Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Oct 13, 2017 1:39 pm

Por fin había llegado el día en el que partía una pequeña temporada al norte yo sola, no debía de ser algo descabellado ya que era de allí y tenía allí parte de mis raíces y de mis orígenes, además siempre contaba con mis abuelos por si algo me pasaba y ese portal que me llevaría de vuelta a París si la situación se ponía más peliaguda en el norte conforme estaba la guerra, aunque sabía defenderme porque mi padre se había encargado bien de ello esperaba, realmente, no tener que poner en práctica lo que sabía y lo que me había enseñado papá porque yo no era así, yo no era como Tarik o como Eirin, mis hermanos mayores que habían nacido al igual que como padre para la guerra, por sus venas corría el acero y la batalla mientras que yo era más afín a mi madre y conforme era ella, había sacado su misma curiosidad, sus ganas de aprender y de estudiar, esa pasión por la cultura, la mitología... la de ambas que corrían por mis venas, sabía casi todo lo que podía saberse sobre ambas para orgullo de mis padres porque las tenía como mías, sí era un poco extraño tener dos costumbres y dos culturas diferentes como una sola, pero para mí era imposible decantarme por una en concreto porque ambas formaban parte de mí, parte de lo que yo era y no quería dejar a una de lado porque ambas me gustaban y me apasionaban. Eran tan diferentes pero tan parecidas al mismo tiempo que pensaba que encajaban perfectamente. Mi decisión de seguir por el camino de mi madre lo había tomado desde que con nueve años mi padre, al igual que hizo con mis hermanos, me pidió que tomara un camino. Quizás para otras culturas aquello fuera algo demasiado fuerte para un niño, pero para nosotros era algo normal que veíamos con naturalidad porque así éramos nosotros y así lo llevábamos en la sangre. Aun recordaba la mueca que puso y el mohín que hizo cuando tomé la decisión, una que él respetó y aceptó aunque en el fondo sabía que le habría alegrado más seguir el mismo camino que mis hermanos, el camino del guerrero.

Quizás no le sorprendió tanto viendo como era desde bien pequeña, pidiéndole a mi madre que me llevara con ella al museo, que me contara cosas, que me enseñara a poder leer los jeroglíficos y las runas... siempre ávida de aprender, ávida de más conocimientos. Me había dado cuenta desde pequeña que las cosas conforme las veía se me quedaban grabadas en la memoria, mamá decía que era como un “don” que podía utilizarlo a lo largo de mi vida y que sería ventajoso si sabía cómo aprender de ello. Cuando papá me entrenaba ponía empeño e interés pero no sentía que era lo que yo quería hacer, quizás por eso no le sorprendió tanto mi decisión aunque sí que quiso que supiera defenderme y a eso no me negué, lo hice porque sabía que para él era importante y quería lo mejor para mí. Siempre había tenido predilección por mi padre, era algo que no podía evitar desde que era bien pequeña, con mi madre tenía más cosas en común pero por mi padre lo que tenía con él era algo diferente o al menos lo sentía así. Incluso un par de veces me había preguntado si tenía novio o estaba con algún chico, para su alegría le decía que no –que era verdad- y me hacía gracia ver la cara que ponía cuando me lo preguntaba, para nosotros el sexo era algo normal y natural y aunque jamás me preguntó por ello –gracias a Ra y a Odín- sabía que al ser la pequeña en ese sentido se sentía algo más “protector” conmigo. Ahora los tenía a los dos delante de mí observándome, siempre me había gustado conforme crecía ver cómo se amaban y parecía que esa llama jamás se apagaba, superaban todos los obstáculos juntos y si alguna vez encontraba a esa persona, como ellos se habían encontrado, esperaba que fuera algo como lo que ellos habían tenido. Mi madre me miraba de forma fija y se mordía el labio, sabía que estaba preocupada porque era la primera vez que viajaba yo sola a un norte en guerra, y no podía culparla en parte.



