Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Complejo de dioses | Privado

Mensaje por Amara J. Argent el Mar Ago 29, 2017 5:25 pm

Después de insoportables días de espera, por fin cayó el ocaso que con tanta ansia estuvo aguardando. El golpe que daría aquella noche lo planeó en desvelo y sin descanso. Era su turno de actuar. ¿El reto? Mantener la cabeza fría, pues, ciertamente, no había margen de error, no si deseaba que todo procediera exacto tal y como fue calculado. Podía llegar a ser una excelente mentirosa, pero el acto que se disponía a montar debía ser digno de teatro.

La de su oponente había sido una apuesta sucia mas en juego largo supo que encontraría desquite y, precisamente, era aquel el momento de la revancha, el guantazo en la cara que su opuesto jamás vio venir.

No recordaba la última vez que estuvo tan cabreada que fue el disgusto, en vez de las pesadillas, aquello le consumió su sueño. Se sentía agotada, física y mentalmente, pero sólo reposaría en paz cuando el trabajo estuviese hecho. Trataba con un enemigo cuya estrategia era disfrazar verdades en mentiras y afirmar mentiras como verdades según le fuera de mayor conveniencia; sin embargo, el indiscutible riesgo de aquel individuo yacía en el desconocimiento de sus motivaciones, por supuesto, no sin obviar o subestimar el poder con que lo bendecía la noche.

El arsenal que cargaba para aquella contienda difería bastante del que usualmente empleaba en la caza: Si bien se armaba con su ballesta, el proyectil que tensaba la cuerda no era una saeta de plata sino una estaca de madera remojada en verbena y, en vez de sus preciadas gemelas de hoja plateada, llevaba unas de acero, acompañando a la espada larga que portaba enfundada en el tahalí; de su cinto pendía una pequeña bolsita con polvo de madera y oculta en la diestra asía con firmeza su ventaja secreta.

Una carta firmada a nombre de Bastien Argent bastó para acordar el encuentro.

La respuesta le había llegado al tercer día de enviada la citación. Una contestación corta, concisa y por sobre todo pronta para tratarse de un servicio de correspondencia tan ineficiente como lo era el parisino; la prontitud del mensaje le dejaba en claro una sola cosa: al invitado le apetecía también el encuentro, pero ¿Seguiría sintiéndose igual una vez fuera revelada la verdadera identidad del anfitrión? Tan pronto como hiciera acto de presencia no le dejaría más opción.

Aguardó a la llegada del inmortal inmersa bajo la densa penumbra. Por encima de los hombros, camuflando la horma de su cuerpo, llevaba puesta una de las cazadoras que tomó prestada del guardarropa de Vashni. No esperaba que la prenda ocultara su aroma, pero sí que su contrincante creyera que era esa su intención.

Caminó de lado a lado impaciente y sólo se detuvo en seco cuando oyó un par de pasos ligeros hacer eco contra las paredes de la abandonada edificación. Se limitó a permanecer de espaldas y en silencio, incluso cuando la sanguijuela habló. Justo como lo había planeado, su fragancia fue lo primero que percibió y aunque se escuchaba entretenido, sus palabras destilaban el más mortífero veneno.

Amara ladeo la sonrisa y se dio media vuelta dejando caer la gabardina a los pies, apuntando la ballesta en dirección a su oponente. Apretó el gatillo y la estaca salió despedida a gran velocidad; no obstante, incluso aunque el vampiro permaneció inmóvil, el proyectil estuvo lejos de dar en el banco. Amara frunció el ceño, cargando el arma con una nueva estaca, avanzando a paso firme, pero de nuevo, al activar el mecanismo, la munición ni siquiera rozó al prepotente hijo de la noche.

Las comisuras del hombre se alzaron, podía leerlo claramente, se mofaba de ella con toda su expresión. La cazadora gruñó molesta y sin detener su avance repitió el proceso en reiteradas oportunidades sin tener éxito en alguna. Su corazón se estrellaba violentamente contra su pecho, sus respiraciones eran agitadas y sus mejillas se encandilaban en rosáceo a causa del disgusto. Por supuesto, el inmortal no dejó pasar la oportunidad para apuntar lo patética que su fallo le hacía ver.

La punta de la ballesta tocó el pecho del vampiro, quien extendió los brazos, desafiante, observándola con un deje de lástima sin perder la entretención en su gesticulación. Amara no tenía más munición, la ballesta era inútil, así como todos los tiros que desgastó.

