Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Disturbia | privado

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Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Dom Ago 20, 2017 4:27 pm

La vida iba viento en popa. Tenía a su lado una mujer y unos hijos fuertes y leales junto a los que estaba formando una familia, una que nunca entró en sus planes pero que ya no podía concebir existencia sin ellos a su lado. El bosque, tan distinto a su amado y lejano océano, se había convertido en su hogar. Ya no era una cárcel donde se sentía preso, ni su maldición una condena imperdonable, pues por mucho que odiara a la mujer que le convirtió en lobo, era gracias a ella que podía disfrutar de esa nueva vida, mucho más plena que su trayectoria en alta mar. No quedaban ya deseos de encontrar el mejor tesoro o convertirse en dueño de los siete mares, su única ambición ahora era ver crecer a la familia y acabar con la caza indiscriminada. Inquisidores y cazadores eran ahora su mayor problema, motivo por el cual, una vez acabada la construcción de las cabañas y límites del territorio, había empezado a entrenar para perfeccionar sus nuevos dones como lobo.

Cambió los mástiles por los árboles, saltando de uno a otro con mayor agilidad que antes; corría más rápido de lo que el Warrior jamás navegó, y no necesitaba de catalejo para ver más allá del horizonte. Finalmente había abrazado las novedades de ser lobo y ya no quería volver atrás. Cierto era que resultaba en sí mismo un peligro cada luna llena, por ello había construido un sótano en su cabaña donde encerrarse para no hacer daño a nadie. Con la presencia de Aletheia en el bosque, ya no podía permitirse dejar a la bestia suelta, suponía demasiado riesgo, y mantenerse enclaustrado durante el cambio resultaba también bueno para su cuerpo, pues físicamente no terminaba lleno de magulladuras por las aventuras que el lobo hubiera vivido durante la noche.

Tenía una manada que defender. No solo su familia más directa dependía de él, otras familias de lobos le habían elegido como alfa y se habían comprometido a cuidar unos de otros. En un principio no quiso hacerse responsable, él no quería ser un líder a tan gran escala, pero entre todos le hicieron ver que la unión hace la fuerza y que si estás solo, mueres. Si querían acabar con la caza indiscriminada, juntos serían mucho más fuertes. Se ayudaban unos a otros a diario: contruyendo cabañas, cultivando y cazando su propia comida, vigilando... Con el tiempo memorizó el olor de cada lobo, hechicero y humano que estaba bajo su protección, de modo que cuando le llegaba un olor extraño, era el primero en aparecer.

Y aquella tarde no fue distinta. Tras dejar a Aletheia en casa, salió a cazar y comprobar que todo estuviera en orden. Fue entonces cuando le llegó el olor de dos lobos desconocidos. Al tratarse de dos semejantes el estado de alerta no se activó, podían ser visitantes de alguna de las otras familias, pero sí se tomó la molestia de ir para comprobarlo por sí mismo.

-Estáis entrando en territorio privado, os exijo que os identifiquéis - alzó la voz apareciendo entre los árboles, vestido con solo un pantalón raído. Descalzo, para sentir la tierra, y con la melena suelta como siempre iba. Su rostro serio no dejaba paso a emoción alguna, no era momento de bravuconerías.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Mar Ago 22, 2017 2:58 pm

Si había millones de maneras de que alguien los descubriera, Leif había ido a elegir la peor. Ambos estaban medio desnudos y con las pocas ropas que aún conservaban encima mal puestas. El más pequeño, que tenía el pelo oscuro y unos enormes ojos azules, estaba contra un árbol. El más grande, con una larga melena enmarañada, lo acorralaba y le había dado un buen mordisco en el cuello. Sangraba levemente. Nada que no solucionara un poco de agua.
Pero lo peor era que el ambiente dejaba más que claro que lo que interrumpía no era una pelea.

-¡Hostias! -fue la exclamación del moreno, quien no se movió de donde estaba, medio oculto por el cuerpo del otro, aunque sí se asomó sobre su hombro-. No sabíamos que estabamos entrando en terreno marcado. No venimos de malas, de verdad. -Sonrió ampliamente, en su línea, obviando que acababan de interrumpirles en los prolegómenos-. Yo soy Esthia y él es Uryan. ¿Y tú eres?




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Jue Ago 24, 2017 3:42 pm

Estaba cazando, pero no precisamente conejos. Aquella parte del bosque era la que más visitaba la pareja, más que nada porque también la casa de Xar y Elora se encontraba cerca y Slang estaba mucho más tranquilo cuando las tenía al alcance. Uryan había estado raro durante semanas, con la necesidad física de acercarse allí y vigilar. Al principio, él mismo pensó que era por la bruja, pero era imposible, no sentía ningún interés y el poco que pudiera tener ya lo cubría Esthia de sobra, de modo que le costó un infierno entender por qué el lobo rojo se empeñaba en arrastrarle allí una y otra vez. Lo comprendió al ver a Aletheia, una vez, muy en la distancia, con un abultado vientre. Slang no tenía interés en comérsela, ni en atacarla, más bien vigilaba con atención. No era la primera vez que le ocurría algo así con mujeres en estado, así que lo identificó con rapidez. Era la misma sensación que tenía con Elora, solo que multiplicado por diez. Las piezas encajaron en su cabeza, la bruja estaba preñada, su lobo le tiraba hacia ella y le exigía dolorosamente permanecer cerca, porque el estado de la Paine era su culpa.

No se lo había dicho a nadie, ni siquiera al copo de nieve y eso que vivían juntos no muy lejos del territorio Paine. Uryan no era muy elocuente, así que a nadie le extrañaba verle a solas consigo mismo perdido en pensamientos y ensoñaciones, pero Esthia no tenía un pelo de tonto, tenía mucho mejor olfato que él y podría percibir que se pasaban muchas horas cerca de las dos chicas que ocupaban la cabaña.

Aquel día estaban sencillamente jugando, pasando el rato, como tantos otros pero al ser interrumpidos se puso tenso, por haber estado despistado y se separó del cachorro para mirar al pirata. No le importó estar más desnudo que tapado, pero al menos tuvo la decencia de colocar tras los pantalones lo que sacó de paseo para visitar al lobo blanco. Prefirió que Esthia no dijera su nombre, porque tal vez Elora pudiera reconocerlo, aun así se quedó en silencio mirando fijamente a Leif. Era el olor que Aletheia arrastraba a menudo y su olor estaba por todo el bosque, pero a él nunca le importó y no le iba a empezar a importar ahora.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Dom Ago 27, 2017 9:58 am

Había coincidido en ocasiones anteriores con una pareja de lobos disfrutando de la intimidad del bosque mientras hacía su ronda, pero era sin duda la primera en la que sentía rechazo inmediato a lo que sus ojos veían. Dos hombres retozando. Primero su hija, luego uno de sus hijos y ahora se le aparecían esos dos. Algo debían llevar las aguas de Francia que convertía a la gente en homosexual -por ahorrarse la palabra 'maricones'. Ni siquiera sus hombres, que pasaron meses en alta mar sin una mujer a la vista, sucumbieron jamás a tales actos depravados. Había líneas que un hombre no cruzaba de donde él venía. Agradeció en silencio que al menos uno de ellos tuviera la decencia de cubrirse y afiló más la mirada, sopesando si se fiaba o no de aquella aparente inocencia del castaño. En cuestión de segundos los analizó de arriba a abajo.

Desprendían el fuerte olor de lobo viejo; por muy jóvenes que se vieran su edad real debía superar la propia. Estaba claro que el rubio era con quien más problemas podría tener, mas no caería en el error de subestimar al sonriente.