-Tranquila mamá, estaré en casa con los abuelos y no me pasará nada –quise tranquilizarla y mi padre rodeaba su cintura dejando su barbilla apoyada en su hombro dándole ánimos, me acerqué a él para despedirme y darle un abrazo dejando un beso en su mejilla, mis ojos azules miraron los suyos y sin decirnos nada nos lo dijimos todo, luego pasé a abrazar a mi madre quien me pegó a su cuerpo y me mecía como cuando era pequeña, me besó un par de veces repartiéndolos por mi rostro y finalmente me separé, yo de los tres hijos era la más cariñosa de todos sin duda. De Tarik y de Eirin ya me había despedido antes y los miré con una sonrisa- nos vemos en unas semanas, ¡disfrutad de que estáis solos! –Dije divertida para la risa de mi padre y un regaño de mi madre que evitaba también reírse y con esa última visión de ellos crucé aquel portal, como tantas otras veces había cruzado, salvo que ahora lo hacía sola. Al llegar mis abuelos ya me estaban esperando y corrí para abrazarlos dándoles una sorpresa mientras me preguntaban por mis padres y cómo estaban, su historia era una que también me gustaba escucharla y a veces le pedía a Adaline que me la contara, mi abuelo era algo más parco con las palabras pero lo quería igual. Pasamos la noche poniéndonos al día y contándome historias suyas, batallas que había hecho mi abuelo mientras yo escuchaba con atención como si fuera una niña pequeña entusiasmada con la idea, cada vez que estaba en el norte o estaba en Egipto sentía que de verdad estaba en casa, París para mí era una ciudad de paso pero entendía que allí tenía mi madre su trabajo y yo empezaba también poco a poco con mi trabajo. Los días fueron pasando mientras me centraba en el motivo del por qué había ido allí, a parte porque necesitaba ese tiempo y nada mejor que como en casa para sentirme así de bien, porque quería estudiar ciertas cosas y nada mejor que el propio lugar de origen para estudiarlas. Lo que no sabía era lo diferente que iba a ser mi viaje en aquellas en tierras.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Kriger el Dom Oct 15, 2017 6:02 am

Mi misión estaba marcada, la presa era una doncella hija del general Ubbe Cannif, la idea era sencilla, no existiría nada que ese hombre no hiciera por sus hijos, la debilidad del enemigo siempre fue ostentar sentimientos, unos que te hacen débil, que te parten en dos los planes.
Mi padre fue inteligente al mandarme por esa doncella y no a por sus dos mayores que aunque pasaban mas tiempo solos en el norte, eran guerreros mucho mas experimentados.
Al parecer la pequeña era mas como su madre, una doncella de ciencias, una humana demasiado interesada por las letras..el acero no formaba parte de su vida, lo que para mi atraparla suponia un juego de niños.

La observé durante días, siempre acompañada de su abuela que parecía custodiar todos y cada uno de sus movimientos. Atacar en esos momentos era arriesgado pues Adaline era una inmortal y aunque no era precisamente diestra en el manejo de las armas dudaba no se opusiera a que me llevara a su nieta, lo que alertaría a Erlend, ese si era una bestia no solo con el acero si no en general, así que preferí esperar el momento adecuado, uno que no tardó en llegar.

La joven aquella mañana había decidido salir sin su abuela, había quedado con sus primas en el lago, así que su abuelita le preparó una cestita para que pudieran disfrutar de un picnik en familia.
Para llegar al idílico paisaje que buscaba tenia que atravesar un bosque no demasiado profundo, pero si lo suficiente como para encontrarme, yo me encargaría de alejarla de la senda marcada.

Trasformado en lobo rojo, me deslicé entre el follaje del hermoso bosque de hojas ámbar, podía oler su fragancia, aquel perfume ligeramente afrutado mezclado con el fuego de los maderos.
Salí al paso dándole tal susto que cayó de culo contra el suelo y la cesta junto a ella quedó sobre el pasto.
Sus ojos azules se hundieron en mis lobunos ámbar que ahora la repasaban despacio, evaluando a mi presa.

Podía sentir esa curiosidad que le despertaba, no me moví, permanecí quieto mientras la doncella lentamente se alzaba pidiéndome que no me asustara y extendiendo su mano para acariciar con cierto temor mi pelaje.
Fue entonces cuando reculé, aunque no lo suficiente como para que me perdiera de vista.
Yo iba adentrándome en el bosque, manteniendo la distancia adecuada con la dama, mientras ella me seguía dispuesta a descubrir que se encerraba tras aquella mirada ámbar.

Cruzamos un claro de amapolas rojas como el fuego, ella corría tras de mi para darme caza mientras yo la esquivaba no permitiendola que me tocara, era un juego que al parecer a ella le divertía pues reía curiosa pidiéndome que me detuviera mientras yo quebraba cada uno de sus intentos con rápidos movimientos.

Finalmente el claro se trasformó en espesura, zarzas y zonas de complicado acceso, la dama era terca, no ceso en su empeño aunque se paraba enganchando su falda haciéndola jirones mientras yo esperaba observándola.
Se estaba haciendo daño y aun así avanzaba, creo que fui consciente en ese momento de la testarudez de los Cannif.

