Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Argent versus Acer (privado)

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Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Miér Oct 04, 2017 12:54 pm

Nací entre robles y hayas, una noche de luna llena que proclamaba la llegada del primogénito del alfa.
Mi madre aullaba a la luna mientas me paria ante la atenta mirada de la manada, yo tal y como marcaba las leyendas, nací en noche de eclipse, con lo cual pude ser sujeto durante unos minutos por los brazos humanos de mi madre.

Yo Acer, daría muerte y sepultura a la hija de la plata, esa que un día se arrancó la humanidad para en una clara traición a los que un día lucharon mano a mano con su linaje.
Su intentó fue frustrado, pues todos escapamos a los bosques, convirtiendo a nuestros niños en guerreros fieros, yo, el elegido pondría fin a su reinado y con el a todos los Argent que poblaran la tierra.
La hegemonía de los hijos de la luna pronto brillaría por encima de la de los cazadores que abanderaban con mentiras la necesidad de dar caza a unos monstruos de los que ellos un día fueron amigos.
Ellos nos convirtieron en lo que eramos, acorralándonos como animales salvajes cuando eran ellos los traidores, los monstruos.

El bosque de Brocelianda es un bosque mítico francés situado en el departamento de Ille.
Mi manada creció en ese lugar mágico, siempre vinculado con leyendas tan poderosas como la mía, no podía nacer en otro sitio el que un daría fin a la maldición que asolaba a los míos.
En Broceliande coinciden las leyendas más sobrecogedoras de las sagas célticas, donde todo un mosaico de sensaciones gravitan en el ánimo del viajero nada más entrar en este fascinante lugar. Los caballeros de la Mesa Redonda encontraron en Broceliande un decorado a la medida de su destino y de su búsqueda. Arturo, su legendario rey, les ordenó encontrar el más preciado cáliz sagrado: el Santo Grial, que, según la tradición oral, estaba oculto en estos bosques de la Bretaña gala. 

Hace unos meses abandoné mi hogar, mi único destino, encontrarla, dar con esa escurridiza inmortal que sembraba la muerte entre los Acer a golpe de plata.
Atrás dejaba lo único que me importaba, pero eso es otra historia, pues yo nací, crecí y viví por un único motivo y desde luego no era disfrutar mi vida si no quitar la suya.

Su rastro me llevo meses encontrarlo, las afueras de la ciudad de París fue el lugar elegido por la vampiresa, ese seria el escenario que la vería sucumbir por fin ante un ser como yo. Postrada imploraría clemencia y entendería que los Acer siempre estuvimos por encima de la plata de su apellido.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Dom Oct 15, 2017 9:10 am

No había transcurrido más de una semana desde su regreso a París. El último año de su inmortal existencia lo pasó rastreando el paradero de un asentamiento Acer a las afueras de un bosque en las tierras bajas de Italia. Era bien sabido que, como salvajes, los perros de acero buscaban cobijo en la espesura de la madre tierra. El clan principal, que residía en Francia —su tierra natal— se dedicaba a parir y a entrenar más de los suyos, en incansable preparación para una batalla que perpetuaría hasta su fin. Sin embargo, algunos de aquella estirpe habían migrado en grupos pequeños a otras regiones de Europa, en un desesperado intento por escapar al enfrentamiento de linajes. Una poderosa barrera mágica protegía y ocultaba a la manada de acero de los Argent: ninguno en cuya sangre fluyera la plata era capaz de localizarla o traspasarla.  Por ende, desprotegidos del hechizo, Nymeria no tardó en encontrarles y mucho menos vaciló darles muerte, fiera y sin piedad.

Por lo menos veinte del linaje contrario perecieron durante su última arremetida en Italia. No asesinaba niños, pues tenía la eternidad de su lado para aguardar a que crecieran y le confrontaran; tampoco ancianos, una vez muertos los padres, los pequeños necesitarían guía y el tiempo mismo se encargaría de ellos en tanto volvieran a Francia, de resto, sin clemencia la inmortal arrasó con todo aquel que se opuso al filo de su espada. Hasta aquel día no conocía Acer que le hubiese aguantado el ritmo, e incluso con los ancestros susurrándole al oído que pronto conocería a quien fuera capaz de plantarle cara, nada le preocupaba. Le respaldaba su naturaleza, la magia y la energía de innumerables vidas, capturadas por la gema carmín que adornaba la empuñadura de su espada.

El acero era efímero pero la plata sería eterna. Ella era eterna.

Como hija pródiga regresaba a la tierra que le vio renacer, esta vez, a terminar por fin el trabajo que le fue asignado mil años atrás y al que consagró su existencia y su futuro, su eternidad. Una pequeña aldea a las afueras de París se presentó como el lugar más apropiado para su estancia, encontrando morada en la pequeña finca de una humilde familia campesina, cuyos integrantes vivían del trabajo de sus tierras y que, afables, le abrieron las puertas de su hogar sin tener que recurrir a la manipulación vampírica para persuadirlos de ello. Compadecida ante la sencillez de aquellos humanos, Nymeria optó por utilizarlos de coartada y no de alimento como lo había planeado; no obstante, era aquella una situación temporal, no tenía la costumbre de permanecer en el mismo lugar más de un par de días, a diferencia de los Acer, ningún hechizo ocultaba su ubicación y era consciente de que, más temprano que tarde, alguno de ellos le encontraría.

Aquella noche volvía a la finca tras una velada infructuosa en la búsqueda de un hechicero con poder suficiente suprimir el bloqueo mágico que le impedía encontrar el refugio de sus enemigos y exterminarlos de raíz. Refunfuñó todo el camino de vuelta, se sentía molesta, frustrada… era imposible encontrar un brujo decente en París, además, sed abrasadora le quemaba la garganta, había pasado día y medio sin alimentarse y su cuerpo ansiaba un buen trago de sangre de vena, caliente y fresca. Se relamió los labios y resopló, ese terrible apetito era su cruz a cargar y aparentemente la clemencia no era buena para el hambre.

Tan pronto como puso un pie en la propiedad supo que algo andaba mal. Arrugó la nariz ligeramente, olfateando con sutileza la suave brisa de verano que traía consigo una fragancia diferente a la fruta, la hierba y la esencia de los humanos que amables le resguardaron.

