Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Argent versus Acer (privado)

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Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Miér Oct 04, 2017 12:54 pm

Nací entre robles y hayas, una noche de luna llena que proclamaba la llegada del primogénito del alfa.
Mi madre aullaba a la luna mientas me paria ante la atenta mirada de la manada, yo tal y como marcaba las leyendas, nací en noche de eclipse, con lo cual pude ser sujeto durante unos minutos por los brazos humanos de mi madre.

Yo Acer, daría muerte y sepultura a la hija de la plata, esa que un día se arrancó la humanidad para en una clara traición a los que un día lucharon mano a mano con su linaje.
Su intentó fue frustrado, pues todos escapamos a los bosques, convirtiendo a nuestros niños en guerreros fieros, yo, el elegido pondría fin a su reinado y con el a todos los Argent que poblaran la tierra.
La hegemonía de los hijos de la luna pronto brillaría por encima de la de los cazadores que abanderaban con mentiras la necesidad de dar caza a unos monstruos de los que ellos un día fueron amigos.
Ellos nos convirtieron en lo que eramos, acorralándonos como animales salvajes cuando eran ellos los traidores, los monstruos.

El bosque de Brocelianda es un bosque mítico francés situado en el departamento de Ille.
Mi manada creció en ese lugar mágico, siempre vinculado con leyendas tan poderosas como la mía, no podía nacer en otro sitio el que un daría fin a la maldición que asolaba a los míos.
En Broceliande coinciden las leyendas más sobrecogedoras de las sagas célticas, donde todo un mosaico de sensaciones gravitan en el ánimo del viajero nada más entrar en este fascinante lugar. Los caballeros de la Mesa Redonda encontraron en Broceliande un decorado a la medida de su destino y de su búsqueda. Arturo, su legendario rey, les ordenó encontrar el más preciado cáliz sagrado: el Santo Grial, que, según la tradición oral, estaba oculto en estos bosques de la Bretaña gala. 

Hace unos meses abandoné mi hogar, mi único destino, encontrarla, dar con esa escurridiza inmortal que sembraba la muerte entre los Acer a golpe de plata.
Atrás dejaba lo único que me importaba, pero eso es otra historia, pues yo nací, crecí y viví por un único motivo y desde luego no era disfrutar mi vida si no quitar la suya.

Su rastro me llevo meses encontrarlo, las afueras de la ciudad de París fue el lugar elegido por la vampiresa, ese seria el escenario que la vería sucumbir por fin ante un ser como yo. Postrada imploraría clemencia y entendería que los Acer siempre estuvimos por encima de la plata de su apellido.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Dom Oct 15, 2017 9:10 am

No había transcurrido más de una semana desde su regreso a París. El último año de su inmortal existencia lo pasó rastreando el paradero de un asentamiento Acer a las afueras de un bosque en las tierras bajas de Italia. Era bien sabido que, como salvajes, los perros de acero buscaban cobijo en la espesura de la madre tierra. El clan principal, que residía en Francia —su tierra natal— se dedicaba a parir y a entrenar más de los suyos, en incansable preparación para una batalla que perpetuaría hasta su fin. Sin embargo, algunos de aquella estirpe habían migrado en grupos pequeños a otras regiones de Europa, en un desesperado intento por escapar al enfrentamiento de linajes. Una poderosa barrera mágica protegía y ocultaba a la manada de acero de los Argent: ninguno en cuya sangre fluyera la plata era capaz de localizarla o traspasarla.  Por ende, desprotegidos del hechizo, Nymeria no tardó en encontrarles y mucho menos vaciló darles muerte, fiera y sin piedad.

Por lo menos veinte del linaje contrario perecieron durante su última arremetida en Italia. No asesinaba niños, pues tenía la eternidad de su lado para aguardar a que crecieran y le confrontaran; tampoco ancianos, una vez muertos los padres, los pequeños necesitarían guía y el tiempo mismo se encargaría de ellos en tanto volvieran a Francia, de resto, sin clemencia la inmortal arrasó con todo aquel que se opuso al filo de su espada. Hasta aquel día no conocía Acer que le hubiese aguantado el ritmo, e incluso con los ancestros susurrándole al oído que pronto conocería a quien fuera capaz de plantarle cara, nada le preocupaba. Le respaldaba su naturaleza, la magia y la energía de innumerables vidas, capturadas por la gema carmín que adornaba la empuñadura de su espada.

