Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Blod samtaler blod (privado)

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Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Höor Cannif el Jue Sep 14, 2017 4:02 am

La puerta del gran salón se abrió de golpe, Atharal se acercaba con una pequeña misiva entre sus manos dando zancadas hacia mi posición con el rostro desencajado.
-Señor, el cetrero me ha entregado esto, es urgente viene del condado de Hedmark.
Tomé el pequeño tubo donde se encontraba la misiva y sacándola lo desenrosque para leer su corto mensaje.
-Prepara las tropas Atharal -dije alzando la mirada hacia mi general -El condado de Hedmark esta siendo asediado y atacado por Randulf.

…........................................................................................................................................

El ruido del acero chirriaba furioso en nuestras vainas, las armaduras de placas anunciaban la inminente batalla.
Un día a caballo sin descanso separaba ambos condados, esperaba que aguantaran lo suficiente como para que por la retaguardia pudiéramos coger por sorpresa al ejercito de Randulf y salvar así al conde de Hedmark.

Pasada la primera luna ya podíamos ver las fronteras de Hedmark, así como el fuego que salia de sus tierras, la guerra había empezado y era cruenta, espoleamos los caballos mientras desenvainábamos a la carrera rugiendo de forma ensordecedora.
Los hombres que ya habían cruzado el rastrillo de la fortaleza se giraron al vernos llegar y alzando los escudos trataron de imponer un muro para evitar ser arrollados por nuestras monturas que al galope impactaron con los escudos.
Muchas de ellas cayendo ante las afiladas espadas que de estos emergían, otras traspasando la muralla y abriendo así la formación para facilitar el paso a los que desde atrás entraban a toda velocidad.

La batalla era a melé, acero contra acero, rugíamos los norteños por alzarnos con la victoria.
El patio de armas estaba lleno de cuerpos muertos, de sangre, una masacre en la que los hombres con el escudo del águila de Hedmark habían caído en su mayoría.
De seguro muchos de los bárbaros de Randulf ya habían emprendido el camino hacia la torre del homenaje, el lugar donde el conde y los soldados se habrían replegado.

Me fui abriendo paso a golpe de mandoble seguido por Atharal, Ulf y Kala mientras íbamos ganando posiciones ante los invasores.


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Thyra el Vie Sep 15, 2017 1:00 pm

Todo empezaba a desmoronarse desde que Randulf había decidido atacarnos ante las continuas negativas de mi padre para unirse a su ejército y que entrara el condado de Hedmark nos había llevado a la situación que se nos presentaba frente a nuestros ojos. Con las primeras luces del alba, cuando el sol se asomaba por la linde del horizonte el cuerno sonó anunciando la vista del ejército que se acercaba hacia nuestras fronteras y hacia el castillo en el que vivíamos y que había pertenecido a la familia de mi padre desde tiempo inmemoriales. Me levanté de la cama con rapidez asomándome por la pequeña balconada que tenía dándome cuenta de que el ejército podía verse aproximarse desde aquella altura. Perfectamente alineados y vestidos de negro el ejército se acercaba de manera implacable haciéndonos saber que Randulf había decidido arrasarnos ante las negativas de mi padre, él jamás cedería ni sus dominios ni su ejército a alguien que pudiera destrozar y destruir las tierras que él amaba, mi padre jamás se arrodillaría ni claudicaría ante la tiranía de Randulf, su amor por las tierras norteñas corría por sus venas y preferiría morir antes de entregárselas, eso jamás sucedería y le había quedado en claro al rey que ahora nos mandaba a su ejército... si no podía hacer que nos uniéramos nos destruiría... pero plantaríamos cara, los Hagebak jamás nos dábamos por vencido.

Me vestí con rapidez saliendo de la cámara para encontrarme por el pasillo a mi hermana Eyra quien ya estaba vestida y preparada para la batalla, como siempre llevaba esa imponente alabarda que padre le había regalado hacía tiempo y que ella portaba orgullosa. Sus ojos se encontraron con los míos e hizo un movimiento de cabeza hacia mí como dándome a entender que me preparara, que debíamos de luchar por proteger Hedmark. No era la primera vez que nos uníamos en el campo de batalla, juntas formábamos un equipo bastante bueno aunque a mi hermana la impulsividad le podía y no pensaba con claridad en el campo de batalla, se dejaba llevar demasiado por sus instintos mientras que yo la cubría lo que podía con mis poderes desde la distancia. Ella mucho más atrevida y con un arrojo jamás visto que le era predecesor y que había hecho que muchos, si no la gran mayoría de los hombres, la respetaran y la temieran por lo que era. No por nada le habían apodado “mørk død” (muerte oscura), reconocía que incluso hasta a mí a veces me costaba asimilar la forma de luchar que tenía mi hermana, sin duda alguna algún día no muy lejano sería la mejor general que mi padre pudiera tener en sus filas. Juntas nos encaminamos hacia la sala principal donde atendían los asuntos importantes viendo que en la mesa de madera ya estaban algunos soldados de mi padre reorganizándose para distribuir las tropas y preparar las defensas.

Me quedé a un margen observándolos y mi hermana no tardó en incorporarse junto a mi padre para ayudarlo tácticamente, ella era quien de las dos más experiencia tenía y padre la escuchaba mucho más a ella que a mí, yo por lo general me quedaba en la retaguardia con mis poderes que había estado dominando desde que la magia cobró vida, podía manejar los elementos naturales con lo que ayudaba bastante en una batalla, pero debía de poner toda mi atención y concentración para no dar a los míos. Los oía hablar cuando madre se acercó hacia donde yo estaba, aferró mi brazo con fuerza y vi la preocupación en su rostro, la entendía perfectamente, su marido y sus hijas iban a la batalla contra un rey que había arrasado allí por donde había pisado, mis dedos se deslizaron por su mejilla antes de que padre la enviara a salvo en la torre del homenaje junto a algunos guardias, a nosotras nos necesitaba en el campo de batalla.   No me moví hasta que todo estuvo planificado y los soldados se fueron para reorganizar a los hombres y observé a padre ponerse la armadura y coger esa espada con la que tantas batallas había ganado, junto a su escudo nos miró a ambas y le hizo un gesto a Eyra quien asintiendo levemente salió deprisa de la sala dejándonos a solas.


-Mi querida Thyra
–dijo aproximándose hacia donde me encontraba, sus dedos recorrieron mi rostro mirándome con esos ojos, unos que yo no había sacado pero que mi melliza por el contrario sí lo había hecho, yo era mucho más parecida a madre- quiero que me prometas algo –su voz sonaba firme y segura y no pude evitar fruncir el ceño sin saber qué iba a decirme- necesito que te pongas a salvo si no podemos contenerlos –fui a separar mis labios pero él me calló poniendo su dedo índice sobre mis labios- prométeme que si no podemos contenerlos y logran traspasar nuestras murallas te alejarás –negué con la cabeza- es una orden, Thyra. No permitiré que mis hijas engrosen su ejército y que te obligue con el poder que tienes a que asoles y destruyas estas tierras. Sé que Eyra no me hará caso pero tú sí, eres mucho más cabal que ella... prométemelo –aferró mi mentón con sus dedos y me hizo mirarlo de forma fija, ¿cómo podía decirle que no? No podía y, de mentirle, él vería la mentira en mi rostro.
-Te lo prometo –algo más tranquilo tras mi promesa besó mi frente y comenzó a andar para salir del lugar y yo lo seguí preparándonos para la batalla. Como siempre Eyra estaba en primera fila junto al general del ejército y yo me quedé más en la retaguardia. Todo estaba preparado y listo para defender lo que era nuestro pero, ni incluso así, fuimos capaces de detener y parar lo que aconteció cuando comenzó la batalla. El rey Randulf había mandado todo lo que tenía para terminar con nosotros y asolar Hedmark, borrarlo del mapa y lo estaba consiguiendo. La batalla fue más cruenta y dura de lo que habíamos pensado mientras él nos golpeaba con todo lo que tenía, los hombres que teníamos no eran suficientes para frenar su avance y aunque resistíamos y matábamos a muchos de los suyos eran tres veces más de los que éramos nosotros, nos hacían retroceder aunque lo intentábamos con todas nuestras fuerzas. Protegida ahora por mi hermana quien se encargaba de que nadie se acercara cerré los ojos y concentré todo mi poder con las manos extendidas, sentí la energía de la tierra, las vibraciones del aire, la nubes que portaban sus gotas de lluvia y los truenos que desde lejos se oían en la distancia. Había dominado mis poderes justamente para eso, para momentos como aquel, me aislé lo que pude de los ruidos de la batalla: los martillos chocando con los escudos, las espadas cercenando la carne y desgarrando, los caballos y sus relinchos, el sonido de sus pisadas corriendo sobre la tierra... me aislé de todos ellos y reuní mis poderes concentrándolos, Thor nos acompañaba en aquella lucha que llevábamos con sus rayos, iluminando el cielo que se tornaba cada vez más oscuro, mis ojos cerrados murmurando unas palabras conjurando aquellos poderes de la naturaleza, fuerte y devastadores, hasta que finalmente alcé mis manos al cielo donde tronó un rayo y como si yo misma empuñara el martillo de Thor mi mano fue en una dirección hacia una de las filas enemigas, el rayo siguió el trayecto de mi mano haciendo una línea durante apenas unos segundos pero suficientes para derribar a muchos enemigos. No paré en ningún momento y pude ver de reojo como Eyra mataba sin piedad a los enemigos que intentaban acercarse hacia donde yo me encontraba hallando únicamente la muerte. Volví a concentrar mis poderes y cerré los ojos creando sendas bolas de fuego en mis palmas que cada vez crecían y crecían más hasta que finalmente las lancé contra el enemigo quemando una línea frontal de ellos que se quemaban bajo sus armaduras por el fuego, pero ni incluso así sus tropas disminuían y nos iban ganando terreno poco a poco. Tuvimos que recluirnos en las murallas del castillo para poder aguantar y fue entonces cuando mi padre se acercó hacia donde yo estaba, mis fuerzas habían menguado pero ni de lejos estaba vencida.
-¡Thyra! –Sus pasos rápidos hacia mí hicieron que levantara la mirada hacia él- necesito que mandes un cuervo con una misiva a Akershus –sus manos se apoyaron en mis hombros y con sus pulgares recorrió la piel que quedaba al descubierto de la armadura- necesito que solicites ayuda al conde Cannif, es joven pero sé que acudirá a mi llamada para ayudarnos, juntos podremos parar el avance de Randulf en Hedmark... ¡vamos, ve! ¡No tenemos tiempo que perder! –Me dio un pequeño empujón para que reaccionara y fue entonces que me giré corriendo por los pasillos para poder mandar ese cuervo, por mi camino me encontré con aquel joven soldado que me había robado el corazón una vez, sus ojos azules se quedaron preocupados observándome correr y paró mi avance tomándome de la muñeca. Habíamos tenido algo durante un tiempo pero nos habíamos dado cuenta de que, para los dos, lo mejor era dejarlo todo en una amistad antes de hacernos daño y estropear todo lo que habíamos tenido. Podía leer que estaba preocupado, por mí sobre todo, así que aferré mi mano con la suya y la apreté. Me dejó tras besar mi frente y un “ten cuidado” para reunirse con mi padre y proteger el castillo. Logré llegar y pude mandar el cuervo con la misiva de ayuda firmando en nombre de mi padre, no era una misiva demasiado larga más bien corta y rápida donde pedía ayuda para resistir el asedio. Habían quemado los campos y un humo negro se extendía elevándose hasta el cielo que presagiaba tormenta en aquel aciago día. Solo esperaba que la ayudara llegara y no fuera demasiado tarde. Sabía que estaban aguantando las posiciones que nos quedaban pero el enemigo atacaba con fuerza y nos resultaba complicado frenarlos, la noche fue demasiado larga en la que no pararon su avance, recluidos tras las murallas aguantamos hasta la llegada del alba donde pudimos ver que la ayuda se acercaba... pero quizás ya era demasiado tarde.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Atharal el Sáb Sep 16, 2017 8:16 am

Höor continuo arremetiendo con fuerza contra los guerreros que se atrevían a enfrentarle. Dos cadáveres yacían en el suelo con grandes tajos en sus cuerpos, y estaba siendo rodeada por otros cuatro guerreros que se le acercaban cautelosos evitando sus mandobles. Detrás de uno de ellos apareció Kala degollándole la yugular con su afilada daga, los otros se sorprendieron de su repentina aparición, oportunidad que aprovecho Höor para abatir a uno de ellos.
Clavé mi hacha en uno de los guerreros que les atacaban, colocándome frente a Liam en un intento de protegerla. 
Una lamina de hielo se extendió bajos mis pies atrapándome las piernas. Magia, en el ejercito de Randulf había una bruja. Sin poderse moverme estaba perdido frente a los tres guerreros que me atacaban salvajemente.

Las espadas de los guerreros rebotaron frente a mi piel que había adquirido una tonalidad grisácea como si de roca se tratase mientras que detrás de mi veía a Liam se concentraba en el conjuro con una ladeada sonrisa de autosuficiencia.
Le guiñé el ojo defendiendome a hachazos de todos los que osaban alzar contra mi el acero.

Aun detrás del guerrero degollado, Kala saco una pequeña daga de sus bolsillos arrojándosela a uno de los guerreros y acertándole en un ojo. Höor con un rápido movimiento de su espadón le corto la cabeza dando fin a su sufrimiento. El otro guerrero ataco el flanco de Kala con un estoque de su espada, la general lo esquivo con facilidad y le lanzó el cadáver de su compañero desapareciendo de su vista. Una vez se deshizo del cadáver se encontró con el espadón de Höor que aterrizó en su cráneo.

Sin perder más tiempo, Höor se dirigió hacia los líderes del grupo que se abrían paso hacia una joven con una alabarda, que luchaba como una bestia por proteger el cuerpo de un hombre tumbado a sus pies, pero fue interceptado por los ocho guerreros que quedaban, rodeándolo rápidamente.

Dejé caer al suelo el hacha tomando el arco, coloque dos flechas , estas salieron como guiadas por Freya, e impactaron en las yugulares de dos de los guerreros que lo rodeaban, estos se llevaron la mano al cuello de inmediato, mientras se ahogaban con su propia sangre, cayendo de rodillas frente a Höor
Liam se puso de pie y gesticulando con los brazos a la vez que pronunciaba unas palabras incomprensibles para mí se centraba en el grupo que rodeaba a Höor. Una nube de oscuridad creció desde el centro del grupo envolviéndolos en una oscuridad absoluta.

-Espero que sepa luchar a oscuras -dijo Liam.
Le miré de reojo con una sonrisa irónica en mis labios
-¿Qué lo dudas? Höor sabe luchar hasta empotrando a tres vikingas.
Liam me devolvió la sonrisa
-ni por un momento -contesto
A lo lejos vi como la bruja también gesticulaba las manos en dirección a la nube, coloque una saeta en la cuerda de mi arco mientras lo tensaba con tenacidad me dispuse a dejarla ir, pero una destello llamo mi atención. Con un movimiento instintivo aparte la cabeza a un lado y una flecha paso volando cerca de ella. Otro destello brillo en el campo de batalla, no había duda, esa saeta iba directa a mi compañero, de un salto empuje a Liam que cayó al suelo evitándola.
Liam me miro sorprendido al ver como la flecha pasaba a escasos centímetros de su cuello.
Mire hacia el arquero, que todavía sobre su montura fijaba sus ojos en mí, pude ver la rabia en su mirada, era la segunda vez que evitaba un ataque de este, y desde luego no parecía acostumbrado a perder.

La nube había detenido su expansión pero continuaba envolviendo al grupo entero en una profunda oscuridad. Höor salió corriendo de la nube cargando contra la bruja que seguía gesticulando los brazos en su dirección. Höor descargo su espadón con un gran arco en cuanto estuvo enfrente de la bruja partiendo la por la mitad.

Pero antes de que cayera al suelo su cuerpo se dividió en pequeñas masas negras adquiriendo la forma de diez cuervos negros que sobrevolaron el capo de batalla con un fuerte graznido.

Cogí una flecha de mi carcaj y la coloque con suavidad en la cuerda de mi arco tensándola con fuerza y dejándola ir, impactando en uno de los oscuros cuervos.

Un fuerte grito salió de este mientras caía dando giros al suelo cerca de donde estaba Kala. El resto de cuervos le siguieron cayendo sobre él formando de nuevo una negra masa de plumas, de la que surgió la bruja con mi flecha clavada en el brazo.
Sus ojos se centraron en mí con rabia.
-¡Te matare arquero! –me grito mientras se incorporaba y se arrancaba la flecha de un tirón.
-¡Bien Atharal, sigue encambronándolos! –me dijo Liam sonriendo.
La bruja metió la mano en uno de sus bolsas y la saco esparciendo una especie de cenizas por el aire.
Ante nuestros atónitos ojos los siete cadáveres de nuestros enemigos que estaban esparcidos alrededor de Kala se pusieron en pie.
Mire a Liam incrédulo.
Esta entrecerró los ojos mientras negaba con la cabeza. Estabamos jodidos, asi que volví a coger el hacha dispuesto a arrancarles la cabeza a esos muertos vivientes.


Höor a golpe de acero casi alcanzaba a la joven de la alabarda cuando vi a uno apuntando a boca jarro a nuestro conde, note como me quedaba sin aliento ante inexorable ejecución.

Höor giro bruscamente sobre si mismo lanzando un desesperado ataque, sorprendiendo así al arquero. La hoja de su espada brillaba con un resplandor dorado, partiendo el arco compuesto del arquero por la mitad y cortándole la armadura de piel, alcanzándole en el pecho.

El arquero retrocedió unos pasos sorprendido mientras se examinaba la herida de su pecho.

Del impulso del ataque, Höor cayó al suelo con una evidente expresión de dolor. Con su espadón aún sujeto con su mano derecha, cogió la flecha que llevaba clavada en el costado con la otra mano y se la arranco de un fuerte tirón. Un chorro de sangre oscura salió a borbotones de la herida abierta. Höor lanzo un grito sordo de dolor que sonó en lo más profundo de mi corazón, poso su temblorosa mano en la herida y se alzó de nuevo apretando los dientes.
Una larga línea ensangrentada atravesaba el pecho del arquero pero al parecer no era demasiado profunda. Sacó la espada larga que llevaba en el cinto y se dispuso a arremeter contra Höor que aun se levantaba del suelo.

Aun así, este interpuso el acero parando su ataque y sacando una daga corta de su cinto lo hundió en el vientre del arquero hundiendo su brazo hasta el fondo salpicándose de sangre el rostro.
Así alcanzó la posición de la joven morena que con la alabarda seguía intentando mantener el cuerpo que yacía a sus pies intacto.
Höor se agacho, por la cara que puso al tocar al cuerpo supe que estaba muerto.
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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Eyra el Sáb Sep 16, 2017 10:32 am

La batalla se encrudecía conforme pasaban las horas e intentábamos frenar el avance de las tropas que el rey Randulf había enviado para arrasar con Hedmark, claro que los Hagebak no nos vencíamos ni nos rendíamos tan fácilmente, así que cuando el cuerno sonó con la primera luz del alba rápidamente me vestí con la armadura y con la alabarda que padre me había regalado hacía unos años salí por los pasillos encontrándome a mi hermana Thyra para ir a la sala de reuniones, ella se quedó al margen mientras discutíamos y veíamos las mejores opciones que teníamos de defensa, mi padre confiaba en mí más que en ella puesto que yo había desarrollado más aptitudes para la lucha que mi hermana, quien se había centrado en sus poderes mágicos. Nada más terminar de decidir la estrategia a seguir salí de la cámara dejándolos solos no sin antes voltear para mirar a madre y hacerle un gesto con la cabeza, yo no era muy dada a expresar emociones ni a demostrarlas tampoco, en ese sentido era fría como una capa sólida de hielo, como un muro y una coraza que me rodeaba y que me hacía ser así, Thyra por el contrario era mucho más cándida que  yo. Con la alabarda aferrada con fuerza en una mano me dirigí hacia uno de los puestos donde dirigiría el ataque, los soldados ya estaban listos para la batalla y en cuanto me vieron llegar solo me bastó hacerles un gesto con la cabeza para que me siguieran escaleras abajo, pretendíamos aparecer de sorpresa por ambos flancos e ir mermando así sus fuerzas, en la otra parte estaban los arqueros quienes encabezarían el ataque pillándolos desprevenidos y cuando se centraran en ellos nosotros atacaríamos a mí orden.

