Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

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Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Oct 13, 2017 1:39 pm

Por fin había llegado el día en el que partía una pequeña temporada al norte yo sola, no debía de ser algo descabellado ya que era de allí y tenía allí parte de mis raíces y de mis orígenes, además siempre contaba con mis abuelos por si algo me pasaba y ese portal que me llevaría de vuelta a París si la situación se ponía más peliaguda en el norte conforme estaba la guerra, aunque sabía defenderme porque mi padre se había encargado bien de ello esperaba, realmente, no tener que poner en práctica lo que sabía y lo que me había enseñado papá porque yo no era así, yo no era como Tarik o como Eirin, mis hermanos mayores que habían nacido al igual que como padre para la guerra, por sus venas corría el acero y la batalla mientras que yo era más afín a mi madre y conforme era ella, había sacado su misma curiosidad, sus ganas de aprender y de estudiar, esa pasión por la cultura, la mitología... la de ambas que corrían por mis venas, sabía casi todo lo que podía saberse sobre ambas para orgullo de mis padres porque las tenía como mías, sí era un poco extraño tener dos costumbres y dos culturas diferentes como una sola, pero para mí era imposible decantarme por una en concreto porque ambas formaban parte de mí, parte de lo que yo era y no quería dejar a una de lado porque ambas me gustaban y me apasionaban. Eran tan diferentes pero tan parecidas al mismo tiempo que pensaba que encajaban perfectamente. Mi decisión de seguir por el camino de mi madre lo había tomado desde que con nueve años mi padre, al igual que hizo con mis hermanos, me pidió que tomara un camino. Quizás para otras culturas aquello fuera algo demasiado fuerte para un niño, pero para nosotros era algo normal que veíamos con naturalidad porque así éramos nosotros y así lo llevábamos en la sangre. Aun recordaba la mueca que puso y el mohín que hizo cuando tomé la decisión, una que él respetó y aceptó aunque en el fondo sabía que le habría alegrado más seguir el mismo camino que mis hermanos, el camino del guerrero.

Quizás no le sorprendió tanto viendo como era desde bien pequeña, pidiéndole a mi madre que me llevara con ella al museo, que me contara cosas, que me enseñara a poder leer los jeroglíficos y las runas... siempre ávida de aprender, ávida de más conocimientos. Me había dado cuenta desde pequeña que las cosas conforme las veía se me quedaban grabadas en la memoria, mamá decía que era como un “don” que podía utilizarlo a lo largo de mi vida y que sería ventajoso si sabía cómo aprender de ello. Cuando papá me entrenaba ponía empeño e interés pero no sentía que era lo que yo quería hacer, quizás por eso no le sorprendió tanto mi decisión aunque sí que quiso que supiera defenderme y a eso no me negué, lo hice porque sabía que para él era importante y quería lo mejor para mí. Siempre había tenido predilección por mi padre, era algo que no podía evitar desde que era bien pequeña, con mi madre tenía más cosas en común pero por mi padre lo que tenía con él era algo diferente o al menos lo sentía así. Incluso un par de veces me había preguntado si tenía novio o estaba con algún chico, para su alegría le decía que no –que era verdad- y me hacía gracia ver la cara que ponía cuando me lo preguntaba, para nosotros el sexo era algo normal y natural y aunque jamás me preguntó por ello –gracias a Ra y a Odín- sabía que al ser la pequeña en ese sentido se sentía algo más “protector” conmigo. Ahora los tenía a los dos delante de mí observándome, siempre me había gustado conforme crecía ver cómo se amaban y parecía que esa llama jamás se apagaba, superaban todos los obstáculos juntos y si alguna vez encontraba a esa persona, como ellos se habían encontrado, esperaba que fuera algo como lo que ellos habían tenido. Mi madre me miraba de forma fija y se mordía el labio, sabía que estaba preocupada porque era la primera vez que viajaba yo sola a un norte en guerra, y no podía culparla en parte.



-Tranquila mamá, estaré en casa con los abuelos y no me pasará nada –quise tranquilizarla y mi padre rodeaba su cintura dejando su barbilla apoyada en su hombro dándole ánimos, me acerqué a él para despedirme y darle un abrazo dejando un beso en su mejilla, mis ojos azules miraron los suyos y sin decirnos nada nos lo dijimos todo, luego pasé a abrazar a mi madre quien me pegó a su cuerpo y me mecía como cuando era pequeña, me besó un par de veces repartiéndolos por mi rostro y finalmente me separé, yo de los tres hijos era la más cariñosa de todos sin duda. De Tarik y de Eirin ya me había despedido antes y los miré con una sonrisa- nos vemos en unas semanas, ¡disfrutad de que estáis solos! –Dije divertida para la risa de mi padre y un regaño de mi madre que evitaba también reírse y con esa última visión de ellos crucé aquel portal, como tantas otras veces había cruzado, salvo que ahora lo hacía sola. Al llegar mis abuelos ya me estaban esperando y corrí para abrazarlos dándoles una sorpresa mientras me preguntaban por mis padres y cómo estaban, su historia era una que también me gustaba escucharla y a veces le pedía a Adaline que me la contara, mi abuelo era algo más parco con las palabras pero lo quería igual. Pasamos la noche poniéndonos al día y contándome historias suyas, batallas que había hecho mi abuelo mientras yo escuchaba con atención como si fuera una niña pequeña entusiasmada con la idea, cada vez que estaba en el norte o estaba en Egipto sentía que de verdad estaba en casa, París para mí era una ciudad de paso pero entendía que allí tenía mi madre su trabajo y yo empezaba también poco a poco con mi trabajo. Los días fueron pasando mientras me centraba en el motivo del por qué había ido allí, a parte porque necesitaba ese tiempo y nada mejor que como en casa para sentirme así de bien, porque quería estudiar ciertas cosas y nada mejor que el propio lugar de origen para estudiarlas. Lo que no sabía era lo diferente que iba a ser mi viaje en aquellas en tierras.


Última edición por Nailah Zahir el Miér Dic 06, 2017 9:26 am, editado 1 vez


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Dom Oct 15, 2017 6:02 am

Mi misión estaba marcada, la presa era una doncella hija del general Ubbe Cannif, la idea era sencilla, no existiría nada que ese hombre no hiciera por sus hijos, la debilidad del enemigo siempre fue ostentar sentimientos, unos que te hacen débil, que te parten en dos los planes.
Mi padre fue inteligente al mandarme por esa doncella y no a por sus dos mayores que aunque pasaban mas tiempo solos en el norte, eran guerreros mucho mas experimentados.
Al parecer la pequeña era mas como su madre, una doncella de ciencias, una humana demasiado interesada por las letras..el acero no formaba parte de su vida, lo que para mi atraparla suponia un juego de niños.

La observé durante días, siempre acompañada de su abuela que parecía custodiar todos y cada uno de sus movimientos. Atacar en esos momentos era arriesgado pues Adaline era una inmortal y aunque no era precisamente diestra en el manejo de las armas dudaba no se opusiera a que me llevara a su nieta, lo que alertaría a Erlend, ese si era una bestia no solo con el acero si no en general, así que preferí esperar el momento adecuado, uno que no tardó en llegar.

La joven aquella mañana había decidido salir sin su abuela, había quedado con sus primas en el lago, así que su abuelita le preparó una cestita para que pudieran disfrutar de un picnik en familia.
Para llegar al idílico paisaje que buscaba tenia que atravesar un bosque no demasiado profundo, pero si lo suficiente como para encontrarme, yo me encargaría de alejarla de la senda marcada.

Trasformado en lobo rojo, me deslicé entre el follaje del hermoso bosque de hojas ámbar, podía oler su fragancia, aquel perfume ligeramente afrutado mezclado con el fuego de los maderos.
Salí al paso dándole tal susto que cayó de culo contra el suelo y la cesta junto a ella quedó sobre el pasto.
Sus ojos azules se hundieron en mis lobunos ámbar que ahora la repasaban despacio, evaluando a mi presa.

Podía sentir esa curiosidad que le despertaba, no me moví, permanecí quieto mientras la doncella lentamente se alzaba pidiéndome que no me asustara y extendiendo su mano para acariciar con cierto temor mi pelaje.
Fue entonces cuando reculé, aunque no lo suficiente como para que me perdiera de vista.
Yo iba adentrándome en el bosque, manteniendo la distancia adecuada con la dama, mientras ella me seguía dispuesta a descubrir que se encerraba tras aquella mirada ámbar.

Cruzamos un claro de amapolas rojas como el fuego, ella corría tras de mi para darme caza mientras yo la esquivaba no permitiendola que me tocara, era un juego que al parecer a ella le divertía pues reía curiosa pidiéndome que me detuviera mientras yo quebraba cada uno de sus intentos con rápidos movimientos.

Finalmente el claro se trasformó en espesura, zarzas y zonas de complicado acceso, la dama era terca, no ceso en su empeño aunque se paraba enganchando su falda haciéndola jirones mientras yo esperaba observándola.
Se estaba haciendo daño y aun así avanzaba, creo que fui consciente en ese momento de la testarudez de los Cannif.

Frente a nosotros una cabaña, su chimenea humeaba, la puerta estaba entreabierta y me colé por ella, tras de mi la dama.
Nada mas entró no fue con el lobo rojo con quien se encontró si no con un hombre que cerró la puerta a sus espaldas.
-Buenas noches caperucita ¿no te han dicho que no hay que seguir al lobo feroz?
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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Lun Oct 16, 2017 9:58 am

Ya habían pasado unos días desde que había llegado al norte, los primeros días me los tomé totalmente para disfrutar de aquel lugar y dejarme envolver por esas raíces que también formaban parte de mí, el investigar podría esperar un par de días mientras volvía a reencontrarme con viejas amigas, mientras me quedaba cerca de mis abuelos para que no me pasara nada, pasaría allí un par de semanas y podía darme el lujo de tener un par de días solo para mí, necesitaba ese tiempo no por nada en concreto sino porque siempre París para mí fue un lugar de paso, me acostumbré a que era uno de los lugares donde vivir pero no lo sentía como mío, sin embargo el Norte o Egipto sí y me sentía cómoda y a gusto cuando estaba en uno de esos lugares. Esos días los pasé más también con Erlend y Ada, no me quitaban un ojo de encima sobre todo mi abuela que por la noche me acompañaba allá a donde iba, quizás lo hacían porque no había elegido el camino del guerrero como lo había hecho Tarik y Eirin, pero sabía defenderme porque mi padre me había enseñado y no era una mujer débil que se podía romper con solo mirarme, era mucho más fuerte y con una voluntad de hierro de lo que ellos creían. Sin embargo no les puse pegas a ninguno porque me vigilaran de esa forma, supuse que mi madre también habría tenido algo que ver y ser la pequeña de la familia era lo que tenía. Ese día había decidido quedar en el lago junto a mis primas para pasar la mañana con ella, ayudé a mi abuela para llegar algo con lo que tomar mientras estábamos en el lago dejando una cesta preparada, ella no podría acompañarme aunque quisiera porque el sol acabaría con ella así que tras pedirme que llevara cuidado de camino al lago dejó un beso en mi mejilla y se despidió mientras yo le sonreía tranquila, me conocía esas tierras y sabía que nada me pasaría, sabía defenderme y eso me daba cierta tranquilidad.

Para llegar al lago debía de cruzar por un bosque, no era demasiado grande pero era la mejor forma para llegar antes al lago sin tener que dar un rodeo, iba por este cruzándolo sumida en mis propios pensamientos con la cesta entre mis manos pensando en cómo estarían y lo que tendrían que contarme, en el norte no había un día que no estuviera lleno de aventuras y seguramente tendrían que contarme cosas sobre sus guerras y sus batallas, mi vida era más calmada que la suya pero no por ella más aburrida, también seguía haciendo alguna que otra trastada junto a mis hermanos aunque sin duda alguna yo era la más calmada de los tres. Sumida en mis pensamientos no me di cuenta de que no estaba sola, bueno decir que estaba sola en mitad de un bosque era una gran mentira puesto que había muchos animales, pero no me percaté de que había uno más cerca de lo que yo me esperaba. De la nada y sin previo aviso salió de repente un lobo de pelaje negro como la misma noche apareció frente a mí, me dio tal susto que reculé y caí sentándome de bruces contra el suelo, la cesta cayó a mi lado y cuando levanté la mirada me encontré con unos ojos ámbar que me miraban de forma fija, chocando con mis azules. Había algo en ese animal, algo en sus ojos y en la forma de mirarme que me pareció de lo más extraño y de lo más curioso... no supe qué era pero me quedé mirándolo sin poder apartar mis azules de ese majestuoso animal que me miraba de forma fija.

Me levanté despacio para no asustarlo aunque yo corría mucho más peligro que él y podría destrozarme si quisiera sin que yo pudiera hacer nada, el lobo no se movió de donde estaba siguiendo su mirada fija en la mía. Era un animal salvaje pero muy bello, en ningún momento mostró una actitud amenazante ni me mostró los colmillos quizás porque veía que no era lo más peligroso que pudiera encontrarse. Me quedé de pie a tan solo unos pocos pasos del lobo y, mirándolo, me agaché de forma lenta casi quedando a su altura para que no se sintiera amenazado ni intimidado por mi estatura, de forma lenta extendí mi mano hacia su pelaje hablándole en voz baja y tranquila pidiéndole que no se moviera y que se quedara quieto, a ver si me dejaba tocarlo. Solo a mí se me ocurriría querer tocar su pelaje en vez de alejarme corriendo, el lobo reculó antes de que mis dedos rozaran su piel y se apartó un poco pero no de forma que lo perdiera de vista, y comenzó a andar alejándose de donde estaba. Cogí la cesta de nuevo y aunque pensé en seguir camino... algo en su mirada de llamó la atención, siendo tan curiosa como era mi madre no dudé en seguir al lobo que a paso tranquilo seguía su viaje. Mantenía una cierta distancia conmigo pero no salía corriendo y eso fue lo que también me dio curiosidad, si quisiera perderme de vista no le costaría demasiado pero, de vez en cuando, miraba por si le seguía o no. Llegamos hasta un campo de amapolas en donde se paró hasta que casi llegué a su altura y pude tocarlo pero de nuevo me esquivó, empecé a correr divertida tras él sin pensar que era un lobo y que podía destrozarme pero no se le veía actitud amenazante hacía mí.


-¡Ven aquí, lobito! –Le dije cuando hizo un quiebro para que no lo tocara y me mordí el labio apartando unos mechones de mi pelo observando al lobo, me dejaba acercarme pero no me dejaba tocarlo con esos ojos ámbar fijos en los míos- ¿qué es lo que quieres, eh? –Dije sonriendo mientras lo intentaba volver a pillar y él me esquivaba de nuevo- eres un lobo muy juguetón –sí, solo a mí se me ocurría hablarle a un lobo y tratarlo como si estuviera jugando con un perro. Atravesamos el campo de amapolas y llegamos a una zona de más espesura y de difícil travesía al menos para mí, habían zarzas que se enganchaban en mi vestido no dejando que continuara, me rozaban los brazos y el rostro dejando pequeños arañazos sin importancia y constantemente tenía que pararme para desenganchar los pinchos de las zarzas del vestido, intrigada y con la curiosidad bulléndome por dentro por saber hacia dónde me llevaba el lobo porque, si de algo estaba segura, es que me guiaba hacia un lugar en concreto. Atravesado aquel campo de zarzas llegamos hasta una pequeña cabaña en mitad del bosque, la puerta entornada y humo saliendo de la chimenea, el lobo fue el primero que entró en la casa  y yo con esa curiosidad innata que tenía lo seguí adentrándome en la cabaña buscando al lobo, con el vestido echo jirones, arañazos en brazos, piernas y rostros. Mis ojos azules buscaron al lobo pero allí no había nadie, en vez de encontrármelo fue una voz, grave y ronca, la que escuché a mi espalda seguido del sonido de la puerta al cerrarse. Cuando me giré para ver de quién se trataba me encontré con la imagen de aquel hombre, algo más alto que yo, unos ojos verdosos que estaban fijos en los míos, el pelo hacia atrás, alto, fibroso y con pintas de ser un guerrero... y desnudo. Mis ojos lo recorrieron por completo de arriba abajo no dejándome lugar que mis ojos no observaron para de nuevo subir a su rostro: facciones marcadas, barba de un par de días como máximo, labios con una sonrisa socarrona curvada en ellos, una mano en la puerta tras cerrarla impidiéndome salida alguna. No tuve que atar muchos cabos, en cuanto nuestras miradas conectaron, para saber que él era ese lobo al que había estado siguiendo desde el bosque, tenía algo en su mirada que no supe descifrar pero que sabía que lograría hacerlo pronto. Sonreí de lado tras sus palabras cogiendo el asa de la cesta entre mis manos poniéndola delante de mi cuerpo de forma despreocupada- Y... ¿se supone que, ese lobo feroz, eres tú? –Sonreí de nuevo y volví a repasarlo con la mirada teniéndolo desnudo frente a mí para subir a su rostro y morderme el labio- no pareces tan fiero como dices ser, y si cada vez que siguiera a un lobo me encontrara con alguien como tú... merecería la pena –aparté mi pelo a un lado sin quitar mis azules de sus turquesas en esa combinación entre azul y verde y sonreí de lado- bueno, soy una mujer bastante curiosa y eso es lo que me ha traído hasta aquí... pero también me han dicho que siempre debo escuchar las dos partes de una misma historia y por lo que tengo entendido, según se dice, el lobo es el malo que se la quiere comer... sin embargo yo no veo que vayas a comerme o ya lo habrías hecho, por eso he seguido al lobo feroz para escuchar su versión de la historia, quizás el lobo solo quería guiar a caperucita porque en el fondo sentía algo por ella –si pensaba que iba a asustarme o a tenerle miedo estaba más que equivocado, dejé la cesta en la mesa redonda que había a mi lado para tener las manos libres- pero ni tú eres el lobo feroz ni yo soy caperucita, por eso de que me falta la capa roja así que... ¿por qué me has guiado hasta aquí, lobo? Si es para comerme mejor te digo, desde ya, que has elegido muy mal el menú del día –si tenía que defenderme iba a hacerlo, por eso me había enseñado padre para momentos como este, quizás él pensara que era débil y delicada como una flor que si la tocabas podría romperse... pero todos se equivocaban, por mis venas también corría sangre norteña y las llamas del fuego de egipcio.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Lun Oct 16, 2017 12:56 pm

Enarqué una ceja incrédulo cuando me preguntó si yo era el lobo feroz con cierto tono socarraron, vale que no es que me esperara que se desmayara del susto, pero no se, una cara de pánico, un grito, por Odin, una reacción mayor que la de poner la puta cesta delante de ella como si pensara sacar un bizcocho y compartirlo.
-Veo que no lo entiendes -dije ladeando la sonrisa -soy el lobo feroz y no tengo versión ninguna que contar, soy el malo del cuento y tu la pobre niña que grita pidiendo ayuda al leñador -dije con tono altivo.

