Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La sangre que en el mar se esconde | Privado

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La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Mar Sep 05, 2017 11:10 pm

A fuerza de nadar en las grandes aguas negras, se aprende a flotar en la oscuridad.
Julio Cortázar.


Por fin en alta mar. Cuando Gavina Verwaist pisaba tierra firme le sobrevenían horribles mareos, pues podría decirse que ella era una mujer de mar que había vivido la mayor cantidad de sus días con el oleaje bajo sus pies. Y, si no tuviese el mar como primera opción, Gavina diría que el cielo era su casa, pues pocas cosas disfrutaba más que cambiar su forma y perseguir el atardecer volando sobre el océano. Nunca elegiría la tierra, por eso se hallaba al fin en paz sabiéndose lejos de suelo continental. Habían estado unos pocos días en Francia, tenían mercancía que dejar allí y mucho dinero que cobrar. Además, algunos hombres se sumaron a su viaje, tenían como destino el mismo sitio al que ellos se dirigían… Cierto era que a ella no le gustaba la idea de tener extraños rondando y compartiendo su hogar –aquella gran embarcación-, pero ella no era capitana, así que no tomaba aquellas decisiones.

La noche era tranquila. No era fría, no era cálida, había equilibrio hasta en la temperatura y eso, esa calma en todos los sentidos, le dejaban una mala sensación. A pesar de eso, Gavina no se quedaría encerrada en su pequeño camarote –tenía ese beneficio desde niña, por ser la única mujer a bordo y por ser la consentida del capitán que la veía con ojos de padre-, se vistió con pantalones y botas, como si fuese un hombre más. Había lavado esa mañana su cabello con agua de lluvia y aceite floral, regalo de un amante francés que en tierra se había quedado, por lo que se dedico a peinarlo y trenzarlo. Era una mujer cuidadosa de sus cosas, previsora también, por lo que sólo usaba lo verdaderamente necesario, el resto lo guardaba celosamente en su cofre con cerradura.

Cuando salió a la cubierta, Gavina se fastidió de inmediato. Los intrusos -como denominaba a los pasajeros que se habían incorporado en París- estaban montando lo que parecía ser una fiesta… ¡Qué descarados eran! ¡Viajaban de prestado y ya se creían dueños del lugar!


-¡Roger! –llamó, con su usual voz ronca y estirando el cuello para verlo bien, al vigía en lo alto del mástil. A pesar de la oscuridad de la noche, al joven le tocaba observar desde allí el horizonte y dar aviso en caso de descubrir problemas, en el cielo o en el mar-. ¡Baja, yo te reemplazo!

Sí, había sido una orden. Gavina había crecido acostumbrada a hacer lo que se le venía en gana… a ser la niña cuidada y respetada por todos sus compañeros y con el paso de los años (aunque ella envejecía lentamente) nada había cambiado.

Roger bajó de un salto y le sonrió, pero rápidamente su rostro mutó, al ver lo que los pasajeros estaban haciendo: era una pelea. Gavina se volvió a tiempo para ver que se había formado un círculo en torno a dos de ellos y que muchos aullaban pletóricos, eufóricos, por tener un entretenimiento, pero nadie parecía querer detenerlos.


-Bah, se creen los dueños de nuestro barco –le dijo a Roger y su voz no ocultaba su indignación-. Prefiero quedarme arriba y no tener que compartir tiempo con estas gentes –señaló lo alto del mástil y, sin esperar respuestas del él, Gavina comenzó a trepar.

Había subido unos dos metros cuando, de pronto, sintió que alguien le golpeaba el abdomen provocando que perdiese el aire y cayera de espaldas sobre la madera húmeda de la cubierta. Nadie la había tocado, pero aún así le había dolido el invisible puñetazo. Gavina no pudo incorporarse, estaba en el suelo –tendida de espaldas- cuando un nuevo invisible, pero doloroso, golpe impactó de lleno en el filo de su mandíbula.




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Sáb Sep 23, 2017 6:48 pm

Han existido desde siempre, ricos y pobres, empresarios y mercenarios, pero jamás se habla de aquellos que existen en todo el planeta, esos que ganan un salario ensangrentado, esos quienes hacen todo para los que son conocidos. Mascotas les llaman unos, esclavos dirían otros, y Darren; la bestia de guerra cargado de heridas, jamás deja de trabajar. Bien es explotado, bien es usado para generar dinero y más dinero. No hay lugar a donde se niegue su dueño a apostarlo. Le llaman la bestia, porque en París ha sido el único campeón de peleas clandestinas, que pronto se hizo llamar a otros lares. ¡Quieren derrotarlo!, es un peligro para el mercado negro pues si se hace correr la voz de que un invencible existe, descenderá el presupuesto de las apuestas. Así es el mundo al que es llevado el escocés, entrenado especialmente para esto. Que pronto fue llevado a abordar un barco. No era la primera vez pero ni la última. Ese es su pan de cada día, el vivir o morir en pelea. Levantando la cabeza como víbora, no para pensar o ver sino para hacer puntería y matar. Una fiera amaestrada y por eso se adentra al barco, sujetado como animal para no asesinar a la tripulación.

