que estaba, nadie de una altura normal podría mirar a su través.
Además unas rejas negras lo protegían de que entraran fisgones, así como yo.
Estaba claro que allí había alguien, alguien que leía sobre bosques y que comía solo, ¿pero quién?
Volví a salir de la sala, y continúe pasillo abajo. El sonido de un objeto golpeando el suelo llamó mi atención venía de la segunda puerta del pasillo, así que me acerque allí despacio, y tras descolgar el arco de mi espalda, abrí la puerta de golpe.
Era un dormitorio, tras una cama de barrotes blancos e iluminada por la penumbra de una lámpara de aceite, vi una figura pequeña, que trataba de esconderse temerosa.
-Hola –dije en voz baja mientras volvía a guardar el arco.
Pero aquella figura no se movió ni emitió sonido alguno parecía terriblemente asustada.
Di un paso hacia la cama. La figura se apretó contra la pared incapaz de encontrar lugar donde esconderse, enseguida sentí una profunda tristeza por aquel ser, parecía un animal salvaje e indefenso tratando de huir de su depredador.
-No te voy a hacer daño –le dije, sabía que me comprendía, al menos si era ella quien leía aquel libro.
Oí como sollozaba nerviosa, seguí caminado lentamente hacia ella, pronto pude observar una madeja de pelo que cubría el rostro de una chica y un cepillo de pelo caído en el suelo junto a ella. Apretaba con fuerza sus brazos alrededor de sus piernas, tratando de esconder su rostro también tras ellas, creo que hubiera dado lo que fuera por desaparecer en ese momento.
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Re: La joven del torreón (libre)

Mensaje por Liv Nordström el Vie Mar 16, 2018 10:16 pm

La melancolía en mi interior titilaba como las luces del salón conforme la juglar continuaba cantando, acompañando el tenue movimiento de mis pies, acentuando los recuerdos que se sacudían en sus cimientos, y las pérdidas de este día. Mis dedos se hundieron sutilmente en el hombro del joven mientras la voz melódica influía en el escenario que se iba desenvolviendo. El baile continuaba, mis pies se movían como si las aguas del extenso océano azul se arremolinasen alrededor de ellos y mis ojos escarlata recibían los reflejos de los haces de plata que entraban por las ventanas dando algo de brillo al desarrollo del baile.

Segundos transcurrieron al flotar mi pregunta, un mechón de blanco cabello cayendo sobre mi rostro al observarle. La respuesta acudió desinhibida, haciendo juego con la osadía que sus actos demostraran durante esta larga noche y que de una forma u otra había influido en que ahora los ciudadanos puedan narrar mayor victoria que derrota, pese a todo.

Mi mano alzada se enredó unos segundos con las hebras negras de su pelo, la chispa había aparecido y se había prendido al deslizarse mis dedos sobre la piel de su cuello, la boca del guerrero se había estrellado contra la mía, su lengua colándose entre mis labios saboreando y explorando, hambriento y ardiente se enredaba con el alcohol. Su sabor me pareció dulce, el mismo que intuía con respecto a esa vena sobre la cual mis colmillos se deslizaban.

Más movimiento de nuestros pies, ahora la juglar cantaba las notas buscando el final de la canción, podía sentir el llamado de ese corazón bombeante, seduciéndome con sus latidos, creando una melodía por aparte, una que mantenía mis ojos rojos, emitiendo chispas de deseo al posarse sus manos en mis nalgas para alzarme y sacarme del salón.

No debería hacerlo, abrazarle con mis piernas, dejarme arrastrar por el contraste de la cálida piel bajo mis dedos, deslizándose mis manos sobre sus hombros, sus músculos juveniles flexionándose bajo mi gélido tacto. Y sin embargo, mis caderas se movían, acrecentando el baile debajo de la cintura, permitiéndome notarle duro y tenso, humedeciéndose las telas.

Alcanzamos el callejón, su dureza tocó mi nudo de nervios, arqueé la espalda lanzando un jadeo, podía sentir su respiración caliente, el desate de la misma al moverme para empujar mi cuerpo con más firmeza contra el suyo, acoplándose mis curvas a él como un guante.

Su rostro se encontraba tan cerca que bajo la luna distinguía sus detalles, lo notaba respirar, la forma en que su pecho subía y bajaba, los carbones que al mirarme me incitaban a alcanzar su pantalón para liberar su hombría.
 