El acero era efímero pero la plata sería eterna. Ella era eterna.

Como hija pródiga regresaba a la tierra que le vio renacer, esta vez, a terminar por fin el trabajo que le fue asignado mil años atrás y al que consagró su existencia y su futuro, su eternidad. Una pequeña aldea a las afueras de París se presentó como el lugar más apropiado para su estancia, encontrando morada en la pequeña finca de una humilde familia campesina, cuyos integrantes vivían del trabajo de sus tierras y que, afables, le abrieron las puertas de su hogar sin tener que recurrir a la manipulación vampírica para persuadirlos de ello. Compadecida ante la sencillez de aquellos humanos, Nymeria optó por utilizarlos de coartada y no de alimento como lo había planeado; no obstante, era aquella una situación temporal, no tenía la costumbre de permanecer en el mismo lugar más de un par de días, a diferencia de los Acer, ningún hechizo ocultaba su ubicación y era consciente de que, más temprano que tarde, alguno de ellos le encontraría.

Aquella noche volvía a la finca tras una velada infructuosa en la búsqueda de un hechicero con poder suficiente suprimir el bloqueo mágico que le impedía encontrar el refugio de sus enemigos y exterminarlos de raíz. Refunfuñó todo el camino de vuelta, se sentía molesta, frustrada… era imposible encontrar un brujo decente en París, además, sed abrasadora le quemaba la garganta, había pasado día y medio sin alimentarse y su cuerpo ansiaba un buen trago de sangre de vena, caliente y fresca. Se relamió los labios y resopló, ese terrible apetito era su cruz a cargar y aparentemente la clemencia no era buena para el hambre.

Tan pronto como puso un pie en la propiedad supo que algo andaba mal. Arrugó la nariz ligeramente, olfateando con sutileza la suave brisa de verano que traía consigo una fragancia diferente a la fruta, la hierba y la esencia de los humanos que amables le resguardaron.

Perro… — Un susurro entretenido se escapó de sus labios.

Su sonrisa se extendió maliciosa a su máxima amplitud. Desenvainó la espada del cinto y el rubí centelló en carmesí. A paso armonioso, la vampiresa avanzó hacia la entrada de la modesta residencia y de un empujón con la mano abrió de par en par la puerta que rechinó fuerte, haciendo eco hasta el fondo del pasillo. Entró sigilosa, mirando hacia todos lados, aferrándose con firmeza al arma, expectante de la ubicación de su enemigo. El aroma era cada vez más fuerte, si su corazón palpitara aún, quizá se hubiese estrellado con violencia contra su pecho, mas por el momento nada sintió. Viro hacia la derecha, en dirección al comedor, permaneciendo tras el umbral de la puerta cuando sus ojos se encontraron de frente con la familia, padre, madre, hijo e hija, sentados alrededor de la mesa, como en una noche de cena casual. Ladeó la cabeza y frunció el entrecejo. Se encontraban silentes y observándolos a detalle lucían temerosos, cohibidos por algo, de tal forma que incluso la niña temblaba con sutileza.

Recorrió el espacio con la mirada, escudriñando el lugar en busca del lobo para acabar con aquel juego por fin. Intentó usar su sentido auditivo, más los corazones de los humanos latían demasiado fuerte como para permitirle escuchar el del intruso.  Dio un paso adelante y tan pronto como cruzó el umbral el filo del acero se interpuso en su camino apoyándose contra su cuello. Deslizó la mirada hasta la filosa hoja que centelló en su mirada y volvió a sonreír, volviendo entonces su atención hasta el hombre que sujetaba la sujetaba con fuerza. Sus pardos se enfrentaron a los egeos de su contrincante, que se anclaron violentos a los suyos en un instante de relativa calma.

Acer, supongo… — Indagó despreocupada y sin borrar la sonrisa de su rostro — ¿Sabes que es bastante descortés asustar indefensos en su propio hogar?

