Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP


RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA AREZZO

MODERADORA

ENVIAR MP
NICOLÁS D'LENFENT

MODERADOR

ENVIAR MP
KALA BHANSALI

MODERADORA

ENVIAR MP
LADISLAV PEKKUS

MODERADOR

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

MODERADOR

ENVIAR MP

CLIMA


Espacios libres: 07/45
Afiliaciones élite: abiertas
Última limpieza: 07/06


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com


Últimos temas
» Raakshason kee raat -Privado+18
Hoy a las 5:25 am por Hati Dag

» Ulvinde (privado)
Hoy a las 5:22 am por Arya Paine

» El tiempo entre condenas (privado)
Hoy a las 5:01 am por Danielle Morgan

» La voz del cuentacuentos. (Priv)
Hoy a las 3:44 am por Hania Doe

» Kiss the sun {privado Assur}
Hoy a las 3:20 am por Hania Doe

» Månens Blomst {Privado}
Hoy a las 3:15 am por Asteria

» Mouse trap // Privado - Armagedon
Hoy a las 2:45 am por Armagedon

» Little rascal
Ayer a las 11:52 pm por Kenna Carmichael

» Caminante no hay Camino - privado
Ayer a las 11:39 pm por Aimée Leblanc



Affliction {Privado}

Ir abajo

Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Lun Sep 04, 2017 7:19 am

De espaldas, Gaspard podría pasar fácilmente por un sepulturero: hombros anchos, escápulas marcadas, espalda musculosa y con gotitas de sudor corriéndole por la piel pecosa mientras él, iluminado por la luna, excavaba en el cementerio de Montmarte, ajeno a cualquier estímulo que no fueran los de su propia cabeza. La camisa, raída, se encontraba anudada en torno a su cintura, mientras que en el suelo, cerca de él pero no lo suficiente para mancharse de tierra, se encontraba su capa, la primera señal de que algo en él no encajaba del todo con la imagen de un trabajador normal del cementerio. Como si algo en Gaspard de Grailly pudiera pasar por normal...

¡Ni siquiera lo de aquella noche era normal, hasta dentro de sus parámetros! Gaspard estaba excavando una tumba, sí, pero el hoyo que estaba sacando a la luz no había sido previamente ocupado por un cadáver, sino que iba a estar destinado a uno. ¿El problema? Que ese muerto era un sobrenatural, un licántropo para más señas, y que Gaspard tenía varios arañazos en el pecho, atravesándoselo de lado a lado aunque no fueran muy graves ni muy profundos, que denotaban que se había peleado con el ser antes de matarlo. Y eso no era algo que un sepulturero normal hacía, ¿a que no?

Tampoco era común en el gremio, del que Gaspard conocía bastante, despojar al muerto de la plata que le había clavado el mismo que lo enterraba, aunque sí que lo era vaciarle los bolsillos, algo que, al ser una bestia parda, no tenía la víctima en cuestión del aquitano, así que se limitó a recuperar sus armas, por si acaso. A continuación, empezó a echar tierra, a palazos, sobre el cadáver, una tarea tan rápida en comparación con la contraria que le hacía a uno plantearse para qué el esfuerzo, en primer lugar, y cuando terminó se limpió el sudor y la tierra con un trapo que guardaba junto a la capa, práctico como solía serlo.

Gaspard de Grailly podía no tener dónde caerse muerto, al menos en París, pero le habían enseñado unos modales muy cuidados de niño, y a veces, aunque solía preferir comportarse como un vulgar y maleducado maleante, le salían a la luz. Así, se preocupaba mínimamente por su higiene, lo suficiente para limpiarse entonces incluso con algo de agua, que le permitió domar sus rizos y echarlos hacia atrás, consciente sin embargo de que era cuestión de tiempo que se le cayeran, rebeldes, en la frente. Hasta su propio pelo era incapaz de dominarse, muy apropiado tratándose del aquitano, que terminó de vestirse y guardó sus herramientas, limpias, en el macuto que después cargó en su espalda.

Era curioso: apenas habían pasado unas horas desde que había comenzado, pero ya parecía un hombre diferente, sobre todo en comparación con el escultórico hombre que había excavado un agujero con sus propias manos (no tanto, pero casi; no olvidemos que la pala era su arma preferida...), sin apenas nada que lo cubriera. Ya con el sol en alto, aunque fuera pronto por la mañana, Gaspard salió de la zona más oscura del cementerio aferrándose a la vulgaridad que su atuendo monocromático le imponía y comportándose como si fuera del todo normal salir de allí cuando, en realidad, el sitio ni siquiera había abierto las verjas, ya que las escuchó de lejos, casi vagas, mientras se acercaba. A continuación vinieron los pasos, y ahí fue cuando supo que estaba en problemas.

¡Sí, cuando intentaba salir y venía el vigilante, y no cuando había ocultado un cadáver en una zona que no se usaba del cementerio porque estaba demasiado lejos para preocuparse! Las prioridades, desde luego, estaban muy claras para el aquitano, que se alejó lo que pudo de las pisadas que identificaba como de hombre y se ocultó tras una lápida, en silencio hasta que alguien se acercó precisamente a esa. ¿Qué demonios había hecho para tener una mala suerte tan horrible, por todos los viñedos de su pueblo! Asomó la cabeza tras la lápida y vio que era una chica joven, demasiado, así que en lugar de amedrentarse o hacer amigos, entrecerró los ojos, casi transparentes con la luz diurna, y la increpó.

– Como hagas un ruido te rajo. – amenazó, y echó un vistazo alrededor antes de salir de su escondrijo y colocarse junto a ella, disimulando a tiempo ante el sepulturero, ya que éste lo consideró un acompañante de la joven y no le prestó más atención. En cuanto el otro se marchó, Gaspard se apartó, asqueado por el contacto, y echó un vistazo a la lápida. – Nora Salazar. ¿Madre, hermana, tía, demás familia? ¿Merece la pena venir sola al cementerio para verla? Qué estupidez, los muertos están muertos, y más si murió hace veintitrés años. ¿Qué esperas, que te diga algo? Por favor. Todo el mundo sabe que esa basura de las lápidas es por quedar bien. – se burló, y no supo por qué hablaba tanto, pero lo hizo.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Sáb Sep 09, 2017 3:59 pm

Nora salió del burdel pronto por la mañana, harta de escuchar las discusiones entre sus compañeras y la vieja gruñona de Madame Moreau. Los años le estaban sentando francamente mal, y ver chicas jóvenes y vivarachas a su alrededor mientras ella se ajaba como una pasa hacía que su humor se avinagrara cada día más, si eso era posible. Nora nunca había conocido a una Moreau agradable, pero sí a una a la que no le afectaban tanto las ocasionales meteduras de pata de sus chicas. Puede que fuera sólo una niña por aquel entonces y todo a su alrededor estuviera edulcorado con esa inocencia propia de la juventud, suponiendo que en un burdel se pudiera llegar a encontrar algo así, pero, ahora que era adulta, sabía que tenía que andar con pies de plomo si no quería llamar a la desgracia, y como se conocía a sí misma demasiado bien, estaba segura de que si se quedaba allí un minuto más terminaría discutiendo con ella, exactamente igual que el resto. Así que, valiéndose de la excusa más típica de todas, pero también la más eficaz —por suerte, Moreau no les vigilaba los sangrados—, salió sin saber muy bien adónde ir.

Cuando la joven salía del burdel era para hacer únicamente dos cosas: comprar sus hierbas medicinales o visitar la tumba de su madre. El resto de su tiempo libre se encontraba demasiado cansada físicamente como para plantearse salir a pasear, salvo en ocasiones extraordinarias como la de aquella mañana en la que sus pies, por fuerza de la costumbre, terminaron llevándola a las puertas del cementerio. Nora era así, no tenía un sitio favorito en París donde ir a perderse durante horas. ¿Para qué? ¿Para terminar siendo asaltada por alguno que la estuviera vigilando? No, gracias.