-Leif Paine, líder y dueño de esta zona - respondió con su característica voz de ultratumba. - ¿A caso conocéis a alguna de las familias que aquí reside? - su pregunta fue retórica, pues no había notado sus esencias anteriormente y, de ser visitantes, estarían con la familia correspondiente. Continuó hablando sin esperar respuesta. - Será mejor que os vayáis a follar a otro sitio si no queréis problemas. La luna llena está cerca y hay niños por aquí.

No solo los niños, Aletheia era quien más le preocupaba. Hacía relativamente poco que se había mudado con él a la cabaña y era conocedor de su miedo a los lobos, suficiente que resistía el convivir con sus dos hijos. Añadir a la ecuación a dos desconocidos no era siquiera algo que pensara barajar, era momento de que se largaran por donde vinieron y, preferentemente, sin dar problemas, pues tal y como había dicho la luna estaba cerca y él debía apresurarse para encerrarse en el sótano para contener a la bestia.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Dom Sep 10, 2017 3:48 pm

Lo que menos le importaba a Uryan era cómo un desconocido pudiera mirarle, suponía que era por haberles encontrado en mitad de la faena y la mayoría ni siquiera entendían ese tipo de tendencias, por fortuna al lobo rojo le importaba un soberano pepino lo que el mundo pensara y el mundo incluía también al viejo que tenía delante. Slang estaba sentado, con la cabeza gacha, sin ser amenazador pero..Atento. Siempre habían tenido problemas con la autoridad, cuando alguien llegaba de la nada y le plantaba los huevos en la cara, el holandés tenía mala costumbre de morderlos a la primera de cambio.

A medida que las palabras de Leif salieron de su boca, su cuerpo se fue tensando y a pesar de que el copito de nieve soltó una de sus amistosas sonrisas para poner paz, Uryan no estaba por la labor y no se lo permitió.- No pienso alejarme de esta zona, ni de ninguna otra. Si tienes cachorros cerca,  procura que no nos molesten.- Era perfectamente consciente de que por mucho que esos críos le tocasen los hocicos no podría hacer nada contra ellos, pero ese era un detalle que el hombre desconocía y no tenía ninguna intención de esclarecer. Nadie llegaba y se ponía a mearle. Por si no fuera poco, tenía motivos para estar en esos bosques: Elora. Y de ahí no le iba a sacar nadie sin los pies por delante. Él iba y venía por donde se le antojaba y hasta entonces no había nacido quién le dijera qué cojones hacer con su vida. Slang mostró los dientes, notando la agresividad de Uryan que no se cortó en demostrarla, mirando fijamente al desconocido, con el ceño fruncido. - Ese es tú problema, no el mío.

Inclinó la cabeza, amenazador, no sabía por qué narices estaba de tan mal humor, la sola idea de estar demasiado lejos de Elora le sacaba de sus casillas, aunque todavía no había podido discernir por qué, ni siquiera se lo había dicho al copo, que tenía la mala costumbre de sonsacarle todo con esos ojazos de cachorro traicionero.- Vendré aquí las veces que me de la gana. Llevamos un tiempo aquí. Cazo, cago y meo en esta zona. Y ni tu ni nadie va a sacarme de aquí.
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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Lun Sep 25, 2017 2:46 pm

La luna llena no era un problema para él. Había crecido en una manada de lobos, había aprendido desde antes de ser convertido cómo enfrentarse al influjo de la luna, había visto a sus hermanos mayores transformarse en múltiples ocasiones y tenía grabadas bajo la piel la enseñanzas de sus padres que ya había convertido en reflejos automáticos, marcados por los instintos.
Esthia era un lobo desde que nació, aunque su cuerpo fuera humano.

Los ojos azules pasaron de Leif a Uryan y de vuelta al alfa. Notaba muchisima tensión en aquel momento. En parte lo entendía, porque sin saberlo, habían entrado en territorio de otro. Pero ese territorio no estaba marcado antes, era algo más reciente, posterior a su llegada, por lo que tendrían derecho a reclamar su espacio ahí.

Aunque eso implicaba hacer un trato con aquel hombre. Y ni él ni Uryan parecían muy dados al diálogo y al respeto a las normas de otros.
-En realidad este territorio no estaba marcado cuando llegamos y las leyes de las manadas suelen establecer que cuando se reclama un territorio nuevo, se deja estar a los que lo habitaban de antes, independientemente de su vinculación con la manada que lo reclama. Nosotros respetamos a tu manada, tú aceptas que nosotros pululemos por aquí. Es lo justo.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Jue Oct 05, 2017 7:22 pm

La expresión del alfa pasó de extrema seriedad a una leve confusión. Cuando el suave viento meció las nubes destapando al fin los últimos rayos de sol, pudo ver claramente el rostro de uno de ellos, el más alto, y no pudo más que fruncir el ceño desconcertado. Había visto esa tez en más ocasiones de las que hubiera deseado durante la época que seguía incansablemente a la bruja. Una cara que le costó horrores dejar de odiar, sabiendo que despellejar al dueño de esta no traería nada bueno a su relación con la hechicera. No obstante, quien tenía delante no olía en absoluto como aquel a quien le recordaba, de modo que fue sencillo sumar dos más dos y llegar a la conclusión de que estaba en frente del hermano. Un parentesco del que no tuvo conocimiento hasta ese mismo instante casual.

-Lockwood... - murmuró mirando únicamente al nombrado, dejando claro que conocía al otro hermano. Algo que, a decir verdad, no importaba en absoluto, pues seguía queriendo a esos dos bien lejos de sus familias. - ¿En qué momento esto se ha convertido en una negociación? No os he pedido vuestra opinión, os he dicho que os larguéis. Aquí no somos como el resto de manadas, nos regimos por nuestras propias reglas, y este sitio en el que estáis nos pertenece. Hemos luchado por ello - y estaba dispuesto a volver a hacerlo si era necesario, aunque prefería que se fueran por su propio pie. No podía dejar de pensar que quedaba muy poco tiempo para que la luna estuviera en todo su esplendor y perdiera el control.

-Aquí habitan otros seres que no son lobos, no dejaré que dos ajenos pongan en peligro las vidas que han puesto a mis manos. El bosque es grande, seguro que encontráis otro claro en el que daros por culo... - demostró con desprecio en la voz lo que pensaba de esa inclinación sexual, pues aunque su hija -y probablemente uno de sus hijos- cojearan del mismo pie, no significaba que fuera a verlo con mejores ojos. - Hacedlo y podremos respetarnos... de lo contrario, no me queda más remedio que echaros de aquí.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Lun Oct 16, 2017 10:51 am

Si ya estaba poco receptivo, que aquel desconocido supiera su apellido fue lo que le faltaba a su infinita misericordia para recordarle que no tenía ninguna. Levantó el mentón y estrechó la mirada, ¿Conocía a ese hombre? No. Distinguía su olor como uno de tantos en el bosque, pero no lo había relacionado con nadie hasta ese momento. Ni siquiera le sonaba de las peleas clandestinas y allí nadie usaba su verdadero nombre, de modo que..Si no le conocía de nada más, entonces era él quien conocía el apellido por su cuenta y si no era por Uryan, sería por Corbin, algo que le gustó todavía menos.

Cualquiera que supiera el secreto de los hermanos merecía morir, a él le interesaba que no se supiera, así podía hacer lo que le viniera en gana, podía ocultarse durante un tiempo y si las cosas se ponían realmente feas, encasquetar el marrón a su hermano gemelo de cuya existencia la puta estúpida ni siquiera conocía. Pero por si eso no fuera ya bastante, el bocazas siguió hablando y Uryan le dejó hacerlo, mientras la ira crecía en su pecho como en la formación de un huracán. Había muchas cosas que decir, como que le importaba una mierda quién viviera allí y si habían luchado por ese lugar, su cabaña estaba allí y su cachorro también, no se iba a largar y si había que pelear, pelearían.