Mi padre me había puesto al mando y ninguno de los hombres que allí habían siquiera se le había pasado por la cabeza no hacerme caso, todos los hombres me respetaban y me admiraban, no por ser la hija de su conde sino porque había demostrado con creces mi valía y mi arrojo, mis grandes aptitudes y habilidades para el campo de batalla. Había sobrepasado al mejor hombre que tenía mi padre y había subido puestos por mis acciones, por las batallas que había ganado y las victorias que había conseguido... y no pensaba dejar que ese maldito rey loco arrasara con mi hogar, ni sus gentes ni mucho menos mi familia. Esperamos bajo las trampillas escondidas mientras mi padre junto a sus hombres daban lo mejor de sí repeliendo el ataque del ejército de Randulf, a una señal los arqueros aparecieron por uno de los flancos y comenzaron a disparar flechas cargándose a una buena parte del groso del ejército por su costado, ahora tenían que dividir su atención en dos flancos diferentes y cuando pasaron unos minutos sintiendo la mirada de los hombres sobre mi espalda me giré para mirarlos, mi sonrisa de pura maldad fue lo que necesitaban para saber que saldríamos en breves, así que cogieron sus escudos y sus espadas, hachas y arcos y dando una patada con fuerza abrí la trampilla saliendo seguida de los hombres para atacar por el costado que ahora tenían desprotegido.

Mi alabarda se incrustó en la carne atravesando el pecho de uno de ellos y pronto la saqué para girarla entre mis manos haciendo un círculo entorno a mí degollando a los que estaban más cerca, estaba creada para ser mortífera la usaras como la usaras. Conseguimos con esa táctica hacernos hueco y les hicimos retroceder un poco para ganar algo de espacio, mi alabarda cercenaba brazos, rebanaba cuellos, se incrustaba en el pecho de los enemigos y me salpicaba de sangre mientras no cejaba en mi empeño de luchar. Clavé la punta atravesando el estómago de uno de los enemigos y rasqué de tal forma que lo partí por la mitad con los vísceras saliendo de aquel tajo, otro se acercó por la espalda y giré la alabarda entre mis manos para sin girarme aprovechar su largo alcance y cortarle la cabeza que salió volando cuando hice un giro corto pero rápido. Mis ojos buscaron a mi padre con la mirada y este me asintió levemente con la armadura que llevaba donde se podía ver un águila dorada brillando con la luz del sol, la espada manchada de sangre y tras comprobar que estaba bien avanzamos un poco en terreno, nos costaba pero al menos de momento manteníamos las posiciones en aquel campo de batalla en una lucha cruel y despiadada. Su ejército era muy grande y aunque habíamos ganado algo de terreno sabía que pronto nos lo volverían a ganar otra vez, pero nos defenderíamos hasta que nos quedara aliento en nuestro cuerpo, hasta que tuviéramos fuerzas y sangre con las que seguir luchando.

Pasadas unas horas busqué con la mirada a Thyra, de normalidad las dos nos solíamos juntar en el campo de batalla para luchar contra los enemigos, era buena defendiéndose en el cuerpo a cuerpo pera era una increíble hechicera que jugaba con los elementos a nuestro favor, dejé la primera línea mirando a mi segundo al mando y me alejé de allí no sin matar a unos cuantos enemigos por el camino, esquivé un hacha que volaba en mi dirección y fui corriendo con la alabarda para matar a aquel que se había interpuesto en mi camino, su escudo paró la punta de la misma pero tiré con fuerza a un lado rasgando parte del escudo, y volví a arremeter esquivando el filo de la espada que buscaba herirme, luchamos de forma salvaje sin descanso hasta que mi arma se clavó en su hombro, gritó por el dolor e intentó clavarme su espada pero yo contaba con la ventaja de que la alabarda tenía más rango de alcance así que no pudo hacerme nada. Su mano fue hacia el arma para quitarla de su hombro pero las pequeñas púas que tenía en la boca estrecha antes de que se abriera en dos asas puntiagudas se habían clavado en su piel y al tirar desgarraría más la herida. Sonreí de forma siniestra y empujé más el arma para que se incrustara más, solté el arma y me lancé contra él pegándose puñetazos, desarmándolo lanzando la espada lejos, él intentó devolverme los golpes pero se encontró con mi risa porque no podía alcanzarme, finalmente acabé dándole un puñetazo que lo lanzó al suelo, saqué la alabarda viendo que por uno de los lados venía otro de los soldados enemigos, saqué el hacha que llevaba en el cinto y lo arrojé de forma que se incrustó en la cabeza del enemigo haciendo que cayera fulminado en el acto. El que había herido en el hombro se levantó pero cogí el mango de la alabarda y tiré con fuerza sacándolo del lugar y dejando al soldado frente a mí quien acabó atravesado por completo por la hoja.

Cogí su cuerpo para cubrirme de dos arqueros que lanzaron sus flechas en mi dirección y me cubrí haciendo que estas impactaran contra su espalda como si él mismo fuera mi escudo, avancé con él cubriéndome y cuando lanzaron el segundo ataque con rapidez solté el cuerpo que cayó al suelo, corrí hacia los dos arqueros que ya volvían a poner las flechas para lanzarlas en mi dirección, rodé por el suelo antes de que dispararan de forma que las flechas no lograran darme y al terminar de rodar acabé delante de ellos pero justo entre medios de ambos, con una rodilla en el suelo giré la alabarda entre mis manos de forma que la hoja cortó las piernas de uno que cayó al suelo y mientras me levantaba atravesé su estómago clavándolo con la alabarda como si lo empalara y terminé matando al otro tras sacarla del cuerpo de su compañero y atravesando la garganta de este haciendo que se ahogara con su propia sangre. Llegué hasta donde estaba Thyra y me encargué de mantener alejados a los enemigos de ella mientras concentraba sus poderes y yo mataba a todos los que se acercaban, cuando veía que me rodeaban un poco giraba en alto mi alabarda haciendo que sus cuellos fueran degollados, formando un círculo de cadáveres quedando ambas en el centro. Mi melliza desató sus poderes quebrando las líneas de los enemigos y matando a muchos de ellos fusionando su magia con la naturaleza... pero incluso así nos obligaron a  retirarnos.

Tras las murallas intentamos contenerlos y por lo que había oído mi padre le había pedido que enviara una misiva pidiendo ayuda al conde Cannif, había oído hablar de él por mi padre, lo conocía desde que este era pequeño aunque ninguna de las dos lo habíamos visto nunca, pero mi padre confiaba en él y yo esperaba que la ayudara llegara pronto. La noche fue horrible y tremendamente larga, nos quedaban pocos hombres y parecía que el ejército de Randulf no menguaba en absoluto, pudimos contenerlos todo lo que pudimos tras las murallas y tras el portón que no habían logrado atravesar, habíamos aprovechado esa boca de embudo para retenerlos e ir matándolos con los arqueros, pero en sus filas contaban con brujos que nos hacían bastante difícil la misión de menguar sus fuerzas y su número. La salida del sol se tiñó roja por la sangre que habíamos derramado durante todo aquel día de batalla, pero con ella también llegó la ayuda que mi padre había solicitado. El conde Cannif vino con su ejército para ayudarnos a conservar Hedmark, pero lo cierto es que el ejército de Randulf se había encargado de quemar todo a su paso y un humo negro se extendía hasta el cielo que presagiaba tormenta, a lo lejos podía verse las nubes negras acercándose con sus rayos y sus truenos, Thor venía también a prestarnos ayuda. No sabía exactamente donde estaba Thyra pero la necesitaba en esos momentos, necesitaba que me cubriera mientras intentaba acercarme a la bruja que se encargaba de jodernos repetidamente con sus poderes, o bien que ella se encargara de la bruja.


-¡Thyra! –La llamé cuando la encontré mientras desde atrás el ejército del conde Cannif atravesaba sus filas rompiéndolas de su formación y se hacía hueco hacia donde nos encontrábamos nosotros, mi hermana me miró en mitad de aquella batalla y le hice un gesto para que viniera hacia donde me encontraba, me cargué a un par de soldados antes de que estuviera a mí lado- tienen a una jodida bruja, necesito que me cubras o encárgate de ella –se la veía cansada, la magia agotaba mucho más que estar peleando toda la noche porque drenaba sus energías y aunque necesitaba que se cargara a la bruja no podía permitir que fuera así a por ella- busca a Helga y que te ayude con tus energías, su vigoris te ayudará, ¡vamos, ve! –Le apremié tirándola de su brazo- ¡no puedo tenerte aquí sin energías, te necesito entera! –Salió corriendo a buscar a Helga que seguro trataba a los heridos, su vigoris hacía que insuflaba energía y ahora necesitaba a Thyra en pleno rendimiento. Mientras ella se recuperaba el conde trataba de acercarse hacia donde nos encontrábamos pero los enemigos le cortaban el paso, corrí hacia la dirección donde estaba mi padre y cuando vi que le iban a atacar por la espalda sin dudarlo lancé la alabarda que se clavó en el costado del soldado, luché cuerpo a cuerpo con otro que me salió al paso y tras acabar con él girando su cuello partiéndolo le quité la espada y fui en la dirección de mi padre para ayudarlo pero no fui lo suficientemente rápida, uno de ellos le había clavado la espada en el costado mientras mi padre se defendía de otro- ¡padre! –Grité con rabia corriendo hacia su dirección matando a los soldados rebanando su cuello por el camino, rodé por el suelo esquivando un mandoble que bien podría haberme partido por la mitad y llegué hasta donde estaba la alabada clavada en el cuerpo del soldado, la cogí y me giré para atravesar el pecho del que intentó matarme. Me giré y corrí hacia mi padre acabando con la vida del que le había incrustado la espada, mi padre se llevó la mano al costado y su rodilla se clavó en la tierra- ¡levanta padre! –Le exigí poniéndome delante de él luchando con uñas y dientes contra aquel que quería acercarse a rematarlo, luchando como si fuera una bestia enjaulada no dejando títere con cabeza, matando a cualquiera que entraba en el rango de mi alabarda. La bruja seguía ahora atacando a nuestros aliados y me pregunté dónde estaría Thyra para ayudarlos con su magia mientras yo defendía a padre, cuando tan sólo quedaban dos hombres frente a mí uno de ellos fue atravesado por una espada partiéndolo por la mitad, mi alabarda atravesó el pecho del otro y con el pie lo empujé lejos. Cuando el hombre, bastante joven, se acercó a mí padre puse el filo de la alabarda en su cuello para que no diera ni un solo paso más- quieto –advertí con la voz fría y oscura como la misma noche centrando mis ojos en los suyos, estaba herido y aunque seguramente fuera a quien le habíamos pedido ayuda no dejaría que se acercara a mí padre.
-Eyra... –mi nombre en forma de un gemido captó mi atención y desvié mis ojos hacia mi padre quien yacía en el suelo con un charco de sangre- es el conde...
-Me importa una mierda –no lo dejé terminar y finalmente me acerqué a mi padre apoyando la alabarda en el suelo sujetándola con mi mano, sus dedos recorrieron mi rostro, tenía la respiración entrecortada y el charco de sangre cada vez se hacía más grande.
-Eyra.... quiero que te quedes con esto... –arrancó de su cuello aquel medallón que era el símbolo de su linaje, de su familia y de su legado, un águila dorada que era lo que llevábamos por estandarte y me lo entregó con sus manos manchadas de sangre- siempre supe que tú me sucederías... póntelo –le chisté para que dejara de hablar y él, con su otra mano, aferró su espada y supe lo que significaba: lo perdía. La rabia y la ira me inundó pero cumpliendo con su voluntad aferré su mano con fuerza para que empuñara su espada y la puso sobre su pecho, miró un par de segundos al joven que tenía tras de mí y asintió con la cabeza para luego mirarme- cuida de tú hermana... os quiero... –me miró una última vez y con mi mano aferrando la suya en la espada... nos dejó. Exhaló su último suspiro y su cuerpo quedó sin vida sobre el frío suelo. Mi frente quedó apoyada sobre la suya y cerré los ojos mordiéndome el labio con fuerza, yo no era de expresar emociones, yo no era de llorar pero sí lamenté su pérdida como el que más, aunque ninguna lágrima saliera de mis ojos. Grité con rabia aferrando con fuerza la alabarda y me levanté con los ojos llenos de furia, encendida, llena de ira, cólera, rabia, y dolor, mucho dolor en mi alma... mi cuerpo se activó como si aquello me renovara las fuerzas para seguir luchando. Por el rabillo del ojo vi que uno de los enemigos que habíamos abatido se levantaba y gritando por el dolor lancé el hacha del cinto que atravesó su cabeza y lo hizo caer al suelo. Fui a dar un par de pasos cuando noté la presencia de mi melliza, conectadas como estábamos podía notar su cercanía incluso antes de poder verla. Se quedó parada observando el cuerpo inerte de padre y noté su respiración irregular que se aceleraba, su cuerpo comenzó a temblar y supe lo que pasaría: iba a perder el control.
-¡Thyra! –La llamé para intentar ir hacia donde estaba pero fue demasiado tarde, una ola de poder estalló de su cuerpo y como si de una onda expansiva se tratara barrió el lugar haciendo que cayéramos tumbados al suelo por la magnitud y por la fuerza, sus ojos casi totalmente oscuros se centraron en el brujo que la había mandado matar y supe que iba a dirigir todo su poder contra ella.



Du skulle ønske du var død før hun kom:







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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Höor Cannif el Sáb Sep 16, 2017 4:12 pm

Sentí el filo de la alabarda en mi cuello mis pardos se alzaron perdiéndose en los ajenos mientras tensaba el gesto.
-Aparta eso de mi cuello -mascullé entre dientes ¿Acaso el fragor de la batalla la cegaba lo suficiente como para no ver el huargo de mi emblema como yo veía el águila dorada del suyo?
-Me importa una mierda -respondió a su padre.
Ladeé la sonrisa apoyando dos de mis dedos en su hoja para apartarla de mi cuello sin dejar de mirarla.
-Cuidado mujer -respondí sin mas.
Espada en mano me dediqué a dar mandobles a diestro y siniestro mientras inevitablemente el padre se despedía de la hija, de nuevo Randulf se llevaba por delante a un buen hombre, uno que prefirió morir en pie que vivir arrodillado.
Lo conocía, era fiel al norte, a la causa, me conocía desde niño, mucho había aprendido de él en combate.

Una ultima mirada bastó para escuchar un “cuida de ellas” que no necesitó palabras, asentí asestando una nueva estocada a diestras y rebané una cabeza con un giro de muñeca a siniestra.
La alcé del suelo para que me mirara, que saliera del trance en el que estaba, la guerra ni de lejos había terminado y la necesitaba en pie.
-Tendremos tiempo de llorar a nuestros muertos luego.
Rugió alzándose con el arma entre sus manos, nos miramos un instante efímero antes de volver a emprender sangrienta lucha contra el enemigo.

Fue entonces cuando una rubia entro en escena. La miré de reojo, había visto esos ojos en Sirius, mi hijo cuando se descontrolaba y entonces lo supe, era su hermana y la muerte del padre era mas que suficiente para sembrar el caos entre los presentes.
Me lancé sobre la morena, había dado mi palabra justo a tiempo de que una explosión se sucediera, cubrí con mi cuerpo la expansiona de esta, mas no lo suficiente como para evitar que saliéramos ambos volando hasta impactar con las paredes.

La luz que envolvía a Liam y a los demás se desvaneció paulatinamente. Liam se encontraba de rodillas sobre un charco de sangre, presionando la profunda herida con su mano. Los zombis se tambaleaban desorientados, la bruja parecía haber quedado cegada por la abrasadora luz y se cubría los ojos con los brazos mientras Atharal permanecía petrificado por una extraña magia.

Liam alzo los brazos y unos haces de luz azulada descendieron del cielo alcanzando a los desorientados zombis. En un instante la luz desapareció y los zombis se desplomaron inertes en el suelo.

En medio del campo de batalla los dos desgarradores continuaban atacando a Kala que se defendía de ellos esquivando sus ataques. Estaba llena de polvo y magulladuras de rodar por el suelo y parecía fallarle el aliento, no duraría mucho más a ese ritmo. Uno de lso arqueros cargó dos flechas en el arco y lanzó varias oleadas a uno de los desgarradores, clavándose las flechas por todos su cuerpo, el desgarrador alzo sus brazos lanzando un grito de furia. Una flecha ígnea le alcanzo en el pecho clavándose profundamente y conduciéndole quemaduras.

El desgarrador se arranco las flechas de un zarpazo y cargo contra nosotros como si de una estampida de fieras se tratase, levantando una gran polvareda tras de si. La embestida era inminente, con las heridas por todo el cuerpo y el cansancio acumulado, mi capacidad de reacción estaba mermada y me prepare para el encontronazo.
A pocos metros de nosotros el desgarrador impacto contra una espacie de barrera invisible y retrocedió tambaleándose por el golpe. Miré a Liam que estaba junto a nosotros con los brazos extendidos hacia el desgarrador como si sus propias manos hubieran detenido al desgarrador.
-¡Ahora! -grito Liam relajando los músculos de los brazos y cayendo de culo al suelo.


Al instante cargué con la diestra con mi acero y sin dudarlo trepé por su brazo mientras este trataba sin éxito de darme alcancé, clave mi mandoble en su grupa emitiendo un gruñido. La bestia cayó al suelo con estruendo.

Eché una rápida ojeada a mis compañeros para comprobar cómo se encontraban. Liam estaba sentado en el suelo recuperándose del esfuerzo que acabara de hacer. Kala seguía esquivando hábilmente los constantes ataques del desgarrador a la vez que le lanzaba pequeñas cuchillas a sus puntos vitales.
La morena continuaba enzarzaba con varios en un combate cuerpo a cuerpo al parecer bastante igualado. Los ataques de los soldados eran fácilmente detenidos por la alabarda, que reducia en numero aquellos bárbaros.


En medio del campo de batalla, Liam seguía de rodillas sobre su propia sangre. Respiraba trabajosamente mientras se presionaba la profunda herida del estomago con la mano. Lentamente acerco su débil mano a la pierna de Atharal que permanecía petrificado junto a ella. Al mínimo contacto, la apariencia rocosa desapareció instantáneamente y el cambiante se desplomo de un impulso al sangrarle todas las heridas abiertas, a la vez. Una vez Atharal se repuso, se acerco rápidamente junto a Liam preocupado por su estado.
Después de un rato hablando, Atharal se levanto no muy convencido con el hacha en la mano, la sangre le caía de las heridas abiertas por los zombis y parecía dudar. Liam le dijo algo. Atharal apretando el mango de su hacha se giro y salió corriendo hacia el desgarrador que asediaba a Kala. Liam levanto los brazos al cielo y se derrumbo en el suelo.


Estuve tentado de salir corriendo hacia Liam, pero el desgarrador se revolvía frente a mí y finalmente se levantó de un impulso. 

Al frente, Atharal corría con fuerzas renovadas y de un salto clavaba su hacha en la espalda del desgarrador. Aunque las heridas no estaban completamente curadas y aun me sentía algo agotado, la pierna me había dejado de sangrar y ya podía moverme con facilidad. Liam había hecho más que suficiente para poder continuar.

El desgarrador se abalanzo sobre mí haciéndome volver a la realidad. Gire por el suelo esquivando su brutal envestida y alcé la espada interponiendo el acero impactando en su brazo sin causarle ningún daño. El desgarrador continuo atacándome salvajemente haciéndome retroceder a duras penas. De repente un rayo le envolvió obligando le a detenerse. Al otro lado estaba la rubia con su sonrisa burlona, de sus manos salía un rayo que zigzagueaba por el aire hasta el desgarrador. Olía a pelo chamuscado y el desgarrador se agitaba violentamente entre sacudidas. Con un tremendo alarido se libero de los rayos que lo retenían estallando a su alrededor, el impulso del rayo lanzo a la dama por los aires. Sin que nos diera tiempo a reaccionar, la bestia se lanzo contra ella dándole un brutal golpe en el costado.

Lance mi mandoble y salí corriendo hacia el desgarrador mientras sacaba mis espadas cortas del carcaj. Con un impulso salte sobre su espalda y cogiendo carrerilla le clave las dos espadas en la base del cuello. La piel y los músculos de la bestia eran como rocas, las dos espadas se habían clavado hasta la mitad de la hoja y me dolían las manos del golpe. Haciendo fuerza con las piernas libere las dos espadas de su espalda para volver a arremeter contra el desgarrador. En ese momento se agito bruscamente lanzándome al suelo, el desgarrador se abalanzo sobre mí quedando atrapado bajo su peso. La saliva de la bestia se deslizaban entre sus colmillos cayendo sobre mi cara, intente liberarme pero me era imposible, apenas podía respirar.

