Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

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¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Leila Dracarys el Mar Sep 26, 2017 3:58 am

Paseaba tranquilamente por el centro de París en una noche que auguraba el comienzo de la  hermosa y suave primavera. Siendo inmortal no es que los cambios de estaciones o lo bonita que pudiese ser ésta me importase en demasía, pero el cambio de clima era señal de que más viandantes escogerían dar un paseo nocturno antes de acudir a sus casas, y entonces la ciudad se convertía en un buffet libre para mí.
Sonreí con malicia imaginándome correr de un sitio a otro mordiendo la yugular de los ciudadanos, como cual chiquilla que no puede evitar probar todos los platos que tiene delante en un gran banquete, pero entonces las palabras de Aquerón vinieron a mi mente y fruncí el ceño, resignada a perderme tal festín y seguir unas normas marcadas por él. Y es que, hacía unos meses, Aqueron Dracarys se había convertido en mi mentor, en mi padre adoptivo por así decirlo, tras encontrarme como neófita alimentándome de todo áquel que se cruzaba en mi camino. Y desde que lo conocí, los humanos no podían ser usados solo como comida.

Mis comienzos como vampiresa, bastantes recientes por así decirlo, no habían sido del todo como había imaginado. Una de esas tantas noches en las que salí a pasear para escapar de la sumisión a la que mi prometido quería subyugarme, tuve la suerte o la desgracia, según se mire, de topar con un ser de las tinieblas que no dudó en convertir a esta joven sola e indefensa en su cena de esa noche. Todavía recuerdo la sensación de paz que sentí cuando notaba como mi corazón dejaba de latir, como los problemas con mi prometido, mis padres, el resto de mujeres de la nobleza ya me daban igual. Era tal la plenitud que sentía (probablemente por la pérdida de sangre), que me dejé abrazar por él, notando como mis párpados se volvían pesados y mi consciencia se desvanecía. No sé cuanto pasó hasta que abrí los ojos con un fuerte quemazón en la garganta. De ahí a que descubré que eso era la sed de sangre y como aliviarla, me costó matar sin querer a unos cuantos humanos. Días después, gracias a Dios, Aqueron me encontró.

No admitiré que acatar normas sea santo de mi devoción, y que no poder alimentarme como me place me ilusione mucho, pero mi mentor, mi salvador, consiguió hacerme entender que no tenía que comportarme como un monstruo, y que me enseñaría a sobrevivir sin hacer daño a los humanos. Y por raro que parezca, me sentía mejor conmigo misma. Así que allí estaba yo, meses después de haber estado controlada por Aqueron, en mi primera noche libre en la que había prometido portarme bien y no matar a nadie.

Con las manos sobre mi regazo y continuando mi paseo, un olor repentino me detuvo de golpe. Pude sentir como mis ojos enrojecían durante un segundo y un extraño cosquilleo se arremolinaba en mi estómago. ¿Tenía hambre? Me había asegurado de alimentarme bien antes de salir de casa, de modo que no podía ser eso. Desconcertada por aquella sensación, única para mí hasta entonces, me dejé guiar por mi olfato dirigiendo mis pasos hacia el origen de éste, que al parecer se encontraba dentro de una mugrienta taberna abarrotada de hombres que parecían ahogar sus penas entre el alcohol y las piernas de alguna ramera.

Continué mi búsqueda, inquieta por sentirlo ahora mucho más cerca y fue entonces, cuando lo vi. Un joven y apuesto caballero que junto a otros tantos hablaba apaciblemente en una mesa. Suspiré confusa, sin saber que era lo que me estaba ocurriendo con ese hombre, y dispuesta a averiguarlo, recorrí la distancia que me separaba de la barra, asegurándome cuando pasé por su lado que el movimiento de mis caderas no le pasase desapercibido.