Slang también estaba de acuerdo y fue el primero en reaccionar, en cuanto notó el tono de asco e insultó la relación que tenía con Esthia el lobo rojo saltó de su cabeza lanzándose contra el Paine. Uryan no abrió la boca salvo para rugir una vez que su cuerpo cambió completamente mostrándose en el doble de su tamaño, de pelaje rojizo y espeso. No esperó a la reacción del copo de nieve, se dejó llevar por el lobo que le poseyó en cuanto alguien intentó mearse en su jardín y se burló de su acompañante. El lobo cerró el puño y echó el brazo hacia atrás para encajarle un golpe en pleno pecho al bocas. Leif Paine, El Bocas.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Miér Oct 18, 2017 2:25 pm

El lobo blanco estaba más que acostumbrado a ese tipo de comentarios. Siempre estaban en boca de todos, incluso de aquellos que sólo los decían para cubrir su propia desviación. Ja. Desviación. Como si él fuera diferente al resto de hombres del planeta. Lo único que tenía era un gusto distinto. Pero faltaban aún siglos para que el mundo entendiera que sus sentimientos eran tan válidos como los que llamaban "normales". De hecho, en su Grecia natal se había visto como algo natural hasta que llegaron los nuevos dioses y desbancaron a su panteón clásico.

Esthia tenía muy asentados los fundamentos de una manada y el territorio que reclamaba ese hombre no estaba marcado cuando ellos llegaron, así que no tenía derecho a echarlos. No sin luchar.

Cuando Uryan se transformó en un impresionante crinos pelirrojo, sonrió ampliamente. Después de todo, era la primera vez que lo veía así, en todo su esplendor, dispuesto a pelear con él al lado. Guau. Si ya era grande como humano... Ahora era enorme. ¡¡Y le encantaba!!
Hasta se permitió un fugaz pensamiento acerca de la forma en que podría agarrarse a ese espeso pelaje mientras se revolcaban el uno sobre el otro. O quizás contra una pared. Sí, se lo comentaría a Uryan cuando acabaran aquella discusion.

Junto a la mole roja, asomó, en cuestión de segundos, otra más pequeña, de un impoluto blanco, con unos brillantes ojos azules que parecían divertidos con la situación. Miraba a Leif, esperando ver su transformación. La luna llena se acercaba, así que los tres iban a estar bastante potenciados por su influjo. Sin embargo, los que controlaban sus cambios perdían parte de su empuje, al rebajar los niveles de adrenalina en su torrente.

Avanzó hasta quedar un poco por detrás de Uryan, respetando su iniciativa. Y esperando la reacción de Leif, por si tenía que cubrirle las espaldas al grandullón.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Lun Nov 13, 2017 9:11 am

La sorpresa le impidió bloquear aquel golpe que lo lanzó directo hacia el árbol más cercano a su espalda, arrancando astillas por su propio peso. De su ceja y nariz brotaba sangre, burbujeando entre sus labios. La luna aún no había asomado y aquellos dos acababan de transformarse ante sus ojos. No solo eso, ambos parecían tan concentrados como antes en la disputa que tenían entre manos. Pero ¿por qué? ¿cómo era eso posible? El lobo anulaba cualquier vestigio de raciocinio al maldito... ¿no? Decidió no perder más tiempo dándole vueltas a unas preguntas que no tenían respuesta todavía y sacó el cuchillo de su bota para arremeter contra la bestia roja. La larga vida como pirata que vivió le hizo hábil en batalla, demostrando a aquellos dos que incluso como hombre era una amenaza, aunque en el fondo dio gracias de que no le atacaran ambos a la vez, pues de ser así estaría perdido.

La melena al viento y un ojo ciego por la sangre, se centraba en esquivar y aprovechar la fuerza del embiste ajeno para atacar. Se movía ágil esquivando al lobo, lanzando su brazo hacia adelante intentando una y otra vez llegar más allá del pelaje, pero la criatura era grande, el doble que su tamaño, por lo que un triste cuchillo hecho a mano no era suficiente en ese instante. Tal vez si tuviera su espada... pero, como siempre, la había dejado en casa. Acostumbrado ya al terreno, se hacía uso de ramas y piedras para impulsar el salto, subir más alto o lanzarse a su lomo. En un momento de júbilo logró sujetarse a su pelaje sentado en su lomo, pero no fue capaz de mantener la fuerza suficiente para agarrarse con una mano, mientras la otra se alzaba buscando dar una estocada con el cuchillo en su cuello. Salió una vez más disparado hacia los árboles, golpeándose el costado que crujió de muy mala manera.

A esas alturas tenía probablemente una costilla fracturada, no obstante eso no le hizo detenerse. Ya no se trataba solamente de orgullo, el que durante toda su vida le había dado la fuerza para seguir, tenía ahora una familia, una gente a la que proteger y no se rendiría fácilmente. - ¡Malditas bestias! ¿Qué es lo que sois? - gruñó, secándose una vez más el sudor que bajaba por su frente mezclándose con la sangre.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Miér Dic 13, 2017 8:55 am

Uryan no perdía completamente la razón pero si parte de ella, cuando se convertía, su cuerpo era totalmente dueño de su furia, de Slang, que rugía por devorar y marcar el territorio como suyo. El hombre se movía bien, no podía negarlo y no era tan rápido como él, pero se cansaría pronto, podría haber jugado al gato y al ratón, podría haberle agotado y luego hacer con él lo que pudiera apetecerle, pero Slang no era tranquilo, era un lobo agresivo que quería sentir cómo sus dientes atravesaban carne blanda y caliente. La sangre llenando su boca y su garganta eran tentaciones demasiado grandes como para poder rechazarlas.

Intentó cogerle, porque quería dejar al hombre a los pies del lobo blanco, por haberle insultado, quería arrancarle la cabeza y colocarla a la vista, para que se pensaran dos veces el ir a mear en su jardín siendo solo un triste hombre incapaz de controlar su rabia interior. Intercambiaron golpes y amagos, más de lo segundo que de lo primero, pero en cuanto Leif cometió el error de subirse a su lomo, Uryan alcanzó al hombre con las zarpas y lo lanzó con todas sus fuerzas, el choque contra el árbol resonó en el bosque y resopló furioso. Había que admitir que le echaba cojones, levantándose otra vez. El lobo rojo mostró los dientes, en una mueca que parecía agresiva pero al mismo tiempo divertida y se acercó a él, intentó volver a golpearle, esta vez con el puño cerrado, porque no pretendía matarle deprisa. Ni siquiera se molestó en contestarle, era obvio. No podía hablar por el Copo de Nieve pero él, él era un monstruo. Era El Monstruo. Y nadie que le provocase viviría para contarlo.

El muy cabrón era terco y todavía intentó luchar, pero al final la furia y la evidente diferencia entre sus fuerzas se impuso, Uryan no tenía paciencia y no le dio ningún tipo de tregua, le habría clavado las garras o se lo hubiera comido a la menor oportunidad, pero le había dado tanta rabia sus palabras, su desprecio, a él le daba completamente igual, estaba acostumbrado, era una auténtica bestia, un lobo que disfrutaba comiendo carne humana, uno que estaba deseando que algún gilipollas como él abriera demasiado la boca. Pero a Esthia..A Esthia no. Pensar en la afrenta al lobo blanco le hacía caer en esa espiral de locura que se desataba en cuanto Slang tenía el control y aunque no usó las garras para matarlo, si usó los puños para destrozarlo y si nadie le detenía, iba a reducir todos sus huesos a papilla, completamente fuera de sí.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Miér Dic 27, 2017 10:51 am

Esthia era el que más calmado permanecía de los tres, porque su control sobre el lobo era completo. O quizás fuera más acertado decir que él era uno con el lobo. No había en su interior una dualidad que pugnara por el control de un cuerpo y que se viera condicionada por el influjo de la luna. Esthia era el lobo. Veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Independientemente de su forma externa, su interior era el mismo, la misma consciencia, el mismo espíritu, el mismo brillo en esos ojos azules como el océano en calma.

