Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Mahdi el Dom 10 Sep 2017, 07:29

Para vivir no hay que tener memoria.
Jaime Sabines.


Mahdi nunca se quejaba. ¿De qué le serviría hacerlo? Todo lo que le ordenasen cumplía ella sin rechistar, sin mostrarse inconforme. Sus años como esclava –pocos, porque en verdad era muy joven- le habían enseñado todo lo que sabía de la vida. No mirar a los ojos a los blancos y no quejarse ni expresar opiniones sin que se las pidiesen, eran pautas vitales que le habían salvado los cueros más de una vez.

Ella era planchadora, la mejor que había y por eso la habían comprado los sacerdotes de la pequeña iglesia. ¿Por qué entonces la enviaban a la orilla de la laguna a lavar? Para colmo de males, era el grueso del lavado mensual –sábanas, cortinas y los trajes especiales de los tres sacerdotes que vivían en la sacristía-, por eso era tan pesada la carga. La muchacha ya no podía sostenerla en sus hombros todavía resentidos y había acabado por bajarla y arrastrarla por el suelo arenoso. Ya casi podía ver el pequeño sector de la laguna, casi escondido, donde las negras –porque pocos eran los esclavos hombres a los que se les asignaba aquella tarea- se reunían para hacer los lavados.
Para el diario, el viejo Tuor –otro esclavo de la iglesia a la que Mahdi pertenecía, el encargado de lavar- acarreaba el agua y lo fregaba directamente en el patio trasero.
Pese a que temía hacerlo mal, pues no tenía experiencia casi en lavar en aquellas aguas, Mahdi se alegró de haber tenido que cargar ella con aquella tarea, el bulto era muy pesado y Tour estaba anciano ya, no podría resistirlo. Al menos, sabía que lo había salvado de que se dañase la espalda.

La tarde era fría, el sol ya se escondía y casi no había esclavos en la zona pues la hora del lavado había pasado ya. ¡Se había demorado demasiado en el camino! ¡Las negras ya estaban acabando sus respectivos asuntos y ella aún no había empezado! Sin pensar demasiado, Mahdi se metió en el agua hasta las rodillas y allí mismo deshizo el lío de ropa. Una decisión para nada acertada, poco inteligente, dado que todas comenzaron a flotar sin control y a ella no le daban las manos para impedir que la ondulante corriente se las llevase. Alguien detrás suyo se rió de su torpeza, pero ella no prestó atención porque no podía perder tiempo en eso. Temblando volvió a la orilla y tomó solo dos prendas. Sacó el polvo floral que había comprado en la botica, ese que perfumaba las telas, e hizo lo mejor que pudo para que los trajes de los padres quedasen impecables.


“Oh, cuando regrese todo esto estará mojado y me pesará el doble”, pensaba ella cuando la primera de las piedras impactó en su hombro.

Le daba la espalda a la orilla y así permanecería. Mahdi no era una negra problemática, todo lo contrario… Por lo que prefería fingir que nada había ocurrido. Que aquella pedrada no le había dado justo en una herida que a penas estaba cerrada (pues no hacía mucho que la habían castigado dándole latigazos). Respiró profundamente y se volteó, siempre con la mirada baja. Temblando, por el frío de las aguas y por el temor, Mahdi dejó la ropa ya limpia y tomó los cortinados que eran mucho más pesados y gruesos. Antes de voltear para volver a las aguas pudo oír nuevas risas, parecían ser adolescentes los que se burlaban de ella… de seguro esclavos de su misma edad que holgazaneaban en lugar de trabajar. Mahdi no los miró, no se atrevió… Pero en cuanto giró otra piedra le llegó, esa vez rebotó en el agua a su lado, pero no tardó en seguirla otra más que impactó en su nuca y la desestabilizó. Las risas y los insultos no tardaron en llegar:

-¡Negra sucia! ¡Negra llena de piojos! –le gritaban mientras una lluvia de piedras caía sobre ella que no tenía escapatoria: delante el lago y su profundidad, detrás estaban ellos dos o tres.

Mahdi tomó una decisión valiente, aferró los cortinados y se volvió dispuesta a tomar todo y salir corriendo del lugar. Mas no pudo hacerlo, en cuanto alzó la vista, los dos jovencitos –blancos y con apariencia de callejeros- estaban ya casi sobre ella.


