Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Stan McQuinn el Dom 1 Oct 2017 - 19:48

La senda del tiempo:

El escocés silbaba una cancioncilla mientras se frotaba las manos, en París hacía un clima extraño, tan pronto salía el sol, como la ventolera te dejaba el culo al aire, como te caía el chaparrón. Ya había acabado su jornada descargando las cajas de scotch. De todos los trabajillos que había ido encadenando ése era el que menos vomitivo le parecía, al menos de vez en cuando alguna botella "se caía" de una caja y le alegraba la noche.

París era una ciudad extraña, enorme, bulliciosa, llena de cosas asombrosas. Cuando llegó se sintió como si lo hubieran abducido los extraterrestres. No había salido nuca de su isla más que para ir al continente a pelear, de trinchera en trinchera, de pantano a bosque, de campamento en campamento. Había estado en Glasgow, en Edimburgo... pero aquello era muy distinto. Tenía que matar el tiempo hasta recibir noticias de su nuevo empleador en el arte de la guerra, posiblemente un poco más al norte, en los Paises Bajos.

No se cortaba un duro en vestirse como acostumbraba, con su kilt de tartan rojo y negro, el del clan McQuinn.Las faldas eran cosa de hombres, había que serño y mucho para llevar una, y él lo era. En raras ocasiones llevaba pantalones, ¿para qué?, eso hacía que se recalentaran unas partes del cuerpo muy valiosas. La gente lo miraba algo extrañada, en aquella ciudad donde las damas parecían mesas camilla donde no cabían más volantes y puntillas. Llevaba el pelo largo hasta mitad espalda, ondulado, recogido a veces en media coleta para que las greñas no le molestaran con el trabajo. Su arma estaba envainada guardada bajo una tabla suelta de la pensión donde se quedaba, tan sólo portaba un cuchillo al cinto. Era un bárbaro y un patán, un escocés ignorante y falto de clase, eso saltaba a la vista, pero McQuinn era algo más de lo que parecía, lo que pasa es que le interesaba aparentar justamente eso.

...siento que me vuelvo loco y me sumerjo en el alcohol ,las estrellas por la noche han perdido su esplendor ...— canturreaba mientras callejeaba por los suburbios en busca del Sally O'Brien, un pub irlandés al parecer. Al menos los vecinos de la isla verde sabían hacer cerveza y whisky y con suerte alguien entonase melodías tradicionales de esas que había escuchado mil veces en tabernas o con los hermanos de armas. Por el follón y el jolgorio que se escuchaba al enfilar la calle dedujo que debía ser allí, había dos irlandeses (porque con esas pintas sólo podían ser de allí, pelirrojos, blancos como la leche y morados del alcohol) en la puerta vocenado cosas a la gente que pasaba. Las prostitutas los provocaban al pasar y éstos respondían obscenidades y tonterías como era costumbre. Era casi como estar cerca de casa.




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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Krystha E. Blackmore el Dom 1 Oct 2017 - 21:10

La mayoría de los irlandeses eran de cunas más bien bajas que habían ido a París tras el empuje de la industrialización, eran escandalosos, unos borrachos y exageradamente divertidos. Krystha conocía de sobra aquel pub, era de sus preferidos, el apellido Blackmore no decía nada a nadie y aunque al principio sorprendiera ver a un inglesa allí metida, siempre se hacía un hueco allí a donde iba, bebía como el que más, había aprendido a chapurrear sus canciones en aquel galimatías de idioma y no había whisky mejor en toda la ciudad. El local podía engañar a simple vista, pero había mucha diversión y buen ambiente, lo suficiente para que alguien como ella se distrajera y se olvidase de quién tenía que ser.

A veces aparecían uno o dos bocazas, con más alcohol en vena que buen juicio, pero qué sería un pub irlandés sin peleas cada cierta hora para amenizar, sacar a uno o dos a golpes, palmearse las espaldas y volver a sus respectivas bebidas. Lo normal era que los hombres acabasen de ese modo una o dos veces por noche, aquella había sido una noche infernal, ya llevaban cuatro de aquellos estallidos y los ruidos en la taberna se intensificaron en cuestión de segundos, pero esta vez los golpes estuvieron unidos a risas y provocaciones, en algún momento las risas acabaron y solo se escuchó el barullo de los muebles al caer al suelo y la puerta por la que McQuinn estuvo a punto de entrar dejó salir a un pelirrojo macizo que intentó con todas sus fuerzas agarrarse al marco de la puerta, pero un golpe seco más lo envió escaleras abajo, dando con el buen barro tras la llovizna que había acusado París durante varios días.