Perro… — Un susurro entretenido se escapó de sus labios.

Su sonrisa se extendió maliciosa a su máxima amplitud. Desenvainó la espada del cinto y el rubí centelló en carmesí. A paso armonioso, la vampiresa avanzó hacia la entrada de la modesta residencia y de un empujón con la mano abrió de par en par la puerta que rechinó fuerte, haciendo eco hasta el fondo del pasillo. Entró sigilosa, mirando hacia todos lados, aferrándose con firmeza al arma, expectante de la ubicación de su enemigo. El aroma era cada vez más fuerte, si su corazón palpitara aún, quizá se hubiese estrellado con violencia contra su pecho, mas por el momento nada sintió. Viro hacia la derecha, en dirección al comedor, permaneciendo tras el umbral de la puerta cuando sus ojos se encontraron de frente con la familia, padre, madre, hijo e hija, sentados alrededor de la mesa, como en una noche de cena casual. Ladeó la cabeza y frunció el entrecejo. Se encontraban silentes y observándolos a detalle lucían temerosos, cohibidos por algo, de tal forma que incluso la niña temblaba con sutileza.

Recorrió el espacio con la mirada, escudriñando el lugar en busca del lobo para acabar con aquel juego por fin. Intentó usar su sentido auditivo, más los corazones de los humanos latían demasiado fuerte como para permitirle escuchar el del intruso.  Dio un paso adelante y tan pronto como cruzó el umbral el filo del acero se interpuso en su camino apoyándose contra su cuello. Deslizó la mirada hasta la filosa hoja que centelló en su mirada y volvió a sonreír, volviendo entonces su atención hasta el hombre que sujetaba la sujetaba con fuerza. Sus pardos se enfrentaron a los egeos de su contrincante, que se anclaron violentos a los suyos en un instante de relativa calma.

Acer, supongo… — Indagó despreocupada y sin borrar la sonrisa de su rostro — ¿Sabes que es bastante descortés asustar indefensos en su propio hogar?

El comentario no le hizo gracia, él no venía a conversar, venía a matarla, pero, por supuesto, después de mil años e incontables enfrentamientos ella había aprendido a tomárselo con más calma. Suspiró y con la yema del índice hizo a un lado el filo del arma.

Vamos, lobo, esto es entre tú y yo, esta gente no tiene nada que ver — avanzó hacia la mesa donde los humanos, indefensos, anulaban su presencia. Ella les sonrió agradable, como si el licántropo no estuviese allí — Mírenme — Ordenó — Tan pronto como pongamos pie fuera de esta propiedad, olvidarán que alguna vez estuve aquí, lo que ha pasado esta noche y proseguirán con sus vidas cotidianas, como si nada hubiese sucedido.

Los presentes la observaron embelesados por la compulsión. Un gesto de complacencia surcó sus facciones y entonces, volvió a paso lento hacia el lobo, examinándolo de arriba abajo hasta quedar frente a él.

¿Qué? — Preguntó ante la expresión que se imprimió en las facciones del hombre como respuesta al “altruismo” de su acto. Por supuesto, era conocida por muchas cosas, mas ser noble no era una de ellas — Han sido buenos conmigo, merecen que sea una chica buena ¿pero contigo? contigo estoy a punto de ser realmente mala — su temple entre altivo y travieso buscaba provocarlo y que la furia contenida en su mirada se desatara al fin— ¿Dónde te gustaría morir? — Inquirió entretenida, mordiéndose el labio inferior


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Dom Oct 15, 2017 11:29 am

Una ligera llovizna moría sobre mis hombros antes de que aquella casona vieja y destartalada pero reconfortante por su calor humeante me diera cobijo en aquella noche en el que fallecería mi enemigo.
Escuché de sus labios la palabra perro, ladeé la sonrisa con aire engreído, los perros ladraban, mas yo mordía como un lobo.
Era tan fácil escuchar sus pasos buscando mi rastro que con maestría, oculto entre las luces y las sombras del prometedor fuego y en el mas extremo de los silencios me moví raudo hasta alcanzar la posición perfecta para que al adentrarse en la cámara donde la familia cenaba sumamente afectada por mi presencia, su cuello se encontrara con mi acero.
-hueles a muerto -fue mi saludo escupido con asco ante su incendiaria mirada.

Su sonrisa se curvo como si el duelo le resultara divertido, como si la maldición que nos anclaba a darnos caza fuera un juego y ambos no fuéramos solo eso, dos juguetes en manso del destino, de nuestras familias y nuestros apellidos.
-Las preguntas evidentes resultan estúpidas -aseguré sin ganas de conversar, mi idea se alejaba mucho de la de irnos de copas, solo quería ensartarla con mi espada y de paso, meterle una estaca en ese precioso pecho hasta verla reducirse a cenizas ante mis ojos -no acostumbro a dar mi nombre a aquel que va morir, las presentaciones son estúpidas dado el hecho que me ha traído ante ti.

Con un gesto aparté el filo de la hoja de su cuello, quería jugar a la buena samaritana y estaba en su derecho, nada tenia en contra de esos humanos, así que la dejé hacer ese numerito de magia sin inmutarme hasta que la morena regresó ante mi dispuesta según ella a matarme.
Casi me atraganto con la risa, de no ser porque ni me reí, ni me hacia gracia la altivez que ostentaba esa engreída.
-No me interesa porque los ayudas, ni me asusta que pretendas ser “mala” conmigo, es mas, dicho así me suena a que me azotaras mientras te pones cachonda...no es serio, te aconsejo que mejores tu repertorio, aunque para un burdel...que mas da...vas ha morir hoy así que olvida lo que te he dicho.

Le di la espada como si no la temiera en absoluto, la verdad es que así era, yo era el de la profecía, todo apuntaba a que llegaría su final esa noche y no el mío.
Caminé con paso firme hasta el exterior, fue allí cuando me detuve no para fijarme en ella si no en el cuarto menguante de la bella luna que nos contemplaba.
Me relamí los labios absorto por las historias que de ella había escuchado desde niño.
-¿Alguna petición antes de extinguirte Argent? -apunté sin mas desenvainando mi espada en un silbido que cortó el viento y que alzó el vuelo de una bandada de cuervos.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Miér Nov 01, 2017 4:54 am

Yo estoy muerta, ¿cuál es tu excusa?