-No me lastimen… por favor, me iré –intentó rogar, pero era tarde.

Los muchachitos se metieron en la laguna, la aferraron con violencia y le hundieron la cabeza en el frío lago mientras reían como si acabasen de oír el chiste más gracioso de la historia.



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Benko Biohó el Dom 08 Oct 2017, 09:14

Decían que los cimarrones, y sobre todo los que provenían de la Guinea Portuguesa, se creen amantes de la soledad en una montaña, porque ahí se vivió con desnudez y con límites de orden, distintos de la naturaleza pero compatibles para ella, viviendo una libertad sin atadura alguna más las propias que se engendraron por no ejecutar una acción, que era motivo por el que estos se terminaban en suicidar en los barcos negreros antes de que se les arrebatará esta ideología. Y exactamente así era, vale más la libertad, que el sometimiento, ese valor que se proclaman como personas es sumamente valioso como para que alguien se las denigre. Como lo hacían con Benko, por un precio alguien lo obtuvo, como una maldita cosa a la que pueden mover de un lado a otro. No ha pasado ni dos días, cayó enfermo y aún sin recuperarse, ha salido de su cobijo, se siente impotente, una total indignación por caer en aquel lugar, atado de manos, sin poder realmente hacer lo que su sangre aclama; libertad, combatir y proteger a su etnia.

Entre el tiempo en el que comenzó a caminar, desconocía el trayecto, y si se perdía, quizás fuese lo mejor, pero lamentablemente podía reconocer el camino de vuelta, su memoria siempre era asombrosa, y el recorrer el área le permitió conocer algo más allá de esa residencia, su gente y los labores. Porque a pesar de su estado, se cometió a ejercer tareas que quizás solo serán asignadas a él, no era un inútil, y más que nada lo ejecutaba como pago por la comida, por el techo y ciertos cuidados otorgados. Aunque jamás lo ha dicho, aquella mujer le salvó la vida en el momento en que le quiso comprar, ya estaba destinado a morir, y todo cambio. Es por ello que hasta ahorita está soportando, necesitando de buscar respuestas, comprender lo que el mundo le tiene para él, y el significado de su visión requiere, era ella la clave de ello, y debía averiguar.

Siendo algo curioso el paraje, sin percatarse se estaba guiando por las demás esclavas que iban hacia una lagunilla, recordándole a su antiguo isla, el cómo acompañaba a su mujer a dejar la cesta de ropa para que lavara, brindando ayuda a algunas para que no cargaran la pesadez de esta y lo peligroso que resultaba caminar en esos rumbos. Más, ahí, vio a su compañera, se acercó a ella y sin escuchar las quejas le tomo la cesta mientras le encaraba su estado de salud, y que debía regresar, pero ni una palabra la considero, solo prosiguió y no tuvo remedio que enseñarle el camino. Descendían, profundizándose en las aguas, percibiendo el aire frío y el clima que no podía acostumbrarse, el aura era pesada para él, y el caminar descalzo ahí (solo por costumbre, la tierra parecía aguardar la tibieza). Le ayudo a lavar las prendas, ambos apoyándose para terminar lo más pronto posible, pero comenzaba a sentirse un poco mareado y se fue a reposar, ya quedaba poco, pero ya comenzaban a retirarse las demás, quiso volver a ayudarle pero se negó, ya estaba terminando y en cuanto unos gritos se oyeron, y algunas muchachas apresurando el paso para salir de ahí, por miedo, y asustadas. Rápidamente su compañera le detuvo, ya comenzaba a conocer al cimarrón pero bien sabía que era inútil detenerlo, se alzó, pidiendo que regresara a la casa y camino hacia la orilla, pues estaba sentado es una especie de roca formulada como lavadero, y en cuanto salió, corrió.

Lo que sus ojos observaron, le enervaron la sangre, un enojo, una maldita rabia, le hizo explotar y gritó. — ¡Suéltenla! —. Su gravedad en la voz se escuchó, enferma pero fue suficiente la fuerza para que le escucharan, embravecido que no se esperó a que obedecieran, tomó a uno de los malcriados y fue de la nuca que le jalo, donde el otro le arribó un puñetazo en la cara, era fuerte pero se topó con un animal, por lo que no fue lo suficiente para que soltara a su compañero, hizo lo mismo que hacían con la mujer, hundirle la cara en el agua, ahogándolo mientras trataba de detener el otro que le golpeaba… —Toma tus cosas y sal de aquí, regresa a tu hogar… —, le pidió a la muchacha, quien le miraba con las heridas, y la sangre en la frente, había sido lastimada, y no permitía que ofendieran a una mujer, y más a alguien como ella.