El desgarrador levanto su enorme brazo y lo dejo caer con fuerza contra mi cabeza. Cerré los ojos esperando el golpe fatal, notaba una presión en el pecho y la piel se me erizaba, pero el golpe nunca llegó. Abrí los ojos lentamente y vi al desgarrador distorsionado, al parecer algún líquido me envolvía. Mire a la vikinga rubia que estaba junto a mí, pero estaba tendido en el suelo sin moverse. No entendía nada, pero sentía como si ese líquido formara parte de mí. El Desgarrador volvió a arremeter con furia pero el liquido lo empujo lanzando lo hacia atrás.

La masa de agua que me envolvía se movió hacia adelante liberándome. Estaba agotado tendido en el suelo, como si me hubieran absorbido mis fuerzas. Con una compulsión tire toda el agua que había en mis pulmones permitiéndome respirar. Frente a mí la masa de agua tenía la forma de una gran ola de unos tres metros de altura y dos extremidades se extendían a sus lados. El desgarrador se abalanzo contra la masa de agua y los dos se enzarzaron en un forcejeo continuo.

Me acerque a la rubia que permanecía en el suelo, su mano afianzada a la mía como si el poder me lo traspasara de algún modo. Estaba bien aunque se quejaba de un costado, lo más seguro es que tuviera un par de costillas rotas. Le ayude a incorporarse y mientras recuperaba el aliento mire como estaban los demás.


Atharal y Kala estaban luchando contra el otro desgarrador. Mientras que Kala le entretenía lanzándole cuchillas, Atharal arremetía contra él. Aunque tenían la situación controlada, el desgarrador continuaba atacando salvajemente ignorando las heridas que le infligían.

Al otro lado del campo de batalla, la morena seguía luchando contra varios. Estaban bastante igualados, pero a la vikinga se le veía agotada por la pérdida de sangre de las heridas sufridas a lo largo de la batalla. El ejercito de Randulf iba de un lado a otro atacando con las espadas largas sus flancos, ella se cubría con su alabarda y contraatacaba al instante, pero eran esquivadas.

En un ataque desesperado, la vikinga lanzo un ataque soltando la mano derecha para aumentar el radio de ataque. Uno de los soldados se agacho en el último momento, evitando así el ataque y avanzando por el lado de la morena arremetió contra su flanco desprotegido clavándole la espada en su pierna derecha. Con la mano libre, la vikinga le dio un fuerte puñetazo en toda la cara. El sorprendido soldado retrocedió aturdido mientras la sangre le brotaba por la nariz. Cogiendo la alabarda con las dos manos, la nueva ocndesa separo su cabeza del cuerpo de un tajo, cayendo inerte en el suelo.

La rubia me hecho a un lado, un escupitajo gigante venia hacia nosotros. Extendiendo las manos hacia su dirección, el suelo se levanto formando un muro frente a nosotros. La sustancia impacto en él escuchándose un susurro del ácido al corroer la tierra. En pocos segundos el muro desapareció frente a nosotros.

La bruja estaba al otro lado, tenía los ojos seriamente dañados por el conjuro de Liam, dos hilos de sangre, ya difuminados por el roce, le salían desde los lagrimales. A pesar de todo, se preparaba para realizar otro hechizo. Salí corriendo en su dirección con las dos espadas en mamo pero a mitad camino algo llamo mi atención obligándome a frenar. Un caballo y su jinete pasaron a pocos centímetros de mí, teniendo que rodar por el suelo para evitar su envestida. Una vez se detuvo, el enorme guerrero desmonto para enfrentarme en un combate cuerpo a cuerpo. Llevaba una espada a dos manos, tan larga como la alabarda pero mucho más delgada y me sacaba al menos dos cabezas de altura. No había duda, era el general del grupo.

Me ataco sin mediar palabra dispuesto a matarme cuanto antes. Esquive el ataque girando hacia un lado y aprovechando la inercia le lancé un tajo en un costado. El guerrero con un salto hacia atrás evito mi ataque y contraataco con una serie de ataques laterales. Sus ataques eran salvajes y descontrolados obligándome a retroceder sin poder contraatacar por la diferencia de alcance.

Mire a la rubia que estaba en el suelo protegiéndose con una barrera semiesférica del ataque de la bruja. Estaba rodeado por una densa nube verdosa y la poca vegetación que había bajo ella, estaba marchita.

El general continúo atacándome salvaje mente recuperando mi atención. Esquivaba sus ataques a la vez que retrocedía, tenía que encontrar una apertura. Deteniendo con mi espada una de sus arremetidas me aventure a atacar su flanco, el guerrero reacciono enseguida golpeándome con el pomo de su espada en el hombro haciéndome perder la estabilidad, aprovechando para lanzarme un ataque fulminante. Intente evitar su ataque pero me alcanzó en un costado.

El general de Radulf no se detuvo y levantando su espada a dos manos, descargo con furia el golpe contra mí. Conseguí detener el devastador ataque cruzando mis dos espadas en su trayectoria quedando el filo a pocos centímetros de mi cara. El salvaje guerrero empujo con más fuerza hacia mí, notaba como los brazos me flaqueaban y las piernas me fallaban por la tensión. Apoyando una rodilla en el suelo conseguí sostener su envite mientras el filo de su espada a dos manos se acercaba más a mí, no aguantaría mucho más así. Haciendo fuerza hacia un lado, desvíe la trayectoria de la espada clavándose en el suelo junto a mi lado. Aprovechando la apertura le lance un ataque a la altura de su rodilla produciendo le un gran tajo esparciéndose la sangre de su herida. El guerrero reacciono atacándome al instante, rodando por el suelo pude evitar su arremetida que paso por encima de mi cabeza y conseguí alejarme fuera de su alcance. Con un impulso me levante del suelo y palpe mi herida. Sangraba un poco pero por fortuna no era muy profunda. Dejando de lado el dolor me prepare para continuar.



La herida del guerrero le sangraba abundantemente, pero eso no le detuvo, una ver más arremetió contra mí con furia. Desviando sus salvajes ataques con mis espadas mantuve mi posición. Esquivando su último ataque me acerque al guerrero, quedando frente a él, y le clavé mis dos espadas en el vientre. El general golpeo con brutalidad mi espalda con el pomo de su espada. Un terrible calambre recorrió mi cuerpo. Ignorando el dolor, tire hacia los lados con mis dos espadas abriéndole en canal su vientre. El guerrero retrocedió intentando sostener sus vísceras mientras que la sangre se le escurría entre los dedos y de repente se derrumbó en el suelo con un estruendo.

Caí al suelo abatido por el cansancio acumulado, un terrible dolor recorría mi espalda y la herida de mi costado, los brazos y piernas los tenía entumecidos por el esfuerzo. Pero la batalla no había terminado, mis compañeros seguían luchando, no podía permitirme el lujo de descansar.

La rubia estaba tendida en el suelo boca arriba, sin poderse mover respiraba trabajosamente. Frente a ella estaba la bruja con una sonrisa propia de la locura. Me incorpore como pude para ayudarla, pero mis piernas no respondieron cayendo de nuevo en el embaldosado suelo.

-¡Maldita sea! Un poco más -Rugí alzándome ensangrentado rumbo hacia la bruja con la respiración errática, apoyándome en una de las espadas.

Había jurado protegerlas y lo haría, mi palabra tenia valor.


Spoiler:

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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Thyra el Dom Sep 17, 2017 7:12 am

La lucha seguía siendo encarnizada aunque el cuervo que había mandado había traído la ayuda que necesitábamos para repeler el ejército de Randulf, abajo seguían luchando como fieras mi padre y mi hermana junto a todos los soldados y en cuanto envié el cuervo no dudé en bajar a ayudarlos, nos habían obligado a replegarnos tras las murallas pero al menos contábamos con que los arqueros podían matarlos desde arriba con algo más de facilidad mientras los conteníamos por el portón del castillo. Cuando bajé lo primero que hice fue cerciorarme de que Eyra y padre estaban bien, los encontré con la mirada y aunque se les veían cansados estaban enteros y era todo lo que realmente me importaba. Desde ahí bajo no podía hacer demasiado así que subí arriba junto a los arqueros para desde una posición elevada y una mejor vista ayudarlos a ir matando enemigos. Mi magia en aquella distancia suponía una gran ventaja así que me encargué de lanzar bolas de fuego hacia abajo quemando así a los enemigos que no podían hacer nada cuando el fuego abrasaba y quemaba su piel que se fundía con la de su armadura, los elementos eran un gran apoyo sobre todo en batallas al campo abierto así que me encargué todo lo que pude de ayudar a bajar el número del groso del ejército de Randulf mientras la ayuda llegaba en camino. Conectada a la naturaleza como estaba hice crecer unas ramas llenas de espinas por toda la primera línea enemiga, las ramas comenzaron a enredarse en sus pies y comenzaron a subir por el cuerpo de los enemigos paralizándolos, haciendo que fuera imposible moverse mientras las ramas cada vez más grandes y más gordas subían por los cuerpos de los soldados haciendo que soltaran las armas y quedaran indefensos.

Las ramas hacían que sus brazos quedaran pegados a su cuerpo y las espinas comenzaba a clavarse por todo su cuerpo al apretar el cuerpo del soldado, se movían intentando soltarse pero era imposible, cada vez las ramas llenas de espinas se pegaban y se fijan más a sus cuerpos hasta que finalmente alcanzaba el rostro y el cuello, el final de las ramas se enroscaba entorno al cuello apretándoles de forma que los ahogaba hasta que finalmente les partía el cuello y quedaban sin vida, las ramas volvían a esconderse en la tierra dejando los cadáveres de los soldados como amenaza de lo que había pasado. Los arqueros seguían disparando pero también recibíamos flechas que mataban a los arqueros así que hice una barrera desviando las flechas enemigas pero que desde dentro de la barrera las nuestras si pasaban e impactaban contra el enemigo. El grito de mi melliza llamándome hizo que mirara hacia abajo para encontrarla en el portón defendiéndolo mientras la ayudaba golpeaba con fuerza por detrás al ejército de Randulf, nuestras miradas conectaron y me pidió que me acercara así que lo que hice fue saltar por las escaleras y descendí el aire de la caída a mi alrededor de forma que quedara sobre el suelo de forma leve como si hubiera sido un salto corto y no uno largo como había sido realmente. Me abrí paso hasta que quedé a su lado, su rostro manchado de sangre, su armadura también, presentaba algún que otro rasguño pero se la veía bien aunque se le notaba cansada.

Su atención se puso sobre mí y me miró de arriba abajo para ver que estaba bien, a diferencia de ella no tenía tantos rasguños, fue entonces que me dijo que el ejército de Randulf tenía una bruja algo que no me extrañó para nada y que quería que me encargara de ella o bien yo la cubriera, las dos juntas éramos un tándem perfecto y si íbamos a por ella las dos podríamos acabar con la bruja que seguro estaría haciendo de las suyas contra nuestros hombres. Fui a abrir la boca para responderle pero ella me calló cuando comenzó a hablar, quería que buscara a Helga y que me ayudara a renovar de nuevo las energías, ella poseía el vigoris lo que hacía que insuflaba energía a quien ella tocara, pero esa energía a ella se le agotaba, era un intercambio. Me instó a que fuera a buscarla y aunque no me gustó la idea de dejarlos por segunda vez me empujó del brazo para que me fuera, la miré de forma fija y asentí con la cabeza para alejarme de nuevo adentrándome en el castillo. Sabía que estaría curando a los heridos seguramente así que corrí por el pasillo hasta que la encontré arrodillada en el suelo junto a un hombre al que le vendaba la cabeza, por lo que pude ver le había pasado algo en un ojo porque la venda pasaba por su ojo izquierdo. Al verme llegar se levantó quedando frente a mí y me miró comprobando que estaba bien, pero no era eso lo que necesitaba de ella.


-Helga, necesito de tú vigoris para recuperar fuerzas... hay una bruja en el ejército de Randulf y con las energías que tengo ni Eyra ni yo podemos hacer nada
–cubriría a mi melliza todo lo que pudiera para acercarnos a la maldita bruja y así matarla, seguramente estaría tan loca como lo estaría el propio Randulf y había que pararla como fuera, ella me cogió de la mano y tiró de mí para sentarnos ambas en unas sillas, me pidió que cerrara los ojos y lo hice... no tardé demasiado en notar un calor que ascendía desde su mano en la mía por todo mi cuerpo. Era como un bálsamo, como algo que curaba mis heridas y que me llenaba de fuerzas otra vez, sentía como mi energía volvía de nuevo a llenarse tras haber peleado todo un día entero y mi magia volvía a cobrar fuerza de nuevo, su vigoris tenía eso y aunque ella no necesitase de sus energías para curar a los heridos sabiendo que me lo había pedido Eyra era más que suficiente, todos la respetaban y al igual que yo la gran y enorme mayoría sabía que algún día ocuparía el puesto de padre, era la más apta para el puesto y la que más se parecía a él en la toma de decisiones, lo raro es que no fuera la general de su ejército. Pasaron unos minutos en los que el calor me envolvió por completo y lo agradecí después de aquel día de lucha, me sentí mucho mejor cuando su mano se separó de la mía y al abrir los ojos me la encontré algo más cansada, me sonrió como para tranquilizarme y me dio unos golpecitos en la mano con una sonrisa- Gracias Helga, debo de volver al campo de batalla –ella solamente asintió y tal cual había llegado corriendo ahora con nuevas energías como si me acabara de levantar tras una noche plácida de reparador sueño corrí de nuevo hacia el portón para encontrar a Eyra y poder matar a aquella bruja. Los pasillos los crucé corriendo como si fuera una flecha que lo atravesaba y cuando llegué al lugar busqué con la mirada a mi hermana... pero no estaba preparada para lo que ante mis ojos se mostraba.

Lo primero que vi fue a Eyra junto a un hombre joven, herido también, que se miraron de forma fija durante un par de segundos sin que yo entendiera nada y se giraron para entablar batalla y después... el cuerpo de mi padre en el suelo, en un charco de sangre, los ojos cerrados y sujetando su espada sobre su pecho... sentí que el corazón se me paró, que el aire de pronto abandonó mi pecho y una enorme energía brotó de mi interior. No podía apartar la vista de mi padre en el suelo carente de vida, las lágrimas cayeron de mis ojos sin siquiera parpadear y sentí que todo mi cuerpo temblaba, igual que cuando perdía el control de mi magia. Habían matado a mi padre y eso no lo iba a perdonar en mi vida, fue lo que desató un poder cerrado en mi interior, uno que no podía controlar pero que iba ligado a mis sentimientos y a mis emociones... y perdí el control de todo. Mis manos se cerraron en un puño y mis ojos se volvieron oscuros como cada vez  que pasaba, lancé un grito que fue ensordecedor y que acalló el grito de mi hermana llamándome, elevé mi rostro al cielo y extendí mis manos desde mi pecho hacia los lados de forma que una onda expansiva de enorme magnitud y con resquicios de magia en ella alcanzó a todos y se extendió por el campo de batalla, una fuerza poderosa que lanzó a mi melliza y al hombre que la había protegido por los aires estrellándolos contra la pared de forma inevitable, apagó una luz que procedía de otro mago y alcanzó a la bruja enemiga cegándola con el resplandor, una parte de mí se desató en mi interior y con los ojos completamente negros la fiesta comenzaba.

Todos se repusieron del golpe y me centré en la bruja sabiendo que había otro mago más en el lugar pero que venía con la ayuda que habíamos solicitado así que no le haría nada, no por el contrario lo que le sucedería a la bruja. Nuestras miradas se encontraron y la batalla empezó entre ambas, ella lanzaba sus conjuros contra mí que yo repelía como si fuera una toma de contacto, como si ambas nos estuviéramos midiendo para ver cuál era el potencial que teníamos y de lejos ninguna de las dos había mostrado todo lo que tenía. Nos lanzábamos bolas de fuego que repelíamos con otra bola de fuego que impactaba contra la otra, rayos salieron de nuestras manos que chocaban creando un gran estruendo y una iluminación en el lugar como si hubiera caído un rayo en mitad del campo de batalla, intentábamos alcanzar a la otra pero si no era una barrera era un hechizo que deshacía al otro. Lanzó una bola de fuego en mi dirección y yo, para contrarrestarla creé una bola mucho más grande de agua y hielo que envolvió su bola de fuego y que la dejó reducid a la nada, pero ahí no se iba a quedar todo y lo sabíamos. Su magia era más oscura y se podía ver por el aura que esta tenía así que me preparé para cualquier ataque que pudiera hacerme de magia negra. Una bola de color negra salió de sus manos y fruncí el ceño sin saber qué podría ser exactamente, así que creé una barrera que me protegiera mientras la bola de ella crecía delante de sus manos y yo por mi parte comencé a crear una bola de luz blanca, un conjunto de elementos de viento junto con algunos rayos haciendo que el haz de luz blanca que yo creaba tuviera destellos azules, lanzamos ambos hechizos y estos chocaron produciendo un estruendo que retumbó por el lugar, luz y oscuridad que parecían luchar mientras ambos hechizos se desquebrajaban como si no  pudieran contra el otro y finalmente estallaron como si fueran miles de cristales, pero yo no había esperado al siguiente ataque y en cuanto las bolas estallaron en pedazos una bola de fuego surcó el cielo pasando por donde habían estado ambas bolas e impactó contra la bruja, que chilló por la abrasión de las llamas.

Eché un rápido vistazo para ver a mi hermana que luchaba como una fiera salvaje junto a un grupo de enemigos pero ella, a pesar de que era ella sola, no parecía tener mucho problema para repeler sus ataques y responderles, el joven luchaba contra un desgarrador junto con otro de lo que parecía sus soldados y el brujo que había notado les ayudaba en la pelea, así que me centré de nuevo en la bruja quien y preparaba su siguiente ataque con unas pequeñas abrasiones por su cuerpo. Extendí mis brazos al lado de mi cuerpo y abrí mis manos centrándome en todo el metal que había próximo a mi tales como armaduras, espadas, hachas... todo el metal que había cerca y que fuera un arma quedó suspendido en el aire a mi alrededor rodeándome como si fuera una barrera hecha a base de armas, los filos de las mismas apuntaron  hacia la bruja y en una cadena consecutiva surcaron el aire para lanzarse de lleno hacia ella quien no le quedó más de otra que crear una barrera para repeler los ataques consecutivos, pero las espadas y las hachas no cesaban porque me iba moviendo por el campo de batalla atrayendo todo lo que estuviera hecho de metal, como si yo misma fuera un imán, para lanzarle los ataques que poco a poco iban quebrando la barrera que había hecho. El último ataque fue el más brutal de ellos y que mermó sus fuerzas, su barrera aparecía y desaparecía ya sin golpes como si no fuera capaz de soportarla y mantenerla alzada así que con una sonrisa ladeada me agaché y mis manos se quedaron sobre la tierra, cerré los ojos y conjuré unas palabras que hicieron que la tierra temblase mientras se reponía del ataque y, no fiándose de lo que iba a hacer, mantuvo la barrera y la reforzó para que no desapareciera al haberla obligado antes con los ataques de las armas. De pronto la tierra comenzó a temblar como si fuera un terremoto que sacudiera esta y se abrió una grieta ante la separación de la tierra, de ella salió una gigantesca invocación de piedra que se parecía demasiado a Jörmundgander, la Serpiente de Midgar creada a base de piedras, tierra y rocas oscuras procedentes del interior de la tierra que se quedó tras mi espalda cuando salió por completo y la tierra se cerró tras la salida.

Una formación rocosa que ahora fijaba sus ojos en la bruja guiada por mi magia, la bruja me miró sorprendida sin haber esperado aquella invocación y con una sola palabra de mis labios la serpiente comenzó a deslizarse por el campo de batalla aniquilando no solo a enemigos soldados sino que comenzó una lucha contra la bruja, no era más que la invocación de tierra que en mi mente había formado con aquella imagen, controlada por mi magia repelía los ataques de la bruja que intentaba destruirla pero no sabía que llevaba parte del metal que había atraído en el anterior ataque, los escudos y las armaduras se habían fundido junto con la tierra y había creado aquella invocación que ahora luchaba contra la bruja, manteniéndola ocupada. No podía hacer nada más puesto que controlaba a la serpiente y mi atención estaba fija en ella, pero me di cuenta de que la cosa se ponía más tensa, que mi hermana estaba más herida al igual que nuestros aliados y deberíamos de acabar con aquello pronto. Cansada de la bruja cuando intentaba frenar a la serpiente esta abrió la boca y engulló a la bruja tras haber abierto un nuevo agujero en la tierra por la que serpiente volvió tal y como había llegado acabando así con su vida. Tras terminar parpadeé para darme cuenta de que el joven luchaba contra un desgarrador que parecía ir hacia él dispuesto a eliminarlo pero alzando mis manos al cielo un rayo cayó justo sobre el desgarrador y luego algunos más lo envolvieron mientras este se retorcía de dolor y quemaba su pelo.