Todos le miraban, unos murmuraban pestes de él, pero él se mantiene sentado como un lobo (está en su condición de cambia pieles, un lobo salvaje si se le acercan). Obedeciendo a Dermot; su dueño. Más, no fue suficiente, el que sigan provocando a la fiera hace que se vuelva más loca, incontrolable. Le arrojaban restos de pescado. ¡No lo alimentan, lo insultan! Le gritan y le torean, le pegan con un palo y no pudo más que se abalanzó contra quien poseía el palo, la cuerda que lo sujetaba no fue lo suficiente para detenerlo, se tuvo que transformar en humano para liberarse, (pues el pellejo era más delgado, su cuello sería una burla para la soga que le sujeta) y así, comenzó la racha, peleaba pero aquel le tiró un palazo en el abdomen, sacándole el aire, mas no tiene lo que posee él: y esta era la condición de soportar todo aquello.

Parecían entretenerse más otros trataban de separarlo para que no mataran a su compañero, se percata que es sobrenatural, nadie se sorprende de ello pero sí de la manera en la que ataca, no mide la fuerza siempre en cada golpe da todo. No le interesa si mueren, y con el balanceo del barco, todos se meneaban, el movimiento se fue haciendo más salvaje, del mismo modo en que fue aumentando sus golpes, de pronto las aguas se tornaron escandalosas, y el viento los arrasaba. La tempestad desapareció, ya todo se salió de control en el mar, y las velas anunciaban el salvajismo al que se enfrentan, ¡maldita sea la naturaleza que tuvo que cambiar de curso! Pero unos balazos aire se percataron, seguido de un chiflado. Su dueño llamaba a su mascota. Darren soltó con dificultad al hombre semi-muerto, y corrió (en su forma humana, si es que así lo consideran ya que, ¿qué pensarían de un humano que corre a cuatro patas? Más bien el actuar como animal) y herido, cojeando (porque hay que admitir que hasta a un animal le duelen los golpazos de la madera aunque este se resista al dolor), sangrando en algunos segmentos, escurriéndose sangre de su cabeza y azotado por desobediencia. El culpó a los artilleros, lo provocaron y así es como se ganó un golpe por no quedarse quieto. Sin embargo el capitán no prestó demasiada atención, solo puso orden y se enfocó al parecer en una compañera que sufrió una caída. ¡Vaya burla esa! Pero, ¡ardía por todo su cuerpo! Que se fue al sótano del barco a regañadientes, solitario y sin comer, lo castigaron y se quedó hecho hambriento, lastimado y con coraje, tragándose la maldita rabia, la impotencia gritando por no haber devorado a esa escocia, gruñendo y comportándose como si fuese el lobo, así es él, alguien bravío, y pero, le daba comezón la nariz, se rascaba aun con la apestosa sangre del otro, pero no era ese el motivo de su queja, sino se acercaba alguien, un aliento insoportable, un animal a quien ahuyentar, porque lastima por sus tripas, en su forma humana no come nada, a menos que aún le quede energía ara transformarse, (cosa que la ve difícil, está bien jodido, tan jodido que se quedó con las ganas).

— Si tantas ganas de morir tienes, acércate un poco más, solo un poco que de un solo bocado te acabaría. Así, vas por buen camino, anda, ¡grrr!...



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Sáb Nov 04, 2017 10:19 pm

Recuperarse le llevó al menos una hora. Para quienes no tenían trato cercano con Gavina, aquello no era más que algo extraño, una indisposición femenina seguramente, y no faltó quien por lo bajo diga lo mismo que se decía siempre: que el alta mar no era para las mujeres, que con ellas a bordo no había más que sentarse a esperar que los problemas ocurriesen. Pero quienes la conocían sabían bien del mal que la aquejaba sin motivo aparente y que podía sobrevenirle de manera inesperada en cualquier momento y lugar.

-¡Si vieras la paliza que se dieron esos dos! –comentó Valerio, uno de sus amigos españoles, mientras ella se recuperaba él le hacía compañía-. A ti te hubiera gustado ver eso –aseguró con voz excitada.

Ella no estaba tan segura, seguía molesta al tener que compartir el viaje con extraños, pero claro que esas decisiones las tomaba el capitán, él y solo él elegía quien subía a bordo y quién no y eso era algo en lo que Gavina no tenía injerencia, a pesar de ser querida por él.

Lo que a ella en verdad le gustaría, sería librarse de aquella maldición que había adquirido sin saber cómo. Porque podía sentirse libre al volar sobre tempestades –como aquella que repentinamente sacudía la embarcación en esos momentos, afectando a más de uno-, incluso podía sentirse una mujer resuelta al tomar sus propias decisiones de vida, cosa que entendía como un privilegio al saber el modo reprimido en el que algunas de sus congéneres vivían; pero su libertad nunca sería completa, no hasta que se librase de la maldición. Era fuerte y poderosa, se lo decía cada hechicero al que se acercaba en busca de consejo, ellos con nada habían podido mitigar el poder del presunto hechizo que la mantenía atada, pero valoraban que ella no se rindiese, que no sucumbiera ante la tentación del suicidio para poner fin a aquello que le interrumpía la vida cotidiana.

-En un momento, al perro le golpearon la mandíbula y yo creí que con esa fuerza le rompían el cuello –continuó relatando su compañero e hizo un ademán de replicar en el cuerpo de ella lo que antes había visto.

Gavina se movió de inmediato para esquivarle –lanzándole una mirada que denotaba su molestia-, notando que el dolor había remitido considerablemente. Hacía tiempo que ella tenía la certeza de que estaba viva gracias a ser una cambiante. Si no fuese por la sanación acelerada su cuerpo no hubiese aguantado la cantidad de heridas que se abrían en su piel, para acabar sanando luego.

