Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ella que todo lo tuvo | Privado

Mensaje por Colette Moulian el Sáb Oct 07, 2017 5:22 am

Tenía todo planeado, aunque nunca se sabía… la fortuna es traicionera y nunca se puede descifrar de que lado va a estar cada día. O cada noche. Era de noche y ella fingía leer en la biblioteca de la ciudad mientras repasaba su plan. Había arrastrado hasta allí una pequeña maleta, asegurando que allí tenía libros para donar, aunque en verdad iba llena con dos vestidos, enseres personales para el aseo, un par extra de zapatitos, dinero y sus papeles más importantes –su carta de nacimiento y los papeles de la herencia de sus padres, misma a la que podría acceder una vez que se casase, cosa que no estaba en sus planes en lo absoluto-, pues sí, Colette planeaba escapar. Cambiar su vida radicalmente.

-La esperaré en el coche, señorita, ya se está haciendo tarde -le dijo Frank, el hombre que su abuelo había designado para cuidarla. Solo él y, más allá, un muchacho inmerso en la lectura compartían ese enorme lugar con ella.


-Planeo leer unas horas más, es temprano todavía –le dijo, sin sacar la vista del libro, pero apretándolo entre sus manos para calmar sus nervios-. Además tengo que acomodar yo misma los libros que he traído para donar… Y, no. No necesito tu ayuda –le dijo, ante el amague que hizo él de ofrecerse-. Puedes retirarte, gracias. Cuando termine aquí saldré, que el coche me espere en la puerta, no quiero tener que caminar hasta la esquina.

-Sí, señorita Moulian –dijo él y se fue.

Solo en esos momentos Colette pudo respirar. Le había ordenado que la esperasen en la puerta delantera así ella tendría chance de salir por la trasera. Se había estudiado todo el camino que tendría que seguir para llegar desde allí al puerto.


****


Sí, lo tenía todo estudiado pero llegar al puerto le costó más de lo que se había imaginado. La adrenalina la impulsaba, el temor a ser hallada y devuelta al infierno que era su casa le daba las fuerzas para correr con la maleta ligera colgando de su brazo. Mientras recorría las calles de París, Colette rezaba para que Dios la protegiese de cualquier malvado que la viese y quisiese asaltarle… aunque, viendo como iba –cubierta con una capa y capucha negra corría por las calles, sin siquiera detenerse en las esquinas-, bien podía pasar por un fantasma. ¿Quién se acercaría a alguien así?

El único barco que partía esa noche del puerto tenía aspecto algo macabro. Agitada y agradecida al Cielo por haber llegado a salvo hasta el lugar, Colette tomó la decisión de pagar lo que fuese por un lugar en la nave, pese a no saber cuál era el próximo puerto que tocaría. Cualquier lugar del mundo sería mejor que estar en la casa de su abuelo, o con su prometido, un viejo ebrio de sesenta años. Necesitaba salir de París.

-No subimos mujeres en nuestro barco –le dijo de mal modo el primer tripulante al que se dirigió-. Vete de aquí –le ordenó, mirándola de forma lasciva mientras le soltaba en la cara el humo de su cigarro.


-¿Por qué no aceptan mujeres? ¡Eso es horrible! –exclamó, sin obedecerle-. ¡Quiero hablar con el capitán! Se nota que tú no eres quien manda aquí…

-El capitán nunca te recibiría –le aseguró el tipo y le dio un empujón-. Vete, no estorbes que tenemos que irnos.

-¡Quiero ver al capitán! –volvió a exigir Colette, no había corrido tantas calles en vano. No podía irse sin más-. ¡Capitán! ¡Capitán! –llamó a los gritos, esperando que el hombre, quien fuese, acudiese a ella.




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Re: Ella que todo lo tuvo | Privado

Mensaje por Dragut el Sáb Nov 11, 2017 9:40 am

Después… de haber regresado a la humanidad, tantos años viviendo como un animal en el fondo del océano, pagando una deuda por querer recuperar un tiempo de victorias y querer devorarse al mundo entero. Ahí estaba, de regreso, el mismísimo Dragut; ya un héroe en la historia del Imperio Otomano, por él, su gente fue respetada, se desarrolló la ciudad gracias a los saqueos, a sus redes de esclavos, todo eso y sus barcos junto con su reconocimiento habían quedado. La piratería internacional fue reconocida, tantos cambios hizo el pirata, quizás por ello era el más temible; por su ingenio y estrategia en dominar el mismo mar. Se había dedicado a ser el alma misma de esta, protegiéndola y adorándola como un cambiante maldito, hasta que el tiempo llegó. La magia llegó a su fin, y volvió a recopilar gente con la que podría haber crecido de no haber desaparecido. Unos le creyeron muerto, más su regreso es asombroso, nadie sabe que aún vive, pues muchos quisieron su cabeza, y ahora, quizás y deseen lo mismo.