Se revolvió de tal forma que repelió los rayos, aun sin saber cómo, y la onda que creó me lanzó unos metros hacia el suelo, sin tiempo para recuperarme el desgarrador se lanzó contra mi dándome de lleno en el costado, grité por el dolor que me había hecho aunque podría haber sido mucho peor y pronto el joven había saltado sobre la espalda clavando así sus espadas, aulló de dolor por tal acto pero llevando su brazo hacia atrás lo lanzó al suelo, me incorporé en el suelo y rápida creé una masa de agua que lo protegiera del inminente golpe que sufriría. Vi que cerraba los ojos pero el golpe jamás llegó a su cuerpo, abrió los ojos sorprendido y luego giró su rostro para verme, le hice una seña para que aguantara un poco más y finalmente el agua que lo rodeaba como si fuera un muro se alzó contra el desgarrador tirándolo unos pasos hacia atrás, el agua salió del cuerpo del joven y pronto la masa de agua se convirtió en otro desgarrador que empezó a luchar con el otro para mantenerlo ocupado, él se acercó hacia donde estaba cuando mi cuerpo cedió un poco por la rápida consecución de magia y me ayudó a levantarme, mi mirada azul conectó con la suya y asentí con la cabeza en señal de agradecimiento, nos habíamos salvado mutuamente.


-Estoy bien, puedo seguir –dije porque sus ojos se estaban fijando en la herida del costado pero él no estaba mucho mejor que yo, tenía heridas en el pecho, en los brazos y en las piernas, así también como una bastante grande en el costado por el cual sangraba aunque no parecía tener mayor peligro ni había cercenado nada importante- sigamos –pedí buscando a mi melliza con la mirada para verla rodeada de enemigos que la habían acorralado pero ella, como una fiera vikinga, paraba los ataques con la alabarda y mataba a los soldados con ella moviéndose como si hubiera nacido para estar en el campo de batalla- Eyra... –mi preocupación era evidente por las heridas que tenía y por quizás la falta de fuerzas que tuviera, pero mi atención se vio relegada de mi hermana cuando una segunda bruja apareció en escena, parecía que había luchado contra el otro brujo y fui lo suficientemente rápida como para apartar al joven a un lado y levantar un muro del suelo donde impactó aquella masa verdosa, que al dar contra el muro comenzó a corroerlo hasta que desapareció frente a nuestros ojos, tenía los ojos dañados y anegados en sangre de donde caía gotas que dejaban un surco en su rostro, el joven se lanzó hacia donde estaba pero algo lo desvió de su camino y nos quedamos la bruja y yo peleando, mis fuerzas habían menguado por los conjuros y una onda me lanzó unos metros haciendo que cayera al suelo donde rápida cree una barrera que me protegiera por completo, el joven estaba peleando contra quien parecía el general del ejército por su tamaño y envergadura y no podía ayudarle, la bruja se acercó hacia donde estaba y finalmente creó una neblina verdosa que comenzó a envolver mi burbuja, lo que tocó de vegetación en el suelo hizo que muriera al instante y supe que se trataba de una nube venenosa... pero no estaba todo perdido.
Desde detrás conjuré unas raíces que aferraron sus piernas para que no se moviera a modo de distracción cuando mi mirada se fijó en la de mi hermana quien corría hacia la bruja, mató girando la alabarda a uno de los soldados que se interpuso en su camino y mientras la bruja se deshacía de las raíces que la mantenían fija al suelo mi hermana se lanzó hacia ella atravesándola con la alabarda por el cuello, la neblina desapareció y el cuerpo cayó inerte al suelo, me tendió la mano y nos miramos unos segundos, ya habría tiempo de hablar después de que acabara la batalla.


-Eyra, encárgate de ese desgarrador... yo te ayudaré a contenerlo –los dos todavía seguían creando problemas y de uno de ellos se encargaban nuestros aliados pero el otro seguía luchando contra la masa de agua, ella me sonrió altiva y emprendió el camino hacia donde estaba pero los soldados salían a su paso y la frenaban un poco pero no parando su avance, se acercó a un caballo que había y se montó aferrando la alabarda en su mano, me miró dándome a entender que podíamos comenzar y asentí con la cabeza. La masa de agua con la que estaba luchando envolvió por completo al desgarrador tal y como había pasado con el joven, pero esa vez lo que hice fue reducir la cantidad de agua dejando una capa fina que comenzó a congelarse, envolviendo el cuerpo del desgarrador y dejando solamente la cabeza sin cubrir por el agua que, solidificada y convertida en hielo impedía que se moviera. Miré a mi hermana quien espoleó al caballo para que se acercara aprovechando esa oportunidad que teníamos e hice que el hierro de su alabarda comenzara a arder como si estuviera al rojo vivo, siendo un hierro candente que podría atravesar cualquier cosa. El hielo no aguantaría mucho más porque ya comenzaba a quebrarse cuando la vi, se subió encima del caballo en el momento en que este pasaba cerca del desgarrador y saltó hacia el mismo con la alabarda por delante. El acero ahora ardiendo atravesó la garganta y mi hermana quedó sobre la chepa, fue suficiente como para poder penetrar su piel y darle muerte haciendo que se desplomara hacia delante quedando la alabarda clavada en la tierra y mi hermana en su chepa hasta que el cuerpo del desgarrador cedió hasta el suelo, apartó la alabarda y se centró en el otro desgarrador que quedaba y yo me fijé en el joven que me había ayudado antes, ahora estaba mucho más herido y se acercaba como podía apoyándose en su espada en mi dirección, salí hacia él y rodeé mi hombro con su brazo para ayudarlo, lo apoyé contra una gran roca que había y lo miré de forma fija cuando intentó separarme- déjame ayudarte y podrás volver a luchar de nuevo, puedo curarte rápido y parar la hemorragia para que sigas luchando puedo dejar que te desangres y pierdas el conocimiento si no paro la sangre que brota de la herida –parecía que le daba a elegir pero, realmente, no lo hacía en absoluto. Sin mediar palabra coloqué mi mano en la herida que más peligro revestía y de la que más sangraba, un destello verde envolvió mi mano antes de llevarla a la herida que tenía y que él siseó por el contacto- supongo que eres a quien le he enviado el cuervo, así que tómatelo como agradecimiento.
-¡Thyra! –La voz de mi melliza captó mi atención y giré mi rostro para verla acercarse hacia donde nos encontrábamos, miró al joven con cara de pocos amigos y luego me miró a mí, supongo que quería comprobar que mis ojos volvían a la normalidad después de lo ocurrido.
-Estoy bien –fue lo único que dije, asintió con la cabeza y tras mirar de nuevo al conde salió en dirección donde estaba el desgarrador, quité mi mano tras cerrarle la herida y lo ayudé a incorporarse, miré en dirección donde estaba mi hermana y lancé un suspiro, estaba cansada pero quedaba poco para terminar con aquello y todos se estaban dejando la piel en ello y yo no iba a ser menos. Cerré los ojos y conjuré unas palabras de forma que, por unos instantes, controlé al desgarrador parando su avance dejándolo inmovilizado, no duraría mucho pero lo suficiente para que pudieran herirle lo suficiente, pero era resistente y mi control cedió en pocos segundos. Gruñí cabreada por aquello y cuando vi que iba a atacar a uno de los jóvenes, uno que portaba un hacha en su mano creé una barrera a su alrededor que impidió el ataque sin llegar a tocarlo, sus ojos se giraron buscando a quien lo había lanzado encontrándose con los míos por unos segundos, le hice un gesto con la cabeza y los protegí todo lo que pude con las energías que me quedaban mientras ellos ahora ya sin temer porque les dañaran iban acabando con el desgarrador que poco a poco iba perdiendo fuerza, sangre y vida frente a las heridas que le causaban entre todos.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Atharal el Dom Sep 17, 2017 10:38 am

La condesa y Höor que había corrido hacia allí tenían rodeado al desgarrador que lanzaba con furia zarpazos a diestra y siniestra, deteniéndolos eficazmente con sus armas. El desgarrador se abalanzó contra en conde en una terrible envestida. Este detuvo su arremetida interponiendo sus espadas y deslizando los pies por el suelo. Ella le lanzó un mandoble a su pierna contándosela por la mitad. El desgarrador, desequilibrado, se desmorono hacia un lado. Cogiendo las gemelas con las dos manos, Höor clavo su arma profundamente en su cuello muriendo entre compulsiones.
Me puse en pie con dificultad, necesitaba comprobar el estado de Liam, las piernas me temblaban del sobreesfuerzo, mientras el costado me dolía a rabiar, apreté los dientes y me dispuse a dar el primer paso, cuando note el cuerpo de kala colarse con suavidad bajo mi brazo.
-déjame ayudarte –dijo con dulzura 
Juntos comenzamos a andar hacia el mago, seguía tumbado boca arriba, su respiración era muy inestable. Al llegar allí, me solté de Kala y me deje caer en el suelo junto a él.
Mis ojos buscaron a la dama que había interpuesto con anterioridad el muro entre varios osldados y abatidos y mi persona de no ser por la rubia estaría en bastantes peores condiciones.

-¿Puedes levantarte? –le pregunte
-si claro –me contesto con la voz entrecortada- estoy aquí tumbado por…
Una punzada interrumpió su discurso mientras de nuevo retorcía su cuerpo.
-Déjame ver –apunte mientras llevaba mi mano hacia un enorme hematoma que tenia a la altura de la costilla.
La llegada de los ocndes a nuestra altura me desconcentro, por un momento se hizo el silencio mientras fijaba mi mirada en la pierna de Hoor, Sobre su pantalón ensangrentado y completamente pegado a su piel, fruto de la humedad de la propia sangre llevaba un trozo de tela oprimiéndole la herida. Apoyaba su peso en la espada para ayudarse a caminar, supongo fruto del cansancio, los músculos de la pierna no parecían estar dañados, solo era algo superficial. Respire aliviado, y trague saliva para desaflojar el nudo que me había provocado verlo así.
No tenia mejor aspecto la morena, y la rubia acabando de barrer a los pocos soldados de Randulf que huían despavoridos se acercó al grupo sin pensarlo.
Había usado mucha magia, había curado las heridas de muchos de nosotros, claro no en profundidad y el desgaste físico del grupo era evidente.
Alcé la vista buscando sus ojos, ella miraba mi herida detenidamente, como si estuviera estudiándola. Tras unos segundos busco mi mirada.
-¿Cómo te encuentras? –me pregunto la rubia
-Estoy bien –conteste sin desviar la mirada- ¿y tú?
-Bien –contesto- ¿Como esta tu amigo?
-Parece que tiene varias costillas rotas. No sé si esto le puede haber provocado alguna herida interna.
-Si tiene heridas internas se puede complicar -dijo pensativa-. No podré hacer mucho hasta que descansemos, pero al menos será suficiente.
Se arrodillo junto a Liam con cuidado, era más que evidente lo agotada que estaba, y a pesar de todo se preparo para sanarlo.
-Espera. La de Hoor tiene muy mala pinta –se afano Kala en apuntar- además ha perdido y sigue perdiendo mucha sangre.
-Sana a Liam–le ordeno el conde mirándola con serenidad- nuestras heridas se pueden coser y dejaran de sangrar, pero Liam…
Esta asintió, era difici contradecir a Höor.
-Me parece increíble esto –dijo Kala enfadada- ¿estás ciega? La herida de Höor es la peor, haz el favor de curarlo –instigo a la rubia- Höor no pediría que le sanaras aunque estuviera al borde de la muerte.
La rubia la miro, su mirada tan serena como de costumbre se centro en ella.
-Kala, ¿te llamas así? si Liam tiene las costillas rotas no podrá cabalgar, y hemos de alejarnos de aquí, además entiende que quizás pueda…
-Bueno déjalo, haz lo que quieras –la interrumpió con cierto pasotismo, mientras volvía a clavar sus ojos marrones en Höor.
La mirada inquisitiva del conde la hizo guardar silencio.
-Perdónala, Kala es muy pasional defendiendo a Höor.
-Y también a ti mendrugo -dijo pegándome un capón que aligeró un poco la tensión del momento.
Tras hechar unas risas, algo increible en nuestro estado Höor se encargó de preparar a la poblacion civil para evacuar aquel lugar, verlo siempre me resultaba fascinante, sangraba y sin embargo en pie seguia manteniendo ese porte sereno dando ordenes a diestro y siniestro para que las cosas funcionaras.
En menso de una hora tuvo preparadas a las gentes del condado para llevarlas a Akershus. 
La condesa nueva fruncia el ceño al ver como Höor se estaba haciendo cargo de todo, algo me decia uqe iban a friccionar esos dos.
La rubia me miraba divertida, seguramente pensando lo mismo que yo.
-Hay que alejarse de aquí –les dije a mis compañeros- la noche pronto se cernirá sobre nosotros y este no es un lugar ni seguro, ni agradable.
-Tenemos que buscar un sitio donde descansar -propuso la rubia.
Kala se dejo caer a mi lado, mientras trataba de estirar los músculos de su cuerpo.
-La cueva donde nos refugiamos hace unas noches esta cerca, pasaremos la noche ahí.

…........................................................................................................................................


Estábamos alrededor del fuego que Kala había encendido con rapidez ayudada de la yesca y el pedernal, ella hervía un poco de agua en un cazo para curar nuestras heridas, mientras el resto guardábamos silencio fruto del dolor y el cansancio, el viaje había sido muy pesado, la herida de Höor no había dejado de sangrar prácticamente pese a los serios intentos de Kala por taponarla con su mano, pero el trote del caballo no había ayudado en absoluto.
Todos nos sentíamos extenuados, y el resto de civiles, pese a no haber luchado no parecía sentirse mucho mejor.
-Cosamos las heridas antes de que se infecten y se complique todo esto.
Höor nos recordó que no podríamos descansar en demasía, el territorio era peligroso, apestábamos a sangre y ademas de poder esperar una nueva arremetida de Randulf, en esas zonas abundaban los trolls.
Busque a la rubia con la mirada.
-Mi nombre es Atharal -le dije -lamento la perdida -ni siquiera había tenido tiempo de decírselo.
Sus ojos se desviaron hacia el carro donde trasportábamos le cuerpo de su padre para darle digno entierro una vez llegáramos a Akershus
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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Eyra el Dom Sep 17, 2017 2:12 pm

No me dio tiempo suficiente para acercarme a Thyra y pararla de su estallido de poder, de ese descontrol que le venía cuando una situación muy fuerte o cuando tenía algo que ver con la familia o sus amigos, algo que la hacía romper una cadena en su interior y que hacía perder el control de sus poderes, y es lo que iba a pasar a continuación. Sus ojos ennegrecieron y su cuerpo comenzó a temblar, la llamé para que escuchara mi voz porque no era la primera vez que la veía así pero el conde en vez de dejarme ir me aferró tapándome con su cuerpo como si me cubriera con este, intenté liberarme de su agarre pero no lo hice... no porque no pudiera, sino porque la onda expansiva del poder desatado de Thyra nos lanzó contra la pared estrellando nuestros cuerpos y supe que hasta que no se le pasara ese estallido de poder no podría contenerla, quizás lo mejor fuera dejarla y que se encargara de la bruja mientras aniquilábamos al ejército que nos plantaba cara, pero el cobarde de Randulf no estaba por ningún sitio y me moría por clavarle mi alabarda tantas veces que muriera por la pérdida de sangre y no de un golpe mortal y certero. Nos pusimos en pie y me encaminé para matar a los enemigos que ahora se centraban en nosotros, Thyra atacaba con todo lo que tenía a la bruja creando una batalla épica entre ambas pero yo tenía fe en mi melliza, sabía cómo era y aunque el cuerpo a cuerpo no fuera tan habilidosa como yo en la magia no tenía parangón alguno.

Me encargué de proteger que nadie se acercara a ella en la lucha que mantenía con la bruja, mi alabarda mordió la carne y rasgó vientres dejando las vísceras al aire cayendo al suelo manchando aún más la tierra con sangre, degollé a varios soldados mientras venían más y más a por nosotros, no se cansaban y obtendrían la muerte aquella noche, visitarían Valhalla aunque realmente esperaba que Hell fuera su destino pues servir a ese rey no debía de llevarles ante Odín. Los rayos y los truenos se sucedieron como si una fuerte tormenta se desatara sobre nosotros pero no eran más que mi melliza y la bruja luchando con sus poderes. Tres hombres se acercaron en mi dirección dos con sendas espadas y otro con un hacha que giraba en sus manos como si aquello me intimidara, sonreí de lado por ello y me lancé contra ellos esquivando sus ataques teniéndome rodeada, bailaba con la alabarda como si fuera una parte más de mi cuerpo, me movía con soltura y rapidez esquivando los ataques mortales que me enviaban aunque a veces me rozaban en el brazo o en las piernas, pero yo no paraba en mi cometido. Rodé por el suelo y le sajé las piernas a uno de ellos haciendo que cayera al suelo entre terribles sufrimientos, los otros dos dejaron a su compañero tumbado desangrándose por las heridas sin poder moverse y me rodearon mientras yo giraba la alabarda por mi cuerpo pasándola por detrás de mis manos y los contemplaba.


-Vamos valientes, os llevaré a Hell –sonreí con pura malicia hasta que giré cuando uno de ellos fue a clavarme con la espada para parar el golpe con la alabarda, tiré mi cuerpo hacia atrás cuando el otro intentó darme pero solamente cortó el aire y aprovechando eso cogí su muñeca haciendo que desviara el golpe y clavara a su compañero, inmovilizado por mi arma, para darle luego una patada y alejarlo dejando al otro cerca de mí con la espada clavada en su hombro, con la alabarda hice que se clavara con fuerza en el suelo pero aprisionando su pie y en un giro rápido y brusco saqué la espada y le degollé la cabeza dejando el cuerpo cayendo de rodillas todavía con mi alabarda clavada en su pie. Me alcé mirando al tercero que quedaba con su espada en mano y me lancé a por él asestándole golpes que él con su escudo trataba de evitar pero no podía, mordía su escudo haciendo cada vez más hueco y más brecha, no me cansaba y asestaba golpes sin piedad hasta que lo tuve con una rodilla clavada en el suelo, di una patada a su escudo y clavé la daga atravesando su brazo a lo que él gritó por el dolor y finalmente encontró la muerte al sacar la espada y hundirla en su garganta. No me dio tiempo a reponerme cuando cuatro más se acercaba en mi dirección, rápida cogí el escudo que le había quitado y me protegí de la saeta que enviaron en mi dirección, avancé parando las flechas y corrí hacia la alabarda que seguía clavada en pie del otro antes de que llegaran a por ella- la alabarda es mía –declaré rodando por el suelo dándole un golpe con el escudo en el vientre al que pretendía cogerla y lo alejé, cogí la alabarda y me moví rodando por el suelo para esquivar otra saeta que me pasó rozando el cuello y que me provocó una herida, pero ni de lejos eso iba a pararme. Se la tenía jurado a ese arquero y lo mataría el primero de ellos. Pronto me vi rodeada observando que de lejos el arquero seguía cargando sus flechas así que me moví girando sobre mis pies para evitar los ataques de las espadas que iban a matarme y las paré con el acero de las mismas, siendo más que yo empujaron hacia abajo para dejarme con una rodilla hincada en el suelo y vi que dejaban el hueco justo para que el arquero disparara y colara la saeta que daría en mi costado- ni de coña –dije haciendo fuerza para desviar las espadas hacia un lado pasando por mi hombro provocándome una herida pero si me quedaba quieta la saeta atravesaría mi piel y no pensaba morir en aquel día. Cogí a uno de los hombres y lo agaché de tal modo que cuando disparó la saeta atravesó su rostro matándolo y sonreí desafiante al arquero que fruncía el ceño.