Algo en el apasionante relato de su amigo llamó la atención de Gavina, en verdad no podía precisar qué pero mientras Valerio hablaba se había sentido ligada a ese al que denominaban simplemente perro. Su amigo le comentó que habían encerrado al tipejo en la bodega, y Gavina no lo dudó, se levantó rápidamente y salió rumbo a la parte más baja del barco -que no dejaba de sacudirse-, no sin antes pasar por la cocina para robar una hogaza de pan. Estaba hambrienta.

En cuanto llegó a la bodega lo supo: estaba frente a un cambiante, un igual a ella, tal vez por eso el mote de perro. Se paró a una buena distancia de él, aunque no le temía tampoco quería mostrarse invasiva. ¿Qué estaba haciendo ella allí? ¿A qué había ido? No lo sabía. ¿Qué quería? Nada que él pudiese darle.


-Tienes hambre, perro –le dijo, para iniciar la conversación y sin responder todavía a la violencia con la que él la había recibido-, se te nota. ¿Puedes atraparlo? –le preguntó con una sonrisa y le lazó un pedazo del pan-. Sí, a veces me dan ganas de morir… pero no soy tan tonta como para acercarme demasiado a ti, todavía –le aclaró, pues se conocía y sabía que podía ganarse a cualquiera si se lo proponía.




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Mar Nov 28, 2017 7:03 pm

Insoportable, ni él mismo se aguanta su genio; tenía ganas de morder, de arrancar pellejo, bañarse de la sangre de aquel y lamer esos jodidos huesos. Así de rabioso anda, los insultos siguen golpeando su cabeza, cabreándolo más, irreprimible dolor que no se calma pero eleva el temperamento de su sangre, lo vuelven fiera y no sabe cómo calmarse, rasgando con las garras de las patas y de las manos (aunque bien diría, solo patas, pero para que su lector comprenda, esa magnitud de animal en la que se considera), sin tener importancia de la sangre que emana de estas, desesperado, loco, tiene que tragarse todo por no ser reprimido por su dueño, y peor, estaba hecho mierda, pues su madre se ha quedado en París, y todo por una execrable desobediencia que cometió, ese fue su castigo; partir sin ella, y era peor que no siguieran provocándolo, pues con lo mínimo estaba que gruñía. Para el colmo, alguien más necesitaba de burlarse del animal, entraba al sótano del barco y su hedor le fastidio, le dio comezón la nariz y se rasco, sin medir la fuerza, fue potente ya que logró rasguñarse la piel de la nariz, no tiene cuidado, ni en lo más mínimo, hasta podía verse un poco de hilo de sangre, retomando su posición de ataque, y a su vez de defensa, amenazando y alertándose de cualquier peligro, de ella.

Su hediondo hedor le confirmó que tipo de animal es, y por dentro se retorcía las ganas de saltar y tumbarla, arrancarle la cabeza y pelearse por lo que son: animales. Marcando su territorio y de haber podido mear, lo hubiese ejecutado pero corrió con suerte la maldita, no llevaba ni un bocado, ni mucho menos algo de líquido que le dieran las ganas de querer arrojar la meada. Y fue peor, ella sí que tenía las mismas agallas de aquel hombre imbécil de torear, las consecuencias fueron caóticas y si él estaba que se jodia por el dolor, el otro ya debería estar delirando, que se muera el humano. Y abrió el hocico, gruñendo, alzándose en sus cuatro patas, y con la cola media puesta para correr.

En cuanto arrojó el pan, jamás lo cacho, pero si quería darle un susto, uno en el que ejercía un perro salvaje con plena cadena sujetada, más este no la lleva, que fue más excitante, pero solo dio el brinco hacia delante, y soltó la mordida, haciendo que el sonido fuera intenso y crucial. — Mejor arrójate, así como caiste hace un momento, ya que solo como carne echada a perder, ¿quieres ver que tan bien atrapo? Mira que me muero por tragar cualquier pieza. Ya es hora, ven, no hay diferencia de ti con el otro que ya se está muriendo el imbécil. Al menos, estas consciente que te acercaras en cualquier momento y ahí te atraparé, solo no seas escandalosa, las lenguas no son de mi gusto, pero por ti haría la excepción…

Con la magnitud de la provocación, réplica, no hay manera de que le cataloguen humano, y peor, jamás ha comido en esa condición, solo se alimenta en su forma animal, cualquiera que sea está, por lo que es imposible que la devore en el sentido del apetito, porque para ser sinceros, no estaba nada mal la hembra, podía echársela pero lastima, cualquier animal que lleva no le atrae, ni le altera, solo le dan ganas de destruirla, ¿por qué? Su maldito instinto siempre se aferra a la destrucción cuando del riesgo se trata.



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Miér Dic 06, 2017 11:22 pm

Sí que se asustó ante el brinco del hombre, incluso al saltar hacia atrás para alejarse de él, acabó dándose la cabeza contra una de las cajas de madera resistente que en la bodega se hallaban. ¿Pero qué mierda de maldición cargaba ahora que todo le salía mal? Se tocó la nuca y sintió la tibieza de la sangre entre sus dedos. No le importaba, ya estaría bien en unos minutos.