Los borrachos que agudizaban el ingenio con las prostitutas se quedaron un instante callados, porque el hombre empezó a quejarse, intentando levantarse. Por un momento todos estaban mirando hacia la puerta, donde una rubia jadeaba intentando recuperar el aliento con un labio sangrando y un pómulo extremadamente rojo.- Aprende a tratar a una dama.- Casi lo dijo con tono de reprimenda, como una madre amonestando a su hijo, como un tutor de muy alta categoría enseñando modales a un chiquillo malcriado y aquello desató la risa del resto de hombres, que no se esperaba que una muchacha de tan poca potencia física hubiera echado al orangután rojo de una paliza. Por supuesto, nadie allí podría decir que ella fuera una dama, parte de la gracia estaba en eso y un hombre le rodeó rápidamente, sacudiéndola como si se conocieran de toda la vida, alguien le puso una jarra en las manos y no preguntó ni siquiera qué era. Bebió un firme trago, aguantándose el escozor de su herida abierta y después miró al hombre, que era evidente que estaba intentando entrar y se había encontrado con el percal. Se hizo a un lado y cogió la puerta, para dejarle pasar con intención de volver después a la barra, donde había estado apoyada momentos antes.

Si su madre pudiera verla...Le daría un infarto.
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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Stan McQuinn el Vie 13 Oct 2017 - 6:33

El pelirrojo voló fuera de la taberna y tras él se asomó una jovencita rubia que parecía poca cosa increpándole y amenazándole con darle la paliza de su vida si no aprendía a tratar a las mujeres. Enarcó una ceja y esbozó media sonrisa. Vaya, vaya...qué genio.

Atravesó la puerta cuando la mujer lo dejó pasar y tras él se intentó colar el pelirrojo, pero el oso se giró con parsimonia y lo agarró del pescuezo lanzándolo de nuevo a la calle.

¿No la has oído? quieres que te lo explique yo?.— El irlandés alzó las manos con cara de fastidio, estaba "castigado" allí fuera por un rato, hasta que se le pasara el calentón, pero es que cualquiera le rechistaba a la mole con faldas.

Se acercó a la barra y pidió whisky de malta, doble y seco, al menos los hermanos de la isla verde sabían hacerlo decente. Estaban recogiendo algunas sillas tiradas del suelo y los músicos empezaron de nuevo a afinar el violín y la flauta para amenizar la noche, siempre era agradable escuchar esas melodías familiares. Se sentó sobre un taburete y observó de refilón a la muchacha.

buen gancho de derecha. Soy McQuinn.— Se alzó sobre su envergadura y balanceó el cuerpo sobre la barra para alcanzar un paño blanco y limpio que estaba doblado al lado de los vasos, tendiéndoselo a Krystha para que se limpiara la sangre. Una mujer de generosas curvas se le acercó sonriendo con provocación y metiéndole el escote hasta la nariz. La agarró del culo, que aprovechó para percatarse de que estaba un poco blando, y le contestó.— ahora no, encanto, quizás más tarde.

La prostituta se levantó y fue en busca de otro cliente, aunque el grandullón le había hecho gracia. McQuinn tenía pensado empezar la noche bebiendo, pasándolo bien y quizás ya amanecería en algun burdel, pero era pronto para eso.