Frente a nosotros una cabaña, su chimenea humeaba, la puerta estaba entreabierta y me colé por ella, tras de mi la dama.
Nada mas entró no fue con el lobo rojo con quien se encontró si no con un hombre que cerró la puerta a sus espaldas.
-Buenas noches caperucita ¿no te han dicho que no hay que seguir al lobo feroz?
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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Nailah Zahir el Lun Oct 16, 2017 9:58 am

Ya habían pasado unos días desde que había llegado al norte, los primeros días me los tomé totalmente para disfrutar de aquel lugar y dejarme envolver por esas raíces que también formaban parte de mí, el investigar podría esperar un par de días mientras volvía a reencontrarme con viejas amigas, mientras me quedaba cerca de mis abuelos para que no me pasara nada, pasaría allí un par de semanas y podía darme el lujo de tener un par de días solo para mí, necesitaba ese tiempo no por nada en concreto sino porque siempre París para mí fue un lugar de paso, me acostumbré a que era uno de los lugares donde vivir pero no lo sentía como mío, sin embargo el Norte o Egipto sí y me sentía cómoda y a gusto cuando estaba en uno de esos lugares. Esos días los pasé más también con Erlend y Ada, no me quitaban un ojo de encima sobre todo mi abuela que por la noche me acompañaba allá a donde iba, quizás lo hacían porque no había elegido el camino del guerrero como lo había hecho Tarik y Eirin, pero sabía defenderme porque mi padre me había enseñado y no era una mujer débil que se podía romper con solo mirarme, era mucho más fuerte y con una voluntad de hierro de lo que ellos creían. Sin embargo no les puse pegas a ninguno porque me vigilaran de esa forma, supuse que mi madre también habría tenido algo que ver y ser la pequeña de la familia era lo que tenía. Ese día había decidido quedar en el lago junto a mis primas para pasar la mañana con ella, ayudé a mi abuela para llegar algo con lo que tomar mientras estábamos en el lago dejando una cesta preparada, ella no podría acompañarme aunque quisiera porque el sol acabaría con ella así que tras pedirme que llevara cuidado de camino al lago dejó un beso en mi mejilla y se despidió mientras yo le sonreía tranquila, me conocía esas tierras y sabía que nada me pasaría, sabía defenderme y eso me daba cierta tranquilidad.

Para llegar al lago debía de cruzar por un bosque, no era demasiado grande pero era la mejor forma para llegar antes al lago sin tener que dar un rodeo, iba por este cruzándolo sumida en mis propios pensamientos con la cesta entre mis manos pensando en cómo estarían y lo que tendrían que contarme, en el norte no había un día que no estuviera lleno de aventuras y seguramente tendrían que contarme cosas sobre sus guerras y sus batallas, mi vida era más calmada que la suya pero no por ella más aburrida, también seguía haciendo alguna que otra trastada junto a mis hermanos aunque sin duda alguna yo era la más calmada de los tres. Sumida en mis pensamientos no me di cuenta de que no estaba sola, bueno decir que estaba sola en mitad de un bosque era una gran mentira puesto que había muchos animales, pero no me percaté de que había uno más cerca de lo que yo me esperaba. De la nada y sin previo aviso salió de repente un lobo de pelaje negro como la misma noche apareció frente a mí, me dio tal susto que reculé y caí sentándome de bruces contra el suelo, la cesta cayó a mi lado y cuando levanté la mirada me encontré con unos ojos ámbar que me miraban de forma fija, chocando con mis azules. Había algo en ese animal, algo en sus ojos y en la forma de mirarme que me pareció de lo más extraño y de lo más curioso... no supe qué era pero me quedé mirándolo sin poder apartar mis azules de ese majestuoso animal que me miraba de forma fija.

Me levanté despacio para no asustarlo aunque yo corría mucho más peligro que él y podría destrozarme si quisiera sin que yo pudiera hacer nada, el lobo no se movió de donde estaba siguiendo su mirada fija en la mía. Era un animal salvaje pero muy bello, en ningún momento mostró una actitud amenazante ni me mostró los colmillos quizás porque veía que no era lo más peligroso que pudiera encontrarse. Me quedé de pie a tan solo unos pocos pasos del lobo y, mirándolo, me agaché de forma lenta casi quedando a su altura para que no se sintiera amenazado ni intimidado por mi estatura, de forma lenta extendí mi mano hacia su pelaje hablándole en voz baja y tranquila pidiéndole que no se moviera y que se quedara quieto, a ver si me dejaba tocarlo. Solo a mí se me ocurriría querer tocar su pelaje en vez de alejarme corriendo, el lobo reculó antes de que mis dedos rozaran su piel y se apartó un poco pero no de forma que lo perdiera de vista, y comenzó a andar alejándose de donde estaba. Cogí la cesta de nuevo y aunque pensé en seguir camino... algo en su mirada de llamó la atención, siendo tan curiosa como era mi madre no dudé en seguir al lobo que a paso tranquilo seguía su viaje. Mantenía una cierta distancia conmigo pero no salía corriendo y eso fue lo que también me dio curiosidad, si quisiera perderme de vista no le costaría demasiado pero, de vez en cuando, miraba por si le seguía o no. Llegamos hasta un campo de amapolas en donde se paró hasta que casi llegué a su altura y pude tocarlo pero de nuevo me esquivó, empecé a correr divertida tras él sin pensar que era un lobo y que podía destrozarme pero no se le veía actitud amenazante hacía mí.