Se carcajeó entretenida ante las declaraciones del lobo, venenosas palabras que precedieron una salida altiva, dándole la espalda con aire engrandecido y siguiendo de largo como si no le importase en lo absoluto ser atacado. Aparentemente, el lobo carecía de instintos de supervivencia, así que era probable que aquel enfrentamiento fuese más sencillo de lo previsto. Se necesitaba más de un par de insultos para calar bajo su piel y al engreído talante que, como escudo, portaba su oponente, seguramente lo vería derrumbarse en tanto le tuviese de rodillas suplicando por clemencia. De cualquier forma, el perro no tenía por qué afanarse, si algo era cierto, su rostro se convertiría en lo último que contemplaría antes de morir; una buena vista, considerando las circunstancias.

¿Azotarte? — bufó — que poca imaginación tienes, yo estaba pensando en mi espada atravesándote el trasero, imaginé que te gustaría, ya sabes, ponerte en cuatro como buen perrito. — Se encogió de hombros sin perder la gracia que sobrevolaba su semblante.

Optó por seguir al lobo en silencio, observándole avanzar a paso firme sin inmutarse ante la ligereza de sus pasos que, coordinados, le acechaban desde atrás en búsqueda del espacio adecuado para llevar a cabo la batalla y terminar con aquel sinsentido de una buena vez. Un pequeño claro, ubicado en el lote adyacente a la finca donde se hospedaba, fue el lugar elegido por su contrincante. La aldea aún era área rural, poco concurrida y la distancia que separaba las propiedades variaba en hectáreas, haciendo de aquella zona un sitio conveniente para la ancestral confrontación.

El perro, jugando a ser humano, desenvainó la espada, asiéndola prepotente, elevándola al aire mientras una bandada de cuervos sobrevolaba sus cabezas en mal augurio, concediendo una atmósfera tensa y ominosa. La inmortal alzó la mirada cadenciosa, apreciando el vuelo de las aves que se alejaban presurosas del lugar, elevó las comisuras en una sonrisa traviesa y entonces volvió su mirada al lobo sin emoción. ¿Un último deseo?

Sólo que comiences de una vez, me aburro.

Cumpliendo el papel de verdugo, el licántropo gruñó mostrándole los colmillos y sin vacilar un instante en llevar a cabo su petición, se lanzó furioso al ataque. La gema en la guarnición de la plata relució vibrante en carmín. Sus escleróticas se llenaron de sangre y las venas bajo sus ojos se marcaron oscurecidas. Giró la empuñadura del arma entre su mano y la elevó rauda para detener la arremetida en colisión de metales que resquebrajó de un tajo el silencio de la noche.

Nymeria retrocedió al ritmo de las acometidas del lobo que, a pesar de presentarse ansiosas y agitadas, no dejaban de ser certeras; no obstante, ella se limitó a eludir el acero con destreza y calma. La técnica de su contrincante no desmeritaba nada, era ágil, hábil, mejor que la de cualquier Acer que hubiese tenido oportunidad de enfrentar… pero ella tenía más de mil años, lo cual implicaba que existió siglos enteros antes de que la historia siquiera lo hubiese concebido, las batallas que había contendido sumaban un número infinitamente mayor a las lunas que aquel hombre había vivido e incluso con los ancestros murmurando en un rincón de su mente que procediera con cautela, la derrota era un término que no estaba dispuesta siquiera a imaginar.

Ambos metales cortaron el aire, ondeando fieros en letales movimientos, asestando directo a la piel ajena y fallando por tan sólo milímetros. Hasta el momento ni una gota de sangre había sido derramada pues, de lo contrario, el férreo aroma hubiese estimulado el brotar de sus colmillos. Hastiada de rehuir de los ataques del lobo, Nymeria atajó el letal acero con su filosa hoja plateada a un par de centímetros de su cuello. Sonrió ladinamente y enarcó una ceja desafiante; antes de que su oponente pudiese concretar su siguiente ataque, le hizo retroceder de una patada en el pecho, aprovechando el espacio para abalanzarse a la ofensiva en una ráfaga de oscilaciones que, esta vez, forzaron a su oponente a replegarse con prisa.

El pecho de su oponente se tensaba y distendía agresivamente, la humanidad tras la bestia jadeaba en claro signo de agotamiento, extenuación propia de los pulmones. La vampiresa, por su parte, absuelta de la necesidad de respirar, continuaba serena; había pasado un largo periodo de tiempo desde la última vez que su cuerpo reconoció cansancio. De un golpe seco en el acero, lo mandó a volar lejos del agarre del licano, procediendo a hostigarlo con el rápido vaivén de su espada, sin dejarle más opción que esquivarla a velocidad similar.

La plata fue obstaculizada por el tronco de un árbol. Aprovechando el inconveniente, el perro corrió en búsqueda de su arma y sin dar espera, una vez la blandió en su diestra, acometió violento contra ella. Nymeria forzó la empuñadura en un desesperado intento por liberar la hoja incrustada en la madera, mas al verse corta de tiempo, inclinó medio cuerpo evitando así el acero que feroz buscaba su cuello. Con la adrenalina ardiendo bajo el frío contacto de su piel, se irguió de golpe y en un nuevo intento, tras tirar con fuerza del mango de su espada, esta cedió al fin, justo a tiempo para frenar el metal que, de nuevo, se precipitaba hacia su piel.

¿Eso es todo lo que tienes lobito? — Inquirió ladeando la cabeza, curvando los labios en media sonrisa.

Una ligera pausa, sus espadas se mantuvieron cruzadas, suspendidas en el aire mientras sus rostros, arrogantes, se contemplaron con fijeza enardecidos por la contienda.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Miér Nov 01, 2017 7:18 am

“Sólo que comiences de una vez, me aburro. 
Altiva la inmortal y en mi opinión con ganas de convertirse en ceniza me pidió con impaciencia que le baile comenzara.
Ladeé la sonrisa, nunca había que hacer esperar a una dama, así que bravo mientras ella se alzaba las enaguas me abalancé hacia su posición blandiendo mi espada.
Choque de metales que perturbó el silencio de la noche.
Ataques imparables que ella sorteaba como si fuera una araña escurriéndose por la seda de su madeja.
Mis colmillos rugían voraces, mis ámbar eran un desafió constante mientras sus rojos enmarcaba los gestos de la que al estar muerta no siente la guerra corriendo por sus venas.

