Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ramiara d'Aosta el Sáb Oct 07, 2017 1:00 pm

Otra fiesta más. La misma música de siempre, las mismas caras, las mismas conversaciones… Estaba harta de fingir que todo aquello le interesaba, cansada de mostrar que disfrutaba de la eternidad cuando en verdad lo único que quería era tener el valor para salir al sol y ponerle fin a más de setecientos años de vacío. Pero ya no era valiente, en otro tiempo lo había sido y su valía podía sobrepasar la de un puñado de hombres. Era fuerte y obstinada, podía enfrentar en un duelo a cualquiera, pero no tenía la bravía de entregarse al sol.

-Yo no bailo –dijo en tono seco al cuarto hombre que en la noche le pedía compartir una pieza con ella. Ni siquiera lo miró, ¿para qué?

Prefería beber, beber y observar. Se sentó en una ronda de damas que hablaban sobre los últimos acontecimientos sociales, ¿la reina había muerto? Sí, algo así había oído… como no era su reina, pues ella no era francesa, y como no la conocía, a Ramiara no le importaba.

No era tan interesante como los chismorreos de las mujeres, pero de igual modo aquello captó la atención de ella: un muchachito, de esos que servían los tragos, acababa de robarle un reloj del bolsillo a un caballero que reía y bebía junto a sus amistades, de pie junto a la puerta que daba a los jardines frontales. Por su aura, Ramiara supo que el hombre era un hechicero, ¿cómo era posible que no notase que acababan de robarle? Se rió involuntariamente, pues era gracioso de ver aquello, y las damas interpretaron que lo hacía producto de algo de lo que ellas hablaban. Tarde se dio cuenta de su torpeza.


-Lo siento –se disculpó-, he recordado algo… Con permiso –se puso en pie, sabiendo que lo único que había recordado era volver a rellenar su copa.

Se acercó a la mesa dispuesta a hacerlo, pero el muchachito –el ladronzuelo- le tendió una nueva y ella lo agradeció, sopesando si mencionarle que lo había visto o no... No dijo nada, en cambio se llevó la copa a los labios para sentir el efímero calor del alcohol en su interior.

Pasaron algunas horas hasta que Ramiara notó que faltaba el brazalete fino de su muñeca derecha. La inminencia del amanecer ya provocaba que los inmortales como ella estuviesen descendiendo para continuar con la fiesta en el gran salón que el Palacio Royal poseía en su planta más baja, allí donde el sol no llegaba. Pero ella no se iría sin su brazalete, no porque le tuviese especial cariño, sino porque era suyo y no toleraba que nadie tocase lo que era suyo.
Halló al muchachito luego de buscarlo por más de media hora, sabía que tenía el tiempo en contra, debía apurarse si quería ganarle al amanecer.


-Mi brazalete –dijo y lo tomó del brazo hasta acorralarlo contra la pared del pasillo que se adentraba hasta las cocinas-. Quiero mi brazalete y el reloj que has robado hoy.

El muchachito se fue a quejar, pero tras ver la mirada feroz que ella le destinó no tuvo más opción que meter su mano en uno de los bolsillos y darle lo que le pedía.




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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Jaecar Babenberg el Dom Jun 17, 2018 11:00 pm

Baile, placer y sangre…

Ahí estaba el Austriaco, observando a las damiselas desplegarse por el salón en conquista de hombres que satisfagan sus necedades de esa misma noche, una velada interesante, no por lo que el baile, y las pomposas vestimentas decoraban cuerpos que debían de estar desnudos por ser excelsamente atractivos, más, la copa en su mano no era lo suficiente para que el inmortal se sintiera pleno, anhelaba abrir el pecho de una mujer y llenar la copa de su linfa, caliente y recién servida, pero siguiendo con el interés, es porque estaba rodeado de caos, esté, el origen de la belleza más destructiva que jamás se haya contemplado, el percibir la debilidad de la humanidad, escuchando la presencia de magia oscura y saberse rodeado de muerte, era una opresión catastrófica en el salón. Mostrando lo que es un vals, tan peligroso y lujurioso, donde el tiempo no es lo que aparenta y la oscuridad lo es todo, debe de serlo pues es el único medio de existencia, pero para él, el mezclarse entre los invitados, girar, y girar con la copa en alto para brindar por el mismo borde de la muerte de esas pobres almas guiadas por la decadencia, hoy no iba como alienista, (término que empezaron a denominarlo al moldear la mente a su favor, para ser partícipe de una extrema fuerza irreconocible del autocontrol), sino, iba por lo que es; un inmortal.