Impulsado soltó al que sostenía y se fue en contra del otro quien quería detener a la muchacha, le golpeo y con solo uno quedó inconsciente, así le dio oportunidad en ir por el otro, pero fue ella quien le hizo soltarlos y ayudarle a salir de ahí, al parecer el equilibrio no lo manejaba, y por un instante iba a dejarlos, hasta que le iban a soltar un golpe por la espalda a Mahdi, y se interpuso, recibiéndolo, formulando una barrera, se quedó con esos dos, ya estaba consciente el que había caído, y si fuese por su naturaleza los habría asesinado ya. Sin embargo, huyeron los cobardes, vieron que no podían contra él, y entre amenazas, y maldiciones se largaron.

Él solo tomo la ropa que flotaba en el agua mientras caminaba para salir de ahí, y tomo a la joven del brazo, ayudándole a ir a la orilla. — ¿Estas bien? Siéntate, yo me encargo de ello, deberías lavarte y arreglar tu ropa…—Le detuvo cuando vio cómo acomodaba la ropa en la cesta, y lo hizo por ella, no tenía las palabras suficientes para remediar lo que le habían hecho. — No debes sentirte mal por lo sucedido, fuiste muy valiente, y deberías aprender a defenderte físicamente. No permitas que nadie te lastime.

Le hablaba para que se calmara su temperamento, si, estaba molesto, la ciudad era un mundo injusto, con animales en vez de personas, ya que los que eran seres humanos eran los negros después de todo.  



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Mahdi el Sáb 18 Nov 2017, 06:00

No supo de dónde había salido, pero sí que gracias a él y a su intervención ella ahora podía respirar. Se sentía mareada, tal vez por los momentos que había pasado sin aire bajo el agua gracias a la mano opresora, y pese a que oyó que él le decía que se moviese, que se pusiese a salvo, a Mahdi le costó obedecer. Retrocedió lentamente, sin poder apartar la vista de aquella golpiza, hasta que uno de los tipejos quiso volver sobre ella y recién en ese momento pudo tomar dimensión del peligro que la rodeaba.

-¡No, por favor! –gritó, asustada, pero el esclavo volvió a socorrerla y le sacó al tipejo justo a tiempo.

Los golpeaba con fiereza, dándole la lección que de seguro se merecían esos dos, pero Mahdi tenía miedo por ella y por su salvador pues los dos muchachitos eran blancos, ¡el esclavo golpeaba a dos blancos! Eso sin dudas les traería problemas. Quiso pedirle que se detuviera, que pensara en que de seguro el castigo de sus amos sería terrible, pero estaba tan asustada que no podía hablar. Rezaba en silencio y a toda velocidad mientras apretaba con fuerza los dedos de sus manos que se entrelazaban en actitud de súplica. Dios tenía que oírla, ella siempre había sido buena, se confesaba cada semana... ¡Dios tenía que oírla y ayudarlos a ambos pues aquello que vivían era una injusticia! ¡Los blancos habían empezado sin que ellos les hiciesen nada y el Cielo lo sabía!

Hacía mucho tiempo que Mahdi no experimentaba el alivio que sintió cuando vio que los muchachos al fin se largaban, asustados e incluso uno cojeaba. Al fin pudo soltar el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta y sintió como si su cuerpo se aflojase de pronto, tanto que si el otro esclavo no la hubiese ayudado a salir del agua ella no habría podido direccionar correctamente sus piernas hacia la orilla.


-Gracias –susurró, pero él no pudo oírla pues se lanzó a recoger por ella la ropa de los sacerdotes. ¿De dónde había salido un negro tan bondadoso?