Sonrió ampliamente. Su puntería era perfecta, siempre lo fue y él más grande error de su oponente había sido subestimarla. El plan era bastante simple, lucir tan inexperimentada como le fuese posible con el fin de inflar el ego de su contrincante, quien, de esta forma, al infravalorarla en su condición de humana, le permitiría acercarse lo suficiente como para asestarle con su jugada maestra.

Dejo caer la ballesta y rauda, la castaña ensartó en la yugular del inmortal una jeringa que contenía una mezcla de sangre de licántropo y verbena, no tan concentrada como para matarlo, pero sí lo justo para noquearlo al instante.

El cuerpo del inmortal se desplomó sobre el suelo y la cazadora curvó los labios entretenida, observándole desde arriba en picado, mientras ladeaba la cabeza en un ademán burlón.

Oh, esto sí que va a ser muy divertido.


Última edición por Amara J. Argent el Mar Oct 10, 2017 10:27 pm, editado 2 veces


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Re: Complejo de dioses | Privado

Mensaje por Hyun Seung el Miér Sep 06, 2017 8:06 pm

Ladea la cabeza recuperando la conciencia, causando sonidos crujientes con el cuello. Sonríe más divertido de lo que debería, lanza el cuello hacia atrás, alza una ceja y observa a través del techo rasgado el firmamento nocturno. Pronto recuerda el ataque de Amara tan solo para explotar en carcajadas, claro que esto debía esperar de tal loba. Por supuesto que tendría respuesta luego de haberse metido con el licántropo, menos arruinaría en sobre manera sus expectativas, pero ¿por qué dejarse atrapar de tal manera tan…, predecible? ¿Cómo sabiendo él quien había escrito la carta en primer lugar? Quien tuviera la suerte de conocerle diría que es por mero amor al deporte, en busca de comprobar cuanto dolor podría aún sentir o quizás simples tácticas en una guerra en la que posiblemente era el único culpable, empero, quien le conoce sabe en detalle que las acciones del mayor de los demonios estaban premeditadas en cada extensión aun cuando dejarse atrapar no tuviera la más mínima lógica.

¿Verbena? saborea vacilante el amargo que poco a poco ha ido desvaneciéndose en su sangre. Observa con sigilo el lugar mostrándose en todo momento divertido, orgulloso como el maestro que se muestra altivo ante los avances de un pupilo, pero se trataba de él quien jamás será tal cosa y Amara que dadas las circunstancias creció junto a un padre que no demostró semejante aliento ante ella, quien sobrevivió toda su vida deseando mas no esperando aprobación de terceros.

De un movimiento rompió los grilletes que prevenían sus manos mas no hizo movimiento alguno, permaneció allí como prisionero en celo con el encierro; aquel era un juego que iba más allá de los méritos físicos: atraparlo había sido fácil, liberarse aún más sencillo y usar sus poderes con la pequeña loba que jugaba a ser cazadora podía esperar, no quería que su encuentro fuera efímero, había esperado bastante para verla propiamente a la cara, por lo que permaneció sentado a piernas cruzadas en el sucio suelo tal como alguna vez lo hizo más de tres mil años atrás cuando en aquel entonces permitía que su difunta madre, asustada de su primogénito, lo encerrara durante días.

Temía no ser privilegiado con tan ágil anfitriona —dice tan pronto la ve, pero ambos han de saber que los rodeos no son su estilo por lo que evita irse por protocolos hipócritas—. Nuestra Amara ha crecido bien a pesar de las circunstancias —expresa sincero, aunque su rostro no manifieste tal sentimiento. Remotamente el indeciso camino de Argent evocaba en él extrañas sensaciones de empatía, no lo suficiente para rehusar causar disturbios en la vida de Amara, pero si bastante viniendo de una criatura como él. Y aunque conocía perfectamente que la situación de ambos no era en lo minimo parecida, reconocía el infortunio de vivir sin ser una cosa o la otra, bien estaba al tanto de la angustia de no pertenecer a un mundo, mucho menos tampoco tener un lugar propio para habitar; desconocer a que lado de la cadena debía adscribirse. Por lo que encontrarla años después cara a cara, no a la niña asustada sino a la mujer que comienza a tomar sus propias decisiones bastaba para permitirse terminar en tan absurdo escenario.