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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Krystha E. Blackmore el Vie 13 Oct 2017 - 12:42

Krys ya estaba disfrutando de la bebida, no pensaba que el muy imbécil volviera a por otra ración, escuchó de refilón al gigante advertir al otro y miró un instante por encima de su hombro para darse cuenta de que el moreno le impidió el paso al payaso irlandés. Volvió la vista al frente, no por nada, no tenía ánimos para agradecer a nadie que le “protegiera” de alguien a quien ya le había partido la cara. Se las veía con bichos bastante más poderosos que un humano con muchos músculos, nunca se dejaba llevar por las apariencias y procuraba no subestimar a nadie, porque en su día se creía más de lo que era y su tía Ave se había encargado de bajarle los humos cuando era más joven. Ninguna pelea le parecía menos peligrosa que otra, al final ella seguía siendo una simple humana, pero se negaba a que la gente pensara que necesitaba protección de ningún tipo, se consideraba bastante capaz de cuidar de sí misma, aunque no por ello fue grosera o se enfadó con el desconocido, al final, le había hecho un favor al pelirrojo o habría acabado más que un poco magullado.

Se palpaba el labio partido cuando le tendió el trapo, ella lo cogió y lo mojó un poco en el alcohol que le habían dado antes de limpiarse cuidadosamente la susodicha herida cuando la prostituta se le echó encima. Antes de poder disimularlo se fijó en cómo el grandullón le daba un tiento a la fulana, siguió los tentadores pasos de la mujer y cuando la perdió poco después de vista miró nuevamente al hombre. Se frotó lo nudillos para limpiarse la sangre y las heridas, antes de tenderle la mano y estrechársela con energía.- Ebony.- Ni siquiera se lo pensó. No iba a decir su apellido, eso lo tenía claro y su primer nombre..Si se indagaba lo suficiente se podría descubrir, no era tan corriente, pero Ebony..Ebony solo le llamaba su familia, ni siquiera sus amigos más cercanos conocían o usaban ese nombre, así que era el más seguro de todos. No sabía en qué momento a ese desconocido le pudiera importar un reverendo comino quién era ella, pero Krys se había vuelto algo paranoica con el tiempo y prefería mantener sus responsabilidades lejos de esa taberna, donde se suponía que no tenía que preocuparse, pero quisiera o no, siempre tenía muy presente quién era.

- En realidad, mi mano buena es la izquierda.- Era zurda de nacimiento pero con el entrenamiento se había vuelto ambidiestra. Levantó el trapo para limpiarse la ceja y de paso hacer un gesto hacia él, como agradecimiento por el detalle.- No puedo imaginarme en qué momento iba a necesitar pagar para tener a alguien en su cama, señor McQuinn, ¿Tal vez porque es el camino fácil?
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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Stan McQuinn el Vie 13 Oct 2017 - 12:56

Miró a la joven enarcando una ceja y ampliando la sonrisa en su rostro, la barba no podía ocultar la chispa de diversión que iba implícita en ella.

Así que la izquierda...estaría bien comprobarlo, si le arreas así con la mano mala debe ser un espectáculo digno de pagar entrada...Bonifacia.— Y punto, acababa de bautizarla porque sí, porque Ebony era un nombre repipi y cursi y no sabía pronunciarlo bien.— Así que soy demasiado guapo para pagar por sexo. Tienes toda la razón. Podemos entonces hacer negocios, yo no pago por ver tu gancho de izaquierda y tu no pagas por un revolcón conmigo.— le guiñó el ojo descaradamente y después se bebió medio vaso de whisky riendo entre dientes. Observó la cara de estupor de la chica y se encogió de hombros negando con la cabeza.— nah! no sufras, no eres mi tipo, me vería obligado a recitarte poemas y decirte cursiladas que sólo de pensarlas harían vomitar a todas las cabras de Escocia. ¿Qué hace una chica con tu clase en este tugurio? Ah! ya sé, espera... partir dientes a bocazas como yo. No lo intentes, yo no soy como ese pazguato, no quiero que te hagas más daño.