Supo que acaban de abrir el camposanto porque vio al vigilante perderse entre las tumbas. No pensaba entretenerse mucho, ya había estado allí unas semanas atrás y no tenía pensado volver tan pronto, pero, ya que estaba allí, iría a hacer una visita a la Nora Salazar de hacía veintitrés años. La lápida que llevaba su nombre se encontraba en la zona más barata de aquel lugar, pero, al menos, Moreau había tenido la decencia de ponerle una piedra que identificara dónde había sido enterrada.

Se colocó de pie frente a la tumba con las manos unidas a la altura del vientre. Fue a saludar, como siempre hacía, pero se distrajo con un movimiento que vio por el rabillo del ojo. El movimiento resultó ser un hombre que estaba escondido detrás de la lápida y que, tras soltarle una amenaza que dejó a la pobre Nora tiesa como un palo en el sitio, se colocó junto a ella. ¿Por qué siempre se encontraba con los tipejos más extraños en el cementerio? Tenía todos los músculos tan tensos que parecían auténticas piedras, y la mandíbula tan apretada que los tendones del cuello parecían cuerdas de arco. Escuchó pasos tras ellos, pero era un hombre tan grande el que tenía al lado que prefirió esperar a que él dijera algo que hacer, sobre todo, habiéndole quedado tan claro que si hacía el menor ruido la rajaría.

Miraba al individuo por el rabillo del ojo, fingiendo que lo hacía al frente, hasta que los pasos desaparecieron de nuevo y él se separó, y encima parecía molesto. ¡Pero bueno! ¡Si había sido él el que se había acercado de malas formas! Nora pensó que quizá oliera mal, pero, ¡qué demonios! Si una puta olía mal no comía, y eso era así. Se había separado por algo que ella no llegaba a comprender, aunque, pensándolo mejor, le daba exactamente lo mismo.

¿Puedo hablar ya o todavía corro el riesgo de que me rajes? —preguntó, mirándole sin disimulo esta vez—. De nada, por cierto. —Que fuera analfabeta no implicaba que no supiera hilar hechos. Se dio cuenta perfectamente de que estaba intentando evitar al vigilante, pero, de nuevo, los motivos se le escapaban—. Y no, no merece la pena venir sola. Da igual la hora que sea; esto siempre está lleno de tipos raros.

Bufó y se puso de rodillas junto a la lápida para arrancar algunas malas hierbas que habían crecido en ese tiempo, movida más por la necesidad de hacer algo que no fuera mirar al frente teniéndole a él al lado que porque realmente hiciera falta. Porque sí, el tipo daba un poco de miedo, y las experiencias de Nora en el cementerio nunca fueron muy gratificantes. Miró hacia atrás y vio que seguía donde lo había dejado.

¿Te vas a quedar ahí? Porque podrías ayudarme después del susto que me has dado —dijo, dándose la vuelta para seguir limpiando.



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Mar Sep 12, 2017 7:43 am

Gaspard podría, si se empeñaba, escribir los versos más macabros aquella noche... los que tenían que ver con la muerte, los que describían los cadáveres, los que hablaban de la progresiva podredumbre que invadía la carne desde que el corazón dejaba de latir y todo lo demás se paraba por completo. Podría, por supuesto, porque como resurreccionista conocía la descomposición casi tan bien como los diferentes tipos de vino y vid con los que había trabajado en su infancia y primera adolescencia, pero no lo iba a hacer, ni ante la muchacha ni ante nadie. ¿Y por qué? Muy sencillo: ¡suponía hablar!

Debía reconocer que, por mucho que le disgustara interactuar con otros, la situación lo había empujado a ello, puesto que eso de huir unía mucho; hasta ahí, todos de acuerdo. Sin embargo, hasta él era consciente de que había hablado más de lo habitual, y no se lo daba a entender un ligero dolor de garganta que ignoraba con su tosquedad habitual, sino que tenía buena memoria y una rápida percepción y se había dado perfecta cuenta de ello por sí mismo. Si tan sólo su capacidad para comprender a los demás fuera tan rápida y tan aguda...

Nunca se había esforzado en intentarlo, eso tenía mucho que ver, por no decir que lo tenía todo que ver. Gaspard de Grailly era un solitario declarado, que veía a los demás como problemas a punto de suceder y en los que no quería enredarse porque suficiente tenía con los suyos, muchas gracias. En parte por eso, precisamente, prefería a los muertos: los muertos ya la habían diñado, no iban a despertarse de repente y acusarlo de robar sus cuerpos para venderlos a los que no tenían el valor de conseguírselos para sus planes, fueran cuales fuesen. Y, por encima de todo, los muertos callaban, no como ellos dos, ella sobre todo.

¡Qué aguda, llamándolo tipo raro! De verdad, pura originalidad, jamás había escuchado ese calificativo en relación con su propio yo, lo había descolocado por completo, ¡sí! Aunque no contenta con ello, también lo increpó con más valentía que muchos otros más fuertes y más capaces que ella, una jovencita frágil de por sí, sin que fuera necesaria la comparación con él y con el cuerpo que escondía bajo telas burdas. Así pues, ella, descarada, le recriminó que, ya que estaba, podía ayudarla, y Gaspard echó un ojo a los hierbajos que ella empezó a quitar en la tumba, sin responder a su pregunta, y se lo planteó durante un momento.

Eso, bromas aparte, sí que era un logro, pero no tanto como que el aquitano de hecho dobló el riñón y quitó las malas hierbas con ella, casi con respeto, aunque eso se esfumó en cuanto terminó y se apoyó en la lápida, lo suficientemente fuerte (lo sabía; no era capaz de explicar cómo, pero esa seguridad la tenía. Experiencia, probablemente) para soportar su peso. Además, se limpió las manos con un par de palmadas suaves, que dejaron caer la tierra a la que ya cubría el ataúd; con ello, llamó la atención sin quererlo sobre ellas, callosas y fuertes por estar acostumbrado a usarlas para cualquiera de sus trabajos, siempre muy manuales y físicos.

– Es un cementerio: o hay muertos o hay raros que los visitan. No hay término medio. – opinó, encogiéndose de hombros y paseando la mirada, por encima de su hombro, hacia la lejanía, en busca del vigilante que casi lo había atrapado, algo por lo que no le iba a dar las gracias. No entraba en su estilo ni en su personalidad, demasiado fuerte para lo que a cualquiera de los dos le convenía, pero sobre todo a él, puesto que no dejaba de ser el que se había colado en el cementerio para hacer cosas ilegales, inmorales y prohibidas, como casi todo lo que hacía.

– Es curioso, pides permiso para hablar pero lo haces igualmente. Después, me llamas raro, pero no sin antes comentar que no te hace gracia venir sola. ¿Qué mosca te ha picado? ¿Y si fuera un asesino? Nadie salvo yo sabría qué ha sido de ti, no te merece la pena enfadarme. – razonó, con expresión entre furibunda (como casi siempre) y divertida en su rostro, tan extraño como, para algunos, atractivo. Intuía, pese a sus graves limitaciones emocionales, que ella estaba demasiado asustada para pertenecer a ese segundo grupo, pero igual le daba; se apartó de la tumba, se arregló las ropas y se acercó a ella, con paso tranquilo y deliberadamente vulgar.

