Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Anima Noir — Privado

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Anima Noir — Privado

Mensaje por Yevgeniya Berdiáyeva el Vie Oct 13, 2017 3:27 am

¿Es acaso la muerte el fin de la vida? ¿O es algo más? ¿Podría considerarse otra forma de existencia de la que estamos acostumbrados en este plano? Hace ya bastante tiempo llevo cuestionándome lo mismo, no por curiosidad, sino por las experiencias a las que me he visto sometida adrede; todas ellas negativas, cabe destacar. Desde que era una niña aprendí a convivir con seres que no son de este mundo material, creado como parte de una desesperada ilusión para satisfacer el ambicioso ego de las personas. Sin embargo, el aprendizaje nunca suele ser tan positivo. Está, más bien, lleno de sacrificios y obstáculos; preguntas sin respuestas; pruebas que te llevan a nuevos misterios, cuando no has resuelto siquiera los primeros... ¿Soy parte del experimento? ¿En verdad lo soy?

Aquellos que nacemos con alguna facultad para ver más allá de lo corriente, que somos capaces de percibir las energías de la naturaleza misma, aunque no podamos verla, solemos vivir con la amarga sensación de que nunca estaremos solos, ni siquiera en nuestros sueños. Puede que no siempre te sientas amenazado, pero en otras ocasiones... no corres con tanta suerte. ¡Y algunos creen que la magia es motivo de juego! O incluso, para realizar grandes proezas. ¡Y no es así! El tormento por el que tienes que pasar, no es nada a comparación con lo que significa tener alguna habilidad extra sensorial. Porque sí, es sólo eso... Una capacidad nada más.

¿Debería sentirme afortunada? A ver, ¿de qué exactamente? Si esa buena fortuna es vivir confinada al encierro casi perpetuo en el que me tiene mi abuela, no debería considerar la magia nada positivo, o siquiera admirable. La habría rechazado en el primer instante, sin pensarlo dos veces. Es más, ni lo habría pensado, ¿para qué? A nadie le gusta aceptar tan gratuitamente su condena. Lamentablemente, yo no me he librado, y así estoy, hundiéndome cada día en un abismo que, al parecer, no ha alcanzado su fin.

¡Y a veces quisiera que llegara! Por supuesto, porque, a pesar de ser tan joven, me siento agotada, como si en mis hombros pesaran mil años, en vez de veintiocho. Y no estoy exagerando, es la pura verdad. Aunque pretenda condenarme, o burlarse de mí, mi razón está bien justificada en el mal que aflige mi mente desde hace bastante tiempo. Se trata de algún problema psicológico que perturba mis sueños, y en combinación con la espantosa realidad que me persigue, hace mis veladas insoportables. Justo como ahora, en donde realmente no sé con quién diablos estoy hablando. No, hablando no. Podría decir que se ha convertido en una plática mental, mucho más interna, que algo físico. Tal vez esté mi cuerpo tendido en el lecho, intentando luchar por escaparse de las cadenas invisibles que lo tienen aferrado, inmóvil...

He de admitir que esta ocasión no es como cualquier otra, y esa diferencia es, precisamente, en que ellos no están aquí. No sé por qué no han atacado mi frustración en este estado de absoluta vulnerabilidad. O es que tú, ser que soy incapaz de reconocer, ¿los has ahuyentado? Toda mi existencia he lidiado con espíritus, y podría dar por hecho que eres uno de esos mortales extintos, pero, por alguna razón, no soy capaz de ver. ¿Por qué? ¿Tienes alguna intención frívola en atormentarme con el aislamiento? ¿No le temes a los terrores que persiguen incluso a los espectros? ¡Están por todas partes! Habitan los rincones de esta mansión, bajo las órdenes de ella... de Clava.

Me sorprende que hayas desafiado su autoridad. No te has ganado mi completa admiración, porque aún me cuesta ser un alma prisionera de alguien más. Pero tengo curiosidad. ¿Quién eres tú?


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Re: Anima Noir — Privado

Mensaje por Arsénico el Mar Nov 07, 2017 7:08 pm

Posesión… aquella palabra sonaba demasiado terrenal para definir meramente en algo a mis perturbadoras ambiciones, pero supongo que incluso un espíritu tan sinvergüenza como el mío se encuentra con sus contradicciones más pronto de lo que planeaba. De un tiempo a esa parte, el miedo había comenzado a ser mi plato favorito del día que después vomitaba a la noche, y presa de aquel bucle demasiado infernal hasta para mí había acabado invirtiendo los falsos preceptos que en el mundo de los vivos todavía llamáis 'horas' pensando en una posible solución a mi ¿problema? ¿Así había acabado por definirlo de una condenadilla vez? ¡Qué niña tan normalita me había vuelto últimamente! Sobre todo si considerábamos que yo de niña tenía lo mismo que de humana con oxígeno y aversión al suicidio. Nada.