-Una copa de vino tinto, gracias.- respondí tras tomar asiento en un taburete cercano a su mesa al mesonero que no tardó en preguntar mi comanda, mientras podía sentir como decenas de miradas estaban puestas en mí. Tal vez había movido demasiado las caderas, pensé divertida encogiéndome de hombros y sonriendo tras el cristal de la copa ya servida.
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Re: ¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Jack Blackwave el Lun Oct 02, 2017 4:13 pm

Jack se encontraba en el bar entretenido con un grupo de hombres que había conocido durante su estadía de presentación de proyectos en una de las futuras compañas que se estaban expandiendo por parís, estos le habían invitado a tomar alguna cosa mientras charlaban de anécdotas, estas no faltaban por parte del ingles que siempre con educación les contaba las cosas mas curiosas que había visto que pasaran en sus proyectos, como la explosión de algún mecanismo inundación de otro como algunos directamente nunca salieron del papel en cuanto noto un fallo demasiado obvio que no había notado incluso la idea de crear un sistema que pudiera plasmar momentos en un objeto algo mas instantáneo que hacerlo tallado, ellos se rieron junto que el ya que aclaro que en su defensa de que estaba bastante borracho en ese momento pues, no falto mas de uno que comenzó a mirar a la joven que acaba de entrar al lugar. Estos vieron como ella miro a Jack que estaba mas entretenido contando cosas, le codearon para que la viera cuando la vio pareció una luz en medio de la oscuridad.

Las sensaciones del joven hacia la chica eran como de una polilla hacia la luz, era como si tuviera algo llamativo algo único que causaba el deseo de solo mirarla a ella el resto dejaba de tener mucha importancia, fue cuando uno de los hombres se declaro el triunfador y antes que le dijeran algo tomo la iniciativa de ir a hablar con ella. Invitarle a un trago si esta se animaba claro estaba.

Por un instante el joven inventor deseo con todo su ser que le dijera que no lo dejara quemado frente a todos, creo que ese deseo era compartido por todos los hombres que estaban allí, ya que mas de uno había fijado su vista en ella y de seguro mas de una cosa imaginaban de poder hacerle a aquella diosa entre mortales, eran sus encantos imposible de olvidar aunque el chico se imaginaba si aceptaba el trago quizás viniera a la mesa y ellos tuvieran la suerte de tenerla cerca. Sonrió levemente de lado con aquella fugaz idea tratando de recomponer el hilo de la conversación, mientras evitaba no mirar hacia donde estaba esta con el hombre, ciertamente eran celos infundados los que estaba sintiendo en ese momento.
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Re: ¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Leila Dracarys el Lun Oct 02, 2017 6:51 pm

Sonreí ladina por la llamada de atención generalizada de la mayoría de miembros del sexo opuesto del local hacia mi persona. En ocasiones me preguntaba como aquellos seres podían resultar tan simples, claro que luego agradecía que así fuera, puesto que me facilitaba bastante la caza. O al menos me lo facilitaba antes cuando cazaba, me recriminé a mí misma. Había prometido ser una buena neófita, y mis tiempos de caza habían llegado a su fin, ¿o no?

Sin perder ni un segundo de vista al joven humano que se había convertido en un extraño objetivo para mí esa noche, me acomodé en el taburete cruzando las piernas de forma sensual, dejando que un precioso zapato de tacón plateado asomase por debajo de un vestido color burdeos que resaltaba sobre mi amarfilada piel. Moví el pie levemente arriba y abajo varias veces, tratando de disimular la sonrisa que casi deja ver mis colmillos, cuando algunos hombres asentían con la cabeza al ritmo de mi movimiento. Negué con la cabeza divertida, mirando a través de la copa y bebiendo despacio ese líquido que inutilmente trataría de calmar mi sed, cuando observé que un caballero se acercaba hacia mi posición.

Enarqué una ceja confusa, mordiéndome el labio con suavidad al percatarme que ese no era el hombre que yo deseaba que hubiese sido capaz de adelantarse al resto. ¿Acaso mi mirada no le había dicho ya suficiente? Estás perdiendo facultades, Leila. Me dije a mí misma, depositando la copa con suavidad en la barra antes de escuchar la propuesta de ese pobre infeliz que  se había dispuesto frente a mí, mientras jugueteaba con el borde de cristal de ésta.

-Mademoiselle, no deberiaís estar sola en un lugar como este. Cualquier cretino podría incomodarla.- balbuceó el desconocido en cuestión, antes de extender su mano hacia mí, con la intención de presentarse. Ladeé la cabeza para observarlo detenidamente, fingiendo un suspiro cuando continuó hablando solo.- Mi nombre es Joseph, señorita... Le invito a una copa y a lo que usted desee.- concluyó esperando una respuesta por mi parte en la que le confesase mi nombre, mientras colocaba la mano sobre la barra y la acercaba a la mía, hasta el punto que rozó mis dedos. Craso error por su parte, pensé destelleando mis ojos color fuego durante una milésima de segundo.