-Lobos -respondió con un deje de diversión, como quien contestaba la obviedad más grande del mundo a pesar de saber que no era exactamente eso lo que le estaba preguntando. Pero no iba a detenerse a explicarle la sutil diferencia que existía entre ellos a ese nivel.



Se mantuvo en un discreto segundo plano, hasta que vio que la situación se le estaba yendo de las manos al enorme crinos rojo. Se acercó hasta él y sujetó su brazo ante el último golpe que pensaba descargar sobre Leif.

-Guarda parte de esa rabia para mí, grandullón.

El doble sentido de sus palabras era tan evidente que hasta dejaba de ser un sentido doble para ser el principal. No podía negarlo, esa furia, esa fuerza, esa forma que tenía el cuerpo de Uryan al moverse en esa forma... Uff.

Además, tampoco quería que matara a ese hombre. Había algo en él que le recordó a su hermano mayor, una férrea determinación de proteger a los suyos; una actitud muy lupina, muy marcada por los instintos, muy de alfa. Quizás no llegara a serlo nunca, quizás no sobreviviera a la siguiente luna con las heridas que Uryan le había hecho, pero tenía madera. Por un momento pensó que, si tuviera que pertenecer a una manada, quería que el alfa tuviera esa mirada.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Sáb Dic 30, 2017 5:49 pm

Había saboreado la muerte en muchas ocasiones, pero jamás le supo tan agria como aquel día, pues nunca tuvo tanto que perder como en ese momento. Una mujer a la que amaba, unos hijos que se habían convertido en su orgullo y otro en camino al que ansiaba ver crecer y aprender como no había podido disfrutar con los demás. Habría recibido a la muerte con los brazos bien abiertos en el pasado, de eso no cabía duda, pues siempre fue de cara con las consecuencias de sus actos, pero no ese día. No esa noche. No podía permitirse el lujo de morir con tanto por perder. Mientras su cuerpo tomaba uno tras otro los golpes recibidos, sin más queja que un exhausto y débil quejido cada vez que el aire abandonaba sus pulmones, por su mente pasaban velozmente todas las experiencias vividas desde que tenía uso de memoria. Giselle, su padre, los años cabalgando los océanos, la soledad del bosque -que más tarde se convirtió en su hogar. Aletheia. Viktor, aún por nacer.

La sangre brotaba de nariz, boca y oídos. Si a esas alturas no estaba todavía muerto era porque no tenía ni el derecho ni el deseo de rendirse. No podía. Después de llegar tan lejos y abrazar aquella nueva vida, tan llena de felicidad, no podía simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar sin vuelta atrás.

Estaba ciego y sordo. Un fuerte zumbido retumbaba en su cabeza. Probablemente era el ruido que provocaba la Muerte acercándose. La sangre velaba su mirada, transformando al lobo y el bosque alrededor en un macabro baile carmesí. Un hilo muy fino le separaba de la inconsciencia, pero no se rindió. En cuanto el lobo blanco habló, distrayendo al verdugo que tenía encima, reunió las pocas fuerzas que le quedaban para salir a rastras y echar a correr en dirección a casa. No quería guiarlos hasta Aletheia, pero la necesitaba. Si aquellos eran sus últimos minutos en vida tenía que alcanzarla y hacerle saber todo lo que sentía por ella, pedirle perdón porque, una vez más, sus actos les traían problemas, en esa ocasión con su propia muerte.

Cayó de bruces en frente de la cabaña exhalando un grito ahogado de angustia. La llamó, desgarrándose en un intento de verla una vez más. No supo si fue ella primero o la luna en aparecer, pues de repente su corazón se desbocó y notó el tan característico dolor del lobo aplastándole al fondo de su mente. La luna, maravillosamente llena en lo más alto del cielo, dio paso a la transformación más dolorosa que en diez años padeció, producto de las heridas que debilitaban su cuerpo. Un grito atronador ahuyentó toda vida alrededor antes de que el lobo, grande y oscuro como la cueva donde antiguamente vivió, apareciera ante la bruja.

Su presa.

El lobo mostró en su pelaje la misma sangre que como humano vistió. Su mirada aguada, ambarina, se clavó en Aletheia con un odio descontrolado. El lobo estaba sufriendo un dolor intenso por la reciente paliza y ante él estaba ella, a quien culpó. Y no solo eso. En su interior estaba su cachorro, su semilla, y el instinto protector se sobrepuso a la ira descontrolada. En un abrir y cerrar de ojos se abalanzó hacia ella a toda prisa...




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Jue Ene 11, 2018 1:34 pm

En angustioso aullido de Leif a las puerta de su hogar hizo que se le encogieran las entrañas. De alguna forma, sabía que estaba sufriendo, que la necesitaba, que la llamaba. No podía explicarlo, pero como todo en su relación, dejó que mandara la intuición y acudió a su encuentro.

Lo halló caído, retorciéndose de dolor, intentando aferrarse a los últimos resquicios de cordura. Avanzó hasta él con premura y le abrazó contra su pecho, para que el sonido de su corazón le ayudase a calmarse, como le ayudó el repiqueteo del de Viktor cuando se enfrentó a la Negra.
-Estoy aquí, Leif. Shhh. Ya estás en casa. Todo va a estar bien -susurró, mientras le acariciaba el pelo, ofreciéndole un lugar seguro en su regazo, entre sus brazos, donde tanto el hombre como el lobo se sintieran a salvo. Un hogar.

Pero era demasiado tarde y todos sus esfuerzos por superar su miedo a la bestia fueron vanos cuando ésta percibió su nerviosismo. ¿Cómo iba a ser su remanso de paz, si estaba asustada de él?

El lobo se separó de ella con brusquedad y sólo el hecho de que estuviera arrodillada en el suelo evitó una estrepitosa caída. Apoyó las manos en el suelo para frenar el golpe. El rasponazo fue leve, pero hizo brotar superficialmente la sangre. Por suerte no habría más consecuencia que esa, porque Viktor estaba perfectamente. O todo lo perfectamente que podía estar percibiendo el repentino estado de pánico de su madre y la presencia amenazadora de su padre.

-Leif... -murmuró la bruja casi sin voz, levantando la mirada hacia la bestia que era ahora el pirata.
Tragó en seco y fue incapaz de moverse o reaccionar más allá de esa súplica implicita por una piedad que sabía que en esos momentos no existía. Una situación demasiado parecida a la primera noche en que se encontraron.

Se encogió sobre sí misma, en un claro intento de proteger al bebé, y levantó alrededor de ambos una barrera mágica para impedir el ataque del lobo, quien sentiría un campo de fuerza impidiéndole tocarla, como si una esfera invisible los envolviera.

-Leif, por favor, vuelve en ti.

El escudo de magia soportó golpe tras golpe la furia del lobo, pero no podía aguantar mucho más, no con el cansancio que le producía, no sin poner en peligro a su pequeño. Aunque un licántropo furioso intentando devorarles a ambos no es que fuera una idea mejor.

-Leif... por favor... -suplicó una última vez antes de que las fuerzas le fallasen y viera al lobo caer sobre ella.