-¡Ven aquí, lobito! –Le dije cuando hizo un quiebro para que no lo tocara y me mordí el labio apartando unos mechones de mi pelo observando al lobo, me dejaba acercarme pero no me dejaba tocarlo con esos ojos ámbar fijos en los míos- ¿qué es lo que quieres, eh? –Dije sonriendo mientras lo intentaba volver a pillar y él me esquivaba de nuevo- eres un lobo muy juguetón –sí, solo a mí se me ocurría hablarle a un lobo y tratarlo como si estuviera jugando con un perro. Atravesamos el campo de amapolas y llegamos a una zona de más espesura y de difícil travesía al menos para mí, habían zarzas que se enganchaban en mi vestido no dejando que continuara, me rozaban los brazos y el rostro dejando pequeños arañazos sin importancia y constantemente tenía que pararme para desenganchar los pinchos de las zarzas del vestido, intrigada y con la curiosidad bulléndome por dentro por saber hacia dónde me llevaba el lobo porque, si de algo estaba segura, es que me guiaba hacia un lugar en concreto. Atravesado aquel campo de zarzas llegamos hasta una pequeña cabaña en mitad del bosque, la puerta entornada y humo saliendo de la chimenea, el lobo fue el primero que entró en la casa  y yo con esa curiosidad innata que tenía lo seguí adentrándome en la cabaña buscando al lobo, con el vestido echo jirones, arañazos en brazos, piernas y rostros. Mis ojos azules buscaron al lobo pero allí no había nadie, en vez de encontrármelo fue una voz, grave y ronca, la que escuché a mi espalda seguido del sonido de la puerta al cerrarse. Cuando me giré para ver de quién se trataba me encontré con la imagen de aquel hombre, algo más alto que yo, unos ojos verdosos que estaban fijos en los míos, el pelo hacia atrás, alto, fibroso y con pintas de ser un guerrero... y desnudo. Mis ojos lo recorrieron por completo de arriba abajo no dejándome lugar que mis ojos no observaron para de nuevo subir a su rostro: facciones marcadas, barba de un par de días como máximo, labios con una sonrisa socarrona curvada en ellos, una mano en la puerta tras cerrarla impidiéndome salida alguna. No tuve que atar muchos cabos, en cuanto nuestras miradas conectaron, para saber que él era ese lobo al que había estado siguiendo desde el bosque, tenía algo en su mirada que no supe descifrar pero que sabía que lograría hacerlo pronto. Sonreí de lado tras sus palabras cogiendo el asa de la cesta entre mis manos poniéndola delante de mi cuerpo de forma despreocupada- Y... ¿se supone que, ese lobo feroz, eres tú? –Sonreí de nuevo y volví a repasarlo con la mirada teniéndolo desnudo frente a mí para subir a su rostro y morderme el labio- no pareces tan fiero como dices ser, y si cada vez que siguiera a un lobo me encontrara con alguien como tú... merecería la pena –aparté mi pelo a un lado sin quitar mis azules de sus turquesas en esa combinación entre azul y verde y sonreí de lado- bueno, soy una mujer bastante curiosa y eso es lo que me ha traído hasta aquí... pero también me han dicho que siempre debo escuchar las dos partes de una misma historia y por lo que tengo entendido, según se dice, el lobo es el malo que se la quiere comer... sin embargo yo no veo que vayas a comerme o ya lo habrías hecho, por eso he seguido al lobo feroz para escuchar su versión de la historia, quizás el lobo solo quería guiar a caperucita porque en el fondo sentía algo por ella –si pensaba que iba a asustarme o a tenerle miedo estaba más que equivocado, dejé la cesta en la mesa redonda que había a mi lado para tener las manos libres- pero ni tú eres el lobo feroz ni yo soy caperucita, por eso de que me falta la capa roja así que... ¿por qué me has guiado hasta aquí, lobo? Si es para comerme mejor te digo, desde ya, que has elegido muy mal el menú del día –si tenía que defenderme iba a hacerlo, por eso me había enseñado padre para momentos como este, quizás él pensara que era débil y delicada como una flor que si la tocabas podría romperse... pero todos se equivocaban, por mis venas también corría sangre norteña y las llamas del fuego de egipcio.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Kriger el Lun Oct 16, 2017 12:56 pm

Enarqué una ceja incrédulo cuando me preguntó si yo era el lobo feroz con cierto tono socarraron, vale que no es que me esperara que se desmayara del susto, pero no se, una cara de pánico, un grito, por Odin, una reacción mayor que la de poner la puta cesta delante de ella como si pensara sacar un bizcocho y compartirlo.
-Veo que no lo entiendes -dije ladeando la sonrisa -soy el lobo feroz y no tengo versión ninguna que contar, soy el malo del cuento y tu la pobre niña que grita pidiendo ayuda al leñador -dije con tono altivo.

