Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Nadia Scrymgeour el Dom Sep 03, 2017 10:15 pm

¡Qué difícil le estaba resultando todo! Nadia no se sentía cómoda en su nueva vida y aquel malestar le había sobrevenido de un momento al otro. De hecho, hacía dos días era la mujer más feliz del mundo… mas ahora se odiaba y odiaba a todos.

“Cuando te sientes mal, debes hacer lo que sabes hacer bien”, le decía siempre su madre para calmar su carácter endiablado, para tenerla entretenida.

Lo único que sabía hacer bien era tocar el piano, o eso creía ella, pero tampoco tenía ánimos. Quería ir de compras, pero no tenía allí a ninguna amiga que la acompañase…
Habían llegado hacía menos de una semana a París y Nadia ya estaba que se la llevaba el demonio. Necesitaba vivir, pero su esposo era demasiado tranquilo… ¡Salía sin mencionarle a dónde iba! ¡Disfrutaba de leer junto al fuego! ¡Amaba a esas bestias a las que todos llamaban caballos, pero que a ella le semejaban monstruosos asesinos!

Así, de su malestar –que no sólo era anímico, sino también físico-, había nacido aquella tarde de té con un puñado de francesas a las que Nadia evaluaba para acabar de discernir si estaban o no a su altura.
Una grata sorpresa se hallaba entre ellas: Aletheia, una amiga de la infancia –hija de un viejo camarada de su padre- a la que tenía muchísimos años sin ver. Sin dudas, su asistenta había hecho un muy trabajo al sugerirle las posibles invitadas para el té.

Las charlas eran las de siempre, poco importaba que hubiese cambiado su tierra por la francesa; la ópera, los nuevos géneros de telas, las esclavas rebeldes, los niños… ¡Oh, las odiaba por tener hijos! Ella no se imaginaba como madre todavía.
Y pese a que la tarde había sido alegre y entretenida, lo único que acabó deseando fue que todas se fuesen para poder hablar a solas con su vieja amiga… pero cuando al fin su deseo se vio realizado, Nadia sintió una terrible pesadez en su cuerpo. Últimamente estaba más cansada de lo normal.

Como estaban solas ya, Nadia se permitió distenderse y abandonar su pose típica de la anfitriona que todo lo controla. Se sentó sobre el sillón de fina tapicería gris intentando estar cómoda, después de todo Aletheia parecía irradiar cierto aire de confianza y ella elegiría tomarla.


-Debo confesarte que esto ha sido una mala idea. No por ellas –le aclaró rápidamente-, hemos pasado una buena tarde, ¿verdad que sí? Es por mí, tal vez debí haber esperado unos días más para organizar una recepción como esta, aunque fue pequeña. Me siento agotada.

Como tenía intención de seguir hablando, Nadia rellenó ambas tazas de té y se hizo con una de las últimas galletas de limón que quedaban sobre la mesilla.


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Re: Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Miér Sep 06, 2017 5:46 pm

Unos días atrás Loui había llegado al bosque a lomos de Antares. Todavía no había abandonado su casa en París para mudarse allí con el padre de su hijo, pero pasaba bastante tiempo allí, con la excusa de supervisar la construcción de la casa que iba a pasar a ser su hogar. Aunque no era más que una mera excusa, porque el verdadero motivo de su presencia en aquel claro no era otro que pasar un rato con él, aunque se limitara a verlo ir de un sitio a otro, trabajando la madera, sentada en un tocón, con una cesta de comida al lado, a la espera de un descanso para compartir una escueta charla.

El muchacho le entregó un sobre lacrado. Lo abrió ante la expectación de ambos hombres y arqueó las cejas con sorpresa. Una invitación a un té. Hacía años que no recibía ninguna. Al regresar a su morada en la ciudad, garabateó una cordial respuesta, aceptando la invitación, y la hizo llegar a su anfitriona.