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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Miér Ene 31, 2018 11:08 am

Uryan aun respiraba con fuerza cuando el copo de nieve le calmó, sus palabras con doble sentido las entendió a la perfección pero no estaba para risas todavía aunque contribuyeran a calmarse a echarse hacia atrás, dejando al pobre hombre lamerse las heridas, aunque no sabía hasta qué punto le había dado esa oportunidad. Aun tenía las orejas pegadas al cráneo y estaba muy tenso, como si en cualquier momento se fuera a lanzar a perseguirle, porque su instinto le decía que debía perseguir a alguien que mostraba debilidad. Ese hombre no era débil, años cazando y matando gente le daban la capacidad para reconocer a alguien inútil de alguien que no lo era tanto y Leif Paine no era un pusilánime, solo tenía la boca muy grande y no supo ver con quién se medía.

Si no le seguía era por el cachorro, esperaba que hubiera quedado todo claro, estaban ahí por derecho propio y no se iban a largar, no con lo que le había costado hacer la maldita casa, tener al copo de nieve contento y además cerca de la mujer que iba a parir a su hijo, de modo que si se marchaba de ese lugar sería por encima de su cuerpo inerte.

Gruñó y sacudió la cabeza, arrugó el morro pero finalmente al aspirar con fuerza el olor de Esthia le llenó las fosas nasales e inclinó la cabeza hasta dejar que su frente se quedara sobre la suya, aun estaba gruñendo, casi como si necesitase exteriorizar la rabia que le había quedado por salir, hasta le lanzó una dentellada, inofensiva y fácil de esquivar pero lo suficiente para rozar con sus dientes la piel de Esthia sin herirla. Se giró dispuesto a marcharse y dejarlo estar, él no era un alfa para nada, era demasiado egoísta y demasiado agresivo para sucumbir a una jerarquía o para mirar por el porvenir de aquellos que estuvieran por debajo de él. Una mente caótica y poco cooperativa no era precisamente lo que un líder necesitaba, a no ser que fuera uno tirano, pero estaba demasiado cómodo a su aire, era un lobo solitario y con Esthia ya le bastaba, aunque sabía que él preferiría tener una manada, él ni siquiera sabría cómo encajar en una.

Estaba a punto de cambiar nuevamente a homínido y seguir las cosas por donde las había dejado, primero fue su oreja izquierda la que se levantó y se giró hacia el sonido, lejano, muy lejano, pero Slang también lo había oído. Miró hacia la luna totalmente llena. Levantó el hocico y olfateó con insistencia, captó el olor de Leif, su sangre, pero había un olor mucho más intenso, más fresco. ¿De mujer? Slang recuperó de pronto todas las ganas de descuartizar a aquel imbécil, se le erizó el pelaje de la nuca y la espalda. Salió disparado sin dar aviso a Esthia para nada. Slang le mordía para que corriera, notó los pulmones arder por el esfuerzo, por la furia.

Rugió incluso antes de pararse a ver qué ocurría, el ambiente estaba cargado con esa fuerza que imprimía la magia, no era un olor, era una sensación especial, pero tampoco pensó en eso. El crinos, se estaba lanzando contra un escudo que se destruía y que él pasó por alto, sin darle la menor importante, con su mente nublada y enfocada en matar al hijo de perra, en despedazarlo, ¡Comérselo! El rugido hizo temblar la tierra, si alguien no se había enterado de que había un licántropo ahí ahora seguro que lo habían hecho. El choque de los dos cuerpos sonó sordo y brutal, ambos rodaron por el suelo, pasando prácticamente por encima de la bruja, el crujido de algún hueso partido, a saber de quién, que no impidió que ambos licántropos se enzarzaran en una locura de garras y dentelladas, haciendo peligrar la propia cabaña cuando chocaron contra una de sus paredes haciendo reventar la ventana más cercana.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Vie Feb 02, 2018 3:32 pm

Esthia hundió la mano en el pelaje de Uryan y ladeó la cabeza para dejar que le oliera a placer. Ese gesto estaba cargado de una potente intimidad entre ellos. Hubiera provocado al crinos un poquito más para canalizar su rabia hacia actividades más placenteras, pero no tuvo tiempo ni de planteárselo.

Uryan lo soltó y echó a correr en pos del rastro de Leif.

Chasqueó la lengua con fastidio. ¿Es que no podia tener un ratito tranquilo de disfrutar del grandullón hasta acabar sangrando y sin poder mover un músculo en lo que quedaba de noche? Tsk. Se veía que no.

Cuando consiguió alcanzar a Uryan ya estaba el lio montado. Leif había sucumbido al influjo de la luna y debía haber atacado a aquella mujer que estaba en el suelo. Era bonita y olía a miedo. A miedo y al pirata. Demasiada información. El lobo blanco sonrió, las piezas empezaban a encajar.

Se acercó a la mujer, recuperando su apariencia humana, porque supuso que así sería todo más fácil y se evitaría algún hechizo por parte de la bruja.
-¿Estás bien? -preguntó, agachándose frente a ella, obviando el hecho de que estaba completamente desnudo, y le puso la mano en el hombro.

Aletheia le miró, como si no entendiera nada. Estaba tan consternada por el ataque de Leif que ni reaccionó a la desnudez del griego, sino que le miró como quien ve el cielo abierto, en busca de ayuda. Necesitaba que alguien separar a aquellos dos para evitar que se mataran.

-Tranquila, todo va a salir bien, pero tienes que ser fuerte. Ven, él te necesita.
-¿Qué? No, nonononono.
-Eres su mujer, su compañera. Del hombre y del lobo. Te necesita ahora más que nunca.
-Pero...
-Lo sé, estás asustada porque está fuera de control, porque podría matarte. Por eso tienes que ser fuerte. Todavía no es uno con el lobo, así que necesitas ganarte a ambos. Con el humano lo tienes fácil, pero al lobo tienes que demostrarle que puede confiar en ti, que no le tienes miedo, que vas a estar a su lado pase lo que pase.
-No sé cómo hacer eso.
-No le temas.
-Pero...
-Sin peros. No le temas. Eres su compañera, la madre de sus hijos. Vive para protegerte, pero tiene que saber que no huirás de su lado cuando haga lo que sea necesario para mantenerte a salvo.
-Está fuera de control.
-Pues sé tú su control.


El lobo blanco sonrió y le ofreció la mano para levantarse. Ella la aceptó, pero no sabía muy bien qué debía hacer.
-Bien, vamos a intentar contenerlo para que puedas acercarte, ¿vale? -avanzó y alzó la voz para dirigirse al lobo rojo, que estaba metido en el fragor de la batalla-. Sujétalo, tengo una idea.

Una idea descabellada... pero ésas siempre eran las mejores.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Dom Feb 04, 2018 4:46 pm

De haber estado el hombre mínimamente despierto dentro del cuerpo de la bestia se habría automutilado con tal de no herir a lo que más amaba. Como hombre, había logrado adaptarse con el tiempo a los nuevos dones que aquella maldición le ofrecía, mas nunca se detuvo a tratar de comprender a la bestia en la que se convertía las noches de luna llena. Para él siempre fue un alter ego con el que se veía obligado a lidiar. Igual que un tabú, debía ser encerrado y encadenado para que no saliera a la luz y acabara con todo cuanto se le pusiera por delante. El odio que le generaba el lobo impedía cualquier tipo de comunicación entre ambos, y el gran muro que les separaba hacía que, en ese instante, Leif no estuviera por ningún lado. El lobo estaba cegado por estar siempre sometido al encierro. Aquella era la primera noche que corría en libertad y la ira era una perra demasiado fuerte. Si a eso se le sumaba el haber perdido ante otro lobo, la tragedia estaba servida.

Siguió embistiendo el escudo de la bruja notando cómo poco a poco iba debilitándolo; estaba tan cerca de probar su sangre que el lobo rojo le pilló totalmente por sorpresa. No tardó en reaccionar una vez se levantó del suelo, enzarzándose de nuevo en una pelea a muerte que esta vez parecía estar más igualada. Sus fauces voraces buscaban continuamente el cuello del contrario a la vez que se protegía el propio, aprovechando ser de menor tamaño para meterse bajo su cuerpo y tratar de tumbarlo. Atacaba sus patas delanteras con fuertes dentelladas intentando someter su cabeza al suelo y saltaba cada vez que era él el que olía la tierra de cerca.

