Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Enzo Cavalcanti el Lun Sep 25, 2017 11:16 pm

Todo cambiante tenía de vez en cuando la necesidad de salir a la calle en alguna de sus formas animales, sin mencionar que cuando se vagaba por los callejones, era en aquella forma en la que menos se peligraba, aunque claro, Enzo no tenía miedo de peligrar de hecho, temía que si era atacado su fuerza al momento de defenderse resultase excesiva y acabará lastimando a gente inocente, además de llamando la atención de una parte de la población parisina. Resaltar en aquella ciudad no era lo que necesitaba. El Cavalcanti estaba en una misión de suma importancia, una en la que se requería de discreción. Encontrar a Sophia no le estaba resultando sencillo y sabía de antemano, que llevarla de regreso a Italia sería lo más complicado de toda aquella misión, así que debía aprovechar la libertad que aún poseía.

Caminaba de manera animada en su forma de labrador, esa que impedía que las personas se acercaran demasiado a él, en especial los niños, quienes intimidados trataban de evadirlo, algo que no era común, pues la curiosidad infantil solía llevar a los infantes a acercarse a cualquier animal que vieran en la calle, con la finalidad de jugar o hacerle maldades. Afortunadamente, el gran tamaño que poseía como labrador, alejaba a todas las posibles molestias y le permitía a Enzo, sacar su estrés al correr por los callejones sin ser juzgado. Fue precisamente corriendo por aquella zona que se encontró con un grupo de malvivientes que impedían que una muchacha de rasgos asiáticos continuara con su camino. Los hombres, que eran cinco, la rodeaban y empujaban, como si ella no fuera nada más que un juguete que se encontraban de manera casual.

En un primer momento Enzo decidió no intervenir y continuó su camino, ondeando su cola de un lado a otro, pero al escuchar un quejido de parte de la muchacha y las risas de los hombres, se giró, siendo ese el momento justo en que uno de los hombres empujaba tan fuerte a la muchacha que la hacía caer al suelo. Aquello fue la gota que rebalsó el vaso. Un ladrido fue lo que emitió Enzo como advertencia antes de lanzarse contra el hombre que le quedaba más cerca y que era quien hizo que la muchacha cayera al suelo. El perro acabó por morderle con fuerza la mano derecha. Desesperado el hombre trató de liberarse de la mordida del labrador mientras que sus “amigos” echaban a correr. Cuando el Cavalcanti creyó que el hombre había recibido castigo suficiente le soltó la mano y entonces se volvió a mirar a la joven que aún se encontraba en el suelo.

Algo dentro de él le decía que la muchacha también debía de tener miedo de él, así que lo que terminó por hacer, para tratar de decirle que estaba de su lado, fue tirarse en el suelo y poner cara de perro hambriento.
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Re: Estoy aquí para ti - Privado

Mensaje por Young Mi el Lun Dic 11, 2017 9:03 am

El vivir en el burdel, como doncella, le haba permitido escapar de los traficantes de opio, que la descubrieran en el barco que la trajera a Francia, desde su lejana tierra natal. Tras el paso de las semanas, Young Mi, había comenzado a perder el miedo a salir del edificio. Era verdad que al principio, solo lo hacía cuando le era estrictamente necesario, como cuando su ama le ordenaba ir a buscar algun vestido a la costurera que solía trabajar para las chicas del burdel, pero con el correr de los días y al comprobar que nadie la estaba siguiendo, sus salidas se hicieron mas frecuentes, siendo ella quien insistía en hacer los recados para la dueña del burdel, como para el resto del personal. - ¿Pero, logran entenderte? -  le había preguntado una de las prostitutas, -¿como haces para que te den lo que pides? -, aquello podía haber ofendido a la joven asiática, era coreana, su lengua madre era el hangul, sabía hablar tres idiomas diferentes y escribirlos casi a la perfección, que fuera pobre, no significaba que fuera incapaz de hacerse entender. En vez de responder con dureza, Young Mi, sonrió e inclinó su cabeza, - No se preocupe, se hablar bastante bien el francés -, algo sorprendida, la prostituta la miró con desconfianza, - Pues entonces mas te vale que me traigas lo que te he pedido y no pierdas el dinero, que de hacerlo, deberás pagar el doble - , aquella amenaza explicita, no logró borrar la serenidad en el rostro de la coreana, aunque en su alma, la tristeza por vivir en un lugar desagradable, iba cubriéndola, como la nieve los campos de Jeonju.