He de admitir que no esperaba menos de ti ¿ya tu padre te comentó sobre D’Lizoni? —inquirió sin intención de aguardar respuesta—. Claro que no, le quitaría la diversión; no creí que el lazo fuera tan fuerte ya, vamos, eres mejor que eso —estira los brazos sin intenciones de mantener los falsos grilletes que ambos sabían fallaron en su papel. Permanece sentado, sin embargo, no procurando ponerse de pie, poco le importaba mirar a la pequeña Argent desde otra perspectiva, siempre ha sido la misma después de todo, siempre la ha encontrado en el mismo lugar, además, estaba consciente que permanecer de tal forma le ofrece la oportunidad a ambos de mantener bajo control sus impulsos; a pesar de que en esta ocasión en particular no lleva consigo designio alguno de lastimarla.

Lanza los grilletes a un lado, levanta las manos como acusado que intenta probar su inocencia y ladinamente afirma: —Si deseabas conversar hubieras elegido algo más vivo… —arrastra la última palabra, cargando toda la ironía que contiene—, para qué molestarse en gastar municiones que necesitarás luego. Tienes la oportunidad de preguntar lo que se te antoje ya sea sobre ti, tu padre, D’Lizoni e incluso tu difunta madre —apoya ambas manos sobre las rodillas como niño entusiasmado, consciente de que no infundía miedo en la pequeña cazadora, no aún. Tal hecho no hacía más que llenarle de expectativas ante su acompañante como ocurrió con la gitana, verlas tan erguidas y orgullosas llevando un contraste fascinante con las niñas asustadizas que alguna vez conoció elevaba un falso orgullo que no hacía más que servir de entretenimiento ante los ojos curiosos del demonio—. Incluso la insufrible laguna que caza tus días y noches luego de cierto encuentro que sostuviste, de nuevo, con quien se supone es tu enemigo..., cierto, se supone que no recuerdas nada —añadió un tanto aburrido.

A raíz del ataque, que, sin dar tiempo a errores, Amara acató en su contra sintió la inconfundible marca del dragón asomarse en el revés de la nuca por lo que no deseando ser rehén de los lascivos deseos, disfrutados tanto por la bestia como el demonio en el que estaba dividido dio todo de si por imponerse ante la maldición. Era muy pronto, pensaba, no quería arruinar la diversión. Advierte de antemano las dos estacas lanzadas en su dirección, casi como si un juego de infantes se tratase hace añícos ambos proyectiles y, en lo que parecieron segundos, destroza por igual ambas ballestas que acompañaban a la pequeña Argent regresando en un suspiro a la posición anterior.
Seamos civilizados, pequeña ¿qué quieres saber?
La sonrisa burlona pronto se achicó no dando paso al rojo sangre en sus ojos o un perfecto par de colmillos, empero, brindando aquella siniestra, profunda y atemorizante mirada capaz de invocar al mismo lucifer.
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Re: Complejo de dioses | Privado

Mensaje por Amara J. Argent el Jue Oct 12, 2017 1:17 am

Desenfundó las gemelas de anillo que cargaba en el cinto y las hizo girar con ligereza entre sus dedos, esperando impaciente a que el inmortal despertara del letargo producido por la amalgama de tóxicos —a su respectiva naturaleza— que le había inyectado en la yugular. El peso del acero era diferente al de la plata, no acostumbraba a cargar con armas que no estuviesen forjadas en aquel metal, ese que había sido su fiel compañero de batalla desde que se inició en la caza y que sentía propio por la estirpe que le precedía y el apellido que portaba; No obstante, ni siquiera al borde de la locura, Vashni le permitiría pavonearse por su propiedad equipada con armas fraguadas en el único material que podía lastimarlo a él o a los suyos, por lo que se vio obligada a tomar lo primero que encontró en la armería antes de salir a hurtadillas; por suerte, en la cureña, la ballesta llevaba marcada sus iniciales, indicando que era la suya.

El organismo del vampiro demoraba más de lo esperado en asimilar el compuesto, quizá la mezcla había quedado más concentrada de lo estimado, como fuera, la tardanza comenzaba a desesperarle, a decir verdad, la paciencia nunca fue una de sus virtudes. Debía volver cuanto antes a la mansión. El lobo se tomaba muy enserio el toque de queda y no tenía mucho tiempo antes de que se percatara de su ausencia, pues de hacerlo antes de regresar, sabía que su pequeña aventura no terminaría bien. Sin embargo, estaba muy enfurecida para partir sin ejecutar el plan como lo había proyectado, el objetivo era que la sanguijuela escupiera la verdad al fin, aunque no se negaba la posibilidad de lastimarlo.