Los fuertes gruñidos de ambos fueron extendiéndose por el bosque atrayendo a otros curiosos y preocupados miembros de la manada. Un coro de aullidos rodeó el claro donde seguía corriendo la sangre; unos a otros se estaban llamando para acudir al espectáculo. Respetaban a Leif como hombre, pero nunca le habían visto como lobo. No obstante, no era él el único que estaba siendo sometido a juicio. Aletheia, como hembra del alfa, estaba ante una importante prueba. Aquella parecía ser la noche decisiva para ambos. El futuro de la manada pendía de un hilo.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Miér Feb 07, 2018 9:51 am

A Slang le costaba muchísimo no dejarse llevar por la rabia, en esos momentos no estaba dispuesto a atender a razones, estaba en juego un cachorro, la vida de la mujer le daba completamente igual pero no permitía que el crinos se acercase a ella a pesar de arriesgarse a una mala posición en la que la sangre y el sonido de la carne al desgarrarse llenase el bosque. El pirata no era el único que sabía aullar, gruñó con fuerza, advirtiendo a todo el que fuera a acercarse que allí no estaba para bromas. Cuanto más peligraba su vida, cuanto más al borde del precipicio estaba, Slang se volvía más fuerte, el dolor solo multiplicaba su odio y sus ganas de destrozar. No era un licántropo como otro cualquiera, su fuerza radicaba en su desdén por la muerte, no tenía nada que perder y no tenía por qué dudar de ello, era el guerrero de los guerreros, una picadora de carne que solo servía para destruir y nada más.

No le importaba cuántos lobos aparecieran allí, seguiría luchando hasta caer muerto, sabía que el copo de nieve cuidaría de esa mujer y no permitiría que le ocurriese nada malo, ambos tenían piernas para correr. No pensaba en otra cosa que no fuera en reducir la amenaza a base de dentelladas, era mucho más fácil matar que retener y en esos momentos Slang no atendía a razones, pero sus orejas se movieron por un momento, escuchando la petición de Esthia. Aunque no estuviera ocurriendo nada a nivel visual, internamente Slang estaba siendo arrastrado por una voz. Sacudió la cabeza manteniendo al otro lobo a raya a base de dentelladas y gruñidos, pero él mismo se estaba debatiendo entre saltar a su cuello y destrozarse mutuamente. El lobo rojo se resistía y gruñía, mostrando los dientes. Se lanzó a por Leif, de nuevo ambos en duelo de garras y colmillos, una furia de sangre y rugidos, hasta que finalmente consiguió retenerlo, ambos estaban en una postura comprometida con el licántropo poseído por la luna al alcance de su brazo que le rodeaba firmemente para sostenerlo, con sus garras clavadas dentro de su carne, si se resistía se desgarraría él mismo, tenía la esperanza de que el dolor le hiciera desistir, lo contuvo delante de Esthia y de la mujer en cinta, mientras el esclavo de la luna era capaz de morder su brazo y destrozarlo si se lo proponía, Uryan rugía por el dolor, por la rabia pero además de chasquear los dientes muy cerca del cuello de Leif algo tiraba de él para que no llegase a más. Matarlo sería fácil, sujetarlo no, por eso mismo Uryan se estaba llevando un castigo más severo por parte de Leif, eso no le impediría mantener al lupino en frente de la moreno, no iba a permitir que le hiciera daño al cachorro, a ninguno de los cachorros, así tuviera que sacrificar su propia vida por ello. Era Esthia y solo su voluntad el que estaba conteniendo a Slang.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Vie Feb 16, 2018 6:02 pm

Ser su control.

Ajá. Sí. Todo muy bonito. Sobre en papel, como teoría, le parecía algo coherente y hasta tenía un tinte romántico. Pero la realidad era que tenía delante a una bestia preocupada únicamente por destrozar todo a su paso y estaba demasiado asustada para pensar en qué hacer para ser capaz de controlarlo.

-Vamos, eres su compañera. Si puedes tratar con el hombre, puedes tratar con el lobo.
-Ahora es una bestia.
-No. Bueno, sí. Pero quiero decir que es exactamente lo mismo. No son dos seres en un mismo cuerpo; el lobo no es un intruso.
-¿Qué quieres decir?
-Que pierde el control porque no ha aceptado esa parte de sí mismo, cuando lo haga, estará completo. Y tú también tienes que aceptarlos a ambos.


Por la mente de la bruja pasó un fugaz recuerdo de su reciente boda fallida, cuando sintió miedo de Leif, cuando se apartó de él y huyó a refugiarse en los protectores brazos de su hermano. Y se sintió tremendamente culpable, porque amaba a ese hombre, pero no había sido capaz de aceptarle completamente a causa del miedo que le provocaba el lobo.

Recordó que le dijo que lo superarían, que cuando se unieron en la intimidad del bosque, bajo el amparo de la naturaleza y el influjo de la magia, prometió amarle por entero y para siempre.

Había llegado el momento de demostrar que esos votos eran algo más que palabras al viento. Estaba aterrada y temblaba como un flan, pero Esthia dijo algo que le dio la pauta.

-Es él, el mismo, con otra apariencia y un poco de peor humor, pero el mismo.

El mismo... Entonces no debería cambiar su forma de tratarle. Confiaba en que Leif, el pirata, la protegería de todo y jamás haría nada para dañarla. Tenía que confiar que Leif, el lobo, haría lo mismo.
Cogió aire, avanzó hacia él y le miró con el gesto serio, dándole con la mano en el hocico.

-A mí no me gruñas, Paine.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Sáb Mar 17, 2018 4:01 pm

La bestia quería destrozarle el brazo a su captor aunque se rompiera el cuello en el intento. Estaba fuera de sí y acorralado solo crecía su furia. Pero aquella cólera desmedida no era solo por intrusos en su territorio, ni siquiera por la pelea o la humana ante él. Era una pelea consigo mismo, el instinto del lobo contra la lógica del hombre. Leif aún no entendía lo que suponía ser un hombre lobo aunque hubieran pasado ya algunos años como esclavo de la luna, para él era una maldición, un parásito metido en su cuerpo que no podía controlar y solo deseaba echar de su vida. Y el lobo, que no era más que su propio instinto de supervivencia, el frío instinto animal que, después de todo, cualquier hombre tenía dentro desde su existencia, salía a la estampida en cuanto se le daba vía libre. Porque de eso se trataba. La creencia del pirata de que la licantropía era una maldición era lo que daba carta blanca al lobo para arrasar con lo que fuera en cada luna llena. Él mismo bajaba las compuertas cuando se acercaba cada noche señalada.

Mantuvo un interrumpido gruñido bajo mientras la mujer se acercaba, con la mirada amenazante y el hocico cargado de saliva espesa resbalando entre sus dientes. Cada dentellada al aire como advertencia hacía saltar otro espumarajo y su cuerpo se revolvía violentamente para volver a quedar inmóvil cuando la presión en el cuello le ahogaba. Había dejado de morder el brazo que le apresaba. Sus sentidos estaban puestos en la hembra embarazada que seguía avanzando hacia él. Podía oler el miedo en ella. En cuanto la tuviera al alcance le arrancaría la mano de un bocado.

Y entonces se quedó estupefacto.

Incluso su gruñido murió. Estaba perplejo.