Mahdi se tocó la nuca y se asustó al verse los dedos con sangre. Respiró profundo y tomó la punta de sus enaguas para limpiar con ella la herida que se le había abierto. No le importaba que sus piernas quedasen al descubierto, sus amos anteriores la habían vejado tantas veces que ya había perdido el sentido del pudor.
Cuando él se acercó a ella, Mahdi bajó la vista avergonzada por todo lo que él había hecho para socorrerla. De seguro se iba a meter en problemas cuando sus dueños le viesen llegar algo magullado, no cualquiera hacía algo así por un compañero, sin dudas aquel negro era valiente.


-Gracias –le repitió-, me has salvado, es difícil defenderse, en verdad estoy acostumbrada ya a que me lastimen –reconoció con pena-. Soy Mahdi –se presentó, atreviéndose a alzar la mirada hacia sus ojos, tuvo que estirar el cuello pues era realmente alto en comparación con ella-, esclava de los sacerdotes de la iglesia del centro. ¿Cómo te llamas? Nunca te había visto antes por la laguna –pensó que de seguro era nuevo, pero se cuidó de no mencionarlo porque entendía que los primeros tiempos eran siempre los más dolorosos para un esclavo, no era fácil para nada adaptarse a los cambios de la nueva gente a la que servía-, ¿quiénes son tus dueños?



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Benko Biohó el Miér 29 Nov 2017, 02:57

Tristemente las mujeres eran consideradas de lo más bajo en otros mundos distintos a los que ellos conocen, siempre trataba de hallar la manera de denigrarlas y no se diga de igual manera a los hombres, pero por el hecho de que son indefensas ellas, se adjudica la mayor gravedad, así como fue tratada aquella mujer, la mayoría sufre de ello, y cuando eso llegó a suceder en la bahía Biohó, los asesinaba, allí tenían reglas, y nadie podía ofender a su raza, y mucho menos a su tribu. Portando en esa isla un legado, que; toda la familia se procura y venera, y es como no permitía que las injusticias pasaran por su presencia, a nadie se le daba el derecho de maltratar. Sin negar el dolor padecido por recordar a su familia, las mismas palabras que ella arrojó, siempre eran las mismas y al final las escuchó de su mujer, de sus hijos. Cayendo en la misma tragedia una vez más.

Más fue un alivio que escaparan los blancos, porque de haber permanecido un poco más, podría haberlos matado, y ahí volvería a las andadas con quien le debe un favor, esa mujer que le salvó. Y darle una carga como esa, sería volver a reiniciar la cuenta para saldar la deuda, lo peor es que, su rabia, y el coraje que desató, no le permitió pensar más allá, sabe que habrán consecuencias de esa acción, y no quiere que por su culpa la mujer pague por ello, así que al mirarle, reconoce que el miedo le recorre, y sabe por qué al igual que él.

Tras recoger la ropa del agua, el ayudarle a sostener la canasta y mirarle herida, indefensa y peor, maltratada. Solo negó, no le gustaba escuchar decir la palabra gracias, y más que fuese dirigida a él, debía ser la ayuda algo mutua, sin esperar nada a cambio, que sea un valor más como humanos, y se disculpó primeramente, porque lo peor se avecina, y ambos lo saben.

— No tienes que darme las gracias, no debieron hacerte esto, ni nadie puede hacerlo, pero dado que somos diferentes en este lugar, creen tener el derecho de apoderarse de uno, no debe de ser costumbre ser tratado de esta manera, y menos tú, siendo mujer.

Sostuvo aquellas irises, una humildad hermosa se posaron en su brillo, y comprendió por qué después de saber a quienes servía. Más aún no está y ni lo estará, familiarizado con dueños, él dejó en claro que no era de nadie, solo iba a devolver lo que han hecho por él.

— Soy Benko Biohó, recién he caído a este lugar, y alguien me compro. La señora Toussaint, es a quien sirvo, solo pago una deuda. No somos esclavos de nadie, ni dueños tenemos, recuerda quien eres y de dónde eres, nadie podrá arrebatarte eso Mahdi, y tratándose de sacerdotes, espero que seas cuidada por ellos, esos blancos no dejaran esto así, regresaran y trataran de terminar lo que no pudieron hacer hoy. Debes cuidarte y evitar andar sola. Así que guíame, te acompañare hasta que estés en tu refugio.

Jamás se olvida la naturaleza de uno, y es como es inevitable actuar como un líder, esa es la manera en la que protegía a su etnia, combatiendo las injusticias y ayudando a quien más lo necesitara, y ahí lo ejemplifico, con Mahdi.