Bufé y maldije cuando la vi pasar de mi por completo como si no le diera ningún miedo ¿que parte no entendía esa mujer?
-Vamos a ver, voy a explicártelo despacito porque creo que no entiendes lo que ha pasado -dije riéndome mientras trataba de sacarle algo de humor a esto porque empezaba a frustrarme.
Yo era un puto guerrero y solía dar miedo, no risa.
-Te acabo de secuestrar, eres mi prisionera y mas te vale comportarte.

Me acerqué a ella desafiante, quizás en la cercanía entendiera que no tenia escapatoria por muchos trucos que su padre le hubiera enseñado para salir de esta.
De un empujón la empujé hacia el lecho, peor esta me hizo frente y se revolvió, lo que termino forzándome a apresarla inmovilizando su espalda contra mi pecho, mi hombría desnuda en la parte baja de su espalda mientras uno de mis brazos rodeaba su cuello y mi otra mano aferraba sus muñecas dejándola completamente expuesta a mi dominio.
-Te lo voy a explicar por ultima vez mujer, me acabo de convertir en tu dios, mi consejo es que guardes silencio, te sientes en el mullido lecho y descanses, mañana con las primeras luces del alba partiremos hacia tu nuevo hogar, el castillo de Randulf.

La vi fruncir el ceño.
-Muy bien caperucita, veo que no te a costado entenderlo, ahora perteneces al rey, así que mas vale que aprendas a doblegarte o lo hará él a fuerza de látigo.
La empujé contra el lecho para que se quedara sentadita, iba a levantarse pero apunté con mi dedo en señal inquisitiva.
-No me obligues a demostrarte cuan malo es el lobo feroz, eres lo suficientemente bonita como para que pueda apetecerme adentrarme entre tus piernas y dudo que a Randulf le importe demasiado que llegues allí entera.

Me di la vuelta para ponerme una camisola y unos pantalones cómodos bajo su atenta mirada.
Sus ojos azules eran mares plagados de marea, podía ver como la tempestad se cernía en ellos, como estaba dispuesta a luchar hasta su ultimo aliento, a fin de cuentas era un Cannif.
Eché un par de leños a la chimenea para que mantuviera el calor, me había pedido que la llevara en perfecto estado, claro que eso la doncella lo desconocia y yo no pensaba confesarlo.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Mar Oct 17, 2017 2:52 pm

Podía notar que mis palabras y la forma en la que había actuado le había descolocado bastante, que sin duda alguna no se esperaba esa reacción por mi parte pero si esperaba que gritara, que pidiera auxilio o que suplicara por mi vida estaba más equivocado. Había crecido en el seno de una familia donde lo sobrenatural estaba a la orden del día y donde, además, el acero era como el pan nuestro de cada día y era algo con lo que había crecido durante toda mi vida al igual que mis hermanos y que mis primos. Sabía defenderme, quizás no portara arma alguna en la cesta o en el cinto, pero sabía librarme de un agresor sin necesidad de un arma y esperaba que mi visita al norte no estuviera plagada de lucha... pero al parecer era algo imposible estando en guerra como estábamos. Podía luchar contra él, sabía sin necesidad de preguntar lo que él era y lo que ello implicaba; más agilidad, más fuerza, más rapidez... podría conmigo sin necesidad demasiado de hacer nada y no le costaría doblegarme, o eso es lo que él pensaría seguramente. Parecía débil, como una flor delicada, que podía romperse si me tocabas demasiado pero por Ra, era una Cannif y una Zahir, y aunque el último apellido no significara una familia de guerreros como era el apellido Cannif el fuego que corría por la sangre de mi madre y que yo había heredado era más que suficiente. El lobo me miraba de manera fija esperando una reacción por mi parte y por un momento pude ver que hasta le había molestado mi reacción, enarqué una ceja por sus palabras porque de verdad se pensaba que saldría corriendo huyendo despavorida de él y estaba de lo más equivocado, mi risa resonando en aquella cabaña era el ejemplo más claro de eso.

Ladeé la cabeza sin dejar de mirarle y totalmente despreocupado como si aquel fuera un encuentro premeditado y ya nos conociéramos de hacía tiempo dejé la cesta sobre la mesa para mirarlo de nuevo con mis ojos azules, contemplé sus esmeraldas que brillaban casi que podría decir con cierta furia porque no se esperaba esa reacción por mi parte y yo sonreía por ello. De hecho empezó a bufar y a maldecir por lo bajo a lo que yo me crucé de brazos cuando me dijo que no lo entendía, que no entendía lo que había pasado. Pero oh, claro que lo entendía; otra cosa es que le diera la satisfacción de hacérselo saber o en su defecto que se pensara que le tenía miedo, no conocía esa palabra en mi vocabulario, ni en francés, ni en árabe ni en mucho menos en nórdico. Su risa sonó en la cabaña más por frustración que por otra cosa ante mi actitud y finalmente acabó por decirme que me había secuestrado, que era su prisionera y que me comportara... por Ra y Odín, ¿qué esperaba que me pusiera de rodillas, juntara mis manos y rogara por mi vida para que me dejara ir? ¡Já! Yo no suplicaba, yo no rogaba a nadie y mucho menos a quien se atrevía con viles trucos a conducirme por un camino para tenerme de rehén secuestrada. Me mordí el labio cruzando mis brazos bajo mi pecho y enarqué una ceja mirándolo ante sus palabras.



-Así que, ¿esperas que grite y que pida ayuda por mi vida como si fuera caperucita? Creo que te has equivocado de personaje conmigo –alegué observándolo de manera fija- ¿qué me comporte? Si claro, ahora mismo me pongo de rodillas frente a ti y te suplico, oh gran lobo feroz, porque me dejes salir con vida de esto... patético –exclamé antes de que terminara por acortar la distancia hasta quedar frente a mí dándome un empujón para que fuera hacia la cama, lo fulminé con la mirada y me revolví apartándole el brazo de un manotazo para que me soltara, pero no contento con eso me volteó con rapidez y pegó su pecho a mi espalda, un brazo rodeó mi cuello para que no me moviera y con su otra mano cogió mis muñecas para que no pudiera hacer nada, claro que eso no quitaba para que yo me estuviera quieta y no luchara por soltarme- ¡quita tus sucias zarpas de encima, hard ulv (lobo feroz)! –Su cuerpo no se separó del mío, podía sentir su miembro contra mis nalgas al estar él completamente desnudo y ladeé mi cabeza para mirarlo sin hacerle ver que le tenía miedo- desnudo pierdes muchos puntos, lobo, así no me impones respeto alguno y no siento que seas fiero... quizás puedas alegrarme la vista, pero nada más –él apretó con fuerza su agarre por mis palabras y me dejó claro que se había convertido en mi dios a lo que yo comencé a reírme divertida por ello, resultando de lo más gracioso- ¿en mí dios? Por Ra, no me hagas reír –reí entre dientes ladeando mi rostro para mirar sus esmeraldas- ya tengo dos dioses y tengo el cupo más que lleno con ellos, pero sí quieres puedes convertirte en el dios de los lobos feroces desnudes, ahí apostaría todo lo que tengo por ti –sabía que mis palabras no iban a gustarle pero lo hacía precisamente con esa intención, totalmente. Lo que no esperé es que me dijera que Randulf me quería, ¿a mí? ¿Qué podría querer él de alguien como yo? Me revolví cuando supe que se trataba de un aliado de nuestro enemigo pero fue entonces que me dijo que pertenecía al rey a lo que me revolví con fuerza, me aconsejó que si no aprendía a doblegarme lo haría él a base del látigo y me empujó contra el lecho donde caí, aparté mi pelo para mirarlo con rabia y con odio y cuando me fui a levantarme me señaló con el dedo para que no lo hiciera asegurándome que era lo suficiente “bonita” como para querer colarse entre mis piernas, le gruñí por sus palabras- atrévete a tocarme y sabrás lo que es que una mujer te haga morder el suelo –le dije mientras él se alejaba para ponerse algo de ropa sin quitar mis azules de él- así que trabajas para ese hijo de puta –espeté y chasqueé la lengua- supongo que tus cicatrices de la espalda es la forma que tuvo de doblegarte ¿no? –Reí entre dientes mientras ahora encendía la chimenea dándome la espalda- ¿puedo comer de lo que hay en la cesta, o me vas a doblegar a base de latigazos por ello? –Inquirí mirándole ahora que había ladeado su rostro en mi dirección y cuando me hizo una seña para que me acercara a comer algo de la cesta, mientras él seguía encendiendo la chimenea que saqué un trozo de queso y di un bocado para viera que estaba comiendo, en cuanto se descuidó de forma rápida salté sobre él sobre su espalda, cuchillo en mano, y se lo clavé en el hombro con fuerza, le hice una llave como me había enseñado mi padre para dejarle inconsciente y no me giré para ver si había funcionado o no, me dirigí hacia la puerta y la abrí para comenzar a correr alejándome de aquella cabaña, rompí el vestido de un tirón haciendo una raja por un lado para darme mayor movimiento y comencé a alejarme con rapidez y brío poniendo toda la distancia que me era posible, antes muerta que ayudar a Randulf, a ese hijo de puta que tenía una guerra personal contra mi familia y que quería verla muerta, antes preferiría acabar con mi vida que ayudarle en algo a ese maldito desgraciado.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Miér Oct 18, 2017 4:18 am

Acuclillado frente a la lumbre escuché su sarta de gilipolleces, esa mujer tenia un problema, uno que sin duda iban a enmendar en Bergenhus, la fortaleza de Randulf.
Desconocía para que la quería exactamente, pero conociéndolo, su destino seria trágico. Apreté los dientes cuando escuché si me habían quebrado a base de latigazos, al parecer había visto las indiscutibles marcas en mi espalda.

No me giré, continué azuzando el fuego hasta que mis agudos sentidos notaron como la cama crujía y la veía alzarse, me señaló la cesta, al parecer tenia hambre así que asentí para que se acercara a comer algo y devolví mis ojos a la lumbre en silencio al verla comer un trozo de queso.
No me lo esperaba, de un saltó se abalanzó sobre mi hundiendo en mi hombro el cuchillo que al parecer había traído consigo, aullé de dolor cayendo sobre el suelo de madera.
Su intento de dejarme inconsciente no funciono, pero sí le dio tiempo de salir corriendo a toda velocidad perdiéndose entre la maleza del bosque.
Tras ella, sangrando en abundancia tras quitarme de cuajo el afilado acero, fui corriendo. Podía escuchar sus pasos sobre la mullida hierba, sus jadeos perdidos entre los arboles, cada vez acortaba mas la distancia hasta que mis ojos volvieron a centrarse en su estela.
Depredador y presa, me abalancé sobre ella gruñendo, mis ojos ámbar se perdieron en esos mares desafiantes y de un guantazo la hice guardar silencio mientras se revolvía bajo mi cuerpo.

Gruñí contra su rostro, mientras las gotas carmesí caían sobre su corseé y mis manso alzaban la falda de la dama entre roncos gruñidos, era exactamente la bestia que mi padre había creado.
La escuché, negar cuando mis dedos se perdieron en sus muslos y mis manso abrieron sus piernas sin ningún tipo de miramiento.
Fuera de mi y con mis ojos observando el miedo esta vez pintado en su rostro acerqué mi hombría aun cubierta, engrosada y endurecida contra su centro presionándolo con fuerza.

Gruñí de nuevo, rugiendo contra su boca, el aliento de ambos caliente me devoraba.
Pude violarla, era la lección que merecía, que me la follara hasta que sus piernas temblaran, no había mayor humillación para una mujer que esa y bien lo sabia la zorra de mi madre.
Me aparte entre rugidos negando mientras la coja por el brazo y la alzaba del pasto.
-Si vuelves a joderme, no llegaras entera a Bergershus -la amenacé tirando de ella de nuevo rumbo a la cabaña.

La solté allí dentro empujándola contra el lecho para que se sentara, y tiré la puta cesta al fuego lleno de rabia.
Puse a buen recaudo el cuchillo con el que me había apuñalado la muy zorra y la miré plagado de ira.
Me dejé caer en la mesa cortando un trozo de mi camisa que anudé como pude para cortar la hemorragia, mi condición de cambiante acabaría por cerrar la herida, peor no tenia nada para suturarla, así que perdería mucha sangre hasta que eso ocurriera.
-Ni te muevas le advertí


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Miér Oct 18, 2017 12:58 pm

Mi única opción para poder alejarme de allí había sido esa, era lo único que había tenido más a mano para poder escaparme y tener algo de ventaja sobre él con la intención de escaparme, sabía que no iba a ser tan fácil que si ese hombre trabajaba para Randulf sería muy difícil que pudiera escapar a la primera cambio por mucho que le hubiera clavado aquel cuchillo en su hombro y por mucho que hubiera intentado dejarle inconsciente, dudaba haberlo conseguido por el simple hecho de que era mucho más corpulento y tenía más constitución que yo así que dudaba que estuviera inconsciente, lo que me daban unos escasos veinte segundos de ventaja hasta que él se pusiera en marcha y fuera tras mis pasos. No había que ser demasiado inteligente para saber que vendría a por mí y que no estaría nada contento, le había clavado el cuchillo en su hombro y aunque había sido algo que él no se esperaba eso ni de lejos le haría daño después de ver cómo tenía la espalda marcada por cicatrices de lo que Randulf le hubiera doblegado como él decía, no me había confirmado que había sido así pero sabiendo como era ese hijo de puta lo más probable es que hubiera sido así sin duda alguna. Atravesaba las zarzas con rapidez ahora que el vestido lo había roto por un costado con una raja para tener mayor movilidad, pero mi velocidad no sería ni mucho menos la velocidad que tendría él y aunque querría poder alejarme lo suficiente sabía que no daría resultado. Mi pelo se enganchaba en las zarzas, volvía a arañarme los brazos, la cara, las piernas... pero no me importa, mi única meta era poder salir de aquel lugar y alejarme, estaba lejos del lago y haría falta un milagro para que lo alcanzara sin que él me pillara primero, no era estúpida pero nadie podía culparme por intentarlo.

Solo cuando llegué de nuevo a ese campo de amapolas rojas fue que el lobo feroz se tiró sobre mi cuerpo aplacándome, juntos caímos al suelo y aunque intenté levantarme y seguir corriendo me sujetó bajo su cuerpo con fuerza, se atrevió cruzarme la cara de un guantazo y mis ojos plagados de ira se centraron en los suyos, unos azules más oscuros por la ira y la furia que me recorría. Quería doblegarme y eso estaba más que claro en ese momento, quería hacerme ver que él mandaba, que él tenía el control y yo solo obedecía calladita pero por Ra y Odín que jamás pensaba doblegarme de esa maldita manera, menos contra el enemigo. Me revolví bajo su cuerpo arañándolo, dándole puñetazos y patadas para que me soltara. Su rostro estaba pegado al mío y podía ver que estaba cabreado en exceso, el cuchillo le había hecho una buena herida por la que sangraba en exceso y esas gotas caían de su hombro resbalando hasta dar contra mi corsé, me gruñó mientras sus manos levantaban mi falda y yo me revolvía de nuevo, metí mis dedos en la herida abierta que tenía haciendo que gruñera del dolor y le di una patada con fuerza en el pecho, pero no lo suficiente para que parara porque sabía cuáles eran sus intenciones mientras me subía la falda. Aquello no le gustó en absoluto y con rudeza sus manos ascendieron por mi muslo hasta separarme las piernas con violencia mientras yo negaba e intentaba juntarlas de nuevo dándole manotazos sin parar, gritándole y arañándole.


-¡Suéltame! ¡Ni se te ocurra tocarme! –Le di un puñetazo en su rostro que solo le hizo sonreír de lado, altivo, como si no le hubiera dolido y pegó su miembro duro y excitado contra el centro de mi cuerpo, luché con uñas y dientes contra él mientras sentía la presión de su miembro en mi centro, su rostro cerca del mío sintiendo su aliento entrecortad contra mis labios, sus ojos en los míos y tras un último gruñido se alejó y me elevó por el brazo con rudeza, una advertencia de que la próxima vez no dudaría en tomarme antes de llegar al castillo de Randulf. Le escupí cuando me dijo aquello sin perder ese carácter que tenía y no dejé de revolverme y de luchar a cada paso que daba, pero su agarre era firme y me llevó a la cabaña de nuevo tirándome a la cama, nada más soltarme lanzó la cesta al fuego y le miré con el ceño fruncido, al menos había sacado las botellas que mi abuela había metido- estás cometiendo el mayor y jodido erro de tu vida, lobo feroz –le dije mientras dejaba el cuchillo fuera de mi alcance y me miraba con rabia- ¿crees que tardarán en darse cuenta de que no he llegado al lago con mis primas, que no me buscarán? ¿Sabes acaso quién es mi familia? –Lo miré con rabia cómo se sentaba en la mesa y se cortaba un trozo de su tela para parar la hemorragia que tenía, podría ayudarle pero preferí que se desangrara- en cuanto mi abuelo se entere, y de contigo, voy a disfrutar cómo te destroza y te corta en trocitos –sonreí de forma ladina, Erlend era un conocido rastreador y no tardaría en dar con mi rastro y encontrarme- si eres listo y quieres seguir con vida te aconsejaría que me soltaras –le miré cuando sus ojos se fijaron en los míos- o Erlend vendrá a por ti y se acabará tú existencia –me miró de forma fija y chasqueé la lengua- debería de habértelo clavado en el cuello –me gruñó por mis palabras y sin importarme lo que me dijera me levanté para coger la botella de alcohol que llevaba en la cesa y abrirla, corté un trozo de tela y lo mojé con el alcohol para desinfectar las heridas que tenía hechas por las zarzas en el rostro, en los brazos y las piernas, al terminar le di un buen trago porque solo era cuestión de esperar a que me buscaran y todo se acabaría antes siquiera de que empezara, mientras tendría que matar el tiempo de alguna forma además de bebiendo- he podido contar perfectamente treinta cicatrices en tu espalda por el látigo –su mirada se fijó en mis azules y no di mayor explicación, tenía una memoria eidética eso significaba que recordaba como si estuviera viendo su espalda desnuda en ese momento esa imagen, no fue difícil contar las marcas que tenía en la espalda- ¿así te doblegó Randulf y te convirtió en el lobo feroz? –Reí entre dientes- al final pensaré que sí eres un lobo feroz, pero este no se pudo comer a caperucita –sonreí de lado- mira que soy amante de los animales, pero a ti sin embargo te despellejaría vivo –trabajaba para ese hijo de puta y volví a dar otro sorbo de nuevo a la botella mientras notaba que picaban las heridas de las zarzas- ¿crees de verdad que llegaremos a Bergershus? Eres más estúpido de lo que yo creía, jamás me entregarás a Randulf porque no llegarás a hacerlo –me moví quedando al borde de la cama para mirarlo volviendo a beber de nuevo- ¿qué te ha prometido para que hagas esto? Luchas en el bando equivocado lobo, pero siempre estás a tiempo de redimirte, de ir por el buen camino.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Jue Oct 19, 2017 4:26 am

Ladeé la sonrisa cuando la escuché amenazarme plagada de rabia, cierto era que su abuelo era de los mejores rastreadores norteños, es mas contaba con que el vampiro la buscara en cuanto se percatara de que su nieta no había llegado al lago, pero en unas horas el sol despuntaría, que yo supiera calcinarse bajo sus rayos no era algo que Erlend haría, lo que me daba tiempo para emprender viaje hacia la fortaleza de Randulf.