Alzándose una vez más, ahí estaba el pirata, mandando a su tripulación entregar la mercancía, toda fue una excelente ganancia, su fama fue de ayuda para volver a adentrarse al comercio, poco a poco saliendo, volviendo a forjar ese camino de motines, el oro y la plata volvió a ser el objetivo, aunque la mayor ganancia generada son los esclavos, y con la ayuda de los traductores y guías, llegaron al puerto de París; la ciudad que hoy en día demanda por los negros. Así fue que la entrega fue realizada, todo salió a la perfección, se sumó más el dinero de lo esperado.

Alistándose la tripulación, el capitán ordenó zarpar mientras él veía la nueva ruta para la navegación, todos comenzaron a desempeñar sus deberes, ese barco tan temible volvía a rugir cuando se ponía en marcha, embrujado quizás estaba, pero, ¿quién no lo estaba a ese paso? Se juegan la vida, el carácter de su jefe era el mismo simbólico del barco. Más algo le causó irritación, una voz, un perfume. Sus hombres hacía días que no se satisfacían de una mujer, apestaban a celo, y tanto alboroto se armó por una en especial, no era conveniente que una mujer abordara el barco, el maestre encargado de la verificación de este, le fue a anunciar lo sucedido, pero ya estaba alistado para poner orden. Lo peor es que ahí no hay modales, nadie ha sido famoso por sus virtudes en las mujeres, al contrario, ya se arriesga mucho aquella y aun vestida como refinada dama.

— Arslan, alista las velas, pronto suban el ancla, nos largamos de aquí ya. ¡Y tú!, bájate de mí barco, no insultes a mis hombres con tu ruidosa voz, marchad a tu castillo, que aquí pronto serás la prisionera de uno o de varios, ¿y eso no quieres, o sí?— Sus hombres pronto ejecutaron gestos morbosos, puercos y cínicos ofreciéndose para posesionarse de esa, no mentía, hermosa piel, apetecible, y con rasgos seductores, pronto seria carnada. Y pensó; “¿Por qué no satisfacerlos?”.

— Ya veo, así que quieres zarpar con nosotros, pero, veamos, ¿qué tienes para ofrecer? ¡Rápido! Que nos retrasas el viaje, dinero no queremos, joyas son muy baratas, y todos los que ves aquí, serán recompensados si logras viajar en este barco—. Aclaró el capitán, con su voz indiferente y rebelde a los instintos de un hombre, siempre con el poderío en el habla, observando lo que lleva con ella, hasta la manera en la que está parada, todo inspecciona y pronto los guardias comenzaron a caminar hacia ellos, el tiempo era poco, ya debe dar la oferta o bajarse, ya que no sabe dónde se está metiendo. A la misma boca del tiburón.


«Yo, como Satanás, llevaba un infierno en mi interior y, al comprender mi aislamiento, quería destrozar los mares, esparcir la destrucción a mi alrededor, para sentarme luego a contemplar con fruición aquellas ruinas.»
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Re: Ella que todo lo tuvo | Privado

Mensaje por Colette Moulian el Miér Dic 06, 2017 7:14 am

¿Quién era ese hombre con voz de trueno y mirada de tormenta? ¿Quién era ese al que llamaban capitán y por qué le costó respirar al tenerlo frente a ella? Colette sintió que las rodillas le temblaban ante su mirada poderosa y hasta temió sufrir la desgracia de orinarse allí, en el puerto y frente a esas gentes, a causa de la flojera que le sobrevino al ser penetrada por su voz gruesa. Pero eso no sucedió, afortunadamente pudo controlar su cuerpo pese a que le fue difícil.

Tendría que haberlo notado, que ese no era un lugar para ella, que subirse a bordo de aquella nave era una pésima idea, quizás la peor que había tenido en su vida pese a ser una joven sumamente creativa… ¿por qué esa embarcación si podía esperar a una siguiente? ¡No! Ella estaba urgida de abandonar la ciudad cuanto antes; si hubiese reparado en los gestos obscenos, sucios, de los hombres que la rodeaban, si hubiese oído sus frases soeces, si se hubiese detenido a meditar la hostilidad de la vulgar violencia que la rodeaba en esos momentos… Pero Colette estaba ciega y sorda, prisionera ya era de su pasado y temía tener que serlo también de su futuro si no hacía nada por salvarlo, por salvarse.