Los dos días previos a la reunión, estuvo nerviosa. Nadia era una persona que había conocido mucho tiempo atrás, habían compartido muy buenos momentos, pero... Ambas habían crecido y habían cambiado. No sabía qué esperar de ese encuentro. Sobre todo porque, desde que diez años antes su prometido fuera asesinado en extrañas circunstancias, se había apartado de ese tipo de eventos, había dejado de recibir invitaciones y sabía que había estado en boca de muchos. Quizás hasta se hubiera pronunciado su nombre como autora del crimen. Después de todo, lo único que se conocía era que ella había llegado a casa, ilesa y cubierta con la sangre de él.

Eligió un vestido sencillo para la ocasión y dejó que Loui la llevara en coche hasta la misma puerta. Habría ido cabalgando, pero era una de las primeras cosas a las que había renunciado desde que supo que estaba esperando un hijo. Por suerte, todavía no se notaba, lo que había evitado que comenzaran las habladurías sobre quién sería el casquivana que había dejado preñada a la hija del general Brutus.
Si ellos supieran...

La velada transcurrió tranquila. Una conversación superficial, sobre maridos, hijos, eventos de sociedad... nada fuera de lo esperado. Cuando las demás se retiraron y se quedaron a solas, el ambiente pareció relajarse, como si volvieran a ser aquellas dos niñas que hablaban en confianza, sin la parafernalia de un evento social.

-Si estás cansada y prefieres que me vaya, dímelo. Loui está en la puerta con el coche, esperando a que acabemos. -Entre otras cosas, porque cierto pirata de ojos verdes lo mataría si la descuidaba-. Aunque si lo prefieres, podemos charlar acerca de cómo te ha ido en estos años. Porque de las dos, tú eres la que tiene una vida más completa, con una casa, un marido y todo lo que ello conlleva.
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Re: Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Nadia Scrymgeour el Miér Sep 20, 2017 12:09 am

Estaba cansada, sí, pero no quería que ella se vaya ya. Estaba aún más cansada de la soledad porque, pese a que estaba casada, a que tenía aquella casa en París –en la que sólo estaban de paso, se habían tomado una temporada de descanso lejos de las obligaciones- y la gran residencia en Inglaterra, Nadia se sentía sola.

Ella, que siempre había sido consentida por su padre, aconsejada por su madre, cuidada por sus hermanos, venerada por sus amistades… ella, que todo lo tuvo y que cada sueño que soñó le fue cumplido, se sentía ahora vacía y le costaba entenderlo. No podía concebir que eso fuese la adultez, miraba hacia atrás y no comprendía en qué momento la vida –con todas las responsabilidades que ser la hija de su padre conllevaba- se le había caído encima, aplastándola.


-No puedo quejarme de mi vida, podría ser peor de mil formas diferentes –le dijo, con cierta resignación-. No puedo decirte que soy feliz –se sinceró, repentinamente porque ¡hacía tanto que no podía ser franca con nadie!-, pero ¿qué recién casada lo es? Solo aquellas mujeres del servicio que pueden casarse por amor… no yo, no nosotras que debemos casar con quienes nuestros padres elijan. Pero Iain es un buen hombre y eso es lo único que importa. Me respeta, me valora.

No era compatible con ella; era tranquilo, gustaba de leer o montar, de meditar mirando la chimenea… ella, en cambio, era como una tormenta de verano, siempre activa, siempre dando sorpresas. No podía negar que a su lado se sentía algo apagada, pero confiaba en que tendría toda la vida para intentar comprender a su esposo, para poder despertar interés en él, para enamorarlo. O no.

-Hemos venido a pasar aquí solo una temporada, creo que cuando comience el invierno volveremos, Iain no puede dejar por tanto tiempo el trabajo en manos de sus asistentes. Al menos ha creído oportuno este viaje, ya te digo que estaba necesitando cambiar de aires yo… ¿No te sucede? ¿No tienes épocas en las que te sientes ahogada? –le preguntó, aunque también se lo estaba preguntando a sí misma porque si hay algo que la soledad otorga es tiempo de introspección y en pleno análisis propio se hallaba Nadia-. ¿Qué hay de ti, Ale? ¿Qué has estado haciendo en este tiempo? ¿Estás comprometida para casarte? ¿Cómo se encuentra tu familia?