Resopló y aprovechando el tiempo muerto, se dispuso a recoger algunas ramas por los alrededores del almacén y, en tanto apiló una buena cantidad, tomó asiento sobre una viga caída, a unos metros frente al cuerpo inconsciente del vampiro. Con la navaja que cargaba entre la bota comenzó a tallar la madera en forma de estaca, aunque no alcanzó a labrar más de cinco. El bello durmiente pronto despertó.

Una sonrisa perversa curvó los labios del inmortal cuando su siniestra mirada la encontró. Se tronaba los huesos como si hubiese despertado del más placentero de los sueños, alardeando de paladear el sabor de la verbena como si se tratara de algún dulce néctar y no el veneno que se suponía debía ser. Fue aquel el primer vistazo que Amara tuvo de la verdadera naturaleza de su contrincante en aquella velada. Ningún neófito sería capaz de asimilar el tósigo de tal forma, se requerían por lo menos un par de años para siquiera soportar el sabor, décadas para asimilarlo sin ceder por completo a sus efectos, pero no estaba segura de cuánto tiempo requería para uno de aquella condición degustar la verbena como si se tratase de una golosina. La sanguijuela no podría tener menos de cien años, mas sus cálculos se quedaban cortos a la realidad.

Dejó de lado la labor a la que se había dispuesto y se cruzó de brazos y sin perder el talante altivo, escuchando con atención el discurso del inmortal más irritada que entretenida. Cada palabra que enunciaba el hijo de la noche le hacía hervir la sangre. Se dirigía a ella sin ninguna clase de decoro, casi como si fueran viejos camaradas, como si en verdad le conociera ¿cómo se atrevía? Bufó molesta y puso los ojos en blanco ante el comentario, mas la mención de Cameron desató la furia. Su espalda se templó, apretó los puños y tensó la mandíbula; era ella una mujer bastante impetuosa y en aquel instante hacía un esfuerzo enorme por no abalanzarse a rebanarle la cabeza.

No hay ningún lazo que me ate a esa bestia — Masculló entre dientes y con un gesto de apatía — Sólo cuido de mí misma

Mentía, ella lo sabía, el inmortal también, pero no había forma en el infierno en la que Amara admitiera que el bienestar de D’Lizoni le entrañaba. El vampiro se deshizo de los grilletes de acero como si estuviesen hechos de cristal y ella enarcó una ceja con sus comisuras elevadas en media sonrisa displicente. Era la primera vez que encontraban, pero un odio abrasador le asaltaba cada vez que le escuchaba enunciar palabra o sus pardos se posaban sobre él. Aparentemente, la sanguijuela aún no era consciente de ello, pero era él el responsable indirecto de que su desgracia. Su propio padre la buscara para asesinarle. Si bien su relación con Bastien distó siempre de ser saludable, sólo tras la intromisión del vampiro los vestigios de confianza que restaban entre ambos se desvanecieron en el aire. Empero, si fue la verdad que su padre encontró en el vampiro lo que más le molestó, la mentira, en contraste, removió su curiosidad.

Permaneció en silencio durante el resto de la dicción que su oponente entonó divertido. Rodó los ojos de vez en vez ante el ofrecimiento de sinceridad, realmente era un iluso si se imaginaba que ella estaba dispuesta a creer en lo primero que se le ocurriera contarle. Aquel hombre era tan falso como una moneda de dos caras.

Gruñó indignada y tan pronto como se hartó de escucharlo declarar sandeces se asió su ballesta y comenzó a lanzarle los proyectiles de madera que moldeó con anterioridad, sin intención alguna de dar en el blanco, mas esperando que su acto fuera suficiente para hacerlo callar. El vampiro, sin necesidad de evadir estacas que no volaban directo hacia él, se acercó raudo a la cazadora y un jalón le arrebató el arma, procediendo a partirla en dos. Otro se hubiese sentido amenazado, pero Amara no se inmutó. En el fondo de sus pensamientos escuchó la voz de su padre vociferando que carecía de instintos de supervivencia. Era temeraria… o tal vez sólo necia.

Que descortés, ese fue un regalo de mi padre— Comentó sin moverse un centímetro de su posición

El vampiro se carcajeó, la observó con la esclerótica de sus ojos tiznada en carmín y le mostró los colmillos, supuso ella, en un vano intento por intimidarla. Amara estalló en risas y le tomó por lo menos medio minuto recobrar el aliento; el hijo de la noche se vio exasperado ante su reacción. Tan pronto como se recompuso, la castaña, suspiro, juntó los labios en un puchero y elevó la mirada hacia el techo, haciendo el amague de cavilar.