Bufé y maldije cuando la vi pasar de mi por completo como si no le diera ningún miedo ¿que parte no entendía esa mujer?
-Vamos a ver, voy a explicártelo despacito porque creo que no entiendes lo que ha pasado -dije riéndome mientras trataba de sacarle algo de humor a esto porque empezaba a frustrarme.
Yo era un puto guerrero y solía dar miedo, no risa.
-Te acabo de secuestrar, eres mi prisionera y mas te vale comportarte.

Me acerqué a ella desafiante, quizás en la cercanía entendiera que no tenia escapatoria por muchos trucos que su padre le hubiera enseñado para salir de esta.
De un empujón la empujé hacia el lecho, peor esta me hizo frente y se revolvió, lo que termino forzándome a apresarla inmovilizando su espalda contra mi pecho, mi hombría desnuda en la parte baja de su espalda mientras uno de mis brazos rodeaba su cuello y mi otra mano aferraba sus muñecas dejándola completamente expuesta a mi dominio.
-Te lo voy a explicar por ultima vez mujer, me acabo de convertir en tu dios, mi consejo es que guardes silencio, te sientes en el mullido lecho y descanses, mañana con las primeras luces del alba partiremos hacia tu nuevo hogar, el castillo de Randulf.

La vi fruncir el ceño.
-Muy bien caperucita, veo que no te a costado entenderlo, ahora perteneces al rey, así que mas vale que aprendas a doblegarte o lo hará él a fuerza de látigo.
La empujé contra el lecho para que se quedara sentadita, iba a levantarse pero apunté con mi dedo en señal inquisitiva.
-No me obligues a demostrarte cuan malo es el lobo feroz, eres lo suficientemente bonita como para que pueda apetecerme adentrarme entre tus piernas y dudo que a Randulf le importe demasiado que llegues allí entera.

Me di la vuelta para ponerme una camisola y unos pantalones cómodos bajo su atenta mirada.
Sus ojos azules eran mares plagados de marea, podía ver como la tempestad se cernía en ellos, como estaba dispuesta a luchar hasta su ultimo aliento, a fin de cuentas era un Cannif.
Eché un par de leños a la chimenea para que mantuviera el calor, me había pedido que la llevara en perfecto estado, claro que eso la doncella lo desconocia y yo no pensaba confesarlo.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Nailah Zahir Ayer a las 2:52 pm

Podía notar que mis palabras y la forma en la que había actuado le había descolocado bastante, que sin duda alguna no se esperaba esa reacción por mi parte pero si esperaba que gritara, que pidiera auxilio o que suplicara por mi vida estaba más equivocado. Había crecido en el seno de una familia donde lo sobrenatural estaba a la orden del día y donde, además, el acero era como el pan nuestro de cada día y era algo con lo que había crecido durante toda mi vida al igual que mis hermanos y que mis primos. Sabía defenderme, quizás no portara arma alguna en la cesta o en el cinto, pero sabía librarme de un agresor sin necesidad de un arma y esperaba que mi visita al norte no estuviera plagada de lucha... pero al parecer era algo imposible estando en guerra como estábamos. Podía luchar contra él, sabía sin necesidad de preguntar lo que él era y lo que ello implicaba; más agilidad, más fuerza, más rapidez... podría conmigo sin necesidad demasiado de hacer nada y no le costaría doblegarme, o eso es lo que él pensaría seguramente. Parecía débil, como una flor delicada, que podía romperse si me tocabas demasiado pero por Ra, era una Cannif y una Zahir, y aunque el último apellido no significara una familia de guerreros como era el apellido Cannif el fuego que corría por la sangre de mi madre y que yo había heredado era más que suficiente. El lobo me miraba de manera fija esperando una reacción por mi parte y por un momento pude ver que hasta le había molestado mi reacción, enarqué una ceja por sus palabras porque de verdad se pensaba que saldría corriendo huyendo despavorida de él y estaba de lo más equivocado, mi risa resonando en aquella cabaña era el ejemplo más claro de eso.

Ladeé la cabeza sin dejar de mirarle y totalmente despreocupado como si aquel fuera un encuentro premeditado y ya nos conociéramos de hacía tiempo dejé la cesta sobre la mesa para mirarlo de nuevo con mis ojos azules, contemplé sus esmeraldas que brillaban casi que podría decir con cierta furia porque no se esperaba esa reacción por mi parte y yo sonreía por ello. De hecho empezó a bufar y a maldecir por lo bajo a lo que yo me crucé de brazos cuando me dijo que no lo entendía, que no entendía lo que había pasado. Pero oh, claro que lo entendía; otra cosa es que le diera la satisfacción de hacérselo saber o en su defecto que se pensara que le tenía miedo, no conocía esa palabra en mi vocabulario, ni en francés, ni en árabe ni en mucho menos en nórdico. Su risa sonó en la cabaña más por frustración que por otra cosa ante mi actitud y finalmente acabó por decirme que me había secuestrado, que era su prisionera y que me comportara... por Ra y Odín, ¿qué esperaba que me pusiera de rodillas, juntara mis manos y rogara por mi vida para que me dejara ir? ¡Já! Yo no suplicaba, yo no rogaba a nadie y mucho menos a quien se atrevía con viles trucos a conducirme por un camino para tenerme de rehén secuestrada. Me mordí el labio cruzando mis brazos bajo mi pecho y enarqué una ceja mirándolo ante sus palabras.