Las orejas en alto, atento, pero una ligera expresividad de desconcierto. Claramente no se esperaba ser golpeado con tal muestra de regaño en sus palabras. Había estado aguardando por ver crecer ese miedo y alimentarse de él, pero recibió todo lo contrario. Gruñó un poco, sacó la lengua pasándosela por el hocico y los dientes. Estaba descolocado. Y finalmente relajó el morro y el cuerpo entero, lo justo para no sentir la sensación de asfixia por el brazo de Uryan.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Miér Mar 21, 2018 6:02 pm

No podía creerlo. Había dejado de gruñir.

La hechicera desvió los ojos un instante hacia Esthia, quien observaba la escena a pocos metros, con una sonrisa triunfal, como quien disfruta dejando claro que tenía razón. Volvió a centrar su mirada en Leif, que se mostraba algo más relajado.

Pero algo no estaba bien. No sabía qué exactamente. Pensó en cómo actuaría si en lugar de aquella bestia que poblaba sus peores pesadillas y que durante años le había causado pavor, estuviera frente a Leif, el hombre con el que se había casado, al que quería con toda su alma y en el que confiaba ciegamente.

Cerró los ojos, imaginando la piel curtida al sol, esa sonrisa socarrona y la larga melena que tanto le gustaba acariciar. Una pregunta pasó fugazmente por su mente: ¿sería ese espeso pelaje igual al tacto? No tardaría en comprobarlo, pues sus dedos se perdieron casi sin que se diera cuenta entre el pelo que cubría la cabeza de Leif.

Abrió los ojos y le sostuvo la mirada. Los mismos ojos, imposiblemente verdes, que le arrebataban el sentido y la hacían creer que podía con cualquier cosa. Incluso con un licántropo desbocado.

Echó un vistazo alrededor. Aquello parecía ser la prueba de fuego de su relación a ojos de la manada. No podía fallar, tenía que tomar las riendas. Le había prometido a Leif que iba a ser su compañera, su igual, que iba a ser el pilar de la manada a su lado. Había llegado el momento de demostrarlo.

Siguió acariciando el pelo del lobo mientras Uryan lo mantenía inmóvil. Inclinó la cabeza hasta estar frente contra frente, en ese gesto tan íntimo entre ellos.
-Shhhhh. Todo está bien, Leif. Estás en casa.

Le hizo un gesto a Uryan para que lo soltase. El alfa tenía que demostrar que lo era por algo más que por sus santos cojones. Tenía que verse fuerte, dominado, completo.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Uryan Lockwood el Jue Mar 22, 2018 9:13 am

El lobo rojo era el que menos se fiaba de Leif, sabía lo que era estar bajo la influencia de la sangre y la luna, él se dejaba llevar por el deseo de Slang desde que abrieron sus ojos a nuevas posibilidades. Disfrutaba de la locura de la rabia casi tanto como el lobo encerrado en su cuerpo de hombre, pero se llevaban bien, convivían, como parásitos en simbiosis. Su cuerpo, su mente y sus instintos se dividían en dos, pero no estaban enfrentados, cada uno asumía y era dueño de sus propios sentimientos. Slang quería destrozar a Leif y acabar con la amenaza, la prioridad del lobo era la protección del cachorro que llevaba la hembra en su vientre y mordía a Uryan para instarle a acabar de una vez con el licántropo descontrolado. Los ojos azules que le impedían ahogar a Leif oprimía el instinto de Uryan de dejarse llevar por su lobo, aunque se veía lo mucho que le estaba costando luchar consigo mismo, más que contra el propio pirata.

Su brazo estaba destrozado, Leif no dejaba de morderlo, había dejado la carne y el hueso a la vista, cada vez que el licántropo se retorcía él se esforzaba por contener su ira, con el consiguiente chorro de sangre que escapaba de sus heridas abiertas. Uryan respiraba con fuerza y fue el primero en echar las orejas hacia atrás cuando Aletheia se acercó demasiado. Para él, tanto Esthia como la mujer habían perdido la cabeza y todos sus instintos le gritaban que acabase de una dentellada con la yugular de Leif, pero la mirada de la morena y del lobo blanco le impedían hacerlo. El lobo rojo gruñó en respuesta a las dentelladas desesperadas de Leif por alcanzar algo más que su brazo pero se quedó callado, completamente concentrado en arrancarle la maldita cabeza si osaba rozar la piel de Aletheia con uno de sus colmillos.

Aun mantenía a Leif bien cogido, no con la fuerza para asfixiarle, pero si la suficiente como para no permitirle hacer grandes movimientos, hasta que notó la orden de la mujer. Dudó..Y sería un eufemismo decir que no durante mucho tiempo. Slang no quería soltarle, quería sacarle cada uno de los dientes, arrancarle las garras para asegurarse de que no había forma de que dañase al cachorro, pero algo tiraba de él hacia atrás. Hubo un instante en el que los ojos de Uryan se clavaron en los de Aletheia, como si se estuviera midiendo algo mucho más profundo que obedecer una simple orden y finalmente, Uryan apartó la mirada y soltó a Leif, echándose hacia atrás, pero sin perder de vista al licántropo. Se notaba, por la rigidez con la que se movía, que seguía muy pendiente y estaba agobiado e incómodo por lo que pudiera suceder.






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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Leif Paine el Mar Abr 03, 2018 2:06 pm

Aletheia le dio las gracias a Uryan con un cabeceo cuando éste soltó por fin a Leif, que había dejado de forcejear por la impresión de que ella, la que instantes antes fuera su presa, le soltara un manotazo y le regañase con ese tono de reproche indulgente. Se sentía observada, pero no barrió con los ojos el lugar para comprobar cuántos pares de ojos estaban fijos en ella y en la reacción de Leif. Lo que sí tenía claro era que esa noche podía suponer un antes y un después para la manada, para su matrimonio, para ella y su pánico a los licántropos que necesitaba superar, y para Leif, quien estaba siendo inconscientemente sometido a juicio. Tomó aire y, aún a riesgo de perder la mano, la acercó de nuevo al morro de la bestia, aunque con mucha más suavidad, para que pudiera olerla.

- ¿Crees que esa es forma de tratar a tu esposa, Leif? - cuestionó en un tono menos tenso-. Vamos, cálmate. Sabes que soy yo, que aquí no hay peligros por los que tengas que estar tenso. Son tus hombres, tu manada. Confías en ellos. Confías en mí.

Las patas se movían inquietas manteniendo la actitud de alerta latente. Si el lobo estaba entendiendo -entender de comprender, razonar y aceptar- realmente cada palabra que salía de los labios de Aletheia... era todo un misterio. La parte superior de su morro seguía tensa, dispuesta a arrugarse de inmediato para mostrar la amenaza dentada; trémula porque quería hacerlo, mas algo le decía que esperara y escuchara. Confianza no era algo que el hombre tras el lobo hubiera ofrecido a la ligera, por ende el animal no iba a concederla fácilmente. Así se lo hizo saber al gruñir, sin dejar de mirarla, en dirección a los únicos dos miembros que no formaban parte de aquella manada. Uryan y Esthia. Aunque el que ellos estuvieran presentes no era lo que más llamara su atención, sino el modo en que la bruja hablaba sin mostrar un ápice de miedo.

Los enemigos sentían miedo.

El miedo era falta de confianza.

Aletheia confiaba en él. En el lobo.

Lentamente agachó un poco la cabeza y acercó el morro a la mano extendida de la bruja. Empujó la palma de su mano con el hocico y finalmente le lamió los dedos.