Su cuerpo ardía, su mano se adueñaba de mis bragas, haciéndome notar el extremo de su erección en mi entrada. Poco a poco se introdujo, mis labios se ladearon al notar su respiración ronca acompañando a la mía, la quietud de su cuerpo haciéndome sentir el grosor de su miembro que llegó a lo más hondo, arrancándome un jadeo, sintiendo su palpitación dentro de mí, mojándolo al ser envuelto por mis húmedos mares que se volvían cada vez más deseosos aguardando.

Torció sus caderas, saliendo un poco antes de volver a entrar. Gemí bajo la primera embestida, me sentía apretada al ajustarme a su miembro, voraz rozaba mis paredes desde muy dentro, saliendo y entrando una y otra vez. El aliento ajeno acariciaba mi rostro mientras me movía junto a él bailando de nuevo, apretándolo contra mi. -No pares…-

La danza se acentuó, tornándose demoledora con cada pulsación en sus venas, mi rostro se desfiguró de placer. Moví mi pelvis, mis labios se deslizaron por su cuello y ya no me contuve, sucumbí a la necesidad, sintiendo la piel tersa bajo mis dientes, seducida por las fuertes embestidas y por su fuerte y lozano corazón.

Mis colmillos crecieron deteniéndose en anhelo antes de como finas agujas penetrar su piel. Comencé a beber del dulce torrente, sorbos largos acompañando a mis suaves labios que endulzaron mi paladar, ávidos se sincronizaban con cada embestida, con cada succión de mi intimidad, mi garganta abrumada por el éxtasis escuchando su gemido, disfrutando así del beso de dos amantes.


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Re: La joven del torreón (libre)

Mensaje por Drittsekk el Dom Mar 25, 2018 6:02 am

Mi aliento cálido acariciaba su boca entreabierta, los ojos de la peliblanca eran brasas que se perdieron en mis tormentas pidiéndome que no parara. Mis dedos habían hecho a un lado sus bragas, se deslizaron por su humedad notando como se dilataban a mi paso enloqueciendo a la inmortal que durante demasiado tiempo no había sido follada. La tela de la falda había quedado arrugada presa de nuestros cuerpos que friccionaban, me agachaba ligeramente para arremeter desde abajo, ella empujaba su pelvis contra mi envergadura para sentirla cada vez mas dentro.
-Es grande, quiero entrar mas dentro -susurré sintiendo un trozo todavía fuera, que no encajaba en su coño.
Su espalda impactaba ruda contra la rugosa pared del callejón, mis embestidas la llenaban y sus cuervas se acomodaban a las mías calcinandome de ganas.

La danza cada vez era mas violenta, las cornadas la forzaban a arquear la espalda buscando que no dejara de penetrarla.
Saqué uno de sus pechos del corsee de un tirón con mi diestra, mi boca atajó la distancia mientras ella gruñía presa del placer que sentía viendo como yo estaba de cachondo succionando sus pechos, mordiéndolo, astas alzadas que se perdían entre mis labios mientras mi lengua lamia el botón una y otra vez.
“Mas” suplicaba al notar lo rápido y lo fuerte que me la follaba. Apreté las nalgas con mis manos al sentir el pinchazo de sus agujas en mi cuello.
Gemí con el primer tirón de sangre, era placentero, casi rozaba el éxtasis con el abrazo de la inmortal y ella lo sabía pues acarició mi cuerpo tenso notando la locura que me invadía.
Ahora si de un golpe brusco se la metí entera, dejando los huevos duros mientras ella acompasaba los tirones con cada nueva embestida.

Su diestra estimulaba mi escroto con caricias, estaba al borde de la locura y mi gruñido delató que en picado y sin red caía sacudiendo mi verga dentro de un laberinto oscuro, empapado que se contraía.
De un grito de placer sacó sus colmillos de mi cuello, arqueo su cuero ofreciéndome los pechos, incapaz de detenerme los lamí de nuevo sintiendo los dedos de la inmortal enredarse en mi pelo.
Seguía corneando, estaba tan excitado por todo lo sucedido que no podría parar pese ha haberme corrido ya.
-Shhhhh -susurró tratando de calmarme sin mucho éxito hasta que las fuerzas por el envite y por la perdida de sangre empezaron a abandonarme.

Apoyé la diestra en la pared, mi frente contra la ajena con los labios entreabiertos.
-¿que es eso que he sentido cuando me has mordido? Es muy placentero, embriagador, quiero mas -pedí alzando mi mirada turbia hasta sus brasas.


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Re: La joven del torreón (libre)

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