– Para que no te asustes más, debería decirte que planeo salir ya de aquí. – anunció, y después la miró, trasladando los ojos de donde se habían encontrado en ese momento, la lejana figura del vigilante, hacia ella. – Eso te dejaría sola con ese, y en cuanto descubra que hay algunas cosas que no se han quedado como debían, es bastante probable que salga corriendo en busca del responsable. Algo que deberías saber es que tiene muy mal genio y le da igual que hayas sido tú o yo, así que, si yo fuera tú, me iría también. Pero, claro, soy raro, ¿para qué vas a escucharme, familiar de Nora Salazar? – propuso, poniéndose en marcha al momento de terminar de hablar.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Dom Oct 01, 2017 10:19 am

En realidad, nunca llegó a creer que el tipo raro se fuera a agachar para quitar hierbajos junto a ella. Es más, cuando lo vio de cuclillas a su lado se sobresaltó, porque incluso así, agachado, seguía siendo el hombre más grande que Nora hubiera visto jamás, y de eso sabía bastante. Por un momento se lo imaginó yaciendo en el lecho (en el suyo, más concretamente, ya que era el único que conocía) y en lo mucho que debía imponer tenerlo encima, debajo, a un lado, o a otro, daba igual dónde. Un tema muy adecuado en el que pensar, claro que sí, dado el sitio donde se encontraban y la extraña manera en la que se habían encontrado los dos. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal; no tenía claro que verle entrar por la puerta de su habitación fuera algo que quisiera experimentar en algún momento.

Cuando se levantó, Nora apartó la vista, azorada al darse cuenta de que se había quedado con los ojos clavados en él, como si estuviera realmente interesada en su persona. Rezó para no haber dado esa impresión y fingió que seguía limpiando la tumba, a pesar de que ya no quedaba más que limpiar, puesto que, entre los dos, habían quitado todas las plantas. Comenzó a escucharle desde el suelo, sin levantar la mirada de las briznas de hierba, hasta que sintió que era ridículo seguir haciéndole creer que quedaba algo que hacer ahí abajo. Terminó levantándose y lo miró con cautela. No, no había pensado que fuera un asesino, si acaso un ladrón, o un hombre que, llegado el momento, la empujaría hasta una esquina donde abusar de ella, pero no uno que le fuera a arrebatar la vida por nada. Arrugó el ceño, preocupada por sus palabras, pero no dijo nada. ¿Qué podía decir? ¿Que no la matara? Si eso llegaba a ocurrir ya pensaría qué hacer, pero, de momento, prefería que el hombre dijera lo que tuviera que decir y que la dejara en paz. Casi habría sido mejor quedarse en el burdel discutiendo con Moreau. Por lo menos ya sabía a qué atenerse con las amenazas de ella.

Miró en la dirección por la que se había alejado el vigilante cuando lo mencionó y, en un movimiento idéntico al que había hecho Gaspard, la devolvió hacia él. La buena noticia era que ya se marchaba; la mala, según él, era que el vigilante se iba a encontrar, probablemente, con una sorpresa muy poco agradable. ¿Quién era ese hombre que se le había acercado y, sobre todo, qué había hecho en el cementerio?

¿Que hay cosas que no están como debieran? —preguntó, pero Gaspard ya se alejaba para entonces—. ¡Oye, espera! ¿Qué cosas? —gritó, pero él la siguió ignorando—. ¡Eh!

¡Habrase visto! Primero la amenazaba y se acercaba a ella sin pedirle permiso, y después, simplemente, le advertía de que el vigilante podía culparla de algo que él había hecho y se marchaba, sin dar más explicaciones. Nora se rió, porque ¿qué otra cosa podía hacer? Se volvió hacia la tumba, se frotó los ojos y miró el nombre grabado en la lápida. Sabía lo que ponía porque se lo habían dicho, pero no era capaz de leerlo, ni aunque fuera parte de su propia identidad.

¿Esto siempre está lleno de gente así? —preguntó a la piedra, que, obviamente, no contestó.

El que sí contestó, o al menos rugió furioso al cielo despejado, fue el vigilante, que debió encontrar lo que fuera que Gaspard había estado haciendo durante la noche. No entendió del todo lo que dijo, pero el tono no le gustó. Miró entre las lápidas y vio su cabeza acercarse hacia donde ella se encontraba, roja de furia. Ella no había tenido nada que ver, pero, haciendo caso a la advertencia que le había dado el hombre raro, echó a correr tan rápido como pudo por el mismo camino por el que se había marchado él antes. Cada ciertos metros miraba hacia atrás, comprobando la distancia que la separaba del vigilante. No tardó en dar alcance al cazador y lo adelantó a toda prisa sin mediar palabra con él. Que se las arreglara como pudiera, el lío lo había armado él solito. Siguió corriendo hasta que la voz del hombre se hizo demasiado audible; ahora sí se le entendía, y lo que decía no era precisamente agradable. Todavía le faltaba un largo camino recto y despejado hasta la salida, y cuando de correr se trataba, su fondo no era, precisamente, el mejor. Vio una caseta a un lado del camino, así que, cuando llegó a su altura, se lanzó detrás de ésta para mantenerse oculta de los ojos del vigilante, que ya asomaba por la curva que había dejado detrás.

Se apoyó contra la pared, hecha de paneles de madera, y respiró profundamente para recuperar el aliento. Con cada inspiración le ardían los pulmones, y las piernas le temblaban tanto que le costaba mantenerse derecha, pero no podía relajarse porque todavía no estaba fuera de peligro. ¡Ay, si la encontraba a ella antes que a él…!



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Vie Oct 06, 2017 10:53 am

Nada de todo aquello era su problema, tan sencillo como eso, y no había que buscarle más explicaciones a su actitud indiferente a los problemas ajenos, porque no la había. Si hubiera sido asunto suyo, se habría involucrado, ¡claro que sí!, pero como lo que ella pensara o sintiera no iba a suponer gran diferencia en su vida, Gaspard había decidido que lo más práctico sería irse, así no le pillaría el vigilante del cementerio después de hacer sus negocios ilegales allí. Y no era como si hubiera ganado dinero por enterrar al licántropo, ¡en absoluto!, pero su castigo sería igual de grave que si lo hubiera hecho, de modo que mejor largarse.

Precisamente en esas se encontraba el aquitano, en sus propios pensamientos metido, tan atento a ellos que no estaba haciendo demasiado caso a los estímulos del exterior. Más concretamente, por si alguien siente la más mínima curiosidad, se encontraba haciendo una lista mental de las hierbas que tenía en su pequeña casita para ver si le podían servir para curarse los arañazos de licántropo que tenía en el cuerpo y le empezaban a escocer. A continuación, pasaba a la mejor forma de curar heridas, y después se iba a la forma de los arañazos y... en fin, cosas de hiperactivos.

Sin embargo, él no era un hiperactivo cualquiera, y sus sentidos estaban tan acostumbrados a estar al límite y captar las amenazas que, cuando escuchó los gritos, su reacción fue automática: centrarse. Menos automático fue el proceso para llegar a la concentración, pues Gaspard tuvo que poner la mente en blanco (algo que le costaba media vida, no iba a mentirse a sí mismo) y centrarse en identificar la voz (vigilante; ya se había olvidado de la muchacha), en el lugar del que provenía (lejos) y en... ¿Ella otra vez? ¿Qué demonios estaba haciendo la muy estúpida al correr en línea recta?

¡Demonios, qué basura enseñaban a los niños para que tuvieran tan poca capacidad para salvar el propio pellejo! Su caso había sido extraordinario porque él había aprendido a sobrevivir por su cuenta, gracias a pasar demasiadas horas entre viñas y con un agotamiento que se había convertido en algo tan suyo como el silencio taciturno que casi siempre portaba como un ropaje más. Aun así, no terminaba de entender cómo los demás tipos (y tipas, no discriminaba en ese sentido) no tenían la mente fría de pensar que tal vez el vigilante seguiría el camino más directo, y no los que se encontraban entre tumbas viejas, como los que conocía Gaspard.

De acuerdo, podía aceptar que no todos conocían el cementerio tan bien como lo hacía él (peor para ellos, así jamás aceptarían que la muerte terminaba por llegar a todos, rico o pobre por igual; menudo memento mori se gastaba el aquitano...), pero ¿de verdad tenía que ponérselo tan fácil al vigilante? Para muestra, la realidad: Gaspard se escondió detrás de un árbol en un camino secundario, y aunque ella lo había llegado a adelantar, ella fue la que se convirtió en la presa del vigilante, que no tuvo problemas en darse cuenta de que se había escondido detrás de la caseta. ¿En serio había sido tan poco original...?