-¿Un cretino que pueda incomodarme?....- repetí pensativa mirando el techo durante unos segundos, como si estuviese escenificando el papel de damisela ingenua e inocente; papel que no me duró mucho, puesto que no estaba en mi genética eso de aguantarle las tonterías a nadie.- Ah, se refiere a alguien como usted.- escuché los murmullos y carcajadas de algunos de sus compañeros de mesa, que se lo estaban pasando en grande por el bochorno que debía estar sintiendo su amigo en esos momentos. Todos menos ese enigmático joven, que a pesar de que toda mi atención estaba puesta sobre él, parecía reacio a mis encantos.

Varios soplidos me sacaron de mis pensamientos, y recordé al desafortunado caballero que no solo me había interrumpido en mi tranquila velada, sino que había osado tocarme sin mi permiso. Aquello  debería tener un castigo ejemplar, claro que a Aquerón probablemente no le parecería aceptable mi manera de enseñarle modales a ese humano. Chasqueé la lengua molesta por no poder mostrarle a ese desgraciado como se trata a una dama, así que opté por vengarme de una forma un poco menos cruel, pero que probablemente le serviría de lección.

-Arrodillate y gatea hasta la puerta gimoteando como el cerdo que eres.- susurré frente a él, clavando mi pupila en la suya mientras me aseguraba que aquella habilidad de persuasión era tan eficaz como siempre.
Volví a coger mi copa, sonriendo con malicia cuando pobre Joseph obedeció sin rechistar, y sin saber porqué sentía la necesidad de hacer aquello, salió del local gruñendo como los cerdos,  llorando por la humillación que sentía en esos momentos mientras todos se reían y alguno que otro le lanzaba un puntapié.

Con un más que estudiado movimiento, dirigí mi mirada de nuevo al joven misterioso, esperando que nuestros ojos se encontrasen. Pero, ¿qué era lo qué tenía de especial que clamaba toda mi atención? Ahora que lo veía allí sentado y hasta podía sentir los latidos de su acelerado corazón, sabía que no era la sed de sangre lo que me orillaba a estar con él. Pero entonces, ¿el qué era? A pesar de tener toda la eternidad por delante, la paciencia no era una de mis virtudes, así que cuando sentí de nuevo que me observaba, pedí una botella de champagne al mesonero y dos copas, que yo misma cogí.
Mis pasos eran seguidos atentamente por demasiados ojos que probablemente se preguntarían hacia donde iba con las dos copas, los cuales buscaban entre las demás mesas quién sería mi acompañante.

-¿Me permite que le invite a una copa?-murmuré al oido del joven rozando apenas el lóbulo de su oreja con mis labios, mientras cerraba los ojos y me dejaba embriagar por su olor. Tal vez si fuese hambre, pensé por un instante. Pero negando ligeramente con la cabeza, continué mi camino hasta llegar a un pequeño reservado que había al fondo, y que se quedó libre en cuanto clavé la vista en el corpulento hombre que había allí y le imperé que se marchase. Tras dejar ambas copas sobre la mesa y esperar que el mesonero retirase con rapidez la bebida del anterior cliente y colocase en una cubitera aquel delicioso champagne, tomé asiento con calma, deseando que aquel humano hubiese aceptado la invitación.
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Re: ¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Jack Blackwave el Jue Oct 12, 2017 10:06 am

El joven soñador seguía contando sus historias a los demás presentes, incluso hablaba sobre algunos acontecimientos graciosos que le habían pasado a el y conocidos durante sus inventos o trabajos, todo bastante tranquilo mas de uno no podía dejar de mirar a la mujer que había llegado, el era uno por mas que intentara no estar atento a ella, hasta que paso aquello ella trato de una forma tan degradante al hombre, que a muchos le causo gracia, incluso se podría decir que se volvió un desafió para mas de uno, pero no para el joven Jack, lo que le pareció totalmente molesto e inhumano el ya había sufrido en carne propia lo que era soporta ser humillado y tratado mal incluso había visto a su padre soportar esto por el bien de la familia. Lo que hacia que simplemente ver lo que ella hizo le pusiera de muy mal genio, se giro completamente evitando contacto con la chica, aunque intento regresar su atención a lo que estaba haciendo no le fue del todo posible. Ya que no contaba con nadie para contarle algo todos estaban al pendiente de la mujer así que tomo su copa y se la comenzó a tomar, sin ningún interés incluso pensando como librarse de aquel lugar y sus acompañantes, que después de todo eran de la clase alta no tenían ni idea de lo que era llegar a donde el lo había hecho solo con el ingenio.