Nada, como la nada en la que me había hecho experta, como la nada en la que me dejaba flotar desde mi muerte forzada, inspirada por el nombre de una madre problemática y echada a perder por el fruto de su vientre —aunque no sería porque mi querida Emmanuelle no viniera corrompida de su casa—. Como la nada que me condujo hacia aquel drama familiar que lejos de parecerse al mío, consiguió recordármelo. Y ya no hubo vuelta atrás.

Normalmente me solía mantener al margen de los seres con habilidades mágicas, de los poseedores de embrujos y conocimientos capaces de llegar al muro personal que yo había logrado cruzar para mantenerme justo donde quería, lejos y al alcance de todo. Una traicionera observadora que lo único que había hecho para merecerse aquel fantasmagórico destino había sido desearlo con todas sus enfermizas fuerzas. ¿Podía culpárseme de eso? ¿Acaso molestaba a alguien? Vale, sí, quizá ahora tenía más recursos para ser una reverendísima tocapelotas, vivos y muertos daban fe de ello, pero me estaba desviando del tema y es que aquel tipo de personas, por ejemplo, ayudaban a cumplir los deseos en vida de las almas en pena involuntarias para que continuaran su camino hacia arriba o hacia abajo de la tierra. Pero, ¿qué pasaba cuando los deseos de un alma como la mía habían sido siempre los de estar justo donde había conseguido estar ahora? ¿Qué pasaba cuando mi camino había acabado, y yo no tenía más objetivo que el de vagar eternamente y enriquecerme de cuantas más experiencias, mejor? Ahí muchos entraban en cólera y dada su capacidad para destruir lo que yo había construido, representaban la única amenaza real para los fantasmas como yo… y a eso me arriesgaba con la bruja de malas pulgas cuando posé mis ojos sobre la interesantísima nieta a la que tenía más torturada de lo que se pensaba ninguna de ellas. Pero el miedo se sentía demasiado real y por primera vez, quise experimentarlo con la única forma que tenía de imitar la vida: adquirirla de otra persona. ¡Tan masoquista y temeraria como siempre!

Abrir los ojos aquella noche en una cama mullida fue como despertar de un dolor inmenso para descubrir que seguía teniéndolo al otro lado, que la pesadilla iba más allá. Un hermoso cuerpo, mi buena y de algún modo consciente Yevgeniya, que pasábamos a compartir y que pasaba a contener todo ese dolor... ¿Lo sentías tú también? Esperaba que sí, pues para mí suponía el dolor del reencuentro, de la vuelta a casa, de la hija pródiga que todavía dudaba de sus motivos para el regreso y del aroma de lo que algún día llamara hogar —aunque yo dudaba de que alguna vez hubiera llamado de esa forma a nada—, pero para ti suponía el despertar, el repentino aborto de la cobardía y la semilla del cambio al que necesitabas abrirte.

Y yo estaba dispuesta a ayudarte. A ayudarnos.

"¿Quieres que lo hablemos más tranquilamente? No te preocupes, sé que estás ahí como espectadora, tú también lo sabes, te han educado bien. Prepararé esta ilusión hecha a la medida de tus propios recuerdos para que no caigas presa del aburrimiento, que yo también sé lo brabucón que puede llegar a ponerse éste cuando quiere." Y la acomodé en una bella y luminosa sala de espejos que reflejaban sus pensamientos, sus deseos ocultos, sus confusiones más problemáticas y finalmente el resultado de lo que no se atrevía a realizar. "Hace mucho tiempo que no hago esto de manejar un cuerpo, estoy más oxidada de lo que creía. ¿Te importaría guiarme por tu propia casa? Yo no tengo nada concreto que hacer y, sin embargo, tú estás en un momento curioso de tu vida. Dime, ¿hay algo que siempre hayas querido hacer a estas horas y nunca te hayas atrevido? Sé buena y dame ideas, así disfrutaremos las dos."

Es así como siempre ha funcionado el placer, y hasta el sufrimiento ha estado siempre de acuerdo. ¿Coincidencia? No lo creo, y lo que yo crea importa más de lo que a vosotros os gustaría.