Ahí fue cuando Gaspard de Grailly dudó. No antes, porque había tenido muy claro que si no era asunto suyo, no iba a meterse, pero justo ahí, mientras veía al vigilante arrastrar a la chica y pagar con ella algo que no había hecho, tuvo un momento de duda que lo hizo maldecirse a sí mismo en su fuero interno. ¿Qué demonios le habían hecho la loca y la rata para volverlo así...? No lo sabía, pero, guiándose precisamente por eso que lo había llevado a interesarse, se valió de su vulgaridad semihabitual (bendita fuera) y, en silencio, se dirigió hacia el vigilante para acabar dándole un golpe en la cabeza que lo noqueó, cayendo justo al lado de la chica de antes.

– ¿Te lo he dicho o no te lo he dicho? – espetó Gaspard, apartando al vigilante de una patada, que también sirvió para colocarlo boca arriba, y, aprovechándose de esa posición, Gaspard decidió sacar tajada, como era habitual en él. Así pues, se puso en cuclillas al lado del hombre y, tras comprobar en su garganta que le seguía latiendo el corazón (recordemos: Gaspard aún no había matado a nadie no sobrenatural, y por lo pronto le apetecía que eso siguiera siendo así), procedió a desvalijarlo de los pocos objetos de valor que llevaba encima. Siendo vigilante de un cementerio, puede imaginar el atento lector lo escaso de las pertenencias que se terminó llevando el aquitano.

– No, no está muerto. – añadió, y con una gracia que parecía fuera de lugar en un hombre de su tamaño y constitución, sobre todo si se comparaba con la actitud vulgar y encogida que solía adquirir, se incorporó y se llevó una mano a la espalda, justo a donde tenía una de las heridas. Con el movimiento, según estaba comprobando justo en sus carnes, se le había abierto, y al separar la mano vio que tenía los dedos manchados de sangre, con lo cual su ropa estaría igual. Así pues, Gaspard, hastiado, puso los ojos en blanco y, lamentando las circunstancias que lo orillaban a ello, le robó también el abrigo al vigilante para cubrir sus heridas durante el trayecto a su casa, que inició sin acordarse, otra vez, de la muchacha.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Sáb Oct 28, 2017 9:32 am

Nora no recordaba la última vez que había corrido tanto. ¿Quizá fuera la vez aquella en la que la confundieron con un ladrón de fruta en el mercado? Podía ser, sí. Siempre recordaba ese día como el que casi pierde la vida intentando escapar de las manos del mercader chalado, que se empeñó en acusarla de algo en lo que no había tenido nada que ver. No fue culpa suya que el ladrón dejara caer una manzana cuando pasó junto a ella, ¿no? La respuesta estaba clara, pero al legítimo dueño de aquella fruta le dio lo mismo, igual que al vigilante del cementerio le traía sin cuidado quién hubiera estado hurgando en el camposanto. ¡Qué casualidad que en ambos casos terminara pagando ella por otro! Ahora sí quería saber qué demonios había hecho el tipo raro, más que nada para saber a qué atenerse si, llegado el caso, terminaba atrapándola a ella en vez de a él. Algo que, por cierto, terminó ocurriendo irremediablemente.

Cuando el vigilante apareció rodeando la caseta, a Nora todavía le ardían los pulmones debido al esfuerzo. El hombre no prestó demasiada atención a su estado, pálido en exceso a causa del miedo y físicamente agotado, cuando decidió que la castigaría a ella por algo que todavía no sabía. La agarró de los brazos y tiró de ella unas cuantas veces hasta que consiguió que la joven dejara de oponer resistencia. De poco le sirvió jurar que no había tenido nada que ver, porque, según las palabras de él, ¿por qué corría, entonces? Nora se maldijo, una y mil veces, por haber hecho caso al chalado que la había metido en ese entuerto. Llegó a pensar incluso que la había utilizado para salir airoso del lugar, dejando que fuera ella la que cargara con el muerto, nunca mejor dicho. De hecho, lo pensó varias veces hasta que lo vio aparecer de la nada, dándole un golpe seco al vigilante que lo dejó inconsciente en el suelo.

¿Que si se lo había dicho? «Maldito desgraciado», le hubiera gustado llamarle, y lo habría hecho de no encontrarse con menos aliento que cuando había dejado de correr. Dio un par de pasos hacia atrás hasta que chocó contra algo, la cabaña probablemente, pero ni se molestó en mirar qué era. No quería quitar ojo del cazador, que había hecho rodar el cuerpo inerte del vigilante y hurgaba en sus bolsillos a la espera de encontrar algo. Lo que no tenía claro era qué pensaba hallar, puesto que no parecía que ese hombre portara grandes riquezas encima, pero, para su sorpresa, algo encontró. Saber que no estaba muerto fue un alivio, pero sólo momentáneo, porque cuando Gaspard comenzó a alejarse el vigilante movió una pierna, como si empezara a recobrar el conocimiento. Puede que sólo fuera un espasmo, pero, esa vez, Nora no dudó en salir de allí antes de que fuera demasiado tarde.

Caminaba a paso ligero por el camino, siguiendo siempre la enorme silueta del hombre que iba delante. A pesar de que ella no iba despacio, él parecía que le estaba ganando distancia con cada paso, algo que se debería, probablemente, a la largura de sus piernas. Su mente no dejaba de darle vueltas a un único asunto, y ese no era otro que la identidad del susodicho asaltador de tumbas. Aunque, más que la identidad, lo que realmente inquietaba a Nora eran las actividades que había estado llevando a cabo durante la noche. ¿Qué habría hecho para que el vigilante se pusiera así? Nada de lo que se le ocurrió le parecía ni remotamente posible, lo que hizo que se le erizara el vello de la nuca con un escalofrío. Miró hacia el frente y ahí le vio, cada vez más lejos, pero tan tranquilo que cualquiera diría que ese abrigo que portaba siempre había sido suyo. La joven frunció el ceño cuando de pronto recordó las heridas que llevaba en la espalda, tapadas, precisamente, por la prenda que le había robado al sepulturero, y que ella había visto de manera fugaz.

¡Oye! —gritó mientras recortaba la distancia que los separada dando grandes zancadas—. ¿De verdad lo vas a dejar ahí tirado?

Corrió los últimos metros y se puso a su lado, con los ojos clavados en ese rostro tan curioso que tenía. Tenía que dar pasos rápidos si quería seguir su ritmo, algo que no le convenía demasiado, puesto que todavía no había recuperado del todo el aliento.

¿Se puede saber qué has hecho para que se enfurezca así? —Notó que empezaba a faltarle el aire de nuevo, así que se adelantó para ponerse frente a él y obligarlo a que se detuviera—. ¡Para un momento! —Respiró hondo un par de veces con los brazos cruzados debajo del pecho y volvió a mirarlo—. ¿Me vas a decir qué voy a hacer yo ahora? Ya me ha visto la cara, si vuelvo por aquí, ¿crees que no se va a acordar de mí? —Estaba enfadada, y bastante preocupada también. ¿Significaba eso que no iba a poder volver al cementerio en lo que le quedaba de vida?—. Mi madre está enterrada ahí, y no pienso dejar de visitar su tumba por tu culpa. Así que ya me dirás tú qué hacemos.

Y así, de brazos cruzados, se quedó frente a él, esperando una solución por su parte. Porque, desde luego, aquello había sido sólo culpa suya, y Nora ya había hecho suficiente por ese maldito día.



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Sáb Oct 28, 2017 1:47 pm

Gaspard de Grailly, misántropo profesional, siempre hacía todo lo que estaba en su mano para evitar el contacto con otras personas, hasta el extremo incluso. ¿Cómo, si no, se explicaba que su especialidad fuera lidiar con cadáveres, muertos más o menos frescos que, desde luego, jamás le iban a dar una guerra? Y, por si eso no fuera suficiente, también estaba su otro trabajo, el que lo había conducido hasta el cementerio, y que implicaba matar a otros (sobrenaturales, pero igual de molestos que no lo eran, o quizá incluso más), no con la excusa de no aguantarlos, pero esa era la consecuencia y, bueno, ¿alguien había escuchado a Gaspard quejarse por ello...?