Llevaba en el cinto un hacha así que se la quité y rodé lejos de los otros tres que me rodeaban así que cuando tuve rango de tiro ni lo pensé, el hacha salió volando y dio en el rostro al arquero matándolo en el acto y haciéndome sonreír, pero todavía debía de encargarme de otros tres más. Paraba los golpes con la alabarda para que no pudieran darme, me defendía de ellos y cuando podía les asestaba el golpe de gracia que los mataba pero siempre moviéndome para no quedarme quieta y ser un blanco fácil. Llevaban espadas largas lo que hacía que el rango fuera del mismo alcance que el mío y eso había salvado a los dos que quedaban frente a mí rodeándome, en un ataque desesperado solté la mano de la alabarda para obtener mayor rango pero se agachó en el último momento evitando el golpe, rodó por el suelo llegando hasta donde yo me encontraba y clavó una daga en mi pierna que me hizo gruñir, incluso antes de que se levantara le di un fuerte puñetazo en el centro del rostro que lo aturdió por un momento haciéndole sangre, quité la daga de mi pierna y se la clavé en un ojo, quitarla del lugar arrancándoselo y finalmente clavarla en su corazón dando una patada a la daga por si acaso, cayó desplomado al suelo y el otro en una lucha de uno contra uno, aunque me presentó algún que otro problema, acabé matándolo.

Me giré hacia donde se encontraba Thyra, quien estaba con el conde, y echándole una mirada a este con el ceño fruncido sin gustarme para nada miré a mi melliza para ver si estaba bien, me pidió que acabara con el desgarrador que luchaba contra una masa de agua que había creado ella mientras los demás se encargaban del otro, acabé asintiendo con la cabeza y corrí en dirección hacia la bestia, dos solados se cruzaron por el camino pero no tenía tiempo que perder así que los maté todo lo rápido que podía. Me dolía la pierna sobre todo por el corte de la daga que me había atravesado pero ignoré el dolor y corrí en dirección cuando me percaté de que había un caballo totalmente solo, ni lo pensé cuando fui a este y me monté aferrando la alabarda con fuerza, miré a Thyra y le hice un gesto con la cabeza para ir en dirección al desgarrador. Una capa de hielo fina cubría y paraba sus movimientos pero mientras me acercaba al galope pude ver que no era suficiente, cuando estuve cerca salté con el arma por delante y con un grito atravesé su garganta de la que empezó a salir humo, supuse que mi melliza había hecho algo para que quemara de esa forma y acabó desplomándose al suelo muerto, por fin. Quedaban más soldados y otro desgarrador más y me encaminé hacia el mismo para darle muerte junto con los demás ayudados por la magia de Thyra quien nos mantenía con un escudo que nos aislaba de sus golpes. Se quedó sin una pierna y aprovechando esa ventaja hundí la alabarda en su vientre mientras que el conde terminaba de rematarlo subido sobre él. Los pocos soldados que quedaban huyeron pero Thyra se encargó de ellos y me acerqué al pequeño grupo cuando lo hizo ella, pronto comenzaron a exigirle que los curara y enarqué una ceja ante la insistencia de una de ellas porque curara al conde.


-Mi hermana no es vuestra curandera –alegué en tono frío mientras los miraba a todos, centrándome en la tal Kala que no me miró con buena cara pero sinceramente me importaba una mierda, pero estaban perdiendo el tiempo discutiendo a quién curar cuando todos estábamos heridos y teníamos que movernos, debía de movilizar a mi gente- Thyra –la llamé a lo que ella puso sus ojos azules en los míos, con desaprobación en su mirada por lo que estaba haciendo y me giré para empezar a mover a la gente dejándola allí, que se apañara como pudiera. Lo que no me gustó en absoluto es que fuera aquel conde el que movilizara a mi gente y organizara todo, mi mirada estaba clavada en él y aferré mi alabarda con fuerza por ello, ¿acaso era él el conde de Hedmark? Según recordaba era yo quien tenía el medallón y no él, la mirada de Thyra me pidió que me callara y gruñí, ¿por qué debía de callarme? Lo hice por no retrasar la partida pero no me gustó que lo llevara él bajo ningún concepto. Una hora más tarde salíamos de Hedmark con la visión envuelto en llamas, me quedé mirando montada sobre mi corcel negro en la colina la vista de lo que había sido mi lugar durante mucho tiempo, el humo negro que se alzaba hasta el cielo y juré que mataría a Randulf, me cobraría la muerte de mi padre. Seguimos avanzando hasta que finalmente llegamos a una cueva donde pudiéramos descansar, los civiles que no habían luchado se veían igualmente cansados y era el momento de curar nuestras heridas, aquel lugar no era seguro para nada y ni en aquella cueva con el fuego estaríamos a salvo. Mi hermana se centró entonces en curar las heridas de aquellos que habían luchado a nuestro lado bajo mi mirada para nada en aprobación, curaba la herida que tenía y fui yo misma quien la cosí echando miradas que podrían matar al conde de vez en cuando, cuando acabé salí de aquella cueva en dirección al exterior para alejarme de aquel momento. La ira y la rabia aun crecían en mi interior y verme sin el control que debería de tener por ser la condesa me exasperaba en demasía, la luna se reflejaba en el cielo y me alejé un poco de la cueva para tener la zona asegurada y despejada, no temía una réplica de Randulf porque su ejército tardaría en llegar pero los seres que habitaban aquel lugar sí podrían presentarnos problemas.

Cansada por la batalla pero con las heridas cosidas me alejé de la cueva donde descansaban todos, ahora era mi prioridad protegerlos y no iba a fallarles, mi padre había sido un buen conde y pretendía seguir su ejemplo. A unos metros de donde se refugiaban hallé unas huellas demasiado grandes como para ser de una persona normal y solo conocía un ser que podría tener aquella huella: un troll. Quizás una pareja puesto que nunca bajaban solos y eran peligrosos, si llegaban a oler la sangre que portábamos atacarían la cueva y nos pillarían de improvisto, ni lo pensé cuando me puse a seguir el rastro que me llevaba al interior del bosque donde nos encontrábamos, hasta Akershus aún quedaba un día entero de viaje así que me dispuse a reforzar la zona y lo mejor, sin duda alguna, es acabar con aquellos trolls, la luz del sol los mataba así que salían a cazar de noche pero por aquella vez ellos iban a ser los cazados. Los encontré merodeando por el lugar y aproveché el viento a favor que tenía y la elevada posición que tenía al estar sobre el saliente de una roca, los observé y sonreí de lado, animales tan estúpidos pero tan peligrosos si no ibas con cuidado. Buscaban algo de alimento y si se desvían de rumbo serían atraídos por el olor de la sangre, me quedé agazapada esperando el momento perfecto y cuando tuve a uno de ellos justo debajo de mí me alcé y salté por el saliente para atravesar la piel del troll con la alabarda, quedó enganchada en su espalda y presioné con fuerza para clavarla aun más mientras el otro se giraba en nuestra dirección, este intentaba llevar sus manos hacia donde estaba y por poco me pilló y me cogió sino fuera porque con el hacha del cinto le di en los dedos haciendo que retirara sus manos. Moví la alabarda a un lado y el troll se movió en esa dirección esquivando así el golpe que pretendía darme el otro en la espalda, salté al suelo y le hice una herida en los tobillos que lo hizo caer de rodillas, no tardé demasiado en atravesar la cabeza del troll con la alabarda dándole el muerte, el otro por lo que había pasado no estaba nada contento y gruñó con fuerza dándose unos golpes en el pecho.


-Oh mira qué penita –comenté cogiendo la alabarda con fuerza- venga... ¡vamos! –Le grité para que se acercara, necesitaba descargar todo lo que llevaba dentro o la cabeza del conde rodaría por mi alabarda, llevaba un cúmulo en mi interior que solo calmaba con la lucha, cuando mataba, cuando me llenaba de sangre... así era yo y así solía solucionar las cosas. El troll me presentó batalla y dificultad, todo había que decirlo, era lento pero había aprendido que rodaba de vez en cuando y una de esas veces me atrapó entre sus dedos, me apretó como si intentara reventarme y luché por liberarme pero su agarre era firme, abrió la boca con la intención de comerme pero un hacha voló en dirección hacia la boca clavándose en esta haciendo que el troll me soltara, caí al suelo y rodé lejos para ver quién era el que me había ayudado. Gruñí cuando vi al conde acercarse con su espada blandiéndola a dos manos- ¡tú! –Rugí observándolo levantándome en lo que él se acercaba y cogí mi arma que estaba en el suelo- no necesito tú jodida y maldita ayuda –el troll intentaba quitarse el hacha como podía, en su brillante inteligencia, dándonos un respiro mientras nos fulminábamos con la mirada- ¿no te sobra con dirigir a mi gente? Mi padre te dijo que nos cuidaras y mira no quise quitarle la última voluntad, pero no necesito tu ayuda –giré la alabarda entre mis manos- puedo sola –le solté para darnos cuenta de que el troll se había quitado por fin el hacha y nos miraba a los dos, ahora parecía que éramos su cena y pensaba matarnos a los dos.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Höor Cannif el Dom Sep 17, 2017 3:49 pm

La vi salir de la cueva con la ira reflejada en su mirada, observé sus pasos de reojo mientras daba las ultimas puntadas a mi pierna herida.
Bufé al verla alejarse de su pueblo, lejos de ir a ayudar, repartir pieles cualquier tipo de ayuda necesaria, ella se alejaba posiblemente en busca de problemas.
Sabia el fuego que crecía en su interior, no era distinto al mio, a ese que te devora cuando sientes que lo has perdido todo, cuando ves al norte en llamas y como único responsable de la destrucción tienes un nombre y un rostro al que quieres dar caza.

Se equivocaba en el modo, se equivocaba en las formas, solo era un niña rabiosa que creía hacer lo correcto cuando ni siquiera sabia gestionar la ira que sentía en este momento.
Salí tras ella cuando la vi salir de mi rango de visión, había prometido a su padre que cuidaría de sus dos hijas y por Odin que nunca quebrantaba la palabra dada y mucho menos a un hombre del honor de su padre en el lecho de muerte.

Me agaché acariciando la huella pintada en el suelo Trolls, una pareja posiblemente por la diferencia de tamaños.
Los Trolls pocas veces viajaban solos, eran bastante cooperativos, así que algo me decía que si habían dos, en las inmediaciones habría algún grupo algo mas numeroso.
La razón de la mujer brillaba por su ausencia, en vez de regresar al campamento y mantenerse quieta habilitando guardias que nos mantuvieran a salvo, ella había decidido ir a enfrentar por su cuenta a las bestias herida.

Bufé aligerando el paso todo lo que me lo permitieron las heridas mientras apretaba los dientes por el dolor que sentía.
Como imaginé la vikinga de la alabarda había empezado su sangrienta cacería, había dado muerte a la hembra, pero un macho furioso la había sujetado con pericia y la hubiera partido por la mitad de un mordisco si mi hacha no hubiera sobrevolado la distancia clavándose en él con violencia y haciéndole retroceder.

Salté de encima del risco corriendo hasta la posición de la morena que me escupió un “¡tu!” como si fuera al ultimo ser sobre la faz de la tierra que esperara.
-Seguro que lo puedes decir con mas emoción -gruñí de forma sarcástica dándole un empujón para esquivar así la nueva arremetida del troll.
Mucho tenia que decirle, mas ahora mismo mi intención era acabar con el bicho cuanto antes, porque si el grupo escuchaba signos de batalla estábamos perdidos.

La ignoré lo hice básicamente porque discutir allí no era ni lo inteligente ni lo adecuado teniendo en cuneta que esa mujer estaba depositando en mi toda la frustración de haber perdido a su padre.
Solo intentaba ayudarla, jamas fue mi intención ni ningunearla, ni mucho menos quitarle su poder, pero en este momento difícil necesitábamos respuestas rápidas y yo las tenia, me había enfrentado a demasiadas guerras como para no tenerlas.

El trol arremetió contra mi, la alabarda de la dama se interpuso entre medio, quería llevarse la victoria a cualquier precio, se enfrentaba a sus demonios, a mi entre ellos y se equivocaba de enemigo pero no sabia como mostrarle el camino.
Rugí malhumorado embistiendo al Troll, mi hombro cargó sobre su vientre haciéndolo retroceder lo suficiente como para permitirme afianzar el pie izquierdo en el suelo y siendo el mandoble con sendas manos viré la cintura sajandole el cuello hasta que la cabeza cayó a los pies de la vikinga manchandole el rostro de sangre verdusca.

Su mirada centelleó contra mis pardos, un duelo de egos que no nos llevaría a ningún maldito sitio.
-Eres imprudente, tu ansia de gloria puede llevar a tu pueblo a la muerte.
Cuando eres un conde, dejas de importar tu, deja de pensar como la guerrera que eres y piensa en que este acto suicida bien puede atraer a mas trolls, olerán tu sangre y los llevaras directos a nuestra gruta, eres terca, una cría malcriada, eres tozuda, incapaz de pensar y de ver mas allá de tus propias narices.
Me ves tu rival y nada mas lejos de la realidad, me necesitas, de echo, creo que en este maldito mundo no existe nadie a quien necesites mas que a mi, así que recoge tu orgullo y guardatelo cuando estés frente a mi. -le dije de forma altiva.


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Thyra el Lun Sep 18, 2017 11:23 am

La batalla no había sido fácil, Randulf había atacado con todas sus fuerzas y se había cobrado la vida de muchos hombres en aquella batalla, claro que seguramente a él le importara bien poco los hombres que haya perdido porque tenía muchos más que estaban en sus filas, el mayor daño que quería hacer ya lo había hecho al haber matado a mi padre y destruir en parte Hedmark, eso sí lo había conseguido y seguramente con aquello por el momento le bastara, pero no se cansaría hasta ver al norte reducido por completo a cenizas, hasta que no sembrara el terror en todos los lugares no pararía puesto que para él solo había una forma de ver las cosas, y era a su manera. Aquellos que nos oponíamos a su tiranía, aquellos que no lo considerábamos nuestro rey éramos atacados por sus tropas hasta ver el lugar reducido a escombro y ceniza, fuego y roca era lo único que quedaba de los lugares que había arrasado, lo sabía porque padre nos lo había contado varias veces de sus luchas contra el rey, sabíamos que en algún momento llegaría el día en que Randulf llamaría a nuestra puerta y esperaría a que respondiéramos a su llamada para unirnos a sus filas, pero lo cierto es que mi padre amaba al norte y jamás hincaría la rodilla frente a un rey que lo que quería era precisamente lo contrario. Cansada como estaba en esos momentos terminé de arremeter contra los soldados que quedaban y que huían despavoridos del campo de batalla cuando me acerqué hacia donde se encontraban todos en un círculo, sinceramente me preocupaba Eyra, había visto cómo había mirado al conde y sabía de su carácter y su temperamento, me acerqué cuando me di cuenta de los heridos que estaban todos.

El mago estaba tumbado en el suelo y me propuse a curarlo cuando una joven morena me lo impidió diciendo que debía de curar primero a su conde, que su herida revestía más importancia pero lo cierto era que quizás la del brujo tuviera alguna lesión interna, algo que si no curaba ya podría revestir problemas en el futuro. El joven me miraba y pedía que curara al mago pero la morena insistía en que curara al conde pero este no hacía comentario alguno, mi hermana como no tuvo que saltar alegando que no era la curandera de nadie, le eché una mirada en desaprobación total y se alejó de allí dejándonos discutir. Finalmente, aunque intenté razonar con la tal Kala que una herida interna podría ser más perjudicial el conde emitió que curara al mago pese a la negativa de la mujer, el joven me pidió disculpas por su actitud y negué con la cabeza. Me había preguntado cómo me encontraba fijando mis azules en sus verdes y asentí levemente alegando que estaba bien, le pregunté cómo estaba él y me respondió de la misma forma, se le veía herido pero aun así quiso que curara a su amigo el hechicero.

Siendo yo también hechicera podía ver el aura del joven y supe que se trataba de un cambiante, tras tratar con algunos sabía perfectamente el aura que tenía cada uno y me centré en curar al mago mientras de reojo veía a mi hermana fulminando al conde con la mirada quien se había encargado de preparar todo para partir hacia Akershus, en Hedmark no quedaba nada y pasaría un tiempo hasta que pudiéramos reconstruirla de nuevo. Mis ojos observaron que él también estaba viendo como mi hermana le lanzaba miradas furibundas al conde y solo con la sonrisa que traía en sus labios, en la que me fijé un par de segundos, para luego sonreír yo también supe que ambos habíamos estado pensando lo mismo: que esos dos iban a chocar con el paso del tiempo. Una hora más tarde estaba todo preparado para partir hacia Akershus, montados en nuestros corceles, Eyra negro y yo blanco miramos sobre la cima de la colina lo que había sido nuestro hogar durante todos aquellos años, el tiempo que habíamos pasado allí y ahora lo veíamos reducido a cenizas... la cosa no quedaría así, nos cobraríamos venganza por lo que Randulf había hecho y si el conde era nuestra mejor baza la aceptaríamos, pero sabía que Eyra, después de todo, no lo haría... la conocía demasiado bien a mi melliza como para darme cuenta de eso con solo verla.

Tras un largo camino cuando la noche se cernió sobre nosotros paramos en una cueva para poder descansar, aunque el ejército de Randulf no nos haría una réplica porque no tenía el tiempo suficiente de llegar hasta nosotros, en aquellos lares sí habían seres que podían ser peligrosos por lo que Höor, que así sabía que se llamaba el conde que había venido en nuestra ayuda, dijo que descansaríamos un rato y que continuaríamos la marcha. Todos estábamos cansados por la guerra, heridos por la batalla que habíamos tenido y algunos necesitaban más atención que otra, como el mismo conde que no se había curado todavía y de la cual sangraba todavía su herida. Los civiles, pese a que no habían luchado tenían el ánimo por los suelos al haber perdido no solo a su conde, sino también sus hogares, sus recuerdos... tenía la espalda apoyada en la cueva cerca de la lumbre que Kala había encendido, no era una mala mujer solo se preocupaba por su conde y no podía culparla por eso. Cerré los ojos descansando apenas unos segundos antes de ayudar con lo que hiciera falta, mis energías no se habían renovado por completo pero podía curar algunas de las heridas más graves o, al menos, darles un tiempo hasta que llegáramos a Akershus y allí sus curanderos hicieran el resto del trabajo. Abrí mis ojos cuando sentí la presencia de aquel cambiante a mi lado, sus heridas todavía no estaban curadas del todo pero su condición le ayudaba a que estas cerraran con mayor antelación. Mis ojos se centraron de nuevo en sus verdes y sonreí de forma leve por el cansancio que llevaba encima. Se presentó dándome su nombre y justo después me dio las condolencias por la pérdida de mi padre... mis ojos se desviaron con dolor hacia el carro donde transportábamos su cuerpo para darle un digno entierro vikingo al llegar a Akershus y suspiré con cierta tristeza en mis ojos.


-Aún no me hago a la idea de que se haya ido... –comenté mirando hacia el fuego perdiendo mis azules entre las llamas del fuego- Eyra es mucho más fuerte que yo en ese aspecto, su fortaleza es tan grande que no se quiebra por nada... yo sin embargo perdí el control cuando lo vi –reconocí recordando cuando había perdido el control de mis poderes al descubrir que mi padre había muerto, después de la batalla cuando todo había terminado y habíamos organizado todo para partir me había quedado aferrada a su cuerpo llorando sobre el mismo durante tantos minutos que no recordaba cuántos fueron, me habían dejado mi espacio y mi hermana solo había estado tras mi espalda, impasible, pero lamentando también su pérdida. Fue ella la que me había apartado del cuerpo de padre para que pudieran subirlo al carro- lo tenía como a un héroe, es un héroe –rectifiqué porque, aunque se hubiera ido, eso no cambiaba nada- aunque siempre supe que de las dos sería Eyra quien seguiría sus pasos y se convirtiera en condesa... es duro aceptar que ya no... –me callé y lancé un suspiro dándome cuenta de que mis ojos se habían cristalizado de nuevo, y que además, le podría estar aburriendo con aquello- perdona –dije limpiando mis ojos para luego centrarme de nuevo en sus ojos- encantada Atharal, soy Thyra –le dije sonriendo quitando ese rastro de dolor y de pesar que había tenido antes, de nada servía lamentarme- ¿me dejas curarte? –Pregunté viendo que tenía un par de rasguños y llevé mi mano hacia el borde de la camisa que llevaba aferrando el borde con mis dedos- ¿puedo? –Pregunté observándolo antes de subirla con su aprobación, tenía un par de heridas no muy profundas y que ya cicatrizaban, pero había una en el costado que le costaba cerrar un poco más. Me centré en esa y mis dedos recorrieron la herida de forma delicada y suave sin intención de hacerle daño, mis ojos se desviaron por el musculoso y bien formado torso que tenía el guerrero desviando mi atención y luego volví a la herida- es raro que no esté curándose –dije para con un sencillo hechizo comprobar si podría tener veneno, sería la causa más lógica de que no cerrara siquiera siendo él un cambiante. Al salir un pequeño hilo negro de la herida mordí mi labio y lo miré, parecía preocupado por lo que había salido- no se cura porque la tienes envenenada, supongo que en algún momento se te infectó y aunque tengas las propiedades de sanación aceleradas eso no significa que puedas contra el veneno –sonreí y me levanté, dándome cuenta de que Eyra no estaba y fruncí el ceño por ello, pero la dejé porque la conocía demasiado y ella debía de sacar su dolor de otra forma, cogí unas plantas que había en la entrada y volví sentándome junto a Atharal- esto te aliviará hasta que lleguemos a Akershus, allí podrán extraerte mejor el veneno –mojé las plantas en el agua hirviendo que había puesto Kala en el fuego y después las coloqué sobre la herida dejando mi palma para que no la apartara pese a que quemara- así que... ¿cambiante, eh? –Dije viendo que su cuerpo se destensaba por el calor de las plantas y coloqué una venda para que actuara contra el veneno- ¿felino, quizás? –Pregunté y luego subí mis ojos a los suyos- no, lo cierto es que no tienes cara de felino –sonreí levemente- dime, ¿de qué clase eres tú, Atharal?