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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Krystha E. Blackmore el Vie 13 Oct 2017 - 13:36

¿Bonifacia? Genial. Generaciones de tradición para que el bruto ignorante le jodiese el nombre en una milésima de segundo, por qué le había hecho gracia solo Dios lo sabía. Sonrió divertida, aunque el labio le recordó que no estaba para tonterías le dio igual. Levantó una ceja, así que también era pagado de sí mismo, qué cosas. Dejó que hablase, sin interrumpirle. Entrecerró ligeramente los ojos  cuando hubo algo en especial que llamó su atención y apoyó un codo sobre la barra, acomodándose sobre ella mientras miraba fijamente al grandullón.- No he hablado en ningún momento de  su…Gracia.. Ya sabe lo que dicen..Ande o no ande..-Inclinó la cabeza hacia un lado, divertida, antes de coger la jarra de alcohol y beber con tranquilidad, con las noches allí desperdiciadas se había acostumbrado al sabor, que la primera vez casi le hizo caer de espaldas.

- Oh, tranquilo, creo que puedo sobrevivir sin sus favores, sir Galán, me costará, créame, pero soy una mujer hecha para sufrir por un hombre y parir hijos, hallaré la forma para sobrellevar esta agonía. Y, por favor, no se corte, recíteme poesías eso sin duda haría que mis refajos se cayeran al suelo de una.

Volvió a beber, mirándole de reojo. Algo en sus palabras le provocó, no el burlarse de ella, no iba a pedir perdón por tener mucha más clase que cualquiera de los allí presentes y de cualquiera a varios barrios a la redonda. Era una Blackmore. Ella era La Blackmore y estaba orgullosa de sus orígenes, de sus padres y sobre todo de sí misma. Lo que más le había molestado era la idea de menospreciarla como luchadora, podría burlarse por ser mujer en un tiempo de hombres, pero no por no saber defenderse.- ¿Tanta gana tiene de descubrir mi derecha?- Se encogió de hombros, podría ser muchas cosas, pero no una bocazas como él. No presumía si no tenía de qué y él, fuera quien fuera, no le daba el más mínimo miedo, aunque si respeto. No era tonta, McQuinn era tres veces ella, pero estaba acostumbrada a pelearse desde su infancia, vencer tipos grandes era su especialidad.- No estoy aquí para partir la cara de bocazas como usted, eso se lo dejo a las prostitutas, que son las únicas mujeres que tiene al alcance. Usted, señor mío, no tiene la categoría suficiente para presumir de tener mi sangre estampada en su estúpida cara escocesa.
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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Stan McQuinn el Mar 17 Oct 2017 - 19:29

Uy, uy, uy...la pulga rubia se estaba cabreando, no había nada más divertido que hacer saltar las chispas de una mujer.

Asi que la dama pija quiere una poesía...veamos.— Carraspeó y se aclaró la garganta con un trago de la jarra. Entonó con su potente voz hincando la rodilla en el suelo para declamar con más teatralidad.

Era grande el dolor
que sentía el señor burro
¡qué tragedia!¡qué agonía!
cuando le tiraban del rabo.
Pues es lo mismo que yo siento
cuando de ti me separo.


¡Ahí la tienes Bonifacia! no me digas que no es buena. Oh! oh! espera que se me ocurre otra:

Ayer soñé que pasaba por tu casa
y me tiraste un ladrillo;
pasaré mañana en sueños
para hacerte un castillo.
Soñé que me amabas,
soñé que me querías
y me caí de la cama
por soñar tonterías.


Los que estaban por allí estallaron en carcajadas de ver al grandullón haciendo el ganso inventándose poesías para una rubita elegante. Se levantó haciendo una reverecia al público y regresando a su jarra.

Mi estúpida cara escocesa y yo nos hemos divertido mucho, le doy las gracias, Lady Bonifacia, que se nota a la legua que es una estirada inglesa..— le guiñó el ojo y siguió bebiendo.


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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Krystha E. Blackmore el Mar 17 Oct 2017 - 20:31

Krystha era soberanamente orgullosa, a veces pecaba de engreída en según qué ocasión y cuando semejante bicho moreno se inclinó y se arrodilló delante de ella no pudo evitar mirarle con el mentón en alza, mirando de reojo hacia abajo con esa cara de absurda superioridad que todos los nobles parecían tener desde su nacimiento. No se sentía por encima de aquel escocés, pero si iba a recitar un poema al menos que tuviera al certeza de que sus oídos fueran receptivos y, sobre todo, que lo fuera su mirada clavada en él, por debajo de ella, claro que según estaba escuchando al pobrecito no le iba a dar lo suficiente la mollera para darse cuenta de que solo por el simple hecho de plantar una rodilla ante ella, fuera o no de broma, ya le estaba dando poder sobre él, cierta ventaja. Pero no se le podía pedir más a la criatura.