Tampoco es que fuera del todo frecuente escucharlo hablar, en general, fuera para quejarse o para expresar su opinión sobre cualquier cosa, pero lo cierto era que el aquitano no tenía problema alguno con sus ocupaciones cuando las cosas iban bien. Cuando todo se torcía, ya, era otra historia, especialmente si implicaba lidiar con el guardián del cementerio (ugh, menuda pereza) o, peor, con alguien que se había visto arrastrado al lugar equivocado en el momento menos oportuno posible y, por eso, se creía con derecho a indignarse. ¡Más indignado estaba él, que ya contemplaba su día sin tener que hablar con nadie y había tenido que abrir la boca, para su desgracia!

Los dramas de ese calibre, para mayor desgracia aún, continuaron aumentando en la medida en que ella hablaba y lo increpaba, creyéndose con derecho a, incluso, interrumpir su marcha al ponérsele en medio. Con su rostro habitualmente expresivo mostrando un gesto de disgusto absoluto, Gaspard la miró y la escuchó como, en su opinión, no se merecía que lo hiciera, y aunque su mente le estaba pidiendo a gritos que se largara, permaneció quieto, para tortura de su hiperactividad motora. A ver, quieto del todo no estaba, ¡no era capaz!, y por eso estaba moviendo los dedos sin control sobre sus palmas, pero lo estaba lo suficiente para estar molesto, como si la situación no lo hubiera irritado lo suficiente ya.

– Sí, lo voy a dejar ahí tirado, no se merece nada mejor, y da gracias porque encima no lo he metido a un hoyo vacío, tentado estoy. – respondió, únicamente a eso porque era lo que su humor le había exigido, y decidió apartarla sin un ápice de delicadeza (¡hola, era Gaspard! Lo raro hubiera sido que se mostrara cuidadoso con ella) y seguir caminando, pero ella debía de estar demasiado exasperada o demasiado falta de respuestas, una de dos, y se le volvió a poner delante. ¿Y él qué sabía de la opción que era? Los humanos eran un misterio para él, que ni siquiera comprendía sus propios sentimientos la mitad del rato, así que pretender que empatizaba con ella era una tontería. Comprendía, sí, sus miedos, pero ¿le importaban? No, no demasiado.

– ¿Qué he hecho para enfurecerle así? He echado a alguien muerto en una de las tumbas vacías y después la he tapado, porque prefiero que el muerto esté en el hoyo y cubierto para que no apeste. He tenido la deferencia de preocuparme de eso y se ha enfadado por usar una tumba sin permiso. – explicó, brevemente consciente del dolor de las heridas de su espalda, aunque las estaba utilizando para concentrarse en comportarse y no abofetear a la mujer desconocida (no, no tanto: era la hija de Nora Salazar. Como si a él la familia le importase lo más mínimo), así que en realidad ni siquiera era tan malo que el licántropo se hubiera ensañado con él. Quien no se consuela...

– ¿Te crees que se va a acordar de ti después de ese golpe en la cabeza? Al despertarse no va a saber ni su propio nombre, si es que tiene medio dedo de frente y lo sabe de normal. – resopló, apartándola de nuevo del camino, y como Gaspard no era de los que tropiezan dos veces con la misma piedra, decidió que lo mejor, en su situación, sería continuar hablando y respondiendo (para su eterna y horrible desgracia) mientras caminaba, porque así, al menos, podría evitar que volviera a intentar pararlo. Así ganaban los dos, él porque seguía alejándose del cementerio (y acercándose a cualquier sitio, una taberna por ejemplo, qué más daba) y ella porque no sería abofeteada por el irascible hombre con el que se había topado y que la había salvado. ¡De nada!

– Y aunque se acordara, se le olvidará pronto. Ese vigilante en concreto tiene demasiada afición a la botella, le gusta más que cualquier otra cosa, y al despertarse y no vernos lo primero que hará es beber. Con el suficiente licor, cualquiera se olvida de lo que sea, es puro veneno cuando no se destila bien, y con la soldada de un vigilante, ¿qué pretendes que beba, vino bordelés? Ni se acordará de ti y podrás seguir viendo a Nora Salazar, ya está, todos ganáis. – razonó, encogiéndose de hombros y metiéndose, después, las manos a los bolsillos del abrigo ajeno, que le apretaba en la zona de la espalda y se apoyaba de forma incómoda en las heridas. Como siguiera así, apenas le iba a costar tiempo empaparlo también de sangre, pero Gaspard no iba a pedir ayuda... Nunca lo haría.

Así pues, actuando como si ella no lo siguiera, se dirigió hacia una taberna cercana, que frecuentaba cuando se acercaba a aquel cementerio con cierta frecuencia, y donde, al verlo, sabedores de su horrible carácter y peor aún trato, le dieron el vino que no llegó a pedir sin mediar casi palabra. Él, por su parte, lo prefería así, sin el menor asomo de duda, así que cogió la bota y continuó andando, con ella siguiéndolo todavía (¿por qué!), y apenas le costó un par de decenas de pasos ser él quien se detuvo y se giró hacia ella, impidiéndole que siguiera alejándose. – Ya te he dicho qué hacer, no entiendo por qué me sigues. ¿Quieres vino o qué? – preguntó, con el ceño fruncido, y le ofreció la bota, demostrando así que su talento para las personas era nulo... Y que, a veces, por esas carencias, era casi hasta entrañable.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Dom Nov 26, 2017 3:44 pm

El primer empujón la sorprendió de tal manera que estuvo a punto de perder el equilibrio y caer al suelo. ¿Qué clase de trato era ese? ¡Menudo salvaje! Seguro que, además, creía que ella le debía algo por haberle prestado su ayuda, cuando, en realidad, Nora se había metido en ese lío porque él había estado usando tumbas ajenas sin permiso. ¿A quién se le ocurría? Estaba claro que a nadie normal, pero que Gaspard no era normal lo había sabido casi desde el mismo momento en el que lo vio salir de detrás de la tumba.

Después de trastabillar recuperó el equilibrio y se ajustó la capa fina de verano que llevaba. Emprendió la marcha para ponerse de nuevo a su altura, escuchando sus explicaciones, callada esta vez y deseando que no se equivocase al decir que no recordaría a ninguno de los dos. Nora no tenía todas consigo de que fuera a ser así; ella no visitaba el cementerio tanto como lo hacían otros, pero el vigilante sí solía verla allí lo suficiente para reconocerla cada vez que se cruzaban. Por mucho vino malo que consumiera, tenía muchas dudas de que eso fuera a ser la solución. No obstante, decidió no decir nada más y esperar a su próxima visita (que, por cierto, no pensaba realizar hasta pasada una buena temporada). Con un poco de suerte, destituirían al vigilante actual en favor de otro que hiciera mejor su trabajo, y asunto resuelto.

Intentó mantener el paso rápido que le permitía caminar a su altura, pero le fue imposible. Fue quedándose rezagada poco a poco hasta que terminó quedándose de nuevo tras él. La diferencia era que esta vez no quería saber nada más sobre él ni sus actividades ilícitas, sino volver a la seguridad del burdel y permanecer allí el resto del día. Tan absorta iba pensando en eso que llegó a la calle adoquinada casi sin darse cuenta de que había pasado todo el camino siguiendo al cazador. De hecho, sólo se percató cuando él se dio la vuelta, molesto, y le recriminó el hecho de que todavía fuera tras él. Tuvo que pararse de golpe para no chocar y, tras mirar la bota de vino con un gesto que podía asemejarse al del asco, volvió la vista hacia el rostro de Gaspard.