El comentario no le hizo gracia, él no venía a conversar, venía a matarla, pero, por supuesto, después de mil años e incontables enfrentamientos ella había aprendido a tomárselo con más calma. Suspiró y con la yema del índice hizo a un lado el filo del arma.

Vamos, lobo, esto es entre tú y yo, esta gente no tiene nada que ver — avanzó hacia la mesa donde los humanos, indefensos, anulaban su presencia. Ella les sonrió agradable, como si el licántropo no estuviese allí — Mírenme — Ordenó — Tan pronto como pongamos pie fuera de esta propiedad, olvidarán que alguna vez estuve aquí, lo que ha pasado esta noche y proseguirán con sus vidas cotidianas, como si nada hubiese sucedido.

Los presentes la observaron embelesados por la compulsión. Un gesto de complacencia surcó sus facciones y entonces, volvió a paso lento hacia el lobo, examinándolo de arriba abajo hasta quedar frente a él.

¿Qué? — Preguntó ante la expresión que se imprimió en las facciones del hombre como respuesta al “altruismo” de su acto. Por supuesto, era conocida por muchas cosas, mas ser noble no era una de ellas — Han sido buenos conmigo, merecen que sea una chica buena ¿pero contigo? contigo estoy a punto de ser realmente mala — su temple entre altivo y travieso buscaba provocarlo y que la furia contenida en su mirada se desatara al fin— ¿Dónde te gustaría morir? — Inquirió entretenida, mordiéndose el labio inferior


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Dom Oct 15, 2017 11:29 am

Una ligera llovizna moría sobre mis hombros antes de que aquella casona vieja y destartalada pero reconfortante por su calor humeante me diera cobijo en aquella noche en el que fallecería mi enemigo.
Escuché de sus labios la palabra perro, ladeé la sonrisa con aire engreído, los perros ladraban, mas yo mordía como un lobo.
Era tan fácil escuchar sus pasos buscando mi rastro que con maestría, oculto entre las luces y las sombras del prometedor fuego y en el mas extremo de los silencios me moví raudo hasta alcanzar la posición perfecta para que al adentrarse en la cámara donde la familia cenaba sumamente afectada por mi presencia, su cuello se encontrara con mi acero.
-hueles a muerto -fue mi saludo escupido con asco ante su incendiaria mirada.

Su sonrisa se curvo como si el duelo le resultara divertido, como si la maldición que nos anclaba a darnos caza fuera un juego y ambos no fuéramos solo eso, dos juguetes en manso del destino, de nuestras familias y nuestros apellidos.
-Las preguntas evidentes resultan estúpidas -aseguré sin ganas de conversar, mi idea se alejaba mucho de la de irnos de copas, solo quería ensartarla con mi espada y de paso, meterle una estaca en ese precioso pecho hasta verla reducirse a cenizas ante mis ojos -no acostumbro a dar mi nombre a aquel que va morir, las presentaciones son estúpidas dado el hecho que me ha traído ante ti.

Con un gesto aparté el filo de la hoja de su cuello, quería jugar a la buena samaritana y estaba en su derecho, nada tenia en contra de esos humanos, así que la dejé hacer ese numerito de magia sin inmutarme hasta que la morena regresó ante mi dispuesta según ella a matarme.
Casi me atraganto con la risa, de no ser porque ni me reí, ni me hacia gracia la altivez que ostentaba esa engreída.
-No me interesa porque los ayudas, ni me asusta que pretendas ser “mala” conmigo, es mas, dicho así me suena a que me azotaras mientras te pones cachonda...no es serio, te aconsejo que mejores tu repertorio, aunque para un burdel...que mas da...vas ha morir hoy así que olvida lo que te he dicho.

Le di la espada como si no la temiera en absoluto, la verdad es que así era, yo era el de la profecía, todo apuntaba a que llegaría su final esa noche y no el mío.
Caminé con paso firme hasta el exterior, fue allí cuando me detuve no para fijarme en ella si no en el cuarto menguante de la bella luna que nos contemplaba.
Me relamí los labios absorto por las historias que de ella había escuchado desde niño.
-¿Alguna petición antes de extinguirte Argent? -apunté sin mas desenvainando mi espada en un silbido que cortó el viento y que alzó el vuelo de una bandada de cuervos.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Miér Nov 01, 2017 4:54 am

Yo estoy muerta, ¿cuál es tu excusa?