Mis ataques agresivos, era una bestia enfrentando al enemigo, mas ella gozaba de la inmortalidad a su favor, mi técnica era perfecta, pero el diablo ,sabe mas por viejo que por sabio y esa era ella.
Su plata a punto de sajar mi piel en alguna arremetida, mas de nuevo yo tomaba la iniciativa haciendo danzar el acero entre mis dedos.

Una patada en el pecho marcó una pequeña tregua, ladeada su sonrisa cuando pasó a la arrepentida, mi pecho se alzaba violento ante su mirada, paré con gracia cada golpe de plata.
Pero en una de esas el acero voló como un cometa en la noche estrellada, rugí sin rendirme.
Su plata buscaba morder mi pecho, un árbol detuvo su arremetida cuando mi diestro movimiento evitó a su diestra, corrí veloz hacia mi acero y envainandolo me lancé a degüello dispuesto a hacerle perder la cabeza en cualquier momento.

Esquiva, su tronco se arqueo, evitando la mordida, mas antes de que volviera a arremeter, ella logró sacar la plata del tronco deteniendo el envite.
Nos miramos a conciencia, midiéndonos mutuamente, ella no estaba casada, parecía serena, pero mi frenesí ayudaba a mi cuerpo a arremeter con tino.
-No os preocupéis mi señora, apenas he empezado con el cordial saludo -dije de forma engreída, retomando el baile mientras los aceros chirriaban al ser acariciados por el arma ajena.
Tentación arrogante en las miradas de uno y otro.
-¿Que se siente sabiendo que tu familia tuvo que sacrificarte para poder vencer a la mía? Fría, inerte, sin sentimientos, metas o sueños, eres un arma que pronto no tendrá mas sentido que la de bañar los campos de polvo y cenizas.

Le aticé en el culo con la parte plana de la espada de forma burlona antes de embestir de nuevo de forma violenta, arremetida, tras arremetida, gruñendo como la bestia que se escondía tras mi piel humana, la luna llena hoy no me bendecía con su presencia pero de hacerlo esta pantomima hubiera acabado ya hace mucho tiempo.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Jue Nov 23, 2017 12:26 pm

¿Así que no eres de los que se rinde fácil, ah? — Inquirió con diversión, situando más bien poca fuerza en el cruce de espadas que afiladas distanciaban sus rostros — Debes ser el primero de los tuyos. — Se mofó mordaz.

Nymeria deslizó el filo de su espada apartando la ajena y arrugó la nariz ante el sonido agudo emitido por la fricción de los metales. Incluso en acción tan simple como el roce de sus armas era posible apreciar lo terrible de aquel encuentro. La resonancia de plata contra plata era precisa, melodiosa, agradable al oído; la colisión de aceros, por el contrario, ocasionaba una sonoridad fuerte e intensa, mas no por ello dejaba de armonizar; sin embargo, el choque de acero y plata no iba más allá de ser ruido estridente, disonante y molesto, un estrépito que dejaba en evidencia que los suyos no eran instrumentos prestos a encontrarse. Aquel era un detalle de poca relevancia, pero después de mil años batiendo con diversidad de armas, había aprendido a afinar el odio.

Dio un paso atrás estudiando con su ocre mirada los movimientos del oponente, aguardando porque fuese este quien quebrara la inestable tregua que retenía a las armas de despedazar sus cuerpos. El desafío era palpable, incluso en la intangibilidad de sus miradas que, soberbias, se enfrentaban con determinación sin intención alguna a ceder… ni siquiera en aquel duelo silente. Caminaron en círculos a pasos recelosos atendiendo minuciosamente la posición del opuesto. Aunque sus aceros no se estrellaban violentos, si eran asidos con firmeza entre sus diestras y fueron certeras palabras las que reanudaron el encuentro, como leña al fuego que avivaba las flamas del reto.

No te tomaba por todo un romántico — Se burló, enarcando las cejas en pretendida sorpresa — ¿Sueños? ¿metas? ¿sentimientos? — bufó — ¿Cuántos años tienes? ¿diez? Bienvenido al mundo real, Acer.

Una fugaz sonrisa se dibujó en sus labios antes de abalanzarse contra el lobo, ondeando su espada con violencia en agresivas arremetidas que dejaban claro estaba cansada ya de jugar. Los metales chispearon, chirrearon, balanceándose furibundos, incesantes, buscando con ansia la oportunidad de rasgar piel o atravesar carne. Rauda, ella avanzada ganando terreno, reduciendo el campo de acción de su contrincante. Hasta entonces se había esforzado por mantener la cabeza fría, un talante sereno, flemático que le permitiera defenderse con soltura y atacar con precisión, pero entre espadas oscilantes y corporeidades que se desplazaban exaltadas, como estallido de fuego pirotécnico, la adrenalina calo en sus huesos y se extendió bajo su piel. Era aquella una sensación extraña, ajena a lo que usualmente su cuerpo carente de vida experimentaba, quizá por hacer frente a una verdadera amenaza o quizá el furor de una verdadera batalla, como fuera, le agradaba.

Miradas encendidas, enardecidas por la adrenalina de la batalla, la opuesta en ámbar y la suya en carmín, analizaban entre embestidas el punto de quiebre del enemigo. El acero del lobo se elevó en un ángulo que buscaba tajar su garganta, mas esta vez, en vez de obstruir el camino del filo con su hoja, la vampiresa detuvo en el aire la acometida, sujetando con fuerza el antebrazo del licano.

Aunque ahora que lo mencionas — Aprovechó la sorpresa para golpear fuertemente el rostro del lobo con el codo, de tal forma que logró hacerle tambalearse en reversa — Sí tengo una meta — Repitió la acción imprimiendo en ella mayor fuerza — Y es ver a todos los Acer caer… uno a uno — De un movimiento brusco, dislocó el brazo del lobo, haciéndole perder la espada y añadiendo a ello un tercer golpe, le empujó directo contra el tronco de un roble — Hasta el último — confesó entre dientes con la mandíbula tensa.