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Re: Anima Noir — Privado

Mensaje por Yevgeniya Berdiáyeva el Lun Dic 18, 2017 10:11 am

¿La magia era realmente algo fantástico, lleno de incontables posibilidades? ¿Lo era? ¡No para mí! A cualquiera que se atreva a preguntarme semejante cosa, lo demandaría por loco; lo señalaría, y hasta lo acusaría por ser tan infame y poco consecuente en su lógica. Quizá otras personas han tenido la buena fortuna de contar con experiencias agradables con respecto a habilidades de este tipo, pero no es mi caso. Con tristeza afirmo el mal que me ha hecho esto. Me ha estado consumiendo con una lentitud espantosa, torturando mi mente de mil maneras, junto con la amarga presencia de mi abuela, quien parece satisfecha ante ese mal que me agobia. Y sí, me parece lamentable que una persona llegue a tanta hostilidad, ¿y exactamente para qué?

Clava ha sido una persona hermética desde que tengo uso de razón, y pienso que tal vez eso la haya llevado a un punto de maldad que abrumaría a cualquiera. Su obsesión por la magia negra, incluso por los misterios de la muerte, la han convertido en una mujer oscura y absolutamente ruin. Y eso no es desde hace poco, en realidad, lleva demasiado tiempo, antes de que yo siquiera pensara en nacer, me parece. Lo peor de todo el asunto es que nadie ha sido capaz de hacerle frente ni una sola vez. Ni siquiera yo me he atrevido, a pesar de la madurez de mis años. ¿Y cómo hacerlo? No he sido siquiera capaz de enfrentar a mis demonios personales, y eso es mucho decir. Es más, ni he podido hallarme entre las penumbras de esta noche, porque siento que mi cuerpo ya no me pertenece.

¿He pasado a un estado de consciencia más íntimo, en donde lo físico no tiene sentido alguno? Aun así, me aterra. Sé que no estoy sola en mis pensamientos, y esta vez no se trata de ellos. Temo, desde luego, que al llegarse a dar por entendidos de mi situación, intenten atacarme físicamente, pues mis poderes yacen dormidos en algún rincón nebuloso al no poder conectar con mi espíritu. ¡Me siento tan inútil! En especial por no tener la opción de encarar a la culpable... Es decir, ¡no sé en qué momento llegó a pasar esto!

Sí, sé que es una presencia femenina. Sí, estoy consciente de que he sufrido una repentina posesión debido a la debilidad de mi mente, misma que he sufrido durante todos estos días... «Y por más que intentes distraerme con ilusiones, es difícil mantenerme en este estado. Menos si Klavdiya lo nota, aunque, para fortuna tuya, y desgracia mía, ella no esté ahora. Quizá yo no pueda ver el lugar en donde estamos, pero no es mi casa; no es esa mansión grotesca en la que he vivido en los últimos años».

¿Y qué otras alternativas tenía? Por muy tentadora que resultaba la excusa de "no tener control de mis actos porque un espectro me guió", no era tan arriesgada para desafiar el reino de terror de mi abuela. Pero menos pude dejar de pensar en considerar las palabras de Yura, en las que me alentaba a huir y dejar todo esto atrás. ¡Claro que no! Clava movería al mismísimo infierno para encontrarme, y las consecuencias serían todavía más nefastas que ahora. Supongo que me he ido acostumbrado, o soy terriblemente pesimista y me conformo con esta maldad. «¡No! Es imposible escapar de su sombra... Siempre está vigilando, ¿qué no lo entiendes? ¡Basta! Para ya de mostrarme esas cosas. Ya no más».

Porque alguna vez alguien acertó al decir que, el peor enemigo que tiene una persona, es su propia mente. Y a juzgar por todas las cosas que se reflejaban en ese recoveco apartado de mi interior, me sentí ínfima; tan débil, tan absurda... Jamás he hallado manera alguna de liberarme de esta condena. Pero yo, yo soy una bruja, y las brujas tienen que lidiar con espíritus, ¡y no con cobardía! Quizá ella esté tentando mi paciencia. Creo que empiezo a necesitarlo.

«Es una propiedad modesta en alguna parte de París. Hay muchas otras casas alrededor; no tan cercanas, pero sé que están ahí. Alguna vez vine aquí, fue hace mucho. No recuerdo demasiado».


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Re: Anima Noir — Privado

Mensaje por Arsénico el Vie Mar 16, 2018 8:32 pm

Sencillamente no podía dejar de mirar, de hablar, de tocar, de tocarme… Sí, realmente incluso reprimí las ganas de elevarlo a un nivel demasiado íntimo porque bueno, ¿quién no echaría de menos el onanismo, y más en una sociedad donde continuaban reprimiendo a la sexualidad femenina? Pero me frené, por muy bruja y nieta de bruja que fuera, mi pobre víctima ya estaría lo bastante abrumada, lo que no quitaba que pudiera sacarle el tema de conversación. ¿Se sonrojaría, incluso en mitad de una posesión, o me sonrojaría yo como consecuencia de notar las reacciones de su cuerpo igual que si fueran las del mío propio? Porque sí, los fantasmas todavía sentimos a nuestro modo. De lo contrario, mi decepción sobre el otro lado del velo que tanto había ansiado la habrían escuchado hasta en el cielo.