-Así que, ¿esperas que grite y que pida ayuda por mi vida como si fuera caperucita? Creo que te has equivocado de personaje conmigo –alegué observándolo de manera fija- ¿qué me comporte? Si claro, ahora mismo me pongo de rodillas frente a ti y te suplico, oh gran lobo feroz, porque me dejes salir con vida de esto... patético –exclamé antes de que terminara por acortar la distancia hasta quedar frente a mí dándome un empujón para que fuera hacia la cama, lo fulminé con la mirada y me revolví apartándole el brazo de un manotazo para que me soltara, pero no contento con eso me volteó con rapidez y pegó su pecho a mi espalda, un brazo rodeó mi cuello para que no me moviera y con su otra mano cogió mis muñecas para que no pudiera hacer nada, claro que eso no quitaba para que yo me estuviera quieta y no luchara por soltarme- ¡quita tus sucias zarpas de encima, hard ulv (lobo feroz)! –Su cuerpo no se separó del mío, podía sentir su miembro contra mis nalgas al estar él completamente desnudo y ladeé mi cabeza para mirarlo sin hacerle ver que le tenía miedo- desnudo pierdes muchos puntos, lobo, así no me impones respeto alguno y no siento que seas fiero... quizás puedas alegrarme la vista, pero nada más –él apretó con fuerza su agarre por mis palabras y me dejó claro que se había convertido en mi dios a lo que yo comencé a reírme divertida por ello, resultando de lo más gracioso- ¿en mí dios? Por Ra, no me hagas reír –reí entre dientes ladeando mi rostro para mirar sus esmeraldas- ya tengo dos dioses y tengo el cupo más que lleno con ellos, pero sí quieres puedes convertirte en el dios de los lobos feroces desnudes, ahí apostaría todo lo que tengo por ti –sabía que mis palabras no iban a gustarle pero lo hacía precisamente con esa intención, totalmente. Lo que no esperé es que me dijera que Randulf me quería, ¿a mí? ¿Qué podría querer él de alguien como yo? Me revolví cuando supe que se trataba de un aliado de nuestro enemigo pero fue entonces que me dijo que pertenecía al rey a lo que me revolví con fuerza, me aconsejó que si no aprendía a doblegarme lo haría él a base del látigo y me empujó contra el lecho donde caí, aparté mi pelo para mirarlo con rabia y con odio y cuando me fui a levantarme me señaló con el dedo para que no lo hiciera asegurándome que era lo suficiente “bonita” como para querer colarse entre mis piernas, le gruñí por sus palabras- atrévete a tocarme y sabrás lo que es que una mujer te haga morder el suelo –le dije mientras él se alejaba para ponerse algo de ropa sin quitar mis azules de él- así que trabajas para ese hijo de puta –espeté y chasqueé la lengua- supongo que tus cicatrices de la espalda es la forma que tuvo de doblegarte ¿no? –Reí entre dientes mientras ahora encendía la chimenea dándome la espalda- ¿puedo comer de lo que hay en la cesta, o me vas a doblegar a base de latigazos por ello? –Inquirí mirándole ahora que había ladeado su rostro en mi dirección y cuando me hizo una seña para que me acercara a comer algo de la cesta, mientras él seguía encendiendo la chimenea que saqué un trozo de queso y di un bocado para viera que estaba comiendo, en cuanto se descuidó de forma rápida salté sobre él sobre su espalda, cuchillo en mano, y se lo clavé en el hombro con fuerza, le hice una llave como me había enseñado mi padre para dejarle inconsciente y no me giré para ver si había funcionado o no, me dirigí hacia la puerta y la abrí para comenzar a correr alejándome de aquella cabaña, rompí el vestido de un tirón haciendo una raja por un lado para darme mayor movimiento y comencé a alejarme con rapidez y brío poniendo toda la distancia que me era posible, antes muerta que ayudar a Randulf, a ese hijo de puta que tenía una guerra personal contra mi familia y que quería verla muerta, antes preferiría acabar con mi vida que ayudarle en algo a ese maldito desgraciado.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Kriger Hoy a las 4:18 am

Acuclillado frente a la lumbre escuché su sarta de gilipolleces, esa mujer tenia un problema, uno que sin duda iban a enmendar en Bergenhus, la fortaleza de Randulf.
Desconocía para que la quería exactamente, pero conociéndolo, su destino seria trágico. Apreté los dientes cuando escuché si me habían quebrado a base de latigazos, al parecer había visto las indiscutibles marcas en mi espalda.