Caminando un poco más, y por ahí se escucha un intento de suicidio, un intento por liberarse finalmente de un comienzo que es monstruoso, no acude a su salvación, Jaecar Babenberg solo observaba, liberando evocaciones con examinar las causas, y si más caminaba, hallaba un aleteo frágil de una mariposa infernal, donde silencio y oscuridad es lo único que converge entre el miedo y la incertidumbre de un jovencillo, iba con todo o nada, la mediocridad o el éxito de sus robos le hizo emitir una media sonrisa, era inteligente el humano pero no lo suficiente lamentablemente, y cuando se paseó por un pasillo, sintiéndose libre de ir y venir por rincones que deberían de ser exclusivos para el dueño del palacio, vio como el depredador se alimentaba de una princesa, inocente y exquisita, quiso arrebatársela, pero las notas de la música al hacerse eco en el momento, y el encontrarse con una mujer de la misma naturaleza le hizo seguirla, ya la había visto, (y fue cuando el jovencillo le arrebato una pertenecía con burla, púes para ser una inmortal el no percatarse de un simple movimiento, eso quería decir que estaba ausente, y ella fue su objetivo), ¿por qué? Porque en ella hubo un refugio, una seducción peligrosa y mortal, tanto en frágiles límites del abismo, y la libertad le permitió situarse en la pared, recargándose en esta y ver el espectáculo, y al interrumpir ese encuentro con sus aplausos interfirió con la voz, acercándose a ella y tomo su muñeca, arrebatándole el brazalete y mirando al humano…

— Esto es tuyo, te lo ganaste a fin de cuentas, ¿o que no, madame? Es un premio por resultar ileso al obtener esa joyería, por lo menos se lo merece. —Se lo arrojo para que lo cachara con las manos, y el ver que no se iba, río en corto, sin soltar esa muñeca, la apretó cuando quiso liberarse. — Ya puedes márchate muchacho, agradécele por tu vida. —concluyó con él, después de todo no fue impulsiva la mujer con aquel, porque de haber sido lo contrario ya hubiese estado muerto. Y en cuanto ella quiso empujarle, le alcanzó a abrazar y pudo girarse para no ser él quien resultara víctima del impacto contra el muro. Mientras el humano hizo lo correcto, salio corriendo y él se responsabilizará por tal decisión.

A pesar de mantenerla contra la pared, expresando ambas muñecas al alzarlas a la altura de su cabeza cada una. — Es más hermosa de cerca, ¿por qué es que no la veo bailando, y disfrutando como a las demás? ...—se acercó a olfatear su cuello. — mmm, mismo perfume que a una Romana, extraño pero atrayente no le miento. — le soltó de una mano, hasta que intento abofetearlo por lo que retomó su muñeca y la mantuvo presa. — No, muy mal, yo que deseo bailar con usted, y me trata de esa manera, ¿por qué?—. ¿Qué estaba haciendo Babenberg actuando de aquella manera? Realmente era la primera vez que se salía de su faceta, necesitaba comprender la mente y actos de su misma naturaleza y darse cuenta que es lo que anda mal con él, por qué tenía que enamorarse de quien considera su hija, muy a pesar de que el linaje no sea suyo, quizás por eso trata de jugar y sacar conclusiones, o divagar en acciones para su mente se distrajera porque el control se estaba debilitando y por ello trata de endurecerse de esa forma.



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Jaecar Babenberg
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