Mmmm ¿civilizados? — Volvió sus pardos hasta el hombre y lo examinó con cuidado. Aunque no lo necesitaba el pecho del mismo se elevaba y distendía como el de cualquier mundano. Ladeó la cabeza sonriéndole con amplitud. Todos los inmortales eran iguales, todos añoraban, inconscientemente, la sensación de humanidad — No suena muy convincente

Velozmente la castaña desenfundó su arma y la empuñó con fuerza hacia el tórax del inmortal. No esperaba acertar en el primer golpe. El vampiro, vaticinando el movimiento, detuvo el arma en el aire, apretando el filo con las manos a escasos centímetros de su cuerpo. La sangre se desbordó escandalosa, empapando las pálidas palmas de su contrincante y también el metal. El hombre le sonrió con tétrica complacencia, como si disfrutara la sensación de la hoja rasgándole la piel y por un instante ambos se sumieron en completo silencio, quietud y, como la calma que precede a la tormenta, ninguno de los impuso fuerza en su labor, mientras sus miradas, salvajes y desafiantes, permanecieron fijas sobre la ajena.

Era mutuo, deseaban exterminarse.

Con rapidez, Amara llevó la mano hasta el cinto y arrancó la bolsita con polvo de madera que allí colgaba, procediendo a lanzar parte del contenido de la misma sobre el vampiro, quien, por instinto, inspiró las mortíferas partículas. Instantáneamente el hombre aflojó el agarre sobre la espada y la cazadora aprovechó la oportunidad para ensartársela bajo el pecho, atravesándolo con ella por completo y procediendo a empujarle con el pie hasta liberar el arma de su carne. El hijo de la noche cayó de rodillas al suelo, tosiendo abruptamente y escupiendo sangre.

Sí, vas a decirme todo lo que quiera saber, pero lo harás bajo mis términos — Proclamó arrogante, observándolo en picado con desdén — Preferiblemente mientras te asfixias en tu propia sangre

Altanera le acercó la hoja de acero al rostro y con la punta le elevó el mentón para que la observara.

Comienza de una buena vez, sanguijuela. Le dijiste a mi padre que D’Lizoni era culpable del crimen de mi madre y hermanas. Yo he visto la bestia de ese hombre y conozco lo suficiente como para saber que no fue él —Aseguró desconociendo aún la identidad del culpable, laguna causada por el hechizo que le arrebató parte de su memoria—pero eso ya lo sabías, así que… ¿Por qué mentir?


off:
aún estoy en shook por lo de Sajj :elmo:


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Re: Complejo de dioses | Privado

Mensaje por Hyun Seung el Dom Nov 26, 2017 12:14 am

El ardor en la garganta no hizo más que acelerar una clase de regocijo que solo alguien tan desquiciado como él podría apreciar. Aspiró con profundidad el polvo, saboreó la hoja de metal atravesar cada fibra de su piel. Como le gustaba. Echó hacia atrás, una rodilla al piso y la otra arqueada, encorvado con el rostro encarando al sucio suelo. Luego, calma. Ninguno dice nada y decide dejar que la cazadora se sienta aún más en sus anchas. Decide darle la ventaja; y esto era precisamente lo que a él le gustaba. Una de las pocas razones por las que aún toleraba la inmunda existencia que le fue otorgada en contra de su voluntad. Sencillo: era hora de jugar. Matarla aquí y ahora no estaba en los planes, pero nadie jamás objetó en que no podía divertirse de cuando en vez.

En cuanto al cazadora puntualizó su abrasivo discurso, tan altiva y segura Hyun, el demonio de la dinastía Seung, denotó en risas. Genuinas risas, cualquiera podría decir que entonaban la inocencia pura a manos de la voz profunda y apacible que tenía, un tono calmado que lograba rozar el velo de la tranquilidad. Siempre supuso que era favorable ¿por qué acelerarse? La victima siempre estaba destinada a caer, y Amara lo sabía.

Dándole poca importancia al tiempo que transcurría, a la muy armada y colérica cazadora con más razones de la que podía contar para cortar su cabeza. Razones que todavía desconocía y otras tantas suficientes para impulsarla. Inhaló por segunda vez. La tos se detuvo de golpe y, mientras se ponía de pie el agujero catastrófico que dejó la espada en su pecho comenzó a cerrarse.