Se carcajeó entretenida ante las declaraciones del lobo, venenosas palabras que precedieron una salida altiva, dándole la espalda con aire engrandecido y siguiendo de largo como si no le importase en lo absoluto ser atacado. Aparentemente, el lobo carecía de instintos de supervivencia, así que era probable que aquel enfrentamiento fuese más sencillo de lo previsto. Se necesitaba más de un par de insultos para calar bajo su piel y al engreído talante que, como escudo, portaba su oponente, seguramente lo vería derrumbarse en tanto le tuviese de rodillas suplicando por clemencia. De cualquier forma, el perro no tenía por qué afanarse, si algo era cierto, su rostro se convertiría en lo último que contemplaría antes de morir; una buena vista, considerando las circunstancias.

¿Azotarte? — bufó — que poca imaginación tienes, yo estaba pensando en mi espada atravesándote el trasero, imaginé que te gustaría, ya sabes, ponerte en cuatro como buen perrito. — Se encogió de hombros sin perder la gracia que sobrevolaba su semblante.

Optó por seguir al lobo en silencio, observándole avanzar a paso firme sin inmutarse ante la ligereza de sus pasos que, coordinados, le acechaban desde atrás en búsqueda del espacio adecuado para llevar a cabo la batalla y terminar con aquel sinsentido de una buena vez. Un pequeño claro, ubicado en el lote adyacente a la finca donde se hospedaba, fue el lugar elegido por su contrincante. La aldea aún era área rural, poco concurrida y la distancia que separaba las propiedades variaba en hectáreas, haciendo de aquella zona un sitio conveniente para la ancestral confrontación.

El perro, jugando a ser humano, desenvainó la espada, asiéndola prepotente, elevándola al aire mientras una bandada de cuervos sobrevolaba sus cabezas en mal augurio, concediendo una atmósfera tensa y ominosa. La inmortal alzó la mirada cadenciosa, apreciando el vuelo de las aves que se alejaban presurosas del lugar, elevó las comisuras en una sonrisa traviesa y entonces volvió su mirada al lobo sin emoción. ¿Un último deseo?

Sólo que comiences de una vez, me aburro.

Cumpliendo el papel de verdugo, el licántropo gruñó mostrándole los colmillos y sin vacilar un instante en llevar a cabo su petición, se lanzó furioso al ataque. La gema en la guarnición de la plata relució vibrante en carmín. Sus escleróticas se llenaron de sangre y las venas bajo sus ojos se marcaron oscurecidas. Giró la empuñadura del arma entre su mano y la elevó rauda para detener la arremetida en colisión de metales que resquebrajó de un tajo el silencio de la noche.

Nymeria retrocedió al ritmo de las acometidas del lobo que, a pesar de presentarse ansiosas y agitadas, no dejaban de ser certeras; no obstante, ella se limitó a eludir el acero con destreza y calma. La técnica de su contrincante no desmeritaba nada, era ágil, hábil, mejor que la de cualquier Acer que hubiese tenido oportunidad de enfrentar… pero ella tenía más de mil años, lo cual implicaba que existió siglos enteros antes de que la historia siquiera lo hubiese concebido, las batallas que había contendido sumaban un número infinitamente mayor a las lunas que aquel hombre había vivido e incluso con los ancestros murmurando en un rincón de su mente que procediera con cautela, la derrota era un término que no estaba dispuesta siquiera a imaginar.

Ambos metales cortaron el aire, ondeando fieros en letales movimientos, asestando directo a la piel ajena y fallando por tan sólo milímetros. Hasta el momento ni una gota de sangre había sido derramada pues, de lo contrario, el férreo aroma hubiese estimulado el brotar de sus colmillos. Hastiada de rehuir de los ataques del lobo, Nymeria atajó el letal acero con su filosa hoja plateada a un par de centímetros de su cuello. Sonrió ladinamente y enarcó una ceja desafiante; antes de que su oponente pudiese concretar su siguiente ataque, le hizo retroceder de una patada en el pecho, aprovechando el espacio para abalanzarse a la ofensiva en una ráfaga de oscilaciones que, esta vez, forzaron a su oponente a replegarse con prisa.