Gracias, pero no quiero vino —dijo, recolocando los pies y adoptando una posición más natural—. Y, para que lo sepas, no te estoy siguiendo —contestó—. Casualmente, voy en la misma dirección que tú, que, por otro lado, es la misma que toman casi todas las personas que vuelven del cementerio. —Levantó el mentón y se cruzó de brazos para sujetar la capa—. Esta calle es la más cercana, la más directa al centro y la que me lleva a mi destino, así que te lo repito: no te estoy siguiendo.

Iba a echar a andar cuando una voz de hombre sonó en su espalda. Al principio sólo le resultó conocida, pero después de escuchar sus sonoras risotadas la identificó al instante. Se giró en el momento en el que el susodicho salía de la misma taberna donde a Gaspard le habían dado la bota, y se maldijo a sí misma por su imprudencia. Ella lo conocía como Julien, aunque no sabía si ese sería su nombre real.

Hola, Nora —saludó, con su ya conocida sonrisa lasciva, y se acercó a ella, dejando una estela de olor a vino rancio a su alrededor—. Creía que nunca trabajabas fuera de Le Sapin. Iba a ir a verte ahora.

Nora apretó la mandíbula y tragó saliva. El hedor de las ropas de Julien era nauseabundo, como si no se hubiera lavado en un par de días. Eso, sumado al alcohol (que, probablemente, llevara absorbido en la ropa casi el mismo tiempo) hacían de él un sujeto al que daban ganas de encerrar de por vida.

Y no lo hago —contestó a su pregunta no formulada. No era la primera vez que le proponía salir de los muros del burdel a cambio de unos francos—. Madame Moreau me ha dejado el día libre.

Dio un paso hacia atrás de manera disimulada. Conocía a ese hombre demasiado bien, y enseguida vio en sus ojos que no se había creído nada de lo que ella le había contado. No sabía por qué, pero con Julien siempre era así. Estando en su habitación podía soportarlo, él sabía cuáles eran los límites que la propia Moreau había impuesto para ellas y, sorprendentemente, los respetaba. Siempre que se lo encontraba fuera de Le Sapin Rouge, en cambio, se sentía indefensa, como si fuera a atacarla en cualquier momento y ella no pudiera hacer nada para impedirlo.

Qué pena —dijo él—. ¿Quieres ganarte un sobresueldo?

Sacó una bolsita de tela y la agitó en el aire, haciendo que las monedas del interior chocaran entre sí. Nora miró el saquito y negó con la cabeza. Si aceptaba y Moreau se enteraba (algo bastante probable, dada la hora del día que era y la cantidad de testigos que había a su alrededor) ya se podía despedir de la comida caliente a diario, las sábanas calientes y los francos que ganaba al día.

Tengo que irme.

Con la cabeza gacha y sin mirar atrás, emprendió el camino hacia el burdel a paso ligero. Sentía que, esta vez, alguien la seguía a ella, pero tenía miedo de mirar atrás porque, si era Julien, no sabía cómo iba a poder librarse de él.



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Dom Ene 14, 2018 9:51 am

Tal vez, ¡eufemismo del año ahí mismo!, Gaspard no fuera bueno con las personas; tal vez, a fuerza de no estar interesado en lo que los demás sentían porque hasta con sus propios sentimientos se liaba a veces, no era demasiado empático, pero eso no significaba que estuviera ciego. Es más, sus ojos verdes, demasiado claros a veces y con una visión condenadamente cínica y casi clínica de lo que tenía alrededor, estaban bastante bien entrenados para compensar su falta de empatía con unas dotes de observación sensacionales, la única manera que él conocía de compensar su falta de habilidades sociales.

No es que fuera muy necesario ser observador para darse cuenta de que el vino le había dado asco a la chica, Nora, como descubriría más adelante, ya que su mirada había sido un poema que hasta un analfabeto podría apreciar. Ante ello, Gaspard entornó los ojos y desconfió todavía un poco más de lo que lo hacía sólo por sus intenciones al seguirlo, pues, en su opinión de completo asocial, si la gente en condiciones normales no merecía su atención, mucho menos lo hacían aquellos que sentían asco por su elixir de los dioses: el vino. ¡Aunque fuera vino barato tan malo que él se sentía personalmente ofendido por su existencia...!

Podía mentir diciendo que no era algo personal, pero lo era. Se había criado entre viñas, en una zona que vivía del fruto de la vid y en una familia que se encargaba de extraerlo para proveerlo a toda Francia, ¡a cada maldito rincón del reino! Él, que se había movido arriba y debajo de la geografía básicamente plana del lugar del que provenía, había comprobado que hasta en las regiones más al norte bebían el vino del château familiar, así que era algo que lo perseguía y a lo que estaba acostumbrado y ¿a qué venía todo este interludio sobre el vino, su mundo y sus virtudes? ¡Ah, la chica, cierto!

Bueno, eso, Gaspard desconfió aún más y decidió que no merecía la pena seguir adelante y seguir tratándola porque para tratar con desagradecidas prefería ahorrarse ese tiempo e invertirlo en cosas más útiles, como robar cadáveres o matar sobrenaturales, ocupaciones ambas lucrativas para él. No es que el aquitano fuera un tipo preocupado en demasía por eso de acumular francos, pero tener un físico tan rotundo como el suyo traía consigo un apetito considerable, y la comida, para su desgracia, no era barata. Que se lo dijeran a todos los que vivían todavía peor que él, que eran muchos...

Y así fue como sus pensamientos saltaron, algo totalmente frecuente y que llevaba sucediéndole desde que era un niño, pero a diferencia de entonces, hubo un momento en el que Gaspard se reconcilió con la realidad y se detuvo en seco. ¿Qué lo provocó? Podría haber dicho que fue la agresión a una mujer, la situación de violencia estructural que ella sufría por su posición o cualquier chorrada semejante, pero lo que lo hizo fue la arcada que sintió por el olor a vino rancio. Menudas exquisiteces se traía el mediano de los de Grailly: soportaba a la perfección el olor a cadáver, sin inmutarse, pero el del vino rancio lo ponía enfermo. ¡Curioso!

Así pues, escuchó, y gracias a eso aprendió que la mujer también se llamaba Nora, como la de la lápida, y que era una prostituta, de ahí que el otro insistiera tanto en sus... ¿servicios? ¿Se llamaba así a lo que daba una mujer a la venta? No tenía ni idea; él, con sus fetiches extraños, no era clientela habitual de prostitutas, a menos que éstas fueran vampiresas, y no había visto nunca una que fuera a la vez vampira y fulana, así que ese mundo era nuevo para él. Aun así, hasta él entendía la pesadez y que el tipo podía ser peligroso, y su instinto de cazador lo llevó a alejarlo de ella cuando la siguió, evidentemente sin tomar un no por respuesta.

– Tiene que irse a ganarse el sueldo de verdad, ¿para qué le interesan tus francos roñosos? Si apestan como tú, agradece que no te haya apartado de una patada o que no te haya vomitado encima. – espetó, con el francés más claro del que él, hablante de gascón en sus cada vez menos contactos con el hogar, era capaz de murmurar. Eso, sumado a su imponente figura, bastó para frenar al hombre; Gaspard, al verlo, sonrió sin humor y con los ojos bajos, peligrosos. – Que te esfumes. Está ocupada con clientes de verdad. – añadió, y un solo gesto de su cuerpo bastó para repeler al apestoso borracho, lo cual sirvió para que él volviera a la altura de Nora, en silencio durante unos minutos nada más.