Debo admitirlo —limpió los rastros de sangre que se escurrían de la comisura de del labio—, estoy impresionado —un paso. Limpió las lágrimas de sangre que la nube de madera en polvo obtuvo de él. Otro paso hacia delante—. Bueno, lo estaba ¿aún siguen usando este tipo de trucos? —arrugó las cejas, llevó una mano a la frente y detuvo la marcha. Indignación leían sus expresiones de arriba abajo. Y lo estaba. Suspiró una vez más, arrastró la mano hasta hacerla descansar sobre la cadera y en un leve encogimiento de hombros ya no estaba. Se movía de un lado a otro, dejando una cortina intangible atrás de cada movimiento, junto con el sonido craqueado de cada arma que Amara tuvo la ocurrencia de llevar consigo.

Re apareció frente a ella, ahora más cerca e íntimo. Con la espada en manos, quebrándola a la mitad—¿Tu nuevo amigo lícano no te lo dijo? —de ser otras las circunstancias, podría pasar de largo como solo alguien que ofrece su más legitima preocupación. Facciones que, junto con la mano que atrapó la garganta tersa, joven y pálida de la joven, dejaron ver la furia que precede a la muerte—. Dos mil años atrás puede que un truco tan barato como ese te comprara el tiempo suficiente para acabar conmigo, querida. Creí que les enseñaban algo más en su pequeño ejército de perros —gruñó a dientes ocluidos. Esa, era justamente su verdadera cara: aquel par de ojos con mirada maniaca y expresión diabólica.

Bien podríamos decir que el monstruo que despegaba a Amara del suelo no siempre fue la verdadera cara de Hyun, como muchos vampiros que andan las calles, pero entonces sería la más estúpida mentira. Desde que llegó al mundo las estrellas los presagiaban como el hijo del diablo, el enviado de la oscuridad y no tardó mucho en sentirse cómodo entorno a la realidad. Era ese el lado de la moneda que Amara fue tan astuta en obtener. Sin embargo, apreciando el tono rojo cerezo que adoptaba el rostro de la muchacha, recordó por qué no la mataron la noche en que su familia murió. Los hermanos habían jugado a su favor sin siquiera estar conscientes, habría sido cuestión de una mordida en la vena incorrecta o un simple crujir de huesos. Oh, vaya que tenía todo un repertorio de ideas para acabar con los Condenados, pero, no era el momento indicado. Así que, trató tanto como le fue posible disminuir la presión que ejercía sobre el cuello de su acompañante.

Esto es lo que haremos —repitió—, tienes una de esas hermosas navajas en el compartimiento izquierdo del candente pantalón que traes puesto. Tómalo como un gesto de gracia. Además de ser el único que se ofrece a decirte la verdad ¿o caso crees que tu querido padre o ese nuevo lobo que conociste te dirá quién eres, Amara? Él no podría de todas formas —se obligó a deslizar la mano hacia el hombro—. Mucho menos Cameron, él mismo intenta buscarle explicación a "lo que sea que sucede con todos ustedes", o los que conoce hasta ahora —carcajea en tono bajo—… por supuesto que se conocen. Están supuestos a ello.

En lo que consideró escasos segundos de gracia, regresó los pies de la niña Argent al suelo. Arregló la chaqueta que esta vestía, tornando cada gesto en una experiencia tremebunda.
Tu suerte es acopiosa, Amara. Solo puedo lastimarte tanto como quiera. No estás supuesta a morir. Aún.
La lanzó al otro extremo de la pocilga a donde lo arrastró, tan fuerte para dejar algunos raspones, pero no lo suficiente para entregarla a la inconsciencia. Caminó de regreso, y estando la muchacha aun tirada contra la débil pared, cayó de cuclillas tan elegante como siempre. Tranquilo. Sereno. Daba pequeños golpes sobre su rodilla con el dedo índice y corazón. La otra mano acariciando el cabello de la cazadora. Tumbando el polvo que ensuciaba su hermosa cabellera.
Si conoces de algo que en realidad pueda dañarme, te aseguro que seré el más interesado en saberlo. Ahora, como por desgracia aún no existe, y créeme he buscado por ello, vas a preguntar lo que te venga en gana y cumpliré con responderlas ¿por qué? Es hora de que dejes de vivir en las sombras. Los demás comienzas a unir las piezas, cariño. No queremos que te quedes atrás.