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Re: Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Jue Sep 21, 2017 4:41 pm

Aletheia no le rebatió, pero ella estaba a punto de casarse y estaba muy feliz con la idea. Quizás era porque estaba enamorada de su prometido, porque no era un matrimonio arreglado y no era el mejor partido.

De hecho, era el peor de ellos.
Muchos lo describirían como un patán muerto de hambre, un hombre horrible, con la piel curtida por el sol y el mar, con la mirada desconfiada, con la sonrisa torva y ladina, sinvergüenza, sin moral, capaz de las peores atrocidades. Pero ella veía mucho más allá, ella le veía tal y como era, un hombre con una vida dura, que había tomado decisiones complicadas, a veces erróneas, pero que seguía adelante. Era el hombre que la había hecho sentir viva de nuevo, después de diez años de vida gris tras la muerte de Leon, su primer prometido.

-Si, me he sentido ahogada muchas veces. Sobre todo hace unos años, cuando me vine a vivir aquí. La muerte de Leon fue un palo muy duro, me dejó tan hundida que tuve que abandonar Perpignán.

Ahora podía decirlo así, porque ya era algo superado. Tampoco iba a entrar en detalles, porque no sabía si su amiga de la infancia tenía conocimiento de lo que se movía en las sombras. Desconocía si sabía de la existencia de vampiros, licántropos, cambiantes o hechiceros. Así que mejor no remover esos temas.

-Mi familia está bien. Blaise y Eugène siguen los pasos de mi padre en el ejército, mi madre no hace más que intentar buscarles una esposa, pero Blaise está demasiado centrado en su carrera aún y Eugène pretende a una muchacha de un pueblo cercano. Creo que se casarán el año que viene. Y yo... He estado mucho tiempo sola, pero... hace unos meses que me prometí. Y estoy bastante asustada respecto a cómo va a salir.
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Re: Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Nadia Scrymgeour el Jue Nov 16, 2017 1:03 pm

Sabía de la tragedia de Leon, pero no conocía los detalles, en esa época ya sus familias no estaban tan cercanas, muchos hijos que casar, muchas guerras que pelear, muchos tratos que concretar, y así la vida pasaba para unos y otros. Y, ¿qué sentido tenía preguntar por eso, por Leon, ahora? Prefirió callar y observarla. La hallaba madura y resuelta, los años la habían convertido en una mujer de apariencia fuerte. ¿Habrían hecho lo mismo con ella? ¿También tendría Nadia esa impronta? A veces se sentía como aquella chiquilla consentida a la que su padre le daba todo cuanto desease, y otras extrañaba ser aquella que había quedado en su tierra natal. Lo pareciera o no, ahora debía mostrarse como una mujer madura, responsable y capacitada para llevar adelante una familia, para ser el complemento perfecto que Iain necesitara.

Aletheia parecía feliz por su compromiso, se la veía radiante como sólo las personas enamoradas podían lucir. Por un momento, Nadia la envidió. Ella tenía todo lo que pudiese desear, solo le bastaba con pedir e Iain le daba lo que quisiese –de hecho ese viaje a París era muestra de eso, no era otra cosa que un capricho de Nadia concedido por su esposo-, pero él no la amaba. Claro que entendía que eran pocos los casos en los que las personas se casaban enamoradas –como al parecer lo haría su amiga-, sabía que no era lo común, que eso sólo estaba reservado para unos pocos escogidos entre los que el matrimonio Scrymgeour no se contaba. Pero no podía evitar desearlo, querer que algún día llegase a haber amor entre su esposo y ella.