La inmortal se inclinó, levantó el arma del lobo, procediendo a acercarse a él a paso cadencioso, enfundando la plata y girando el acero ligero entre sus dedos.

Ahora es tu turno, dime ¿Qué se siente ser el primero de tu familia en aguantar un asalto de más de cinco minutos? Todos caen como moscas en los primeros segundos.

Sus corrosivas palabras buscaban llevarlo al límite, cabrearlo y quizá, subliminalmente, incitarlo a que arremetiera de nuevo para poder sentir otra vez el ímpetu de la humanidad perdida corriendo presuroso por sus venas.

Ya que has sido un buen perrito, dejaré que sucumbas bajo el filo del acero.

Elevó su diestra tenaz, dispuesta a dejarla caer sin piedad sobre el cuello del hombre; no obstante, no supo cómo ni cuándo, el lobo se las arregló para ensartarle una gruesa y punzante rama de madera en la parte alta del abdomen. De no ser por que alcanzó a reclinarse a tiempo, le hubiese astillado sin problema el corazón.

El vital líquido carmesí humedeció sus labios. Los relamió. Así que ese era el sabor de su propia sangre…


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Vie Nov 24, 2017 4:57 am

Fiereza, nuestro encuentro era fuego, hielo, sangre y acero.
Hacia tiempo que no encontraba rival como esa, entre jadeos usaba la plata como una prolongación de su cuerpo.
Ella eral tal y sus palabras mordaces como el silbar del viento retumbaban gráciles en mis oídos motivándome aun mas.
-Será que soy un romántico apunté embistiendo contra ella de nuevo.
Ninguno reculaba, estridente el choque de plata y acero que delataba el odio que enfrentaba no solo a nuestros apellidos si no la raza que ostentosamente ambos.

Tomó mi antebrazo y de un codazo me hizo sangrar, gruñí al sentir el férreo sabor de mi propia sangre, pero después una risa macabra me invadió.
-Estoy vivo -dije sintiendo un dolor que posiblemente ella dejó de percibir hace tiempo -¿puedes tu decir lo mismo? -pregunté en tono burlón.

Repitió la acción hasta que mi brazo se quebró, la espada calló al suelo, rugí cuando mi espalda golpeó contra un tronco, mis ojos ámbar centelleaban al verla recoger mi espada con esa mueca de satisfacción creyendo la victoria a su favor.
De un tirón seco me recoloqué el brazo de nuevo en su lugar con claros gestos de dolor pero con ferocidad.
-Una lastima que no sea hoy el día que tus sueños se cumplirán -aseguré al sentir el filo cerca de mi cuello.

Rápido esquivé el arma y con una rama de madera que arranqué con voracidad busqué su maldito y putrefacto corazón para mandarla junto al resto de los Argent, al infierno, donde deberían estar.
La inmortal fue rápida, gracias a ese gesto atravesé su pecho rozando su corazón, pero no con suficiente tino como para convertirla en cenizas.

La joven parecía sorprendida, pero también disfrutar del un rival que no esperaba y que le presentaba contienda de igual a igual.
No me detuve, no hubo piedad, arranque rama tras rama lanzandolas hacia su cuerpo como si fueran lanzas de madera dispuestas a morder su carnaza.
Ella esquivaba sin darle tiempo a sacarse la rama de su pecho, podía leer el odio en su mirada, el dolor cada vez que las astillas acariciaban su corazón y a su vez una excitación extraña.
-Vamos inmortal ¿eso es todo cuanto sabes hacer?

Furibunda, rabiosa como un perro de presa volvió a lanzarse contra mi, su mano en mi cuello, nos miramos de frente unos instantes midiéndonos.
-¿Eres consciente de que el alba pronto hará su presentación estelar? -pregunté escupiendo cada una de esas palabras contra sus labios.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Mar Dic 19, 2017 11:04 am

No hubo tregua. Uno tras otro, alargados trozos de madera volaron en su dirección como proyectiles, cuya certera trayectoria no sólo buscaba dañar su carne sino incrustarse con mejor tino en el órgano que le mantenía viva. Su cuerpo se desplazó a velocidad sobrehumana evadiendo las improvisadas estacas, sin embargo, la que astillaba su pecho a unos centímetros de su corazón le dificultaba el movimiento. El dolor era punzante y en su tarea de eludir los continuos ataques del lobo no encontraba espacio para extraer la rama, cuya punta se adentraba cada vez hacia el vital órgano como resultado de la actividad de su cuerpo. Para entonces había olvidado lo qué era el dolor, cómo se sentía… convirtiéndose aquella en una noción perdida en el tiempo entre siglos de muerte, desolación, victorias vacías y un linaje que glorioso se mantenía en pie gracias a su labor.

Finalmente había encontrado uno que le plantara cara, alguien que representaba en partes iguales reto y amenaza; eso le gustaba, le revolvía las entrañas, le causaba dolor, temor, impaciencia… le hacía sentirse viva. La suya era un alma incandescente, vigorosa y tenaz atrapada en un cuerpo marchito e insensible. Resopló cabreada, sacudiendo las ridículas ideas que revoloteaban por su cabeza; que encontrara insano gusto en el enfrentamiento no implicaba que se hubiese olvidado de sus responsabilidades. Cuando llegara el momento lo mataría, a él y a toda su maldita línea. La eternidad era su comodín.

Una idea se germinó en su mente cuando el lobo se cansó de jugar tiro al blanco. Sus cuerpos permanecieron distanciados, el espacio que los apartaba era considerable. Ambos jadeaban, él por la extenuación de sus pulmones y ella por el punzón en medio de su tórax. Gruñó apretando los párpados y tensando la mandíbula en una clara muestra de dolor. Su mano, sutilmente temblorosa, alcanzó la madera que sobresalía entre su busto, tirando de ella con brusquedad hasta sacarla por completo. Un pequeño grito se escapó de sus labios, mas pronto este se distorsionó en una risa socarrona cuando el hombre le desafió venenoso, con palabras incisivas, provocándola, incitándola a arrancarle la vida de una buena vez.

No era prudente retomar el enfrentamiento de inmediato, en ese preciso instante la suya era una clara posición de desventaja. Se palpó el pecho con las manos, su orgullo era colosal, mas no era ninguna necia... mucho menos suicida; ciertamente, necesitaría comprar tiempo para reponerse y permitir a la herida sanar.