El pecho de su oponente se tensaba y distendía agresivamente, la humanidad tras la bestia jadeaba en claro signo de agotamiento, extenuación propia de los pulmones. La vampiresa, por su parte, absuelta de la necesidad de respirar, continuaba serena; había pasado un largo periodo de tiempo desde la última vez que su cuerpo reconoció cansancio. De un golpe seco en el acero, lo mandó a volar lejos del agarre del licano, procediendo a hostigarlo con el rápido vaivén de su espada, sin dejarle más opción que esquivarla a velocidad similar.

La plata fue obstaculizada por el tronco de un árbol. Aprovechando el inconveniente, el perro corrió en búsqueda de su arma y sin dar espera, una vez la blandió en su diestra, acometió violento contra ella. Nymeria forzó la empuñadura en un desesperado intento por liberar la hoja incrustada en la madera, mas al verse corta de tiempo, inclinó medio cuerpo evitando así el acero que feroz buscaba su cuello. Con la adrenalina ardiendo bajo el frío contacto de su piel, se irguió de golpe y en un nuevo intento, tras tirar con fuerza del mango de su espada, esta cedió al fin, justo a tiempo para frenar el metal que, de nuevo, se precipitaba hacia su piel.

¿Eso es todo lo que tienes lobito? — Inquirió ladeando la cabeza, curvando los labios en media sonrisa.

Una ligera pausa, sus espadas se mantuvieron cruzadas, suspendidas en el aire mientras sus rostros, arrogantes, se contemplaron con fijeza enardecidos por la contienda.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Miér Nov 01, 2017 7:18 am

“Sólo que comiences de una vez, me aburro. 
Altiva la inmortal y en mi opinión con ganas de convertirse en ceniza me pidió con impaciencia que le baile comenzara.
Ladeé la sonrisa, nunca había que hacer esperar a una dama, así que bravo mientras ella se alzaba las enaguas me abalancé hacia su posición blandiendo mi espada.
Choque de metales que perturbó el silencio de la noche.
Ataques imparables que ella sorteaba como si fuera una araña escurriéndose por la seda de su madeja.
Mis colmillos rugían voraces, mis ámbar eran un desafió constante mientras sus rojos enmarcaba los gestos de la que al estar muerta no siente la guerra corriendo por sus venas.

Mis ataques agresivos, era una bestia enfrentando al enemigo, mas ella gozaba de la inmortalidad a su favor, mi técnica era perfecta, pero el diablo ,sabe mas por viejo que por sabio y esa era ella.
Su plata a punto de sajar mi piel en alguna arremetida, mas de nuevo yo tomaba la iniciativa haciendo danzar el acero entre mis dedos.

Una patada en el pecho marcó una pequeña tregua, ladeada su sonrisa cuando pasó a la arrepentida, mi pecho se alzaba violento ante su mirada, paré con gracia cada golpe de plata.
Pero en una de esas el acero voló como un cometa en la noche estrellada, rugí sin rendirme.
Su plata buscaba morder mi pecho, un árbol detuvo su arremetida cuando mi diestro movimiento evitó a su diestra, corrí veloz hacia mi acero y envainandolo me lancé a degüello dispuesto a hacerle perder la cabeza en cualquier momento.

Esquiva, su tronco se arqueo, evitando la mordida, mas antes de que volviera a arremeter, ella logró sacar la plata del tronco deteniendo el envite.
Nos miramos a conciencia, midiéndonos mutuamente, ella no estaba casada, parecía serena, pero mi frenesí ayudaba a mi cuerpo a arremeter con tino.
-No os preocupéis mi señora, apenas he empezado con el cordial saludo -dije de forma engreída, retomando el baile mientras los aceros chirriaban al ser acariciados por el arma ajena.
Tentación arrogante en las miradas de uno y otro.
-¿Que se siente sabiendo que tu familia tuvo que sacrificarte para poder vencer a la mía? Fría, inerte, sin sentimientos, metas o sueños, eres un arma que pronto no tendrá mas sentido que la de bañar los campos de polvo y cenizas.