– Ya van demasiados favores. – comentó, como quien habla del tiempo o de cualquier otro tema insustancial, y se metió las manos a los bolsillos, con la mirada al frente e indiferente a lo que ella pudiera pensar, sentir, opinar o cualquier cosa. Como siempre, vaya. – Está borracho. El miedo que le he dado no va a durar mucho, te recomiendo que te busques un sitio al que ir o te va a dar una paliza y después a tomar sin tu permiso, Nora. – expuso, como si no fuera su problema, porque, ¡hola!, no lo era. Mucho había hecho ya. – Conozco muchos sitios seguros. – añadió, dejándolo caer al tiempo que apretaba el paso, cruel.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Sáb Mar 03, 2018 6:36 pm

Tras escuchar el ruido de pasos pesados, la pestilencia del alcohol rancio que desbordaba y los gruñidos roncos del borracho, Nora supo rápidamente que el que la seguía era Julien. Aguantó un sollozo y apretó el paso, caminando tan rápido que lo siguiente que le quedaba por hacer era echar a correr. El hombre, tras ella, iba murmurando todas las cosas obscenas que pensaba hacer cuando al fin la tuviera, y a la joven se le hizo un nudo en el estómago sólo de pensarlo. ¡Maldita sea la ocurrencia de salir del burdel! ¡Malditos sean los hombres babosos que no eran capaces de anudarse su asqueroso miembro para evitar las tentaciones lujuriosas! ¡Maldito sea Julien, el asqueroso vino que llevaba encima y todas las circunstancias que la habían llevado hasta esa situación!

Cuando creyó que el hombre se le echaba encima, la voz conocida de un segundo la obligó a girarse en redondo. Sin saber muy bien por qué, el tipo del cementerio se estaba enfrentando al borracho de Julien y, si no fuera por el miedo que tenía en el cuerpo, hubiera corrido de vuelta para abrazar al cazador durante días enteros. Fue él, en cambio, quien recorrió la distancia que los separaba hasta llegar junto a ella. Nora lo siguió con la mirada sin saber muy bien qué decir. ¿Gracias? Esta vez, desde luego, sí la había salvado de un problema. Entonces, ¿por qué no se las dió? Porque temía que, si se lo decía, quisiera cobrarse el favor con ella, de la misma manera que pretendía hacerlo Julien. ¿Y si era esa el único objetivo de todo ello? ¿Tomarla teniendo una excusa para ello y sin pagar un solo franco?

Optó por callarse mientras veía cómo se largaba de allí, y tan confundida estaba que durante unos segundos no supo qué hacer. ¿Volver a Le Sapin y tratar de olvidar todo lo ocurrido? ¿Hacer caso al hombre y buscarse un sitio seguro al que ir? Pero, ¿cuál? Para Nora, el único sitio seguro de París era el burdel donde vivía y trabajaba. Sonaba triste, pero así era. Fuera de esos muros, no conocía a nadie lo suficiente para que le echara una mano en momentos de flaqueza —como aquel— y dentro de ellos había tanta rivalidad entre las putas que, muy probablemente, alguna de ellas delataría su escondite.

Comenzó a caminar con paso inseguro siguiendo el camino del burdel. El cazador se desvió de la ruta que ella iba a seguir, y en ese momento sintió movimiento en su espalda: Julien había juntado a otros dos amigos que la miraban con los ojos completamente desorbitados, y en cuanto se dieron cuenta de que el grandullón no estaba con ella, emprendieron la marcha a buen paso, buscando aprovecharse de la debilidad de una Nora solitaria. Supo, de inmediato, que no llegaría al burdel a tiempo —ni sana—, así que respiró hondo, rezó para que todo saliera bien y corrió hasta situarse a la altura del cazador.

Ahora sí te estoy siguiendo —dijo, acelerando el paso para poder seguir el ritmo de él— porque, si no lo hago, no llegaré viva al burdel.

Miró hacia atrás y se dio cuenta de que los hombres dudaron si seguir tras ella o no, creyendo que ya había elegido un cliente al que satisfacer. Aprovechó para darle la mano a Gaspard, a ver si así terminaban de creérselo y volvían a posar sus apestosos traseros en los mugrientos taburetes de sus tabernas.

Dices que conoces muchos sitios seguros —dijo, mirándole a los ojos pero sin soltarle la mano—. Te daré lo que quieras si me llevas a uno. Ahora.

Esa fue una apuesta muy arriesgada, puesto que lo que él quisiera podía implicar infinidad de cosas, desde simple dinero hasta su propio cuerpo. Ella era consciente de eso, pero prefería abrirse de piernas para el hombre que había tenido el detalle de defenderla, antes que para el que había querido aprovecharse de ella. Lo que Nora desconocía era que el cazador no iba a estar interesado en su persona, lo que volvía la oferta mucho más interesante, porque ¿qué tenía ella que pudiera ofrecer a un tipo como Gaspard de Grailly?



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Mar Mar 06, 2018 2:23 pm

Gaspard no era muy hábil con las personas, eso estaba más que claro. Sin embargo, lo que carecía en habilidad lo compensaba con lógica, una que actuaba de forma un tanto extraña, a veces, pero que le solía dar cierta ventaja frente a los demás, daba igual si eran enemigos declarados o personas con potencial para serlo. Aún no sabía en qué categoría meter a la prostituta a la que había ayudado a no ser utilizada como un objeto por varios borrachos, pero lo que sí sabía, hasta si no era la empatía la que se lo decía, era que ella lo seguiría a donde hiciera falta. ¡Ni siquiera hacía falta ser un genio para saberlo...!

La verdad era que Nora no tenía demasiadas opciones, puesto que se encontraba atrapada entre dos males igual de detestables para una dama (hasta si esa dama estaba a la venta, Gaspard era capaz de reconocer cuando alguien tenía unos modales decentes... cosa de haber sido educado en la clase alta), pero sólo uno de ellos no le había llegado a poner la mano encima. Hablando de mano, ella enseguida agarró la del aquitano, como para demostrar a los perseguidores que lo había elegido a él como cliente, y Gaspard tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para no apartarla con un zarpazo violento, nada propio del cliente que fingía ser.

No le gustaba que lo tocaran sin su permiso. Realmente, había pocas cosas que le gustaran en lo relativo a tratar con gente, y que se le acercaran demasiado era una de ellas: Gaspard prefería el tacto frío y rígido de los cadáveres, con su rigor mortis al que estaba tan acostumbrado que ni asco le daba, que el de las personas. Y no había nada de enfermizo en eso, aunque pudiera parecerlo: era así porque los muertos no iban a intentar pillarlo desprevenido y no intentarían aprovecharse de él al tocarlo, mientras que los vivos... bueno, esos eran otra historia. Y ahí tenía una prostituta para demostrarle justo eso.

– Está bien. Sígueme. – espetó, con un bufido, como si le hubiera dado alguna opción más que la de seguirlo al primer lugar seguro que se le ocurrió: una buhardilla, no demasiado lejos, que le pertenecía al aquitano. Si bien su modo de vida era bastante precario y, además, no se dedicaba a nada que le permitiera ganarse la vida con honestidad, su apellido le había abierto muchas puertas en algunos momentos concretos de su pasado, y la fortuna familiar le había ayudado a conseguir ventajas como esa buhardilla a la que la llevó, casi a rastras. Hasta en eso prefería Gaspard de Grailly tener ventaja sobre otros seres humanos.

– No nos han seguido, pero por si acaso, mejor si te quedas un rato y después ya te largas. – ordenó el antisocial de él. No prestó atención a lo que hacía Nora en aquel momento, puesto que estaba ocupado dirigiéndose hacia los ventanucos para cerrarlos y correr las cortinas, de modo que quedaran lo más alejados de la vista posible. Además, encendió algunas lamparillas de gas, estratégicamente colocadas, para que hubiera algo de luminosidad en la pequeña habitación, donde había una cama, algunos utensilios básicos de limpieza, un armario y, sobre todo, libros, que ocupaban la mayor parte de los huecos libres del lugar.