Ante las continuas pullas del lobo, por instinto, se precipitó irascible sobre él y lo sujetó del cuello, hundiendo sus dedos en la piel del enemigo, presionando con fuerza para impedir el paso del aire. El hijo de la luna, indomable, se inclinó hacia delante, gruñendo como si nada se le diera quedar falto de aire; irises encendidos en un ámbar radiactivo la desafiaron sin necesidad de palabras, sus violentos mares lo enfrentaron de vuelta, implacables y altivos, contemplándolo con pétrea mirada. Sus rostros permanecieron fijos, apartados por ínfima distancia, el halo fantasmal de sus narices rozó etéreo y entonces, mostrándole los colmillos fue que el lobo le advirtió sobre el alba, escupiendo las palabras contra su boca, entibiándole los labios con su fatigado aliento.

Oh, por supuesto, el alba… — Respondió ella divertida, ladeando la sonrisa como si hubiera olvidado el asunto por completo.

¿El amanecer? ¿enserio? Hizo un esfuerzo inmenso por no estallar en carcajadas. El lobo era un iluso si no suponía que en mil años de existencia no habría encontrado ya solución para el inconveniente. Precisamente, en el anular de la mano con la que lo sostenía, llevaba un anillo de plata, adornado con una amatista hechizada que le permitía caminar bajo la luz del sol sin arder en llamas. Ensanchó la sonrisa; si la imaginación del licano no podía volar no le daría ella alas, de hecho... ¿Por qué no divertirse un rato con el perrito?

Parece que tendremos que llevar esto a un lugar más oscuro — Apuntó ella con diversión, soltando el agarre que mantenía sobre el cuello del hombre, retrocediendo a paso cadencioso — Ve a buscar, perrito — Se mofó, tras lanzar el acero del enemigo tan lejos como la fuerza de su brazo se lo permitió— Veamos qué tan bueno eres para rastrear.

Sin decir más, a velocidad sobrenatural, la vampiresa se apresuró lejos del lugar.

Le tomó alrededor de unos diez minutos hallar el lugar indicado para asentarse, una taberna de mala muerte en la que sólo bandidos de igual calaña pondrían pie. Era una casucha vieja y descuidada, las ventanas tenían retazos de tela que impedían el paso de la luz y la madera del suelo crujía escandalosa ante el paso de cualquiera que caminaba sobre ella.

Una vez adentro todas las miradas recayeron sobre su cuerpo. Nymeria sonrió maliciosa. Menos de un minuto le llevó imponer compulsiones en los presentes, no sin antes drenar toda la sangre de uno de aquellos malandros. Se relamió los labios, degustando el ferroso sabor, ese caliente elixir carmesí le ayudaba a sanar con mayor rapidez. Entonces, ya sintiéndose mejor, tomó una botella de bourbon y se sirvió un trago del ambarino líquido, tomando asiento en una mesa al fondo del establecimiento mientras aguardaba por su contrincante.

La orden había sido clara. Tan pronto como el lobo pusiera un pie dentro, —pues evidentemente le encontraría— todos los rufianes conglomerados en el local arremeterían contra él. No era estúpida, si el hijo de la luna podía seguirle el ritmo a ella, deshacerse de aquellos hombres le sería tan sencillo como arrebatarle un dulce a un infante; sin embargo, quería jugar con el perro.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Mar Dic 19, 2017 11:45 am

La muy zorra parecía tomarse a guasa mis palabras, ahora salio por patas veloz como la carcoma que todo lo daña en dirección hacia la parte mas espesa del bosque, si creía que esto terminaba aquí es que no me conocía.
Ladeé la sonrisa, rastrear era sin duda uno de mis dones, claro que con el reguero de sangre que dejaba la inmortal, hasta un cachorro seria capaz de dar con ella.
No tardé demasiado en cruzar de punta a punta aquel lugar para dar de frente con una taberna cochambrosa donde de seguro se juntaba la peor calaña. No tenia problemas en matarlos a todos si así ella lo quería, mi misión era acabar con el linaje Argent y pensaba hacerlo antes de la hora de comer.

Ladeé la sonrisa, mis pasos sonaron huecos cuando de una patada la puerta cedió con un estridente sonido metálico contra el suelo.
Los ojos de todos los tipos esos se clavaron en mis ambarinos, seguramente la tramposa, cansada de luchar había decidido que otros me cansaran antes de emprender la batalla.
-Que falta de modales, tengo el gaznate seco ¿no piensas invitarme a una copa antes? -pregunté hundiendo mis ojos en los centelleantes rojos.

Los primeros, los valientes y mas imprudentes se abalanzaron contra mi acero en mano, fue tan fácil como hundir mis garras en sus pechos y sacar de cuajo sus corazones, mas si quería un espectáculo iba a dárselo, los dejé caer aun palpitantes contra el suelo y con parsimonia me limpié la sangre de mis manso en sus camisas mientras mostraba los colmillos al resto desafiante.

El caso es que cuando estas dominado no puedes evitar cumplir tu mandato, seguramente se mearon encima sabiendo que yo era su ultimo día, mas aun así atacaron.
Sobre mi cabeza una bonita lampara de esas de araña, de un salto me encaramé a ella, con la pierna golpeé la mandíbula de uno, hasta partirsela mientras me balanceaba con la lampara lo suficiente para evadir a la chusma que bajo de mi cuerpo se congregaba y llegar directo hasta la mesa donde la Argent me esperaba sentada.
-¿me permite? -dije quitandole la copa de la mano hasta apurarla de un trago. Hundí mis ámbar en esos ojos lamidos por los naranjas tonos de la lumbre, mi aire engreído quedaba reflejado en ellos, así como la rabia que sentía por mi en ese momento.

Uno llegaba hasta donde yo estaba, le hundí el cristal que le rompí en la cara sacandole uno de sus saltones ojos.
El hombre cayó sollozando al suelo mientras dos mas lo pisoteaban para llegar a mi. Con mi garra arranqué a uno la traquea, al otro le metí la mano por las tripas despedazandolo.
-¿cuanto mas tiene que durar la carnicería? -le pregunté sin dar muestras de cansancio, - francamente...podría pasar así todo el día..pero tengo planes para comer, así que ¿podríamos darnos un poco de prisa?