Le aticé en el culo con la parte plana de la espada de forma burlona antes de embestir de nuevo de forma violenta, arremetida, tras arremetida, gruñendo como la bestia que se escondía tras mi piel humana, la luna llena hoy no me bendecía con su presencia pero de hacerlo esta pantomima hubiera acabado ya hace mucho tiempo.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Jue Nov 23, 2017 12:26 pm

¿Así que no eres de los que se rinde fácil, ah? — Inquirió con diversión, situando más bien poca fuerza en el cruce de espadas que afiladas distanciaban sus rostros — Debes ser el primero de los tuyos. — Se mofó mordaz.

Nymeria deslizó el filo de su espada apartando la ajena y arrugó la nariz ante el sonido agudo emitido por la fricción de los metales. Incluso en acción tan simple como el roce de sus armas era posible apreciar lo terrible de aquel encuentro. La resonancia de plata contra plata era precisa, melodiosa, agradable al oído; la colisión de aceros, por el contrario, ocasionaba una sonoridad fuerte e intensa, mas no por ello dejaba de armonizar; sin embargo, el choque de acero y plata no iba más allá de ser ruido estridente, disonante y molesto, un estrépito que dejaba en evidencia que los suyos no eran instrumentos prestos a encontrarse. Aquel era un detalle de poca relevancia, pero después de mil años batiendo con diversidad de armas, había aprendido a afinar el odio.

Dio un paso atrás estudiando con su ocre mirada los movimientos del oponente, aguardando porque fuese este quien quebrara la inestable tregua que retenía a las armas de despedazar sus cuerpos. El desafío era palpable, incluso en la intangibilidad de sus miradas que, soberbias, se enfrentaban con determinación sin intención alguna a ceder… ni siquiera en aquel duelo silente. Caminaron en círculos a pasos recelosos atendiendo minuciosamente la posición del opuesto. Aunque sus aceros no se estrellaban violentos, si eran asidos con firmeza entre sus diestras y fueron certeras palabras las que reanudaron el encuentro, como leña al fuego que avivaba las flamas del reto.

No te tomaba por todo un romántico — Se burló, enarcando las cejas en pretendida sorpresa — ¿Sueños? ¿metas? ¿sentimientos? — bufó — ¿Cuántos años tienes? ¿diez? Bienvenido al mundo real, Acer.

Una fugaz sonrisa se dibujó en sus labios antes de abalanzarse contra el lobo, ondeando su espada con violencia en agresivas arremetidas que dejaban claro estaba cansada ya de jugar. Los metales chispearon, chirrearon, balanceándose furibundos, incesantes, buscando con ansia la oportunidad de rasgar piel o atravesar carne. Rauda, ella avanzada ganando terreno, reduciendo el campo de acción de su contrincante. Hasta entonces se había esforzado por mantener la cabeza fría, un talante sereno, flemático que le permitiera defenderse con soltura y atacar con precisión, pero entre espadas oscilantes y corporeidades que se desplazaban exaltadas, como estallido de fuego pirotécnico, la adrenalina calo en sus huesos y se extendió bajo su piel. Era aquella una sensación extraña, ajena a lo que usualmente su cuerpo carente de vida experimentaba, quizá por hacer frente a una verdadera amenaza o quizá el furor de una verdadera batalla, como fuera, le agradaba.

Miradas encendidas, enardecidas por la adrenalina de la batalla, la opuesta en ámbar y la suya en carmín, analizaban entre embestidas el punto de quiebre del enemigo. El acero del lobo se elevó en un ángulo que buscaba tajar su garganta, mas esta vez, en vez de obstruir el camino del filo con su hoja, la vampiresa detuvo en el aire la acometida, sujetando con fuerza el antebrazo del licano.