-¡Mira lo que has hecho, perro sarnoso! –le dijo, mientras se limpiaba la mano en su ropa-. Por tu culpa vuelvo a estar herida… sí que eres de la mala suerte eh, necesitaría que un gitano subiese aquí mismo y me explicase a qué clase de ser tengo en frente pues eres un dolor de muelas para mí desde que te vi hoy por primera vez.

¿Qué clase de loquillo tenía en frente? A pesar de eso, del susto que le había dado y el posterior golpe, Gavina se recompuso rápido y eligió simplemente reír de las imposibilidades obvias de su compañero encadenado.

-Oh, ¿no has aprendido a atrapar comidita con la boca? Pero qué perro tan mal educado eres, seguro que tu amo no ve la hora de poder deshacerse de ti –se mofó Gavina al ver que él ni se movía para intentar alcanzar el alimento que ella le arrojaba-, tal vez él ya esté planeando como arrojarte al mar para dejarte olvidado, ¿sabes nadar, guapo? –volvió a reír y supo por su aura que le convenía pararse ya con eso, pero no podía-: ¿cómo es eso de que comes solo en estado animal? ¡Pero si no tiene sentido! Y qué orgulloso también has resultado –apuntó mientras le daba una buena mordida al resto del pan que se había quedado para ella-, es una pena que te quedes sin probarlo… este pan está bastante bueno. ¡Si vieras las mierdas que ese estúpido Rodolf cocina a veces!

Se mantenía a distancia, midiéndole y a la vez enfrentándolo. ¿Por qué lo hacía? ¿Solo se trataba de un poco de diversión tras el mal momento que había pasado hacía poco rato o había algo más? Ya estaba recuperada casi por completo de sus dolores y lesiones –la ventaja que da la sobrenaturalidad- y pese a que había bajado esperando poder hablar con él, Gavina ya notaba que el tipo raro era más animal que humano.

-¿Quieres que hablemos, perrito? ¿No estás aburrido aquí abajo? Vamos, cuéntame de ti y de… -se detuvo al ver que de la nuca de él corría un hilo de sangre donde antes no había nada. ¿Se había golpeado ya antes o era posible que la misma lesión que ella se había hecho con la caja de madera se hubiese replicado en él?-. Te está sangrando la cabeza –le dijo, abandonando de pronto su tono de burla-, te sangra igual que a mí.

El estómago se le cerró de repente al recordar las palabras del hechicero acerca de la maldición que ella cargaba, esa en la que cualquier herida que ella se hiciese se replicaría en otros seres malditos y viceversa, hasta que todos se encontrasen.




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Jue Dic 14, 2017 10:40 pm

Olisquea el miedo, lo puede percibir en esa hembra, ¡oh, huele exquisito! pero un maldito dolor en la cabeza le resurgió, ahí iba de nuevo la maldición. Ahora, ¿quién de esos jodidos resultó herido? porque sus hermanos poseen esa maldición de que si uno sufre un golpe a los demás recae, y por instinto se llevó la mano a la cabeza, y ahí la humedad sintió, estaba sangrando, ¡maldita la puta que los pario! Pero extraño fue el breve suceso, la desgraciada tuvo el mismo estado, se carcajeo, porque se golpeó por el susto, así le encantaba que le tuvieran miedo a lo que es. Sin abandonar su postura, el perro sí que estaba bien entrenado, y lástima que le hayan reprimido por ser la bestia que crearon.

— ¿Y dices no tenerme miedo? Ven, ya estás tardando, puedo limpiarte las porquerías, pareces ser una inútil en este barco, ¿no te lo han dicho? Y dado que soy el único que te pone en tu lugar, te diré un secreto. Soy un maldito monstruo, así que quizás por eso tu instinto te previene y hace que no olvides mi presencia, pero hay algo cierto de todo tu lío, apestas como a una zorra que conozco.

Entre verdades y befas se declara Darren, refiriéndose a esa zorra nada menos que a su madre, y desde ahí todo comenzó a disgustarle, le molesta el hecho que esa, se la recuerde y le encare lo que posee, queriendo ya morderla para desfigurarla, porque atrevida la hembra resultó. — ¿Qué? Acaso, ¿el capitán así te alimenta? Porque, por mí no te detengas, puedes ir por ella si así quieres, en cambio de mí, que tan poco conoces el mundo, tú no sirves para nada, en cambio yo, genero dinero, soy todo lo que quisieran muchos, hasta tu amo que se conforma con gente como tú. Ya, déjate de idioteces y dime, ¿a qué has venido? porque las probabilidades de que a alguien avienten al mar, no son favorables para ti…

Si querían torearlo, lo estaban haciendo muy bien, está que la ira, y el coraje explotan y que tocara lo de la alimentación, ¿su amo habrá hecho mención de eso? Nadie sabe que solo en su forma animal come, pero no le tomo importancia, que ante sus tardíos descubrimientos, se mofo, rascándose la nuca, (todo gesto como un perro, que le aplaudan porque es fantástico el animal) — Eres más estúpida de lo que creí, ¿que no ves que clase de ser soy? No intentes jugar con algo que no es de tu nivel, te estas ganando que te dé por el culo, ¡no quiero hablar!, eres lenta para ser un cambia pieles, ¿en verdad lo eres? ya lo estoy dudando. Estoy sangrando desde que te asustaste, pero qué curioso… ¿qué, estás pensando lo mismo que yo?  Veamos.