Una de sus finas cejas se arqueó al escucharle y una sonrisa se fue ensanchando en su estirado rostro. No se rió como los demás, pero le divertía ver a ese idiota soltando burradas, aunque era consciente que solo eran una burla y que pretendía ofenderla, tal vez fue el afán por hacer justo lo contrario a lo que él esperaba o que de verdad le había hecho reír, pero una suave carcajada salió de su garganta mientras le veía incorporarse y llamarle nuevamente niña pija. Tal vez lo fuera, no había ninguna duda, pero se había hecho con el ambiente de aquel bar de mala muerte y aunque al principio muchos reaccionasen de la misma forma que él, habían aprendido a respetarla o, si acaso, a tolerarla como uno más entre ellos.

Cogió su jarra de whisky y se giró hacia él. Caminó lentamente, a propósito, con los movimientos absolutamente controlados, un ligero movimiento de cadera, sutil, pero evidente. Se atrevió a levantar el brazo que sostenía el alcohol y apoyó el antebrazo en el inmenso y fuerte pecho del oso. Le miraba a los ojos fijamente, aunque fuera una mirada ardiente había algo en ellos, ese frío núcleo que advertía de que conocía cada parte de su cuerpo y sabía exactamente qué músculo y qué posición debía tomar para llamar la atención de alguien hacia donde ella quería, en este caso: Sus ojos. Tenía el brillo de un cazador, de un felino buscando una presa..O a un compañero.

- Se nota a la legua que es usted un hombre atormentado.- A menudo las personas más agresivas eran las que más cosas tenían que ocultar, intuía que detrás de las chanzas y bravuconadas había algo mucho más profundo, enterrado.  No conocía de nada al señor McQuinn, podría estar equivocada de principio a fin y se estaba jugando todo a una carta, a una absurda corazonada, pero merecía la pena con tal de cerrarle la boca.- Si con esas magníficas obras de arte no consigue compañía, le sugiero que lo intente con la que le voy a recitar. Con suerte apelará a la lástima de la susodicha y ni siquiera las prostitutas serán capaces de negarle un revolcón gratis. Las pijas, para fortuna de todas nosotras, estamos faltas de compasión. Pero tengo un alma misericorde y me apiadaré de usted. Escuche con atención.

Estaban muy cerca el uno del otro, de modo que tuvo que echar la cabeza hacia atrás, cerró las distancias entre ellos alzándose sobre la punta de sus pies, de modo que se acercó peligrosamente a su mejilla y susurró muy suavemente de modo que solo él pudiera escucharle, arrastrando las palabras, cargándolas del peso que exigía su significado.

Puedes llorar porque se ha ido,
o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos
y rezar para que vuelva,
o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado;
tu corazón puede estar vacío
porque no lo puedes ver,
o puede estar lleno del amor
que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda,
o puedes hacer lo que a él le gustaría:
Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.


Era un antiguo poema escocés, que hablaba de o doloroso que era separarse de un hijo, una mujer, un amigo o un ser querido. Era muy conocido y popular, que a menudo se recitaba en funerales y despedidas extremadamente dolorosas.

Se separó de él, al principio solo unos segundos, para poder mirarle a los ojos con la presión de sus cuerpos aun demasiado cerca. Terminó de alejarse, dejando que hubiera espacio entre ambos. Le guiñó entonces un ojo y levantó su jarra de whisky hacia él.


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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Stan McQuinn Ayer a las 15:29

the parting glass:

Hija de perra. Junto con "The parting glass" era el poema más recitado y cantado en las despedidas, el mismo que alguien lanzó al viento en gaélico cuando se hundió el barco que transportaba a su mujer Amarie y a su hijo Stan. La misma despedida que tuvo que tragarse con todo su dolor. Aquella niñata jugaba a conocerlo, a decirle que era un hombre atormentado y en verdad estaba tocando algo que aún sangraba a pesar de los años.