No me giré, continué azuzando el fuego hasta que mis agudos sentidos notaron como la cama crujía y la veía alzarse, me señaló la cesta, al parecer tenia hambre así que asentí para que se acercara a comer algo y devolví mis ojos a la lumbre en silencio al verla comer un trozo de queso.
No me lo esperaba, de un saltó se abalanzó sobre mi hundiendo en mi hombro el cuchillo que al parecer había traído consigo, aullé de dolor cayendo sobre el suelo de madera.
Su intento de dejarme inconsciente no funciono, pero sí le dio tiempo de salir corriendo a toda velocidad perdiéndose entre la maleza del bosque.
Tras ella, sangrando en abundancia tras quitarme de cuajo el afilado acero, fui corriendo. Podía escuchar sus pasos sobre la mullida hierba, sus jadeos perdidos entre los arboles, cada vez acortaba mas la distancia hasta que mis ojos volvieron a centrarse en su estela.
Depredador y presa, me abalancé sobre ella gruñendo, mis ojos ámbar se perdieron en esos mares desafiantes y de un guantazo la hice guardar silencio mientras se revolvía bajo mi cuerpo.

Gruñí contra su rostro, mientras las gotas carmesí caían sobre su corseé y mis manso alzaban la falda de la dama entre roncos gruñidos, era exactamente la bestia que mi padre había creado.
La escuché, negar cuando mis dedos se perdieron en sus muslos y mis manso abrieron sus piernas sin ningún tipo de miramiento.
Fuera de mi y con mis ojos observando el miedo esta vez pintado en su rostro acerqué mi hombría aun cubierta, engrosada y endurecida contra su centro presionándolo con fuerza.

Gruñí de nuevo, rugiendo contra su boca, el aliento de ambos caliente me devoraba.
Pude violarla, era la lección que merecía, que me la follara hasta que sus piernas temblaran, no había mayor humillación para una mujer que esa y bien lo sabia la zorra de mi madre.
Me aparte entre rugidos negando mientras la coja por el brazo y la alzaba del pasto.
-Si vuelves a joderme, no llegaras entera a Bergershus -la amenacé tirando de ella de nuevo rumbo a la cabaña.

La solté allí dentro empujándola contra el lecho para que se sentara, y tiré la puta cesta al fuego lleno de rabia.
Puse a buen recaudo el cuchillo con el que me había apuñalado la muy zorra y la miré plagado de ira.
Me dejé caer en la mesa cortando un trozo de mi camisa que anudé como pude para cortar la hemorragia, mi condición de cambiante acabaría por cerrar la herida, peor no tenia nada para suturarla, así que perdería mucha sangre hasta que eso ocurriera.
-Ni te muevas le advertí


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

Mensaje por Nailah Zahir Hoy a las 12:58 pm

Mi única opción para poder alejarme de allí había sido esa, era lo único que había tenido más a mano para poder escaparme y tener algo de ventaja sobre él con la intención de escaparme, sabía que no iba a ser tan fácil que si ese hombre trabajaba para Randulf sería muy difícil que pudiera escapar a la primera cambio por mucho que le hubiera clavado aquel cuchillo en su hombro y por mucho que hubiera intentado dejarle inconsciente, dudaba haberlo conseguido por el simple hecho de que era mucho más corpulento y tenía más constitución que yo así que dudaba que estuviera inconsciente, lo que me daban unos escasos veinte segundos de ventaja hasta que él se pusiera en marcha y fuera tras mis pasos. No había que ser demasiado inteligente para saber que vendría a por mí y que no estaría nada contento, le había clavado el cuchillo en su hombro y aunque había sido algo que él no se esperaba eso ni de lejos le haría daño después de ver cómo tenía la espalda marcada por cicatrices de lo que Randulf le hubiera doblegado como él decía, no me había confirmado que había sido así pero sabiendo como era ese hijo de puta lo más probable es que hubiera sido así sin duda alguna. Atravesaba las zarzas con rapidez ahora que el vestido lo había roto por un costado con una raja para tener mayor movilidad, pero mi velocidad no sería ni mucho menos la velocidad que tendría él y aunque querría poder alejarme lo suficiente sabía que no daría resultado. Mi pelo se enganchaba en las zarzas, volvía a arañarme los brazos, la cara, las piernas... pero no me importa, mi única meta era poder salir de aquel lugar y alejarme, estaba lejos del lago y haría falta un milagro para que lo alcanzara sin que él me pillara primero, no era estúpida pero nadie podía culparme por intentarlo.