Quiso jugar, ¡oh sí!, quería entretenerse, por lo que si viene siendo cierto lo que acaba de suceder con las heridas, y la razón de que apesta a esa perra, hizo algo bestial, algo que va más allá de lo conocido, y tomo su brazo, mordiéndose desesperadamente, como si se tragara su propia carne, fluyendo el dolor pero es más excitante lo que está a punto de descubrir, sin rodeos, ni habladurías, tendría que comenzar con lo que todo les maldijo, la experiencia debía ser vivida y es como resulto ser cierto, la hija de perra era una hermana, pero no se detuvo, no era suficiente, gozo del momento como nunca, quería descargar su odio, y sí que demorara la bestia en recuperarse, pero ya que estaban unidos, que se jodan los dos.



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Sáb Ene 06, 2018 10:13 pm

-¡No quieres hablar porque no te sabes muchas palabras! ¡Solo eres un tonto que de seguro tampoco sabe ladrar bien! ¡Qué repulsivo eres! Apuesto lo que sea a que no tienes amigos… ¡Claro que soy una cambiante! Una mucho más bella, delicada y limpia que tú.

¿Pero a qué quería jugar ese idiota? ¿Quería competir con ella a ver quién era mejor? Gavina soltó una carcajada aún en medio del dolor porque no podía creer que ese tipejo estuviese queriendo medirse con ella… Es que así era, pedante a veces, ególatra otras, pero no iba a cambiar, todos en esa nave la querían y respetaban así como ella era.

-¿Ni siquiera viendo lo que estamos viendo en estos momentos puedes dejar de ser tan estúpido, perro? ¡Ya déjate de bobadas y piensa! –Estaba furiosa, no con él a decir verdad… estaba furiosa con la situación, con su maldición, con la mal nacida de su madre que la había condenado a un futuro de incertidumbre, de adivinar sus raíces a tientas-. Cielo bendito… ¡Eres uno de los malditos! ¡Estás tan maldito como yo!

Bueno, al menos eso le parecía. Necesitaba confirmarlo… ¿y qué si lo hacía? Pues se lo llevaría con ella a tierra firme, de visita nuevamente al hechicero que le había explicado lo poco que sabía, ese hombre debía conocer al perro sucio y resolver de alguna forma la maldición que cargaban.

A punto estuvo de girarse rumbo a la cocina, quería buscar una cuchilla… clavarle a él el arma para ver –confirmar en verdad- si ella también resultaba lastimada. Pero no pudo hacerlo, el perro fue más rápido que Gavina y se mordió con furia, con placer según pudo ver ella también, causándole un dolor agudo y penetrante en la carne. La herida comenzó a sangrar y Gavina hasta llegó a verse el hueso por la profundidad de la dentellada que se marcaba en su antebrazo.


-¡Loco estúpido! –le gritó con rabia y se lanzó sobre él blandiendo sus puños fuertes-. ¿Lo disfrutas, maldito? ¿Te gusta lastimar? –Cayó sobre él y lo golpeó una y otra vez, en cada golpe liberaba la frustración que había sentido desde el inicio, desde que la verdad sobre lo que era y cargaba le había sido revelada, con cada golpe golpeaba también esa imagen mental que se había hecho de su mala madre, de esa mujer que la había abandonado en el frío puerto-. ¡Maldito enfermo!

Escuchó ruidos procedentes del exterior y, antes de que alguien quisiera ingresar, Gavina se transformó en gaviota, alejándose del perro por completo. Aunque no fue una buena idea, tenía un ala lastimada producto de la mordedura del perro que no había tenido tiempo de cicatrizar y por eso solo podía volar bajo.




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Jue Ene 25, 2018 9:39 pm

¡Está loco! lo sabe, todo el maldito mundo sabe qué clase de ser es aquel. Que ni teme porque le vean de aquella manera, ni que quieran encararle lo que su madre ya ha hecho. ¡Porque si, aquella relación de madre e hijo es peor de lo que se vio con Gavina, con cualquiera! Por eso es así, pero no se escusa ese desgraciado, saca provecho, le gusta ser así, ser ese animal. Tanto, que en el estado desquiciante, y demencial en el que se halla por descubrir que no todo lo que escupe aquella gitana, eran mentiras, (así que la desgraciada decía la verdad, y habla de su madre), ahí, frente a sus ojos, una hermana, alguien que fue parida por las misma causa, por la misma maldición. ¡Maldita sea! ¿Cuantos eran, cuantos salieron de ella?... No podía soportar la idea de que sean varios quienes osen de herir su cuerpo. Estaba bien que él lo hiciera, pero los otros ya es detestable, demasiado que entre más presionaba el hocico para arrancarse el brazo, el desdén sacaba al presionar con demasiada fuerza, gruñendo por la aversión a todos, a ella en especial. Quería herirlos, herirla. Callarla de una maldita vez.

Me estas cabreando mujercita de la calle, no creas tus propias palabras o lo que se ve, jamás dejaras de ser la escoria botada de seguro en el peor lugar que ni te has de imaginar. Pobre y delicada mis nalgas. Ya viste que tan jodida estas. Y de seguro ni has de saber de esta maldición. Por tu reacción apuesto a que no.