-Puedo pagar, Capitán –aseguró, desesperada, mientras intentaba acomodar su rubia cabellera que el viento parecía querer arrebatarle de su peinado cuidado-, no creo que no les haga falta dinero o joyas –se permitió dudarlo en voz alta, sin pensar en que tal vez eso podría darle problemas ante el hombre-. Todas las personas quieren dinero y joyas –le dijo. Su voz temblaba, pero sus palabras eran firmes pues estaba segura de lo que quería, pese a temer-. Yo sé cocinar –mintió, con el descaro propio de las personas desesperadas-, además sé hablar cuatro idiomas y leer mapas –en esos dos aspectos no mentía y se le ocurrió que podría ser útil.

Dio dos pasos en dirección al capitán, estaba siendo –de pronto- todo lo valiente que no había sido en su vida y eso la tenía más sorprendida que a cualquiera allí, pues aquellos hombres sucios y vulgares no la conocían.


-Sólo pido que me dejen en el próximo puerto que toquen, Capitán. Puedo pagar mi pasaje en esta nave, déjeme mostrarle que sí puedo hacerlo.

No entendió, pues inocente Colette era, a qué se refería él con eso de recompensar a sus hombres y beneficiarlos de que ella estuviese a bordo. ¿Acaso creían que ella podía darles suerte? No, no lo comprendía, pero tomó esas palabras del rubio capitán como una señal de que sí, su vida cambiaría, sí podría salirse con la suya y sí zarparía con ellos.




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Re: Ella que todo lo tuvo | Privado

Mensaje por Dragut el Mar Dic 12, 2017 3:36 am

Teme, lo aspira, apesta su barco a su miedo, sin ser el único en morbosear ese instinto, pues a los animales les atrae ser superiores, marcar territorio y claro, fornicar con la hembra que le atraiga. Sin quedarse atrás Dragut, conoce a su gente y sabe que si da la orden de que se quede, ellos la tendrán, y pensó en quizás acceder por ellos. Que se diviertan, uno por uno, en turnos y que despierten con las ganas de hacer las actividades en el barco, pero al igual existía un mayor problema. Distraídos estarían, siendo un estorbo. Imposible que permitiera todo eso. Entonces, ¿qué podía hacer con ella? Porque es extraño que lo estuviese dudando, de haber sido otra ya la habría echado a la borda, pero tiene algo que le gusta; valentía. No cualquier damisela estúpida en apuros se montaría a un barco de esa índole, rodeada de hombres salvajes, a menos que haya cometido un peor pecado. Y es ahí lo que le intereso. Tan descarada se muestra, desesperada ordenando y confiada en sus palabras. Le gusta, y el escuchar sus propuestas, la manera en la que busca salirse con la suya. Le iba a dar la oportunidad, solo por su propia hombría, comprobar por qué tenía razón y por supuesto. Lo que ganaría con ella, o que, ¿pensaron que sería un caballero? No, el corsario, el pirata, su capitán es. Pese a que siga seduciendo a una manada de lobos hambrientos sin darse cuenta o quizás si, y eso quería.

— Ya te lo he dicho, muchos ofrecen dinero y joyas. Y si es lo que darás, tendrá que ser mucho, más de lo que un Conde o un Rey pagarían. ¿Acaso, lo tienes? —, un movimiento de meter y sacar, decía las palabras escondiendo la realidad en ellas. Quería información, saber de qué riqueza se trata. Por lo que es inútil que siga palabreando, no cree lo que ofrece con sus manos, a leguas se ve que es una maldita comodina. — Aquí queremos todo. Todos quieren más y más. Hasta tú, que implorando sacas a relucir mentiras con tal de partir con nosotros. Pero hay algo, tus conocimientos son aceptados, has de servir en algo, y el dinero igual lo queremos... Eres parte de la embarcación más yo diré cuando y donde bajas. ¿Entendido? Bien, viajaras como uno de todos, sin lujos y comodidades, y cuidarás de ti sola.…

Dio las órdenes en su misma lengua natal; lenguas túrquicas, si comprendió que bien sino que tristeza que no sea esa lengua la conocida, que gritó la partida de inmediato, los soldados estaban ahí, por lo que se movió, yendo a tomar un arma y a tirar, solo para que cesara el fuego mientras se salían de la zona de ataque, y así como el barco descendió la mercancía, partieron, comenzado a balancearse, todos agitados, y tan pronto estuvieran libres de peligro, solo el agua haría el demás trabajo, así como apaciguar el sonido de los balazos, y que resulta ser que secuestraron a la hija de un barón importante, por eso fue la burla al final y la huida. Se llevaron dos pájaros de un solo tiro, y que se corra el rumor de que si está maldito el barco y el regreso del otomano.


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