Yo era un lobo, no se me daba nada mal confundir mi rastro por el bosque, así que me encargaría de que al caer la noche Erlend, en clara desventaja de tiempo, no diera con el rastro al menos no hasta que estuviéramos frente al rey del norte.
Gruñí cuando dijo que debió clavarme el cuchillo en el cuello.
-Y yo debí haberte violado y así estarías mas calladita en estos momentos -aseguré retándola con mis ámbar.

La Cannif se alzó de la cama, le advertí con el dedo que no se le ocurriera hacer ninguna nueva gilipollez, porque a la próxima la clemencia no seria su sino.
Cogió la botella y dio un par de tragos rápidos regresando al lecho para curar los rasguños que llevaba.
Negué con la cabeza volviendo a presionar mi herida ante su mirada atenta, seguramente esperaba que me desangrara ante sus ojos, una pena, llevaba bien el dolor y para que mentir, era un cambiante, dudaba que esto pudiera debilitarme lo suficiente como para que ella me viera por los suelos.

Alcé la mirada cuando volvió a hacer hincapié en mis heridas de látigo, apreté los dientes ante la mofa de como debían haberme convertido en el lobo feroz, en como me quebraron en el patio de armas y por un instante las imágenes se sucedieron en mi mente. Atado a dos palos con los brazos en cruz me fustigaban hasta que el sol caía y me dejaban allí clavado durante la noche entera, era mi condición de cambiante la que curaba minimamente mis heridas, pues desnutrido y sediento al alcanzar el sol de nuevo el cielo, la tortura se repetía.

Me alcé de golpe mis manso bajo la mesa, gruñí lanzandola a un lado hasta que me acerqué con rudeza a ella, mi mano anchó su cuello mientras mis ámbar centelleaban ante sus mares.
-¡Cállate mujer! ¿que hay de ti? Te revuelves como una niña mimada bajo mi cuerpo, una Cannif de verdad hubiera hecho mas. De seguro eres la vergüenza de tu padre que se casó con una extranjera jodiendo así un linaje de sangre pura y vikinga. ¿Esta es la nueva generación Cannif? -solté una carcajada de burla. Pronto el norte sera nuestro porque sois débiles.

Puede que Randulf y mi padre me hubieran doblegado hasta la extenuación, pero eso me había convertido exactamente en el hombre que era, uno que desconocía lo que era sentir, nunca experimenté una caricia, solo golpes y desprecio y ni fue distinto cuando fruto de una violación mi madre me lanzó a las cuadras con la vergüenza dibujada en su rostro.
Tenia mas de animal que de humano, fui amamantado por una perra que había perdido sus cachorros, mi vida nunca había sido como la de la princesita que tenia delante, así que mas le valia guardarse los juicios de moralidad para sus semejantes.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Mar Oct 24, 2017 4:35 am

Parecía que no entendía con quién se estaba metiendo ese lobo feroz y aunque era bien cierto que yo no sabía pelear como Tarik y como Eirin sí que sabía defenderme, por mis venas corría sangre norteña y sangre egipcia y por Ra y Odín que había sacado una mezcla de los caracteres que tenían mis padres, puede que resultara débil y delicada a vista de todos por no tener esa constitución tan robusta como tenían mis hermanos y que era más típica de los norteños, pero aseguraba que era igual de fuerte como ellos aunque mi valía nunca estuvo en entredicho porque yo había cogido un camino bien distinto, eso no quitaba para que si tuviera que defenderme lo hiciera, y lo haría porque no pensaba dejar que me llevara ante Randulf para que lo ayudara en saber qué locura que lo que haría sería perjudicar y hacer daño a mi familia, los valores familiares era algo que nos habían inculcado desde que nacimos prácticamente y eran unos valores férreos que  nadie quebraba; la familia no se tocaba y si alguien lo hacía que pagara las consecuencias. Sabía que mi abuelo no tardaría en darse cuenta de que algo pasaba en cuanto mis primeas fueran a buscarme, nos rastrearía y daría con nosotros y entonces o bien mataba al lobo feroz o lo hacía preso para que mi padre se encargara, o lo torturaban para saber qué quería Randulf y por qué me había cogido. Era consciente de que a mí, en un principio, me era más fácil coger y tener cautiva pero no conocía a mi madre y ese fuego y arrojo que tenía y que yo había heredado. Ahora lamentaba no haberle clavado el cuchillo en el cuello, me hubiera librado de él y habría podido escapar para volver con mi familia y que supieran que algo tramaban, aunque como no me diera prisa en librarme de él lo iban a saber muy pronto y entonces no tendrían piedad con el lobo.

Fruncí el ceño cuando me dijo que debía de haberme violado para que me estuviera callada, no me conocía en absoluto si pensaba que de esa forma iba a imponerme miedo o a hacer que me callara porque no lo pensaba hacer, me habría gustado tirarle algo de lo que tenía a mi alrededor pero por desgracia no había nada con lo que pudiera hacerle daño así que simplemente lo ignoré mientras terminaba de desinfectar y curar mis heridas. Cuando lo hice me senté en el borde de la cama con la botella en mano, una pierna apoyada en el suelo y la otra doblada en la cama, di un trago observándolo de forma fija recordando las cicatrices que había visto en su espalda como si las viera en esos momentos, mis palabras salieron solas quizás ante la idea de hacerle daño a ese hombre, no podría hacerle mucho daño de manera física pero las palabras eran un arma de doble filo y pude ver como su gesto cambiaba conforme hacía alusión a las marcas que tenía, por un momento pude ver que se perdía en sus recuerdos... quizás en el momento en el que le habían hecho esas marcas y no paré, seguí hablando viendo que sus puños se cerraban en el borde de la mesa, di otro trago de nuevo bebiendo y seguí en cuanto terminé porque no pensaba quedarme solamente ahí, quería decirle mucho más para que supiera lo que era, que podía hacerle daño con solo mis palabras y que no necesitaba de la fuerza bruta para ello. Su mandíbula apretada y sus ojos fijos en los míos me decía que iba por el buen camino, su carácter que era volátil estalló con mis palabras. Se levantó con un gruñido y lanzó la mesa hacia un lado estampándola contra la pared por la rabia, sus ojos ámbar brillaban y se acercó en mi dirección para coger su cuello con una de sus manos y apretar, alzándome para quedar de pie frente a él. Sus palabras salieron con dureza y con rabia de sus labios, al parecer había dado en el clavo de todo aquel asunto y si quería hacer más daño solo tenía que profundizar más en la herida... pero lo fastidió tocando el tema que más importaba para mí: mi familia. Lo que pudiera decir o no sobre mí no me importa, él para mí no era más que un esbirro de Randulf y no tenía ni importancia ni significado alguno para mí... pero a mi familia no la tocaba nadie y mucho menos para decir que era débil.



-Oh, ¿he dado en el clavo lobito? ¿No quieres que hunda más mis afilados colmillos en la herida abierta que pareces tener en tu interior?
–Dije con toda la mordacidad y la malicia que pude derrochar, como veneno puro que quería debilitarlo y hacerlo sufrir. Nadie tocaba a mi familia, nadie decía que era débil y mucho menos que acabarían con nosotros... y ese lobo iba a aprender la lección en esos malditos momentos- pero si no he hecho más que empezar lobo, ¿duele saber la verdad y que alguien ajeno a ti te la restriegue por la cara? –Reí de forma irónica por sus palabras, no iba a pretender hacerle ver que me podía ofender con ello, yo tenía muy claro lo que quera, quién era, mis raíces, mi familia... absolutamente todo, no iba a llegar un lobo a ponerlo patas arriba porque no se lo iba a permitir. ¿La vergüenza de mi padre? Mi padre estaba más que orgulloso de lo que yo era pese a no haber elegido su camino, erraba en decir que casándose con mi madre había deshonrado un linaje puro, él no sabía nada de mi familia y no era quien para que la juzgara- ¿y qué sabrás tú? Un animal como tú que seguramente no sabe lo que es tener una familia, tener alguien por el que luchar, alguien que moriría por ti... dime lobo, ¿Randulf moriría por ti como mi padre lo haría de ser necesario? No me hagas reír –espeté llevando una de mis manos a la que oprimía mi cuello clavando mis uñas y la otra buscó esa herida que tenía hundiendo mis dedos en la herida, haciendo que gruñera como el animal que era- mi padre está orgulloso de quien soy y de lo que soy... una Cannif y una Zahir; toda la fuerza del norte y todo el fuego de egipto –espeté mirándole con furia, había tocado lo más sagrado para mí y no se lo iba a permitir- mi padre no jodió ningún linaje casándose con mi madre –giré mis dedos para hacerle más daño en la herida mientras podía ver la furia en sus ojos ámbar que brillaban con fuerza- pero sobre todo... ¡no somos débiles! –Quité la mano que clavaba mis uñas en la suya, cogí la botella que estaba sobre la cama y se la estampé en el rostro haciendo que se rompiera y que se cortara con el cristal, no me aflojó y era algo que ya intuía así que mi rodilla subió para darle un golpe con fuerza en sus partes que lo hizo soltarme por el dolor, lo empujé lejos haciendo que cayera al suelo y corrí hacia la chimenea para coger el atizador que había al lado como arma, sería un cambiante pero si lo atravesaba podía matarlo. Limpié la sangre que tenía el rostro que me había salpicado al cortarle sintiendo algún que otro trozo en mi brazo y aferré el atizador con fuerza dispuesta a matarle si era necesario, dejé que el fuego calentara el atizador mientras él se reponía- esto termina aquí lobo, me he cansado de tus gilipolleces y de tu intento de dominio como lobo feroz que no te lleva a nada. Si querías guerra con una Cannif la vas a tener, se acabó –yo no era de esa forma pero cuando tocaba lo que era mío esa mezcla que tenía salía a flote y ahora iba a conocer ese lado que no solía sacar a flote porque, nunca, me habían hecho sacarlo de esa manera. Mis ojos azules brillaban con fuerza por la furia y la rabia que me invadía mientras que esperaba a que se acercara para utilizar el atizador contra él a modo de arma.  


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Oct 24, 2017 7:40 am

Su desfachatez no conocía parangón, ahora creía que sus palabras afiladas como el acero podían dañarme, era mi mano la que apresando su cuello la ahogaba y ella seguía pensando que podía dolerme que no me quisieran.
Ladeé la sonrisa con sorna al escuchar sus palabras plagadas de rabia, al parecer yo también había tocado esa herida abierta, su familia.
Los Cannif eran tan predecibles, siempre con su linaje, sus raíces, esa nobleza de morir por los suyos, su sacrificio era asquerosamente empalagoso.
-¿Crees que necesito que alguien me quiera princesita? -pregunté con ironía -yo no tengo sentimientos, me es indiferente todo, soy un soldado, cumplo ordenes, estoy vació de todo aquello que me hace débil -aseguré mientras sus uñas se hundían en mi mano para que aflojara el agarre que ostentaba en su garganta.

Me reí cuando habló de su padre, acaso pensaba de verdad que a un vikingo podía complacerle una mujer como ella, podía ser luchadora, pero no tenia ni puta idea del acero.
-Tu padre esta orgulloso solo de tu hermana, tu hermano no tiene ni media hostia, no es un vikingo, su envergadura no es la de un vikingo y su forma de luchar es absurda, debería dedicarse a otra cosa -le escupí en la cara.
-Tu padre se avergüenza de ambos, pero como cojones va a decírtelo, sois sus hijos y los Cannif tenéis ese sentimentalismo de querer a los hijos deformes que les mandan los dioses.
Tu padre era un general orgulloso, quería un linaje fuerte y os ha tenido a vosotros, sois el admereir de Noruega.

Me estampó una botella, quizás porque las verdades duelen. Los cristales se hundieron en mi piel, aullé de dolor soltándola mientras esta se escapaba y yo mareado intentaba enfocarla.
-Voy a matarte puta -dije intentando ubicarme mientras me alzaba tambaleándome.
Ella sujetaba un atizador, la sangre resbalaba por mi ojo derecho, rugí abalanzandome sobre ella, ambos rodamos por el suelo, el atizador emitió un sonido metálico acabando lejos de nuestros cuerpos con la caída.
Su fuerza no podía igualarse a la mía y lucho, lo hizo arañándome, clavando sus uñas en mi herida mientras yo en frenesí ignoraba el dolor, era algo a lo que estaba muy acostumbrado.

Alcé su falda, ella gritaba, fue la segunda vez que vi reflejado en sus ojos el miedo, esta vez no iba a mostrarme débil ante ella, yo era un hijo de puta.
Desabroché mi pantalón sacando mi verga, con la otra mano sujetaba sus dos brazos sobre su cabeza con fiereza.
Ella gruñía, trataba de morderme, no cedía y un guantazo la tranquilizo lo suficiente para que llevara mi punta a su entrada apartando sus bragas.
-Suplica zorra -espeté contra sus labios cuando la puerta se abrió de golpe, elevé la mirada encontrándome con el inmortal Erlend Cannif.

No me dio tiempo ni a atrapar la espada con los pantalones bajado me alzaron por el cuello, mi espalda contra la pared de la cabaña y su mano alzada para hundirse en mi carne, atravesar mi esternón y sacar mi corazón.
Erlend era el primer Cannif, él nada tenia que ver con el resto, era despiadado y era consciente en ese momento que mi fin había llegado, honorable esa muerte si procedía de un guerrero de su linaje.
Mantuve mis ámbar en sus rojos, yo no era de los que se rendían, prefería mirar a la parca de frente.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Jue Oct 26, 2017 9:29 am

Odiaba cada vez más a ese lobo con cada palabra que salía de sus labios, cada vez que se atrevía a hablar sobre mi familia metiéndose con ella. Era imposible que él pudiera hacerme daño alguno diciéndome que era una vergüenza, yo sabía que no era así y lo sabía por el cariño y el amor que tenía de toda mi familia y eso no iba a hacer que él ni siquiera pudiera quitármelo, porque no lo conseguiría. Pero odiaba a ese lobo cada vez más mientras me tenía cogida con su mano en mi cuello apretándome con fuerza, quizás no fuera una luchadora ni una guerrera como lo era Eirin, pero jamás me había rendido en toda mi vida y no iba a hacerlo frente a un enemigo como lo era él que trabajaba para Randulf. Sabía que por mi familia me haría daño, todo aquel que osaba decir algo malo sobre nuestra familia sufría las consecuencias porque así éramos nosotros, era lo más importante que nos habían inculcado y no actuábamos con claridad cuando se metían con lo que para nosotros era lo más importante. Si solo se hubiera centrado en mí y se hubiera metido conmigo lo hubiera llevado bien, pretendía sacarme de mis casillas y devolverme esas palabras mordaces y envenenadas que yo le había lanzado... pero que nombrara a mis padres, y que nombrara a mis hermanos era algo que no pensaba consentir bajo ninguna circunstancia, ya fuera el mayor verdugo de mi vida y que pretendiera darme la mayor de las muertes, jamás consentiría esas palabras y por ello mi mano se estampó en su rostro mientras él seguía agarrándome del cuello para que no me soltara, le di otro guantazo que le giró la cara y podía jurar que me había hecho yo mucho más daño que lo que hubiera sentido él, pero no me importaba porque mi familia estaba por encima de todo, y así iba a seguir siendo. Me revolví para intentar soltarme escuchando sus palabras mientras le gruñía y le seguía dando golpes en el rostro aunque por dentro no paraba de intentar calmarme, pero sus palabras aumentaban mi ira.