Todo cambio en el momento, en el que aquellos sensuales pasos se aproximaron a el, todos parecian a ver visto un fantasma o estar a puntos de enloquecer por la cercanía de la mujer, pero aquello le toco a el sintió como todo su cuerpo parecía congelarse en un instante al sentirla tan cerca, una descarga eléctrica bastante poderosa recorrió su cuerpo que incluso pudo a ver mareado al inventor, aquella voz tan melosa y pegajosa que le invitaba a perderse con ella donde fuera, su cuerpo estuvo a punto de salir corriendo tras ella como si de un cordero al matadero, pero por unos instantes su mente logro controlar todo su ser, deteniéndose solo para acompañar con la mirada como la mujer se alejaba y se disponía a esperarlo. Estaba a punto de salir por la puerta contraria, como un ratón asustado, nunca le había quedado mejor ese apodo, ya que era considerado uno por vivir leyendo y buscando informacion para sus creaciones.
Pero las palabras de sus futuros "socios" le hicieron desistir de todo intento de evitar aquel confronto que generaba un desvió de sensaciones al muchacho ingles. Si bien su mente estaba molesto por la actitud arrogante de la mujer, su cuerpo pareció derretirse en su presencia y el hecho que constantemente estaban diciéndole que fuera a por ella, que ya tendrían tiempo para negociar. Que era una buena señal el hecho de que tremenda mujer estuviera interesado en el recién llegado.

Este resignado a tener que cumplir por caballero y por el hecho de que asi lo esperaban los demás, se encamino hacia la joven llevando una mano a un bolsillo y la otra colgando a su lado, no venia con intenciones de conquista ni tampoco luciendo tener un gran cuerpo o el hecho de ser un gran ingeniero, en realidad llego a la mesa obligado esposado prácticamente, por los demás hombres de su mesa y por aquella extraña sensación de querer estar junto a la mujer, aunque estuviera muy minimizada por el mal genio que traía el joven.

-Que tal la noche my lady...

Pregunto de cierta forma para romper el hielo, para luego esperar la permisiva de la chica para sentarse a su lado, este no tenia esperanzas que hubiera algo interesante para conversar entre los dos.
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Re: ¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Leila Dracarys el Lun Oct 16, 2017 5:40 pm

Un extraño silencio se adueñó de aquella zona más apartada de la taberna donde me encontraba esperando al enigmático joven que tanto había llamado mi atención. Solamente  el suave y poco sútil murmullo de los amigos del muchacho rompía ese momento mágico en que nuestras miradas se encontraron cuando al fin alcanzó mi posición, situándose frente a mí. Su trémulo caminar y su reticencia me desconcertaban sobre manera, puesto que parecía estar obligado a aceptar mi invitación. Lo había observado acercarse a mí, dubitativo y desconfiado. Aquel joven no era como el resto de la jauría de hombres que allí se encontraban como machos en celo, sino que era totalmente  opuesto. La sensualidad y atracción que conseguía despertar en la mayoría de hombres desde antes de convertirme en vampiresa parecían no funcionar con él, y eso era algo que me tenía del todo confundida.

Había podido escuchar la conversación que había tenido con sus compañeros de bebida, como éstos vitoreaban que lo hubiese escogido a él para pasar la noche. Y que él había aceptado a regañadientes la invitación, obligado por sus amigos que hubiesen vendido a su madre por ser ellos los escogidos.- Mucho  mejor ahora que vos la ilumináis con vuestra presencia.- respondí con una cálida sonrisa y una melodiosa voz, retirando levemente el sillón que había frente a mí, invitándole a tomar asiento.