Miró al frente unos instantes calmando al oso interior, bebió de la jarra despacio y finalmente clavó sus intensos ojos azules en los de la señorita.

Al menos mis seres queridos la escucharon desde donde quiera que estén, eso es algo que usted no podrá hacer porque nadie llora a las pijas despiadadas faltas de compasión.— regresó sus ojos a un punto fijo en el estante de detrás de la barra y acabó la jarra. Se le habían quitado las ganas de seguir bebiendo en esa compañía. Pidió una botella de whisky, la pagó y salió de la taberna. Las inglesas tenían literalmente un palo metido por el culo, eran horribles y crueles, se merecían la fama que tenían. Cuando el grandullón salió el pelirrojo entró de nuevo en el local al percatarse de que se había ido la mayor amenaza además de la rubita.

La noche era fresca, pero le daba igual sentía el desasosiego interior crecer y arder como un incendio. Hacía meses que no pensaba en ellos y esa niñata lo había conseguido. Caminó hasta un parque que de día debía estar lleno de críos jugando y se sentó en la hierba frente a unos columpios. Empinó la botella y dio buena cuenta de ella, el whisky le sabía amargo en los labios al pensar que su hijo podría haber alcanzado la edad suficiente para subirse a esas tablas colgantes, pero no valía la pena aferrarse al pasado, ya no tenía solución, Amarie y Stan eran sólo fantasmas en su mente desde muchos atrás.


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Re: La senda del tiempo {Priv.}

Mensaje por Krystha E. Blackmore Ayer a las 18:27

Al ver la reacción del McQuinn se dio cuenta de que había dado en el clavo, lo que quería era provocarle, tal y como él había hecho con ella. Se lo tenía merecido, había mordido en su carne pensando que no iba a saber devolver el mordisco. Se giró en la barra y bebió de su propia jarra, así aprendería que no se debía juzgar a nadie por la apariencia, ella era una dama, una muy bien educada en la alta sociedad, pero también era una guerrera, una de las mejores cazadoras de la orden y podía cortar cabezas de vampiro desde que tenía quince años. Ese pub era el único lugar que había encontrado en el que nadie le miraba extraño, en el que le trataban como una mujer y no como la futura esposa de otro o la hija de alguien, nadie le miraba dos veces si llevaba pantalones, a todo el mundo le daba igual quién era y de donde venía..Menos a ese bocazas, que había aparecido para romper toda esa libertad que había conseguido.

Chasqueó la lengua y dejó la jarra ya vacía de un firme golpe, pidió whisky y dos jarras, que pagó antes de marcharse del bar, también se le habían pasado las ganas de beber y reír. Miró al tipo pelirrojo que acababa de sentarse y le dedicó una fría mirada de advertencia, porque no estaba de humor y antes solo había estado jugando.

No era muy consciente de por qué motivo lo estaba haciendo, tal vez porque la reacción del moreno le había parecido exagerada, así que la herida que había abierto su poema debía ser grande también. No pretendía ver el sufrimiento velado en aquellos claros ojos, solo quería devolverle un poco de su propia medicina, pero había tanteado terreno que nunca debió pisar. No fue difícil encontrar al monumental hombre, aunque no pudo evitar sorprenderse ante la ubicación. Le dejó ser durante unos momentos, tal vez dejándole el tiempo que necesitase para recuperarse, no quiso espiarle, pero en el fondo era lo que estaba haciendo y McQuinn parecía...Abatido, desarmado..Nada que ver con el hombre vivaz y risueño que había demostrado ser. ¿Ella había provocado eso..? ¿Era, en verdad, la herida tan, tan profunda? El oso había perdido a alguien importante de su vida. Alguien tan importante como para arrebatarle la alegría y dejarle hundido, como ahora le veía.

Se acercó a él despacio, hasta ponerse delante. Esperó, hasta que él decidiera levantar la vista para descubrir a quién pertenecían las botas.- ...¿Su hijo..?- No era de las mejores solo por sus habilidades físicas, le habían enseñado a ser hábil mentalmente, a explotar sus instintos al máximo. Y el grandullón, de todos los lugares posibles, se había detenido en unos columpios.


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