¿Qué sabia ella de él? Nada, cosa que no iba a discutir sobre su vida privada, tiene a alguien, goza de compañía, realmente tiene lo que su naturaleza disfruta. ¡Ah, que adrenalina! Tan solo el pensar que ya obtuvo lo que quería, amenazar quien era, y que no está lejos de ser esa estúpida que no tiene control de su vida. Pende de él y de unos cuantos o muchos. Quien sabe, pero lo disfruta, se relamió los labios tragándose la poca sangre acumulada

Pero tan pronto se le vino encima, dejo que le pegara, tan retorcido es, “pégame y sentirás, hazlo maldita hembra”… venía en su pensamiento sin detener algún golpe, está acostumbrado a sentir los puñetazos, al ser deseado a matar. Todo es común para él, pero ¿para ella será igual? Imposible. Carcajeándose, y en lo que descarta su risa, escupe sangre para no ahogarse con esta. — Si, si lo disfruto. No tienes ni una puta idea de cuán excitado estoy, sigue, pega más fuerte. ¡Pégame hasta que ya no quieras sentir!

Seguían sin ponerle una mano encima, o detenerle, que llegara al punto de que aquella cayera. Sin embargo no fue así, ruidos, visitas e interrupciones hubo, no pudo detener a la maldita, se había transformado que al parecer no fue lo suficiente para que el cansancio se lo impidiera. Huyó la cobarde, y lo único que quedo es continuar con su risa, escupiendo sangre del hocico, y se puso de lado, sacando todo. Y era su dueño quien ingresaba, le traía su comida y al ver a su mina de oro lastimado, este furioso le dio una patada y no tuvo otra opción que sacarlo de ahí y llevarlo a su camarote, atendiéndolo porque quedo desmayado después de todo. Ya el día fue agotador, ha vivido bajo explotación que el extra de ese dia fue el tipo que lo humillo y aquella hermana que descubrió. Perdido en la inconsciencia, sumergido en un dolor.



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Miér Feb 21, 2018 7:29 pm

¡Maldito perro asqueroso! ¡Maldita bestia de los infiernos! ¡Se había abusado de saber lo que eran, de entender mucho mejor que ella el juego retorcido y antinatural al que los habían sometido! ¡Lo odiaba! ¡Quería venganza! Pero a la vez entendía que debía actuar con inteligencia, no podía sufrir otro arrebato de locura, tenía que pensar antes de actuar pues no sabía si volvería a tener una oportunidad como aquella de compartir tiempo con alguien que padecía su mismo mal.

Tras un vuelo bajo y no muy lejano, Gavina volvió a la bodega solo para descubrir que el perro ya no estaba. De seguro su dueño lo había sacado a airearse, a martarle las garrapatas con el fuego de un cigarro… Volvió, con esos pensamientos maldicientes, a su forma humana, aún con dolor en el cuerpo pero considerablemente tolerable si lo comparaba al que había sentido hacía una hora atrás cuando se había enfrentado a él. Recogió allí sus ropas, y su navaja, y se las puso antes de salir a la cubierta.

El aire frío de la noche le dio de lleno en la cara y Gavina hubiera preferido ser un ave en esos momentos, pero para lo que tenía en mente se necesitaba humana, con una boca que pudiera hablar, preguntar y amenazar. Allí, en un rincón, vio que dos de sus compañeros jugaban dados y bebían ron junto al dueño de la bestia…


-Con que el perro anda solo –susurró y sonrió, pero el labio le dolió. Allí le había dado un buen golpe al otro cambiante y ese re había replicado en ella. ¡Que estúpida había sido, todavía no podía creerlo!

No sabía cual era el camarote del perro, pero no tardaría en dar con él. Bajó y tomó el camino hacia los reducidos espacios de descanso. No necesitaba espiar demasiado, su instinto le indicaría tras qué puerta se hallaba él. Sí, así era… acabó ingresando sigilosa por la última de la derecha y lo adivinó, durmiendo en su forma humana. Aunque la penumbra era densa, Gavina podía verlo bien.

Tomó la navaja y la esgrimió con su mano derecha, mientras con un solo movimiento se encaramó sobre el cuerpo de él, a horcajadas y le apretó el cuello, aunque no demasiado fuerte.


-Hola, perro –le dijo con voz melodiosa, sensual tal vez, y una sonrisa cuando este despertó, de seguro sorprendido al sentir el cuerpo de la cambiante sobre el de él-. ¿Estás listo para hablar? Mira que no me importa perder a mí también un ojo si con eso logro obtener unas cuentas verdades –dijo y acercó el filo peligrosamente a la mejilla ajena-. Vamos, díme, ¿qué sabes de la maldición? ¿Cómo puedo revertirla? ¿Qué debemos hacer?




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Mar Feb 27, 2018 12:10 am

Sus heridas fueron atendidas, un precio alto debía pagar por ello, se lo estaba encarando Dermot, disgustado porque lo halló de esa forma, sin importarle lo sucedido, ni quien tuviese la culpa, para él, solo su mascota era culpable y debía ser castigado. Pero ahora, necesitaba de descansar, reposar su cuerpo porque la sanación de las heridas se retrasó por lo mismo que fue llevado al límite, debía aguardar si quería pelear en cuanto llegaran, por lo que el cansancio le venció, fue arropado con una cobija que era muy extraño para él todo, desde que sintió la cama, hasta la limpieza del camarote, todo era nuevo, tanto que cayó a la somnolencia, inconsciente y sumido a un sueño profundo, perdido se dejó vencer. Sin percatarse al encontrarse solo, sus instintos cedieron al sueño y desapareció por completo lo de su alrededor, de la misma manera en la que fue vendado, realmente no noto nada y ¡hasta el desgraciado merecía un descanso! Pero parece que se niegan a concederlo, abrió sus ojos con esfuerzo, la pesadez de los párpados era superior, pero debía ver a la cara a esa maldita mujer. Llegando a molestarlo, y al parecer a descargar su ira, pero era imposible que alguien superara sus acciones, nadie le quitara esa burla que engendró cuando le conoció.