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Mahdi el Sáb 20 Ene 2018, 01:08

No le costaba trabajo recordar quien era, por el contrario: Mahdi recordaba demasiado rápido, demasiado bien, y eso –recordar su pasado- muchas veces la llenaba de angustia. Era, o había sido en su primera vida, la hija menor de un hombre blanco que amó con locura a una negra libre. Era Mahdi, la consentida de su padre, la adorada de su madre. Mahdi, la hermana pequeña de Armgard, la mejor nadadora de su ciudad. Armgard, la más bella de las muchachitas, Mahdi siempre había querido ser como ella. A veces, cuando tenía oportunidad de ver su reflejo en alguno de los ventanales de la iglesia, mientras los limpiaba, Mahdi intentaba encontrar las similitudes entre su rostro, ahora casi adulto, y el que recordaba de su hermana. ¿Se parecían? A veces soñaba que se la encontraba en el mercado, a ella o a su madre… Soñaba que se abrazaban, que los sacerdotes decidían comprar más negras y que al fin podían volver a estar juntas las tres. Pero no era una posibilidad, cuando su padre murió ellas quedaron sin refugio alguno, las separaron y ya no volvieron a verse.

-Sé quién soy –le dijo a su nuevo amigo-, pero me duele pensar en eso. Sí pienso en que, al menos, los sacerdotes me cuidan más que mis dueños anteriores y la comida es mucho mejor también. ¿Te dan buena comida a ti? Eso es algo importante, igual que el abrigo a la hora de dormir… ¿tienes?

¿Qué le importaba a ella todo aquello? Podría simplemente apurarse por llegar a la iglesia para que los sacerdotes no notasen su demora y acabara ella castigada, pero no. La muchacha no era así. Mahdi siempre se preocupaba por los demás y saber que Benko era nuevo en la ciudad la había llevado a necesitar asegurarse de que sus dueños fuesen buenos con él. Si no era así ya vería cómo poder ayudarlo, después de todo estaba en deuda con él.

-Conozco a los Toussaint, gente rara –lo último lo susurró, chismosear no estaba bien y hablar mal de otras personas, para peor blancos, era pecado y esa era una lección que Mahdi ya había aprendido a fuerza de latigazos, pues se había ganado cuarenta de ellos cuando el padre Jean la oyó criticando a una de las feligreses-. No viven lejos de la iglesia, así que podremos volvernos juntos. Acompañarme a mí te quedará de paso. Igual, no creo que esos muchachitos se atrevan a buscarme en la iglesia, estaré a salvo… pero me temo que no podré volver a la laguna en varias semanas. ¿Cómo se lo explicaré a los curas? –se llevó una mano a la frente, preocupada.



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Benko Biohó el Dom 04 Feb 2018, 02:27

Siempre había atesorado la humildad y la bondad de las personas, era sorprendente la manera en la que ponen primero a los demás y al último, a ellos mismos, sin importar la situación en la que se hallen, ayudan, y agradeció que Mahdi fuera de esa manera. Y no pudo más que sonreír, porque su preocupación la percibió, y quiso conocer acerca de ella, deseando que la vida no fueses cruel como la que él llevó. Sin embargo, eso sería imposible, pues el caer en ese lugar y en el modo en el que están, todo dice que las desgracias solo llueven a los negros.

— Y, ¿quién eres, Mahdi? —, cuestionó de manera respetable, como se le habla a un compañero confiable, con buenas intenciones. Sin importar el camino que fuese corto, trataría de avanzar lento con tal de escucharla. Pero era dudable por ella, y por él. Si notan que están ausentes de sus labores, ella más que nada tendría consecuencias. — Lamentablemente conocen el dolor con toda magnitud, pero es bueno recordarlo, mi difunta esposa me decía que jamás debemos perder la esperanza. —, ese era el valor que se caracteriza a mujeres como ella, que uno sea capaz de abrirse sin dudarlo. — No debes porque preocuparte por ello, debo agradecer en ese sentido, ella es amable con todos, hay un techo, comida, y atención de su parte. Hasta eso, admito que no es como los demás dueños —. Hasta ahorita lo pensó, que Lusbella no era nada comparado con los que golpean, dejan arrinconados y con comida limitada. En ese momento, pudo notar la diferencia con exactitud. Y, si, era gente rara, pero común ante los modales de alguien que no discrimina.  