-¡Qué hermoso saber de tu familia! A tu madre no le costará demasiado hallar una buena prometida para él, recuerdo a tus hermanos como jóvenes muy bellos –sonrió al hacer memoria, al recordar viejos momentos-. ¿Te casarás? ¿Cuándo? Oh, pareces tan enamorada –le dijo y se acomodó a su lado en el cómodo sofá. Involuntariamente su mano izquierda reposó sobre su vientre-. Cuéntame de él, de ustedes, Ale. ¿Cómo se conocieron? ¿Quién es? ¿A qué se dedica su familia? ¿Qué piensan tus padres de él?

Habían sido demasiadas preguntas juntas, lo sabía y creía que tal vez debería disculparse con ella. Pero tenía un justificativo que creía que la redimía: Hacía tanto tiempo que no pasaba tiempo con una amiga… tanto tiempo sin oír una buena historia, sin dar consejos o recibirlos. Aunque estaba en París, aunque hacía muchísimos años que no veía a Aletheia, aunque tenía muchos problemas sin resolver en su matrimonio y pese a que no se estaba sintiendo bien de salud en los últimos días, allí y en esos momentos junto a ella Nadia se sintió como en casa.


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Re: Lo que no se dice | Privado

Mensaje por Aletheia Brutus el Dom Nov 19, 2017 5:09 am

-Mi familia aún lo está asimilando y creo que hasta que no pase la boda no asumirán todo lo que verdaderamente implica. Ay, Nadia, lo lejos que has estado todo este tiempo... Ha sido todo tan rápido que ni siquiera que tenido ocasión de escribirte unas líneas para contártelo. Pero ahora mismo hasta lo agradezco, porque poner por escrito algo así... No sé si lograría explicarlo. ¿Recuerdas las historias de piratas que siempre oíamos de los soldados? De hombres crueles y despiadados, de borrachos maleducados ahogados en ron que iban asaltando barcos, matando gentes de bien y sembrando el caos y la destrucción. ¿Recuerdas que hablaban de Bones, de Morgan, de Silver y del terrible Capitán Paine?

Hacía varios años, las historias de piratas habían atemorizado a la población. Se temía navegar en alta mar, por miedo a ser asaltados, las mujeres decentes y los hombres de bien evitaban frecuentar los puertos, los comerciantes buscaban rutas más seguras para sus productos, los soldados no alcanzaban jamás a acabar con ellos, los niños jugaban en las calles sin ser conscientes de lo veraces que eran las historias. El peor de ellos, el Capitán Paine, había desaparecido un día de la faz de la tierra. Nadie sabía exactamente cuando, ni dónde, ni por qué. Simplemente desapareció. Durante algunos meses, su barco surcó los mares sin él a bordo, hasta que se quedó anclado en los terrenos de aquella que llamaban La Negra. Se le dio por muerto y más de uno creyó que con su caída se iniciaba el fin de la piratería.

-Pero no fue así. Paine seguía vivo, oculto del mundo, viviendo muy cerca de París, en los bosques al sur. Allí fue donde nos conocimos.

Con esa simple frase daba a entender a su amiga muchísima información. Leif Paine, el pirata más temido de los siete mares, era el hombre con quien iba a casarse. Era todo lo contrario al marido perfecto que su familia desearía para ella, pero estaba total y absolutamente enamorada de él. Y él de ella, porque un pirata no se une a una mujer ante Dios y ante los hombres si no la ama de verdad. También le dejaba saber que era mucho mayor que ella.

-Yo iba de paseo con Antares -su caballo- y me salió al encuentro. Estaba asustada, realmente creí que me mataría, pero no. Me pidió que hiciera algo para él, lo hice, me dejó marchar y pensé que nunca más volvería a verle. Pero esa noche fui suya -confesó. Era su amiga de toda la vida, a pesar del tiempo separadas, dudaba que fuera de chismosa. Esperó a ver cómo reaccionaba a esa primera información antes de seguir adelante con su historia.
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