Sorprendido le apresan, imposibilitándolo a que se defendiera, físicamente las lleva de perder porque realmente él no quiso pelear. Fue al grado de que tranquilo se veía, sin costarle el verse amenazado, bajo el peligro de una navaja y un cuerpo corpulento aplastándolo, ¡parece que la hembra le gusta ser maltratada!, ya que regreso a él, pero la ventaja que tiene es que él posee la información, y si tanto quería saber de su maldición no lo mataría, además, no cree que sea tan estúpida de hacerlo porque se ha de imaginar que si lo mata, ella podría morir de igual manera. O quien sabe, si en breves momentos le hirió sin siquiera tener la menor idea de que la tonta se estaba haciendo daño hasta que lo sintió. ¡Vaya decepción! hasta en ese estado se place de salirse con la suya, y sonrió, hablando cuando se le diera la gana y no cuando ella lo demando, y el hablarle de esa manera, sería lo contrario. Lo va a poner en juego.

Así que al sentir el filo en su mejilla, lo que ejerció fue como era de esperarse para la bestia, ejerció presión sobre la navaja, abriéndose la piel y derramando la sangre. Como réplica a su interrogante, regresándole el golpe de la forma más malvada, diciéndole; ¿estas lista a perder el ojo?, escapándose un quejido de la más pura demencia y befa.

— ¿No se puede estar más estúpida, cierto?—, si se enojaba, no le importaba, no detendría sus movimientos, que le entierre la navaja porque seguirá igual. — Mata a uno de tus hermanos y sola se revertirá.

¿Fue capaz de decirlo? El atreverse a jugar con la vida de él, porque de los demás no le importaba, y el decir que mate a uno, es morir todos. Pero ella no especifico eso, sólo quería saber cómo revertirla, y se carcajeo, el sinvergüenza hasta pudo disfrutar de una erección, así con sus energías incompletas, se da el lujo de tener una eyaculación fugaz. — ¿Qué, no te convencen mis palabras? Pobre niña tonta, mírate. Hazlo, no tenemos nada que perder, ¡ah, no!, eso no, más bien no tengo nada que perder. Perdona, con eso de que si a uno le sucede, a los demás también, es la costumbre, no te ofendas. Pero, si en verdad quieres saber más, primeramente por ser mayor a ti, límpiame, me has provocado una segregación, y es la única prenda que tengo, así que comienza y mientras lo haces si me convences te diré todo o quizás algo de todo de lo que debemos hacer. ¿Tenemos un trato? Mira que tu madre, si, como lo oíste, tu madre sigue vive y sé dónde está.



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Vie Mar 23, 2018 11:23 pm

¡Maldito perro! ¡Cómo lo odiaba! La herida debajo de su ojo se había abierto y por eso ella sabía que él tenía mucha más experiencia que ella en aquello, en saber lo que eran y vivir en consecuencia. Ahora la sangre que brotaba de ella se mezclaba con la de él y eso la fastidiaba, no quería nada con él, ni siquiera ver sus sangres siendo una sola. Notó movimientos pélvicos debajo de su cuerpo, ¿se estaba frotando en ella? ¡Perro maldito! ¡Sucio y pervertido! Rápida se bajó de sobre de él y se alejó de la cama.

-Pero mira que eres cerdo, eh. ¡Soy tu hermana, cochino enfermo! –se pasó la mano por la herida del ojo, solo para constatar que ya se estaba cerrando gracias a la sanación acelerada, bendito don que siempre la salvaba-. ¿Y tan rápido acabas? Se te nota lo virgen, pero no quiero saber detalles. Mejor ponte a hablar, ¿qué es lo que nos ocurre? Anda no tengo toda la noche para ti, yo en este barco soy importante y tengo que trabajar.

Gavina tenía un plan extra por si aquello no funcionaba, aunque le daría otra oportunidad de hablar al perro, ya estaba comenzando a pensar en que debería involucrar a alguien externo en aquella pelea y que con la violencia no estaba consiguiendo nada, entonces terminaría por probar con la inteligencia.

-¿Que te lave? ¿Acaso no sabes usar tus manos? La patitas te fallan. A ver… siéntate, que la verdad no me importa hacerlo, ya necesitas un lavado, hueles horrible y así de oloroso no conseguirás ninguna perra que te haga los favores.

Se dirigió a la jofaina, el agua estaba fresca aunque no podía asegurar ella que estuviese limpia. La tomó y con ella un trapo, antes de volver junto al perro asqueroso que ya la esperaba con los pantalones bajos y una sonrisa en el rostro. ¿La creía estúpida? Gavina se acuclilló junto a él y mojó la extremidad del paño… pero con rapidez tomó el miembro de su hermano, apretando hasta que sus testículos se amorataron, como si fuesen a explotar.