-Me das lástima –dije mirándolo a los ojos con mis azules brillando con furia por sus palabras- no sé cómo puedes estar tan vacío y seguir a alguien que solo te ha quebrado y te ha roto... estás tan vacío por dentro que siento más lástima por ti que temor u odio –sabía que eso iba a dolerle e iba a joderle, porque alguien como él no quería que nadie le tuviera lástima, sino que le temiera- ¿qué sabrás tú de mi familia cuando no puedes siquiera sentir más que odio? ¿Acaso sabes lo que es tener familia, que alguien te quiera y se preocupe por ti? Estás tan cegado en estar vacío por dentro que no te das cuenta que eres una marioneta de Randulf, una mascota de pacotilla a la que no le importa echar al fuego porque hagas su voluntad... me das asco –le dije tras sus palabras y no aguantando más sus palabras y esa forma que empezaba a tener conmigo le estampé la botella en su rostro para que dejara de hablar, me soltó cuando la estrellé en su rostro y me solté para alejarme de él cogiendo un atizador como arma que me serviría para defenderme, no iba a dejar que siguiera usándome como quisiera ni que se atreviera a decirme algo sobre mi familia, la próxima vez le daría con el atizador... si quería lucha con un Cannif la iba a tener. Se levantó gruñéndome con el ojo sangrándole por el golpe y aferré con fuerza el borde del atizador para darle en cuanto se acercará, me amenazó con que iba a matarme y no me moví, no iba a hacerle ver que tenía miedo porque no era así, lucharía como todo Cannif haría hasta que no pudiera más pero rendirme no era una palabra que entrara en mi vocabulario y que conociera. Se lanzó hacia mí y se llevó el primer golpe del atizador en su rostro, gruñó con fuerza y se volvió a abalanzar pero esa vez esquivó el golpe con esos reflejos que tenía y me lanzó al suelo, el atizador lo tiró lejos para que no pudiera utilizarlo y me revolví para intentar soltarme y escapar de su cuerpo para coger de nuevo el arma, lo golpeé con todas mis fuerzas, lo arañé e incluso hundí mis dedos en la herida abierta que tenía del hombro haciendo que gruñera por el dolor mientras hacía mella en la herida. Incluso así él tampoco paró y sus manos alzaron mi falda haciéndome saber lo que pretendía hacerme, intenté soltarme para que no me hiciera nada pero era más fuerte que yo y podía conmigo, lo golpeé, le di patadas, arañé su rostro y todo lo que tenía a mi alcance pero no conseguí librarme de su agarre. Pude escuchar cómo se desabrochaba el pantalón y ante mis intentos por separarlo cogió con su otra mano mis muñecas y las dejó con rudeza sobre mi cabeza mientras yo intentaba soltarme, pero me era imposible. Intenté todo lo que pude, incluso intenté morderle para hacerle daño y si podía arrancarle un trozo de su cuello o de su oreja pero se apartó a tiempo y me dio un guantazo que me giró el rostro y que me hizo jadear por el dolor... pero no me rendí y seguí luchando aun cuando tenía todo en mi contra- ¡suéltame! ¡Ni se te ocurra hacerlo! –me revolví con fiereza no estando quieta ni un solo segundo pero su mano libre apretó hacia abajo mi cadera para que no me moviera y sentí la punta de su miembro en mi centro- ¡No! –Dije sintiendo su mirada sobre la mía, acercó su rostro y me pidió que le suplicara para que no lo hiciera, pero le escupí al rostro porque no iba a ceder- ¡vete al jodido Hel! –Dije antes de que la puerta se abriera de golpe, alcé la mirada para encontrarme con mi abuelo que no perdió el tiempo y cogió al lobo del cuello estampándolo contra la pared, me levanté del suelo sintiendo que mis piernas temblaban un poco por lo que podría haber pasado si no hubiera entrado y los vi: el cambiante contra la pared, mi abuelo alzándolo del cuello con su brazo a punto de darle muerte y aun sabiendo que iba a morir el lobo no apartó su desafiante mirada- ¡Abuelo no! –Dije lanzándome para coger el brazo que tenía alzado aferrándolo entre mis brazos para que no lo hiciera, parando así lo que iba a hacer, este me miró con sus ojos rojos llenos de ira y me gruñó sin saber por qué lo paraba, la verdad es que yo tampoco, debería de disfrutar cómo le arrancaba el corazón y acababa con su vida pero... quizás vivo pudiera darnos más información- déjalo con vida, por favor –le pedí a lo que él gruñó y me habló de manera dura, entendía que para él era un enemigo que casi viola a su nieta y para él tocar a la familia era una condena a muerte, lo sabía- solo te lo pido porque quizás pueda darnos información, quizás podamos sacar algo de esto... déjame intentarlo, sino luego puedes acabar con esto –mis ojos azules le miraban con esa súplica inscrita en ellos, era difícil convencerlo y más en algo como lo que le pedía pero al final cedió, creía que no lo iba a hacer pero cedió finalmente. Me pidió que le diera algo con lo que atar al cambiante y le llevé algo de acero que improvisó para atarlo y no se libró del golpe que le dio y que le hizo sangrar en el rostro, una vez controlada la situación mis brazos rodearon a mi abuelo y apoyé mi rostro en su pecho y me advirtió que a la mínima que no le gustara algo que el lobo hiciera lo mataría, yo simplemente asentí con la cabeza sin separarme y emprendimos el camino de vuelta, lo llevaríamos a una mazmorra de donde no podría escapar y allí quizás pudiéramos sacarle algo de información, o por qué Randulf me quería.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Jue Oct 26, 2017 10:32 am

El brazo de Erlend fue detenido por la joven Cannif, rugí casi del mimo modo que lo hizo su abuelo, pues ni él quería tener clemencia conmigo, ni yo recibir eso mismo de los Cannif.
El inmortal me pegó un puñetazo para descargar su rabia, la sangre resbalaba por mi labio partido mientras mis ojos seguían desafiando al inmortal que tenia frente a mi.
Me giró como si hacerlo no le costara y aunque forcejé atarme le costó nada, tenia que reconocer que ese hombre era el peor de las armas que Höor tenia entre sus filas.

Advirtió a su nieta que si en el camino a la mazmorra hacia lago que no le gustara me arrancaría la cabeza, algo que al parecer le apetecía tanto como a mi meterle una estaca por el puto culo.
-No voy a contaros nada -espeté al pasar al lado de la egipcia que ladeó la sonrisa con autosuficiencia.

Mi afilada mirada delató el odio que me recorría, la muerte se me antojaba honorable, pero convertirme en su prisionero era un insulto a mi raza.
Nací para morir o ser libre y mis ojos delataban la rabia que con cada empujón que Erlend me daba desataba.

Así llegué a las calles de Akershus, Erlend no dudo en exhibirme como a un trofeo, me dieron pedradas, algunas impactaron en mi rostro mareandome y haciendome caer al suelo. Gruñía como un animal salvaje ante la burla de todos los allí presentes, estaba acostumbrado a eso, pero mi orgullo me obligaba a levantarme.

Herido fui empujado a usa mazmorras mugrientas, pero supongo que era lo lógico, no eran mejores las de Randulf, es mas mi abuelo se encargaba de la tortura de todos y cada uno de los reos.
Sangrando me dejé caer en el camastro, estaba quedándome adormilado cuando escuché los pasos y aquel olor petulante de la egipcia que se acercaba para empezar esa tortura que se traía.

Ladeé la sonrisa, no pensaba dejar que viera mi estado, yo era un lobo.
-¿Vienes a bajarte las bragas para sentir mi verga? Te has puesto cachonda cuando te la e restregado por la entrada verdad zorra
La quería picar, joder lo suficiente como para que cometiera un error, uno que aprovecharía sin dudar.

Su sonrisa de autosuficiencia me dejó claro lo que había, dos hombres me cogieron para atarme antes de que ella se acercara a sendos palos.
Mis brazos en cruz y un látigo en su mano.
Mis ojos centellearon.
-Suerte -le deseé -la necesitaras porque no voy a hablar.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Miér Nov 01, 2017 2:09 pm

De no ser porque había llegado mi abuelo ahora mismo el cambiante podría haberse salido con la suya sin la posibilidad de que yo pudiera defenderme, pero ni siquiera había llegado a tocarme cuando Erlend lo cogió alzándolo del cuello estampándolo contra la pared, apenas me había dado tiempo a recuperarme de aquello y levantarme cuando vi que había alzado el brazo con la intención de atravesar su pecho para darle muerte, mi grito lo paró haciendo que se girara a mirarme sin entender por qué lo detenía, sus ojos rojos como el mismo fuego estaban sobre mis azules y me gruñó nada de acuerdo con que lo parara en aquel momento. Para él que tocaran a la familia era una clara condena a muerte que no concedía excepción ninguna, y después de haberlo encontrado a punto de violarme mucho menos iba a concederle algo menos que una muerte dolorosa para acabar con la vida del cambiante, pero quizás pudiéramos aprovechar eso a nuestro favor y hacer que hablara, quizás pudiéramos descubrir qué se trataba y tomar a alguien de los suyos como su rehén en vez de al revés. Mis palabras salieron explicándome ante mi abuelo quien no me quitaba sus ojos rojos sobre los míos pero tampoco aflojaba el agarre que tenía sobre al cambiante, al final cedió aunque no supe exactamente cómo es que cedió ante mis palabras porque pensaba que no iba a hacerlo y cuando lo tuvo atado sin posibilidad de que se escapara le dio un puñetazo que le partió el labio y del cual comencé a sangrar. Me advirtió que si notaba que hacía algo, lo más mínimo, entonces no tendría piedad alguna y por mucho que le dijera acabaría con mi vida, fue que tiró del cambiante para volver y este me dedicó una mirada fría y dura y me aseguró que no iba a contarnos nada, pero lo cierto es que ese cambiante no me conocía en absoluto por que las palabras  perseverancia y persuasión venían de la mano conmigo, siempre conseguía lo que me proponía y era muy tenaz en ello, no me importaba el tiempo que tuviera que pasar para lograrlo así que el cambiante acabaría hablando, y nos encargaríamos de ello.

El camino de vuelta a casa fue bastante tenso, callado y algo inquieto porque tenía a los dos que se lanzaban miradas de vez en cuando delatando las ganas que tenían de acabar con el otro, si no hubiera sido por mi petición el cambiante estaría muerto y se podía ver que esa decisión mía no le había gustado para nada, pude ver sus ojos y la mirada que puso cuando iba a morir... no tuvo miedo de ello, es más, parecía que era casi hasta una muerte digna y que hubiera tenido “piedad” con él no le gustó en lo más absoluto. Tras un buen rato en que ninguno dijo nada llegamos hasta Akershus donde mi abuelo no dudó en exhibir el trofeo que había capturado por sus calles, la gente conocía y sabía de quién se trataba y aunque no lo supieran igualmente le lanzaron piedras porque sabían que pertenecía al ejército de Randulf o mi abuelo no lo exhibiría de esa forma por las calles. Me mordí el labio observando cómo la gente le lanzaba las piedras, cómo impactaban en su cuerpo y él ni se quejaba por ello, una de ellas impactó en su cabeza e hizo que cayera al suelo mientras mi abuelo tiraba de la cuerda para que siguiera andando. Hubiera hecho que parara todo aquello pero lo cierto es que no lo hice, no después de lo que él me había intentado hacer a mí y aunque no era rencorosa la rabia y el odio que las gentes de allí les tenían era demasiado grande. Lo dejaron en una celda de donde no podría escapar y que estaba protegida también con magia además de los guardias que habían protegiéndola y Erlend cuando lo dejó me llevó ante mi abuela quien estaba muy preocupada por lo que me había pasado, omitimos el detalle de cómo me había encontrado cuando llegó a la cabaña para no preocuparla aún más y me dispuse para interrogarlo.

Fue casi una suerte que me dejaran hacerlo porque era peligroso pero acudiría con dos guardias, uno de ellos un vampiro, para velar que nada pasara y se encargarían ellos de mi seguridad en caso de que al cambiante se le ocurriera hacer una de las suyas. Supe quién iba a ser ese guardia vampiro y antes de que me concedieran bajar para interrogarlo hablé con él, lo conocía desde que era pequeño y había luchado con mi padre en algunas batallas, me costó convencerlo de algo pero finalmente cedió porque no quería ni cabrear a mi abuelo ni cabrear a mi padre, ventajas de ser una Cannif. Con ellos tras mis espaldas emprendimos el camino y llegamos hasta las mazmorras donde lo habían encerrado, para cuando llegamos estaba tumbado pero al notar que llegábamos se levantó para mirarnos, sus ojos verdosos se clavaron en mis azules portando una sonrisa ladeada como si aquello le divirtiera. Sus palabras salieron mordaces de su boca como si con ello intentara herirme, que me cegara y cometiera un error que él aprovecharía para quizás intentar escapar, pero no iba a herirme con sus palabras. El vampiro a mi lado le gruñó cuando lo escuchó hablar pero puse mi mano en su pecho para que no hiciera nada, sabía que la rabia y el odio hablaban por él y no quería darle el gusto.


-Quizás seas tú quien quiera verme semi desnuda otra vez pero no vas a tener tanta suerte –mis ojos se clavaron en los suyos- oh, ¿eso era tú miembro? Más bien yo pensaba que debía de ser alguno de tus dedos por el reducido tamaño que notaba. ¿Te pone cachondo intentar violar a jóvenes como yo, o soy yo quien te pone cachonda? Viendo que tienes ganas de verme desnuda opto más por lo segundo –hice una seña y los dos hombres lo cogieron para atar sus brazos a los palos que había en la celda mientras mi mirada seguía puesta en la del cambiante- los zorros son demasiado listos y astutos, ¿lo sabías? Hacen lo necesario para que idiotas hagan el trabajo por ellos y siempre consiguen lo que quieren, así que si me estás llamando astuta e inteligente te lo agradezco –sonreí con cierta sorna dándole la vuelta a sus palabras, los guardias se quedaron tras mi espalda y yo cogí el látigo que había en aquella sala, era la primera vez en mucho tiempo que hería a alguien y después de haber visto las marcas en su espalda sabía que yo no podría hacerle mucho daño, mi fuerza no era igual que por ejemplo si le daba algún hombre y hasta se reiría de mí llegado el momento porque no le hacía daño, contaba con ese pequeño detalle. Sus ojos brillaron con furia y acorté la distancia quedando frente a él, tenía el labio partido y una brecha en su ceja de donde tenía rastros de sangre seca, le hubiera curado si se hubiera comportado mejor conmigo pero simplemente pasé mi pulgar por la herida de su labio quitando la sangre seca para llevar mi pulgar a mis labios y lamerla- crees que no soy capaz –dije afirmando lo que seguramente él estuviera pensando, me veía con ese látigo y aunque aparentaba por su pose que no le iba a hacer daño, él no creía que yo pudiera hacerlo. Mi mano cogió su mentón para alzarlo y que sus ojos quedaran en línea con los míos- te sorprenderías cambiante de lo que puedo llegar a conseguir, de lo tenaz, persistente, cabezota y persuasiva que soy... no me importa cuánto tardes, tienes el resto de tu vida para quedarte encerrado tras estos barrotes sin que vuelvas a ver la luz del sol, ¿crees que me importa el tiempo que tardes? No, porque yo cuando salga de aquí seré libre mientras tú te seguirás pudriendo en esta celda por el resto de tu existencia, porque no encontrarás una muerte digna a no ser que me digas lo que necesito y quiero saber... porque nadie va a tocarte y la única forma que tienes de salir de aquí pasa por mí –aseguré de forma engreída, quería que supiera que yo tenía el control porque así era- de ti depende cuánto quieres que dure esto. Como ya te dije, soy una zorra muy astuta –sonreí con cierta sorna, mi mano acunó su mejilla sabiendo que aquello iba a joderle y lo contemplé con mis azules- es una completa lástima, eres bastante mono –me mordí el labio con malicia y me separé quedando a unos pasos de él- Klaus –dije llamando al vampiro quien se acercó sin quitar la mirada del cambiante, mis ojos lo contemplaron y fue entonces que me miró.
-¿Estás segura de esto, Nailah? –Asentí con la cabeza y él llevó su muñeca para sajarla con sus colmillos y tendérmela para que bebiera de su sangre, era la única manera de poder hacerle verdaderamente daño y que cediera a lo que quería escuchar. Mientras bebía no aparté mis azules del cambiante haciéndole saber lo que le esperaba por mi parte, aunque no se lo esperara por mi aspecto, y solo cuando Klaus apartó su muñeca sentí ese subidón repentino, esa fuerza, esa sensación de poder... y no perdí tiempo. Me coloqué a la espalda del cambiante y de un tirón le abrí la camisa dejando su espalda al descubierto con todas esas cicatrices, mis dedos fueron a su pelo y tiré su cabeza hacia atrás pegando mi cuerpo a su espalda para que me escuchara bien
-Vas a lamentar haberme raptado, pero sobre todo, vas a lamentar haber intentado violarme –mis labios susurraron sobre su oreja para soltar su cabeza alejarme unos pasos y darle el primer latigazo, con fuerza, el chasquido sonó por la celda y a ese le sucedió otro, y un tercero viendo su piel roja, hice una leve pausa, y volví a arremeter con otra tanda hasta que la sangre manchó su espalda y paré- ¿qué quería Randulf de mí y por qué te mandó secuestrarme? ¿Qué está planeando? –Pregunté esperando su respuesta, aunque sabía que no me la daría.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Miér Nov 01, 2017 4:06 pm

Cuando me ataron y la vi con el látigo no pude evitar que una sonrisa socarrona asomara a mis labios ¿creía acaso que no estaba acostumbrado al dolor que ese arma inflige?
Ella quería que hablara, pero perdía el tiempo, básicamente porque lo que ella quería saber, yo lo desconocía, bueno, por eso y porque de saberlo tampoco se lo diría.
-Te veo muy interesada en mi verga, acaso quieres volver a verla, ya que no dejas de habalr de ella.

Me eché a reír divertido cuando me aseguró que me excitaba.
-No mas que cualquier loba feroz que pueda venir sin cestita, pero si así vives mas tranquila... -apunté con indiferencia, hablas demasiado y que yo sepa no hemos venido a eso ?cierto? -la desafié contemplando el látigo que portaba en una mano.

Claro que la veía capaz de usarlo, no dudaba ni un momento del odio que me procesaba, algo que hasta en parte me parecía mas digno que el perdón que su abuelo en una cesionario hacia ella me había ofrecido.
-empieza y déjate de juegos -rugí cuando con su dedo apartó la sangre seca de mi rostro para lamerla.

Su sonrisa de satisfacción por sacarme de mis casillas se dibujaba en sus preciosos y carnosos labios que ahora tras llamar a un vampiro se perdían en la vitae que este le ofrecía.
Negué mirándola, la vitae, no solo iba a darle fuerza, era una droga potente que la llevaría al limite en muchos sentidos, pero claro, ella solo era un niñata que no entendía de este mundo una mierda.

De un tirón sajó mi camisa abriéndola de golpe, afiancé las cadenas con mis manos apretando los dietes cuando ella de un tirón llevo mi cabeza hacia atrás, las preguntas se sucedieron, a ninguna de las dos tenia respuesta, a mi me trataban como un perro, me daban el encargo y me soltaban a morder a la presa, no necesitaba motivos, ni información, solo olfatear su rastro y dar con ella, funcionaba por instinto porque así me habían enseñado.

Ladeé la sonrisa girando mi rostro hasta enfrentarlo al suyo, su respiración chocaba furibunda contra mis labios.
-¿Excita la sangre de vampiro? -pregunté con picarda antes de que de un empujón me soltara e hiciera volar su látigo contra mi espalda.