"Por cierto, una pregunta totalmente sacada de contexto: ¿Tú te exploras, ma pètite, o es una de esas cosas con las que tampoco te has atrevido? Mejor será que te pienses la respuesta, porque sigues sin darme ideas y ya has visto que soy una desvergonzada."

Continué explorando el lugar, mucho más suntuoso de lo que mi vida de clase media/baja me había proporcionado nunca. Claro estaba, sin olvidarme de lo muy mimada que me mantuvieron siempre personas de algodón y terciopelo, como mi fastuosa Amanda, pero en aquellos momentos todo adquiría un tamaño aún más exagerado que la aburrida realidad que yo paliaba con mis ilusiones o con el simple hecho de ser yo misma. Las que también tuve que detener en cuanto ella me lo pidió, y es que a pesar de llevar el nombre de un veneno al que hago justicia, no dejaba de haber profanado su cuerpo y por tanto, la deuda en cierto modo me dulcificaba el carácter, o más bien, el trato porque yo siempre he sido mucho más dulce y blanda de lo que se le asocia a mi intacta locura.

"¿Imposible? Creo que estás hablando con una muerta que ahora mismo campa a sus anchas por todo tu ser, por lo que aquí y conmigo 'lo imposible' ha cambiado su definición para complacerme. Y yo quiero complacerte a ti, a fin de cuentas éste es tu cuerpo, ésta es tu vida. ¿Verdad, hermosa Yevgeniya? Tu nombre parece un trabalenguas que no me cansaría de repetir, qué placer disponer otra vez de una boca con la que relamerme en su pronunciación. Vaya, ¿estoy siendo demasiado atrevida? ¿Tú qué opinas? No te preocupes, que no pienso propasarme, mis faltas de respeto son en muchos sentidos, pero nunca en ése."

Mis narices habían ido a acechar a la familia correcta, hecha para la indecencia de mis desvaríos porque adivinad quién, por raro y evidente que resultara el peligro, nunca había dejado de ser una temeraria. ¿Acaso se podría serlo para haber llegado a desear una vida tan poco convencional como… bueno, la ausencia de esta misma? Sabía que no me encontraba ante una señorita remilgada de las que azotaban con modales finos desde su condenado nacimiento, no porque yo estuviera ahora maldiciendo sobre sus llegadas al mundo sino porque a fin de cuentas eso me parecía su existencia en sociedad: una condena. La mujer a la que estaba poseyendo iba más allá, había sido criada por alguien mucho menos convencional de lo que, para su desgracia, intentaba hacer ahora con su nieta. ¿Había acaso mejor manera de cabrear a la bruja de las que ambas huíamos a nuestra manera?

"Clava, Clava, la abuela Clava… su nombre me sugiere una apetitosa variedad de chistes que si no comento contigo es por su falta de originalidad, que no es que a mí me preocupe mucho tenerla, pero aunque no se note, estoy más nerviosa de lo que parece por causarte una buena impresión."

Me seguí moviendo hasta llegar a la fría azotea del lugar, majestuosa y devastadora como pasó a experimentar cada poro de mi piel. ¿Su piel? Nuestra piel contra la gélida ventisca. Los sentidos se activaron en mitad de la noche y tuve que abrir los brazos y cerrar los ojos que, por primera vez, podían dejar de ver —Quizá es de los pocos tormentos de los seres del limbo, que se nos adjudica el eterno don de la vista—. Me dejé engullir por la oscuridad y dentro de la mente de mi ¿protegida? la observé durante un tiempo solazado y casi eterno, cada vez más intrigada por sus problemas íntimos.

"Supongo que no debe de faltar mucho para que recuperes el control de tu persona, y aun así, ya ves, casi no me ha dado tiempo a hacer nada. No importa, ya ha sido más de lo que he tenido en veintidós años que llevo sin existir, pero reconócelo, hasta a ti te ha llamado la atención todo esto. Es mucho más divertido que estar comprometida contra tu voluntad, ¿no te parece? ¿O a lo mejor tu voluntad tiene más secretos que confesar esta noche de chicas que estamos teniendo?"

Claro que, cómo no, soy más vieja de lo que la muy perra de mi apariencia física quiso retener a la vista el día de mi muerte. Me parecía un poco a aquella joven hechicera, rubia y preciosa, de mirada intensa. Una lástima que el arsénico no lo estropeara todo.



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Re: Anima Noir — Privado

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