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Nymeria Argent el Miér Ene 17, 2018 5:05 am

Cruzada de piernas, sentada tras una mesa en el fondo de aquel antro de mala muerte, aguardó Nymeria el arribo de su rival. El lobo se tardó más de lo que esperaba así que la copa que se había servido terminó tomándosela ella mientras este se dignaba a entrar en escena; Argent vs Acer, el espectáculo del siglo, uno que podía llegar a la ronda final sin espectadores mas no sin el estelar.

Perdió sus mares en el fondo de aquel ambarino líquido, todo aquello era ridículo, los siglos desperdiciados en el insulso enfrentamiento, el odio forjado en los hijos de dos legendarios linajes, dos que contendiendo juntos una vez conquistaron el mundo y más. La cierto era que guardaba sentimientos encontrados por los Acer, incluso si el tiempo sembró rencor en su corazón, las raíces nunca calaron tan profundo como para convertirse en odio; no los despreciaba, no como lo pregonaba o incluso como se suponía debía hacerlo, los únicos a quienes aborrecía con certeza eran los hechiceros que lanzaron sobre ellos la eterna maldición.

Algunas veces, cuando se concentraba, le era posible vislumbrar en su mente algunos retazos de su infancia. Apretó los parpados rememorando aquellas épocas inocentes, perdidas entre un milenio de horrores, presenciados y cometidos, que rondaban el infierno construido en su cabeza. Pudo verse a sí misma, sentada en el regazo de Viserion Acer, implacable contendiente, respetado comandante y en tiempos lejanos el mejor amigo de Daemion, su padre. En aquella tenue reminiscencia el hombre le sonreía afable mientras le aseguraba que algún día sería una gran guerrera y, aunque no se equivocaba, de haber conocido las futuras circunstancias de su florecimiento quizá entonces se hubiese guardado aquellas palabras.

Una sonrisa sutil se esbozó en su rostro cuando entre un oceano de memorias pescó otro recuerdo, esta vez en el patio de armas de su antiguo hogar, cuando el colega de su progenitor la entrenaba, la instruía… no compartían sangre, pero ese hombre había sido como un segundo padre y ella lo había amado como tal; no obstante, la candidez de aquel preciado momento se deformó en una trágica remembranza, en el filo del acero que se posó inestable en su cuello, en las manos temblorosas de su padre putativo, la duda que las removía cuando tuvo la oportunidad de asesinarla y en la plata, su plata, que reclamó la vida de ese que una vez consideró familia. Contempló su espada con melancolía, con sus tempestades fijas sobre el rubí que centellaba engarzado en la empuñadura. En las profundidades de aquella infernal gema descansaba el alma de su segundo padre, uno de los cientos que aprisionaba potenciando su poder.

Un estruendo que resonó en el interior del establecimiento le hizo despabilar cuando la puerta se vino abajo y tras ella emergió la silueta altiva de su contrincante, quien llevaba las facciones amoldadas en un gesto entre victorioso y petulante. Nymeria siguió los movimientos del rubio con sus constelaciones teñidas en carmesí y tan pronto como uno de los pies  cruzó el umbral, todos los presentes, presas de su compulsión, se pusieron en pie en disposición a combatir al intruso. La mayoría de ellos, bandada de alcohólicos y adictos, estaban demasiado asustados como para proceder por su propia voluntad, mas estaban bajo su control así que no tenían otra opción

Te tardaste — Se limitó a decir elevando sus orbes hasta las ajenas; dos pares de mares, unos de hielo y otros de fuego que chocaban violentos en un huracán. Entonces, altanero, tal y como lo había previsto, el licántropo indagó si no le daría de beber. De un único trago la inmortal vació su copa y ladeando la sonrisa ante la expresión en el rostro de su oponente procedió a llenarla de nuevo, tomándola entre sus manos mientras su índice circundaba el borde del recipiente — Tendrás que ganártela

No tuvo que decir más, los irises del hombre centellaron radioactivos y tan pronto como sus zarpas se asomaron y sus caninos brotaron, todo lo que la vampiresa vio fue muerte, entrañas y sangre. Con violencia barbárica el lobo desgarró pieles y arrancó órganos, mientras, a su paso los cuerpos caían inertes como muñecos de trapo. Sin moverse un ápice ella lo examinó a detalle en su cruenta labor; era un Acer de eso no había duda, mas ella podía apreciar en él una chispa de similitud a Viserion en su forma de batallar, su impecable técnica y el ardor de la guerra que fluía ardiente por sus venas. La única diferencia era que este sí la detestaba y era evidente en la forma que despachaba a aquellos pobres diablos para llegar a ella.

Entre el barullo pudo escuchar el agitado palpitar del corazón d enemigo, quien batallaba impetuoso sin mostrar signos de cansancio, mas sí de excitación. Podía verlo, incluso aunque no era evidente, aquel lobo disfrutaba ser dador de muerte. De un salto, el hijo de la luna se plantó frente a ella y de un manotazo le arrebató la copa, apurando el contenido de un sorbo largo. Nymeria sonrió complacida, mas la traviesa sonrisa que le surcó los labios no fue percibida por su opuesto ya que se encontraba demasiado ocupado arrancándole los ojos a otro pobre bastardo.

El plan funcionó tal como fue previsto, el perro se tenía demasiada confianza y aquella sería su perdición. Los humanos habían sido una buena distracción y la compulsión una prueba; tan dedicado se encontraba el lobo en la tarea que nunca advirtió el momento en el que ella vertió el contenido de un pequeño envase en la bebida que el ingirió; un potente veneno que, aunque no era letal, pues tenía planes para él, sí lo paralizaría por un día o dos... todo dependía de la cooperación de su organismo. Lo cierto era que había esperado por uno como él por un largo tiempo y no dejaría pasar la oportunidad.

El tóxico no surgió efecto de inmediato. Para cuando Acer se volvió hacia ella con aire entretenido se la encontró de frente, a escasos centímetros de distancia. La vampiresa le observó divertida, la acompasada respiración del lobo entibiaba sus labios. Inspiró profundo, él estaba cubierto de sangre y el ferroso aroma, como un estímulo a su naturaleza, le enturbió la mirada.