Aquella tristeza, solo se disolvía, cuando al caminar por las calles de París, Young Mi, recordaba sus años vividos junto a su amiga y protectora, cuando pensó que las diferencias sociales, podían superarse, cuando aún creía en la bondad de la humanidad. Tras despedirse con una nueva inclinación, dirigió sus pasos a la puerta que daba a la parte posterior del edificio, ya que estaba estrictamente prohibido el salir por la puerta principal, por un lado, porque solo era una doncella  y por otro lado, porque el burdel solo abría sus puertas a penas el sol se ocultaba. En cuanto puso sus pies en el exterior, su sonrisa se amplió, aún era verano, pero la brisa comenzaba a ser mas fría, indicando que pronto llegaría el otoño y tras de él, el helado invierno. -¿Serán los inviernos de París, tan fríos como los de Jeonju? - se preguntó, mientras caminaba dirigiéndose a la zona comercial, para realizar las primeras compras.

La mañana se le pasó volando, ya tenía todos los pedidos realizados y solo le restaba volver al burdel lo antes posible, ya que debía ayudar aún a servir el almuerzo y lavar todos los utensilios de cocina, se suponía que de esa manera ella pagaba su estadía en el lugar, ademas de su comida. pensando en todo lo que aún debía hacer, antes de poder recostarse unos pocos minutos, no prestó atención al hombre que la seguía, quien fue haciendo señas a otros, los que se unieron en su acción de seguir los pasos de la asiática. Fue consciente de su error, cuando al ingresar en el callejon cercano al edificio del burdel, los hombres se apresuraron a rodearla. Al principio, no los reconoció, intentó pedir permiso y seguir su camino, pero éstos se lo negaron. Luego, le comenzaron a increpar, recordándole su llegada a París, fue en ese momento que Young Mi, recordó los rostro de aquellos traficantes. Aterrada, soltó los paquetes y bolsas, que llevaba en sus manos, juntandolas y suplicando por que la dejaran ir - Por favor, no le he dicho a nadie... solo intento vivir tranquila - dijo, esperando que aquello  los convenciera, -¿que no has dicho? ¿entonces sabes lo que contenían los bultos esa noche? - le gritó quien parecía ser el jefe del grupo, al tiempo que la empujaba haciéndola caer de rodillas, hiriendo sus piernas y manos. Young Mi se encogió, sabiendo que su final podía estar muy cerca, había escuchado como algunas mafias del opio, solían golpear a sus victimas, hasta provocar la muerte, tembló, cerrando sus ojos, rogando al cielo que la muerte fuera rápida.

Un ladrido, el grito de dolor de uno de los hombres y el ruido de los pasos alejándose del lugar, lograron hacer que ella abriera sus ojos, buscando aquel animal que la había salvado, ¿o era solo una ilusión y también sería atacada  por el enorme animal que se encontraba a tan corta distancia?, tembló, aun asustada, viendo como el delincuente que la había empujado, se sostenía una mano ensangrentada y huía, no sin ante asegurarle que volverían a encontrarse. Su mirada paso de contemplar la huida del delincuente, a observar la mirada suplicante del imponente animal. Su rostro permaneció con una expresión de angustia, por un segundo, para luego mostrar una dulce sonrisa y suspirar aliviada, - Gomawo -, podía ser inteligente y conocer varios idiomas, pero tras pasar una situación como la vivida, su lengua natal afloro, dando las gracias en coreano.

Al ver aquellos ojos, y darse cuenta que el perro tenía hambre, comenzó a buscar entre sus ropas un trozo de croissant que había tomado de la bandeja que siempre se mantenía en la cocina del burdel, - espera... no pongas esa carita de tristeza... creo que tengo un premio para ti -, dijo sonriendo, como si el animal pudiera entender.