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Atharal el Mar Sep 19, 2017 5:04 am

Escuché frente al fuego, acunados por su intrépido crepitar las palabras de la joven hija del conde, me había dicho que se llamaba Thira.
-La madre de Höor se llama igual que tu -le dije intentando distraerla de la idea -esta guerra se ha llevado demasiados héroes -le aseguré apartando un mechón de su pelo que caía alborotado sobre su rostro.
-Tu padre era un buen hombre, un gran conde, fiel al norte, a la causa. Randulf es un hijo de puta que se encarga de llenar la noche de lapidas incendiadas.
Cree que con esto acabará diezmandonos, pero se equivoca, el norte no es un niño conformista.

Los mares de la doncella siguieron la estela de su hermana, iba a lazarse cuando alargué la mano para detenerla. Höor había ido tras ella, así que intuí que estaría fuera de peligro y necesitábamos descansar, de no hacerlo no podríamos emprender camino hacia Akershus.
-Dejala, el conde es muy persuasivo -le dije guiñandole un ojo mientras me recostaba ligeramente hacia atrás.

Thira me pidió permiso para ver mis heridas, la mayoría cicatrizaban solas gracias a mi condición, pero una de ellas parecía rehacía a curarse.
Sus dedos se deslizaron por mi vientre, lo contraje sin quererlo por el dolor, ella alzó la mirada hasta mis ojos, negué para que no se preocupara y siguiera, estaba bien
-Veneno -ladeé la sonrisa -a saber si es que me ha escupido alguna de las zorras de Radulf.

La rubia sonrió por mis palabras y se fue a buscar unas plantas que hervidas en agua colocó en mi vientre sujetas por su mano.
Cerré los ojos sintiendo alivio, como si desinflamara la zona y ayudara a la sanación acelerada a hacer el efecto correcto.
-Joder que bien -solté con un jadeo.

Ella se echó a reír yo con ella, siempre habia sido muy expresivo y supongo que msi modales no eran exactamente lso de una condesa -y ya si tienes algo de comer -bromé mirnadola -no, no soy felino, aunque no se me da mal lo del salto del tigre -le dije lanzandole un mosdisco al aire -si quieres te lo demuestro.

Ella niega riendo, al menso el ambiente se habai destensado netre nosotros y con la adrenalina corriendo por mis venas, mis dedos se perdieron por su muslo sin ningun tipo de vergüenza.-Soy un águila ¿quieres que te lle al Valhalla? -le pregunté alzando el torso para quedar a escasos centímetros de sus labios mientras ambos nos estudiábamos de cerca.
-Debería estar corriendo la hidromiel -susurré contra su boca- estar celebrando la victoria entre las piernas de mi valquiria y aquí estamos...heridos y huyendo como ratas.

Un trozo de corteza de árbol me dio en la cara, gruñí buscando con la mirada a la dueña de tal ultraje, Kala se reía divertida.
-Pazguato tu valquiria es la mas gorda, así que deja de comerle la cabeza a la rubita.
-Calla celosa, hoy mi valquiria es rubia con piernas largas -dije deslizando mis ojos por el cuerpo de la condesa -gorda era cuando estaba contigo.

Esquivé un tronco que me lanzó y todos nos partimos de risa mientras ella rugía maldiciones.
Kala era una mujer muy bella, entre nosotros había una gran amistad, habíamos tenido alguna cosa después de las batallas, borrachos, pero nada importante, sexo...


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Eyra el Mar Sep 19, 2017 10:55 am

La última persona que pensaba ver sobre la faz de la tierra ahora estaba justo corriendo en mi dirección tras haber lanzado aquella hacha en dirección al troll que había hecho que me soltara del agarre de su mano, mientras me había apretado para matarme o bien llevarme a su boca para morderme y así ser parte de su cena. Mis ojos se fijaron en él aferrando la alabarda con fuerza en mi mano apretando el mango de la misma y cuando llegó a mi lado en vez de pararse me empujó apartándonos a ambos de la embestida del troll que había arremetido contra nosotros, pareció que le había hecho gracia la forma en que había pronunciado ese “tú” porque su sardónico comentario no tardó en llegar al acercarse hasta donde me encontraba. Me alejé de él con la rabia y la furia todavía bullendo en mi interior, necesitando descargar todo lo que llevaba dentro y a diferencia de mi hermana Thyra yo no sabía gestionar las emociones demasiado bien, yo no lloraba ni mucho menos contaba lo que me pasaba, yo me desquitaba y descargaba aquello que tenía en mi interior en la pelea, luchando, matando, llenándome de sangre... así era como yo vencía todo, era la única forma que conocía y ahora había venido él, como si lo hubiera invocado aunque más bien como si fuera el héroe de aquella noche para de alguna forma quitarme a la presa. Joder, me había alejado de la cueva porque no estaba en las mejores condiciones, porque de permanecer allí estallaría y él sería el que más quedara salpicado con todo y ahora... ahora lo tenía allí, espada en mano y mirándome como si me reprochara mi actitud, algo que me hizo gruñir antes de que el troll volviera a la carga de nuevo.

Fue a arremeter contra él pero mi alabarda paró el golpe que iba directo hacia él, sus ojos se pusieron en los míos de nuevo de aquella forma y antes de que yo pudiera hacer nada cargó contra el troll empujándolo con su hombro, lo hizo retroceder un par de pasos y aprovechando esa situación cogió su espada con las dos manos y de un movimiento de cintura decapitó al troll haciendo que la cabeza rodara por el suelo y me salpicara también con su sangre de color verde oscuro hasta que acabó rodando quedado frente a mí... no solo me arrebataba el mandar a mi pueblo y dirigirlos sino que ahora también me quitaba a la presa, y no estaba enfadada –aunque en parte sí lo estaba- porque lo hubiera matado él, sino porque era la forma que conocía de descargar todo lo que llevaba dentro y él me lo había arrebatado también. Me había alejado yo sola por un maldito motivo y aunque le había dicho que yo podía sola se había empeñado en seguir siendo el maldito héroe de la noche... y estaba llevando al maldito límite en el que al final acabaría partiéndole la cara como siguiera así y las pagaría con él, como realmente quería hacer pero me había ido porque no era ni lo ético ni lo moral... pero me tocaba las narices muchísimo y mi límite cada vez iba llegando más y más.

Nos miramos de forma fija durante unos segundos en los que ninguno de los dos apartó la mirada, nuestros egos no nos lo permitían y yo quería matarle mientras lo miraba de forma fija con el ceño levemente fruncido, quería descargar mi rabia y mi furia contra él, mi puño se cernió con fuerza alrededor del mango de la alabarda para no estamparlo en su rostro y, por si todo aquello fuera todo, tuvo que abrir la maldita y jodida boca para comenzar a hablar. Cada palabra que salía la odiaba más que la anterior, y no se cortó al parecer en decir lo que pensaba de mí como si tuviera algún tipo de derecho para hacerlo, me juzgó como si me conociera de toda la vida y supiera como era cuando no tenía ni puta idea de cómo era yo, juzgándome a placer mientras seguíamos desafiándonos sin parar mientras seguía hablando y yo más y más me cabreaba, más y más se llenaba aquel límite que en realidad no tenía porque la paciencia no era una virtud que tuviera, pero él seguía hablándome como si yo le hubiera preguntado. Me llamó malcriada, me dijo que era una niña inmadura cuando no lo era para nada, imprudente por haber ido por los trolls cuando no tenía que pedir permiso a nadie, que no sabía llevar ni dirigir a mi pueblo y aunque en parte eso sí era cierto porque padre apenas me había empezado a enseñar, no era quién para decírmelo, como si él tuviera todas las respuestas y fuera el mejor del mundo. Lo que me tocó la moral y fue la gota que colmó el vaso fue cuando dijo que lo necesitaba y que recogiera mi orgullo frente a él... y una mierda. Suficiente.


-¿Y a ti quién cojones te ha preguntado? ¿Crees acaso que me importa una mierda lo que me digas en estos momentos, es más, quién cojones te crees para decirme cómo soy o cómo dejo de ser? Tú, que ni siquiera me conoces, que ni siquiera sabes cómo soy ¿tú te atreves a juzgarme? –Una risa salió de mis labios en forma fría, oscura y totalmente irónica- y una mierda, conde –la última palabra la dije con sorna porque si pensaba que, por eso, iba a postrarme ante él estaba más que malditamente equivocado- quizás mi padre te tuvo en aprecio y consideración, te respetaba, pero para mí no eres nadie y no pienses que voy a ceder solamente por eso. Tú, que vienes y te presentas como el salvador llevando las riendas de algo que no te pertenece porque no es tuyo, no eres el único conde así que estamos en la misma posición y no me voy a postrar ante ti si es lo que quieres  o estás pensando –aseguré con la voz fría y oscura- así que no vuelvas a dirigir de nuevo a mí pueblo porque soy yo, y no tú, el que tiene el emblema de la familia y la próxima vez vamos a tener un problema más gordo como siquiera lo intentes, no eres rey así que no eres quien para mandarlos –di un paso hacia él mirándolo de forma fija- hiciste una promesa a mi padre en su lecho de muerte y yo, aquí y ahora, te relevo de esa promesa porque no pienso dejar que tú me cuides, no necesito a nadie que lo haga y mucho menos voy a dejar que seas tú en todo caso, no te necesito para nada –acabé porque no quería nada de él y nunca lo querría- si me he ido y me he alejado no es algo de tú jodida incumbencia, pero sin embargo tú, con tus ínfulas de héroe tenías que seguirme para tenerlo todo bajo tú completo control ¿no es así? Pues te voy a decir algo: yo soy incontrolable –di otro paso más- ¿mis ansias de gloria? No tengo porqué explicarte el motivo por el cual me he alejado de la cueva, para mí no eres nadie y no te debo ni respeto ni obediencia absoluta... me fui para no partirte la cara pero parece que estás empeñado en que lo haga. Me dices a mí de ansias de gloria pero, ¿quién ha aparecido corriendo espada en mano, quién ha matado al troll? No, conde, ese más bien pareces ser tú –de un movimiento rápido sin que se lo esperara mi puño se estampó en su rostro con fuerza, girándole el rostro, deseaba hacerlo y me contenía porque quería reventarle literalmente, pero me contuve porque pese a todo no sería una pelea de igual a igual y las cosas no me gustaban fáciles- vuelve otra vez, a siquiera decirme cómo crees que soy... y te llevarás algo más de un puñetazo de mi parte, créeme, me he quedado con ganas de más –amenacé observándolo clavando mi mirada en él, no habíamos empezado bien para nada.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Höor Cannif el Mar Sep 19, 2017 12:10 pm

Ladeé la sonrisa mientras la vikinga escupía en mi cara todo el veneno que llevaba dentro “tu no eres nadie” se empeñaba en recordarme mirándome a los ojos mientras sus ojos centelleaban de pura rabia frustración.
Su ego se resistía a reconocer que su acto había sido absurdo, no dudaba que necesitara evadirse, matar, gritar o llorar, que necesitara desfogarse y había buscado esta vía para hacerlo ,pero tenia que entender que cuando eres conde, cuando la gente depende de tu buen juicio dejas de preocuparte por tus necesidades y los pones a salvo.
Una vez en Akershus ella podía bajar al patio de armas y desfogarse y yo beber hasta no tenerme en pie, pero eso seria después.
Su gesto era imprudente porque con esta acción podía haber atraído a mas trolls, bestias que bien sabían seguir el rastro, con olfato bastante desarrollado como para dar con el resto de su pueblo malherido y liquidarlos.

Estaba dispuesto a ayudar, pero no a que masacraran a mi gente por proteger a los suyos de los designios de una niña.
Apreté los dientes y mi gesto se tensó con cada una de sus palabras dichas ¿me liberaba de mi palabra?
-Puede que para una niñata como tu, la palabra sea algo sin valor, pero para mi, las palabras definen al hombre y mi palabra se la di a tu padre, no a ti, si quieres librarte de mi, hazte una mujer ante mis ojos y deja de lloriquear por la perdida, todos hemos perdido en esta guerra y por desgracia algunos como tu o como yo ,no podemos dedicarnos a llorar cuando nos da una pataleta -ironicé frente a su rostro.
La pelea entre ambos era titanica, ninguno daría su brazo a torcer pero de sobras ambos sabíamos que yo abanderaba la cordura y la razón y ella solo el dolor.

No entraba en razón, es mas la muy insensata se atrevió a amenazarme y arrearme un puñetazo con el puño cerrado que me giró la cara asegurando que tenia ganas de mucho mas que de esto.
No termino la frase cuando con la mano abierta le arreé tal hostia que la lancé al suelo con su alabarda aun sujeta entre sus dedos.
-Asegúrate de que cuando golpees no vayan a devolvértela -rugí desafiándola.
Primera lección del día, mide a tus enemigos porque por fiera que se creyera, yo llevaba desde antes de venir a este mundo mirando a la parca de frente.
No debía olvidar que me crie en el castillo de Randulf, él era mi tío y me torturó para doblegarme hasta limites insospechados, podía meterse sus amenazas por el coño.
-¿Postrarte? -ladeé la sonrisa -¿como estas ahora? Te imaginaba mas bien a cuatro patas -rugí molesto -y ahora levántate mujer, no hallaras honor en el suelo-escupí sin dejar de mirarla.

La guerrera no se hizo de esperar, su intención matarme, lo leía en sus pardos plagados de rabia, odio y desesperanza.
Se lanzó contra mi, pero la esquivé con facilidad, arremetió con la alabarda, rugí interponiendo mi mandoble mientras nuestros ojos centelleaban como el acero que chocaba y las chispas de cada sonido férreo brillaban en el firmamento.

El sonido de unas ramas quebrarse me hizo atraparla cubriendo su boca con mi mano, su espalda contra mi pecho mientras la insensata se revolvía como si en ello le fuera la vida.
Susurré un “shhhhhh” en su oído para que me obedeciera aunque fuera por esta maldita vez y así ambos acabamos pegados tras un árbol.
No tardaron en aparecer un grupo relativamente numeroso de 15 trolls, eran demasiados para enfrentarlos solos y estábamos demasiado cerca del resto de hombres como para no ponerlos en peligro.
Mi mirada describió un “te lo dije” mientras me dediqué a hacer lo único que creí sensato.
La noqueé apretando la vena de su cuello el tiempo necesario para que no le pasara aire hasta el cerero y cuando cayó inconsciente emergí del árbol con gesto engreído blandiendo mi acero.

No tardé en llamar la atención de esas bestias, ahora mi único plan era correr lo suficientemente rápido como para que no me dieran alcance y de paso alejarlas todo lo posible de los civiles. Todo eso con la pierna herida, épico mi plan.


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Thyra el Miér Sep 20, 2017 9:23 am

El fuego nos calentaba de esa noche y de la batalla de la que habíamos logrado salir victoriosos con la ayuda del conde, ahora lo único que nos quedaba era ir a Akershus y vengar la muerte de nuestro padre, era todo cuanto nos quedaba exactamente. Su muerte todavía dolía demasiado, no había estado preparada para perderlo y no entendía cómo podía haber ocurrido, quizás si yo hubiera estado bajo en vez de con Helga pudiera haber hecho algo... quizás no y aquello debía de pasar, ¿de que podría haber ayudado cuando no me habían quedado energías? Dolía perderlo de esa forma, dolía no haberme despedido como hubiera querido de él, decirle cuanto lo quería, decirle que lo vengaría aunque él sabría que lo haríamos... decirle tantas cosas que fui incapaz de decirle en ese día en que la batalla llegó hasta nuestras puertas. Mis ojos se perdieron en el carro que transportaba su cuerpo para darle el entierro que se merecía en Akershus y honrar así su vida y su memoria, su recuerdo y el gran conde, caballero y defensor del norte que fue en vida. Desvié mis ojos hacia el cambiante cuando retiró un mechón de pelo de mi rostro, lo miré cuando dijo que la madre de Höor se llamaba igual que yo y sonreí levemente sabiendo que, lo que intentaba, es que me sintiera mejor tras lo que había pasado. Tenía razón, Randulf quizás pensara que podría mermarnos y diezmándonos, pero si de algo nos caracterizábamos los norteños es que no nos achantábamos por nada y no dejábamos de luchar por aquello que nos importaba y amábamos.

Mis ojos siguieron el rastro de Eyra que salió de la cueva y lancé un suspiro, conocía a mi melliza suficiente para saber que no aguantaba mucho más ahí dentro y menos con la presencia de Höor en el lugar, lo que Atharal no sabía es que sabía cómo era mi melliza y aunque el conde pudiera ser muy persuasiva Eyra tenía un carácter oscuro y endemoniado. Igualmente la dejé porque sabía que ella expresaba y sacaba sus emociones a su manera, sabía cuáles eran y no la seguí porque simplemente me mandaría de vuelta a la cueva largándose sola, si no había dicho nada a nadie era porque quería estar sola y respeté eso de ella. Mi atención se centró en el cambiante y en la herida que tenía en el costado, un poco de magia bastó para ver que la tenía envenenada así que me levanté para coger unas plantas, hervirlas y ponerlas luego sobre la herida para que fuera efectiva contra el veneno y pudiera comenzar a curarse, no le quitaría todo el veneno de la herida pero ayudaría a que la herida curase hasta que llegáramos a Akershus y no se extendiera por todo su cuerpo. Sonreí ante sus palabras cuando cerró los ojos y dejé mis manos un par de segundos más sobre la herida antes de colocarle una venda, no sin poder reírme un poco por la forma de ser tan expresiva del cambiante, me dijo si tenía algo de comer y negué levemente con la cabeza aunque sabía que era una broma lo que me estaba diciendo.

Tenía curiosidad por saber qué clase de cambiante sería, lo cierto es que como tal y le había dicho no lo hacía siendo un felino y esperé a que respondiera a mi pregunta ahora que ya había puesto la venda en su cuerpo envolviendo la herida y lo miraba apoyada contra la pared de la cueva frente al fuego, las llamas bailaban sobre nuestros rostros y creaban sombras entre ambos, reí cuando dijo que no era un felino pero que el salto del tigre se le daba bien y que si quería me lo podría demostrar a lo que negué riendo entre dientes por sus palabras en un ambiente algo más distendido, había hecho que dejara atrás ese velo de melancolía y tristeza y me estaba haciendo reír, algo que agradecí internamente por ello, pese a cómo estaba él también de cansado y herido, después de esa victoria con sabor agridulce por la pérdida de mi padre... se lo agradecí realmente, me ayudaba demasiado sin que él lo supiera. Sin apartar mi mirada de la suya sentí sus dedos que, de forma atrevida, ascendieron por mi muslo sobre la tela de mi pantalón en una caricia lenta atreviéndose a hacerlo, sin embargo yo no lo aparté y sonreí con cierta picardía por ello deslizando de nuevo mis dedos por su torso en forma lenta. Dijo que era un águila y que, si quería, podía llevarme al Valhalla... clara invitación y clara insinuación que me había hecho aunque de forma sutil jugando con su condición de cambiante y sonreí mirándolo. Se acercó dejando sus labios cerca de los míos y ambos nos miramos a los ojos, sus ojos eran de un color azul verdoso que resplandecían con las llamas de la hoguera, dotándole de más brillo aún.