Las preguntas se sucedieron, las respuestas no fueron halladas, mi espalda llena de ríos carmesí ty tras horas de tortura mis piernas flaqueaban.
Ella quería saber, yo no tenia nada que decir, el dolor era una constante en mi vida, nada diferente a lo que ya conocía, así que me sentía como en casa, gruñía ya sin saber muy bien en cual de las mazmorras estaba.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Mar Nov 07, 2017 9:32 am

Había sido casi un milagro que me dejaran bajar a la mazmorra donde estaba el cambiante para poder interrogarlo, sola no me hubieran dejado bajar ni en broma ya que él podría conmigo pero con dos guardias y uno de ellos siendo vampiro podría perfectamente interrogarlo y que me dijera así lo que quería saber. Pero el cambiante no tenía esos planes y no pensaba decir nada, es más, se burló en cierta forma con tono socarrón al igual que su sonrisa de que lo que quería era volver a sentirlo de nuevo y eso me enfureció aunque controlé mis modales mordiéndome el labio porque no quería que él empezara ganando la partida, no era algo que quisiera permitirle hacer y no pensaba hacerlo, así que simplemente pedí que lo ataran para comenzar con aquello y le hice saber, de forma bastante clara, que no obtendría muerte alguna salvo que me dijera lo que quería saber porque era mi prisionero y nadie osaría matarlo sin antes averiguar qué era lo que Randulf planeaba y quería, sin saber qué movimientos estaba haciendo y cuáles eran sus siguientes movimientos y objetivos. Él debía de saberlo si lo había mandado a por mí que, aunque no fuera una guerrera como mi hermana Eirin o como Tarik, sabía defenderme y sabría además que mi abuelo rondaba cerca y nadie en su sano juicio osaría raptarme o capturarme estando él cerca, era una condena a muerte segura y eso le hubiera pasado si no hubiese parado a mi abuelo, bastante fue que me hiciera caso y no lo matara pero nos valía más vivo que muerto. Sabía que no le iba a hacer tanto daño como cualquier otro que lo interrogaba, de eso estaba segura y después de ver las marcas en su espalda como recuerdo de ello supe que no le haría tanto daño como otros pero quizás sí que lograra que me dijera lo que quería saber... pero era un hueso duro de roer, lo que él no sabía es que siempre conseguía lo que me proponía de una forma o de otra, no importaba lo que tardara en conseguirlo.

Además no saldría de esa celda vivo a no ser que me dijera lo que quería saber, se pasaría el resto de su vida si era necesario allí pudriéndose en esa celda hasta que yo decidiera lo contrario, Randulf contaría con uno menos en su ejército porque no iba a ser tan necio como para mandar a alguien a por el cambiante y perder a dos, él ya estaba perdido y jamás lo recuperaría porque solamente habían dos opciones: o me decía lo que quería saber y le daban una muerte digna, o se pudría el resto de sus días en esa celda, suya era la decisión aunque parecía empeñado en no decirme nada. Su sonrisa socarrona cuando me vio con el látigo lo dijo todo así que había hablado con Klaus, el guardia que era vampiro para que me ayudara dándome algo de su sangre, lo justo para sentir esa sensación de poder y de euforia. El cambiante negaba con la cabeza y cuando bebí de la sangre del vampiro fue que me puse tras su espalda, le abrí la camisa con fuerza y cogí su pelo entre mis dedos haciendo atrás su cabeza para que quedara sus oídos a la altura de mis labios. Había aprendido que no lo gustaba que le sintieran compasión o lástima así que no la iba a tener de mí, menos después de haber intentado violarme en la cabaña antes de que apareciera mi abuelo. Las preguntas salieron de mis labios sin hallar respuesta alguna y el látigo mordió su carne, ahora con la sangre de vampiro en mi organismo con más fuerza, volví a preguntarle y lo seguí haciendo hasta que vi que la sangre manchaba su espalda. Desafiante, como siempre, giró su rostro para mirarme y preguntarme si la sangre de vampiro me excitaba con una sonrisa pícara como si supiera el efecto que tenía, su rostro ladeado quedaba cerca del mío y mi respiración chocaba en su rostro mientras lo miraba con los ojos en llamas, queriendo sacarle esa confesión a golpe de látigo... pero no fue lo que obtuve, tras horas dándole latigazos hasta que su cuerpo venció atado de sus muñecas no dijo palabra alguna, el efecto de la sangre ya había pasado y me vi con las manos llenas de sangre, su espalda sangraba por todos lados y no obtuve confesión alguna.... yo no era así, yo no hacía las cosas por la fuerza ni haciendo daño, yo no elegí ese camino y sin embargo con él lo había tomado.



-No quiero que nadie entre en esta celda –le entregué el látigo al vampiro que me miró preguntándome en un susurro si estaba bien y yo solamente me alejé de allí mientras la sangre, de alguna forma, me pesaba porque yo no era así y no estaba acostumbrada. Dejé atrás las mazmorras y fui directa hacia la casa de mis abuelos para darme un baño en la tina y quitarme su sangre de mis manos y de mi ropa, no iba a poder seguir torturándolo de esa forma y debía de buscar otra perspectiva para que hablara, otra forma de que me dijera lo que necesitaba saber pero no a base de fuerza, pero cuando un perro había sido apaleado hasta la saciedad ¿cómo hacías para que te hiciera caso? Con tacto. Esa era la única respuesta posible, con él todo parecía haber funcionado a base de golpes y las escasas veces que lo había tocado me había gruñido como un animal herido, si podía encontrar un camino para que me dijera lo que quería saber sería ese, me prepararía para comentarios mordaces, para burlas, para estufidos y gruñidos pero nada nuevo que no me hubiera encontrado en mi día a día, estaba acostumbrada a eso. Los siguientes días que pasaron no pisé las mazmorras en ningún momento, necesitaba volver a encontrarme conmigo misma y dejar ese camino que había tomado porque no me serviría de nada, yo no era de hacer daño a la gente y salir indemne de ello, no estaba en mí ser así y aunque no lo pareciera me pesaba, sobre todo después de haber hecho que derramara tanta sangre y siendo mi primera vez... yo no estaba preparada para algo tan duro, algo tan fuerte. Al cuarto día decidí volver con otra estrategia completamente diferente, una que esperaba que me diera resultado y que pudiera hacer que me dijera lo que quería, así que a media mañana fue cuando volví de nuevo a las mazmorras y a la celda, había avisado a los guardias de que iría ese día pero cuando llegué no esperé encontrarme aquella situación. Cuando me fui el cambiante solo tenía heridas en su espalda provocadas por mis golpes con el látigo, ahora era también su rostro el que presentaba heridas y moratones, así como su pecho y no quería ni ver ni su espalda. Seguía atado de sus muñecas y estaba vencido de rodillas bajo un charco de sangre, las paredes salpicadas con su sangre ya seca y su rostro caído como si no tuviera fuerzas de donde del labio le goteaba sangre que caía con aplomo al charco que había bajo él- por Odín y Ra –dije abriendo la celda con la llave y adentrándome en el interior, yo no había ordenado tales palizas pero no había caído en que, siendo un enemigo y con el odio y la rabia que le tenía las gentes de allí a Randulf le hicieran algo... pero aquello se habían pasado. Llevé mi mano a mis labios adentrándome en la celda que olía a sangre, su sangre, encontrar a los culpables de aquello no sería fácil pero no era lo que yo había pedido, se suponía que debía de estar encerrado sin más, sin que nadie lo torturara sin que yo así lo supiera o lo pidiera, era mi prisionero pero él era del bando rival, y allí el odio de las gentes llevaba mucho tiempo gestándose. Ni siquiera lo pensé cuando comencé a desatarlo ya que en el estado en el que se encontraba sería difícil que pudiera escaparse, su cuerpo cayó vencido hacia un lado cuando desaté una de sus muñecas, acabé soltando la otra y su cuerpo se venció contra el mío incapaz de sostenerse por sí solo, sus ojos verdosos se encontraron con mis azules por unos segundos pero enseguida comenzó a forcejear y a intentar soltarse de mi agarre entre gruñidos, pero no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo- pero qué te han hecho –dije apartando unos mechones de su rostro mientras me soltaba un “suéltame” de forma ronca y entrecortada pero yo negué con la cabeza- nadie se merece esto lobo, ni siquiera alguien como tú –dije pasando su brazo por mis hombros para intentar levantarlo y dejarlo sobre la cama aunque no sabía si era mejor o peor boca arriba o boca abajo, lo dejé tumbado y fui a buscar agua sacando un paño que llevaba para mojarlo y limpiarle el rostro aunque no paró de darme manotazos para que me apartara y lo miré frunciendo el ceño- ¿quieres estarte quieto? Pareces peor que un niño de tres años intentando apartarme –me gruñó de nuevo pero hice caso omiso limpiando la sangre de su rostro hasta que una voz hizo que alzara la cabeza, en la puerta había uno de los guardias que debía de haber estado vigilando la puerta ya que Klaus era imposible que lo hiciera ya que estaba de misión, conocía a ese soldado de haberlo visto un par de veces, dejé el trapo a un lado sobre el cubo de agua y me levanté mirándolo- ¿me podrías explicar cómo es que está en estas condiciones? –Enarqué una ceja cruzándome de brazos esperando la respuesta- no pedí que le torturaran –el soldado lo miró a él y luego me miró a mí sonriendo de forma ladina.
-¿Y quién te crees que eres tú para decirnos lo que tenemos que hacer? –Eso sí que no me lo esperé para nada.
-Te basta con saber que es mi prisionero y que...
-¿Tú prisionero? –Preguntó sin dejar terminar de hablar para empezar a reírse por mis palabras- que yo sepa tú no estás al mando de todo esto y no recibo órdenes de ti –fruncí el ceño cabreada por eso.
-¿Es que acaso no sabes quién es mi familia? ¿Te suena de algo mi apellido o de que son los que dirigen este lugar? –No solía hacer uso de eso pero aquel imbécil me estaba sacando de mis casillas, se acercó hasta quedar frente a mí y de un empujón me mandó contra la pared opuesta haciendo que gruñera- ¿qué te crees que haces?
-Por supuesto que sé quién es tu familia, sé quién es tú padre y quién es tú abuelo... todo el mundo sabe de tu familia aquí pero... ahora no está ninguno de ellos para protegerte ¿no es así? Además dices que eres una Cannif pero hasta donde tengo entendido te apellidas Zahir -¿y qué tenía que ver eso? Era familia igual, no por ello era menos hija de mi padre. Sus manos apresaron mis muñecas y las pegó contra la pared de la celda- siempre igual con vosotros, os creéis que sois los dueños y amos del lugar pero estáis más que equivocados y tú no eres diferente a ellos. No tienes poder para mandar sobre mí –su cuerpo se pegó al mío- voy a aprovechar la oportunidad que se me brinda, te tengo ganas desde hacía mucho tiempo... siempre provocando, siempre incitando allí por donde vas –no entendía nada de nada, ese hombre estaba loco.
-Más te vale soltarme ahora mismo –dije en tono serio
-¿O qué? No tienes a nadie para que te defienda –craso error, yo sabía defenderme sola y como me había enseñado mi padre le hice una llave haciendo que me soltara y metiendo el pie entre los suyos hice que cayera al suelo lo que aproveché para salir corriendo de allí alejándome, pero nada más llegar a la puerta su mano atrapó mi pelo y tiró de él con fuerza estampándome de nuevo contra la pared- maldita zorra –volvió a apresarme pero yo me defendí golpeándole y dándole puñetazos, me dio un guantazo pero eso no hizo que parara de pegarle y de intentar librarme de él, su mano cogió mi mentón con fuerza y me besó a la fuerza ganándose que le mordiera la lengua y luego un puñetazo cuando se separó, pero acabó girándome estampándome contra la pared pegando su cuerpo al mío sin dejar que me moviera- cuando termine diré que al bajar a mi guardia lo encontré violándote, lo separé y le di una paliza –sus labios en mi oído dejando su aliento mientras yo me revolvía- nadie creerá que un salvaje no lo hizo y todo apuntará a que fue tal y como ocurrió, seré el que salvó a la pobre niña de un salvaje –hijo de puta, no dudaba de que él fuera uno de los que le dio la paliza- así que cierra la boca y abre las piernas, seguro que lo estás deseando zorra –su mano comenzó a subirme la falda mientras yo me revolvía para intentar quitármelo pero tenía más fuerza que yo, aunque era un necio si pensaba que alguien iba a creerle en esa mentira.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Nov 07, 2017 12:16 pm

Podría decir que desde que la “Cannif” se fue vivir un infierno, mas ciertamente no fue muy distinto a lo que había vivido en el castillo de Randulf. Todos eran iguales, mismos perros con distintos collares, al menos Randulf no se escondía, era un hijo de puta y lo decía.
Aquí en Akershus iba de ser los héroes, los que salvarían al pueblo, pero hasta la que menos Cannif se sentía me había azotado sin tregua y ordenado las palizas que me llevaba cada día, así que cuando escuché entrar, hubiera sonreído de forma socarrona asegurandole que me había hecho sentir en casa, si hubiera sido capaz de alzar la cabeza.

Lo que no esperé fue ese maldito derroche de compasión que me jodió infinitamente mas que los golpes recibidos, su tacto abrasaba y mientras ella sobre el charco de sangre buscaba desatarme para poder llevarme sobre el lecho, yo me revolvía como la bestia salvaje que era para que no me tocase.
Por un instante nuestros ojos se encontraron, en los suyos veía el tinte de la culpa, en los míos el odio desmedido, turbios por la perdida de sangre se achicaban vislumbrando manchas marrones en su rostro.
-¡Déjame! -rugí cuando intentaba alzarme pasando mi brazo por los hombros mientras yo lo apartaba incapaz de dejarme ayudar, a eso no estaba acostumbrado ,era un perro solitario, uno al que habían apaleado tantas veces que no confiaba en nadie y solo era fiel a su amo.

No se como consiguió llevarme hacia el lecho pero al caer sobre este, aullé de dolor y frustración. Mis ojos se cerraban mientras ella corría a por un paño y agua para mojar mi rostro y apartar toda la sangre tanto seca como la que aun goteaba de ceja, labio una profunda herida en el pómulo que me habían abierto a base de puñetazos.
Ella intentaba curarme mientras yo le daba manotazos intentando que no me tocara. Odiaba que me tocara y creo que mi cuerpo tenso se lo gritaba, sacaba los colmillos como un animal salvaje, acorralado, herido y asustado, algo que nunca reconocería en lo mas mínimo.

¿Un niño? Hacia mucho que dejé de ser un niño, solo quería que dejara de mostrar piedad conmigo, no la quería, ni la necesitaba, la quería lejos de esta celda, porque las palizas las entendía, peor esto me sacaba de mi zona de confort.
Fue entonces cuando llegó uno de los guardias, uno de tantos de los que me golpearon sin tregua, los dos entraron en un duelo dialéctico, al parecer este no estaba muy de acuerdo con que ella le diera ordenes.
Estaba tan aturdido que era incapaz de seguir la conversación, solo sentía mi cuerpo en dolorido y mis ojos cerrándose vencidos al sueño, pero en ese instante sentí un golpe en la pared lateral.
La egipcia no estaba a mi lado, la conversación había pasado a mayores, ella parecía estar en peligro, pues aunque trataba de zafarse del agarre del guardia no lo conseguía y ese malnacido pretendía violarla.

Sinceramente, no era problema mio, poco me importaba lo que le pasara a la “cannif”
gruñí diciéndome a mi mismo que me estuviera quieto,o mejor aun, que intentara escapar aprovechando el descuido, pero su imagen desatandome, se paseaba por mi mente una y otra vez.
No se de donde saque las fuerzas para ponerme en pie, a trompicones salí de la celda y apoyado en la puerta gruñí con la voz gutural un :
-¡Sueltala!
El hijo de puta se giró para mirarme con una sonrisa ladeada, podía ver como me aferraba a las verjas para no caerme, así que ignoró mi desafió y volvió a ella subiendo su falda con sus sucias manos.

Aullé, mi cuerpo se trasformo de inmediato, un lobo negro de gran envergadura y teñido de sangre saltó sobre la espalda del tipo.
Vanos sus intentos de librarse de la bestia que entre gruñidos y con el hocico arrugado hundía sus colmillos en la carne arrancándosela a trozos.
Saqué su yugular del cuello, la sangre bañó las paredes, mi hocico, a la doncella y el piso.
Muerto cayó el guardia mientras yo me relamía los restos clavando mis ámbar en caperucita.
Un paso, otro, renqueantes mientras le mostraba los colmillos.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Jue Nov 09, 2017 8:20 am

No esperaba encontrarme esa escena cuando entré en la celda y desde luego que yo no había ordenado que recibiera aquellas palizas, no había sido eso lo que tenía en mente pero me olvidé por completo que allí el odio estaba muy arraigado y que sería difícil que se pasara con todo lo que habían pasado, tener allí a un prisionero de Randulf cuando normalmente no teníamos prisioneros seguramente habría avivado el odio que sentían hacia ellos y se habrían aprovechado de la situación, en parte fue mi culpa por querer desbancarme un poco esos días de lo que había pasado porque no me había sentido bien del todo, yo no podía hacer daño a los demás a diferencia del resto de personas, yo en eso no era como mis hermanos y en parte era un poco como una oveja descarriada de la familia pareciéndome más a la abuela o a madre, pero seguía siendo en los genes y en el carácter una Cannif. Así que con una táctica diferente para ver si podía hacer algo para que el cambiante me dijera lo que quería saber me encontré esa escena, no me gustó lo que vi y aunque no iba a ser fácil identificar a los que habían sido pretendía buscar los culpables, otro pasaría y más tratándose de un enemigo, pero yo no era como el resto. Lo desaté y lo ayudé a llegar a la cama como buenamente pude entre que él no me dejaba, me daba manotazos y no dejaba de repetirme que me apartara y me alejara de él, lo dejé sobre la cama y aulló por seguramente las heridas que tendría en la espalda y que serían mucho peor que las que yo le hice en su día, seguro que se habían enseñado con él y de hecho era una realidad como que lo tenía a él delante de mí ensangrentado, no dudé en tomar un cubo para llenarlo de agua y con un trapo quitar los restos de sangre de su rostro limpiándoselo. No dejaba de darme manotazos complicando mi labor y fruncí el ceño bufando, era peor que un niño pequeño y así se lo hice saber para que lo supiera.