La tensión del momento se extendía por todo el claro del bosque en que se hallaban. Todos los presentes parecían expectantes por lo que iba a ocurrir, incluidos los dos extraños lobos. El rojo parecía a punto de saltar sobre cualquiera que le tocase. El blanco, que se mostraba ya con su apariencia humana sin pudor alguno por estar desnudo, mostraba una sonrisa satisfecha, como si él hubiera sabido desde el principio lo que iba a ocurrir. La hechicera dejó escapar con alivio el aire que retenía en los pulmones al sentir la lengua de Leif contra sus dedos. Eso era bueno, suponía. Así que dio un paso más allá. Se repitió mentalmente varias veces que ese lobo era Leif, que era el hombre del que estaba enamorada, que jamás le haria daño, que el miedo que había sentido por los lobos a causa de la trágica muerte de Leon era como si tuviera miedo de todos los humanos por haber visto a un asesino. Tenía que liberarse de ese miedo para ser feliz y lo haría. Pasó los dedos por el pelaje de Leif, atreviéndose a usar la otra mano por su nuca y su cuello. Inclinó la cabeza hasta pegar la frente a la cabeza del lobo. - Shhhh. Eso es. Estás a salvo. Estás en casa.

El lobo aún no estaba cien por cien convencido, su naturaleza le hacía detenerse, quedarse inmóvil ante cada intento de acercamiento de la bruja, pero el toque de sus dedos era agradable e iba dejándose mecer por el aroma que desprendía. Un aroma conocido que abrazaba el latido de dos corazones que debía proteger. Inclinó la cabeza hacia su mano, incluso cerró los ojos aunque solo fuera por un íntimo momento. La tensión del lobo menguaba a la par que la del público alrededor, mas nadie se movía. El tiempo se detuvo más allá de la burbuja que ellos dos formaron ante aquel mutuo reconocimiento. El miedo de ella y la desconfianza de él perdiéndose en la lejanía para dejar solamente espacio al amor que se tenían uno al otro. Sus ojos conectaron en el momento que sus frentes se unieron y vieron más allá del cuerpo físico. La lengua del lobo volvió a aparecer, esta vez lamiendo las mejillas de la bruja en un indiscutible signo de amor.

Ale se echó a reír, pero no se apartó. - Oh, Leif... - le rodeó el cuello con ambos brazos, escondiendo la cara contra su pelaje, sin importarle que estuviera manchado de sangre y polvo por la pelea con Uryan y Esthia -. Me has dado un susto de muerte, pero en el fondo sé que nunca nos harías daño. - Se lo había dicho el día de su fallida boda, se lo había repetido en alguna ocasión más, pero esa noche lo estaba haciendo por fin, estaba aceptando al lobo como su compañero para siempre.

El lobo había reconocido finalmente a su compañera. Había entrado por primera vez en estado de paz desde que apareciera en la primera transformación. Pero el lobo seguía siendo bien consciente de que había dos intrusos en su territorio. Dos desconocidos que no solo habían invadido el espacio que él protegía, sino que se enzarzaron con él en una pelea a muerte. Al menos uno de ellos. Y, del mismo modo que Leif dejaba el romanticismo para la intimidad con su mujer, el lobo no iba a ser distinto, por eso dejó a un lado los arrumacos para encarar nuevamente a Esthia y Uryan y alzar el hocico en señal de advertencia. Si antes estaba iracundo por haber sido provocado, se le sumaba que estaban demasiado cerca de su hembra y cachorro. Y eso no podía permitirlo.

Un nuevo gruñido se inició en su garganta.

La mano de Ale se mantuvo sobre la nuca de Leif, arrodillada a su lado. - Ellos me han protegido, Leif. Incluso de ti. Deberías dejar que se marchen esta noche - Desvió la mirada hacia los otros dos, pidiéndoles que se marcharan sin más escándalos. Una sonrisa dedicada a Esthia, en agradecimiento por su ayuda, quien le devolvió un guiño -. Tal vez mañana podamos todos hablar con más calma.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Esthia Vikorida el Mar Abr 17, 2018 2:13 pm

Esthia se acercó a Uryan y lo tomó con suavidad del brazo, tanteando si realmente iba a ser rechazado o no en su acercamiento. Sus intenciones eran claras: hacer caso a la bruja y salir de allí, al menos hasta que los ánimos se hubieran calmado y pudieran mantener una conversación mínimamente civilizada.

El lobo blanco veía potencial en aquella manada, tal vez porque había nacido y crecido en el seno de una. Veía que quedaba trabajo, que las lealtades no eran todo lo sólidas que debían ser, pero que podrían llegar a serlo si seguían por esa senda incipiente.

Leif era un líder experimentado en cuanto a piratas se trataba, tenía dotes, madera de alfa, pero le faltaba entender al lobo, dejar de luchar, aceptarlo y ser uno con él. Todavía eran dos partes en un cuerpo. Le faltaba entender que no era un hombre con una maldición, sino que su esencia había cambiado, que era un lobo, que sus instintos eran fuertes y que debía usarlos y potenciarlos, que su fuerza estaba en la manada y que esa fuerza invisible que mantenía a la manada unida no emanaba sólo de él, sino también de su compañera.

Sonrió, porque tenía delante de él lo que había buscado mucho tiempo. Tal vez Uryan y él tuvieran algo que ofrecer. Tal vez sí pudieran permanecer en el bosque. Tal vez pudieran ganarse la confianza de ese hombre y él pudiera contar con su lealtad.

Todo dependería de cómo acabase realmente esa noche. De cómo encararan la salida del sol. De ellos, de él.




Y de ella.




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Re: Disturbia | privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Sáb Jun 02, 2018 6:06 pm

El amor era ciego y caprichoso.

De otro modo no se explicaría que ella estuviera alli, acostada de medio lado, en una postura que empezaba a resultarle incómoda, pero sin querer moverse para no despertar al hombre a su lado.

El mismo hombre que horas antes había perdido el control. El mismo hombre que la había atacado en su locura. El mismo que se había rendido a su voz y sus caricias. Leif. El pirata. El lobo. Su lobo.

Se entretuvo pensando las vueltas que daba la vida mientras acariciaba los largos mechones, velando el sueño en que finalmente había caído Leif tras la tensa luna. Se había quedado dormido, abrazado a ella, con el oído pegado a su cuerpo, escuchando los rápidos latidos de su cachorro.

Si alguien le hubiera dicho un año antes que iba a acabar así... Ella, que temía a aquellas bestias más que a nada en el mundo, que había visto morir a Leon por el ataque de un licántropo, que los había evitado como la peste... Se había convertido en la mujer del alfa, su compañera, la que dirigiría la manada a su lado.

Échame a los lobos y volveré dirigiendo la manada.



Se levantó, dejando a Leif en el lecho, ignorando su gruñido de protesta.
-Sigue durmiendo -susurró.
Abandonó la habitación en camisón, descalza, con una toquilla de punto sobre los hombros, cruzada por delante, que le caía hasta algo más allá de la cintura. Se detuvo en la entrada de la casa y observó alrededor. Algunos de los lobos que se habían asentado en los alrededores, construyendo aquella pequeña colonia que empezaba a definir la manada Paine, habían dejado de lado sus quehaceres para observarla, como si esperasen algo de ella.

Dudó unos momentos, pero se dijo a sí misma que la mejor manera de hacer el camino era echando a caminar.
-Buenos días -saludó con una media sonrisa, como si la noche anterior no hubiera tenido lugar y no fuera nada más que un mal sueño que se perdía en el olvido tras la salida del sol-. Leif necesita descansar un poco más hoy, así que tendréis que encaragaros vosotros de la primera ronda. -Dirigió la mirada hacia dos licántropos jóvenes, que habían llegado un par de semanas antes y que todavía no parecían muy convencidos con la situación-. ¿Podeis ocuparos vosotros, por favor? -su voz sonaba dulce, pero estaba claro que esperaba ser obedecida-. Leif escuchará vuestro informe cuando despierte. Oh, y necesitaré que me traigáis un poco de muérdago, si lo encontrais. Gracias.

Y tras esas breves indicaciones, se acercó a una de las mujeres para interesarse por su labor, entablando una conversación cordial e integradora.






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