– No tengo el menor interés en tu cuerpo. En realidad, no me interesa nada de lo que puedas ofrecerme, y no tengo la más remota idea de por qué demonios he accedido a ayudarte. Pero puedes estar tranquila, no busco nada de ti, no me interesas así. – anunció Gaspard. Si Nora hubiera tenido colmillos, otro gallo habría cantado, pero como era una humana corriente y moliente, igual que él, no era capaz de atraerlo, al menos que él supiera. Desde luego, no tenía el menor interés en intentarlo, tampoco, así que se dejó caer en una silla desvencijada al lado de la cama, agarró una botella de vino (la descorchó a mordiscos y bebió un buen trago, por las dudas) y un libro y la ignoró.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Nora Salazar el Dom Abr 08, 2018 3:30 pm

Nora no supo si el hecho de que aquel hombre la fuera a ayudar era bueno o malo. Era bueno, obvio, porque sola no habría conseguido librarse de Julien y sus amigos, pero no tenía ni la más remota idea de lo que aquello le iba a costar.

Lo siguió sin decir nada más hasta el lugar seguro donde la llevó. La buhardilla era pequeña, pero extrañamente acogedora. La luz que entraba por las ventanas no era demasiada, pero sí la suficiente para que Nora viera una imagen fugaz del lugar. Lo primero en que se fijó, sin embargo —probablemente, gracias a su profesión— fue en la cama que ocupaba la mayor parte del lugar. La oscuridad invadió la habitación el tiempo que Gaspard tardó en encender las lámparas. Le costó un poco hacerse a la falta de luz, y las sombras que se proyectaban no ayudaban a que la joven se tranquilizara. Se mantuvo en la puerta a la espera de lo que el cazador pidiera, pero no hubo tal cosa. Para su sorpresa, la dejó estar ahí sin pedirle nada a cambio, algo que no conseguía encajar en la mentalidad de Nora.

Está bien —dijo, finalmente.

Echó otro vistazo a su alrededor y terminó dirigiéndose a la cama. Se sentó y apoyó las palmas en el borde, inclinando el cuerpo hacia delante. Sólo se oía el ruido del exterior, puesto que ahí dentro ninguno de los dos emitió sonido alguno. Él, enfrascado en su libro y su botella de vino, ignoraba completamente a la prostituta, que no dejaba de inspeccionar cada rincón que alcanzaba a ver desde donde se encontraba. Después de la cama, lo que más le había llamado la atención habían sido la inmensa cantidad de libros que había allí; parecía increíble que en un lugar tan pequeño pudieran caber tantos.

Echó un vistazo a Gaspard antes de levantarse y acercarse a una balda que había en la pared de enfrente. Examinó los que allí había, maravillada, porque nunca había visto esa cantidad de libros juntos. A simple vista parecía que no estaban ordenados de ninguna forma en especial; ni por tamaño, ni por color o por grosor. Nora se fijó en los títulos, pero lo único que podía hacer era comparar las formas de las letras para saber si se trataban de primeros y segundos volúmenes. Hizo lo mismo con los autores y, aunque detectó algunos repetidos, le resultaba imposible averiguar la relación entre ambos.

Vagó por la habitación inspeccionándolos con verdadero interés. Se permitió el lujo —puesto que ya se había olvidado del silencioso cazador que leía en la silla— de coger y abrir algunos. El tacto del papel, el olor de la tinta y el sonido de las páginas al pasarlas la enamoraron. ¡Ojalá pudiera leer lo que decía! Pero no. Madame Moreau nunca le había enseñado, ni a ella ni al resto de chicas, porque, según ella, de nada les servía leer para complacer a un hombre. Además, aprender a hacerlo las hacía más valiosas a ojos ajenos, y perderlas era un problema para la dueña del burdel; si una se iba, tenía que buscar a otra que la remplazara, y la vieja era demasiado meticulosa para elegir a sus chicas.

Nora volvió a la cama y cruzó las piernas a la altura de los tobillos. Apoyó las manos en el regazo y comenzó a balancear las piernas, observando a Gaspard.

¿Todos estos libros son tuyos? —preguntó, rompiendo un silencio que, sorprendentemente, no le resultó tenso—. ¿Qué lees?



Oubliez donc tous vos clichés:
bienvenue dans ma réalité:


avatar
Nora Salazar
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 60
Puntos : 72
Reputación : 30
Fecha de inscripción : 20/09/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Gaspard de Grailly el Vie Abr 27, 2018 3:46 am

Ni siquiera leyendo, una actividad que requería un mínimo de atención por parte de cualquiera, era capaz de estarse quieto Gaspard de Grailly, hiperactivo por naturaleza y desconfiado por elección. Por el rabillo del ojo, aunque eso significara que se perdía algunas palabras del libro que tenía entre manos, la iba vigilando para asegurarse de que no organizaba ningún lío en su casa, donde no le gustaba llevar a nadie, ni siquiera a los vampiros de los que tanto disfrutaba. ¿Y acaso le sorprendía a alguien que Gaspard, lobo solitario por naturaleza, se comportara de ese modo...?

No era sorprendente que Gaspard de Grailly no dejara de mover una pierna para tener, de ese modo, una salida para la energía que parecía sobrarle en todo el cuerpo desde que tenía consciencia de sí mismo; tampoco era sorprendente el silencio en el que se había sumido, con lo poco que le gustaba hablar. Podía ser un hombre muy elocuente si lo deseaba, su educación así se lo permitía, pero el quid de la cuestión era precisamente desearlo, y el aquitano había convertido en estilo de vida esa actitud suya de desdeñar la buena educación que recibió de crío al refugiarse en la más absoluta vulgaridad, así que prefería callarse y ya estaba.

Sin embargo, el resto de personas no funcionaban como él, necesitaban llenar su paz con el ruido de sus voces, y la fulana era como todos los demás en eso, así que habló y lo obligó a apartar los fieros ojos verdes del papel para clavarlos en ella, sin nada de curiosidad y sólo un poco de molestia. Dado que, en su rostro, la expresividad era una constante y que, además, la mayor parte del tiempo estaba irritado por algo (por alguien, mejor dicho, pero ya tenía su fama de antisocial y ardía tampoco en deseos de aumentarla y de que se le etiquetara así, sólo faltaba), no era nada infrecuente esa cara en él.

Les horribles et épouvantables faits et prouesses du très renommé Pantagruel Roi des Dipsodes, fils du Grand Géant Gargantua. Gargantúa, para resumir, de François Rabelais. – respondió. Aunque sabía que ella no iba a entender lo que estaba escrito en la portada del volumen, Gaspard se tomó el tiempo de cerrarlo y acercárselo para que le echara un vistazo, de pronto nada interesado en la actividad que había estado realizando hasta aquel momento. Esa era una de las más interesantes consecuencias de su hiperactividad: se cansaba muy rápido de las cosas, también de las personas, y necesitaba moverse sin parar, así que terminó incluso levantándose con la excusa de estirar las piernas.

– Esto es sólo una parte de lo que tengo. No me gustan las personas y relacionarme con ellas pero me aburro rápido, de algún modo tengo que entretenerme. – explicó, abruptamente. No es que ella se mereciese la verdad o siquiera que él le diera una respuesta, pero se la había dado, ¿no? Pues ya estaba, buena obra del día... no, del mes concluida, que llevaba unas cuantas desde que la había encontrado rondando por el maldito cementerio. Como si el que estaba ahí para hacer cosas de moral dudosa no hubiera sido él, y no ella, demasiado ocupada en visitar una tumba para contemplar siquiera robarla.

– Los he leído todos, muchos me los traje de cuando aprendí pero otros los he ido consiguiendo como pago por trabajos o simplemente agarrándolos cuando podía. – admitió. Habiendo sido pillado haciendo cosas de ética cuestionable en un cementerio, ¿qué importaba a aquellas alturas que ella supiera que había robado libros, aparte de cadáveres? – No sabes lo que pone, ¿no? Imagino que tampoco sabes leer. – preguntó, pero era más una afirmación que una duda, y así lo dejó claro su tono de voz.



Destiny:
who cares:
as it:
turns around:
and I know:
that it descends:
down on me:
avatar
Gaspard de Grailly
Cazador Clase Baja
Cazador Clase Baja

Mensajes : 107
Puntos : 202
Reputación : 100
Fecha de inscripción : 20/05/2017

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Affliction {Privado}

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.