Sus ojos estaban algo apagados y turbios por las palizas que había recibido, no dejaba de apartarme y de mostrarme los dientes gruñéndome como si fuera un animal herido y acorralado, en realidad es que lo era, no dejaba de ser un lobo que se sentía herido, débil por lo que le habían hecho y postrado en esa cama mientras yo intentaba curarle. Sabía que odiaba cada cosa que le estaba haciendo, lo sabía porque un animal apaleado y herido durante toda su vida como había sido él era difícil de tratar, era difícil de que confiara en alguien y yo solo quería que me dejara curarlo. Su cuerpo estaba tenso bajo mis caricias y me seguía apartando, gruñendo y gritando que me fuera de allí y lo dejara, rechazaba todo contacto por leve que fuera y desde que me había encontrado había gruñido con cada toque aunque fuera un roce que le había dado, mi sorpresa vino luego cuando uno de los guardias se acercó y empezó a hablarme de esa forma cuando le pedí explicaciones, se excedió y se atrevió a presionarme contra la pared encarcelándome entre esta y su cuerpo, supe que él había sido uno de los que lo habían torturado y su plan consistía en violarme y hacer ver que había sido el cambiante y él me había salvado del salvaje, pero más bien el salvaje era él y no el lobo.

Intenté luchar y soltarme pero me atrapó del pelo, tiró de mí y me dio un guantazo que me hizo una herida en el labio, le escupí al rostro manchándoselo con la sangre de mi boca y me dio la vuelta empujándome con violencia contra la pared, intenté revolverme pero cogió mis muñecas dejándolas por encima de mi cabeza, fue entonces que el cambiante lo llamó y cuando lo miré de reojo estaba apoyado contra la celda agarrándose a esta casi sin poder mantenerse en pie, le gritó que me soltara pero este solo se rió y comenzó a subirme la falda sin hacerle caso, me revolví y fue entonces que escuchamos un aullido y todo comenzó pasando rápido en cuestión de segundos. El lobo, de pelo negro y brillante, se abalanzó contra la espalda del soldado haciendo que me soltara y me quedara contra la pared observando la escena, sus colmillos desgarraban la piel de su cuello mientras este gritaba y en vano intentaba soltarse, pero el lobo se había afianzado a su espalda y tras quitarle trozos de piel sus colmillos se clavaron en su cuello y tiraron de su vena matándolo al instante salpicando todo lo que estaba cerca con la sangre, las paredes se mancharon de sangre, yo me vi salpicada de la sangre mientras el soldado caía con aplomo al suelo muerto, el lobo ahora fijaba sus ámbar en mi figura y se lamía el hocico manchado de sangre, cojeaba un poco pero se acercaba a paso lento mostrándome los colmillos de forma amenazante y nuestros ojos se encontraron. Él un lobo, yo una joven frente a él a la que podía matar como había matado al guardia, de hecho podría haber huido dejándome a mi suerte y no lo había hecho... se quedó para ayudarme aun cuando era su enemiga, algo que probaba una parte de él que no era quizás como él pensaba.

Levanté mis manos de forma lenta para que viera que no llevaba nada con lo que hacerle daño sin apartar mis ojos de los suyos, era sabido que los animales cuando se sentían amenazados atacaban y alguien mucho más grande que ellos –aunque el lobo era bastante grande- se sentían intimidados y amenazados así que de forma lenta comencé a agacharme mientras él se acercaba hasta que quedé de rodillas frente al lobo, su hocico a unos centímetros de mi rostro y aunque me gruñía no me hacía absolutamente nada, se quedaba ahí. De forma lenta fui extendiendo mi brazo para acercar mi mano a su hocico, quería que supiera que era yo y que no iba a hacerle daño aunque estuviera herido. Me gruñó con más fuerza cuando fui acercando la mano pero no paré a riesgo de que podía morderme y despedazarme si así él lo quisiera, retrocedió un poco cuando estuve a punto de tocarlo y susurré para que se calmara dejando caer mi mano despacio sobre su negro pelaje, este era suave y cálido y aunque me siguió gruñendo no me aparté y lo acaricié de forma lenta sorprendiéndome incluso a mí misma que me dejara tocarlo. Algo me decía que el lobo feroz no era tan feroz como a él lo habían hecho creer, pero lo habían hecho a base de palizas para que fuera feroz y es lo que sabía ser.



-Tranquilo lobo... no voy a hacerte daño
–aseguré en un tomo calmo para que no se alterara, podría matarme ahí mismo si así lo quisiera con lanzarse solo a mi yugular como había hecho con el soldado, pero se quedó ahí observándome quizás hasta sorprendido él mismo con que le estuviera tocando. Pero se revolvió cuando comenzamos a oír ruidos de pisadas que venían y me levanté justo cuando dos guardias se acercaron a la celda, viendo al lobo y al soldado muerto en el suelo no les costó sumar lo que había pasado e intentaron entrar para ir a por el lobo mientras lo maldecían, pero me interpuse parándolos de su avance extendiendo mi brazo hacia ellos para que no entraran, el lobo tras mi espalda gruñía y lo miré de forma fija- tranquilo, lobo –intercedí entre ambos lados y miré de nuevo a los soldados que me pidieron una explicación a lo que yo fruncí el ceño- ¿explicación? Bien, ¿por qué no mejor me decís por qué se ha torturado a este prisionero? Yo no pedí tal cosa y me lo he encontrado muchísimo peor de lo que estaba, ¿alguna idea? –Me crucé de brazos observándolos, se miraron entre ellos algo nerviosos y los presioné para que hablaran, al parecer la idea había sido del soldado que el lobo había matado y pensaban que yo había dicho tal cosa a lo que negué con la cabeza cabreada- ¿me ves con cara de que es algo que haya dicho? –Me instaron a que debían de apresar al lobo y negué dando un paso hacia ellos- ese lobo me ha salvado de que vuestro amigo me violara, así que si no queréis que informe a vuestro superior de lo que han estado haciendo a sus espaldas yo os aconsejaría que os largarais... –el que estaba más cerca de mí intentó apartarme pero le retorcí el brazo y le di un puñetazo en la nariz con fuerza, me hice daño pero lo empujé hacia afuera- y ahora si habéis dejado las tonterías vais a hacer algo por mí –los miré de forma fija y les pedí lo que querían, me hicieron caso porque sabían que de no hacerlo las consecuencias serían peores, me giré para mirar al lobo que estaba recostado y me agaché viendo que se encontraba mal por todas las heridas que llevaba- aguanta lobo, vas a ponerte bien –pero perdía la consciencia poco a poco por la sangre perdida, por las heridas abiertas que llevaba y antes de que hicieran los soldados lo que había pedido había caído inconsciente. Su forma de lobo dio paso a la del humano desnudo en el suelo, lo tapé con la sábana y ayudada por los soldados lo llevamos a otra celda diferente donde pude curar sus heridas y lo bañaron para que no se infectaran, había pensado en algo para poder tenerlo sin que estuviera encerrado y mientras hacían lo que les había pedido fui a hablar con una de las hechiceras del lugar, una amiga mía a la que le pedí ese favor porque me debía más de una y no se pudo negar aunque quiso, juntas bajamos a la celda donde se encontraba el lobo y le entregué las dos esclavas de metal, tomó sangre del lobo y sangre mía de un corte en la mano que me hice y las mezcló sobre las esclavas, pronunció unas palabras de forma que un humo salió de la sangre que bañaba las esclavas y se la puse al lobo, ella me entregó un anillo que me puse en el dedo y me coloqué también la esclava. Le agradecí la ayuda y se fue dejándonos a solas, esperaba que aquello funcionara y pudiera ayudarme, las esclavas de alguna forma estaban conectadas por magia y no podría alejarse demasiado porque la magia no lo permitiría, no podría quitarse la esclava a menos que yo rompiera el anillo, algo que él no sabría nunca. Cuando despertó me encontró sentada en una silla a unos pasos de la cama donde se encontraba- hola, lobo –dije mientras lo miraba de forma fija y esperaba su reacción, sabía que no iba a gustarle en absoluto lo de la esclava en cuanto se lo dijera.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Jue Nov 09, 2017 12:35 pm

Su brazo avanzaba hacia mi despacio, yo amenazante mostraba mis colmillos con las orejas hacia atrás y el hocico completamente arrugado.
Cualquiera en su sano juicio se detendría, pero ella era una arrogante Cannif, no se detuvo hasta que hundió su mano en mi pelaje acariciándolo despacio.
Volví a mostrarle los dientes al escuchar los pasos de los soldados acercarse, identificaba su olor, eran esos que me habían golpeado innumerables veces, no podía culparlos, yo era el enemigo y así se trata al oponente.

Los encaré dispuesto a un justo, bueno, quizás no tan justo teniendo en cuenta que apenas me aguantaba sobre las cuatro patas, combate.
Mas fue de nuevo esa egipcia arrogante la que se interpuso entre mi peludo cuerpo y el de esos mal nacidos.
Hablaban,  mis ojo se iban cerrando, sacudí la cabeza varias veces, mostraba mis colmillos, era un lobo salvaje, acorralado ,pero malherido y desangrándome lo que me llevo a la extenuación y finalmente a caer medio muerto  perdiendo mi aspecto lobuno y dejando solo un cuerpo humano en el suelo.

Cuando abrí los ojos estaba limpio, vestido y sobre un lecho cómodo. Me costó enfocar pues aun vendado y cosido seguía estando aturdido y mareado, mas en cuanto la vi, me puse a la defensiva, gruñí arrinconandome sobre el lecho, era cuestión de tiempo que las torturas dieran comienzo de nuevo.
-Pierdes el tiempo, no voy a decirte nada, puedes torturarme hasta darme muerte, jugar a ser la buena samaritana que viene a cuidar mis heridas ..hagas lo que hagas el resultado será el mismo, ninguno.

Su ladeada sonrisa me decía que había algo que no sabia, gruñí frunciendo el ceño, sin apartar mi lobuna mirada de la suya.
-Te recuerdo que un lobo, aunque le arranques la cabeza es capaz de morder -gruñí sin apartar mis ojos de los suyos.
Reparé en ese intente en esas dos pulseras que teníamos a juego y enarqué una ceja.
-¿que crees que soy? Tu mascota -gruñí tratando de arrancármela de la muñeca, desesperado llevé mis colmillos al lugar como si lo que me aprisionara fuera un cepo, me estaba poniendo nervioso, si me lo habían puesto de seguro era una forma de tortura, nada bueno podía venir de nadie.
Mis pupilas se dilataba mi cuerpo tenso, rasgué mi piel, me volví lo oc y dos hombres tuvieron que venir a cogerme por orden de la egipcia pues me veía muy capaz y en la verdad absoluta estaba, de arrancarme la mano para sacar eso de mi muñeca.

Me inyectaron algo en el cuello, no se bien que, solo se que caí sobre la cama adormilado, podía escucharla, pero no podía mover bien mi cuerpo, lo sentia pesado y yo muy tranquilo.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Mar Nov 14, 2017 6:33 am

Había perdido la consciencia debido a todos los golpes que le habían dado y a la pérdida de sangre, aun así conforme estaba podría haberse escapado alejándose y sin embargo me había ayudado con aquel soldado aun sin saber por qué lo hizo, de haber sido el lobo feroz que decía que era no hubiera tenido dudas en matarme a mi también o en escapar aprovechando la oportunidad que se le brindaba. Sin embargo no se fue y me ayudó, pero si por eso no fuera poco incluso me dejó hasta tocarlo aunque no paraba de amenazarme, de gruñirme mostrándome sus colmillos todo el rato en modo de advertencia, uno al que no hice caso y que pude tocar su pelaje negro, suave y brillante, hasta que llegaron los otros dos guardias. No había sido demasiado difícil el que me ayudaran y consiguieran lo que les había pedido, sabía lo que tenía que hacer para que me ayudaran y estaba convencida de que si le decía a su superior lo que habían estado haciéndole al lobo recibirían su castigo, para ellos era más fácil ayudarme a mí y que yo no dijera a nada a quedar expuestos. Fueron ellos también quienes llevaron al lobo a otra celda que donde lo bañaron limpiándole las heridas, alguien se encargó de curarlo después de que lo bañaran y finalmente le pusieron ropa limpia mientras yo por otro lado me encargaba de asegurarme de que me dijera lo que yo quería, con él a base de golpe y de fuerza no conseguías nada y yo no era dada a hacer algo así, era un lobo maltratado que respondía bien ante las palizas y los golpes, era como si lo entendiera pues durante toda su vida era lo que había conocido, pero algo me hacía pensar que no era ese lobo feroz que le habían hecho ser, a base de palizas al final uno acaba siendo lo que la otra persona quiere que sea, pero dudaba que realmente fuera así. Me costó convencer a mi amiga pero finalmente lo hice porque me debía un par de favores, dos esclavas de plata y un anillo sería más que suficiente para llevar mi plan a cabo, al lobo no le gustaría pero era eso mucho mejor que cualquier otra cosa y yo me sentía más tranquila, porque golpearlo no servía de nada y yo no tenía esa ideología tampoco.

El anillo serviría como canalizador o, más bien, como el “sello” que permitía que todo pasara. Las esclavas estarían conectadas de tal forma que él no fuera capaz de hacerme daño, pero tampoco podría alejarse demasiado de mí porque entonces el dolor nos golpearía a los dos, eso era lo malo de que estuvieran conectadas que si él pretendía escapar no solo sufriría él, sino que sufriría yo también. Su esclava, además, no se la podría quitar a menos que yo así lo quisiera y lo deseara y el anillo era la clave de todo, lo que permitía que aquello pasara. Solo cuando se rompiera o en su defecto cuando me lo quitara la esclava dejaría de tener validez y ya no estaría conectado ni atado a mí, podría ser libre para irse y escapar para volver con su amo y señor. Esperaba que no lo intentara y sabía que no le gustaría cuando se despertara, así que esperé sentada en la silla hasta que finalmente abrió los ojos y tal y como pensaba no le gustó en absoluto verse con aquello. Me dijo que no importara lo que yo hiciera, que jamás me diría nada y yo sonreí de lado porque era como si fuera un reto, en realidad lo era, uno y muy grande pero me gustaban los desafíos y los aceptaba, no les tenía ningún miedo. Se pensaba que lo iba a matar o que lo iba a torturar pero estaba muy equivocado conmigo, sabía que los lobos aunque les cortaran la cabeza podrían seguir mordiendo, pero no era eso lo que quería. Él se pensaría seguramente que yo había ordenado que le golpearan y que le dieran palizas tras lo que había hecho yo, pero no era así aunque el que lo supiera no iba a cambiar absolutamente nada, a base de fuerza y de golpes era inútil ir con él por lo que buscaría de alguna forma llegar hasta él y ver qué era lo que se escondía tras aquel hombre, decía que era un lobo feroz pero sin embargo me había ayudado, ¿por qué lo había hecho? Pregunta que de seguro hacerle no me contestaría, así que por el momento no la haría.



-No pretendo hacerte ningún daño, lobo, de ser así después de saber que te habían torturado habría dejado que siguieran haciéndolo, pero no es lo que yo quería –aseguré observándolo, fue entonces que se fijó en la esclava que llevábamos ambos y no le gustó, pensó que lo quería como su mascota y negué con la cabeza viendo que comenzaba a morderse la muñeca cuando no se la podía quitar, si seguía así acabaría por arrancarse la mano así que tuve que llamar a dos guardias para que entraran y lo sujetaran, un calmante se le inyectó para que se tranquilizara y dejara de luchar. Su mano muñeca sangraba y cuando quedó tumbado en la cama ya más tranquilo por el efecto del calmante fue que me acerqué hacia donde estaba, podía verme y escucharme pero no mover su cuerpo, pedí a los guardias que me trajeran algo para curarlo y me senté en el borde de la cama cogiendo su muñeca para ver el destrozo que se había hecho con los colmillos- no puedes quitarte la esclava, es mi forma de mantenerte controlado y sin que te vuelvan a dar más palizas, iba a explicártelo cuando comenzaste a morderte –me trajeron lo necesario y comencé a quitar la sangre de su muñeca viendo los orificios de los colmillos que sanarían pronto por su condición- la esclava te conecta a mí, eso quiere decir que si intentas hacerme cualquier cosa tú también lo sufrirás, al igual que cualquier cosa que te hagas yo también la sufriré –levanté mi muñeca para que viera que yo también tenía marcas de los orificios en mi piel, justo en el mismo sitio- además de eso, no puedes alejarte demasiado de mí o ambos sufriremos las consecuencias, un dolor agudo nos recorrerá el cuerpo si lo hacemos. No hay forma de librarte de esto lobo, solo hay una persona que puede deshacerlo y no lo hará hasta que yo no se lo diga –eso era mentira pero mejor si creía en eso y no en que la clave estaba en uno de los anillos que llevaba, me callé porque vi que parecía quedarse dormido efecto de lo que le habían inyectado y me senté de nuevo en la silla lanzando un bufido, nadie dijo que iba a ser fácil y eso era algo que yo ya sabía. Pedí que nos trajeran algo para comer ya que no podía alejarme de él demasiado y comencé a comer mientras él dormía, dejé su bandeja al lado encima sobre una pequeña mesita y volví a mirarlo cuando despertó de nuevo. Sus ojos se clavaron en los míos y seguro que me odiaba por lo que había hecho, pero si lo dejaba a solas alguien volvería de nuevo a torturarlo y puesto que necesitaba respuestas no era la mejor opción. Mientras había pedido que preparan un lugar donde quedarnos, no iba a quedarme toda la vida encerrada en la prisión y si volvía a casa con la abuela me mataría de enterarse, así que no podía saberlo mucha gente. Se incorporó un poco y lo miré de forma fija- espero que no vuelvas a intentarlo de nuevo, yo no me curo tan rápido como tú y duele –dije refiriéndome a la herida de la muñeca y le señalé la bandeja con comida- te he traído algo para que puedas comer, seguro que debes de tener hambre –porque dudaba de que los guardias le hubieran dado algo decente que comer- mira, solo quiero respuestas y no voy a parar hasta conseguirlas. Soy obstinada y persistente, a la par que muy cabezota, y cuando algo se me mete entre ceja y ceja no paro hasta conseguirlo... –me mordí el labio- quiero saber por qué yo, por qué ese hijo de puta te mandó a buscarme para que me llevaras con él y qué es lo que quería de mí. Sabías a por quien venías y a dónde, seguramente seas uno de los mejores que tiene, y dudo que no sepas o no te contara el motivo –me crucé de brazos observándolo- no entiendo por qué guardar silencio en una situación como esta, no puedo entender por qué quieres volver con él, ¿qué eso tan grande que te ha prometido para tanta lealtad? Ni siquiera sé cómo puedes serle fiel después de todo –apunté recordando las cicatrices que le había visto en la espalda.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Nov 14, 2017 8:54 am

Se sentó a mi lado, curando las heridas que yo mismo me había hecho. Mis ojos dejaban claro lo poco que me gustaba que me tocara, gruñía alzando el labio superior mientras ella no dejaba de explicarme lo que significaban esas pulseras.
Esas esclavas como argollas me privaban de libertad, había elegido otra prisión distinta posiblemente con la esperanza de que hablara, de que le contara aquello que pretendía descubrir.
No se a que jugaba, ni que estrategia seguía esta tortura mas psicológica que física.
Me habían golpeado brutalmente, como no había funcionado había cambiado de técnica y esta era mucho mas complicada para mi porque me descolocaba.
-No -rugí -no voy a ir contigo a ningún sitio -aseguré mirándola desafiante con los ojos ambarinos -quitarme esto -gruñí mirándola fijamente.