Solo cuando llegué de nuevo a ese campo de amapolas rojas fue que el lobo feroz se tiró sobre mi cuerpo aplacándome, juntos caímos al suelo y aunque intenté levantarme y seguir corriendo me sujetó bajo su cuerpo con fuerza, se atrevió cruzarme la cara de un guantazo y mis ojos plagados de ira se centraron en los suyos, unos azules más oscuros por la ira y la furia que me recorría. Quería doblegarme y eso estaba más que claro en ese momento, quería hacerme ver que él mandaba, que él tenía el control y yo solo obedecía calladita pero por Ra y Odín que jamás pensaba doblegarme de esa maldita manera, menos contra el enemigo. Me revolví bajo su cuerpo arañándolo, dándole puñetazos y patadas para que me soltara. Su rostro estaba pegado al mío y podía ver que estaba cabreado en exceso, el cuchillo le había hecho una buena herida por la que sangraba en exceso y esas gotas caían de su hombro resbalando hasta dar contra mi corsé, me gruñó mientras sus manos levantaban mi falda y yo me revolvía de nuevo, metí mis dedos en la herida abierta que tenía haciendo que gruñera del dolor y le di una patada con fuerza en el pecho, pero no lo suficiente para que parara porque sabía cuáles eran sus intenciones mientras me subía la falda. Aquello no le gustó en absoluto y con rudeza sus manos ascendieron por mi muslo hasta separarme las piernas con violencia mientras yo negaba e intentaba juntarlas de nuevo dándole manotazos sin parar, gritándole y arañándole.


-¡Suéltame! ¡Ni se te ocurra tocarme! –Le di un puñetazo en su rostro que solo le hizo sonreír de lado, altivo, como si no le hubiera dolido y pegó su miembro duro y excitado contra el centro de mi cuerpo, luché con uñas y dientes contra él mientras sentía la presión de su miembro en mi centro, su rostro cerca del mío sintiendo su aliento entrecortad contra mis labios, sus ojos en los míos y tras un último gruñido se alejó y me elevó por el brazo con rudeza, una advertencia de que la próxima vez no dudaría en tomarme antes de llegar al castillo de Randulf. Le escupí cuando me dijo aquello sin perder ese carácter que tenía y no dejé de revolverme y de luchar a cada paso que daba, pero su agarre era firme y me llevó a la cabaña de nuevo tirándome a la cama, nada más soltarme lanzó la cesta al fuego y le miré con el ceño fruncido, al menos había sacado las botellas que mi abuela había metido- estás cometiendo el mayor y jodido erro de tu vida, lobo feroz –le dije mientras dejaba el cuchillo fuera de mi alcance y me miraba con rabia- ¿crees que tardarán en darse cuenta de que no he llegado al lago con mis primas, que no me buscarán? ¿Sabes acaso quién es mi familia? –Lo miré con rabia cómo se sentaba en la mesa y se cortaba un trozo de su tela para parar la hemorragia que tenía, podría ayudarle pero preferí que se desangrara- en cuanto mi abuelo se entere, y de contigo, voy a disfrutar cómo te destroza y te corta en trocitos –sonreí de forma ladina, Erlend era un conocido rastreador y no tardaría en dar con mi rastro y encontrarme- si eres listo y quieres seguir con vida te aconsejaría que me soltaras –le miré cuando sus ojos se fijaron en los míos- o Erlend vendrá a por ti y se acabará tú existencia –me miró de forma fija y chasqueé la lengua- debería de habértelo clavado en el cuello –me gruñó por mis palabras y sin importarme lo que me dijera me levanté para coger la botella de alcohol que llevaba en la cesa y abrirla, corté un trozo de tela y lo mojé con el alcohol para desinfectar las heridas que tenía hechas por las zarzas en el rostro, en los brazos y las piernas, al terminar le di un buen trago porque solo era cuestión de esperar a que me buscaran y todo se acabaría antes siquiera de que empezara, mientras tendría que matar el tiempo de alguna forma además de bebiendo- he podido contar perfectamente treinta cicatrices en tu espalda por el látigo –su mirada se fijó en mis azules y no di mayor explicación, tenía una memoria eidética eso significaba que recordaba como si estuviera viendo su espalda desnuda en ese momento esa imagen, no fue difícil contar las marcas que tenía en la espalda- ¿así te doblegó Randulf y te convirtió en el lobo feroz? –Reí entre dientes- al final pensaré que sí eres un lobo feroz, pero este no se pudo comer a caperucita –sonreí de lado- mira que soy amante de los animales, pero a ti sin embargo te despellejaría vivo –trabajaba para ese hijo de puta y volví a dar otro sorbo de nuevo a la botella mientras notaba que picaban las heridas de las zarzas- ¿crees de verdad que llegaremos a Bergershus? Eres más estúpido de lo que yo creía, jamás me entregarás a Randulf porque no llegarás a hacerlo –me moví quedando al borde de la cama para mirarlo volviendo a beber de nuevo- ¿qué te ha prometido para que hagas esto? Luchas en el bando equivocado lobo, pero siempre estás a tiempo de redimirte, de ir por el buen camino.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado

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