-¿Al Valhalla? ¿Podrías montarme y llevarme hasta allí? –Pregunté con cierto doble sentido, por un lado porque un águila era pequeña y de llevarme sería imposible, y por otro era como un desafío que le había lanzado sin borrar la sonrisa de mis labios- podría con mi magia alzarte tan alto donde jamás hubieras llegado, quizás pudiera hasta transformarte en un águila más grande para que pueda surcar los cielos contigo –apunté con cierto deje divertido siguiéndole aquel juego que había empezado. Sus palabras hacía que su aliento rozara mis labios sintiéndolo cálido sin apartar los ojos el uno del otro, contemplándonos a través de las llamas que nos envolvían- yo debería de celebrar una victoria y una pérdida... quizás es que tú valquiria se ha perdido por el camino, o te está esperando en el Valhalla –hice una leve pausa- heridos sí, pero no nos considero ratas –apunté con cierto humor antes de que una corteza fuera lanzada sobre su cabeza interrumpiendo el momento, buscó a la causante de aquello encontrándonos con la risa de Kala viendo como se picaban los dos notándose que se llevaban bien, los ojos de Atharal recorrieron mi cuerpo cuando dijo que su valquiria era rubia y volvieron a picarse de nuevo esta vez llevándose un tronco como respuesta a lo que le había dicho. Me reí por aquello viendo lo bien que se llevaban, la complicidad que había entre ambos y cómo se miraban el uno al otro, desvié entonces mi vista hacia la entrada de la cueva donde todavía no había rastro de Eyra y me preocupé, no porque no fuera una valiente y aguerrida guerrera como para no defenderse, pero sí me preocupaba ese carácter que tenía y acabé levantándome, la mirada de Atharal se posó sobre la mía casi como si supiera que buscaba a mi melliza- voy a ir a por Eyra –di un par de pasos y luego me giré para mirarlo, iba a preguntarle si venía conmigo aunque quizás no fuera lo adecuado teniendo en cuenta que estaba herido también- ¿me acompañas? –Terminé preguntando a lo que él asintió con la cabeza levantándose para seguirme hasta el exterior de la cueva, no sabía exactamente hacia dónde podría haber ido mi hermana así que simplemente hice me hice un poco de sangre en el dedo y conjuré un simple hechizo para seguir su rastro, al llevar la misma sangre era mucho más fácil encontrarla así- vamos –dije cuando empecé a andar siguiendo aquella estela que tenía en el dedo, conforme nos acercábamos hacia donde ella se encontraba la luz que emitía era más fuerte y mucho más intensa. Finalmente llegamos hasta una zona en la que había dos trolls muertos en el suelo, uno de ellos decapitado y me alarmé, sabía de lo peligrosos que eran los trolls y los problemas que podrían ocasionar, habían signos de lucha y fue entonces que vi a mi melliza tumbada en el suelo tras un árbol y corrí hacia donde ella se encontraba- ¡Eyra! –Grité arrodillándome a su lado, mis dedos fueron a su cuerpo para encontrar si tenía pulso o no y respiré aliviada cuando vi que sí tenía pulso, vi que Atharal buscaba a Höor pues sabíamos que los dos habían salido juntos y allí no se encontraba. Lo miré y cogí su muñeca para que me mirara mientras seguía arrodillada al haberme dado cuenta de que habían pisadas y sobre todo que habían muchas de trolls, demasiadas como para enfrentarlos él solo- Atharal –lo llamé esperando que sus ojos se encontraran con los míos- busca a Höor en forma de águila y ayúdalo, quédate con él, en ayudar a Eyra iré para ayudaros –eran demasiados trolls incluso para dos guerreros como lo eran ellos- toma –quité una de mis pulseras y se la puse en la muñeca, teniendo algo mío podría encontrarlos con mayor facilidad- no te la quites, mi magia me permitirá buscarla y os encontraré mucho más fácil –aparté unos mechones de su frente antes de volver a mirarlo a los ojos- ve –le pedí esperando que me hiciera caso y, en cuanto se fue me arrodillé al lado de Eyra dejando mis manos sobre su cuerpo despidiendo un aura de color verde claro, buscando si podía estar herida o no- sabía que siguiéndote Höor iba a haber problemas –le dije aunque ella no me escuchara, no tenía ninguna herida así que me pregunté cómo es que se había quedado inconsciente y fue entonces cuando se despertó de pronto, incorporándose de golpe.
-Pienso matar a ese conde hijo de puta –sus palabras me hicieron ver que Höor algo tendría que ver y enarqué una ceja, sabía cómo era mi melliza y algo tendría que haberle hecho para tenerla de tan mal humor, aunque para eso no se necesitaba demasiado.
-¿Qué ha pasado, Eyra? ¿Por qué quieres matar a Höor, aparte, estabas tan loca de enfrentarte a esos trolls tú sola? –La conocía y la respuesta era un gran y enorme “sí”, no tenía duda alguna. Ella aferró la alabarda con fuerza y me lanzó una mirada furibunda.
-¿Desde cuándo llamas a ese por su nombre? –Me espetó pero no hice caso- vine para estar a solas y me encontré con una pareja de trolls, pensé que sería lo mejor matarlos para que no encontraran la cueva pero tuvo que aparecer ese imbécil con ínfulas de héroe para intentar salvarme –pude ver como gruñía y apretaba más el mango de la alabarda- ese cretino se atrevió a tratarme y a decirme cosas como si fuera dueño y señor de todo, le di un puñetazo
-¡Eyra! –Le recriminé mirándola a lo que ella enarcó una ceja- nos ayudó en Hedmark.
-No necesito su ayuda Thyra, ni la suya ni la de nadie en realidad... ese imbécil me dio un guantazo y nos pusimos a pelear, luego aparecieron los trolls y... –gruñó otra vez enfadada- pienso matarlo en cuanto lo vea –se levantó y miró alrededor dándose cuenta de las huellas que había en la tierra, se acercó para mirarlas mejor y poder seguir el rastro- eres libre de quedarte si quieres –la paré antes de que siguiera andando.
-Voy contigo, tengo una forma más rápida de saber dónde están –conjuré un sencillo hechizo de localización sobre mi pulsera y una estela nos mostró el camino- sigámosla –ella, rápida como siempre, comenzó a correr en dirección que marcaba la estela internándonos en el bosque en busca de aquellos trolls y de los dos hombres que estarían luchando contra ellos, o intentando seguir con vida por la cantidad de pisadas que había. Höor no estaba curado del todo y seguramente estaría en problemas, esperaba que Atharal hubiera llegado a tiempo para ayudarle. Tras unos minutos en los que corrimos a través del bosque internándonos más aún llegamos hasta un claro, donde había un pequeño lago, en el que se sucedía aquella batalla. Los dos luchaban espalda con espalda para intentar defenderse de todos los trolls que los rodeaban y aquello era un completo caos de gruñidos, de golpes, ataques, defensas, sangre salpicada, miembros cercenados, cabezas que rodaban por los aires y luego seguían el recorrido por el suelo... se les veía cansados y los trolls los tenían rodeados mientras ellos se movían esquivando los golpes- joder –dije mientras nos acercábamos llamando la atención de algunos trolls que, al darse cuenta de que estábamos allí no dudaron en venir a por nosotras. Eyra fue la primera que atacó y lanzó su alabarda como si fuera una lanza haciendo que se incrustara en la cabeza de uno de los trolls y derribándolo al suelo ya muerto, corrió hacia donde estaba la alabarda y se agachó rodando para esquivar el golpe de uno de ellos, aferró sus manos en la alabarda y se levantó para darle con sus pies una patada en el pecho al que se acercaba todavía con el arma clavada en el troll, la sacó de la cabeza y la incrustó en la pierna de uno haciendo que se arrodillara para rebanarle la cabeza de un giro rápido y certero. Yo conjuré unas bolas de fuego en mis manos y las lancé hacia el troll que iba a por ella quemándolo por completo en aquel fuego que no parecía tener fin mientras aullaba de dolor e intentaba apagarse sin éxito. Eran demasiados y nosotros solo tres, así que cerré los ojos y me concentré en todo lo que nos rodeaba, de forma muy lenta fue levantando mis manos que estaban a cada costado de mi cuerpo con las palmas hacia arriba centrándome en la tierra, las plantas y el agua que había del claro. Conforme iba levantando las manos unas enredaderas subieron por las piernas de algunos trolls, mientras en el lago se levantaba una formación de agua como una masa gigante y pesada. La dirigí hacia los demás trolls mientras los otros subía la enredadera con pinchos por el cuerpo inmovilizándolos clavando las espinas en el cuerpo de los trolls mientras las ramas iban subiendo paralizándolos. La masa de agua quedó encima de dos de ellos y cayó como una losa envolviéndolos en entre el agua, de forma que no podían escapar de ella y comenzaban a ahogarse en el interior. La enredadera alcanzó el cuello y comenzó a presionar como si se tratara de una boa constrictor dejándoles sin aire hasta que finalmente acabaron muertos en el suelo, igual que los otros que estaban en la burbuja de agua. Cuando supe que estaban muertos la enredadera y la masa de agua se disolvieron, había gastado energías en aquello y me mareé apoyándome en un árbol para no caerme al suelo mientras ellos se recuperaban de la batalla, finalmente cuando quise incorporarme para acercarme mi cuerpo falló y caí desplomada al suelo.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Atharal el Miér Sep 20, 2017 10:36 am

La rubia me siguió el rollo, sus labios rozaban los míos asegurándome que podía hacerme mas grande.
-De eso estoy seguro, me la puedes poner mucho mas grande y sin magia -le dije lanzandole un mordisco a los labios que esquivó y que me hizo reír.
Después de la batalla la adrenalina corría por nuestras venas, era normal fornicar acabada la gesta, aunque estaba bien jodido por las heridas.

Lancé mi brazo par atraerla y montarla a horcajadas cuando la rubia me aseguró que tenia que buscar a su hermana.
-Te sustituyo rubia -le dijo Kala entre risas -al parecer el aguilucho tiene ganas de meterla.
Le lancé de vuelta el tocón que esquivo muerta de la risa.
-Calla que tu tienes el agujero que parece un bebedero de patos, ahí no lo noto.
Los demás se descojonaban mientras Kala me enseñaba con los dedos lo pequeñita que la tenia como respuesta.

Al final me puse en pie para acompañar a la rubita, pegué mi hombría a sus nalgas con rudeza.
-¿que quieres que nos quedaos a solas? -le pregunté entre risas.
Höor sabia cuidarse, no conocía mejor guerrero que el con el acero, ademas tenia una mente bastante rápida, era difícil pillarlo en un renuncio.
Posiblemente su hermana estaría jadeando a cuatro patas e íbamos a interrumpirles, pero bueno, mejor si la rubita lo veía por ella misma y de paso quizás se animaba a hacerme de valquiria.

Se echo un conjuro para dar con la condesa y yo me limité a seguirla entre risas mientras con cara de depravado le miraba el trasero lanzandole algún que otro manotazo.
Mi gesto cambio por completo cuando me di cuenta que dos trolls yacían muertos en el suelo, gruñí al ver las pisadas que n ome costó rastrear en el suelo.
Eran muchos, demasiados y si la joven condesa estaba viva en el suelo era porque Höor los había alejado de ella, de nosotros.
-Joder -gruñí tratando de cambiar, estaba bastante herido, me costaba lo mio alterar la apariencia de mi cuerpo.

La hechicera trató de animarme, acariciando mi rostro perlado en sudor mientras apartaba el pelo de mi rostro y me colocaba una pulsera para poder seguirme.
Tras varios intentos eche a volar, desde las alturas pude ver a Höor con su mandoble luchando a muerte contra esas bestias, jadeaba entre gruñidos tratando de mantener las distancias, de zarpazo podían partirlo si se le echaban encima estaba perdido.
Buscaban sus flancos, pero Höor los cubría con maestría, era como un león salvaje, voraz que difícilmente se dejaría doblegar.

Descendí cayendo en picado sobre uno de los trolls, con mis zarpas desgarré su carne lanzandolo unos metros mas allá de la posición de Höor.
Recuperé mi forma humana, Höor me paso las dos espadas que guardaba en el carcaj.
-Te cuidado que no te muerdan la cola -bromeé guiñándome un ojo mientras espalda contra espalda empezamos a blandir el acero cercionando miembros, jadeábamos agotados, sobre todo Höor que estaba bastante herido, no solo por la primera batalla, si no por los zarpazos de esas bestias.
Aun así se mantenía en pie, un charco de sangre bajo sus pies, tenia que sacarlo de ahí ¿pero como? Eran demasiados.

Por suerte vi llegar a las dos hermanas, respiré aliviado mirando al conde.
-Parece que hoy no cenaremos en le valhalla.
Este ladeó la sonrisa volviendo a lanzar el mandoble con furia sobre una de esas bestias que al ser atravesado de una estocada chillo expirando su ultimo aliento.
Lo malo es que tal y como uno caía otro lo sustituía.

La morena con la alabarda mantenía mejor la distancia que nosotros que luchábamos a melé, la hechicera derrochó toda su magia, raíces espinosas crecieron del suelo ahogando a las bestias verdes entre terribles sufrimientos, otras fueron ahogadas y las que sobrevivían caían ante el templado acero.

Los últimos huyeron, aunque Höor tenaz saco el arco decidido a no darles tregua y no dejarlos escapar.
Solo cuando la ultima saeta se hundió desde atrás en el cráneo del bípedo verde Höor se dejó caer al suelo malherido, extenuado y jadeando.
Lo miré pero esté asintió para que fuera a atender primero a la joven hechicera.
Me arrodillé a su lado apartando los mechones de oro de su rostro manchado, solo había caído por el cansancio, demasiada magia utilizada, demasiada batalla pesaba sobre sus hombros.
-Esta bien -aseguré solo necesita ..-ladeé la sonrisa -un hombre como yo entre sus piernas.


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Eyra el Miér Sep 20, 2017 12:34 pm

El conde seguía atreviéndose a desafiarme con cada palabra que salían de sus labios, cada vez que abría la boca me daba una nueva razón para matarlo hasta que no quedara de él nada que fuera reconocible, descargar todo lo que llevaba dentro con él por lo que había hecho, por lo que me estaba diciendo cuando no tenía ningún tipo de derecho a decirme nada puesto que no me conocía, ni siquiera había oído de mi palabra una palabra sobre aquel hombre y ahora llegaba, después de todo, y se creía con el derecho de decirme lo que le viniera en gana mientras yo tenía que asentir y escuchar porque su palabra al parecer era la ley y era como si tuviera toda la maldita razón del mundo... odiaba a ese hombre, mi padre le había pedido ayuda y él había respondido quizás por la amistad que le uniera a él aun cuando yo jamás le había oído hablar sobre su persona, pero una vez que mi padre había muerto y yo pasaba a ser la condesa no iba a dejar ni en broma que él me ayudara en algo, o que siquiera mandara sobre mi pueblo y mi gente. No lo hacía Randulf y desde luego que él no lo iba a hacer si era lo que estaba pensando. No, por supuesto que no, aquel hombre con ínfulas de héroe que se creía mejor solamente porque quizás encabezaba la lucha contra Randulf que, por lo que tenía entendido, era su jodido y maldito tío. Pese a todo no terminaba de fiarme de él, procedía de la familia de Randulf y nada me aseguraba que en algún momento pudiera volverse loco como se había vuelto su tío.

Mis ojos se clavaron con firmeza sobre los suyos cuando dijo que la palabra se la había dado a mi padre en su lecho de muerte y que él respetaba dicha palabra, aun cuando yo le había dicho que no quería que siguiera haciendo aquello porque no necesitaba su ayuda, era una mujer demasiado orgullosa y no pensaba rebajarme tanto como para eso y mucho menos iba a dejar que nos cuidara cuando no me conocía nada, cuando no sabía cómo era en absoluto y se atrevía a juzgarme aun cuando yo no lo había hecho. Decía que era una niñata y se las tildaba de hombre y de adulto pero yo no lo veía tampoco, cierto era que mi padre no me había enseñado como liderar a mi gente, como ser ese conde que él había sido y ocupar su puesto... se había ido demasiado pronto antes de que me enseñara, pero eso no le daba derecho a decirme lo que le diera la puta gana y yo tuviera que aguantar frente a él para que me lo echara en cara. Ni siquiera lo pensé cuando mi puño cerrado con fuerza se estampó contra su rostro, lo giré por fuerza del golpe asegurándole que tenía muchas más ganas que darle un simple puñetazo, quizás ni siquiera se lo había esperado pero se lo tenía totalmente merecido. A nadie le consentía que me hablara de esa manera y me daba igual quien estuviera delante, no pensaba permitirlo, no lo había hecho nunca y no pensaba que comenzara en esos momentos.

Su acto reflejo llegó igual que había llegado mi puñetazo y con la mano bien abierta me dio un guantazo que me hizo girar el rostro, es más, al no esperarlo hizo que mi cuerpo cayera apoyando la rodilla en el suelo y mi pelo tapara mi rostro sin soltar la alabarda. Gruñí por aquello y desvié mi vista de nuevo hacia él de forma lenta fulminándolo con la mirada, brillando cuando la ira me consumía y tenía ganas de matar a alguien, descuartizarlo y destrozarlo... y él sería quien se llevara todo de mi parte. Si quisiera hubiera sido más fácil clavar la alabarda en su estómago y matarlo, hubiera sido lo mejor, pero no quería acabar con la diversión tan rápido. Le gruñí por sus siguientes palabras y sin pensarlo demasiado me levanté para comenzar a atacarlo, no permitiría que aquello acabara así y desde luego que no me había postrado ante él, jamás lo haría. Me lancé para atacarlo en lo que él esquivó mi golpe y me giré para darle con la alabarda, tuvo que interponer su espada a modo de escudo para parar el golpe mientras nos mirábamos a los ojos de forma desafiante, nos separamos y de nuevo comenzamos aquella batalla en la que nuestras armas chocaban, chispas salían de ellas que acababan iluminando nuestros rostros mientras seguíamos moviéndonos peleándonos en mitad de aquella dantesca imagen con los trolls muertos y cercenados manchado todo de sangre verdusca como si fuera veneno.

Nos encontrábamos y nos repelíamos en los ataques, volvimos a quedar en la misma posición con él interponiendo mi ataque con su espada, mirándonos con aquel brillo en nuestros ojos y le lancé una patada en el pecho para desestabilizarlo y apartarlo de mí, fue entonces cuando escuchamos el ruido de una rama que se partía al ser pisada y, antes de que pudiera hacer nada, llevó su mano a mi boca para que me callara y cogía mi cuerpo para que no me moviera. Pegó su pecho a mi espalda y comencé a revolverme para que me soltara pero no lo hacía, se movió para movernos y quedar tras un árbol y fue entonces que mordí con fuerza sus dedos que tapaban mi mano haciendo que apartara su mano y me miraba con mala cara, volvió a taparme de nuevo inmovilizándome mientras veíamos que era un grupo de trolls y en su mirada pude leer un “te lo dije” que me hizo maldecirlo incluso en esa situación. Lo que pasó a continuación estaba un poco borroso puesto que sentí que me faltaba el aire y aunque intenté luchar con todas mis fuerzas por soltarme y quitármelo de encima... caí cuando me faltó el aire sumiéndome en la inconsciencia. No supe cuánto tiempo había pasado después, solo que desperté incorporándome de golpe encontrándome con mi melliza Thyra arrodillada a mi lado, me di cuenta de que me había noqueado dejándome inconsciente y la rabia se apoderó de mí.