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Re: Estoy aquí para ti - Privado

Mensaje por Enzo Cavalcanti el Miér Dic 27, 2017 12:01 am

Sabía que tenía una misión de suma importancia, sabía que no debía meterse en los asuntos de los humanos y aún así, ahí estaba, lanzándose contra un grupo de maleantes que atacaban a una muchacha de apariencia inocente, aunque la verdad era que Enzo no podía estar seguro de que la chica fuera realmente inocente. El Cavalcanti en más de una ocasión se había llevado sorpresas bastante desagradables al defender mujeres que no acababan siendo más que viles ladronas o estafadoras; así que con todo y sus malas experiencias, fue directo a morder una de las manos de los hombres atacantes, provocando con su gran tamaño y salvaje ataque que los compinches de aquel individuo salieran corriendo, seguidos por el mal herido hombre que gritaba desesperado pidiendo auxilio no solo a sus compañeros sino a cualquier persona que tuviera un buen corazón.
“Como si tuvieras tú un corazón tan bueno” pensó el cambiante antes de dirigirse entonces hasta la muchacha que se encontraba en el suelo, tapada completamente, esperando quizás a ser también atacada por él.

Con paciencia, el enorme animal en que Enzo se transformaba aguardo porque la joven se descubriera, solo para mover su cola de un lado a otro de manera animada, más después de haber atacado tan brutalmente a alguien, la muchacha pareció guardarle cierto recelo, siendo ese el motivo por el cual el italiano decidía usar una de sus técnicas secretas, tirarse y ponerle la cara más tierna que era capaz. La sonrisa que le dedico la chica le dijo que todo estaba bien, que no le temía y que se encontraba verdaderamente agradecida por su ayuda. Para Enzo el que ella sonriera era suficiente como para tranquilizarle y de hecho, gracias a la sonrisa de la chica asiática hasta podía decirse que había hecho un buen trabajo.

Satisfecho entonces, Enzo se sentó una vez más y movió su cola de un lado a otro mientras que recorría con su mirada el cuerpo de la chica, esperando que su estrepitosa caída no le hubiera ocasionado algún daño. Pero antes de que el reconocimiento de Enzo hubiera terminado, el aroma de la comida junto con la palabra premio llegó hasta él y la mano delicada de la joven se estiro en su dirección para ofrecerle algo de comida, misma que con cuidado, el perro tomó de manera suave y educada, todo para una vez que termino de comer, tirarse más cerca de la muchacha agradeciendo de esa manera por el alimento.


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Re: Estoy aquí para ti - Privado

Mensaje por Young Mi el Jue Ene 11, 2018 6:32 pm

Aquel animal que se encontraba tan cerca de ella, apenas unos minutos atrás, le había salvado de sus captores. ¿Acaso aquel perro sabría que desde ese momento, Young Mi, le debía su vida y su futuro? sonrió, pensando que no podía saberlo, pero que de alguna manera ella le devolvería su incalculable ayuda.

Mientras el enorme animal, comía con deleite aquel bocadillo que la joven asiática le diera de premio, ella se dedicó a contemplarle. Se trataba de un bello animal, ella no sabía mucho de razas de perros, pero de seguro sería un ejemplar de aquellos que solo las familias adineradas podían mantener. Inclinó su rostro, apoyando su mejilla derecha en su brazo, sentada en el suelo, continuaba  observando, aunque su mente había volado con sus recuerdos, a su tierra natal, a esas tardes de primavera, en que caminaba por debajo de los cerezos en flor, junto al que fuera - hasta ese momento - el amor de su joven vida. Aquel muchacho, hermano de su mejor amiga, pertenecía a la clase aristocrática y como era de esperar, podía darse el lujo de mantener un animal tan poco común como era un perro de raza como el que en el presente, se encontraba a poca distancia de ella. Recordarlo, provocó una mezcla de sentimientos. Tristeza, por el amor que no había sido lo verdaderamente fuerte, para soportar las dificultades que terminaron separándole definitivamente; Dulzura, al recordar a ese fiel amigo de cuatro patas que solía hacerle compañía en las noches de invierno, cuando debía soportar el intenso frío, y aquel animal se acostaba sobre sus pies helados, devolviendo un poco del calor que no lograba mantener, en esas simples y poco protegidas habitaciones destinadas a la servidumbre.

Tal vez al recordar a su fiel amigo, jag-eun, la necesidad de aferrarse a los pocos momentos de felicidad que había experimentado en su vida, fueron los responsables de que cometiera una peligrosa imprudencia. Con sus ojos cuajados de lágrimas y recuerdos, se acercó al animal y con sus delgados brazos, rodeó el cuello del animal, mientras susurraba, - Mi querido Jag-eun, cuanta falta me has hecho - las lágrimas mojaron el pelaje del animal, - no te separes de mi… nunca mas -.