La egipcia ladeaba la sonrisa, al parecer la nueva tortura consistía en aguantarla, aseguraba que no podríamos separarnos sin sufrir ningún daño, así que mas me valía hablar cuanto antes porque ella siempre conseguía lo que quería.
-¿y como piensas explicarle esta decisión a tu abuelo? -pregunté ladeando la sonrisa de forma mordaz -algo me dice que no va a estar de acuerdo en que me metas en tu hogar ¿y si te fuerzo? -aseguré desafiante -¿vas a sentirte segura vikinga conmigo cerca? Yo soy tu enemigo, no lo olvides.

La dama no se amedrentó por mis palabras y ayudada por dos hombres me llevaron a l oque seria la parecer nuestro nuevo hogar, enarqué una ceja y ladeé la sonrisa cuando lo entendí...esta no era su verdadera casa, así que posiblemente sus abuelos desconocerían esto.
-¡Vaya! ¿como vas a librarte de tu familia para que no me descubran? ¿me meterás bajo la cama como al lobo feroz? -pregunté riéndome mientras me sentaba en el lecho ya menos aturdido pues el efecto de la mierda que me habían inyectado se pasaba.

No había comido nada en estos días, ella me había ofrecido, pero los animales salvajes n ose alimentan en cautiverio.
En mi cabeza aun retumbaba su pregunta ¿por que era fiel a Randulf cuando me había hecho lo que me había hecho?
No acababa de entender su pregunta, yo no conocía otra realidad, para mi Randulf no se había comportado mal conmigo, ni padre..me habían golpeado pero al menos me habían dado de comer y formado, era mas de lo que tuve escondido en el granero una vez me parió madre.
Para mi esa era la realidad, no entendía otro idioma
-¿Y ahora? -pregunté -¿que esperas que haga exactamente? -pregunté mirándola -nos vamos a aburrir aquí bastante...






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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Vie Nov 17, 2017 1:11 pm

Le había explicado ahora que podía gracias al efecto del calmante lo que eran aquellas esclavas y lo que significaba, eso le obligaría en cierta forma a que no pudiera atacarme ni alejarse demasiado de donde yo me encontrara porque el efecto sería doloroso para ambos, estaban hechizadas de esa forma y a una distancia se activaría haciéndonos daños a ambos, no sabía en qué grado pero suponía que no demasiado, algo aguantable para que retrocediera y lo obligara a acercarse de nuevo. Era mi medida para tenerlo controlado, poder hacer lo que había ido a investigar y que no se escapara ni le dieran palizas, no podía dejarlo solo en una celda ni confiar en nadie, entendía que el odio de la gente hacia el ejército de Randulf era muy grande, se había ido gestando durante todo aquel tiempo y el resultado estaba frente a mí. No podía confiar en ninguno de los guardias así que, como medida excepcional, había recurrido a esas esclavas hechizadas. Claro que lo que no iba a decirle es que el anillo era la clave de todo, porque seguro que intentaba quitármelo o destruirlo así que hacerle creer que solo había una persona, que había creado aquello, quien podía deshacer el hechizo era la forma más segura para seguir adelante con lo que me había propuesto. Quería averiguar cuáles eran los próximos movimientos de Randulf y por qué me quería a mí cuando yo no era ninguna guerrera, no como lo eran mis hermanos. Sabía que no enviaría a ningún hombre que no fuera de su confianza o uno de sus mejores para esa misión, las probabilidades de que me pillara con mi abuelo, quien era uno de los mejores guerreros, custodiándome para que nada me pasara era algo que él sabría, por lo que aquel cambiante debía de ser de entre sus filas alguien importante. ¿Quizás un general? No sabía demasiado y solo podía especular, pero estaba convencida de que sabría de los próximos ataques de Randulf y pensaba averiguarlo, tenía mucha paciencia, era cabezota, tenaz y persistente... librarse de mí le costaría bastante así que mientras tuviera ese “poder” sobre él intentaría averiguar todo lo que pudiera.

No me pasó por alto que no le había gustado para nada que le limpiara la herida de la muñeca que él mismo se había hecho con sus colmillos, la mía picaba y dolía mientras que la suya se curaría muchísimo antes. Cada vez que le tocaba me gruñía y levantaba su labio amenazándome, me aseguró que no íbamos a ir a ningún lado pero yo solamente sonreí de lado por ello porque quisiera o no yo no iba a quedarme siempre en esa celda, tenía cosas que hacer y había vuelto al norte pare investigar ciertas cosas que no podía demorar más, algo que no muchos sabían y que debía de mantenerse en secreto por lo que mi única opción era tenerlo cerca de mí, además con la parte del hechizo en el que estábamos “vinculados” por decirlo de alguna manera no podía herirme, cualquier cosa que me pasara a mí le pasaría a él, buena muestra de ello era el hecho de las heridas que llevaba en mi muñeca y que eran exactamente iguales a las que él tenía, por lo que eso me daba cierta seguridad en que no me atacaría ni me haría nada a riesgo de que él también los sufriera. Lo miré de forma fija enarcando una ceja cuando me preguntó cómo haría para no preguntarle a mi abuelo por mí decisión, salvo que él no sabía que no iba a llevarle ni loca a nuestra casa porque mi abuelo me mataría si lo viera allí, pero tampoco sabía que estaba de misión y que seguramente tardara unos días en llegar, pero ya me encargaría de ese problema cuando fuera el momento. Había preparado un lugar para quedarnos y que nadie nos molestara, mi abuela se enfadaría muchísimo conmigo si lo llevaba a casa así que estaba descartado. Lo miré apretando mis manos en el borde de la silla donde estaba sentada cuando me preguntó qué pasaba si me forzaba, podría defenderme a costa de que me hiriera yo también y cierto que ya lo había intentado una vez, por lo que estaría más que prevenida esa vez.


-No te tengo miedo lobo, además no creo que seas tan estúpido de hacerme algo cuando estamos conectados, ¿no te ha quedado claro esa parte, te has olvidado de las marcas que tengo en mi muñeca? –Se las mostré otra vez para que las mirara- cualquier cosa que me hagas tú lo sufrirás también, pero además no soy tan estúpida como crees, esa esclava que no puedes quitarte no te va a permitir que me hagas daño, simplemente no puedes –aseguré con una sonrisa- un hechizo te lo impide así que no tengo que preocuparme porque quieras follarme, sé que tienes ganas de hacerlo pero así es la vida –me encogí de hombros- no olvido que eres mi enemigo, es algo que tengo presente y por eso he tomado medidas para que no puedas hacerme nada. Vaya, ¿te he sorprendido con ello, no pensabas que caería en esos detalles? Pues escúchame bien, lobo, porque tengo cada una de tus posibles opciones cogidas y atadas, no vas a poder librarte de esto –aseguré antes de pedir que lo llevaran hasta el lugar que había preparado, una casa algo alejada de las demás donde poder estar tranquilos, los hombres se retiraron dejándonos solos y fue cuando me preguntó cómo iba a librarme de mi familia para que no me descubrieran, teniendo en cuenta que mi abuelo estaba de misión y que mi abuela solo podía venir por la noche tenía la situación controlada, pero no era algo que él necesitara saber. Lo miré apoyada contra el marco de la puerta cuando se sentó en la cama, parecía más espabilado de los efectos del calmante que le habíamos puesto, se reía quizás con intención de burlarse pero lo cierto es que no me importaba lo que pensara, en cambio sonreí de lado cuando preguntó si lo metería bajo la cama como al lobo feroz y reí divertida por aquella anotación que hizo- en realidad había pensado que te comportaras de forma normal y corriente, mi abuela no sabe quién eres así que ella debe de ser la menor de tus preocupaciones... pero si quieres meterte bajo la cama no tengo ningún problema, ¿algún miedo o trauma que tengas que afrontar y que deba de saber? –Pregunté para luego acercarme a él haciéndole ver que no le tenía miedo- dices que eres un lobo feroz y que eres mi enemigo pero, ¿sabes lo que pienso yo? –Me iba acercando paso a paso a él sin quitar mis ojos azules de los suyos verdes- que en el fondo no te crees que seas ese lobo tan feroz que aparentas, y que no piensas que sea realmente tú enemigo... al menos no del todo. En la celda podrías haber escapado aprovechando la oportunidad que tenías, el guardia ni se hubiera percatado de que te ibas y en forma de lobo podrías haberte alejado lo suficiente para esconderte y esperar a que las cosas se calmaran para escaparte... sin embargo no lo hiciste –sabía que no le iba a gustar mis palabras, pero era lo que tenía la verdad: que no gustaba y dolía- sin embargo no lo hiciste, te quedaste y me ayudaste aun cuando dices que eres mi enemigo, aun cuando tú intentaste hacerme lo mismo a mí... ¿cómo debo de interpretar eso? Si eres mi enemigo, ¿qué más te daba lo que me hiciera o no ese guardia, por qué luchaste contra él y pediste que me soltara? –Sus esmeraldas fijas en mis azules quedando frente a él- me salvaste –incliné mi rostro para dejarlo a la altura del suyo- creo que me repites una y otra vez que eres un lobo feroz pero más bien lo haces para recordártelo a ti mismo como, si así, pudieras recordarlo. Creo que te han hecho creer que eres un lobo feroz pero que en realidad no te sientes así, ni lo eres. Solamente eres lo que ellos quieren que seas, lo que te han hecho ser... un lobo feroz habría aprovechado la oportunidad y se habría largado, pero tú te quedaste –sonreí para alejarme un paso y ladear un poco mi rostro cuando me preguntó qué hacíamos en ese momento o lo que esperaba que él hiciera y que nos íbamos a reír, negué con la cabeza riéndome- ¿de verdad crees que me voy a quedar aquí dentro aburriéndome? No lobo, tengo cosas que hacer y tú entras en esas cosas –me moví por la habitación revisando que tuviera todo lo que les había pedido que me trajeran, todas las hojas, todos los documentos y los libros que tenía en casa de los abuelos- te he sacado de la celda porque no puedo dejar que nadie te vigile y no vuelvan a torturarte de nuevo, así me aseguro de que no pase y además... bueno, digamos que vas a ser algo así como mi guardaespaldas –me giré para mirarlo y ladeé la sonrisa- recuerda que lo que me pase a mí te pasará a ti, y es probable que acabe alguna que otra vez herida –dije como si no tuviera importancia- tengo cosas que investigar lobo, así que bienvenido a mi equipo; empezamos mañanacomenté con ironía riéndome justo cuando tocaron a la puerta en ese entonces, lo miré un segundo y me acerqué a la puerta para abrirla ligeramente, al otro lado me encontré con una mujer que conocía bastante bien- Helga, ¿qué haces aquí? –Me hice a un lado para que entrara dejándole pasar, se la notaba nerviosa y cuando cerró la puerta su mirada se centró en el lobo- tranquila, es un amigo que me está ayudando –mentí para no decirle quién era- ¿qué pasa? –Me contó que hacía un par de días que su hija había desaparecido, había ido con unas amigas al bosque a pasar la noche y que cuando despertaron ella ya no se encontraba allí y que no sabían nada de ella- ¿crees que ha desaparecido como el resto? –Fruncí el ceño porque eso, en parte, era lo que había ido a investigar. Había aparecido algo cerca de las montañas, cruzando el inmenso bosque, que desde que había aparecido pasaban cosas extrañas, había una piedra con gravados en runas que no podían leer y parte del motivo por el que estaba allí. Si era cierto que su hija había desaparecido por la misma razón que las otras tres personas ya eran cuatro en tres semanas, casi en un mes más bien. Me pidió que la ayudara a encontrarla, que sabía que yo lo estaba investigando así que le aseguré que si encontraba algo sería la primera en saberlo, se despidió pidiéndome que averiguara que estaba pasando y cerré la puerta cuando salió por esta, conocía a su hija, tenía un año más que yo y habíamos sido amigas. Me mordí el labio y fui hacia la habitación para coger el libro y apuntar lo que me había dicho para así no olvidarlo, una vez hecho levanté la vista al lobo y enarqué una ceja- bueno, ahora ya sabes para qué te voy a necesitar. Lo que me pregunto es si Randulf sabe algo de todo esto, o peor, si tiene algo que ver –fruncí el ceño, era extraño que desapareciera así la gente aunque más bien tenía la sospecha de que algo les había pasado y esa piedra sería la clave de todo, tendría que ir a examinarla para ver qué encontraba.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Dom Nov 19, 2017 5:13 am

Al parecer la egipcia lo tenia todo pensado, algo que me molestaba de sobremanera, yo no quería estar allí, prefería continuar en la puta celda torturado que tener que asumir esa piedad falsa que mostraba ante mis ojos.
Gruñí cuando vi que se acercaba a mi, aseguraba no temerme, que yo no era ese lobo feroz que creía, mis ojos centellearon desafiantes.
Era cierto, pude haber huido y no lo hice, no podía negar algo evidente, pero si justificarlo para no quedar como algo que no podía ser, mi acto hubiera sido castigado en la fortaleza de mi abuelo, allí posiblemente el águila de sangre hubiera sido mi justa condena.
-No me gusta deber nada, tu me has salvado, yo te he salvado, estamos en paz y lo único que evita ahora que te arranque la cabeza es que de hacerlo, la mía rodaría con la tuya -dije entre gruñidos.

Ella ladeó la sonrisa incrédula, su rostro frente al mio, nuestro aliento choco furibundo durante unos segundos.
-Deja de jugar con fuego egipcia, no soy una perro -asegure -no olvides que un lobo no necesita gruñir antes de morder.
Sin inmutarse por mis palabras empezó a dar vueltas por toda la habitación, decía tener cosas que hacer y enarqué una ceja cuando me aseguró que acababa de unirme al equipo y que yo seria algo así como su guardaespaldas.
-¿Como? - Dije con los ojos centelleando de pura rabia -no pienso ir contigo a ningún puto lado, menos voy a cuidar de ti, tienes soldados que de seguro tendrán menos ganas de verte muerta -aseguré entre rugidos.
A ella parecían resultarle indiferentes pues seguía mirando los papeles como si escuchara llover.

De un brinco me alcé, mi mano tiró de su brazo para que me escuchara, de nuevo quedamos encarados, mis ámbar chocaron con sus desiertos.
-He dicho que no -rugí dejando mi rostro tan cerca del suyo que nuestra nariz friccionó – no voy a jugar a lo que quiera que estés tramando, nunca te diré una mierda de lo que trama Randulf ¿te queda claro? -mis gritos retumbaban en las paredes de aquella pequeña casona.

Fue entonces cuando la puerta se abrió y esta pasando de mi nuevamente dijo que pasara la visita.
Gruñí rabioso, según ella no podría irme lejos, ni quitarme la pulsera pero ¿había hablado sobre dificultar la investigación que entre manso se traía?
Ella atendía a la mujer mientras yo decidí prender la lumbre, por supuesto fueron las hojas que tenia esparcidas por la mesa lo que use para que empezara a coger forma el fuego, mi sonrisa se ladeó al ver como las llamas consumían esas hojas que de seguro tendrían valor.

La egipcia despidió a la mujer, no se me había pasado por alto que hablaban de las desapariciones de unas mujeres, no sabia nada al respecto, pero no me extrañaría en absoluto que Randulf estuviera tras ese hecho.
Los mercenarios pedían mujeres a menudo y de algún lado había que sacarlas, al menos para algo servían esas campesinas.

Cuando la egipcia clavó sus ojos en el fuego y me descubrió gruñó corriendo hacia mi para quitarme de las manso las hojas que aun me quedaban, pero yo las puse a mi espalda para que no lo lograra.
Como dos niños luchábamos cada uno por una cosa, ella por que se las devolviera, yo por alejarlas de su mano.
Mi sonrisa delataba lo mucho que me gustaba joderla, ya que no podía hacerlo a cuatro patas esta era la opción que me quedaba.
-Te voy a … -dijo presa de la rabia mirándome.
-¿a que? -pregunté -te recuerdo que yo no puedo dañarte, pero tu a mi tampoco...
La tortilla se volteaba, no pensaba rendirme tan pronto.






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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Lun Nov 20, 2017 10:58 am

El lobo parecía escudarse de mis palabras no sin gruñirme diciéndome que me había salvado la vida porque no le gustaba tener que deberle a alguien, algo que no me lo tragaba del todo pero no iba a hacer más hincapié en ese tema por el momento, tampoco quería tenerlo totalmente furioso así que lo mejor era que lo dejara por el momento, por lo terco que podía ver que era íbamos a tardar bastante hasta que finalmente me dijera lo que quería saber por lo que el tema volvería a salir de nuevo con el tiempo, si él se creía esas palabras no iba a ser yo quien le dijera lo contrario, por la forma en la que me había gruñido y mirado de esa forma en la que sus ojos se habían tornado del verde al ámbar me daba a entender que estaba dando en el clavo. No había justificación al hecho de que me salvara y no se fuera aprovechando ese momento, él decía que no le gustaba deber nada a nadie y yo simplemente sonreí de lado haciéndole saber que no me lo tragaba del todo. Me dijo que no jugara con fuego cuando nuestros rostros estuvieron uno frente al otro, podía sentir su cálida respiración en mi rostro pero sin embargo no me aparté y solo sonreí más de lo que ya estaba haciendo. Cierto, un lobo no necesitaba de gruñir para morder pero teniendo en cuenta que no podía hacerme daño sin que él mismo también lo sufriera sabía que no me haría nada. Además, lo que el lobo no sabía es que yo no jugaba con fuego, más bien yo era el fuego en sí mismo y a la vez hielo en dos culturas tan diferentes que eran precisamente eso: fuego y hielo. Característica que yo había heredado también de ambas raíces, pero si el lobo creía que estaba jugando que lo pensara, eso no cambiaba absolutamente nada. Como ya había pensado no le gustó en absoluto que le dijera que se había unido al equipo, en realidad no había uno sino que más bien estaba yo sola investigando aquello pero quisiera o no iba a tener que acompañarme, porque las esclavas no podían estar separadas y a partir de cierta distancia un dolor nos recorrería el cuerpo hasta que volviéramos a juntarnos.