Aunque ahora que lo mencionas — Aprovechó la sorpresa para golpear fuertemente el rostro del lobo con el codo, de tal forma que logró hacerle tambalearse en reversa — Sí tengo una meta — Repitió la acción imprimiendo en ella mayor fuerza — Y es ver a todos los Acer caer… uno a uno — De un movimiento brusco, dislocó el brazo del lobo, haciéndole perder la espada y añadiendo a ello un tercer golpe, le empujó directo contra el tronco de un roble — Hasta el último — confesó entre dientes con la mandíbula tensa.

La inmortal se inclinó, levantó el arma del lobo, procediendo a acercarse a él a paso cadencioso, enfundando la plata y girando el acero ligero entre sus dedos.

Ahora es tu turno, dime ¿Qué se siente ser el primero de tu familia en aguantar un asalto de más de cinco minutos? Todos caen como moscas en los primeros segundos.

Sus corrosivas palabras buscaban llevarlo al límite, cabrearlo y quizá, subliminalmente, incitarlo a que arremetiera de nuevo para poder sentir otra vez el ímpetu de la humanidad perdida corriendo presuroso por sus venas.

Ya que has sido un buen perrito, dejaré que sucumbas bajo el filo del acero.

Elevó su diestra tenaz, dispuesta a dejarla caer sin piedad sobre el cuello del hombre; no obstante, no supo cómo ni cuándo, el lobo se las arregló para ensartarle una gruesa y punzante rama de madera en la parte alta del abdomen. De no ser por que alcanzó a reclinarse a tiempo, le hubiese astillado sin problema el corazón.

El vital líquido carmesí humedeció sus labios. Los relamió. Así que ese era el sabor de su propia sangre…


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Vie Nov 24, 2017 4:57 am

Fiereza, nuestro encuentro era fuego, hielo, sangre y acero.
Hacia tiempo que no encontraba rival como esa, entre jadeos usaba la plata como una prolongación de su cuerpo.
Ella eral tal y sus palabras mordaces como el silbar del viento retumbaban gráciles en mis oídos motivándome aun mas.
-Será que soy un romántico apunté embistiendo contra ella de nuevo.
Ninguno reculaba, estridente el choque de plata y acero que delataba el odio que enfrentaba no solo a nuestros apellidos si no la raza que ostentosamente ambos.

Tomó mi antebrazo y de un codazo me hizo sangrar, gruñí al sentir el férreo sabor de mi propia sangre, pero después una risa macabra me invadió.
-Estoy vivo -dije sintiendo un dolor que posiblemente ella dejó de percibir hace tiempo -¿puedes tu decir lo mismo? -pregunté en tono burlón.

Repitió la acción hasta que mi brazo se quebró, la espada calló al suelo, rugí cuando mi espalda golpeó contra un tronco, mis ojos ámbar centelleaban al verla recoger mi espada con esa mueca de satisfacción creyendo la victoria a su favor.
De un tirón seco me recoloqué el brazo de nuevo en su lugar con claros gestos de dolor pero con ferocidad.
-Una lastima que no sea hoy el día que tus sueños se cumplirán -aseguré al sentir el filo cerca de mi cuello.

Rápido esquivé el arma y con una rama de madera que arranqué con voracidad busqué su maldito y putrefacto corazón para mandarla junto al resto de los Argent, al infierno, donde deberían estar.
La inmortal fue rápida, gracias a ese gesto atravesé su pecho rozando su corazón, pero no con suficiente tino como para convertirla en cenizas.

La joven parecía sorprendida, pero también disfrutar del un rival que no esperaba y que le presentaba contienda de igual a igual.
No me detuve, no hubo piedad, arranque rama tras rama lanzandolas hacia su cuerpo como si fueran lanzas de madera dispuestas a morder su carnaza.
Ella esquivaba sin darle tiempo a sacarse la rama de su pecho, podía leer el odio en su mirada, el dolor cada vez que las astillas acariciaban su corazón y a su vez una excitación extraña.
-Vamos inmortal ¿eso es todo cuanto sabes hacer?

Furibunda, rabiosa como un perro de presa volvió a lanzarse contra mi, su mano en mi cuello, nos miramos de frente unos instantes midiéndonos.
-¿Eres consciente de que el alba pronto hará su presentación estelar? -pregunté escupiendo cada una de esas palabras contra sus labios.


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