Capturó los dedos de Amara en movimiento que intentaban alcanzar la daga que le permitió conservar. Resopló como quien repite la misma lección de trigésima ocasión. Tomó la daga antes que Amara pudiese llegar a ella.
¿En serio? —le miró traicionado. Doblando la daga entre sus palmas para luego dividirla en dos, sujetó por segunda vez el cuello de la joven obligándola a mantenerse en pie—, intento apostar a tu inteligencia. No me hagas cambiar de parecer. ¿Dónde estaba? ¡Ah! Cameron ¿por qué no? Es lo único de ti que parece haber despertado —resolló, enterrando las manos ahora en sus cabellos.

Esta es la cuestión: no eres tan mortal como crees —sacudió la mano de un lado a otro—. No, sé que Cameron no mató a tu familia, pero, al igual que tú, está muerto de todas formas. Ese lobo que conociste te ha ocultado más de lo que sospechas y me encantaría ilústrate como quedaste atrapada en esta… —la agitación bajó dos tonos con esa mueca de disgusto que suele poner cuando prueba sangre echada a perder—…forma humana. No obstante, no es mi obra. ¿Ves que fácil? Ahora, ¿Deseas que continue o volvemos a jugar a que me pateas el trasero hasta que saques toda esa ira que tienes sin resolver?  

Se detuvo por varios segundos, decidiendo que más decir. Que detalles mantener suprimidos. Este asunto comenzaba a hastiarlo en sobre manera.
Sé que no te intimido, en lo absoluto —sonrió—. Me agrada, Argent. Pero… —chasqueó la lengua y ladeó la cabeza en desaprobación—… como has visto puedes conseguir respuestas sin tener que jugar a la asesina experimentad.
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Re: Complejo de dioses | Privado

Mensaje por Amara J. Argent el Mar Feb 06, 2018 1:50 am

Un atisbo de desconcierto adornó las delicadas facciones de Amara cuando el inmortal, lejos de lucir abatido por las partículas de madera que revoloteaban en sus canales respiratorios, se recompuso en menos de un minuto, carraspeando y escupiendo la sangre que se acumuló en su boca. Con el dorso de la mano el hombre se limpió el líquido que descendía en hilillos de sus fosas nasales y tiznaba sus labios de un brillante carmesí, procediendo a dedicarle una sonrisa que derivó en un gesto siniestro, uno que tal vez le hubiese causado alguna clase de temor, de no ser porque ya había visto al diablo a los ojos y sabía que este vestía piel de lobo.

Su expresión se endureció, cincelando un gesto pétreo en su rostro que hacía juego con la tensión que mantenía rígidos los músculos de su cuerpo; no obstante, —aunque a distancia prudencial— permaneció inmóvil, no paralizada, mas sí desafiante, siguiendo con la mirada cada minúsculo detalle en los movimientos de su oponente, estudiando cada uno de los pasos que daba mientras se acercaba cadencioso, con un talante, que aunque no dejaba de verse despreocupado, sí se entendía amenazante, incluso aunque ella no llegase a inmutarse por el inminente peligro.

Su padre le repitió incansable que carecía de instintos de supervivencia por una razón.

De repente, ante sus esferas pardas y esas pupilas dilatadas a causa de la adrenalina que besaba hasta el último poro de su cuerpo, la figura del hombre desapareció entre la penumbra y las moléculas de polvo que flotaban en el aire. La cazadora, en un intento por dar con el escurridizo sobrenatural, arrastró la mirada de un lado a otro mas no fue capaz de encontrar a la sanguijuela o rastro alguno de su silueta.

A pasos ligero y casi etéreo, el milenario se movía el a su alrededor, asediándola cual depredador. Una suave ráfaga de aire removió los risos caoba que caían libres sobre su espalda. Amara se dio media vuelta con rapidez, mas sus pardos no encontraron otra cosa que no fuese la densa oscuridad de la noche; sin embargo, al sentir una presencia custodiando su revés, rauda, volvió a girar sobre su propio eje, esta vez topándose de frente con el inmortal quien, imponente, se plantaba a escasos centímetros de distancia con las escleróticas bañadas en carmín y una sonrisa maliciosa que dejaba entrever los afilados colmillos.

Sin vacilación alguna el vampiro le tomó del cuello, elevándole cual muñeco de trapo un par de centímetros encima del suelo. Por instinto, Amara se llevó ambas manos hasta el cuello intentando liberarse del frío tacto que le comprimía la garganta, impidiendo el paso de la sangre que irrigaba oxígeno a su cerebro. El inmortal presionó con más fuerza. Sus tormentas se cristalizaron, su visión se nubló y la piel de su rostro se coloreó en rosáceo intenso.