Pero, volvió a sentir esa intranquilidad, ella debía regresar y por educación no lo pedía, por lo que asintió, retomando el paso hacia la Iglesia, es ahí donde iría primero. Prefería pedir disculpa (porque está consciente que ya demoró y debía su compañera estar intranquila de que no ha llegado), que permitir que algo más le sucediera a ella. — Vamos, te dejare ahí y solo me dices qué camino tomar después, no conocía este rumbo y mi guía se adelantó. Es la desventaja de ser nuevo por estos lugares. —, pidió, queriendo quitar un poco la tensión que se percibió — ¿Si les dices la verdad crees que ellos entenderán? Si crees que no es conveniente, no te preocupes, puedo pedir que me encarguen la tarea de x, a ella le toca lavar la ropa, por algún tiempo lo hice cuando enfermó mi compañera. Entonces no habría necesidad de que vengas sola, podemos ir a la laguna juntos… Para todo hallaremos una solución.  

Confió en que si pidiendo una tarea más, Lusbella le diera la oportunidad, quería arriesgarse a hacerlo, sin pensar en que terminaría más tarde de lo normal sus tareas, pues no descuidaría las ya asignadas. Y estaba hecho todo, solo era cuestión de intentar hacer lo imposible.



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Re: La libertad no tiene voz | Privado

Mensaje por Mahdi Ayer a las 01:05

Ese Benko sí que era extraño… pero a Mahdi le caía muy bien, claro que podría deberse a que le acababa de salvar la vida, que si no fuera por él esos salvajes blancos la hubiesen torturado. Pero había algo más, algo en sus palabras, en su forma de mirar… Benko parecía ser libre todavía y no se trataba de una forma de negación, no era una forma de no querer ver lo que era ahora que lo habían capturado y vendido pues parecía saber bien lo que ocurría ahora en su vida. No. Benko era libre. Había algo en él que no había muerto en el barco negrero, algo que no le habían podido robar todavía.

-Soy una esclava –dijo lentamente, porque era obvio-. Mahdi, la esclava de los sacerdotes. Yo no pierdo la esperanza… pero no sé en qué la tengo puesta. Solo quiero no ser castigada, vivir bien. Que mis amigos estén bien y que no nos vendan así no tenemos que separarnos…

Le contó aquello que era importante para ella, pero mientras hablaba se dio cuenta lo pobre que era su vida. Toda esa charla le había hecho recordar que una vez había sido una niña llena de sueños y que ninguno de ellos se había cumplido.

Caminaron juntos mientras conversaban y los minutos volaron, a Mahdi le pareció que jamás había hecho ese camino tan deprisa y era una lástima porque si por ella fuese se quedaría hablando con él por mucho tiempo más. Pero era tarde y los sacerdotes se estarían preguntando qué había ocurrido con ella.


-Espero que me entiendan –le dijo, cuando él le preguntó por los sacerdotes-. Verás, todo depende de quién me encuentre. Si es el padre Jean de seguro me castigará dejándome sin comer dos días, para que el ayuno me purifique el alma pecadora. Pero si es el padre Francis de seguro quiera oír la historia y hasta sería capaz de buscar a los muchachitos esos para sermonearlos… Solo ruego que esté el padre Francis esperando –dijo, elevando su rostro al cielo y pidiéndole eso al Creador-. ¡Me encantaría volver a verte! Para mí ya eres como un amigo, aunque solo nos vimos hoy, Benko. Y en verdad necesitaré tu ayuda, pues ellos te temerían y me dejarían lavar en paz.

Ya había oscurecido considerablemente y, aunque le daba mucha pena porque le hubiera gustado que él le hablase más de su familia, de su esposa, Mahdi comprendía que debían despedirse.

-Gracias por todo, Benko. Que lindo es conocerte, si te sirvo de ayuda para algo solo dímelo –le pidió y le dio un cariñoso apretón en el brazo-. Mira, la casa de los Toussaint es todo derecho hasta llegar a la colina, cuando llegas giras a la derecha y subes. Es la segunda casa, una muy grande… Bueno supongo que la reconocerás, pues vives ahí –se rió y le agradeció una vez más antes de entrar corriendo, con la cesta debajo de un brazo, al terreno de la Iglesia.


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