-Pienso matar a ese conde hijo de puta –fue lo primero que salió de mis labios mientras Thyra me preguntaba qué había pasado, también me regañó cuando le dije que le había dado un puñetazo y rodé los ojos, la fulminé con la mirada cuando lo llamó por su nombre y gruñí por ello, también al recordar lo que me había hecho el muy bastardo... pensaba matarlo, hundirle la alabarda hasta el fondo y ver cómo moría y expiraba su último aliento. Me levanté para mirar las huellas que había en el suelo para seguir el rastro pero mi hermana ya había tomado medidas sobre ello y enarqué una ceja, me dijo que el cambiante había ido con ella y la miré de forma fija. Esperé a que hiciera el conjuro ese y seguimos una estela que nos llevó directas a través del bosque hacia donde se encontraban ambos luchando contra los trolls, ambos seguían vivos pero con heridas por aquella batalla y ninguna de las dos se pensó siquiera en entrar en combate. Lancé la alabarda contra uno de ellos que se había fijado en que había más en aquella lucha y el arma atravesó su rostro matándolo en el acto, cayó al suelo y corrí hacia el arma rodando por el suelo para esquivar un golpe mortal, subí por el cuerpo del troll ya muerto y aferrándome con las dos manos al mango del arma le di una patada a uno alejándolo, saqué la alabarda y comencé a pelear contra los trolls desmembrándolos, cortaba sus manos o sus brazos y luego los mataba siempre cuidado de que no me dieran. Uno de ellos me rozó por el costado con sus garras y me giré gruñendo por el golpe, aproveché que uno de los dos había matado a un troll que se derrumbaba para trepar por la espalda del mismo mientras se caía y lanzarme con la alabarda por delante en un salto contra el que me había herido, atravesando su garganta matándolo en el acto. Entonces fue cuando la magia de Thyra entró en acción y apresó a algunos con una enredadera de pinchos que los inmovilizaba y que había mejor el trabajo de matarlos y a otros los envolvió en una burbuja de agua para matarlos, su magia se veía delimitada por la poca energía que le quedaba y finalmente acabó matando a esos con su magia, los que quedaron y que intentaron huir les dimos caza igualmente acabando con todos. Cuando me quise dar cuenta Thyra había caído por el agotamiento y observé como era el otro quien iba a su encuentro, fruncí el ceño por ello dejándonos a los dos a solas- ni de coña ella te necesita entre sus piernas –le espeté al cambiante quien estaba arrodillado apartando los mechones del rostro de mi melliza a lo lejos, fue entonces que me fijé en el conde, en el suelo cansado y herido y sonreí de lado centrándome ahora en él- vaya, vaya... ¿quién es ahora el que se postra? –Comenté con sorna levantando su rostro con la punta de la alabarda para mirarlo con una sonrisa burlona agachándome para quedar a su altura- oh, ¿el héroe está herido? –Lo repasé con la mirada- aún no me he olvidado de tu afrenta y de que deseo matarte, pero en este estado... –chasqueé la lengua en desacuerdo por su condición, quería una pelea justa y él no estaba en condiciones de aguantar mucho más otra pelea, de hecho, ni siquiera sabía cómo es que aguantaba en pie en aquellas condiciones- me gustan los combates justos y no tendría nada de honor luchar ahora contra ti –hasta yo reconocía eso, los combates siempre que fueran justos y en igualdad de condiciones... no podía ser menos. Llevé mis dedos a su mentón y lo levanté para ver mejor su rostro, sus heridas sangrando, el cansancio que tenía en el rostro, sus ojos que mostraban el estado en el que estaba... y sonreí, sonreí disfrutando de aquella imagen- aunque ahora que te veo así me he dado cuenta de que disfruto verte estando en este estado –su mirada me fulminaba también, supongo que porque me estaba en cierta forma recreando de cómo estaba y disfrutando de ello, pero se la debía por todo lo que se había atrevido a decirme cuando estuvimos los dos solos- ¿no crees que te viene un poco grande el papel de héroe, conde? –Me negaba a llamarlo por su nombre como hacía mi melliza, no quería tener nada que ver con aquel hombre así que llamarlo por su nombre era estrechar unos lazos que ni quería, ni deseaba. Acabé levantándome quedando frente a él y sin soltar la alabarda con mi otra mano aferré su antebrazo y tiré con fuerza de él para ponerlo en pie frente a mí, nos miramos unos segundos y sonreí de lado- no te pienses que lo hago porque he cambiado de opinión o de idea, tómalo como una tregua hasta que lleguemos a Akershus y estés en condiciones –hice un pausa- ¡cambiante! –Lo llamé sin apartar mi mirada del conde con la sonrisa ladeada, una que no presagiaba nada bueno- encárgate de llevar a mi melliza, deberíamos de largarnos de aquí de una vez –ladeé el rostro viendo que Thyra seguía sin despertar seguramente por la falta de energía y este asintió ya que de los que quedábamos era quien mejor podría con ella, la levantó como si no pesara nada entre sus brazos y luego me giré hacia el conde- ¿necesitas ayuda, conde? –Pregunté con sorna para ver que intentaba andar apoyándose en la espada pero, incluso así, estaba bastante herido- ¿quién es ahora el crío? –Le rebatí con cierta sorna igual que él me había dicho a mí solo para girarse y fulminarme con la mirada- lo que yo pensaba –dije para acercarme y pasar su brazo por mis hombros ayudándole a caminar, dejaríamos la rencilla para más adelante cuando ambos estuviéramos en condiciones, sabíamos que debíamos de llegar cuanto antes para que le curaran las heridas.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Höor Cannif el Miér Sep 20, 2017 1:39 pm

Corrí a través del bosque lo mas rápido que pude, podía escuchar la errática respiración de esas bestias pisándome los talones, varios vistazos eché por encima de mi hombro corroborando que acortaban las distancias, mi cuerpo cansado y herido no daba mas de si, los bípedos verduscos eran mas rápidos que yo en estos momentos.

Aproveché que mi tamaño era menos y mi destreza mas amplia para colarme por las zonas donde la vegetación era mas espesa, zarzas y pequeñas aventuras que me sirvieron de mínimos refugios y que me ayudaban a mantener la distancia.
Llegué finalmente a un claro, el rio lo atravesaba, no tenia mas opciones, se me acababan las ideas y para que mentir con ellas las fuerzas.
Desenvainé el mandoble gruñendo desafiante, puede que hoy cenara en le Valhalla pero por Odin que a estos engendros iba a comprarles un pasaje directo a Hel.

El acero se hundía en su putrefacta piel, mantenía las distancias mientras luchaba con brutalidad, pero eran demasiados, me rodeaban y aunque trataba de cubrir mis flancos con la espada siempre alguno me quedaba descubierto.
La llegada de Atharal fue providencial, no se cuanto mas hubiera aguantado, mi cuerpo estaba surcado por arañazos, unos de varios centímetros de largo y demasiada profundidad como para evitar sangrar en abundancia.

Ahora espalda contra espalda la lucha era mas igual, claro que le cansancio, las heridas y la inferioridad numérica hacia mella en nosotros.
Aun así los cuerpos de esas bestias caían a nuestros pies, cercenamos cabezas, brazos, atravesamos cráneos llenándonos de sangre verde por todos los lados.
Cuando nos sentíamos al borde del abismo llegaron las condesas, eso nos dio un respiro.

La morena con la alabarda fue haciendo limpieza mientras la hechicera no dudó en desplegar todo su arsenal de poderes hasta dejarla exhausta.
Los Trolls podían parecer idiotas, en parte así era, peor no tanto como para no saber cuando eran vencidos y tres de ellos lucharon por sus vidas corriendo por el borde del rio.
Dejarlos ir no era una opción, avisarían a mas y en este estado seria nuestra perdición , la de los civiles que estaban a nuestro cargo.

Solo me permite derrumbarme en el suelo cuando el ultimo hubo caído. De rodillas, con las manos apoyadas en la mullida hierba trataba de encontrar fuerzas para mantenerme en pie, caer no era opción, aun no
La alabarda de la dama hizo su papel alzándome el mentón, vi en sus ojos un disfrute que corroboraron sus palabras, le gustaba verme herido, ver como los ríos carmesí escapaban de mi cuerpo.
Ladeé la sonrisa apartando de un manotazo su arma, no pensaba consentirle esa afrenta.
-Aun en este estado podría tumbarte -no acabé la frase cuando aferré la alabarda por el otro extremo del mango y de un tirón empujé haciéndola caer frente a mi.
-A veces hay que saber cuando postrarse, otras, no hacerlo nunca -aseguré desafiante.

Se acuclilló frente a mi disfrutando del espectáculo, de seguro mi acto no le había gustado por no era una necia, estaba malherido y lo sabia.
Ahora fue su mano quien me alzó por el mentón el rostro para que le mantuviera la mirada.
-¿es una caricia condesa lo que me ofreces? -ladeé la sonrisa de forma engreída mientras ella bufaba asegurando que le daba placer verme en este estado -bien, por mi parte es todo el placer que vas a obtener.

Me alcé apoyando la espada, trastabillé un par de veces, me costaba nadar hasta que pasó por debajo de mi brazo sus hombros.
-Si crees que me ofende necesitar ayuda te equivocas, no soy un niño que intenta quedar por encima, estoy por encima.
Mi ego no se resiente por pedir ayuda, pero no te das cuenta, eres una niñata -aseguré con la respiración entrecortada por el esfuerzo mientras sujetaba las innumerables heridas apretado los dientes.
No podía mas, en mi rostro se reflejaba el dolor y el reguero de sangre que dejaba era evidente.
-Atharal, seguir vosotros, llévala al campamento, ponlos en marcha, no podemos perder mas tiempo...cuando le resto del poblado de Trolls note que su avanzadilla no vuelve irán a buscarlos, no pueden encontrar a todos esos civiles en la gruta o les servirán de alimento -emprender viaje, nos veremos en Akershus.

Atharal dudó, dejarme en ese estado no era algo que le gustara pero sabia que tenia razón, no habiamos acudido en ayuda de esa gente para que ahora sirvieran de pasto a los Trolls.
-Os alcanzaré, aseguré dejándome caer un instante sobre una piedra plana, peor necesito un poco de descanso -pedí cerrado los ojos un instante.
Hacer fuego para cauterizar las heridas me ayudaría, pero no podía hacerlo sin llamar la atención de mas trolls, estaba vendido.
Mis ojos se centraron en las hormigas, ladeé la sonrisa cogiendo una de ellas y llevándola a una de mis heridas, serviría para al menos dejar de sangrar con tanta abundancia.
La forcé a morder sendas partes de mi carne y la descabecé, tras esa hormiga otra y otra, yo no era de los que se rendían.


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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Thyra Ayer a las 11:24 am

Habíamos podido acabar con todos los trolls que había en aquel lugar y que habían rodeado a Höor y a Atharal que seguían luchando junto a Eyra para acabar con los últimos que quedaban, había gastado gran parte de mi magia no solo en la batalla que habíamos tenido, sino también en curar a algunos heridos y aunque Helga me había pasado parte de su vitalidad y de sus energías estas no habían sido suficiente como aguantar con el último ataque que había hecho contra los trolls. Había acabado finalmente apoyándome contra uno de los árboles que había a mi alrededor contemplando con los ojos borrosos la dantesca y grotesca escena que se representaba ante nosotros: trolls muertos con su sangre verdusca esparcida por todo el lugar, miembros cercenados, cabezas rebanadas que habían caído lejos de aquel campo de batalla improvisado en aquel claro, los que había matado con la magia que había utilizado. Podía ver que los tres estaban bien, estaban algo heridos y cansados pero seguían con vida, podía ver que el conde era quien más herido estaba y se había dejado caer al suelo solamente cuando el último de los trolls había caído muerto. Recordaba que él no había sido curado todavía y que llevaba las heridas de la otra batalla sumadas a las que tenía en esos momentos, fui a dar unos pasos hacia ellos cuando sentí que me quedaba sin fuerzas, cuando sentí que mi visión se emborronaba aún más y aunque intenté apoyarme contra el árbol a esperar a que el mareo pasara, cuando fui a incorporarme finalmente acabé derrumbándome sumida en una oscuridad en la que no fui consciente de nada.

No supe cuánto tiempo había pasado hasta que finalmente abrí los ojos, lo primero que vi fue el rostro conocido de Helga quien tenía sus manos puestas sobre mi cuerpo y notaba su magia y sus energías fluir por mi cuerpo, la aparté quitando sus manos porque de seguir así sería ella quien acabara sin energías, a ella la necesitábamos también y yo me repondría cuando llegáramos a Akershus y descansara, ahora nuestro pueblo nos necesitaba y había que atender a la gente, mis energías podrían esperar hasta que llegáramos allí. Me levanté del carro en el que me habían tumbado dándome cuenta de que nos habíamos movido de la cueva y la comitiva seguía avanzando para llegar cuanto antes, en aquellos lares estábamos desprotegidos y aunque habíamos matado a los trolls no eran la única amenaza que surcaba aquellas tierras. Me incorporé bajando del carro y agradeciendo a Helga su ayuda para preguntarle por Eyra, no notaba su aura cerca por ningún lado pero como la comitiva era grande supuse que estaría por algún lado de la cola mientras trasladábamos a la gente. Mi mirada pasó a un lado y a otro intentando buscarla pero no lo hacía, así que busqué corriendo por la cola encontrándome con algunos soldados pero a todo aquel que le preguntaba no sabía dónde estaba Eyra y comenzaba a sospechar que no estaba allí, de lo contrario ya la habría encontrado o hubiera notado su aura.

En el principio de la comitiva no estaba así que comencé a correr para ir hasta el final mientras algunos guerreros estaban a los lados para proteger a la gente de un posible ataque, en mi camino me encontré con Kala a quien le pregunté si había visto a Eyra pero esta negó con la cabeza mientras ayudaba también a la gente, bufé y si me dijo algo más no la escuché porque seguí corriendo hasta que noté un aura conocida, el aura de Atharal entró en mi rango y me dirigí hacia el final de la cola encontrándolo subido a su corcel de color pardo, sus ojos se centraron en los míos cuando me acerqué corriendo hacia donde él estaba quien daba unas últimas indicaciones a un par de guardias que montados a caballo se quedaron tras la cola protegiéndola por detrás, me paré frente a él y respiré de forma entrecortada por la carrera que me había pegado, la cola no es que fuera pequeña precisamente y no debía de estar gastando así las energías. Mis dedos acariciaron el hocico del animal dándome cuenta de que tenía una mancha en la frente de color blanca, como si fuera de un rombo que me hizo gracia y subí mis ojos para darme cuenta de que estaba bien, su pregunta de cómo me encontraba no tardó en llegar y sonreí de lado asintiendo con la cabeza. Solamente había sido por la falta de energías y el gastar estas en la batalla, la magia consumía demasiado y por mucho que estuvieras preparado para utilizarla las energías no eran infinitas.


-Estoy bien, en cuanto lleguemos a Akershus y descanse un poco estaré como nueva –aseguré mirándolo, recordaba que antes había estado herido y que posiblemente lo estuviera tras la batalla con los trolls- ¿tú estás bien? –Pregunté aunque cuando me respondió fijé mis ojos en los suyos- Atharal, ¿dónde está Eyra? –Pregunté esperando a que me contestara, cuando lo hizo abrí ligeramente mis labios y fruncí el ceño- ¿los has dejado a los dos solos? –Inquirí aferrando la brida del caballo sin apartar mi mirada de la suya, conociendo como conocía a mi melliza seguramente acabarían de nuevo peleándose antes que ponerse en marcha y volver hacia el Akershus- ¿y por qué los has dejado solos? –Ciertamente no me preocupaba que les pudiera pasar algo por el camino, sino más bien el temperamento de mi melliza era de lo que no me fiaba- por Odín, ¿sabes lo que has hecho? –Pero él contestó que tan solo había seguido órdenes, que ambos le habían dicho que siguieran y que me llevara de vuelta, Höor le había dicho que avanzara porque él estaba herido y era preferible que siguieran a que los encontraran, me llamó de nuevo “rubita” para intentar animarme y me tendió la mano para que subiera con él al caballo. Hubiera ido en la búsqueda de mi melliza pero debía de quedarme con mi pueblo y ayudarlos, solo esperaba que esos dos hicieran una tregua por el camino y que dejaran esa estúpida afrenta que tenían, acabé aceptando la mano del cambiante y de un impulso me subí a su montura delante de él, sentía su pecho pegado a mi espalda y un brazo rodeó mi cintura para coger las riendas, aunque yo también podía llevar al caballo perfectamente. Sentía la respiración del cambiante dar contra mi cuello, pegado a mí, y ladeé mi rostro para mirarlo y sonreír de forma burlona- pero no te emociones, cambiante, no quiero que Kala me tire un tocón a la cabeza para error –se rió por mis palabras y emprendimos el camino vigilando que nada pasara hasta llegar a Akershus, ayudando a la gente por el camino, estábamos ya casi llegando, se podía divisar la fortaleza y quizás quedaba como mucho media hora de travesía cuando me giré un poco para mirarle, habíamos estado todo el rato bromeando pero centrados en lo que teníamos que hacer- ¿puedo hacerte una pregunta? –Dije esperando a que me diera la confirmación o no- ¿tú y Kala...? –Hice un gesto con mis manos como dándole a entender a lo que me refería, aunque eso era algo bastante obvio- he visto cómo os miráis –dije como excusa aunque no había que ser muy inteligente para ver que entre ellos había algo o había habido algo- se nota que tenéis mucha complicidad –hice una pequeña pausa- solo me cubro la cabeza, ya sabes –dije con una sonrisa ladeada, no sabía exactamente que podrían tener y aunque con Kala no había empezado con buen pie no quería problema alguno con ello, mi cabeza en esos momentos no estaba para tener problemas como esos, sino más bien en la gente de mi pueblo y en ir a por el maldito Randulf y hacerle pagar caro.



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Re: Blod samtaler blod (privado)

Mensaje por Atharal Ayer a las 12:03 pm

La rubita llegó a mi altura, buscaba desesperada a su hermana pero al alcanzar mi posición centro sus preciosos azules en los míos logrando hacerme ladear la sonrisa.
Hice una pausa para acabar de dar las instrucciones a los hombres que cubrían los flancos de aquella expedición.
Eran tierras peligrosas, llevábamos demasiados civiles entre nuestras filas que avanzaban demasiado despacio por desgracia, lo que nos ponía en riesgo a todos.
En los carros que logramos llevábamos mayoritariamente a los niños mas pequeños y a las embarazadas, de echo una estaba a punto de ponerse de parto, esperaba que aguantara pero el traqueteo que llevaba no ayudaba.
Höor había tomado la decisión acertada, no arriesgar la vida de esa gente por esperarlo.

Tiré del brazo de la rubita mientras rodeaba su cintura con rudeza marcandole mi fuerte agarré en su cuerpo mientras mi aliento se perdía en su oído.
-Rubita solo he obedecido ordenes, no te preocupes, Höor es un gran guerrero, es capaz de llegar por sus medios a Akhershus y tu hermana a su lado no correrá ningún riesgo -aseguré.

Yo también estaba preocupado, pero eso no iba a decirlo, mi preocupación residía en que el conde estaba malherido, iba a necesitar a la joven y los dos chocaban como las olas del mar contra las rocas, tendrían que aprender a trabajar juntos si querían volver con vida.

Deslicé mi nariz por su cuello apresando su olor, mis labios acariciaban su piel mientras ella me daba un manotazo para que parara y dejara de hacer de las mías.
-¿Que me dices Valquiria? ¿podríamos al llegar..ya sabes? -mis dedos se deslizaron por su muslo de forma provocativa, no era de los que se andaba con tonterías cuando algo me gustaba, entraba sin pedir permiso y lo cogía.
-Tenemos que celebrar la victoria rubita y no se me ocurre mejor lugar que entre tus piernas.

Kala resoplaba mirándonos desde abajo.
-Mendrugo vikingo puedes dejar de meterle mano a la condesa y ocuparte de vigilar.
Le saqué la lengua imitándola mientras esta gruñía ofuscada.

Tras un par de días sin percances alcanzamos las fronteras de Akershus, la muralla se veía imponente, los vitorees de la gente se sucedían para animar a sus guerreros y a la gente que había sido salvada gracias a nuestra intervención.
La pregunta de Thira me pilló desprevenido, alzaba el brazo entre vítores animando a los míos, a la gente aun sujetando a la condesa.
-Hemos follado borrachos en varias fiestas, nada serio ¿es un problema? -pregunté ladeando la sonrisa de forma engreída -si me lo preguntas es porque estas pensando abrirme las piernas te aseguro que desde que te conocí no pienso en otra cosa que en clavarte la verga.
Te alzaré hasta el Valhalla y gemirás mi nombre con la fuerza del trueno de Thor.

Quizás los vitores se me habían subido a la cabeza, pero yo era así, no me caracterizaba por mis buenas formas, era un general bastante bruto.
Desmonté de un salto para ayudarla por la cintura a desmontar, mis manos recorrieron sus nalgas.
Kala fue quien llegó y tirando del brazo de la rubia me la quito de las manos escuchándome rugir mientras ella se reía.
-Hechicera, Atharal es un buen guerrero pero nunca tiene relaciones serias, te aviso porque no se de que palo vas, pero si cuales son las intenciones del aguilucho.

Kala la guió hasta la cámara de invitados, le prestó algo de ropa para que pudiera vestirse, darse un baño en la tina y bajar a festejar la victoria.
La gente ubicaba a los civiles del otro condado tratando de hacer cómoda su estancia.


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