A pesar de las de las manchas que difuminaban su vista, Amara pudo apreciar cómo la malévola sonrisita del hombre se ensanchaba cuanto más ella luchaba por respirar; incluso si el hombre admitía los límites que no podía transgredir, pudiendo lastimarle sólo cuanto lo encontrase necesario, era evidente que encontraba mórbido gusto en causarle daño. Ciertamente, la sanguijuela había perdido la paciencia por su falta de cooperación con la causa.

Justo cuando su conciencia amenazó con sofocarse, su oponente, de un solo empujón, le lanzó por los aires con tal fuerza que fue la pared al lado opuesto de la bodega la que detuvo su agresiva trayectoria. La castaña soltó un quejido de dolor al sentir su cuerpo desencajarse por el impacto. Jadeó con violencia, inspirando y expirando reiteradas veces, llenando sus pulmones a la máxima capacidad, en un vano intento por recuperar el aliento. Una mueca de dolor torció sus facciones y retorciéndose en el suelo, hizo un esfuerzo por reincorporarse, mas falló en el intento. Él, bastante entretenido por su aflicción, se acercó sin recato, escupiendo un jactancioso discurso en el que aseguraba conocer todo eso que ella ignoraba, prometiéndole la verdad absoluta de su trágico destino.

De un solo tirón, el hijo de la noche le dejó sentada, reacomodando sus ropas y apartando los cabellos rebeldes que le cubrían el rostro.  Pestañeó un par de veces. Todo le daba vueltas y necesitó de un instante enfocar el rostro de su airado interlocutor. No entendía cómo sabía él de su relación con Vashni o por qué insistía en la conexión que le unía a Cameron, mucho menos a qué se refería al hablarle de la forma humana en la que se encontraba estancada. Nada tenía sentido, pero a pesar de hacer un esfuerzo por autoconvencerse de que aquel hombre deliraba, no tenía sentido negarse el hecho de que sí había removido su curiosidad. Estaba dispuesta a escuchar, pero aquello no implicaba que tenía intención de permitirle subestimarla.

Sin disimulo alguno, la hija de la plata estiró la zurda en busca de la daga a la que el vampiro hizo referencia. No era ninguna estúpida, sabía perfectamente que era un esfuerzo inútil pues más tardaría ella en intentar alcanzar el arma que él en deshacerse de la hoja argentada; sin embargo, la única razón por que insistió en aquel desesperado y patético empeño fue por que sirvió a un propósito mayor. Con el rabillo del ojo había advertido una de las estacas que volaron por los aires a diestra y siniestra sin rumbo ni tino y mientras el vampiro concentró su atención en la acción más obvia, Amara logró hacerse con la madera sin despertar sospecha.

Una sonrisa perversa se esbozó en sus labios. El milenario frunció el entrecejo entre desagradado y confundido, hundiendo los dedos en su cabellera y halando de ella con fuerza, asegurándose de anclar la mirada del infierno en sus eclipsados pardos.

¿Crees que puedes quebrarme con dolor? — Indagó con un deje de sorna — Yo fui criada con dolor — declaró comprimiendo el odio entre sus dientes.

El vampiro estalló en risas en respuesta a sus necias palabras, mas las carcajadas murieron en un resuello cuando la cazadora le ensartó el afilado trozo de madera en el pecho, no lo suficientemente profundo como para asesinarlo, pero sí lo necesario para dejarlo inmóvil y a su voluntad. No importaba cuantos milenios hubiese vagado aquel hombre por el mundo, una estaca en el corazón siempre sería efectiva para acabar con aquellos de naturaleza semejante.

Desafiantes, las enrojecidas tempestades que le retaban no cesaron de contemplarle por un instante. Amara se había encontrado muchas veces con la misma mirada, esa en la que un hombre se concientiza de su efímera existencia y cómo un segundo puede bastar para desvanecerla.

Viniste en busca de un Argent y eso es exactamente lo que encontraste. — Aseguró empujando la madera más dentro, logrando que la punta acariciase peligrosa el órgano vital.

Amara se puso en pie, observando en contrapicado al hijo de la noche, quien permaneció hincado con un diabólico disgusto abrasándole la mirada. Entonces, repentinamente y sin explicación alguna, la castaña extrajo la madera de la carne perforada y procedió a lanzarla tan lejos como le fue posible.

Es tu día de suerte — se encogió de hombros — tu discurso fue lo suficientemente convincente, así que explícate... prometo ser buena contigo—se mofó cruzando los brazos, adornando la dicción con una fingida sonrisa.


you are the silence in between what i thought and what i said

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gracias kyritos:
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Amara J. Argent
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