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Re: Estoy aquí para ti - Privado

Mensaje por Enzo Cavalcanti el Dom Mar 25, 2018 10:15 pm

Se había quedado al lado de la muchacha, no porque ella le recordará algo o significara realmente algo para él. No. Enzo se detenía a disfrutar de la comida y a brindarle un poco de compañía simplemente porque no creía que la chica mereciera permanecer tan sola después de un ataque como el que acababa de sufrir, además que, ¿Quién le garantizaba que estaría a salvo? Pues las posibilidades de que al irse él, los maleantes regresaran eran altas y tampoco era que tuviera mucho por hacer ese día, así que su buena acción terminaría hasta que la chica estuviera segura.

Echado a su lado, como un fiel compañero que ha compartido más historias que vida con la persona con la que se encuentra, Enzo pensaba en todo lo que aquella chica había tenido que atravesar. París era una ciudad hostil con los extranjeros y lo era mucho más con aquellos que no poseían nada. Los ojos del italiano se posaron en el rostro de la muchacha antes de que esta se inclinara para abrazarlo y lo que vio en ellos, fue únicamente tristeza y dolor. La asiática le llamó de una forma que le fue imposible reconocer, sin embargo no había mucho que necesitase ser reconocido. Ella necesitaba compañía y apoyo, imploraba por ello y lo tendría.

Apartándose de la muchacha, Enzo buscó su rostro y sabiendo que no existía nada más claro que el lenguaje de las almas, ese que podía ser interpretado mediante las miradas, le pidió a ella que no llorase más, que guardara sus lágrimas para otra situación y tras hacerlo, le lamió la mejilla. “No estarás sola nunca más porque estaré a tu lado, ya sea como humano o animal” se prometía aquello a si mismo y a la chica aun a sabiendas de que poseía una misión mucho mayor, una que él creía, no tendría que interferir con una amistad nueva.


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Re: Estoy aquí para ti - Privado

Mensaje por Young Mi el Sáb Abr 07, 2018 8:12 pm

La lengua rasposa del perro acarició su mejilla, lo que hizo que Young Mi sonriera complacida y de alguna manera reconfortada, pues, aunque el animal no pudiese hablar, aquel gesto, decía mil palabras. Suspiró antes de llevar sus manos al morro del animal y atraer la mirada de éste a su mirada. - Se que no me puedes entender cuando te hablo, pero creo que tu alma, de alguna manera a logrado descifrar aquello que mas necesitaba... me has dado consuelo y fortaleza - aseguró, mientras con su mano izquierda rascaba la parte posterior de la oreja del animal. - Y por todo lo que has hecho por mi, te prometo que cuidaré de ti -. Elevó su mirada al cielo, y volvió a suspirar, - quisiera llevarte a donde vivo... pero no creo que me permitan que vivas conmigo... en verdad... creo que mas tarde o mas temprano, terminarán echándome - dijo con desazón, - y no es que me importe dejar ese lugar, el problema es que no conozco donde mas estar... en especial en donde maleantes como los de hace un rato, no puedan encontrarme - dijo, volviendo su mirada a la del animal, como si éste le entendiera perfectamente.

Así se quedó largos minutos, contemplando los hermosos ojos, casi humanos, pues eran de mirada tan inteligente que le hicieron dudar si en verdad era un perro, o un tipo de genio o dios  del lugar a donde se encontraba. Le siguió acariciando tras la oreja, hasta que un pensamiento cruzó su cabeza, - oh Dios, me he olvidado de volver, es que hoy comienza un espectáculo nuevo y debía llegar con las cintas para que comenzaran a decorar el escenario - dijo, mientras se levantaba con un poco de dificultad, y lo mas rápido que pudo. Pero entonce se quejó, un dolor en la pierna derecha le hizo caer nuevamente al suelo, tomándose el tobillo, - oh no, creo que me he doblado el pie... ¿que haré? ¿como lograré llevar la compra antes de que la necesiten? si no lo hago, de seguro me echarán a la calle... o peor aún... llamarán a la policía - se alarmó, llevando su mano al pecho, golpeando levemente su pecho a la altura del corazón.




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