-¿Me crees estúpida, perro? Adivina qué… esto no me duele pues no tengo pelotas –se rió con gusto, porque en verdad lo estaba disfrutando-, ¡te hiero pero no siento dolor! ¡Puedo burlar a la puta maldición! ¡Habla! ¿Qué es lo que sabes? ¿Dónde está esa hija de puta que no merece llamarse madre? Dímelo y yo misma volaré hasta ella para asesinarla, llevo deseándolo desde el día de mi nacimiento. Vamos, perro –dijo y apretó un poco más-. ¡Habla!




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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

Mensaje por Darren Farquharson el Dom Abr 01, 2018 2:20 pm

¿Que si era todo? No, apenas es el comienzo del infierno que le espera, ya de por sí la bestia carga su mal genio y el aparecer una media hermana, ya le complicaba más su situación, por ella y quien sabe por cuantos le aparecen las heridas y lo han llevado a descansar con castigos que el dueño le encaraba. Siendo muy salvaje con ella, el insinuarse con tremenda grosería, le divertía, la obligó a retirarse pero, ¡ah no!, ella tenía que someterse o no sabrá lo que le inquieta. Acomodándose en esa cama, tomó asiento en lento, aún su cuerpo no se reponía de lo que fue atentado, cruzándose de brazos y mirándola con una befa inmensa pero clara, solo se veía su mirada directa y pesada para matarla, y ¿si se preguntan de su segregación? Ha permanecido con porquerías por días, que eso no le perjudicaba pero sí existía esa necesidad de joderla.

— ¡Media hermana! Oh, acaso, ¿no lo sabías? Bueno, ya que lo sabes, no tienes de qué preocuparte, puedes limpiarme con libertad, ya que no creo que alguien en estas condiciones se haga llamar hermanos, hasta donde sé todos, cada uno de los que parió aquella son medios hermanos, tenemos a la misma madre pero del padre, créeme que eso ni ella sabe.— ¿En verdad no sabía nada? Siendo el caso se le subía el ego por ello, sacando ventaja y la ocasión ameritaba extremos, pero no le molestaba en absoluto sus comentarios. — Entonces, ¿por qué lo preguntas? Cuando me atrae una hembra ese es el resultado, me vengo tan rápido a tanta excitación, ¿no te ha sucedido?—, enmarca la ceja, sabiéndose quien tiene el poder, por lo que soltó una corta risa, — ¡ya te dije que con ese tono y la manera en la que lo pides no obtendrás nada!, dame algo a cambio, y como veras se demasiadas cosas, ya tu sabrás si quieres o no….

Y como observaba que no obtendría nada de él, comenzó a apaciguarse, saliéndose con la suya, mirando el cómo adquiría las cosas para proceder a la limpieza, al fin después de un rato lo hizo, tomó el agua y trozos de tela para hacer la higiene, y como buen perro, se descubrió la zona, detonándose su dureza y le dedicó una cínica sonrisa. — Para eso están los conocidos, para que te hagan favores, ya no te quejes y continua —; soltó un quejido en la última palabra, cuando ella le toco el miembro con la humedad de la prenda y el apretón forjado en sus dídimos, se desquitaba pero eso hacía que se mantuviera entretenido.

— Que lastima, ¿ni tan siquiera te causa una sensación, una alteración o algo? Que decepción.— Le observaba y miró directo a donde debían estar sus senos, si la morboseaba era el término correcto, pero con discreción en lo que ella le manoseaba con su detallada delicadeza (y eso para no ofender a la señorita con su salvajismo).

— Bueno, ya que lo comprobé, no haré que me hieran allí más, que tristeza que ni allí sientas, pero en el pecho estoy seguro que ha de ser una maldita sensación. Pero en fin, te burlas sin saber lo que posees, muy típico de un cambiante maldito, que va. ¡Oye!, no te permito que le hables de esa manera a mi queridísima madre; — Ordenó, alzando la voz y al tomar su brazo con cierta fuerza, imponiendo su voluntad, solo él podía hacerlo o que, ¿cree que la amaba de verdad? Ni una mierda.

— Nadie puede tocarla, ni tu ni nadie que venga a decirme que tiene derecho por ser de su estirpe, ella está bajo mi propiedad, está conmigo, espera. No está aquí, pero si la deje en un lugar seguro donde no pueda escaparse. ¿Quieres saber más de ella?… Es una gitana con una extraña magia, maldita está púes su mal lo ha arrojado a todos sus críos, motivo por el cual fue perdiendo ese poder al irnos maldiciendo, ella me confesó, claro siendo mentiras pues no soy un idiota, que matando a uno se terminaría nuestro lazo, pero eso es una vil venganza, y lo comprobé contigo, si mató a uno, nos morimos todos. Ahora, ¿puedes ver estos signos, estas marcas sobre mi piel? Ella lo ha estado haciendo, pero se está debilitando, no se que clase magia emplee, porque bruja no es, y si buscas la cura a esto, se debe de averiguar por otra parte porque ella, sol esta buscando la manera de matarnos, para que su poder regrese a ella.  

Estaba siendo piadoso al otorgarle ese tipo de información, claro no le dirá todo, solo lo que le convenía, tenía que hallar la manera él solo, porque quizás  solo uno de ellos podrá liberarse y no todos, tenía que ser precavido.  



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Re: La sangre que en el mar se esconde | Privado

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