Claro que tenía soldados que me protegerían, por descontado, pero tenían obligaciones que hacer como defender la ciudad y además nadie mejor que él para protegerme si quería seguir con vida, las esclavas le obligarían a ir quisiera él o no y cuanto antes se hiciera a la idea mejor para él. Tenía todo el tiempo para que me hablara y me dijera qué quería Randulf, no había prisa aunque en cierto modo si la había, pero seguro que al final acababa hablando aunque me llevara meses lograrlo. Se levantó, echa una fiera, y me tomó del brazo girándome para encararse de nuevo conmigo diciéndome que no iba a ir a ningún sitio, me dejaba claro que no me diría nada y que no “jugaría” a lo que quisiera que estuviera jugando, algo que me hizo sonreír de lado por ello y justo iba a responderle cuando llamaron a la puerta. Me soltó el brazo y se quedó en un segundo plano mientras Helga pasaba para pedirme ayuda, su hija era el cuarto desaparecido en tres semanas y temía que le hubiera pasado lo mismo que al resto de los jóvenes, me prometí ayudarla y la despedí cerrando la puerta de la casa dejándonos a los dos solos de nuevo, me giré para ver que había encendido la lumbre pero fruncí el ceño cuando me di cuenta de lo que estaba utilizando para prender fuego: mis hojas. Me acerqué corriendo hacia él para intentar quitárselas pero el muy imbécil las puso a su espalda para que no las cogiera, así empezamos una lucha en la que ambos intentamos quedarnos con las hojas en lo que yo me cabreaba sobremanera por lo que estaba haciendo ese maldito lobo.



-¡Dame esas hojas! –Eran importantes para mi investigación, aunque lo que él no sabía es que mi memoria eidética podía recordar cada una de las cosas que había escrito en esas hojas y que solo me haría falta saber cuáles faltaban para volver a escribirlas de nuevo. Me daba rabia que hiciera eso con la clara intención de joderme, su sonrisa lo dejaba más que claro y apreté mis manos en sendos puños- ¡eres un maldito lobo, te voy a...! –Pero mi amenaza quedó en vano porque él, sabiendo que no podía herirle, se mofó preguntándome qué le iba a hacer. Gruñí rabiosa por ello y le di un puñetazo en el hombro, que yo también sentí, pero que necesitaba darle porque estaba empezando a cabrearme de verdad. Maldito lobo engreído y vanidoso, lo empujé con mis manos dándole el golpe en su pecho y me fui hacia la mesa de la cocina donde había una jarra con agua así que la cogí y apagué el fuego que había empezado a prender con mis hojas para mirarlo de reojo fulminándolo con la mirada como si quisiera matarlo, de hecho, es que quería matarlo ahora mismo pero no podía porque yo también sufriría las consecuencias. Tentada estuve de quitarme el anillo y pegarle pero eso sería descubrir mi talón de Aquiles y no pensaba hacerlo- ¿te crees muy gracioso, eh lobo? ¿Crees que es divertido destruir el trabajo de otra persona? –Me mordí el labio cabreada con él, sabía que no me lo iba a poner fácil pero no esperaba que la tomara con las hojas de mi investigación, tantas horas de estudio de y trabajo que había puesto en ellas para que él las quemara por pura y malvada diversión- escúchame bien lobo, me importa muy poco que no quieras venir mañana conmigo, en cuanto salga por esa puerta y no me acompañes la esclava te obligará a que lo hagas te guste o no. Harías bien en recordar de que soy la única que conoce al único que puede deshacer esto, así que yo que tú me pensaría dos veces las cosas que haces o dejas de hacer si no quieres que te ponga collar, bozal y correa –sabía que eso le iba a joder pero por eso mismo lo dije, con toda la intención del mundo. En algo tenía razón, no podía hacerle daño físico porque yo también lo sentiría, pero también había otra forma de quitarle las hojas que llevaba y recuperarlas- pero en algo, sorprendentemente, tienes razónno completé la frase sino que, más bien, aprovechando ese descuido por su parte colé mi pie entre los suyos, cogí el brazo que tenía libre ya que el otro lo tenía en su espalda con las hojas en su mano, metí mi cuerpo contra el suyo y de dos movimientos rápidos lo tenía con una rodilla en el suelo y el brazo extendido hacia atrás como si fuera a partírselo, sentía en mi propio brazo esa misma tirantez así que aproveché para quitarle las hojas- no puedo herirte, pero sí puedo reducirte –lo solté viendo así las hojas que faltaban y habían sido unas cuentas, maldito lobo del demonio... dejé las hojas sobre la mesa y lo miré- si pretendes joderme de esta forma te digo que no te va a dar resultado, tengo memoria eidética y eso significa que desde bien pequeña puedo recordar con absoluta perfección todo lo que he visto, escuchado y leído... me has quemado diez hojas de mi trabajo, diez hojas que puedo recuperar porque todo lo tengo grabado aquí –toqué mi mente con el dedo mirándolo- esto solo retrasará el que esto para ti termine, nada más. Pero si quieres jugar a eso bien, te doy permiso –dije con una sonrisa ladeada como si le permitiera salir fuera a la calle a jugar- luego te daré un hueso y te diré lo buen chico que eres, te rascaré detrás de las orejas si así también lo quieres... incluso dejaré que te tumbes sobre mí regazo, muevas la cola y me lamas la cara para mostrarme lo feliz y contento que estás –dije con sorna y una sonrisa ladeada en los labios, él decía que no era un perro y le jodía que lo trataran como tal, pues bien, iba a tratarlo así a partir de ese momento- y ahora si quieres seguir jugando creo que por ahí habrá algún palo para tirarte, mientras yo voy a cenar y a acostarme, por la mañana partiremos hacia el bosque, hay un lugar que quiero visitar –me giré encaminándome hacia la cocina para hacer algo de cena, pasando de él por completo mientras preparaba algo rápido y me sacaba la bandeja para sentarme en el sofá repasando uno de los libros que tenía donde había anotado varias cosas que había investigado últimamente, cuando terminé recogí las cosas y echándole un último vistazo me dirigí hacia la habitación para acostarme- buenas noches, lobito –dije con una ladeada sonrisa antes de adentrarme en el cuarto para tumbarme en la cama, había sido un día un tanto movidito y mañana nos esperaba uno mucho más.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Kriger el Mar Nov 21, 2017 1:40 am

Esa mujer era insoportable, desafiante, terca y malcriada ¿que cojones le costaba dejarme en ls celdas y tratar de sacarme la información a golpes? No, mucho mejor ponerme una esclava y pretender que la acompañara en una misión que me importaba una real mierda.
-¿que andáis en horas bajas en Akershus? -pregunté desafiante -es la primera vez que escucho que tengáis que sacar guardaespaldas de las celdas.

La egipcia bufaba asegurándome que no me iba a servir de nada quemar papeles y que me gustara o no, la acompañaría.
Pues bien...la acompañaría y la retrasaría todo lo que pudiera porque esto no iba a resultar fácil por mucho que ella así lo creyera.
Yo no era su amigo, eso a lo que estaba acostumbrada, de paz ,amor, y concordia en la fortaleza de las piruletas no le iba a funcionar conmigo.

Me trató como a un perro, que si mueve el rabito, que si ve a por un palo, mis ojos centelleaban denotando lo mucho que me cabreaba ese trato, pero no emití queja, si muchos gruñidos, que delataban la rabia que sentía por esos comentarios.
Yo era un lobo, no un chucho.

Admito que prefería que me odiara a que fuera condescendiente conmigo, odiaba esta situación mas que nada en el mundo y preferiría mil veces que el látigo lamiera mi piel porque al menos eso me resultaba conocido.

La señorita egipcia se hizo la cena, al parecer pensaba vivir conmigo como si fuéramos socios, amigos o compañeros aunque distábamos mucho de ser todo eso.
Mi única esperanza era que Erlend llegara la cogiera de la oreja y a mi me llevara de vuelta al as celdas, peor al parecer la Cannif lo tenia todo calculado.
Gruñí por eso hasta que una nueva idea para joderla se me paso por la cabeza.
Sentíamos lo mismo ¿cierto?

Me fui al baño, bajé mis pantalones y ladeé la sonrisa con picarda atrapando mi verga con la diestra, empecé a moverla con suavidad sintiendo como crecía y se endurecía entre mis dedos, jadeé tal y como se humedecía tomando mas ritmo, mi respiración pesada era evidente, mi pecho subía y bajaba mientras pensaba en esa mujer que fuera debía estar sintiendo exactamente lo mismo.

No tardé en escucharla sofocada gruñir acercándose a la puerta del baño pero contra este se detuvo instándome a parar y salir.
-¿vienes a rascarme detrás de las orejas? -pregunté con sorna con la voz ronca sin dejar de movermela.


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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

Mensaje por Nailah Zahir el Dom Nov 26, 2017 6:32 am

Sabía que el lobo no me iba a poner las cosas fáciles, que no me iba a ayudar a la primera de cambio y era algo que ya tenía en cuenta en el momento en que decidí haber lo de las esclavas, pero era la única forma que tenía de asegurarme de que podía sacarle la información necesaria y que además no lo mataran a golpes, de dejarlo en las celdas es lo que ocurría así que lo necesitaba con vida, y esa era la única opción que se me había ocurrido. Si mi abuela se enterara, peor, si Erlend se enteraba me llevaría de las orejas a casa y me encerraría por la enorme estupidez y el peligro que estaba haciendo, y a él lo encerraba de vuelta en la celda y se encargaba de torturarlo hasta finalmente darle muerte, ya le había parado una vez y una segunda era muy poco probable que lo lograra sabiendo las ganas que le tenía al cambiante. Él reaccionaba mejor a los golpes y a las palizas, las cicatrices de su espalda así lo decían y cuando yo lo había torturado había aguantado sin decir nada el tiempo que estuve allí... era más que evidente que a lo que peor respondía era al contacto físico, cada vez que lo había tocado fuera por la razón que fuera me había gruñido y me había mostrado los dientes en señal de amenaza, no quería la compasión de nadie y eso era algo que dejaba más que claro, las palizas las entendía pero que lo tocaran era algo que lo sacaba de su zona de confort, era algo fácil y sencillo de ver y que saltaba a la vista. A mi modo de verlo no era ese lobo feroz que me había hecho creer que era, más bien lo habían hecho ser así porque de lo contrario no entendía que me salvara en la celda en vez de largarse, se lo había dicho, se lo repetía tanto que quizás de esa forma hasta él mismo se lo creía pero en el fondo había una pequeña parte de él, muy muy pequeña, que sabía que no era cierto. Tacto era todo lo que necesitaba para que fuera colaborando conmigo, él no iba a dejarme pero contaba con ello... era la única forma de tratar a un animal que había sido golpeado y que mostraba sus dientes en señal de amenaza. Lancé un suspiro cuando preguntó si andábamos escasos de guardias y lo cierto es que no, pero dejarlo en la cárcel era peligroso y puesto que seguramente iba a encontrarme con peligros nadie mejor que él para defender mi vida ahora que la suya estaba ligada a la mía, que cualquier cosa que me pasara a mí también le pasaría a él. No querría salvarme pero no le quedaba de otra si quería seguir con vida.

Tampoco le gustaba que lo tratara como un perro pero era la mejor forma que tenía para sacarlo un poco de sus casillas y devolverle el daño que me había hecho cuando había quemado las hojas, las podía recuperar porque me acordaba de todo lo escrito en ellas, pero eso me restaría tiempo de investigación y le había dedicado mucho tiempo a ello como para dejar que las quemara a su antojo, si no quería que lo siguiera tratando como un perro que se comportara, me daba igual que me gruñera y me mirara con esos ojos que brillaban con ese tono ámbar que poseía por ser cambiante, es lo que había y si debía de aprenderlo de esa forma lo haría, yo no iba a darme por vencida tan fácilmente y eso era algo que también debía de empezar a ver, él iba a ayudarme le gustara o no así que si no quería que le tratara como a cualquier perro ya sabía lo que tenía que hacer, mientras tanto era una de mis bazas y pensaba seguir utilizándola. Puesto que él no había querido comer nada de lo que le habían dado yo me hizo algo rápido para cenar, no es que tuviera mucha hambre pero algo tenía que comer, mientras repasaba las hojas de mi investigación con él observándome de forma fija con sus gruñidos de fondo, gruñidos que ignoré deliberadamente y a los que hice oídos sordos, una vez terminado de cenar recogí todo y me despedí del lobo para meterme en la habitación y acostarme, él podía hacer lo que quisiera y sabía que no podía irse ni hacerme nada, como ya le había daño, todas y cada una de las opciones y posibilidades que tenía las tenía bien atadas y no había forma en la que pudiera librarse. Me tumbé sobre la cama y cogí uno de los libros que tenía de investigación, en el que había estado trabajando recientemente. Tenía una breve pero infundada teoría de lo que podría estar pasando, una que era un disparate y que podría no ser y esperaba que así fuera, por otra parte la razón más lógica es que Randulf estaba detrás de esas desapariciones y era lo que quería pensar, si era eso sería mucho más fácil que la otra opción. Si era lo otro era algo más peligroso que Randulf, algo que nos podría poner en peligro a todos, algo que parecía estar actuando en las sombras pasando desapercibido.

Me mordí el labio al pensar en lo que nos depararía al día siguiente, iba a ser un camino bastante largo hasta el lugar al que quería llegar, había leído leyendas sobre ese sitio y debíamos de atravesar el inmenso bosque que lo rodeaba y después cruzar entre montañas a lo profundo del valle, serían varias jornadas de travesía lo que nos esperaba por delante y sabía que el lobo no me lo iba a pintar nada fácil. Lancé un suspiro pensando en lo que había hecho, había sido una locura lo de las esclavas pero no me había quedado más opción, sabía que intentaría fastidiarme y retrasarme todo lo que pudiera y contaba hasta en parte con ello, como él mismo me había dicho era mi enemigo y no iba a ayudarme en nada. Fue en ese momento cuando un repentino calor me recorrió el cuerpo, uno que nacía directamente en mi centro y que me hizo fruncir el ceño, no le di importancia y seguí leyendo el libro que tenía entre mis manos pensando en que iba a ser unos días largos y complicados, y en los que tenía que intentar que el lobo hablara y seguir con ese plan que tenía trazado con él para ver si daba resultado. De nuevo otra ola de calor me recorrió y fruncí el ceño sin saber a qué era debido, o por todos los dioses, ¿me estaba poniendo cachonda pensando en el lobo? No, era imposible que eso pasara porque no pensaba en él de esa forma, aunque no era ciega y podía ver que el lobo llamaba la atención pero... no, ni en broma. De nuevo otra oleada caliente que me hizo soltar el libro y cerrar los ojos brevemente, ¿qué narices estaba pasando? No era normal aquello tan repentino, de la nada, tan fuerte... fue entonces que lo comprendí, fue cuando escuché un jadeo que provenía de al lado que comunicaba con el aseo, miré hacia la pared volviendo a escuchar otro jadeo junto con otra ola de calor recorrerme, comenzaban a venir con más frecuencia y con más intensidad. Me senté en la cama aferrando las sábanas con fuerza entre mis dedos ante el calor que tenía y mi sexo que palpitaba caliente, húmedo, y me levanté para ir hacia donde estaba el lobo que lo oía jadear en el baño sabiendo lo que estaba haciendo, abrí la puerta encontrándome con la imagen de él apoyado contra la pared del aseo, su mano en su miembro moviéndola de arriba abajo y sus labios entreabiertos, una imagen digna de admirar si no estuviera sintiendo lo que sentía.



-Maldito.... lobo –dije como pude aferrándome a la puerta escuchando sus mordaces palabras, mirándome, sin dejar de mover su mano ni un solo momento por todo su tronco. Su respiración era pesada y la mía comenzaba a serlo también a pesar de que no me estaba tocando, cada vez las olas venían más fuertes y más seguidas siendo algo extraño pero que no podía negar que era placentero. Incliné ligeramente mi rostro hacia delante, mi pelo cayendo por un lado en cascada y cerré los ojos apretando mis muslos, queriendo resistirme a lo que sentía- para de.... ah.... una maldita vez –dije en mitad de un jadeo aferrándome a la puerta mientras él, implacable, no dejaba de masturbarse. Subí mis ojos a él de nuevo con sus esmeraldas brillando por el placer, me mordí el labio y conseguí avanzar hasta apartar su mano de su miembro quedándome frente a él, tomé su otra mano para pararlo con la respiración agitada, tal y como estaba también la suya- ¿qué narices crees que haces? –Pregunté notando el calentón que tenía, mis bragas ya mojadas eran el ejemplo de ello y solo había que bajar la vista para mirar su miembro mojado y darse cuenta de que estábamos en la misma situación- ¿qué crees que piensas conseguir con todo esto, eh? ¿Tantas ganas tienes de follarme? Ya te he frustrado dos veces y de seguro que eso te jodió mucho –dije en tono mordaz- ¿Es que acaso estás en celo y no puedes aguantarte? Si es así entonces tendré que caparte –dije con el ceño fruncido enfadada por aquello, porque él me pusiera en esa tesitura necesitada. Nuestras respiraciones chocaban calientes, de un empujón llevé sus manos contra la pared presionando contra esta mientras respirábamos agitados- te estás equivocando de persona, lobo. Yo que tú no jugaría con fuego porque al final voy a terminar por quemarte –le dije sin apartar mi mirada de la suya en ningún momento, sin saber lo que pretendía con lo que estaba haciendo o qué quería conseguir.


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Nailah Zahir
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Re: Min Skjebne, Mitt Doom ~ Privado {+18}

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