Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Cuando menos lo esperaba (Eghon Grant)

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Cuando menos lo esperaba (Eghon Grant)

Mensaje por Gian Grant el Mar Ago 29, 2017 7:39 pm

Como muchas veces, se dispuso a buscar documentación que le permitiera descubrir donde se encontraba su padre, solo él, podría explicarle que había pasado en esos años en que sus caminos se habían separado. ¿Cómo era posible, que siendo una familia de por si, sumamente unida, de la nada terminaran todos separados? Y peor aún, sin siquiera recordar que había ocurrido para que semejante infortunio los atrapara en sus redes.

Cedric siempre había sido un chico que a pesar de su corta edad, parecía mayor, no solo por su aspecto físico, por el que se lo podía confundir con un joven de casi dieciséis años, sino que por su intelecto. Era dueño de una madurez, que le permitía entender temas que tal vez para otros niños de su propia edad, serían imposible de comprender.  Fue aquella madurez, lo que le llevó a estudiar todo aquello que le hiciera más parecido a su padre, puesto deseaba poder ser un hombre, capaz de defender a su madre, con la misma fortaleza y gallardía que su padre.  Nadie heriría nuevamente a esa mujer que le había dado la vida, que había cuidado de él, mientras su padre se encontraba en misiones de la inquisición, y quien había puesto en peligro su seguridad para ponerlo a salvo, la noche en que el castillo de los Grant – ubicado en Escocia - se incendió. Ella había logrado salvarlo, más el humo que había respirado, la enfermó, haciendo que  personas que en un principio, parecían médicos, terminaran separándolos y llevándose a su madre, sin que él pudiera comprender cuál era la razón para semejante vileza.

A él, unos hombres le había secuestrado y por días enteros lo mantuvieron encerrado, hasta que decidieron llevarlo a Francia, para pedir un rescate a los familiares de su madre. Quiso el destino que en mitad del viaje que lo llevó nuevamente a Francia, pudiera escapar de sus captores y mantenerse escondido, en el bosque, hasta que fue acepado por los gitanos, quienes le hicieron uno más de ellos.  Podría haberse quedado con ellos y comenzar una nueva vida, ¿pero como podría dejar a su madre abandonada a su suerte? ¿Quiénes se la habían llevado? Y sobre todo, ¿Cómo podría dar con ella, sin la ayuda de su padre? Era lógico que primero debía dar con el paradero del inquisidor Grant.

Fue por esa razón que tras mucho andar, logró llegar a Paris y dirigirse a la catedral de Nuestra señora, donde se encontraba la base de la inquisición francesa, allí, se paró frente al inquisidor que custodiaba la entrada, - Vengo en busca del inquisidor Grant, no me iré sin dar con su paradero – el guardia intentó hacerle desistir, hasta llevarlo a la rastra y dejarlo tirado en las escalinatas de la catedral – ya te he dicho que no está, hace mucho tiempo que no aparece por aquí, ve a buscarlo a otro lado – le espetó, mientras dejaba caer al lado del joven, las pocas pertenecías que acarreaba consigo, desde que dejara el seguro refugio del campamente gitano.

Frustrado, malhumorado, se prometió que daría con su madre, aunque tuviera que emprender la búsqueda solo y le llevara toda la vida. Se incorporó con dificultad, para luego gritar con todas sus fuerzas, sacando de su pecho la angustia y el desazón que lo ahogaba – Papá, donde te has metido – dijo en voz baja.


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Re: Cuando menos lo esperaba (Eghon Grant)

Mensaje por Eghon Grant el Lun Nov 06, 2017 9:33 pm

Tenía tanto tiempo perdido, tanto inmerso en sus propias tribulaciones, que Eghon ya era incapaz de distinguir el paso de los días, esos que pasaba generalmente encerrado en su hogar, revisando documentos y cartas que prometían respuestas a la desaparición misteriosa de su esposa e hijo. ¿Cuántas veces sus conocidos insistieron en que Chiara le abandonó? Ya había perdido la cuenta de esas veces y la verdad era, que comenzaba a creer que aquella idea que tanto escuchaba de sus allegados, era la realidad, después de todo, ¿Cuánto tiempo podía pasar alguien secuestrado y sin que se pidiera rescate por su retorno? Muy poco y tanto Chiara como su hijo llevaban mucho lejos de él, lo que apoyaba la teoría de que la italiana, decidió abandonar al escoces y llevarse a su hijo con ella sin decir palabra alguna, además claro, que optaba por mantenerse bien oculta en donde el Grant no pudiera encontrarlos.

Ese día, la idea del abandono rondaba más insistentemente su mente, tanto que el Grant se forzó a mi mismo a dejar la pila de cartas sin leer sobre el escritorio de su estudio para con dificultad levantarse de la silla en a que llevaba aposentado Dios sabía desde cuando. El aspecto físico de Eghon era precario. Había perdido mucho peso, así como musculatura ya que faltaba a los entrenamientos de la inquisición y de hecho, se presentaba más bien esporádicamente a los cuarteles, motivo por el cual sus compañeros parecían ya ni siquiera contar con él. El cabello lo llevaba siempre revuelto y la barba bastante crecida, le daba un aspecto más de un pordiosero que de un valiente y aclamado inquisidor.

Después de dejar finalmente su asiento y su estudio, el Grant se descubrió a si mismo vagando por su propia casa, recorriendo cada uno de los cuartos como si de alguno de ellos fuera a emerger su hermosa esposa y su querido hijo. De todos los cuartos que recorría, fue aquel que fue destinado para su hijo el que logró enfurecerlo. Todo en su casa parecía una ofrenda a los desaparecidos que era incapaz de tocar y fue esa incapacidad de destruir con sus propias manos todo lo que le molestaba, que acabo saliendo a la calle y dirigiendo sus pasos al único lugar en el que creía que podría encontrar algo de paz, los cuarteles de la inquisición.

Eghon caminaba entre las personas, quienes le observaban fijamente debido a su aspecto en general, aún así, el escoces no se detuvo sino hasta estar ante las puertas de la inquisición. De hecho, tan concentrado iba en su misión de llegar al cuartel que ni siquiera se percató de que parado frente a uno de sus compañeros inquisidores se encontraba un muchacho de cabellos rubios, muchacho que desde hacía días iba con la esperanza de encontrarlo. Antes de que el Grant pudiera entrar a los cuarteles, el inquisidor que antes impidiera el paso al muchacho rubio, detuvo al escoces.
Por fin apareces, ya estoy harto de ver a este chiquillo aquí, así que encárgate de tus metidas de pata Grant – sentenció aquel inquisidor antes de soltar a Eghon, quien de manera desinteresada responder sin mirar siquiera al chiquillo.
Debe de equivocarse, nadie me busca desde hace mucho.


No hay nada como el amor. Deberías probarlo.
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Eghon Grant
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