La forma en la que has asesinado a esos hombres me prendió un poco — Bromeó, elevando sus comisuras, alzó su índice hasta la mejilla del licano, limpiando unas gotas del líquido carmesí de que se resbalaban por ella. Enarcó ambas cejas, llevándose la falange a la boca, degustando el elixir de vida con un pícaro mohín, entonces lo apartó de un empujón y giró la empuñadura de la espada entre sus manos — Terminemos con esto Acer, odiaría dejarte esperando.

Sus palabras sirvieron como una campanada, de nuevo, acero y plata chocaron con voracidad, filosas hojas que cortaron el aire en metálicos silbidos buscando tajar la carne ajena. Entre arremetidas y ofensivas ambos se turnaban, alguno que otro daño menor fue causado en parte y parte, mas como dignos contrincantes ninguno halló ventaja sobre el otro, ambos eran demasiado diestros, demasiado tenaces para dejarse vencer.

Una nueva embestida. El lobo ondeó el acero al aire y el filo colisionó con el suyo. Estáticas, las armas permanecieron en un espacio intermedio entre sus cuerpos; Acer presionaba con fuerza en su dirección y la vampiresa, apretando los labios, empujaba hacia el lado opuesto. Fue entonces cuando la ponzoña funcionó y, tras relajar la presión impuesta en la espada, entre gruñidos su oponente cayó al suelo, luchando en un vano intento por no ceder al efecto.

Al verlo desplomarse Nymeria enfundó la espada.

Parece que no llegarás para la cena — Se mofó, inclinándose sobre él, tomándolo de la barbilla para asegurarse que la mirara. Estaba consciente, podía hablar, fruncir el entrecejo, gruñirle, rugir, insultarla si le venía en gana, pero más allá de eso no era mucho lo que podía hacer — Cambio de planes, perrito, replantea tu itinerario… estarás ausente un largo tiempo... pero si te portas bien te daré una galletita.

Sin decir otra palabra se levantó, arrastró consigo el cuerpo inmóvil de Acer fuera de la taberna y aunque anduvo sin rumbo por un par de minutos, finalmente avistó un carruaje en el camino. Una compulsión fue suficiente para deshacerse de los pasajeros y obligar al cochero a llevarla a la mansión de Bastien Argent —Quien, a decir verdad, no era santo de su devoción, pero sí era familia y por ende un mal necesario— a quien le pidió prestado su sótano especial. El cazador, con ese temple pétreo que siempre cargaba se negó a prestarle su mazmorra, pues, según él ya la tenía reservada para otro lobo; de eso no le dio detalles, pero en cambio la envió a la casa, un tanto menos ostentosa, de otro colega suyo, una que ostentaba un sótano semejante que serviría al propósito a la perfección: encadenar a su prisionero.


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Re: Argent versus Acer (privado)

Mensaje por Mëtztli Acer el Miér Ene 17, 2018 6:44 am

La inmortal serena con aquella calma de poseer una eternidad a sus espaldas me miraba complacida con las pupilas dilatadas por la sangría que mis rápidos movimientos sobre aquellos desgraciados causaba.
Mi cuerpo bañado en carmesí la tentaba, le pedía que se alzara, no tenia tiempo para mas juegos, matarla era mi sino, me había preparado para ello desde el momento que con el último empujón de mi madre llegué a este mundo. Era el elegido, el que terminaría con la plaga Argent.

No me hizo esperar, se alzó de la silla con una misteriosa sonrisa que solo delataba lo engreída que era y lo pronto que caería.
-¿te he encendido? -deslicé mis ojos por su precioso cuerpo – no follo con muertos, lo siento.
Ella rugió furiosa por mi desplante, acero y plata se encontraron de nuevo con el característico sonido de las armas encontrándose.
Nuestros cuerpos rugiendo, nuestras miradas encendidas en rojo y ámbar respectivamente, dos bestias presas de la luna y la noche y de esa maldición que desde hacia siglos nos atenazaba.

Batallamos como guerreros, nuestras espadas en alto y ambos cuerpos tensos empujando para ganar terreo, para morder carne y acabar con la existencia del oro, pero mi vista se nublo en ese instante en el que el mundo empezó a dar vueltas, mis músculos se relajaron de un modo ilógico y apenas capaz de mantener el acero entre mis dedos, gruñí cayendo de rodillas al suelo.
-¡Me has envenenado, puta! -no pude reprimir el odio que si bien era cierto ya sentía, ahora se incrementaba por su falta de honor en la batalla, mas ¿que podía esperar de un parásito como la Argent que los representaba.

Rugí cuando tomó mi barbilla para de forma burlona asegurarme que iba a permanecer un tiempo lejos de todo lo que conocía.
-Ten cuidado zorra, los lobos aun sin cabeza pueden morder -dije con la voz entrecortada.
Todo me daba vueltas, abrí y cerré los ojos varias veces intentando centrar mi vista en la figuara de la vampiresa.
-vete al infierno -le dije al sentir sus manos levantándome de un tirón brusco.

Apenas era capaz de mantenerme en pie, mi brazo por encima de sus hombros, mis pies trastabillaban, me arrastraba, no sabia bien donde, mi cabeza caía, apoyando mi barbilla en el pecho.
Jadeé buscando la daga de acero de mi cinto, peor ni siquiera era capaz de alcanzarlo.
Iba medio inconsciente, me metió en un carro, se me cerraron los ojos, mis labios entreabiertos, mi cabeza apoyada contra el cristal.

No se donde bajaron, pero al parecer no era el ultimo destino pues de nuevo me montaron en el carro, llevaba tal colocón que ni siquiera sabia donde cojones estaba en ese momento y la oscuridad se apoderó de mi.

Abrí los ojos despacio, sacudí la cabeza, los dos brazos en cruz, encadenado a unos eslabones en una mazmorra fría de piedra gris. Un cepo en mi cuello me mantenía contra la pared, gruñí furioso intentando centrar mi mirada en la de esa mujer que sentada frente a mi con una silla se reía de mi estado.
-¿Tanto me temes? -rugí dando un tirón hacia adelante haciendo sonar esas cadenas metálicas que me sujetaban.







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