Busqué la mirada del mesonero, que no tardó en venir para servir sendas copas de aquel espumoso champagne que colocó en la mesa con destreza para desaparecer de la misma forma en la que había llegado, con rapidez y sin hacer preguntas. Buen hombre, tal vez luego le daría algo de propina.
-Lamento la situación que ha tenido que vivenciar antes, no me siento orgullosa por ello.- apunté dirigiendo mi mirada ahora hasta el líquido dorado que movía con suavidad dentro de mi copa. Adivinaba que era lo que tanto podía haberle disgustado de mí, así que mi deber era ahora tratar de arreglarlo.- Mi madre siempre me decía que ante palabras necias, oidos sordos. Decía que debía ignorar a los hombres así y continuar con mis labores.- hice una pequeña pausa en la que me humedecí los labios antes de buscar su penetrante mirada, cruzándola con la mía.- Pero yo no soy así. No consigo ignorar  que hombres que se creen superiores a los demás, incluidas a las mujeres, no se lleven un pequeño excarmiento por su repugnante comportamiento. Detesto que la mayoría nos vea como objetos sexuales, y que además se sientan ofendidos si son rechazados. Así que en ocasiones creo que una pequeña lección de humildad no les va mal, si así aprenden a tratar a los demás con un poco más de respeto

Me encogí de hombros mientras bebía con tranquilidad de mi copa, esperando que comprendiese que mi actuación no había sido tan reprochable como podía imaginar, y que podíamos pasar una preciosa velada si empezábamos de nuevo.- Mi nombre es Leila Dracarys, y es un placer encontrar a personas como vos.- apunté alargando mi mano para presentarme formalmente. Suspiré cuando su cálida piel cubrió la mía al concluir las presentaciones, y hasta juraría haberme ruborizado si no fuese porque sabía que aquello era imposible.- Por lo que he podido escuchar, sois un hombre inusual y cargado de sorpresas.- sonreí con timidez, rogando que se animase a hablar conmigo de sus hazañas como minutos antes estaba haciendo con sus compañeros de mesa. Había algo en él que me orillaba a estar a su lado, a protegerlo y eso era un sentimiento que jamás había albergado por nadie. ¿Debería preocuparme?


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Re: ¿Le puedo dar un mordisquito? [Privado Jack Blackwave]

Mensaje por Jack Blackwave Hoy a las 9:57 am

El chico se encontraba claramente contrariado, ya que su mente estaba buscando encontrar mil y un defecto en aquella mujer que había hecho una humillación publica tan terrible con aquel hombre, pero en cambio su corazon y ojos, estaban contaminados por una belleza que llegaba a querer dejarlo bobo, incluso el aroma que esta mujer liberaba parecía hecho para dejar loco a los hombros, este estaba a punto de caer en esas bellezas de la mujer, si no fuera por que su mente luchaba constantemente para evitar que todo su ser se rindiera a ella. No demoro en sentarse cuando fue invitado y observo como todo era hecho tan meticuloso el sujeto que los atendía hizo lo que tenia que hacer y desapareció en ese mismo instante, quedando ambos solos, noto también como al parecer todos regresaban a sus cosas y pasaban de ambos que estaban en un punto mas alejado.

El mismo tomo la copa suavemente y observo su contenido, aun no del todo decidido a beber en compaña de la mujer que ahora estaba explicando por que de su actitud tan hostil con aquel hombre, pro el hecho de que le querían usar, de cierto modo por unos instantes bajo al defensa y sintió como aquel aroma le tapaba, como si buscaba anularlo completamente, pero aun no se encontraba del todo satisfecho, ya que realmente eso la hacia igual a ellos si los iba a tratar de esa forma pero accedió a un "recomenzar" que tenia de malo pensó en ese instante. Escuchando su presentación y estirando su mano para saludarla estrechando ambas.

-Me llamo Jack Blackwave Señorita Dracarys

Aquello le sonó tan raro llamarla con ese apellido era bastante pensó inusual algo que no era para nada común, aunque su apellido tampoco lo era si realmente era honesto consigo mismo. Este escucho lo que la joven le menciono cuando decidió tomarse aquella copa que tenia delante casi en un instante, la joven seguramente tenia que a verle escuchado hablando con los demás, pero se preguntaba como si cuando ella llego, toda las conversaciones solamente rondaban sobre su cuerpo y lo hermosa que era.

-Pues en algo tiene razón son un inventor vengo de Inglaterra en búsqueda de personas influyentes con la capacidad de ayudarme en mis proyectos, en mi país estamos viviendo una gran modernicacion, las maquinas pasaran a hacer el trabajo mas difícil de las personas.

Dijo bastante animado en aquello ignorando por completo que hacia unos instantes había estado teniendo una conversación tan tensa con la mujer que podía cortarse el aire entre ambos, era por que quizás el hecho de que a el le encantaba sobre casi todas las cosas el hecho de poder hablar sobre sus magníficos proyectos e inventos creativos.
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